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MI ESPOSO YA ES CRISTIANO PERO…

Recursos Bíblicos Para Crecer

MI ESPOSO YA ES CRISTIANO PERO…

 

Hay otro creciente problema en nuestros días. Muchas mujeres han venido en busca de consejo y con lágrimas han dicho: “Mi esposo es cristiano; ya ha aceptado a Jesucristo en su vida. Sin embargo, vive en pecado. ¿Hay algo que yo pueda hacer?”

(Comencé a meditar sobre esta incógnita cuando la esposa del líder de una iglesia nos contó que su marido había convencido a la  iglesia para que se comprara una video-casetera a fin de que la congregación pudiera mirar videos cristianos. En realidad la quería para uso personal, para ver películas pornográficas. Su mujer estaba desesperada y no sabía qué hacer.)

Sí. La esposa puede hacer algo. La mujer cristiana debe tener en cuenta que en Dios están los recursos que ella necesita. Por otra parte, varios de los principios mencionados para con el esposo no creyente en Cristo, son también válidos para un esposo cristiano que vive en abierta desobediencia a la Palabra (1 Pedro 3:1). Además hay consejos adicionales para las esposas creyentes con maridos que se dicen cristianos pero viven en pecado —practicando el pecado. (Nótese que la diferencia radica en la palabra “practicar”, que denota acción habitual. El cristiano renacido sigue siendo pecador pero desea vivir en santidad. Distinto es cuando la persona hace de la vida de pecado una práctica constante. Justamente a eso nos referimos al hablar de “vivir en pecado”.)

HERMANA VS. ESPOSA

Los esposos cristianos nos relacionamos en dos niveles distintos:   1) como cónyuges (Efesios 5, Colosenses 3, 1 Pedro 3, Génesis 2:24, Proverbios 5 y 31, Malaquías 2, 1 Corintios 7 -pasajes que tienen que ver con el matrimonio);  2) como hermanos en Cristo -somos coherederos de la gracia de la vida (1 Pedro 3:7). Es el aspecto espiritual, “no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer;porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”.

Una mujer sólo puede apelar a la autoridad divina que tiene como hermana en Cristo cuando haya cumplido sus deberes como esposa. Por eso al comienzo del libro señalamos los principios que deben regir su comportamiento como cónyuge. Ella debe vivir con la confianza de que su vida de pareja glorifica a Dios.

Una vida santa como esposa abre la puerta para su proceder como hermana en Cristo. Ahora bien, la mujer cristiana tiene el derecho y la autoridad divina de reprender y exhortar a su esposo a vivir en santidad cuando éste vive en pecado. Tal autoridad es bíblica:  “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”.

EL ESTA EN FALTA

¿Podríamos aplicar el versículo anterior a un hogar donde el marido (a pesar de llamarse creyente en Cristo) está practicando una vida de pecado? Sí. En primer lugar, Pablo está hablando a creyentes, por lo cual esta exhortación es aplicable al caso. Luego describe a la persona que necesita ayuda, la persona sorprendida en alguna falta (la enseñanza no se circunscribe a una falta en particular). No es la persona que peca una vez, luego lo confiesa a Dios (1 Juan 1:9) y sigue adelante en su vida cristiana. Es la persona que sin ayuda no puede salir del pecado, que a menudo envuelve y asedia (Hebreos 12:1). En el versículo que citamos el Apóstol pinta el cuadro de una persona atrapada bajo un peñasco y que no puede librarse sin la ayuda de terceros. En nuestro caso particular, el esposo sería tal persona.

El Apóstol también describe a quien debe llevar a cabo la reprensión bíblica: “Vosotros que sois espirituales”. Quizá otro hermano en la iglesia haya notado algo extraño en el comportamiento del esposo; tal hermano bien podría ser la persona usada por Dios para intervenir en la vida descarrilada del marido. Por otra parte, la esposa ha sido dada por Dios para ser su confidente, amiga, compañera y hermana en Cristo. Si la mujer es en verdad espiritual, debe actuar.

Pablo además delinea cuál debe ser el ministerio de la persona espiritual: “restauradle”. La meta es una restauración integral. La oración debe ser que el marido en pecado viva en la plenitud del Espíritu Santo. No hay que contentarse con una simple disculpa por el pecado sino que, como se dice comúnmente, hay que cortarlo por lo sano.

Pablo asimismo señala la actitud con que debe hacerse la exhortación: “...con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”. El pecador debe ser confrontado con una actitud de humildad, no de superioridad.

SU HOMBRIA SE INTERPONE

Aconsejamos que la mujer pase tiempo en la presencia de Dios. Esto es crucial para tener la seguridad de que en el ministerio de restauración ella será guiada por el Espíritu Santo y actuará con mansedumbre.

Biblia en mano, debe luego esperar el momento idóneo para hablar con el esposo —reprenderlo, corregirlo, exhortarlo, animarlo. Si al principio él no reacciona favorablemente, no hay que desanimarse. Después de la confrontación, es imprescindible que la esposa tenga —y mantenga— acciones y actitudes agradables al Señor. Es humillante para la hombría de un esposo ser reprendido por una mujer, en especial la suya. Sin embargo, en el proceso de restauración el Espíritu Santo podrá usar tanto la conducta como también las palabras de la esposa. Hay que dar tiempo para que el Espíritu de Dios obre en el corazón del marido. Si todo pareciera inútil (es decir, si no hubiera resultados aparentes), no debe entrar el desánimo. La obra es del Señor; la tarea de sus hijos es ser obedientes y orar con fe.

UN NUEVO COMIENZO

Si el esposo reconoce su vida de pecado y se arrepiente, la mujer podrá indicarle algunos pasos prácticos:

a)  Motivarlo a presentar su pecado ante Dios (1 Juan 1:9).

b)  Animarlo a buscar ayuda de hermanos maduros en la fe para que dé razón de su comportamiento a alguien (Santiago 5:16).

c)  Instarlo a que ambos renueven los votos matrimoniales.

d)  Ayudarlo a investigar los factores contribuyentes (si los hubiera) que alimentaron el problema. Es importante tratar no sólo con el problema principal sino también con los varios factores usados por Satanás para concebir el pecado en la vida del esposo. La investigación ha de ser exhaustiva para que, dadas las mismas circunstancias, no haya reincidencia. En el ejemplo relatado al comienzo de este apéndice, era importante investigar si tal vez la mujer haya sido un factor contribuyente. ¿Acaso sus actitudes, acciones, hábitos o apariencia física tuvieron que ver con la situación? Sería beneficioso aclararlo con el marido.

EL SIGUE EN FALTA

Ahora bien, ¿qué hacer si, a pesar de todo, el marido persiste en su pecado? (En el ejemplo de la video-casetera, el pecado sería continuar metido en la pornografía.)

a) Más que nunca la mujer debe mantener actitudes humildes y espirituales, ha de seguir siendo una esposa sumisa recordando la importancia de tener metas bíblicas en la vida (1 Pedro 3:1–6).

b) Dar tiempo para que el marido medite en la exhortación. Durante la etapa de espera, cubrir al esposo con oración ya que  Satanás quiere ganarlo para su equipo. ¿Cuánto tiempo esperar?  Resulta difícil contestar con exactitud, pero Dios dará la sabiduría para determinar el momento de volver a actuar.

c) Poner en acción las palabras de Jesús “Si no te oyere (es decir, si dándole el tiempo necesario para arrepentirse no lo hiciera) toma aun contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra”. El marido tiene que saber que según la Escritura el siguiente paso de la esposa será llevar el problema ante los líderes de la iglesia. En ese momento,  todo quedará en manos de ellos y la mujer deberá volver a su papel de esposa.

Los líderes, a su vez, han de seguir el proceso delineado en Mateo 18:15–17 hasta que haya una determinación bíblica. Este proceso forma parte de la autoridad que Dios ha otorgado a la Iglesia cuando le dio “las llaves del reino”. Por tal motivo, con todo corazón hemos de contar con la promesa de Jesucristo “porque donde dos o tres se han reunido en mi nombre, allí estoy en medio de ellos”. Dios mismo está con usted. Dios mismo reprenderá a su esposo y usará tanto a usted como a los líderes de la iglesia local.

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...Y si usted es pastor, anciano o líder de una congregación, conste que hay numerosas santas mujeres atrapadas en situaciones similares y que no saben qué hacer. Algunas sufren en silencio, mientras otras se desahogan contando su triste historia a sus amigas. Es preciso que estas hermanas sepan que pueden dar pasos prácticos pero bíblicos a fin de solucionar la dificultad.

Mirón, J. (1990). Mi esposo no es cristiano: ¿qué hago? (pp. 32–37). Miami, Florida: Editorial Unilit.

 

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