Madrid, España

LA TRAGEDIA DE LA VIDA DE SALOMÓN

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LA TRAGEDIA DE LA VIDA DE SALOMÓN

La tragedia de la vida de Salomón no fue alguna repentina catástrofe personal, sino el gradual deterioro de su completa devoción a Dios. Esta situación estaba relacionada con los intereses de sus esposas que eventualmente lo llevaron a participar de sus cultos idolátricos. Salomón transitó la tan recorrida senda del alejamiento de Dios: el conocimiento del corazón se convierte en mero conocimiento intelectual, y el conocimiento intelectual, finalmente, da lugar a la franca defección. Su vida ilustra vívidamente la verdad de que “una gran sabiduría y refinado conocimiento de Dios” no son garantía de una continuada fidelidad a Dios.
Además, la vida de Salomón enseña que las grandes bendiciones y oportunidades que Dios concede encierran también amenazas para la relación de la cual esas bendiciones y oportunidades surgen. Nuestras mismas bendiciones pueden socavar la fe de aquel sobre quien se derraman. Es evidente que la correcta relación de un individuo con Dios descansa siempre sobre una obediencia continua, consciente y voluntaria. Cuando falta la obediencia, la alternativa es la desobediencia, aun la idolatría, como sucedió con Salomón. Tal desobediencia acarrea el juicio divino.

1. La apostasía de Salomón debida a sus muchas esposas (11:1–8)
La posesión de muchas esposas por Salomón era contraria a la política de los reyes de Israel (Dt. 17:17). Esto es al parecer lo que tenía en mente el historiador al pasar revista a este aspecto del reinado de Salomón. Fue, en sus postrimerías cuando éste llegó a aceptar gradualmente y participar en lo que había tolerado. Edificó lugares de culto para sus mujeres extranjeras, para que pudieran adorar a sus dioses en Jerusalén; luego, él mismo se les unió en sus cultos paganos (5, 7–8). Su corazón no era perfecto y no siguió a su Dios como David su padre. Su corazón estaba dividido en su lealtad y fue desobediente en una cuestión de suma importancia, lo que jamás había sucedido con David.

2. Palabras de ira de Dios a Salomón (11:9–13)
Dios, que es santo, no hace excepciones en lo que respecta al pecado y la injusticia. Este mensaje acerca de la ira divina probablemente le fue comunicado por el profeta Ahías (cf. 26–40). Era un mensaje primordialmente de juicio, pero no sin misericordia. El castigo debido a la idolatría de Salomón sería evidente en la división de su reino poco después de su muerte (11–12). Tendría que vivir pensando en que la mayor parte de lo que había intentado edificar y establecer no subsistiría. Este tal vez fuera para él el verdadero castigo. La nota de misericordia está en la declaración de que su reino no sería totalmente destruido; subsistiría una tribu como testigo de la misericordia de Dios, y por amor a David mi siervo.

3. Los adversarios como instrumentos de juicio (11:14–40)
Los incidentes en que están implicados Hadad, Rezón  y Jeroboam se emplean para ilustrar la verdad de que Dios envió su divino juicio sobre Salomón en primer término por medio de aquellos que se levantaron contra él. Esta es otra manera de que el reinado de Salomón sirva de ejemplo para entender e interpretar la historia de épocas ulteriores. El problema de Salomón fue la idolatría; y fue el cáncer de los reinos del Norte y del Sur. Así como Dios castigó al idólatra Salomón por medio de sus adversarios, castigó también a las partes idólatras del reino dividido por medio de adversarios extranjeros: los asirios y los babilonios.


a. “Hadad edomita” (11:14–22). Edom, al sur de Israel, había sido un estado vasallo desde que fuera sometido por Joab, a las órdenes de David (2 S. 8:13–14). Hadad era de sangre real, es decir, miembro de la familia real. Había logrado huir a Egipto, donde no sólo había hallado seguridad, sino favor con el faraón (17:20). Cuando oyó que David y Joab habían muerto, volvió a su nación (21–22). Si oyó la noticia poco después de la muerte de David y retornó en seguida, no es necesario suponer que inmediatamente planeó y condujo una revuelta contra Salomón. Cuando eventualmente condujo a los edomitas en un intento de sacudir el yugo de Salomón, no lo hizo sólo por el interés de los edomitas: también estaba en ello la mano de Dios.
b. Rezón, el sirio (arameo) (11:23–25). Rezón, tal vez una variante de Hezión (15:18), había comenzado su carrera militar a las órdenes de Hadad-ezer de Soba, a quien David había derrotado (2 S. 8:3–8). Entonces, al parecer, fue cuando huyó, convirtiéndose en jefe de una banda de merodeadores con la cual se había establecido en Damasco, al noreste de Israel. Y fue adversario de Israel todos los días de Salomón. Sus continuas incursiones y su creciente poderío en los últimos años del reinado de Salomón amenazaban con destruir el dominio israelita sobre los estados arameos. En realidad, fue poco después de la terminación del reinado de Salomón, probablemente en conjunción con la revuelta de Jeroboam y la invasión de Sisac, cuando Israel perdió todo dominio sobre territorio sirio. Dios utilizó esto como un juicio sobre Salomón.
c. “Jeroboam hijo de Nabat” (11:26–40). Jeroboam era israelita, a diferencia de los otros adversarios de Salomón que eran extranjeros. Siguiendo el estilo del relato de los dos incidentes anteriores, se dice que Jeroboam era adversario de Salomón. Luego siguen los detalles (27–40; cf. 15–22 y 24–25).
Jeroboam hijo de Nabat de Sereda, en Efraín (ubicación específica desconocida) había sido designado por el profeta Ahías, de Silo, para gobernar sobre la porción del reino que había de separarse de la casa de Salomón (30–31). El joven Jeroboam gozaba del favor de Salomón. El cargo de la casa de José significa “supervisor de toda la conscripción de trabajadores” (Berk.). (“Al frente de toda la leva de la casa de José”, BJ.). Actuando prematuramente sobre la base de la seguridad que el profeta le había dado, Jeroboam alzó su mano contra el rey (26–27), es decir, cometió alguna acción traicionera. Como David, había sido señalado por un profeta para suceder a un gobernante desobediente después de la muerte de éste; a diferencia de David, no esperó el tiempo de Dios, sino que trató de adelantarse. Por consiguiente tuvo que huir a Egipto para salvar su vida.
Los diez pedazos de la capa eran una representación simbólica de la porción de Israel que se separaría de Salomón. Indicaban que el mayor número participaría en la rebelión. La mención de una tribu reservada para David en Jerusalén lo corrobora claramente.
La referencia a que David tendría lámpara … en Jerusalén se repite en 15:4; 2 Reyes 8:19 y 2 Crónicas 21:7. La explicación tal vez se encuentre en 2 Samuel 21:17. El gobierno de David era considerado como la “lámpara de Israel” que Abisaí y otros no querían que se apagara, y que según la promesa de 2 Samuel 7:16 no se extinguiría.
La promesa de Dios a Jeroboam acerca de una casa firme (38) comparable a la de David, aparentemente significaba la estabilidad del trono para la parte que se separaría del reino de Salomón, por el tiempo que Dios permitiera la separación. La voluntad de Dios no era que la división fuera permanente. Las condiciones de esa estabilidad eran las mismas que para David y Salomón: si prestares oído a todas las cosas que te mandare.
Sisac, rey de Egipto, de quien Jeroboam huyó, invadió a Judá durante el reinado de Roboam.

4. Terminación del reinado de Salomón (11:41–43)
El relato del reinado de Salomón termina en la forma característica de los relatos de la terminación de los reinados en el resto de los libros de los Reyes. El reinado de Salomón de cuarenta años se reconoce generalmente como genuinamente histórico, no meramente como un número redondo.

 

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