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¿ES JESÚS EL ÚNICO CAMINO PARA LA SALVACIÓN?

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¿ES JESÚS EL ÚNICO CAMINO PARA LA SALVACIÓN?

Es una impresionante verdad del Nuevo Testamento que desde la encarnación del Hijo de Dios en Jesucristo, toda la fe para salvación está conscientemente enfocada en Él. Esto no siempre fue así. Y Pablo se refiere a aquellos días en los que no fue así como “los tiempos de esta ignorancia”. “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón [Jesucristo] a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:30–31).
Sin embargo, actualmente Cristo se hace conscientemente el centro de la misión y la fe de la Iglesia. El objetivo de las misiones es “la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre [el nombre de Jesús]” (Romanos 1:5). Esto surgió con la venida de Cristo. Desde su encarnación, la voluntad de Dios es glorificar a su Hijo al hacerle el enfoque consciente de toda la fe salvadora. Sin esta fe, fe puesta conscientemente en Jesús tal y como se presenta en el evangelio, ya no hay ninguna salvación. Eso es lo que creo que la Biblia enseña, y lo que se está defendiendo en este libro. Como se puede ver, las consecuencias son trascendentales. No estamos tratando con un asunto menor. Si esto es cierto, la urgencia de alcanzar incrédulos con el evangelio es muy grande.

¿ES JESÚS EL ÚNICO CAMINO PARA LA SALVACIÓN?

Tres Preguntas en Una

La pregunta general que a menudo nos hacemos con respecto a Cristo y las religiones del mundo, o en lo que se refiere a aquellas personas que nunca han oído el evangelio, es si Jesús es el único camino de salvación pero, en general, esta interrogante es ambigua. Contiene por lo menos tres preguntas, y todas son importantes para la tarea misionera de la Iglesia cristiana. Las tres preguntas surgirán si escuchamos la forma en las que diferentes personas explican a lo que se refieren.


Pregunta # 1: ¿Habrá tormento eterno para alguien bajo la ira de Dios?

La primera de las tres preguntas es: ¿habrá alguien que experimente conscientemente un tormento eterno bajo la ira de Dios? Hay por lo menos dos formas de responder a esta pregunta en sentido negativo. Una es decir que todas las personas y los demonios serán salvos con el tiempo y que el infierno, si existe, conducirá al arrepentimiento, a la pureza y a la salvación. Esta explicación se denomina universalismo. La otra explicación es que los que no son salvos son aniquilados para siempre. Dejan de existir, en lugar de ser lanzados al infierno. Esto se conoce como aniquilacionismo.


Universalismo

Hay para mí un aspecto personal en esta pregunta. Una cosa es saber que siempre hay “ciertas personas” en la Iglesia que niegan la realidad de un infierno eterno, y otra cosa es admirar a un autor y luego descubrir que él es una de “esas personas”. Durante mis días como universitario, leí tres novelas de George MacDonald: Phantastes, Lilith, y Señor Gibbie. Las disfrute. También leí una gran cantidad de libros de C. S. Lewis y me beneficié enormemente por la forma en que experimentó el mundo y escribió acerca de sus experiencias en sus libros.
Sabía yo que Lewis admiraba a MacDonald y lo elogió en gran manera al decir las siguientes frases: “Encontré a George MacDonald por mí mismo a la edad de dieciséis años y nunca he vacilado en mi lealtad hacia él desde entonces”. “Nunca he ocultado el hecho de que lo consideraba mi maestro. De hecho, creo que nunca he escrito un libro en el que no cite a George MacDonald”.2 “Me da trabajo pensar en otro escritor que pareciera estar más cerca del Espíritu de Cristo con tanta frecuencia”.
En gran parte por este notable elogio de Lewis hacia George MacDonald, creo que sigue teniendo varios lectores entre los evangélicos estadounidenses. Sin duda fui uno de los muchos que fueron atraídos hacia los escritos de MacDonald. Encontré un libro de Rolland Hein, Creación en Cristo, que es una colección de sermones de MacDonald. Leí estas palabras con un gran pesar:

“Todas las formas en las que Jonathan Edwards describe a Dios, tal vez desteñidas por el tiempo pero suavizadas por el uso de pigmentos opacos, me dejan con repugnancia”.

Esas son palabras fuertes acerca del Dios que he llegado a ver y amar en la Biblia. Seguí leyendo, y vi un profundo rechazo de la expiación sustituta de Cristo:

“Tiene que haber una expiación, una reparación, un acuerdo que, repito, no puede ser hecho sino por el hombre que ha pecado”.

Y puesto que solo el hombre que ha pecado puede pagar la pena por su pecado (sin un sustituto), para eso está el infierno.
MacDonald es un universalista, pero no al negar la existencia del infierno sino en la creencia de que el propósito este es llevar a la gente al arrepentimiento y a la pureza, sin importar el tiempo que se lleve: “Creo que no faltará infierno mientras este ayude a que la justa misericordia de Dios redima a sus hijos”. Y todos los humanos son sus hijos. Si el infierno continuara por siempre, afirma él, Dios sería derrotado. “Dios es triunfalmente derrotado, digo yo, a lo largo del infierno de su venganza. Aunque en contra del mal, no es sino la vanidad y la crueldad de un tirano”.7
He mencionado a George MacDonald como ejemplo de un universalista no solo por mi encuentro personal con él sino porque representa el lado popular, reflexivo y artístico del cristianismo, que continúa dando forma a la manera de pensar de mucha gente. Cien años después de él, otra muy popular y premiada escritora de ficción cristiana y libros para niños, Madeleine L´Engle (1918–2007), mostró la influencia de MacDonald. Ella escribió:

“Conozco una serie de gente altamente sensible e inteligente que consideran como herejía mi fe en que el amor consternado de Dios para con su creación durará más que toda nuestra obstinación y orgullo. No importa cuántos millones de años se necesiten, Dios no descansará hasta que toda la creación, incluido a Satanás, se reconcilien con Él, hasta que no haya cosa creada que no pueda regresar su mirada de amor con una respuesta gozosa de amor”.

Tanto MacDonald y L´Engle rechazan las buenas noticias de que Cristo se hizo maldición por nosotros y cargó con la ira de su Padre en nuestro lugar. En vez de eso, convierten el infierno en un medio largo de auto-expiación y santificación. En el infierno, la justicia de Dios finalmente destruirá todo pecado en sus criaturas. “El castigo es por el bien de la enmienda y expiación. Dios está obligado por su amor a castigar el pecado con el fin de salvar a su criatura: Él está obligado por su justicia a destruir el pecado en su creación”. De esta manera, Dios hará que todo el mundo vaya a la gloria. Todo el mundo será salvo. El infierno no es eterno.10 Todos serán salvos.


Aniquilacionismo

Otros dirían que si bien no todo el mundo se salva, todavía así no existe un castigo eterno, porque el fuego de juicio aniquila a los que rechazan a Jesús. Así dejan de existir y no experimentan un castigo conscientemente. El infierno no es un lugar de castigo eterno sino un evento de aniquilación. Por ejemplo, el teólogo Clark Pinnock dice:

“Fui dirigido a cuestionar la creencia tradicional de un tormento eterno y consciente porque me produjo una repugnancia moral. Al principio, no tenía razones bíblicas. Simplemente no tenía sentido decir que un Dios de amor tortura a personas para siempre por los pecados cometidos en el contexto de una vida finita (…) Es hora de que los evangélicos se atrevan a decir que la doctrina bíblica y moral adecuada del infierno es la aniquilación, no un tormento eterno”.

John Stott sorprendió y decepcionó a muchos de nosotros a finales de 1980 con una perspectiva que más tarde él mismo llegó a describir como agnóstica en cuanto a la cuestión de la aniquilación:

“Emocionalmente, creo que el concepto [de un tormento eterno y consciente] es intolerable, y no entiendo cómo la gente puede vivir con este, ya sea sin cauterizar sus sentimientos o caer bajo presión”.

Él da cuatro argumentos, los cuales sugieren que:

«Las Escrituras señalan en la dirección de la aniquilación, y que el “tormento eterno y consciente” es una tradición que tiene que ceder a la autoridad suprema de las Escrituras. (…) Yo no dogmatizo en cuanto a la posición a la cual he llegado. La sostengo tentativamente. Pero sí busco un diálogo franco entre los evangélicos con base en las Escrituras. También creo que la aniquilación final de los impíos, al menos, debería ser aceptada como una alternativa legítima que tiene fundamentos bíblicos”».

Así que cuando nos preguntan: “¿Es Jesús el único camino de salvación?”, estamos haciendo la pregunta: ¿Es Jesús la única manera de escapar de un tormento eterno consciente llamado infierno? Así que la pregunta incluye: ¿existe tal cosa? ¿Está en riesgo un castigo eterno en la evangelización del mundo? ¿Habrá alguien que sea eternamente separado de Cristo, y que experimente un eterno y consciente tormento bajo la ira de Dios?


Pregunta # 2: ¿Es necesaria la obra de Cristo necesaria para la salvación o existen otras bases?

En la pregunta: “¿Es Jesús el único camino de salvación?” hay otra más: ¿existen otras religiones que también proporcionen caminos de salvación que sean eficaces en dirigir a las personas a la felicidad eterna, pero no se basan en la obra salvadora de Cristo? Esta pregunta no tiene nada que ver con que la persona conozca de Jesús o no, sino con que su obra sea la base de toda salvación.
Todas las personas que hemos mencionado hasta ahora en este capítulo están de acuerdo en que es necesaria la obra de Cristo. No habría perdón de pecados ni vida eterna sin esta, pero ahora nos encontramos con un punto de vista más radical, por lo general llamado “pluralismo”. Los pluralistas creen que Jesús es la provisión que Dios ha dado para los cristianos, pero también creen que otras religiones ofrecen maneras de estar bien con Dios. La obra de Cristo es útil para los cristianos, pero no es necesaria para los no cristianos.
Por ejemplo, el teólogo británico, John Hick, sostiene que las diferentes religiones son “iguales, aunque cada una de estas puede tener distinto énfasis”. El cristianismo no es superior sino simplemente un socio en la búsqueda de la salvación. No hemos de buscar una religión mundial sino que debemos soñar en el día que “el espíritu ecuménico que ha transformado en gran medida al cristianismo afecte cada vez más las relaciones entre las religiones del mundo”. Hick cita el Bhagavad Gita, IV, 11:

“Cualquier hombre que puede acercarse a mí, lo acepto, porque cualquier camino que pueda elegir es el mío”.

Igualmente, John Parry, que es secretario para otras religiones de la Iglesia Mundial y del departamento de misiones de la Iglesia Reformada en Londres, escribió en 1985:

«Es la fe “de” Jesucristo, a la cual hemos sido llamados. El cambio de “en” a “de” es significativo. Se trata de una fe que se muestra en la confianza en Dios, frente a rendirse a los propósitos de Dios, en el darse uno mismo. He visto la respuesta de fe en mis amigos de otras religiones. No puedo creer que están lejos del reino del cielo y es más, como el Dr. Starkey escribe: “La gente no será juzgada por sus creencias doctrinales sino por su fe. Los que van a entrar en el reino en el día del juicio son los que por fe respondan al amor de Dios al amar a los demás”».

La posición del pluralismo significa que la pregunta que se pide responder es la siguiente: ¿Es la obra de Cristo necesariamente el medio provisto por Dios para la salvación eterna no solo para los cristianos sino para todas las personas de todas las religiones?


Pregunta #3: ¿Es necesaria la fe consciente en Jesús para la salvación?

Esto nos lleva a la tercera pregunta relacionada con la cuestión general de si Jesús es la única manera de recibir la salvación: “¿Es necesaria la fe consciente en Jesús para la salvación?”. Esta es la pregunta que más me preocupa, ya que es por la que más personas están abandonando la verdad bíblica. El punto de vista que contesta con un no a esta pregunta se llama inclusivismo. Don Carson lo define de esta manera:

“Inclusivismo es el punto de vista en el que todos los que se salvan son salvos gracias a la persona y la obra de Jesucristo, pero la fe consciente en Jesucristo no es absolutamente necesaria. Algunos pueden ser salvos por Él, aunque nunca hayan oído hablar de Él, puesto que responden positivamente a la luz que han recibido”.

Por ejemplo, John Sanders dice, respecto a los textos bíblicos que parecen limitar la salvación a los que creen en Cristo:

“No está claro con base en estos pasajes que uno debe oír hablar de Cristo en esta vida para obtener la salvación. Simplemente dicen que no hay otra manera para llegar al cielo excepto a través de la obra de Cristo, pero no dicen que uno tiene que saber acerca de lo que Cristo hizo para beneficiarse de tal obra”.

Millard Erickson argumenta, con base en Romanos 1–2 y 10:18, que la revelación disponible en la naturaleza abre las puertas para que las personas sean salvas aunque no hayan oído hablar de Cristo. Los elementos esenciales del “mensaje del evangelio” en la naturaleza son:

“(1) La creencia en un Dios poderoso y bueno. (2) La creencia de que el hombre le debe una obediencia perfecta a la ley de este Dios. (3) Estar consciente de que el hombre no puede cumplir con esta norma y, por lo tanto, es culpable y condenado. (4) La comprensión de que nada de lo que puede ofrecerle a Dios es suficiente para expiar el pecado y la culpa. (5) La creencia de que Dios es misericordioso, perdona y acepta a los que se refugian en su misericordia”.

Luego él pregunta:

“¿Podría ser que si un hombre cree y actúa con base en este grupo de principios es redimido por Dios y recibe los beneficios de la muerte de Cristo, ya sea que conscientemente sepa y entienda los detalles de esta provisión? Probablemente ese fue el caso de los creyentes del Antiguo Testamento… Si esto es posible, si los judíos obtuvieron la salvación en el Antiguo Testamento por el simple hecho de tener la forma del evangelio cristiano sin tener su contenido, ¿puede ampliarse este principio? ¿Podría ser que los que desde el tiempo de Cristo no han tenido oportunidad de escuchar el evangelio tal y como lo describe el Nuevo Testamento también participen de la salvación en la misma forma que los creyentes del Antiguo Testamento? ¿En qué otras bases se les podría juzgar responsables de que obtengan o no la salvación justamente?”.

Sin embargo, aquí Erickson es muy inconcluso, ya que continua diciendo: “¿Lo que Pablo está afirmando en el resto de Romanos es que muy pocos en realidad llegan a un conocimiento salvífico de Dios con base en la revelación natural por sí sola”.
Algunos eruditos dicen que no saben si Dios salva a las personas que nunca han oído el evangelio, y si las salva, tampoco saben cómo lo hace. Por ejemplo, John Stott dice:

“Creo que la mayoría de los cristianos permanecen agnósticos en esta cuestión (…) El hecho es que Dios, junto con las advertencias más solemnes sobre nuestra responsabilidad de responder al evangelio, no reveló cómo lidiará con aquellos que nunca lo han oído”.

Así que cuando se pregunta: “¿Es Jesús el único camino para la salvación?”, debemos dejar claro lo que realmente estamos pidiendo. Una de las cosas más importantes que estamos diciendo es la siguiente: ¿Es necesario que las personas oigan de Cristo para ser salvos eternamente? Es decir, ¿puede una persona de hoy ser salva por la obra de Cristo incluso si no tiene la oportunidad de escuchar acerca de Él y, por lo tanto, nunca cree en Cristo en esta vida?
En resumen, entonces, estamos haciendo tres preguntas contestadas en los siguientes capítulos:

Pregunta # 1: ¿Habrá tormento eterno para alguien bajo la ira de Dios?
Pregunta # 2: ¿Es necesaria la obra de Jesús para la salvación o existen otras bases?
Pregunta # 3: ¿Es necesaria la fe consciente en Jesús para la salvación?


Un Sentido de Urgencia

Las respuestas bíblicas a estas tres preguntas son cruciales porque, en cada caso, una respuesta negativa disminuye la importancia de la causa misionera. Los evangélicos como Erickson no pretenden disminuir esa importancia y sus puntos de vista no están en la misma categoría que los de Hick o MacDonald. Esos evangélicos insisten en que la salvación de cualquier persona sin la predicación de Cristo sería la excepción y no la regla, y que predicar a Cristo a todos es de absoluta importancia.
Sin embargo, hay una diferencia en el sentido de urgencia cuando uno cree que la predicación del evangelio es la única esperanza que alguien tiene de escapar de la pena del pecado y vivir para siempre en la felicidad de la presencia de Dios. Los argumentos de William Crockett y James Sigountos suenan vacíos cuando dicen que la existencia de “cristianos implícitos” (salvos por medio de revelación general sin escuchar de Cristo) deberían aumentar la motivación” para las misiones.
Dicen que estos conversos no evangelizados están “esperando ansiosamente saber más acerca de [Dios]”. Si queremos llegar a ellos, “una iglesia fuerte se llenaría de vida, dando gloria a Dios y evangelizando a sus vecinos paganos”. No puedo evitar la impresión de que este es un intento fútil para hacer que una debilidad se vea como una fortaleza. Al contrario, el sentido común nos lleva a otra verdad: mientras más probable es que la gente puede salvarse sin misioneros, menos probable es que el campo misionero sea de importancia.
Así que con estas tres preguntas hay mucho en riesgo. Sin embargo, no es nuestro deseo de mantener la importancia de la causa misionera lo que nos lleva a ciertas conclusiones, sino ¿Qué es lo que enseñan las Escrituras?

Mi objetivo es defender que la enseñanza de las Escrituras nos lleva a una respuesta positiva a cada una de estas tres preguntas. Espero mostrar en gran manera que Jesús es la única esperanza para la salvación del hombre. Para hacer esto, trataré con los textos bíblicos que se relacionan más directamente a las tres preguntas que se han planteado y haré algunos comentarios explicativos a lo largo del camino. (John Piper)


 

 

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