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LA VERDAD

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LA VERDAD

La verdad definida

La verdad definida

El concepto de la verdad llena las Escrituras. La palabra “verdad” es usada 235 veces en la Biblia. El diccionario define la verdad como “cosa cierta, veracidad, autenticidad”. La verdad también es “aquello que se conforma a la realidad o al hecho”, aquello que está de acuerdo con lo que es, lo que ha sido o lo que será. Se ve la importancia de la “verdad” en estas Escrituras: (1) debemos amar la verdad (2 Tesalonicenses 2:10), (2) debemos andar en la verdad (2 Juan 4; 3 Juan 4), (3) Dios desea la verdad en el corazón (Salmo 51:6), (4) debemos adorar “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24), (5) debemos hablar “la verdad en amor” (Efesios 4:15) y (6) “Compra la verdad, y no la venda” (Proverbios 23:23). ¡La verdad es preciosa! ¡Debemos retenerla! (Tito 1:9).
Este estudio examinará lo que dice la Palabra de Dios acerca de la virtud sin precio llamada “verdad”.

II. La fuente u origen de la verdad

A. Dios es el “Dios de verdad” (Salmo 31:5). Dos veces en Isaías 65:16, a Jehová se le llama “el Dios de verdad”. Éxodo 34:6 dice que Dios es “grande en misericordia y verdad”. Pablo exclama: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!” (Romanos 11:33). Dios dice: “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:9).
Dios posee todo conocimiento y sabiduría. La Biblia dice: “su entendimiento es infinito”; Dios “sabe todas las cosas”; si pedimos sabiduría, él “da a todos abundantemente”; “su entendimiento no hay quien lo alcance” (Salmo 147:5; 1 Juan 3:20; Santiago 1:5; Isaías 40:28). ¡Dios es la fuente de la verdad!

B. Jesús es “la verdad” (Juan 14:6). Puesto que Jesús es el “Hijo unigénito de Dios”, también es la fuente de la verdad (Juan 3:16). De hecho, Jesús dijo: “Yo soy … la verdad” (Juan 14:6). Como Dios encarnado, él es “la verdad encarnada … la clave de toda verdad, y en sí mismo una revelación de toda la verdad necesaria para elevar al hombre a Dios” (B. W. Johnson, John [Juan], p. 218). Cuando Jesús dijo que era “la verdad”, no pretendía ser sólo una verdad o realidad entre muchas, sino que es la última realidad. ¡La verdad suprema! (Colson, The Body [El Cuerpo]).

III. La verdad revelada

A. Dios se revela a sí mismo a través de Jesús. No sólo es Jesús “la verdad”, sino que es la manera principal que Dios usó para revelarse a sí mismo al hombre. Hebreos 1:1–2 dice: “Dios … en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”. Juan escribe: “Y aquel Verbo [Jesús] fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad … la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:14, 17). En respuesta a la petición de Felipe: “Muéstranos el Padre”, Jesús dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:8–9).
Esto es verídico porque Jesús es “el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia” (Hebreos 1:3; compare Juan 1:18; Colosenses 1:15).

B. El Espíritu Santo – el revelador de la verdad. El Espíritu Santo es “el Espíritu de verdad” (Juan 14:17). Es una fuente de la verdad y un revelador de la verdad. Jesús dijo: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os [a los apóstoles] guiará a toda la verdad” (Juan 16:13). También dijo: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26).
Jesús había enseñado a los apóstoles por casi tres años. Cuando el Espíritu Santo vino en el día de Pentecostés, les capacitó para recordar todas las enseñanzas de Jesús. También les enseñó lo que Jesús no había tenido tiempo para enseñar (Juan 16:12–13). De esta manera, los apóstoles recibieron toda la verdad que Jesús tenía para ellos. No necesitamos más revelaciones, puesto que tenemos todo lo que necesitamos en el Nuevo Testamento – la enseñanza de los apóstoles.

C. La Biblia – la verdad de Dios escrita. La verdad que Dios envió al hombre más tarde, fue escrita en forma permanente. Esto la hizo fácilmente accesible para toda gente en todo tiempo. Sin embargo, la escritura no fue dejada a la memoria falible de los hombres, sino fue supervisada por el Espíritu Santo. A esto le llamamos “inspiración”. Así, él guarantizó la exactitud y la suficiencia de su Palabra. (Vea Juan 14:26; 2 Pedro 1:19–21; 2 Samuel 23:2; 2 Timoteo 3:16–17.) ¡Esto es alentador!
Jesús dijo: “Tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Pablo dijo que, cuando los cristianos recibieron el evangelio, “la recibistéis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios” (1 Tesalonicenses 2:13). Nosotros, como los primeros cristianos, tenemos la confianza de que la Biblia es la Palabra de Dios – ¡la verdad de Dios!
También es suficiente para todas nuestras necesidades. John Greenleaf Whittier expresó este pensamiento poéticamente en “Miriam”.

“¡Por todo el mundo la verdad buscamos;
Lo bueno, lo puro, lo hermoso entresacamos
De piedra labrada y página escrita
De viejos campos floridos del alma;
Y los que, cansados, lo mejor han buscado,
De nuestra búsqueda regresamos cargados,
Para encontrar que lo que los sabios decían
Está en el LIBRO que nuestras madres leían!”

D. Dios se revela a sí mismo a través de la naturaleza. Dios utiliza otras maneras para hacerse conocer al hombre, tales como su universo creado. Pablo habla acerca de esto en Romanos 1:19–20; Hechos 17:24–29. A esto se le llama “revelación general”, puesto que está disponible para toda la humanidad, y el conocimiento es general en esencia. De la creación podemos aprender que Dios es, y que él es poderoso (Romanos 1:20), pero no podemos averiguar ni su carácter ni su plan de redención. Necesitamos la Biblia para decirnos aquello.

IV. La pérdida de la verdad en los tiempos modernos

Hemos estado estudiando lo que la Biblia dice acerca de la verdad. Ahora, veamos cómo ve el mundo la verdad. Algunas tendencias se han desarrollado durante el siglo XX. Arthur Holmes declara que el hombre moderno ha perdido la vista global judío-cristiano. ¡Como él lo ve, el problema es que no sólo muchos no creen que el cristianismo sea veradero, sino que ya ni creen en la verdad! Dice: “Un concepto adecuado de la verdad misma se ha perdido en gran medida” (Holmes, All Truth Is God’s Truth [Toda verdad es la verdad de Dios], p. 4).
Charles Colson escribe: “El posmodernismo … ha desechado la mera idea de verdad universal. Hoy en día no podemos sencillamente defender nuestra fe como verdad; primero tenemos que defender el mismo concepto de verdad transcendente, universal” (Christianity Today [El cristianismo hoy], 20/06/94, p. 80).
El hombre moderno no está interesado en si algo es “correcto”, sino si hace al hombre “sentirse bien”; no en si es “verdadero”, sino si “funciona”. El lema de los años 1960: “Si te da placer, hazlo”, ha sido actualizado para los años 1990: “Si funciona, hazlo”.
La vista global prevalente en la actualidad es:

A. Toda verdad es relativa. Desde antes de Cristo, los hombres han debatido si la verdad es relativa o absoluta. El relativismo fue hecho popular en este siglo por tales eruditos como William James, John Dewey y otros. Desde los años 1940, el relativismo ha penetrado en cada faceta de nuestra sociedad. La pregunta de Pilato sigue con nosotros: “¿Qué es la verdad?” (Juan 18:38).
1. El tema céntrico del relativismo. Esto enseña que la verdad es cambiable; no existen verdades duraderas y eternas ni normas morales absolutas. Cada hecho debe ser valorado dentro del contexto de la cultura en la cual aparece. No se debe juzgar a ningún hecho verdadero o falso, bueno o malo, sobre la base de algún criterio global, como la Biblia. Lo que es correcto o verídico para una persona o cultura, puede no serlo para otros. Cada persona o grupo tiene que decidir. No existen normas universales, absolutas. Cualquier cosa puede ser correcta en la situación “apropiada”: homicidio, incesto, adulterio, el mentir, etc. Lo correcto y lo incorrecto son determinados por cómo “sale” algo. ¡Bajo el relativismo, el fin siempre justifica los medios! ¡Obviamente, la distinción entre lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo se ha vuelto borrosa! ¡Esto es peligroso!
2. El relativismo y el cristianismo. El relativismo también ha invadido al mundo religioso. En el nombre del “pluralismo religioso”, enseña que el cristianismo es sólo una de varias religiones aceptables, que ofrecen un sistema de creencias ayudadoras. No obstante, ¡ninguna es superior a las otras! El lema sagrado hoy en día es: “Respeten la diversidad cultural”. La tolerancia es la virtud mayor. Puede escoger a Buda, Mahoma o Cristo. No importa, puesto que todos son igualmente válidos según el relativismo. ¡Hemos cambiado de la idea de que “cada hombre tiene derecho a su propio opinión” a la posición absurda de que “cada opinión es igualmente correcta”! Tristemente, esta doctrina falsa ha invadido a la iglesia. Una encuesta hecha por George Barna en 1991 reveló que el 67 por ciento de la población estadounidense cree que no existe tal cosa como verdad absoluta. Muchos de estos son miembros de la iglesia. Es espantoso tener a tantos cristianos que dudan o rechazan la verdad de Dios.

B. La pobreza del relativismo. Una debilidad mayor de la teoría del relativismo es que no provee fundamento alguno sobre el cual se basan los morales o las virtudes. Dr. Francis Schaeffer habla de cuando compartió la plataforma con un ex-miembro del gabinete y líder urbano, John Gardner. Sr. Gardner estuvo hablando a estudiantes universitarios acerca de la necesidad de restaurar los valores a nuestra cultura. Hizo una ferviente súplica a los jóvenes. Cuando hubo terminado, abrió la reunión para preguntas. Después de una larga pausa, un estudiante de la Universidad de Harvard preguntó: “¿Sobre qué basa sus valores?” Gardner, usualmente de expresión fácil y erudito, se calló, inclinó su vista y, con cierto dolor, dijo: ¡No lo sé”! ¡Qué triste!
Cuando uno se desvía de Dios y su Palabra, no tiene un cimiento firme en que puede basar sus valores. Como dijo Dr. Schaeffer alguna vez: “¡El hombre moderno tiene los dos pies plantados firmemente en medio del aire!” (Colson, The Body [El cuerpo], p. 165). No es de sorprenderse que el hombre moderno está tan inseguro y temoroso de la vida.

C. La tolerancia y la verdad. “Respeten la diversidad cultural” es el lema sagrado de los “políticamente correctos” hoy en día. Como resultado, la única virtud estable que queda en esta edad relativista es “la tolerancia desenfrenada”, que quiere decir que cualesquier y todas las doctrinas, si son sinceramente sostenidas, son igulamente válidas. Con esta gente, “no existen absolutos con la acepción de que no puede haber absolutos”! (Colson, One Body [Un cuerpo], p. 171).
¿Cómo responde el cristiano, que cree que existen absolutos espirituales, a esto? ¿Qué es la relación entre la verdad y la tolerancia? La respuesta: ¡Somos tolerantes con la gente, pero no con las verdades eternas de Dios!
En el encuentro de Jesús con la mujer samaritana (Juan 4), él muestra su amor por la gente y la verdad. Al hablar con ella, cruzó toda clase de barreras culturales: (1) era un hombre que no debiera estar hablando con una mujer; (2) era un judío que no debiera estar involucrado con una samaritana; (3) era un maestro religioso – rabí – que no debiera ser visto con una “pecadora”. Sin embargo, él cruzó todas estas barreras para hablar con ella, para incluirla en su mundo. Él fue muy tolerante con ella, pero no con la verdad. No dijo: “Yo estoy bien, y tú estás bien”. No dijo: “Todas las verdades son iguales”. Le contó la verdad acerca de su vida sórdida. “Amando la verdad, él no permitió que la situación impidiera que dijera lo que era verídico. Amando a la mujer, no dejó que el mundo le impidiera actuar con base en aquel amor”. ¿No deberíamos hacer lo mismo?
Pablo hace claro esto en sus escritos. En asuntos de opinión, insta a tener gran paciencia y tolerancia. Vea Romanos 14 y 1 Corintios 8 para su discusión acerca del comer ciertas comidas y observar ciertos días. 1 Corintios 9:9–23 revela su práctica de tolerancia tocante a opiniones.
Pero, al tratar con verdades básicas, ¡era inflexible, firme e inamovible! Tocante al evangelio de Cristo, Pablo dice en Gálatas 1:8: “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema”. Para poner énfasis, repite: “Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: … sea anatema” (Gálatas 1:9).
Cuando los judaizantes, creyendo que los gentiles no eran salvos por el evangelio, intentaron forzarlos a circuncidarse, Pablo dijo: “A los cuales ni por un momento acedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros” (Gálatas 2:5). ¡Podemos ser tolerantes con la gente, mas no con las creencias fundamentales”! ¡Deberíamos ser tolerantes con las opiniones, mas no con la verdad! ¡Con ella debemos estar firmes, aunque algunos nos llamarían intolerantes!

V. El cristianismo ofrece la verdad absoluta

A. La evidencia para la verdad absoluta. “El decir que la verdad es absoluta, y no relativa, significa que es inmutable y universalmente la misma” (Holmes, All Truth [Toda verdad], p. 37).
Por ejemplo:
1. La naturaleza provee ejemplos de verdades inmutables. Las tablas de multiplicación señalan un absoluto – 2 más 2 siempre son 4, nunca 3 ó 5. La estrella polar siempre está en el mismo lugar para guiar al viajero nocturno. La tierra viaja 960.000.000 kilómetros en su vuelta anual alrededor del sol. De lo que se sabe, el tiempo necesario para hacer ese viaje nunca ha variado ni un segundo. ¡Sin estos constantes en nuestro mundo físico, los astronautas nunca hubieron alcanzado la luna! La naturaleza tiene muchas evidencias de verdades inmutables.
2. El razonamiento lógico señala verdades inmutables. Un profesor universitario estuvo dando clases sobre absolutos. Para comprobar su punto, dijo: “Les digo que existen absolutos en este mundo. ¡Y voy a reprobar a cualquier alumno que no está de acuerdo conmigo!” Un alumno, muy enfadado, salió como huracán del salón de clases, vociferando: “¡Esto no es justo!” El profesor sonrió y dijo: “Gracias, mi amigo, por comprobar mi punto”. Es que el alumno había apelado a una creencia universal de que unas cosas son “justas” y otras son “injustas”. Si no existen absolutos, ¿dónde se originó esa convicción?
3. La Biblia enseña la verdad absoluta. La Bibla dice que Dios es absoluto – inmutable. Dios dice: “Yo soy Jehová, y ninguno más hay”. También dijo: “Porque yo Jehová no cambio” (Isaías 45:5; Malaquías 3:6).
Hebreos 13:8 dice: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. ¡Jesús es inmutable!
Isaías escribió: “Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.” Jesús dijo: “El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.” (Isaías 40:8; Mateo 24:35). Jesús dijo: “Y la Escritura no puede ser quebrantada” (Juan 10:35). Está diciendo que nunca falla; ¡es segura y veraz para siempre! (Romanos 3:4).
Los profetas del Antiguo Testamento y los apóstoles del Nuevo Testamento “estaban convencidos de que la revelación de Dios, de la cual ellos eran los vehículos y custodios, era verídica. Verídica en un sentido absoluto. No era meramente verídica para ellos; no era meramente verídica para sus tiempos; no era verídica aproximadamente. ¡Lo que Dios había hecho era verídico universal, absoluta y duraderamente!” (Wells, No Place for Truth [Ningún lugar para la verdad], pp. 259–260). Aquel quien dijo: “Yo soy la verdad”, dijo también: “Tu palabra es verdad” (Juan 17:17). ¡Ciertamente él sabía!

B. Las bendiciones del creer y obedecer la verdad
1. El perdón y la libertad. Una conciencia culpable es una compañera angustiosa cuando uno lleva el cargo del pecado. Pero Pedro dice que “purificamos” el alma cuando obedecemos la “verdad”, y de este modo quitamos la culpa y el pecado (1 Pedro 1:22). ¡Qué bendición!
También, el conocer y obedecer la “verdad del evangelio” trae libertad (Gálatas 2:5; 5:1): libertad del pecado, libertad de la ley y libertad del temor de la vida y la muerte (Gálatas 5:1; 2 Corintios 5:1–2). Algunos piensan que la obediencia a la Palabra de Dios es un estado de esclavitud. Mas la verdad no esclaviza; liberta. Jesús prometió: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32).
2. El caminar en la verdad trae confianza y paz. Para algunos, la “verdad relativa” puede aparecer como un arreglo conveniente: “Lo que considero correcto es correcto”. Pero para otros, es una fuente de desesperación. ¡Es como andar un largo viaje sin mapa alguno; o navegar un mar ilimitado sin brújula alguna! Jeremías dice: “Conozco, o Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jeremías 10:23). ¡Necesitamos la ayuda de Dios!
Por ejemplo:
“El estar perdido sin conocer la salida; el enfrentarse con la muerte sin saber cómo escapar su aguijón; el sentir la certidumbre del juicio sin conocer el perdón – ¿podría algo ser más angustioso? Y el dolor sólo se alivia un poco cuando las únicas soluciones que tenemos son opiniones subjetivas y las conclusiones relativas del momento. Es por esto que para mí es una bendición indescriptible el tener la Biblia como nuestra fuente de la verdad. Es como una roca sólida en medio de arenas movidizas. ¡Es un cimiento firme para la esperanza y la confianza y la seguridad!” (Cottrell, His Truth [Su verdad], p. 14).
Pablo escribe: “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad” (Efesios 6:14; compare Isaías 11:5). En el tiempo de Jesús, el labrador, corredor o soldado “se ceñía” cuando estaba listo para su tarea. Era un símbolo de estar listo para el servicio. La faja mantenía en su lugar a los artículos de ropa o la armadura y evitaba que se enredara (Hebreos 12:1).
La verdad protege al hombre de enredarse en el pecado, o estar “llevados por doquiera de todo viento de doctrina” (Efesios 4:14). “Hace el alma sincero, firme, constante y siempre en guardia. El hombre que no tiene puntos de vista consistentes con la verdad, ciertamente es el hombre a quien el adversario puede atacar con éxito” (Albert Barnes, Ephesians [Efesios], Notes on the New Testament [Notas sobre el Nuevo Testamento], p. 128).
¡En verdad es una bendición tener la verdad de las Escrituras para guiarnos cada día y todo el camino!

VI. El peligro de rechazar la verdad de Dios

Si la Biblia es la verdad “relativa” o “absoluta” es una cuestión seria. El escepticismo tocante a la verdad es el resultado de una pérdida de fe en Dios como la “verdad final” y un rechazo de las Escrituras como la verdad de Dios revelada, absoluta. Veamos unos peligros en este rechazo:

A. El peligro de cambiar la verdad por una mentira. Pablo lamentaba aquellos en su día que cambiaron al Dios de gloria por imágenes de animales, aves y reptiles. Dijo que, mientras “profesa[ban] ser sabios, ¡se hicieron necios!”, “ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador” (Romanos 1:22, 25). Dios por ídolos – ¡una verdadera ganga! Pablo declara que los que tal hacen “no tienen excusa” (Romanos 1:20).
El hombre es inherentemente religioso. No permanece en un vacío espiritual. Cuando deja a un dios, crea o acepta a otro. Hoy en día, vemos a gente educada rechazar la sencilla verdad de Cristo por creencias absurdas y necias. Algunos negarán el evangelio y se volverán al satanismo, la astrología, lo oculto, etc. ¡Cuán triste! ¡El precio de negar la verdad de Dios!

B. Negar la verdad es arriesgar la ira de Dios. Pablo escribe: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Romanos 1:18).
¿Por qué rechazaría alguien la verdad de Dios? Dios dice que, cuando venga “el inicuo”, muchos serán engañados y se perderán. Explica: “Se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos” (2 Tesalonicenses 2:10). La segunda razón porque no creyeron era que “se complacieron en la injusticia” (2 Tesalonicenses 2:12). ¡Algunas personas se pierden porque aman sus pecados más que la salvación! Si alguien va a encontrar la verdad, tiene que desear conocerla y estar dispuesto a aceptarla, porque Dios no nos fuerza a aceptar sus verdades (vea Juan 7:17). Es por esto que la ira de Dios cierne sobre aquel que niega y suprime sus verdades y prefiere sus pecados y “injusticia”.
En Romanos 1, Pablo describe el destino inexorable de aquellos que prefieren el pecado a la verdad. ¡Tres veces pronuncia las palabras: “Dios los entregó”! (Romanos 1:24, 26, 28). A. T. Robertson dice que ¡estas palabras suenan como “terrones cayendo sobre el ataud”! ¡La ira de Dios cayendo sobre el pecador que rechaza las verdades de Dios!

C. Ninguna esperanza de salvación si se rechaza la verdad. Pablo habla de “la palabra verdadera del evangelio”, y “la verdad del evangelio” (Colosenses 1:5; Gálatas 2:5, 14). Es este evangelio que “es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree …” (Romanos 1:16).
Cuando creemos y obedecemos este evangelio, somos perdonados – salvos. Cuando rehusamos obedecerlo, somos perdidos. Jesús dijo: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36). Pablo añade: “Cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, … para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 1:7, 8).
Gracias a Dios, no tenemos que sufrir su ira. A un costo grande, Dios ha provisto una manera de escape. En el Calvario, mientras estuvimos llenos de pecado, Dios mostró su amor para con nosotros – Jesús murió y pagó el precio por nuestros pecados, y proveyó la salvación para todo aquel que la acepta. Pablo añade: “Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:9). ¡A Dios sea la gloria; grandes cosas ha hecho!

VII. La iglesia – “columna y baluarte de la verdad”

A. La verdad preservada. Pablo dijo a Timoteo que “la iglesia del Dios viviente” es “columna y baluarte de la verdad” (1 Timoteo 3:15). Una columna es un pilar que sostiene el peso de un edificio. Un baluarte es una “bastión” o “fortificación” que apoya el edificio.
“En otras palabras, Dios ha establecido a su iglesia en el mundo … para sostener la verdad como una columna sostiene el techo; y para mantenerla firme como un baluarte apoya un edificio” (C. C. Crawford, The Restoration Plea [La Súplica para la Restauración], p. 182).
La verdad de Dios, el evangelio eterno, dada para salvar al mundo, fue encomendada a la iglesia – para ser preservada, para ser defendida y para ser transmitida a tiempos futuros.
Sin el sostenimiento y la firmeza dados a la verdad divina por la iglesia, ella hubiera desaparecida de la tierra desde hace tiempo.
Cuando la iglesia cree, obedece y vive la verdad, entonces ¡la verdad es preservada!

B. La verdad proclamada. Jesús mandó a la iglesia del Nuevo Testamento: “Predicad el evangelio” (Marcos 16:15–16), “Haced discípulos, … bautizándolos” (Mateo 28:19–20) y proclamar arrepentimiento y perdón “en su nombre … en todas las naciones” (Lucas 24:47). A Timoteo se le dijo que tomara la enseñanza de Pablo y la encargara a “hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2). ¡La verdad del evangelio es para todos, y tiene que ser predicada hasta que todos la han oído!
En cuanto a lo tocante al evangelio, los cristianos neotestamentarios eran firmes e inflexibles. Hoy en día, se les llamaría intolerantes y dogmáticos. Sin embargo, ¡no eran intolerantes de la gente, sino sólo del pecado y el error! Eran inflexibles en cuanto a la verdad del evangelio. Creían a Jesús cuando dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por [a través de] mí” (Juan 14:6). Estuvieron de acuerdo con Pedro, cuando dijo: “Y en ningún otro hay salvación” – ¡excepto en Jesús! (Hechos 4:12).
Tocante a Jesús y al evangelio, “no ofrecieron transigencia alguna; no toleraron oposición alguna. Con los apóstoles, era Cristo o nada …” (C. C. Crawford, The Restoration Plea [La súplica para la restauración], pp. 189–190).
Era esta lealtad firme a Cristo y al cristianismo que les dio el poder para conquistar en su día. Aquella misma lealtad hará victoriosa a la iglesia del Señor hoy en día. No es fácil estar firme para la verdad, ¡pero debemos hacerlo!
Recuerde las palabras de James Russell Lowell en The Present Crisis [La crisis presente]:

“Aunque la causa del mal prospere,
Aún sólo la verdad es fuerte.
La verdad siempre en el caldaso;
El error en el trono siempre.
El caldaso aún el futuro mueve
Y detrás del oscuro desconocido,
Está Dios en el penumbre,
Vigilando a lo suyo”.

Sizemore, D. (2012). Lecciones de doctrina bíblica. (B. Marsh & M. Marsh, Eds., S. Calderón, Trad.) (Vol. 3, pp. 10–15). Joplin, MO: Literatura Alcanzando a Todo el Mundo.

 

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