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LA GLORIA DE DIOS

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LA GLORIA DE DIOS

La gloria de Dios es el esplendor y la belleza radiante que brillan a través de todos los atributos divinos, pero es especialmente evidente en el Cristo crucificado y resucitado.

La gloria de Dios es la manifestación de la perfección de todos sus atributos. La doctrina de la gloria de Dios enfatiza su grandeza y trascendencia, su esplendor y santidad. En las Escrituras se dice que Dios está vestido con gloria y majestad (1 Cr 16:27; Sal 29:4; 96:6; 104:1; 113:4). La creación manifiesta la gloria de su Creador (Sal 8; 19:1–2; Is 6:3).
Pero es particularmente en el ámbito de la gracia divina donde puede verse la gloria de Dios. El antiguo pueblo de Dios vio su gloria en la medida en él les mostró misericordia y gracia en su liberación de la esclavitud egipcia (Ex 16:7, 10; 33:18–34:8; Lv 9:23; Dt 5:24). La gloria de Dios llenó los lugares que posteriormente designó como lugares de reunión con su pueblo: el tabernáculo (Ex 40:34) y el templo (1 Re 8:10–11).
Por encima de todo, la gloria de Dios está presente en la vida del Señor Jesús (Jn 1:14; Heb 1:3), y a través de su Espíritu Santo de gloria (1 Pe 4:14), la gloria de Dios llena la Iglesia (2 Cor 3:18; Jn 17:10). Fue su encuentro con Dios en el plano de la historia lo que permitió a los autores bíblicos ver la belleza y hermosura de Dios brillar a través de lo creado. La idolatría consiste, por tanto, en no darle a Dios la gloria que le corresponde y atribuirle esa gloria a una criatura. Dios está correctamente impulsado por su gloria: repetidamente en libros como Ezequiel, él cita su gloria, su nombre y reputación, como su motivación para una acción determinada (Ez 36:23). “Yo soy el Señor”, dice a través de Isaías; “a otro no daré mi gloria” (Is 42:8).

La Gloria de Dios

                                                        La Gloria de Dios


Un concepto relacionado es el de la belleza o hermosura del Señor. Por ejemplo, en el Salmo 27:4, el salmista dice: “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo”. Aquí, la belleza se atribuye a Dios como una forma de expresar la convicción del salmista de que la visión de Dios cara a cara es la experiencia más profunda que puede tener un ser humano. Nuevamente, en el Salmo 145:5, el salmista declara que meditará “en la hermosura de la gloria” o belleza de la majestad de Dios. Del mismo modo, el profeta Isaías, en el siglo VIII a.C., predijo que vendría un día en que Dios sería “corona de gloria y diadema de hermosura” para su pueblo (Is 28:5). Esta profecía encontró su cumplimiento en Jesucristo, cuya belleza y gloria se mostraron, sobre todo, en su crucifixión y muerte por los pecadores, manifestando perfectamente el amor y la justicia de Dios, y en su resurrección, ascensión y sesión a la diestra de Dios (Jn 7:39; 17:5; Heb 1:6).

La Gloria de Dios

VERSÍCULOS CLAVE
Is 6:3; Sal 19:1–2; Éx 33:18–34:8; Jn 1:14; Jn 7:39; 2 Co 3:17–18; He 1:3; Ez 1:28

 

 

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