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LA UBICACIÓN DE LAS PARÁBOLAS

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LA UBICACIÓN DE LAS PARÁBOLAS

las parábolas d jesús

La vasta mayoría de las parábolas de Jesús se hallan en los Evangelios sinópticos. Esto es particularmente cierto en lo que se refiere a la parábola extendida o narrativa. Algunos piensan que esto es natural, ya que los sinópticos cronológicamente son anteriores a Juan.

Lo primitivo de la tradición parecería indicar que los dichos de Jesús se hallaran en los escritos más antiguos; habría menos dichos del “Jesús histórico” en los escritos más tardíos por ser más “teológicos”. Todo esto puede parecer lógico, pero la verdad es que los escritos paulinos fueron escritos antes inclusive que a los sinópticos, y el corpus paulino no se destaca por su contenido parabólico de Jesús. Además, difícilmente se hallen escritos más “teológicos” respecto a Jesús y su significado que los de Pablo. Una explicación por la presencia o la relativa ausencia de parábolas en los documentos neotestamentarios tendrá que basarse en otra cosa que en la mera cronología. No obstante esto, se nota que los escritos neotestamentarios más primitivos (Pablo) y los más tardíos (Juan) no cuentan con parábolas narrativas tales como las que se hallan en los sinópticos. Que haya alusión a algunos “dichos” de Jesús en Pablo, es muy probable. Que Lucas registre algunas palabras de Jesús en labios de Pablo (Hech. 20:35) es cierto. Lo que no se halla es la parábola narrativa.

Se ha dicho que la cronología de por sí sola no explica la ubicación de las parábolas narrativas en ciertos escritos y su ausencia en otros. Si por cronología se entiende simplemente lo temprano y lo tardío, esto es cierto. Si por cronología se entiende el devenir del tiempo que produce otras circunstancias en el movimiento primitivo de la iglesia, puede que algo más se diga.
Durante las primeras décadas después de la muerte de Jesús aún había muchos testigos oculares de lo que Jesús había hecho y había dicho. Por cierto, estos testigos oculares creyentes no podían menos que trasmitir a otros estos datos. No eran datos fríos sino datos interpretados a la luz de su fe posresurrecional. Había muchos pregoneros del kerigma de Jesús; entre ellos, como principales, estaban los apóstoles. Pablo, después de su conversión, se hizo misionero primero entre los judíos pero después entre los gentiles. Su obra misionera no consistía en otra cosa sino en la interpretación teológica del significado de Jesús. Esta predicación resultó en iglesias, y las iglesias resultaron en problemas. Por eso, la mayor parte de las cartas de Pablo representan didajé (enseñanza) para las iglesias y no kerigma (anuncio de las buenas nuevas para los inconversos). El propósito de Pablo al escribir era su necesidad de corregir los abusos y problemas doctrinales en las iglesias. Este propósito hizo que la naturaleza de sus escritos fuera distinta a la de los escritores de los sinópticos. Recordemos que algunos de los escritos de Pablo se hicieron durante la década de los cincuenta.

las parábolas d jesús

                                 Jesús explica las parábolas a sus discipulos


Con el pasar de los años, iban desapareciendo los testigos oculares del ministerio de Jesús y se hizo necesaria la fijación de la tradición oral. Los tres Evangelios sinópticos representan tres colecciones de tradiciones en tres lugares distintos y en tres épocas distintas.
Marcos fue el primero en escribirse probablemente desde Roma a mediados de la década de los sesenta. La tradición en torno a la contribución de Pedro en la hechura de Marcos es fuerte. Se debe entender, no obstante, que el uso de las parábolas en Marcos obedece no tan sólo a su fuente original (¿Las memorias de Pedro?) sino a las necesidades de la iglesia en Roma. La determinación del contenido del Evangelio de Marcos no es producto de un solo hombre o dos. Las necesidades múltiples de la comunidad cristiana en Roma ayudaron a forjar el contenido; esto incluye la selección y el uso de las parábolas de Jesús. Lo mismo puede decirse de los otros Evangelios sinópticos.
Mateo presumiblemente contiene la tradición recopilada, seleccionada e interpretada por la comunidad creyente en Antioquía. El lugar de hechura del Evangelio de Lucas no se ha determinado con certeza. Algunos opinan que fue escrito en Roma; otros ubican la escritura de este Evangelio en alguna parte de Grecia. Lo cierto es que el Tercer Evangelio refleja el sentir de un autor posiblemente gentil o por lo menos un judío helénico. Este sentir hace hincapié en la universalidad del evangelio de Cristo.

Lo interesante es que, contrario a nuestro concepto moderno de “biografía”, los evangelistas utilizaban por base mayormente los dichos de Jesús, y luego los eventos se registraban para poner el contexto para los dichos y parábolas. Las dos cosas, la enseñanza de Jesús y sus acciones, eran imprescindibles para que los evangelistas pudieran redactar sus propios énfasis sobre el significado del Salvador. Desde luego, la contribución de la iglesia local donde se hicieron los Evangelios es patente.
La historia como un puro relato de eventos cronológicos tampoco le interesaba al evangelista Juan. Como bien lo expresa Grant:

Pero él no se interesa por la historia como tal, sólo en la manifestación divina la que para él caracterizaba la vida de Jesús como un todo y la cual era evidenciada por las siete grandes “señales” o pruebas de la naturaleza divina de Jesús. Estas forman lo grueso de su material “histórico” (excepto la narración de la pasión). La historia como tal tenía poco significado para Juan … El pasado no es un “prólogo”—como en la cita moderna—sino sólo una “parábola”, una historia ilustrativa.

Aún más que los sinópticos, Juan no se interesa en escribir una biografía de Jesús. Su propósito más bien es proclamar a un Cristo cósmico, a un Cristo que es el Logos divino. Era precisamente este Logos que había venido encarnándose. El Cuarto Evangelio, el más “teológico” de todos, es el que se aferra en refutar una clase de gnosticismo, el docetismo. Esta era una herejía judío-cristiana que negaba la humanidad de Jesús. Parecerá paradójico que el evangelista que más recalcaba al Jesús divino sea el que más defienda la encarnación histórica del Logos. Sea eso como fuere, la motivación de Juan y su aparente carencia de conocimiento de los Evangelios sinópticos harían que las parábolas tipo narrativo no figuraran en su libro.
Se ha dicho que el Evangelio de Juan no registra parábolas narrativas. Es muy importante, sin embargo, subrayar la palabra narrativa, porque, pese a una larga tradición dentro de la erudición neotestamentaria, sí se pueden encontrar dichos de Jesús que reúnen la definición de mashal (parábola). Hay que recordar que el término mashal en el Antiguo Testamento y parabole en el Nuevo Testamento cubren una serie de significados. La parábola narrativa es sólo uno de ellos. Tradicionalmente, los eruditos, a partir de Renan en el siglo XIX, no admitían que hubiera parábolas en el Cuarto Evangelio. Sólo reconocían la presencia de dos alegorías, la del buen pastor y la vid verdadera. Mientras los sinópticos contienen unas sesenta parábolas de Jesús, pareciera que Juan carecería de parábolas según una preponderancia de eruditos.

A. M. Hunter en su According to John: the New Look at the Fourth Gospel (Según Juan: un nuevo vistazo al Cuarto Evangelio) enérgicamente afirma la presencia de parábolas en Juan. Pretende encontrar positivamente no menos de diez parábolas en dicho Evangelio; sugiere otras tres posibilidades además de las diez. Las positivas son: el viento nocturno (3:8), el novio y el amigo de este (3:29), la cosecha (4:35–38), el hijo aprendiz (5:19, 20a), el esclavo y el hijo (8:35), el pastor (10:1–5), el caminante nocturno (11:9, 10), el grano de trigo (12:24), el viajero cuando la puesta del sol (12:35, 36), la mujer que da a luz (16:21). Las tres “posibles” son: la casa del padre (14:2, 3), la vid verdadera (15:1, 2), el lavamiento de los pies (13:1–15). Desgraciadamente, Hunter no explica ningún criterio por el cual algunas son positivamente ejemplos de parábolas en Juan y las últimas tres sólo son “posibles”. Lo que sí admite es que ninguna reúne las características de la parábola narrativa que tanto se encuentra en los sinópticos. 

Hasta ahora se ha abordado la presencia de parábolas narrativas en los sinópticos y la carencia de ellas en Juan. Se ha mencionado uno que otro ágrafa, o sea, dichos de Jesús que se hallan fuera del texto aceptado de los evangelios canónicos, pero éstos no constituyen parábolas ni mucho menos parábolas narrativas. ¿Habrá otros lugares en donde se pueden encontrar parábolas narrativas de Jesús? La respuesta a esta pregunta es positiva. Sí, los hay. La cuestión más intrigante no es en cuanto a la existencia de tales fuentes sino en la validez, autenticidad y autoridad de tales fuentes.
Se sabe que en 1946 se descubrió en Egipto lo que algunos tildaron “el Quinto Evangelio”. Se trata de un Evangelio supuestamente escrito por el apóstol Tomás. Este escrito, junto con otros cincuenta, formaba parte de una biblioteca hecha por una comunidad gnóstica que se remontaba al cuarto siglo cristiano. Esta colección de escritos fue encontrada cerca de la comunidad egipcia conocida como Nag Hammadi. Estos documentos fueron escritos en el idioma copto, y su estado de conservación era excelente. Se ha formado ya una bibliografía de obras interpretativas de este evangelio y de los demás escritos. Entre estas obras están las de Ray Summers, The Secret Sayings of the Living Jesus (Los dichos secretos del Jesús viviente) y Las palabras desconocidas de Jesús, por Joachim Jeremias.
Está también la obra de Luigi Moraldi, Dichos secretos de Jesús, pero esta obra no aborda las parábolas de Jesús sino sólo los dichos del Señor y éstos encontrados en los Evangelios canónicos. El libro de Moraldi es, más bien, un ejercicio en la disciplina de la historia de las formas en la que busca la situación vital dentro del ministerio de Jesús de los dichos canónicos de Jesús.
Summers asevera que el Evangelio de Tomás no es ni Evangelio en el sentido común de la palabra, ni es del apóstol Tomás. Aclara que este Evangelio gnóstico hay que distinguirlo del bien conocido Evangelio de Tomás apócrifo que detalla la infancia de Jesús. De hecho identifica este Evangelio de Tomás con escritos ya conocidos y leídos en griego desde los albores del siglo pasado. Lo que antes se conocía por “Dichos de Jesús” en griego, ahora se conoce por el Evangelio de Tomás en copto. Es una colección de 114 dichos supuestamente de Jesús. Más o menos la mitad tienen paralelos en los evangelios sinópticos, pero en forma diferente. Entre estos dichos hay varias parábolas. Summers las divide en dos grupos: dichos parabólicos e historias parabólicas. Estas últimas nos interesan, porque es principalmente con esta clase de parábola con la que se trabaja durante la mayor parte de este estudio. Resulta que en el Evangelio de Tomás hay trece historias parabólicas con paralelos en los Sinópticos canónicos. Las parábolas en Tomás corresponden a las que se hallan en Mateo 13, aunque con orden diferente. Mateo ordena sus parábolas en este capítulo para sacar a relucir el reino de Dios. Las parábolas correspondientes a Tomás no tienen orden y pareciera que no hay ninguna razón para su contexto.
¿Cuál es el valor de estas parábolas para un conocimiento de la enseñanza y persona de Jesús? Parece que las parábolas gnósticas de Tomás constituyen una forma que no refleja la antigüedad de las de los Sinópticos. Pese a esto, hay una que otra palabra dentro de las parábolas en Tomás que parecen reflejar unos detalles menores más “coloridos” o específicos. Lo que hace definitivamente que el Evangelio de Tomás revista menos valor respecto a las parábolas es que tiene un prejuicio gnóstico que aseguran fechas muy posteriores a las de Jesús mismo.

Además de las parábolas que tienen paralelos en los Sinópticos, el Evangelio de Tomás también tiene algunas parábolas nuevas, tanto dichos proverbiales como historias narrativas. Summers dedica todo un capítulo a estos “Dichos recién descubiertos de Jesús”. Se esfuerza por analizar subjetivamente el contenido de estas parábolas para determinar su “autenticidad”, es decir, ¿podrían ser éstas palabras legítimas de Jesús? Summers llega a la conclusión de que pocas pueden clasificarse como tales, pero reconoce la absoluta subjetividad con la cual uno tiene que trabajar en hacer tales juicios. Para nuestros propósitos, confirma aún más la legitimidad de limitarnos a las parábolas canónicas en este estudio.

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