Madrid, españa.

La Tentación de Jesucristo: La Verdad

Recursos Bíblicos Para Crecer

La Tentación de Jesucristo: La Verdad

jesucristo tentado


La Tentación de jesucristo: La verdad

El bautismo fue un glorioso acontecimiento público. Pero, inmediatamente después llegó una agonizante experiencia privada. “Las grandes bendiciones generalmente son seguidas por grandes tentaciones.” Y este concepto todavía está en vigencia: “Es menester una gran tentación tanto como gran gracia para hacer un gran predicador.”
¿Por qué fue Jesús tentado? La Epístola a los Hebreos va más lejos que cualquier otra parte de las Escrituras para responder esta pregunta. Leemos acerca de Cristo: “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (He. 2:17–18).
La última parte declara una verdad reveladora: “Padeció siendo tentado.” No se trataba de una comedia. Era una guerra dura y áspera. Las tentaciones de Jesús eran tan reales para El como los son las nuestras para nosotros y exactamente tan agonizantes. Algunos dicen que, puesto que Cristo era el Hijo de Dios, El sabía que no podía fracasar, que no podía rendirse. Pero tal consideración transformaría a la tentación en una inútil farsa y negaría la clara declaración de Hebreos. Si El “fue tentado en todo conforme a nuestra semejanza”, debe haber experimentado el tormento y la tortura en su propio consciente que nosotros sentimos cuando somos severamente tentados. Es verdad que como Hijo de Dios era omnisciente. Pero hay muchas indicaciones en los evangelios de que Jesús limitaba ese conocimiento a su consciente efectivo. Eso fue una parte de la Encarnación, llegar a ser como nosotros. Tuvo que pagar ese precio para poder ser a la vez nuestro sumo Sacerdote y nuestro Sacrificio por el pecado.
Jesús fue llevado (1) desde el valle del Jordán, lugar ubicado a unos 300 metros bajo nivel del mar, hasta las escabrosas colinas del solitario desierto de Judea. Los tres evangelios sinópticos dicen que fue llevado por el Espíritu al desierto. Fue bajo la divina dirección. Cuando las cosas van mal o somos duramente tentados, es fácil pensar que estamos fuera de la voluntad de Dios. Pero cuando Jesús fue tentado estaba en el mismo centro de la voluntad del Padre para El.
Fue llevado al… desierto. Es sorprendente el contraste entre éste y el ambiente de la tentación de Adán y Eva. Ellos estaban en un hermoso paraíso, el huerto del Edén. El estaba en el yermo desolado. Ellos tenían abundancia para comer, todo lo que pudieran desear. El estaba hambriento. Ellos se hacían mutua compañía. El estaba solo. Sin embargo, ellos fracasaron, mientras El venció.
Una de las más gráficas descripciones de la tentación está en el Paraíso reconquistado de Milton. Allí el autor presenta a Satanás llegando a Cristo en forma de un anciano. Parecería como si las tentaciones más específicas dibujadas aquí, llegaran como sugestiones mentales tal como nos ocurre generalmente en nuestros días. Broadus, sin embargo, piensa diferente. Dice: “Durante los 40 días (Lc. 4:2) y en otras ocasiones, nuestro Señor, sin duda fue tentado con sugestiones mentales, como nosotros; pero en las aquí descritas parece que claramente Satanás apareció en forma corporal y con palabras audibles y esto fue adecuado a la escena en cuanto a una descripción clara e impresionante.” Pero, ¿es posible que Satanás haya podido tomar a Jesús corporalmente y llevarlo hasta el pináculo del templo? El argumento conclusivo en contra de esta noción es que no hay en la tierra montaña tan elevada desde la cual puedan verse todos los reinos del mundo (8).
El propósito divino por el cual Jesús fue llevado al desierto fue para que pudiera ser tentado. El término griego es peirazo. En la primitiva literatura helénica (Homero), se emplea con el sentido de “hacer la prueba de”. Su principal acepción es “probar, experimentar, mostrar”. Arndt y Gingrich dicen que significa: “probar, hacer prueba de, poner a prueba para descubrir qué clase de persona es uno.” El Padre permitía que su Hijo fuera probado antes de comenzar su obra pública, como tiene que serlo el metal antes de que pueda ser usado en un lugar crucial. Pero, desde el punto de vista de Satanás, Jesús era tentado, seducido a pecar, porque abrigaba la esperanza de hacerle caer. Tal cosa está sugerida con mayor amplitud por la palabra “tentador” (peirazon) en el versículo 3.
Cristo fue tentado por el diablo. Marcos nunca usa ese término; en su lugar emplea “Satanás” (Mr. 1:13). El último, cuyo significado es “adversario”, va directamente del hebreo al griego, y a casi todas las lenguas vernáculas. La palabra griega diabolos quiere decir “impostor” o “falso acusador”. Se volvió, en francés diable; en inglés, devil; en español, diablo. Ambos términos son empleados como equivalentes en el Nuevo Testamento.
Negar la existencia de un diablo personal es adormecernos en un falso sentimiento de seguridad. Más y más nos hemos dado cuenta en años recientes que uno no puede explicar la insidiosa influencia del mal en este mundo sin admitir que detrás de éste hay un agente personal.
Jesús ayunó cuarenta días y cuarenta noches (2) como ya lo habían hecho Moisés en el monte Sinaí (Ex. 34:28), y Elías en el desierto (1 R. 19:8). Por lo general se ha pensado que 40 se refiere a un período de prueba. Es lo que fue para Jesús. Y El no fracasó ante la prueba.
Después de los 40 días, tuvo hambre, (es decir, estaba “hambriento”). Aparentemente estaba tan absorto en su conflicto espiritual y en la contemplación que no experimentó hambre hasta que terminó ese lapso. Entonces surgió en El un intenso deseo de alimento.
Marcos nos da una breve declaración sumaria, sin entrar en detalles sobre los tres ataques específicos de Satanás. Mateo y Lucas nos dan los tres, pero en distinto orden (véanse los comentarios sobre Lc. 4:1–13). M’Neile sugiere que Lucas adopta un orden de sucesión geográfico con el cambio del desierto a la ciudad final, mientras que “Mateo presenta un clímax psicológico: la primera tentación era para que dudara la verdad de la revelación que hacía poco había recibido; la segunda, para probarla y la tercera, para precipitarse sobre su reinado mesiánico que estaba implicado”.
Una de las armas favoritas del diablo es la duda. Lo primero que le dijo a Jesús fue: Si eres Hijo de Dios (3). En forma similar comenzó su ataque a Eva: “¿Con que Dios os ha dicho…?” (Gn. 3:1). Entonces el diablo apeló a la necesidad física de Jesús: dí que estas piedras se conviertan en pan. Como dice Maclaren, “Satanás probó la misma treta con el primer Adán. Entonces le había resultado tan bien que creyó que era sabio volver a emplearla otra vez”. Intrínsicamente, no había nada de malo en que Jesús realizara un milagro para proveerse de la comida necesaria. Pero obedecer a Satanás sí es pecado. Además, Cristo había venido para compartir nuestra humanidad. El rehusó emplear un poder que no estuviera a nuestro alcance. No iba a hacer nada que negara su Encarnación. G. Campbell Morgan lo explica de la manera siguiente: “El enemigo le pidió que hiciera algo bueno de manera equivocada, satisfacer una necesidad legítima con un método ilegal, hacer uso de los privilegios de su filiación divina para violar sus responsabilidades.”
Lo primero que Jesús le replicó fue: Escrito está. En el idioma griego, este verbo está en tiempo perfecto, que indica acción completa y también el estado resultante como continuando todavía. El significado total es el siguiente: “Ya ha sido escrito y todavía sigue escrito.” Esto hace hincapié en la eterna inmutabilidad de la Palabra de Dios.
Jesús se enfrentó a Satanás y lo venció con las mismas armas que están a nuestra disposición: “la espada del Espíritu que es la palabra de Dios” (Ef. 6:17). En las tres ocasiones, El citó el libro de Deuteronomio. La primera de las citas fue: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (4, cf. Dt. 8:3). Jesús vivía por la Palabra de Dios, no por los antojos de su propio apetito. El ha establecido un ejemplo para sus seguidores.
En la segunda tentación, el diablo llevó a Jesús a la santa ciudad (5). Es el nombre dado sólo por Mateo en el Nuevo Testamento a Jerusalén. También ocurre en Apocalipsis. Se encuentra cinco veces en el Antiguo Testamento. El diablo puso a Jesús sobre el pináculo del templo, el lugar más alto de la ciudad santa. Morgan recalca: “La elección del lugar es la primera evidencia de la astucia del enemigo.”
Con tal ambiente, santificado por las asociaciones sagradas, probablemente con una multitud en expectación allá abajo, el diablo efectuó una aproximación distinta. En esta ocasión apeló a la absoluta confianza de Jesús en Dios. Primero la tentación ocurrió en el nivel físico. Esta vez sucedía en un elevado plano espiritual: Si eres Hijo de Dios (o, “Ya que eres Hijo de Dios), échate abajo (6). Era tan sagrado el lugar donde estaban que el diablo llegó a envalentonarse para citar él mismo las Escrituras. Procuró tomar Salmos 91:11–12. Pero dejó a un lado una frase muy importante: “en todos tus caminos”. Los caminos de Cristo eran los caminos de Dios. Si El se desviaba de la voluntad divina no podía aspirar al cuidado de su Padre. Eso es verdad con nosotros en la actualidad
Los judíos de entonces esperaban que su Mesías habría de llegar repentinamente con una aparición espectacular en el templo. Aquí se presentaba la oportunidad de Jesús para ganar la aclamación nacional como el Mesías. Pero El resistió la tentación al sensacionalismo. En vez de eso, seguiría el sencillo sendero de humilde obediencia a su Padre.
Jesús volvió a blandir su espada—la Palabra de Dios. Esta vez fue: No tentarás al Señor tu Dios (7). La conducta imprudente no es evidencia de fe sino de presunción.
El panorama para la tercera tentación fue todavía distinto. Un monte muy alto (8). Aquí el diablo hizo su intento más elevado. Después de presentar a Cristo una visión de todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, le lanzó esta sorprendente proposición: Todo esto te daré, si postrado me adorares (9). ¡Qué tentación era esta, ganar todo el mundo sin ir a la cruz! La esencia de la tentación era alcanzar los objetivos aprobados por Dios, pero empleando la estrategia de Satanás. Jesús rechazó aun este plausible recurso.
Le ordenó a Satanás que se fuese. Una vez más citó la Palabra: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás (10, cf. Dt. 6:13). He aquí el primero y más elevado deber del hombre.
Satanás tentó al Señor sobre tres niveles: (1) El físico—comida; (2) El intelectual—a hacer algo que causara sensación; (3) El espiritual—si postrado me adorares. El diablo todavía sigue tentando a los hombres en estas tres maneras.
En obediencia al mandato de Cristo, el diablo le dejó. Entonces, vinieron ángeles y le servían (11). Ellos probablemente le proveyeron alimento (cf. 1 R. 19:5–7) y también le socorrieron espiritualmente, regocijándose con El por la victoria ganada.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *