Madrid, España

JUAN EL BAUTISTA

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JUAN EL BAUTISTA

JUAN EL BAUTISTA

Fue el último y el más grande de los profeta  designado por el Espíritu Santo como el precursor de Cristo.

JUAN EL BAUTISTA.

Después de 400 años de no escuchar voz profética en Israel, “vino palabra de Dios a Juan” (Lc. 3:2). Como niño de promesa, él sería “lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre” (1:15). Esto lo designaba como profeta que, por el Espíritu Santo, hablaría el mensaje de Dios a su pueblo “con el espíritu y el poder de Elias” (v. 17). Como tal, recibió el honor de ser la consumación de un orden profético que guió hacia la venida de Jesucristo. Debido a su posición única entre el antiguo orden y la venida del reino, Jesús lo declaró como el más grande de los profetas, mientras que, al mismo tiempo, puso de manifiesto que “el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él” (Mt. 11:11).

La orden de Dios a Juan fue que llamara a la gente al arrepentimiento y anunciara la venida del Señor y de su reino, y que comunicara la promesa del doble bautismo con el Espíritu Santo y fuego (Mt. 3:11; Mr. 1:8; Lc. 3:16; Jn. 1:33).

Juan designó al que venía como Aquel que “es antes de mí; porque era primero que yo” (Jn. 1:30); como Aquel “que bautiza con el Espíritu Santo” (v. 33); y como el “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (v. 29).
El bautismo de Juan estaba muy relacionado al arrepentimiento y al perdón. Él “predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados” (Mr. 1:4). Juan no perdonaba pecados ni podía hacerlo. “Pero el bautismo de Juan era la expresión del arrepentimiento que resultaba en el perdón de los pecados”.

El mensaje de Juan se centró en el arrepentimiento, un cambio radical de mente y de corazón. Usando Isaías 40:3–5 como trasfondo, Juan previno de la “ira venidera”. Pidió “frutos dignos de arrepentimiento” y anunció el juicio usando la figura del hacha y el fuego (Lc. 3:3–9). Y a las multitudes inquisidoras, a los recaudadores de impuestos y a los soldados les dio instrucción específica de las implicaciones morales del verdadero arrepentimiento (vv. 10–14).
El bautismo de Juan incluyó a Jesús, aunque por una razón diferente que al resto de la gente. La identificación total de Jesús con la necesidad del hombre incluyó su participación en el símbolo de la necesidad humana de perdón y limpieza, que en este nuevo orden sería posible por medio de la vida, muerte y resurrección redentoras de Jesucristo. Por lo que, Juan pudo decir a Jesús: “Yo necesito ser bautizado por ti” (Mt. 3:14).

Introducción

Hijo de Zacarías y Elizabet. Pariente de Jesucristo. Bautizaba personas para que se arrepintieran de sus pecados. Lo decapitaron por orden de Herodes Antipas a pedido de su hijastra/sobrina.

Los relatos escritos más antiguos sobre Juan el Bautista se encuentran incorporados en los relatos más extensos de los cuatro Evangelios. Incluso considerando la fecha más antigua para la composición de los Evangelios, existe una brecha cronológica importante entre el Juan de la historia (ca. 6 a.C. a 36 d.C.) y la fecha tradicional más antigua del Evangelio de Marcos: 64–65 d.C. (Ireneo, Haer. 3.1.1).
La Iglesia Ortodoxa Oriental, la Iglesia Católica, el Islam (al igual que formas de misticismo islámico como el sufismo), y el bahaísmo todos tienen eventos anuales para conmemorar a Juan, y hay abundantes retratos artísticos de Juan en las tradiciones protestantes. Juan es también el santo patrono de muchos lugares del mundo. Un pequeño grupo conocido como mandeos, de algunas regiones de Irak e Irán, afirman que son descendientes del movimiento original iniciado por Juan el Bautista.
Los aspectos más importantes de Juan el Bautista se ven tanto en su trasfondo histórico como en su relación con Jesús de Nazaret.

Fuentes

Hay referencias explícitas a Juan el Bautista en los cuatro Evangelios, en Hech 18:24–19:6, y en Josefo, Ant. 18.5.2. Referencias posteriores aparecen en una amplia variedad de literatura que incluyen: las Seudoclementinas I.60, el Evangelio de los Nazarenos (una reconstrucción basada en citas patrísticas), el Evangelio de los Hebreos, y el Protoevangelio de Santiago. Diversos autores cristianos también hacen referencia a Juan el Bautista: Justino Mártir, Tertuliano, Hipólito, y Orígenes. Epifanio también afirma que a Juan se lo menciona en el inexistente Evangelio de los Ebionitas.

Etimología

“Bautista” era el apellido que se le dio a Juan en referencia con la actividad que realizaba. Hay cuatro usos principales de esta raíz en el Nuevo Testamento griego:

(1) βάπτισμα (baptisma), “bautismo”. El rito del agua que se practicaba para renovar o establecer una relación con Dios.
(2) βαπτισμός (baptismos), “lavado, bautismo”. También se puede referir al acto general de sumergir un objeto en el proceso de purificación ritual.
(3) βαπτιστὴς (baptistēs), “el Bautista”. El apellido que se le dio a Juan.
(4) βάπτω (baptō), “sumergir algo en agua u otro líquido” (comparar BDAG para una lista exhaustiva de referencias en las fuentes judías y cristianas antiguas).

En los Evangelios aparecen diferentes nombres para Juan:

  • Mar 1:4-Ἰωάννης ὁ βαπτίζων (Iōannēs ho baptizōn), con la forma en participio de βάπτω (baptō).
    • Mat 3:1-Ἰωάννης ὁ βαπτιστὴς (Iōannēs ho baptistēs), “Juan el Bautista” apellido.
    • Luc 3:2-Ἰωάννην τὸν Ζαχαρίου υἱὸν (Iōannēn ton Zachariou huion), “Juan hijo de Zacarías”.
    • Juan 1:19-Simplemente se refiere al “testimonio de Juan”.

Mientras que hay un debate histórico en la iglesia sobre el tipo de lavado que describe el bautismo, el sentido del bautismo claramente apunta a una asociación entre el uso del agua y algún tipo de trasformación o transición simbólicos. Los términos usados en el Nuevo Testamento amplían los límites semánticos de la simple inmersión. Cada contexto claramente colorea el término con diversos matices. “Bautismo” puede aludir a la experiencia del éxodo de Israel desde Egipto y también aparece como un símbolo de la crucifixión (1 Cor 10:2; comparar Luc 12:50). La palabra se refiere generalmente al bautismo de Juan, a la antigua práctica de los seguidores de Cristo, o a los usos metafóricos mencionados arriba.

En la Septuaginta, el verbo βάπτω (baptō) se traduce generalmente del hebreo טָבַל (taval), “sumergir” y se refiere al rito de purificación (Jdt 12:7). El verbo βαπτίζω (baptizō) aparece cuatro veces con más matices. En Isa 21:4 se lo usa metafóricamente para referirse a la destrucción, pero en 2 Rey 5:14 se lo usa en la voz media (e. d., un aspecto del sistema verbal griego) para describir el bautismo de Naamán en el Jordán. “Esto es significativo porque en este caso, no hay nada que sugiera la destrucción de Naamán. El uso de βαπτίζω (baptizō) en la historia de Naamán probablemente fue decisivo para su uso posterior en la voz media con el significado de baño ritual de purificación” (Ysebaert, Greek Baptismal Terminology).
En el Nuevo Testamento, el verbo βαπτίζω (baptizō), “bautizar” se puede referir tanto a la purificación ritual antes de comer como al perdón de los pecados (Luc 11:38). El paralelo en Mat 15:2 de Luc 11:38 cambia βαπτίζω (baptizō) por νίπτω (niptō), que es la palabra griega normal para “lavado de manos”.

JUAN EL BAUTISTA

                                              El nacimiento de juan el bautista

                                        

Trasfondo e Intertextualidad

Los autores de los Evangelios elaboraron sus relatos en torno a Juan el Bautista con usos tipológicos creativos de las Escrituras. Los que siguen serán analizados brevemente ya que ayudan a dilucidar la identidad y la función de Juan: El uso tipológico de textos proféticos de las Escrituras (incluyendo las narrativas de Elías 1 Rey 17–22; 2 Rey 1–2; Mal 3:1; 4:5–6; Eclo 48; 1 Sam 1–2; Isa 40:3); y la relación de Juan con la supuesta comunidad de Qumrán (según se dice por afinidad con los esenios).

Uso de textos proféticos.

Como lo manifiestan los Evangelios, la identidad de Juan era desconcertante y con frecuencia estaba entramada con la de Jesús o la de Elías (comparar Luc 9:7–9; Mat 11:1–19; 16:13–14). Los relatos mismos están en tensión entre sí. Jesús manifiesta que Juan el Bautista es Elías en el Evangelio de Mateo, pero en el Evangelio de Juan, Juan el Bautista niega ser el profeta (Mat 17:11–13; Juan 1:19–22).
Aunque Juan niega ser físicamente el profeta Elías, es innegable que los relatos de los cuatro Evangelios asocian a Juan el Bautista con Elías. Los autores del Nuevo Testamento en ocasiones reutilizaban figuras fundacionales de las tradiciones del Antiguo Testamento, especialmente aquellas cuyas muertes se ocultan tras un velo de misterio. La sepultura de Moisés se desconoce “hasta hoy” (Deut 34:6), y a Elías se lo lleva en un torbellino (2 Rey 2:11). Esas son las dos figuras que aparecen con Jesús en su transfiguración (Mar 9:2–13; Mat 17:1–13; Luc 9:28–36).

Las descripciones de Juan el Bautista…

claramente lo ubican en la tradición de Elías. Juan apareció como un ascético en el desierto de Judea cerca del río Jordán vestido con piel de camello y cinturón de cuero. Comía langostas y miel silvestre (Mar 1:6; comparar 2 Rey 1:8). A semejanza de Juan y Jesús, Elías también “llamó” a un discípulo (1 Rey 19:19–21). Antes de que Elías ascendiera al cielo, en su respuesta al pedido de Eliseo de que permaneciera con él, leemos “Y Elías le dijo: “Te ruego que te quedes aquí”, porque Jehová me ha enviado al Jordán” (2 Rey 2:6).

Juan bautizaba del lado oriental del Jordán

frente a Jerusalén (Juan 1:28). Mucha de la actividad profética de Elías ocurrió del lado oriental del Jordán y ascendió al cielo desde allí también (1 Rey 17:5). Los exiliados en Babilonia probablemente vinieron al lado este del Jordán en su regreso a Jerusalén (Webb). El bautismo de Juan podría representar simbólicamente un “retorno del exilio” o un “nuevo éxodo”, debido a que entrar al agua (que se simbolizaba por medio del bautismo) y por lo tanto a la tierra, estaba instalado en el tema paradigmático de las ocasiones anteriores en que Israel cruzó las aguas, no solamente por el éxodo israelita de Egipto pasando por el “mar de los juncos” sino también por el cruce del Jordán en el libro de Josué (Stegemann, Webb). La comprensión más viable de Juan el Bautista como lo presentan los Evangelios es la continuidad profética directa con las expectativas de un futuro Elías. “El surgimiento de Juan fue al mismo tiempo el regreso prometido de Elías” (Stegemann, 217).

Juan en el Contexto del Judaísmo Primitivo.

Muchos han propuesto una vinculación entre Juan el Bautista y una comunidad esenia o de Qumrán que escribió y copió los Rollos del mar Muerto. Aunque se manifiesta una relación por la continuidad de las fuentes, no está claro si esto representa una dependencia o simplemente una relación cultural compartida.
Tal vez la evidencia más directa y explícita de un trasfondo intertextual compartido entre Juan el Bautista y el Qumrán es el uso de Isa 40:3: “Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas” (Mar 1:3; Mat 3:3; Luc 3:4; Juan 1:23).
Este texto funcionaba de manera similar para la comunidad de Qumrán, confirmando su presencia en el desierto cerca del Jordán en Wadi Khirbet Qumrán.

La Regla de la Comunidad—1QS—dice,

“Cuando hombres como estos aparecen en Israel, que se ajustan a estas doctrinas, se separarán de la reunión de los hombres perversos para ir al desierto, para preparar allí el camino de la verdad, como está escrito “En el desierto preparad el camino del Señor, enderezad una senda para nuestro Dios”.

Esto significa la exposición de la Ley, decretada por Dios por medio de Moisés para obediencia, la que ha sido envilecida por lo que se ha revelado en cada era, y por lo que han revelado los profetas por su Santo Espíritu”.

No es solamente que tanto la comunidad de Qumrán como Juan el Bautista afirmen preparar el camino del Señor, sino también que enfocan la atención en la purificación ritual por medio del agua. Sin embargo, cuando se examina con más cuidado, el propósito del ministerio y el bautismo de Juan posiblemente sean tan fundamentalmente diferentes de los de la comunidad de Qumrán que un estudioso afirma que “Geográfica y espiritualmente, para el Bautista Qumrán estaba en otro mundo”. Esto se entiende mejor en el contexto de que la comunidad de Qumrán no se comprometió a ganar prosélitos y estaba predominantemente preocupada por la tierra de Israel, mientras que la actividad de Juan se restringía casi completamente a la región al este del Jordán. Además, Stegemann ha afirmado que Juan y los esenios en realidad eran fuertes competidores. “Ambas partes afirmaban … que sólo ellos podían defender a Israel de la aniquilación en el Juicio Final venidero; los esenios por medio de la entrada a su comunidad, Juan por medio del bautismo. Cada medio de salvación excluía al otro”.

En resumen, la hipótesis consensuada sostiene que “Juan el Bautista bien pudo haber tenido cierto contacto con la comunidad de Qumrán y los esenios … pero si ese fuera el caso, posteriormente se distanció de ellos”.

La interpretación expresada arriba sobre el bautismo de Juan como un nuevo éxodo [espiritual] simbólico merece más crédito cuando se observa su actividad con relación al contexto más amplio del judaísmo primitivo. Josefo relata la actividad de un profeta proclamado llamado Tadeo, que condujo un movimiento hacia el río Jordán en aparente imitación al éxodo.

Otro profeta judío condujo un movimiento para tomar Jerusalén, procurando imitar la caída del muro de Jericó (Antiguedades de Josefo, 20.8.6; Guerra de los judios 2.13.5).

Otros profetas en la Palestina del primer siglo entregaban sus mensajes por medio de oráculos de juicios. En vísperas de la destrucción de Jerusalén infligida por Tito en el 70 d.C., un profeta clamaba regularmente “Una voz del este, una voz del oeste, una voz de los cuatro vientos; una voz contra el pueblo” (Guerra de los judios 6.5.3). Así, mientras que el ministerio de Juan toma una trayectoria única y formativa, especialmente en su relación con Jesús, la actividad profética en general durante el primer siglo no era para nada anormal.

Ritos de purificación de los judíos del segundo templo. El término “bautismo” es un término nuevo en los escritos del Nuevo Testamento. No obstante, la arqueología y la literatura proveen significativa evidencia de prácticas extendidas de purificación por agua. Antes de Juan el Bautista, la purificación con agua se asociaba principalmente con la purificación ritual, separada de las preocupaciones éticas o morales. Aunque había numerosos ritos de purificación, incluyendo la inmersión de todo el cuerpo.

“hasta la aparición de Juan, nadie en el judaísmo ni en el mundo circundante había bautizado a otras personas” (Stegemann, 218). Además, la condición de personas o cosas “puras” o “impuras” (Lev 10–15) se relacionaba con una condición ritual, no espiritual ni moral (Klawans, Impurity and Sin in Ancient Judaism).

No obstante, es evidente en el Nuevo Testamento que los términos “puro” e “impuro” se usan para referirse a individuos con “defectos” morales o espirituales además de los rituales. Este giro en la terminología describe el movimiento desde la condición ritual concreta a la condición espiritual abstracta. La purificación ritual con agua se convirtió en una práctica que generaba simbólicamente purificación moral o espiritual, llevando al arrepentimiento y al perdón de los pecados. El entramado de la terminología ritual con las realidades éticas es evidente en mucha de la literatura de Qumrán.
En relación con el ritual de bautismo mismo, encontramos en fuentes judías posteriores que se requiere la inmersión de los “temerosos de Dios” que se convierten al judaísmo.

En las escuelas rabínicas de Hilel y Shamai debaten el tema de la purificación por agua de los prosélitos y la comida de la Pascua. La inmersión representa un cambio en la condición ritual, garantizando que la persona purificada no impone la impureza a otros.

Beasley-Murray señala, “A comienzos de la era cristiana se requería que un gentil convertido al judaísmo recibiera la circuncisión, se sometiera a un baño ritual, y ofreciera sacrificios … Para determinar el significado del bautismo del prosélito, es esencial observar la importancia asignada por los judíos a la circuncisión. Con frecuencia citaban el dicho en Yeb. 2:29,

“Uno que se ha convertido en prosélito es como un niño recién nacido” (Soncino Talmud 22a ed.), que debería compararse con el de Pes. 91b, “quien se separa de su incircuncisión es como el que se separa de su tumba” (Beasley-Murray, Baptism in the New Testament).

Juan el Bautista y sus discípulos proveen un puente entre los primitivos ritos judíos de purificación y el sacramento del bautismo de la iglesia. El libro de los hechos muestra que los discípulos de Juan se unen a los seguidores de Jesús (Hech 18:24–19:7). Pablo les pregunta a los discípulos de Juan acerca del bautismo que habían recibido, diciendo, “Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo” (Hech 19:2–4).

Si el bautismo practicado por Jesús y sus discípulos era “lleno del Espíritu” y los discípulos de Juan no sabían que había un Espíritu Santo, es probable que el bautismo de Juan estuviera un grado más cerca a un bautismo ritualista o de culto. Más adelante se va tiñendo de mayor significado “espiritual” a medida que los primeros seguidores de Cristo lo adoptan como rito de iniciación.

Contexto literario de los relatos de los Evangelios

La primera ventana que tenemos a disposición sobre Juan el Bautista es su caracterización en los Evangelios. ¿Por qué Jesús necesita bautizarse? Según Marcos, era un “bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados”. Si Marcos se escribió primero, es evidente que Mateo y Lucas cambiaron su lenguaje levemente al describir el bautismo de Juan, mientras que el Evangelio de Juan no describe el hecho. Este ejemplo simplemente muestra una de las muchas dinámicas encastradas en los relatos de los cuatro Evangelios. Analizamos abajo algunos de los rasgos destacados de cada relato.

Marcos.

El Evangelio de Marcos comienza inmediatamente con las citas de Mal 3:1 e Isa 40:3, seguidas por la afirmación programática en Mar 1:4, que provee el marco interpretativo para Juan. Aunque el prólogo de Marcos es bastante corto y compacto, la profundidad y la densidad de los conceptos que contiene son asombrosos.
A Juan el Bautista ya lo arrestaron en Mar 1:14, lo que sugiere que el movimiento tenía también una dimensión política. En Mar 6:14, Herodes preocupado por la identidad de Jesús afirma, “Este es Juan, el que yo decapité, que ha resucitado de los muertos”. El relato de la decapitación de Juan viene después de esa afirmación. La crítica de Juan a Herodes y su relación ilegítima con Herodías es un paralelo de la crítica de Elías a Acab y Jezabel. Las mujeres en ambos relatos reaccionan conspirando para matar al profeta. Finalmente, encontramos en Mar 11:32 que todos consideraban que Juan era un profeta.

Mateo.

La primera referencia a Juan está en Mat 3:1, después de la genealogía y el relato del nacimiento de Jesús.
La escatología de Juan es un rasgo prominente en Mateo; su bautismo demanda que la gente se arrepienta o enfrente la “ira venidera”. En Mat 3:14, Juan intenta impedir ser quien bautice a Jesús, pero Jesús responde diciendo “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia”. Arrestan a Juan, y en Mat 11:3 encontramos que Juan no está seguro acerca de la identidad de Jesús como Mesías. Envía a sus discípulos desde la cárcel a ver a Jesús, con la pregunta:
“¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?” Jesús responde “Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio” (Mat 11:5).
Jesús cuestiona al pueblo por la intención que tenía al acercarse a Juan, “¿Qué salisteis a ver al desierto?” (Mat 11:7). En este cuestionamiento está implícita la afirmación de que Juan proporcionaba algo que no había en otra parte en Israel. Decapitan a Juan en Mat 14:10.

Lucas.

Lucas presenta a Jesús y a Juan el Bautista en paralelo desde el relato de sus nacimientos, los primeros tiempos y sus respectivos ministerios. El paralelo llega a su culminación con la parábola de los jóvenes sentados en la plaza, que refleja como recibió el pueblo a Jesús y a Juan.
El autor de Lucas sitúa la historia del nacimiento de Juan el Bautista en continuidad con la condición de esterilidad que lleva a la bendición divina. A esto le sigue la alabanza poética; comparar los relatos matriarcales de Sara, Rebeca, Raquel, Ana y Mical. Este rasgo literario sitúa a Elisabet y a su hijo en la corriente histórica del favor de Dios y su plan redentor.
Lucas también demuestra el linaje sacerdotal de Juan a través de su madre Elizabet (de las hijas de Aarón) y su padre Zacarías (de la clase de Abías). Qumrán anticipaba dos Mesías: uno sacerdotal y uno davídic. En Luc 11:1–2, la Oración del Señor es una respuesta al pedido de los apóstoles de Jesús que les enseñara a orar, como Juan lo había hecho con sus discípulos.

Juan.

Inmediatamente al comienzo del Evangelio de Juan se hace mención a Juan el Bautista, con un lenguaje altamente simbólico (Juan 1:6–8).
Juan muestra que los ministerios de Jesús y de Juan el Bautista transcurren en la misma región. Antes del encarcelamiento de Juan, él y Jesús bautizaban a sus seguidores en el mismo lugar (Juan 3:22–24).
Los detalles del arresto y ejecución de Juan se pueden haber omitido intencionalmente porque se le da prioridad al sentido teológico del bautismo de Juan en relación al ministerio de Jesús.

Dimensión política

Aparentemente Juan representaba una amenaza para los líderes del momento a causa de la cantidad de personas que asistían a su bautismo. Las afirmaciones de Jesús en relación con Juan tienen un trasfondo político (Mat 11:12–13; Luc 16:16).
Además, Josefo escribe “Herodes, que temía que la gran influencia que tenía Juan sobre la gente pudiera conferirle el poder y la inclinación a levantar una rebelión, (porque la gente parecía dispuesta a hacer todo lo que Juan les indicara) creyó mejor—dando muerte a Juan—evitar cualquier problema que pudiera causar”.

La visión tradicional del bautismo de Juan—según el Evangelio de Marcos “para perdón de pecados”—posiblemente ofrecía algo que no había en otro lugar. La purificación ritual no estaba condicionada geográficamente; teóricamente podía ocurrir en cualquier lugar. Sin embargo, el perdón de pecados, estaba ligado al templo de Jerusalén. El bautismo de Juan era también una denuncia contra los líderes del templo. La confrontación entre Juan el Bautista y los líderes del templo probablemente se agudizó porque Juan descendía de una familia sacerdotal y realizaba el rito en el desierto en lugar del templo.

Conclusión

Juan era la figura central y fundamental para la conexión literaria entre los escritos del Nuevo Testamento con el Antiguo Testamento y con los pretextos judíos del segundo templo, que relataban la trayectoria histórica de la obra de Dios en la historia de la humanidad. Juan tenía misterio, misión y significado en las tradiciones de los Evangelios. Es esos relatos, se describe a Juan como el que bautizaba, un hombre recto y santo de ascendencia sacerdotal, un asceta del desierto, temido por Herodes, el profeta Elías revivido, más que un profeta, un prisionero, un crítico de la realeza, un rabino, y una lámpara ardiente y fulgurante.

 

 

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