Madrid, España

SALMO 37: EL CAMINO DE LOS MALOS

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SALMO 37: EL CAMINO DE LOS MALOS

Introducción

El Salmo 37 presenta un tema de gran importancia teológica y práctica. El salmista explora el tema del sufrimiento de la gente justa y la prosperidad de la gente malvada, que es una preocupación que supera los límites del tiempo y las culturas. La pregunta básica del poema es la siguiente: ¿Dónde está la justicia divina, cuando hombres y mujeres nobles, piadosas, santas y justas sufren desgracias, a la vez que personas malvadas, impías, ingratas e injustas disfrutan de la prosperidad y viven felices? Este salmo trata de responder al importante tema del sufrimiento de la gente inocente, al igual que el libro de Job (véase, también, Sal 49; 73).
Los diversos temas que se exponen ponen claramente de manifiesto que el poema es un salmo educativo, que se relaciona íntimamente con la literatura sapiencial. Consiste de veintidós estrofas dispuestas de forma ordenada y acróstica, de acuerdo con el alfabeto hebreo, para apoyar posiblemente los esfuerzos de memorización de los estudiantes (véase Sal 9–10). Cada estrofa presenta una enseñanza particular—p.ej., como si fuera un proverbio corto—, que se relaciona directa o indirectamente mente con el tema general del salmo: La retribución y la recompensa de las acciones humanas. Además, cada estrofa está compuesta por cuatro lineas poéticas, con la excepción de los vv. 14–15, que tienen seis líneas, y los vv. 25–26, que tienen cinco.
El autor es posiblemente una persona de edad avanzada, un maestro de la sabiduría y la moral de la comunidad, que utiliza su experiencia en la vida para destacar algunos valores que son indispensables para vivir con salud mental y espiritual. Su objetivo es afirmar a las nuevas generaciones que los aparentes triunfos y gozos de la gente malvada es únicamente temporero y transitorio. El final de la gente que maquina maldades y prospera es la destrucción, mientras que las personas que encomiendan al Señor sus caminos recibirán y disfrutarán la justicia divina.
La identificación precisa de la fecha de composición del salmo es una tarea compleja. De un lado, las referencias a las disposiciones del pacto (v. 22) y las alusiones a la posesión de la tierra prometida (vv. 9, 11, 18, 22, 29, 34) pueden indicar su origen preexílico; del otro, el arreglo acróstico y los temas de sabiduría pueden ubicarlo luego del exilio en Babilonia. Referente al título hebreo del salmo.
La naturaleza acróstica del salmo hace muy difícil identificar alguna estructura temática y literaria general. El contexto básico del uso del salmo es posiblemente las escuelas de sabiduría que tenían como finalidad apoyar los esfuerzos educativos del pueblo afirmando los valores morales, éticos y espirituales que le daban sentido de cohesión e identidad nacional a la comunidad.

SALMO 37
Una estructura temática general que puede contribuir al estudio de las ideas que se exponen en el salmo es la siguiente:

• La importancia de confiar en el Señor: vv. 1–11
Los impíos perecerán: vv. 12–20
• La bendición de los justos: vv. 21–31
• Retribución y recompensa de los malvados: vv. 32–40

Sal 37:1–2 Alef

(En hebreo, la primera letra es Alef, que se suceden en el poema): La primera enseñanza del salmo es un llamado a resistir la tentación de envidiar el éxito de las personas malvadas (Pr 24:19; 23:17; 24:1). ¡Ese tipo de prosperidad mal habida no tiene fundamento moral! ¡Esa forma de triunfo basado en la injusticia es superficial! Para el salmista, esa actitud impropia de personas malignas y malhechoras es comparada con la hierba de los campos, que es cortada y se seca, es decir, no perdura, no echa raíces, no tiene futuro. ¡Esa forma de triunfo es temporera e ilusoria!

Sal 37: 3–4 (Bet)

La segunda lección subraya la importancia de la confianza en el Señor. En contraposición a la actitud insana de las personas malvadas, se presenta el estilo de vida que se fundamenta en el hacer el bien, que revela la importancia de descansar y deleitarse en Dios. Mientras que los impíos viven para ellos mismos y para satisfacer sus deseos egoístas, la gente piadosa recibirá la recompensa divina de la tierra—que alude a la estabilidad—, disfrutará del atributo divino de la verdad—que pone de manifiesto la naturaleza divina—, y recibirá las peticiones de su corazón—que es una manera de indicar que sus oraciones serán contestadas—.
La frase «confía en el Señor» es como un antídoto a la envidia y al resentimiento. Y «deleitarse» en el Señor sugiere la idea de permitir confiadamente que Dios le cuide y proteja. El salmista contrasta de esta forma dos estilos de vida: el de las personas injustas, que no tiene futuro, y el de la gente noble, que tiene porvenir y se proyecta al mañana.

Sal 37:5–6 (Guímel)

El tema de la confianza en el Señor prosigue, y se expande. Encomendarse al Señor y confiar en su voluntad hace que se manifieste la justicia, incentiva la revelación del derecho divino. La esencia del buen vivir no son las posesiones ni los recursos económicos sino la confianza en el Señor, que es una manera figurada de indicar que se han asimilado los valores morales, éticos y espirituales que se relacionan con su naturaleza santa y justa. Los actos de piedad y contrición preparan el camino para las intervenciones de Dios. La respuesta divina a la confianza humana es la manifestación plena y grata de la justicia.
Las imágenes de la luz y el mediodía son importantes en el salmo. Indican que aunque algunas nubes pueden oscurecer temporeramente el panorama de la existencia humana, con el tiempo la oscuridad dará paso a la iluminación que es símbolo de la presencia del Señor.

Sal 37:7 (Dálet)

La idea básica del versículo se relaciona con las virtudes de la paciencia y la fidelidad. Ante el Señor se guarda silencio reverente, y se espera con un alto sentido lealtad, humildad y reconocimiento. ¡El éxito momentáneo de la gente que hace lo malo no debe turbar ni alterar a la gente piadosa!

Sal 37: 8–9 (He)

El consejo de este proverbio es directo y claro: La ira y el enojo no son los mejores aliados de la humanidad. La gente justa no debe sucumbir ante la tentación de hacer lo malo, porque el resultado de esas acciones es la destrucción; mientras que la recompensa de las personas que confían en el Señor es la posesión y el disfrute de la tierra, que es un símbolo de prosperidad, estabilidad, futuro y bendición divina.

Sal 37:10–11 (Vau)

El salmista continúa aquí el tema que comenzó en la estrofa anterior. La paciencia y la fidelidad son valores indispensables para disfrutar las bendiciones divinas. La maldad y sus consecuencias serán exterminadas, mientras la gente mansa heredará la tierra y disfrutará de verdadera paz. Según el salmista, el futuro de la maldad es la destrucción, mientras que el porvenir de la bondad es el disfrute pleno de la vida.
Esta enseñanza es el fundamento de una de las bienaventuranzas más importantes de Jesús, de acuerdo con el evangelista Mateo (Mt 5:5): ¡Los mansos heredarán la tierra! En boca del famoso predicador de Nazaret las implicaciones espirituales del salmo superan los límites de los territorios palestinos, para abarcar el horizonte teológico mucho más amplio del Reino de Dios. La gente mansa es la que supera las tentaciones de la impiedad, es la que no se detiene ante los avances de los impíos, es la que no cede ante las tentaciones de ver la prosperidad de la gente malvada. La mansedumbre es un valor indispensable para incentivar la misericordia divina, y es el principio básico que motiva la acción liberadora de Dios.

Sal 37:12–13 (Zain)

Esta enseñanza pone de relieve las contradicciones en la vida. Las personas impías se organizan para oprimir y sacar partido de la gente justa. La expresión «rechinar los dientes» alude a la actitud de violencia que se manifiesta al aprovecharse de las personas más necesitadas. El gran problema de las personas malvadas en el Salterio no sólo es que llevan a efecto sus planes egoístas e injustos, sino que fundamentan sus triunfos en el dolor y la opresión de los humildes, fieles y mansos de la sociedad. La respuesta del salmista a esa actitud de impiedad e injusticia es clara y firme: Dios se burla de esas personas inicuas, pues conoce que este tipo de triunfo no durará mucho, es pasajero y transitorio. El Dios bíblico está consciente de las actitudes malas de la gente opresora y en su momento hará justicia.

Sal 37:14–15 (Chet)

Este proverbio pone claramente de manifiesto un principio ético fundamental en la vida: El mal que se organiza y ejecuta contra personas inocentes y fieles, a la postre se revierte contra quienes lo planificaron. Es el llamado principio de bumerang (Sal 7:12–16): La maldad regresa a herir a quienes la maquinan y ponderan. Las imágenes de la espada y los arcos simbolizan la violencia y la opresión y con frecuencia se utilizan para acentuar la maldad. La gran enseñanza es la siguiente: El pecado a la postre destruye a la persona pecadora, la maldad finaliza con la gente malvada, y la violencia culmina con las personas violentas (Sal 7:15–16; Jer 2:19; 5:25; 6:21).

Sal 37:16–17 (Tet)

El mensaje del proverbio no se relaciona necesariamente con las virtudes de la riquezas y las calamidades relacionadas con la pobreza. El salmista enfatiza, esencialmente, el contraste básico entre la vida de las personas pecadoras y la gente justa. El objetivo del poema es poner claramente de relieve las virtudes de lo poco que se ha conseguido con justicia, en contraposición de la desdicha de las riquezas que se fundamentan en la injusticia y la opresión.

Sal 37:18–19 (Yod)

Porque el Señor conoce muy bien «los días», es decir, las formas de vida, de la gente íntegra, les dará la heredad que les corresponde y no serán avergonzados en los tiempos difíciles, que en el salmo también se conocen como «días de hambre». El mensaje del salmo es que el Señor es la provisión de su pueblo en tiempos de hambre, que en la antigüedad eran vistos como calamidades mayores, como juicios divinos (1 R 17:1–16).

Sal 37:20 (Caf)

La idea central del versículo se relaciona con el destino adverso de la gente malvada e impía. Los enemigos del Señor serán consumidos de forma total y absoluta, se disiparán como el humo. La traducción y comprensión de la compleja expresión «como la grasa de los carneros», puede entenderse mejor «como la gloria de los pastos», pues el mensaje es de destrucción total, aniquilación absoluta. El salmista desea afirmar que la vida de las personas inicuas es como la hierba y las flores de los campos, transitoria, pues al poco tiempo de florecer se secan y queman.

Sal 37:21–22 (Lámed)

Este proverbio (Pr 3:33) pone de manifiesto las diferencias abismales entre en el comportamiento de las personas impías y las justas. Se revela el fundamento de las acciones bondadosas: la misericordia. Esa misericordia, que ciertamente de acuerdo con el salmo es parte de la naturaleza y la revelación divina, hace que la gente leal sea bendita y herede la tierra, que es una imagen de prosperidad, bonanza, futuro, paz. Los hombres y las mujeres que no actúan según los principios de bondad y misericordia divinas, en contraposición clara a las bienaventuranzas y dichas que emanan del Señor, son malditos cuyo fin es la destrucción.

Sal 37:23–24 (Mem)

El mensaje revela la soberanía divina (Pr 24:16), el poder del Señor que orienta, ordena y guía a la humanidad. Reside en Dios la capacidad y el poder para aprobar los caminos, las acciones, los esfuerzos, las decisiones, los proyectos y las prioridades de las personas. Esa manifestación de autoridad y poder divinos impide que las calamidades humanas sean terminales. El Dios bíblico, según este proverbio, sostiene de la mano a las personas justas para impedir que sus caídas sean finales y definitivas.

Sal 37:25–26 (Nun)

El salmo afirma la misericordia divina que sobrepasa los límites del tiempo y de las generaciones. ¡Dios no desampara a la gente justa! El salmista declara esta verdad desde la perspectiva personal, revela su comprensión de la vida, manifiesta su entendimiento de las dinámicas sociológicas y sicológicas de la existencia humana: Dios bendice a la gente justa y leal y también a su descendencia. A través de su vida, el salmista ha visto cómo Dios provee el sustento necesario para que las personas se conviertan en bendición para las futuras generaciones.

Sal 37:27–28a (Sámec)

La idea de estos versículos de difícil comprensión y traducción se relaciona con las diferencias fundamentales entre el bien y el mal, y las implicaciones de esas actitudes (vv. 3–4; Pr 12:28). Como el Señor ama la rectitud, la gente fiel sigue el camino del bien.

Sal 37:28b–29 (Ayin)

En contraposición a esa idea grata de fidelidad y bondad, el resultado final de las personas que deciden guiar sus vidas fundamentadas en el mal será la destrucción, tanto de ellos como de su descendencia. La gente justa heredará la tierra (v. 9), símbolo de futuro y bondad, y «vivirá para siempre», que implica la idea de totalidad, sin que necesariamente sea una referencia precisa al concepto de eternidad que se pone de manifiesto posteriormente en la historia bíblica.

Sal 37:30–31 (Pe)

Este proverbio pone en evidencia clara, de acuerdo al pensamiento hebreo, la relación íntima y clara entre la boca, la lengua y el corazón. El corazón, que alude en la cultura hebrea a la mente y a las dinámicas del pensamiento, dirige la comunicación que se transmite a través de la boca y la lengua. Un corazón fundamentado en los valores que emanan de la revelación de la Ley divina habla con sabiduría, y sus pies no resbalan, es decir, llega a su meta y logra sus objetivos en la vida.

Sal 37:32–33 (Tsade)

Se revelan en estos versículos las actitudes de las personas malvadas contra la gente justa: los espían e intentan matarlos (Pr 1:11). Sin embargo, el Señor no permitirá que el mal se enseñoree y triunfe contra los hombres y las mujeres justas. ¡No serán condenados cuando los juzguen! El Señor no los dejará nunca. La alusión a «matarlo» no solo se refiere al asesinato de personas justas sino a su destrucción legal a través de las cortes. Dios, que es el foro último de implantación de la justicia, declara inocente a las personas fieles y leales que son juzgadas injustamente.

Sal 37:34 (Cof)

Se afirma aquí una vez más el tema de la paciencia, se destaca la importancia de la fidelidad, y se pone de manifiesto el triunfo del bien contra las fuerzas del mal. Ya en este salmo se han incluido y destacado algunos de estos temas (véase, p.ej., vv. 7, 9, 11).

Sal 37:35–36 (Resh)

La idea del mensaje es la transitoriedad de la gente impía. A primera vista, las personas malvadas lucen bien, coloridas, fuertes y frondosas, que son imágenes de bondad; sin embargo, al poco tiempo todas esas bellezas se desvanecen y desaparecen. El énfasis de estos versículos es de ilusión y engaño (Pr 1:3).

Sal 37:37–38 (Sin)

Dios considera y mira a las personas justas, que son formas figuradas de indicar el favor divino, maneras de revelar la dicha y virtud que esperan a la gente de paz (Pr 23:18). Y en contraposición a ese futuro de esperanza y bondad se revela el porvenir de las personas transgresoras e impías: destrucción y extinción.

Sal 37:39–40 (Tau)

Finaliza el poema con un pensamiento que recoge el fundamento teológico que guía las enseñanzas del salmista. El Señor le brindará a las personas justas las siguientes virtudes: Salvación, fortaleza, ayuda y liberación. Porque tuvieron confianza en el Señor y paciencia, recibirán el apoyo necesario en momentos de angustia y desesperanza. En efecto, el salmo culmina con el mensaje un seguridad y fortaleza: No estará desamparada, en los momentos de crisis, la persona que confía en el Señor.
De singular importancia teológica y pastoral para las iglesias cristianas es la afirmación directa en torno a los mansos que se incluye en este salmo (v. 11). Esa declaración se incorporó en el discurso de Jesús, de acuerdo con el evangelista Mateo, en una extraordinaria bienaventuranza (Mt 5:5). Las bienaventuranzas, que ponen de manifiesto el corazón del mensaje cristiano, sirvieron de marco para contextualizar su mensaje. Esa relación directa e íntima del salmo con el mensaje cristiano se manifiesta también con fuerza en las otras bienaventuranzas: p.ej., personas pobres, que sufren, que tienen el hambre y sed de justicia, misericordiosas, pacificadoras, y el sufrimiento por causa de la justicia.

SALMO 37

El camino de los malos

Sal 37:1No te impacientes a causa de los malignos,
Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.
Sal 37:2 Porque como hierba serán pronto cortados,
Y como la hierba verde se secarán.
Sal 37:3 Confía en Jehová, y haz el bien;
Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.
Sal 37:4 Deléitate asimismo en Jehová,
Y él te concederá las peticiones de tu corazón.
Sal 37:5 Encomienda a Jehová tu camino,
Y confía en él; y él hará.
Sal 37:6 Exhibirá tu justicia como la luz,
Y tu derecho como el mediodía.
Sal 37:7 Guarda silencio ante Jehová, y espera en él.
No te alteres con motivo del que prospera en su camino,
Por el hombre que hace maldades.
Sal 37:8 Deja la ira, y desecha el enojo;
No te excites en manera alguna a hacer lo malo.
Sal 37:9 Porque los malignos serán destruidos,
Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra.
Sal 37:10 Pues de aquí a poco no existirá el malo;
Observarás su lugar, y no estará allí.
Sal 37:11 Pero los mansos heredarán la tierra,(A)
Y se recrearán con abundancia de paz.
Sal 37:12 Maquina el impío contra el justo,
Y cruje contra él sus dientes;
Sal 37:13 El Señor se reirá de él;
Porque ve que viene su día.
Sal 37:14 Los impíos desenvainan espada y entesan su arco,
Para derribar al pobre y al menesteroso,
Para matar a los de recto proceder.
Sal 37:15 Su espada entrará en su mismo corazón,
Y su arco será quebrado.
Sal 37:16 Mejor es lo poco del justo,
Que las riquezas de muchos pecadores.
Sal 37:17 Porque los brazos de los impíos serán quebrados;
Mas el que sostiene a los justos es Jehová.
Sal 37:18 Conoce Jehová los días de los perfectos,
Y la heredad de ellos será para siempre.
Sal 37:19 No serán avergonzados en el mal tiempo,
Y en los días de hambre serán saciados.
Sal 37:20 Mas los impíos perecerán,
Y los enemigos de Jehová como la grasa de los carneros
Serán consumidos; se disiparán como el humo.
Sal 37:21 El impío toma prestado, y no paga;
Mas el justo tiene misericordia, y da.
Sal 37:22 Porque los benditos de él heredarán la tierra;
Y los malditos de él serán destruidos.
Sal 37:23 Por Jehová son ordenados los pasos del hombre,
Y él aprueba su camino.
Sal 37:24 Cuando el hombre cayere, no quedará postrado,
Porque Jehová sostiene su mano.
Sal 37:25 Joven fui, y he envejecido,
Y no he visto justo desamparado,
Ni su descendencia que mendigue pan.
Sal 37:26 En todo tiempo tiene misericordia, y presta;
Y su descendencia es para bendición.
Sal 37:27 Apártate del mal, y haz el bien,
Y vivirás para siempre.
Sal 37:28 Porque Jehová ama la rectitud,
Y no desampara a sus santos.
Para siempre serán guardados;
Mas la descendencia de los impíos será destruida.
Sal 37:29 Los justos heredarán la tierra,
Y vivirán para siempre sobre ella.
Sal 37:30 La boca del justo habla sabiduría,
Y su lengua habla justicia.
Sal 37:31 La ley de su Dios está en su corazón;
Por tanto, sus pies no resbalarán.
Sal 37:32 Acecha el impío al justo,
Y procura matarlo.
Sal 37:33 Jehová no lo dejará en sus manos,
Ni lo condenará cuando le juzgaren.
Sal 37:34 Espera en Jehová, y guarda su camino,
Y él te exaltará para heredar la tierra;
Cuando sean destruidos los pecadores, lo verás.
Sal 37:35 Vi yo al impío sumamente enaltecido,
Y que se extendía como laurel verde.
Sal 37:36 Pero él pasó, y he aquí ya no estaba;
Lo busqué, y no fue hallado.
Sal 37:37 Considera al íntegro, y mira al justo;
Porque hay un final dichoso para el hombre de paz.
Sal 37:38 Mas los transgresores serán todos a una destruidos;
La posteridad de los impíos será extinguida.
Sal 37:39 Pero la salvación de los justos es de Jehová,
Y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia.
Sal 37:40 Jehová los ayudará y los librará;
Los libertará de los impíos, y los salvará,
Por cuanto en él esperaron.

 

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