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El Sermón de la Montaña

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El Sermón de la Montaña

Mateo 5:1–7:29

Franzmann, en su libro Follow Me: Discipleship According to Saint Matthew (Sígueme; Discipulado según San Mateo), dice acerca de el Sermón de la montaña: “Está basado sobre la narrativa de los comienzos (1:1–4:16), la genealogía y los siete cumplimientos.” Las últimas palabras se refieren al cumplimiento de siete profecías que ocurren en los primeros cuatro capítulos de Mateo. Son: (1) Emanuel, 1:23; (2) el nacimiento en Belén, 2:6; (3) llamado de Egipto, 2:15; (4) llanto de Raquel, 2:18; (5) llamado nazareno, 2:23; (6) la voz en el desierto, 3:3; (7) una gran luz, 4:14–16.

Franzmann siente que cada uno de los cinco grandes discursos de San Mateo está precedido por un relato que lo vincula. El que nos ocupa, el primero, queda introducido por 4:17–25. Escribe: “Con semejante fondo, el Sermón del Monte debe ser apreciado y comprendido como el registro de cómo el llamamiento de Jesús, emitido por El con autoridad mesiánica, convocando a los hombres hacia la realidad escatológica del reino de los cielos, ha sido realizado para determinar la existencia total del discipulado.” Es decir, “que enel Sermón del Monte, “Jesús está modelando mesiánicamente la voluntad de su discípulo”.

Esta idea parece proveer la llave adecuada para la comprensión de la naturaleza y propósito de este gran mensaje. El Maestro había terminado de llamar a sus cuatro primeros discípulos. Ahora les está enseñando qué significa el verdadero discipulado. Está describiendo la clase de vida que deben tener los suyos.

Se han sugerido muchas maneras de interpretar y aplicar el Sermón del Monte. McArthur dedica un capítulo entero describiendo 12 de esas interpretaciones, a las que titula “Versiones y evasiones del Sermón de la Montaña”. Comienza con este comentario: “Si un hipotético visitante de Marte” viniera a visitar “una característica comunidad cristiana” después de haber leído el Sermón del Monte durante su viaje, quedaría perplejo por el contraste. “El abismo entre el dechado del Sermón del Monte y la norma de la vida cristiana convencional es tan grande, que el visitante sospecharía haber leído el sermón equivocado, o haber llegado extraviado a otra comunidad.” Es excelente el análisis y valoración de esas nociones de McArthur.

El Marco del Sermón, 5:1–2

Uno puede deducir del primer versículo del capítulo quinto, que Jesús había dejado la multitud (1) y predicado este “sermón” a sus discípulos solamente. Pero, parece que la muchedumbre rodeaba al círculo interior y escuchaba el discurso (cf. 7:28).

Esta referencia al monte es probablemente significativa. De la manera que Moisés recibió la ley sobre el monte Sinaí, Jesús, el nuevo líder, enunciaba la ley del Reino sobre la falda de una montaña.

Sentándose. Aunque los predicadores de nuestro tiempo siguen la antigua costumbre griega y romana de hablar de pie, los rabinos judíos enseñaban sentados. Discípulos literalmente significa “los que aprenden”. La palabra se encuentra solamente en los Evangelios y Los Hechos (en Mateo, 74 veces; en Marcos, 45; en Lucas, 38; en Juan, 81 y en Hechos, 30). Es el primer nombre que recibieron los seguidores de Jesús.

  1. Naturaleza de los Discípulos, 5:3–16
  2. Su bienaventuranza (5:3–12)
  3. Los pobres en espíritu (5:3). Cada bienaventuranza comienza con la palabra Bienaventurados que recordaba a los oyentes el Salmo 1:1. Lenski comenta: “ ‘¡Bienaventurados!’ recitado una y otra vez, suena como las campanas del cielo, repiqueteando a este infeliz mundo desde la torre de la catedral del reino, invitando a todos los hombres a entrar.”

La palabra griega makarios, significa “dichoso”. Pero es obvio que “… las bendiciones contempladas en las Bienaventuranzas no pueden ser expresadas en nuestro idioma por la palabra o concepto de ‘felicidad’ ”. Ellas se refieren más bien a la dicha que solamente disfrutan aquellos que gozan de la salvación en Jesucristo. Hunter sugiere: “ ‘Bienaventurados’ quiere decir ‘Ah, la felicidad de’ y beatitud es la felicidad del hombre que, en comunión con Dios, vive la vida que es verdaderamente vida.”10 Arndt y Gingrich escriben: “La traducción Oh, la felicidad de o ¡salve a aquellos! patrocinada por algunos, puede ajustarse al original arameo, pero, apenas si expresa el contenido que la palabra makarios tenía en los labios de los cristianos de lengua helena.” Juan Wesley ha sido seguido por un cierto número de más recientes traductores al adoptar la palabra “feliz”. Pero, quizá “dichoso” se acerque más a la realidad.

Los pobres en espíritu (3) son los que reconocen su pobreza espiritual. Lucas (6:20) dice: “Bienaventurados, vosotros los pobres.” Pero después de la cautividad babilónica, “los pobres” era una expresión empleada a menudo por “piadosos” en contraste con los acaudalados, perversos y mundanos opresores de los pobres. De modo que las declaraciones de Mateo y Lucas pueden tener igual significado. Quizá la mejor traducción del 5:3a sea la que nos presenta Goodspeed: “Dichosos los que sienten su necesidad espiritual.”

¿Por qué son bendecidos estos pobres? Porque de ellos es el reino de los cielos. Las Bienaventuranzas se encuentran en forma de paralelismo sintético, un tipo de poesía hebrea en la cual, el segundo verso completa el significado del primero. De este modo, aquí, el segundo define con mayor claridad la connotación de “bienaventurado”.

La primera de las beatitudes le apunta directamente a la necesidad del corazón del hombre. Fitch declara: “Pobreza de espíritu es esencialmente el destronamiento del orgullo.” Después de aseverar que este mal es la propia naturaleza del pecado”, continúa diciendo: “El orgullo es el pecado del individualismo desmedido, el mal del usurpador pretendiendo un trono que no le pertenece, el pecado que llena el universo con sólo un ego, el pecado de destronar a Dios de su justa soberanía.”13

  1. Los que lloran (5:4). Cuando uno se da cuenta que está en bancarrota de todo caudal espiritual que lo haría aceptable a Dios, uno será de los que lloran (4) por esa realidad. Lloyd Jones escribe: “El ‘llorar’ es algo que sigue a la necesidad de sentirse ‘pobre en espíritu’ ”, y agrega: “Al confrontar a Dios y su santidad y contemplar la vida que pretendo vivir, me veo a mí mismo, mi absoluta impotencia y desesperación.”

Este llanto lleva al arrepentimiento y a la conversion. Pero no se detiene allí. Continúa durante toda la vida del cristiano concienzudo. Los más grandes santos se dan cuenta con mayor profundidad cuánto les falta para ser semejantes a Cristo y lo lamentan. Sólo un creyente superficial puede sentirse complacido consigo mismo.

La promesa para los que lloran, es porque ellos recibirán consolación (cf. Is. 57:18). Esto viene primero en el consuelo del perdón, y entonces, en el placer de la comunión. El Cristo compasivo está especialmente cerca de los que lloran.

  1. Los mansos (5:5). A menudo, el significado verdadero de la mansedumbre ha sido penosamente mal entendido. En demasiadas ocasiones ha sido interpretado en términos de una humildad autodestructora, negativa y casi falsa. Pero en realidad es algo absolutamente distinto, aun en la forma en que nos hace relacionarnos con nuestros semejantes. El arzobispo Trench escribe sobre el tema: “Es más bien una gracia interior efectuada en el alma; y su ejercicio es primera y principalmente en relación con Dios.” Y agrega: “Es esa disposición de espíritu por la cual uno acepta como buenos todos los tratos de Dios hacia nosotros sin disputa ni resistencia.”16 En la misma dirección, Fitch dice: “La mansedumbre es rendimiento a Dios, sumisión a su voluntad, preparación para aceptar lo que El pueda darnos, y estar listos para ocupar el lugar más bajo.” Simplificando los términos, la mansedumbre es sumisión a la voluntad divina. Esto no es principalmente negativo sino positivo. Es un cumplimiento activo de su voluntad en nuestras vidas diarias. Jesucristo es el Ejemplo supremo de esa mansedumbre (cf. 11:29). Este cumplimiento de la voluntad de Dios incluye una correcta valoración de uno mismo, estimación que conduce “a no tener más alto concepto de sí que el que debe tener” (Ro. 12:3).

En lo que concierne a los mansos, se nos dice que recibirán la tierra por heredad (5). El mundo cree que la manera de ganar es mediante la aserción de uno mismo. Pero Jesús dijo que aquellos que acepten su voluntad algún día reinarán con El.

  1. Los hambrientos de corazón (5:6). Una de las primeras señales de vitalidad en un recién nacido es el hambre. Y de igual manera, los que han nacido de nuevo tendrán hambre y sed de justicia (6)—lo que en las Escrituras a menudo significa “salvación” (cf. Is. 51:6). Para los tales es la promesa: porque ellos serán saciados. El término griego es chortazo, de chortos, apacentar. El cuadro que ilustra es el de un ganado hambriento al que se le deja en la pastura hasta que se haya saciado. El verbo también significa “satisfecho” que muy bien encuadra en este lugar. Fitch observa: “La plenitud es la respuesta de Dios al vacío del corazón del hombre.”
  2. Los misericordiosos (5:7). Los que han recibido misericordia de parte de Dios deben ser misericordiosos con sus semejantes. En la parábola de “los dos deudores” tenemos la más vívida ilustración de cuán irrazonable es negarse a perdonar a otros (18:23–35). La parábola del Buen Samaritano (Lc. 10:30–37) nos da un excelente ejemplo de misericordia para con el necesitado. La misericordia ha sido definida como “la bondad en acción”.

Bowman y Tapp sugieren que las bienaventuranzas, aparentemente representan “un poema arameo original realizado en dos estrofas de cuatro versos cada una”. Las primeras cuatro describen: “primero, un despertar al estado de insuficiencia de uno mismo… en segundo lugar, la determinación de ‘volverse’ a Dios con arrepentimiento… tercero, la adopción de una actitud constante de confianza únicamente en Dios… y finalmente, el ardiente anhelo de adquirir la ‘justicia’ total, que constituye la ‘salvación’ para el hombre.”20 Fitch sostiene que la primera estrofa describe el nacimiento del cristiano y la segunda, su vida como cristiano.

  1. Los de limpio corazón (5:8). Acerca de esta condición escribe Whedon: “Aquí se nos presenta un rasgo de carácter que sólo el Espíritu de Dios puede producir. Es la santificación.” McLaughlin escribe: “Un corazón puro es aquel en el que no se encuentra nada contrario al amor de Dios.”23

Jesús declaró que sólo los de limpio corazón verán a Dios (8). Esto se refiere a la vida presente y la futura. El pecado es como la tierra en los ojos. Nubla la visión y distorsiona el panorama. Podemos llegar a tener plena comunión con Dios solamente cuando nuestros corazones hayan sido limpiados de todo pecado (cf. 1 Jn. 1:7).

La pureza de corazón es el final y resumen de las bienaventuranzas previas. Aquí queda implicada claramente la posibilidad de tal rectitud interna y también que es indubitable tanto por las Escrituras como por la experiencia universal que nadie nace puro (Jer. 17:9); los corazones sólo pueden llegar a serlo cuando son purificados. La cultura humana no limpiará las profundidades de la corrupción; es menester una obra de la gracia divina.

El corazón debe ser limpiado de su orgullo (Pr. 16:5); si no, en lugar de ser “pobre en espíritu”, uno será altivo y presuntuoso; en lugar de estar arrepentido (uno que lamenta de veras), estará satisfecho consigo mismo; en vez de “manso” será un obstinado e impetuoso. El corazón también debe ser purificado del doble ánimo (Stg. 4:8), de los celos y la contención (Stg. 3:14) y de la incredulidad (He. 3:12).

  1. Los pacificadores (5:9). Santiago dice en su epístola que “la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica” (Stg. 3:17). Aquí, ese es el orden. Solamente los puros de corazón, los que han sido limpiados de la naturaleza carnal (causa de toda lucha interior) pueden tener en su plenitud “la paz de Dios” en sus almas. Un corazón dividido carece de paz. Solamente la paz de Cristo, cuando ésta nos controla, puede hacernos pacificadores.

Todos tenemos aversión de un buscapleitos. Pero el desafío al cristiano es: ¿Soy yo un pacificador en la comunidad, en la iglesia, en el hogar? Este último constituye la más difícil de todas las pruebas.

Hijos de Dios (9). Así está en griego, sin artículo. Cuando esta lengua clásica lo omite pone énfasis en la clase o el carácter. Cuando la gente “pone paz”, será llamada “hijos de Dios” porque actúan como El. En el pensamiento oriental, la palabra “hijo de” implica “tener la naturaleza de”.

  1. Los perseguidos (5:10–12). Algunos eruditos consideran que las bienaventuranzas son nueve. Otros cuentan ocho, considerando al verso 11 como una extensión del 10. Seguiremos este último método.

No debemos dejar de notar que los que padecen persecución por causa de la justicia (10) son bienaventurados. Algunos mártires auto-proclamados se quejan de ser perseguidos por causa “de la justicia” cuando realmente lo son por su propia necedad. Cuando se les critica por actuar o hablar imprudentemente, ellos citan esta bienaventuranza. Pero eso es sólo “adulterar la palabra de Dios” (2 Co. 4:2).

A los cristianos perseguidos, les indica: gozaos y alegraos (12). Jesús cita el ejemplo de los profetas que fueron perseguidos en los tiempos del Antiguo Testamento. Pero en la actualidad, El mismo es nuestro Ejemplo supremo de lo que está detallado en el verso 11. Alguien ha dicho que las bienaventuranzas constituyen una autobiografía de Cristo.

Las virtudes que Jesús magnifica en el Sermón del Monte son exactamente opuestas a las admiradas por los griegos y los romanos de su época. El dijo: Bienaventurados los pobres en espíritu, los de limpio corazón, los pacificadores, los perseguidos; los que lloran, los mansos, los misericordiosos y los que tienen hambre y sed de justicia. Esto corre diametralmente opuesto al espíritu de la edad. Bowman y Tapp lo expresan de la siguiente manera: “Parece entonces, que nuestro bendito Salvador está presentando una personalidad salvada forzada a vivir en un mundo perdido, la justicia rodeada por el vicio, con las consecuentes tensiones así creadas.”

Fitch presenta uno de los mejores resúmenes de las Bienaventuranzas. Dice así:

Se dividen naturalmente en cuatro partes separadas. Las tres primeras nos muestran a un hombre volviendo del pecado a Dios y la cuarta nos presenta a Dios volviéndose al pecador y vistiéndole con la justicia de Cristo. Las tres siguientes… nos muestran al recién nacido hijo de Dios haciendo las obras de justicia entre los hombres; y la bienaventuranza final muestra cómo reaccionan los humanos… Primero, están las tres gracias del alma contrita, seguidas por la respuesta de Dios en su misericordia, justicia y gracia. Enseguida continúan las tres gracias del alma comisionada seguidas por la respuesta del mundo en persecución y reproche.

  1. Su influencia (5:13–16)

Jesús usó dos símbolos para describir la influencia que tienen los cristianos sobre una sociedad no creyente. Primero, la sal; el segundo, la luz.

  1. Como la sal (5:13). La sal tiene dos empleos: para dar sabor y para preservar. (1) Todos los alimentos tales como las legumbres y las salsas son muy desagradables sin sal. Durante la Edad Media, en Europa, cuando la gente cosechaba la mayor parte de su alimento, tenían que hacer un viaje anual a los mercados para comprar sal. Era considerada como un ingrediente absolutamente necesario. De igual manera, la vida sin Cristo y el cristianismo es insoportablemente insípida. De la forma que Cristo ha puesto a tono la vida del creyente, éste a su vez debe hacerlo para otros.

(2) La sal preserva. Antes del advenimiento de las refrigeradoras y heladeras modernas, la sal era el medio principal para la preservación de los alimentos. Cuando se transportaban a lomo de asno a unos 1.500 kilómetros desde Capernaum a Jerusalén, el pescado tenía que estar sumamente salado. Así, el seguidor de Cristo debe obrar como salvaguardia en el mundo. Uno no puede dejar de imaginar qué sería o qué sucedería en esta sociedad moderna con toda su podredumbre moral si no fuera por la presencia de la iglesia cristiana.

  1. Como la luz (5:14–16). En una ocasión Jesús declaró: “Yo soy la luz del mundo” (Jn. 8:12). Aquí El les dice a sus discípulos: Vosotros sois la luz del mundo (14). De la manera que la luna refleja la luz del sol hacia la parte oscurecida de la tierra, la iglesia debe reflejar los rayos del “Sol de Justicia” (Mal. 4:2) en un mundo entenebrecido por el pecado.

Los creyentes son como una ciudad asentada sobre un monte—era una visión común en la Palestina. Sea que estén de acuerdo o no, ellos están “en exhibición” delante del mundo todo el tiempo. Uno no puede evitar su influencia más de lo que podría escapar de su propia sombra.

Una luz debiera ser lámpara, (VM., 15). No se usaban candeleros en los días de Jesús, sino pequeñas lámparas de arcilla del tamaño de la palma de la mano de un hombre. Muchas de éstas, pertenecientes al tiempo del Señor, han sido extraídas en excavaciones en Palestina. En los hogares sin ventanas de entonces, la lámpara se colocaría sobre un sostén o con más probabilidad en un nicho cavado en el muro de barro y alumbraría a todos los que están en casa. Esto era literalmente verdad al tratarse de casas de un solo cuarto como era la de la gente más pobre de Palestina. El aceite de oliva se empleaba para alimentar esas lámparas.

La luz de los discípulos debía ser sus buenas obras (16). Si ellas brillaban consistentemente con su profesión, glorificarían a Dios. El alabar a Dios por medio de nuestra vida es mucho más importante que glorificarlo con nuestros labios.

  1. La Justicia de los Discípulos, 5:17–48
  2. Su naturaleza (5:17–20)

No hay duda que algunos de los oyentes de Jesús pensaron que El era revolucionario en sus enseñanzas. Es posible que hayan creído que estaba procurando abrogar la ley o los profetas (17). Pero El negó tal cosa enfáticamente—no he venido para abrogar, sino para cumplir. En esta declaración tan significativa, El indicaba su relación con el Antiguo Testamento. El había de cumplir sus mandamientos y promesas, sus preceptos y profecías, sus símbolos y tipos. Lo hizo en su vida y ministerio, en su muerte y en su resurrección. “Cumplir” es “llenar por completo”—para ambos términos se emplea la misma palabra griega. Jesús colmó hasta lo sumo el significado del Antiguo Testamento. Cuando leemos éste a la luz de la persona y obra de Jesucristo, el Libro irradia un nuevo significado. Cristo es la Clave, la única Llave que nos abre las Escrituras.

¿Qué le sucederá a la Ley? Solemnemente el Maestro declaró: Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido (18). Jota es la letra más pequeña del alfabeto hebreo, la yodh que se parece mucho a un apóstrofe. Corresponde a la más chica del alfabeto griego, la iota. La tilde era el “cuerno” o acento sobre alguna de las letras hebreas para distinguirla de las otras. A menudo estas distinciones son tan pequeñas que uno tiene que fijarse mucho para no equivocarse cuál es la letra que quiere modificarse. La moderna contraparte de esto está muy bien expresada en la traducción de Goodspeed: “Ni la tilde de una i ni el cruce de una t será quitado de la ley hasta que todo haya sido observado.”

Consistente con este criterio, Jesús amonestó que cualquiera que quebrante (19) (“haga a un lado, descuide”) el menor de esos mandamientos y así enseñare a otros, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos. Superficialmente, la última parte de esta declaración parece sorprendente. ¿Cómo uno que quebranta la ley puede estar en el Reino? La solución se encuentra al traducir la frase: “en relación al reino de los cielos”; es decir, que en relación con el reino, él será lo menos, dejado afuera. Grande será el que haga y enseñe los mandamientos. El hacer debe preceder a la enseñanza.

El verso 20 es generalmente considerado el versículo clave del Sermón del Monte. La justicia de los discípulos de Cristo debía ser mayor que la de los escribas y fariseos. Jesús estaba exigiendo justicia interior, moral y espiritual en lugar de la exterior, ceremonial y legalista de los fariseos. “El problema de los fariseos”, dice Martin Lloyd-Jones, “residía en que ellos estaban interesados en detalles más que en principios, en las acciones más que en los motivos y tenían más interés en hacer que en ser.”

Está bien que un cristiano agradezca a Dios porque no está bajo la ley sino bajo la gracia. Pero, si cree que por esa causa se demanda menos de él, ha leído el Sermón del Monte sin entenderlo. Jesús declaró enfáticamente que El requiere una justicia más elevada que la de los escribas y fariseos. En el resto del capítulo presenta seis ejemplos concretos de lo que El exactamente quería decir. Significa fundamentalmente una actitud de justicia interior más que la mera actuación exterior. Pero aquí está la exigencia. Uno no sólo debe tener cuidado de sus actos sino también de los móviles que lo inspiran; no sólo de sus palabras, sino de sus pensamientos. El guardar la ley de Cristo es un requerimiento mayor que la observancia de la ley de Moisés.

  1. Su aplicación (5:21–48)

Cada uno de estos seis ejemplos de justicia más elevada está introducido por la frase, Oísteis que fue dicho (21, 27, 33, 38, 43), con excepción del versículo 31, que dice, “también fue dicho”. A los antiguos (21) se refiere a algún mandato de la ley de Moisés.

En todos los 6 casos, Jesús agrega: Pero yo os digo (22, 28, 32, 34, 39, 44). En griego es más enfático que en las lenguas vernáculas. Dice ego de lego hymin. “Pero yo os digo a vosotros.” Tanto en griego como en latín el pronombre está incluído en la forma del verbo. Sólo va separado cuando el orador o escritor quiere hacer un vigoroso hincapié sobre él. Lego quiere decir “yo digo”. La palabra ego (Yo), no sólo está agregada aquí sino que ocupa el primer lugar de la cláusula, la posición enfática en una oración griega. De modo que la cláusula debe leerse: “Pero yo os digo a vosotros.” Al hablar de esa manera, Jesús era o el peor egoísta del mundo, o bien era lo que pretendía ser—el Hijo eterno de Dios, que estaba hablando con autoridad divina. Diecinueve siglos de historia cristiana han validado su derecho. Blair correctamente observa: “El retrato que Mateo nos ha dado de Jesús se centra en la representación que el Evangelista hace de la autoridad del Salvador.” E igualmente Taylor dice: “Jesús siempre permanecerá como un desafío para ser confrontado más que como un problema para ser resuelto.”29 Es El quien tiene el derecho de desafiarnos, no nosotros a El.

  1. La ira (5:21–26). No matarás es el sexto mandamiento del decálogo (Ex. 20:13; Dt. 5:17). Jesús no lo anuló. Más bien le dio una interpretación más amplia. Si usted se ha enojado con su hermano, ya ha cometido homicidio en su corazón. Cualquiera que matare a otro, será culpable de juicio (21). Evidentemente se refiere al tribunal local relacionado con la sinagoga. Pero Jesús declaró que cualquiera que se enoje contra su hermano será culpable de—un término legal que significa “expuesto a”—juicio (22). Es decir que quedaba sujeto a la acción penal. Cualquiera que dijera a su hermano: Necio (raca, Valera Antigua; imbécil, VM.)—“una palabra de desprecio, se dice que viene de la misma raíz que ‘escupir’ ”—sería culpable de acción ante el concilio (synedrion) el Gran Sanedrín de Jerusalén. Arndt y Gingrich dicen que “necio es un término abusivo que significa tonto, cabeza hueca.” Quien dijera fatuo (del griego moron), quedará expuesto al infierno de fuego (literalmente, “Gehenna de fuego”).

Gehenna era el valle de Hinnom, al sur de Jerusalén. Los desperdicios de la ciudad eran echados fuera por la Puerta del Muladar (Neh. 3:14; 12:31), lo que actualmente denominaríamos los depósitos e incineradores de basura de la ciudad. Tan temprano como la primera centuria a.c., los judíos usaban la Gehenna en sentido metafórico para indicar el lugar de tormento ardiente. Las lóbregas llamas lamiendo constantemente en los bordes del basurero, constituían un símbolo adecuado que Jesús estaba empleando aquí para describir el fuego del infierno.

La aplicación de la amonestación anterior tiene dos planos—el de la adoración (23–24) y el del proceso legal (25–26). Si un judío presentaba un don al templo para ser ofrendado en el altar—el de las ofrendas quemadas que estaba en la parte delantera del santuario—y allí recordaba que su hermano (23) tenía algo contra él, debía volver a reconciliarse con su hermano antes de presentar su ofrenda. La palabra griega que traducimos reconcíliate (24) (diallasso) se encuentra solamente en este pasaje del Nuevo Testamento. Pablo usa katalasso y el compuesto apokatallasso para la reconciliación unilateral que el hombre debe efectuar con Dios. Es decir, que el ser humano debe cesar su enemistad contra Dios y reconciliarse mediante Cristo. Pero diallasso denota “concesión mutua después de igual hostilidad”.

El significado de esto es claro. Cuando uno se reconcilia con el Señor, tiene que aceptar sus condiciones, porque el mal es sólo de una parte. Pero cuando uno se reconcilia con su hermano, las concesiones deben ser hechas por ambas partes, porque en cada contienda humana siempre hay dos lados. Sin embargo, lo que Jesús está enseñando es que al acercarse a la casa de Dios, la ofrenda no será aceptable mientras haya un mal sentimiento entre un adorador y un “hermano”. La relación de uno con Dios no puede ser correcta cuando es mala la conexión con su semejante.

La segunda aplicación (25–26) es algo diferente. Su adversario puede llevarlo al juez (25). Jesús dijo que sería más sabio arreglar todo antes de ir a los juzgados. De otra manera no se saldrá de la prisión hasta que haya pagado el último cuadrante (26)—“el último centavo” (Goodspeed). Los kodrantes eran las más pequeñas monedas de cobre de los romanos. Equivalían a un cuarto de centavo. El punto es que los cristianos debían arreglar sus diferencias tan rápidamente como fuera posible y entre ellos mismos. Los creyentes normalmente no tienen necesidad de un juez o tribunales para decidir lo que es correcto y justo entre ellos (cf. 1 Co. 6:1–8).

  1. Adulterio (5:27–30). Jesús citó el séptimo mandamiento (Ex. 20:14; Dt. 5:18) y luego comenzó a darle una interpretación más elevada. Indicó que ante los ojos divinos la mala intención es tan pecaminosa como los malos hechos. Y Dios conoce ambos por igual.

Los versículos 29 y 30 muestran cuán grave es la lujuria. Jesús dijo: Si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti (29). La palabra griega que traducimos por el giro ocasión de caer es skandalizo (“escandalizar”). Proviene de skandalon (“escándalo”) que primero era la carnada de una trampa y luego vino a ser usada para denotar la misma trampa o celada. De modo que lo que aquí tenemos significa: Si el mirar te es una trampa o una celada, evítalo a cualquier precio. Algunas versiones inglesas usan el verbo “ofender”, como en la King James y “ocasión de caer” que es la versión más exacta, como en la American Standard. Los traductores de la Revised Standard Version lucharon sobre esta palabra—dilataron el voto hasta que por fin después de variedad de versiones, llegaron a esa conclusión para estar de acuerdo con el contexto. The New English Bible hace lo mismo. Lenski insiste sobre el significado literal del verbo y lo traduce “entrap o sea, ‘entrampar’.” Beck dice: “le hace pecar”, le es causante de pecado, que es una correcta interpretación. Parece que el significado verdadero es “poner una trampa para” más que “poner una piedra de tropiezo en el camino de”.35

Cristo declaró que era mejor que alguien perdiera su ojo derecho o su mano derecha antes que ser echado al infierno (Gehenna). No podemos creer que El estaba abogando por la mutilación física—aunque en el pasado algunos comprendieron equivocadamente sus palabras tomándolas literalmente. Era una metáfora: Si un amigo íntimo o alguien muy cercano te es una trampa, ¡corta con él! Es mejor privarse de cualquier cosa en esta vida que perderse para siempre.

  1. Divorcio (5:31–32). Como el asunto del divorcio va a ser tratado más extensamente en otro capítulo (19:3–12), guardaremos las explicaciones mayores para cuando lleguemos. Aquí es suficiente decir que mientras la ley permitía el divorcio (Dt. 24:13), Jesús aseveró que a menudo llegaba al punto de no ser nada más que un adulterio (32) legalizado.
  2. Juramentos (5:33–37). La ley mosaica decía: No perjurarás (33) (Lv. 19:12; Nm. 30:2; Dt. 23:21), lo que significa “no jurarás falsamente”—el verbo se encuentra sólo aquí en el Nuevo Testamento. Pero Jesús dijo: No juréis en ninguna manera (34); entonces especifica los juramentos prohibidos: el cielo, la tierra, Jerusalén, ni por la propia cabeza (34–36). Los judíos sostenían que el jurar por el nombre de Dios ligaba al que hacía el juramento; pero el jurar por el cielo no ataba a nadie, de modo que esta forma era una escapatoria para no decir la verdad. Bengel cita el dicho rabínico: “Como los cielos y la tierra pasarán, así pasará el juramento que los llama como testigos.” Jesús afirmaba que Dios está siempre presente cuando los hombres hablan; de modo que deben decir la verdad.

El mandato de Cristo fue: Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; (37)—o, como dice Beck: “Solamente diga, sí, sí; no, no.” La práctica misma del juramento es una triste reflexión sobre el carácter humano. Jesús demanda la verdad en todo tiempo, sea que el hombre haya jurado o no. No hay una doble norma para el cristiano.

  1. Represalias (5:38–42). El principio fundamental de la justicia que repercutía en la ley de Moisés era: Ojo por ojo, y diente por diente (38; vea Ex. 21:24; Lv. 24:20; Dt. 19:21). El propósito de este mandamiento no era incitar al hombre a devolver el golpe, sino el prohibir que los hombres demandaran un castigo mayor que el delito.

Jesús introdujo una ley superior, la de no vengarse. Su mandato fue: “¡Jamás dé golpe por golpe!” El aplicó este principio de cinco maneras diferentes: volviendo la otra mejilla (39); dejándole la capa (40), caminando la segunda milla (41), dándole al que pide, y prestando a quien lo solicita (42).

Muchas personas han supuesto que estas palabras de Jesús deben ser tomadas literalmente. Pero, si se piensa un poquito, se verá cuán equivocado es este concepto. Por ejemplo, si un hombre le pide dinero para comprar comida—supongamos que usted le concede lo solicitado y él lo usa para comprar bebida alcohólica. ¿Ha hecho usted una buena obra? ¿Ha obrado usted en consonancia con el amor inteligente? ¿O quizá lo que propuso como una bendición, resultó una maldición? Lo que Jesús mandó era tener un espíritu generoso y compasivo hacia el necesitado.

Siempre hay que tener presente que “la letra mata, mas el espíritu vivifica” (2 Co. 3:6). La nueva ley de Jesús es esencialmente un nuevo espíritu. El Maestro estaba preocupado por las actitudes. Debe reconocerse que “el Sermón del Monte trata con principios y no con reglas”.

  1. Amor a los enemigos (5:43–48). En esta sexta y última aplicación de una justicia más elevada que se exige al cristiano, Jesús cambió un procedimiento. En los ejemplos previos, El había citado solamente un pasaje del Antiguo Testamento y luego le había dado una interpretación más sublime. Esta vez, al mandamiento Amarás a tu prójimo (43; Lv. 19:18), El le agrega una adición de los rabinos judíos: y aborrecerás a tu enemigo. Esta última parte no se encuentra en ningún lugar de las Sagradas Escrituras. Henry ha descrito bien el significado: “Dios dijo: amarás a tu prójimo; y por prójimo ellos entendían solamente a los de su propio país, nacionalidad y religión…; de este mandamiento… estuvieron dispuestos a sacar la conclusión que Dios nunca intentó: aborrecerás a tu enemigo.

Jesús contradijo esta falsa enseñanza con el enérgico mandamiento: Amad a vuestros enemigos (44). Es natural amar a los amigos; pero lo sobrenatural es amar a los enemigos. Aquellos que lo hacen, demuestran que son hijos de vuestro Padre que está en los cielos (45). El griego dice: “hijos de vuestro Padre que está en el cielo.” Notemos también que la ausencia del artículo demuestra clase o calidad—mostráis en vuestro carácter, que sois hijos de Dios. Porque El hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos (45). Si usted sólo muestra bondad para con sus amigos, no es mejor que los publícanos (46–47). Estos eran cobradores de impuestos del gobierno romano y despreciados por la mayoría de sus compatriotas judíos, como personas que habían descendido al mal hasta lo último.

Ahora viene el clímax de este capítulo: Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto (48). Esto parece como un consejo que nos haría desesperar. Pero, la interpretación correcta es que en la esfera humana debemos ser perfectos, como Dios es perfecto en la esfera divina. Esta es la meta y el blanco de la vida cristiana.

El contexto inmediato sugiere que perfectos debe ser interpretado como perfección en amor. Esto puede ser experimentado en vida, aquí y ahora (1 Jn. 2:5; 4:12, 17, 18). Filson escribe: “Perfecto recalca la medición de toda vida por el amor perfecto y santo del mismo Dios y hace que el versículo 48 sea una adecuada conclusión y resumen de todo lo que ha sido dicho en los versículos 17–47.”

La transcendente perfección del amor de Dios se ve en: (1) Su universalidad, porque todos los hombres están incluidos; (2) Su compasión, porque se extiende a los malos e indignos incluyendo a aquellos que no le amarán en retorno; (3) Su aspecto práctico, porque activamente procura el bienestar de todos, enviando la lluvia, el sol y sobre todo al mandarnos a su Hijo. Sólo cuando nuestro amor sea así perfecto, será sobrenatural y realmente cristiano. Un amor de esta clase no sólo es nuestro deber presente sino también nuestro privilegio inmediato mediante el poder del Espíritu. Sin esto, “¿qué hacéis de más?”

A todos los que lo buscan, Dios por su gracia les imparte un amor perfecto hacia El y su voluntad. De allí en adelante, el cristiano procura una manifestación aún más perfecta de ese amor en su vida y conducta. Porque somos finitos, esta perfecta manifestación nunca será completada en este mundo, pero cada seguidor consagrado de Cristo debe esforzarse constantemente para lograrlo (cf. Fil. 3:12–14).

El contexto inmediato a los versículos 17–47 es importante, pero eso no es todo. La perfección aquí debe explicarse en términos con un contexto más extenso—la totalidad del capítulo quinto. El comentario de Juan Wesley sobre este versículo reza así: “Se refiere a la santidad que está descrita en los textos precedentes, y la que nuestro Señor recomienda, al principio del capítulo como la felicidad, y al final como la perfección.”

Estos últimos seis párrafos del capítulo, sugieren “Seis Características de la Perfección Cristiana”. Ellas son: (1) Ser pacíficos, 21–26; (2) Pureza, 27–30; (3) Armonía, 31–32; (4) Honestidad, 33–37; (5) Bondad, 38–42; (6) Amor, 43–48.

  1. La Religión de los Discípulos, 6:1–34
  2. Tres prácticas religiosas (6:1–18)

(Introducción, v. 1). En la Versión King James este versículo parece ser parte de la discusión sobre la limosna que sigue en los versículos 2–4. Pero las versiones griegas más antiguas tienen “justicia” en lugar de limosna. Esto haría del primer versículo una introducción más amplia para los tres enfoques siguientes sobre la limosna (2–4), oración (5–15) y ayuno (16–18). Sin embargo debemos notar que Kraeling aúna el primer verso al párrafo sobre la limosna, aunque acepta la versión de los manuscritos más antiguos. Dice: “La dádiva caritativa era tan importante en este período que la palabra hebrea ‘justicia’ había tomado el sentido de ‘limosna’.” Quizá sea la razón por la cual el asunto de la limosna haya sido el primero en tratarse en este lugar. En nuestros días, es probable que la oración ocupara el primer puesto, y la limosna el último.

Juan Wesley, que fue un cuidadoso estudiante del texto griego y que estuvo asombrosamente al tanto de la importancia de la crítica textual, tradujo la primera parte de este versículo de la siguiente manera: “Tened cuidado de no practicar vuestra justicia delante de los hombres, para ser visto por ellos.” Traducciones más recientes nos han dado: “Cuidaos de no realizar públicamente vuestras buenas obras para ser observados por el pueblo” (Berk.). “Guardaos de realizar vuestras buenas acciones ante la vista de los hombres, para atraer su atención” (Weymouth). “Tened cuidado de no hacer una exhibición de vuestra religiosidad ante los hombres” (NEB). La más sencilla de todas las interpretaciones es: “No alardee su piedad.”

Jesús no dijo que uno debía evitar que otros vieran sus obras buenas. Ya había amonestado a sus discípulos: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (5:16). Aquí está tratando con el motivo. Aquí la frase significativa es: para ser vistos de los hombres. Debemos procurar la gloria de Dios y no la nuestra.

  1. Limosna (6:2–4). Jesús amonestó a sus discípulos a no trompetear sus dádivas como hacen los hipócritas (2) en los lugares públicos. Ya tienen su recompensa sería mejor interpretado: “porque ya han recibido su recompensa.” Los papiros han probado que el verbo apecho, que emplea Mateo, era usado generalmente en los recibos de esa época. La fuerza de la declaración de Jesús implica que cuando la gente desea y recibe la alabanza de los hombres, virtualmente ha firmado el recibo “pagado totalmente”. No pueden esperar alguna otra recompensa en los cielos.

Hay personas que se han negado a hacer ninguna contribución pública por causa de esa amonestación: no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha (3). Pero la Biblia también dice: “Al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Stg. 4:17). Si el hacer un aporte en público puede animar a otro a dar, y la causa del Reino es así promovida, entonces, el creyente consagrado debería siempre estar dispuesto a hacerlo.

  1. Oración (6:5–15). Jesús también indicó que debe evitarse la oración ostentosa. Los hipócritas… aman el orar en pie en los lugares públicos, para ser vistos de los hombres (5). Ellos también ya tienen su recompensa (5). El Maestro insistió en la importancia de la oración en secreto (6). Uno de los más sagrados lugares de Londres es la pequeña habitación donde oraba Juan Wesley. Tiene una ventana justo sobre la cama en su hogar en City Road. Parece que todavía se sintiera allí el espíritu de oración.

Cristo amonestó contra el uso de vanas repeticiones (7) en la oración. Algunas personas, inocentemente repiten nombres de la Deidad una y otra vez en sus oraciones públicas, hasta que se hace incómodo. Es una repetición innecesaria. Nuestro Padre celestial sabe que estamos hablando con El y también sabe de qué cosas tenemos necesidad antes que le pidamos (8). De modo que no es necesario seguir repitiendo nuestras peticiones.

La oración del Señor es un modelo de la sencillez y sinceridad por las cuales Jesús abogaba. También es un hermoso ejemplo de paralelismo poético. Impresos en la forma que sigue consta sólo de diez versos. ¡Pero cuán significativos son!

Padre nuestro que estás en los cielos,

Santificado sea tu nombre,

Venga tu reino.

Hágase tu voluntad,

como en el cielo, así también en la tierra.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

Y perdónanos nuestras deudas,

como también nosotros perdonamos a nuestros deudores;

Y no nos metas en tentación,

mas líbranos del mal.

La dedicatoria es al Padre nuestro (9) lo que sugiere gran intimidad. Después de, que estás en los cielos, que requiere reverencia—siguen seis peticiones. Las primeras tres tienen que ver con los intereses del Reino. El segundo trío implica las necesidades personales. El orden es sumamente importante. Las necesidades del Reino deben tener prioridad sobre cualquier otra cosa. De hecho, la oración comienza, como todas deberían hacerse, con adoración: santificado sea tu nombre. El griego dice: “Haz que tu nombre sea santificado.” Se trata de una petición demandante: Que tu santo nombre sea glorificado por mi vida hoy, en el grado en que yo, que llevo el nombre de Cristo viva de manera semejante a El.

La segunda petición es: Venga tu reino (10). Esto debe tener prioridad sobre nuestros intereses personales. George Ladd dice: “Esta oración es un ruego para que Dios reine; para que manifieste su soberanía y poder, que ponga en fuga a todos los enemigos de la justicia y de su gobierno divino, que sólo Dios pueda ser Rey sobre todo el mundo.” Pero esta petición también está vinculada con la evangelización mundial, porque el reino de Dios viene particularmente en la salvación de almas.

La tercera petición, Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra, fue repetida por Jesús en el huerto de Getsemaní (Lc. 22:42). No se puede ofrecer una oración más grande que ésta. Debemos apropiárnosla: Que tu voluntad sea hecha primero en mi corazón, igual que en los cielos. Entonces: Que tu voluntad sea hecha en todos los ámbitos de la tierra.

La cuarta petición es de índole personal: El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy (11). El sostén físico no debe ocupar el primer lugar; lo tiene a su debido tiempo. Dios está interesado en nuestras necesidades personales y El quiere que se las llevemos en oración. Si ponemos primero su reino, El ha prometido suplir nuestras necesidades materiales (v. 33). El significado exacto de la expresión cada día (que se halla sólo en el Padrenuestro) es incierto. La palabra griega epiousion ha sido traducida “necesario para la existencia”, “para hoy”, “para mañana”, “para el futuro”. Cada día es la mejor.

Una necesidad más urgente es la de perdón: Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores (12). Quien mantenga un espíritu no perdonador hacia otro, debe detenerse antes de orar el Padrenuestro. Supóngase que Dios le concediera lo que pide, ¿qué esperanza tendría? La versión de Lucas del Padrenuestro dice “nuestros pecados” en lugar de deudas. Todo ser humano está en deuda porque “todos hemos pecado” (Ro. 3:23). (Véase la exposición sobre Lc. 11:4).

La última petición es: Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal (13)—o “del malo”. Tentación puede ser “prueba”; la palabra griega puede ser traducida en una u otra forma. Morison hace la paráfrasis de la petición de esta manera: “Y no nos traigas a prueba, a prueba severa, a prueba que por causa de su rigor, sea capaz de ejercer una presión intensa sobre el estado moral.”

En los antiguos manuscritos griegos el Padrenuestro termina con esta petición. La doxología que sigue—Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén—fue agregada muy temprano, probablemente para darle un final adecuado cuando se recitaba en público.

En los dos versículos (14–15) que siguen a la oración, Jesús indica la gran seriedad del asunto de perdonar a otros. El que se niega a perdonar se cierra las puertas de los cielos en su propia cara. Ningún espíritu no perdonador entrará allí. No importa qué se nos haya hecho, debemos perdonar—completamente y para siempre.

  1. Ayuno (6:16–18). Nuevamente, los hipócritas (16) son descritos como personas que demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan. Otra vez se nos dice “que ya han recibido su recompensa”.

Las instrucciones de Jesús, expresadas en términos modernos, rezarían así: Cuando ayunáis, peinaos y lavaos. No tratéis de parecer débiles para hacer recordar a la gente que es posible que estéis ayunando. Mas bien, ayunad por vuestro bienestar espiritual y el de otros. Notad que Jesús dice que Dios recompensa esta clase de ayuno.

En cuanto al valor espiritual del ayuno, Pink dice: “Cuando el corazón y la mente están reflexionando y comprometidos en un asunto serio, en especial uno de naturaleza triste y solemne, hay una predisposición a no participar del alimento, y de allí que la abstinencia sea una expresión propia de nuestra indignidad, de nuestro concepto de la indignidad comparativa de las cosas terrenales y de nuestro deseo de fijar nuestra atención en las cosas de arriba.”

  1. Sinceridad de propósito (6:19–24)
  2. Un tesoro incorrupto (6:19–21). Jesús amonestó contra la necedad de acumular tesoros en la tierra. Todos pueden perderse o quedar destruidos. Vestiduras costosas eran una parte visible y principal en los tesoros de hombres y mujeres del Oriente. La polilla sería una verdadera amenaza para tales riquezas y también el orín que literalmente significa “comido”. De modo que puede hacer alusión a los gusanos que comían la ropa. En esa época también era común que los ladrones cavaran (minan y hurtan, 19) los muros de barro de las casas palestinas para robar. Pero en los cielos, todos los tesoros están seguros (20).

Jesús aquí expone un principio muy significativo: donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón (21). Si usted anima a un hombre a contribuir a la obra del Señor, está ayudando a ligar a ese hombre al cielo. Aun el solicitar de un pecador que contribuya a cierto proyecto de la iglesia puede conducirlo a su salvación. De modo que hacemos un gran servicio a la gente cuando les damos la oportunidad de ofrendar para el Señor. Donde va su dinero también irá su corazón.

  1. El ojo sencillo (6:22–23). Jesús declaró que la lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo es bueno, el cuerpo estará lleno de luz (22). Pero si el ojo es maligno (palabra fuerte, poneros) tu cuerpo estará en tinieblas (23). El punto que el Maestro quería recalcar era que solamente la sinceridad de propósito, o pureza de intención pueden conservar nuestro ser interior iluminado con la presencia de Dios. El contraste entre la luz y las tinieblas es un tema favorito de la Biblia, especialmente en San Juan. También desempeña papel predominante en los Rollos del Mar Muerto, particularmente en el titulado “La Guerra entre los Hijos de la Luz Contra los de las Tinieblas”.
  2. Un Señor único (6:24). Filson observa: “El versículo 24 (cf. Lc. 16:13) claramente establece el objeto de los dos párrafos previos: Dios exige la completa lealtad; el discípulo no puede dividir su fidelidad entre Dios y sus posesiones.” En algunas versiones antiguas teníamos la palabra “Mamón” por las riquezas (24); esta última es su equivalente.

Los tres puntos principales del capítulo sexto hasta este lugar, son: la simplicidad, la sinceridad y la unidad. Constituyen las virtudes básicas de discípulos según los describe Jesús. No hay característica alguna de fineza o de intelectualismo que puedan compensar la falta de una de ellas.

  1. Simplicidad de la confianza (6:25–34)

En esta sección Jesús condena el pecado de la preocupación. No os afanéis (25) podría interpretarse “no estéis ansiosos”. Nadie debe preocuparse por la comida o por el vestido. La vida es más que el alimento. Es existencia espiritual tanto como material. El Maestro presentó el ejemplo de las aves del cielo. Ellas no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros. Sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Cuánto más cuidará El de sus hijos?

El significado de estatura (27) es incierto. Puede interpretarse “medida de su vida” (ASV) o “lapso de existencia” (RSV), pero también “talla” (NEB). La palabra griega (helikia) ocurre ocho veces en el Nuevo Testamento. En Juan 9:21, 23, claramente significa “edad”—“edad tiene; preguntadle a él”. Pero es igualmente claro que en Lucas 19:3 significa “estatura”. A Zaqueo le faltaba altura no edad. El asunto es: ¿qué significa en el pasaje que estamos estudiando y el paralelo Lucas 12:25? Parecería más natural hablar de añadir un codo (45 centímetros) a la altura de la persona que a su edad. Abbott-Smith dice: “Pero el uso prevaleciente en la Septuaginta y en los papiros favorece el significado anterior [edad] en estos pasajes dudosos.” El contexto aquí también favorece a “extensión de vida.” Cualquiera que sea el significado de la palabra, la declaración de Jesús es potente. La preocupación no puede añadir altura, edad o extensión de vida al hombre.

Dios no sólo alimenta las aves, sino que también viste los lirios del campo (28). Aunque ellos no trabajan ni hilan, sin embargo, están adornados con una gloria mayor que la vestidura de Salomón (29). Si Dios tiene tanto cuidado por las transitorias flores—que hoy están y mañana desaparecen (como combustible en el horno)—¿cuánto más vestirá a sus propios hijos? (30). Es una lógica irrefutable. De modo que los discípulos no deben estar afligidos, preocupados acerca de lo que van a comer, o beber, o vestir (31); su Padre celestial sabe lo que ellos necesitan (32).

Luego viene el gran pasaje sobre la mayordomía: Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (33). Uno recuerda el orden de las peticiones de la oración del Señor. Primero, debemos buscar el reino de Dios y su justicia para nosotros mismos. De hecho, el reino de Dios es justicia. Pink observa: “Ahora bien, por la justicia de Dios debemos entender dos cosas: una justicia imputada y otra impartida; una que es puesta a nuestra cuenta o crédito, y otra que es comunicada a nuestras almas.”

En segundo lugar, debemos buscar el reino de Dios y su justicia para otros. Es decir, que nuestra principal preocupación como discípulos de Cristo debe ser la salvación de las almas y la edificación de su iglesia. Si ponemos estas cosas primero, El ha prometido suplir nuestras necesidades materiales.

El capítulo termina en una concisa amonestación a no afanarnos por el futuro (34). Cada día tiene suficiente mal; es decir, sus propios problemas y cuidados.

  1. La Vida de los Discípulos, 7:1–29
  2. Advertencias y exhortaciones (7:1–23)
  3. Inclinación a censurar (7:1–5). Un espíritu con la tendencia a la censura es la negación de la religión verdadera. Esta era una de las peores faltas de los fariseos. De modo que Jesús amonestó a sus servidores: No juzguéis, para que no seáis juzgados (1). Usando el término en el sentido popular podemos parafrasearlo de esta manera: “No critique o será criticado.” O todavía una traducción mejor sería: “No condene a otros, o se condenará a sí mismo.” Como dice Buttrick: “La censura crítica es un bumerang.” El problema al juzgar a otros es que nos colocamos sobre aquellos que son objeto de nuestro juicio. Bowman y Tapp traducen este versículo de la siguiente manera: “No practique ‘el sentarse en juicio’ a menos que usted también sea juzgado.”54 Oswald Chambers amonesta a sus lectores: “Tenga cuidado de cualquier cosa que le coloca en el lugar de la persona superior.”

Debe tomarse en cuenta que un buen número de comentadores interpretan la segunda cláusula del primer versículo como referente al juicio final. Si juzgamos a otros, seremos juzgados por Dios (o Cristo).

En el verso 2, Jesús declara, en forma doble, una de las verdades fundamentales de la vida. Brevemente podemos interpretarlo así: “Usted recibe lo que da.” Dé una sonrisa y le sonreirán; dé un gruñido y recibirá otro.

Entonces Jesús ilustra la inconsistencia de un espíritu crítico (3–5). Un hombre ve la paja (3) “lunar” o “astilla” en el ojo de su hermano y quiere tironear para sacársela. Pero en efecto, él tiene una viga en su propio ojo. El Maestro sugiere que el crítico saque primero la viga de su propio ojo para poder ver con mayor claridad al sacar la paja del ojo de su hermano.

Es evidente que Jesús estaba hablando hiperbólicamente. Pero estaba usando el sano sentido pedagógico de que uno recuerda mejor lo que parece más ridículo. Nadie podrá olvidar el cuadro que Jesús pintó aquí. El que muestra un espíritu áspero y censurador al criticar alguna pequeña falta de un hermano en la fe, en realidad tiene una viga en su propio ojo. La falta de amor siempre distorsiona la visión. Jesús quiere decir lo siguiente: Usted no puede ayudar al otro hasta que deponga su actitud de crítica.

  1. Lo que es sagrado (7:6). La mayor parte de los comentadores interpretan este versículo como una amonestación contra el compartir las riquezas de las verdades espirituales con oidores indignos. Jones, sin embargo, objeta y dice que tal cosa no es compatible con el contexto, ni representa la mente de Cristo. De modo que él presenta otra interpretación como alternativa: “Que no tenemos que tomar lo santo de la personalidad que ha sido perfeccionada, y entregarlo a los perros del deseo, ni tomar las perlas de nuestra vida espiritual y arrojarlas ante los cerdos de nuestros bajos apetitos, porque de otro modo tomarán lo santo arrojándolo en el lodazal y estropearán lo más precioso que poseemos, es decir, nuestra vida espiritual.”
  2. Peticiones (7:7–12). Pedid… buscad… llamad. La primera sugiere la oración sincera; la segunda, la fervorosa; la tercera, la desesperada. Se ha sugerido, y la experiencia parece confirmarlo, que algunas veces, uno simplemente necesita pedir (7) para recibir la respuesta. Si no es así, se debe perseverar en oración; se debe buscar. Si todavía la respuesta se demora es necesaria la oración desesperada, agonizante. La promesa es que todas estas clases de plegarias serán recompensadas (8).

Alexander Maclaren tiene un sermón basado en este pasaje, titulado “Nuestro Llamado”. El analiza esta verdad con estas interrogaciones indagadoras: (1) ¿A quién se dirigen tales exhortaciones? (2) ¿En qué área de la vida son verdaderas estas promesas? (3) ¿De qué condiciones dependen estas promesas?

Jesús usó la analogía de un padre humano. Ninguno de sus oyentes daría a su hijo una piedra en lugar de pan o una serpiente en lugar de pescado (9–10). La conclusión entonces era que si ellos, siendo malos—“malos como sois en comparación con vuestro Padre”—sabían dar buenas dádivas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre celestial daría buenas cosas—Lucas dice “el Espíritu Santo” (Lc. 11:13)—¿a los que le pidan? La lógica es nuevamente irrefutable.

La llamada regla de oro (12) recapitula la ley y los profetas; es decir, el Antiguo Testamento. El cristianismo no es nada menos, pero sí algo más.

La regla de oro había sido establecida en forma negativa antes que Cristo apareciera. Confucio dijo: “No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti.” Los rabinos judíos tenían un dicho semejante. Pero generalmente se reconoce que fue Jesús quien presentó su aspecto positivo, que es algo muy diferente. El negarse a hurtar es una cosa; pero tender la mano ayudadora, es otra. Esta actitud positiva está ilustrada por la parábola del Buen Samaritano (Lc. 10:30–35).

  1. Dos caminos (7:13–14). La idea de dos caminos es muy conocida en el Antiguo Testamento (cf. Sal. 1; Jer. 21:8). Pero ahora Jesús les llama la atención a las puertas. La palabra estrecha está en los versículos 13 y 14. El cristiano de “camino ancho” no llega al cielo. Es un pensamiento solemne que Jesús haya declarado que pocos son los que la hallan (la vida).
  2. Falsos profetas (7:15–20). Jesús tuvo que amonestar a sus discípulos en contra de aquellos que vendrían con pieles de ovejas. Se unirían al rebaño de creyentes, como si fueran de ellos, pero por dentro serían lobos rapaces (15). A través de toda su historia, la iglesia de Jesús ha sido afligida con la entrada de tales falsos profetas. Algunas veces han hecho mucho daño para destrozar al ganado. ¿Cómo pueden ser reconocidos? Por sus frutos los conoceréis (16). Cristo usó la analogía de la producción de fruta de las viñas y los árboles. Cada uno lleva su propio fruto. Si el árbol es malo, el fruto también lo es. El reverso, también es verdad. El árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego. Es una advertencia grave, que aquellos que no están llevando buenos frutos no pertenecen a Cristo (19).
  3. Profesiones falsas (7:21–23). Mientras la amonestación previa tenía que ver en particular con los líderes religiosos, ésta trata con la masa de los miembros de la iglesia. La prueba real del discipulado es la obediencia. Ni siquiera la predicación ni la realización de milagros en el nombre de Cristo es prueba suficiente de que una persona es aceptable a Dios. La palabra aquí traducida demonios es daimónia, voz plural. Diabolos (diablo) está siempre en singular en esa lengua. El castigo por la desobediencia es la separación de Dios.
  4. Conclusión del sermón (7:24–29)
  5. Ilustración final (7:24–27). El que oye estas palabras y las hace es semejante al hombre que edificó su casa sobre la roca sólida. Cuando la tormenta arremetió con furia contra ella, todavía quedó firme. El clima de la Palestina en muchos aspectos es muy parecido al de California. Los lechos de los ríos están secos la mayor parte del año; pero, al llegar el invierno y la primavera con sus lluvias, empiezan a correr los ríos. Jesús comparó al oyente descuidado con el hombre que edifica neciamente su casa sobre la arena y la pierde. Los hogares de la Palestina, en su mayor parte están construidos con piedras o ladrillos secados al sol. Cuando la tormenta le afloja la mezcla, es fácil que los muros se derrumben.
  6. Reacción de la multitud (7:28–29). Cuando Jesús terminó, la gente se admiraba de su doctrina—mejor, de su “enseñanza”. El les enseñaba como quien tiene autoridad (29). La gente común del pueblo sentía la autoridad divina que les faltaba a los escribas y se inclinaba ante ella. Los escribas habían caído en el hábito de citar a los rabinos anteriores para apoyar sus enseñanzas.[1]

El Sermón del Monte. El primero de los cinco discursos que dio Jesús. Se encuentra en Mat 5:3–7:27. Provee una descripción resumida de cómo debe vivir un ciudadano del reino de Dios. Tiene similitudes con Las Bienaventuranzas de Luc 6:17–49.

Origen y contexto

Hagner observa que el material paralelo de “Las Bienaventuranzas” del libro de Lucas no se da en una sección, sino que se encuentra esparcido a lo largo del Evangelio. Esto sugiere que el “sermón” es una recopilación que hizo el evangelista de los dichos de Jesús, más que algo que dijo Jesús en una sola ocasión (Hagner, Matthew, 83). France también lo ve como “una recopilación de las enseñanzas de Jesús … [que] no representa un único sermón en concreto” (France, Matthew, 111).

Morris dice que la aparición de un material similar a lo largo de Lucas no necesariamente significa que “es un sermón de Mateo más que de Jesús” (Morris, Matthew, 92). A pesar de que el Sermón del Monte contiene partes de la enseñanza que dio Jesús en otras ocasiones, “el predicador ambulante normalmente usa su material de forma reiterada, muchas veces haciéndole pequeños o incluso grandes cambios … Que encontremos afirmaciones ligeramente similares en otras partes de los Evangelios no significa que Jesús no las utilizó en esta ocasión” (Morris, Matthew, 92). Blomberg entiende el sermón como la sinopsis de un sermón real dicho en una oportunidad: “La escritura antigua extraía y resumía el material más extenso, y el estudio detallado del último discurso de Jesús en Mateo (caps. 24–25) sugiere que esta es precisamente la estrategia que los escritores de los Evangelios habían adoptado” (Blomberg, Matthew, 96).

Al Sermón del Monte posiblemente lo escribió completamente otra persona que no fuera Mateo. Betz escribe: “El compositor y autor del sermón tomó los dichos de Jesús y los organizó de manera tal que, en conjunto, llegan a ser una especie de manual de instrucciones para los discípulos” (Betz, “Hypothesis”, 75). Según Betz, el sermón es un intento de “exponer la teología de Jesús de una manera sistemática … creada a partir de los dichos de Jesús, agrupados según los puntos temáticos de la doctrina que se consideraba de primordial importancia” (Betz, Essays, 15). El sermón “representa la teología del cristianismo judío que podía encontrarse en Jerusalén alrededor del 50 d.C.” (Betz, “Hypothesis”, 78). El contenido del Sermón del Monte se mantiene independiente del resto de Mateo; el apóstol lo insertó cuando escribió el Evangelio. Snodgrass disiente con la apreciación de Betz: “Existen tantas similitudes entre el sermón y el resto de Mateo, que es difícil defender algo así … en cierto sentido, Mateo es un comentario sobre el Sermón del Monte” (Snodgrass, “Response”, 89).

Mateo y Lucas probablemente usaron una fuente idéntica, “Q”, y la adaptaron para que se ajustara a sus propósitos teológicos (Davies, Setting, 20–25). Esto se nota en la superposición entre los relatos de Mateo y de Lucas (Hagner, Matthew, 83):

Mat 5:1–12, 38–48; 7:1–5, 12, 16–21, 24–27

 

Luc 6:17–49

 

Mat 5:13

 

Luc 14:34–35

 

Mat 5:14

 

Luc 11:33

 

Mat 5:18

 

Luc 16:17

 

Mat 5:25–26

 

Luc 12:57–59

 

Mat 5:31–32

 

Luc 16:18

 

Mat 6:9–13

 

Luc 11:2–4

 

Mat 6:19–21

 

Luc 12:33–34

 

Mat 6:21–23

 

Luc 11:34–36

 

Mat 6:24

 

Luc 16:13

 

Mat 6:25–34

 

Luc 12:22–32

 

Mat 7:7–11

 

Luc 11:9–13

 

Mat 7:13–14

 

Luc 13:23–24

 

Mat 7:22–23

 

Luc 13:25–27

 

Aunque estos paralelismos podrían demostrar que el Sermón del Monte y Las Bienaventuranzas son el mismo discurso, Morris sostiene: “Las diferencias … son tantas, que no es fácil considerarlas como relatos diferentes del mismo sermón. Es mejor pensar que Jesús usó un material parecido en más de una ocasión” (Morris, The Gospel According to Matthew, 93).

Jesús dirigió el Sermón del Monte principalmente a sus discípulos, aunque la multitud también escuchó su predicación (Mat 5:1; 7:28). Pese a que la ética enseñada en el sermón se aplica específicamente a quienes ya seguían a Jesús, la multitud “aprende qué implica el discipulado auténtico mientras considera la posibilidad de comprometerse con Jesús” (Blomberg, Matthew, 97). Baxter observa que Mat 1–10 se encuentra ligado temáticamente al Sermón del Monte (Baxter, “Sermon on the Mount”, 28–30).

Estructura

Se han propuesto varias estructuras del Sermón del Monte, y el sermón tiene varias características evidentes (Nolland, Matthew, 196):

  • (Mat 5:3–12)—Una colección de bienaventuranzas al principio
  • (Mat 5:21–43)—Una serie de seis antítesis: El enojo, la codicia, el divorcio, los juramentos, la represalia, los enemigos
  • (Mat 6:1–18)—Tres áreas fundamentales de la piedad: La caridad, la oración y el ayuno

Allison observa la siguiente estructura del Sermón del Monte (Allison, “The Sermon on the Mount”, 429):

  • (Mat 4:23–5:2)—La introducción
  • (Mat 5:3–7:27)—El sermón
  • (Mat 7:28–8:1)—La conclusión

Las secciones del principio y del final comparten múltiples palabras y frases. Los versículos aledaños al cuerpo tienen correlación, como “abriendo su boca”, se correlaciona con su equivalente “cuando terminó Jesús estas palabras” (Mat 5:2; 7:28)” (Allison, “The Sermon on the Mount”, 429). Allison organiza el cuerpo del sermón (Allison, “The Sermon on the Mount”, 431–32):

  • (Mat 5:3–12)—Nueve bendiciones
  • (Mat 5:13–7:12)—El núcleo del sermón
  • (Mat 5:13–16)—Resumen: Sal y luz
  • (Mat 5:17–7:12)—Las tres bases
  • (Mat 5:17–48)—Jesús y la Torá
  • (Mat 6:1–18)—El culto cristiano
  • (Mat 6:19–7:12)—Las cuestiones sociales
  • (Mat 7:13–27)—Tres advertencias

Luego, Allison subdivide el sermón en tríadas, recalcando su cuidadosa estructura (Allison, 438–40). Osborne le pone título a las tres partes principales (Osborne, Matthew, 161):

  • (Mat 5:17–48)—“La relación de la ley con el nuevo pacto en Jesús”
  • (Mat 6:1–18)—“La verdad versus la falsa piedad”
  • (Mat 6:19–7:12)—“La ética social”

Hagner propone una estructura similar (Hagner, Matthew, 84):

  • (Mat 5:17–48)—La relación entre la vieja y la nueva justicia
  • (Mat 6:1–18)—La justicia externa versus la justicia interior
  • (Mat 6:19–34)—Depender de Dios
  • (Mat 7:1–12)—Enseñanzas varias y la regla de oro

Algunas sugerencias alternativas sobre la estructura organizan al sermón entorno a la parte central:

  • Blomberg considera la declaración de Cristo sobre la ley como la “presentación de la tesis” del sermón (Blomberg, “Abused Verses”, 6).
  • Osborne sugiere que lo central podría ser el Padre Nuestro, pero concluye con que: “Probablemente no haya una parte central” (Mat 6:9–13; Osborne, Matthew, 161).
  • Draper propone una estructura “concéntrica” que “depende del tema de la “justicia” entendida como la interpretación correcta de la Torá, de acuerdo con la enseñanza de Jesús” (Draper, “Genesis and Narrative Thrust”, 32). Considera que Mat 6:33 es el centro del sermón (Draper, “Genesis and Narrative Thrust”, 33–34):
  • A (Mat 5:1–2)—Introducción
  • B (Mat 5:3–10)—Ocho bendiciones por actuar con rectitud
  • C (Mat 5:11–16)—Advertencia a los discípulos para que hagan buenas obras
  • D (Mat 5:17–48)—Se necesita una justicia mayor para entrar en el reino
  • E (Mat 6:1–2)—No actuar con justicia por causa del juicio humano
  • F (Mat 6:22–34)—Buscar primero la justicia y su reino
  • E’ (Mat 7:1–5)—No juzgar a los demás
  • D’ (Mat 7:6–14)—Reglas de entrada y de exclusión
  • C’ (Mat 7:15–23)—Los falsos profetas se reconocen porque no hacen buenas obras
  • B’ (Mat 7:24–27)—Bendiciones y maldiciones por seguir o no seguir la palabra de Jesús
  • A’ (Mat 7:28–29)—Conclusión

Blomberg considera que la estructura de Draper es “interesante”, pero “básicamente menos convincente” que la de Allison (Blomberg, “Abused Verses”, 4).

Los enfoques interpretativos

Osborne resume los enfoques que interpretan al Sermón del Monte como: (Osborne, Matthew, 159; ver también Carson, Sermon on the Mount, 151–57):

  1. El enfoque medieval: Dos niveles de ética, con un conjunto de normas a un nivel más alto para el clero y los miembros monásticos.
  2. El enfoque de Lutero: El sermón revela nuestra inmoralidad y nos lleva al arrepentimiento.
  3. El enfoque anabaptista: El sermón es un llamamiento al pacifismo.
  4. El enfoque liberal: El sermón es un paradigma para el evangelio social.
  5. El enfoque existencialista: El sermón no es absoluto, sino un desafío a la decisión personal.
  6. El enfoque de Schweitzer: El sermón es una “ética provisional” que lleva a un conjunto de códigos temporarios a seguir.
  7. El enfoque dispensacionalista: El alcance del sermón se limita al “futuro reino milenario” y se aplica solamente a los judíos, no a la iglesia.
  8. El enfoque de la “escatología inaugurada”: Los creyentes deben intentar obedecer las órdenes, pero el cumplimiento completo solo sucederá después de que Cristo vuelva.
  9. El enfoque de la enseñanza sabia: Jesús estaba expresando sus convicciones a través de formas de sabiduría.

Su conclusión es que la combinación de las dos últimas opciones probablemente sea el mejor enfoque sobre el Sermón del Monte (Osborne, Matthew, 160). Blomberg propone tomar el enfoque de la “escatología inaugurada”, el cual “admite la tensión entre “ya/no aún” en la cual la ética del sermón mantiene el ideal o la meta para todos los cristianos de todas las épocas, pero que no se alcanzará completamente, hasta la consumación del reino cuando Cristo regrese” (Blomberg, Matthew, 95). En este enfoque, el sermón le enseña a la comunidad de Dios cómo vivir en un mundo estropeado que Dios está en proceso de redimir.

La teología

El Sermón del Monte es un llamado a la iglesia para que viva según los valores del reino de Dios. Como ciudadanos del reino los discípulos viven bajo las normas de Dios, no de la sociedad. Bailey considera al Sermón del Monte como “el modelo para una “comunidad de contraste” en el mundo actual” (Bailey, “Model for Community”, 86). Inspirado en Las Bienaventuranzas, Bailey sugiere que dicha comunidad:

  1. Participa de la restauración del mundo caído para que vuelva a su orden natural en Cristo
  2. Depende de Dios y es consciente de su pobreza espiritual sin Cristo
  3. Procura la rectitud como “la manera que tiene Dios de “enmendar todas las cosas en las relaciones” ” (Bailey, “Sermon on the Mount”, 88)
  4. Soporta el sufrimiento en pro de lo que es correcto

El Sermón del Monte brinda enseñanzas que ayudan a la iglesia a vivir de acuerdo con los mandatos de Jesús. Jesús anima a la iglesia para que:

  • (Mat 5:13–16) Sea sal y luz
  • (Mat 5:21–25) Perdone y se reconcilie rápidamente
  • (Mat 6:9–13) Ore desinteresadamente por el reino

También da ejemplos de esta vida enfocada en el reino. Bailey resume: “La existencia misma de la comunidad de contraste es un testimonio para la cultura que la rodea, y se vuelve atractiva para muchas personas ajenas a ella que están buscando un lugar donde los acepten y les den esperanza” (Bailey, “Model for Community”, 93).

Stott dice que el sermón “es la descripción más completa de la contracultura cristiana que hay en todo el Nuevo Testamento. Aquí está el sistema de valores cristianos, el modelo ético, la devoción religiosa, la actitud hacia el dinero, la ambición, el estilo de vida y la red de contactos; todos estos valores discrepan con los del mundo no cristiano” (Stott, Sermon on the Mount, 19). Las enseñanzas éticas de Jesús alientan a la iglesia para que viva de una manera que atraiga a las personas hacia él. Dicha vida “se diferencia de las normas del resto de la sociedad” (France, Matthew, 153).

El Sermón del Monte es un llamado al discipulado radical. Jesús les enseña a los discípulos: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mat 5:48). La manera de enseñar de Jesús “no puede convertirse en un conjunto de normas y reglamentaciones” (France, Matthew, 154), sino que debe entenderse a la luz de la relación con él. Su noble llamado a ser “perfectos” (τέλειοι, teleioi) únicamente se puede alcanzar en una relación de salvación con Cristo (Mat 5:48). De acuerdo con el enfoque de la “escatología inaugurada”, esa perfección solo se experimentará plenamente después del retorno de Jesús (Hagner, Matthew, 83). Hasta ese momento, los discípulos tienen que hacer todo lo posible por vivir esta vida radical de amor y obediencia en cada ámbito de la vida.

El Sermón del Monte pone la misión en el centro de la vida de los discípulos. La metáfora de la sal y la luz de Mat 5:13–16 les ordena a los discípulos que transformen el mundo. Blomberg compara al sermón con un “manifiesto según el cual debe vivir la nueva comunidad que Jesús está formando”. Escribe que “la iglesia debe intentar impregnar a la sociedad con estos ideales” (Blomberg, Matthew, 95).

El Sermón del Monte transmite el amor y la gracia radical de Dios. Davies y Allison señalan el contexto en el cual se pronunció el sermón: “El Sermón del Monte explica la gracia de Dios en el pasado (Mat 4:23–5:2), en el presente (Mat 6:25–34; 7:7–11) y en el futuro (Mat 5:3–12); y este es el contexto en que debe escucharse [Mat] 5:13–7:12” (Davies y Allison, Matthew, 441). Jesús anuncia unos valores imposiblemente altos; Morris comenta: “Si lo tomamos en serio, nos damos cuenta de que nosotros no podemos lograrlo y por lo tanto, no podemos hacer méritos para la salvación … si eso permite que nuestro horizonte se amplíe de este modo, también nos permite entender más lo que significa la gracia de Dios” (Morris, Matthew, 91–2).[2]

 

El Sermón de la Montaña
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