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LA HISTORIA DE SANSÓN

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LA HISTORIA DE SANSÓN

La historia de Sansón es la más larga del libro de Jueces, y se ocupa de la última figura del grupo, y en ciertos sentidos la más enigmática. Enfoca la atención sobre las presiones a que los filisteos sometían a Israel, y refleja el estado incierto de la situación antes que comenzara la guerra entre Israel y Filistea. Pero estos capítulos son más que un relato popular de las pendencias de un hombre con los filisteos. Describen la paciencia de Dios y su misericordia para con un pueblo que repetidamente se apartaba de El. El versículo 1 da la fórmula usual en el libro, empleada consecuentemente para describir la apostasía de las tribus: Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano de los filisteos por cuarenta años.

Los filisteos eran un pueblo belicoso que se había establecido a lo largo de la llanura costera de Palestina después de emigrar de Caftor (Am. 9:7), probablemente Creta. Cuando menos algunos de ellos se encontraban en Canaán ya en tiempo de Abraham (Gn. 20–22). Pero el movimiento más importante hacia el sur, desde su isla original se produjo alrededor del tiempo del Exodo. Hacia la época de Josué, se habían establecido en cinco ciudades principales gobernadas por cinco “señores” (o “tiranos”, como significa precisamente el término): Gaza, Ascalón, Asdod, Ecrón, y Gat. Durante el primer período de los jueces, habían sido repelidos por Samgar (3:31); pero en algunas ocasiones los israelitas habían aceptado el culto de su dios (10:6–7). Los cuarenta años de opresión filistea habrían de extenderse al menos hasta la victoria de Samuel en Eben-ezer (1 S. 7).

Hay diferentes maneras de enumerar las historias de Sansón en los capítulos 13–16. Una de las listas divide el material en siete episodios, comenzando con los antecedentes y nacimiento de Sansón, y terminado con su muerte.

 

   Antecedentes y Nacimiento de Sansón (13:2–25)

 Un ángel visita a Manoa (13:2–7).

La historia de Sansón es precedida por el relato de un anuncio anticipado de su nacimiento, anuncio hecho por un ángel, como en el caso de Isaac (Gn. 17:2, 9–10) y Juan el Bautista (Lucas 1:11–17). El ángel  apareció a la esposa de un hombre de la tribu de Dan llamado Manoa (“descanso”, “tranquilidad”), que vivía en Zora , la moderna Sar’a, a unos 32 kilómetros al oeste de Jerusalén, en la Sefela o llanura costera de Judá. La esposa de Manoa, cuyo nombre nunca se menciona, era estéril. El ángel apareció a la mujer y le dijo que iba a tener un hijo. Le prohibió beber vino (de uvas) o sidra (de otras frutas o granos) y comer cualquier cosa ceremonialmente inmunda .

En cuanto al hijo, habría de ser nazareo a Dios desde su nacimiento. En prueba de esto, su cabeza no debería ser tocada por la navaja. Los nazareos (“consagrados”, “dedicados”) eran personas de uno u otro sexo que hacían voto de apartarse para Dios por un período determinado, o por vida. No eran ermitaños, ni necesariamente ascetas. Observaban tres prohibiciones: no beber vino ni bebidas fuertes, ni comer ningún producto de la vid; no debían afeitarse o cortarse el cabello; y no debían dejarse contaminar ceremonialmente teniendo contacto con un cadáver (Nm. 6:1–21). Puesto que el nazareo dejaba sus guedejas intonsas, la palabra fue transferida a una vid que se dejaba sin podar cada séptimo y cada quincuagésimo año (Lv. 25:4–5, 11) y llegó a significar también “vid sin podar”. El comenzará a salvar a Israel, obra que continuaron Samuel, Saúl y David.

La esposa de Manoa, muy emocionada, informó a su esposo lo sucedido, llamando a su visitante divino un varón de Dios cuyo aspecto era como el aspecto de un ángel de Dios, temible en gran manera—la palabra hebrea significa también “terrible, maravilloso, santo”. Le dijo lo que el ángel le había dicho, mencionando el hecho de que él no le había dicho su nombre ni ella le había preguntado de dónde venía.

Un padre preocupado (13:8–14).

La reacción de Manoa fue rogar que el varón de Dios  fuera enviado nuevamente para instruir al matrimonio acerca de cómo criar al niño después de su nacimiento. El Señor respondió favorablemente, y el mensajero celestial reapareció a la esposa de Manoa estando ella en el campo. Esta vez la mujer corrió en busca de su marido. Manoa preguntó: ¿Cómo debe ser la manera de vivir del niño, y qué debemos hacer con él?  o “¿Qué clase de niño será éste, y cuál será su ocupación?” El término hebreo utilizado en la última pregunta significa también “tarea, negocio o trabajo”. El ángel exhortó a Manoa y su esposa a observar cuidadosamente las instrucciones que se les habían dado la primera vez (13–14).

La ofrenda de Manoa (13:15–20).

Manoa no comprendía aún que estaba hablando con el ángel del Señor, de modo que dijo: “Si puedes detenerte unos minutos, te prepararé un cabrito.” A lo que el ángel contestó: “Aunque me detengáis, no comeré vuestra comida. Pero si preparáis un holocausto, ofrecedlo a Jehová”. Cuando Manoa le preguntó al ángel su nombre, para poder honrarlo cuando naciera el niño, el ángel respondió: Es admirable. Este es un término que puede significar también “incomprensible”, “maravilloso”, “secreto”, “misterioso”. Se traduce “maravilloso” en Salmos 139:6 y “admirable” en Isaías 9:6.

Entonces Manoa tomó un cabrito y una ofrenda u “ofrenda de alimento”. La ofrenda de granos podía ser cruda o tostada, molida como harina o preparada como panes o tortas. La colocó sobre una piedra que hizo de altar improvisado y el ángel hizo milagro porque cuando la llama subía del altar hacia el cielo … el ángel subió en la llama, dejando a Manoa y su esposa postrados en tierra llenos de asombro.

Nacimiento de Sansón (13:21–25).

El ángel no volvió nunca más, y esta vez Manoa se dio cuenta de que era el ángel de Jehová. Su corazón se llenó de temor y se lamentó: Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto. la reacción de Gedeón (6:22; también Gn. 32:30; Gn. 32:30; Ex. 20:19; 33:20; Is. 6:5). La mujer se apegó más a la realidad: “Si Jehová hubiera querido matarnos, no hubiera aceptado estas ofrendas, ni nos hubiera declarado todas estas cosas.”

A su debido tiempo la mujer dio a luz su hijo y lo llamó Sansón, nombre que significa “como el sol”, aunque Adam Clarke menciona un término caldeo con las mismas consonantes, del cual deriva el significado “servir”. Leemos que el niño creció, y Jehová lo bendijo, lo cual nos recuerda lo que se dice de Samuel en 1 Samuel 3:19. Y el Espíritu de Jehová comenzó a manifestarse en él. El término que aquí se traduce manifestarse significa también “urgir”, “instar”, “impeler”. La frase los campamentos de Dan, usada también en 18:12 se refiere a un campamento situado al oeste de Quiriat-jearim en Judá. Su ubicación exacta no se conoce, salvo que estaba entre Zora y Estaol, tal vez la moderna Eshu’a.

En los versículos 15–25 se encuentran “los Fundamentos para una Familia Piadosa”. (1) Manoa y su esposa hospedaron a un ángel sin saberlo 15–16; (2) Participaron en un sacrificio al Señor 17–19; (3) Reconocieron el elemento divino en la vida 20–21; (4) Recibieron la palabra de Dios con fe 22–23; (5) La bendición de Dios fue sobre su familia 24–25.

 

   Sansón En Timnat (14:1–20)

Un joven muy insensato (14:1–4).

Cuando Sansón llegó a su juventud descendió … a Timnat (1) y se enamoró de una joven filistea. Timnat (o Timna) era un pueblo en la frontera de Judá asignado a Dan (Jos. 15:10; 19:43); y aparentemente en ese entonces estaba en manos filisteas. Es la moderna Tibneh, a unos 23 kilómetros al suroeste de Jerusalén. Cuando volvió a su hogar, escandalizó a sus piadosos padres ( la reacción de Isaac y Rebeca ante los matrimonios de Esaú, Gn. 26:34–35; 27:46) anunciándoles: “Vi una joven en Timnat, con la cual quiero casarme. Haced los arreglos para la boda.” Por lo general los padres hebreos escogían las esposas para sus hijos (Gn. 24:1–3; 28:1–2; 38:6). Sansón hizo su propia elección, pero quiso que su padre completara los arreglos.

Manoa y su esposa protestaron. Semejante matrimonio era contrario a la ley mosaica (Ex. 34:16; Dt. 7:3). Muchos hijos nunca aprecian la sabiduría madura de sus mayores hasta que prueban el fruto amargo de sus tercas decisiones. “¿No hay una joven adecuada en nuestro pueblo?”, le preguntaron. Esta es la ley de Dios hasta hoy. Los cristianos debieran casarse siempre entre ellos (2 Co. 6:14). Algunos suponen ingenuamente que pueden burlarse de esta ley divina y de todos modos alcanzar la felicidad. Tales personas debieran meditar en los tristes ejemplos que se pueden ver.

Sansón insistió. Tómame ésta por mujer, exigió, porque ella me agrada, o “mis ojos la ven bien”. ¡Con cuánta frecuencia los ojos de los jóvenes les hacen hacer elecciones insensatas, inalterables! Todo matrimonio basado sobre la mera atracción física se expone a no durar “hasta que la muerte nos separe”. Pero Dios estaba empleando la obstinación de este joven para sus propósitos. El Señor sacaría algún bien de esa desafortunada situación. Se señala el hecho de la esclavitud de Israel: Pues en aquel tiempo los filisteos dominaban sobre Israel.

Un león dulce (14:5–9).

Sansón descendió a Timnat con sus padres, y al pasar por las viñas se le apareció un león joven. Sansón atacó a la bestia con sus manos desnudas y la despedazó (1 S. 17:34–36; 2 S. 23:20). Los leones eran comunes en Palestina en los tiempos bíblicos. Pero él no mencionó el incidente a su padre o su madre. Tal vez habían disputado en el camino y se habían separado, dejando a Sansón solo cuando luchó con el león. No es necesario cambiar el texto eliminando la referencia al padre y la madre de Sansón a fin de explicar los verbos en singular en el versículo 5. En casa de la joven discutió el compromiso, y quedó plenamente satisfecho con su elección.

Probablemente un año después Sansón volvió a reclamar su mujer. En el camino pasó por el lugar donde se había encontrado con el león, y se apartó del camino para ver el cuerpo muerto. Le sorprendió descubrir que en la osamenta se había asentado un enjambre de abejas y habían fabricado miel. Tomó un poco de esa miel y siguió andando, comiendo mientras caminaba. Cuando volvió a reunirse con sus padres compartió con ellos el dulce manjar, pero no les explicó de dónde lo había sacado. Según se desprende del relato, la única de las tres prohibiciones del nazareato que Sansón respetó fue la de no cortarse el cabello. Porque aquí, y muchas otras veces en sus combates con los filisteos, entró en contacto con cadáveres. Ni hay ninguna mención específica de que se haya abstenido del vino o del fruto de la vid.

El Enigma de Sansón (14:10–14).

Cuando Sansón se casó, siguiendo la costumbre de la época, hizo una gran fiesta. 30 filisteos fueron invitados cuando ellos le vieron, o como traduce la LXX, “porque le temían”. El propósito usual de los jóvenes acompañantes hubiera sido actuar como guarda de honor del esposo. ¡En este caso era proteger a los filisteos del esposo!

Como parte de la fiesta de boda, Sansón propuso un enigma, prometiéndoles que si sus 30 escoltas podían resolverlo antes del fin de la semana de celebración, les daría treinta vestidos de lino y treinta vestidos de fiesta o “treinta mudas de ropa interior y treinta vestidos”. Si fracasaban, ellos deberían darle a él lo mismo. El enigma era: Del devorador salió comida, y del fuerte salió dulzura. Este enigma es tan claro que resulta oscuro. A los tres días todavía estaban tratando de resolverlo.

 La Traición de la Esposa de Sansón (14:15–20).

Finalmente, al séptimo día los huéspedes estaban tan desesperados que amenazaron a la esposa de Sansón con quemarla a ella y a toda su familia si no descubría el significado del enigma y se lo revelaba a ellos. ¿Nos habéis llamado aquí para despojarnos? Se han hecho diversos intentos de reconciliar el séptimo día con el versículo 17. La LXX dice “al cuarto día”; pero esto no ayuda mucho. Posiblemente los siete días (17) se deban interpretar como una expresión que describe la urgencia con que la esposa le pedía a Sansón una respuesta. Sansón parece haber sido particularmente vulnerable a las lágrimas de una mujer y su fingido amor (16:6 ss.).

Finalmente al séptimo día Sansón le reveló a la joven la respuesta, porque le presionaba. Ella inmediatamente lo dijo a sus compatriotas, y el último día, antes que el sol se pusiese —lo que tal vez signifique antes de que Sansón descendiera a la cámara nupcial, puesto que el matrimonio se consumaba al final de las alegres festividades, no al principio ( Gn. 29:22–23)—le llevaron la respuesta a Sansón: ¿Qué cosa más dulce que la miel? ¿Y qué cosa más fuerte que el león? Sansón no tuvo dificultad en descubrir la fuente de su información. Si no araseis con mi novilla—una expresión vulgar que significaba: “Si no hubieseis dormido con mi esposa”—nunca hubierais descubierto mi enigma.

Con una deuda que pagar, el Espíritu de Jehová descendió con poder sobre Sansón volviendo a dotarlo de una fuerza sobrehumana. Y descendió a Ascalón, uno de los cinco centros filisteos más importantes, distante unos 32 kilómetros, y mató a treinta hombres de ellos apoderándose de sus ropas como despojos (botín arrancado a los cadáveres), y las dio a sus enemigos. Y encendido en enojo, sin reclamar su mujer, se volvió a la casa de su padre. Mientras tanto la joven fue dada a su compañero, al cual él había tratado como su amigo, su “padrino” de boda (Jn. 3:29). Esto se hizo a fin de dejar a salvo el honor de la mujer.

 

Trescientas zorras ardientes (15:1–8)

En los días de la siega del trigo, generalmente en mayo o principios de junio, la ira de Sansón se había enfriado. Tomando un cabrito como “ofrenda de paz” o como el presente acostumbrado en tales ocasiones, Sansón volvió a Timnat. Se ha conjeturado que el tipo de matrimonio aquí involucrado era lo que se conocía como matrimonio sadiqa, en el cual la mujer permanecía en el hogar de su padre en lugar de ir al de su marido. Este la visitaría de tanto en tanto, permaneciendo los hijos con los padres de la madre.

Cuando Sansón iba a entrar en la habitación de su esposa, el padre de ella se interpuso, explicándole que habían supuesto que había olvidado a la joven y no volvería más, y que ella ahora tenía otro marido. En su lugar, el filisteo le ofreció una hija menor, más hermosa.

Sintiéndose justificado por el trato que había recibido, Sansón razonó de esta manera: Sin culpa seré otra vez respecto de los filisteos, si mal les hiciere, “les infligiere una calamidad”, literalmente, “si los hiciere pedazos”. Capturando 300 zorras (o chacales), las ató de dos en dos, cola con cola, y entre cada par de colas sujetó una antorcha. Luego encendió las antorchas y soltó las zorras en los sembrados (de trigo) de los filisteos, quemando no sólo el trigo, sino también las viñas y los olivares (2 S. 14:28–33).

Cuando los filisteos descubrieron el origen del desastre en sus campos, se vengaron quemando a la esposa y al suegro de Sansón. Este se enfureció tanto que juró vengarse, diciendo: “Si así es como procedéis, juro vengarme de vosotros, después de lo cual me iré”. Los hirió cadera y muslo, “los cortó bien en pedazos”. Saliendo de Timnat, se fue a habitar en la cueva de la peña de Etam, lugar difícil de ubicar. El nombre Etam significa “lugar de bestias rapaces”. Es también el nombre de una aldea transferida de Judá a Simeón (1 Cr. 4:32; cf. Jos. 15:32, 42); y de un pueblo en las cercanías de Belén (1 Cr. 4:3).

 

Sansón en Lehi (15:9–20)

Un pelotón de 3.000 hombres (15:9–13).

Determinados a destruir a su enemigo, los filisteos invadieron Judá, y se extendieron por Lehi, es decir, se entregaron al saqueo. Lehi, que significa “mejilla” o “quijada”, no puede ser identificada. Cuando los alarmados judíos preguntaron el motivo de la invasión, los filisteos respondieron: “Prender a Sansón, y castigarlo por sus crímenes contra nosotros.”

Deseosos de no verse involucrados en un incidente con sus belicosos vecinos, los hombres de Judá enviaron 3.000 de los suyos a la roca donde moraba Sansón. El gran número es una indicación de su profundo respeto por la extraordinaria fuerza de Sansón. Los hebreos trataron de razonar con él: “¿No comprendes—le dijeron—que los filisteos nos dominan? ¿No ves que has puesto en peligro a toda nuestra nación?” La respuesta de Sansón fue: Yo les he hecho como ellos me hicieron —“Les di su merecido.”

Cuando sus compatriotas dieron a conocer su propósito de arrestarlo y entregarlo a los filisteos, Sansón rogó sólo una cosa: que no lo mataran ellos mismos. Cuando se lo prometieron, se dejó atar con dos cuerdas nuevas y ser conducido.

Una arma peculiar (15:14–20).

Cuando Sansón fue conducido a Lehi, los filisteos acudieron gritando a encontrarse con él y sus captores. Nuevamente el Espíritu de Jehová vino sobre él. Las cuerdas de sus brazos se tornaron como lino quemado, y las ataduras se cayeron (heb., “se fundieron”) de sus manos. Tomando una quijada de asno fresca aún (y por lo tanto más pesada y menos frágil que si hubiera estado seca) y con eso como su única arma, Sansón dio muerte a mil hombres de los enemigos. En lo que evidentemente es el resto de un canto de victoria (Ex. 15:1–19; Jue. 5), Sansón dijo:

Con la quijada de un asno, un montón, dos montones;

Con la quijada de un asno maté a mil hombres.

Después de la victoria, Sansón arrojó la quijada, y el lugar donde esto ocurrió fue llamado Ramat-lehi, “la altura o colina de Lehi, es decir, colina de la quijada”. Presa de una terrible sed después de su hazaña, Sansón oró, y entonces abrió Dios la cuenca que hay en Lehi; y salió de allí agua. La palabra hebrea traducida cuenca es “mortero”, o vasija de mezclar. Este punto era, según parece una cavidad en la superficie del terreno parecida a un mortero. En ese lugar Dios hizo brotar milagrosamente un manantial. El hecho de que Lehi signifique “quijada” ha llevado a algunos a interpretar el pasaje en el sentido de que el agua brotó de la quijada de asno. Tal interpretación es imposible a la luz del hecho de que el manantial (En-hacore, “manantial o fuente del que clamó”) todavía estaba brotando hasta hoy, es decir, cuando se escribió el relato.

Se señala aquí que el período de Sansón como juez, que parece haber consistido totalmente en sus hazañas contra los filisteos, duró veinte años (20; 16:31).

 

Sansón en Gaza (16:1–3)

Más adelante Sansón hizo una visita a Gaza, la más al sur de las cinco ciudades principales de Filistea. Aquí vio a una ramera y se fue con ella. Cuando los hombres de la ciudad descubrieron que su enemigo número uno había aparecido, rodearon el lugar. Permanecieron toda la noche aguardando en silencio en la puerta de la ciudad, decididos a dar muerte al hebreo al amanecer. Pero a media noche Sansón se levantó, arrancó las puertas con sus dos postes y cerrojo, cargándolas sobre sus espaldas, las subió a la cima de la colina cerca de Hebrón, a unos 32 kilómetros de distancia.

Desde luego, es muy evidente que los brotes de fuerza que procedían del Espíritu del Señor eran solamente físicos, y no implicaban regeneración o purificación morales. No todos los hombres sobre quienes descendía el Espíritu de Dios en los días del Antiguo Testamento eran hombres buenos. Dios los utilizaba para cumplir sus propósitos históricos para su pueblo, así como uno podría tomar un palo enlodado para espantar a un perro furioso. Si bien los filisteos no pudieron detener a Sansón, él mismo lo hizo. Su conducta licenciosa lo envolvió finalmente en una situación que le costó la pérdida de su fuerza y de su efectividad.

 

Sansón y Dalila (16:4–22)
Lo atan con mimbres verdes (16:4–9).

Las últimas hazañas de Sansón como hombre libre fueron ocasionadas por su relación con una mujer llamada Dalila, que vivía en el valle de Sorec. Dalila es un nombre semítico que significa “débil, languideciente de deseo o enamorada”. No se dice que fuera filistea, aunque indudablemente muchos filisteos, debido a su proximidad a los hebreos, habían adoptado nombres semíticos. Las palabras hebreas traducidas valle de Sorec significan propiamente “wadi de las viñas escogidas”, probablemente la moderna Wadi Sarar. Allí se cultivaban excelentes uvas ( Nm. 13:23) y se convertían en vino, lo cual podría explicar por qué Sansón estaba dormido tan frecuentemente en casa de Dalila.

Cuando los jefes filisteos oyeron de las visitas de Sansón, le hicieron a Dalila una oferta muy atractiva. Al parecer Sansón era de estatura corriente, de modo que sus enemigos desconocían el secreto de su tremenda fuerza. Si Dalila podía descubrir el secreto y comunicárselos, le prometieron una recompensa de mil cien siclos de plata cada uno. Puesto que los príncipes de los filisteos eran cinco (1 S. 6:4), el precio por traicionar a Sansón habría sido no menor de 3.300 dólares, una suma tremenda en aquellos días.

Dalila consintió sin hacerse rogar, y se dispuso a arrancarle el secreto a su amante. Comprendiendo sin duda lo que ella se proponía, la primera vez Sansón le dijo: Si me ataren con siete mimbres verdes que aún no estén enjutos, o siete cuerdas de arco todavía frescas—tal vez las cuerdas que se usaban para sujetar las tiendas a las estacas—su fuerza no sería mayor que la de cualquier hombre. Arreglando que algunos hombres permanecieran a la espera en la casa, Dalila procedió a atar al durmiente Sansón según sus instrucciones, y luego lo llamó: ¡Sansón, los filisteos contra ti. Sin más esfuerzo que el que había requerido romper las cuerdas nuevas (15:13–14), Sansón se libertó. De modo que no se supo el secreto de su fuerza.

Lo atan con cuerdas (16:10–12).

El segundo intento de Dalila no tuvo más éxito que el primero. Reprochando a su amante por haberse burlado de ella y haberle dicho mentira, le rogó nuevamente que le revelara el secreto. Esta vez Sansón dijo que si lo ataban con cuerdas nuevas que no hubieran sido usadas se convertiría en un hombre como todos. En la primera oportunidad, Dalila lo ató con cuerdas nuevas. Pero cuando gritó: ¡Sansón, los filisteos sobre ti! él las rompió como un hilo y salió en libertad.

Cabello humano tejido en el telar (16:13–14).

Dalila estaba furiosa. “Hasta ahora sólo te has burlado de mí y me has mentido”, estalló. “¡Díme cómo hay que atarte!” Sansón respondió: “si tejieres siete guedejas de mi cabeza con la tela …” Al parecer Sansón no terminó esta oración. La LXX agrega: “Y las asegurares con la estaca a la pared, seré débil como uno de los hombres.”

Así que, mientras dormía, Dalila tejió su cabello en la tela y las aseguró con la estaca. F. F. Bruce explica el proceso como sigue:

 Podemos entender que Dalila, teniendo en su falda la cabeza de Sansón dormido (como en el v. 19), teje su cabello en la urdimbre y lo inserta en la tela con la estaca  un trozo de madera plano, de modo que el cabello entra a formar parte del material tejido. El telar sería del tipo primitivo con dos postes verticales fijos en el suelo, uno de los cuales sostenía los hilos y el otro la tela. Cuando Sansón despierta, sale con el telar y todo fijo a su cabellera, arrancando los postes del suelo.

Aquí está ilustrado el proceso de contemporización y caída. Involucrando su cabello, Sansón se acercaba peligrosamente a la verdad fatal. Habría otra cantidad de intentos (16), pero finalmente el campeón caería víctima de las intrigas de la mujer traicionera.

Sansón revela su secreto (16:15–17).

“¿Cómo puedes decir que me amas”, gimió Dalila, cuando tu corazón no está conmigo? “Tres veces me has engañado y te has negado a revelarme tu secreto.” Como lo fastidiara diariamente, presionándolo, su alma fue reducida a mortal angustia, es decir, finalmente fue vencido por la persistencia de la mujer. Le descubrió, pues, todo su corazón, “confió en ella”. El secreto de su fuerza era su condición de nazareo, desde su nacimiento, en señal de la cual nunca había tocado su cabeza una navaja. Si se rapara el cabello, sería como los demás hombres. Es difícil determinar qué era más grande, si la fuerza sobrehumana de Sansón o su increíble estupidez.

Sansón es traicionado (16:18–22).

Jubilosa por haber logrado finalmente arrancarle el codiciado secreto, Dalila envió un mensaje a los principales de los filisteos, que sin duda se habían retirado disgustados después de los repetidos fracasos. “Venid una vez más”, les rogó, “porque me lo ha dicho todo”. Volvieron, pues, trayendo en su mano el dinero (18) para el pago de la traición. Entonces, mientras Sansón dormía con la cabeza sobre el regazo de Dalila, ella llamó a un hombre quien le rapó las siete guedejas de su cabeza; y ella comenzó a afligirlo “debilitarlo, subyugarlo o humillarlo”.

Cuando Dalila lo despertó con las consabidas palabras: “¡Sansón, los filisteos sobre ti!”, él abrió los ojos y se jactó: “Saldré como siempre y sacudiré mis ataduras”, o como puede traducirse el hebreo: “Saldré y rugiré.” Pero él no sabía que Jehová ya se había apartado de él. Sansón había ido demasiado lejos en su juego con el pecado. Su fuerza había desaparecido.

Los filisteos se apoderaron de él, le arrancaron los ojos, y lo ataron con cadenas. Lo llevaron a Gaza y allí—como lo describe John Milton, “sin ojos en Gaza”—pusieron al que antes fuera un poderoso campeón a moler trigo en un molino de mano en la cárcel.

La historia de Sansón alcanza su clímax en los versículos 15–21, donde vemos el resultado de “La Fatal Fascinación del Pecado”. (1)Sansón era un hombre de gran fuerza física 14:6; 14:19; 15:14–16; 16:13; etc. (2)Tenía una mente alerta 14:12–14; (3) Era moralmente débil 16:15; (4) Era espiritualmente infiel 17–18; (5) Jehová ya se había apartado de él 20.

 

Venganza y Muerte de Sansón (16:23–31)

Sansón y los filisteos (16:23–27).

Los principales de los filisteos se reunieron para ofrecer sacrificio a Dagón su dios y para alegrarse porque finalmente su enemigo había caído en sus manos. Dagón en hebreo significa “pescadito”. Se suponía que era el padre de Baal, y era el dios nacional de Filistea, aunque originalmente había sido un dios de las cosechas adorado en la Mesopotamia ya en el siglo XXV A.C. Se cree que la cabeza, los brazos y el torso de este ídolo tenían forma humana (1 S. 5:4), mientras que la parte inferior se parecía a un pez.

Cuando la multitud reunida empezó a estar alegre, indudablemente por el vino que bebían en la celebración, pidieron que les llevaran a Sansón. Lo llevaron al patio del templo de Dagón para poder solazarse con él, vituperándolo y obligándolo a saltar y danzar delante de ellos. La palabra hebrea aquí traducida “para que nos divierta”, se usa en Exodo 32:6 para describir la orgía de los israelitas delante del becerro de oro en el desierto, la cual incluía danzas (Ex. 32:19).

Luego sus captores hicieron que Sansón, probablemente en exhibición, se parase entre dos de las columnas sobre las cuales descansaba el edificio. El templo estaba repleto de gente, y además había unas tres mil personas en el techo contemplando el “espectáculo”. Sansón pidió al muchacho que lo guiaba de la mano que le dejara tocar las columnas, para poder apoyarse sobre ellas como para descansar después del ejercicio realizado.

Sansón se sacrifica (16:28–31).

El cabello de Sansón había empezado a crecerle de nuevo y él oró fervorosamente por una nueva oleada de fuerza que lo capacitara para lograr la venganza final sobre sus enemigos. Que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos en hebreo dice “por uno de mis dos ojos”. Diciendo: Muera yo con los filisteos, se apoyó con todas sus fuerzas sobre las columnas principales y todo el edificio se derrumbó, matando más filisteos en su muerte que los que había matado durante toda su vida. Lo sepultaron entre Zora y Estaol en el sepulcro de su padre Manoa. La muerte de Sansón, desde luego, no fue un suicidio en el sentido ordinario de la palabra. Murió combatiendo a los enemigos de su pueblo, como un soldado en una batalla desesperada.

 

 

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