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¿QUIÉN ES EL ESPÍRITU SANTO? 3 ENFOQUES

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¿QUIÉN ES EL ESPÍRITU SANTO? 3 ENFOQUES

¿QUIÉN ES EL ESPÍRITU SANTO?

Algunos años atrás el maestro de un quinto grado preguntó a sus alumnos si uno de ellos era capaz de explicar la electricidad. Un muchacho levantó la mano. El maestro le preguntó:
—¿Cómo lo explicarías, Jaimito?
Jaimito se rascó la cabeza un momento y luego replicó:
—Anoche lo sabía, pero esta mañana se me olvidó.
El maestro movió la cabeza con tristeza y dirigiéndose a los demás alumnos comentó:
—¡Qué tragedia! ¡La única persona en el mundo entero que ha logrado saber qué es la electricidad, viene y se olvida!
La posición del maestro describe muy bien lo que ocurre cuando estudiamos la doctrina de la Trinidad. Aceptamos el hecho de que el Espíritu Santo es Dios, tan Dios como Dios el Padre y tan Dios como Dios el Hijo. Pero nos quedamos desconcertados cuando tratamos de explicarlo.

En estos últimos años la gente ha hablado y ha escrito más sobre el Espíritu Santo que sobre ningún otro tema religioso, con excepción del ocultismo. Y esto ha ocurrido en gran parte por la influencia del movimiento carismático, que ha sido denominado la “tercera fuerza” de la cristiandad, junto al catolicismo y al protestantismo. El movimiento carismático más reciente, que hunde sus raíces en el pentecostalismo histórico y hace hincapié en el Espíritu Santo, está ahora firmemente establecido en la mayoría de las más importantes denominaciones y en el catolicismo. Tenemos conciencia de que es un tema vastísimo del cual conocemos muy poco. Sin embargo, Dios en su Palabra nos ha revelado todo cuanto nos hace falta saber.
Muchas preguntas han de surgir en este libro, cuyas respuestas buscan con ahínco perplejos y poco avisados creyentes. El hecho es que hay millones de creyentes que ahora hacen estas preguntas. Buscan y merecen respuestas bíblicas. Por ejemplo: ¿Qué es el bautismo del Espíritu Santo? ¿Cuándo tiene lugar? ¿Es posible y necesario hoy en día hablar en lenguas? ¿Existe una experiencia a la que se ha denominado “segunda bendición”?
Para iniciar nuestro estudio, debemos formular, desde el comienzo, una pregunta fundamental: ¿Quién es el Espíritu Santo?


El Espíritu Santo es una persona

La Biblia nos enseña que el Espíritu Santo es una persona. Jesús nunca se refirió a “eso” cuando hablaba del Espíritu Santo. En Juan 14, 15 y 16, por ejemplo, habló del Espíritu Santo como “él” (Juan 14:26), porque no es una fuerza o un objeto sino una persona. Quienquiera que hable del Espíritu Santo como “eso” es porque no ha recibido una correcta instrucción o simplemente no sabe discernir.
Vemos, de la lectura de la Biblia, que el Espíritu Santo tiene intelecto, emociones y voluntad. Aparte de ello, la Biblia también le asigna actos propios de alguien que no se reduce a ser una fuerza, sino una persona real.

El Espíritu Santo habla:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias: Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios” (Apocalipsis 2:7).
“Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (Hechos 13:2).

El Espíritu Santo intercede:

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26).

El Espíritu Santo testifica:

“Cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí” (Juan 15:26).
El Espíritu Santo dirige: “Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro” (Hechos 8:29).
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:14).

El Espíritu Santo ordena:

“Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió” (Hechos 16:6, 7).

El Espíritu Santo guía:

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Juan 16:13).

El Espíritu Santo encomienda:

“Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28).
Al Espíritu Santo se le puede mentir: “Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti?, y vendida ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hechos 5:3, 4).

El Espíritu Santo puede ser afrentado:

“¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” (Hebreos 10:29).

El Espíritu Santo puede ser blasfemado:

“Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mateo 12:31, 32).

El Espíritu Santo puede ser contristado:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Efesios 4:30).
Cada una de las emociones y de los hechos que hemos señalado son propios de una persona.

El Espíritu Santo no es una fuerza impersonal, como lo es la gravedad o el magnetismo. Es una Persona, con todos los atributos de la personalidad. Pero no es solamente una Persona; también es divino.

¿QUIÉN ES EL ESPÍRITU SANTO?


El Espíritu Santo es una persona divina: es Dios

A lo largo de las páginas de la Biblia surge con toda claridad que el Espíritu Santo es Dios mismo. Y esto lo vemos, entre otras cosas, por los atributos que las Sagradas Escrituras le asignan al Espíritu Santo. Sin excepción estos atributos son los del propio Dios.

El Espíritu Santo es eterno:

Esto quiere decir que nunca hubo un momento en que no existió. “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:14).

El Espíritu Santo es todopoderoso:

“Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:35).

El Espíritu Santo está presente en todas partes (es decir, es omnipresente) al mismo tiempo:

“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?” (Salmo 139:7).

El Espíritu Santo todo lo sabe (es omnisciente):

“Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Corintios 2:10, 11).

El Espíritu Santo es llamado Dios:

“Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hechos 5:3, 4, cursivas indicadas por el autor).
“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).

El Espíritu Santo es el creador:

La primera referencia bíblica al Espíritu Santo la encontramos en Génesis 1:2, donde se nos dice que “el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. Pero en Génesis 1:1 dice: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Y en el primer capítulo de Colosenses, donde Pablo escribe a la iglesia de Colosas sobre el Señor Jesucristo, entre otras tremendas verdades nos dice: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Colosenses 1:16, 17).
Así, pues, Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo estaban juntos creando el mundo. El entender y aceptar estos hechos reviste la mayor importancia para todo cristiano, teológica y prácticamente.
Un día que hice estas afirmaciones sobre el Espíritu Santo a unos seminaristas, uno de ellos preguntó: “¿Implica inferioridad el hecho de que habitualmente figura en último término?” Pero en Romanos 15:30 no figura en último término: “Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios”. Y en Efesios 4:4 dice Pablo: “Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación”.
Pero más importante que lo anterior es el hecho de que el lugar que ocupan las tres personas de la Trinidad en el Nuevo Testamento tiene que ver con su orden y función. Así, decimos que oramos al Padre invocando el nombre del Hijo y en el poder del Espíritu Santo. Más aún, ya hemos demostrado que funcionalmente primero figura el Padre, luego el Hijo se encarnó, murió y resucitó. Ahora el Espíritu ejecuta su función en esta era del Espíritu. El orden de colocación nada tiene que ver con la igualdad, sino solamente con la función y la cronología.


La Trinidad

La doctrina de la Trinidad es uno de los más complejos problemas a encarar a la hora de estudiar las sagradas escrituras,  pues contiene algunos ingredientes de misterio. Y a pesar de no entenderse totalmente hasta el día de hoy, hay que aceptarlo como revelación de Dios.
La Biblia nos enseña que el Espíritu Santo es un ser viviente. Es una de las tres personas de la Santa Trinidad. Explicar e ilustrar la Trinidad es una de las más arduas tareas que le toca desempeñar a un cristiano. El doctor David McKenna me contó una vez que su hijito Doug le formuló una pregunta:
—¿Dios el Padre, es Dios?
Respondió:—Sí.
—¿Jesucristo, es Dios?
—Sí.
—¿El Espíritu Santo es Dios?
—Sí.
—Entonces, ¿cómo puede Jesús ser su propio Padre?
David pensó rápidamente. Estaban sentados en su viejo Chevrolet modelo 1958 en aquel momento.
—Escucha, hijo—contestó—. Bajo la capota del motor hay una batería. Puedo usarla para encender las luces, hacer sonar la bocina y hacer arrancar el motor—y agregó—, cómo ocurre esto es un misterio, ¡pero ocurre!

La Biblia nos habla de la realidad de la Trinidad, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. Veamos algunos de los principales pasajes.
Dios despliega ante nosotros la revelación de sí mismo, en la Biblia, de manera progresiva. Pero hay indicaciones, desde el comienzo del libro del Génesis, de que Dios subsiste en tres personas—el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo—y que estas tres personas constituyen un solo Dios. El cristianismo es trinitario, no unitario. Hay un solo Dios, no tres, de modo que queda claramente sentado que la fe cristiana no es politeísta.

La Biblia comienza con una majestuosa afirmación: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1).
Eruditos hebreos nos informan que en el idioma hebreo hay tres números: singular, uno; dual, dos; plural, más de dos. La palabra que traduce “Dios” en Génesis 1:1 es plural, indicando con ello más de dos. El vocablo hebreo que se usa en este primer versículo de la Biblia es Elohim. Matthew Henry dice que significa “la pluralidad de personas en la Deidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Este nombre plural de Dios … (confirma) nuestra fe en la doctrina de la Trinidad, algo oscuramente insinuado en el Antiguo Testamento, pero claramente revelado en el Nuevo”.1
Como ya vimos respecto a la creación, desde el comienzo Dios nos permite atisbos del hecho de que la Deidad consiste de más de una persona. Ponemos en cursiva algunas de las palabras clave. En Génesis 1:26 Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”. Más adelante, en Génesis 3:22, Jehová dijo: “He aquí el hombre es como uno de nosotros sabiendo el bien y el mal”. Y en Génesis 11:6, 7, el Señor dijo: “He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tiene un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero”. Cuando Isaías oyó la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?” respondió “Heme aquí, envíame a mí” (Isaías 6:9).
La doctrina neotestamentaria de la Trinidad aparece más plenamente desarrollada que en el Antiguo Testamento. Ya que la revelación es progresiva, más luz está arrojada sobre este tema cuando Dios se reveló más cabalmente a sí mismo en el tiempo de Cristo y los apóstoles.
La última orden de Jesús, antes de su ascensión, figura en Mateo 28:18–20. En ella ordenó a sus seguidores que hicieran “discípulos a todas las naciones” bautizando a los convertidos “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Jesús les dijo que luego de su partida desde esta tierra, sus seguidores habrían de llevar su mensaje del evangelio a todas las naciones. El Espíritu Santo los utilizaría para formar un pueblo para su nombre. Esta comisión trinitaria a bautizar mancomuna el Espíritu Santo con Dios el Padre y Dios el Hijo como su igual. El es Dios el Espíritu Santo.
Es apasionante observar que Jesús dijo que los creyentes no serían dejados solos. Por medio del Espíritu Santo que él y su Padre enviaron, jamás nos desamparará ni nos dejará (Hebreos 13:5). Permanecerá con todos y cada uno de los creyentes hasta el final. Este pensamiento nos ha estimulado mil veces en estos tenebrosos días cuando las fuerzas satánicas están desatadas en tantas partes del mundo.
En esta misma línea de pensamiento el apóstol Pablo dijo: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Corintios 13:14). Esta bendición indica claramente que el Espíritu Santo es uno con el Padre y uno con el Hijo, en la Deidad. No es uno más uno más uno igual a tres. Es uno por uno por uno igual a uno. El Espíritu Santo es uno con el Padre y con el Hijo. Si el Padre es Dios, y Jesús es Dios, luego el Espíritu Santo también es Dios.
El principal problema relacionado con la doctrina de la Trinidad se refiere a la pretensión del cristianismo de ser monoteísta. Rechaza el politeísmo, es decir, la creencia en más de un Dios. La respuesta es que el trinitarismo preserva la unidad de la Deidad, y al mismo tiempo reconoce que hay tres personas en esa Deidad que sigue siendo esencialmente una. Dios es uno, pero esa unicidad no es simple sino compleja.
Es un tema dificilísimo que escapa a nuestras posibilidades mentales. No obstante ello, es de importancia capital declarar lo que la Biblia sostiene, y callar donde la Biblia calla. Dios el Padre es plenamente Dios. Dios el Hijo es plenamente Dios. Dios el Espíritu Santo es plenamente Dios. La Biblia afirma lo anterior como un hecho. No lo explica. Sin embargo, se han intentado muchas explicaciones, algunas de las cuales con grandes visos de realidad, pero que no se ajustan a la verdad de la enseñanza bíblica.
Una de las herejías cristianas en la iglesia primitiva fue el “modalismo”. Enseñaba que Dios aparecía en distintos momentos en tres diferentes formas, como Padre, luego como Hijo y finalmente como Espíritu Santo. Quienes sostenían este punto de vista pensaban que preservaba la unidad del monoteísmo. Pero también significaba que cuando Jesús oraba, hablaba consigo mismo. Más aún, decir, como dice Hechos 2, que el Padre y el Hijo enviaron al Espíritu Santo, poco habla en favor del modalismo. Y en última instancia, violaba la más clara presentación de la Trinidad en unidad, tal cual lo expresa la afirmación de Jesús, registrada en Mateo, sobre la gran comisión. Fue Jesús quien dijo que sus discípulos tenían que bautizar a sus convertidos “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. La construcción gramatical en griego no deja lugar a dudas de que Jesús se refería a tres personas distintas. Claramente enseñó la doctrina de la Trinidad.
Hemos visto que el Espíritu Santo es una persona, y es Dios, y es un miembro de la Trinidad. Las personas que no reconozcan este hecho pierden toda su alegría y su poder. Claro está que una opinión errónea respecto a cualquiera de los tres miembros de la Trinidad dará los mismos resultados porque Dios reviste la máxima importancia. Pero resulta especialmente cierto respecto al Espíritu Santo, porque si bien el Padre es la fuente de toda bendición, y el Hijo es el medio por el cual se canalizan todas las bendiciones, es mediante la obra del Espíritu Santo, actuando en nosotros, que toda verdad se torna viva y eficaz en nuestras vidas.
Lo más destacado que podemos decir como resumen es lo siguiente: nada hay de lo que Dios es que no lo sea el Espíritu Santo. Todos los aspectos esenciales de la Deidad pertenecen al Espíritu Santo. Podemos decir de él exactamente lo que se dijo de Jesucristo en el antiguo Credo Niceno: “¡Verdadero Dios de verdadero Dios!” De modo que nos inclinamos ante él, lo adoramos, le acordamos toda respuesta que la Sagrada Escritura requiere de nuestra relación con el omnipotente Dios.
¿Quién es el Espíritu Santo? ¡El Espíritu Santo es Dios!


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