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LA HIPÓTESIS DOCUMENTARIA

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LA HIPÓTESIS DOCUMENTARIA

La propuesta alternativa más extendida a la de la completa autoría mosaica del Pentateuco es la Hipótesis Documentaria (HD), también llamada Hipótesis de Graf-Wellhausen, en honor a dos de sus defensores más destacados. En lugar de aceptar un único autor para el Pentateuco, propone la existencia de cuatro fuentes separadas que surgieron durante el transcurso de medio milenio.

Identificación de las fuentes.

La pretendida fuente más antigua es la del Yahvista, puesto que el nombre que se utiliza en ella para referirse a Dios es Yahvé. Se abrevia como J (que se pronuncia como y en alemán y en inglés antiguo). Esta fuente, que comienza en Génesis 2:4b, incluye gran parte del Génesis y porciones del Éxodo y los Números. Originaria del reino del sur, Judá, se escribió en torno a 850 a.C.  La segunda fuente empleó el nombre Elohim (heb. ĕlōhîm), así que se denomina Elohísta ay se abrevia E. Comienza con Génesis 15 y cubre un material parecido a J. Surgió en el reino del norte, Israel (también designado en ocasiones como “Efraín”; Jenks; Friedman 1987, sobre 750 a.C Estas dos fuentes, difíciles de distinguir entre sí atendiendo a criterios estilísticos , tienen un estilo narrativo fluido. Los refugiados de Israel las juntaron en Judá cuando muchos habitantes de Israel fueron exiliados a Asiria en 722 a.C. La tercera fuente es el Deuteronomio, abreviado D, que se dató en 621 a.C. y fue el fruto de la reforma de Josías (2 Cr 34:3–35:19). Se limita al propio libro del Deuteronomio y no juega un papel destacado en el proceso de distinción de las demás fuentes, excepto por lo que se refiere a su datación relativa. La cuarta fuente, o fuente P, es la Sacerdotal, que abarca material desde Génesis 1 hasta la noticia de la muerte de Moisés al final del Deuteronomio. Se trata de la última fuente, procedente del contexto postexílico del siglo V. No es una narración continua, como las demás, sino una colección de materiales de distinto género que resultaban de interés para los sacerdotes. Muestra un desarrollo evolutivo de la práctica religiosa que deja la autoridad en manos sacerdotales. Por ejemplo, mientras que en las fuentes anteriores los patriarcas levantan *altares aparentemente cuando quieren (Gn 12:7–8 [J]; 22:9 [E]), P coloca las funciones cúlticas estrictamente en las manos de los sacerdotes (e.g., Lv 9).

Implicaciones de la hipótesis documentaria.

Un Pentateuco compuesto según las líneas maestras propuestas por la HD plantea varias consecuencias que son motivo de preocupación. En primer lugar está la cuestión de la exactitud histórica. ¿Cuál es el lugar que ocupa Moisés en el proceso de composición? Tal como se suele formular, la HD no tendría cabida para la participación de Moisés en ninguno de los materiales ni de las etapas. Esto implicaría que las afirmaciones de que Moisés escribió al menos parte del material  se hicieron fruto de la ignorancia o la distorsión. Lo mismo cabe decir en cuanto a las pretensiones históricas que se encuentran en el Pentateuco. Por lo general se entiende que un escrito refleja el período de la composición más que el período sobre el que pretende informar. En este caso, se puede decir que el *tabernáculo nunca existió en la historia de Israel. Su inclusión en el documento P fue simplemente un reflejo de los intereses de los sacerdotes en asuntos relacionados con el culto, en concreto una retrospectiva del templo posterior, denominado específicamente una “ficción histórica”. Se puede apreciar que este tipo de nihilismo histórico se ha extendido a la totalidad del AT, ya que hoy en día algunos cuestionan si se puede determinar históricamente alguna cosa a través de la Biblia . Esto tiene serias ramificaciones para la comprensión judeocristiana de que Dios actúa en la historia humana (véase 1 Cor 15:12–19).
Esto no quiere decir que el uso de fuentes implique necesariamente una inexactitud histórica. En la propia Escritura se mencionan fuentes. Sin embargo, las fuentes propuestas por los críticos de fuentes son de un tipo distinto al que utilizan los historiadores para llevar a cabo su labor. Los historiadores buscan pistas en las fuentes en sí que se puedan datar lo más cerca posible de los acontecimientos del pasado, de manera que puedan reconstruir estos eventos con la mayor precisión posible. Los críticos de fuentes trabajan en la otra dirección, comenzando con una obra literaria ya terminada y elaborando hipótesis sobre cómo serían los elementos constitutivos de la misma. Este proceso se puede emprender con ciertas garantías de éxito cuando existen pruebas procedentes de etapas anteriores del proceso de composición .Sin embargo, cuando no hay ningún mecanismo de control en forma de documentos precursores—y no hay ninguno en el caso del Pentateuco—cualquier reconstrucción es, en el mejor de los casos, sumamente especulativa.
El lapso de tiempo entre el acontecimiento y el registro escrito también tiene que ver con la precisión histórica. Se postula a la tradición oral como guardián de la memoria histórica, dado que en ocasiones se consideraba la *escritura como una innovación en Israel, que sólo había aparecido mucho después de la época de Moisés y de los acontecimientos que pretende narrar el Pentateuco. Incluso entonces se pensaba que era una habilidad propia y exclusiva de los escribas especializados. Este medio de transmisión se prestaba a que con el paso del tiempo la información se tergiversara. Si bien el Pentateuco no fue escrito como un documento histórico sino teológico, no obstante su teología está basada en la historia, e impugnar su historicidad tienen consecuencias teológicas.

LA HIPÓTESIS DOCUMENTARIA

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Respuestas

No ha faltado quien ofreciera respuestas a los problemas de esta interpretación de consenso sobre la autoría del Pentateuco. No es posible abordar aquí todos los puntos planteados anteriormente, y que en todo caso sólo son representativos, aunque sí han sido tratados con éxito desigual en comentarios y otros estudios. Mirando sumariamente a los cinco criterios mencionados más arriba, uno puede ofrecer las siguientes respuestas.
Los anacronismos solamente se convierten en una dificultad si uno defiende una composición monolíticamente mosaica de todo el Pentateuco. Uno podría sugerir, por ejemplo, la existencia de un núcleo mosaico que contó con adiciones editoriales o algún otro modelo de composición que no suponga sospechar de la integridad histórica o intencionalidad del texto.
Los nombres de Dios empleados para referirse a la misma deidad en otros textos del antiguo Oriente Próximo son diversos, sin que eso signifique una autoría múltiple. En Enuma Elish, el relato acadio de la creación, no sólo se recitan los cincuenta y un nombres de Marduk, sino que se menciona específicamente que dos de ellos son Ea  y Enlil, que son los nombres de otras dos deidades principales que aparecen en la historia. También se le dan ambos nombres y títulos a los dioses en el mismo documento, como por ejemplo Anat, que ostenta el título de btlt, “virgen, niña”, como en el caso de Yahvé y Elohim. Por consiguiente, esto no se puede tomar como signo de que ha habido varios autores.
Los duplicados  hay que determinarlos con cuidado, leyendo atentamente el texto. Ninguno de los que se han propuesto son exactamente paralelos, como no lo son los cuatro Evangelios. Hay que examinar detenidamente tanto las diferencias como las semejanzas, estableciendo su función retórica. Si en realidad se tratara de duplicados, también habría que considerar cuál sería su función dentro del texto, ya que algún autor, editor o redactor los colocó juntos en algún momento. El simple hecho de postular varias fuentes no responde a la pregunta sobre el documento actual.
El estilo es un parámetro muy débil para establecer la paternidad literaria, dado que no se han establecido unos criterios objetivos adecuados en el campo (mediante herramientas tales como las estadísticas estilísticas) para determinar cuánto margen estilístico existe dentro de la producción de un autor identificado. Uno debería tomar en consideración cuestiones tales como el estilo del autor dentro de diversos géneros literarios y su propia maduración y cambio. Esto por no decir nada del aspecto opuesto del problema, la necesidad de cuantificar los criterios mínimos necesarios para distinguir entre las obras de dos autores distintos. Con eso no se pretende negar las diferencias en el estilo, sino exigir algunos criterios objetivos mediante los cuales evaluar qué significan estas diferencias.
Las contradicciones también deben evaluarse mediante una lectura atenta. Al prestar atención a lo que el texto realmente dice, se ha demostrado que una serie de presumibles contradicciones eran espurias.
También hay que presentar varias respuestas generales a la HD.

Fuentes e historia de la composición.

Uno no puede negar el uso de fuentes en la composición de la Biblia, ya que hay muchas cosas en el Pentateuco de las que el autor no fue testigo. Por tanto, o bien el autor compuso el material utilizando su imaginación o se basó en la información de otros (Lc 1:1–4). También hay indicios claros de que la composición en algunos casos se produjo en distintas etapas. Los problemas surgen al debatir la naturaleza de estas fuentes y de estas etapas.
El equivalente a escribir notas a pie de página reconoce expresamente la existencia de fuentes en numerosos lugares de la Escritura (e.g., “el libro de las batallas de Jehová” [Nm 21:14]; “el libro de Jaser” [Jos 10:13; 2 Sm 1:18]; “el libro de los hechos de Salomón” [1 Re 11:41]; “el libro de las crónicas de los reyes de Judá/Israel” [e.g., 1 Re 14:29; 15:31] “libro de las crónicas de los reyes de Media y de Persia” [Est 10:2]; “el libro de los reyes de Israel y de Judá” [e.g., 2 Cr 35:27]; “la visión (profecía) del profeta Isaías” [2 Cr 32:32]). Otros pasajes se refieren a obras por su título (e.g. “el libro de las generaciones de Adán” [lit., Gn 5:1]; “el libro del pacto” [Ex 24:7; 2 Re 23:2]; “el libro de la visión de Nahum” [Nah 1:1]; cf. las referencias a un “libro” en 2 más arriba). Estas notas reconocen explícitamente que los escritores se remitieron a material compuesto con anterioridad, que habría sido puesto por escrito (sēper [“libro, documento escrito”]; el verbo acadio cognado šapāru, que puede significar “escribir”; en semita noroccidental,.
En algunos textos es posible discernir varias etapas en la escritura de un relato bíblico. Por ejemplo, en Josué 6:24–25 se vislumbran con claridad dos o posiblemente tres etapas: el acontecimiento de la destrucción de Jericó; una composición inicial algún tiempo más tarde, pero todavía durante la vida de aquellos que estuvieron allí (“hasta hoy”); y una posible nota algunos siglos después diciendo que los despojos habían acabado en el templo, si es así como hay que leer “el tesoro de la casa de Jehová” (aunque es más probable que se refiera al tabernáculo [1 Cr 9:23] o incluso al templo de Silo [1 Sm 1:24]). Génesis 14 también presenta varios nombres antiguos que son glosados con los nuevos nombres adoptados por el mismo emplazamiento. A la luz de la existencia de estos fenómenos en fuentes que aparecen en otros lugares de la Biblia, uno no puede rechazar la HD basándose en la negación de fuentes, pero sí puede estar en desacuerdo con la naturaleza de las fuentes propuestas.

Evolución de la teoría.

Aunque la HD ha prevalecido durante más de un siglo como el punto de vista imperante, no debe considerarse como una hipótesis acabada y monolítica. Desde antes incluso de su expresión clásica por parte de Wellhausen se ha venido produciendo un debate constante sobre la naturaleza, extensión y datación relativa de las fuentes. Se ha hecho notar la presencia de una minoría, compuesta tanto por conservadores como por aquellos que no se identificarían a sí mismos como tales, que ha considerado que varios aspectos de la HD resultaban inadecuados por distintos motivos. Tampoco ha existido consenso entre los defensores de la HD, y la hipótesis se encuentra en un permanente estado de cambio, que de hecho es lo que debería suceder en toda iniciativa basada en la investigación de hipótesis.
Uno se pregunta, sin embargo, cuántas modificaciones puede sufrir la HD sin que llegue a perder aquello que se puede identificar como la hipótesis original. Actualmente algunos niegan la existencia de fuentes J y E independientes, lo que da lugar a una fuente combinada JE (llamada Jehovista). Esto parece negar la relevancia de los criterios básicos de la diversidad de los nombres divinos, que fue lo que llevó al desarrollo de la teoría en primer lugar. Además, J, la fuente más antigua, se ha vuelto a datar recientemente como originaria de la época del exilio. Esto desestima el posible desarrollo evolutivo entre los textos que fue necesario para explicar aparentes discrepancias. Algunos también sitúan el documento P en una época muy anterior o sostienen que nunca fue una fuente independiente y definida. Esto no sólo anula el desarrollo evolutivo, sino que también presenta otras dificultades, como por ejemplo documentos presuntamente anteriores que se refieren a otros que no deberían haberse escrito hasta mucho más tarde según la visión ortodoxa de la HD. Un especialista alemán de primera fila ha llegado a decir: “el grueso de la investigación reciente sobre el Pentateuco demuestra que uno debe tratar los criterios clásicos para la división de las fuentes con mucha mayor cautela, y que, sin excepción, han perdido su certeza”. A pesar de todo esto, no puede decirse en absoluto que la HD haya sido generalmente abandonada.

Conclusiones.

Como dice S. Talmon en relación con las cuestiones de la autoría de las obras antiguas, “las conclusiones derivadas de cualquiera que sea el método de investigación utilizado no se pueden corroborar por ningún medio tangible”. En otras palabras, cualquier conclusión referida a la autoría debe considerarse como extremadamente provisional, ya que no podemos consultar a los autores. También es importante reconocer que las alternativas a los puntos de vista tradicionales no deberían tomarse, al menos en primera instancia, como ataques equivocados contra la ortodoxia. La mayoría de quienes hicieron estas propuestas no se dejaron llevar por un deseo de destruir la fe de la gente en la Biblia. Cada uno de los problemas que hemos hecho notar antes surge del propio texto bíblico y debe ser abordado. Deberíamos considerar que aquellos que propugnan la HD o alguna otra explicación lo hacen de buena fe, en un intento por tratar las cuestiones que se plantean. Los que están en desacuerdo con una determinada interpretación deben aportar una interpretación alternativa que resulte convincente y razonable, en vez de hacer lo que tantas veces ocurre, recurrir a la descalificación ad hominem, que tan flaco servicio le hace a la propia causa que uno dice defender.
También necesitamos que se nos recuerde el resultado de todo el debate sobre la HD: “una invalidación de la hipótesis documentaria, si de hecho así hubiera que considerar el resultado de la investigación lingüística estadística [tal como la que lleva a cabo Radday], no equivale todavía a probar la unidad original del libro del Génesis, ni tiene incidencia alguna sobre la tradicionalmente aceptada autoría mosaica del Pentateuco” (Talmon, 231). Si bien la crítica de fuentes se encuentra sumida en la confusión, cuando no en plena retirada, todavía se aguarda la llegada de una explicación plenamente satisfactoria de la composición del Pentateuco.

 

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