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LA CONVERSIÓN DE LIDIA Y EL CARCELERO DE FILIPOS

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LA CONVERSIÓN DE LIDIA Y EL CARCELERO DE FILIPOS

La Conversión de Lidia, 16:13–15.

Sin duda pocos judíos vivían en Filipos; diez hombres era el número mínimo para el establecimiento de una sinagoga y aparentemente no la había en esta ciudad. En el día de reposo, los apóstoles se unieron a un grupo de mujeres que se reunían para la oración en un lugar junto al río, fuera de la ciudad. Entre las mujeres de que se hace mención especial está una llamada Lidia, temerosa de Dios (Lidia fue nombrada por su país nativo, en que era natural de Tiatira, ciudad de Lidia en Asia, ver Apoc. 2:18). La arqueología ha demostrado que era ésta una ciudad en la que florecía la industria de la púrpura. Lucas nos dice que Lidia era vendedora de púrpura.

A través del Espíritu del Señor Lidia abrió su corazón para responder por fe a lo que Pablo le habló. Lucas nos dice que ella y su familia recibieron el bautismo. Lo mismo sucedió en el caso de Cornelio (10:48), en el caso del carcelero de Filipos (16:32) y con Crispo en Corinto (18:8). Estos versículos no dan base para el bautismo infantil. No hay indicación de que su casa (o su familia) incluyera en estas ocasiones a sus niños. Probablemente sus sirvientes y sus asociados estaban incluidos, pero no hay indicación tampoco de que la fe de Lidia, de Cornelio o de Crispo alcanzara para los otros miembros de la casa. El mismo Espíritu del Señor que abrió los corazones de estos tres estaba presente para abrir también el corazón de su familia.
Un comentario destaca que la casa de Lidia se convirtió en el hogar de los misioneros (v. 15) y en la primera iglesia en Filipos (ver v. 40).

Pablo y Silas en la Cárcel de Filipos, 16:16–24.

No se sabe cuánto duró la actividad de los misioneros en Filipos. A pesar de la nota del v. 12 (algunos días), es casi seguro que debió haberse prolongado por lo menos por varias semanas (v. 18, muchos días). Pablo, pues, tuvo suficiente tiempo para establecer allí una comunidad floreciente, por la cual sintió un afecto especial (Fil. 4:15, 16).
De cuanto haya ocurrido en este tiempo, Los Hechos no conservan más que un episodio, el que terminará en la interrupción violenta de la obra misionera. Note que el primer conflicto entre el cristianismo y el paganismo no fue sobre doctrina sino sobre dinero. Los amos de la joven esclava usaban su espíritu de adivinación (v. 16) para recibir ganancias mediante la adivinación del futuro. Según el texto griego, la joven poseía el espíritu “pitón” y practicaba la adivinación. Según una leyenda mitológica muy extendida por el mundo grecorromano, Pitón era el nombre de la serpiente que en un principio había pronunciado los oráculos en Delfos, y que fue muerta por Apolo, quien la substituyó en su función de adivinar. La persona que tenía el “espíritu de Pitón” tenía poder para hablar inspiradamente. De acuerdo con algunos escritores griegos, los sacerdotes de Pitón eran ventrílocuos. La joven esclava pudo haber sido ventrílocua, y perdió su poder de hablar cuando le fue quitado el espíritu de Pitón.
La joven que tenía espíritu de adivinación (v. 16) según se desprende del modo de hablar de Pablo, era evidentemente una poseída, cuyos oráculos y adivinaciones se debían a la influencia diabólica (v. 18). Lucas conserva la expresión “espíritu pitónico”, de origen pagano, en sentido general de espíritu de adivinación, sin que el uso de esa expresión signifique, ni mucho menos, que el evangelista creía en la existencia o realidad de Pitón.
Movida por el demonio que llevaba adentro, evidentemente la joven reconoció la misión divina de los apóstoles, corrió tras ellos y a grandes voces hizo pública su convicción. La expresión Dios Altísimo (v. 17) era de uso frecuente para referirse al Dios judío en los círculos paganos que habían entrado en contacto con el judaísmo. En esta ocasión la esclava representaba a los paganos que deseaban encontrar una deidad suprema y la salvación que les librara de los malos espíritus. El camino de salvación (v. 17) es el camino que se ha de seguir si se quiere conseguir la salvación (v. 30). Al escuchar las enseñanzas de Pablo y sus compañeros, la joven llegó a entender que estaban proclamando el camino de liberación del destino. Lucas implica que el espíritu de Pitón que estaba dentro de ella reconoció la verdad del mensaje presentado por Pablo y le hizo pronunciar repetidamente el oráculo. A pesar de que se presentaban alabanzas a los misioneros, éstas no agradaron a Pablo. A Pablo, como en otro tiempo a Jesús (Mar. 1:25; 3:12; Luc. 4:35), no le interesaron los testimonios favorables salidos de la boca de una que estaba poseída; y al ser molestado Pablo ordenó al demonio salir de la mujer. Así sucedió, y la muchacha perdió la habilidad de adivinar los eventos del futuro. No es claro si la joven fue convertida o no, cuando le salió el espíritu.
Pero los dueños, gravemente perjudicados en sus ingresos, arrastraron a Pablo y Silas a la presencia de los jueces. En la acusación contra los misioneros, apelando a un cargo más efectivo, los inculparon de andar sembrando la inquietud con su predicación de costumbres e ideas religiosas extrañas, que al pueblo romano no era lícito recibir ni practicar. También a eso añadieron los amos que ambos predicadores eran judíos. Los judíos gozaban en aquel entonces de amplia tolerancia en el imperio romano; sin embargo es cierto que en algunos lugares no se hacía caso de tales privilegios. De todos modos no les era permitido hacer proselitismo entre los romanos. Así pues, se les acusó de actividades proselitistas. La acusación pretendía excitar el prejuicio de la gente y de los gobernantes, y su plan tuvo éxito.
Después de la pena de los azotes, Pablo y Silas son encarcelados y sometidos a una vigilancia especial, con los pies bien sujetos en el cepo. Normalmente los calabozos se cavaban en la roca al borde de la colina en la cual estaba construida la ciudadela. La perspectiva era terrible, pues los así encadenados sólo podían estar echados en el suelo, o a lo mejor sentados; y en esta ocasión se daba el agravante de que tenían el cuerpo totalmente llagado por los azotes. Más adelante, como a algo que le ha quedado muy grabado, aludirá Pablo a estos sufrimientos en Filipos (ver 1 Tes. 2:2).

Conversión del Carcelero de Filipos, 16:25–40.

Este evento representa un clímax y es uno de los pasajes claves de Los Hechos. ¿Cómo puede ser salvo un pagano? Seguramente este carcelero de Filipos no poseía ninguna orientación en el judaísmo. Sólo unas pocas mujeres se reunían para orar, y no hay evidencia de una sinagoga en la ciudad. Se encuentra aquí el primer caso absoluto de una conversión gentil fuera del paganismo y aparte de la influencia judía.
Los samaritanos eran en parte israelitas y reverenciaban la Tora; los convertidos prosélitos habían abrazado completamente el judaísmo; el eunuco etíope y Cornelio eran temerosos de Dios y anteriormente habían sido estudiantes de judaísmo, como fueron otros ganados al cristianismo a través de las sinagogas. Pero aquí es un pagano cuya salvación es por pura fe en el Señor Jesús, sin la influencia de la circuncisión ni de la sinagoga. Ahora el último grupo había sido alcanzado; hasta el fin del mundo, no tanto geográfica sino teológicamente. En Gálatas 3:8 Pablo escribe: Y la Escritura, habiendo previsto que por la fe Dios había de justificar a los gentiles, anunció de antemano el evangelio a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.
A pesar de los malos tratos y del dolor, Pablo y Silas no se sienten desgraciados (ver 5:41); por el contrario, se ponen a orar, y a eso de la medianoche su oración se cambia en un canto de alabanza a Dios, hasta tal punto que los demás prisioneros se despiertan y los escuchan maravillados. Sobrevino entonces de improviso un terremoto que sacudió los cimientos del edificio y soltó las cadenas que unían a los prisioneros a las paredes. No cabe duda que Lucas presenta este terremoto como algo milagroso, de modo parecido a lo que sucedió en 4:31, pues un terremoto ordinario no abre puertas y suelta grillos. El terremoto despertó al carcelero, quien corrió hasta la prisión porque era responsable con su propia vida por los prisioneros. Al observar las puertas abiertas supuso que se habían escapado todos los prisioneros. Al momento de querer suicidarse la voz de Pablo desde el interior de la prisión detuvo su acción. Pablo le informó que ningún prisionero había huido.
La pregunta del carcelero penetró hasta el punto clave: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? (v. 30). La respuesta, Cree en el Señor Jesús y serás salvo (v. 31), si valía para este hombre, sería válida para cualquier hombre. Probablemente sabía que aquellos dos se habían presentado como enviados de Dios para anunciar a los hombres la salud eterna (es posible que hasta hubiera oído la predicación de Pablo), y estaba dispuesto ahora a prestar fe a sus palabras. En el curso de esa noche, él y toda su familia recibieron suficiente instrucción en la fe cristiana y se bautizaron. Lo interesante acerca de este hombre es que inmediatamente confirmó y probó su conversión por medio de hechos. Habiéndose convertido a Cristo lavó las heridas en las espaldas de los dos prisioneros y les dio de comer. En este momento su cristianismo se expresó en el acto de bondad más práctico. La disposición de los judíos a comer en la casa de un gentil y la actitud del carcelero, que cambió de un superior a la de un siervo para con los prisioneros, indica la transformación tremenda que produjo el evangelio.
La ley romana prohibía claramente el azotar en público a los ciudadanos romanos. Los magistrados habían pasado por alto un juicio justo para Pablo y Silas. Así es como en Jerusalén, el oficial que quería someter a Pablo a la flagelación se guardó de hacerlo tan pronto este alegó su condición de ciudadano romano (22:29). Pero, ¿por qué Pablo no quiso apelar también en esta oportunidad a su ciudadanía romana, e impedir así el verse sometido al castigo? No lo sabemos. Quizá, en circunstancias análogas, renunció también a hacer valer sus derechos (ver 1 Cor. 6:7). En esta ocasión, después que la turba se apaciguó y los magistrados se tranquilizaron, Pablo envió un mensaje a los oficiales diciendo que ellos eran ciudadanos romanos y habían sido tratados injustamente. Dándose cuenta de la seriedad de su ofensa, los magistrados rogaron a los apóstoles que se fueran de Filipos.

Lucas no nos informa de cuántos miembros de la iglesia estaban reunidos en el hogar de Lidia. Cuando los apóstoles entraron en la casa, habiendo visto a los hermanos, les exhortaron y luego partieron (v. 40).
Aunque Lucas había entrado con Pablo y Silas al lugar de oración (v. 13), él no fue llevado cautivo ni encarcelado. El usa pronombres en tercera persona (él, ellos) en vez de primera (yo, nosotros) para describir la experiencia de Pablo y Silas en la cárcel. Después de que el grupo partió de Filipos, Lucas continuó usando pronombres en tercera persona (17:1). Aparentemente, Timoteo se fue con Pablo y Silas, pero Lucas se quedó para cuidar de la joven iglesia.

LA CONVERSIÓN DE LIDIA Y EL CARCELERO DE FILIPOS

 

 

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