Madrid, España

LA DOCTRINA BÍBLICA DE LA ELECCIÓN

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LA DOCTRINA BÍBLICA DE LA ELECCIÓN


LA DOCTRINA BIBLICA DE LA ELECCIÓN


Por James Petigru Boyce (1827–1888): Fundador y primer presidente del Seminario Teológico Bautista del Sur (Louisville); presidente de la Convención Bautista del Sur (1872–1879). Boyce es considerado como uno de los teólogos bautistas más destacados del siglo XIX.

La Teoría Calvinista
1. La teoría expuesta.

La teoría de los calvinistas referente a la doctrina de la elección, es que Dios (no el hombre) de su propio propósito (en conformidad con Su voluntad, y no en base a ninguna obligación para con el hombre, ni tampoco por causa de la voluntad del hombre), desde la eternidad (la dimensión en que Dios actúa, no en el tiempo que es la esfera de los actos humanos), determinó salvar (no salvó en ese momento, sino solo determinando hacerlo). Determinó salvar un número definido de la raza humana (no toda la raza, ni una parte proporcional, sino un número definido), como individuos (no una parte de determinada nación, raza o iglesia, ni tampoco una clase de personas, como por ejemplo los creyentes o los piadosos; sino individuos). Los elige no por causa de algún mérito u obra de ellos (no por causa de sus buenas obras, o su santidad, o excelencia, o su fe, o su santificación espiritual), sino solo por su beneplácito (simplemente porque le agradó escogerlos). Un análisis de la declaración anterior mostrará que esta teoría de la elección sostiene lo siguiente:

1. Que es un acto soberano de Dios y no es en ningún sentido el resultado de la voluntad de los que son elegidos.
2. Siempre ha sido el propósito eterno de Dios.
3. Es una elección para salvación, no simplemente para privilegios externos.
4. Esta elección o escogimiento es de individuos no de clases.
5. Que fue hecha sin tomar en cuenta la acción o los méritos de las personas escogidas.
6. Que fue hecha sencillamente, conforme al beneplácito de Dios.

2. Prueba.

Si debemos creer o no esta doctrina depende enteramente de si es enseñada o no en las Escrituras. No tenemos ninguna otra manera de saber algo sobre el tema. Por lo tanto, debemos mirar solo a las Escrituras para encontrar la verdad.
Sin embargo, antes de proceder con las pruebas directas de que la doctrina de la elección es enseñada en las Escrituras, debería señalarse que las palabras elección y elegidos son usadas en varios sentidos en la palabra de Dios. En ocasiones significan una elección para cierto oficio, o sea por los hombres o sea por Dios. Compare Lucas 16:13 (Cristo escogiendo a los doce apóstoles) con Hechos 1:21–26 (la selección de un apóstol para tomar el lugar de Judas); Hechos 9:15 (Saulo como un instrumento escogido); 1 Pedro 2:6–8 (Cristo señalado como la principal piedra del ángulo, escogido y precioso, etc.). Estas palabras significan algunas veces la elección de Israel a sus privilegios nacionales y peculiares para ser el pueblo apartado y escogido de Dios: “El Dios del pueblo de Israel escogió a nuestros padres.” (Hech. 13:17) A veces son usadas para hablar de una elección hecha por un individuo: “María escogió la buena parte la cual no le será quitada.” (Luc. 10:42)
Pero en la gran mayoría de los casos las palabras se refieren a la elección para salvación; es decir, como el propósito de Dios o el acto divino de escoger. Ahora trataremos con las evidencias de que las palabras elección y elegidos son usadas en este último sentido. Nuestra meta será la de sostener punto por punto la doctrina de la elección tal como fue expuesta al principio.
1) La elección es un acto soberano de Dios y no es en ningún sentido el resultado de la voluntad de los que son elegidos. La consideración aquí no es el porqué de la elección, sino simplemente la cuestión de quien es el que escoge. La pregunta ahora es: ¿Escoge Dios a los elegidos? A esta altura, no estamos considerando si la elección está basada en su propio propósito, o en que Dios vio de antemano que iban a creer, ni ningún otro aspecto. La única cuestión por el momento es: ¿La elección es un acto de Dios? Los siguientes textos son suficientes para contestar, aunque hay muchos otros textos que podrían servir también como ejemplo:

Juan 13:18: “Yo sé a quienes he elegido”.
Juan 15:16: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto”
Romanos 8:33: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios?”
Romanos 9:15: “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia”
Efesios 1:4: “Según nos escogió en él…”
Efesios 1:11: “Habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el consejo de su voluntad.”
2 Tesalonicenses 2:13: “Dios os haya escogido desde el principio para salvación.”

2) La elección siempre ha sido el propósito eterno de Dios. Otro hecho importante que tiene que ser demostrado es la eternidad de la elección, en oposición a la idea de que la elección ocurrió en el tiempo. La prueba de este punto es doble. Hay pasajes los cuales demuestran que la elección sucedió antes que este mundo fuera creado, y aquellos textos que abiertamente declaran la eternidad de la elección. Entre estas dos clases de pasajes no hay realmente mucha diferencia puesto que lo que tuvo lugar antes del tiempo debió haber sucedido en la eternidad. Además, otra prueba objetiva de la elección eterna consiste de mostrar simplemente que no dependía de la acción humana, sino más bien de la voluntad soberana de Dios.
a. Los textos que enseñan que la elección tuvo lugar antes de que el hombre existiera o antes de que el mundo comenzara:

Jeremías 1:5: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.”
Mateo 25:34: “Entonces el rey dirá a los que estarán a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.”
Efesios 1:4: “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo.”

Compare también el lenguaje usado con referencia a los nombres escritos en el libro de la vida del cordero.

Apocalipsis 13:8: “Y todos los que moran en la tierra le adoraron (a la bestia), cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del cordero que fue muerto desde el principio del mundo.”
Apocalipsis 17:8: “Los moradores de la tierra cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo, se maravillarán…”
Apocalipsis 21:27: “Y no entrará en ella ninguna cosa sucia, o que hace abominación y mentira; sino solamente los que están escritos en el libro de la vida el cordero.”

b. Los pasajes que declaran que ésta fue realmente una elección eterna:

Efesios 3:11: “Conforme a la determinación eterna que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor.”
2 Timoteo 1:9: “Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.”

3) La elección es una elección para salvación y no simplemente para privilegios externos. El próximo punto que tenemos que demostrar es que la elección es para salvación y no simplemente para privilegios externos. Esto es probado por pasajes como los siguientes:

Juan 10:26: “Mas vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.”
Versículo 27: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.”
Romanos 8:28–30: “Y sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, es a saber, a los que conforme al propósito son llamados.” [Ahora Pablo procede a decir quienes son éstos.] “Porque a los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.” Este pasaje muestra que el preconocimiento, la predestinación para santidad, el llamamiento, la justificación, y la llegada al estado de gloria, son cosas inseparablemente relacionadas, y por lo tanto, la elección de la cual proceden es para salvación.
Efesios 1:4–9: Este pasaje habla de nuestro escogimiento antes de la fundación del mundo para salvación. “Nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor; habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos por Jesucristo a sí mismo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el amado: En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de su gracia, que sobreabundó en nosotros en toda sabiduría e inteligencia; descubriéndonos el misterio de su voluntad, según su beneplácito, que se había propuesto en sí mismo.”
2 Tesalonicenses 2:13: “Dios os haya escogido desde el principio para salvación.”
1 Pedro 5:10: “Mas el Dios de toda gracia, que nos ha llamado a su gloria eterna por Jesucristo…” (Aquí el apóstol habla del llamamiento eficaz, el cual es el resultado de la elección, y nos dice que es un llamamiento para la gloria eterna.)

4) Esta elección o escogimiento es de individuos, no de clases. Este punto necesita más explicación. No se puede negar que los elegidos son los creyentes verdaderos y que los creyentes verdaderos son los elegidos. Por lo tanto, aquí no es puesto en duda el carácter de los elegidos. Simplemente, la cuestión es si Dios escoge a todos los que creen y si por creer llegan a ser sus escogidos, o por otra parte, ¿escoge Dios a sus elegidos y por lo tanto llegan a creer? ¿Es el hecho de creer el resultado de la elección divina, o es la elección divina el resultado de la fe del hombre? Sobre este punto las pruebas son muy claras:

Hechos 13:48: “Y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.”
Efesios 1:4, 5: “Según nos escogió en él.… habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos…”
2 Tesalonicenses 2:13: “Mas nosotros debemos dar siempre gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, por la santificación del espíritu y fe de la verdad.” (Aquí tenemos la elección para salvación y los medios para efectuarla son indicados, pero ningún requisito o medio es mencionado para la elección. No son elegidos como creyentes sino que como elegidos, son salvos.)
Romanos 8:29: “Porque a los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo…” El preconocimiento aquí es de personas y no de los actos de estas personas, ni mucho menos un preconocimiento de su fe. Para que este texto apoyara la teoría arminiana tendría que decir lo siguiente: “Porque a los que antes conoció como creyentes” o “Porque a los cuya fe conoció antes”, cosa que no dice. Entonces no es que fueran conocidos por Dios como una clase especial de personas que cumplirían con ciertos requisitos, sino que fueron conocidos como individuos. Quizás alguien preguntará: ¿Acaso no se refiere el preconocimiento a su carácter? ¿No escogió Dios a aquellos cuya fe El vio antes? Contestaremos más plenamente esta duda en la próxima sección.

5) La elección fue hecha sin tomar en cuenta la acción o los méritos de las personas escogidas. (Este punto será demostrado junto con el próximo, puesto que es la forma negativa para decir lo que el siguiente punto afirma.)
6) La elección fue hecha sencillamente conforme al beneplácito de Dios. Por supuesto esto no significa que Dios actuara en forma arbitraria o caprichosa al escoger a ciertas personas y hacerles objetos de su gracia especial. Dios nunca actúa sin buenas e importantes razones. Si le hubiera agradado a Dios decirnos porqué escogió algunos y no a otros, sin lugar a dudas habríamos magnificado su sabiduría en elegir así; pero no nos ha dado explicación alguna sobre el asunto. Dios ha actuado en base a su propia voluntad soberana y conforme a su propio beneplácito. Una cosa que sabemos es que no escogió en base a ninguna acción humana ni ningunos méritos en las personas elegidas. Escogió como soberano porque tenía el derecho de hacerlo y por razones de satisfacción a sí mismo fue su beneplácito hacerlo de esta manera.
Varias clases de pasajes pueden ser citados como prueba de este punto. Algunos de estos afirman una elección por la voluntad soberana de Dios. Otros, mientras que sostienen lo mismo, también rechazan cualquier mérito en los escogidos. Aún unos más representan el hecho de una elección soberana, afirmando la selección de personas con menos probabilidades de haber sido escogidas. Los siguientes son algunos de los textos que comprueban estos puntos:

a. Los textos que afirman la elección por la voluntad soberana de Dios.
Vea Juan 3:3–8: La regeneración que se menciona aquí es esencial para entrar al reino de Dios. La regeneración precede a cualquier acto humano en la salvación y aquí la soberanía divina en el nuevo nacimiento es declarada en el versículo 8: “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquél que es nacido del espíritu.”
Juan 6:37, 39, 44, 64, 65: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene no le hecho fuera… esta es la voluntad del Padre que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada… ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere… Porque Jesús sabía desde el principio quienes eran los que no creían, y quien le había de entregar. Y dijo: Por esto os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.”
Juan 15:16: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto.” (El objeto de llevar fruto es el propósito de haber sido elegidos y no puede ser la causa de la elección.)
Juan 17:2: “Como le has dado potestad sobre toda carne para que dé vida eterna a todos los que le diste.”
versículo 6: “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste: Tuyos eran, y me los diste.”
versículo 9: “No ruego por el mundo sino por los que me diste.”
versículo 11: “Padre santo a los que me has dado, guárdalos por tu nombre.”
versículo 12: “a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió.”
Hechos 22:14: Ananías dijo a Pablo, “El Dios de nuestros padres te ha predestinado para que conocieses su voluntad…”
Efesios 1:5: En el versículo cuatro, habiéndose referido a la elección divina de nosotros antes de la fundación del mundo, Pablo dice en el versículo 5: “habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos por Jesucristo a sí mismo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia…” En el versículo 11 dice que somos predestinados a nuestra herencia, “conforme al propósito del que hace todas las cosas según el consejo de su voluntad.”
Santiago 1:18: “El, de su voluntad nos ha engendrado por las palabra de verdad…”
b. Textos que afirman la voluntad soberana en la elección y al mismo tiempo rechazan cualquier mérito en los escogidos.
Ezequiel 36:32: En este pasaje (versículos 24–27) tenemos una descripción del Nuevo Pacto, el don del Espíritu y el nuevo corazón el cual Dios les daría, dones los cuales la teoría calvinista considera como el resultado de la elección mientras que la teoría arminiana sostiene que son la causa de la elección. En el versículo 32, Dios afirma: “No lo hago por vosotros, dice el Señor Jehová, sabedlo bien; avergonzaos y cubríos de confusión por vuestras iniquidades y vuestras abominaciones, casa de Israel.”
Juan 1:11–13: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dió potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son [el griego dice fueron, indicando que el tiempo de ser engendrados fue antes de creer] engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Nota del traductor: Este texto excluye cualquier posibilidad de que el nacimiento nuevo sea el fruto de la voluntad humana. Cuando dice “no de sangre” se refiere a que no es por la descendencia humana, ni por la raza, ni por ser hijos de creyentes. Las palabras “ni de voluntad de carne” indican que no está en la voluntad personal de la criatura caída. Finalmente, “ni de voluntad de varón” excluye cualquier intervención de una persona ajena; por ejemplo, no es el resultado de un rito, una ceremonia, o una decisión del pastor o algún sacerdote. Según este texto, la única causa del nacimiento nuevo es atribuible a Dios.)
Romanos 9:11–16: La elección se ilustra en el caso de los gemelos Jacob y Esaú. “Pues no habiendo aún ni nacido, ni habiendo hecho ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama.”
Romanos 11:5–6: “Así también aún en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.”
c. Textos que afirman la soberanía divina en la elección y que señalan la selección de personas con menos probabilidades de haber sido escogidas.
Mateo 11:25–27: “En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y los entendidos, y las revelaste a los niños. Si, Padre, pues que así agradó en tus ojos. Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: Y nadie conoció al Hijo, sino el Padre; ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quisiere revelar.”
Lucas 4:25–28: Cristo ilustra la soberanía de Dios señalando que muchas viudas estaban en Israel, pero que solo una viuda pagana fue favorecida por Dios y lo mismo dice con respecto a los leprosos. “Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías… pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón, y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio. Al oír estas cosas todos en la sinagoga se llenaron de ira.”
Hechos 26:12–23 La descripción que Pablo da de su propia condición personal en el momento de su conversión muestra que Dios le escogió no en base a sus méritos, sino Su propio agrado.
1 Corintios 1:26–30: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios segun la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por El, [es decir Dios] estáis vosotros en Cristo Jesús…”
Gálatas 1:15–16: Pablo dice de su llamamiento, “Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo predicase…”
Efesios 2:1–13: La descripción de aquellos que estaban muertos en delitos y pecados y que en esa condición fueron vivificados, comprueba que su regeneración y salvación no fue debido a ningún mérito, ni decisión de ellos. “Aún estando muertos nosotros en pecados, nos dió vida juntamente con Cristo, (por gracia sois salvos.)” (Ver. 5)

Los textos expuestos en las tres categorías anteriores comprueban en forma concluyente, que no es a causa de sus méritos sino a causa del beneplácito de Dios que ciertos hombres son escogidos. Estos textos han sido presentados a grandes rasgos, porque finalmente, es a través de las Escrituras que la controversia se resuelve. Toda la oposición a esta doctrina surge de una indisposición por parte de los hombres a reconocer la soberanía de Dios, y a la resistencia para atribuir la salvación enteramente a su gracia.
Las pruebas presentadas no han sido en ningún sentido exhaustivas, sino que solo hemos seleccionado algunos de los numerosos pasajes que afirman esta verdad. Si las Escrituras son leídas con referencia especial a esta doctrina, y se marca cada pasaje que indica que Dios es absolutamente soberano en sus tratos con los hombres, y también cada declaración que atribuye la elección a la voluntad de Dios y no a la voluntad o actos de los hombres; entonces aparecerá que casi ningún libro de la Escritura carece de testimonio del hecho de que, tanto en los actos de gracia como en los actos de providencia, Dios: “Hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?” (Daniel 4:35)

(Tomado del libro de Boyce, titulado: ABSTRACT OF SYSTEMATIC THEOLOGY).

 

COMENTARIOS DE B. H. CARROLL SOBRE LA PREDESTINACION Y LA ELECCION

B. H. Carroll (1843–1914): Fundador y primer presidente del Seminario Teológico Bautista del Suroeste. Autor del famoso “Comentario Bíblico” publicado en español por la Casa Bautista de Publicaciones.


La última cláusula en el texto de Hechos 13:48, “… y cuantos fueron ordenados para la vida eterna creyeron” necesita alguna explicación.
Cuando yo era joven y no había aceptado la doctrina de la predestinación quería que el texto dijera: “y cuantos creyeron fueron ordenados a la vida eterna”. Tal vez vosotros queráis interpretarlo así. El Dr. Broadus dijo: “Permítase que la Escritura signifique lo que quiere significar”, y dejad vosotros ese pasaje tal como está; es decir, que la ordenación precede a la vida eterna. La ordenación a la vida eterna tuvo lugar en la eternidad. Pablo en Romanos 8 nos da el orden. Muchas personas hoy en día no lo creen así. Rara vez oímos que se predique algún sermón sobre ello. Una vez oí decir a un predicador reconocido, “no me es posible creerlo”. Romanos 8:29–30 dice: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo… y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.”
La justificación sucede al momento de creer. A menos que este pasaje diga que “cuantos fueron ordenados para vida eterna creyeron”, haría pedazos la cadena de Pablo. Llegue a la conclusión en su propia mente de una vez que la salvación comienza con Dios no con el hombre.
Si se pone de otro modo: “cuantos creyeron fueron ordenados para vida eterna”, entonces se pone primero al hombre. Después de todo, la cuestión es, ¿Es la salvación por gracia o por obras? (Tomado de su comentario del libro de los Hechos, Páginas 283–284)
Sobre Efesios 1:3–14 en su comentario (páginas 91–92) el Dr. Carroll dice lo siguiente:
Por más difícil que sea la tarea procuremos analizarlo, particularmente la frase “El cual nos bendijo” que en el versículo 3 está en tiempo pasado. Queremos analizarlo como sigue: ¿El lugar dónde nos bendijo? Nos bendijo en los lugares celestiales. ¿El tiempo cuando nos bendijo? Antes de la fundación del mundo. ¿En quien nos bendijo? En Cristo. No estuvimos ahí personalmente. ¿Con qué nos bendijo? Con toda clase de bendiciones espirituales. ¿Cómo nos bendijo Cristo en el cielo antes de la fundación del mundo? Por la elección, la predestinación y la gracia. Así es como El nos bendijo antes de que existiésemos; lo hizo en el propósito de su elección, en su predestinación, y en su gracia. Notemos que con frecuencia menciona la predestinación y la elección, queremos saber lo que significan estas palabras.
Consideremos la primera que es la elección. ¿Qué es la elección? Abstractamente significa escogimiento. Concretamente, puede ser la elección de una nación como Israel para un propósito nacional o típico, pero esto no es lo que se está discutiendo aquí. Se está discutiendo la elección de individuos o personas. ¿Cuándo se efectuó esta elección? Antes de la fundación del mundo. Puesto que se verificó entonces, y puesto que no existíamos entonces, ¿En quién se verificó? Fuimos escogidos en Cristo. ¿Para qué fin fuimos escogidos? Para que fuésemos santos e irreprensibles en amor. Esto es lo que dice el texto acerca de la elección.
El otro término que se usa es “predestinación”. En primer lugar ¿Qué es la predestinación? Es un decreto hecho de antemano. Ordenar es decretar; predestinación es un decreto hecho de antemano. ¿Quienes fueron predestinados? Los individuos que fueron escogidos. ¿A qué fueron predestinados? A la adopción de hijos. ¿Por medio de quién fueron adoptados como hijos? Por medio de Cristo. ¿Según qué cosa fue esta predestinación a la adopción de hijos por medio de Cristo? Según el beneplácito de su voluntad. No podía ser por nada en nosotros; sucedió antes de que tuviésemos ser. ¿Con qué fin fue la predestinación? Para loor de la gloria de su gracia.
Esto introduce otro término, “gracia”, en la cual fuimos benditos. ¿Qué es gracia? Favor no merecido. ¿Cómo es dado esto? Libre y gratuitamente. Una vez oí decir a un hombre: “Libre, gratis, sin cobrar ni un centavo.” Así es dado.

LA DECLARACION DE JUAN BUNYAN SOBRE LA ELECCION

Juan Bunyan (1628–1688) :Escribió el famoso libro “El Progreso del Peregrino” y “La Guerra Santa” entre otros. “El Progreso del Peregrino” ha sido el libro más vendido en todo el mundo, después de la biblia. Estuvo muchos años encarcelado en la ciudad de Bedford por predicar el Evangelio.


1. Creo que la elección es libre y permanente, estando fundada en la gracia y la voluntad inmutable de Dios. (Rom. 11:5–6; 2 Tim. 2:19 y 1:9).
2. Creo que este decreto, escogimiento, o elección fue antes de la fundación del mundo; y por lo tanto antes de que los propios elegidos tuviesen ser, porque “Dios el cual da vida a los muertos y llama a las cosas que no son, como si fuesen.” (Rom. 4:14) No espera para que las cosas tengan existencia para determinar su eterno propósito, sino que teniendo todas las cosas presentes para El y para su sabiduría, hizo su escogimiento antes de que el mundo fuese. (Ef. 1:4, 2 Tim. 1:9)
3. Creo que el decreto de la elección, muy lejos de hacer las obras nuestras previstas como la base o la causa de la elección, más bien contiene en sí misma, no solo las personas pero también las gracias que acompañan su salvación. Y así es que se dice que somos predestinados para ser conformados a la imagen de su Hijo (Rom. 8:39), no porque somos sino “para que fuésemos santos y sin mancha delante de El en amor.” (Ef. 1:4; y 2:10) Nos bendijo escogiéndonos en Cristo. Y así es que la salvación y el llamamiento del cual somos ahora hechos partícipes no es sino la bendición que nos fue dada antes de que el mundo comenzara conforme a su propósito eterno el cual hizo en Cristo Jesús nuestro Señor. (Ef. 3:8–11; 2 Tim. 1:9; Rom. 8:29).
4. Creo que los elegidos siempre son considerados como unidos en Cristo Jesús, y que sin El no hay ni elección, ni gracia, ni salvación. (Ef. 1:4–5, 7, 10, 11; Hech. 4:12).
5. Creo que no hay ningún obstáculo respecto a los elegidos de Dios que pueda impedir su elección y salvación eterna. (Rom. 8:30–35, 11:7; Jer. 51:5; Hech. 9:12–15)
6. Creo que ningún hombre puede conocer su propia elección sino por su llamamiento. Los vasos de misericordia los cuales Dios preparó de antemano para gloria conocen su escogimiento por medio de su llamamiento. (Rom. 9:24–25)
7. Creo por lo tanto, que la elección no anula ni minimiza el uso de medios los cuales son señalados por Dios para traernos a Cristo, a la gracia y a la gloria, sino más bien que impone una necesidad sobre el uso y el efecto de dichos medios. Los escogidos son destinados para ser llevados al cielo por el uso de los medios, es a saber por la fe de Jesucristo la cual es el propósito de su llamamiento eficaz. (2 Pe. 1:10; 2 Tes. 2:13; 1 Pe. 1:12)

Esta declaración ha sido tomada del Tomo II titulado en inglés: “The Works of John Bunyan” (páginas 598–599).

LA ELECCION Por: J. M. Pendleton (1811–1891)

Destacado erudito bautista del siglo XIX, autor del “Manual para las Iglesias”, “Compendio de Teología”, “Distintivos y Principios Bautistas”, etc.


Aunque no hay nada en la predestinación que prohiba su uso en el sentido de preordenación de todos los eventos, no obstante, comúnmente la palabra es usada con referencia a los seres humanos. La palabra incluye el propósito de elección y también como veremos, el propósito de “reprobación” (como a veces se le llama). La reprobación no es nada más que no conceder a unos la gracia que es otorgada a otros. Estos dos propósitos pueden ser expresados en la siguiente manera:

Que Dios escogió en Cristo a ciertas personas de la raza caída en Adán antes de la fundación del mundo, para la gloria eterna, conforme a su propio propósito y gracia, sin tomar en cuenta su fe prevista y buenas obras, ni ningunas otras condiciones cumplidas por ellos; y que del resto de la humanidad retuvo su gracia, dejándolos a la deshonra y el justo juicio de sus pecados.

Las ideas propuestas en esta declaración necesitan y merecen más explicación. Por lo tanto diré lo siguiente:


1. LA ELECCION ES PERSONAL

El escogimiento efectuado es una elección de personas. Es una elección de personas distinta de una elección nacional. Los judíos fueron en un sentido una nación elegida, pero su elección de entre las demás naciones no tuvo ninguna referencia especial a la vida eterna, a la cual algunas personas son elegidas. Además de esto, los judíos fueron la única nación elegida que el mundo jamás vio. Pero para ver que la elección no es nacional, solo necesitamos ver Apocalipsis 5:9: “Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: “Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación.”
Aquí se nos muestra claramente que la salvación no es una liberación nacional, sino que los salvos son redimidos de cada nación. Una operación electiva es mencionada, es decir, personas seleccionadas de cada nación. La teoría de una elección nacional no puede ser sostenida como la doctrina del Nuevo Testamento.
La elección no solo es personal y distinta de una elección nacional, sino que es de individuos y entre individuos. La línea de discriminación distingue entre personas. Cuando Pablo dice en Romanos 16:13, “Saludad a Rufo, escogido en el Señor”, tiene que referirse a una elección personal, como por ejemplo cuando escribe a los miembros de la Iglesia en Tesalónica, “Dios os haya escogido desde el principio para salvación.” (2 Tes. 2:13) Pedro al escribir a los “expatriados de la dispersión”, se dirige a ellos como “elegidos según la presciencia de Dios Padre”, lo cual tiene que significar una elección personal.
Si algunos dicen que la elección de algunos es el rechazo de otros, podemos contestar lo siguiente: Rechazo es un término innecesariamente fuerte y es preferible decir que Dios dejó a otros en la condición donde estaban. El decreto de la elección les deja donde hubieran estado, si no existiera tal cosa como la elección. No hace ninguna injusticia a nadie de ellos. La verdad es: la elección no es injusticia a ninguno y al mismo tiempo es una bendición indecible a algunos. La elección toma una multitud la cual ninguno puede contar (de entre la raza caída de Adán), pero la cual Dios puede contar, y les levanta a la esperanza y al cielo.


2. LA ELECCION ES ETERNA

Para probar esto, serán útiles los siguientes pasajes:
“Según nos escogió en él ANTES DE LA FUNDACION DEL MUNDO, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.” (Ef. 1:4).
“Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino segun el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús ANTES DE LOS TIEMPOS DE LOS SIGLOS.” (2 Tim. 1:9).
“Dios os haya escogido DESDE EL PRINCIPIO para salvación…” (2 Tes. 2:13).
Después de lo que ya se ha dicho sobre la eternidad de Dios y la eternidad de sus propósitos, no es necesario amplificar un punto tan claro como éste, que la elección de su pueblo es desde la eternidad. La elección, siendo inseparable de los demás propósitos divinos, es tan eterna como ellos. Como tiene que ver con la vida eterna, es eterna, y se remonta hasta el eterno pasado que no tuvo principio y hacia el futuro que no tiene fin.


3. LA ELECCION NO FUE EN BASE A LA VISION ANTICIPADA DE FE O BUENAS OBRAS

Hay algunos que hacen que la fe y las buenas obras sean la base de la elección. Ellos presuponen que Dios escogió a su pueblo porque vio de antemano (antes de la fundación del mundo en su preconocimiento de todas las cosas) su fe y sus buenas obras. Este punto de vista transtorna la causa y el efecto, porque hace que la elección dependa de la fe y las buenas obras cuando biblicamente, la fe y las buenas obras dependen de la elección. Cuando leemos, “escogidos… para que seamos santos”, es obvio que la elección no es a causa de la santidad, sino para que seamos santos.
El propósito de la elección incluye la santificación de los elegidos, y por lo tanto, los ve como pecadores que necesitan ser santificados. La misma verdad es sugerida por las palabras en Romanos 8:29. “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo…”
Aquí resulta evidente que la predestinación, incluso la elección, no tuvo su base en la conformidad de los predestinados a la imagen de Cristo, sino que la conformidad a Cristo es el resultado de la predestinación.
En el pasaje tan controversial de Hechos 13:48, “Y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna”, la interpretación más natural es que creyeron a causa de su preordenación a vida eterna. El punto de vista arminiano que invierte este orden es sin fundamento en la palabra de Dios porque la elección es la fuente, la única fuente de la cual surgen la fe, la santidad y las buenas obras.


4. EL PROPOSITO DE LA ELECCION ES IRREVERSIBLE

Esta es la única perspectiva que es digna de Dios. Propósitos mudables disminuirían su gloria, la gloria de un ser infinitamente perfecto. El propósito de la elección no es arbitrario; no es sin razón. Dios no hace nada sin razón, pero no es siempre de su agrado revelarnos la razón o razones de sus actos. ¿Porqué El escoge a algunas personas a la vida eterna en preferencia a otros? No lo sabemos. Pero si las razones de su elección le fueron satisfactorias cuando hizo el escogimiento, serán satisfactorias para siempre, a menos que mejores razones fueran a presentarse a su mente, una suposición no permisible debido a la perfección de su carácter.
En pocas palabras, no puede haber ninguna suposición filosófica de que Dios revierta su propósito de elección, y las Escrituras confirman las enseñanzas de la sana filosofía.
Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dió, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (Jn. 10:28–29) Aquí es afirmada fuertemente la seguridad de los creyentes, pero ¿de dónde surge esta seguridad? Principalmente del hecho de que el Padre los dió al Hijo en el propósito de la elección. Entonces, si el propósito fuera reversible, no existiría ninguna seguridad.
Se nos enseña que: “Queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo…” (Heb. 6:17–18) El “fortísimo consuelo” proviene de la inmutabilidad del consejo divino, el cual es ratificado por un juramento; y el propósito de la elección, siendo incluido en el consejo divino, es tan inmutable como el consejo mismo. No es necesario añadir más. Ciertamente, el propósito de la elección es irreversible.


5. LA ELECCION Y EL USO DE LOS MEDIOS

Será de mucha ayuda contestar otra objeción que es hecha a menudo contra la doctrina de la predestinación. Se dice que mientras que la economía de la naturaleza requiere el uso de medios, la predestinación hace que los medios no sean necesarios. ¿Porqué innecesarios? Porque el objetante supone que el fin predestinado será realizado sin medios.
No obstante, no hay nada para justificar tal suposición. No podemos encontrar nada en la esfera de la naturaleza para apoyar esta teoría. Dios dijo a Noé: “Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche.” (Gen. 8:22) El tema que estamos tocando solo requiere que hable de la “siega”, como algo incluido en los propósitos de Dios. Nadie trataría de negar que Dios ha decretado el fruto de la cosecha mientras que la tierra permanezca, pero ¿acaso ha decretado la producción de una siega milagrosa, esto es, una siega sin que haya siembra? Claro que no. La siembra es mencionada antes de la siega, y es evidentemente previa a ella. Ninguna siega es predestinada aparte de la siembra. Los medios son determinados igualmente como el fin.
Permitan que las naciones adopten la filosofía de la objeción que estamos considerando; es decir, que la predestinación invalida la necesidad del uso de medios, y entonces que nadie siembre. En tal caso ¿qué sucedería? Todos se morirían de hambre. Pero no tenemos que preocuparnos por una calamidad mundial como esa porque los hombres ejercen el sentido común en todos los asuntos, excepto en la religión.


UNA ILUSTRACION DE ESTO

El viaje de Pablo a Roma es frecuentemente usado como una ilustración de la relación entre los medios y el fin determinado. Un ángel de Dios le había asegurado al apóstol que ninguna de las doscientas setenta y seis personas que estaban a bordo de la embarcación perdería la vida. (Hech. 27:23–24) Pero cuando Pablo vio “que los marineros procuraban huir de la nave”, dijo al centurión y los soldados: “si estos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros”. La llegada a salvo de todos los que estaban a bordo de la embarcación durante la tormenta fue el evento predestinado, pero no podía ser realizado a menos que los marineros permanecieran en sus puestos realizando sus responsabilidades. Así pues en el mundo natural, sea en la tierra o en el mar, vemos que tanto los medios como los fines son juntamente predestinados, y que los fines no pueden ser realizados sin el uso de los medios.
¿Cómo es que esto funciona en la esfera de la gracia? El principio es el mismo; esto demuestra el hecho de que el Dios de la naturaleza es el mismo Dios de la gracia.
Romanos 8:30 dice: “y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.” En este versículo tenemos lo que pudiera llamarse la cadena de oro de cuatro eslabones, y esta cadena alcanza desde la eternidad y hasta la eternidad. El primer eslabón es la predestinación, y el último la glorificación, mientras que los dos elabones intermedios son el llamamiento y la justificación. El primer eslabón no tiene conexión con el último, solo a través de los eslabones intermedios. Es decir, que no hay ninguna manera por la cual el propósito de Dios en la predestinación pueda alcanzar la glorificación si el llamamiento y la justificación no ocurren. Pero el llamamiento y la justificación son inseparables del “arrepentimiento para con Dios y la fe en nuestro Señor Jesucristo”. Entonces, el arrepentimiento y la fe son medios por los cuales el propósito de Dios en la elección es realizado.
Por lo tanto Dios al predestinar la salvación de su pueblo, también predestinó su arrepentimiento y su fe y todos los otros medios necesarios para su salvación. Si alguien fuera a preguntar, ¿qué sucedería a los elegidos para vida eterna si no se arrepienten y creen?, la mejor manera para contestar es preguntando ¿qué habría sucedido a las personas que estaban en la embarcación con Pablo, si los marineros no hubieran permanecido en sus puestos? Si contestan, que los marineros permanecieron en sus labores, entonces yo respondo que igualmente los elegidos para salvación se arrepentirán y creerán.
Los siguientes pasajes enseñan el uso de medios en conexión con el propósito de Dios en la elección:
“Que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, MEDIANTE LA SANTIFICACIÓN POR EL ESPIRITU, Y LA FE EN LA VERDAD.” (2 Tes. 2:13).
“Por lo tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también OBTENGAN LA SALVACION que es en Cristo Jesús para gloria eterna.” (2 Tim. 2:25, vea también 1 Pe. 1:2 y Ef. 2:10).
Del primer texto aprendemos que la elección para salvación es manifestada por “la santificación por el espíritu y la fe en la verdad”. En el segundo texto aprendemos que las muchas pruebas de Pablo como ministro tenían una conexión instrumental con la salvación de los elegidos. En el tercer texto vemos que la elección no es solo por la santificación del espíritu, sino también para obedecer y ser rociados por la sangre de Cristo. (1 Pe. 1:2) En el último texto vemos que el propósito de la elección abarca la predestinación para buenas obras. (Ef. 2:10) En vista de estos pasajes, está claro que la doctrina de la predestinación no anula el uso de medios, más bien requiere de ellos.


6. LA ELECCION ES CONOCIDA SOLO A TRAVES DEL LLAMAMIENTO

Antes de terminar con este tema, deberíamos notar que el propósito de Dios en la elección es “en sí mismo”, y que no podemos saber nada de ella hasta que sea manifiesto en el “llamamiento eficaz”. Por ejemplo, cuando Pablo predicaba en Tesalónica, no sabía nada respecto a la elección para vida eterna de algunos de los ciudadanos de allí, pero después de que la gracia de Dios fue manifestada en el “llamamiento eficaz”, no titubeó en escribir: “porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección; pues nuestro Evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre”. (1 Tes. 1:4–5)
También Pedro escribió a sus hermanos: “Hermanos, tanto mas procurad hacer firme vuestro llamamiento y elección.” (2 Pe. 1:10) Es importante notar que el llamamiento es puesto antes que la elección. Dios comienza con la elección pero el hombre no puede comenzar igual; tiene que comenzar con el llamamiento. Cuando hace firme su llamamiento, entonces sabe que su elección es firme. El llamamiento es la única evidencia verdadera de su elección.
Por lo tanto, se puede ver que el asunto de la elección es, en las manos del pecador, una de las cuestiones más difíciles de manejar. La razón es que mientras sea un pecador no arrepentido, no es un asunto que él pueda entender ni resolver. En ocasiones ha sucedido que pecadores preocupados acerca de su propia salvación en vez de arrepentirse y creer en Cristo, se han esforzado para discernir si son elegidos o no. Esto es y siempre será, algo absurdo. Lo que es requerido de los pecadores es expresado en las palabras de Pedro: “Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados.” (Hech. 3:19) Solamente entonces, cuando los pecadores han sido ayudados por Dios para hacer ésto, pueden discernir y entender que son los elegidos de Dios.

LA ELECCION ES CONSISTENTE: Por Andrew Fuller (1754–1815)

Andrew Fuller fue Pastor en Inglaterra, autor del famoso libro “The Gospel Worthy of all Acceptation”, fundador y director de la Sociedad Bautista Misionera que envió a Guillermo Carey a la India.


La doctrina de la elección, tal como es enseñada en las Escrituras, tiene una tendencia humilladora y santificadora. La diferencia entre los salvos y los perdidos es atribuida completamente a la gracia soberana, y así el orgullo del hombre es rebajado.
En cualquier otro sistema teológico, es el pecador mismo quien se distingue, y quien debería por lo tanto encontrar de qué gloriarse. Podemos sostener correctamente que somos incapaces de arrepentirnos y creer sin la ayuda del Espíritu Santo. Pero al mismo tiempo podríamos sostener erróneamente, que dicha ayuda del Espíritu Santo es proporcionada a todos los pecadores sin distinción, y que la fe en vez de ser el “don de Dios”, es el resultado de haber “aprovechado” la ayuda brindada por el Espíritu (mientras que otros no lo aprovecharon). Si nosotros afirmamos este último punto, pensando que no estamos al mismo tiempo atribuyendo la conversión a nuestra propia virtud, nos engañamos a nosotros mismos.
Pero la elección, mientras que no coloca ninguna barrera en el camino de ningún hombre que no haya estado anteriormente allí, atribuye la salvación de los salvos a la pura gracia: “Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia” (Rom. 11:6). Tal perspectiva de las cosas tiende a humillarnos hasta el polvo. Frecuentemente, la soberanía de la gracia es el último punto ante el cual el pecador se rinde a Dios, porque significa renunciar a cualquier esperanza proveniente de sus propios méritos, y caer en los brazos de la misericordia soberana. Habiendo encontrado descanso para su alma, no prestará menos sino más atención que antes, a los medios de salvación. Sus esfuerzos serán más ardientes, y dirigidos hacia un mejor fin. Antes, procuraba servirse a sí mismo, ahora (habiéndose rendido a la soberanía de Dios) servirá al Señor.
Pero si la elección es vista desde una perspectiva errónea, dejará de ser una doctrina conforme a la piedad. Por ejemplo, si la fe y las obras previstas son consideradas como la causa de la elección, entonces la gracia queda excluida, y la justicia propia y la jactancia son admitidas.


La elección y los medios

Si tomamos nuestras opiniones sobre este gran tema con la simplicidad proveniente de la palabra de Dios (dejando fuera cualquier razonamiento humano), lo consideraremos igual como con los otros propósitos divinos, no como una norma de conducta para nosotros, sino más bien para Dios. Nos esforzaremos para entrar por fin por la puerta estrecha como si todo fuera incierto. Como por ejemplo, cuando Pablo aseguró a los marineros de que “No habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros”, creyéndolo serían animados con esperanza; así, nuestra predestinación a ser conformados a la imagen de Cristo nos proporciona ánimos para proseguir al blanco. Tal como a ellos les fue dicho, que a menos que usaran ciertos medios “no podéis salvaros”, así nosotros no podemos tener ninguna evidencia de nuestra “elección para salvación”, excepto por llegar a ser sujetos de “la santificación por el Espíritu y fe de la verdad”.
Así pues, mientras la elección misma es un antídoto contra la desesperación, la necesidad de usar los medios relacionados con ella, es un preservativo contra la presunción. En pocas palabras, veremos la doctrina de la elección en la misma forma que vemos otras manifestaciones providenciales sobre nuestro destino en esta vida. La Biblia nos da a entender que las cosas que disfrutamos en esta vida, son ordenadas por la voluntad de Dios y son tan seguramente efectos de su providencia, que no hay ningún lugar en lo absoluto para la jactancia de criatura alguna. No obstante, no usamos esta realidad de la providencia divina como un pretexto para no arar, o no sembrar, o no perseguir el bien y evitar el mal.


Crea la Palabra: No se preocupe acerca de ser “inconsistente”

La “mente carnal” puede preguntar ¿Cómo pueden ser posibles estas cosas? ¿Cómo puede la predestinación armonizarse con la responsabilidad humana? Pero un creyente verdadero y humilde al encontrar ambas cosas en la Biblia creerá ambas, ¡aunque pudiera ser que no sea capaz de armonizarlas en forma consistente! Tal creyente encontrará en la predestinación un motivo para depender completamente de Dios, y en la responsabilidad humana una advertencia contra la flojera, la presunción y la negligencia en el deber.
También el ministro cristiano, si toma sus opiniones simplemente de las Escrituras, no encontrará nada en esta doctrina para impedir el libre uso de advertencias, invitaciones, y persuasiones para dirigirse a los conversos e inconversos. Su esperanza de éxito no estará basada en la docilidad de la mente humana sino más bien en el poder de la gracia de Dios, Quien mientras que profetizamos a los huesos secos, puede resucitar a muchos dándoles aliento de vida.
Así pues, el apóstol Pablo en los capítulos nueve, diez y once del libro de Romanos atribuye a la soberanía divina el llamamiento de algunos de entre los judíos y también el abandono de la gran mayoría de ellos para perecer en su incredulidad. Sin embargo, mientras que permanecían en el mundo, estaba profundamente preocupado por ellos. Aún en su predicación a los gentiles, tenía un ojo puesto en ellos, “por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos.” (Rom. 11:14) Y aunque enseñaba a los creyentes judíos a atribuir su salvación enteramente a la gracia electiva y habló del resto de ellos como cegados; sin embargo, habla de que la ceguera era culpa de ellos y por lo tanto habían sido entregados por Dios a la reprobación. (Rom. 11:7–20)
(Tomado de “The Works of Andrew Fuller” Páginas 341 y 342)

UNA ANTIGUA PREGUNTA RESPONDIDA ¿SI SOLO ALGUNOS SON ELEGIDOS, PARA QUE PREDICAMOS?

Por Charles Haddon Spurgeon (1834–1892) Pastor del Tabernaculo Metropolitano Bautista, London, England. Autor del “Treasury of David”, “Lectures to my Students”, “The Soul Winner”, “Morning and Evening”, etc.


Algunas personas arrogantes y jactanciosas objetarán: “Usted dice que Dios ama a su pueblo y por lo tanto serán salvos; entonces ¿De qué sirve la predicación?” Cuando digo que Dios ama a una multitud que ningún hombre puede contar, como huestes incontables de la raza humana, usted me pregunta ¿De qué sirve la predicación?
¿De qué sirve predicar? Para sacar los diamantes del Señor fuera del estercolero; para sacar de las profundidades las perlas de Dios, como el buscador de perlas lo hace.
¿De que sirve predicar? Para cortar el maíz bueno y recogerlo en el alfolí.
¿De qué sirve predicar? Para sacar a los elegidos de Dios de las ruinas de la caída, y ponerlos firmes sobre la roca que es Cristo Jesús.
He ahí ustedes que preguntan, ¿De qué sirve predicar? Porque Dios ha ordenado a algunos a la salvación. Les preguntamos a ustedes si no sería algo muy necio decir, “Si habrá una cosecha entonces, ¿De qué sirve sembrar? Si habrá una cosecha, ¿De qué sirve cosechar?” La razón misma por la cual sembramos y cosechamos es debido a que nos sentimos seguros de que habrá una cosecha.
Y si efectivamente yo creyera que no existiera un número definido de personas que tienen que ser salvas, ya no podría volver a subir al púlpito. Si lograran convencerme una sola vez de que nadie está destinado a ser salvo, ya no tendría deseo de predicar. Pero ahora, yo sé que hay una multitud incontable que tiene que ser salva; estoy confiado de que Cristo “Verá linaje, vivirá por largos días.” (Isa. 53:10) Yo sé que hay mucho para descorazonarme en el ministerio, y si veo muy pocos resultados; no obstante, Cristo guardará a todos aquellos que le fueron dados por el Padre, y esto es lo que me hace predicar.
Esta noche vengo a esta capilla con la seguridad de que Dios tiene algún hijo suyo en este lugar, que todavía no ha sido llamado. Me siento confiado de que El llamará a alguien por medio del ministerio, entonces ¿porqué no ha de usarme a mí? Sé que no son pocas las almas que Dios me ha dado por medio de mi ministerio, no solo cientos sino miles. He visto a cientos de aquellos que profesan haber sido llevados a Dios a través de mi predicación en Park Street, y en otros lugares. Con esta confianza tengo que ir adelante. Yo sé que Jesús ha de tener un “linaje” (Is. 53:10). Su pueblo tiene que incrementarse y es el mismo propósito del ministerio buscarlos y traerlos al redil de Dios. Nuestro Salvador nos dice que el ministerio es para que “crean en mí por la palabra de ellos” (Juan 17:20). Ahora, ¿Cree en Cristo el pueblo de Dios por medio de la palabra del ministerio? (“Han de creer en mí por la palabra de ellos.” Jn. 17:20) Sabemos que nuestra fe no descansa en la palabra del hombre, sino en la Palabra de Dios. No descansamos en ningún hombre; sin embargo, es a través de “la palabra de ellos”; es decir, a través de la palabra de los apóstoles y a través de la palabra de cada ministro fiel.

OBJECIONES MAS COMUNES A LA DOCTRINA DE LA ELECCION RESPONDIDAS

Por J.L. Dagg, D.D. (1794–1884). Pastor y autor del “MANUAL DE TEOLOGIA”


La doctrina de la elección encuentra generalmente oposición entre los hombres no regenerados. Y aún en las mentes de aquellos que han sido renovados por la gracia, tales objeciones surgen a menudo e impiden que esta doctrina sea recibida cordialmente. Entonces, es menester que consideremos las objeciones más comúnes hechas contra la elección.

Objeción No.1  La doctrina de la elección no ofrece ningún incentivo para el esfuerzo humano. Bajo esta creencia, los hombres concluyen que si son elegidos, serán salvos sin importar lo que hagan; y que si no son elegidos serán condenados, no importa lo que hagan. Así pues concluyen que todo esfuerzo por parte de ellos es inútil, y que les sería mejor vivir como quieran y olvidarse de cualquier preocupación respecto de su destino sobre el cual no poseen ningún control.

Respuesta: Que algunos hombres quienes profesan creer la doctrina de la elección hayan hecho mal uso de ella, no lo podemos negar. Pero no se puede afirmar que todos los que reciben la doctrina, razonan y actúan en la manera declarada en la objeción. Muy al contrario, multitudes eminentes por su santidad de vida y sus labores de autonegación en la causa de Cristo, no solo reciben cordialmente la doctrina de la elección, sino además atribuyen toda su santidad y labores de autonegación, a la gracia que han recibido del amor electivo de Dios. Muchos que desprecian y odian esta doctrina deciden vivir como a ellos les place, y no preocuparse por las cosas de Dios y la religión. La doctrina producirá efectos similares en los hombres no regenerados que la admiten, y la pervierten debido a sus razonamientos carnales para usarla con una tendencia no legítima.

Esta objeción a la elección se aplica igualmente a cada parte del propósito divino, y está basada en la suposición de que Dios ha predeterminado el fin sin tomar en cuenta los medios por los cuales será realizado. Dios tiene su propósito en la providencia igual como en la gracia; y Dios obra todas las cosas en cada área de sus operaciones según el consejo de su propia voluntad. Pero ningún hombre sabio diría, “Si he de tener una cosecha, la tendré, aunque are y siembre o deje de hacerlo; por lo tanto, no necesito trabajar ni preocuparme acerca de como obtener pan para comer”. El propósito de Dios deja a los hombres en completa libertad, dándoles igualmente ánimo para laborar por la comida que perece, como por la que no perece. El propósito de Dios nunca corta la conexión entre los medios y el fin, sino más bien la establece. No hay nada en una perspectiva correcta de la soberanía de Dios (no importa si se refiere a la gracia o a la providencia) para inducir la creencia de que el fin puede ser obtenido sin el uso de los medios apropiados; o de que tenemos motivos para dudar que se logre el fin, a pesar de que hemos usado los medios apropiados. La palabra de Dios nos asegura que, “el que cree en Cristo será salvo, y el que no cree será condenado”. No hay ninguna cosa en el propósito divino o en una perspectiva correcta de su propósito para anular estas declaraciones de su palabra. El propósito de Dios determina su propia acción, pero su palabra revelada es la regla de nuestra acción. Si actuamos de tal manera que tengamos la promesa de Dios a nuestro favor, podemos estar seguros de que su propósito estará a nuestro favor también. Pero su propósito no puede lograr la salvación de ninguno que permanezca en la impenitencia y la incredulidad, y bajo la condenación de su palabra revelada.

No obstante, es verdad que la elección desanima los esfuerzos humanos que están mal dirigidos. Humilla toda esperanza humana ante los pies del Dios soberano y le enseña a orar: “Señor, si quieres puedes limpiarme”. Termina con todo esfuerzo para salvarnos por nuestras propias obras de justicia y conduce al pecador a entregarse de inmediato a la misericordia soberana de Dios. Aquel que sabe que es condenado e incapaz de ayudarse a sí mismo, se entrega de todo corazón en la manos del Dios soberano, confiando enteramente en su gracia para salvación. La doctrina de la elección tiende a producir este tipo de confianza en Dios y una entrega completa de nosotros mismos a El. Y si rechazamos la doctrina deberíamos considerar al mismo tiempo, si no estamos rechazando nuestra única esperanza de vida eterna.

Objeción No.2  La doctrina de la elección no es favorable a los intereses de la moralidad. Si los hombres creen que Dios les ha destinado a la salvación o a la condenación en base a Su propio beneplácito, sin tomar en cuenta sus obras; entonces el motivo para hacer buenas obras con la expectación de recibir recompensas o castigos en el futuro, dejará de influenciarles.

Respuesta: En el día último, los hombres serán juzgados conforme a sus obras. La elección divina de los hombres para la santidad y la obediencia, y la gracia otorgada a ellos para hacerles santos y obedientes, no cambian la norma por la cual el juicio final será pronunciado. Por lo tanto, ellas dejan que la expectativa de retribución futura tenga su pleno efecto sobre las mentes de los hombres. Nadie será condenado en base al mero placer de Dios. Cada sentencia de condenación será pronunciada por los pecados cometidos. Entonces, el temor del castigo futuro debería detener a los hombres de cometer el pecado. Nadie tiene derecho de esperar aceptación en el gran día si no ha servido a Dios con sinceridad y perseverancia en la vida presente. Una creencia de que Dios por su gracia inclina a algunos hombres a servirle, y que ha determinado desde la eternidad concederles su gracia, no puede disminuir “en una mente sana” la influencia correcta que surge de la expectativa de una retribución futura; ni tampoco puede producir indiferencia respecto a las exigencias de la moralidad. Al elegir a los hombres a la salvación, Dios no ha diseñado ningún método distinto para lograr sus propósitos soberanos respecto a ellos, salvo el método de hacerlos santos y obedientes. Por lo tanto, la doctrina de la elección enseña la necesidad indispensable de santidad y obediencia para la salvación. La doctrina es pervertida y abusada cuando los hombres la convierten en un pretexto para la indulgencia en el pecado.

Objeción No.3  La doctrina de la elección presenta a Dios como parcial, y es por lo tanto inconsistente con la enseñanza de la Escritura que enseña que, “La sabiduría que procede de lo alto es … imparcial” (Stg. 3:17 Versión Actualizada).

Respuesta: La sabiduría que es de lo alto, la cual Santiago afirma que es imparcial, mora en la mente de los hombres cristianos y es ejercitada en su contacto con la raza humana. Esta sabiduría no les inclina, ni les obliga a que sientan afecto igual hacia todos, ni tampoco que hagan bien igualmente a todos. Los límites de la justicia exigen que cada hombre reciba lo que merece, y si violamos esa regla con parcialidad, entonces es injusticia. Con respecto a la benevolencia, el hombre cristiano no está obligado a otorgar sus favores por igual a todos sus semejantes. La sabiduría que es de lo alto le guía en la distribución de sus favores por otras reglas.
Así pues Dios, la fuente de toda sabiduría, es sin parcialidad en la administración de su justicia; pero en el otorgamiento de su gracia, El actúa como soberano y exige y ejerce el derecho de hacer lo quiere con lo que es suyo. La parcialidad en un juez que pretende administrar la justicia es un grave mal; pero el mismo juez puede otorgar su favor especial sobre sus propios hijos, o amigos cercanos, o sobre personas escogidas como objetos de su caridad, sin ninguna acusación justa de cometer injusticia. Acusar a Dios de parcialidad porque El otorga sus favores como le place es menospreciar su soberanía y negar indirectamente su derecho de hacer lo que quiere con lo que es suyo. Dios puede decir al hombre que le hace esta acusación: “¿No me es lícito a mí hacer lo que quiero con lo mío? o ¿Es malo tu ojo porque yo soy bueno?” (Mat. 20:15).

Objeción No. La doctrina de la elección presenta a Dios como uno que hace acepción de personas; pero Pedro afirmó “que Dios no hace acepción de personas” (Hech. 10:34).

Respuesta: La frase “acepción de personas” tiene diferentes significados en conformidad a la manera en que es usada. Podemos afirmar que Dios hace, en un sentido de la frase, acepción de personas porque su Palabra declara que “miró con agrado Dios a Abel y a su ofrenda” (Gen. 4:4). Los primeros creyentes fueron enseñados a no hacer acepción de personas, dando en sus asambleas religiosas un lugar superior a los ricos y a los mejor vestidos. (Stg. 2:3) A los jueces hebreos les fue requerido que no hicieran acepción de personas, favoreciendo a algunos por encima de otros. (Vea Lev. 19:15) En este sentido, Dios no hace acepción de personas. Ante El, los ricos y los grandes de la tierra son como nada. Y sin embargo, El hace acepción de personas respecto a los creyentes, no importando cuán humildes y menospreciados sean entre los hombres. Cuando Pedro afirmó que Dios no hace acepción de personas, se estaba dirigiendo al primer grupo de personas incircuncisas a las cuales el Evangelio fue predicado; y sus palabras sin lugar a dudas, señalaban la aceptación por igual de los gentiles y los judíos, a los privilegios y las bendiciones del Evangelio. “Dios no hace acepción de personas; sino que de cualquier nación que le teme y obra justicia, se agrada.” (Hech: 10:34–35) Estas palabras no expresan nada contrario a lo que Pedro dice en otro texto: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de Aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no érais pueblo, pero ahora sois pueblo de Dios.” (1 Pe. 2:9–10)

Objeción No.5  La doctrina de la elección presenta a Dios como insincero. El invita a todos los hombres a que participen de las bendiciones del Evangelio; y sin embargo, si esta doctrina es verdad, las bendiciones del Evangelio no están determinadas para todos.

Respuesta: Si la palabra de Dios enseña la doctrina de la elección, y si la palabra contiene mandamientos e invitaciones para todos los hombres a que busquen la salvación por medio de Cristo, es sumamente presuntuoso por nuestra parte acusar a Dios de ser insincero, porque no podemos reconciliar estos dos aspectos. Debemos recordar que somos gusanos de la tierra, y que es criminal arrogancia en nosotros juzgar y condenar al Dios infinito. Pero, en verdad, no hay ninguna base del todo para acusar a Dios de insinceridad. Dios exige que todos los hombres crean en Cristo; y este es su deber, no importa cuán indispuestos estén para cumplirlo. El hecho de que no quieran creer, y que Dios sabe que permanecerán indispuestos a creer a menos que El mismo cambie sus corazones, no quita nada de la sinceridad de la exigencia. Dios prueba su sinceridad haciéndoles responsables ante su exigencia y condenando su incredulidad. El promete salvación a todos los que creen en Cristo; y comprueba su sinceridad cumpliendo su promesa en cada instancia. El otorgamiento de gracia especial que cambia los corazones de los hombres y les trae a creer en Cristo no es en ningún sentido inconsistente con ninguna promesa o exigencia que Dios haya hecho. Mientras que los hombres consideren el llamamiento del Evangelio como una invitación la cual pueden recibir o rechazar según su agrado, les conviene cuestionar si la invitación es sincera o no. Pero, cuando los hombres consideran la invitación como una solemne exigencia y su deber, por la cual Dios ciertamente les hará responsables, ya no tratarán de encontrar pretextos para cuestionar la sinceridad de la invitación.

Objeción No.6  La doctrina de la elección limita la benevolencia de Dios solo a una parte de la raza humana; pero las Escrituras enseñan que, “Bueno es Jehová para con todos; y sus misericordias sobre todas sus obras” (Sal. 145:9).

Respuesta: Dios es benigno con los ingratos y los malos, y otorga bendiciones a los justos y a los injustos; pero su benevolencia, aunque es infinita, no produce en cada una de sus criaturas el más alto grado de felicidad. En el mundo que habitamos abunda la miseria, y las Escrituras nos advierten de que hay un mundo de tormento inmitigable al cual los hombres malvados serán arrojados para ser castigados por sus pecados, juntamente con el diablo y sus ángeles. La justicia de Dios limita el ejercicio de su benevolencia. Aún si negáramos la doctrina de la elección, todavía sería cierto que la benevolencia de Dios efectuará la salvación solamente de una parte de la raza humana. Ahora, a menos que se pueda demostrar que la elección de gracia disminuye el número de los salvos, ninguna objeción puede prevalecer contra ella (con respecto a la benevolencia de Dios). Pablo no consideraba la elección como algo que disminuyera la bondad divina. Según su perspectiva de este asunto, todo Israel hubiera sido desechado si Dios no hubiese reservado un remanente por la elección de gracia. (Vea Rom. 11:1–5). Y lo que es cierto respecto a la nación de Israel, es cierto también con respecto a todas las demás naciones. Existen causas aparte de la elección, las cuales impiden el flujo de la bondad divina a los hombres pecaminosos; y la elección, en vez de incrementar los obstáculos, abre un camino por el cual la misericordia divina pueda fluir para bendecir y salvar a los perdidos.

Objeción No.7  La doctrina de la elección, al enseñar que Dios ha reprobado a una parte de la raza humana a la miseria y a la desesperación, le presenta a El como un ser horrible.

Respuesta: Los hombres pecaminosos están en verdad reprobados, no por la elección de gracia, sino por la justicia de Dios; pero su reprobación no es sin esperanza mientras que el Evangelio de la salvación resuene en sus oídos. Sin embargo, la única esperanza de la cual son autorizados a echar mano surge del amor electivo de Dios. En vez de cubrir las esperanzas de los hombres con la obscuridad de las tinieblas, la doctrina de la elección manda un rayo de esperanza, la única esperanza posible de iluminar las tinieblas.
La justicia de Dios algún día condenará a los que permanecen en la impenitencia, igual como ya ha condenado a los ángeles caídos a la miseria sin esperanza. El aspecto desagradable del carácter divino que esta objeción encuentra es la justicia que les parece horrible a los que son obreros de iniquidad. Si la elección de gracia fuera a aniquilar por completo la justicia de Dios, recibiría las alabanzas de los hombres inconversos; pero nunca hará tal cosa. Ni la bondad infinita de Dios puede hacer esto. Si los hombres pronunciaran el carácter de Dios como no amable porque El es justo y condena a los seres pecaminosos a la miseria sin esperanza, entonces demostrarían por lo tanto que no aman al Dios que las Escrituras revelan y al Dios por quien han de ser juzgados. Su pleito contra la doctrina de la elección en realidad es un pleito contra la justicia de Dios (la justicia de la cual la elección no les ha librado).

De los obreros de la viña quienes recibieron cada uno su denario, aquellos que habían llevado el calor y la carga de todo el día, se quejaron de que quienes laboraron solamente una hora, recibieron el mismo pago como ellos. La ocasión de esta queja no habría existido si nadie hubiera recibido más de lo que le correspondía en estricta justicia, conforme a la cantidad del servicio prestado. Así pues, si toda la gracia fuera detenida de la raza humana, y cada uno recibiera de Dios lo que sus hechos merecen en estricta justicia, no existiría ninguna ocasión para que esta misma objeción fuese levantada contra la elección de Dios. Pero, ¿Esto les ayudaría en algo a los hombres? o ¿Haría a Dios más amable? El Señor en la parábola contestó esta objeción en la siguiente manera: “amigo, no te hago agravio… ¿No me es lícito a mí hacer lo que quiera con lo mío? ¿Es malo tu ojo porque yo soy bueno?” (Mat. 20:13, 15). Así se nos muestra como silenciar las objeciones a la soberanía de la gracia divina. Mientras que Dios no hace mal a ningún hombre aunque hace lo que quiere con lo que es suyo, nos conviene postrarnos ante su soberanía y reconocer que El es infinitamente atractivo en todas sus perfecciones.

No contentos con el Dios que la Biblia revela, (Quien hace su voluntad en los ejércitos del cielo y entre los habitantes de la tierra), los hombres se fabrican para sí mismos un Dios más amable según su punto de vista, que el Dios de la Biblia. Si los hombres no se atreven a quitarle su justicia (y así asegurar la salvación de todos), tratarán de inventar un método de salvación que les agrade más. Su meta es la de librar a Dios de la responsabilidad de determinar quienes han de ser salvos. Entonces formularán un plan, y fijarán los términos de la salvación con el propósito de hacer que los resultados dependan de las acciones de los hombres. Su plan de salvación (si son honestos tienen que admitirlo) no aseguraría la salvación de todos los hombres. Si el infinito y sabio Dios fuera a adoptar tal plan, El sabría de antemano todos sus resultados y precisamente cuántas y cuáles personas serían salvas al final. Ahora, si Dios hiciera que este plan humano fuera el suyo (con el preconocimiento de sus resultados), entonces sería Su plan e igualmente fijaría tan definitivamente la salvación de aquellos que habían de ser salvos, como con Su propio plan (¡dejando igualmente al resto de la humanidad en la perdición tal como el plan divino los deja ahora!) Un plan de fabricación humana pudiera concordar mejor con el punto de vista de gusanos finitos como nosotros que no sabemos el fin desde el principio. Pero si Dios lo fuera a adoptar, entonces El sería responsable para efectuarlo hasta sus últimas consecuencias. Al seleccionar Su propio plan, Dios lo escogió con el pleno conocimiento de cuales serían todos sus resultados. Como el plan es Su plan escogido, así el pueblo que será salvo es su propio pueblo escogido. Tenemos que probar que nuestro plan sería mejor, antes de que pudiéramos mantener que el dios de nuestra imaginación sería más bondadoso que el Dios de la Biblia.

Cada plan de salvación que deja el asunto dependiente de la voluntad humana es defectuoso. Siempre se ha encontrado que los hombres no vendrán a Cristo para tener vida. El Evangelio es predicado a cada criatura, pero todos a una piden ser excusados. La voluntad del hombre tiene que ser cambiada, pero este cambio no puede ser efectuado por la voluntad misma. La gracia divina tiene que intervenir. A menos que Dios obre en el pecador tanto el querer como el hacer, la salvación es imposible. Dios sabe la fuerza de oposición que su gracia encontrará en cada corazón, y también la cantidad de influencia necesaria que vencerá dicha oposición. El da o retiene esa influencia conforme a su beneplácito. El tiene su propia regla para actuar en este asunto, una regla infinitamente sabia y buena. Con el pleno conocimiento de cómo esta regla afectará a cada caso en particular, El persevera en actuar conforme a ella, no importa como los hombres se quejen. La regla la cual la sabiduría infinita adopta tiene que ser la mejor.

 

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