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JUDAS ISCARIOTE

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JUDAS ISCARIOTE

[Jesús dijo:] “Pero aquí en esta mesa, sentado entre nosotros como un amigo, está el hombre que me traicionará. Pues está establecido que el Hijo del Hombre tiene que morir. Pero ¡qué aflicción le espera a aquel que lo traiciona!” Lucas 22:21–22

JUDAS ISCARIOTE

La noche en la que fue traicionado por Judas, Jesús ofreció una plegaria que está registrada en el Evangelio de Juan: “Durante el tiempo que estuve aquí, los protegí con el poder del nombre que me diste. Los cuidé para que ni uno solo se perdiera, excepto el que va camino a la destrucción como predijeron las Escrituras” (Juan 17:12).
De todos los personajes que pasan por el escenario de la historia bíblica, ninguno es tan trágico ni tan despreciable como el de Judas Iscariote. Un poeta lo describió como

El ruin hombre de Judea que desechó una perla más preciosa que toda su tribu.

Hay algo horrible en la manera en que él traicionó a Cristo con un beso. Un predicador lo describió como “el siseo de un beso.”
Tampoco es para menos, entre los oscuros y sombríos aspectos de su vida, la forma en que murió. En este personaje hay un misterio de horror que lo hace típico de los traidores cobardes de todos los tiempos. Hasta Jesús dijo de él: “¡Para ese hombre sería mucho mejor no haber nacido!” (Mateo 26:24).
Thomas De Quincey, en su ensayo sobre Judas Iscariote, ha tratado de pintarlo meramente como un patriota fracasado. Lo describe como alguien que de verdad amó a Jesús y que se ahorcó porque había fracasado su confabulación para que Jesús asumiera el liderazgo político contra Roma, y el mismo Jesús fue ejecutado por error. El único problema con este y con otros intentos recientes de blanquear el carácter de Judas es que Jesús mismo impugnó esa interpretación antes de que Judas siquiera lo traicionara. Jesús dijo: “Yo los elegí a ustedes doce, pero hay uno de ustedes que es un diablo” (Juan 6:70).
Y nuevamente: “Pues el Hijo del Hombre tiene que morir, tal como lo declararon las Escrituras hace mucho tiempo. Pero qué terrible será para el que lo traiciona. ¡Para ese hombre sería mucho mejor no haber nacido!” (Mateo 26:24).

Pensamos de Judas como el peor de los traidores. Sin embargo, originalmente los discípulos no lo consideraban de esta manera porque aparentaba ser digno de confianza.

El nombre Judas Iscariote es una deformación de Judas de Kerioth. Kerioth era una ciudad pequeña algunas millas al sur de Hebrón. Judas fue el único de los apóstoles que no era galileo, sino de Judá. El nombre de su padre era Simón (Juan 13:2).
Hoy en día, el nombre de Judas es sinónimo de desprecio y de odio. Ninguna madre le pondría Judas a su hijo. Sin embargo, cuando Judas lo llevaba, era un nombre honorable. Uno de los patriotas más grandes de la nación judía fue Judas Macabeo. Uno de los hermanos de Jesucristo se llamaba Judas. En realidad, el nombre Judas no es más que otra forma de Judá. Judas, entonces, recibe su nombre por su tribu, la tribu de Judá.
Pensamos de Judas como el peor de los traidores. Aún hoy, la cabra que se usa como señuelo para llevar a las ovejas para ser sacrificadas en el matadero es conocida como la “cabra de Judas.” Una planta que crece en Oriente de aspecto atractivo pero de sabor amargo es conocida como “árbol de Judas.”
Sin embargo, originalmente los discípulos no lo consideraban de esta manera. Estuvieron perfectamente dispuestos a confiar en él porque aparentaba ser digno de confianza. Abiertamente, lo eligieron como su tesorero. No sólo eso; quedaron estupefactos cuando salió a la luz su traición.
Cuando Jesús aseguró que alguien lo traicionaría, los discípulos comenzaron a preguntarle: “¿Seré yo?” No preguntaron: “¿Será Judas?”
Probablemente Judas se haya hecho uno de los discípulos de Jesús cuando andaba en uno sus viajes de prédica por Judea. Al menos, es probable que Judas se encontrara con Jesús por primera vez en esa época, aunque su llamamiento a convertirse en discípulo podría haber tenido lugar en el Mar de Galilea.
Desde el momento de su llamado a ser un discípulo hasta la semana de la Pasión, no tenemos referencias específicas de Judas que describan alguna de sus actividades. El Evangelio de Juan deja constancia de algunas cosas, mayormente en retrospectiva para mostrar que el carácter de Judas fue oscuro desde el principio. (Faltaba casi un año para su crucifixión cuando Jesús dijo que Judas era un diablo. Por mucho que Judas haya engañado a los apóstoles, desde luego, no pudo engañar a Jesús.)
Alrededor de la época de la semana de la Pasión, empezamos a leer más acerca de su siniestro carácter. Cuando María ungió a Jesús con aceite, Judas le dijo: “ ‘Ese perfume valía el salario de un año. Hubiera sido mejor venderlo para dar el dinero a los pobres.’ No es que a Judas le importaran los pobres; en verdad, era un ladrón y, como estaba a cargo del dinero de los discípulos, a menudo robaba una parte para él” (Juan 12:5–6).
Jesús también hizo alusión a la inminente deserción de Judas cuando dijo: “El que come de mi comida se ha puesto en mi contra” (Juan 13:18).
Esta es una cita al Salmo 41:9. Parecía que mediante esas referencias veladas, Jesús estaba dándole a Judas todas las oportunidades de arrepentirse, como si le informara que él sabía en todo momento que iba a traicionarlo, pero avisándole que la puerta de la misericordia estaba abierta.
Hay muchas dificultades para conciliar en la vida de Judas. Antes que nada, debemos intentar responder la pregunta: “¿Por qué Judas se convirtió en discípulo?” Algunos han dicho que todo el tiempo intentó delatar a Jesús porque vio en él una amenaza para la nación judía. Otros sugieren que fue sincero durante un tiempo, pero luego entendió que Jesús no iba a cumplir con su destino como libertador político y, por consiguiente, buscó salirse del grupo buscando el favor de los sacerdotes, así como ganando cuanto dinero lamentable pudiera como precio por su traición. Hay quienes incluso han sugerido que Dios dispuso que Judas fuera un traidor, debido a las referencias proféticas del Antiguo Testamento. Sin embargo, esto debe ser desestimado, porque, sin duda, Dios no condena a nadie de antemano, ya que cada ser humano es libre de hacer su propia voluntad.

MATEO ESCRIBE

Llegó Judas, uno de los doce discípulos, junto con una multitud de hombres armados con espadas y palos. Los habían enviado los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor, Judas, había acordado con ellos una señal: “Sabrán a cuál arrestar cuando lo salude con un beso.” Entonces Judas fue directamente a Jesús.—¡Saludos, Rabí!—exclamó, y le dio el beso.

Jesús dijo:—Amigo mío, adelante, haz lo que viniste a hacer. Mateo 26:47–50

Tal vez lo más significativo que se pueda decir de Judas es que cuando se sintió apenado por cometer esa traición, no procuró compensar su pecado con Aquel a quien él había hecho daño, sino que acudió a sus cómplices, los sacerdotes, y allí buscó rectificarse. Y a causa de que las personas a las que él había servido en su egoísmo al final le fallaron, salió y se ahorcó.
La vida de Judas es una tragedia continua. De hecho, no hay un espíritu más trágico en toda la historia del mundo. Judas es el fracaso más grande que el mundo haya conocido jamás. Su vida es una lección que señala vívidamente los peligros latentes de nuestro peregrinaje espiritual.
En la International Standard Bible Encyclopaedia [Enciclopedia internacional estándar de la Biblia] se brinda un excelente resumen de los últimos días de Judas:

Después de la traición, Marcos, Lucas y Juan guardan silencio en cuanto a Judas, y los relatos dados en Mateo y en Hechos sobre su remordimiento y muerte varían en los detalles. Según Mateo, la sentencia sobre Jesús despertó el sentido de culpa en Judas, y cuando se sintió aún más abatido por el rechazo de los principales sacerdotes y los ancianos, “arrojó las piezas de plata dentro del santuario y se fue; y salió y se ahorcó.” Con ese dinero, los sacerdotes compraron el campo del alfarero, posteriormente llamado “el campo de sangre” y de este modo se cumplió la profecía de Zacarías (11:12–14) que Mateo le atribuye a Jeremías (Mateo 27:2–10). El relato brindado en Hechos 1:16–20 es mucho más breve. No menciona el arrepentimiento de Judas ni los jefes de los sacerdotes; solamente expone que “Judas había comprado un campo con el dinero que recibió por su traición. Allí cayó de cabeza, se le reventó el cuerpo y se le derramaron todos los intestinos” (vers. 18). El autor de Hechos ve en esto el cumplimiento de la profecía de Sal. 69:25. La traducción de la Vulgata: “Cuando se hubo colgado a sí mismo, cayó y se reventó,” sugiere un modo de conciliar los dos relatos.

La vida de Judas señala los peligros latentes en nuestro peregrinaje espiritual. Cuando las personas a las que él había servido en su egoísmo al final le fallaron, se ahorcó.

Según un relato legendario mencionado por Papías, la muerte de Judas fue a causa de la elefantiasis (compárese Hennecke, Neutestamintliche Apokryphen, 5). El llamado “Evangelio de Judas” estuvo en uso entre la secta gnóstica de los cainitas.

… Es significativo que entre los discípulos sólo Judas fuera de origen sureño; y las diferencias de temperamento y punto de vista social, junto con los abundantes prejuicios que generalmente suelen ocasionar, pueden explicar en parte, aunque no justificar, su posterior traición: la falta de simpatía que existía entre Judas y el resto de los Apóstoles. Sin duda, él tenía cierta habilidad para los negocios, y por eso fue nombrado el cuidador de la bolsa. Pero su corazón no podría haber sido honrado, ni siquiera desde el comienzo, ya que incluso administró su primer cargo deshonestamente. El cáncer de esta avaricia se extiende desde lo material a lo espiritual. Para ninguno de los discípulos el desvanecimiento del sueño de un reino terrenal de pompa y gloria trajo más desilusión que para Judas.
Las cuerdas de amor mediante las cuales Jesús gradualmente atrajo hacia sí el corazón de los discípulos, las enseñanzas con las que él sustentó sus almas por encima de todas las cosas terrenales, fueron lazos irritantes para el egoísmo de Judas. Y de su codicia opresiva y de su ambición defraudada brotaron la envidia y el rencor y el odio. Fue el odio, no de un hombre fuerte, sino de un hombre esencialmente débil. En lugar de distanciarse abiertamente de su Señor, él siguió siendo aparentemente uno de sus seguidores, y este contacto continuo con una bondad a la que él rehusaba rendirse (compárese con Swete sobre Marcos 14:10), y la amargura por los reproches de su Maestro dieron fácil entrada a “Satanás en su alma.” Pero si él “conocía el bien y no lo hizo” (compárese con Juan 13:17), también fue débil en el cumplimiento de sus viles propósitos. Fue esta indecisión, más que una astucia diabólica, la que lo indujo a permanecer hasta último momento en el aposento alto, lo que provocó el comentario de Jesús: “Apresúrate a hacer lo que vas a hacer” (Juan 13:27). Una muestra de su debilidad de espíritu fue su intento de echarle la culpa a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos (compárese Mateo 27:3, 4). Buscó enmendarse a sí mismo, no con el inocente Jesús a quien él había traicionado, sino con sus cómplices en el crimen; y debido a que ese mundo, que el egoísmo había hecho su dios, le falló al final, se fue y se ahorcó. Fue el fin de alguien que había apoyado una gran causa con un espíritu de especulación y una ambición egoísta, y que no sopesó las aterradoras consecuencias a las que podían llevarlo esos motivos impuros (compárese también con [A. B.] Bruce, Training of the Twelve [El entrenamiento de los doce]; [Henry] Lathan, Pastor Pastorum; [James] Stalker, Trial and Death of Jesus Christ [Juicio y muerte de Jesucristo].

Existe escaso material sobre Judas en cualquiera de las fuentes apócrifas. En la obra El evangelio árabe de la infancia, se relata que Judas estaba poseído por un demonio desde su niñez. A lo largo de toda la historia, los hombres han procurado psicoanalizar la mente de Judas. En The Dictionary of Christ and the Gospels [El diccionario de Cristo y los Evangelios)], J. G. Tasked cita dos veredictos sobre Judas. Lavater dice de Judas: “Judas obraba como Satanás, pero como un diablo que tenía en él la posibilidad de ser un apóstol.” Pressence dijo de Judas: “Ningún hombre podía ser más semejante a un demonio que un apóstol pervertido.”
Una guía de Jerusalén declara:

Acéldama (Campo de Sangre) es el nombre dado al presunto “Campo del Alfarero” que fue comprado con las 30 piezas de plata que Judas había ganado por traicionar a Jesús. Judas, arrepentido de su acto, lanzó el dinero a los pies de los sacerdotes, quienes no estuvieron dispuestos a aceptarlo porque era “precio de sangre.” Luego de que Judas se suicidara, el dinero fue usado para comprar un campo que sirviera de sepultura para los extranjeros (Mateo 27:3–10). En la actualidad, el convento griego de San Onipruis indica el sitio que está plagado de tumbas talladas en piedra llenas de cráneos y huesos de los peregrinos que han sido enterrados a lo largo de los años en el campo del alfarero, el Campo de Sangre. El lugar de escondite tradicional de los Apóstoles durante el juicio de Jesús se muestra dentro del convento en una tumba excavada en la roca que ha sido adecuadamente llamada la “Cueva de los Apóstoles.”

 

 

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