Madrid, España

LAS RAÍCES DEL ENOJO

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LAS RAÍCES DEL ENOJO

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La discusión comenzó de una manera de lo más inocente. Estaban sentados a la mesa de la cocina un sábado por la mañana, bebiendo una taza de café y anticipando este día libre. Nada de proyectos, ni de obligaciones, ni de presiones para hacer cambios. A ratos se reían y hablaban acerca de sus planes para las vacaciones el mes siguiente. La atmósfera era diáfana y placentera.

Una hora más tarde, las voces habían subido de tono. La ira centellaba en sus ojos. Las palabras que decían, salían de sus bocas como si pudieran arrojárselas el uno al otro.

¿Qué sucedió? ¿A qué se debió el cambio en esta atmósfera pacífica? La discusión acerca de las vacaciones había hecho surgir algunas diferencias de opinión; un problema menor que fácilmente se hubiera podido tratar pero, en cambio, encendió una chispa de enojo en uno de los esposos y enseguida se encendió en el otro. El día estaba arruinado, el café tenía un sabor horrible, y hoy no se tomaría ninguna decisión con respecto a las vacaciones.

El enojo es una emoción desconcertante. A pesar de ser una emoción que Dios nos ha dado, la mayoría de las veces, cuando la gente se enoja, los resultados son negativos: el enojo es la segunda causa principal de los accidentes automovilísticos en nuestro país; algunas veces es la causa del fracaso de matrimonios cuando uno o ambos cónyuges no saben usarlo de manera constructiva. Cuando el enojo penetra en una discusión o conflicto, es difícil llegar a una resolución aceptable.

¿Qué es el enojo?

Si le preguntara qué significa el enojo para usted, ¿qué me diría? ¿Tiene una definición para enojo? Sabe lo que se siente, pero, ¿puede definirlo?

En pocas palabras, el enojo es un fuerte sentimiento de desagrado e irritación; pero pronto puede comenzar a descender la cuesta arrastrando otras respuestas emocionales tales como la ira o la furia. La furia es un enojo ardiente que busca venganza. La ira es una respuesta intensa, descontrolada y explosiva.

Cuando el enojo se convierte en un conflicto y queda sin resolver, la ira y el resentimiento pueden comenzar a surgir.

La ira lleva a una persona a destruir, a buscar revancha. Declara abiertamente la guerra. El resentimiento da lugar a la amargura y por lo general crea una respuesta pasivo-agresiva. Es un sentimiento de indignación o un persistente rencor en contra de un insulto, una herida o la sensación de haber sido tratado injustamente. Cuando uno se resiente contra alguien, crea un filtro a través del cual ve a esa persona. Se convierte en alguien que siempre encuentra fallas; ahora, una de las principales respuestas hacia su cónyuge es echarle la culpa. Muchas veces los sentimientos de resentimiento terminan resultando en tácticas de guerrilla: atacar y salir corriendo cuando es menos probable que su cónyuge sospeche de un ataque.

¿Esta descripción de la ira y del resentimiento revela algo acerca de su eficacia o de su falta de eficacia para resolver conflictos y construir la armonía en el matrimonio? Como lo dice Richard Waters: «La ira dinamita los puentes que la gente necesita para llegar la una a la otra, y el resentimiento hace que la gente corra a esconderse detrás de barreras y a herirse mutuamente de manera indirecta».

Hasta las diversas maneras en que la gente intenta tratar con el enojo, indica el peligro que este representa. Algunas personas fingen no estar enojadas y lo esconden; pero lo que esconden está vivo y a su tiempo los irá destruyendo mediante colitis ulcerosas, depresión y hasta ataques cardíacos. El enojo que se esconde, permanece vivo en la mente.

Algunas personas le dan rienda suelta dejándolo salir completamente. Han oído que esto es saludable; pero esta información equivocada aleja a su cónyuge, a su empleador y a sus amigos y pronto no queda nadie alrededor sobre el cual dar rienda suelta al enojo. La mayoría de las personas se sienten peor luego de dar rienda suelta a su ira; inmediatamente se sienten más irritables, deprimidos, agraviados, hostiles, nerviosos e infelices. Otros vuelven la ira contra sí mismos y comienzan a destruir su autoestima, su identidad y sus capacidades.

El enojo se convierte en un problema cuando toma la forma de dos extremos: la excesiva reacción o la falta de ella. Cuando no reaccionamos, reprimimos o suprimimos nuestro enojo, generalmente sin darnos cuenta de que lo estamos haciendo. Cuando decidimos bloquearlo, no estamos siendo honestos con nosotros mismos ni con los que nos rodean.

Cuando reaccionamos en exceso, nuestro enojo queda fuera de control. Sale con ira y furia, las cuales pueden conducir a la violencia. He visto los magullones azulados o las muecas de dolor cuando alguien toca la parte lastimada del cuerpo de una persona. Los magullones de la piel con el tiempo vuelven a su color normal, pero la coloración interior dura mucho más.

La verdad acerca del enojo

Exploremos algunas verdades acerca del enojo. Tenga paciencia, porque lo que voy a decir puede sonarle contrario a lo que ha creído acerca de esta emoción.

El enojo no es el problema principal ni la emoción principal; es un síntoma.

Expresarle su enojo a su cónyuge no disminuye su ira sino que por lo general la aumenta.

Debe aprender cómo usar su enojo. Esto quiere decir que puede aprender una nueva respuesta y mantener la ira bajo control.

Su cónyuge no es el responsable de su enojo, ¡usted lo es!

¿Cómo se siente luego de leer estas declaraciones? ¿Enojado? ¿Confundido? ¿Molesto? ¿Asombrado? Consideremos lo que acaba de leer. Recuerde: Lo que haga con la información que contiene este capítulo puede tener un efecto drástico sobre la armonía y la satisfacción que experimente en su matrimonio.

Las causas de las raíces de enojo

El enojo es lo que llamamos una emoción secundaria. Es un sistema de mensajes que le avisan que algo más está sucediendo dentro de usted. El enojo es producido por el temor, el dolor o la frustración. Eso es: temor, dolor o frustración.

Temor

Puede tener temor de que su cónyuge lo subyugue, lo controle, le grite, sea irracional, no le dé lo que usted desea, lo ataque verbalmente, se retraiga, no le preste atención y demás. Para protegerse contra el temor, su ataque es el enojo.

Cada vez que comience a experimentar enojo, pregúntese a sí mismo: ¿Tengo miedo de algo en este momento? ¿Qué es lo que siento? Puede descubrir la causa en el momento. Trate de decirle a su cónyuge: «Siento un poco de temor en este momento. ¿Podemos hablar al respecto? Preferiría hacer eso en lugar de enojarme».

Dolor

El dolor viene por muchas causas: una palabra áspera, cocinar una comida especial y que no se den cuenta, pintar la casa y no recibir ningún comentario de aprecio, recibir un golpe, descubrir que lo engañan con otra persona y demás. Para liberar nuestro dolor nos enojamos. Queremos que la otra persona pague. Queremos un empate; pero herir a la gente no nos hace empatar. Cuando nos han herido, no siempre deseamos admitir hasta qué punto nos han herido, entonces lo cubrimos con enojo.

Cuando se enoje, pregúntese: ¿Me siento herido? ¿De dónde proviene este dolor? En lugar de enojarse, trate de decirle a su cónyuge: «En este preciso momento me siento muy herido. Deseaba que lo supieras para hablar acerca de esto y no dejar que se convierta en enojo».

Frustración

La frustración se encuentra en la raíz de muchos de nuestros enojos. La palabra «frustración» proviene del Latín frustra, que significa «en vano». Nos sentimos frustrados cuando confrontamos un problema pero no podemos encontrar una solución. La frustración es la experiencia de caminar por callejones sin salida y no llegar a ninguna parte.

Un mito corriente dice que la frustración siempre nos tiene que molestar. ¡No es así! Si su cónyuge habla o actúa de una manera que a usted le molesta, puede sentirse frustrado, pero puede controlar su respuesta tanto interior como exteriormente. Muchos de los comportamientos y las reacciones de su cónyuge no serán lo que usted desea. De vez en cuando, todos tendemos a magnificar lo que la otra persona ha hecho y literalmente creamos una montaña de una madriguera.

Hay cientos de pequeños actos molestos que pueden activar el botón de la frustración, pero estas molestias forman parte de la vida de casados. Aceptarlas y darles permiso para que estén allí puede aliviar parte de la tensión. Concédale a su cónyuge el permiso para hablar en la forma en que lo hace, para hacer las cosas de manera diferente a la suya, para llegar tarde, para estar en silencio. Le garantizo que su frustración va a disminuir. ¿Por qué? Porque ha tomado el control de usted mismo. Con frecuencia nos sentimos frustrados cuando nos sentimos fuera de control.

Resista la tentación de actuar de manera agresiva cuando se siente frustrado. Es una tendencia normal, pero es como tocarle bocina a un tren que se ha detenido justo frente a su automóvil porque lo está retrasando para llegar a destino. ¡Es en vano!

Recuerde, no es su compañero o compañera el que lo hace enojar. Es su respuestas interior hacia la persona que genera el enojo. Usted y solo usted es responsable por sus emociones y reacciones.

Cómo practicar una respuesta mejor al enojo

Permítame hablar en broma por un minuto para sugerirle cómo puede hacer para enojarse contra su cónyuge. Es muy fácil; haga lo siguiente. Suponga que está discutiendo con su cónyuge y lo enfrenta con la actitud de que quiere algo y debe tenerlo. Las palabras clave son «quiere» y «debe». El siguiente paso para no obtener lo que desea es decir: «Es terrible. Es horrible no obtener lo que quiero. ¿Por qué no lo ves a mi modo?» Luego dice: «No debieras frustrarme de esta manera. Debo lograrlo como yo lo quiero. ¡Cómo te atreves! ¡Pagarás por esto!» Entonces comienza el juego de los reproches. Cuando pensamos en que debemos lograrlo como nosotros lo queremos, la frustración comienza a aumentar.

Estela me contó una experiencia que tuvo justo dos días antes de entrevistarse conmigo. Me describió cómo había pasado seis horas limpiando la casa de un rincón a otro y de arriba abajo. Trabajó literalmente como esclava en cada habitación, dejándolas sin una mota de polvo. Esperaba que su esposo le demostrara de alguna manera su aprecio por lo que había hecho. Lamentablemente, llegó a casa cansado, hambriento y deseoso de ver el partido de fútbol de los lunes por la noche. No dijo ni una palabra de elogio y ni siquiera pareció darse cuenta de lo que ella había hecho. Más bien, en media hora había deshecho gran parte del trabajo de su esposa en la sala desparramando su ropa y alimentos encima de los muebles. Comenzamos a hablar acerca de los pensamientos que la llevaron al encontronazo y a la sarta de improperios que duró desde las 9:00 hasta las 11:30 aquella noche. A continuación veamos sus conclusiones:

«¡Tendría que haberse dado cuenta de todo el trabajo que hice!»

«Tendría que haberme agradecido por lo que hice.»

«No debiera haber sido tan insensible y desconsiderado.»

«¡Es un canalla! No tiene modales ni sensibilidad.»

«¡Mírenlo! ¡Ensucia todo lo que yo limpié!»

«Probablemente, esta noche quiera tener relaciones sexuales. Que se quede esperando. ¡Pagará por esto y dormirá solo!»

Luego hablamos de cada frase y de cómo la había hecho sentir. Pronto comenzó a ver que sus declaraciones habían creado sentimientos de dolor, de frustración de rechazo y de enojo. El resto de la sesión estuvimos desarrollando algunas respuestas realistas a lo que había sucedido. Mientras ambos aportábamos ideas acerca de cómo manejar una desilusión, Estela comenzó a hacer una lista. Aquí tenemos algunas de las respuestas que hubiera podido usar:

«Me hubiera gustado que se diera cuenta de todo lo que había trabajado.»

«Me pregunto por qué es tan importante que Juan repare en mi trabajo y me lo agradezca. ¿Lo hago por él, por mí o por…?»

«Tal vez pueda encontrar una manera creativa para contarle lo que hice hoy. Hubiera podido traer la cámara de fotos y pedirle que tomara una fotografía de una casa fantásticamente limpia y del ama de casa que había creado esta maravilla.»

Luego formulamos un resumen que le ayudó a poner las cosas en perspectiva. Era algo así: «Quiero que Juan se dé cuenta de lo limpia que está la casa luego de haber pasado seis horas trabajando como burra; pero si no se da cuenta, no hay problema. Mi felicidad y sentido de satisfacción no dependen de su respuesta. No limpié la casa solo para obtener una respuesta de él. La limpié porque hacía falta. Me siento bien por el esfuerzo que hice y por su resultado. Su reconocimiento hubiera sido simplemente un beneficio añadido».

¿Hay algo en su propia vida que se hubiera visto beneficiado con una respuesta como esta? Tal vez, acaba de experimentar una frustración reciente. Recuerde lo que se dijo a sí mismo y luego formule nuevas oraciones que hubieran bajado el nivel de su frustración. ¡Funciona!

Una respuesta bíblica para el enojo

¿Sabe lo que en realidad hace este proceso? Lo ayuda a poner en práctica un poco de sabiduría que puede cambiar sus relaciones con los demás. La Biblia nos da varias instrucciones y pensamientos acerca de esta emoción llamada enojo.

Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira [pasión, furia, mal carácter], gritería [peleas, animosidades] y maledicencia [palabras ofensivas, abusivas o blasfemas], y toda malicia [rencor, inquina, vileza de cualquier clase]» (Efesios 4:31) [Enfasis del autor].

En este versículo, Pablo se refiere al enojo como una emoción turbulenta que hierve dentro de nosotros.

El cristiano también debe dejar de lado el enojo que es permanente y habitual, la clase de enojo que busca venganza:

Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca (Colosenses 3:8).

La Escritura nos enseña a no provocar a otros al enojo:

Como rugido de cachorro de león es el terror del rey; el que lo enfurece peca contra sí mismo (Proverbios 20:2).

Las Biblia nos indica que debemos ser «lentos para la ira» (es decir, que debemos controlar nuestro enojo) y que debemos tener cuidado de relacionarnos estrechamente con otros que están constantemente enojados o que son hostiles.

El hombre iracundo promueve contiendas; mas el que tarda en airarse apacigua la rencilla (Proverbios 15:18).

Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad (Proverbios 16:32).

No te entremetas con el iracundo, ni te acompañes con el hombre de enojos, no sea que aprendas sus maneras, y tomes lazo para tu alma (Proverbios 22:24, 25).

La Escritura también habla del enojo justificado. Encontramos un ejemplo en la vida del Señor Jesús:

Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana (Marcos 3:5).

En Efesios 4:26, el apóstol Pablo habla de dos clases de enojos y de cómo tratar con cada uno de ellos:

Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo.

Al decir «airaos, pero no pequéis», Pablo describe la clase de enojo que es una actitud estable y permanente en contra del pecado y de las cosas pecaminosas. Uno se da cuenta de que está enojado y puede controlar su enojo. En este versículo, en realidad, Dios nos está enseñando a enojarnos por los motivos correctos. El enojo es una emoción creada por Dios; Él nos creó como seres emocionales. La frase «no pequéis» es una advertencia para no ir demasiado lejos. La clase de enojo que tiene justificación porque está en contra del pecado y de las cosas pecaminosas y totalmente bajo nuestro control es la clase de enojo que Dios aprueba.

En la frase «no se ponga el sol sobre vuestro enojo», Pablo habla de otro significado del enojo. Aquí une al enojo con la irritación, la exasperación y la amargura. Como nos dice Efesios 4:31 y Colosenses 3:8, se supone que debemos dejar esta clase de enojo de lado. Si nos enojamos en este sentido negativo, deberíamos tratar con él rápidamente, antes de que se ponga el sol. La Escritura nos aconseja no llevarnos nunca la irritación o la amargura a la cama. Si lo hacemos, seguro perderemos el sueño (y ni que hablar de la paz, los amigos y hasta la salud).[1]

 

No pierdan los estribos, sino asegúrense que su enojo es correcto

4:26 ‘Si se enojan, no pequen.’ No dejen que el sol se ponga estando aún enojados, 27 ni den cabida al diablo.

La frase si se enojan, no pequen es un eco del Salmo 4:4. En lugar de expresar una orden, parecería que se trata de una expresión idiomática hebrea, que permite y luego restringe el enojo. ‘Cuando se enojen, no pequen’ sería una expresión equivalente. El versículo reconoce que hay algo así como un enojo cristiano, aunque son demasiado pocos los cristianos que lo sienten o lo expresan. Sin embargo, con esa actitud negamos a Dios, nos dañamos a nosotros mismos y favorecemos la propagación del mal.

La Escritura enseña claramente que hay dos clases de enojo, el correcto y el incorrecto. En el versículo 31, la ‘ira’ es una más en la lista de cosas desagradables de las que debemos despojarnos. Es evidente que el enojo incorrecto es malo. Pero en 5:6 se nos habla de la ira de Dios (rvr) que vendrá sobre los desobedientes, y sabemos que la ira de Dios es justa. También lo fue el enojo de Jesús. Por lo tanto, debe haber una ira buena y verdadera que el pueblo de Dios puede aprender de él y de su Señor Jesús.

Yo agregaría que hay una gran necesidad en el mundo contemporáneo de más ira cristiana. Como seres humanos transigimos ante el pecado de una manera que Dios nunca haría. Al enfrentarnos con el mal deberíamos indignarnos, en lugar de ser tolerantes o mostrarnos apáticos. Si Dios odia el pecado, su pueblo también debería odiarlo. Si el mal provoca su ira, también debiera provocar la nuestra. ‘Me llenan de indignación los impíos, que han abandonado tu ley.’ ¿Qué otra reacción se espera que provoque la maldad en aquellos que aman a Dios?

Llama especialmente la atención que el apóstol introduzca esta referencia a la ira en una carta dedicada a la nueva sociedad del amor, y en un párrafo que habla de las relaciones armoniosas. Lo hace así porque la paz verdadera no es lo mismo que el apaciguamiento. “En un mundo como este,” comenta E. K. Simpson, “el verdadero pacificador podría tener que asumir el papel de ‘quebrador’ de la paz, como su obligación sagrada.”

Al mismo tiempo, necesitamos recordar nuestras caídas y nuestra constante inclinación hacia la intemperancia y la vanidad. Consecuentemente, siempre debemos estar en guardia y actuar como censores de nuestra propia ira. Si somos sabios, seremos ‘lentos … para enojarnos’ y recordaremos que ‘la ira humana no produce la vida justa que Dios quiere’. Así que de inmediato, Pablo califica su permisivo si se enojan con tres negaciones. Primero, no pequen. Debemos estar seguros de que nuestra ira no procede del orgullo herido, del rencor, de la malicia, la animosidad o el espíritu de venganza. En segundo lugar, no dejen que el sol se ponga estando aún enojados. Esta instrucción ilustra bien el peligro de interpretar literalmente la Biblia. No debemos tomar las palabras de Pablo tan literalmente, porque entonces ‘los hombres de Groenlandia, donde los días pueden durar más de un cuarto de año, tendrían un amplio margen de venganza’. La intención del apóstol es advertirnos que no debemos ‘acariciar’ la ira. Es peligroso dejar que las brasas se mantengan encendidas. Si nos damos cuenta de que hay algún elemento pecaminoso o egoísta en nuestro enojo (y si nuestra orgē, ‘ira’, degenera en parorgismos, ‘resentimiento’, la palabra utilizada al final del versículo 26), entonces es tiempo de poner fin a nuestro enojo y pedir disculpas o reconciliarnos con la persona afectada. En el Antiguo Testamento el prestamista que tomaba la túnica de una persona pobre como prenda debía devolverla ‘antes de la puesta del sol’, para que pudiera dormir con ella, y un patrón que tuviera sirvientes pobres y necesitados debía pagarles sus salarios diariamente, ‘antes de la puesta del sol’. Hay muchas situaciones similares en las cuales es sabio vivir un día a la vez. ‘Nunca vayan enojados a la cama’, es una buena regla que en pocos casos se aplica mejor que a las parejas.

La tercera calificación de Pablo es ni den cabida al diablo (v. 27), porque sabe cuán fina es la línea entre la ira correcta y la incorrecta, y cuán difícil es para los seres humanos manejar responsablemente su ira. El diablo anda alrededor de la gente enojada, esperando poder aprovechar la situación para su propio beneficio, provocando en ellos el odio o la violencia o abriendo una brecha en la comunión.

 

 

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