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FILIPENSES: UN COMENTARIO DE SPURGEON

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FILIPENSES: UN COMENTARIO DE SPURGEON

Esta epístola fue escrita por Pablo estando en prisión con cadenas de hierro sobre sus muñecas; sin embargo, no encontramos ni un solo rastro de hierro en la epístola. Está llena de luz, de vida, de amor y de alegría mezclada con indicios de dolor, pero con un deleite santo que se eleva por encima de este.
—Charles Spurgeon.

Prólogo de Phil Johnson

En 1854, a la edad de 19 años, Charles Spurgeon fue llamado al púlpito de New Park Street; los periódicos de Londres se burlaban de él diciendo que era un intruso insolente. Los críticos se quejaban de que su estilo directo y franco al hablar era demasiado provocativo y peligrosamente innovador. Una revista secular se refirió alguna vez a su forma de hablar como “lenguaje callejero”. Una editorial de periódicos clasificó su predicación como “sermones de jengibre”. Un crítico particularmente hostil escribió:

No es nada menos que un actor exhibiendo ese descaro sin igual que lo caracteriza, dándose gusto con grotesca familiaridad en las cosas sagradas, predicando en un estilo coloquial y sin gracia, pavoneándose arriba y abajo de la plataforma como si estuviera en el Surrey Theatre, y jactándose de su propia intimidad con el cielo con repulsiva frecuencia. Su fluidez, dominio de sí mismo, trucos oratorios y declaraciones audaces, parecen fascinar a sus oyentes menos reflexivos, que aman la emoción más que la devoción.

Durante ese primer año, los expertos predijeron un final temprano para el ministerio de Spurgeon en Londres:

“Es una maravilla de nueve días —un cometa que de repente atravesó la atmósfera religiosa. Ha subido como un cohete y muy pronto descenderá como una vara”.

Los periódicos seculares no fueron los únicos en expresar su desaprobación hacia el joven predicador. Un distinguido ministro, de edad avanzada, publicó una crítica mal intencionada sobre Spurgeon en un periódico evangélico. Entre otras cosas, escribió:

“Tengo —solemnemente— mis dudas en cuanto a la realidad divina de su conversión”.

Por supuesto, Spurgeon no fue de ninguna manera inmaduro o imprudente. Por el contrario, para ser alguien tan joven, estaba extraordinariamente bien leído, tenía discernimiento, era sobrio, elocuente y profundo (el registro de sus sermones publicados demuestra fácilmente esta apreciación). Años más tarde, el propio Spurgeon reflexionaría sobre sus primeros años de ministerio, diciendo:

“Pude haber sido muy joven a los doce años, pero a los dieciséis ya era un sobrio y respetable pastor bautista, sentado en la silla dirigiendo y gobernando a la iglesia… pasé mi tiempo sumergido en mis libros, estudiando y trabajando duro, aferrándome a ello”. No era ningún advenedizo insolente.

Pronto, Spurgeon dejó atrás su apariencia juvenil, y la oleada inicial de críticas eventualmente cesó. De hecho, disfrutó de varios años de popularidad sin precedentes. Su ministerio —y reputación— llegó a todo el mundo a través de sus sermones publicados. Por un par de décadas no tuvo rival siendo el predicador más querido y más influyente del mundo.
Pero al final de la tercera década del ministerio de Spurgeon en Londres, multitud de críticos volvieron a atacarlo. Esta vez se quejaron de que estaba totalmente desfasado y anticuado —era un fósil teológica y eclesiásticamente hablando. El modernismo estaba de moda en ese momento y Spurgeon se oponía rotunda y abiertamente a esa tendencia, diciendo, entre otras cosas, que “las invenciones del ‘pensamiento moderno’ serían quemadas con fuego inextinguible”.

Esta vez, los opositores teológicos de Spurgeon lo catalogaron como obsoleto, irrelevante y perdidamente unido a un sistema de creencias arcaico. Los críticos más severos cuestionaron abiertamente su salud mental. Los críticos de Kinder se burlaban verbalmente de él mientras hacían comentarios sobre su edad y debilidad física. Con el tiempo, por su negativa a comprometerse con el modernismo, el más grande predicador bautista en la historia británica fue expulsado bruscamente de la Unión Bautista.

A pesar de que las quejas de los críticos sobre Spurgeon variaron, de un extremo al otro, con el paso de los años, cualquiera que lea sus obras publicadas podrá ver fácilmente que él no cambió significativamente desde el comienzo de su ministerio hasta el día en que murió. Su posición teológica, su filosofía de ministerio y su estilo de predicación permanecieron, esencialmente, siendo los mismos a lo largo de los años. Mientras tanto, el clima predominante en las iglesias evangélicas inglesas cambió gradualmente de la religiosidad victoriana al total racionalismo modernista. Pero Spurgeon nunca cambió su postura. Continuó predicando la verdad de la Escritura de la manera más clara posible —con una convicción firme y una devoción inquebrantable.

La historia ha justificado a Spurgeon. El modernismo fue un desastre, como él lo predijo. Las iglesias que se mantuvieron fieles a la Palabra de Dios florecieron, mientras que todas las denominaciones que abrazaron el modernismo, pronto murieron. Hoy en día, millones de personas todavía leen los sermones de Spurgeon con gran beneficio, y casi nadie recuerda a aquellos que lo describieron como “irremediablemente desfasado de su tiempo”. Mucho menos alguien se acuerda de aquellas voces, supuestamente venerables, que levantaron un sin fin de quejas al comienzo del ministerio de Spurgeon en Londres, aquellos que decían que él era una novedad peligrosa.

Se ha probado que ambas oleadas de críticas fueron totalmente erróneas. Spurgeon no fue ni demasiado vanguardista ni demasiado anticuado. Lo que hizo que la predicación de Spurgeon fuera excepcional (y lo que lo convirtió en blanco de una oposición tan hostil) fue la firmeza con la que sostuvo las convicciones bíblicas y la claridad con que proclamó la verdad de las Escrituras. Spurgeon no sintió vergüenza ni remordimiento por proclamar y explicar la Palabra de Dios en el lenguaje más claro posible.

Su estrategia en sí misma fue profundamente bíblica. Es precisamente la filosofía de ministerio que el apóstol Pablo le enseñó a Timoteo: “que prediques la palabra… a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2Ti 4:2, RVR60).
La descripción de Spurgeon acerca de John Bunyan podría describir fácilmente al propio Spurgeon:

“Pínchelo en cualquier lugar; su sangre es biblina, la más pura esencia de la Biblia fluye de él. No puede hablar sin citar un texto, porque su alma está llena de la Palabra de Dios”.

Spurgeon usaba con frecuencia la palabra “biblina”, no como adjetivo, sino como sustantivo propio. Alguna vez les dijo a sus estudiantes: “Saturen sus sermones con biblina, la esencia de la verdad bíblica”. Así como la gasolina alimenta un motor de combustión interna, Spurgeon describió la “biblina” como el combustible necesario para la vida piadosa. “Un hombre alimentado con biblina es un hombre de verdad”, dijo.

“En una historia de héroes, no hay ninguno que muestre tanto músculo moral y fuerza espiritual como aquel que hace que la Palabra de Dios sea su imprescindible alimento”.

En su consejo, Spurgeon estaba revelando el secreto del poder de su propia predicación. Había saturado su alma y mente con la Palabra de Dios. Pínchelo en algún lugar y sangrará biblina.
Spurgeon no es clasificado hoy en día, por la mayoría de los seminaristas, como un “predicador expositivo”. No necesariamente extraía los bosquejos de sus sermones y los puntos principales directamente del texto bíblico. De hecho, a veces el texto era su punto de partida para un sermón temático que poco tenía que ver con el contexto del versículo con el que comenzaba. Sin embargo, sus sermones estaban llenos de contenido bíblico —biblina. Apenas podía decir tres líneas sin incluir una frase, una referencia o una alusión a la Escritura. Cada vez que hablaba, no importando el tema o el lugar (incluso cuando daba una “clase” a una audiencia académica), había abundancia de la Escritura en su mensaje. Su conversación diaria estaba saturada de biblina. Casi cualquier charla que haya dado probablemente superaría a muchos de los sermones “expositivos” de hoy en día, por el puro contenido bíblico.
Spurgeon también dedicó una porción de cada servicio dominical a la exposición bíblica formal. Leía y comentaba un pasaje de la Escritura, explicando el texto frase por frase. Esto era distinto al sermón, generalmente estaba separado del sermón por el canto de un salmo o himno. Cientos de las exposiciones formales de Spurgeon fueron grabadas por estenógrafos y publicadas junto con sus sermones.

 Phil Johnson
Administrador de The Spurgeon Archive (www.spurgeon.org)

Introducción al Comentario: Elliot Ritzema

El gran predicador bautista del siglo XIX, Charles Spurgeon, acumuló una notable cantidad de escritos y discursos durante sus 57 años de vida. Sus palabras llenan más de 100 volúmenes. Aunque sus sermones y escritos tocan de una u otra forma todos los libros de la Biblia, escribió comentarios solo sobre los Salmos (el Tesoro de David de seis volúmenes) y Mateo (El Evangelio del Reino). Sus escritos abarcan todos los demás libros bíblicos, aunque no siempre es fácil encontrarlos o usarlos.
Es por eso que he creado la serie del Comentario Spurgeon. La idea detrás de la serie es simple: tomar material de sermones y escritos de Spurgeon, y organizarlo en formato de comentario. Este formato incluye varias características que serán particularmente útiles tanto para el lector devocional como para el predicador que se prepare para un sermón.
Cada sección del comentario incluye tres tipos de comentarios de Spurgeon: Exposición, Ilustración y Aplicación. Las secciones de exposición no simplemente tratan con un bloque de texto bíblico; están organizadas por versículos y por palabras que pertenecen a los mismos versículos. Esto le permitirá ver lo que Spurgeon dijo acerca de un versículo en particular. Las frases individuales que Spurgeon comentó dentro de cierto versículo se encuentran en negritas.
Cuando los predicadores están estudiando un texto para preparar un sermón, a menudo se olvidan de considerar las ilustraciones que pueden ayudar a llevar su enseñanza a los corazones de sus oyentes. Para ayudar en esa tarea, hemos enfatizado las ilustraciones de Spurgeon. Hemos separado las historias o comparaciones que Spurgeon utilizaba para ilustrar alguna verdad que encontraba en los versículos, facilitando así su consulta. También hemos etiquetado las ilustraciones con temas para que sean más fáciles de buscar en la plataforma del Software Bíblico Logos. Algunas secciones del comentario tendrán más ilustraciones que otras, pero hemos intentado incluir al menos una ilustración por pasaje.
La aplicación aparece al final de cada sección del comentario. Esta contiene las exhortaciones de Spurgeon a sus oyentes para que se comportaran en base a las verdades que estaba extrayendo del texto. El contenido de la aplicación es tomado regularmente de diferentes sermones sobre un mismo pasaje. Cada sección del comentario incluye entre una y cuatro aplicaciones, dependiendo de cuánto escribió y predicó Spurgeon sobre el pasaje.
Hemos actualizado el lenguaje de Spurgeon para lograr una mayor comprensión. Hemos tratado de encontrar equivalencias modernas a las palabras arcaicas que el lector de hoy en día podría no saber o reconocer. También hemos dejado fuera el contenido que era aplicable solo a los temas y controversias que Spurgeon enfrentaba en sus días; en lugar de ello, nos hemos enfocado en el contenido que puede relacionarse a una audiencia actual. Afortunadamente, mucho de lo que Spurgeon dijo y escribió es verdaderamente eterno. Las citas bíblicas son tomadas de una traducción reciente, hemos usado la Biblia Reina Valera Revisada 1960, en lugar de la King James que Spurgeon utilizó. Ocasionalmente, Spurgeon enfocó su atención en una palabra en particular de la KJV; en esos casos hemos conservado la expresión original.
¿Cuánto de este comentario es realmente de Spurgeon, y cuánto es realmente del editor? Esperamos que encuentre a Spurgeon tanto como sea posible, con los editores permaneciendo en segundo plano. Los títulos de las secciones, incluidos los de las ilustraciones y las aplicaciones, provienen del editor; todas las demás palabras (excepto las del idioma actualizado mencionado anteriormente) son de Spurgeon. En general, no hemos utilizado elipsis, porque hemos recopilado contenido de múltiples fuentes en el mismo párrafo. Creí que utilizar elipsis, en una situación así, sería más una distracción que una ayuda. En lugar de ello, hemos incluido una lista de todas las fuentes utilizadas al final de cada sección, después de la Aplicación.
Por último, me gustaría agradecer a Jessi Strong y a Carrie Sinclair Wolcott por haber hecho gran parte del trabajo de edición en los volúmenes de Hebreos y 1–2 Pedro. Esta serie es aún mejor por su arduo trabajo y colaboración.
Espero que esta serie de comentarios sirva para hacer que los escritos de Spurgeon sean más accesibles a los lectores actuales y tal vez hasta para presentar a Spurgeon a personas que no han tenido el placer de leerlo hasta ahora. A través de esta serie podría ser, como está escrito en la última página de su Autobiografía, que Spurgeon “continúe predicando el evangelio que amó proclamar mientras estaba aquí —el evangelio de la salvación por gracia, a través de la fe en la preciosa sangre de Jesús”.

Elliot Ritzema

FILIPENSES: UN COMENTARIO DE SPURGEON

FILIPENSES: UN COMENTARIO DE SPURGEON

 
Filipenses 1:1–11

1–3 Doy gracias a mi Dios Todos los recuerdos de Pablo acerca de Filipos provocaban gratitud en su mente. No pudo haber dicho de los gálatas: “Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros”. ¡Oh, no! Él dijo: “¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó?”. Hubo personas de las cuales dijo: “Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado”. Por supuesto, se alegró de que los creyentes fueran bautizados, pero, sobre todo, de no haber bautizado a ciertas personas que hubieran sacado provecho de ello y se hubieran jactado de haber sido bautizados por las manos de Pablo. No fue así con los filipenses. Pablo pensaba en ellos con una devota gratitud a Dios por el simple hecho de que existieran y tuviera contacto personal con ellos. Conocía a detalle todo sobre ellos y, aun así, podía dar gracias a su Dios cada vez que pensaba en ellos.
siempre que me acuerdo de vosotros En la iglesia de Filipos vemos a un pueblo que el apóstol recordaba con gozo. Tomó en cuenta el largo tiempo de su relación cercana con ellos, desde el momento en que predicó a la orilla del río, cuando Lidia se convirtió (Hch 16:12–15), hasta el momento en que les escribió siendo prisionero en Roma; no recordaba nada más sobre ellos sino solo aquello que le causaba alegría. Consideró cómo ellos, por su propia voluntad, ministraron una y otra vez para sus necesidades, cuando ninguna otra iglesia se acordó de él. Él dijo: “Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos” (Fil 4:15). Su bondad agradecida lo motivó a darle gracias a Dios No tenía ninguna gota de amargura en sus felices recuerdos sobre ellos. Mientras recordaba sus oraciones, su valentía, su fe, su labor, su unidad, su constancia, su celo, su seriedad y su generosidad, sintió una inmensa gratitud hacia el Autor de todas estas excelentes cosas.
4 en todas mis oraciones Por algunos hemos tenido que orar con lágrimas y suspiros, y por otros con temblor. Pero el Señor escuchó de tal forma a Pablo con respecto a los filipenses, que cada vez que comenzaba a orar sentía libertad en la oración, sentía gozo de llevar sus nombres ante el Señor y una dulce certeza de que no estaba orando en vano. Su clamor no era un grito de angustia, sino un deleite. Cuando oramos por aquellos que son nuestro gozo, y por aquello que será su alegría, podemos mezclar bien la alegría con la sinceridad. Por estos hermanos amados, Pablo se acercó al propiciatorio con valentía y confianza. Se sentía seguro de ser escuchado intercediendo por ellos.
rogando con gozo Pablo se regocijó. Habitualmente era un hombre feliz. Esta epístola a los Filipenses es particularmente alegre porque el apóstol está gozoso todo el tiempo. Endulza la oración con alegría (1:4); se alegra de que Cristo sea predicado (1:18); deseaba vivir para alegrar a la iglesia (1:25); para ver a los miembros compartiendo su alegría (2:2); era el gozo por el cual no había corrido en vano (2:16); su despedida fue: “gozaos en el Señor” (3:1); habla de los que se regocijan en Cristo Jesús (3:3); llama a sus conversos su gozo y corona (4:1); y expresa su alegría por su bondad (4:4, 10, 18).
5 por vuestra comunión en el evangelio El apóstol anhelaba difundir el evangelio y ellos también. Estaba dispuesto a llevarlo a las regiones más lejanas y ellos también compartían esa misma intención. Al predicar, estaban allí para alentarlo. Al celebrar reuniones especiales, estaban siempre dispuestos a ayudarle. Si se necesitaba dinero, cada uno estaba dispuesto a darlo, según su capacidad, pero sin ningún tipo de presión. Cada uno se sentía tan comprometido con la obra como su ministro. Estaban entusiasmados con la proclamación del evangelio. Su corazón estaba con él cuando más necesitaba de su solidaridad.

Cuando los pastores son líderes solo de nombre

Temas para predicar: Liderazgo de la iglesia

Hay iglesias donde el pastor es el oficial principal, solo de nombre, ya que no puede dirigir porque la iglesia no lo sigue. Imagine esta escena: un oficial joven, con espada en mano, salta la muralla. Mirando hacia atrás, ve que su tropa está todavía lejos de él. Él grita: “¡Vamos! ¡Venga!”, pero no hay respuesta; es como si estuviera llamando a piedras, sin encontrar respuesta. Esto nos habla de un trabajo deficiente. Pero imagine a otro oficial que donde quiera que avanza, sus soldados están con él. Están tan entusiasmados como él; la victoria es tanto de ellos como de él y verdaderamente sienten que es así. Puede haber protestas contra “el ministerio de un solo hombre”, cuando ese hombre, no está respaldado por toda la iglesia, pero no necesariamente tiene que ser así.
desde el primer día Creo que podríamos profetizar lo que los convertidos serán tomando en cuenta lo que son desde el principio. Algunos comienzan con mucho ánimo y gradualmente se enfrían, pero rara vez los vemos desarrollar un celo ardiente si comienzan con una actitud poco entusiasta. Cuando nos unamos a una iglesia, está bien que desde el primer día le preguntemos al Señor: “¿Qué quieres que haga?”. El tipo de reclutas que deseamos en el ejército de Cristo son aquellos que están en comunión con nosotros apoyándonos en la proclamación del evangelio desde el principio.
Sepultándonos a nosotros mismos
Temas para predicar: Unidad y Comunión de la iglesia
Alguien me dijo que el servicio de un sepelio comenzó con las siguientes palabras: “Muchas personas encuentran demasiado difícil sepultarse a sí mismas…”, pero yo diría: “Muchos miembros de la iglesia encuentran extremadamente fácil sepultarse a sí mismos”. Los recibimos en nuestras filas con gusto, pero no volvemos a escuchar algo sobre ellos. Tenemos el privilegio de escribir sus nombres en nuestro libro de membresía, pero eso es todo. Les damos la mano como símbolo de comunión, pero no nos dan su mano como símbolo de colaboración en la obra. Sin embrago, vemos que los filipenses colaboraron en difundir el evangelio desde el primer día.
hasta ahora Fue una comunión práctica. Algunos de ellos predicaron, pero todos oraron; algunos contribuyeron con dinero, pero todos dieron amor. Nadie evadía su responsabilidad, la cual no era vista como responsabilidad, sino como privilegio. No se sorprenderá entonces de que Pablo se regocijará, pues ver a otros esforzarse, da gozo a todo hombre esforzado.
6 estando persuadido de esto Esta confianza divina es el gozo supremo de la vida cristiana. Si Aquel que comenzó la buena obra no la hubiera continuado también, entonces estaríamos en una miserable situación. Pero, bendito sea Dios, la obra de la gracia está en manos de quien nunca deja su obra inconclusa. Pablo había sido sostenido con tan grande gracia, y había sido favorecido personalmente con visiones tan claras sobre el carácter de Dios y del Señor Jesucristo, que se sentía muy seguro de que Dios no dejaría su obra incompleta. Cuando un hombre comienza una obra y la deja a la mitad, es a menudo por falta de poder. Los hombres dijeron de aquella torre no terminada: “Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar”. Pero Dios no comenzó la obra en el alma de ningún hombre sin la debida deliberación y consejo. Desde la eternidad Él sabía las circunstancias en las cuales el hombre sería colocado y anticipó la dureza de su corazón y la inconstancia del amor humano. Si desde entonces consideró sabio comenzar, ¿cómo podríamos suponer que Él cambiará y corregirá su decisión? A pesar de ello, algunos buscarán convencernos de que esta gran obra de la salvación de las almas fue iniciada por Dios, y luego abandonada y dejada incompleta, y que habrá espíritus perdidos para siempre sobre los cuales el Espíritu Santo ejerció su poder santificador, por quienes el Redentor derramó su preciosa sangre, y a quienes el Padre eterno miró con ojos de complaciente amor. No creo que tal cosa sea posible. No, todo lo que el Señor comenzó lo terminará. Si Él decide llevar a cabo alguna obra, no descansará hasta que esa obra esté totalmente terminada. Hay un mundo de discusión sobre las palabras que el apóstol usa. Sabiendo lo que sabe del carácter de Dios, Pablo está seguro de que Aquel que comenzó la buena obra en los santos, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.
el que comenzó El Señor mismo había comenzado la buena obra en ellos. Esta es verdaderamente una cuestión vital. Toda gira en torno a la pregunta: “¿Es esta conversión una obra divina o no?”. El apóstol había encontrado sinceridad en los filipenses al colaborar en la obra del Señor. Sufrieron pacientemente por su Señor, defendieron la fe con valentía, la difundieron con celo, así sus vidas lo confirmaron. Por eso Pablo se dijo a sí mismo: “Este es el dedo de Dios; el Señor mismo ha comenzado esta obra”. ¿Acaso no la comenzó Pablo? No, porque si la hubiera comenzado, la hubiera tenido que continuar, y eso no hubiera sido posible. ¿No la comenzaron ellos mismos? Ciertamente no. ¿El pecador da el primer paso? ¿Cómo será eso posible? Está muerto en pecado. Si diera el primer paso, sin necesidad del Espíritu de Dios, entonces podría seguir caminando sin Dios.

La perseverancia de los santos y la perseverancia de Dios

Temas para predicar: Confianza, Fidelidad de Dios, Perseverancia

A un buen ministro se le preguntó alguna vez si creía en la perseverancia final de los santos. “Bueno”, dijo él, “no sé mucho sobre ese asunto, pero creo firmemente en la perseverancia final de Dios, esa que nos dice que donde Él haya comenzado una buena obra, la continuará hasta que esté completa”. En mi opinión, esa verdad incluye la perseverancia final de los santos. Perseveran en el camino de la salvación porque Dios los mantiene en él.
en vosotros la buena obra Se estaba refiriendo a la obra de la gracia en el alma, la cual es llevada a cabo por el Espíritu Santo. Esta es, eminentemente, una buena obra, ya que obra el bien en el corazón que está sujeto a ella. Buscar que un hombre esté sano físicamente, sea rico en bienes, tenga una mente educada y facultades entrenadas es bueno, pero en comparación con la salvación del alma, todas esas cosas se hunden en la insignificancia. La obra de la santificación es una buena obra en el sentido más alto posible, ya que influye en el hombre proporcionándole buenos motivos, lo lleva a realizar buenas obras, lo involucra con hombres buenos, le da compañerismo con ángeles y al final lo hace semejante a Dios mismo. Adicionalmente, la vida espiritual es una buena obra, porque brota y se origina de la bondad pura de Dios. Así como siempre es bueno mostrar misericordia, también es especialmente bueno que Dios obre en los hombres pecadores y caídos para renovarlos a la imagen de Aquel que los creó. La obra de la gracia tiene su raíz en la bondad divina del Padre, está sembrada por la abnegada bondad del Hijo y es diariamente regada por la bondad del Espíritu Santo. Proviene del bien y conduce al bien, así es cómo llega a ser completamente buena. El apóstol la llama una “obra” y, en un sentido más profundo, es realmente una obra para convertir al alma.

La magnitud del Poder de Dios en la Salvación

Temas para predicar: Conversión, Renovación de la creación, Poder de Dios, Salvación

Si de repente se pudiera hacer que el Niágara lanzara sus aguas hacia arriba en vez de arrojarlas desde su rocosa altura, no sería entonces un milagro transformar la perversa voluntad y las violentas pasiones de los hombres. Hacer blanco al etíope o quitar las manchas del leopardo, es proverbialmente difícil, pero estas no son sino obras superficiales. Renovar lo más profundo del hombre, y quitar al pecado su dominio sobre el corazón de este, no es solo la obra del dedo de Dios, sino de todo su brazo. La conversión es una obra comparable a la creación del mundo. Es solo Aquel que hizo los cielos y la tierra el que podría crear una nueva naturaleza. Es una obra que no tiene paralelo. Es única e incomparable porque vemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo cooperando en ella. Para implantar la nueva naturaleza en el cristiano, es necesario el decreto del Padre Eterno, la muerte del siempre bendito Hijo y la plenitud del poder del Espíritu digno de adoración. Es una obra de verdad. Las obras de Hércules son insignificantes comparadas con esta; matar leones y limpiar las caballerizas egeas —todo eso es juego de niños comparado con la renovación de un espíritu recto en la naturaleza caída del hombre.
la perfeccionará Su confianza sobre el futuro de sus convertidos estaba en Dios. No era una confianza puesta ellos, sino en la obra de Dios en ellos. Él dice: “Dios la comenzó y Dios la continuará”. No depende de la fuerza de sus principios, ni de la fuerza de sus decisiones, ni de la excelencia de sus hábitos. Él confía en Dios, quien terminará lo que ha comenzado. Ya que Dios es inmutable, podemos estar seguros de que la gracia terminará lo que comenzó. Dios no puede abandonar la obra de sus propias manos por falta de paciencia. Un hombre puede comenzar a bendecir a otro, y ese otro puede llegar a ser tan ingrato, que el benefactor se impacientará y lo abandonará. ¿Fallará Dios en su gracia? Por supuesto que no. “Su misericordia es para siempre”. Lo más importante es que nuestra confianza, de una u otra manera, esté solo en Dios, nuestra confianza debe descansar en Dios, o será simplemente una ilusión.

La confianza conduce a la diligencia

Temas para predicar: Confianza, Buenas obras, Perseverancia, Promesas

Si usted pudiera estar bien seguro de que en algún negocio obtendría una gran suma de dinero, ¿esa confianza le llevaría a rechazar el negocio? ¿Le llevaría a tirarse en la cama todo el día o a renunciar a su objetivo por completo? No, la confianza de que sería próspero haría que fuera diligente. Si cualquier jinete en las carreras estuviera seguro de que está destinado a ganar, ¿eso le haría disminuir la velocidad? Napoleón creyó ser el hijo del destino, ¿congeló eso sus energías? Por lo tanto, la creencia de que algún día seremos perfectos nunca impedirá a cualquier verdadero creyente ser diligente, ya que es el incentivo más grande para hacer que un hombre luche contra las corrupciones de la carne y persevere de acuerdo a la promesa de Dios.
hasta el día de Jesucristo La buena obra ha de ser perfeccionada en el día de Cristo, el cual, creemos que es la segunda venida de nuestro Señor. ¿Seremos absolutamente perfectos para entonces? Yo creo que no. La perfección, en cierto sentido, es posible a través de la gracia divina, pero no la perfección absoluta. Alguien podría decir: “Seremos perfectos en la muerte, ¿no es así?” Eso no es lo que está escrito aquí; pero sí que “Él la llevará a cabo hasta el día de Jesucristo”. Podríamos ser perfectos en la muerte, sin duda, en cuanto a la naturaleza moral y espiritual. Pero un hombre tiene un cuerpo y un alma, y se necesitan ambas partes para hacer perfecto al hombre. Mientras que los gusanos devoren el cuerpo, el hombre seguirá sin ser perfecto. Será perfecto cuanto el Señor venga, y la trompeta suene, y los muertos sean resucitados incorruptibles. La segunda venida debería estar mucho más tiempo en nuestras mentes que la hora de nuestra muerte. El Señor perfeccionará el sacrificio que Él ha comenzado, pero no hasta el día en que reciba a su iglesia en los cielos. Nuestro Señor Jesús será cubierto con el infinito esplendor de Dios en ese día, y entonces seremos semejantes a Él; su gloria será reflejada en todos los creyentes. No tiene ni idea de cómo será el hombre perfeccionado. “Lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir” (1Co 15:37). Dios nos dará tal cuerpo como a Él le plazca, a cada uno, un cuerpo propio. Aquel que ha comenzado la buena obra en nosotros, no solo nos dará perseverancia hasta la muerte, sino que nos dará la perfección en el día de Cristo. Este es un pensamiento mucho más grande que la gran verdad de la perseverancia final; incluye esa bendita verdad dentro de su extensión, pero también asegura la gloria eterna tanto para el alma como para el cuerpo.

Dos Clases de Perfección

Temas para predicar: Santidad
La perfección, en el sentido bíblico, no es en absoluto aquello que perciben los que se jactan de la perfección en la carne. Un niño es perfecto cuando está recién nacido, tiene todos sus dedos en sus pequeños pies, sus ojos, sus oídos, su nariz y todos sus otros órganos están allí. Pero, si me dice que un niño es un hombre perfecto, me reiré de usted. Así que, el cristiano podría ser perfecto en todas sus partes, “sin que le falte cosa alguna” (Stg 1:4), y, sin embargo, no ser perfecto en cuanto a su desarrollo por un largo tiempo.
7 Os tengo en el corazón Su amor a ellos no era el mero resplandor de la naturaleza, sino la llama de la gracia. Él veía tanto de Cristo en ellos que no podía dejar de admirarlos y amarlos. Se sentía seguro de que eran de aquellos que nunca retroceden a la perdición, sino que creen en la salvación de sus almas. Percibió que la gracia que estaba en él estaba en ellos también. Por lo tanto, así como él esperaba ser guardado hasta el final, esperaba que también ellos fueran guardados. Así como estaba seguro de que la obra de la gracia en ellos era de Dios, y solo de Dios, estaba seguro de que nunca fallarían. Un buen cimiento da una gran seguridad de que la casa permanecerá en pie. Estemos seguros con respecto al futuro de aquellos a quienes amamos en el Señor, simplemente por lo que el Señor ha hecho por ellos.
en mis prisiones Cuando estuvo en prisión, no se avergonzaron de sus cadenas. Cuando Pablo fue llevado a Roma, los filipenses se aseguraron de que no se quedara sin un centavo, le enviaron ayuda, en su pobreza, para suplir sus necesidades. Él sentía confianza en la gente que podía hacer esto. La vergüenza hace que muchos de los más débiles se aparten, pero los fieles permanecen. Aquellos que aman la santidad, cuando otros la desprecian y la ridiculizan, son los que se mantienen firmes.
defensa Ellos estaban comprometidos con Pablo en la defensa del evangelio. Si alguno de los maestros de Galacia venía, le darían la espalda. No dejarían el gran evangelio para complacer a los sabios de la época.
confirmación del evangelio También estaban con el apóstol en la confirmación del evangelio. Sus vidas demostraron la verdad de la Palabra de la gracia en sus corazones. Cuando Pablo predicaba, si quería demostrar que el evangelio era poder de Dios, simplemente mencionaba lo que se había logrado en Filipos, nadie podía negar tal testimonio. Un testimonio vivo es invencible. El razonamiento es muy bueno, pero los hechos son todavía mucho mejores. ¡Oh, que cada cristiano viva para probar el poder del evangelio!
sois participantes conmigo de la gracia Pablo añade otra razón por la que estaba tan seguro de ellos, específicamente, que eran partícipes de su gracia. La misma gracia que lo había salvado a él, los había también salvado a ellos. Los filipenses atribuyeron su salvación a la gracia soberana, como Pablo lo hizo. Estuvieron con él en todo momento; no en una unión forzada, sino con un amor sincero a la misma verdad. Además, Pablo amaba las almas de los hombres, siempre estaba trabajando para guiarlos a Jesús, y ellos hicieron lo mismo. Él se deleitaba más en predicar donde Cristo nunca había sido dado a conocer, pero no para construir sobre el fundamento de otro hombre; en esto también lo apoyaron. Estuvieron con él en todo esfuerzo amoroso para difundir el evangelio. Es grandioso cuando un ministro tiene gran confianza en su iglesia, basado en el hecho de que ve la gracia de Dios en ellos dando fruto para su gloria. Se debe evitar un aprecio hipócrita, pero una confianza que es justificada por la evidencia, es un gran consuelo para el corazón.

Un lago de cristal debe dar agua cristalina

Temas para predicar: Carácter, Santidad
¡Qué fuerza tan grande da la vida santa de su iglesia al predicador de la palabra de Dios! Imagine que un hombre viene ante usted y le dice: “Hay, en algún lugar cerca de aquí, un lago invisible, que tiene el agua más pura, más extraordinaria y más refrescante que jamás haya bebido. Nunca ha visto agua tan pura y deliciosa como esta”. Le pide al caballero que le permita ver ese lago. No, no puede mostrarle el lago, pero le permitirá contemplar los arroyos que fluyen de él. Esa es una condición justa y usted está de acuerdo en acatarla. Ve uno de los arroyos. Llena un vaso de agua y lo sostiene a contra luz. ¡Vaya!, hay pequeños animales nadando en ella, y un sin fin de pequeños monstruos marinos peleando entre ellos mismos. Ese lago no es un buen lugar para beber, a menos que trague carne y agua cada vez que beba de él. Su informante le asegura que debe haber un error en alguna parte. Así que decide esperar. Evidentemente, ese arroyo está mal, pero le llevará a otro. De nuevo sumerge su copa y ¡mire! Está llena de agua de un color extraño, como si la inmundicia de alguna gran ciudad hubiera corrido en ella. Es imposible beber de ese agua. Nuevamente, su informante le dice que hay un error allí también, y le pide que lo intente de nuevo. Después de tres o cuatro intentos, se siente totalmente incapaz de creer en ese lago de cristal. Tales arroyos no han salido de un lago puro, así que decide mantenerse dependiendo de sus antiguas fuentes de agua hasta tener información más confiable.
8–11 esto pido en oración El punto en el que los filipenses fracasaron fue el amor y la unidad entre ellos mismos. Por ese motivo oró Pablo, porque era una cuestión de suma importancia.
Aplicación
Hay demasiados en las ambulancias de la iglesia
¿Cuándo tendremos iglesias vivas por todas partes? Cuando la falsa doctrina contamina una iglesia, suele dañarla en su totalidad, porque “un poco de levadura leuda toda la masa” (1Co 5:6; Gá 5:9). Pero si son buenas iglesias, siento decir que el perfume de la consagración no las endulzan completamente. En la mayoría de las iglesias hay algunos que, en gran medida, lo hacen todo y lo dan todo. Otra porción ayuda de vez en cuando, en la medida en que son impulsados por los consagrados. Después de estos, se encuentra un gran número de personas que son prácticamente el equipaje de la iglesia, la madera que tiene que ser llevada por los miembros eficientes. Por desgracia, tenemos demasiados en las ambulancias, ¡cuando cada uno es requerido en la batalla! Una iglesia está en una terrible condición cuando se encuentra así, pero gozará de buena salud si abunda en el servicio al Señor, como en Filipos.
Lo que debemos hacer para tener el gozo de Pablo
En Filipos, Pablo no solo comenzó con Dios, sino que continuó con Dios. Tenía mucho que hacer, pero no intentó hacerlo sin su Señor. ¡Oh, que todos los obreros tuvieran esa mentalidad! Tratamos con Dios muy poco. Alguna persona podría decir: “Levantemos un avivamiento”. Los avivamientos que los hombres pueden levantar es mejor dejarlos; necesitamos avivamientos desde abajo. Si conseguimos un avivamiento, debe venir desde abajo. Y si conseguimos un avivamiento desde abajo, seguro viene de arriba. ¡Señor, reavívanos! Oramos por ello, y cuando llegue, te alabaremos por ello también. Debemos mezclar nuestro servicio constante con más oración y alabanza si deseamos que sea eficaz en gran medida. Si la obra vale algo, es la obra de Dios en nosotros y por medio de nosotros. Él la comienza, la lleva a cabo, y la completa. ¿Qué podemos hacer entonces si no nos acercamos a Él? Nuestra labor debe depender constantemente de Dios. Maestros de escuela dominical, su trabajo requiere que ustedes comiencen con Dios, no se atrevan a ir a la clase, ni siquiera una sola vez, sin oración ferviente en el Espíritu. Cuando haya dado la lección, vaya enseguida y pida la bendición de Dios sobre ella. No se olvide de esto nunca. El ejemplo de Pablo fue orar y dar gracias a Dios, y debe ser el suyo también si de verdad desea tener el gozo de Pablo.
La obra de Dios no hace que la oración sea innecesaria
Aunque podemos estar seguros de que si Dios ha comenzado una buena obra Él la llevará acabo, esto no justifica que la oración sea dejada a un lado. Pablo oró por estas mismas personas. Tampoco disminuye la necesidad de una vida santa, porque Pablo solo confió en los santos que fueron sinceros “en la defensa y confirmación del evangelio” y fueron participantes de la gracia divina. Se sentía confiado en la perfección suprema solo de aquellos que reflejaban una obra divina dentro de ellos, y lo probaban con su compromiso en la proclamación del evangelio. ¿Cómo podemos profesar que la gracia está en nuestros corazones por implantación divina si vivimos en pecado secretamente? ¿Cómo podemos tener la esperanza de perseverar si no hemos comenzado? Si no participamos en las oraciones y los esfuerzos de la iglesia de Dios, ¿cómo podremos esperar participar de la recompensa en la venida del Señor? La pregunta de si Dios ha comenzado la obra salvífica en nosotros debe ser respondida por nuestra fe y nuestra vida. Si se demuestra satisfactoriamente que Él la ha iniciado, podemos estar seguros de que la terminará. Si, por el contrario, tenemos motivos para temer que no la haya comenzado en absoluto, no debemos engañarnos a nosotros mismos, sino reconocer nuestra verdadera posición. Todavía tenemos oportunidad de clamar a Él como pecadores, y mirar a Jesús como el autor de la fe. Esto será sabio y tendremos éxito porque Jesús dice que no echará fuera a ninguno que venga a Él; “Éste a los pecadores recibe”. Espero que toda persona no convertida que vea que la salvación es obra de Dios, se diga a sí misma: “Miraré a Aquel que es capaz de comenzar la obra en mí. Si Él comienza, continúa y completa mi salvación, entonces mi falta de fortaleza no tiene que hacerme perder las esperanzas, porque Él es capaz, aunque yo no lo sea. Él hará toda la obra en mí y yo alabaré su nombre”.

Filipenses 1:12–26

12 las cosas Observe cómo el apóstol Pablo se olvida de sí mismo. Mientras el evangelio pudiera ser proclamado por todas partes, no le importaba dónde estuviera, ni lo que sufriera.
13 todo el pretorio Pablo pudo ser un testigo de Cristo entre los guardias del pretorio que tenían a su cargo la custodia de la prisión donde estaba encerrado, y quienes también, en su momento, sirvieron en el palacio de César. Pablo dice que gracias a que estuvo encadenado, los detalles relativos a su encarcelamiento fueron discutidos incluso en el palacio imperial, y por ese medio, el evangelio se dio a conocer a muchos en la casa de César.
14 hablar la palabra sin temor Otros hermanos, que tal vez se sintieron obligados a quedarse callados en presencia de Pablo, viendo que su líder había sido quitado de en medio de ellos, se atrevieron a salir y a “hablar la palabra sin temor”. Lo mismo sucede a menudo desde entonces.
Las oportunidades creadas por un árbol caído
Temas para predicar: Liderazgo de la iglesia, Valentía, Liderazgo
Seguramente alguna vez ha visto un roble completamente desarrollado siendo cortado, y entonces ha llegado a ser consciente de que se ha perdido su maravillosa sombra. Sin embargo, después habrá descubierto que muchos árboles pequeños, que se hubieran quedado eclipsados bajo su sombra, han crecido más rápidamente en su ausencia.
De la misma manera, el cese de algún eminente siervo del Señor Jesucristo ha dado, con frecuencia, oportunidad a otros para que broten y llenen su lugar.
15–17 predican a Cristo por envidia y contienda Hay un gran anhelo de que todos los que prediquen a Cristo prediquen con un espíritu recto. Pero aun cuando no lo hicieren, estemos gozosos de que Cristo sea predicado. Aun cuando solo es una parte del evangelio la que es proclamada, y hay muchas cosas con las cuales diferimos grandemente, si Cristo es predicado, su evangelio tendrá efecto y obrará sus maravillosos propósitos de amor y misericordia.
La verdad conquistará, como el fuego que quema las hojas
Temas para predicar: Verdad, Victoria y derrota
Tal vez ya haya visto alguna vez un pequeño fuego encendido entre las hojas de otoño húmedas y mojadas. Habrá notado que, a pesar de todo el humo, el fuego continua activo y quemando las hojas. Así es la verdad eterna de Dios. A pesar de todo el error con el que a menudo se enfrenta, y casi es sofocada, vivirá y vencerá al error que se amontona sobre ella.
18 Cristo es anunciado ¡Dulce olvido de sí mismo! Mientras Cristo sea glorificado, a Pablo no le importa cómo le vaya, ni los motivos crueles de otros predicadores hacia su persona. Este es el verdadero cristianismo.
en esto me gozo El apóstol estaba en prisión, y su vida, por lo tanto, en gran peligro. Estaba demasiado preocupado por muchos que habían comenzado a predicar a Jesucristo, pero no con un espíritu adecuado. A menudo estaba deprimido por aquello que venía a su mente diariamente, el cuidado de todas las iglesias. Sin embargo, mientras enfrentaba los males que le rodeaban, pudo ver más allá de ellos y creer que las consecuencias de todas sus pruebas serían buenas y duraderas. Estaba seguro de que era algo bueno para él estar en prisión; era una cosa buena aun cuando tuviera que morir allí; era bueno que muchos predicaran a Cristo, aunque algunos lo hicieran de mala voluntad. Cristo era predicado, y el resultado no podía ser malo. Los problemas y las pruebas de las iglesias eran buenas, porque de alguna u otra manera prevalecerían para la gloria de Dios.
19 esto resultará en mi liberación Observe que el apóstol no esperaba que el bien viniera de cualquier otro lugar sino de la oración. Creía que, a través de la oración de sus amados hermanos en Filipos, y de la provisión del Espíritu, todo lo que le sucediera obraría para su salvación, para su beneficio espiritual y para su éxito como ministro de Cristo. Buscaba la transformación del mal en bien a través de esa alquimia sagrada del cielo, que puede transformar el metal más despreciable en el oro más puro. Pero no esperaba que esto sucediera fuera de los métodos ordenados de la gracia; contó con el resultado porque vio dos grandes agentes en acción, la oración y la provisión del Espíritu. Cualquiera que buscara efectos fuera de esas causas, no habría aprendido nada del apóstol.
por vuestra oración Pablo valoraba mucho las oraciones de los santos. Era un apóstol, pero sentía que no podía seguir adelante sin las intercesiones de los pobres conversos de Filipos. Valoraba las oraciones de Lidia y de su familia. Valoraba la oración del carcelero y de su familia también. Anhelaba las oraciones de Evodia, Síntique, Clemente y el resto —la mayoría de ellas, probablemente, personas sin una gran posición social, como el mundo las tiene— sin embargo, valoró sus súplicas más allá de todo precio, y estuvo grandemente agradecido tanto por sus oraciones como por aquellas cosas materiales con las cuales los filipenses habían ministrado una y otra vez sus necesidades.
Evidentemente, el apóstol esperaba que oraran por él. Tenía la más completa confianza de que sus hermanos en Filipos estaban orando por él. No pidió sus oraciones tantas veces en su carta porque asumió que ya las estaba recibiendo. Verdaderamente deseo que todos los pastores puedan siempre, sin dudar, asumir que disfrutan de las oraciones constantes de aquellos que están a su cargo.
y la suministración del Espíritu El Espíritu que necesitamos es el Espíritu que reposó sobre Jesucristo, el Espíritu que dio poder a su ministerio, porque Él dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí” (Lc 4:18). Ese mismo Espíritu necesitamos, el Espíritu que representa a Cristo en la tierra. Jesús se ha ido, pero el Consolador permanece con nosotros como su representante. Se mueve según la voluntad de Jesucristo, y opera sobre el pensamiento, el corazón y la voluntad humana, sometiendo a todos a Dios.
El diablo puede predicar un sermón sin unción
Temas para predicar: Llamado, Liderazgo de la iglesia, Espíritu Santo, Satanás
Un predicador famoso iba a predicar en cierta ocasión, pero se perdió en el camino y llegó demasiado tarde. El diablo, sabiéndolo, se disfrazó del ministro, tomó su lugar y predicó un sermón a la audiencia, la cual asumió que estaba escuchando al famoso predicador que había estado esperando. El diablo predicó sobre el infierno, así que se sentía como en casa, y pronunció un sermón maravilloso en el que exhortó a las personas a escapar de la ira venidera. Al terminar su sermón, llegó el predicador, y el diablo se vio obligado a retomar su propia apariencia. El predicador entonces le dijo: “¿Cómo te atreves a predicar como lo has hecho, advirtiendo a los hombres que escapen del infierno?”. “Oh”, dijo el diablo, “no hará daño a mi reino, porque no tengo ninguna unción”.
La historia es ridícula, pero contiene una gran verdad en ella. El mismo sermón puede ser predicado una y otra vez con las mismas palabras, pero sin la unción, estará vacío. La unción del Santo es el verdadero poder.
20 o por vida o por muerte Pablo esperaba que la proclamación del evangelio llamara la atención de Nerón hacia su caso, y terminara su encarcelamiento de una u otra forma. Poco le importaba que fuera liberado muerto o que se le permitiera reanudar sus actividades. Una vez más le hago notar la devoción de Pablo y cómo se olvidó de sí mismo. Parece ser una cuestión sin opción para él; serviría a Dios en vida o lo glorificaría en la muerte.
“Listo para todo”
Temas para predicar: Compromiso, Humildad, Sacrificio
El emblema de la American Baptist Foreign Missionary Society es un buey entre un arado y un altar, con el lema “Listo para todo” —listo para esforzarse en la obra, o para sacrificarse; lo que le plazca al Señor.
21 el vivir es Cristo Si vivía, vivía para conocer más a Cristo, estudiando su persona y aprendiendo a través de su experiencia, creciendo en el conocimiento de su Señor y Salvador. Si vivía, vivía para imitar más a Cristo, llegando a conformarse más y más a su imagen. Si vivía, vivía para dar a conocer a Cristo a los demás, y para disfrutar más y más de Él. En estos cuatro sentidos, podía decir: “Porque para mí el vivir es Cristo” —conocer más a Cristo, imitar más a Cristo, predicar más a Cristo y disfrutar más a Cristo.
el morir es ganancia Este es uno de los enigmas del evangelio que solo el cristiano puede realmente comprender. Morir no es ganar si ve solamente lo exterior. Morir sería una pérdida, no una ganancia. Pero la muerte, según Pablo, lo liberaría de todo pecado y de todas las dudas sobre su estado en el presente y en el futuro. Sería ganancia para él, ya que no sería lanzado al tormentoso mar. Estaría a salvo en la tierra donde estuvo atado. Sería ganancia para él, pues entonces estaría libre de todas las tentaciones, tanto de dentro como de fuera. Sería ganancia para él, porque sería librado de todos sus enemigos. No se encontraría más ante Nerón, ni ante judíos blasfemos, ni ante hermanos falsos. Sería una ganancia para él, porque sería liberado de todo sufrimiento, no habría más naufragios, ni más azotes, ni volvería a ser apedreado. Morir, también, sería ganancia para él, porque entonces estaría libre de todo temor a la muerte. Habiendo muerto una vez, ya no moriría para siempre. Sería una ganancia para él, porque encontraría en el cielo hermanos mucho mejores y más perfectos que los que dejaría en la tierra. Pero, sobre todo, encontraría a su Salvador y participaría de su gloria.
Juzgando la felicidad en base a toda la vida
Temas para predicar: La muerte y el morir, Felicidad
Si usted quisiera hacer una estimación justa sobre la felicidad de cualquier hombre, debería juzgarla en base a estas dos cosas estrechamente relacionadas: su vida y su muerte. El pagano Solón dijo alguna vez: “No llames a ningún hombre feliz hasta que esté muerto, porque no sabes qué cambios le puedan pasar en la vida”. Nosotros podríamos decir: “No llames a ningún hombre feliz hasta que esté muerto, porque la vida que ha de venir superará, con mucho, la vida más llena de felicidad que se haya alguna vez disfrutado en la tierra”. Para estimar la condición de un hombre debemos hacerlo basados en toda su vida. No debemos medir ese hilo que va de la cuna al ataúd. Debemos ir más allá. Debemos ir del ataúd a la resurrección y de la resurrección a lo largo de toda la eternidad. Para saber si mis actos son provechosos, no debo estimar sus efectos sobre mí en el tiempo presente, sino en la eternidad en la que he de existir. No debo medir las circunstancias con las escalas del tiempo. No debo calcular tomando como base las horas, los minutos y los segundos del reloj, debo contar y valorar las cosas según la eternidad.
22 vivir en la carne Esto es algo muy diferente a vivir para la carne.
resulta para mí en beneficio Pablo vivió para trabajar por Cristo y ver almas salvadas como fruto de su trabajo.
23 de ambas cosas estoy puesto en estrecho El apóstol fue encarcelado en un cuarto de la guardia del pretorio. Es muy probable que tuviera a un soldado encadenado a su mano derecha y otro a su izquierda, y también es muy probable que ante tal posición le surgiera la expresión: “de ambas cosas estoy puesto en estrecho”. Literalmente estaba siendo sostenido por dos fuerzas, y mentalmente estaba en la misma condición, luchando con dos fuertes deseos influenciados por dos pasiones. Uno de ellos diciéndole: “Vive, y recogerás el fruto de tu trabajo. Verás pecadores salvos, iglesias establecidas y el reino de Cristo extendido en la tierra”. El otro diciéndole: “Muere, y estarás con Cristo” —por lo tanto, no sabía qué escoger.
Viendo la muerte como una partida
Temas para predicar: La muerte y el morir, Persecución
Imagínese sentado en un oscuro calabozo, cautivo en manos del cruel y tirano Nerón, y bajo la supervisión del infame Tigelino, el más detestable de todos los siervos de Nerón. Imagínese que está esperando ser llevado pronto a la muerte —tal vez a una muerte tan horrible como aquella planeada con tanta crueldad por un monstruo, por ejemplo, el ser untado con aceite y quemado en el jardín de un tirano, simplemente para adornar su día. ¿Cuáles serían sus sentimientos? Si no fuera cristiano, esperaría que temblara con miedo ante la muerte. Incluso si fuera un creyente, no me maravillaría si su cuerpo se estremeciera ante tal situación. Pablo era un extraño a cualquier sentimiento de esa clase. No tenía el más mínimo temor al martirio. Él llama a su tan esperada muerte “una partida”, una liberación del cable que mantiene atado su barco en la orilla y una oportunidad para ir a mar abierto. Lejos de tener miedo a morir, estaba totalmente preparado. Esperaba pacientemente, e incluso anhelaba fervientemente la hora en que su transformación tuviera efecto.
deseo de partir Pablo estaba convencido de que había un estado futuro para los creyentes. Estaba bastante seguro de ello y creía que era un estado consciente que comenzaba en el momento en que morían, pero, sobre todo, que estaba más allá de toda felicidad aquí en la tierra. No creía en el fuego del purgatorio por el cual, supuestamente, las almas de los creyentes debían pasar; mucho menos creía en la moderna y detestable herejía de que, así como el cuerpo, el alma de los santos permanecía muerta hasta la resurrección. Hablaba de estar “ausentes del cuerpo, y presentes en el Señor” (2Co 5:8), no hablaba de partir para entrar en un estado de sueño o para estar bajo la sombra fría del olvido hasta que la trompeta lo despertase, hablaba de partir y estar inmediatamente con Cristo, lo cual es muchísimo mejor.
¿Qué hizo que Pablo deseara partir? Primero, el apóstol sentía el deseo de partir porque sabía que al partir y al estar con Cristo estaría limpio de pecado. Pablo odiaba el pecado; todo verdadero creyente debería hacer lo mismo. En segundo lugar, Pablo anhelaba morir porque sabía que tan pronto como él se marchara, encontraría a sus hermanos en la fe que habían partido antes. Pero, sobre todo, la principal razón de Pablo para desear partir era estar con Cristo.
estar con Cristo No tengo ninguna duda de que Pablo tenía ideas bien desarrolladas con respecto al estado futuro de los espíritus, ya que fue el cristiano más inteligente y mejor leído que jamás haya existido. No tengo duda de que él habría dicho: “Sí, hay comunión entre los santos; nos sentaremos con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. Tendremos comunión unos con otros en el cielo, así como la tenemos ahora en la tierra”. Sin duda, él creía que el cielo era un lugar con un conocimiento muy superior, y más claro, que el que poseemos aquí abajo en la tierra. Así dijo alguna vez: “Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido” (1Co 13:12). Algunos cristianos han considerado la idea de que contemplarán las diversas obras de Dios en todo su universo y que disfrutarán de felicidad infinita al contemplar su gran sabiduría. Esto es muy posible y, por supuesto, probablemente así será.
Tal vez Pablo creyó todo eso, pero no sabemos si lo hizo o no. Él solo nos da una idea. Simplemente describe ese estado como “estar con Cristo”. ¡Una idea muy exclusiva! No, de hecho, es muy inclusiva —pues abarca todo el cielo que la mente más grande pueda concebir. Parece que omite muchas cosas, pero me atrevo a decir que Pablo sentía que eran tan insignificantes que no importaba olvidarlas.
Deseando la presencia de Cristo por encima de todo
Temas para predicar: Presencia de Dios, El cielo
Imagine que hay una esposa cuyo marido ha aceptado un puesto en la India. Él ha estado lejos, y los años de su ausencia forzada han sido terribles para ella. Ella ha recibido mensajes amorosos de parte de él y cartas cálidas, pero a menudo suspira y su corazón continuamente mira por las ventanas hacia el este, anhelando su regreso. Ha recibido una carta diciéndole que vaya con su marido y, sin dudarlo, ha decidido irse. Si le pregunta a qué va a ir a la India, la respuesta será: “Voy con mi marido”. Ella tiene un familiar allá. Por su puesto, lo verá, pero no se lo dirá; en su pensamiento solo está ver a su marido. Tiene muchos viejos amigos y compañeros allá también, pero no va a esa tierra lejana con el deseo de disfrutar de la compañía de ellos. Ella cruza el mar con el fin de ver a su amado. Su esposo tiene una hermosa hacienda allá, y es rico, tiene una casa bien amueblada y muchos sirvientes. Pero nunca pasará por su mente decir: “Voy a ver la casa de mi marido”, o algo así. Ella lo único que desea es ir con su esposo. Ese es el principal objetivo. Podría haber otras razones para hacer el viaje, pero estar con su amado es su objetivo principal. Va con el hombre que ama con toda su alma, y anhela estar en el país en el que se encuentra él, cualquiera que sea, simplemente porque él está allí.
Lo mismo ocurre con el cristiano, pero en un grado diez veces mayor. No dice: “Voy a escuchar los cantos de los ángeles, y los eternos coros de los santos”, sino, “voy a estar con Jesús”. Se sugeriría y afirmaría la infidelidad a Cristo si no fuera este el primer y más alto pensamiento de un cristiano. Si aquella mujer hubiera considerado como prioridad en ese viaje la visita de alguna otra persona, o simplemente disfrutar de riquezas y posesiones, eso nos habría indicado que tenía poco amor por su marido, y que no es la esposa que debería ser. Si el cristiano tuviera un deseo mucho más grande e importante que el de estar con Cristo, o algún otro deseo más digno de ser mencionado, parecería entonces como si no se hubiera presentado como una casta virgen a Cristo, para ser suya solamente. Por lo tanto, ahora veo por qué Pablo llama a ese estado, “estar con Cristo”, porque su amor estaba completamente con su Señor.
lo cual es muchísimo mejor El griego tiene un triple comparativo. No podríamos decir “mucho mejor” en nuestro idioma, aunque sería una traducción aceptable. Así que podemos leer: “es bastante preferible”, o es muchísimo mejor estar con Cristo fuera del cuerpo, que permanecer en el cuerpo. Debe recordar que Pablo no afirma que el estado incorpóreo sea la condición más alta de un creyente, o la suprema corona de sus esperanzas. Es un estado de perfección hasta cierto punto; el espíritu es perfecto, pero la persona no ha llegado a ser perfecta mientras el cuerpo sea dejado en la tumba para descomponerse. Una mitad del santo es dejada atrás en la tumba. La corrupción, la tierra y los gusanos se han apoderado de ella, y el gran día final de nuestra manifestación solo llegará cuando la redención del cuerpo se logre plenamente. La plenitud de nuestra gloria es la resurrección, porque entonces el cuerpo estará unido a nuestro espíritu, y será perfeccionado junto con él. En la actualidad, los santos que están con Jesús están sin sus cuerpos y son espíritus puros. Su humanidad está, en ese sentido, mutilada; solo la mitad de su ser está con Jesús. Sin embargo, incluso para esa mitad de su ser, el estar con Cristo es mucho mejor que estar completo aquí, aun en la mejor condición posible.
Por otro lado, el apóstol no dice que estar con Cristo es mucho mejor que estar aquí, y ser rico, joven, sano, fuerte, famoso, grande o sabio. Pablo nunca pensó en contrastar estas pequeñas cosas con el hecho de estar con Cristo. Había superado ya todo eso. Él quería decir que estar con Cristo es infinitamente superior a todo tipo de gozo que los cristianos pudieran experimentar. Cualquier cosa que la mayoría de los cristianos sepan acerca de Cristo y de los gozos y las cosas celestiales, es sumamente insignificante en comparación con el hecho de estar con Cristo. Pero él quería decir aún algo más; él quiso decir que los gozos más altos que el creyente pudiera tener aquí en la tierra eran muy inferiores al hecho de estar con Cristo. Pablo no era un creyente desconocido; era un líder entre los seguidores de Cristo. Por eso pudo afirmar: “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús” (2Co 2:14). Conocía la gracia del Espíritu Santo, la cual tenía en abundancia. Él era muy superior a cualquier cristiano. Tuvo la mejor experiencia que cualquier hombre pudiera haber tenido fuera del cielo, la cual contrastó con el hecho de estar con Cristo, y dijo que todo aquello que pudiéramos obtener de las cosas celestiales aquí, no se compararía con el hecho de estar con Cristo. Aquello era muchísimo mejor. Damos gracias a Dios por todas sus misericordias en el peregrinaje, por todo el maná y el agua concedida —pero aun el desierto lleno de maná no es nada comparado con la tierra donde fluye leche y miel. Es cierto que en la batalla nuestra cabeza está cubierta, las alas de los ángeles nos protegen, y el Espíritu de Dios mismo fortalece nuestro brazo para usar la espada; pero, ¿quién no diría que la victoria es mejor que la batalla? Mucho mejor, dijo el apóstol, eso fue lo que quiso decir; es mucho mejor.
Anhelo de estar anclado firmemente en el puerto
Temas para predicar: Compromiso, La muerte y el morir, La victoria y la derrota
Imagine que hay un barco en el mar completamente cargado. Tiene una preciada carga de oro a bordo. Feliz será el reino que reciba la riqueza que está contenida en él. Si usted fuera el propietario de tal barco, ¿no lo anclaría firmemente en el puerto? Cuando el barco está lleno de tesoros, lo que más anhela el capitán es verlo bien amarrado. Pablo estaba lleno de fe y amor. Por eso pudo decir: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2Ti 4:7). Qué maravilla, por lo tanto, que anhelara estar anclado firmemente en casa. El soldado, que en medio de la batalla ha abatido enemigo tras enemigo, sabe que le espera una gran recompensa. Ha atacado al enemigo y lo ha hecho retroceder en muchas batallas desesperadas. Ya ha sido vencedor. ¿Se maravillaría usted de que quisiera que la pelea termine, que sus laureles estén seguros? Si hubiera sido cobarde, podría anhelar que la campaña fuese prolongada, para redimir su desgracia. Pero habiendo luchado hasta ahora con honor, puede muy bien desear que la prenda manchada en sangre pueda ser guardada para siempre.
Así fue con el apóstol. Había peleado una buena batalla, sabía que la corona estaba reservada para él en el cielo y anticipó el triunfo que Cristo le daría. No se asombre entonces de sus palabras al decir: “teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” (Fil 1:23).
24 más necesario por causa de vosotros Tenía una razón para permanecer aquí en la tierra, así como una para ir al cielo, ya que dijo: “quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros”. Aunque el apóstol deseaba morir, estaba dispuesto también a vivir. La muerte habría sido ganancia para él, pero soportaría la pérdida de esa ganancia si con ello podía beneficiar a otros Cuánto amo a Pablo por pensar primero en las iglesias al tener el cielo abierto delante de él.
“Fuertemente presionado entre las dos opciones”
Temas para predicar: Amor, Servicio
Anthony Farindon dice que el dilema de Pablo en Fil 1:23–24 es como una pobre mendiga fuera de la puerta que lleva un niño llorando. Alguien le dice: “Puedes entrar y festejar, pero debes dejar al bebé afuera”. Está muy hambrienta, y quiere entrar al banquete, pero no le gustaría dejar al bebé, así que se ve fuertemente presionada entre las dos opciones. O, dice Farindon de nuevo, es como una esposa que tiene hijos en casa, cinco o seis pequeños. Su marido está de viaje, y de repente llega una carta que le dice que la quiere y que debería ir con él, pero tiene libertad de hacer lo que mejor le parezca. Ella desea ir con su marido, pero, ¿quién se encargará del niño más pequeño y quién cuidará a todos los demás? Así que se ve fuertemente presionada entre las dos opciones. Ella ama a su esposo, pero también ama a sus hijos.
Así estaba el apóstol. Es una gran bendición pensar en un hombre que tiene tal amor a Cristo que es capaz de amar a las pobres almas lo suficiente como para estar dispuesto a abstenerse de ir al cielo por un tiempo.
25–26 Y confiado en esto, sé que quedaré Él admite, y admite con gozo, que estar con Cristo es mucho mejor. Pero al considerar tal situación ve razones para su permanencia aquí y, por lo tanto, se somete alegremente a la voluntad del Señor. Él no elige; su mente está tan envuelta con Dios y libre de sí mismo que no puede elegir. ¡Qué maravilloso corazón! Uno podría estar dispuesto a usar las cadenas de Pablo en las muñecas con tal de disfrutar de la libertad de pensamiento de Pablo. Es un hombre libre que el Señor liberó, y a tal hombre, Nerón mismo no lo puede esclavizar. Puede encerrarlo en la prisión militar, pero su alma camina libremente por la tierra y sube entre las estrellas. Pablo, en lugar de estar cansado de la vida o temeroso de la muerte, se sienta y considera con frialdad su propio caso, tan tranquilamente como si hubiera sido el caso de otra persona. ¿Puede ver cómo lo considera? Dice que partir y estar con Cristo es considerado por él mismo, mucho mejor. Por lo tanto, lo desea. Pero mirando alrededor, a las numerosas iglesias que había formado, y viendo que en su debilidad y exposición a muchos peligros necesitaban su cuidado, dice: “quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros”. Mantiene el equilibrio con la mano firme y las balanzas vibran en silencio en equilibrio. Una se levanta y luego la otra, suavemente balanceando su corazón por turnos. Está en un aprieto, un bendito aprieto entre las dos opciones. No dice que no sabía cuál de las dos cosas debía evitar, ni cuál despreciar, sino que su mente estaba en tal condición que vivir o morir le parecía igualmente deseable, y dice: “no sé entonces qué escoger”. Es una mala elección escoger vivir en un calabozo, y una decisión igualmente mala, como los hombres la juzgan, elegir morir, pero el apóstol considera las dos cosas como cosas elegibles, por lo cual, no sabe cuál escoger. Reflexiona tan fríamente y con calma como si no estuviera, en absoluto, preocupado por ello. De hecho, es justo decir que no le preocupaba en absoluto. Estaba conmovido por una mayor preocupación que cualquiera que tuviera que ver con él mismo, porque su objetivo principal era glorificar a Dios. Deseaba la gloria de Dios cuando consideraba partir para estar con Cristo, y deseaba lo mismo al estar dispuesto a permanecer con el pueblo de Cristo y trabajar en medio de él.
Aplicación
Orando por el ministro
Se debe orar por todo cristiano; cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de interceder amorosamente por el otro. Los miembros del cuerpo de Cristo deben cuidarse unos a otros, pero especialmente, el ministro debería recibir las oraciones de su rebaño. A veces he oído que sus obligaciones son descritas como arduas, pero esa palabra no es suficientemente expresiva. Las obras en las que está ocupado se encuentran fuera del alcance de todo poder humano. El ministro es enviado para ser mensajero de Dios y dar vida a los muertos. ¿Cómo puede hacer eso? Él no puede hacer nada a menos que el Espíritu de Dios esté con él a través de la oración de sus hermanos. Es enviado para traer comida espiritual a la multitud, es decir, debe tomar los panes y los peces, y con ellos, aunque sean pocos, debe alimentar a miles. ¡Es una misión imposible! No podrá hacerlo. Apartado de la ayuda divina, la misión de un ministro cristiano solo es digna de ser ridiculizada. Sin el poder del Espíritu Eterno, las cosas que el predicador tiene que hacer estarán más allá de sus posibilidades, como si tuviera que unir el sol y la luna en uno solo, iluminar nuevas estrellas o convertir el Sáhara en un jardín de flores. Tenemos una obra que hacer por la que a menudo lloramos, “¿quién puede soportar estas cosas?”. Si somos puestos en esta obra, pero no tenemos las oraciones de nuestro pueblo, y en consecuencia no tenemos la ayuda del Espíritu, entonces somos de todos los hombres los más miserables.
¿Quién puede iluminar el ojo ciego? ¿Quién puede dar el oído espiritual al oído sordo? De hecho, ¿quién puede despertar el alma muerta sino el Espíritu eterno, iluminador y vivificante? Allí está frente a nosotros, un gran valle lleno de huesos. Nuestra misión es resucitarlos de entre los muertos. ¿Podremos hacerlo? No, de ninguna manera con nuestros propios medios. Sin embargo, debemos decir a esos huesos secos: “Vivan”. Nuestra misión es absurda; es digna de risa, a menos que tengamos la oración y la ayuda del Espíritu con nosotros. Si tenemos esto, los huesos se juntarán con otros, el esqueleto se formará, la carne cubrirá el tejido óseo, el Espíritu Santo soplará sobre el cuerpo inanimado, habrá vida allí y un ejército llenará el cementerio. Invoquemos al Espíritu y salgamos a ministrar en su poder; haremos maravillas, y la nación y el mundo sentirán el poder del evangelio de Jesús. Pero debemos tener el Espíritu.
El fundamento de la confianza de Pablo
Seríamos los hombres más miserables del mundo si dijéramos: “Sería dulce para mí partir si estas glorias fueran para mí”. Pablo había superado todas las dudas sobre si la felicidad eterna sería suya. Estaba seguro de ello, y ¿por qué no estamos seguros nosotros también? ¿Por qué dudamos de aquello que Pablo afirmaba con tanta seguridad? ¿Tenía Pablo algo en qué fundamentar su confianza que nosotros no tengamos ahora? ¿Cree que Pablo consideró que él debía ser salvo debido a su abundante obra, ministerio y sus grandes éxitos? ¡En absoluto! ¿No recuerda que él mismo dijo: “lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”? (Gá 6:14) Respecto a todo lo que él había hecho, declaró que confiaba en ser hallado en Cristo, no teniendo su propia justicia, que era de la ley, sino la justicia que era de Dios por medio de la fe. Allí donde Pablo construyó, construimos, si construimos en la forma correcta.
Nuestra esperanza está fundada en la justicia de Cristo, en la gracia de Dios, en la promesa de nuestro Padre celestial. Él, el mayor de los apóstoles, no tenía un solo punto de ventaja sobre cualquiera de nosotros en cuanto a la base y la esencia de su esperanza. Misericordia, gracia, sangre expiatoria, la preciosa promesa; solo edificó sobre esto, para que ningún hombre pudiera poner otro fundamento. Si Pablo estuvo seguro de la dicha eterna, yo también estaré seguro de ello. ¿Está usted tan seguro de estar con Cristo como lo estuvo Pablo? Debería estarlo, porque usted tiene la misma certeza que el apóstol tenía, si es que cree en el Señor Jesús. Dios no es el Dios de los que dicen: tal vez, si…entonces…, o de los que ponen peros. Él es un Dios de decisiones y voluntades, de verdades fieles y eternas. “El que en él cree, no es condenado” (Jn 3:18). “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Ro 8:1). “El que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Mr 16:16). “¿Quién acusará?” —¿A quién? ¿A Pablo el apóstol? No, sino “a los elegidos de Dios” (Ro 8:33). Todos ellos, a cualquiera que quisiera elegir, por humilde y desconocido que sea, todos están seguros en Jesús. Él ha sido hecho pecado por nosotros para hacernos justicia de Dios en Él, y que cada uno de nosotros pueda decir: “yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2Ti 1:12).
La actitud del cristiano hacia la muerte
Con respecto a nuestros amados hermanos que partieron de entre nosotros, no nos entristecemos como aquellos que no tienen esperanza. Es más, no nos afligimos en absoluto. Si nos llenamos de tristeza, es por nosotros mismos, porque hemos perdido su preciada compañía, pero en cuanto a ellos, están mucho mejor allá. Si el levantamiento de nuestro dedo meñique pudiera devolvernos a nuestros seres queridos, no seríamos tan crueles como para someterlos otra vez a los problemas de este mar tempestuoso de la vida. Están mucho mejor allá. Iremos a ellos; no deberíamos desear que regresen a nosotros.
Entonces, con respecto a nosotros mismos, si hemos creído en Jesús, estamos en nuestro viaje a casa, y todo miedo a la muerte está ahora aniquilado. Observe que el apóstol no dice nada en absoluto sobre la muerte; no creía que valiera la pena mencionarlo. De hecho, no hay tal cosa para un cristiano. He oído hablar de personas que temen los dolores de la muerte. No hay dolores de muerte. El dolor es en vida. La muerte es el fin del dolor. Todo termina. No se confunda. No culpe a la muerte por lo que no hace. Es la vida la que trae dolor; la muerte en el creyente termina con todo el mal. La muerte es la puerta del gozo eterno, ¿debemos temer entrar en ella? No, gracias a Dios, no debemos.
Esta nos dirige a la fuente de la felicidad absoluta mientras estamos aquí, porque si el cielo es estar con Cristo, entonces cuanto más cerca lleguemos a Cristo aquí, más participaremos de aquello que produce gozo en el cielo. Si queremos degustar las benditas delicias del cielo mientras estamos aquí abajo, caminemos en comunión ininterrumpida con Él. Así tendremos dos cielos: un pequeño cielo aquí abajo y un cielo ilimitado allá arriba, cuando nos llegue nuestro turno de volver a casa. Si no va con Cristo, ¿a dónde podrá ir? Responda a esta pregunta y vaya a Jesús ahora con una fe humilde, para que después Él pueda decir: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mt 25:34).
¿Puede decir: “para mí el vivir es Cristo”?
¿Puede decir, como cristiano, que cumple con la expectativa del apóstol Pablo? ¿Puede decir honestamente que para usted el vivir es Cristo? Le diré mi opinión sobre algunos hombres que se unen a las iglesias. Son altamente respetables. Son aceptados entre nosotros como verdaderos y genuinos cristianos, pero con toda honestidad y verdad, no creo que para ellos el vivir sea Cristo. Veo a muchos cuyos pensamientos están absorbidos por las cosas de este mundo. La simple obtención de dinero, la acumulación de riqueza, parece ser su único objetivo. No niego que sean generosos, y que firmen cheques para ayudar a la iglesia. Pero me atrevo a decir, que no pueden afirmar con honestidad que viven enteramente para Cristo. Ellos saben que cuando van a su tienda o a su almacén no piensan que están haciendo negocios por Cristo. No se atreven a ser tan hipócritas como para decirlo. Deben decir que lo hacen por su auto engrandecimiento y por su propio beneficio familiar. Pero el cristiano profesa vivir para Cristo. ¿Cómo se atreve a profesar que vive para su Maestro, sin hacerlo?, más bien vive para obtener una mera ganancia mundana.
Muchas damas, de igual modo, se sorprenderían si negara su cristianismo. Se mueven en los círculos más altos de la sociedad, y se asombrarían si tocara su piedad, ante sus generosas donaciones a propósitos religiosos. Pero me atrevo a hacerlo. Ellas —¿Qué hacen? Se levantan tarde, van a ver a sus amigas. Van a una fiesta por la noche, dicen tonterías y regresan a casa y se van a la cama. Y así es su vida todo el año. Entonces, no viven para Cristo. Sé que van a la iglesia regularmente; todo está bien y perfecto. No negaré su piedad, según el uso común del término, pero sí niego que hayan estado en algún lugar similar al que Pablo estaba cuando dijo: “Porque para mí el vivir es Cristo”.
Sin embargo, confío en que hay algunos pocos nobles, la élite de los elegidos de Dios, hombres y mujeres escogidos en cuya cabeza está la corona y la diadema de la dedicación. Estos son los hombres que ayudan a nuestros misioneros. Estas son las mujeres que se convierten en nuestras enfermeras para ayudar a los enfermos. Estos son los que se atreverían a morir por Cristo. Estos son los que darían de su riqueza para su causa. Estos son los que gastarían y se esforzarían y que llevarían infamia, desprecio y vergüenza si pudieran, para hacer progresar la misión de su Maestro. Hay muchos que de alguna manera llevan a cabo este principio; pero, ¿quién de entre nosotros hay que se atreva a decir que ha vivido enteramente para Cristo, como lo hizo el apóstol? Hasta que no haya más Pablos, nunca veremos el reino de Dios venir, ni deberíamos esperar ver su voluntad hecha en la tierra, así como en el cielo.


Filipenses 1:27–30

27 que os comportéis como es digno La palabra griega enfatiza las acciones y los privilegios de una ciudadanía, así que debemos dejar que nuestras acciones como ciudadanos de la nueva Jerusalén sean dignas del evangelio de Cristo. Observe la diferencia entre las exhortaciones de los legalistas y de aquellos que tienen el evangelio. El que quiere que sea perfecto en la carne, lo exhortará a trabajar para que se salve, para que pueda llevar a cabo una justicia meritoria propia y así pueda ser aceptado ante Dios. Pero el que ha sido enseñado en las doctrinas de la gracia le exhortará a ser santo. Cree que usted es salvo, ya que ha creído en el Señor Jesucristo, habla a todo aquel que es salvo en Jesús y les pide que actúen conforme a su posición; solo busca lo que razonablemente espera recibir: “Vivan sus vidas de una manera digna del evangelio de Cristo. Han sido salvados por el evangelio, profesan gloriarse en él, desean proclamarlo; dejen, entonces, que su vida lo refleje”.
del evangelio La “buena nueva” de Jesucristo, y es enfáticamente “buena nueva” porque limpia el pecado —el peor de los males de la tierra. Pero mejor aún, ¡elimina la muerte y el infierno! Cristo vino al mundo para tomar el pecado sobre sus hombros y llevárselo lejos, arrojándolo en el mar rojo de su sangre expiatoria. Es “una buena noticia”, porque anuncia que el cáncer en las entrañas de la humanidad ha sido curado. Además de eliminar el peor de los males, el evangelio es la “buena nueva” porque trae lo mejor de las bendiciones. ¿Qué hace, sino dar vida a los muertos? Abre los labios mudos, los oídos sordos y los ojos ciegos. Es una “buena nueva”, también, porque no pudo haber sido inventado por el intelecto humano. La “buena nueva”, en pocas palabras, es simplemente esto: “que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados” (2Co 5:19). “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn 3:16). “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1Ti 1:15).
de Cristo Si usted entiende a Cristo, entonces entiende el evangelio. Cristo es el autor de él; Él, en la cámara del consejo de la eternidad, se propuso convertirse en el fiador del pobre hombre caído; Él, en la plenitud de los tiempos, llevó a cabo la eterna redención por todos los que su Padre le había dado. Él es el autor del evangelio como su arquitecto y constructor. Vemos en Cristo Jesús el Alfa y la Omega del evangelio. Él ha proporcionado, en el tesoro de la gracia, todo lo necesario para hacer del evangelio el evangelio de nuestra salvación. Y como Él es el autor de éste, Él mismo es también su contenido. Es imposible predicar el evangelio sin predicar la persona, la obra, los oficios y el carácter de Cristo. Si Cristo es predicado, el evangelio es proclamado, y si Cristo es puesto en segundo plano, entonces no hay ningún evangelio siendo declarado. “Dios no quiera que yo sepa algo más entre vosotros”, dijo el apóstol, “sino a Jesucristo, y a éste crucificado”, diciendo esto, estaba cumpliendo su misión de predicar el evangelio tanto a los judíos como a los gentiles. La suma total, la médula, el tuétano —lo que los puritanos habrían llamado la quinta esencia del evangelio es Cristo Jesús. Cuando hayamos predicado el evangelio podremos decir: “Ahora bien, de todas las cosas que hemos hablado Él es el todo”, podemos verlo a Él en el pesebre, en la cruz, resucitado, viniendo por segunda vez, reinando como príncipe de los reyes de la tierra, sí, viéndole en todas partes, como la suma total del evangelio.
estáis firmes en un mismo espíritu La unidad de la iglesia es de suma importancia. Cuando hay falta de amor fraternal, se pierde el vínculo perfecto; y como con un montón de varas, una vez cortada la cuerda de amarre, se convierten en varitas débiles y solitarias; de la misma forma ocurre con una iglesia dividida. ¡Que siempre seamos mantenidos en un santo vínculo de unión perfecta! ¡Qué feliz es la iglesia en la que todos los miembros están “firmes en un mismo espíritu”, y donde están todos “combatiendo unánimes por la fe del evangelio” —no luchando entre ellos, sino todos luchando contra su adversario, el diablo, y peleando fervientemente por la fe una vez entregada a los santos!
28 en nada intimidados Pablo estaba muy deseoso de que estuvieran unidos en un celo apasionado por la difusión del evangelio y se presentaran con valentía a sus perseguidores. Los hombres llaman al coraje de los santos terquedad y los consideran herejes endurecidos, pero tal valor es, para los creyentes, una señal del favor divino.
los que se oponen Los consideraban una pérdida porque no podían asustarles; tomaban como señal de perdición el hecho de que no lograban atemorizarlos; sin embargo, para nosotros, la paz con que debemos soportar la calumnia y la persecución debe ser una señal de nuestra salvación.
de salvación Porque cuando los santos pueden soportar una feroz persecución sin vacilar, es una señal evidente de que son salvos por la gracia de Dios.
29 padezcáis por él ¡Qué honor tan grande es aquel conferido a cualquier seguidor de Cristo —“no solo que creáis en él, sino también que padezcáis por él”! No todo cristiano recibe esta marca de honor. Hay algunos creyentes que tienen particularmente sensibles sus corazones, y que son heridos y abatidos por los comentarios desagradables de aquellos que no los aman porque demuestran amor al Señor Jesucristo. A usted, hermano mío, hermana mía, le es dado —y puede regocijarse en este don— “no solo creer en él, sino también sufrir por él”. Es un gran privilegio hacer, ser o soportar cualquier cosa por Él. Nuestro sufrimiento nunca podrá compararse con el suyo; y cualquier sacrificio que pudiéramos ofrecer “por Él” sería muy pequeño si se compara con el sacrificio infinito que Él ya ha hecho por nosotros.
Silenciosamente sirviendo por amor a Jesús
Temas para predicar: Servicio, Sufrimiento
He oído hablar de un hombre que vivió en cierta ciudad, y mientras vivía allí, fue muy mal interpretado. Se sabía que tenía grandes ingresos, pero vivía una vida miserable y los murmullos por la escasa ayuda que le daba a los que lo rodeaban eran muy ruidosos. Se privó a sí mismo de muchas cosas y acumuló su dinero. Pero cuando murió, la opinión popular se invirtió, pues entonces, se hizo visible el motivo de su actuar. Dejó toda su fortuna para construir una presa y un acueducto para llevar un suministro constante de agua pura a la ciudad donde había sido despreciado e incomprendido. Esta era la principal necesidad del pueblo y durante mucho tiempo habían sufrido mucho por la sequía y las enfermedades debido a la escasa provisión de agua. Todos los años que lo habían juzgado mal, él había estado en silencio y desinteresadamente viviendo por ellos; cuando descubrieron su motivo, era demasiado tarde para hacer algo por él más allá de entregar a las generaciones futuras el recuerdo de su noble y generosa acción. Pero nosotros podemos hacer mucho “por Él” que nos ha traído el agua viva, y que, aunque murió por nosotros, ahora está vivo de nuevo, y vivirá para siempre. Si Él así me amó y vivió por mí, nada de lo que pueda hacer es demasiado para Él.
30 el mismo conflicto “La misma agonía” dice en el griego, como si cada cristiano, a su nivel, debiera pasar por la misma agonía a través de la cual el apóstol pasó, luchando y luchando contra el pecado, gimiendo bajo su poder, agonizando para ser liberado de él, y trabajando para sacar a otros de su terrible dominio. Estas palabras permitirían a los filipenses recordar que sufrieron junto con el apóstol. Debemos estar dispuestos entonces a permitir ser ridiculizados por amor a Jesús, ya que de esta manera seríamos partícipes del noble ejército de los mártires.
Aplicación
El evangelio es un evangelio sin temor
El evangelio de Jesucristo es un evangelio sin temor. Es lo contrario a eso que en la actualidad llamamos “caridad moderna”. El último de todos los males creados es este. La “caridad moderna” nos da la mano a todos diciéndonos: “ustedes están bien, todos y cada uno de ustedes. ¡El sectarismo es una cosa horrible!”. Así intenta inducir a todo tipo de personas a retener una parte de lo que creen, para silenciar el testimonio de todos los cristianos sobre puntos en los que difieren. Creo que esa cosa llamada sectarismo, hoy en día, no es otra que verdadera honestidad. Sea sectario, hermano mío, profundamente sectario. Quiero decir con esto que retenga todo lo que usted lea en la Palabra de Dios firmemente y no renuncie ni siquiera a pequeñas piezas de la verdad. Al mismo tiempo, deje que el sectarismo, que le hace odiar a otro hombre porque no ve lo que usted ve, se aleje de usted. Nunca consienta en aquel pacto profano que parece abundar en todo nuestro país, el cual pondrá un candado en la boca de cada hombre y nos enviará como si fuéramos mudos diciéndole a algunos: “no debes hablar contra los errores de tal Iglesia”, y a otros, “no debes responder”. ¡No podemos permanecer sin hablar! Si no lo hiciéramos, las piedras podrían gritar contra nosotros. Esa clase de caridad es desconocida por el evangelio. ¡Escuche la Palabra de Dios! “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere” —¿Qué? “¿Llegará al cielo de otra manera?” —“será condenado”; ese es el evangelio. Perciba cómo valientemente lanza su juicio. No busca dar a entender lo siguiente: “¡puede rechazarme a mí e ir por otro camino, y llegará a ser salvo al final de su viaje!” No, no, no; dice que “será condenado”. ¿No percibe la forma en que Cristo lo dice? Algunos maestros vienen al mundo y dicen a todos los demás: “Sí, señores, con su permiso, ustedes están en lo correcto. Hay un punto o dos que no han enseñado, hagan lugar para mí; no les haré caer; puedo estar en el mismo templo que ustedes”. Pero escuche lo que Cristo dice: “Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas”. Escuche lo que su siervo Pablo dice: “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado” —¿Qué? “¿Que lo perdonen por su error?” No; sino que “sea anatema”. Este es un lenguaje fuerte, pero necesario, porque así es justo como el cristiano debe vivir. El cristiano deber ser siempre como el evangelio, que no tiene miedo de decir lo que tiene que decir. Me parece que una “vida” que se convierte al evangelio de Cristo, es siempre una vida valiente y sin temor. Algunas personas se arrastran por el mundo como si le pidieran a un gran hombre permiso para vivir. No conocen sus propias mentes; sacan las palabras de sus bocas y las miran, y piden la opinión de un amigo o dos. Preguntan a sus amigos: “¿Qué piensas de estas palabras?” y cuando estos amigos las censuran, las meten de nuevo y no las dicen más. Como las medusas, que no tienen columna vertebral. Ahora bien, Dios ha hecho a los hombres rectos, y es cosa noble que un hombre esté parado sobre sus propios pies; y es aún más noble que un hombre diga que en Cristo Jesús ha recibido esa libertad que en verdad es libertad y, por lo tanto, no será esclavo de ningún hombre. Tengo que vivir a la vista de Dios, como creo que debería vivir, y luego dejar que el hombre diga lo mejor o lo peor, o será más que el sonido del saltamontes, cuando el sol se ponga. “¿Quién eres tú para que tengas miedo de un hombre que muere, o del hijo del hombre que no es más que un gusano?” ¡Salgan como hombres! ¡Sean fuertes! ¡No teman! Porque solo así será su conversación tal y como la requiere el evangelio de Cristo.
El evangelio es un evangelio amoroso
El evangelio de Cristo es muy amoroso. Son las palabras del Dios de amor a una raza perdida y caída. Nos dice que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Proclama en cada palabra la gracia del que “nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros”. “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”. Esta misma mente que estaba en Cristo Jesús debe habitar ricamente en nosotros. Su último mandamiento a sus discípulos fue: “Amaos los unos a los otros”. El que ama es nacido de Dios, con esta gracia, lo que pensemos de nosotros mismos, o lo que otros puedan pensar de nosotros no importa porque realmente estamos a la vista de Dios, nada mejor que tocar instrumentos de viento y címbalos resonantes. ¿No es este un tiempo en el que debamos hacer el bien para dirigir nuestra atención a la flor del paraíso? El ambiente de la iglesia debe albergar esta planta celestial en su más alta perfección. El mundo debe señalarnos y decir: “Mira cómo estos cristianos se aman. No de palabra solamente, sino en hechos y en verdad”. No me interesa ese amor que me trata como un hermano muy querido, pero que cuando difiero en sentimiento y en práctica de él, me trata indiferente, me niega los derechos de la hermandad, y si no opto por concordar con una contribución impuesta arbitrariamente a sus ideales, se apodera de mis bienes y los vende en nombre de la ley, el orden y la iglesia de Cristo. De todo amor falso, el buen Señor nos libre. ¡Ore! Por una unión más sincera y amor a todos los santos —para que comprendamos que somos uno en Cristo Jesús. Al mismo tiempo ore por más amor para todos los hombres. Debemos amar a todos los que nos oyen y el evangelio debe ser predicado por nosotros a toda criatura. Odio el pecado en todas partes, pero amo y deseo amar aún más y más cada día a las almas de los peores y más viles hombres. Sí, el evangelio habla del amor y lo debo respirar también en cada acto y hecho. Si nuestro Señor era el amor encarnado, y nosotros somos sus discípulos, “que todos vean que hemos estado con Jesús y hemos aprendido de él”.
El peligro de no vivir como dignos del evangelio
Tirará a la basura todo el testimonio que usted ha dado siempre de Cristo, a menos que conduzca su vida de una manera digna del evangelio. ¿Cómo podrán sus alumnos de la escuela dominical creer lo que les dice, si ven que sus acciones contradicen su enseñanza? ¿Cómo pueden sus propios hijos en casa creer en su fe, cuando ven la impiedad de su vida? Los hombres no creerán en el efecto de su reunión de oración, si lo ven actuando de forma ilógica entre ellos. ¡Oh! Lo que más quiere y necesita la iglesia es santidad. Los peores enemigos de la iglesia no son los ateos—en realidad uno no sabe quiénes son los ateos, hoy en día; son tan pocos, que uno tendría que estar cazándolos para descubrirlos; sin embargo, los peores enemigos de la iglesia son los hipócritas, los formalistas, los que dicen profesar la fe, los que caminan inconsistentemente. Usted que derriba los muros de Jerusalén, abre las puertas a sus enemigos y, al mismo tiempo, sirve al diablo. ¡Que Dios le perdone! ¡Que Cristo le perdone! ¡Que sea lavado de este atroz pecado! ¡Que sea llevado humildemente al pie de la cruz, para obtener la misericordia que, hasta ahora, ha rechazado!
Es difícil pensar cómo las personas se atreven a permanecer como miembros de iglesias cristianas, e incluso subir al púlpito, cuando al mismo tiempo son conscientes de que su vida privada es una farsa. Oh, ¿cómo pueden hacerlo? ¿Cómo es que sus corazones se han endurecido tanto? ¿Acaso el diablo los ha embrujado? ¿Los ha hecho tan diabólicos como él, que se atreven a orar en público y a tomar la Cena del Señor, a administrar las ordenanzas mientras sus manos están sucias, y su corazón impuro, y sus vidas están llenas de pecado? Le ordeno, si hay alguno de ustedes cuya vida no sea congruente, que renuncie a su ministerio, o haga de su vida lo que debería de ser. ¡Que el Espíritu Eterno, que aún limpia a su iglesia, quite la paja y deje solo el buen trigo dorado en la tierra! Si usted sabe que está viviendo en algún pecado, que Dios lo ayude a llorar por él para aborrecerlo, que Dios le ayude a ir a Cristo esta noche para que se agarre de Él y lave sus pies con sus lágrimas, para arrepentirse sin fingimiento, y luego empezar de nuevo, en su poder, una vida que sea digna del evangelio.

Filipenses 2:1–11


1 si hay alguna Pablo no quiso expresar duda al decir: “si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia”, porque nadie mejor que él sabía que estas bendiciones abundaban para todos aquellos que estaban en Cristo Jesús. Más bien, puso esto en forma de argumento. Si hay consuelo en Cristo, y porque de hecho sabemos que hay consuelo en Cristo, que hay consuelo de amor, y que hay comunión del Espíritu, sean uno en Cristo. No se dividan; ámense los unos a los otros. ¡Cuán urgente súplica! ¡Qué bellas palabras de Pablo! El amor entre los cristianos es tan precioso que él lo suplica como si fuera para su propia vida.
consolación La consolación es la caída de un rocío suave del cielo sobre los corazones desiertos aquí en la tierra. El verdadero consuelo, que pueda alcanzar el corazón, debe ser uno de los más selectos dones de la misericordia divina; y seguramente no nos equivocamos cuando según la Sagrada Escritura confesamos que en su pleno significado, el consuelo no puede ser encontrado en ninguna otra parte sino en Cristo, quien ha bajado del cielo y ha ascendido de nuevo, para proporcionar un consuelo fuerte y eterno a aquellos a quienes ha comprado con su sangre.
2 sintiendo lo mismo Pablo tendría a todo el pueblo de Dios unánime; haría que pensaran de la misma manera —esa es la interpretación exacta del griego— él les haría tener los mismos puntos de vista, recibirían la misma verdad, contenderían por la misma fe. Los haría tener un mismo corazón y una misma mente. Debían hallarse todos en el mismo amor, no debían amar solo a algunos, sino amar a todos; ninguna persona debía estar exenta —cada alma debía estar ardiendo con fuego sagrado. Él los mantendría unidos en lo sagrado, estando de acuerdo, o como el griego dice, siendo una sola alma; como si en lugar de que cien almas diferentes estuvieran encarnadas en cien cuerpos, hubiera una sola alma encarnada en cien cuerpos. Tendría a todo el pueblo de Dios fusionado en una sola raza, hecha para amarse con un corazón ferviente y puro. Ahora, con esto en mente, podemos evaluar si de verdad estamos llegando a ser como nuestro Señor.
Perros luchando entre sí
Temas para predicar: Comunión y unidad de la iglesia, Conflicto
Philipp Melancthon lloraba en su tiempo por las divisiones entre los protestantes, y los trató de unir por medio de una parábola sobre la guerra entre lobos y perros. Los lobos tenían algo de miedo, porque los perros eran muchos y más fuertes, por lo tanto, enviaron un espía para observarlos. A su regreso, el espía dijo: “Es cierto que los perros son muchos, pero no hay muchos perros grandes y fuertes entre ellos. Hay perros de tantas clases que uno apenas si los puede contar”. “En cuanto a la mayoría de ellos”, dijo, “son perros pequeños, que ladran fuerte pero no muerden”. “Sin embargo, no puedo entender algo”, dijo el lobo, “porque a medida que iban marchando, observé que todos intentaban morderse el uno al otro, y pude ver claramente que, aunque todos odian a los lobos, todos ellos se odian entre ellos mismos con todo su corazón también”.
Me temo que esto todavía es verdad, porque hay muchos seguidores de Jesús que intentan morderse el uno al otro también, cuando es mucho mejor que guarden sus dientes afilados para los lobos. Si nuestros enemigos han de ser confundidos, debe ser por los esfuerzos unidos de todo el pueblo de Dios —la unidad hace la fuerza.
teniendo el mismo amor Pablo sabía que los santos en Filipos lo amaban. Habían enviado una y otra vez ayuda para aliviar sus necesidades, así que les suplicó, por amor a él, que se amaran el uno al otro. Lo hace diciéndoles: “Si realmente me aman, si no es una farsa, si tienen alguna simpatía conmigo y con mis trabajos y sufrimientos, si realmente tienen el mismo espíritu que arde en mi pecho, hagan que mi corazón se llene de gozo uniéndose unos a otros, teniendo la misma mente, ‘teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa’ ”.
3 Nada hagáis por contienda o por vanagloria Nada se logra a través de conflictos. Pero, ¿cuánto del servicio religioso es llevado a cabo por medio de conflictos? A veces una secta tratará de crecer solo por ser más grande y más influyente que otra. ¿A caso los maestros de escuela dominical nunca han tratado de dar buenas clases y tener muchas conversiones para ser más honrados que otros? ¿Nunca se ve eso en las aulas? ¿Los predicadores de la calle nunca han deseado predicar mejor que otros para ganar más aplausos? Sé por experiencia, que el espíritu de conflicto puede entrar fácilmente al púlpito, y que un ministro puede estar tratando de superar a su hermano pensando que está lleno de celo de Dios. El diablo ha puesto su grano de arena en la construcción de muchos lugares de culto. El pueblo se ha unido en sus esfuerzos, y luego se ha separado y ha construido nuevos templos, creyendo que ha sido todo para la gloria de Dios. Mientras que el diablo ha sentido que ha sido para su propia gloria, y se ha regocijado en ello. Siempre que sirvo a Dios con motivos de competencia o conflicto, me pruebo a mí mismo que no he limpiado mi corazón de una pasión maligna, y tengo que temer y temblar, comenzar de nuevo y trabajar diligentemente hasta que el espíritu del orgullo sea expulsado de mi alma.
¡Cuánto se hace por vanagloria! ¡Cuántas personas se visten de vanagloria! Este pensamiento es muy superior, “¿cómo es que me puedo sumergir en él?”. ¡Cuántos dan para la causa de Dios por vanagloria, para que parezcan generosos! ¡Con cuanta frecuencia un predicador pule sus frases y escoge sus palabras para que la gente piense que es un orador capaz y un gran predicador! ¡Vanagloria! Es una maravilla que Dios nos acepte con nuestras obras —de hecho, nunca podría si no las viera lavadas en la preciosa sangre de Jesús, porque en casi todos, desde el miembro más pequeño hasta el más grande ministro de Cristo, la vanidad se hace presente.
estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo El apóstol sabía que, para crear armonía y unión, primero habría que engendrar la humildad en la mente. Los hombres no pelean cuando sus ambiciones han desaparecido. Cuando cada uno esté dispuesto a ser menos, cuando todos deseen colocar a sus semejantes más arriba que ellos mismos, entonces podrá haber un fin para el espíritu de contienda; y las divisiones y conflictos habrán desaparecido.
Ver la hermosura de otros hace a una persona encantadora
Temas para predicar: Belleza, Queja, Estímulo, Humildad, Amor, Discurso
John Bunyan retrata maravillosamente a Cristiana y Misericordia saliendo del baño de la casa del intérprete. Traen puestas joyas sobre ellas, y cuando ambas se lavan, Misericordia le dice a Cristiana: “¡Qué bonita y hermosa eres!”. “No”, dice Cristiana, “Mi hermana, no veo belleza en mí misma, pero, ¡qué bonita eres tú! Creo que jamás he visto tanta belleza”. Ambas eran encantadoras porque podían ver la hermosura de otras personas.
La belleza espiritual de usted puede ser muy bien medida por lo que pueda ver en otras personas. El día que diga: “No hay más gente santa ya”, debería temer, porque podría no ser uno de ellos. Cuando se queje de que el amor está muerto en la iglesia cristiana, podría estar muerto en su corazón, si no, no lo diría. Lo que piense de los demás, eso es usted. Por su propia boca será condenado.
4 no mirando cada uno por lo suyo propio No se deje guiar por lo que dice el mundo: “procura ser el número uno”. Tenga un corazón grande, de modo que, aunque se preocupe por sus propias cosas espirituales, y desee su propia prosperidad del alma, pueda tener el mismo deseo para cualquier otro hombre o mujer cristiana.
por lo de los otros Considere cómo puede ayudar a otros, y de qué manera puede ayudarles a prosperar tanto en las cosas terrenales como espirituales. Somos miembros de un cuerpo, y un miembro no debe pensar por sí mismo solamente; la unidad del cuerpo entero requiere que cada parte de él esté en armonía con todo el cuerpo.
5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús ¡Qué maravilloso ejemplo tenemos en nuestro Señor Jesucristo! Jesús es el mayor ejemplo divino de amor y abnegación, y ya que esperamos ser salvos por Él, deberíamos imitarlo diligentemente. Ahora mismo está siendo exaltado en la gloria como recompensa de su humillación voluntaria, y por eso, sus discípulos deben honrarlo. Debemos humillarnos para vencer y ganar. Aquel que esté dispuesto a no ser nada, será poseedor de todas las cosas.
6 siendo en forma de Dios Ni usted ni yo tenemos idea de cuán alto es el honor de ser iguales a Dios. Por lo tanto, ¿cómo podemos medir el descenso de Cristo, cuando nuestros pensamientos más elevados no pueden comprender la altura desde dónde vino? La profundidad a la que descendió está infinitamente por debajo de cualquier punto al que nosotros alguna vez hayamos llegado, y la altura desde la cual vino está inconcebiblemente por encima del pensamiento más elevado que alguna vez hayamos tenido. No se olvide de la gloria que Jesús dejó a un lado por un corto tiempo. Recuerde que Él es el Dios verdadero, y que Él habita en lo más alto del cielo con su Padre. Aun cuando era infinitamente rico, por nuestro bien se hizo pobre, para que a través de su pobreza pudiéramos ser ricos.
7 se despojó a sí mismo Se despojó a sí mismo de todo su honor, de toda su gloria, de toda su majestad y de toda reverencia ofrecida a Él por parte de todos los santos espíritus alrededor de su trono.
hecho semejante a los hombres Que maravillosa es esa encarnación, que el Dios eterno uniera nuestra naturaleza humana consigo mismo, naciera en Belén, viviera en Nazaret, y muriera en el calvario para beneficio nuestro. Él era el Creador, y lo vimos aquí en la tierra como una criatura; era el Creador que hizo los cielos y la tierra y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho; aun así, estuvo en el vientre de una virgen. Nació y fue recostado allí donde los bueyes son alimentados. El Creador fue también una criatura. El Hijo de Dios fue el Hijo del hombre. ¡Extraña combinación! ¿Podría la benevolencia ser más grande que el Infinito y el Omnipotente uniéndose a un infante, a la debilidad de un bebé recién nacido?
8 se humilló a sí mismo El texto no habla tanto de la humillación de Cristo al hacerse hombre, como de su humillación después de que tomó sobre sí mismo nuestra naturaleza. No había descendido aún lo suficiente, a pesar de que había venido con toda su Deidad a nuestra humanidad.
¿Qué no hará Cristo por aquellos que le han sido dados por el Padre? No hay medida de su amor; no podemos comprender su gracia. ¡Oh, cómo debemos amarlo y servirle! Cuanto más bajo se humille para salvarnos, más alto debemos tenerle en nuestra adoración. Alabado sea su nombre, se humilló, se humilló y se humilló, y cuando alcanzó nuestro nivel y se hizo hombre, todavía se humilló, se humilló y se siguió humillando más y más profundamente.
Jesús se humilló así mismo esperando el tiempo preciso
Temas para predicar: Humildad, Humanidad de Jesús, Paciencia
No puedo ignorar los treinta años de su silencio sin pensar que fueron un maravilloso ejemplo de cómo se humilló a sí mismo. Conozco a hombres jóvenes que piensan que dos o tres años de educación son demasiados. Quieren predicar inmediatamente —correr, como a veces les digo, como pollitos con el cascarón todavía en su cabeza. Quieren ir a luchar antes de ponerse la armadura.
Pero no fue así con Cristo; treinta largos años pasaron sobre su cabeza antes de que pronunciara su sermón del monte. Cuando Él se mostró al mundo, se humilló a sí mismo. No llamó a la puerta de los sumos sacerdotes, ni buscó a los eminentes rabinos o a los sabios escribas. Tomó como compañeros a pescadores de un lago, muy inferiores a Él, aun si lo considerásemos meramente como un hombre. Estaba lleno de frescura y vigor mental; apenas si podían seguirlo, a pesar de que moderó sus pasos por piedad a la debilidad de ellos. Prefirió asociarse con hombres humildes, porque se humilló a sí mismo.
haciéndose obediente La forma en que nuestro Señor se humilló a sí mismo fue por medio de la obediencia. No inventó ningún método para ridiculizarse; no puso sobre sí ningún atuendo especial que atrajera la atención hacia su pobreza. Simplemente obedeció a su Padre; definitivamente, no hay mejor humildad que la obediencia: “el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1Sa 15:22).
¿De qué manera obedeció el Señor Jesucristo en su vida? Siempre estuvo sobre Él el espíritu de obediencia a su Padre. Por eso pudo decir: “He aquí, vengo; En el rollo del libro está escrito de mí; El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón” (Sal 40:7). Mientras estuvo aquí, siempre estuvo sujeto al gran propósito de su Padre al enviarlo a la tierra; vino a hacer la voluntad de Aquel que lo envió y a terminar su obra. Aprendió que esa voluntad provenía en parte de la Sagrada Escritura. Constantemente lo encontramos actuando de cierta forma “para que se cumpliese la Escritura”. Él guio su vida conforme a las profecías que se habían dado acerca de Él mismo. De esa forma hizo la voluntad del Padre.
También moraba dentro de Él el Espíritu de Dios, que lo guio y lo condujo, para que pudiera decir: “yo hago siempre lo que le agrada” al Padre. Esperó en Dios continuamente en oración. Aunque infinitamente más capaz de prescindir de la oración que nosotros, oró mucho más que nosotros. Con menos necesidad de la que nosotros tenemos, tuvo mayor deleite en la oración que nosotros; así aprendió la voluntad de Dios como hombre, y la llevó a cabo, sin omitirla ni transgredirla en un solo punto.
Hizo la voluntad de Dios obedientemente, siguiendo fielmente el gran propósito del Padre al enviarlo. Fue enviado para salvar, vino a esta tierra buscando y salvando lo que se había perdido. ¡Oh, queridos hermanos, cuando concordamos con Dios, cuando deseamos lo que Él desea, cuando vivimos de acuerdo el gran propósito que llena el corazón de Dios, cuando dejamos a un lado nuestros deseos y caprichos, e incluso nuestros deseos más fuertes, para que podamos hacer solo la voluntad de Dios, y vivir sólo para su gloria, entonces realmente nos humillamos a nosotros mismos!
“La obediencia es el mejor acto de humildad”
Temas para predicar: Humildad, Obediencia y desobediencia, Orgullo
He conocido a personas que tratan de humillarse a sí mismas por medio de una adoración errónea. Estuve en la celda de un monje y vi el látigo con el que se flageló cada noche antes de ir a la cama. Pensé que era muy posible que el hombre mereciera todo lo que sufría, por eso no derramé lágrimas al ver aquello. Ese era su modo de humillarse, administrándose cierta cantidad de latigazos. Sé que algunas personas practican la humildad voluntaria. Han hablado en un lenguaje muy humilde, y se han condenado con sus propias palabras, aunque por otro lado han sido tan orgullosos como Lucifer todo el tiempo.
Obedecer es mucho mejor que vestir bien o utilizar palabras bonitas para aparentar humildad. La obediencia es el mejor acto de humildad, es ponerse a los pies de Jesús y actuar solo cuando uno sabe cuál es la voluntad de Dios y qué quiere que uno haga. Esto es ser verdaderamente humilde.
hasta la muerte ¿Acaso no se despojó en la tierra de su túnica de honor, una y otra vez, hasta que, desnudo, fue atado a la cruz? ¿No se despojó de su ser más íntimo, derramando su sangre, dejando todo por nosotros? ¡Eso hizo nuestro querido Redentor! Cristo no podía caer más bajo que la cruz; su muerte fue de una deshonra tan extrema que no pudo haber sido más deshonrado y humillado.
Nuestro Señor murió voluntariamente. Usted y yo, a menos que el Señor venga antes, moriremos, estemos o no dispuestos, “está establecido para los hombres que mueran una sola vez” (Heb 9:27). Él no necesitaba morir, pero estaba dispuesto a entregar su vida. Por eso dijo: “Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre” (Jn 10:18). Murió voluntariamente, pero al mismo tiempo, no murió por su propia mano. No tomó su propia vida para suicidarse; murió en obediencia. Esperó hasta que llegó su hora, cuando pudo decir: “Consumado es”, entonces inclinó la cabeza y entregó el espíritu. Se humilló a sí mismo, para morir voluntariamente.
Probó la obediencia de su muerte también por medio de su mansedumbre, como dijo Isaías: “como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Is 53:7). Nunca dijo una palabra de amargura a un sacerdote, escriba, gobernador judío o soldado romano. Cuando las mujeres lloraron y se lamentaron, les dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos” (Lc 23:28). Él era todo dulzura; no tuvo una sola palabra insensible ni siquiera para sus asesinos. Se entregó para ser portador del pecado, sin quejarse de la voluntad de su Padre, ni de la crueldad de sus adversarios. ¡Qué paciente fue! Cuando dijo: “Tengo sed”, no fue el grito irritable de un enfermo en su fiebre; hubo dignidad real cuando Cristo pronunció esas palabras. Incluso la frase “Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?”, con el indescriptible sufrimiento y amargura que expresa, ni siquiera tiene un rastro de impaciencia mezclada en ella. ¡Oh, qué muerte experimentó Cristo! Fue obediente no solo en su camino a la muerte, sino obediente hasta ese último acto temible. Su vida obediente incluyó la hora de su partida.
muerte de cruz Ese era el peor tipo de muerte. Fue una muerte violenta. Jesús no se quedó dormido poco a poco, como suelen quedarse los hombres buenos, cuyo fin es la paz. No, murió en manos asesinas. Judíos y gentiles juntos, con manos crueles lo tomaron, lo crucificaron y lo mataron. También fue una dolorosa muerte de agonía prolongada. Las partes del cuerpo, en las cuales los nervios son más numerosos, fueron perforadas con duros clavos de hierro. Todo el peso de su cuerpo fue cargado a la parte más blanda de este. Sin duda los clavos desgarraron cruelmente sus manos mientras estaba colgado en el madero. Un corte en la mano a menudo provoca tétanos y, como consecuencia, la muerte; sin embargo, las manos de Cristo fueron clavadas en la cruz. Murió con el dolor más intenso que pueda existir del cuerpo y del alma.
Fue también una muerte vergonzosa. Ladrones fueron crucificados junto con Él; y sus adversarios estando de pie se burlaron también de Él. La muerte en la cruz estaba reservada para los esclavos y los peores delincuentes; ningún ciudadano romano podía morir de tal manera que colgara entre la tierra y el cielo, como si ninguno de los dos lo quisiera, fue rechazado por los hombres y despreciado por Dios.
También fue una muerte criminal. No murió como un héroe en la batalla o como alguien que perece mientras rescata a sus semejantes del fuego o de una inundación; murió como un criminal. Sobre la cruz del calvario fue colgado. También fue una muerte maldita. Dios mismo la llamó así: “maldito por Dios es el colgado” (Dt 21:23). Fue hecho maldición por nosotros. Su muerte fue criminal en el más alto sentido. “Llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1Pe 2:24).
9 Por lo cual Es decir, debido a su humillación. Hay una conexión maravillosa entre esa vergüenza, el ser escupido, y las rodillas dobladas de los serafines; hay un enlace extraño y misterioso que une la calumnia y la difamación con las simpatías corales de los ángeles adoradores. Lo uno era, por así decirlo, la semilla de lo otro. Por muy extraño que parezca, la semilla amarga, produjo una flor dulce y gloriosa que florecerá para siempre. Sufrió y reinó; se humilló para vencer, venció porque se humilló y fue exaltado por haber vencido.
¡Oh cristiano! Siéntese y considere que su Maestro no subió de los montes de la tierra al cielo, sino de sus valles. No fue de las alturas de la bienaventuranza en la tierra que accedió a la felicidad eterna, sino que desde las profundidades de la aflicción subió a la gloria. Qué maravilloso que dio un poderoso paso de la tumba al trono del Altísimo; Cristo, Dios mismo, ascendió gloriosamente. ¡Piense! De alguna manera, misteriosa pero verdaderamente, fue exaltado porque sufrió.
Dios también le exaltó Deténgase por un momento en este pensamiento —Cristo no se coronó a sí mismo, sino que su Padre lo coronó. No se elevó Él mismo al trono de la majestad, su Padre lo llevó allí y lo colocó en su trono. Considere que el hombre nunca exaltó a Cristo. Contraste esto con la frase —“Dios también le exaltó”. El hombre murmuró, se burló de Él y le dio una bofetada. Las palabras no fueron lo suficientemente duras —usaron piedras: “piedras para apedrearle” (Jn 10:31). Pero las piedras fallaron; tuvieron que usar clavos y finalmente lo crucificaron. Y luego vino la burla mientras estaba colgado consumiéndose en su cruz de muerte. El hombre no lo exaltó. Dejemos esa escena negra hasta ahí. Ahora póngala a la par con una escena gloriosa, una escena brillante; una destrozará a la otra, El hombre lo deshonró; “Dios lo exaltó”.
nombre que es sobre todo nombre Él se despojó de su nombre; se vació de su santa reputación. ¡Cuán grande es su nombre ahora! ¡Cuán glorioso es el nombre que Dios le ha dado como recompensa a su obra redentora!
¿Cómo comparte el cristiano la exaltación de Cristo?
Temas para predicar: Gloria
El cristiano siente que cuando Cristo es exaltado, también él es exaltado en cierto grado, ya que comparte su deseo de predicar la causa y el honor de Dios en el mundo. No me cabe duda de que todos los soldados que estaban de pie al lado del duque de Wellington se sintieron honrados cuando el comandante fue aplaudido por la victoria; seguramente dijeron: “Yo le ayudé, yo lo asistí. Fue poco lo que hice; solo me mantuve en mi fila; solo sostuve el fuego del enemigo; pero ahora la victoria está ganada. Me siento honrado porque ayudé, en cierta medida, a ganar la batalla”.
Así que el cristiano, cuando ve a su Señor siendo exaltado, dice: “Es el Capitán el que es exaltado, y de su exaltación participan todos sus soldados. ¿No estuve a su lado? Poco fue el trabajo que hice, y muy poca la fuerza que poseí para servirle, pero, aun así, ayudé en la obra”. Cualquier soldado en las filas espirituales siente que él mismo está, en cierto modo, siendo exaltado cuando lee: “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” —un nombre por encima de todo nombre— “para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla”.
10 se doble toda rodilla ¡Mire! ¿Puede ver esa imagen en su mente? ¡Contemple su extraordinaria gloria! La majestad de los reyes se vuelve nada; la pompa de los imperios se disuelve como la blanca niebla de la mañana ante el sol; el brillo de los ejércitos reunidos es eclipsado. Él, en sí mismo, es más brillante que el sol, más terrible que los ejércitos con banderas. En el cielo, en la tierra, en el infierno, todas las rodillas se doblan ante Él, y toda lengua confiesa que Él es Dios. Si no es ahora, en el tiempo venidero esto se llevará a cabo, para que toda criatura de Dios reconozca a su Hijo como “Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.” (Ro 9:5). ¡Mi alma anhela ese bendito día, cuando toda esta tierra doble su rodilla delante de su Dios voluntariamente! Creo que hay una era llena de felicidad que pronto vendrá, cuando no habrá una rodilla sin inclinarse ante mi Señor y Maestro.
11 toda lengua confiese Ahora Él es más alto que cualquier otro. Ahora todos deben confesar su divinidad. Con vergüenza y terror, sus adversarios se postrarán delante de Él; con placer y humilde adoración, sus hermanos lo reconocerán como Señor de todo.
Jesucristo es el Señor Lo que se nos enseña aquí es la gran verdad de que Jesucristo, aunque alguna vez se humilló hasta lo más bajo, ahora es exaltado a la más alta gloria, e incluso los demonios en el infierno están obligados a reconocer la fuerza de su poder. También debemos aprender de este pasaje que la forma para ascender es descendiendo. El que quiera ser el primero debe estar dispuesto a ser servidor de todos. El Rey de reyes era el Siervo de siervos; y si usted va a ser coronado en el futuro, debe estar dispuesto a ser despreciado y rechazado por los hombres ahora. ¡El Señor nos dé esta humildad en su gracia, por amor a Jesucristo!
gloria de Dios Padre Mire cómo la gloria más grande de Cristo es la gloria del Padre. Nunca deseó otra gloria sino solo esa. El más grande honor que pueda tener un hijo de Dios es dar honor a su Padre que está en los cielos.
Aplicación
La consolación de la presencia de Cristo
Si alguna vez su mente se entristece por el hecho de que estamos hoy en día ausentes del Señor porque estamos presentes en este cuerpo, piense en la gran verdad de que Jesucristo en la antigüedad se deleitaba con los hijos de los hombres, y se sigue deleitando al estar y tener comunión con su pueblo ahora.
Recuerde que su Señor y Maestro se apareció a Abraham en las llanuras de Mamre bajo la figura de un peregrino. Abraham fue un peregrino, y Cristo, para mostrar solidaridad con su siervo, se convirtió en un peregrino también. ¿No se apareció también a Jacob en el arroyo de Jaboc? Jacob era un luchador, y Jesús aparece allí como un luchador también. ¿No se presentó delante de Moisés bajo la forma y la figura de una llama en medio de un arbusto? ¿No era Moisés en ese momento el representante de un pueblo que era como un arbusto ardiendo con fuego sin ser consumido? ¿No se presentó delante de Josué —el jefe de las tropas de Israel— como capitán del ejército del Señor? ¿No recuerda que cuando los tres jóvenes caminaron en medio del horno ardiente Él estaba en medio del fuego también, no como un rey, sino como uno en el fuego con ellos?
Anime su corazón con esta consoladora verdad. Si Cristo apareció a sus siervos en tiempos antiguos, y se manifestó a ellos como hueso de sus huesos, y carne de su carne, en todas sus pruebas y problemas, ¿cuánto más no hará por usted hoy? Él estará con usted al pasar por el fuego; Él será su roca, su escudo y su torre alta; Él será su canción, su estandarte y su corona de regocijo. No tema; el que visitó a sus santos desde tiempos antiguos seguramente no estará ausente para sus hijos hoy. Su placer todavía está con su pueblo, y caminará con nosotros a través de este pesado desierto. Seguramente esto hace de Cristo el consuelo más grande para su pueblo Israel.
Cinco lecciones que aprender de la humillación de Cristo
La primera lección que debemos aprender de la humillación de Cristo es tener una fe firme en el sacrificio expiatorio. Si mi Señor se humilló para convertirse en hombre, y si, al bajar, bajó más y más, hasta hacerse obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, siento que debe haber una fuerza en esa muerte que es todo lo que puedo requerir. Jesús al morir ha reivindicado la ley y la justicia. Si Dios puede castigar el pecado sobre su propio Hijo, eso significa mucho más que enviarnos a nosotros al infierno. Sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecado —pero su sangre fue derramada, así que hay remisión. Sus heridas dejaron salir su sangre; un gran corte abrió el camino hacia su corazón. Antes de eso, todo su cuerpo se había convertido en una masa de sangre goteante, cuando en el jardín, su sudor fue como grandes gotas de sangre cayendo al suelo. Mi Señor, cuando estudio tu sacrificio, veo cómo Dios puede ser “justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Ro 3:26). La fe nace en la cruz de Cristo. No solo traemos la fe a la cruz, sino que la encontramos allí. No puedo pensar en mi Dios soportando todo este dolor en un cuerpo humano, hasta la muerte en la cruz y, aun así, dudar. ¡Vaya, la duda se vuelve más grande que la fe cuando la cruz es visible! Cuando Cristo es descrito claramente crucificado entre nosotros, cada uno de nosotros debería clamar: “Señor, creo, porque tu muerte ha puesto fin a mi incredulidad”.
La siguiente lección que quiero que aprenda de la humillación de Cristo es esta: cultive un gran odio al pecado. El pecado mató a Cristo; deje que Cristo mate al pecado entonces. El pecado lo hizo descender más y más bajo; entonces tire el pecado aún más abajo, que no tenga trono en su corazón. Si va a vivir en su corazón, haga que viva en agujeros y rincones, y no descanse hasta que sea totalmente exterminado. Trate de poner su pie sobre su cuello y elimínelo por completo. Cristo fue crucificado; deje que sus deseos sean crucificados. Deje que todo deseo malo sea clavado, con Cristo, en el madero de los delincuentes. Si, como Pablo, puede decir: “lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gá 6:14), con él también podrá exclamar: “nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús” (Gá 6:17). El esclavo marcado de Cristo es el hombre librado por el Señor.
Aprenda otra lección, la obediencia. Si Cristo se humilló a sí mismo, y fue obediente, ¡Usted y yo debemos ser más obedientes! No debemos detenernos ante nada cuando sepamos la voluntad del Señor. Me maravillo de que usted y yo a veces hagamos preguntas o pidamos tiempo antes de obedecer a Cristo. Si es la voluntad del Señor, deje que se haga, y que se haga de inmediato. Si hay que rasgar alguna conexión afectuosa o causar una avalancha de lágrimas, que así sea. Él se humilló a sí mismo y se hizo obediente. ¿La obediencia me humillará? ¿Me bajará la autoestima? ¿Me dejará en ridículo? ¿Traerá desprecio a mi honorable nombre? ¿Seré expulsado de la sociedad en la que he sido admirado, si fuera obediente a Cristo? ¡Señor, esta es una pregunta que no vale la pena! Tomo tu cruz con gozo, pidiendo gracia para ser perfectamente obediente, por el poder de tu Espíritu.
Aprenda otra lección, la abnegación. ¿Se humilló Cristo a sí mismo? Practiquemos ese mismo arte santo. He oído a algunos decir: “He sido insultado; no me tratan con el debido respeto. Entro y salgo y nadie lo nota. He hecho un servicio eminente, y no hay un solo párrafo en el boletín sobre mí”. Su Maestro se humilló a sí mismo, y me parece que usted está tratando de exaltarse a usted mismo. Verdaderamente, está en el camino equivocado. Si Cristo descendió no deberíamos estar buscando nosotros subir. Espere a que Dios le exalte, lo cual hará en su tiempo. Entretanto le corresponde, mientras esté aquí, humillarse a usted mismo. Si usted ya se encuentra en una posición humilde, ¿no debería estar contento con ello simplemente porque Él se humilló a sí mismo? Si está en un lugar donde no es notable, donde se piensa poco en usted, esté muy satisfecho con ello. Jesús estuvo justo donde usted está ahora. Puede sentirse orgulloso de estar donde está, donde Dios le ha puesto. Jesús tuvo que humillarse y hacer un esfuerzo por estar donde usted está. ¿No es el Valle de la Humillación uno de los lugares más dulces del mundo? ¿No nos dice el gran geógrafo de la tierra celestial, John Bunyan, que el Valle de la Humillación es tan provechoso como cualquier otro, que nuestro Señor tenía su casa de campo allí y que amaba caminar en sus prados porque el aire era agradable? “Me gustaría ser reconocido”, dice alguien. “Me gustaría que el público conociera mi nombre”. Si alguna vez tuviera esa suerte y sintiera lo que yo siento, oraría por ser desconocido y dejaría que mi nombre quedara en el olvido; de verdad, no hay placer en ello. La única forma de ser feliz, si Dios nos dejara escoger, sería que nadie nos conociera, y simplemente pasáramos por este mundo como peregrinos y extranjeros, a la tierra donde nuestra verdadera familia vive, y ser conocidos allí como seguidores del Señor.
Creo que también debemos aprender de la humillación de nuestro Señor a despreciar la gloria humana. Supongamos que algunas personas vienen delante de usted y le dicen: “¡Te coronaremos rey!” Bien podría contestarles: “¿Lo harán? La corona que tenían para mi Maestro era una corona de espinas; no aceptaré ninguna corona de parte de ustedes”. “Te honraremos”. “¿Qué, me honrarán, ustedes que escupieron su maravilloso rostro? No quiero ninguna de sus alabanzas”. Es un gran honor para un cristiano ser calumniado antes que ser aplaudido. Le diré esto: si es calumniado y maltratado por causa de Cristo, no hay honores ni alabanzas que puedan hacerle merecedor de tal honor. Esto es ser un verdadero representante de la cruz, haber sido herido en la lucha y haber vuelto adornado con cicatrices por causa de Él. Mire la gloria humana como algo empañado; ya no es dorada, está corroída porque no fue dada al Señor.
Por último, tengamos un fuerte deseo de honrar a Cristo. Si se humilló a sí mismo, démosle honor. Cada vez que parezca apartar su corona, pongámosla en su cabeza. Cada vez que oigamos que le calumnian —los hombres siguen calumniándole— hablemos de él valientemente. ¿No se indigna, algunas veces, cuando ve cómo su iglesia lo trata a Él y a su verdad? Lo dejan fueran hasta que su cabeza se moja con el rocío y sus cabellos con las gotas de la noche. Proclámele Rey en la cara de sus falsos hermanos. Proclámele y diga que su Palabra es infaliblemente verdadera, y que su sola sangre preciosa puede limpiar el pecado. Sea valiente porque muchos Judas parecen haber salido del abismo sin fondo para traicionar a Cristo una vez más. Esté firme y constante, como las paredes de granito, en el día en que otros le dan la espalda y se van como cobardes.
El Señor le ayude a honrar a Aquel que se humilló a sí mismo, que se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. ¡Que Él acepte estas humildes palabras mías, las bendiga y las convierta en el medio para que algún pobre pecador venga y confíe en Él!
Somos como Cristo, exaltados a través de la humillación
Si Cristo fue exaltado a través de su humillación, entonces usted también lo será. No considere su triunfo en base a los pasos que dé hacia arriba, sino en base a aquellos que son aparentemente hacia abajo. El camino al cielo es cuesta abajo. Aquel que quiera ser honrado por la eternidad debe hundirse primero en su propia estima, y regularmente también en la de sus semejantes. No piense que el tonto, que trate de alcanzar el cielo por medio de sus propias opiniones vacías o de los halagos de sus hermanos, alcanzará el paraíso. No, seguramente fallará, caerá y será quebrado en pedazos. Pero el que descienda a las minas del sufrimiento hallará riquezas ilimitadas allí, y el que se sumerja en las profundidades del dolor hallará la perla de la vida eterna dentro de sus cavernas. Esté dispuesto a ocupar el lugar más bajo en la iglesia de Dios, y a prestar el más humilde servicio; considere un honor que se le permita lavar los pies de los santos. Sea humilde en su mente; nada se pierde al acariciar este espíritu, para que vea cómo Jesucristo fue honrado al final.
Recuerde que será exaltado solo cuando sea humillado. Vea las calumnias de sus enemigos como aplausos de los justos. Considere la burla de los hombres malvados igual a la alabanza y el honor de los piadosos; al culparlo lo censuran, pero su censura se convierte en alabanza. Recuerde también que, si su cuerpo fuera alguna vez expuesto a la persecución, no será vergüenza para usted, sino todo lo contrario. Y si tiene el privilegio (y puede) llevar la corona del martirio, no lo vea como una muerte deshonrosa. Recuerde que los más honorables en la iglesia son aquellos que pertenecen “al noble ejército de mártires”. Considere que cuanto mayor fue el sufrimiento que soportaron, tanto mayor fue también su “eterno peso de gloria” (2Co 4:17). Por lo tanto, si se encuentra en lo más difícil de la lucha, recuerde que pronto estará en medio de la gloria. Si soporta lo más difícil ahora, pronto disfrutará de lo más dulce. En las inundaciones, en el fuego, en la muerte, no tema. El que glorificó a Cristo por humillarse, lo glorificará a usted; porque después de haberle hecho soportar por algún tiempo, Él le dará “la corona incorruptible de gloria” (1Pe 5:4).


Filipenses 2:12–18

12 Por tanto Observe cómo el apóstol, después de haber escrito sobre un tema tan importante, vuelve a buscar el bien práctico de sus hermanos en Filipos.
ocupaos Con frecuencia oigo que estas palabras son dirigidas a distintas iglesias y siempre me impresiona que sean distorsionadas de su significado correcto. Estas palabras, tal como están en el Nuevo Testamento, no contienen exhortación alguna para todos los hombres, sino que están dirigidas particularmente al pueblo de Dios. No pretenden ser una exhortación a los no convertidos. Están indudablemente, como las encontramos en la epístola, dirigidas a aquellos que ya han sido salvados por medio de una fe viva en el Señor Jesucristo. No se necesita ninguna prueba para esta afirmación porque toda la epístola está dirigida a los santos. Inicia diciendo: “a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos” (Fil 1:1). El verso que nos ocupa contiene en sí mismo evidencia suficiente de que Pablo no estaba hablando a no creyentes porque llama “amados míos” a las personas a las que se estaba dirigiendo, y les dice: “como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia”; estaba escribiendo, por tanto, a personas que habían sido obedientes al evangelio. Toda obediencia verdadera surge de una fe salvadora, por lo tanto, se estaba dirigiendo a aquellos que, a través de su fe en Cristo, habían sido obedientes a los mandamientos del evangelio.
Removiendo el pecado como un escultor remueve el mármol
Temas para predicar: Santidad, Pecado
He oído que un buen escultor dondequiera que vea un bloque apropiado de mármol, creerá firmemente que hay una estatua oculta en él. Su trabajo es eliminar el material innecesario y revelar “su belleza” que será “disfrutada por siempre”.
Creyente: usted es ese bloque de mármol; ha sido extraído por gracia divina y apartado para el servicio del Maestro, pero aún no podemos ver la imagen de Cristo en usted como quisiéramos. Ciertamente, hay algunos indicios de ella, algunos contornos tenues de lo que será; usted debe, con cincel y martillo, con constante esfuerzo y santa dependencia de Dios, formar esa imagen de Cristo en usted mismo, hasta que sea visto, por los hombres, igual a su Señor y Maestro. Dios ha bosquejado la imagen de su Hijo en usted; en el ya pero aún solo ligeramente esculpido mármol, Él la ha trazado, usted tiene que remover sus pecados, debilidades y corrupciones hasta que la justa imagen del Dios encarnado sea vista por todos en usted.
en vuestra salvación En cierto sentido, la salvación de toda persona que cree en Cristo está completa sin ningún mérito de su parte, vemos entonces que “está terminada” y nosotros estamos completos en Jesús. Observe que hay dos partes de nuestra salvación, una completa y la otra incompleta -aunque garantizada- para ser llevada a la perfección. La primera parte de nuestra salvación consiste en una obra hecha por nosotros; la segunda, en una obra hecha en nosotros. La obra hecha por nosotros es perfecta —nadie puede agregarle nada. Jesucristo nuestro Señor ofreció una expiación perfecta por todas las ofensas de su pueblo. Él unió a su pueblo con Él mismo, y debido a esa unión el pueblo obtuvo el derecho a todo el mérito de su justicia; vino a ser partícipe de su vida eterna y heredero de su gloria. Los santos, por lo tanto, son salvados por completo gracias a la obra sustitutoria. Ese fue el significado de aquellas majestuosas palabras de muerte de parte de nuestro Señor: “Consumado es”. Había terminado con la transgresión y con el pecado; había traído la justicia eterna perfeccionando así, para siempre, a los elegidos. Con la obra de Cristo, no podemos cooperar; nunca se nos dice que debamos hacer algo para obtenerla, simplemente que la recibamos por fe. La bendición viene “al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío” (Ro 4:5). La justificación no es en absoluto por esfuerzo humano, sino por el don gratuito de Dios.
La segunda parte de la salvación consiste en una obra en nosotros —es la obra de Dios el Espíritu Santo. Todos los que fueron redimidos por la sangre de Jesús, también serán renovados, a su debido tiempo, en el espíritu de sus mentes. El Espíritu Santo en la regeneración desciende a un hombre y crea en él una nueva naturaleza. No destruye lo viejo, sino que permanece aún, para ser combatido y vencido. Dios ha roto el yugo del pecado en nuestros corazones. Este vive luchando y contendiendo, pero es destronado, nuestra vida debe ser el continuo derrocamiento y destronamiento del pecado en nuestros miembros.
Aunque la naturaleza que el Espíritu implanta es perfecta en género y grado, aún no es perfecta en su desarrollo. Es una semilla que tiene que convertirse en un árbol; es un niño que requiere crecer a la estatura de un hombre perfecto. La nueva naturaleza tiene en ella todos los elementos de la perfección, pero necesita ser expandida y desarrollada -usando las palabras del texto- con temor y temblor. Habiéndola implantado Dios, se convierte en el asunto más importante de la vida cristiana para impregnar todo el ser, hasta vencer la vieja naturaleza, hasta destruir totalmente la corrupción innata y hasta que reine de forma suprema en cada parte del hombre, tal como será cuando el Señor nos lleve a morar con Él para siempre. Dese cuenta entonces que Pablo no habla aquí de la obra mediadora de Cristo, el perdón de nuestros pecados o nuestra justificación, sino solo de nuestra vida espiritual interior.
Ocupémonos en nuestra propia salvación antes de preocuparnos por otros
Temas para predicar: Evangelismo, Salvación
Una parte de la salvación consiste en ser liberados del egoísmo, pero soy suficientemente egoísta como para desearlo. ¿Cómo puede salvar a otros si no se ha salvado a usted mismo?
Imagine que un hombre se está ahogando. Yo estoy en el London Bridge. Si salto y nado, lo puedo salvar. Pero imagine que no puedo nadar; ¿puedo prestarle ayuda a ese hombre saltando a una muerte repentina y segura con él? Estoy incapacitado para ayudarlo hasta que tenga la habilidad para hacerlo.
Hay una escuela en algún lugar. La primera pregunta de aquel que quiera ser el maestro debe ser: “¿Conozco lo que pretendo enseñar?”. ¿Consideraría esa pregunta egoísta? Ciertamente no es nada egoísta, basados en el sentido común. De hecho, el hombre que no es tan egoísta como para preguntarse: “¿Estoy calificado para ser maestro?” será culpable de un grave egoísmo al entrar en un oficio para la cual no está cualificado. Imagine que una persona analfabeta entra a la escuela y dice: “seré maestro aquí y cobraré por ello”, aun cuando no pueda enseñar a los niños a leer o escribir. ¿No sería muy egoísta al no ver su capacidad? Por supuesto no sería egoísmo lo que haría un hombre al alejarse y decir: “No, debo ir a la escuela primero, de lo contratio, seré la burla de los niños al intentar enseñarles algo”.
No es egoísmo, entonces, cuando miramos bien a nuestra propia salvación, porque es la base sobre la cual operamos para el bien de los demás.
con temor El temor del texto es aquel que hace que temamos ofender a un Dios tan bueno —un temor sagrado e inocente, del cual leemos: “Bendito el hombre que teme siempre”. Un temor reverencial al Altísimo, un temor piadoso que no permite ofender —es el temor que debe ser cultivado por nosotros. No es aquel temor enemigo de la plena seguridad, sino el miedo que se opone a la seguridad carnal o imprudencia.
y temblor ¿Es el temblor de un esclavo? No, este temblor no pertenece a los herederos de la gracia. Ellos tienen un temblor que está íntimamente relacionado con el gozo, porque ellos se “alegran con temblor” (Sal 2:11). Ante el Señor no temblamos con miedo, pero sí experimentamos un temor santo. Bajo la presencia de Dios, temblamos para no pecar, tememos para que esa presencia no sea quitada, a fin de que no entristezcamos al Espíritu y no irritemos al Santo de Israel. Sabemos lo que es temblar con alegría y gloria excesiva del amor de Dios derramado en nuestras almas por el Espíritu Santo.
13 el que en vosotros produce Aquello que debemos producir es algo que al mismo tiempo es producido en nuestro interior. Dios produce algo en nosotros, por lo tanto, debemos producir del interior hacia el exterior. Obramos, en nuestra vida exterior, todo aquello que Dios constantemente obra en nosotros en las profundidades de nuestro ser espiritual. Si Él no obra en el interior, nunca podrá usted obrar en el exterior. Mientras Él obre en su espíritu, tanto el querer como el hacer, podrá ir con confianza porque su voluntad y su proceder producirán humildad de espíritu y unidad de corazón con sus hermanos.
el querer Observe lo que Dios hace en nosotros: Él obra en nosotros el querer —el deseo de la santidad, la decisión de dejar el pecado, la punzada de dolor por nuestro pecado, la firme determinación de que no caeremos en ese pecado de nuevo. Todo, todo es de Dios, y Él, que dio el deseo, ciertamente lo cumplirá.
el hacer Él, que le dio a usted la voluntad, no le dejará allí, también obrará en usted el poder de hacer. El poder de alcanzar la victoria, el poder de aniquilar al más alto orgullo vendrá de Él. No tema. Aunque su vida interior esté bajo diez mil peligros, Dios le dará poder para hacer lo correcto, lo justo, lo agradable y lo verdadero, porque Él obra gloriosamente en usted.
Destruir el pecado es como tomar la tierra de Canaán
Temas para predicar: Santidad, Pecado
Cristiano, hoy en día, usted es como la simiente de Israel en Canaán. No tiene que escapar de Egipto; usted ya es libre. Con mano poderosa y brazo extendido Dios le ha librado del Faraón de su pecado; ya ha pasado por el desierto de sus convicciones. Las serpientes ardientes y el desierto salvaje se han acabado. Ha cruzado el río; ahora es un hombre salvo. Jesús como Josué está al mando; Él reina y gobierna en su espíritu. No tiene que luchar en su camino hacia la tierra —está en ella— porque nosotros los que hemos creído entramos al reposo. Pero, ¿qué tiene que hacer ahora? Tiene que extender el reino dentro de usted mismo derrotando a una nación llena de pecados continuamente. Tiene que, en el poder del Espíritu, sacar sus corrupciones a la luz del sol para destruirlas por completo. No deje que nadie escape, porque Canaán nunca será lugar de descanso para usted hasta que haya expulsado a los cananeos, y viva en la tierra sin asociación alguna con el pecado. Este es el asunto que está, seriamente, invitado a atender. Que el Espíritu Santo le conceda la gracia de nunca olvidarlo mientras viva.
por su buena voluntad Verle santo le da a Dios placer; se deleita al ver que se niega a usted mismo. Si se conquista a usted mismo, Él se complacerá.
14 sin murmuraciones Nunca diga: “Me das mucho trabajo. Siempre me das el trabajo más difícil. Me pusiste en el rincón oscuro”. No, no; “Haced todo sin murmuraciones”. Y no comience a discutir sobre una obra santa, porque si lo hace, la estropeará desde antes de empezarla. ¿Cómo podría entonces esperar bendición sobre ella? “Haced todo sin murmuraciones y contiendas”.
y contiendas No discuta con Dios; deje que Él haga lo que bien le parezca. No discuta con sus hermanos cristianos; no levante acusaciones contra ellos. Cuando se le dijo a Calvino que Lutero había hablado mal de él, dijo: “Que Lutero me llame diablo si quiere; pero nunca diré de él otra cosa, sino que es un siervo muy querido y valiente del Señor”. No plantee puntos complicados y enredados por medio de la controversia. Recuerde: tiene muchos adversarios sobre los cuales puede usar sus espadas y, por lo tanto, hay poca necesidad de usarlas para destrozar la armadura de sus hermanos. No discuta ni siquiera con el mundo. Los filósofos paganos siempre buscaban ocasiones de debate; testifique lo que Dios le ha enseñado, pero sin causar controversia. No se avergüence de luchar ardientemente por la fe una vez entregada a los santos, pero nunca lo haga en un espíritu de mera discusión, nunca porque quiera obtener una victoria, sino solo por dar a conocer lo que Dios le ha ordenado revelar.
15 irreprensibles Los hombres buscarán culparle, pero debe buscar, como cristiano, llevar una vida que no dé ocasión a la culpa. Como Daniel, oblíguelos a decir de usted: “No hallaremos contra este Daniel ocasión alguna para acusarle, si no la hallamos contra él en relación con la ley de su Dios” (Dn 6:5). Erasmo escribe de Lutero, su gran adversario: “Ni siquiera los enemigos de Lutero pueden negar que es un buen hombre”. Busque este elogio de parte de un mundo indispuesto. Viva para que, como en la época de Tertuliano, los hombres digan como lo hicieron en su tiempo: “Tal hombre es un buen hombre, aunque sea cristiano”. Los paganos pensaban que los cristianos eran los peores hombres, pero se vieron obligados a confesar que eran los mejores, aunque fueran cristianos.
No podemos ser irreprensibles si murmuramos y peleamos, porque tales cosas conducen naturalmente al pecado. Nuestras luces no pueden brillar si en lugar de mantenerlas nos ocupamos en apagar las lámparas de otros.
sencillos La palabra griega podría ser traducida como “sin cuernos”, como si fueran criaturas no solo que no hacen daño, sino que no pueden hacerlo. Sean como ovejas que no solo no devoran, sino que no pueden devorar, porque es contrario a su naturaleza —porque no tienen dientes con que morder, ni colmillos con que picar, ni veneno con que matar. Si lleva flechas, deje que penetren en amor; si lleva una espada, que sea la espada del Espíritu, la cual es la Palabra de Dios. Sea en todas partes, incluso entre aquellos que le harían daño, “santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores” (Heb 7:26).
hijos de Dios Como “hijo de Dios”, recuerde que los ojos de todos están sobre usted. Se espera más de usted que de otros hombres porque usted tiene un linaje superior, porque es descendiente del Altísimo y, por lo tanto, debe ser el mejor en el mundo. No ensucie los dedos que están a punto de tocar las cuerdas celestiales; no deje que sus ojos se conviertan en ventanas de lujuria que pronto verán al Rey en su hermosura. No deje que sus pies se ensucien en lugares con lodo ya que pronto caminará por calles de oro. No deje que su corazón se llene de orgullo y amargura ya que pronto será lleno del cielo, y se desbordará de gran gozo.
sin mancha Hombres a quienes el mundo no pueda reprender. Hombres que puedan estar firmes y puedan desafiar a sus enemigos a encontrar alguna falta en ellos, que puedan decir sin ningún tipo de fariseísmo, como lo hizo Job “tú sabes que no soy impío” (Job 10:7). Desearía que fuera de ese tipo de hombres de los cuales se deba mentir antes de poderlos deshonrar. Quisiera que fuera de aquellos hombres sobre cuyos vestidos blancos como la nieve, la suciedad no se adhiriera —que pudiera ser calumniado, pero no pudiera ser realmente reprendido.
resplandecéis como luminares No puede enderezarlos, pero puede brillar. Ellos podrían destruirle si pudieran; pero todo lo que tiene que hacer es brillar. Si los cristianos dieran más atención a su brillo y prestaran menos atención a una generación torcida y perversa, mucho más se podría obtener de ese brillo. Sin embargo, hoy se nos aconseja “mantenernos al día” y “acoplarnos al espíritu de la época”. Si pudiera acoplarme a ese espíritu, lo arrojaría al abismo sin fondo, porque es un espíritu contrario a Cristo en todos los aspectos. Debemos mantenernos alejados de todo eso y “resplandecer como luminares en el mundo”.
Cuanto más brillan los cristianos, menos son observados
Temas para predicar: Gloria, Humildad
Seguramente ha visto por la noche una estrella. Es, relativamente, solo una pequeña chispa, pero es muy brillante, y todo el mundo dice: “¿Ves esa estrella?”. Pero también hay una luna; ¿por qué no todo el mundo dice: “Mira qué hermosa luna”? Observan la estrella primero, porque no es habitual ver estrellas tan brillantes. Luego, en una noche iluminada por la luna, oirá a la gente decir: “¡Qué luna tan hermosa!”. Por otro lado, a la luz del día, la gente no dice: “¡Qué hermoso sol!”. No, sino “¡Qué hermoso paisaje! ¡Qué hermosa vista! ¡Mira los colores de esos árboles ahora que el sol está brillando!”.
Así, el pequeño cristiano es como una estrella brillando en su pequeña esfera. Otros son como la luna, despertando admiración y atención para sí mismos. Pero un cristiano adulto, perfectamente conformado a la imagen de Cristo, aunque da más luz que la luna o las estrellas, no es admirado, porque los hombres ven aquello sobre lo cual arroja su luz y no a él mismo. Miran la doctrina que enseña en lugar de la forma en que la enseña; miran el ejemplo de su vida y no su vida en sí. Si lo impulsara a una publicidad cada vez mayor, no sería para su propio bien, sino para que fuera olvidado, y la verdad fuera vista cada vez más claramente.
en el mundo ¿Dónde dice el texto que deben brillar? —¿En su casa? No, “en el mundo”. Es cierto que deben ser luz en su propia familia, pero, además, si desean llegar al nivel máximo de lo que deben ser, deben ser luces en el mundo.
Los cristianos son soldados y corredores
Temas para predicar: Compromiso, Valentía
Los cristianos son soldados. Si nuestros soldados pensaran en no ser vistos nunca, algo malo pasaría. ¿Cuánto valen los soldados que huyen con temor de la batalla? No queremos hombres que siempre se estén escondiendo detrás de un arbusto, y no se atrevan a enfrentar al enemigo.
Los cristianos son corredores también, y ¿qué clase de corredores son los hombres que corren en la oscuridad? ¿Qué? ¿Una carrera sin espectadores? ¿Qué piensa de los cristianos que deben tener el estadio despejado antes de que puedan entrar a la carrera? Más bien, hijos de Dios, desafíen a todos los espectadores. Llenen los asientos y miren, ángeles, hombres y demonios también, vean todo lo que quieran. ¿Qué le debería preocupar al cristiano? Está mirando a Jesús. No corre por ustedes, sino por la recompensa, y si miran o no, su celo y fervor siguen siendo los mismos, porque Cristo está en él. Él debe correr, y que le mire quien quiera.
16 asidos de la palabra de vida Deben sostener la Palabra de vida mientras los hombres sostienen una antorcha. Su brillo, en gran parte, consistirá en mantener la Palabra de vida.
yo pueda gloriarme Pablo se preocupaba mucho por la obra de Dios, pero no se preocupaba por sí mismo.
no he corrido en vano, ni en vano he trabajado El apóstol fue el fundador de la iglesia en Filipos; había cuidado de ellos con toda la preocupación de alguien que los había plantado y regado, y que buscaba su crecimiento. Por lo tanto, apeló al afecto que él sabía que tenían por él. “He corrido”, dice el apóstol, “con todos los hombres mirándome, muchos de ellos odiándome y burlándose de mí. He corrido con todas mis fuerzas; ¿me han hecho correr en vano? He trabajado más que todos ellos”, justamente el apóstol podía preguntar: “¿Me han hecho trabajar para nada?”. Sabía que la respuesta que le darían sería: “No, amado Pablo, has ganado el premio por el que has corrido, y has cosechado el fruto por el que has trabajado”. “Bien”, dice el apóstol “pero no puedo, a menos que brillen como luces en el mundo; defraudan mis esperanzas, arrebatan el premio de mi alcance, me llenan de angustia, si no actúan como testigos santos de Cristo”.
Los ministros de Dios no pueden soportar la idea de haber trabajado en vano. Y aun si algunos de nosotros muriéramos, ¿qué quedaría de todo lo que hemos hecho? No queremos robar a los ministros fieles el resultado de sus labores y, sin embargo, lo haremos a menos que nos unamos de corazón a nuestros hermanos en la proclamación del evangelio y hagamos nuestro mejor esfuerzo para vivir en santidad y amor cristiano.
17 derramado en libación Si Pablo pudiera ser derramado como una libación en Su favor u ofrecido como un holocausto en un servicio al Salvador, lo haría con gusto. No podía soportar haber vivido en vano; gastar su vida para la gloria de su Señor sería siempre un gozo para él.
18 gozaos y regocijaos también vosotros conmigo Vivir y morir por Jesucristo, con la bendición del Padre descansando sobre nosotros, es un gozo que se disfruta unidos y de forma continua. ¡Dios quiera que lo disfrutemos!
Aplicación
Ocuparnos en nuestra salvación no significa ser egoístas
En asuntos temporales no creo que sea suficiente ver que sus propios negocios prosperen; tengan el deseo de ver a sus hermanos prosperar también. No sean tan codiciosos como para limpiar todo lo de su propio plato, dejen que otros hombres participen también de sus bendiciones. Si son pobres y ustedes ricos, ayúdenlos. Si están en necesidad y usted posee abundancia, ministre para sus necesidades. No deje que Cristo esté desnudo y usted pueda, pero no esté dispuesto, a vestirlo. No deje que Cristo enferme y usted permanezca sin visitarlo. Si un miembro sufre, usted, como un miembro más, sufra con él. En las cosas espirituales no piense que es suficiente con que usted viva cerca de Dios, tome los casos de otros que puedan haber retrocedido y póngalos delante del trono de la gracia; busque, con amonestación amable, restaurar a los caídos, no sea que también sea tentado. Preocúpese por el bien de todos los miembros de la iglesia a la que pertenece. De hecho, en la medida de sus posibilidades, busque la prosperidad del alma de todo el pueblo de Dios.
Observe, entonces, el sentido del apóstol es esto: si hemos de ocuparnos en nuestra propia salvación, debe ser humillándonos y siendo generosos. En la medida en que somos egoístas, nos vendemos al pecado, pero en la medida en que somos generosos y vivimos por los demás por amor a Cristo, en la medida en que valoramos a otros y establecemos una baja estima de nosotros mismos, en esa medida avanzamos en gracia y nos ocupamos de nuestra propia salvación del pecado. Como he dicho antes, aquí está el verdadero trabajo, aquí está la dificultad. El descenso al abismo del pecado es bastante fácil. ¡Cuántos caen en pecado con la misma rapidez con la que los viajeros se deslizan por los Alpes cubiertos de nieve! Pero es muy difícil avanzar para subir la colina de Dios. Bienaventurado el hombre que, apoyado en el brazo del Eterno, se ocupa de su propia salvación, y le es permitido ascender al monte del Señor y permanecer en su lugar santo.
Dios obra, pero requiere nuestro esfuerzo
Dios obra, dice el texto; por lo tanto, debemos obrar externamente porque Dios obra internamente. La ayuda de la gracia divina no nos es dada para dejar de lado nuestros propios esfuerzos, sino para intensificarlos. Dios viene a nosotros para obrar en nosotros —¿Cómo? ¿Para obrar en nosotros y ser indiferentes? ¡No! Para obrar en nosotros y así podamos tener voluntad con resolución y firmeza. ¿Obra en nosotros queriendo que nos quedemos sin hacer nada? ¡No! Él obra en nosotros para que actuemos.
El efecto directo de la influencia de la gracia sobre el corazón es hacer que un hombre sea activo, y cuanta más gracia tiene, más activo se vuelve. Un hombre nunca vencerá al pecado sin empeño. Estoy seguro de que no podrá vencer su orgullo simplemente decidiéndose a hacerlo. Tendrá que mantener su mirada en ese viejo enemigo, tal como un detective mira a un ladrón. Porque cuando pueda decir: “Por fin lo he vencido”, lo descubrirá obrando de otra forma, y su conflicto comenzará de nuevo. Lo mismo sucede con un temperamento difícil. Cuánto han tenido algunos hermanos que luchar con esto, y cuando han podido decir: “Ahora realmente lo he dominado por la gracia de Dios”, entonces ocurre un accidente en el que la tentación los asalta de nuevo y vuelven a caer en pecado. Sí, nuestra vida debe estar bajo una observación constante, y al encontrarnos tropezando, debemos arrepentirnos continuamente, orando permanentemente para ser confirmados para el futuro, luchando incesantemente para alcanzar algo más allá, avanzando hacia adelante siempre. Siempre digo: hacer una pausa es retirarse; detenerse es retroceder.
Lo que significa brillar como cristiano
Un cristiano debe tener cierto grado de notoriedad, es casi imposible que desarrolle su verdadero carácter si vive retirado y en secreto, sin ser identificado como cristiano. Los antiguos fariseos del sanedrín no podían regalar ni medio centavo en la calle sin hacer tocar la trompeta para que todos vieran su espléndida caridad. No podían orar en su habitación; buscaban algún rincón de la calle para que todos los que pasaran pudieran levantar sus manos asombrados por aquel hombre tan bueno que oraba incluso en la calle. Debemos ser advertidos contra el orgullo de los fariseos, pero al mismo tiempo, debemos tener cuidado de no encontrarnos en el otro extremo.
Su propia conciencia será su guía en ese asunto. Si detecta algún deseo de glorificarse a usted mismo, entonces se equivoca al hacer pública su fe. Por el contrario, si descubre que se está manteniendo alejado con el fin de tener un camino más fácil para usted, entonces está muy equivocado al buscar ocultar su fe. Si es para la gloria de Dios que publique en su azotea lo que Él le ha dicho en su habitación, hágalo, y si es para la gloria de Cristo hacer en su habitación lo que otro hombre haría en la calle, hágalo. Su conciencia siempre le mostrará -si es una conciencia iluminada- cuándo actuar públicamente y cuándo, por el contrario, actuar en privado. Pero no haga que el orgullo de los fariseos sea una excusa para su cobardía.
¿Qué tanta notoriedad entonces pensamos que es necesaria en un cristiano? Es apropiado que haga una confesión pública de su fe. Debe salir de entre el mundo y declararse a sí mismo del lado del Señor. Hay una forma que Dios mismo ordenó y que es la manera apropiada de hacer esta profesión —ser bautizado en agua, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, siendo enterrados públicamente en agua para mostrar nuestra muerte al mundo, y resucitar del agua para mostrar que esperamos vivir una vida nueva como resultado de la resurrección de Cristo de entre los muertos.
También debe estar constantemente relacionado con gente cristiana. La profesión en sí no es suficiente; debe buscar unirse a una iglesia de Cristo visible. El cristianismo requiere que se una con los que ya están unidos en Cristo. Si la iglesia de Cristo es la esposa de Jesús, debe buscar ser miembro de ella de forma visible e invisible —especialmente si está recién convertido, porque su presencia en la iglesia será para su propio bien y también para el bien de la iglesia.
Además de esta comunión con los cristianos, debe haber evidencia diaria de su cristianismo en su vida. Pero esto no es todo lo que debe brillar. Eso puede ser solo un destello, un brillo, una exhibición de fuegos artificiales; es nuestro actuar diario el verdadero resplandor de Cristo en nosotros.
Para brillar como luces, debemos añadir el testimonio de nuestras palabras. No vale ni un solo clavo oxidado su fe si se mantiene en silencio sin hablar de ella; en realidad no creo que tenga fe. Aquello que está más cerca del corazón está, generalmente, más cerca de la lengua también. Debe estar constantemente dando testimonio de Cristo con sus palabras, buscando enseñar al ignorante, advertir a los negligentes, rescatar a los caídos y llevar a los errantes a la cruz.
Los cristianos son como luces
¿De qué forma un cristiano es luz? La respuesta es múltiple. Utilizamos luces para manifestar algo. Un cristiano debe brillar tanto en su vida como para que aquellos que se acerquen a él puedan ver su propio carácter, sus pecados y su estado perdido. Debería vivir de tal forma que una persona no pueda vivir con él, ni una sola semana, sin conocer del evangelio. Su conversación debe ser tal que todos los que estén a su alrededor puedan entender perfectamente el camino al cielo. Las cosas que los hombres no vean, y no puedan ver sin él, deben ser muy claras donde quiera que esté.
El siguiente uso de una luz es como guía. Cada cristiano debe iluminar alguna parte del viaje de la vida, y no debe haber ningún camino sin su luz. Espero que usted dirija frecuentemente a los hombres en el camino a Cristo, diciéndoles: “He aquí el Cordero de Dios”.
Las luces también son utilizadas para advertir. Es muy bueno construir un faro sobre nuestras rocas y bancos de arena. Los hombres cristianos deben saber que hay un montón de luces falsas en todas partes del mundo. Los destructores de Satanás están siempre tentando a los impíos a pecar bajo la excusa del placer. Ellos levantan la luz equivocada; pongamos en alto la luz verdadera sobre cada piedra peligrosa para exhibir el pecado y decir a qué conduce, para que podamos estar libres de la sangre de todos los hombres, brillando como luces en el mundo.
Las luces también tienen una influencia muy alentadora al igual que los cristianos. Una luz realmente da gran comodidad. Si piensa que no, siéntese en la oscuridad una o dos horas. Un cristiano debe ser un consolador. Con palabras amables en sus labios y simpatía en su corazón, debe tener palabras de ánimo para aquellos que están en tristeza.
La luz también se usa para reprender al pecado. Creo que nuestros postes de luz son la mejor policía que tenemos. Si las lámparas estuvieran apagadas necesitaríamos diez veces más vigilantes y habría más crímenes. ¿Por qué a los ladrones no les gusta la luz? Porque sus actos oscuros solo pueden hacerse en la oscuridad. ¿Y por qué a los hombres impíos no les gustan los cristianos? Porque los reprenden. Así como las luces hacen a una ciudad segura y detienen los robos y el crimen, así los cristianos, cuando son un número suficiente para actuar en una comunidad, hacen que el crimen sea menos común. Ciertamente obligarán al crimen a esconder su deformidad bajo las sombras de la noche, mientras que antes podía caminar en el resplandor del día libremente.
¿Cuál es el beneficio de un cristiano que no es útil para el mundo? Él tiene un tesoro, pero lo guarda. Vil es aquel que acumula oro, pero, ¿qué es aquel que acapara pan? El mundo está muriendo de hambre y acaparan el pan de vida. Están acaparando agua, el agua viva; están bloqueando el arroyo para mantener lo suficiente para sí mismos. Siendo aún más necios, tratan de acumular la luz, como si fueran a tener menos por dejar que otros la tengan —acumulan luz como si hubiera un suministro escaso. Si aman a Cristo deben amar también a los pecadores. Si aman a Jesús, deben procurar extender su reino y dejar ver la obra de su alma (Is 53:11).


Filipenses 2:19–30


19–24 a ninguno tengo del mismo ánimo Pablo tenía este cuidado; no podía poner su mano sobre cualquier otro que no fuera Timoteo, ya que compartían la misma mente. El hombre de Dios, que sienta la fuerza de la paternidad santa, hará cualquier cosa, posible e imposible, por el bien de sus hijos espirituales; se entregará alegremente por ellos. A pesar de que cuanto más ame, menos pudiera ser amado, por su fuerza interior se verá impulsado a negarse a sí mismo.
Algunos son, por naturaleza, refugio y enfermeras del alma
Temas para predicar: Liderazgo de la iglesia, Consejería, Dones del Espíritu
En ciertos lugares, a lo largo de la costa, no hay puertos. Pero en otros sitios, hay bahías en las que los buques circulan en el tiempo de la tormenta. Algunos hombres representan un refugio natural abierto para aquellos en angustia. Los amamos por instinto y confiamos en ellos sin reservas. Ellos, por su parte, le dan la bienvenida a su confianza y se disponen para serle de beneficio. La naturaleza los ha creado con cálidas simpatías humanas, y estas han sido santificadas por gracia, de modo que es su vocación instruir, consolar, socorrer y, en todos los sentidos, ayudar a las personas más débiles. Estos son hombres dignos que se convierten en padres de la iglesia.
¿Quién no ha oído hablar de una enfermera más apta para su trabajo que Florence Nightingale? Parece como si no pudiera hacer otra cosa, y como si Dios la hubiera enviado al mundo a propósito, no solo para que pudiera ser enfermera, sino para que también pudiera enseñar a otras mujeres enfermería. Pues bien, es lo mismo en las cosas espirituales.
25 Epafrodito Pablo estaba en prisión en Roma. Los filipenses ya le habían mandado ayuda y habían enviado también a Epafrodito con él para aliviar su pobreza.
26 angustió En Mateo 26:37 encontrará registrado que Jesús estaba “angustiado”; esa expresión está llena de significado —mucho significado que no sería fácil explicar. La palabra en el original es muy difícil de traducir. Puede significar desde la abstracción de la mente y su completa ocupación en el dolor, hasta la exclusión de todo pensamiento que pudiera aliviar la angustia. Un pensamiento ardiente consumió toda su alma y quemó todo lo que le pudo haber dado consuelo. Por un momento su mente se negó a confiar en el resultado de su muerte, es decir, en el gozo que originaría. El sabio Thomas Goodwin dice: “La palabra denota un fracaso, una deficiencia y un debilitamiento del espíritu, tal como sucede a los hombres en la enfermedad”. La enfermedad de Epafrodito, por la cual casi fue llevado a la muerte, es nombrada con la misma palabra.
27 Dios tuvo misericordia de él Lázaro de Betania, Dorcas, Epafrodito y Trófimo son unos pocos de la gran multitud de enfermos que el Señor amó en sus enfermedades, para ellos estaba escrita la promesa de que el Señor los “sustentará sobre el lecho del dolor; Mullirás toda su cama en su enfermedad” (Sal 41:3).
Aplicación
¿Por qué se enferman los cristianos?
¿Por qué aún hay enfermedades y dolores en los cuerpos del pueblo de Dios? Nuestros cuerpos están redimidos porque Cristo ha redimido toda nuestra humanidad, pero si Cristo ha de estar en nosotros, el cuerpo todavía está muerto por causa del pecado, aunque el espíritu esté vivo por causa de la justicia. No será sino hasta la resurrección que disfrutemos del pleno resultado de la redención del cuerpo. La resurrección logrará para nuestros cuerpos lo que la regeneración logró por nuestras almas. Nacimos de nuevo, pero la obra divina fue ejercida solo sobre nuestra naturaleza espiritual. Nuestros cuerpos no nacieron de nuevo; por lo tanto, siguen bajo la influencia de la enfermedad, la decadencia y la muerte, aun cuando estos males ya se han convertido en bendiciones. Este cuerpo frágil, sensible y terrenal que Pablo llama “cuerpo de la humillación” (Fil 3:21), se cansa y se desgasta, y en el futuro se desvanecerá y morirá, a menos que el Señor venga antes. Y aun si Él viniera, este débil tejido debe ser totalmente cambiado, porque la carne y la sangre, como son ahora, no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción puede morar con la incorrupción. Hasta el día de hoy el cuerpo está bajo pena de muerte por causa del pecado, y se ha dejado así a propósito para recordarnos los efectos de este, para que podamos sentir dentro de nosotros mismos lo que el pecado ha hecho, y también podamos saber lo que el pecado habría hecho si hubiéramos permanecido en él, porque hubiéramos tenido que sufrir los dolores del infierno para siempre. Los dolores del cuerpo están destinados a hacernos recordar nuestra deuda por la redención de nuestro Señor Jesús, y así mantenernos humildes y agradecidos. También se nos envían dolores para mantenernos en el vuelo al cielo, así como las espinas en el nido impulsan a los pájaros a volar. Nos hacen anhelar la tierra donde no podremos decir más: “Estoy enfermo” (Is 33:24).
Note esto, en cada proceso de curación tenemos una promesa de resurrección. Cada vez que un hombre que está cerca de las puertas de la muerte es levantado nuevamente, disfruta de una especie de ensayo de esa gran resurrección cuando, de los lechos de polvo y arcilla, los santos perfeccionados resucitarán a la orden del sonido de la trompeta del arcángel y de la voz de Dios. Debemos reconocer, en nuestras restauraciones de enfermedades graves y peligrosas, una prueba de que el Dios que nos trae de las puertas de la tumba, también puede traernos de vuelta de la misma tumba, a su debido tiempo.

Filipenses 3:1–11


1 Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor “Por lo demás”, dice Pablo, como si este fuera el final de su epístola, la conclusión de toda su enseñanza: “Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor”. Es como si dijera: “Si esta fuera la última frase que pudiera decirles, les diría: ‘Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor’. Es su privilegio y su deber regocijarse en Dios —no en su salud, sus riquezas, sus hijos, su prosperidad, sino en el Señor”. Existe una fuente inmutable e ilimitada de alegría. No les hará ningún mal regocijarse en el Señor; cuanto más se regocijen en Él, más espirituales serán. “Por lo demás, hermanos”. Es decir, incluso en el fin —no el fin amargo sino en el fin de la vida— regocijaos en el Señor.
Haga de esto el fin de todo, el fin de cada día, de cada año, el fin de la vida. Estamos obligados, como cristianos, a levantarnos de nuestros desánimos. La alegría debe ser el estado normal del cristiano. ¡Qué fe tan dichosa es la nuestra en la que es un deber ser feliz! Por gracia siempre es posible. Que los enojones tomen nota de esto.
A mí no me es molesto La repetición de los santos preceptos no cansa ni al predicador ni a sus oyentes. Repasar las mismas verdades una y otra vez, proclamar los mismos preceptos, y enseñar las mismas doctrinas, no es gravoso para mí; además es bueno para usted escuchar estas cosas una y otra vez. La palabra de Dios nunca se volverá obsoleta.
para vosotros es seguro Algunos oyentes son como los académicos atenienses; quieren escuchar continuamente algo nuevo. Pero el apóstol dijo: “A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro”. Por lo tanto, usted conoce el mismo evangelio, el mismo Jesús, el mismo Espíritu Santo, todo esto es seguro. La nueva doctrina es una doctrina peligrosa. Decir lo mismo una y otra vez es seguro, porque su mente no capta la verdad a la primera y sus recuerdos son escurridizos.
2 los perros Las personas contenciosas —personas de hábitos groseros y corruptos. Hombres de un espíritu carnal, capcioso y egoísta. En los días de Pablo, había algunos que se llamaban “Cínicos”, es decir, perros.
malos obreros Por muy bonito que puedan hablar, si son obradores del mal, tenga cuidado con ellos. “Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7:20). Sus palabras pueden ser inteligentes, pero si sus labios son impuros, tenga cuidado con ellos.
los mutiladores Con esta expresión Pablo se refería a aquellos judíos que hacían de la circuncisión algo muy importante; los llama aquí “los mutiladores” porque destrozaron y cortaron la iglesia de Dios en pedazos. Tenga cuidado con los mutiladores, aquellos que excluyen y expulsan a otros porque no están de acuerdo con ellos en ciertos ritos y ceremonias.
3 nosotros somos la circuncisión Esta es la verdadera circuncisión, la cual es del espíritu y no de la carne. Los hombres que han abandonado toda confianza en sí mismos, los hombres que han venido a confiar solo en Cristo, los hombres que se “glorían en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne”, los que no se preocupan por ritos y ceremonias exteriores, sino que adoran a Dios en espíritu —estos son los de la verdadera circuncisión.
los que en espíritu servimos a Dios Pablo reclama para los adoradores espirituales todos los privilegios que los judaizantes buscaron monopolizar.
4 yo tengo también de qué confiar en la carne Si todos pueden, Pablo más. Si el nacimiento, si la educación, o si la religiosidad externa hubiese podido salvar a alguien en el mundo, ese habría sido Saulo de Tarso. Sin embargo, él mismo no lo hubiera permitido y, además, advertía a otros de no permitirlo tampoco.
yo más Si alguien hubiera podido jactarse de su nacimiento, profesión o celo religioso, Pablo hubiera podido jactarse tan justamente como cualquier otro, pues en todos esos aspectos nadie lo superaba. Usted sabe que es cosa fácil -o debería ser una cosa muy fácil- para algunas personas ser humilde, porque no tienen nada de qué enorgullecerse; pero aquí hay un hombre que tenía mucho de lo que podía haber estado orgulloso. De acuerdo con la ley, era un diamante especial; sin embargo, vea el veredicto que él mismo da después de que la gracia le abrió los ojos.
5 circuncidado al octavo día El rito que lo introdujo en el pacto externo de Abraham había sido llevado a cabo en el momento ordenado por la ley. No había sido circuncidado como los prosélitos, más tarde en la vida, ni en una temporada diferente debido a una enfermedad, viajando o por negligencia de los padres; sino que fue recibido en la congregación de Israel en el momento en el que el ritual mosaico lo requería, siendo un bebé.
del linaje de Israel No un edomita ni un samaritano, sino “del linaje de Israel”, del centro mismo de esa raza. No era de los que se habían convertido a la fe israelita, ni descendiente de los gabaonitas o de padres prosélitos; era de la raza pura de Israel; descendió de una línea clara, que probablemente pudo rastrear genealógicamente, desde aquel Israel que fue un príncipe de Dios. Estaba orgulloso de su descendencia, y con justa razón, porque cada judío es de noble linaje. ¡Mencióneme familias que puedan igualar a la simiente de Israel! La suya sería la mejor sangre del universo, si alguna sangre pudiera ser mejor que otra.
de la tribu de Benjamín La tribu que Moisés llamó “la amada del Señor”, la tribu dentro de cuyo territorio estaba el templo, la tribu que descendía de la esposa amada de Jacob, Raquel, y no de los hijos de ninguna de las esclavas. La tribu de Benjamín fue aquella de la cual fue escogido el primer rey de Israel, llevaba el mismo nombre con el que Pablo había sido conocido entre sus hermanos judíos. Esta tribu habría permanecido fiel junto con Judá, mucho tiempo después de que las diez tribus habían sido llevadas cautivas. Pablo fue, por lo tanto, de la rama más selecta de esa vid que el Señor mismo sacó de Egipto.
hebreo de hebreos Él era la flor y nata, una selección y elección especial de la nación elegida. Si había algún beneficio por ser de la simiente de Abraham, él como hebreo, tenía todo ese beneficio en el grado más alto posible.
en cuanto a la ley, fariseo Es decir, uno que observaba y practicaba en detalle la ley ceremonial, y aún mucho más —las tradiciones de los ancianos que colgaban como musgo sobre la vieja piedra del ceremonialismo judío. Pablo había observado todo eso.
6 perseguidor de la iglesia Estaba tan lleno de celo, que aquellos que parecían hablar en contra de la ley de Moisés, al declarar el evangelio, eran contados por él como sus enemigos, a los cuales persiguió con todas sus fuerzas. Esto lo había hecho con un propósito honesto, como resultado de su rigurosa autojusticia. Amarga y cruelmente, incluso hasta la muerte, persiguió a los creyentes en Jesús.
en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible Pablo había sido apartado de los vicios en los que muchos caían. En su juventud había sido puro; y todos sus días, había sido recto y sincero. Hasta donde sabía, y según lo comprendía, había observado la ley de Dios.
En otro lugar, se llama a sí mismo “el primero de los pecadores” —y así fue porque persiguió a la iglesia de Dios. Pero en otro sentido, puedo decir que no hay hombre que tenga tan buena oportunidad de ser justificado por las obras como Pablo, si pudiera haber alguna justificación a través de ellas.
7 cuantas cosas eran para mí ganancia Su fe en Jesús invalidó todas sus estimaciones anteriores, de modo que sus ganancias las contó como pérdidas. Se ocupó de cada aspecto por separado, anotando cada uno con gran claridad. La lista de las cosas de las cuales podía gloriarse en la carne era bastante clara. Eran las cosas que consideraba como ganancia; la lista es muy extensa, comenzando con su nacimiento y circuncisión, hasta la fecha de su conversión. Vivía con un alto grado de interés en sus ventajas como judío; habían sido para él como perlas preciosas, y mientras libremente renunciaba a ellas, recordaba que habían sido alguna vez tan preciadas como una manzana a sus ojos. Habían sido su orgullo, su marca de nobleza y su alarde diario. Se sentía en estos aspectos muy por encima de la mayor parte de la humanidad; nadie lo superaba, incluso de su propia raza. Pero, finalmente, consideró que perseguir a la iglesia y haber imaginado que sería irreprensible en la presencia de Dios, era lo peor que había hecho.
Cuando vayamos a Cristo, todo aquello en que hayamos confiado, debemos desecharlo. Debemos escribirlo del otro lado de la hoja. Si habíamos considerado todo aquello como ganancia, ahora debemos tomarlo como pérdida; no tiene valor alguno, sería un fracaso si aquello nos tentara a confiar menos en Cristo. La gracia lleva al hombre a renunciar a sus privilegios más preciados y valiosos por amor a Jesús. Esta es una prueba a la que muchos no podrán someterse.
las he estimado como pérdida En Fil 3:7–8 el apóstol menciona la palabra “estimar” tres veces. Era hábil en la aritmética espiritual y muy cuidadoso en sus cálculos. Hizo sus estimaciones con cautela, y observó con ojo diligente sus pérdidas y ganancias. En sus cálculos, no ignoraba las pérdidas que podía tener o que realmente tendría; por otro lado, no olvidada en ningún momento aquella bendita ganancia por la que consideraba que valía la pena sufrir una pérdida tan grande. Pablo parece estar aquí en un medio mercantil, sumando y restando, contando y equilibrando, con mucha tranquilidad y una mente decidida. Recomiendo este texto a los hombres de negocios; los invito a seguir el ejemplo del apóstol, a usar sus mejores juicios en las cosas eternas, a sentarse, sacar su pluma y hacer cálculos como él los hizo; a hacer estimaciones en cuanto a sí mismos y Cristo, y en cuanto a sus propias obras y la justicia de la fe.
Primero, tenemos su estimación al comienzo de su vida cristiana. Cuando se convirtió en creyente, dijo de sí mismo: “cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo”. Es decir, en el primer y más temprano período en que, de ser Saulo, el rabino, el fariseo celoso, se convirtió en Pablo, el converso y predicador de la fe que una vez destruyó, aquellas cosas que para él mismo parecían espléndidas ganancias, quedaron todas disueltas en una gran pérdida. En ese momento dice que hizo un cálculo y formó una opinión prudente de que aquello que le había parecido más ventajoso era, en lo que a Cristo se refería, una desventaja positiva y un estorbo para él —sus ganancias eran una pérdida. No solo encontró que todas sus ventajas carnales eran menos que Cristo; sino que todas esas ganancias habían sido realmente transformadas en pérdida. No eran una ventaja adicional de ese lado para estar en proporción a la ventaja de este lado; sino que se convirtieron en una desventaja del déficit real. Sintió que sus ventajas carnales, al verlas, considerando a Cristo, eran desventajas, y lo que había considerado como ganancias operaba más bien contra él y no a favor de él cuando comenzó a conocer a Cristo.
Agradecido de tener una filosofía que tirar a la basura
Temas para predicar: Compromiso, Filosofía
Gregorio Nazianzen, uno de los primeros padres de la iglesia cristiana, se alegraba de haber sido un experto en la filosofía ateniense. ¿Por qué cree que se alegaba de eso? Porque tuvo que renunciar a todo cuando se convirtió en cristiano; llegó a decir: “le doy gracias a Dios por haber tenido una filosofía que tirar a la basura”. No estimó esto como pérdida, sino como ganancia, para ser un perdedor al encontrarse con su Salvador. Ignacio, también uno de los primeros padres de la iglesia, dijo: “quemadme, colgadme, dadme todos los tormentos del infierno; si con ello puedo obtener a mi Salvador, me complaceré en soportarlo todo como precio”.
Los santos en Cristo se dieron a Él por completo, y cuando dieron todo, sintieron que eran más ricos en su pobreza, más felices en sus tristezas; y cuando experimentaron la soledad por causa de Cristo, sintieron que habían tenido compañía, porque Él había estado con ellos para ser su fuerza y su gozo.
por amor de Cristo ¿Qué? ¿Qué? ¿Solo por una cosa? ¿Una? ¿Solo una? ¡Había tantos privilegios del otro lado! ¡Solo había un nombre, una persona, mientras que del otro lado había tantas ventajas! Vaya, uno comienza a pensar que la estimación pronto llegaría a su fin siendo a favor de la descendencia israelita de Saulo, y del resto de las cosas. Pero no fue así; una cosa pesó más que todas las demás.
Aquí quisiera que notara que Pablo no dice que todo aquello lo contó como pérdida por amor al cristianismo, la iglesia, o la fe ortodoxa. Habría sido verdad tal afirmación, pero el centro de la verdad es esta: él contó estas cosas como pérdida por amor a Cristo, por amor al Señor Jesucristo mismo. Pensó en Aquel ser divino, cuyo nombre es bendito, en ese hermano de nuestras almas que nació en Belén, el Redentor de su pueblo; el Cristo vivo, amoroso, ensangrentado, moribundo, sepultado, resucitado, que ascendió y fue glorificado; esta era la gloriosa persona que había colocado al otro lado en su estimación.
8 aún estimo todas las cosas como pérdida Pablo nos da su segundo cálculo, que es la estimación para su presente. “Y ciertamente”, dice, “aun estimo” —no “he estimado”, como lo dijo antes, sino “aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor”. Siempre estamos deseosos de escuchar lo que un hombre tiene que decir acerca de una cosa después de haberla experimentado. Es muy bueno comenzar con entusiasmo, pero, ¿cuáles son los resultados después de tal experiencia? Después de veinte años o más de experiencia, Pablo tuvo la oportunidad de revisar su balance y sus estimaciones, y ver si sus cálculos eran correctos. ¿Cuál fue el propósito de su última búsqueda? ¿Cómo están las cosas en su último balance? Exclama con mucho énfasis: “Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor”. Mírelo entonces, otra vez, haciendo su estimación, después de haber experimentado una vida divina y haber sufrido como resultado de su servicio. No ha olvidado las cosas que fueron ganancia, porque, como ya hemos visto, nos ha dado una lista detallada de ellas. En esta segunda ocasión no repite la lista, por una parte, porque no lo necesitaba y porque cada día se preocupaba menos por cada una de esas cosas, pero principalmente, por temor a que algo fuera omitido, resume brevemente todo diciendo: “todas las cosas”. Está queriendo decir: “Y ciertamente, aún estimo todas las ventajas del nacimiento, la nacionalidad y la autojusticia, que alguna vez consideré ser ganancia, como pérdida. Si he dejado afuera algo de lo que podría haberme gloriado como israelita, le suplico que lo incluya en la lista, porque todo debe ser incluido cuando digo que estimo todas las cosas como pérdida por amor a Cristo”.
Cristo Jesús Las palabras usadas por el apóstol nos muestran los puntos sobre los cuales él tenía un conocimiento más completo. Conocía al Señor como Cristo o como el Mesías enviado y ungido del Padre. Comprendía de forma más completa la plenitud, el poder y la eficacia de la unción de nuestro Señor, la cual había recibido muy por encima de sus hermanos. Lo vio como la simiente prometida de la mujer, el que habría de venir, la luz prometida de Israel, y como el Príncipe y Salvador de los hijos de los hombres, vio todas las cualidades de su maravilloso carácter. Percibió su unción como profeta, sacerdote y Rey. Se deleitó al ver el Espíritu del Señor morando en Él y descendiendo de parte de Él a su pueblo, como el aceite sagrado de la cabeza de Aarón derramado hasta las faldas de sus vestidos. Valoró el conocimiento del ungido del Señor, cuyas vestiduras olían a mirra, áloe y casia.
Pero esto no fue todo, porque lo llamó Jesús, Cristo Jesús. “llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1:21). Pablo lo reconoció como el Salvador ungido, como el Salvador que lo había salvado de la locura de su blasfemia y persecución, de toda su culpa, lo salvó y lo convirtió en un instrumento de salvación para otros. Se deleitó en el nombre de su Salvador, como todos los que conocemos el sabor de ello. Qué dulce es el nombre de Jesús; qué fragante es, como ungüento derramado. Excelente es el conocimiento de nuestro Señor en su carácter.
mi Señor Qué deliciosas son las siguientes palabras del apóstol, “mi Señor”; no solo Señor, sino “mi Señor”. Su concepción era adecuada. Reconocía al Redentor como ungido, como Salvador y Señor sobre todos, y ahora también como Señor sobre él. La miel de la frase está en la palabra “mi”. Para mí es una de las palabras más dulces que los labios mortales puedan mencionar “del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor”. Vea entonces cómo Pablo conocía al Señor Jesús: verdadera, completa, práctica y personalmente. Recuerde lo que Tomas dijo: “¡Señor mío, y Dios mío!”. Tomás, por fe poniendo su dedo en las marcas de los clavos, dijo: “Mi Señor”.
lo he perdido todo El gran apóstol nos da una tercera estimación que puede ser considerada como una estimación completa de su vida; no solo del pasado o del presente, sino tanto del pasado como del presente. Aquí puede ver que su estimación es establecida con una prueba real y práctica. Está sentado, supongo, en la habitación de la guardia del pretorio en Roma, donde está prisionero; las cadenas están en su muñeca puliendo su escritura con el óxido. No tiene nada en el mundo. Ha perdido a todos sus amigos, sus parientes lo han desconocido, sus compatriotas lo aborrecen y hasta sus hermanos cristianos lo afligen a menudo. Ningún nombre hizo que los judíos rechinaran sus dientes más maliciosamente que el nombre de Saulo de Tarso, quien era considerado el más vil de los traidores. Ha perdido su linaje y toda gloria; ya no tiene una justicia propia en la cual gloriarse; ha sido despojado de toda esperanza legal. Cristo es su todo y no tiene nada más. No tiene ninguna propiedad ni provisión alguna para sus más básicas necesidades, por ello, más verdaderas son sus palabras cuando escribe: “por amor del cual lo he perdido todo”.
Entremos a la prisión y hagámosle una pregunta personal a ese buen hombre. Pablo, tu fe te ha llevado a la absoluta pobreza y a la falta de amistades, ¿cuál es tu estimación ahora? La teoría es una cosa, pero, ¿la práctica la confirma? El mar parece liso como el cristal, pero la navegación es más fácil de contar que de practicar. El embarque fue un buen espectáculo, pero, ¿qué piensas de un viaje marítimo cuando la tormenta causa problemas como ahora? “Bien”, dice él, “confieso que he sufrido la pérdida de todas las cosas”. ¿Lo lamentas profundamente, Pablo? “¿Lamentarlo?”, dice él, “¿lamentar la pérdida de mi fariseísmo, mi circuncisión o de mi dignidad israelita?”. “¡Lamentarlo! No”, dice él, “me alegro de que todo eso se haya ido porque lo considero como una oportunidad para librarme de todo ello”.
lo tengo por basura Despojos, desechos, desperdicios. En su primera y segunda estimación llamó a sus ganancias “pérdida”, pero ahora los define como “basura”. No podía usar una palabra más fuerte; llama a todas sus jactancias en la carne “meros despojos” —algo de qué deshacerse sin sufrir pérdida alguna. La palabra se refiere a aquello que no sirve para nada, y se usa para referirse a las heces y los residuos del vino, el asiento que un hombre encuentra en su copa y deja caer al suelo cuando ha bebido su licor —los desperdicios de la fruta, los metales, la paja y el rastrojo del trigo. De hecho, la raíz de la palabra refiere a las cosas arrojadas a los perros —la carne para los perros, los huesos de los platos, las migajas de la mesa y todas esas cosas de las que uno está ansioso de librarse. El apóstol declara que todas aquellas cosas que había enumerado no eran mejores que la basura.
La carga es de menor valor cuando un barco se está hundiendo
Temas para predicar: Compromiso
“De la nación de Israel, de la tribu de Benjamín, un hebreo nacido de hebreos”. Pablo se sacude todo esto y lo da a los perros, se alegra de haberse librado de todo eso por amor a Cristo. Esto me recuerda a un barco en medio de una tormenta. Cuando el capitán deja el puerto, tiene un cargamento a bordo del cual cuida mucho, pero cuando un viento terrible sopla y el barco se encuentra en problemas, por ser demasiada la carga, y haber, además, un gran temor de que no se supere la tormenta, ve la forma de cómo los marineros aligeren rápidamente la nave. Sacan de la bodega rápidamente las cosas y se alegran de poderlas lanzar al mar. Nunca habrá hombres más deseosos de tirar todas esas cosas al mar que estos. Ahí van los costales de harina, las barras de hierro y todos los productos manufacturados. Tiran al agua todas esas valiosas mercancías; parece que nada vale la pena dejar a bordo. ¿Cómo puede ser esto? ¿No son valiosas todas esas cosas? Sí, pero no son valiosas para un barco que se está hundiendo. Cualquier cosa es buena para salvar la vida y para superar la tormenta.
Por eso dijo el apóstol que para ganar a Cristo y ser encontrado en él, arrojó toda la carga de sus amadas ganancias y se alegró de deshacerse de ellas como si fueran tan solo basura. Esto hizo para ganar a Cristo.
Ese hecho sugiere otra escena: un antiguo barco de guerra inglés está navegando por el océano espiando a un galeón español cargado de oro de las Indias. El capitán y sus hombres están decididos a alcanzarlo y capturarlo, porque desean tener ese dinero como premio, pero su nave navega lentamente. ¿Entonces qué harán? Debido a su carga, arrojan al mar todo lo que pueden con sus manos, sabiendo que, si pueden capturar el buque español, el botín recuperará todo lo que pierdan y mucho más. ¿Se maravilla de su afán por perder lo poco para ganar lo más grande?
Así es con el hombre que está decidido a ganar a Cristo y ser encontrado en Él. Tira por la borda la circuncisión y el fariseísmo, la sinceridad en cuanto a la ley, y todo eso, porque sabe que hallará en Cristo una justicia mucho mejor que cualquiera a la que renuncie. De hecho, encontrará en Cristo todo lo que ahora por amor a su Señor estima como basura.
para ganar a Cristo Note lo cerca que Pablo había llegado a estar de Cristo, porque en su segunda estimación habló de conocerlo, pero ahora habla de ganarlo para sí mismo. Por esta causa podemos sabiamente estimar todas las cosas como basura, para ganar al Señor Jesús eternamente.
9 y ser hallado en él Pablo anhelaba estar escondido en Jesús, y permanecer en él como un pájaro en el aire, o un pez en el mar; anhelaba ser uno en Cristo, y estar en Él como miembro de su cuerpo. Deseaba refugiarse en Cristo como un fugitivo se refugia en su escondite. Aspiraba a permanecer en Cristo y nunca apartarse de Él, para que siempre que alguien lo buscara pudiera ser hallado en Jesús, y para que cuando el gran Juez de todos lo llame en el último gran día lo encuentre en Cristo. Sería horrible ser hallado como Adán, temblando bajo los árboles del jardín y vestido con sus hojas de higuera. Pero ser encontrado debajo del árbol de la vida, llevando puesta la túnica de la justicia de Dios, será la dicha más grande del mundo. Estamos perdidos sin Cristo, pero somos hallados en Él. Una vez que hemos sido conocidos por el gran Pastor, hemos sido hallados por Él, pero cuando somos humillados en su amor, somos hallados en Él.
no teniendo mi propia justicia, que es por la ley Es extraño que un hombre diga “no teniendo mi propia justicia”, pero él lo dice así, renuncia a su propia justicia tan ansiosamente como otros hombres renuncian a sus pecados, y estima grandemente la justicia que Cristo ha ganado por nosotros, la cual llega a ser nuestra por fe. No dice, “no confiando en ella”, sino no teniéndola, no estimándola, no creyendo que valga la pena dejarla entre las posesiones que una vez valoró tanto. No, no tendrá nada que hacer con ella; ya la ha considerado como pérdida, y la ha arrojado al mar como escoria, no la tendrá ni la llamará suya en absoluto.
justicia que es de Dios por la fe Debe ser más glorioso ser justificado por Dios que por nosotros mismos. Debe ser más seguro vestir la justicia de Cristo que la nuestra. Nada puede dignificar más nuestra humanidad que tener a Cristo mismo como “el Señor de nuestra justicia”. Esto eligió Pablo antes que cualquier otra cosa.
Se insinúa en estos días que una creencia en la justicia por medio de la fe llevará a los hombres a practicar poco las buenas obras, que actuará como un sedante para su celo y, por lo tanto, no buscarán la santidad. Pero todo lo contrario es visto en el caso del apóstol, y en el caso de todos los que desecharon la justicia de la ley, para ser revestidos con esa justicia “que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe”. Pablo hizo una lista de sus ventajas al confiar en la carne —y eran muy grandes— pero le dio la espalda a todas ellas por amor a Cristo. ¿Aceptar que Cristo era todo para él, lo llevó a quedarse sentado e imaginar que el carácter personal no servía de nada? De ninguna manera. Una noble ambición encendía su alma. Se convirtió en un santo caminante, en un corredor celestial por lo que vio en Cristo Jesús. Tenga por seguro que, cuanto menos valore su propia justicia, más buscará la verdadera santidad.
10 a fin de conocerle Pablo ya conocía al Señor Jesús por fe; él sabía tanto de Él como para poder enseñar a otros. Había puesto su mirada en Jesús y conocía el poder de su muerte, pero ahora deseaba que la visión de su fe pudiera ser mejor conocida por la experiencia. Pablo deseaba conocer íntimamente al Señor Jesús, deseaba un contacto personal con el Señor hasta el punto de sentir su poder en todo momento y conocer el efecto de todo lo que había ganado en su vida, muerte y resurrección. Su gran deseo era tener reproducida en él la vida de Jesús, para conocer todo sobre Él al ser hecho como Él.
Múltiples formas de conocer una fábrica de porcelana y a Cristo
Temas para predicar: Jesús, Epifanía
¿Alguna vez ha visitado la fábrica de porcelana en Sèvres, Francia? Yo sí. Si alguien me preguntara: ¿Conoces la fábrica de Sèvres? Diría: “Sí, y no. La conozco porque he visto el edificio. He visto las habitaciones en las que los artículos son mostrados para su venta, el museo y la habitación modelo, pero no conozco la fábrica como me gustaría. No he visto el proceso de fabricación, y no he entrado a los talleres, como algunos”.
Sin embargo, supongamos que he visto el proceso de modelado de la arcilla y la aplicación de los diseños. Si alguien me preguntara: “¿Sabes cómo fabrican esos maravillosos artículos?”. Es muy probable que me vería obligado a contestar: “No, porque hay ciertos secretos, ciertas habitaciones privadas en las que ni los amigos pueden ser admitidos, para que el proceso no sea revelado al mundo”. Vea, podría decir que la conozco y, sin embargo, no conocer ni siquiera la mitad de la fábrica. Y aun cuando conociera la mitad, aún quedaría tanto por conocer que me vería obligado a decir: “No la conozco”.
¡Cuántas formas diferentes hay de conocer a una persona! Y aún más para conocer a Cristo. Puede seguir viviendo toda su vida deseando entrar en otra y otra habitación, cada vez más cerca del gran secreto y aún anhelar “conocerle” (Fil 3:10).
participación de sus padecimientos El apóstol había participado, en cierta medida, de los sufrimientos de su Maestro. Había sido perseguido y despreciado por los hombres por las mismas razones que su Maestro. En cierta medida, había entendido los motivos de Cristo, su amor por el hombre, su celo por Dios, su sacrificio y su disposición a morir en favor de la verdad. Este es un excelente conocimiento, y Pablo lo consideraba mucho más precioso que todos los privilegios legales que poseía. Se refería a él como súper eminente, porque de hecho así era su significado, y lo consideraba muy por encima de cualquier precio.
ser semejante a él en su muerte Estar dispuesto a morir como Jesús lo hizo, y así tener comunión con Él en la muerte, es una gloriosa lección en el aprendizaje de la gracia.
11 llegase a Todo el mundo resucitará; ningún cristiano ortodoxo duda de eso. La doctrina de la resurrección general es bien recibida por toda la iglesia cristiana. ¿Cuál es, entonces, esa resurrección por la que Pablo se estaba esforzando, si de cualquier manera la alcanzaría? No pudo ser la resurrección general ya que la alcanzaría de cualquier forma, vivo como él lo dice. Debe haber sido una resurrección superior, de la cual participan solo aquellos que han conocido a Cristo y el poder de su resurrección, habiendo sido hechos conforme a su muerte. Creo que no puede interpretar este pasaje, o darle alguna fuerza a su significado, a menos que admita que debe haber una resurrección de los justos antes de la resurrección de los injustos.
la resurrección de entre los muertos Vea lo que Pablo estaba anhelando —la resurrección— y, por lo tanto, deja que esta vida tome un lugar de importancia secundaria. Está dispuesto a sufrir como Cristo sufrió, y a morir como Cristo murió. Usted y yo nunca seremos llamados a hacer ese gran sacrificio; pero si somos verdaderos seguidores de Cristo, deberíamos estar preparados para ello. Si alguna vez Cristo y nuestra vida estuvieran en una balanza, no deberíamos tardarnos en decidirnos ni un solo momento, porque Cristo lo es todo y debemos estar listos para dejar todo por Cristo.
La resurrección es como un tren que sale de un túnel
Temas para predicar: Iglesia, Naturaleza de la iglesia, Resurrección
¿Puede ver aquel tren de vapor avanzando sobre la vía de hierro? ¡Mire, desaparece en un túnel en la colina! Ya lo ha perdido de vista. ¿Ha perecido? Imagine que, con las alas de un ángel, vuela hasta la cima de la colina, y mira hacia abajo por el otro lado. Allí viene saliendo de nuevo del túnel, llevando su carga hasta su destino final. Por lo tanto, cada vez que vea a la iglesia de Dios aparentemente desapareciendo en el túnel del desastre o la tumba de la derrota, no piense que las ideas de la época la han absorbido. ¡Tenga fe en Dios! La verdad prevalecerá.
La oposición de los hombres puede ser una oscura guarida en la cual la causa de Dios pudo haber sido enterrada sin esperanza. Pero en la resurrección de nuestro Señor vemos una caverna convertida en un túnel, y un camino atravesando a través de la misma muerte.
Aplicación
¿Ha estimado todas las cosas como pérdida por amor a Cristo?
Al comienzo de la vida espiritual de Pablo, él vio todas sus ventajas y excelencias estimándolas como pérdida por amor a Cristo. Todo verdadero cristiano recuerda el momento en que también estimó todo aquello en lo que antes había confiado sin valor alguno, para ir a Jesús. Pero tal vez estoy hablando con alguien que nunca lo ha hecho. Probablemente está en este momento todavía confiando en el hecho de que nunca hizo daño a alguna persona; que su vida ha sido amigable y recta; que ha sido justo, caritativo y amable; y que todo eso ciertamente le califica para ir al cielo. Aún cuenta sus virtudes naturales como grandes ganancias. Hablé hace tres días con un anciano de más de ochenta años, y cuando me dijo su edad le dije: “Espero que cuando muera vaya al cielo”. Él dijo: “Nunca hice nada por lo cual debería ir a otro lugar”. Hay multitudes que creen eso. No lo dicen con tanta claridad, pero sí lo piensan. Deben ser sacados de ese engaño, y todas esas excelencias y virtudes morales deben ser estimadas como pérdida para que la justicia de Cristo pueda ser su única ganancia. Que el Espíritu Santo le enseñe esta desagradable verdad.
En segundo lugar, después de todos esos años que han pasado desde su profesión de fe, ¿continúa en la misma mente y estimación? He sabido, perdón por decirlo, que algunos cristianos poco a poco se han ido apartando de Cristo. ¿Está ahora en sus mejores años desde su conversión? ¿Está comenzando a depender de la regularidad de su asistencia a los servicios, de su oración en privado, de lo que ha dado, de su predicación, o de alguna otra cosa? Debemos seguir estando donde estábamos al principio, diciendo: “Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor”. Cristiano, si pudiera retroceder el tiempo, ¿comenzaría en la cruz de nuevo? Si pudiera regresar sus pasos, ¿comenzaría otra vez apoyándose en Cristo, estimándolo como su todo? Le diré mi respuesta —no tengo otro fundamento sobre el cual pueda comenzar. Debo descansar en mi Señor.
Así que no puede unirse a Pablo en su tercera estimación y decir: “por amor del cual lo he perdido todo”. Pero aun así debo preguntarle: ¿Cree que podría haber soportado la pérdida de todas las cosas si se le hubiera pedido hacerlo por amor a Cristo? Si tuviera que ser exiliado o renunciar a su Salvador, ¿iría al exilio? Si la alternativa fuera la destrucción de sus bienes, ¿dejaría que destruyeran todo en lugar de renunciar a su Señor?
Le haré una pregunta más práctica. Puesto que no ha tenido que sufrir la pérdida de todas las cosas, ¿tiene todas esas cosas a disposición de Dios? ¿Está listo para partir dando honor a Él? ¿Puede tomar la cruz social y unirse con la secta más despreciable por amor a la verdad? ¿Puede perder el respeto que atribuye a los credos populares, y puede arrojar su suerte al Redentor despreciado cuando la fe no camine más en zapatos de plata, sino que valla descalza a través del lodo? ¿Puede estar contento de compartir su vida con el “despreciado y desechado entre los hombres” (Is 53:3)? Si puede, también podrá sufrir la pérdida de todas las cosas —pero asegúrese de que así sea.
Permítame hacerle otra pregunta aún más práctica. Usted no ha sufrido la pérdida de todas las cosas, y al ver que Dios le ha dejado sus comodidades terrenales, ¿ha usado todas las cosas para su causa? ¿Ha dado a su causa todo lo que esta podría requerir? Espero que pueda decir: “Sí, claro que sí, y aún muchísimo más”. Bueno, entonces, también puede hacer su estimación como la hizo el apóstol. Aunque no ha tenido que soportar la pérdida de todas las cosas, las considera como basura por amor a Cristo.
Pero una cosa más. Si considera que todas las cosas en comparación con Cristo son basura y desechos, ¿no quiere que sus hijos conozcan a Cristo? ¿No desea que Él sea conocido por sus amigos? ¿No desea que toda su familia lo conozca? Cualquier cosa que un hombre valore para sí mismo, la debe valorar para los demás. Usted seguramente deseará que su hijo siga con su negocio si cree que este es bueno. Desea ver a sus hijos bien colocados en la vida, pero, ¿qué posición en la vida puede ser igual al ser hallado en Cristo? Puede medir su sinceridad midiendo su deseo por la salvación de los demás, y le suplico sinceramente que no se detenga en hablar a otros de la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús su Señor, no se tarde en hacerles ver su necesidad de ser hallados en Él. Aborrezca la idea de tener una justicia propia, y busque con toda su fe la justicia de Jesucristo. Les recomiendo, cristianos, que se entreguen completamente a Cristo, que desde hoy lo sirvan en espíritu, alma y cuerpo, porque después de todo no hay nada más por lo que valga la pena vivir, nada por lo que valga la pena derramar una sola lágrima, ni siquiera una sonrisa, solo vale la pena lo que viene de Cristo, lo que puede ser usado para Cristo y lo que se encuentra en Cristo. Cristo es todo. Que Él sea el todo para usted.
La excelencia de conocer a Cristo
Le pido a usted que conoce al Señor que tome el deseo del apóstol y lo haga suyo, “a fin de conocerle”. Pablo, como lo puede ver, renunció a todo por este deseo. Así que no puede haber ningún error en ello. Si Pablo renunció a todo, debió haber una recompensa que fuera digna de tal sacrificio. Si tiene algunos temores, y busca a Cristo y lo encuentra, serán quitados. Si se queja de que no siente culpa por el pecado, o que no puede humillarse lo suficiente, la visión de Cristo es el mejor medio para ver el pecado en sus verdaderos colores. No hay arrepentimiento como el que viene de una mirada de Cristo; el Señor se giró y miró a Pedro, y este salió y lloró amargamente. Así que no es la mirada de la ley, sino la mirada de Cristo hacia nosotros la que quebrantará nuestros corazones.
Si desea ver la excelencia de este conocimiento, mire sus efectos. Un poco de conocimiento envanece, pero este conocimiento nos hace humildes, y cuanto más lo tenemos, menos confiamos en nuestra propia estima. Este conocimiento santifica, limpia y libera del amor al pecado. Salva el alma —la salva del pecado y de la aflicción eterna. Este conocimiento eleva los objetivos, endulza los sentimientos y da nobleza a toda la vida. El hombre que conoce a Cristo vive en un orden de vida más elevado que los que no lo conocen. Este conocimiento es excelente porque nunca se puede perder. Es un conocimiento que continuará creciendo incluso en la eternidad. La mayoría de los temas que los mortales estudian aquí serán olvidados en el mundo venidero; los más profundos serán demasiado insignificantes como para ser continuados en medio de los tronos angelicales. Los honores de los conocimientos clásicos y matemáticos brillarán muy poco en medio de las glorias del cielo, pero el conocimiento de Cristo Jesús seguirá siendo invaluable y hará que los que lo posean brillen como el sol. El que conoce a Cristo se sentará a sus pies y seguirá aprendiendo, y al aprender, proclamará a los principados y potestades la gran sabiduría de Dios en la persona de Jesucristo. Vea, entonces, que el apóstol, por amor al conocimiento de Cristo Jesús, su Señor, estimó todas las cosas, en las que alguna vez se había gloriado, como pérdida. Esta fue su estimación cuando estaba escribiendo. No era solo la estimación de los días de su juventud, sino un juicio renovado y confirmado. ¿Así es nuestro juicio?

Filipenses 3:12–16


12 No que lo haya alcanzado ya Quizás suponga que la satisfacción presente de Pablo surge de una conciencia de perfección personal, pero no es así. Todavía no había alcanzado su propio ideal de lo que un cristiano debía ser. Todavía no había obtenido de Cristo todo lo que esperaba obtener. Aún no había ganado la carrera; su alegría surge del hecho de que está en el camino correcto y que está corriendo en la dirección correcta. Debo afirmar que cualquier hombre que crea ser mejor que Pablo demuestra inmediatamente que no es perfecto, porque tristemente carece de humildad.
ni que ya sea perfecto Aunque conscientemente imperfecto, Pablo progresaba celosamente. Conozco a muchos que dicen ser imperfectos, y parecen estar bastante satisfechos con ello. Ese nunca fue el caso del apóstol; todo rastro de naturaleza o tendencia pecaminosa en él, le hacía gritar: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Ro 7:24) No clamaba de esa forma porque estuviera muerto en pecado. Sería algo extraño en este mundo que un pecador muerto en su pecado gritara así. Pero debido a que ya estaba liberado en gran medida del pecado, y el poder reinante de este se había roto, sentía el peso de estar en contacto con el pecado.
El peso del agua y el peso del pecado
Temas para predicar: Santidad, Pecado
Un hombre que está en el mar, a mucha profundidad, no siente el peso del agua. Pero ya estando en la playa, ponga una gran tina de agua sobre su cabeza, y verá el gran peso que siente.
Así, mientras un hombre está sumergido en el pecado, siendo parte de él, este no es una carga. Pero cuando está fuera de él y libre de su poder, entonces siente su peso, se cansa, se fatiga y desea librarse de cada partícula de él.
por ver si logro asir aquello No reclamó la perfección en la carne, sino que buscó la perfecta santidad en Cristo Jesús. Él se había agarrado de Jesús porque Jesús lo había agarrado primero, y Jesús era para él su todo. “Quiero alcanzar aquello para lo cual Cristo me ha alcanzado. Me ha tomado para hacerme perfecto, y quiero tomar esa perfección. Se ha apoderado de mí para librarme de mi pecado, y quiero ser parte de esa liberación del pecado, apresando aquello por lo cual también estoy preso en Cristo Jesús”.
asido por Cristo Jesús Observe que se mencionan dos fuerzas aquí, que están obrando en todo hombre partícipe de la gracia. Está el poder de Cristo por el cual Él nos alcanza, y luego está el nuevo poder, la nueva vida en fe dada por Dios, por medio de la cual nosotros, a su vez, buscamos alcanzar aquello para lo cual Cristo nos ha alcanzado. Cristo nos ha alcanzado para un propósito, y deseamos llevar a cabo ese propósito completamente. Esa es la intención de las palabras del apóstol.
13 yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado Este es el juicio de Pablo con respecto a sí mismo; todavía no ha alcanzado completamente todo lo que la fe en Cristo puede darle. Se consideraba a sí mismo como salvo, sabía que pertenecía a Cristo; pero no consideraba que ya había comprendido todo lo que Cristo quería hacer para él y por medio de él. No consideraba que ya había llegado tan lejos como podía llegar, o que ya había aprendido todo lo que tenía que aprender, o hecho todo lo que tenía que hacer.
Si bien la obra de Cristo por nosotros es perfecta, y sería erróneo pensar en añadirle algo, la obra del Espíritu Santo en nosotros aún no es perfecta. Esta es llevada a cabo día tras día, y tendrá que continuar a lo largo de toda nuestra vida. Estamos siendo “conformados a la imagen” de Cristo (Ro 8:29) y ese proceso está en operación mientras avanzamos hacia la gloria. Un creyente siempre debe estar progresando; su lema debe ser, “¡hacia adelante y hacia arriba!”.
El hombre que nos dice que no lo había alcanzado aún es un hombre muy superior a cualquiera de nosotros. Entre los que han nacido de mujeres nunca ha habido uno mayor que Pablo el apóstol; en sufrimientos por Cristo un mártir de primera clase; en el ministerio de Cristo un apóstol de primer nivel. ¿Dónde encontraré a tal hombre para que me dé revelaciones? Porque había sido alzado al tercer cielo, y había oído palabras que no le eran permitidas pronunciar. ¿Dónde encontraré ese mismo carácter? Un carácter magníficamente equilibrado, casi como el de su divino Maestro, el cual esperamos ver en los hombres mortales. Sin embargo, después de haber examinado debidamente el asunto, este notable santo dijo: “yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado”. ¡Vergüenza deberíamos tener si nos atrevemos a decir que nosotros ya lo hemos alcanzado! Es vergonzoso para cualquier hombre vanagloriarse por su propia condición espiritual, cuando el mismo Pablo dijo: “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto”. El daño que esto causaría a un hombre sería difícil de medir. Es la forma más fácil de atrofiarlo, y el método más seguro para mantenerlo débil. En el momento en que un hombre diga: “lo tengo”, no buscará más obtenerlo; en el momento en que exclame: “es suficiente”, no trabajará más.
Cuidado con las personas que profesan fuertemente su santidad
Temas para predicar: Santidad, Hipocresía
Mi observación del carácter personal ha sido algo amplia, y no puedo dejar de decir que tengo mucho miedo por los hombres que hacen fuertes declaraciones sobre su santidad. He tenido la desgracia de haber conocido, en una o dos ocasiones, hermanos que, según ellos, estaban muy por encima de cualquiera de nosotros y casi libres de debilidades humanas. Confieso que me sentí muy humillado por su eminente bondad; hablaban de una santificación completa, de una fe que nunca se desestabilizaba, de una vieja naturaleza completamente muerta, hasta me maravillé de ellos. Pero me maravillé más cuando descubrí que estaban podridos en su corazón; eran necios al mismo tiempo que se jactaban de la más sublime espiritualidad, e incluso eran inmorales mientras condenaban a otros por pequeñas tonterías. Ahora desconfío más de todos aquellos que presumen de su santidad. Preferiría que un cristiano humilde, tímido, temeroso, vigilante y autodespreciado fuera mi hermano que cualquiera de aquellos religiosos que buscan nuestra admiración. Me temo que estas águilas de alas grandes que vuelan tan altivamente resulten ser aves inmundas. El verdor excesivo de una religiosidad finamente floreciente a menudo cubre un horrible pantano de hipocresía.
una cosa hago Él dice: “una cosa hago”, como si hubiera renunciado a todo lo demás y se hubiera enfocado a un solo objetivo —ser como Jesucristo. Había muchas otras cosas que Pablo pudo haber hecho, pero él dijo: “una cosa hago”. Probablemente Pablo era un simple orador, ¿por qué no intentó hacerse más retórico? No; él “no fue con excelencia de palabras” (1Co 2:1). Tal vez me podría decir que Pablo estaba ocupado con sus tiendas de campaña. Sé que lo estaba; con la fabricación de las tiendas de campaña, la predicación y la visitación, tenía mucho que hacer, pero todo esto era una parte en su búsqueda de una cosa. Trabajaba perfectamente para servir a su Maestro y para presentarse como una ofrenda encendida delante de su Dios.
¿Por qué Pablo buscó la santidad con un propósito tan firme? Porque sentía que Dios lo había llamado a eso. Se enfocó al premio de su llamado. Dios había elegido a Pablo para luchar contra el pecado. Además, el apóstol vio su corona, la corona de la vida que no se desvanece, colgando brillante ante sus ojos. ¿Qué -dijo él- me apartará del camino cuyo fin es esa corona? Pablo avanzaba hacia el premio de su alto llamamiento en Cristo Jesús. Sentía que era un hombre salvo y, bajo la misma gracia, un hombre santo. Ansiaba agarrar la corona y escuchar “Bien, buen siervo y fiel” (Mt 25:21), anhelaba que su Maestro lo recompensara al final de su carrera.
Los cristianos deben trabajar como un marinero naufragado una vez que son salvados
Temas para predicar: Buenas obras, Salvación
Cristianos, nunca se conformen con ser solamente salvos. ¡Nunca lo permitan! ¡Jamás! ¡Nunca! ¡Vayan a las montañas altas, a la luz más clara, a la alegría más luminosa!
Si es salvado y traído, como un marinero naufragado, a la orilla, ¿es suficiente? Sí, por el momento es suficiente para garantizar la más pura satisfacción y la más cálida felicitación. Pero el marinero debe buscar un medio para subsistir mientras viva. Debe ocupar sus energías. Cualquiera que sea la oportunidad que se abra ante él, debe buscar enérgicamente los favores de la fortuna que pueda tener a su alcance.
Piense de esta forma. Salvados de las profundidades, que amenazaban con tragarnos, regocijémonos por ser preservados de la muerte. Asegúrese de que la vida que le ha sido concedida sea activa, seria, vigorosa y fructífera en toda buena obra.
olvidando ciertamente lo que queda atrás ¿Qué quiso decir? Pablo no quiso decir que se estaba olvidando de la misericordia de Dios que había disfrutado; por supuesto que no. Tampoco quiso decir que se estaba olvidando de los pecados que había cometido; siempre se acordaría de ellos para humillarse a sí mismo.
Cuando corra, olvide lo que está detrás de usted
Temas para predicar: Perseverancia
Imagínese a un hombre corriendo en los juegos griegos. Si habiendo recorrido la mitad de camino y habiendo pasado a la mayoría de sus compañeros, se hubiera girado para mirar a su alrededor y se hubiera alegrado por la distancia que ya había recorrido, habría perdido la carrera. Supongamos que hubiera comenzado a cantar sus propias alabanzas diciendo: “He bajado la colina a lo largo del valle y he subido de este lado. Y mire, hay uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis corredores detrás de mí”. Al alabarse a sí mismo, hubiera perdido la carrera. La única esperanza para el corredor era olvidar todo lo que quedaba atrás y ocupar todos sus pensamientos en el pedazo de tierra delante de él.
No importa si ya ha corrido demasiado, debe dejar que el espacio que se encuentra entre usted y la meta absorba todos sus pensamientos y domine toda su energía. Debe ser así con respecto a todos los pecados que hemos vencido. Tal vez en este momento usted pueda decir honestamente, “he vencido un temperamento muy fuerte”, o “he doblegado a mi espíritu naturalmente indolente”. Gracias a Dios por eso. Deténgase el tiempo suficiente como para decir: “Gracias a Dios por eso”, pero no se detenga a felicitarse a sí mismo como si hubiese hecho algo grande, porque pronto podría terminar. Es algo muy bueno haber vencido cualquier hábito pecaminoso, pero es necesario guardarse de él todavía, porque no lo habrá conquistado completamente mientras se felicite a usted mismo por tal conquista.
extendiéndome a lo que está delante ¿No nos muestra aquí el escenario de un corredor? Él busca lo que está delante. El hombre, a medida que avanza, se lanza hacia adelante, casi fuera de su perpendicular. Sus ojos ya están en la meta. Sus manos ya están muy por delante de sus pies, todo el cuerpo se inclina hacia delante; corre como si se proyectara hasta el final de la carrera antes de que sus piernas lo puedan llevar allí. Así debe ser el cristiano; siempre lanzándose hacia adelante después de todo lo que ya ha alcanzado, nunca satisfecho con el ritmo al que avanza, siempre su alma yendo veinte veces más rápido que su cuerpo.
Los artistas deben esforzarse por alcanzar la perfección
Temas para predicar: Contentamiento, Creatividad, Perseverancia
Aquel que quiera ser un gran artista no debe seguir modelos deficientes. El artista debe copiar un modelo perfecto; llegará mucho más lejos que si tuviera un modelo inferior sobre el cual trabajar. Una vez que el hombre logra su ideal, todo se acaba en él.
En una ocasión, un gran pintor había terminado un retrato, y le dijo a su esposa con lágrimas en los ojos: “Todo ha terminado para mí. Nunca volveré a pintar; soy un hombre arruinado”. Ella le preguntó: “¿Por qué?”. “Porque esa pintura me satisface y hace feliz; muestra mi ideal de lo que la pintura debe ser. Por lo tanto, estoy seguro de que mi poder se ha ido, porque ese poder reside en tener ideales que no puedo alcanzar, algo más allá de mí por lo que me estoy esforzando”, dijo él.
Que ninguno de nosotros diga: “He alcanzado mi ideal. Ahora soy lo que debo ser; no hay nada más allá de mí”. Perfección, absoluta perfección —¡que Dios nos ayude a luchar por ella! Este es el modelo, “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mt 5:48).
14 prosigo Siempre avanzando —buscando la recompensa, teniendo delante de él, el premio de la perfección en Cristo y corriendo hacia este con toda su fuerza. Seguramente ha visto a un hombre corriendo muy rápido. ¡Cómo se inclina hacia delante, como si quisiera lanzar su corazón delante de él, e ir más rápido que sus propias piernas! Así, el apóstol “prosigue a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.
“Adelante”, es nuestra orden de marcha. Nunca nos consideremos lo suficientemente buenos. Nunca nos contentemos con lo que hemos hecho por medio de la gracia divina. Nuestro ideal está muy por encima de nuestros logros. Estamos en los niveles básicos de la escuela de la gracia del Señor, y aspiramos a cosas mucho más elevadas. Debemos ser diligentes en las cosas espirituales.
15 todos los que somos perfectos O “seremos perfectos”.
esto mismo sintamos Si usted es un verdadero creyente en Jesús, sienta esto mismo, esté siempre buscando algo más alto y mejor. Si Dios le ha dado cierta forma de perfección, busque una mucho más alta. Busque avanzar continuamente. El lema del águila es: “¡Más alto! ¡Más alto!”. Que ese sea su lema también. Muchos del pueblo de Dios no creen que Él puede hacer con ellos lo que Él quiera hacer de ellos; o, al menos, actúan como si no creyeran que Él puede hacerlo. Al parecer, no son conscientes de cuáles son realmente sus privilegios y viven muy por debajo de donde pudieran vivir gozando felizmente de paz, poder y bendición. ¡Que Dios nos ayude, con su Espíritu de gracia, a conocer todo lo que de Cristo podamos conocer, y a ser como Él!
esto también os lo revelará Dios Admiro esa frase. Si alguno de los hermanos no ha alcanzado el pleno conocimiento de la verdad, no lo condenemos, ni lo expulsemos de nuestra compañía, mejor digámosle: “Dios mismo te lo revelará”.
16 Pero en aquello a que hemos llegado Hay algunos puntos sobre los cuales todos estamos de acuerdo. Hay un terreno firme donde el niño en la gracia puede encontrarse con el hombre en Cristo Jesús. Pues bien, en lo que nos interesa, cooperemos unos con otros, tengamos nuestros corazones unidos en una santa unanimidad. Hay algunas personas que siempre están buscando diferencias; su lema parece ser: “dondequiera que no estemos de acuerdo, separémonos uno del otro”. Tienen la idea de que dividiendo venceremos. El hecho es que, al separarnos unos de otros, perderemos toda fuerza y estaremos en manos de los adversarios.
sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa Guardemos todo el bien que hemos recibido; no renunciemos a la verdad que hemos aprendido; no abandonemos el camino por el que hemos caminado hasta ahora. Y mantengámonos juntos; que la perfecta unanimidad pruebe que la obra de la gracia continúa tanto en uno como en otro.
Aplicación
Tres lecciones al ser alcanzados por Cristo
La primera lección de Filipenses 3:12 es esta: asegúrese de ser alcanzado por Cristo Jesús, para que pueda decir como Pablo: “para lo cual fui también asido por Cristo Jesús”. Ore al Señor para que sienta Su mano sobre su hombro, para que sienta Su gracia en su corazón, Sus benditas cadenas en sus pies, Sus divinas esposas en sus muñecas. Ore para que no tenga dudas al respecto, tenga la certeza de que el Señor lo ha alcanzado.
Al saber esto, no se vuelva ocioso. No diga: “Cristo me ha alcanzado. Estoy salvado; no necesito nada más”. No. ¿Para qué le ha alcanzado? Él tiene un propósito en ello. El hecho de que lo alcanzara no fue sino el comienzo de una gran obra. No deje que esto lo vuelva ocioso, sino que sea su motivación. Si Cristo lo ha alcanzado para que sea santo, Él lo hará santo. Si Cristo lo ha alcanzado para que le sea de utilidad, tenga confianza en buscar eso. Si Cristo lo ha alcanzado para hacerlo un eterno monumento de Su gracia, crea que lo hará, y siga hacia la meta para alcanzar el premio de Su llamado.
Por último, permita que esto le lleve a tener esperanza para la salvación de otros. Crezca con optimismo en su servicio a otros. Enseñe esa clase de escuela dominical con la firme creencia de que fue alcanzado con el propósito de que sus alumnos se convirtieran. Vaya, enseñe a las muchachas y dígales: “Fui alcanzado para traerles a Cristo”, no dude en hacerlo. Este es el propósito de Dios; espere que sea cumplido. Vaya a la esquina y predique, aun cuando la multitud se le oponga. Vaya de puerta en puerta con sus folletos, a pesar de que se los avienten en la cara. Vayan cada uno de ustedes a la obra para la cual Dios los ha alcanzado, porque si el Señor los alcanzó, es con un propósito. No descanse hasta que el propósito esté completamente cumplido.
Persevere en la guerra espiritual
Algunas personas parecen tener muy buenos recuerdos de lo que han realizado. ¡Solían servir a Dios maravillosamente cuando eran jóvenes! ¡Comenzaron muy jóvenes y estaban llenos de celo! Pueden contarle todo eso con mucho gusto. A la mitad de su vida hicieron maravillas y lograron grandes cosas; pero ahora descansan, le están dando a otras personas la oportunidad de hacerse notar —su época heroica ha terminado.
¡Mientras esté en este mundo olvide lo que ya ha hecho y siga adelante sirviendo! Vivir en el pasado es uno de los errores de las iglesias. Como iglesia, podemos empezar a felicitarnos por las grandes cosas que Dios ha hecho por nosotros; podríamos decirlo de esa bonita forma, aunque probablemente nos refiramos a las grandes cosas que hemos hecho nosotros mismos. Después de alabarnos a nosotros mismos, no ganaremos más bendiciones, sino que iremos cuesta abajo poco a poco. Lo mismo ocurre con las denominaciones. ¡Qué aclamaciones son oídas cuando se hace alusión a lo que hicieron nuestros padres! ¡Oh, el nombre de Carey, Knibb y Fuller! Nosotros, los bautistas, pensamos que ahora no tenemos nada que hacer sino subir a la cama y acostarnos, porque hemos alcanzado la gloria eterna a través de los nombres de estos buenos hombres. En cuanto a nuestros hermanos wesleyanos, ¡qué oportunos son al nombrar a Wesley, Fletcher, Nelson, y otros grandes hombres! Gracias a Dios por ellos; fueron grandes hombres. Pero lo correcto es olvidar el pasado, y orar por otro grupo de hombres que lleven a cabo la obra. Nunca deberíamos estar satisfechos; “¡Vamos, vamos, vamos!”, ese debería ser nuestro ruego. Cuando le preguntaron a Napoleón por qué continuamente hacía guerras, él dijo: “Yo soy el hijo de la guerra; la conquista me ha hecho lo que soy, y la conquista me mantiene”. La iglesia cristiana es hija de la guerra espiritual. Solo vive mientras pelea, y vive conquistando y para conquistar. ¡Dios nos libre del espíritu de la autofelicitación por más que venga y nos muestre algo mejor!
Haciendo una cosa
En los viejos cuadros ponían una aureola alrededor de la cabeza de los santos. Pero, de hecho, esa aureola rodea sus corazones y penetra cada miembro de sus cuerpos. La aureola de la consagración desinteresada a Cristo no debía estar solo en la frente para adornar sus retratos, sino debía abarcar todo su ser, su espíritu, alma y cuerpo. Debía rodear todo su ser. “Una cosa hago”, era el lema de los primeros santos. Que ese sea su lema hoy también. Me dirijo a ustedes como los santos de esta generación. Mi más sincero deseo es que no les hagan falta la gracia y los dones. Que cuando los creyentes de todas las edades se reúnan sean hallados entre los fieles y la verdad. Si no se encontrara entre los de la primera o segunda clase de los del ejército del Hijo de David, por lo menos, sí como buenos soldados de Jesucristo. Nuestro Dios es un Padre amoroso. Le gusta honrar a su pueblo. Con este fin, tenga muy claro lo único que necesite, lo único que deba saber, y lo único que deba hacer; para que pueda estar firme en ese día.


Filipenses 3:17–21

17 sed imitadores de mí El verdadero siervo de Cristo enseña tanto con su vida como con sus palabras. En estos días, ciertas personas critican a Pablo, hablan de él como si no fuera inspirado y, además, piden no seguirlo. Pero aquí él dice expresamente lo que ningún hombre como él diría jamás, a menos que fuera movido por el Espíritu Santo, porque era modesto y no buscaba en absoluto algún reconocimiento.
18 de los cuales os dije muchas veces Pablo era el modelo mismo de lo que un ministro cristiano debía ser. Era un pastor que vigilaba al rebaño. No solo les predicaba o consideraba que había cumplido con su deber al dar su mensaje, sino que sus ojos estaban siempre sobre las iglesias, buscando su bienestar espiritual y su crecimiento en gracia y piedad. Era el guardián de su bienestar espiritual. Cuando fue llamado a otras tierras para proclamar el evangelio eterno, parece haber estado siempre atento a las iglesias cristianas que había fundado en medio de la oscuridad pagana. Mientras encendía otras lámparas con la antorcha de la verdad, no dejaba sin atención las lámparas ya encendidas. Aquí se observa que no era indiferente al carácter de la pequeña iglesia en Filipos, pues les enseñaba y les advertía.
El apóstol era un pastor muy honesto —cuando reprendía cualquier cosa incorrecta en la iglesia, no se avergonzaba de hacerlo. “Se los digo”, dice Pablo, “porque les afecta”. Pablo no se acobardó al decir toda la verdad, y de decirla continuamente, algunos podrían decir que una vez dicha por los labios de Pablo, sería más eficaz que cien veces dicha por cualquier otra persona. “Os dije muchas veces”, dice Pablo, “y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo”.
aun ahora lo digo llorando El apóstol era, como todo verdadero ministro debía ser, extremadamente afectuoso. No podía soportar pensar que algunos de los miembros de las iglesias bajo su cuidado se apartaran de la verdad. Lloraba mientras los confrontaba; no sabía cómo enfrentar la situación sin lágrimas en los ojos; no sabía cómo pronunciar el juicio de Dios con voz firme. Mientras hablaba de esas cosas terribles las lágrimas estaban en sus ojos. Cuando reprendía fuertemente, su corazón latía tanto por el amor que sentía, que los que le oían estaban convencidos de que sus palabras más duras eran producto de su afecto.
son enemigos Hago hincapié en esto: “que son enemigos de la cruz de Cristo”. Los maestros de la fe, que se unen a la iglesia, y llevan vidas impías, son los peores enemigos que la cruz de Cristo tiene. Estos son los hombres que traen lágrimas a los ojos del ministro; estos son los que rompen su corazón; son los enemigos de la cruz de Cristo.
“Una semilla de pecado puede cubrir un continente por completo”
Temas para predicar: Pecado
Una vida en clara oposición al evangelio de Jesús es algo terrible. Un escocés llevó unas semillas de cardo a Australia para poder ver un cardo crecer en su granja. Solo quería uno o dos cardos escoceses para sentir que estaba en casa. Ahora, miles de hectáreas están cubiertas con esa horrible hierba que nadie puede destruir, y que se ha convertido en la molestia más grande de la región. Una semilla de pecado puede cubrir un continente por completo.
la cruz de Cristo ¿Qué es la cruz de Cristo? Por supuesto, no es la cruz de madera. No es nada hecho con la forma de la cruz. En primer lugar, es esa doctrina que es el centro de su fe, la doctrina de la expiación. Al referirse a la cruz, quería decir que el Hijo de Dios murió real y literalmente clavado en un madero romano como malhechor, fue contado con los transgresores, por voluntad propia, tomó sobre sí el pecado de su pueblo, y, encontrándose con ese pecado sobre Él, debía expiarlo con su muerte. Él debía dar su vida, “el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1Pe 3:18), como está escrito, “al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2Co 5:21). Los que se oponen a esta doctrina “son enemigos de la cruz de Cristo”. Y los que aceptan esta expiación, y depositan toda su confianza en ella, son los amigos de la cruz de Cristo.
En la Escritura, la cruz se entiende a veces como el evangelio que contiene esa doctrina central. ¿Y cuál es ese evangelio? “Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación” (2Co 5:19), ¿qué palabra de reconciliación? “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hch 16:31). “Para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn 3:36). Este es el evangelio que proclamamos: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn 3:16). Aquel que está en desacuerdo con esta doctrina es enemigo de la cruz de Cristo. Cualquiera que haga del bautismo un modo de salvación, o que establezca cualquier rito o ceremonia, divinamente determinada o humanamente inventada, es un enemigo de la cruz de Cristo.
La cruz de Cristo es algunas veces identificada en la Escritura como la vida que es el resultado de la fe en Cristo. ¿Qué clase de vida debería ser? Bueno, primero, una vida de sacrificio. Ningún hombre que sea amigo de la cruz de Cristo dará lugar a sus pasiones o complacerá sus apetitos. Si lo hace, estaría probando que es enemigo de la cruz de Cristo. Ningún hombre que sepa que Cristo lo ha comprado con su sangre buscará honor para sí mismo. No puede, no se atreve a vivir para sí mismo, ya sea en la acumulación de la riqueza, la obtención de la fama o disfrutando del placer. Su principal pensamiento es: “Para Jesucristo todas las cosas —todas las cosas en él, para él, a él, viendo que nos ha redimido con su preciosa sangre”. Aquellos que no sirven, que no se interesan en las cosas santas, que solo tratan de vivir para sí mismos —los glotones, bebedores, acaparadores y los hombres y mujeres que siempre buscan adornar su cuerpo, pero nunca consagrar sus almas a Dios— estos son los “enemigos de la cruz de Cristo”.
19 el fin de los cuales será perdición Habrá una destrucción total de sus actos. Habrá una destrucción de todas sus esperanzas. Habrá una destrucción de toda su felicidad. Habrá una destrucción de sí mismos; y permanecerán para siempre como cosas destruidas y arruinadas, como terrible ejemplo de lo que el pecado puede hacer y de la forma en que terminará una falsa fe, o cualquier otra forma de enemistad a la cruz de Cristo.
cuyo dios es el vientre Esto seguramente significa autosatisfacción, y se aplica a los cristianos que nunca frenan sus apetitos, sus deseos o sus pasiones —que son sensuales mientras se jactan de ser espirituales, que están totalmente entregados a la autosatisfacción y, sin embargo, proclaman ser seguidores del Hombre de dolores que renunció a todo por el bien de los demás.
cuya gloria es su vergüenza Es decir, se jactan de cosas de las que deben avergonzarse. ¿Acaso no sabe de aquellos que abusan de los salarios de sus obreros, y se jactan de haber sido más inteligentes, y luego van y toman la santa cena? Hay otros que son avaros y se jactan de lo que se guardan. Nunca dan nada a los pobres; piensan que es malo hacerlo. Incluso establecieron una organización para eso. Dios da tanto al malo como al bueno, pero ellos no le dan a nadie; llaman a sus métodos “economía política”, y se enorgullecen de haber ahorrado todo lo que otros hubieran regalado.
Hay otros que profesan ser cristianos, que van a hablar con los jóvenes y tratan de adoctrinarlos con falsas enseñanzas. Cuando tenemos mala doctrina siendo proclamada por los mismos ministros de Cristo, entonces tenemos en frente a los “enemigos de la cruz de Cristo”.
El joven y el ministro hipócrita
Temas para predicar: Hipocresía
Un joven ministro había estado predicando en una aldea rural, y el sermón aparentemente había tenido un profundo efecto en las mentes de los oyentes. En la congregación había un joven que percibía intensamente la verdad de las solemnes palabras que el predicador había pronunciado. Buscó al predicador después del servicio y caminó con él a casa. En el camino, el ministro hablaba de todos los temas excepto de aquel del que había hablado en el púlpito. La pobre alma estaba muy angustiada, y le preguntó al ministro una o dos preguntas, pero casi no hablaron, como si el asunto no fuera de gran importancia.
Llegando a la casa, varios amigos se reunieron, y el predicador comenzó a bromear y a decir cosas que causaban risa. Tal vez eso no hubiera sido tan malo, si no hubiera ido más lejos, y hubiera pronunciado palabras que eran completamente falsas y que se acercaban a lo libertino. El joven se levantó de repente de la mesa. Aunque había llorado en el sermón y había experimentado la más profunda convicción, se levantó, salió de la puerta y golpeando con el pie dijo: “¡La religión es una mentira! Desde este momento renuncio a Dios, renuncio a Cristo; y si soy condenado, que sea condenado, pero culparé a este hombre, porque predicó hasta hacerme llorar, y ¡ahora veo lo que es! Es un mentiroso y nunca volveré a oírlo”.
Él llevó a cabo su amenaza; y algún tiempo después, mientras moría, mandó decir al ministro que quería verlo. El ministro se había mudado a otra parte muy distante, pero fue traído providencialmente, creo que con el propósito de ser castigado por el gran pecado que había cometido. El ministro entró en la habitación con la Biblia en la mano para hacer lo que estaba acostumbrado hacer —leer un capítulo y orar por el pobre hombre.
Volviendo los ojos hacia él, el hombre dijo: “Pastor, recuerdo haber oído su predicación alguna vez”. “Bendito sea Dios”, dijo el ministro, “le doy gracias a Dios por ello” —pensando, sin dudar que era un convertido, se regocijaba por él. “Deténgase”, dijo el hombre. “No creo que haya mucho motivo para agradecer a Dios, por mi parte. Pastor, ¿recuerda que predicó alguna vez tal texto en tal noche?”. “Sí, lo recuerdo”. “En aquella ocasión temblé, pastor; me sacudí de pies a cabeza; salí con la intención de doblar mis rodillas en oración y buscar a Dios en Cristo. Pero, ¿se acuerda de que fuimos a tal casa y lo que dijo allí?”. “No”, dijo el ministro, “no puedo acordarme”. “¡Bueno, se lo puedo decir! Por lo que dijo esa noche mi alma está condenada, y tan cierto como que estoy vivo, le encontraré en el tribunal de Dios y lo pondré a su cargo”.
Entonces el hombre cerró los ojos y murió. Creo que apenas puedo imaginar lo que debe haber sentido ese predicador cuando se retiró de la cama. Debió llevar consigo siempre esa horrible y terrible carga de que había un alma en el infierno que había puesto su sangre a su cargo.
Me temo que hay algunos en las filas de la iglesia que tienen la misma carga por una situación similar. Muchos jóvenes han sido alejados de la verdad por los violentos y crueles comentarios de escribas y fariseos. Muchos hombres que buscan la sana doctrina sinceramente han sido desviados de ella por las malvadas vidas de sus profesores.
que sólo piensan en lo terrenal Incluso cuando profesan estar al cuidado de las cosas espirituales, pretendiendo ser seguidores de Cristo hasta el cielo, realmente buscan ganancia de las cosas de Dios aquí en la tierra. Es un hecho; oímos de cristianos ambiciosos, aun cuando Cristo nos ha dicho que el que quiera ser exaltado debe humillarse a sí mismo. Hay, entre los seguidores del humilde hombre de Galilea, hombres que se esfuerzan por alcanzar el peldaño más alto de la escala de este mundo, cuyo objetivo no es engrandecer a Cristo, sino engrandecerse a ellos mismos a cualquier costo.
Es una paradoja, pero todos los días tenemos frente a nosotros a cristianos codiciosos. Esto es una contradicción. Podríamos hablar también de un serafín impío, de seres perfectos sujetos al pecado, como los codiciosos cristianos. Hay hombres de este tipo, cuyos bolsillos no tienen intención de ayudar a los pobres; que llaman a su codicia prudencia para acumular riquezas que nunca utilizan para la causa de Cristo.
La hipocresía en algunos demuestra la autenticidad en otros
Temas para predicar: Hipocresía
El mismo hecho de que hay hipócritas demuestra que no todos lo son. ¿Cree que habría billetes falsos en el mundo si no existieran los verdaderos? ¿Cree que existirían los soberanos malos si no existieran realmente los buenos? No, yo creo que no. Es el billete verdadero el que hace al malo, motivando al hombre malvado a imitarlo y a producir uno falso. Es el hecho mismo de que existe oro en el mundo lo que hace que uno intente imitarlo y así engañar a los demás.
Si no hubiera verdaderos cristianos, no habría hipócritas.
20 nuestra ciudadanía está en los cielos Si nuestra ciudadanía está en el cielo, entonces somos extranjeros aquí; somos peregrinos y extranjeros en la tierra, como todos nuestros padres. En las palabras de la Sagrada Escritura “no tenemos aquí ciudad permanente”, pero, “anhelamos una mejor, esto es, celestial” (Heb 13:14; 11:16).
Me alegro de tener noticias de mi patria
Temas para predicar: Cielo
Así como las personas que están en una tierra extranjera y que aman a su país, siempre están contentas de tener un montón de cartas provenientes de él, espero que tengamos mucha comunicación con nuestra patria. Enviamos nuestras oraciones allá como cartas a nuestro Padre y recibimos respuesta en su bendita Palabra. Imagine que va a la cabaña de un colonizador australiano y encuentra un periódico. ¿De dónde? ¿Una gaceta del sur de Francia, una revista de América? Oh no, es un periódico de Inglaterra, dirigido a él con la letra de su madre, tiene el sello postal con el rostro de la reina en la esquina. A él le gusta, aunque sea solo un periódico de una pequeña ciudad campestre, sin noticias. Le gusta más, incluso, que el propio “Times”, porque le habla del pueblo donde vivió y, por consiguiente, es una cuerda especial en el arpa de su alma.
Así debe ser con el cielo. La Biblia, es el periódico del cielo y, por lo tanto, debemos amarlo. Los sermones que se predican son buenas noticias de un país lejano. Los himnos que cantamos son notas con las cuales le decimos a nuestro Padre las bendiciones que tenemos aquí, y a través de ellas, Él también susurra en nuestra alma su amor continuo hacia nosotros. Todos ellos son y deben ser placenteros para nosotros, porque nuestra ciudadanía está en el cielo.
esperamos al Salvador Hay una gran razón por la que debemos vivir como peregrinos y extranjeros aquí, y es que Cristo viene pronto. La Iglesia primitiva nunca lo olvidó. ¿No anhelaban el regreso de su Señor que había ascendido a los cielos? Al igual que las doce tribus, de día y de noche, esperaban al Mesías.
Pero la iglesia se ha cansado de esperar. Ha habido tantos falsos profetas diciendo que Cristo viene pronto que la iglesia piensa que nunca vendrá, y comienza a negar o a mantener en segundo plano la bendita doctrina de la segunda venida de su Señor. No creo que el hecho de que haya habido muchos falsos profetas nos haga dudar de la verdad de la palabra de nuestro Señor. Cristo vendrá, porque lo dice en cientos de pasajes. Las epístolas de Pablo están llenas de su segunda venida, las de Pedro también y las cartas de Juan están saturadas de ella. Los santos siempre han vivido con la esperanza de la segunda venida.
Las profecías falsas no niegan la segunda venida de Cristo
Temas para predicar: Segunda venida
Imagine que tiene un amigo que está enfermo y el médico le dice que no vivirá mucho tiempo, que pronto morirá. Pero ya ha oído muchas veces eso, y ha estado esperando su partida y él sigue vivo. Los frecuentes errores de los médicos no prueban que su amigo no va a morir uno de estos días.
De la misma forma, aunque los falsos profetas hayan dicho: “mire, aquí”, “mire, allá”, sin que Cristo venga, no prueba que su gloriosa aparición nunca llegará.
21 transformará el cuerpo de la humillación nuestra Si traducimos el griego literalmente es mucho más expresivo, porque encontramos esa figura corporal llamada “el cuerpo de humillación nuestra”. No dice: “este cuerpo humilde”, lo cual no es su significado, sino el cuerpo en el que nuestra humillación se manifiesta y está encerrada. Este cuerpo de nuestra humillación el Señor lo transformará hasta que sea semejante al suyo.
Solo disfrutamos una parte de la redención mientras estamos aquí. El alma es regenerada, ha nacido de nuevo; pero el cuerpo no. “El cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia”. La redención de la posesión comprada será perfecta en la resurrección. La resurrección será, para el cuerpo, lo que la regeneración es para el alma. A veces nos preguntamos por qué estamos enfermos, cuando Cristo podría curarnos en un momento; pero la razón es que, hasta ahora, Él no ha ejercido completamente su poder divino sobre el cuerpo. Eso será en el futuro; estamos esperando al Salvador que “transformará el cuerpo de la humillación nuestra”.
cuerpo de la gloria suya No debe leer solo “cuerpo de la gloria suya”, porque no es la traducción más literal, sino “el cuerpo de su gloria” —el cuerpo en el que Él disfruta y revela su gloria.
Nuestro Salvador tuvo un cuerpo en humillación aquí. Ese cuerpo era como el nuestro en todos los sentidos, excepto que no podía ver ninguna corrupción, porque no estaba contaminado con el pecado; aquel cuerpo en el cual lloraba nuestro Señor, y sudaba grandes gotas de sangre, y en el que entregó su espíritu, fue el cuerpo de su humillación. Resucitó de entre los muertos, resucitó con el mismo cuerpo con el que subió al cielo, pero ocultó Su gloria en gran medida porque habría sido demasiado brillante para ser vista con nuestros ojos mortales. Solo cuando pasó de la nube y dejo de ser visto, brilló la gloria plena de Su cuerpo para deleitar los ojos de los ángeles y de los espíritus glorificados. Fue entonces cuando Su rostro brilló con toda su fuerza como el sol.
Así que, cualquiera que sea el cuerpo de Jesús en su gloria, nuestro cuerpo presente, que está ahora en humillación, será conformado al suyo. Jesús es el estándar del hombre en la gloria.
el poder con el cual puede No es un poder nuevo el que Cristo tomará para sí mismo en los últimos días; el poder que despertará a los muertos es el mismo poder que está en Él en este momento, el cual está saliendo de Él en este instante de en medio de su iglesia y de entre los hijos de los hombres.
Todo el poder por el cual se llevará a cabo la última transformación es atribuido a nuestro Señor Jesucristo ahora como el Salvador. “Esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo”. Cuando Cristo resucite a los muertos será como Salvador, y es precisamente en esa capacidad que necesitamos su poder en este momento.
sujetar ¡Esto es una gran maravilla! No habrá oposición a la resurrección. El sonido de trompeta traerá a los muertos de sus tumbas, y ninguna partícula desobedecerá la orden; pero a la resurrección espiritual hay resistencia —resistencia que solo la omnipotencia de Dios puede vencer. En la conversión de los pecadores la depravación natural es una fuerza opositora; los hombres se aferran a sus pecados, y no aman las cosas de Dios, ni escuchan la voz de la misericordia.
Si hay oposición al evangelio, Él es capaz de someterlo. Si en un hombre hay prejuicio, si en otro su corazón está oscurecido con el error, si otro odia el nombre de Jesús, si otro está tan casado con sus pecados que no puede separarse de ellos, si la oposición ha formado en algunos un carácter muy obstinado, ¿no abarcará el texto todos estos casos? Él es capaz de someter todas las cosas, conquistarlas, derribar las barreras que se interponen para impedir su poder y hacer que esas mismas barreras sean los medios para establecer ese poder más gloriosamente.
todas las cosas Él es capaz de “sujetar a sí mismo todas las cosas”. No solo una cosa de aquí o de allá, sino “todas las cosas”. No hay hombre en este mundo tan caído, degradado, depravado y voluntariamente perverso, que Jesús no pueda salvar —ni siquiera entre aquellos que viven fuera del alcance de los diferentes ministerios. Él puede traer a los paganos al evangelio, o llevar el evangelio a ellos. La providencia puede ser dirigida para llevar la salvación a los desterrados; incluso la guerra, el hambre y la peste pueden convertirse en mensajeros para Cristo, porque Él también puede ir sobre las alas del viento.
Mis temores a menudo son por miedo a que las almas no sean salvadas por nuestra predicación debido a la falta de compromiso en nosotros. Tememos que no oremos lo suficiente o que no seamos lo suficientemente activos o serios, o que se diga de nosotros: “no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad” (Mt 13:58). El texto parece anular al hombre por completo. Jesús lo hace, Jesús lo puede hacer, Jesús lo hará todo. A través de lo más débil puede obrar poderosamente, puede apoderarse de nosotros, siendo indignos para el servicio, puede hacernos dignos, puede alcanzarnos en nuestra locura y enseñarnos sabiduría, tomarnos en nuestra debilidad y hacernos fuertes.
Cristo es capaz de convertir incluso a un adorador del diablo
Temas para predicar: Conversión, Poder de Dios, Salvación
Un hombre, de la más baja moralidad y del peor temperamento concebible, había vivido por varios años en Perugia, Italia. Había renunciado a toda religión, odiaba a Dios, y había llegado a un estado mental tan grave que tenía un afecto por el diablo y buscaba adorarlo. Imaginando que Satanás era la imagen y la encarnación de toda rebelión, libre pensamiento e iniquidad, lo hizo una deidad en su mente y no deseaba nada más que ser el diablo mismo.
En una ocasión, mientras un misionero protestante predicaba en Perugia, un sacerdote pasó al frente y dijo a la audiencia que desde que había protestantes en Perugia, la ciudad estaba siendo contaminada por herejes. “¿Y quién creen que son los protestantes?”, dijo él. “Son hombres que han renunciado a Cristo y adoran al diablo”. Una mentira grave e indignante era esa, pero sirvió para otros propósitos. El hombre que escuchaba, pensó: “Oh, entonces, iré a reunirme con ellos, porque soy como ellos”. Entonces, fue a la reunión de los protestantes, con la esperanza de encontrar una asamblea que fomentara la rebeldía y adorara al diablo. Allí oyó el evangelio y fue salvo.
En este, y en diez mil casos más, es igualmente notable la capacidad de nuestro Rey de someter todas las cosas a sí mismo. ¿Cómo puede un hombre a quien Dios llama a la salvación escapar de ese amor eterno que es tan omnipresente como la deidad misma?
Aplicación
Cómo responder a los enemigos de la cruz de Cristo
Hay tantos fuera de la iglesia siendo “enemigos de la cruz de Cristo” que se me podría romper el corazón tan solo de pensar en ellos. Pero aquellos que están dentro de la iglesia —que nunca han conocido a Cristo, que a menudo han tomado la cena del Señor, pero nunca han tenido comunión con Cristo, que están bastante satisfechos con su fe externa mientras sus corazones están podridos de pies a cabeza— están en una situación más terrible y espantosa. Estamos obligados a seguir exhortándonos y amonestándonos unos a otros porque tales “enemigos de la cruz de Cristo” están incluso dentro de nuestra iglesia.
Permítame agregar una cosa; si las exhortaciones son dadas a menudo, también las amonestaciones deben ser dadas con la misma frecuencia. Usted y yo deberíamos preguntarnos a menudo: “¿Soy yo, Señor?” (Mt 26:22) Imaginemos que Él se pone delante de nosotros, y nos muestra sus manos traspasadas diciendo con tristeza: “De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar” (Jn 13:21), ¿No nos angustiaría eso? Bueno, deje que lo haga. Asegúrese de trabajar para la eternidad. Mientras hablo con usted, también hablo conmigo. ¿Cuánto vale la fe si no está en el corazón? Es como el esplendor que rodea una tumba decentemente cubierta. Que Dios, en su infinita misericordia, nos libre de tener una fe muerta, porque, ya que el Señor vive, no tolerará a los de tal fe. Estos “enemigos de la cruz de Cristo” serán castigados con destrucción eterna al estar en la presencia del Señor y la gloria de su poder.
Pero mientras hablamos de estas personas, se nos dice algo tierno, porque el apóstol dice: “de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando”. ¿Por qué llorando? Porque es cosa horrible para los hombres escuchar la divina sentencia final, “Apartaos de mí, malditos” (Mt 25:41).
Derramamos más lágrimas por el mal que hacen esos pecadores. Los “enemigos de la cruz de Cristo” dañan a su esposa, hijos, vecinos y amigos. “Un pecador destruye mucho bien” (Ec 9:18). Una vida sin gracia es un gran robo del tesoro de Dios. ¡Dios nos salve de ser contados con los “enemigos de la cruz de Cristo”!
Nuestras acciones deben mostrar que somos ciudadanos del cielo
Entre los antiguos romanos, cuando se proponía una acción cobarde, se respondía “Romanus sum —Soy romano” para expresar el rechazo. Debería ser un fuerte incentivo para todo lo bueno poder afirmar que somos hombres libres pertenecientes a la ciudad eterna. Dejemos que nuestras vidas sean conformadas a la gloria de nuestra ciudadanía. En el cielo son santos; así debemos ser nosotros también —si nuestra ciudadanía no es una mera pretensión. Son felices, así que debemos estar gozándonos en el Señor siempre. En el cielo son obedientes, así debemos ser, siguiendo los más simples deseos de la voluntad divina. En el cielo son activos, así debemos ser, tanto de día como de noche, alabando y sirviendo a Dios. En el cielo son pacíficos, así que deberíamos encontrar descanso en Cristo y estar en paz incluso ahora. En el cielo se alegran de contemplar el rostro de Cristo, así debemos estar siempre meditando en Él, estudiando sus bellezas y deseando mirar las verdades que Él ha enseñado. En el cielo están llenos de amor, así también debemos amarnos unos a otros como hermanos. En el cielo tienen una dulce comunión unos con otros, así nosotros, aunque siendo muchos, seamos un solo cuerpo, siendo miembros unos de los otros. Ante el trono están libres de envidia, discordia, mala voluntad, celos, rivalidad, falsedad e ira, así debemos ser.
Debemos buscar, mientras estamos aquí, comportarnos según nuestra patria. Nuestro hablar debe de reflejar nuestra ciudadanía. No deberíamos ser capaces de vivir mucho tiempo en una casa sin que los hombres descubran lo que somos. Debe haber verdad en nuestro hablar y en nuestras conversaciones, de modo que cuando un hermano nos encuentre, pueda decir: “Usted es cristiano, lo sé, porque nadie sino los cristianos hablan así, o actúan así”. “Tú también estabas con Jesús el nazareno, porque aun tu manera de hablar te descubre” (Mr 14:67; Mt 26:73).
Viva como si Cristo viniera otra vez hoy
Creo que la iglesia haría bien en estar siempre viviendo como si Cristo fuera a venir otra vez hoy. Dejemos que viva siempre como si Él fuera a venir ahora, actuando a la vista de su Maestro y velando en oración. Piense lo que desee del Armagedón, pero no se olvide de pelear la buena batalla de la fe. Supongo que no será en la era exacta de la destrucción del anticristo. Vaya y destrúyalo usted mismo, luchando contra él todos los días; pero desee la venida del Hijo del Hombre. Que esto sea a la vez, su consuelo y entusiasmo para la diligencia —que el Salvador venga pronto del cielo.
He oído hablar de un santo que acostumbraba abrir su ventana cada mañana cuando despertaba, para ver si Cristo había venido. Podría ser fanatismo, pero es mejor ser un fanático que preocuparse por las cosas terrenales. Quisiera que cada noche encendiéramos el fuego de la oración, para que ardiera en caso de que las naves del cielo pasaran, para que las bendiciones pudieran llegar a nosotros que tanto las necesitamos. Esperemos pacientemente hasta que los ángeles del Señor nos lleven a bordo, y seamos llevados a la gloria y esplendor del reino de Cristo. Anhelemos el momento en que lleguemos a esa mejor tierra donde están nuestras posesiones, donde vive nuestro Padre, donde están nuestros tesoros, donde habitan todos nuestros hermanos.

Filipenses 4:1–9

1 Así que Toda doctrina de la Palabra de Dios tiene su influencia práctica. Como cada árbol lleva semilla según su especie, así también toda verdad de Dios produce virtudes prácticas. Por lo tanto, usted encuentra al apóstol Pablo lleno de estas, extrayendo sus conclusiones de la verdad divina. Me maravillo de que nuestros excelentes traductores hayan dividido el argumento de la conclusión creando un nuevo capítulo donde hay menos razón para ello.
hermanos míos amados Vea cómo está funcionando el corazón del apóstol; sus emociones no son afectadas por sus dolores personales. Los santos en Filipos eran en un sentido especial los hijos espirituales de Pablo; eran muy generosos y amables con él, y su corazón era muy cariñoso con ellos, por eso les dijo: “hermanos míos amados y deseados”, y luego una vez más les dice: “amados”.
Nunca pudo olvidar el momento en que él y Silas oraron con las mujeres a la orilla del río, y cuando oraron y cantaron alabanzas a Dios en la prisión, siendo escuchados por los prisioneros. Lidia, su casa y el carcelero estaban entre las primicias de la obra de Pablo en Filipos, y siempre hubo un amor muy íntimo entre él y los miembros de la iglesia en ese lugar. Ellos se preocupaban por él, y él se preocupaba por ellos.
gozo Fue un gran gozo para él pensar en ellos como sus hijos espirituales, y especialmente ver la manera piadosa y generosa con la que se comportaban entre ellos mismos.
y corona mía Una guirnalda que había ganado en la lucha espiritual. Los convertidos son su gozo aquí, y serán su corona para siempre en la gloria.
estad así firmes Es una gran alegría para cualquier ministro, como lo fue para el apóstol Pablo, tener conversos; pero esa alegría se reduce mucho cuando no se mantienen firmes; entonces, toda esa alegría se convierte en tristeza, y en lugar de las rosas que dan un perfume dulce al siervo del Señor, las espinas comienzan a pinchar y a herir su corazón.
Pablo deseaba profundamente que aquellos en quienes había puesto la esperanza celestial pudieran ser preservados fieles hasta la venida de Cristo. Temía que alguno de ellos retrocediera y probara ser traidor a su Señor. Temía perder a alguno de los que había ganado, si ellos se desviaban de la fe. Por lo tanto, les dice: “estad así firmes”. Pablo expresó en el sexto versículo del primer capítulo su convicción de que el que había comenzado la buena obra en ellos la perfeccionaría, pero su amor intenso le hizo exhortarlos una vez más diciendo: “estad así firmes en el Señor, amados”. Con tales exhortaciones promueve y asegura la perseverancia final.
en el Señor Pablo percibió con alegría que sus amados hermanos estaban en el lugar correcto. Es muy importante que comencemos bien. El comienzo no lo es todo, pero es muy importante. La única forma, sin embargo, en que podemos comenzar correctamente es estando “en el Señor”. Si empezamos así, podremos seguir con seguridad. Este es el punto vital. Es muy bueno que los cristianos estén en la iglesia; pero si están en la iglesia antes de estar en el Señor, están fuera de lugar. Es bueno estar dedicado a la santa obra; pero si está en ella sin estar en el Señor, no tendrá corazón para ella, ni el Señor la aceptará. No es esencial que usted esté en una iglesia; pero sí es esencial que esté “en el Señor”.
2 Ruego a Evodia y a Síntique Estas dos mujeres se habían peleado. No dice quién estaba en lo correcto y quién no. Pero Pablo consideraba muy importante que en la iglesia de Filipos y en todas las demás, la unidad y el amor fueran perfectos, por lo cual rogó a estas dos mujeres, de las cuales no sabemos nada más, que fueran “de un mismo sentir en el Señor”.
Note que se lo pide a cada una de ellas exactamente de la misma manera: “Ruego a Evodia y ruego a Síntique”. Tenía una petición para cada una de ellas. Tal vez, si hubiera escrito en el original: “ruego a Evodia y a Síntique”, Síntique hubiera creído que la petición no era tan sería para ella como para Evodia, así que Pablo escribe: “Ruego a Evodia, y ruego a Síntique que sean de un mismo sentir en el Señor”.
No debía haber desacuerdos entre los cristianos. No se imagina el daño que puede causar a una iglesia que dos miembros estén enojados el uno con el otro. Las diferencias más insignificantes, incluso entre los miembros más pequeños de la iglesia, pueden obstaculizar la obra del Espíritu de Dios. El Espíritu Santo es como una paloma. Las palomas aman los lugares tranquilos; no llegan a donde hay ruido y conflictos. El amor debe reinar; la paz debe predominar. Si existe conflicto en su iglesia, ¡Dios le conceda que pronto termine!
3 compañero fiel No sabemos quién era ese “compañero fiel”. Muy probablemente era Epafrodito, quien llevó esta epístola a Filipos. Quienquiera que fuera, era alguien que había trabajado con Pablo hombro con hombro. Si dos bueyes llevan el mismo yugo, y no llevan el mismo paso, el yugo se vuelve una situación muy difícil. Si uno trata de acostarse y el otro quiere ponerse de pie, o si uno va más rápido que el otro, el yugo se vuelve doblemente irritante.
Hay una función en la iglesia de Cristo que no reconocemos lo suficientemente bien, pero que debe ser cumplida perfectamente. Pablo la menciona por escrito a los corintios. Él dice, “Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas” (1Co 12:28). La función de ciertos cristianos es ser de “ayuda”. ¡Que siempre tengamos a esas “ayudas” entre nosotros! ¿Alguna vez se ha dado cuenta de que, casi todas las veces que se menciona a Bartolomé en la Escritura, leemos: “y Bartolomé”? Nunca se habla de él solamente; casi siempre leemos: “Felipe y Bartolomé” (Mt 10:3; Mr 3:18; Lc 6:14), o “Bartolomé, y Mateo” (Hch 1:13). Es bueno tener algunos Bartolomés que siempre estén ayudando a otra persona, de modo que, cuando haya una buena obra por hacer, Bartolomé siempre esté dispuesto a ayudar, ya que también disfrutará de la recompensa.
combatieron juntamente conmigo en el evangelio Qué lugar tan eminente habían tenido las mujeres en el servicio al Señor Jesucristo; ¡aquí Pablo habla de ellas como combatientes con él en el evangelio! Seguramente, Lidia debió haber sido una de ellas.
colaboradores míos Pablo piensa tiernamente en todos los que le han ayudado en la obra del Señor y, a cambio, los ayuda, los recuerda amablemente y los ama cariñosamente. ¡Siempre tengamos este tierno sentimiento el uno hacia el otro, especialmente hacia aquellos que trabajan para el Señor con nosotros! ¡Deleitémonos en animar a los que sirven a nuestro Señor!
cuyos nombres están en el libro de la vida Según algunos comentaristas, el nombre de un creyente puede estar en el libro de la vida por un tiempo, pero puede ser borrado. Si su enseñanza es verdad, ese libro estará muy rallado y manchado. Agradezco a Dios que no creo que exista ningún libro así. Si el Señor Jesucristo ha escrito mi nombre en el libro de la vida, en el gran registro familiar de los redimidos, desafío a todos los demonios del infierno a que lo borren.
4 Regocijaos Las personas que son muy felices, especialmente las que son muy felices en el Señor, no son aptas para ofender o para ofenderse. Sus mentes están tan dulcemente ocupadas con cosas superiores que no son fácilmente distraídas por los pequeños problemas que surgen naturalmente entre criaturas tan imperfectas como nosotros. El gozo en el Señor es la cura para todo enojo. ¿No debería ser así? ¿No es este gozo la armonía del alma y el acuerdo del corazón, con el gozo del cielo? El gozo en el Señor, entonces, aleja las discordias de la tierra.
en el Señor Observe la esfera de este gozo: “Regocijaos en el Señor”. Leemos en las Escrituras que los hijos deben obedecer a sus padres “en el Señor”. Leemos de hombres y mujeres que se casan solo “en el Señor”. Ningún hijo de Dios debe salirse de esa esfera: “en el Señor”. Allí es donde está, donde debería estar, donde debe estar. No podrá verdaderamente regocijarte si sale fuera de esa esfera; por lo tanto, cuídese de no hacer nada que no pueda hacer “en el Señor”. No busque el gozo que no es del Señor; si va detrás de los dulces venenosos de este mundo, ¡ay de usted! Nunca se regocije en lo que es pecaminoso, porque tal alegría es falsa. Huya de ella; no podrá proporcionarle nada bueno. La alegría que no pueda compartir con Dios no es una alegría correcta para usted. “En el Señor”, esta es la esfera de su gozo.
Por otro lado, también creo que el apóstol se está refiriendo a que Dios debe ser el gran motivo de su gozo: “Regocijaos en el Señor”. Regocijémonos en el Padre, nuestro Padre que está en los cielos, nuestro amoroso, tierno e inmutable Dios. Regocijémonos también en el Hijo, nuestro Redentor, nuestro Hermano, el Esposo de nuestra alma, nuestro Profeta, Sacerdote y Rey. Regocijémonos también en el Espíritu Santo, nuestro Consolador, en Aquel que permanecerá con nosotros para siempre. A veces, hermanos y hermanas, no podrán regocijarse en cualquier otra cosa, sino en el Señor; entonces, regocíjense en Él plenamente. No se regocijen en su prosperidad temporal, porque las riquezas sacan sus alas y vuelan. No se regocijen en sus grandes éxitos en la obra de Dios. Si el Señor es su gozo, su gozo nunca se acabará. Todas las cosas son temporales; pero Dios es eterno. Haga de él su gozo, toda su alegría, y deje que esa alegría absorba todos sus pensamientos. Bautícese en ese gozo; sumérjase en las profundidades de esa felicidad indescriptible del gozo en Dios.
El gozo habla por sí mismo
Temas para predicar: Gozo
Puede existir tal cosa como un gozo mudo, pero no creo que pueda permanecer mudo por mucho tiempo. ¡Gozo! ¡Gozo! ¡Habla por sí mismo! Es como una vela encendida en una cámara oscura; no necesita tocar una trompeta y decir: “Ha llegado la luz”. La vela se hace notar por su propia luz. Cuando el gozo llega a un hombre, brilla en sus ojos; brilla en su rostro.
siempre No solo tenga gozo de vez en cuando, o en días importantes o vacaciones, sino “regocijaos en el Señor siempre”. Si alguna vez se regocija en el Señor, siempre se regocijará en Él, porque Él es siempre el mismo, y siempre es misericordioso. Hay motivo para regocijarse en Dios en todo tiempo, ya que Él nunca cambia.
Otra vez digo: ¡Regocijaos! Ya lo había dicho antes, el primer verso del tercer capítulo comienza así: “Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor”. Ahora lo escribe de nuevo y lo repite en el mismo verso: “Regocijaos… ¡Regocijaos!”. Es tan importante que los creyentes estén llenos de gozo que Pablo escribe tres veces en un breve espacio: “Gozaos en el Señor”; “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”.
¿Qué significa “Otra vez digo: ¡Regocijaos!”? En primer lugar, mostraba el amor de Pablo por los Filipenses. Quería que fueran felices. También considero que lo dijo dos veces para sugerir la dificultad del gozo continuo. No es tan fácil, como algunos piensan, gozarse siempre. Me parece que también lo dijo dos veces para afirmar la posibilidad de ello. Puede ser feliz. Dios el Espíritu Santo puede librarle de las trampas de la carne, del mundo y del diablo. Usted puede ser capacitado para vivir en el monte de Dios bajo el brillo de su rostro. Además, ¿no cree que tenía la intención de inculcarles la importancia de este deber? Tal vez diga: “No creo que importe mucho si soy feliz o no. Voy a llegar al cielo, por muy triste que sea mi carácter, si soy sincero”. “No”, dice Pablo, “esa clase de pensamiento no puede existir; no puedo dejarte hablar así. Ven, debo hacer que te regocijes. Realmente esto es deber de todo cristiano, por eso, ‘Otra vez digo: ¡Regocijaos!’ ”
5 gentileza La mejor traducción sería probablemente “paciencia”. No se enoje con nadie; no empiece a exaltarse o a ser impulsivo. No haga tanto uso de sus derechos; deténgase y no exija bastante. Y cuando sienta, en cualquier momento, un temperamento violento, cálmese a usted mismo, contrólese, soporte y tolere. No vaya tan lejos, como podría, al defender sus propios derechos; deje que su gentileza y paciencia sea conocida por todos los hombres. Persevere, porque el Señor está cerca. No puede saber en cuánto tiempo aparecerá. No dé lugar a la ira; permanezca en silencio; sea paciente. Y si hay algo muy malo, déjelo. Nuestro Señor Jesús vendrá muy pronto; por lo tanto, no se impaciente.
El Señor está cerca Cristo viene. ¿Por qué desfallece? El Señor está cerca de usted para ayudarte; ¿por qué está tan angustiado? ¿Por qué se deja arrastrar por las pruebas temporales?
6 Por nada estéis afanosos Observe que el apóstol, después de haber dicho: “Regocijaos en el Señor siempre”, le ordenó a los filipenses que no estuvieran angustiados por nada, lo que implica que el gozo en el Señor es uno de los mejores preparativos para las pruebas de esta vida. La cura para la preocupación es el gozo en el Señor.
No se inquiete; no se preocupe; no haga a otras personas sentirse miserables por su enojo, furia y preocupación. Usted no puede hacer un solo cabello blanco o negro. No puede agregar un solo codo a su estatura. Será para su propio beneficio y para la gloria de Dios, deshacerse de los afanes que pudieran oscurecer su espíritu. No se preocupe por nada, pero ore por todo, y sea agradecido por todo también.
No podemos ver porque respiramos sobre el telescopio
Temas para predicar: Temor, Oración, Estrés
A menudo he utilizado la ilustración de un telescopio, el cual, respirando el aliento caliente de nuestra angustia sobre él, ponemos nuestro ojo, pero no podemos ver nada más que nubes. Por supuesto que no podemos, y nunca lo haremos mientras respiremos sobre él. Si fuéramos más tranquilos, calmados, dueños de nosotros mismos y controlados por Dios, haríamos lo correcto. Debemos estar, como decimos, “todos allí” en el tiempo de la dificultad.
Ese hombre podría esperar tener la claridad mental que tiene Dios. Si nos olvidamos de orar, ¿nos habremos de sorprender de que estemos todos inquietos, preocupados, haciendo lo primero que se nos ocurra, lo cual es generalmente lo peor, en lugar de esperar hasta ver lo que se debe hacer, y hacerlo confiando y creyendo que estamos bajo el cuidado de Dios?
en todo Cuando pienso en lo grandioso que Dios es, me parece que este pobre mundo nuestro es solo un grano insignificante de arena a la orilla del mar del universo, y que no merece ninguna atención. Toda la tierra es una mera partícula en el gran mundo de la naturaleza. Si Dios se digna a considerarla, podría inclinarse un poco más y considerarnos a nosotros también. Y de hecho lo hace, porque dice: “Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados”. Por lo tanto, en todo sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios.
oración y ruego Si hay alguna diferencia aquí, supongo que por oración se entiende el acto general de devoción y la mención de nuestras necesidades habituales; el ruego, por su parte, creo que está destinado a nuestras súplicas y peticiones especiales. Debemos ofrecer la oración en general por todos los santos, y añadir a ella las peticiones especiales y precisas de nosotros.
Orando fielmente, pero sin gratitud
Temas para predicar: Humildad, Oración de petición, Obediencia y desobediencia, Orgullo, Agradecimiento, Adoración
Podría ilustrar la terquedad de muchos con las súplicas de un joven que era muy diligente al orar, pero al mismo tiempo era desobediente, malhumorado y la plaga de la casa. Su madre le dijo que pensaba que era pura hipocresía fingir que oraba. Él respondió: “No, madre, de hecho, no lo es, porque yo oro a Dios para que tú y mi padre acepten mi forma de ser”.
Muchas personas quieren que el Señor acepte la forma en que actúan, pero ellas no tienen la intención de seguir los caminos del Señor. Sus mentes son contrarias a Dios y no se someterán a su voluntad, por lo tanto, no hay gratitud en ellas. La alabanza en una oración es indicativa de un espíritu humilde, sumiso y obediente, y cuando está ausente, podemos sospechar que exista terquedad y egoísmo.
con acción de gracias ¿No es esto un rasgo hermoso en el carácter de Pablo? Está prisionero en Roma y pronto morirá; sin embargo, mezcla su acción de gracias con su súplica, y pide a los demás que hagan lo mismo.
Observe que frecuentemente comienza sus epístolas con una mezcla de súplica y acción de gracias. Vaya a Romanos y vea en los versos 1:8–9 esta fusión de metales preciosos: “Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo. Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, de que sin cesar hago mención de vosotros”. Aquí encontramos las siguientes frases: “doy gracias a mi Dios” y “sin cesar hago mención de vosotros”. Esto no fue escrito para embellecer el texto; era natural que Pablo diera gracias a Dios cuando oraba. Mire Col 1:3: “Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo”. Leemos lo mismo en 1Ts 1:2: “Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones”. Vea también 2Ti 1:3: “Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día”. Y si es así en otras epístolas, no nos sorprende en absoluto que lo encontremos así en Filipenses 1:3–4: “Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros”. Tampoco necesito limitarlo al lenguaje de la epístola de Pablo, ya que es muy claro que en Filipos mismo (todos aquellos a quienes escribió debieron haber recordado el incidente) Pablo y Silas oraron y cantaron alabanzas a Dios a medianoche, oyéndolos los prisioneros (Hch 16:25). Está claro que Pablo habitualmente practicaba lo que aconsejaba. Sus oraciones no habían sido ofrecidas sin acción de gracias; lo que Dios había unido nunca lo separaría.
Dando gracias antes de recibir aquello por lo que se oró
Temas para predicar: Oración, Oración de petición, Agradecimiento
Debemos orar con acción de gracias por todas las cosas, agradeciendo a Dios por tener la misericordia que buscamos. Ojalá pudiéramos aprender esta gran virtud de la fe.
Al conversar la última vez con nuestro querido hermano George Müller, me asombraba de la manera en que mencionaba que, durante tantos meses y años, había pedido al Señor misericordia y lo había alabado por ello. Alababa al Señor como si realmente ya la hubiera obtenido. Incluso al orar por la conversión de una persona, tan pronto como comenzaba a orar, también comenzaba a alabar a Dios por la conversión de esa persona. Nos dijo que ya había orado por treinta años y que la obra aún no había sido hecha, pero, aun así, había continuado agradeciendo a Dios porque sabía que la oración sería contestada. Creía que ya tenía contestada su petición y había comenzado a adorar a Aquel que le había respondido.
Imagine que usted había prometido a una pobre mujer que le daría comida al día siguiente. A la mañana siguiente envió a su hija con una canasta por la comida. Ella creía fielmente que le sería dada. Envió además una pequeña nota en la que la pobre alma le daba las gracias por su gran bondad; ¿podría usted tener el corazón para decirle: “Mi querida niña no puedo atenderte hoy, ven en otro momento”? Claro que no querido hermano. Si la despensa hubiera estado vacía, usted hubiera enviado a comprar algo, porque aquella buena alma había creído en usted y le había dado las gracias por ello aún antes de recibir su ayuda.
Bueno, entonces, confíe en el Señor de la misma manera. Él no puede faltar a su palabra. La oración del creyente espera en Él, pero la acción de gracias del creyente lo compromete.
sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios No se preocupe, pero ore mucho. La oración es la cura para la preocupación. Si está en problemas deje que “sean conocidas vuestras peticiones”, no ante los hombres, sino “delante de Dios”.
7 Y la paz de Dios Esa paz, esa calma consciente, esa serenidad divina, que es descrita como la paz de Dios, no es producida solo por la oración, sino por la oración con acción de gracias. Si bendecimos a nuestro misericordioso Señor por la tribulación por la que también oramos; si le bendecimos por la misericordia que necesitamos, como si ya hubiera llegado; si le alabamos sea que recibamos la bendición o no, aprendiendo a estar contentos en cualquier estado en el que nos encontremos, entonces “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.
sobrepasa todo entendimiento No es solo un entendimiento común, sino un entendimiento que supera todo entendimiento. Algunos han dicho que este verso significa que el hombre impío no puede comprenderlo. Esa afirmación es verdadera, pero no es todo el significado, porque ni siquiera el que lo disfruta puede comprenderlo. Es más profundo, más extenso, más dulce; es más divino de lo que puede comprender un santo gozoso. Él disfruta lo que no puede entender. ¡Qué maravilloso que tal cosa sea posible, pues de lo contrario nuestros gozos serían pocos! La razón tiene límites mucho más estrechos que el gozo.
Paz que sobrepasa el entendimiento en la persecución
Temas para predicar: Paz, Persecución
Cuando uno de los mártires estaba a punto se ser quemado por el nombre de Cristo, dijo al juez que estaba dando las órdenes: “¿Puede venir usted y poner su mano sobre mi corazón?”. El juez lo hizo, “¿Late rápido?”, preguntó el mártir. “¿Muestro alguna señal de miedo?” “No”, dijo el juez. “Ahora ponga su mano sobre su corazón, y vea si usted no está más agitado que yo”.
Piense en aquel hombre de Dios, que en la mañana que iba a ser quemado, estaba tan profundamente dormido que tuvieron que sacudirlo para despertarlo. Tenía que levantarse para ser quemado y, sin embargo, sabiendo que iba a ser así, tenía tanta confianza en Dios que dormía dulcemente.
En aquellas antiguas persecuciones de Diocleciano, los mártires entraban en el anfiteatro para ser devorados por bestias salvajes; algunos eran puestos en una silla de hierro ardiente; otros eran embarrados de miel, para ser picados a muerte por avispas y abejas, pero nunca se estremecían. Piense en aquel valiente que fue puesto en una parrilla para ser asado hasta la muerte y dijo a sus perseguidores: “Me has asado de un lado; ahora voltéame del otro”.
¿Por qué gozaba de esta paz en tales circunstancias? Era “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento”.
guardará La palabra griega es frouréo, que significa montar guardia, vigilar como en un cuartel, así, tan completa y tan eficazmente la paz de Dios guarda nuestros corazones y mentes. ¿No es extraño que se use un término militar aquí, y que sea la paz la que actúe como guardia del corazón y de la mente? Es la paz de Dios la que protege a los hijos de Dios; ¡extraña pero hermosa figura!
vuestros corazones El camino para guardar el corazón, según el texto, es dejar que se llene de la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento. Un espíritu tranquilo, calmado, apacible y feliz no caerá ni cometerá errores.
vuestros pensamientos El texto también añade que guardará nuestra mente, así como nuestro corazón. No podemos movernos ni un solo centímetro de la verdad que el Espíritu Santo nos ha enseñado en nuestra alma, es solo esa verdad la que puede traer al corazón la paz de Dios que sobrepasa el entendimiento. Cuando el Señor ha introducido su verdad en nuestras mentes con su poder, y ha hecho que el dulce sabor de ella penetre nuestro cuerpo, y nos ha dado a beber de ella hasta llenarnos de gozo y paz indescriptible, no podemos apartarnos de ella. La verdad enseñada por los hombres la podemos olvidar, pero no podemos apartarnos de aquello que el Espíritu Santo graba en lo más profundo de nuestro corazón. Ayúdanos, Dios, debemos estar firmes en ella, aunque muramos por ella.
en Cristo Jesús Sin Cristo Jesús esta paz no existiría; sin Cristo Jesús, esta paz, aun donde ya ha existido, no podría ser mantenida. Visitas diarias al Salvador, contemplaciones continuas a través de la fe al que derramó su sangre en la cruz, hacen que esta paz sea amplia, larga y duradera. Pero aléjese de Cristo Jesús, el canal de nuestra paz, y esa paz se desvanecerá y morirá, caerá y llegará a ser nada. Un cristiano no tiene paz con Dios, sino a través de la expiación del Señor Jesucristo.
No hay paz que pueda ser encontrada fuera de Cristo. Ninguna paz podrá animar nuestro corazón mientras nos olvidamos de Cristo. “Él es nuestra paz” (Ef 2:14). Nunca busque la paz en la ley o en su propia experiencia, en sus propios logros pasados o incluso en su propia fe. Toda la paz está en Jesús. Así, nuestros corazones y mentes, mencionados en el texto, deben estar todos en Jesús; el corazón amándolo y siendo amado por Él, la mente creyendo en Él, descansando en Él, usando sus facultades para Él —todo en Él.
8 todo Todo lo que esté dentro de estas áreas le debe ocupar. Esté del lado de todas las causas que puedan describirse de esta manera. Si está algo del lado de la verdad, la rectitud, la reverencia, la fe, la castidad, la santidad, esté de ese lado. Si hay algo contrario a esto, no tiene nada que hacer con ello. Pero si hay algún movimiento en el mundo que ayude a proclamar las cosas que son verdaderas, honestas, justas, puras, hermosas y de buena reputación, “en esto pensad”, piense en ellas para aumentar su influencia entre los hijos e hijas de los hombres.
Cristianos, si hay algún movimiento realmente bueno en el mundo, apóyenlo. Si no es pura y absolutamente religioso, pero tiende a beneficiar a sus semejantes, si promueve la honestidad, la justicia, la pureza, haga todo lo posible para ayudarlo a avanzar.
9 esto haced Pablo tuvo que haber sido un gran predicador para poder decir eso; para poder citar su propio ejemplo y enseñanza, como una cosa que el pueblo podía seguir confiadamente.
el Dios de paz En el verso siete aparece la expresión “la paz de Dios”. En este verso nueve, tenemos la expresión “el Dios de paz”. El Dios de paz está siempre con aquellos que reciben a su amado Hijo, y que ayudan en la proclamación de su evangelio. Es uno de los privilegios de los verdaderos creyentes que el Dios de paz esté continuamente con ellos. ¡Ruego que podamos disfrutar de la paz de Dios, y luego ser ayudados por su Espíritu a alcanzar una fe más grande, donde estemos más plenamente familiarizados con el Dios de paz!
Aplicación
El regocijo es una ordenanza
Quiero que note que este regocijo es una ordenanza. No es una cuestión que se deje a su elección; no es una cosa que pueda dejar a un lado, sino un mandato del Espíritu Santo para todos los que están en el Señor: “Regocijaos en el Señor”. Debemos obedecer este mandato porque el gozo en el Señor nos hace como Dios. Él es un Dios feliz; indescriptible es el gozo en el que vive, y hará feliz a su pueblo. Deje que los devotos de Baal se corten con cuchillos y lancetas, y griten horriblemente si así lo desean; pero los siervos de Jehová no deben echar a perder en lo más mínimo su barba. Aun si ayunan, deben ungir su cabeza y lavar su rostro para que no muestren a los hombres que ayunan, porque un Dios gozoso desea un pueblo gozoso.
Se le manda regocijarse porque esto es para su beneficio. El gozo santo engrasará los engranajes de la máquina de su vida. El gozo santo le fortalecerá en su trabajo diario. El gozo santo le embellecerá y le dará influencia sobre la vida de los demás. El punto que me gustaría enfatizar más es que se nos manda regocijarnos en el Señor. Si no puede hablar del evangelio, viva el evangelio con gozo. Porque, ¿qué es el evangelio? Buenas nuevas de gran gozo, y usted que lo cree debe mostrar a través de su vida que es una buena nueva de gran gozo para usted. Creo que un hombre de Dios —sometido a prueba, dificultad y aflicción, que ha soportado y ha sido paciente, que se ha conformado y aún se ha gozado en Dios —es un verdadero predicador del evangelio que predica con una elocuencia más poderosa que las palabras, y encuentra el camino secreto y silencioso hacia los corazones de aquellos que se han resistido a otros argumentos. Escuche, entonces, el texto, porque es un mandamiento de Dios: “Regocijaos en el Señor siempre”.
¿Cuándo nos regocijaremos? “Regocijaos en el Señor siempre”, es decir, cuando no pueda regocijarse en nada ni en nadie sino en Dios. Cuando la higuera no florezca, cuando no haya fruto en la vid y no haya rebaños en el establo, cuando todo se marchite, se desintegre y perezca, cuando el gusano en la raíz de la calabaza la haya hecho morir, entonces regocíjese en el Señor. En la hoguera misma, los mártires cumplieron la palabra de Dios; se regocijaron en medio del fuego que los consumía. Por lo tanto, regocíjese en el Señor cuando no pueda regocijarse en nadie más.
Pero también procure regocijarse en el Señor cuando tenga otras cosas en las cuales regocijarse. Cuando Él ponga en su mesa cosas buenas, y su copa se desborde de bendiciones, regocíjese en Él más que en esas bendiciones. No olvide que el Señor, su Pastor, es mejor que los verdes pastos y las aguas tranquilas; no se regocije en los pastos ni en las aguas, sino en el Pastor que le da todo. Nunca permitamos que nuestros bienes se vuelvan dioses; no permitamos nunca que lo que Dios nos dé, suplante al Dador. ¿Amará la esposa las joyas que su esposo le da más que a su mismo esposo? Eso sería un amor perverso, o simplemente no sería amor en absoluto. Así pues, amemos a Dios primero, y regocijémonos en el Señor siempre que el día sea más brillante, y sean multiplicados los otros gozos que Él nos permita tener.
Convierta sus preocupaciones en oraciones
Las preocupaciones son muchas; entonces, que sus oraciones sean muchas también. Convierta en una oración todo aquello que sea una preocupación. Deje que sus preocupaciones sean la materia prima de sus oraciones, y así como los alquimistas esperan convertir los desechos en oro, así también, una alquimia santa, cambiará una preocupación en un tesoro espiritual en forma de oración. Bautice cada preocupación en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, así la convertirá en una bendición.
Vaya, pues, a su Dios con todas sus preocupaciones. Si tiene una familia grande, un ingreso pequeño, y le cuesta mucho cubrir los gastos y proveer a su familia de lo necesario, tiene muchas excusas para llamar a la puerta de Dios, y muchas razones para encontrarse a menudo delante del trono de la gracia. Le pido que dé a conocer sus problemas. Me siento libre de llamar a un amigo cuando realmente tengo algo que tratar con él, usted debe sentirse libre de llamar a Dios cuando las necesidades lo presionen. En vez de preocuparse, convierta esa preocupación en una razón para renovar sus momentos de oración.
Diga lo que quiera; esa es la verdadera oración. Apártese y dígale al Señor lo que quiera decirle; derrame su corazón delante de Él. No crea que Dios quiere un lenguaje perfecto. No, no tiene que utilizar su libro de oraciones. Ore por lo que quiera, como si estuviera diciéndole a su madre o a su mejor amigo sus necesidades. Vaya a Dios de esa manera, porque esa es la oración real, y esa es la clase de oración que le quitará sus preocupaciones.
Primero puro, luego pacífico
Debemos, por medio de la gracia divina, llevar a la práctica la enseñanza paulina de Fil 4:9; podemos reclamar la promesa que está ante nosotros. ¡Y qué promesa! El Dios, que ama la paz, hace la paz y respira la paz, estará con nosotros. “El Dios de paz estará con vosotros” es una dulce bendición, pero para el Dios de paz estar con nosotros es mucho más. Así como tenemos la fuente y sus arroyos, el sol y sus rayos. Si el Dios de paz está con nosotros, disfrutaremos de la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, aunque las circunstancias externas amenacen con perturbarla. Si los hombres pelean, estemos seguros de ser pacificadores porque el Creador de la paz está con nosotros.
Es en el camino de la verdad donde encontraremos la paz real. Si abandonamos la fe o dejamos el camino de la justicia con la idea de promover la paz, estaremos muy equivocados. Primero puro, luego pacífico, este es el orden de la sabiduría y de los hechos. Mantengamos el modelo de Pablo, y tendremos al Dios de paz con nosotros, tal como estuvo con el apóstol.

Filipenses 4:10–23


10 me gocé Pablo estaba feliz. Los santos en Filipos le habían enviado un presente por medio de uno de sus pastores estando en prisión; Pablo, en su profunda pobreza, había sido consolado por sus amables consideraciones hacia él.
habéis revivido vuestro cuidado de mí Los filipenses se habían preocupado por él, y él los elogiaba por tener cuidado de él. Habían pensado amorosamente en aquel que era su padre espiritual, y cuando supieron que estaba encerrado como prisionero en Roma, y sufriendo necesidad, tuvieron cuidado de enviar algo para aliviarlo y animarlo.
Muy hermoso, a mi juicio, es ver a “Pablo ya anciano” encerrado en una prisión en Roma, probablemente condenado a muerte, pero tranquilo, calmado, siendo pacífico y alegre. Justo en ese momento parecía estar tan feliz como si un rayo de sol iluminara su celda, y su rostro brillara como el de un ángel. Estaba muy complacido porque había sido, en su profunda pobreza, amablemente recordado por la pequeña iglesia de Filipos, y le habían enviado un donativo. Vea lo alegre que estaba —estaba a punto de decir “qué contento estoy”, pero esta frase no expresa todo lo que debe de expresar. Estaba mucho más feliz que César en su palacio. Estaba encantado con el amor y el consuelo recibido.
11 he aprendido a contentarme El apóstol Pablo era un hombre culto, y en medio de sus múltiples conocimientos había aprendido a contentarse. No fue una lección fácil de aprender, especialmente cuando estuvo en prisión en Roma. Si Pablo alguna vez estuvo en la prisión Mamertina, aquellos de nosotros que hemos estado en ese calabozo confesaríamos que sería necesaria la gracia de Dios para estar contentos de estar allí. Y si estuvo encerrado en la prisión del monte Palatino, en los cuarteles cerca del pantano, podemos decir que no fue un lugar en el que alguien deseara estar. Un soldado encadenado a su mano día y noche, por bueno que fuera como compañero, no siempre sería la compañía más agradable para usted, ni para él, y tomaría algún tiempo aprender a contentarse con tal compañía. Pero, dice Pablo, “he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación”.
El contentamiento en cualquier situación no es algo natural en el hombre. Las malas hierbas crecen rápidamente; la codicia, la insatisfacción y el murmullo son tan naturales para el hombre como las espinas para la tierra. No tiene necesidad de sembrar cardos y zarzas; crecen muchos por naturaleza, porque son parte de la tierra. Así que no tiene necesidad de enseñar a los hombres a quejarse; se quejan sin que nadie les enseñe. Pero las cosas preciosas de la tierra deben ser cultivadas. Si queremos trigo, debemos arar y sembrar; si queremos flores, debe hacer un jardín y cuidar de él. El contentamiento es una de las flores del cielo, y si lo queremos tener, debemos cultivarlo. No crecerá en nosotros por naturaleza; es solo la nueva naturaleza la que puede producirlo, e incluso después de ser producido debemos ser cuidadosos y estar atentos para mantener y cultivar la gracia que Dios ha sembrado en él. Pablo dice: “he aprendido a contentarme”.
¿No es eso un gran aprendizaje? Pablo era un hombre culto, y usted también, si ha aprendido esta lección. Es posible que no pueda poner las iniciales de un título universitario después de su nombre; pero usted será un hombre culto si puede decir: “he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación”.
12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia Estas son dos cosas magníficas que debemos aprender. Hay algunos que conocen la primera, pero no la segunda. He conocido a varios hijos de Dios que parecían ejercer muy bien la piedad en su pobreza, pero al enriquecerse perdieron todo su valor. No supieron vivir en abundancia; llegaron alto, pero despegaron los pies del suelo.
No pasó así con el apóstol. Cuando tenía mucho, sabía cómo usarlo. Había pedido a Dios que lo mantuviera humilde —que cuando tuviera un barco bien cargado, tuviera suficiente peso para mantenerlo estable; que cuando su copa estuviera bien llena, no la desperdiciara; que en su tiempo de abundancia pudiera estar dispuesto a dar a los necesitados; y que como fiel mayordomo pudiera tener todas sus posesiones a disposición de su Señor. Este es un aprendizaje maravilloso.
Oración contra la tentación de la prosperidad
Temas para predicar: Oración, Tentación, Riqueza
Había una vez un pedazo de papel puesto en el púlpito de George Whitefield, un aviso que decía: “Un joven que recientemente ha heredado una gran fortuna pide las oraciones de la congregación”.
Estuvo muy bien esa petición de oración, porque cuando subimos una colina necesitamos de la oración para podernos mantener firmes. Al ir bajando la colina de la fortuna no hay ni la mitad de miedo a tropezar. El cristiano deshonra más a menudo su fe en la prosperidad que cuando vive en la humildad.
estoy enseñado ¿No era un verdadero maestro de las artes? Había dominado el arte de estar hambriento sin quejarse, el arte de tener las manos llenas sin vanagloriarse, el arte de sufrir necesidad sin ser impaciente, el arte de tener abundancia sin mantener afecto por las cosas de este mundo.
No hay nada en una situación de hambre, sed, desnudez o peligro que no nos lleve a estar contentos. Si estamos contentos bajo tales circunstancias, debe ser por motivos más importantes que nuestra propia condición. El hambre es una espina muy penetrante en una situación de severa necesidad. Pero el hambre puede ser resistido voluntariamente por varias horas cuando un hombre está dispuesto a ayunar. El reproche puede ser un colmillo muy penetrante, pero puede ser soportado valientemente, cuando somos animados por un sentido de justicia. Pablo decía que todos los males que le habían sobrevenido eran solo incidentes al estar sirviendo a su Señor. Así que, por el amor que le tenía al nombre de Jesús, los sufrimientos o mortificaciones eran ligeros en sus hombros, y eran recibidos alegremente en su corazón.
para estar saciado como para tener hambre Cuando los hombres disfrutan mucho de las misericordias de Dios —es extraño que tengamos que decir esto, pero es una realidad— a menudo manifiestan muy poca gracia de Dios y tienen poca gratitud por la abundancia que han recibido. Están llenos, pero se olvidan de Dios. Estando satisfechos en la tierra, se olvidan del cielo. Tenga la seguridad de que es más difícil saber cómo estar saciado que saber cómo tener hambre. Saber lo que es tener hambre es una lección aguda, pero saber cómo estar saciado es la lección más difícil de todas. ¡Cuán grande es la tendencia de la naturaleza humana hacia el orgullo y el olvido de Dios! Tan pronto como tenemos una reserva doble de maná comenzamos a acumularla, engendra gusanos y se convierte en pestilencia delante de Dios.
para tener abundancia como para padecer necesidad Estas son dos lecciones difíciles de aprender; no sé cuál es la más difícil de las dos. Probablemente es más fácil saber cómo bajar que saber cómo subir. ¡Cuántos cristianos he visto glorificar a Dios grandiosamente en la enfermedad y en la pobreza cuando han padecido necesidad en el mundo, también frecuentemente he visto a otros cristianos deshonrar a Dios cuando se han enriquecido o cuando han alcanzado una posición de influencia entre sus hermanos! Estas dos lecciones solo la gracia nos las puede enseñar plenamente.
13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece No hay vanagloria en esta declaración; Pablo solo dijo lo que era literalmente la verdad. La primera parte de la oración sería un atrevimiento descarado sin la segunda parte para interpretarla.
Tres hombres que confiaron en su propio poder para “hacer todas las cosas”
Temas para predicar: Poder, Orgullo
Ha habido algunos hombres que, llenos de orgullo, han dicho en sus corazones: “puedo hacer todas las cosas”. Su destrucción ha sido segura y casi inmediata. Nabucodonosor caminaba en medio de su gran ciudad; veía su asombrosa torre abriéndose camino entre las nubes. Admirando el tamaño majestuoso y colosal de toda construcción dijo en su corazón: “¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué?” (Dn 4:30). “Puedo hacer todas las cosas”. En unas cuantas horas no pudo hacer otra cosa sino ser apacentado como una bestia. Comía hierba como los bueyes, su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas como las de las aves.
Vea, también, al poderoso persa Jerjes Lideró a un millón de hombres contra Grecia; ejercía un poder que creía ser omnipotente; azotaba al mar, echaba cadenas sobre las olas, y le ordenaba que fuera su esclavo. “¡Puedo hacer todas las cosas!”. Su ejército desapareció; la valentía de Grecia fue demasiado para él. Regresó a su país deshonrado.
O recuerde a Napoleón. Él marchó hacia Rusia; desafió a la naturaleza; marchó a través de la nieve y vio el palacio de una antigua monarquía en llamas. Sin duda, mientras miraba el Kremlin ardiendo, pensaba: “puedo hacer todas las cosas”. Pero volvería a su país solo; llenaría los llanos congelados con hombres; sería totalmente derrotado y destruido.
¿Qué diremos a nuestro apóstol, pequeño de estatura, tartamudo en su habla, con una presencia débil, y su discurso despreciable, cuando se atreva a decir “puedo hacer todas las cosas”? ¡Atrevimiento descarado! ¿Qué puedes hacer Pablo? ¡El líder de una secta odiada, todos condenados a la muerte por edicto imperial! ¡Tú que te atreves a enseñar el dogma absurdo de que un hombre crucificado es capaz de salvar almas, que es rey en el cielo y prácticamente rey en la tierra! Dices: “puedo hacer todas las cosas”. ¡Vaya! ¿Gamaliel te ha enseñado tal arte de la elocuencia para que puedas confundir o frustrar todo lo que se te oponga? ¡Vaya! ¿Acaso tus sufrimientos te han dado coraje para no alejarte de las cosas que has defendido tan tenazmente? ¿Confías en ti mismo? No, “Todo lo puedo”, dice él, “en Cristo que me fortalece”.
Cuando Pablo dijo estas palabras, se refería al significado literal de ellas. De hecho, ya había demostrado en gran medida la fuerza que ahora estaba afirmando. ¿Nunca se ha puesto a pensar en cuán variadas fueron las pruebas y cuán innumerables fueron los logros del apóstol Pablo? Siendo llamado por gracia de una manera repentina y milagrosa, inmediatamente —sin consultar con carne o sangre— predicó el evangelio que recién había recibido. Se retiró un poco, para entender mejor la Palabra de Dios. Desde el desierto de Arabia, donde se había ceñido los lomos y se había fortalecido a través de la meditación y la humillación personal, salió sin tomar consejo de los apóstoles, ni pedir su guía o su aprobación. De inmediato, con valentía única, proclamaba el nombre de Jesús y profesaba ser un apóstol de Cristo. Después de esto, enfrentó muchas cosas difíciles. Resistió a Pedro cara a cara —tarea nada fácil con un hombre tan valiente e importante como Pedro. Pedro llegó a ser un oportunista; Pablo nunca.
Pablo señaló sus propios logros de la siguiente forma: “en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias”. (2Co 11:23–28). El amado Pablo habló valientemente. Sin vanagloria. De hecho, con su vida, predicó un sermón sobre el texto: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.
14 participar conmigo en mi tribulación Supongo que no le enviaron mucho; pero él conocía del amor que impulsaba tal presente, y entendía lo que para ellos significaba. Siempre he tenido la inquietud de que Lidia fue la primera en sugerir esa buena acción. Ella, la primera convertida de la iglesia de Filipos, pensó en Pablo, no lo dudo, y dijo a los demás creyentes: “Cuidémosle lo más que podamos. Hemos visto cómo ha pasado toda su vida sirviendo al Maestro, y ahora él puede morir en la cárcel porque no puede suplir sus necesidades más básicas; enviémosle ayuda a Roma”. ¡Cuán agradecido estuvo el apóstol por esa gran manifestación de amor! ¡Qué alegría le habían dado a su corazón!
15 sino vosotros solos Los filipenses fueron los únicos cristianos que enviaron ayuda, en el tiempo de su necesidad, a este gran hombre que sufría por amor a Cristo.
16–17 fruto que abunde en vuestra cuenta Tan grande era el desinterés de Pablo que no había nada de egoísmo en su alegría. No hablaba sobre la necesidad, porque sabía cómo soportarla sin quejarse. Pero consideraba su amable contribución como fruto de la gracia de Dios en los Filipenses —una prueba generosa de que fueron sacados del egoísmo pagano para ser llevados al amor cristiano.
Había poca bondad en el antiguo mundo romano y griego en el que Pablo predicaba el evangelio. Fueron tiempos de gran dureza de corazón con gran falta de humanidad y crueldad. No había ningún tipo de provisión para los pobres. Si un hombre era pobre, porque a simple vista así parecía, podía padecer hambre y morir. El pueblo se había endurecido a través de las peleas en el anfiteatro, de modo que ver la sangre les producía un intenso deleite, y el sufrimiento humano era para ellos algo de qué alegrarse, no algo que tuviera que ser prevenido. Pudo haber habido, de vez en cuando, una mano tierna que diera una pequeña moneda a los pobres, pero, en general, la caridad estaba muerta. Los hedonistas de la época más degenerada no construyeron hospitales ni orfanatos; estaban demasiado ocupados en sus gladiadores y en sus amantes. El ocuparse de uno mismo primero, era primordial en la corte de César, y en todos los reinos romanos.
Pero en Filipos había gente pensando en alguien que les había predicado el evangelio, y que estaba en sufrimiento. Eran movidos por un nuevo principio; el amor a Dios en Cristo Jesús había creado amor para el hombre cuya palabra los había transformado. No lo abandonarían; con sus escasos recursos lo ayudarían a sobrellevar su difícil condición. Había iglesias que no tenían esa misericordia; ¡ay de aquellos que en los primeros días del evangelio no mostraron la santa caridad! Había gente a la que Pablo había bendecido grandemente, que incluso había peleado por él, pero que finalmente negó que fuera un apóstol de Cristo. Con la amada iglesia en Filipos no sucedió así. Había ministrado una y otra vez sus necesidades, y ahora Pablo se regocijaba en ellos una vez más porque se deleitaba en ver otro ejemplo del poder transformador de la gracia de Dios en el carácter de las personas, de modo que aquellos que en otro tiempo habían sido egoístas ahora se gozaban al enviarle una ofrenda.
18 estoy lleno Supongo que no era mucho, pero era todo lo que el apóstol necesitaba.
He estado en el calabozo romano en el que se dice que Pablo fue encerrado, y ciertamente es una cárcel sin consuelo. En primer lugar, desciende a una cámara como bóveda, en la que no llega nada de luz, sino es por medio de un pequeño agujero redondo en el techo. En medio del piso de ese lugar, hay otra abertura, a través de la cual el prisionero era dejado caer a un segundo y más bajo calabozo, en el que el aire fresco o la luz no podrían llegar. Probablemente Pablo estuvo encerrado allí. El calabozo del pretorio en el que, con toda seguridad, estuvo encerrado, no era mucho mejor. Pablo habría estado muy feliz de morir de hambre allí, por amor a aquella buena gente de Filipos.
habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis Estoy seguro de que, al leer este versículo, todos se alegraron de haber participado para aliviar las necesidades del apóstol.
19 Mi Dios ¿De quién era ese Dios? Era el Dios de Pablo. Esta es una de las cuestiones en las que los santos más grandes no son mejores que los más pequeños, porque, aunque Pablo llamó al Señor “mi Dios”, Él es nuestro Dios también. Cuando vaya a las páginas de la Escritura, y lea sobre los hombres que estaban en penurias, y que fueron rescatados, podrá decir: “Aquí está Abraham. Fue bendecido en todas las cosas, y el Dios de Abraham suplirá toda mi necesidad, porque Él es mi Dios. Leí de Elías, que los cuervos le alimentaron. Tengo al Dios de Elías, y Él puede ordenar a los cuervos que me den de comer si Él quiere”. El Dios de los profetas, el Dios de los apóstoles, el Dios de todos los santos que nos han precedido, “este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre” (Sal 48:14).
suplirá todo lo que os falta “Ustedes han suplido todas mis necesidades en su pobreza; mi Dios suplirá todas sus necesidades en sus riquezas. Su mayor necesidad no sobrepasará la generosidad de sus provisiones”.
Pablo está hablando a los Filipenses, y creo que hay una cuestión importante en sus palabras, “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta”. Han sido generosos en ayudar al siervo del Señor, y el Señor les recompensará. En la medida de sus capacidades usted ha servido a su iglesia y ha ayudado a continuar su obra en el mundo, por lo tanto, Dios suplirá toda su necesidad. No se trata de retener a Judas, sino a los generosos que voluntariamente dan de lo suyo cuando les es dada una oportunidad.
conforme a sus riquezas en gloria Tan rico como es Dios en su gloria, así será al dar. Él nunca se limita en las misericordias que da. Da según su dignidad, y esa es la más alta que podamos concebir. Él da para recibir toda la gloria. Nunca he oído que alguno de sus hijos reciba una gran bendición de parte de Él, y no glorifique a Dios por otorgársela. No, no. Cuanto más da, más glorioso es a los ojos de los hombres. Él se complace en dar, para que su gloria sea vista, y para que las riquezas de su gloria manifestada sean aumentadas. Retener su bendición no enriquecería al Señor del cielo; más bien, lo empobrecería en gloria. El dar le enriquece a Él con más gloria y, además, se deleita en esparcir su generosidad.
en Cristo Jesús Puede tener todas las necesidades de su alma satisfechas, pero debe ir a Cristo. Sus necesidades espirituales no serán suplidas al ir a Moisés, o al esforzarse como si usted fuera su propio salvador, serán suplidas por fe en Cristo Jesús. Aquellos que no caminen con Cristo Jesús irán sin gracia, porque Dios no les dará nada en el camino de la gracia, sino por medio de su Hijo. Aquellos que caminen con Jesús más a menudo probarán su abundancia, porque todas las bendiciones vienen a través de Él. Mi consejo es que permanezcamos en Él. Ya que este es el camino por el cual viene la bendición, es mejor que permanezcamos en Él.
La provisión de Dios para el orfanato de Spurgeon
Temas para predicar: Providencia de Dios
Este precioso texto es uno que, hace años, cuando construimos el orfanato, hice esculpir en uno de los pilares de la entrada. Lo notará en las primeras columnas de cada lado siempre que vaya allí. “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Fil 4:19). Esto tomé para la fundación de la institución, y le puse mi sello como verdad. Y así ha sido. Tiempo me faltaría para hablarle de cómo Dios ha suplido las necesidades de su numerosa familia —los niños que son arrojados a la paternidad divina. Él ha honrado su promesa y nuestra fe, y creo que siempre lo hará. Allí en el orfanato está también escrito: “El Señor proveerá”. Estoy seguro que así será. Mientras ese lugar permanezca, mi Dios proveerá nuestra necesidad, y será un estímulo permanente para todos nosotros.
Piense en el orfanato mucho más grande de nuestro hermano George Müller, de Bristol, con esos dos mil quinientos niños viviendo simplemente por medio de la oración y la fe y, sin embargo, tan abundantemente abastecidos como la reina en su palacio. Nada falta donde Dios es el Proveedor. El Señor suplirá sin falta; confiemos sin temor. Vaya y haga efectiva esta promesa con el Señor su Dios, y Él se la cumplirá, así como al resto de sus santos.
20 Al Dios y Padre nuestro sea gloria Él nos bendice; bendigámosle también. Él provee todas nuestras necesidades de acuerdo a sus riquezas en gloria; exaltemos su gloria por los siglos de los siglos.
21 Saludad a todos los santos Denles un saludo de mano. Dígale: “¿Cómo estás, mi hermano? Te deseo lo mejor”. La fe en Cristo está llena de cortesía y de generosas consideraciones. Este tipo de saludo sincero debe ser común en cada iglesia cristiana. Siempre desapruebo ese maravilloso respeto que existe en algunas iglesias donde nadie se conoce; son demasiado respetuosos como para familiarizarse con sus hermanos. No creo que pueda ser cristiano alguien que no conozca ni se preocupe por los miembros de su iglesia. Si están en Cristo Jesús, conózcanse unos a otros.
Los hermanos que están conmigo os saludan Ellos vieron que estaba escribiendo una carta, y dijeron: “Envía nuestro amor a los filipenses”.
22 los de la casa de César Solo piense en los santos que estaban en la casa de Nerón, santos al servicio de un demonio como él, santos que fueron los primeros en toda cosa buena. Expuestos a los peligros más grandes, y sin embargo valientes al confesar a Cristo.
Supongo que la mayoría de estos eran solamente esclavos en la casa imperial. Pudieron haber sido uno o dos, tal vez, de una clase superior; pero, con toda seguridad, el evangelio llegó primero a los esclavos en el palacio romano, ese lugar de vicio, donde la lujuria y la crueldad abundaban. Había santos aun allí; y Dios todavía tiene algunas de sus joyas más costosas morando en esos lugares.
23 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros Así, con un afectuoso deseo, esta hermosa carta de amor llega a su fin. Que mucha de la ternura que contiene sea encontrada en cada uno de nosotros.
Aplicación
Aprendiendo a contentarse
Bien podríamos estar dispuestos a soportar las enfermedades de Pablo, y compartir el frío calabozo con él, si también pudiéramos alcanzar algún grado de contentamiento. No piense que puede estar contento sin aprender, o aprender sin disciplina. No es un poder que se pueda ejercer naturalmente, sino toda una ciencia que se adquirirá gradualmente. Las mismas palabras del texto podrían sugerir esto, incluso si no lo supiéramos por experiencia. No se nos debe enseñar a murmurar, más bien debemos ser enseñados a ceder a la buena voluntad del Señor nuestro Dios.
Algunos de ustedes tienen, según sus condiciones, todo lo que el corazón puede desear. Dios les ha permitido no tener que trabajar con sus manos, o ganar su sustento con en el sudor de su frente. Tal vez piense que cualquier exhortación a estar contento es innecesaria. Pero un hombre puede ser muy infeliz aun siendo muy rico. El descontento puede sentarse en un trono al igual que en la pobre silla con respaldo roto de una pequeña choza. Recuerde que el contentamiento de un hombre está en su mente, no en sus posesiones. Alejandro, con todo el mundo a sus pies, clamaba por otro mundo que conquistar. Se lamentaba porque no había otros países a los que pudiera llevar sus armas de triunfo y pudiera cubrir sus lomos de la sangre de sus semejantes para apagar la sed de su insaciable ambición. A usted, que es rico, es necesario que le exhorte de la misma manera que a los pobres: “aprenda a contentarse”.
Aquellos que son pobres deben buscar, si es posible, con ayuda divina, perseverar firmemente para mejorar su situación. Pero al mismo tiempo, esté contento. Donde Dios le haya puesto, intente honrar esa posición, muéstrese agradecido a Él y bendiga su nombre. Debe estar contento con su situación porque, depender de ella, es lo más adecuado para usted. Es necesario ser sabio. Si fuera rico, no tendría tanta gracia como la que tiene ahora. Tal vez Dios sabía que, si no le hacía pobre, nunca le tendría con Él en el cielo. Así que Él lo ha guardado donde está, para guiarlo allá. Recuerde esto, si alguna otra condición hubiera sido mejor para usted que la condición en la que está, Dios le habría puesto allá. Usted fue puesto por Él en el lugar más conveniente, y si hubiera tenido la oportunidad de escoger su lugar, habría regresado diciendo: “Señor, escoge por mí, porque no he escogido lo mejor para mí”.
Y ahora solo una o dos palabras a los enfermos. Todos los hombres nacen para sufrir dolor, pero algunos hombres nacen con una doble porción de él. Ellos son los Jeremías de nuestro pueblo; a menudo no disfrutan de un momento sin dolor. Si estos hermanos y hermanas lloran, no somos quién, para juzgarlos, porque cuando nosotros enfermamos, nos quejamos más que ellos. Los enfermos pueden ver mucho más de la gloria de Dos que los que están bien de salud. Tal vez, usted que está siendo constantemente probado, sufriendo dolor; no hubiera valido nada en la viña de Cristo si no hubiera sido por esta prueba de su fe. Usted es un hierro pulido, pero si no hubiera sido bien pulido no habría sido un instrumento apropiado para ser usado por el Maestro; habría crecido oxidado. Esté contento, entonces; siento como si no lo tuviera que decir así porque no estoy enfermo yo. Pero, sea como sea, así debe de ser; intente imitar al apóstol Pablo: “he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación”.
Ustedes, los que no aman a Cristo, recuerden que son las personas más miserables del mundo. Aunque se sientan felices, no hay uno de nosotros que cambie su lugar con alguno de ustedes. Aun cuando estuviéramos muy enfermos, muy pobres o a punto de morir, si alguno de ustedes entrara y nos dijera: “Ven, cambiaré mi lugar contigo; tendrás mi oro, mi plata, mis riquezas y mi salud”, no habría ni un solo cristiano dispuesto a cambiar de lugar. No lo pensaríamos. Le diríamos de inmediato: “No, siga su camino y deléitese en lo que tiene; todos sus tesoros son pasajeros, pronto se acabarán. Nosotros seguiremos en nuestros sufrimientos, usted puede disfrutar de su riqueza”. Los santos no sufrirán el infierno porque lo sufren aquí en la tierra; los pecadores no disfrutarán del cielo porque lo gozan aquí en este pobre mundo problemático. Nosotros tenemos nuestros sufrimientos aquí y nuestra gloria será después; usted podría tener su gloria aquí, pero sufrirá por los siglos de los siglos. Dios le conceda un corazón nuevo, y un espíritu recto, una fe viva en Jesús, le diré lo que le he dicho a los demás: “En cualquier situación que se encuentre, esté contento”.
Tres cosas que aprender del texto “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”
En primer lugar, tiene un mensaje de aliento para todos aquellos que están haciendo algo por Cristo, pero que están empezando a sentirse dolorosamente incapaces. No cese de hacer la obra de Dios simplemente porque no pueda realizarla por usted mismo. Esto le enseña a negarse a usted mismo, no abandone la obra. Si creemos en grandes cosas, debemos hacer grandes cosas. Nuestra era es la era de las pequeñeces, porque siempre hay un pretexto para anular cualquier idea gigantesca. Todo el mundo elogia a los hombres que han tomado una idea y la han llevado a cabo con éxito, pero al principio no tenían a nadie que estuviera de su lado apoyándolos. Todos los logros del mundo, tanto políticos como religiosos, en todo tiempo, han sido iniciados por hombres que se creían llamados a realizarlos, y creían posible que se cumplieran. Aplicando esto a las cosas espirituales, solo crea que Dios puede hacer algo a través de usted; confíe en que hará algo de alguna manera por Cristo, y seguramente lo logrará.
Una segunda lección es la siguiente: busque obtener la fuerza de Cristo. No podrá hacer nada sin ella. Espiritualmente, en las cosas de Cristo, no será capaz de llevar a cabo incluso la más sencilla sin Él. Por tanto, no vaya a su trabajo sin que haya orado primero. Ese esfuerzo que es iniciado sin oración terminará sin ser alabado. Esa batalla que comienza sin la santa dependencia de Dios ciertamente terminará en una derrota terrible. Muchos hombres cristianos hubieran sido vencedores si hubieran sabido utilizar el arma de la oración, pero olvidándose de ella, han ido a la pelea y han sido pisoteados fácilmente. Asegúrate, cristiano, de obtener la fuerza de Cristo.
Finalmente, Pablo dice, en nombre de todos los cristianos: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Yo digo, no solo en el nombre de Pablo, sino en el nombre de mi Señor y Maestro Jesucristo, ¿cómo es que algunos de ustedes no están haciendo nada? Dicen: “Todo lo puedo”. Entonces, ¿Por qué no hacen nada? Mire las multitudes de cristianos que hay en el mundo. ¿Cree usted que, si fueran todos ellos lo que dicen ser, y todos trabajaran para Cristo, existiría la pobreza degradante, la ignorancia y el paganismo que vemos? ¿Qué no puede lograr una persona? ¿Qué no podrían hacer entonces las decenas de miles de iglesias? Tendrá mucho que responder con respecto a las almas de sus semejantes. Usted es enviado por la providencia de Dios a ser luz en este mundo, pero más bien es una linterna apagada y no una luz. ¿Cuántas veces no ha estado acompañado, y nunca ha aprovechado la oportunidad de decir una palabra sobre Cristo? ¿Cuántas veces no ha tenido la oportunidad de reprender el pecado, para enseñar santidad, y no lo ha hecho? “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?”, fueron las palabras de Caín. Caín tiene muchos hijos incluso hoy en día. Usted es guardián de su hermano. Si tiene gracia en su corazón, es llamado a hacer el bien a los demás.
La capacidad de Dios para suplir las necesidades
El Dios de Pablo es nuestro Dios, y suplirá todas nuestras necesidades. Pablo se sentía seguro de esto en referencia a los filipenses, y nosotros estamos seguros de eso en cuanto a nosotros mismos también. Dios lo hará, porque así es Él. Él nos ama, se deleita en bendecirnos, y será glorificado al hacerlo. Su compasión, su poder, su amor, su fidelidad, todo trabaja en conjunto para que no suframos limitaciones.
Maravillosa es la medida en que el Señor obra: “conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. Las riquezas de su gracia son grandes, pero ¿qué diremos de las riquezas de su gloria? Sus “riquezas en gloria en Cristo Jesús”, ¿quién podrá medirlas? De acuerdo con esta medida incalculable, Dios llenará el inmenso abismo de nuestras necesidades. Él hace del Señor Jesús el receptor y el canal de su plenitud, y luego nos imparte su amor en su forma más elevada. ¡Aleluya!
El escritor sabe lo que es ser probado en la obra del Señor. La fidelidad ha sido recompensada con ira, y los generosos donadores han dejado de apoyar. Pero aquel a quien trataron de oprimir no se ha hecho ni un centavo más pobre. En lugar de ello ha llegado a ser más rico, porque la promesa es verdadera, “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta”. Las provisiones de Dios son más seguras que el Banco de Inglaterra.

 

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