Madrid, España

HABLAR EN LENGUAS: UNA EXPLICACIÓN EXHAUSTIVA

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HABLAR EN LENGUAS: UNA EXPLICACIÓN EXHAUSTIVA

Para comenzar debe decirse que la palabra griega glossa, traducida «lengua», se usa no solo para indicar la lengua física en la boca de una persona, sino también para indicar «lenguaje». En los pasajes del Nuevo Testamento donde se discute el hablar en lenguas, se alude ciertamente al «lenguaje». Por lo tanto, es algo infortunado que los traductores de la Biblia hayan continuado utilizando la frase «hablar en lenguas», que es una expresión que se usa en el idioma ordinario y que da la impresión de que se trata de una experiencia extraña, algo completamente ajeno a la vida humana común. Pero si los traductores utilizaran la expresión «hablar en lenguajes», ello no parecería tan extraño, y le daría al lector un sentido mucho más cercano a lo que los lectores griegos del primer siglo hubieran oído al leer la frase en Hechos o 1 Corintios. Sin embargo, como el actual uso de la frase «hablar en lenguas’ está tan ampliamente establecido, continuaremos utilizándola en esta discusión.

Lenguas e Interpretación

Las lenguas en la historia de la redención.

El fenómeno de hablar en lenguas es único en la era del nuevo pacto. Antes que Adán y Eva cayeran en pecado, no había necesidad de hablar en otros lenguajes, porque ellos hablaban la misma lengua y estaban unidos en el servicio de Dios y el compañerismo con él. Tras la caída las personas hablaban el mismo idioma pero eventualmente se unieron en la oposición a Dios, y «la maldad del ser humano en la tierra era muy grande» y «todos sus pensamientos tendían siempre hacia el mal» (Gn 6:5). Este lenguaje unificado utilizado en la rebelión contra Dios culminó en la construcción de la torre de Babel en un tiempo cuando «se hablaba un solo idioma en toda la tierra» (Gn 11:1). A fin de detener esta rebelión unificada contra él, en Babel Dios «confundió el idioma de toda la gente de la tierra» y «los dispersó por todo el mundo» (Gn 11:9).

Cuando Dios llamó a Abraham (Gn 12:1), le prometió hacer de él una «gran nación» (Gn 12:2), y la nación de Israel que surgió de ese llamado tenía un idioma que Dios quería que utilizaran en su servicio. Pero el resto de las naciones del mundo no hablaban este idioma, y se mantuvieron fuera del alcance del plan redentor de Dios. Así que la situación mejoró algo, pues un idioma entre todos los idiomas del mundo se usaba para el servicio de Dios, en tanto que en Génesis 11 no se alababa a Dios en ningún idioma.

Ahora, si pasamos a la era de la iglesia del Nuevo Testamento y miramos al futuro eterno, vemos que una vez más será restaurada la unidad del idioma, pero esta vez todo el mundo hablará de nuevo el mismo idioma en el servicio de Dios, y en la alabanza a él (Ap 7:9–12; cf. Sof 3:9; 1 Co 13:8; quizá Is 19:18).

En la iglesia del Nuevo Testamento hay un cierto anticipo de la unidad del idioma que existirá en el cielo, pero solo se concede en algunas ocasiones, y solo de manera parcial. En el Pentecostés, que sería el momento cuando el evangelio comenzó a incursionar en otras naciones, fue apropiado que los discípulos reunidos en Jerusalén «comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse» (Hch 2:4). El resultado fue que los visitantes judíos de varias naciones que estaban en Jerusalén oyeron todos en sus propias lenguas una proclamación de «las maravillas de Dios» (Hch 2:11). Este fue un símbolo notable del hecho que el mensaje del evangelio iba a ir adelante hacia todas las naciones del mundo.

Una acción simbólica como esa hubiera sido inapropiada en el Antiguo Testamento, porque allí el mensaje evangelístico invitaba a las personas de otras naciones a venir y unirse al pueblo hebreo y volverse judíos, y de ese modo adorar a Dios. Pero aquí el mensaje consiste en ir a cada nación en su propio idioma, invitando a las personas de cada lugar a volverse a Cristo y ser salvos.

Por otra parte, dentro del contexto del culto de adoración de la iglesia, hablar en lenguas más interpretación ofrece una indicación adicional de la promesa que un día las diferencias de lenguajes que se originaron en Babel serán superadas. Si este don está obrando en la iglesia, no importa qué idioma o palabra de oración o alabanza ofrezca, una vez que haya una interpretación, todos pueden entenderlo. Esto es, por supuesto, un proceso en dos pasos que es «imperfecto», como son todos los dones en esta era (1 Co 13:9), pero aun constituye una situación mejor desde Babel al Pentecostés cuando no había una provisión que facultara a las personas a comprender el mensaje en un idioma que no conocían.

Por último, orar en lenguas en un escenario reservado es otra forma de orar a Dios. Pablo dice; ‘Porque si yo oro en lenguas, mi espíritu ora, pero mi entendimiento no se beneficia en nada» (1 Co 14:14). En el amplio contexto de la historia de la redención, esto también debe verse como otra solución parcial a los resultados de la caída, por la cual fuimos apartados del compañerismo de Dios. Por supuesto, esto no significa que los espíritus de las personas solo pueden tener compañerismo con Dios cuando hablan en lenguas —Pablo afirma que él ora y canta tanto en lenguas como en su propio idioma (1 Co 14:15). Sin embargo, Pabló sí ve el hablar en lenguas como otra vía de compañerismo directo con Dios en la oración y la adoración. Una vez más, este aspecto del don de lenguas no funcionaba, hasta donde sepamos, antes de la era del nuevo pacto.

                                              Sermón de Pedro en Pentecostés

¿Qué es Hablar en Lenguas?

Debemos definir este don como sigue: Hablar en lenguas es orar o adorar en sílabas no comprensibles por el que habla.

Palabras de oración o alabanza dirigidas a Dios:

Esta definición indica que hablar en lenguas es fundamentalmente una conversación dirigida a Dios (esto es, una oración o una alabanza). Por lo tanto es distinto al don de profecía, que consiste frecuentemente en mensajes de Dios dirigidos a las personas de la iglesia. Pablo dice: «Porque el que habla en lenguas no habla a los demás sino a Dios» (1 Co 14:2), y si no hay un intérprete presente en el culto de la iglesia, dice Pablo que alguien que tiene un don de hablar en lenguas debe guardar «silencio en la iglesia y cada uno hable para sí mismo y para Dios» (1 Co 14:28).
¿Qué tipo de conversación es esta que se dirige a Dios? Pablo dice: «Si yo oro en lenguas, mi espíritu ora, pero mi entendimiento no se beneficia en nada» (1 Co 14:14; cf. vv. 14–17 y v. 28), donde Pablo cataloga el hablar en lenguas como oración y acción de gracias. Por lo tanto, hablar en lenguas es aparentemente una oración o alabanza dirigida a Dios, y esta viene del «espíritu» de la persona que habla. Esto no es incongruente con la narración de Hechos 2, pues la multitud dijo: «¡Todos por igual los oímos por igual proclamar en nuestra propia lengua las maravillas del reino de Dios!» (Hch 2:11), una descripción que ciertamente puede indicar que todos los discípulos glorificaban a Dios y proclamaban sus maravillosas obras al adorar, y la multitud comenzó a escuchar esto como si ello tuviera lugar en varios idiomas. De hecho, no hay indicios de que los propios discípulos hablaran a la multitud hasta Hechos 2:14, cuando Pedro se pone en pie y entonces se dirige directamente a la multitud, probablemente en griego.

No comprendidas por el que habla:

Pablo dice que «el que habla en lenguas no habla a los demás sino a Dios. En realidad, nadie le entiende lo que dice, pues habla misterios por el Espíritu» (1 Co 14:2). De igual manera, dice que si se habla en lenguas sin interpretación no se comunica ningún significado: «seré como un extranjero para el que me habla, y él lo será para mí» (1 Co 14:11). Por otro lado, todo el párrafo de 1 Corintios 14:13–19 da por hecho que hablar en lenguas en la congregación, cuando ello no va acompañado de interpretación, no es comprensible para aquellos que escuchan:
Por esta razón, el que habla en lenguas pida en oración el don de interpretar lo que diga. Porque si yo oro en lenguas, mi espíritu ora, pero mi entendimiento no se beneficia en nada. ¿Qué debo hacer entonces» Pues orar con el espíritu, pero también con el entendimiento; cantar con el espíritu, pero también con el entendimiento. De otra manera, si alabas a Dios con el espíritu, ¿cómo puede quien no es instruido decir «amén» a tu acción de gracias, puesto que no entiende lo que dices? En ese caso tu acción de gracias es admirable, pero no edifica al otro. Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que todos ustedes. Sin embargo, en la iglesia prefiero emplear cinco palabras comprensibles y que sirvan para instruir a los demás, que diez mil palabras en lenguas.
Ahora en Pentecostés hablar en lenguas era en idiomas conocidos que los que escuchaban entendían: «cada uno los escuchaba hablar en su propio idioma» (Hch 2:6). Pero de nuevo los oradores no entendieron lo que hablaban, mas lo que causó asombro fue que los galileos hablaban todos estos diferentes idiomas (v. 7). Por lo tanto, parece que a veces hablar en lenguas puede implicar hablar en idiomas humanos actuales, en ocasiones aun en idiomas que los que escuchan entienden. Pero otras veces —y Pablo asume que por lo regular esto será el caso— lo que se habla será en un idioma que «nadie» entiende (1 Co 14:2).
Algunos han objetado que hablar en lenguas debe siempre consistir en hablar en idiomas humanos conocidos, pues ello fue lo que sucedió en Pentecostés. Pero el hecho de que hablar en lenguas en idiomas humanos conocidos ocurrió una vez en la Escritura no requiere que esto ocurra siempre en idiomas conocidos, especialmente cuando otra descripción de hablar en lenguas (1 Co 14) indica exactamente lo opuesto. Pablo no dice que los visitantes extranjeros en Corinto entenderían al que habla, sino dice que si alguien habla en lenguas «nadie» entendería, y el no instruido no sabrá lo que la persona dice (1 Co 14:2, 16). De hecho, Pablo dice explícitamente de que en la conducción ordinaria de la vida de la iglesia ocurrirá algo muy distinto al fenómeno de Pentecostés. «si todos hablan en lenguas y entran algunos que no entienden o no creen, lejos de entender el mensaje, estos dirán que «ustedes están locos» (1 Co 14:23). Por otra parte, debemos darnos cuenta que 1 Corintios 14 es una instrucción general de Pablo basada en una amplia experiencia del hablar en lenguas en muchas iglesias diferentes, en tanto que Hechos 2 simplemente describe un acontecimiento único en un momento decisivo en la historia de la redención (Hch 2 es una narración histórica mientras 1 Co 14 es una instrucción doctrinal). Por consiguiente parecería apropiado tomar 1 Corintios 14 como el pasaje que describe más de cerca la experiencia ordinaria de las iglesias del Nuevo Testamento, y tomar las instrucciones de Pablo ahí como la norma por medio de la cual Dios intenta que las iglesias regulen el uso de este don.
¿Son entonces las lenguas idiomas humanos conocidos? A veces este don puede dar lugar a hablar en un idioma humano que el que habla no ha aprendido, pero comúnmente parece que implicará el habla en un idioma que nadie entiende, ya sea este un idioma humano o no.

Orar con el espíritu, no con la mente:

Pablo dice; «Porque si yo oro en lenguas, mi espíritu ora, pero mi entendimiento no se beneficia en nada. ¿Qué debo hacer entonces? Pues orar con el espíritu, pero también con el entendimiento, cantar con el espíritu, pero también con el entendimiento» (1 Co 14:14–15).
Pablo no está diciendo aquí que el Espíritu Santo ora a través nuestro. El contraste entre «mi espíritu» y «mi entendimiento» en el versículo 14 indica que es de su propio espíritu del que habla, del lado no material del ser. Al utilizar este don, su espíritu habla directamente a Dios, aunque su mente no tenga que formular palabras u oraciones y decidir sobre qué orar. Pablo ve este tipo de oración como una actividad que tiene lugar en el ámbito espiritual, por medio de la cual nuestros espíritus hablan directamente a Dios pero nuestras mentes de alguna manera se dejan de lado, y no comprende lo que oramos.

Podríamos preguntarnos porqué Dios le daría a la iglesia un don que obra en el ámbito espiritual e invisible y que nuestras mentes no comprenden. Un motivo puede ser para mantenernos humildes, y ayudar a prevenir el orgullo intelectual. Otro motivo puede ser recordarnos que Dios está por encima de nuestra comprensión y de que él obra en formas que sobrepasan nuestro entendimiento. Por último, es una característica de que mucho de lo que Dios hace en la era del nuevo pacto se hace en el ámbito espiritual e invisible: la regeneración, la oración genuina, adorar «en espíritu y en verdad», las bendiciones espirituales que vienen a través de la Cena del Señor, la guerra espiritual, poner nuestros tesoros en el cielo, poner nuestras mentes en las cosas de arriba, donde está Cristo son—todos estos elementos de la vida cristiana y muchos más implican actividades que ocurren en el ámbito espiritual e invisible, actividades que no vemos o comprendemos completamente. A la luz de esto, hablar en lenguas es simplemente otra actividad que ocurre en el ámbito espiritual e invisible, una actividad que creemos efectiva porque la Escritura nos dice que lo es, no porque la podemos comprender con nuestras mentes (cf. 1 Co 14:5).

No en éxtasis sino con dominio propio:

La Nueva Biblia Inglesa traduce la frase «hablar en lenguas» como «hablar en éxtasis», dando con esto un respaldo adicional a la idea de que aquellos que hablan en lenguas pierden la conciencia de lo que los rodea o pierden el dominio propio o se ven forzados a hablar contra su voluntad. Por otra parte, algunos elementos extremistas del movimiento pentecostal han permitido una conducta frenética y desordenada en los cultos de adoración, y esto ha perpetuado, en la mente de algunos, la noción de que hablar en lenguas es un tipo de hablar en éxtasis.
Pero esta no es la imagen que se ofrece en el Nuevo Testamento. Aun cuando el Espíritu Santo vino como un poder abrumador en Pentecostés, los discípulos fueron capaces de dejar de hablar en lenguas de manera que Pedro pudiera pronunciar su sermón ante la multitud reunida. Más explícitamente, Pablo dice:

Si se habla en lenguas, que hablen dos—o cuando más tres—, cada uno por turno; y que alguien interprete. Si no hay intérprete, que guarden silencio en la iglesia y cada uno hable para sí mismo y para Dios. (1 Co 14:27–28)

Aquí Pablo pide que aquellos que hablan en lenguas lo hagan por turno, y limita el número a tres, indicando claramente que aquellos que hablan en lenguas estaban conscientes de lo que ocurría a su alrededor, y eran capaces de controlarse a sí mismos, de manera que hablaran solo cuando les tocara su turno, y cuando no estuviera hablando algún otro. Si no había alguien que interpretara, fácilmente podían mantener silencio y no hablar. Todos estos factores indican un alto grado de auto control y no respaldan la idea de que Pablo consideró las lenguas como algún tipo de hablar en estado de éxtasis.

Lenguas sin interpretación:

Si no estuviera presente en la asamblea alguien que se supiera posee el don de interpretación, el pasaje que acaba de citarse indica que se debe hablar en lenguas en privado. No debe darse en el culto de la iglesia ningún hablar en lenguas sin interpretación.
Pablo habla de orar en lenguas y cantar en lenguas cuando dice: «Debo … orar con el espíritu, pero también con el entendimiento; cantar con el espíritu, pero también con el entendimiento» (1 Co: 14:15). Esto ofrece una confirmación adicional a la definición dada arriba en la que vimos las lenguas como algo dirigido fundamentalmente a Dios en la oración y la alabanza. Esto también da legitimidad a la práctica de cantar en lenguas, ya sea en público o en privado. Pero las mismas normas se aplican al cantar como al hablar: si no hay intérprete, solo debe hacerse en privado.

En 1 Corintios 14:20–25 Pablo dice que si los creyentes hablan en lenguas en la iglesia sin interpretación, actuarían y pensarían «como niños» (1 Co 14:20). Primero cita una profecía de juicio tomada de Isaías 28:11–12: «En la ley está escrito: «Por medio de gente de lengua extraña y por boca de extranjeros hablaré a este pueblo, pero ni aun así me escucharán», dice el Señor». (1 Co 14:21).
En el contexto de Isaías 28, Dios advierte al pueblo rebelde de Israel que las próximas palabras que escuchen de él serían palabras de extranjeros que no podrían entender—el ejército asirio vendría sobre ellos como agente del juicio de Dios. Ahora Pablo está a punto de postular esto como un principio general—cuando Dios habla al pueblo en un lenguaje que no pueden entender, ello es una señal harto evidente del juicio de Dios.
Pablo aplica correctamente eso a la situación del hablar en lenguas sin interpretación en el culto de la iglesia. Lo llama una señal (esto es, una señal de juicio) sobre los creyentes:

De modo que el hablar en lenguas es una señal, no para los creyentes sino para los incrédulos, en cambio, la profecía no es señal para los incrédulos sino para los creyentes. Así que, si toda la iglesia se reúne y todos hablan en lenguas, y entran algunos que no entienden o no creen, ¿no dirán que ustedes están locos? (1 Co 14:22–23)

Aquí Pablo utiliza la palabra «señal» en el sentido de señal de la actitud de Dios (ya sea positiva o negativa). Las lenguas que no entienden los extraños son ciertamente una señal negativa—una señal de juicio. Por lo tanto, Pablo advierte a los corintios que no den esa señal a los extraños que entran. Les dice que si un extraño viene y escucha solo un hablar ininteligible, ciertamente no será salvado sino concluirá que los corintios están locos, y las lenguas no interpretadas funcionarán en este caso como una señal del juicio de Dios.

Por contraste, Pablo dice que la profecía es también una señal de la actitud de Dios, pero aquí es una señal positiva de la bendición de Dios. Por esto puede decir que la profecía es una señal «para los creyentes» (v. 22). Y es por ello que concluye su sección diciendo: «Pero si uno que no cree o uno que no entiende entra cuando todos están profetizando, se sentirá reprendido y juzgado por todos, y los secretos de su corazón quedarán al descubierto. Así que se postrará ante Dios y lo adorará, exclamando: «¡Realmente Dios está entre ustedes!» (vv. 24–25). Cuando esto sucede, los creyentes ciertamente se darán cuenta que Dios está activo entre ellos para traer bendición, y la profecía normalmente funcionará como una señal para los creyentes de la actitud positiva de Dios hacia ellos.

No obstante, con todo lo que Pablo advierte contra el uso de las lenguas sin interpretación en la iglesia, ciertamente las ve positivamente y alienta su uso en privado. Dice: «El que habla en lenguas se edifica a sí mismo; en cambio, el que profetiza edifica a la iglesia» (1 Co 14:4). ¿Cuál es la conclusión? Esta no es (como argumentarían algunos) que los cristianos deben decidir no utilizar el don o decidir que este no tiene valor para ellos cuando se usa en privado. En su lugar dice: «¿Qué debo hacer entonces? Pues orar con el espíritu, pero también con el entendimiento» (v. 15). Y dice: «Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que todos ustedes» (v. 18), y «Yo quisiera que todos ustedes hablaran en lenguas, pero mucho más que profetizaran» (v. 5), y «ambicionen el don de profetizar, y no prohíban que se hable en lenguas» (v. 39). Si es correcta nuestra anterior concepción las lenguas como oración o alabanza a Dios, entonces ciertamente esperaríamos que la edificación fuera el resultado, aunque la mente de quien habla no comprenda lo que se dice, pero su espíritu humano se está comunicando directamente con Dios. Justo como la oración y la adoración en general nos edifican al ponerlas en práctica, así este tipo de oración y adoración nos edifican también, de acuerdo con Pablo.

Lenguas con interpretación:

edificación para la iglesia: Pablo dice: «El que profetiza aventaja al que habla en lenguas, a menos que éste también interprete, para que la iglesia reciba edificación» (1 Co 14:5). Una vez interpretado, todos pueden entender un mensaje en lenguas. En este caso, Pablo dice que el mensaje en lenguas es tan valioso para la iglesia como la profecía. Debemos notar que no dice que ambos cumplen las mismas funciones (pues otros pasajes indican que la profecía es una comunicación de Dios hacia los seres humanos, mientras las lenguas es por lo general una comunicación de los seres humanos hacia Dios). Pero Pablo afirma claramente que tienen igual valor en la edificación de la iglesia. Podríamos definir el don de interpretación como informar a la iglesia el significado general de algo que se habla en lenguas.

No todos hablan en lenguas:

Así como no todos los cristianos son apóstoles, y no todos los profetas son maestros, y no todos poseen dones de sanidad, tampoco todos hablan en lenguas. Pablo alude claramente a esto cuando hace una serie de preguntas, todas las cuales esperan un «no» como respuesta, e incluye la pregunta: «¿Hablan todos en lenguas?» (1 Co 12:30). La respuesta implícita es no.

Algunos han argumentado que aquí Pablo solamente indica que no todos hablan en lenguas públicamente, pero que quizá habría admitido que todos pueden hablar en lenguas en privado. Pero esta distinción parece no convincente y ajena al contexto. Pablo no especifica que no todos hablan en lenguas públicamente o en la iglesia, sino simplemente dice que no todos hablan en lenguas. Su pregunta siguiente es: «¿Acaso interpretan todos?» (v. 30). Sus dos preguntas anteriores fueron: «¿Hacen todos milagros? ¿Tienen todos dones para sanar enfermos?» (vv. 29–30). ¿Estaríamos dispuestos a formular los mismos argumentos sobre estos dones—que no todos interpretan lenguas públicamente, pero que todos los cristianos son capaces de hacerlo en privado? ¿O que no todos hacen milagros públicamente, pero que todos son capaces de hacerlos en privado? Esa distinción parece injustificada según el contexto en cada caso.

En la actualidad, el deseo de decir que todo cristiano puede hablar en lenguas (aun cuando Pablo dice que no todos hablan en lenguas) está probablemente motivado en la mayoría de los casos por una previa interpretación doctrinal que ve el bautismo en el Espíritu Santo como una experiencia que sigue a la conversión, y considera el hablar en lenguas como una señal inicial de haber recibido el bautismo en el Espíritu Santo. Pero hay serios cuestionamientos que se mantienen sobre esta posición doctrinal (como se explicó en el capitulo 39). Parece mejor considerar que 1 Corintios 12:30 quiere decir lo que dice: no todos hablan en lenguas. El don de lenguas—exactamente como cualquier otro don—no lo da el Espíritu Santo a todo cristiano que lo busca. Los reparte «a cada uno según él lo determina» (1 Co 12:11).

Sin embargo, no hay nada en la Escritura que diga que solo unos pocos recibirán el don de hablar en lenguas, y como se trata de un don que Pablo considera que es útil y edifica en la oración y la adoración (a nivel personal si bien no en la iglesia), no sería sorprendente si el Espíritu Santo llevó a cabo una amplia distribución de este don y muchos cristianos de hecho lo recibieron.

¿Qué acerca del peligro de una falsificación demoníaca?

A veces los cristianos han tenido temor de hablar en lenguas, preguntándose si hablar algo que no comprenden puede llevarlos a hablar blasfemias contra Dios o a decir algo inspirado por un demonio en vez del Espíritu Santo.
Primero, debe decirse que esto no preocupa a Pablo, aun en la ciudad de Corinto donde muchos antes adoraban en un templo pagano, y donde Pablo había dicho claramente que «cuando ellos hacen sacrificios, lo hacen para los demonios, no para Dios» (1 Co 10:20). Pese a ello, Pablo dice: «Yo quisiera que todos ustedes hablaran en lenguas» (1 Co 14:5). Él no hace advertencia alguna de que deben cuidarse de una falsificación demoníaca o aun pensar que esto sería una posibilidad cuando utilizaran este don.

La razón teológica que subyace a la recomendación de Pablo en este punto es el hecho que el Espíritu Santo está obrando poderosamente en la vida de los creyentes. Pablo dice: «Por eso les advierto que nadie que esté hablando por el Espíritu de Dios puede maldecir a Jesús; ni nadie puede decir: «Jesús es el Señor» sino el Espíritu Santo (1 Co 12:3). Aquí Pablo le asegura a los corintios que si hablan por el poder del Espíritu Santo que obra dentro de ellos, no dirán: «¡Maldito sea Jesús!» Al presentarse como lo hace el principio de la discusión de los dones espirituales, 1 Corintios 12:3 intentaba funcionar como una confirmación a los corintios que podrían haber sospechado de algunos cristianos que procedían de un trasfondo de adoración a los demonios en los templos de Corinto. ¿Podría esta influencia demoníaca todavía afectar su uso de un don espiritual? Pablo sienta la norma básica de que aquellos que profesan genuinamente la fe de que «Jesús es el Señor» lo hacen por el Espíritu Santo que obra en ellos, y que ninguno que habla por el poder del Espíritu Santo proferirá nunca una blasfemia o una maldición contra Jesús. Este temor, entonces, no es uno que parecía preocupar a Pablo. Él simplemente anima a los creyentes a orar en lenguas y dice que si lo hicieran estarían edificándose a sí mismos.

¿Está Romanos 8:26–27 relacionado con el hablar en lenguas?

Pablo escribe en Romanos 8:26–27:

Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios.

Pablo no menciona aquí explícitamente el hablar en lenguas, y la declaración concierne en general a la vida de todos los cristianos, así que no parece correcto decir que Pablo se refiere aquí al hablar en lenguas. Se refiere a una experiencia más general que ocurre en la vida de oración de cada cristiano.
¿Pero de qué habla exactamente? Algunos han pensado que se refiere a una actividad intercesora completamente imperceptible para nosotros, en la que el Espíritu Santo intercede por nosotros con suspiros y gemidos dirigidos al Padre. De acuerdo con este punto de vista, ese trabajo intercesor del Espíritu sigue adelante continuamente, pero no tenemos idea de que ello sucede (excepto por el hecho de que la Escritura nos lo dice). De esa manera, esto sería similar a la obra intercesora de Cristo mencionada en Romanos 8:34 y Hebreos 7:25.
Pero esto no parece una explicación satisfactoria del pasaje, por varias razones:

(1) No parece probable que Pablo diría que la obra intercesora del Espíritu Santo, que es el Dios infinito, omnipotente y omnisciente sería realizada con «gemidos indecibles» (traducción literal de stenagmois alaletois en Romanos 8:26), especialmente cuando nos damos cuenta de que «gemidos» se refiere a intensos suspiros de fatiga propios de criaturas desalentadas y abrumadas en un mundo caído.

(2) Dentro del contexto más amplio los gemidos en cuestión parecen ser aquellos debido a la carga de vivir en la malvada era presente (vea vv. 17, 18, 23).

(3) El verbo «ayudar» en Romanos 8:26 («en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos») no se refiere a algo que el Espíritu Santo hace independientemente de nosotros y a nuestro favor, sino más bien algo que el Espíritu Santo hace en cooperación con nosotros. El verbo que Pablo utiliza aquí (sunantilambanomai) también se usa en Lucas 10:40, donde Marta quiere que Jesús le diga a María que la «ayude»—ciertamente ella no quiere que prepare la comida en su lugar, sino más bien que venga y participe con ella en su confección. Por lo tanto Pablo no habla de algo que el Espíritu Santo hace con completa independencia de nuestra participación, sino que el Espíritu Santo hace conjuntamente con nosotros.

Estas razones se combinan para indicar que Pablo no habla sobre una obra que el Espíritu Santo realiza aparte de nosotros y sin nuestro conocimiento, sino sobre los suspiros y gemidos inarticulados que nosotros mismos proferimos en la oración, los que entonces el Espíritu Santo convierte en intercesión efectiva ante el trono de Dios. Podríamos parafrasear: «El Espíritu Santo acude en ayuda de nuestras oraciones cuando intercede (por nosotros) al tomar nuestros gemidos mudos y convertirlos en una oración efectiva».

¿Cuál es la relación de esto y el hablar en lenguas? Ahí hay cierta similitud porque una oración efectiva es la que oramos aun cuando no comprendamos completamente lo que estamos orando. Pero hay algunas diferencias en el sentido de que los suspiros y gemidos que emitimos en la oración se relacionan a menudo con situaciones o dificultades de las que estamos muy conscientes en nuestras mentes mientras oramos, así que sabemos sobre qué oramos. Pero Pablo dice que no sabemos cómo orar por estas situaciones tal cual debemos orar. En consecuencia, el Espíritu Santo nos ayuda e intercede en estas situaciones «conforme a la voluntad de Dios» (Ro 8:27). No hay una mención explícita a nuestro espíritu orando (aun cuando de hecho eso puede ser cierto también), ni hay una mención a nuestra mente como no fecunda o carente de entendimiento (aunque eso puede ser en ocasiones cierto, por lo menos en parte). Tampoco estos suspiros o gemidos se presentan como algo que podemos llamar «otras lenguas» u «otros idiomas». Así que hay varias diferencias, aun cuando Romanos 8:26–27 habla sobre una intercesión que hacemos con sonidos que no comprendemos completamente, y por lo tanto es un fenómeno que tiene algunas similitudes con el hablar en lenguas.

«Himno al Espíritu Santo»

1. Santo Espíritu, excelsa paloma, inmutable ser de trino Dios,
Mensajero de paz que procedes del Padre, consuélanos con suave voz.
Tu fragancia y llenura anhelamos; embalsama tu templo, tu altar;
Y la sombra feliz de tus alas de gracia nos cobije, ¡oh Amigo sin par!

2. Santo Espíritu, fuego celeste, en el día de Pentecostés
Cual la nube de gloria, bajaste a la iglesia como al templo de Sion otra vez.
Para el nuevo cristiano eres sello; cada uno de ti tiene un don;
Todo hijo de Dios elegido es y goza ya las arras de tu salvación.

3. Santo Espíritu, aceite bendito, cual producto del verde olivar;
luminaria y calor en la tienda sagrada donde Aarón se acercaba a adorar;
Agua viva y regeneradora santifícanos contra el mal;
Somos uno en Jesús los creyentes del mundo por tu santa labor bautismal.

4. Santo Espíritu, viento potente, fuente y fuerza de paz y amor;
Paracleto veraz que consuelo nos brindas y abogas a nuestro favor;
Sénos luz que ilumine la Biblia, nuestros pies dirigiendo al andar;
Hoy rendimos a ti nuestras almas ansiosas; sólo ungidos podremos triunfar.

AUTOR: BASADA EN LOS SÍMBOLOS BÍBLICOS DEL ESPÍRITU SANTO, FELIPE BLYCKER (TOMADO DE CELEBREMOS SU GLORIA #249)

BIBLIOGRAFÍA

Nota: Muy pocas teologías sistemáticas tienen secciones sobre dones espirituales, pero unas pocas que sí las tienen están relacionadas abajo. 

Secciones en Teologías Sistemáticas Evangélicas

1. Anglicanas (Episcopales)
(no hay un tratamiento explícito)
2. Arminianas (Wesleyanas o Metodistas)
1983
Carter, 1:449–57
3. Bautistas
1983–85
Erickson, 877–83
4. Dispensacionalistas
1947
Chafer, 7:215–20
1986
Ryrie, 367–74
5. Luteranas
(no hay tratamiento explícito)
6. Reformadas (o Presbiterianas)
(no hay tratamiento explícito)
7. Renovadas (o carismáticas/pentecostales)
1988–92
Williams, 2:209–36, 243–63, 323–409, 3:159–77


Secciones en Teologías Católico Romanas Representativas

1. Católico Romana: Tradicioanl
(no hay tratamiento explícito)
2. Católico Romana: Post-Vaticano II
1980
McBrien, 2:1086–88


Otras Obras

Baker, J. O. «Gifts of the Spirit». En NDT, pp. 269–71.
Bennett, Dennis y Rita. The Holy Spirit and You. Logos, Plainfield, NJ, 1971.
Blue, Ken. Authority to Heal. InterVarsity Press, Downers Grove, IL, 1987.
Bridge, Donald. Signs and Wonders Today. InterVarsity Press, Leicester, 1985. (Carismática)
———, y David Phypers, Spiritual Gifts and the Church. InterVarsity Press, Downers Grove, Ill., 1973. (Cesacionista)
Carson, D. A. Showing the Spirit: A Theological Exposition of 1 Corinthians 12–14. Baker, Grand Rapids, 1987.
Chantry, Walter J. Signs of the Apostles 2da. Ed. Banner of Truth, Edinburgh and Carlisle, PA, 1976. (Cesacionista)
Clements, Roy. Word and Spirit: The Bible and the Gift of Prophecy Today. UCCF Booklets, Leicester, 1986.
Deere, Jack. Surprised by the Power of the Holy Spirit: A Former Dallas Seminary Professor Discovers That God Still Speaks and Heals Today. Zondervan, Grand Rapids, 1993. (Este es el argumento más balanceado y persuasivo que jamás he leído contra la posición cesacionista.)
Edgar, Thomas. «The Cessation of the Sign Gifts». En BibSac 145:180 (Oct.–Dec. 1988), pp. 371–86. (Cesacionista)
Ellis, E. E. «Prophecy, Theology of», En NDT, pp. 537–38.
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