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¿Qué es el infierno?

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¿Qué es el infierno?

              Personas en el infierno

Por naturaleza, el hombre se rehúsa a pensar sobre el juicio y el castigo. Le gusta pensar en las bendiciones y el galardón de Dios, pero no en sus castigos. Por eso se han inventado muchos planes para escapar de la realidad de que el hombre sufrirá por los pecados no perdonados. Algunos piensan que el infierno es sólo el dolor que el hombre siente a causa de una conciencia culpable cuando hace mal. Otros alegan que todo el infierno que sufriremos será aquí en la tierra. El hombre se acarrea su propio infierno por la forma en que vive. Estas mismas personas parecen estar a favor de un lugar llamado Cielo. Pero las mismas Escrituras que mencionan el Cielo también hablan del infierno. Si no recibimos nuestro Cielo aquí en la tierra, entonces tampoco recibimos nuestro infierno aquí. Permítasenos decir desde el principio que ningún hombre va al infierno porque Dios quiera que vaya. Porque Dios “es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2a de Pedro 3:9). Tampoco nadie va al infierno porque no haya escape. Porque Dios, en su amor y misericordia, ha preparado el camino para escapar. Ese camino es el Señor Jesucristo (Hebreos 2:14–15; cf. Juan 14:6). “Todo pecador que va al infierno pisotea el cuerpo de Jesucristo y ‘la sangre del pacto’, y pasa indiferente junto a la cruz que, como un faro resplandeciente, se yergue firmemente en el camino de todo individuo dirigido a la perdición. Si usted, amigo pecador, va al infierno, no culpe a Dios o a su Hijo.” Todo el esfuerzo de Dios se ha centrado en salvar del infierno al hombre, para que el individuo que se encuentra perdido no tenga a nadie más a quien culpar sino a sí mismo.

I. ¿Qué es el infierno?

La primera pregunta que contestaremos es: “¿Qué es el infierno?” Hay cuatro palabras en la Biblia que se han traducido infierno. Sus significados nos ayudarán a clarificar la enseñanza bíblica sobre el infierno.

A. Cuatro palabras traducidas infierno
1. Seol: En el Antiguo Testamento la palabra hebrea Seol es traducida “infierno”, “sepulcro” (Salmos 9:17; 16:10; Jonás 2:2, Reina – Valera Antigua). En Génesis 37:35, Reina – Valera Antigua, la misma palabra está traducida “sepultura” o “sepul-cro” en la Nácar – Colunga. Números 16:30, en la versión Reina – Valera Antigua se tradujo “abismo”.
Esta palabra tiene a veces la connotación de castigo, pero la palabra se refiere mayormente al “sepulcro” o “la morada de los muertos” sin que necesariamente se esté refiriendo a castigo. Por ejemplo, Salmos 16:10, que es una profecía tocante a Jesús, dice: “Porque no dejarás mi alma en el Seol (sepulcro, R—V Antigua); ni permitirás que tu santo vea corrupción”. El apóstol Pedro cita esto en Hechos 2:31 refiriéndose a la estancia temporal de Jesús entre su muerte y su resurrección. Muchas versiones modernas de la Biblia usan la palabra Seol en lugar de infierno, sepulcro o sepultura en la mayoría de las referencias al Antiguo Testamento. Esto es porque la palabra no se refiere al futuro lugar de castigo. La Nueva Versión Internacional traduce Seol con más frecuencia como sepulcro.
2. Hades: La palabra Hades en el Nuevo Testamento es sinónimo de la palabra Seol en el Antiguo Testamento. El apóstol Pedro usa la palabra griega Hades para traducir la palabra hebrea Seol. La palabra Hades literalmente significa “no visto”, “oculto” o “mundo invisible”. Se refiere a la morada de los muertos y no al lugar eterno de castigo (cf. Mateo 11:23; 16:18; Lucas 16:23; 1a a los Corintios 15:55).
3. Tártaro: Esta palabra aparece en el Nuevo Testamento una vez en 2a de Pedro 2:4: “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno (Tártaro) los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio”. Si esta prisión para los ángeles caídos es la misma que el infierno no está claro. Algunos piensan que es la sección del Hades a donde van los inicuos. Quizá sea un lugar especial preparado para los ángeles que pecaron al no guardar su dignidad (cf. Judas 6).
4. Gehena: La palabra Gehena es una combinación de dos palabras arameas: ge, que significa valle e Hinom, que evidentemente fue el nombre de algún hombre. Significa el “valle de Hinom”. En el Nuevo Testamento, Gehena se ha traducido consistentemente “infierno”. Se usó doce veces. Jesús la usó once veces. Santiago, el hermano del Señor, la usó una vez (Santiago 3:6). He aquí las referencias: Mateo 5:22, 29, 30; 10:28; 18:9; 23:15, 33; Marcos 9:43, 45, 47; Lucas 12:5. En todos estos casos la palabra se refiere al lugar del castigo futuro.
¿Por qué usó Jesús el nombre de un valle en Palestina como el nombre del lugar del castigo para los malos? Un estudio tocante al valle contestará esta pregunta.

B. Historia del valle del hijo de Hinom. Salomón introdujo la idolatría a Jerusalén cuando edificó un lugar alto o altar de adoración en el monte del Olivar al dios Moloc. Hizo esto para complacer a sus mujeres extranjeras (1o de Reyes 11:7–8). Después, bajo los malvados reyes Acaz, Manasés y Amón, fue convertido en escenario de ritos obscenos y crueles de adoración pagana (2o de Crónicas 28:1–4; 33:1–9, 21–25). El valle de Hinom se localiza al suroeste de la ciudad de Jerusalén. Bajo el liderazgo de estos reyes los judíos edificaron la imagen de Moloc e hicieron sacrificios en ella en el valle del hijo de Hinom. La imagen de Moloc era una figura hueca grande de bronce con cuerpo de hombre y cabeza de becerro, con enormes brazos y manos extendidos hacia delante. Se ponía fuego en el interior de la imagen y se calentaba hasta dejarlo al rojo vivo. Entonces los adoradores colocaban un infante como sacrificio en las manos del ídolo. Se dice que tocaban tambores para ahogar los gritos del infante. Otros expertos creen que el bebé era matado y entonces quemado en sacrificio. Esto es lo que quieren decir las Escrituras cuando hablan de “pasar a sus hijos por fuego” (2o de Reyes 16:2–4; 21:1–6; 2o de Crónicas 28:1–3).
Esta adoración cruel y monstruosa era abominación para Dios. Cuando el rey Josías llegó al trono de Judá, mató a los sacerdotes idólatras y detuvo esta adoración. Derribó los altares y las imágenes de Asera y profanó o abolió totalmente el valle y su inicua adoración (2o de Reyes 23:1–20). “Y derribaron delante de él los altares de los baales, e hizo pedazos las imágenes del sol, que estaban puestas encima; despedazó también las imágenes de Asera, las esculturas y estatuas fundidas, y las desmenuzó, y esparció el polvo sobre los sepulcros de los que les habían ofrecido sacrificios. Quemó además los huesos de los sacerdotes sobre sus altares, y limpió a Judá y a Jerusalén” (2o de Crónicas 34:4–5).

Después que Josías contaminó este lugar, “se convirtió en objeto o punto de horror para los judíos, y se dice haber sido hecho receptáculo para huesos, cadáveres de animales y de criminales, basura y cosas inmundas. Las terribles asociaciones del lugar, las recolecciones de los horrores perpetrados en él y la profanación infligida en él, los fuegos que se decía eran mantenidos ardiendo en él para consumir los objetos fétidos y corruptos que se arrojaban en él, lo hicieron un símbolo inequívoco y natural de terrible maldad, tormento, castigo asolador y ruina absoluta.”

Por consiguiente, el valle del hijo de Hinom se llegó a asociar en profecía con el juicio que se impondría al pueblo de Judá (Jeremías 7:31–32). Cuando Jesús quiso decirle a sus discípulos cómo sería el infierno, señaló al valle del hijo de Hinom, y dijo: “El infierno será como eso”. Fue la ilustración más gráfica. Por eso la palabra Gehena se traduce “infierno” y sí se refiere al castigo futuro de los malos.


II. La naturaleza del infierno

A. La descripción que Jesús hizo del infierno. Once veces en los evangelios sinópticos se refiere Jesús a la naturaleza del infierno. Habla del infierno como “fuego eterno” y como “infierno de fuego” que literalmente es “Gehena de fuego” (Mateo 18:8–9). Lo llama “fuego que no puede ser apagado”, es decir, fuego inextinguible o insaciable (Marcos 9:43). En Marcos 9:48, Jesús dice: “el fuego nunca se apaga”. Llamó al infierno “castigo eterno” (Mateo 25:46); “donde el gusano de ellos no muere” (Marcos 9:48). Será un lugar de “lloro y el crujir de dientes” (Mateo 8:12). Es un lugar de gran dolor y de gran ira. Los malos, los cuales van al infierno, serán excluidos de la presencia de Cristo (Mateo 7:23, cf. 2a a los Tesalonicenses 1:9). Por último, Jesús describe al infierno como un lugar de oscuridad total o “las tinieblas de afuera” (Mateo 25:30). En otras partes de la Escritura, el destino final de los injustos se describe en los siguientes términos.

B. Otras descripciones en el Nuevo Testament. Se le describe como “la más negra oscuridad” (El Libro) o “la más densa oscuridad” (NVI) (2a de Pedro 2:17). Judas versículo 13 habla de los inicuos: “para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas” (cf. Judas versículo 6).
El escritor de la carta a los Hebreos nos advierte en Hebreos 10:26–27: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios (de Dios)”. En el 10:39 se refiere al destino de los impíos como “perdición” o “destrucción. Al infierno también se le llama “el lago que arde con fuego y azufre” (Apocalipsis 21:8; 20:10; 19:20). En cuanto a esto, el infierno es mencionado como la muerte segunda: la muerte eterna para los que rechazan el evangelio (Apocalipsis 20:6, 14; 21:8). La promesa para los justos es: “El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte” (Apocalipsis 2:11).
Otras descripciones del infierno en el Nuevo Testamento son: “ira y enojo… tribulación y angustia” (Romanos 2:8–9); “muerte” (Romanos 6:21); “perdi-ción” (destrucción) (Filipenses 3:19); “eterna perdición (destrucción), excluidos de la presencia del Señor” (2a a los Tesalonicenses 1:9).

C. El significado de estas descripciones. Cuando la Biblia habla del Cielo usa los términos más bellos del lenguaje humano: calle de oro, puertas de perlas, muro de jaspe. Dios ha empleado todos los medios para persuadir a los hombres a esforzarse por el Cielo. Por otra parte, cuando la Biblia habla del infierno, usa las palabras más espantosas e impresionantes que el hombre conoce. Dios ha escogido dos cosas para describir el infierno que la mayoría de los hombres temen: fuego y oscuridad total.
1. Fuego. Al acercarnos al fuego de inmediato nos alejamos de él sabiendo el dolor que le causa al cuerpo humano. Nos estremece nada más de pensar el ser quemados al fuego. Si el fuego del infierno será real como el que conocemos aquí en la tierra, no lo sabemos. Si no es fuego literal, evidentemente ha de ser un sufrimiento tan malo o peor que el fuego. Dios ha utilizado esta descripción del infierno para hacer que el hombre desista de ni siquiera pensar en ir al infierno.
2. Oscuridad. La segunda descripción que Dios emplea es el término oscuridad: “tinieblas de afuera” o “la más densa oscuridad”. Hay cierto pavor y temor a la oscuridad total. Hace algunos años tuve la oportunidad de visitar las cavernas Mammoth en Kentucky. El guía nos condujo en un recorrido por las profundidades de la tierra. Llegamos a un espacio amplio donde nos detuvimos a descansar; muy por debajo podíamos oír el tronante río en el corazón de la tierra. Y el guía nos preguntó si alguna vez habíamos visto las tinieblas. Le dijimos que sí. Él nos dijo que nos mostraría una oscuridad auténtica. Entonces interrumpió la energía eléctrica. Por un breve instante todos exclamaron por la oscuridad. Se divirtieron acercando sus manos a sus ojos en un esfuerzo por verlas. Imposible ver absolutamente nada. Esto siguió como por medio minuto. Y de repente pareció comenzar a invadirles cierto pavor en el corazón. Por mi mente pasó el pensamiento: ¿qué tal si ya no encienden las luces? Pensé en ese oscuro río abajo y en los precipicios que habíamos cruzado al descender. Parecía haber un gravoso peso comenzando a presionarnos. Nunca he sido tan feliz de ver la luz como cuando el guía accionó el interruptor y ese espacio se iluminó. Se dice que el infierno tiene esta total oscuridad opresiva.
Algunos preguntarían cómo puede haber al mismo tiempo fuego y oscuridad en el infierno. No intento armonizar estas dos cosas porque en realidad sabemos muy poco acerca de la naturaleza exacta del infierno, la clase de fuego, las tinieblas, etcétera. Yo diría que Dios está usando toda descripción que al hombre pueda ayudarle a entender qué lugar tan horrible es el infierno, para que acepte a Jesús como su Salvador y no vaya a ese lugar.


III. La existencia del infierno

La evidencia de un lugar llamado infierno es abundante en las Escrituras. Tanto nuestro Señor como sus apóstoles testifican de este hecho. Hay mucho que no sabemos sobre el infierno, pero que existe un lugar a donde irán los malos está muy claramente presentado. Sin embargo, hoy, mucha gente rechaza la idea de un lugar de castigo futuro de los malos. Hace muchos años el Dr. Herbert Betts, profesor de la Universidad Northwestern en Chicago, escribió un libro que se titula Las Creencias de 700 Ministros. Este libro fue el resultado de un cuestionario enviado a 1500 ministros del área oeste medio de los Estados Unidos de Norteamérica. Se recibieron 700 respuestas. Entre este número hubo 200 estudiantes de cinco escuelas teológicas. Una de las preguntas que el Dr. Betts le hizo a 200 estudiantes, fue: “¿Cree usted que existe el infierno como un lugar o sitio real? He aquí la respuesta de estos potenciales ministros religiosos: el 76% contestó que no; el 13% estaba inseguro; y sólo el 11% creía en la existencia del infierno. El hecho que nos hace pensar es que el mismo Señor que dijo que hay Cielo también dijo que hay infierno. He aquí tres razones para creer en el infierno como el destino eterno de los malos.

A. La razón lo demanda. Si las Escrituras no hubiesen dicho nada tocante al infierno, de todos modos el sentido común y la razón guiarían a una persona a concluir sobre la necesidad de tal lugar. Lógicamente, en realidad no puede haber un Cielo sin un infierno. Si el Cielo debe ser un lugar santo donde prevalecen la justicia y la paz, entonces tiene que haber un lugar a donde deben ir los malos. Si se pusieren en el Cielo todos los criminales de la tierra, pronto se convertiría en un infierno. Si una ciudad moderna ha de ser limpia y saludable, debe haber un basurero donde depositar los desechos y un sistema de alcantarillado. Por la misma razón, si el Cielo debe ser limpio y santo, entonces los inmundos de esta tierra tienen que ser arrojados en algún otro lugar. En la Biblia tal lugar se llama infierno.

B. La justicia lo requiere. Hace varios años, el jurista inglés señor William Blackstone escribió: “Donde no hay castigo, la ley se anula y se invalida”.
“Si no hay infierno o castigo, entonces no hay ley, porque ‘la ley sin castigo se anula y se invalida’. Si no hay ley, entonces no hay pecado, porque ‘donde no hay ley, no puede haber mal, agravio o violación’ ”.
Hecho número uno: sí existe la ley de Dios escrita en la Biblia. Hecho número dos: los hombres infringen esas leyes y pecan, causando así mucho mal y sufrimiento en el mundo. La conclusión razonable es que tiene que haber castigo por el pecado. Dios es razonable y justo y su palabra declara que hay castigo por el pecado no perdonado, y es el infierno.
Hay otra razón por qué la justicia requiere un juicio y un lugar de castigo. Eso se debe al pecado y los crímenes no castigados en esta vida. A manera de ilustración, hubo un artículo en un diario de Chicago de fecha 24 de julio de 1943, que tenía este encabezado: “La mitad de 5,133 asesinatos cometidos en esta ciudad desde 1925 sin resolver”. Este artículo continúa diciendo que durante los 18 años anteriores a esto se habían cometido 5,133 homicidios en la ciudad de Chicago. Pero después de dieciocho años, menos del 50% se habían resuelto, lo cual significaba que la mayoría de ellos jamás se resolverían o castigarían aquí en la tierra. ¿Jamás serán juzgados estos asesinos? ¿Nunca serán castigados los criminales que los cometieron? ¿Continuará permitiendo el Dios justo que los hombres lo desafíen en su propia cara, infrinjan sus leyes y nunca paguen sus pecados? No si Dios es justo y omnipotente. Y, claro que sí lo es. Por eso concluimos que la justicia requiere la existencia del infierno para castigar a los malos que escapan al castigo en esta vida.

C. La Revelación lo da a conocer. Ya hemos señalado muchas Escrituras que mencionan la realidad del infierno, las terribles condiciones del infierno y la gente que irá a ese lugar. Nuestro Señor menciona 11 veces el Gehena. Entonces, para la persona que cree que la Biblia es la palabra de Dios, no puede haber duda lógica de que exista un lugar a donde irán los malos al final de esta vida. La Biblia llama a ese lugar infierno.


IV. La duración del infierno

A. Castigo reducido. A través de los siglos los hombres han tratado de eliminar completamente el infierno o, de otro modo, han tratado de acortarlo. Por ejemplo, el famoso maestro judío Hillel enseñó que los pecaminosos gentiles serían castigados en el Gehena por un período de doce meses y entonces serían consumidos. No creyó que los judíos vayan al infierno.
La doctrina del purgatorio enseña que una persona que muere siendo indigno de ir al Cielo, puede ir a un estado intermedio llamado purgatorio donde puede ser limpiado o purgado de su maldad. Entonces será admitido en el Cielo.
Por supuesto que las Escrituras no dicen nada sobre estos castigos abreviados. Jesús dirá a los cabritos a su izquierda (a los malos): “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41). Nuevamente dijo: “E irán éstos (los cabritos) al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mateo 25:46). Jesús usó la misma palabra griega en ambas instancias. Es la palabra aionios que significa “eterno”. La duración del castigo de los malos “es la misma” que la duración de la dicha de los justos.

B. Aniquilación. Los que sostienen este punto de vista creen que los malos serán aniquilados como una vela. Dejarán de estar conscientes, como seres vivientes siendo destruidos completamente. Esto se basa en la declaración de Pablo en 2a a los Tesalonicenses 1:9. Pablo escribió que los malos “sufrirán pena de eterna perdición [destrucción], excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder”. Afirman que la palabra destrucción significa aniquilación. La palabra griega que aquí se traduce “destrucción” o “perdición” no necesariamente signi-fica “aniquilación”. Moulton y Milligan, en su obra Vocabulario del Nuevo Testamento griego, definen su uso bíblico durante el primer siglo de la era cristiana así: “ruina, pérdida de todo lo que da valor a la existencia”.
Arndt y Gingrich, en su Léxico griego-inglés, dan el significado como “destrucción, ruina, muerte”.
En lugar de aniquilación, la palabra significa la ruina o la destrucción de todo lo que da valor o significado a la existencia. “La condición eterna de los perdidos será de ruina absoluta, una condición en la que el alma vive para siempre en un estado falto de todo lo que valga la pena.”

C. Castigo eterno. Otras Escrituras tocante al infierno parecen enseñar definitivamente una existencia consciente de los malos después de la muerte. Por ejemplo, en Marcos 9:48, Jesús afirma que “el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga”. Esto ciertamente parece enseñar una existencia continua en el infierno.
La segunda muerte de los malos será su separación final de la presencia de Dios (Apocalipsis 20:14–15). Pablo afirma: “los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (2a a los Tesalonicenses 1:9).


V. Los residentes del infierno

Jesús dijo que el infierno está preparado para el diablo y sus ángeles (Mateo 25:41). El infierno no fue preparado para el hombre. Si el hombre va al infierno será porque ha seguido a Satanás a “su” hogar en lugar de seguir a Jesús a la “casa del Padre”.
Las Escrituras indican una población muy mala e impía en el infierno. 2a a los Tesalonicenses 1:8–9 afirman que allí se encontrarán dos grupos. El primero consiste de los que no conocen a Dios, obviamente porque lo han rechazado (cf. Romanos 1:28), y el segundo se compone de los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Apocalipsis 21:8 da una lista más específica de los que estarán allí: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”. El apóstol Pablo agrega: “Y manifiestas son las obras de la carne: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19–21). Es obvio que si no heredan el reino de Dios, terminarán en el infierno.
En suma, Satanás y sus ángeles estarán en ese lugar al igual que todos los malos que se nieguen a aceptar a Cristo. La escoria de la tierra, espiritualmente hablando, de todas las edades se juntará en este pozo negro de iniquidad. R. G. Lee describe algunas condiciones en su poema “El infierno, la prisión de la desesperación”:

El infierno, la prisión de la desesperación,
He aquí algunas cosas que habrá allí:
Fuego y azufre habrá allí, lo sabemos
Porque Dios en su palabra nos lo ha dicho así;
Memoria, remordimiento, dolor y sufrimiento,
Lamento y llanto, pero todo en vano.
Blasfemos, maldicientes y aborrecedores de Dios
Mientras aquí peregrinaron, a Cristo rechazaron.
Asesinos, tahúres, bebedores y mentirosos,
Su parte tendrán en el lago de fuego.
El inmundo, el vil, el cruel y el despreciable y ruin…
¡Cuán horrible se verá esa gentuza en el infierno!


VI. El infierno no es para el cristiano

No importa cuán horrible sea el infierno, la grandiosa noticia es que ese lugar no es el destino del cristiano: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20).
Esto es cierto porque Jesucristo, nuestro Salvador, vino y murió en la cruz por nuestros pecados. Luego se levantó de la tumba y “quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2a a Timoteo 1:10b). Él nos dice ahora: “porque yo vivo, vosotros también viviréis” (Juan 14:19). El apóstol Juan escribió: “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos” (Apocalipsis 20:6a; cf. 1a a los Tesalonicenses 4:16–18).
Los que depositan su confianza en Jesús para salvación, se arrepienten de sus pecados y son bautizados en él son salvos (Marcos 16:16; Hechos 2:38). Si continúan fieles hasta el fin (Apocalipsis 2:10), se les concederá “amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2a de Pedro 1:11). El cristiano no tiene por qué temerle al infierno, porque en Jesús está a salvo para siempre.



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