GETSEMANÍ: EL ESCENARIO DE UNA ORACIÓN EN SOLITARIA ANGUSTIA.

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GETSEMANÍ: EL ESCENARIO DE UNA ORACIÓN EN SOLITARIA ANGUSTIA.

Según los Evangelios de Mateo y Marcos, Getsemaní es el lugar en que Jesús oró en solitaria angustia antes de su arresto (Mt 26:36; Mc 14:32). La palabra «Getsemaní» es una transliteración del gat šĕmenê hebreo/arameo («prensa de aceite»), presumiblemente utilizada aquí para referirse al lugar de una prensa de aceite en medio de un olivar en la ladera del Monte de los Olivos (Mt 26:30; Mc 14:26). Juan 18:1 habla de un huerto al otro lado del valle de Cedrón desde la ciudad de *Jerusalén. Lucas simplemente sitúa el incidente en el Monte de los Olivos. Todo hace referencia, por tanto, a la misma ubicación general. Según los Evangelios sinópticos, fue aquí, inmediatamente después de su vigilia, que Jesús fue traicionado públicamente por Judas y arrestado.

1. Getsemaní en Mateo

Desde el punto de vista de la crítica de fuentes, la dependencia exclusiva de Mateo en el Evangelio de Marcos para este episodio (Mt 26:36–46) es algo generalmente aceptado; en consecuencia, muchos de los énfasis del relato marcano (véase el apartado 2) son relevantes para el relato de Mateo.
Los lectores de la narración mateana de los acontecimientos que se van sucediendo en Getsemaní puede que se sientan sorprendidos, en primer lugar, por su orientación cristológica. Desde la llegada al Monte de los Olivos hasta la aparición de Judas y el arresto (Mt 26:47), Jesús es el actor principal en todo momento; él toma la iniciativa en cada ocasión, incluso mientras lucha con el desenlace al que podrían dar lugar los acontecimientos de esa noche. En un plano más definitivo, sin embargo, Getsemaní es el despliegue del plan de Dios, ya que esto había sido anticipado en las predicciones anteriores sobre la pasión (Mt 16:21; 17:12, 22; 20:18–19, 28; 26:2) (véase PREDICCIONES DE LA PASIÓN Y RESURRECCIÓN DE JESÚS). Este énfasis se indica en las referencias a la «copa» (Mt 26:39; implícitas en Mt 26:42), que significa el sufrimiento destinado por Dios (por ejemplo, Sal 75:8; Is 51:17, 22; Jr 25:15–38; Ez 23:31–34), y a la «hora» (Mt 26:45), que quiere decir el tiempo señalado por Dios para la pasión de Jesús. Más fundamental todavía, la triple *oración de Jesús marca el proceso por el que discierne y abraza a la voluntad de Dios.
Tomando nota de la redacción de Mateo del mandato de Jesús a sus discípulos en Mateo 26:36, «Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro», algunos intérpretes plantean la posibilidad de que Mateo estuviera aludiendo conscientemente a la historia de *Abraham e Isaac (cf. Gn 22:5) (e.g., Senior, 76–77; Huizenga). Allí, en una historia que destaca por su retrato de una fe profunda, los siervos de Abraham reciben unas instrucciones similares. El reconocimiento de esta alusión resaltaría todavía más la fidelidad de Jesús en medio de su angustia.
Por lo demás, Mateo desarrolla el valor parenético de las palabras y acciones de Jesús en esta escena. El Señor toma consigo a los tres mismos discípulos que estaban presentes con él en su *transfiguración (Mt 17:1–8). En consecuencia, aquellos que presencian la gloria de Jesús también están presentes en este momento supremo de desesperación, comunicando tal vez así, más a la audiencia de Mateo que a los somnolientos discípulos, que el camino a la gloria es el cáliz del sufrimiento (cf. Mt 20:22–23; 26:27, 42). Las instrucciones de Jesús de «permanecer despiertos» (Mt 26:38, 41) recuerdan órdenes anteriores, cuando manda a sus discípulos velar, como el dueño de la casa (Mt 24:42–44) y las vírgenes prudentes (Mt 25:13). Por otra parte, Mateo presenta la oración de Jesús con términos muy similares a su versión del Padrenuesto, tanto en la exhortación de Jesús a sus discípulos de que oren para no entrar en tentación (cf. Mt 6:13; 26:41) como en la petición del propio Jesús, mediante la cual demuestra ser un ejemplo vivo de su propia enseñanza: «hágase tu voluntad» (cf. Mt 6:10; 26:42).
En su descripción de la angustia de Jesús (Mt 26:37) Mateo refunde Marcos 14:33 (sustituyendo el ekthambeō de Marcos [«comenzó a turbarse»] por lypeō [«comenzó a entristecerse»]) para lograr una referencia más directa al Salmo 42:5, identificando así a Jesús como el justo sufriente. Esta identidad tipológica se desarrolla a lo largo de Mateo 26–27, y aquí sirve para subrayar retrato mateano de la ejemplar fidelidad de Jesús a la voluntad de su Padre.

Jesús orando en getsemaní

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2. Getsemaní en Marcos

Durante el siglo pasado la prehistoria de la versión marcana de la historia de Getsemaní ha sido objeto de análisis extravagantes (véase Feldmeier, 65–140; Holleran, 107–45). Muchos estudiosos, sorprendidos ante la duplicación de casi todos los detalles de la historia de Marcos, han estado convencidos de la existencia de dos fuentes primitivas tras Marcos 14:32–42 (por ejemplo, Barbour; Holleran; Stanley). Sin embargo, la tesis de que la historia de Marcos constituye una unidad tradicional pre-Markan muy antigua ha recibido recientemente nuevos apoyos, si bien otros han llegado a considerar la escena como una creación de Marcos casi en su totalidad. El debate no ha llevado prácticamente a nada, por lo que hace a un consenso crítico. El número de testigos independientes de la tradición sobre Getsemaní (véase el apartado 5) sugiere una historia de la tradición compleja.
Algo esencial para el relato de Marcos es el desarrollo del plan divino anticipado en las predicciones anteriores sobre la pasión (Mc 8:31; 9:12, 31; 10:33–34, 45). Aunque hay agentes humanos involucrados en estos fatídicos acontecimientos (por ejemplo, Judas Iscariote, *Poncio Pilato, los líderes judíos), Dios es el actor principal. Esta interpretación aflora, sobre todo, en el retrato de la oración de Jesús como medio para discernir y someterse a la voluntad de Dios. También está presente en las referencias a la «copa», que significa el sufrimiento destinado por Dios (véase el apartado 1), y a la «hora» (Mc 14:41), que hace referencia al tiempo señalado por Dios para la pasión de Jesús.
Relacionado con este motivo, aunque también haciendo hincapié en la obediencia de Jesús, está la conjunción en esta perícopa del *Hijo del Hombre de Marcos con las cristologías del *Hijo de Dios. La noción de «Hijo del Hombre» ha sido clave para la presentación marcana del anticipado sufrimiento de Jesús (Mc 8:31; 9:12, 31; 10:33–34): «el Hijo del hombre va a ser entregado». Ahora, «el Hijo del hombre es entregado en manos de los pecadores» (Mc 14:41). La condición de Jesús como Hijo de Dios ya fue confirmada por el evangelista en Marcos 1:1, luego proclamada por Dios en el *bautismo de Jesús (Mc 1:10–11) y la transfiguración (Mc 9:7). Al dirigir su oración al «Abba, Padre» (Mc 14:36), Jesús reconoce su relación paterno-filial con Dios. Significativamente, esta afirmación pasa a primer plano al enfrentarse al sufrimiento y la muerte. Por lo tanto, «Hijo de Dios» debe entenderse en Marcos con el telón de fondo del «es necesario» (dei) del sufrimiento del Hijo del Hombre. Es como Hijo obediente de Dios que Jesús, el Hijo del Hombre, abraza la muerte como la voluntad de Dios (véase MUERTE DE JESÚS).
El motivo del fracaso del *discipulado contrasta con la obediencia de Jesús. A lo largo del Evangelio de Marcos los discípulos han demostrado su incapacidad para comprender la identidad de Jesús y las implicaciones de plan redentor de Dios (e.g., Mc 8:32; 9:32; 10:32). Ahora, al luchar Jesús con la voluntad de Dios, los discípulos evidencian su continua falta de comprensión con su incapacidad para permanecer despiertos (y su posterior abandono [Mc 14:50–52]).
La reconocida intimidad existente entre Jesús y Dios («Abba» [Mc 14:36]) destaca otro motivo fundamental, que da una definición más clara de la importancia de la «copa» en Marcos 14:36. Como observa R. Feldmeier, Getsemaní funciona como el punto de crisis en el relato de la pasión, y de hecho en la vida del Hijo de Dios. Aquí, por primera vez, Jesús experimenta el silencio de Dios, un extrañamiento divino que se expresa en último término en el grito de abandono de Jesús desde la cruz (Mc 15:34). Getsemaní, pues, no demuestra tanto la angustia de Jesús al enfrentarse a la muerte cuanto su temor a ser abandonado por Dios.
El relato de Marcos también destaca el valor parenético de las palabras y acciones de Jesús. En su oración Jesús personifica la respuesta adecuada a la crisis escatológica. El mandato de Jesús «¡Velad!», recuerda el contenido de su discurso final (cf. Mc 13:5, 9, 23, 33–37), una conexión acentuada especialmente por estos paralelismos verbales:
Mc 13:36: elthōn … heurē … katheudontas (venga… halle… durmiendo)
Mc 14:37: erchetai … heuriskei … katheudontas (vino… halló… durmiendo)
Mc 14:40: elthōn … heuren … katheudontas (al volver… halló… durmiendo)
Los discípulos, después de haber sido hallados durmiendo en este momento, son animados por esta historia «a estar en guardia» en previsión de las desgracias escatológicas finales (véase ESCATOLOGÍA).
Por último, podemos observar que la oración de Jesús alude al AT de forma que contribuye a su interpretación. La versión marcana de la oración sugiere un préstamo conceptual de varios salmos de lamentación (por ejemplo, Sal 42:9–11; 55:4–8; 61:1–3), lo cual apunta a un retrato tipológico de Jesús como el justo sufriente.

3. El Monte de los Olivos en Lucas

El estudio de Lucas 22:39–46 plantea importantes cuestiones relacionadas con la crítica textual y la crítica de fuentes (véase CRÍTICA TEXTUAL; PROBLEMA SINÓPTICO).
3.1. La inclusión de Lucas 22:43–44. La presencia o ausencia de estos dos versículos es crucial para una interpretación de la escena en su conjunto. La evidencia textual es ambigua, aunque está claro que la omisión de estos versículos en tantos y diversos testigos (e.g., P69 [aparentemente], P75, códices Vaticano y Alejandrino, y el primer corrector del códice Sinaítico) no podía haber sido accidental. Algunos intérpretes modernos (véase Fitzmyer, 2:1443–1444; Ehrman y Plunkett; RSV) excluyen estos versículos, señalando su singularidad dentro de la tradición sinóptica, la naturaleza de la evidencia de los manuscritos (especialmente P69 y P75) y la estructura del relato de Lucas, juzgando que resultan inapropiados dentro del contexto en que se encuentran y sugiriendo que se añadieron más tarde para instruir a los cristianos. Otros, sin embargo, apuntan a la presencia de estos versos en el códice Sinaítico (tanto el original como el segundo corrector) y Beza, por ejemplo, así como el conocimiento que tenían de esta tradición los padres de la iglesia (por ejemplo, Justino, Ireneo, Hipólito); también observan el impresionante carácter lucano de estos versículos. Además de la inclusión de vocabulario característicamente lucano, llaman la atención sobre el bien documentado interés de Lucas por los *ángeles (por ejemplo, Lc 1:11, 26; 2:13, 15; Hch 5:19; 7:30; 8:26; 10:3; 12:7) y el uso característico que hace Lucas de los símiles («era su sudor como grandes gotas de sangre» [Lc 22:44]; cf., por ejemplo, Lc 3:22; 10:18; 11:44; 22:31) (véase Brown, 1:181–82; Green 1988, 56–57). Estos datos, junto con el hecho de que la presencia de estos versículos es coherente con la interpretación lucana de esta escena en su conjunto (véase Tuckett), apoyan la inclusión de Lucas 22:43–44.
Por otra parte, no es difícil imaginar una justificación para la exclusión temprana de estos versículos en la tradición manuscrita. El cuadro que presentan de un Jesús humano, agonizante, necesitado, que requiere del apoyo angelical podría haber resultado problemático para algunos (cf. EvNic 20 [véase Brown, 1:183–84]). Por consiguiente, pueden haber sido retirados por razones teológicas. Existe, pues, una buena razón para tomar estos versos como pertenecientes al texto inicial de Lucas.
3.2. La cuestión de la crítica de fuentes. Al escribir esta historia, ¿dependió Lucas solo del paralelo de Marcos (Mc 14:26, 32–42), o se basó en material adicional? La tendencia reciente ha sido destacar el uso creativo que hace Lucas de su fuente marcana, minimizando de este modo su uso de tradiciones no marcanas (ya sean orales o escritas). Sin embargo, hay cuatro tipos de evidencia que sugieren que esta conclusión puede ser demasiado simplista. En primer lugar, las desviaciones lingüísticas y sintácticas de Lucas con respecto a Marcos no son fácilmente explicables haciendo referencia tan solo a la mano creativa de Lucas. En segundo lugar, la supresión que hace Lucas en su relato de Marcos 14:33–34 se explica más fácilmente por la aversión de Lucas a los duplicados, es decir, por su decisión de incorporar el registro de la angustia de Jesús en Lucas 22:43–44 en lugar de, en vez de además de, el material marcano similar. Tercero, en Lucas 22:42 el evangelista refiere el contenido de la oración de Jesús con el lenguaje del Padrenuestro que encontramos en Mateo 6:10: «no se haga mi voluntad, sino la tuya». Este lenguaje no aparece en la versión lucana de la Oración del Señor (Lc 11:2–4) y no tiene paralelo en Marcos. Por último, la presencia de Lucas 22:43–44 (sin paralelo en Marcos) habla del uso de una tradición no marcana por parte de Lucas. Así, mientras que con toda probabilidad Lucas era dependiente del relato de Marcos, es posible que también tuviera acceso a una segunda tradición (véase Holleran, 170–98; Taylor, 69–72; Green 1988, 53–58).
3.3. La relevancia de esta escena para Lucas. Algo fundamental para la comprensión de Lucas de esta escena es el papel de Jesús como modelo para sus discípulos. Este motivo aflora inicialmente con el uso de akoloutheō, un término que sugiere la idea de «seguir como un discípulo», en Lucas 22:39. Estructuralmente, la escena se encuentra enmarcada entre los mandatos «Orad que no entréis en tentación» (Lc 22:40) y «Levantaos, y orad para que no entréis en tentación» (Lc 22:46). Si Jesús ora, ellos también deben orar; igual que Jesús se levanta, ellos también deberían hacerlo (Lc 22:45–46). Por lo tanto, para Lucas, esta historia tiene un elemento parenético o exhortativo: la forma de resistir la prueba, la oración intensa y sumisa, es la que personifica Jesús. Este tema no es exclusivo de este pasaje en el relato de la pasión de Lucas; en otro lugar encontramos a los discípulos «con» Jesús (Lc 22:24–30; 23:26–27, 49) de un modo que no se encuentran en Marcos (cf. Mc 14:50–52, para el que Lucas no ofrece paralelo alguno).
También es de gran importancia para la escena de Lucas la forma en que todos los aspectos de la historia están subordinados a la necesidad divina del sufrimiento de Jesús y su sumisión incondicional a la voluntad de Dios. Este énfasis se logra por medio de la brevedad con que Lucas presenta la escena. La única mención a la oración (compárese con el patrón de tres veces en Mateo y Marcos) resalta la firme decisión de Jesús de ser obediente a Dios. De hecho, al igual que las instrucciones de Jesús a los discípulos enmarcan esta historia, su comunión con Dios (la oración en medio de la agonía y la recepción de la ayuda divina) se erige en su punto central. Una vez más, estos motivos se encuentran en toda la narración de Lucas (sobre la necesidad [dei] de la muerte de Jesús, véase, por ejemplo, Lc 22:19–20, 22, 37; 24:26; sobre la aceptación de su destino, véase, por ejemplo, Lc 22:15–18; 23:27–31, 46).
Lucas también está interesado en retratar esta escena como una batalla cósmica. Esto es evidente en su uso de peirasmos en Lucas 22:40, 46, un término que en el Evangelio de Lucas denota la lucha con Satanás (cf. Lc 4:13; 8:13), y en su referencia a la ayuda de ángeles. De hecho, la pasión de Jesús en su conjunto está marcada por el conflicto sobrenatural (por ejemplo, Lc 22:3, 28, 31, 53), a pesar de que la escena actual constituye claramente el punto crítico en esta lucha.
Algunos intérpretes han tomado la presentación de Lucas de este episodio como un elemento central de la presentación lucana de la pasión de Jesús como un martirio (por ejemplo, Barbour). El argumento a favor de esta interpretación se ve reforzado por la observación de que las historias sobre mártires presentan habitualmente a sus mártires como figuras ejemplares. Sin embargo, el retrato de Jesús de Lucas en oración agonizante no solo carece de paralelos en la literatura martirológica, donde la muerte se acepta felizmente, sino que también se encuentra en clara tensión con esa literatura (para más detalles, véase Sylva; van Henten). Otra lectura de esta historia propone que Lucas está especialmente interesado en impulsar su retrato de Jesús como el *Siervo del Señor isaiano (Green, 1986). De acuerdo con este punto de vista, la necesidad del sufrimiento de Jesús, el haber sido elegido para este destino, su obediencia voluntaria y su recepción la ayuda a través de un mensajero divino deben leerse en el contexto de los textos isaianos sobre el Siervo (especialmente Is 41:10; 42:1, 6; 49:5; 50:5–9; 52:13–53:12). Es decir, la representación lucana de Jesús orando en el Monte de los Olivos refuerza la interpretación de que era para cumplir con su papel como Siervo del Señor que Jesús tuvo que sufrir (cf. Lc 22:37).

4. La tradición de Getsemaní en Juan y Hebreos

El cuarto evangelista no relata ningún episodio en Getsemaní como tal, pero no obstante es conocedor de esta tradición. En Juan 18:1–2 sitúa a Jesús y sus discípulos en un huerto al otro lado del valle de Cedrón, y en Juan 18:11 Jesús hace referencia a la «copa» que Dios le ha dado, una copa que debe beber. Ambos detalles tienen su paralelo en la tradición sinóptica sobre Getsemaní. Por otra parte, Juan 17:1–18 presenta a Jesús orando inmediatamente antes de su arresto.
Más importante es la oración de Jesús en Juan 12:27–29. La propia oración: «Padre, sálvame de esta hora» (Jn 12:27), ha estado considerada de forma diversa, como una cuestión hipotética (NVI, LBLA) o como una petición (Reina-Valera). Teniendo en cuenta la nota de angustia en Juan 12:27a (Sal 6:3–4; 42:6; Mc 14:34), la experiencia de agitación de Jesús es evidente en cualquier caso. Aquí convergen una serie de importantes motivos joánicos: la obediencia de Jesús a su misión, y por lo tanto a Dios, la «hora» como el momento de la muerte de Jesús, el clímax de la obra para la cuál el Hijo ha sido enviado y la interpretación transparente de la muerte de Jesús como una glorificación y exaltación (cf. Jn 12:23, 32) (véase MUERTE DE JESÚS; GLORIA).
En su intento de demostrar las credenciales de Cristo para el sumo sacerdocio, el autor de Hebreos utiliza un material que recuerda a la tradición sobre Getsemaní. Esta conexión se sugiere generalmente por la observación de que la historia de Getsemaní es el único relato en nuestros Evangelios canónicos que se acerca a esta representación de un Jesús que ora con «gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte» (Heb 5:7). Además, podemos observar (1) la conexión entre Lucas 22:43–44; Juan 12:27–29; Hebreos 5:7: oró y fue escuchado; (2) que tanto Juan 12:27 como Hebreos 5:7 hablan de Dios salvando a Jesús; (3) que tanto Lucas 22:44 como Hebreos 5:7 mencionan sus lágrimas. En consecuencia, Hebreos 5:7 representa una reflexión cristiana muy temprana de la historia de Getsemaní.

5. La historicidad de la tradición sobre Getsemaní

Muchos han dudado de la historicidad del relato de la lucha de Jesús en oración en Getsemaní, citando como prueba principal la imposibilidad de obtener testimonios de testigos presenciales por parte de los somnolientos discípulos. Sobre esta base, algunos han llegado a sugerir una derivación de la literatura martirológica, mientras que otros sostienen que la escena se originó en una temprana reflexión sobre el Antiguo Testamento (esp. Sal 22:20; 31:9–10, 22; 42:5–6, 11; 43:5; 69:1–2). Como se ha señalado anteriormente (véase el apartado 3.3), en su punto clave esta escena realmente contrasta con las historias de mártires, cuyos protagonistas aceptan de buen grado su muerte. El papel del AT a la hora de aportar el lenguaje y las imágenes para interpretar teológicamente la historia no debería minimizarse, pero tampoco se ha aportado ningún argumento convincente que apoye la idea de que los salmos en realidad dieron lugar a esta tradición (Barbour; Dunn, 18–19).
Dado el número de testimonios independientes de este episodio (Mateo-Marcos, Lucas, Juan, Hebreos), la antigüedad de la tradición sobre Getsemaní resulta incuestionable. Su historicidad fundamental descansa en otros factores adicionales. En primer lugar, la historia pone de relieve tan profundamente la debilidad de Jesús que es poco probable que se haya creado a partir de la nada. En segundo lugar, no es probable que el escandaloso fracaso de los discípulos en esta escena surgiera en la tradición más antigua. Al mismo tiempo, algunos autores han argumentado que el sueño de los discípulos podía servir unos intereses teológicos en la oración de Jesús, ya que pone de relieve la claridad de la comprensión de Jesús de su tarea frente al persistente embotamiento de los discípulos. Esta línea de argumentación apoya aún más la historicidad de la oración de angustia de Jesús. Por último, podemos observar la aparición de «Abba» en Marcos 14:36, cuyo uso nos lleva «de vuelta a la mismísima habla y lenguaje del propio Jesús» (Dunn, 20).

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