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EL REINO MILENARIO DE CRISTO: TRES POSTURAS DISTINTAS

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EL REINO MILENARIO DE CRISTO: TRES POSTURAS DISTINTAS

Apo 20:1 Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano.

Apo 20:2 Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años;

Apo 20:3 y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo.

Apo 20:4 Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

Apo 20:5 Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección.

Apo 20:6 Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.

Apo 20:7 Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión,

Apo 20:8 y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar.

Apo 20:9 Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió.

Apo 20:10 Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.

EL REINO MILENARIO DE CRISTO: TRES POSTURAS DISTINTAS

La palabra “milenio” proviene del latín y significa simplemente “mil años”. El “milenialismo” (o “milenarismo”) prevé mil años de reinado de Cristo en la tierra antes de que la historia mundial llegue a su cumplimiento final. (“Quiliasmo”, tomado del griego, tiene el mismo significado y es a menudo el término preferido entre los eruditos cristianos en el continente europeo). El origen de la idea de un milenio, y la única referencia bíblica explícita al mismo, se encuentra en Apocalipsis 20:1 –10. En este pasaje Juan el vidente, ve un visión de Satanás atado y encerrado en el abismo durante mil años para evitar que engañe a las naciones. La misma visión presenta a los mártires cristianos resucitando a la vida para reinar junto con Cristo por mil años. Esta visión retrata el período milenial como un tiempo de justicia, paz y florecimiento humano en cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento.
Los cristianos han discrepado en cuanto a la correcta interpretación de la visión de Juan de los mil años en Apocalipsis 20.

Los premilenialistas

creen que la segunda venida de Cristo se producirá antes del milenio, momento en el cual gobernará sobre las naciones durante mil años hasta que la historia termine. Aunque no fue la única interpretación durante los primeros tres siglos de la era cristiana, el premilenialismo fue la posición más antigua y dominante de la iglesia. Fue sostenido por líderes tan notables como Papías (c. 60 – c. 163), Policarpo (c. 69 – c. 155), Justino Mártir (c. 100 – c. 165), Ireneo (c. 120 – c. 200) y Tertuliano (c. 155 – c. 240). Declinó durante los períodos de Constantino y de la Edad Media, pero volvió a atraer todas las miradas (especialmente en su forma dispensacionalista) durante el siglo XIX, bajo la influencia de líderes británicos y estadounidenses como Edward Irving (1792–1834), J. N. Darby (1800–1882) y C. I. Scofield (1843–1921). El premilenialismo sigue siendo muy popular hoy en día, especialmente entre los fundamentalistas cristianos y los evangélicos conservadores de todo el mundo.

Los posmilenialistas

creen que Jesús volverá después de la edad de oro del milenio, cuando el bien progresivamente triunfe sobre el mal gracias a la propagación del evangelio y de la influencia cristiana en la sociedad. Los estudiosos están en desacuerdo con respecto a sus orígenes, pero algunas de sus ideas básicas se anticiparon desde bien pronto en la historia cristiana. El autor del siglo XII Joaquín de Fiore (c. 1135–1202) fue uno de los primeros posmilenialistas genuinos, y la Declaración de Saboya de 1658 fue su primera declaración confesional. Fue Daniel Whitby (1638–1726), sin embargo, quien popularizó esta postura y le dio su formulación más impresionante. Cuestionó las interpretaciones amilenialistas prevalecientes en su época y allanó el camino para el predominio de las opiniones posmilenialistas en el siglo XIX. El posmilenialismo desempeñó un papel importante en la promoción del evangelio social y los movimientos de reforma en la era moderna, pero los horrores de la Primera Guerra Mundial lo socavaron y fue eclipsado por el premilenialismo.

Los amilenialistas

rechazan la idea misma de un futuro milenio terrenal en la historia, interpretando simbólicamente la visión de Juan como el reinado de Cristo desde el cielo en la era actual de la iglesia. Entre los padres de la Iglesia, Clemente de Alejandría (c. 150–215), Orígenes (185–254) y Cipriano (200–258) rechazaron el milenialismo por completo. El desafío de Orígenes fue especialmente significativo debido al método alegórico de interpretación que empleó. San Agustín (354–430) aprovechó la hermenéutica alegórica para sistematizar una visión del amilenialismo que se convirtió en la interpretación dominante de los períodos medieval y de la Reforma. El amilenialismo fue perdiendo influencia con el auge de las opiniones milenaristas en los siglos XVIII y XIX, pero desde la segunda mitad del siglo XX ha ido ganando popularidad dentro de la teología. Entre las denominaciones ortodoxa oriental, católica romana e iglesias protestantes tradicionales, probablemente sea la posición más extendida.
Si bien no existe un consenso actual con respecto al milenio, todos los cristianos ortodoxos que sostienen estas diversas posturas concuerdan en que Jesucristo es el Señor de la historia crucificado y resucitado que un día volverá para llevar toda la historia a su culminación.


 

LOS TEÓLOGOS HABLAN

LA POSTURA DE  MILLARD. J. ERICKSON 


Durante años ha habido muchas discusiones en la teología cristiana sobre la relación cronológica entre la segunda venida de Cristo y algunos otros eventos. En particular, esta discusión ha tratado dos cuestiones principales. (1) ¿Habrá un milenio, un reinado de Jesucristo; y si eso es así, la segunda venida se producirá antes o después de ese periodo? La perspectiva de que no habrá reinado terrenal de Cristo se denomina amilenarismo. La enseñanza de que el regreso de Jesús inaugurará un milenio se denomina premilenarismo, mientras que la creencia de que la segunda venida dará por finalizado un milenio es el postmilenarismo. (2) ¿Vendrá Cristo a llevarse a la iglesia de la tierra antes de la gran tribulación (pretribulacionismo), o vendrá sólo tras la tribulación (postribulacionismo)? Esta segunda pregunta la encontramos principalmente en el premilenarismo. Examinaremos por partes cada una de las perspectivas sobre el milenio y luego las perspectivas sobre la tribulación.


Perspectivas sobre el milenio

Aunque las tres posiciones sobre el milenio se han mantenido casi a lo largo de toda la historia de la iglesia, en diferentes momentos una u otra ha predominado. Las examinaremos por orden de su periodo de mayor popularidad.


Postmilenarismo

El postmilenarismo se basa en la creencia de que la predicación del evangelio tendrá tanto éxito que el mundo se convertirá. El reinado de Cristo, cuyo punto central es el corazón de los seres humanos, será completo y universal. La petición: “Venga tu Reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” se habrá hecho realidad. La paz prevalecerá y el mal prácticamente se habrá desvanecido. Después cuando el evangelio haya surtido efecto por completo, Cristo regresará. Por lo tanto, el postmilenarismo básicamente tiene una perspectiva optimista.
Los tres primeros siglos de la iglesia estuvieron dominados probablemente por lo que hoy llamaríamos premilenarismo, pero en el cuarto siglo un donatista africano llamado Ticonio propuso una perspectiva opuesta. Aunque Agustín era un oponente acérrimo de los donatistas, adoptó la perspectiva de Ticonio sobre el milenio. Esta interpretación iba a dominar el pensamiento escatológico durante la Edad Media. El milenio no se va a producir en el futuro, sino que ya ha empezado. Los mil años empezaron con la primera venida de Cristo. En apoyo a esta perspectiva, Agustín citaba Marcos 3:27: “Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no lo ata; solamente así podrá saquear su casa.” Según Agustín, en este versículo el hombre fuerte es Satanás y sus bienes representan las personas que antes estaban bajo su control, pero que ahora son cristianos. Satanás fue atado en el momento de la primera venida de Cristo y continua atado hasta la segunda venida. Como Satanás no puede engañar a las naciones, la predicación del evangelio tiene mucho éxito. Cristo reina en la tierra. Sin embargo, al final de este periodo milenario, Satanás será liberado durante un corto periodo de tiempo siendo al final sometido.
Aunque parece difícil reconciliar esta perspectiva con lo que está pasando en nuestro tiempo, tenía más sentido en el contexto de Agustín. El cristianismo había conseguido un éxito político sin precedentes. Una serie de circunstancias habían llevado a la conversión del emperador Constantino en 312, así que el cristianismo era tolerado en el imperio y casi se convirtió en la religión oficial. El mayor enemigo de la iglesia, el Imperio romano, había capitulado. Aunque el progreso de la iglesia sería gradual más que repentino, era seguro. No se establecieron fechas para la finalización del milenio y el regreso de Cristo, pero se asumía que ocurriría sobre el año 1000.
Con el fin del primer milenio de la historia de la iglesia, por supuesto, se hizo necesario revisar en cierto modo los detalles del postmilenarismo. El milenio ya no se veía como un periodo de mil años, sino como toda la historia de la iglesia. El postmilenarismo fue más popular en momentos en los que la iglesia parecía tener éxito en su tarea de ganar el mundo. Se hizo particularmente popular en la última parte del siglo XIX, una época de gran efectividad en el mundo de las misiones además de un tiempo de preocupación y progreso en las condiciones sociales. En consecuencia, parecía razonable pensar que el mundo pronto sería alcanzado por Cristo.
Como hemos sugerido, la convicción principal del postmilenarismo es la difusión exitosa del evangelio. La idea se basa en varios pasajes de las Escrituras. En el Antiguo Testamento: Salmos 47, 72 y 100; Isaías 45:22–25 y Oseas 2:23, por ejemplo, dejan claro que todas las naciones llegarán a conocer a Dios. Además, Jesús dijo en varias ocasiones que el evangelio sería predicado universalmente antes de su segunda venida. Un ejemplo destacado de esta enseñanza la encontramos en Mateo 24:14. Como la Gran comisión se llevará a cabo en su autoridad (Mt. 28:18–20), tendrá éxito. A menudo la idea de la difusión del evangelio incluye los hechos asociados al evangelio: se producirán efectos transformadores en las condiciones sociales tras la conversión de gran cantidad de oyentes. En algunos casos, creer en la extensión del reino ha tomado de alguna manera una forma más secularizada, de manera que la transformación social es lo que se considera la señal del reino y no las conversiones individuales. Por ejemplo, el movimiento del evangelio social a finales del siglo XIX, estaba dirigido a cristianizar el orden social, culminando en un cambio de las estructuras económicas. La discriminación, la injusticia y el conflicto se eliminarían y las guerras serían algo del pasado. Esta forma de postmilenarismo iba acompañada generalmente de un concepto generalizado de providencia divina: se veía a Dios obrando fuera de los límites formales de la iglesia. Así en dos ocasiones en el siglo XX, un significativo número de cristianos alemanes identificaron la obra de Dios en el mundo con los movimientos políticos de su tiempo: la política de guerra del káiser Wilhelm en los años 1910 y después el nazismo de Hitler en los años 1930. Resaltando la transformación social, los liberales que mantenían una perspectiva milenarista, eran generalmente postmilenaristas, pero desde luego no todos los postmilenaristas eran liberales. Muchos anticipaban un número de conversiones sin precedentes, la raza humana convertida en una colección de individuos regenerados.
Según el pensamiento postmilenarista, el reino de Dios es una realidad presente aquí y ahora en lugar de un ámbito celestial futuro. Las parábolas de Jesús en Mateo 13 nos ofrecen una idea de la naturaleza de este reino. Es como levadura, que se extiende de forma gradual pero segura por todo el conjunto. Su crecimiento será amplio (se extenderá por todo el mundo) e intensivo (llegará a ser predominante). Su crecimiento será tan gradual que la llegada del milenio apenas si será apreciada por algunos. El progreso puede que no sea uniforme; de hecho, la llegada del reino puede que se produzca por una serie de crisis. Los postmilenaristas son capaces de aceptar lo que parecen ser pasos atrás, ya que ellos creen en el triunfo final del evangelio.
Desde la perspectiva postmilenarista el milenio puede ser un periodo amplio, pero no necesariamente de mil años exactos de duración. De hecho, la perspectiva postmilenarista sobre el milenio con frecuencia se basa menos en Apocalipsis 20, donde se menciona el periodo de mil años y las dos resurrecciones, que en otros pasajes de las Escrituras. El mismo hecho de que la venida del reino sea paulatina hace que sea difícil de calcular la duración del milenio. La cuestión es que el milenio será un periodo prolongado de tiempo durante el cual Cristo, aunque esté físicamente ausente, reinará sobre la tierra. Una característica esencial que distingue al postmilenarismo de otras perspectivas sobre el milenio es que espera que las condiciones mejoren en lugar de empeorar antes del regreso de Cristo. Por tanto, es una visión básicamente optimista. En consecuencia su aceptación ha descendido bastante en el siglo XX. Los postmilenaristas convencidos consideran las condiciones penosas del siglo XX como una simple fluctuación temporal en el crecimiento del reino. Indican que no estamos tan cerca de la segunda venida como creíamos. Sin embargo, este argumento ha demostrado no ser persuasivo para muchos teólogos, pastores, creyentes laicos.


Premilenarismo

El premilenarismo está comprometido con el concepto de un reinado en la tierra de Jesucristo de aproximadamente unos mil años (o al menos un periodo de tiempo sustancial). Al contrario que el postmilenarismo, el premilenarismo considera que Cristo estará presente físicamente durante este tiempo; cree que regresará personalmente y de forma corporal para comenzar el milenio. Siendo así el caso, el milenio debe considerarse como algo futuro todavía.
El premilenarismo fue probablemente la perspectiva dominante durante el periodo de la iglesia primitiva. Los cristianos de los tres primeros siglos tenían una gran esperanza en cuanto a un pronto regreso de Cristo. En lugar de creer en un crecimiento gradual del reino, ellos esperaban que el escatón se iniciara con un suceso cataclísmico. Justino Mártir, Ireneo y varios otros teólogos tempranos mantenían esta teoría. Mucho del milenarismo de este periodo – a menudo denominado “quiliasmo”, de la palabra griega para “mil” – tenía un gusto bastante sensual. El milenio sería un tiempo de gran abundancia y fertilidad, de renovación de la tierra y de la construcción de una glorificada Jerusalén. Esto tendía a ofender a la escuela alejandrina de Clemente, Orígenes y Dionisio. Un factor importante para el declive del quiliasmo fue el punto de vista de Agustín sobre el milenio, que discutimos anteriormente. En la Edad Media, el premilenarismo se hizo un tanto raro, a menudo restringido a las sectas místicas.
Hacia mediados del siglo XIX, el premilenarismo empezó a hacerse popular entre los círculos conservadores. Esto en parte fue debido al hecho de que los liberales, cuando tenían una perspectiva sobre el milenio, eran postmilenaristas, y algunos conservadores consideraban cualquier cosa asociada con el liberalismo sospechosa. La creciente popularidad del sistema dispensacionalista de interpretación y de la escatología también dio un impulso al premilenarismo. Tiene una adherencia considerable entre los bautistas conservadores, los grupos pentecostales y las iglesias fundamentalistas independientes.
El pasaje clave para el premilenarismo es Apocalipsis 20:4–6:

“Vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar. Y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre estos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años.”

Los premilenaristas observan que aquí hay evidencia de un periodo de mil años y dos resurrecciones, una al principio y otra al final. Insisten en una interpretación literal y consistente de este pasaje. Como el mismo verbo—ἔζησαν (ezēsan)—se utiliza para referirse a las dos resurrecciones, deben ser del mismo tipo. Los amilenaristas, y, de hecho, los postmilenaristas, a menudo se ven forzados a decir que son de distinto tipo. La explicación que se suele dar es que la primera resurrección es espiritual, o sea, regeneración, mientras que la segunda es literal, física, o resurrección del cuerpo. Por tanto los que toman parte en la primera resurrección también pasarán por la segunda. Sin embargo, los premilenaristas rechazan esta interpretación por considerarla insostenible. George Beasley-Murray observa que atribuye confusión y pensamiento caótico al autor bíblico. Henry Alford hace un siglo afirmaba que si una resurrección es una vivificación espiritual y la otra es una vivificación física: “entonces se acaba todo significado en el lenguaje, y las Escrituras quedan eliminadas como testimonio definitivo de cualquier tema.” George Ladd dice que si ἔζησαν significa resurrección del cuerpo en el versículo 5, debe significar resurrección del cuerpo en el versículo 4; si no es así, “hemos perdido el control de la exégesis.”
Todos estos estudiosos están sensibilizados con el hecho de que el contexto puede alterar el significado de las palabras. Sin embargo, señalan que en este caso los dos usos de ἔζησαν se dan juntos, y nada en el contexto sugiere ningún cambio en el significado. En consecuencia, lo que tenemos aquí son dos resurrecciones del mismo tipo, que implican a dos grupos diferentes en un intervalo de tiempo de mil años. También parece según el contexto que los que participan en la primera resurrección no lo hacen en la segunda. Es “el resto de los muertos” (οἱ λοιποὶ τῶν νεκρῶν—hoi loipoi tōn nekrōn) los que no vienen a la vida hasta que no han pasado los mil años. Aunque no se dice que vendrán a la vida en ese momento, se implica que así será. Hay un contraste obvio entre los que están implicados en la segunda resurrección y los que están implicados en la primera.
También es importante observar la naturaleza del milenio. Mientras que los postmilenaristas creen que el milenio será introducido gradualmente, quizá incluso de forma imperceptible, los premilenaristas anticipan un suceso cataclísmico repentino. Según la perspectiva premilenarista, el reinado de Jesucristo será completo desde el principio mismo del milenio. El mal habrá sido prácticamente eliminado.
Según el premilenarismo, pues, el milenio no será una extensión de tendencias que ya están funcionando en el mundo. Más bien, habrá una ruptura brusca con las condiciones existentes en la actualidad. Por ejemplo, habrá paz mundial. Esto está muy lejos de la situación actual, donde la paz mundial es, desde luego, algo raro y la tendencia no parece que vaya a mejorar. La armonía universal no estará restringida a los humanos. La naturaleza, que ha estado “gimiendo con dolores de parto,” esperando su redención, será liberada de la maldición de la caída (Ro. 8:19–23). Incluso los animales vivirán en armonía unos con otros (Is. 11:6–7; 65:25) y las fuerzas destructivas de la naturaleza se calmarán. Los santos gobernarán el mundo junto con Cristo en este milenio. Aunque la naturaleza exacta de su reinado no se explica, ellos como recompensa a su fidelidad, participarán con él en la gloria que es suya.
Todos los premilenaristas anticipan también que Israel tendrá un lugar especial en el milenio. Sin embargo, no están de acuerdo en la naturaleza de ese lugar especial. Los dispensacionalistas mantienen que Dios sigue teniendo un pacto incondicional con el Israel nacional, de manera que cuando Dios haya completado sus tratos con la iglesia, retomará de nuevo sus relaciones con el Israel nacional. Jesús literalmente se sentará en el trono de David y gobernará el mundo desde Israel. Todas las profecías y promesas sobre Israel se cumplirán dentro del milenio, que tendrá por tanto un marcado carácter judío. Los no dispensacionalistas ponen un énfasis mucho menor en el Israel nacional, afirmando que el lugar especial de Israel, siendo de naturaleza espiritual, se encontrará dentro de la iglesia. Muchos en Israel serán convertidos durante el milenio.
Los premilenaristas también sostienen que el milenio supondrá un cambio tremendo sobre lo inmediatamente anterior, es decir, la gran tribulación. La tribulación será un tiempo de agitación y confusión sin precedentes, con alteraciones cósmicas, persecuciones y gran sufrimiento. Aunque los premilenaristas no están de acuerdo en si la iglesia estará presente o no durante la tribulación, sí están de acuerdo en que la situación mundial se encontrará en su peor momento justo el momento antes de que Cristo llegue para establecer el milenio, que será, por contraste, un periodo de paz y rectitud.


Amilenarismo

Literalmente amilenarismo es la idea de que no habrá milenio, que no habrá reinado de Cristo en la tierra. El gran juicio final se producirá inmediatamente después de la segunda venida y determinará directamente cuál será el estado final de los rectos y los malvados. El amilenarismo es una perspectiva más simple que cualquiera de las otras que hemos considerado. Sus defensores mantienen que está elaborada según varios pasajes escatológicos relativamente claros, mientras que el premilenarismo se basa principalmente en un único pasaje y en uno que además es poco claro.
A pesar de la simplicidad y claridad del principio central del amilenarismo, en muchas maneras es difícil de entender. En parte es porque, siendo su característica más destacada negativa, sus enseñanzas positivas no siempre se explican. A veces se ha distinguido más por su rechazo del premilenarismo que por sus afirmaciones. También, al tratar el problemático pasaje de Apocalipsis 20:4–6, los amilenaristas han sugerido una amplia variedad de explicaciones. Uno a veces se pregunta si estas explicaciones reflejan la misma perspectiva básica o son formas bastantes diferentes de entender la literatura escatológica y apocalíptica. Finalmente, no siempre ha sido posible distinguir amilenarismo de postmilenarismo, ya que comparten muchas características comunes. De hecho, varios teólogos que no han tratado los temas particulares que sirven para distinguir las dos perspectivas —como Agustín, Juan Calvino y B.B. Warfield—han sido reclamados como predecesores por ambos bandos. Lo que las dos perspectivas comparten es la creencia en que los “mil años” de Apocalipsis 20 hay que tomarla de forma simbólica. A menudo ambos también sostienen que el milenio es la edad de la iglesia. En lo que difieren es en que los postmilenaristas, al contrario que los amilenaristas, sostienen que el milenio implica que habrá un reinado de Cristo en la tierra.
A la luz de los problemas que aparecen al tratar de entender el amilenarismo, su historia resulta difícil de trazar. Algunos historiadores de la doctrina han encontrado amilenarismo en la Epístola a Bernabé, pero esto es algo que otros ponen en duda. Está claro que Agustín, deba o no ser clasificado como amilenarista, contribuyó a la formulación de esa perspectiva sugiriendo que la imagen de mil años es principalmente simbólica y no literal. Es probable que el postmilenarismo y el amilenarismo simplemente no se diferenciaran durante la mayor parte de los primeros diecinueve siglos de la iglesia. Cuando el postmilenarismo empezó a decrecer en popularidad en el siglo XX, en general fue sustituido por el amilenarismo, ya que el amilenarismo está mucho más cerca del postmilenarismo que del premilenarismo. En consecuencia, el amilenarismo probablemente ha disfrutado de su mayor popularidad recientemente en el periodo a partir de la primera guerra mundial.
Cuando los amilenaristas tratan Apocalipsis 20, normalmente tienen en mente todo el libro. Consideran que el libro del Apocalipsis está formado por varias secciones, siendo siete el número mencionado con más frecuencia. Estas siete secciones no tratan de sucesivos periodos de tiempo; más bien, son recapitulaciones sobre el mismo periodo, el periodo entre la primera y la segunda venida de Cristo. Se cree que en cada una de estas secciones el autor recoge los mismos temas y los elabora. Si esto es así, Apocalipsis 20 no se refiere únicamente al último periodo de la historia de la iglesia, sino que es más bien una perspectiva especial de toda su historia.
Los amilenaristas también nos recuerdan que el libro del Apocalipsis en su totalidad es muy simbólico. Señalan que incluso los premilenaristas más fanáticos no toman todo el libro del Apocalipsis de forma literal. Las copas, sellos y trompetas, por ejemplo, normalmente se interpretaban como símbolos. Por simple extensión de este principio los amilenaristas afirman que los “mil años” de Apocalipsis 20 puede que tampoco deban tomarse de forma literal. Además, señalan que el milenio no se menciona en ningún otro sitio en las Escrituras.
Surge la cuestión de si la imagen de los mil años hay que tomarla de forma simbólica y no literal, ¿qué simboliza? Muchos amilenaristas utilizan la interpretación de Warfield: “El número sagrado siete en combinación con el número igualmente sagrado tres forman el número de la perfección santa, el diez, y cuando este diez se eleva al cubo hasta obtener mil, el profeta ha dicho todo lo que puede decir para comunicar a nuestras mentes la idea de la perfección absoluta.” Las referencias a “mil años” en Apocalipsis 20, pues, expresan la idea de perfección o finalización. En el versículo 2 la cifra representa la victoria absoluta de Cristo sobre Satanás. En el versículo 4 sugiere la gloria y el gozo perfectos de los redimidos en el cielo en el tiempo actual.
Sin embargo, el principal problema exegético del amilenarismo no es el de los mil años, sino el de las dos resurrecciones. Entre la variedad de las opciones amilenaristas sobre las dos resurrecciones, el factor común es una negación de la afirmación premilenarista de que Juan está hablando de dos resurrecciones físicas que afectan a dos grupos diferentes. La interpretación amilenarista más común es que la primera resurrección es espiritual y la segunda corporal o física. Uno que ha argumentado esto con cierta amplitud es Ray Summers. A partir de Apocalipsis 20:6 (“Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre estos.”) concluye que la primera resurrección es una victoria sobre la primera muerte. Ya que es costumbre en las discusiones escatológicas considerar que la segunda muerte es espiritual en vez de física, la primera resurrección también debe ser espiritual. La primera muerte, que no se menciona, pero está implícita, debe ser seguramente la muerte física. Si esto hay que relacionarlo con la segunda resurrección, al igual que la segunda muerte está relacionada con la primera resurrección, la segunda resurrección tiene que ser física. La primera resurrección, pues, es el nacimiento nuevo; los que la experimentan no serán condenados. La segunda resurrección es la resurrección corporal o física que tenemos normalmente en mente cuando utilizamos la palabra resurrección. Todos los que participan en la primera resurrección también participan en la segunda, pero no todos los que experimentan la segunda resurrección habrán participado en la primera.
La crítica premilenarista más común a la idea de que la primera resurrección sea espiritual y la segunda sea física es que no es coherente en la interpretación de términos idénticos (ἔζησαν) en el mismo contexto. Algunos amilenaristas han aceptado esta crítica y han tratado de desarrollar una posición en la que las dos resurrecciones sean del mismo tipo. James Hughes ha elaborado una posición de este tipo. Acepta el punto de vista premilenarista de que la primera y la segunda resurrección se deben entender en el mismo sentido. Sin embargo sugiere una posibilidad lógica que los premilenaristas pueden haber pasado por alto: ambas resurrecciones pueden ser espirituales.
Hughes defiende que Apocalipsis 20:4–6 es una descripción de almas sin cuerpo en un estado intermedio. Cita como evidencia el hecho de que a los que están implicados en la primera resurrección se les denomina “almas” (v. 4). Además argumenta que ἔζησαν se debería interpretar no como un aoristo ingresivo (“¡volvieron a vivir!”), sino como aoristo constativo (“vivieron y reinaron con Cristo mil años”). Concluye que la primera resurrección es la ascensión del alma justa a los cielos para reinar con Cristo; no hay nada aquí sobre que el cuerpo regrese a la vida. Los que participan en esta resurrección son los muertos “vivientes.” En contraste los muertos “muertos” no forman parte de la primera resurrección y sufrirán la segunda muerte (espiritual). Sus almas sobreviven a la primera muerte (física), pero nunca regresan a la vida. Aunque ambos grupos están físicamente muertos, los primeros están espiritualmente vivos durante los mil años; los últimos no. Aunque algunos comentaristas han concluido del versículo 5 (“Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años.”) que los muertos “muertos” volverán a la vida al final del milenio, Hughes interpreta la oración de la siguiente manera: “No vivieron durante los mil años, ni después.” Entonces, ¿qué pasa con la segunda resurrección? Hughes considera muy significativo que el término “segunda resurrección”, que tiene que ver con la supervivencia de las almas de los justos y de los injustos durante el estado intermedio, no se encuentre en Apocalipsis 20. Al contrario que la primera resurrección, por lo tanto, la segunda es casi hipotética. Sin embargo, al igual que la primera, es de naturaleza espiritual. Por tanto, Hughes ha sido capaz de interpretar las dos ocasiones en las que aparece ἔζησαν de forma consistente.
Otra característica del amilenarismo es una concepción más general de la profecía, especialmente de la profecía del Antiguo Testamento, que la que se encuentra en el premilenarismo. Hemos señalado que los premilenaristas tienden a interpretar la profecía bíblica de forma bastante literal. Por otra parte, los amilenaristas con frecuencia tratan las profecías como históricas o simbólicas y no como algo futuro. Por regla general, la profecía ocupa un lugar mucho menos importante en el pensamiento amilenarista que en el premilenarista.
Finalmente, deberíamos observar que el amilenarismo no suele mostrar el optimismo típico del postmilenarismo. Puede que se crea que la predicación del evangelio tendrá éxito, pero un gran éxito a este respecto no es necesario dentro del esquema amilenarista, ya que no se espera un reinado literal de Cristo, ni una venida del reino antes de la venida del rey. Esto ha hecho que la perspectiva amilenarista sea más creíble que la postmilenarista en el siglo XX. Esto no quiere decir que el amilenarismo sea como el premilenarismo a la hora de esperar que se produzca un gran deterioro en las condiciones antes de la segunda venida. No obstante, no hay nada en el amilenarismo que excluya esa posibilidad. Y como no habrá ningún milenio antes de la segunda venida, el regreso del Señor puede que esté cerca. Sin embargo, en su mayor parte, los amilenaristas no se implican en ese tipo de búsqueda ansiosa de signos de la segunda venida que a menudo caracteriza a los premilenaristas.


Resolviendo problemas

Ahora vamos a tratar la cuestión de cuál es la postura sobre el milenio que debemos adoptar. Los problemas son grandes y complejos, pero analizándolos cuidadosamente se pueden reducir a relativamente pocos. Hemos señalado a lo largo de este libro que la teología, como otras disciplinas, a menudo es incapaz de encontrar un punto de vista que sea apoyado de forma concluyente por todos los datos. Lo que se debe hacer en estas situaciones es encontrar aquél que plantea menos dificultades que los alternativos.
La perspectiva postmilenarista tiene mucho menos apoyo en la época actual que la que tuvo a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX. Esto por sí mismo no debería persuadirnos para rechazar esta posición. Sin embargo, deberíamos buscar las razones del declive del postmilenarismo, porque pueden ser determinantes para nuestras conclusiones. Aquí deberíamos señalar que el optimismo del postmilenarismo en cuanto a la proclamación del evangelio parece en cierta manera injustificado. Ha habido un declive en el éxito evangelístico y misionero. En algunas partes del mundo el porcentaje de población que realmente practica la fe cristiana es muy bajo. Además muchos países musulmanes están cerrados a los esfuerzos misioneros cristianos de tipo convencional. Por otra parte, no debemos ignorar que en algunas partes del mundo, especialmente en África y en Sudamérica, el cristianismo está creciendo, y está empezando a alcanzar un nivel de mayoría. Incluso algunos países que antes eran comunistas ahora están abiertos a los misioneros. ¿Quién sabe qué cambios de fortuna habrá para la predicación del evangelio?
También hay una sólida base bíblica para rechazar el postmilenarismo. Las enseñanzas de Jesús sobre grandes maldades y que la fe de muchos se enfriará antes de su venida parece estar en conflicto con el optimismo postmilenarista. La ausencia en las Escrituras de una descripción clara de un reinado de Cristo en la tierra sin su presencia física parece ser otra importante debilidad de esta posición.
Esto nos deja con una opción entre el amilenarismo y el premilenarismo. El tema se reduce a las referencias bíblicas sobre el milenio: ¿hay base suficiente para adoptar la perspectiva más complicada, la premilenarista, que la más simple, la amilenarista? A menudo se argumenta que todo el concepto premilenarista se basa en un único pasaje de las Escrituras, y que ninguna doctrina se debería basar en un único pasaje. Pero si una perspectiva puede explicar una referencia mejor que otra, y ambas perspectivas explican el resto de las Escrituras relativamente igual de bien, entonces la primera debe considerarse más adecuada que la segunda.
Señalamos que no hay pasajes bíblicos que el premilenarismo no pueda tratar, o que no pueda explicar adecuadamente. Por otra parte, hemos visto que las referencias a dos resurrecciones (Apoc. 20) ofrecen dificultades al amilenarismo. Sus explicaciones de que aquí tenemos dos tipos diferentes de resurrecciones o dos resurrecciones espirituales fuerzan los principios normales de la hermenéutica. La postura premilenarista parece más fuerte en este punto.
La interpretación premilenarista tampoco se basa en un único pasaje de la Biblia. Indicios de ello se encuentran en varios lugares. Por ejemplo, Pablo escribe: “Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el Reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y todo poder” (1 Co. 15:22–24). Pablo utiliza los adverbios ἔπειτα (epeita—v. 23) y εἶτα (eita—v. 24), que indica secuencia temporal. Podía haber utilizado el adverbio τότε (tote) para indicar sucesos simultáneos, pero no lo hizo. Parece que al igual que la primera venida y la resurrección de Cristo fueron sucesos distintos separados por el tiempo, así habrá un intervalo entre la segunda venida y el final. También deberíamos observar que aunque se habla explícitamente de las dos resurrecciones solamente en Apocalipsis 20, hay otros pasajes que insinúan bien una resurrección de un grupo selecto (Lc. 14:14; 20:35; 1 Co. 15:23; Fil. 3:11; 1 Ts. 4:16) o una resurrección en dos etapas (Dn. 12:2; Jn. 5:29). En Filipenses 3:11, por ejemplo, Pablo habla de su esperanza de llegar “a la resurrección de entre los muertos.” Literalmente, la frase lee “la resurrección que sale de entre los muertos” (τὴν ἐξανάστασιν τὴν ἐκ νεκρῶν— tēn exanastasin tēn ek nektrōn). Nótese especialmente la preposición prefijada y el plural. Estos textos encajan bien con el concepto de las dos resurrecciones. Según esto, juzgamos que la perspectiva premilenarista es más adecuada que la amilenarista.


Erickson, M. J. (2008). Teología sistemática. (J. Haley, Ed., B. Fernández, Trad.) (Segunda Edición, pp. 1207–1219). Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie.

LA POSTURA DE CHARLES C. RYRIE               

El instaurar el reino sobre la primera venida de Cristo resulta en un error teológico con muchas ramificaciones serias. Al decir reino, me refiero al gobierno del Mesías en la tierra como fue prometido a David (2 Samuel 7:12–16). El afirmar que Cristo estableció este reino davídico en Su primer advenimiento requiere una desliteralización de las promesas hechas a David, y resulta en confusión de la iglesia con el reino. Entre otras cosas, la ética de la iglesia y la del reino son entremezcladas, usualmente con el resultado de que se promueve la ética del reino más que la de la iglesia. De ese modo se insta a los cristianos a que vivan el reino en este tiempo.
Algunos durante la vida terrenal de Cristo cometieron este error (Lucas 19:11). La verdad es que el reino mesiánico será inaugurado a la segunda venida de Cristo. Entonces se cumplirá la promesa hecha a Abraham y sus descendientes (Génesis 15:18–21). Y se cumplirá la promesa hecha a David de que su Descendiente (Mesías) se sentaría en el trono del reino para siempre. Sin un Milenio en el cual se puedan cumplir todas estas promesas, las promesas tienen que cancelarse por alguna razón o ser cumplidas de otro modo que no sea literal.


I. LA DURACION DEL MILENIO

Seis veces en Apocalipsis 20:2–7 se declara que la duración del Milenio es de 1.000 años. La repetición de esta cifra enfatiza tanto su literalidad como su importancia. George E. Ladd, un premilenialista que niega la literalidad de la figura, dice: “Es difícil entender los mil años durante los cuales él [Satanás] fue atado con literalidad estricta, en vista del obvio uso simbólico de los números en Apocalipsis. Mil equivale a diez elevado a la tercera potencia —un tiempo ideal” (A Commentary on the Revelation of John [Grand Rapids: Eerdmans, 1971], p. 262). Aparentemente Agustín fue el primero que concibió que 1.000, por ser el cubo de diez, representaba la perfección o plenitud del tiempo (La ciudad de Dios, 20.7). Los amilenialistas generalmente interpretan el número de la misma manera. Uno pudiera apropiadamente preguntar por qué diez elevado a la tercera potencia es ideal en vez de diez elevado a la décima potencia, o a alguna otra potencia. Además, negar la literalidad del número porque Apocalipsis es un libro simbólico es ignorar que no todo en el libro es simbólico, y por lo tanto sería necesario decir por qué cualquier pasaje dado es simbólico. No hay razón para rechazar el significado literal de 1.000 como indicación de la duración del reino milenial de Cristo. (Véase Jack S. Deere, “Premillennialism in Revelation 29:4–6”, Bibliotheca Sacra, 135:58–73 [enero–marzo de 1978].)


II. EL GOBIERNO DEL MILENIO

A. La clase de gobierno

El gobierno del reino milenial mesiánico será una teocracia. Esta es la misma forma de gobierno que Dios estableció en Israel en los tiempos del Antiguo Testamento; sólo que en el Milenio el Señor Jesucristo reinará personal y visiblemente sobre los asuntos de la humanidad (Daniel 7:14). Su gobierno será como el de un déspota bondadoso (Apocalipsis 19:15). Como resultado habrá justicia perfecta y completa para todos, y el pecado será castigado inmediatamente (Isaías 11:4; 65:20).

B. La sede del gobierno

La topografía de la tierra será cambiada para el tiempo en que el reino comenzará a funcionar, y la ciudad de Jerusalén será la sede del gobierno (2:3). Esa ciudad será exaltada (Zacarías 14:10); será un lugar de gran gloria (Isaías 24:23); será el lugar del templo (33:20), y el gozo de toda la tierra (Salmo 48:2). Jerusalén, la escena de mucha guerra y disturbio tanto en el pasado como en el presente, y la víctima de juicios futuros durante la Tribulación, nunca más tendrá que temer por su seguridad (Isaías 26:1–4).

C. Los dirigentes en el gobierno

David evidentemente será un regente en el reino milenial. Varias profecías hablan de la posición importante de David en el reino (Jeremías 30:9; Ezequiel 37:24–25). Parece que David, quien con otros creyentes del Antiguo Testamento resucitará a la segunda venida de Cristo, actuará como príncipe bajo la autoridad de Cristo el Rey.
La autoridad sobre las doce tribus de Israel será conferida a los doce apóstoles (Mateo 19:28). Asimismo, otros príncipes y nobles participarán en las obligaciones gubernamentales (Isaías 32:1; Jeremías 30:21). Parece también que muchos otros de rango inferior tendrán responsabilidad en varios departamentos del gobierno del reino. La parábola de las minas (Lucas 19:11–27) indica que aquellos que han mostrado fidelidad recibirán mucha autoridad. La iglesia también tendrá parte en gobernar la tierra (Apocalipsis 5:10). Aunque muchos de los procedimientos normales del gobierno serán llevados a cabo por subordinados, Cristo será Rey sobre todo.

D. Los súbditos del gobierno

Los primeros súbditos del gobierno de Cristo durante el reino serán los judíos y los gentiles que sobrevivan la Tribulación y entrarán en el reino con cuerpos terrenales. Al principio mismo de la Tribulación todas las personas que habrá en la tierra serán redimidas, porque todos los no redimidos habrán sido juzgados al regreso de Cristo. Por supuesto, ocurrirán nacimientos inmediatamente, de modo que en unos pocos años habrá muchos de suficiente edad para decidir por sí mismos su propia relación espiritual con el Rey. Tendrán que estar sujetos a El por lo menos exteriormente, pero el que le den o no fidelidad de corazón será un asunto de elección personal. Todos tendrán que aceptarlo como Rey; algunos también lo aceptarán como Salvador personal. Todas estas personas estarán viviendo en cuerpos mortales. Los santos resucitados tendrán, por supuesto, cuerpos de resurrección no sujetos a limitaciones físicas. Esto también significa que no contribuirán a crear problemas de espacio, alimento, o gobierno durante el Milenio.


III. LAS CARACTERISTICAS DEL MILENIO

A. Espiritual

Algunos alegan que el reino milenial no puede ser espiritual si es terrenal. Pero “terrenal” y “espiritual” no tienen por qué excluirse mutuamente. Si los dos conceptos fuesen incompatibles, no se podría esperar que los cristianos de hoy vivieran vidas espirituales en cuerpos terrenales. Durante el Milenio Dios unirá lo espiritual y lo terrenal en una plena demostración de Su gloria en esta tierra. El reino terrenal manifestará las normas más altas de espiritualidad.

B. Justo

Nuestro Señor será un Rey que reinará para justicia (Isaías 32:1). La justicia será el cinto de Sus lomos (11:5). Con justicia El juzgará a los pobres (11:4; 16:5). Sion será llamada Ciudad de justicia (1:26). Sólo los justos entrarán en el reino a su inauguración (Mateo 25:37), y los que tienen sed de justicia serán saciados (5:6).

C. Pacífico

Como consecuencia de la justicia, el Milenio será una era de paz. Antiguos enemigos, como Egipto, Israel, y Asiria estarán en paz los unos con los otros (Isaías 19:23–25). Jerusalén, sitio de muchos conflictos por todos los siglos, estará en paz (Zacarías 8:4–5). Ciertamente, toda la tierra estará en paz (Isaías 2:4). Un resultado de esto será la eliminación de presupuestos para la defensa, lo cual economizará dinero que podrá usarse en otros propósitos.

D. Próspero

La tierra será cada vez más productiva durante el Milenio, ya que los lugares yermos y los desiertos se harán útiles (35:1–7). Una cosecha será seguida por otra (Amós 9:14). Las necesidades e injusticias sociales serán eliminadas (Salmo 72:12–13). La maldición a la cual el mundo fue sometido cuando Adán pecó será revertida, aunque no completamente quitada hasta el final del Milenio cuando la muerte finalmente será vencida.

E. Religioso

Conocimiento pleno del Señor cubrirá la tierra durante el Milenio (Isaías 2:2–3). Parece que volverán a ofrecerse sacrificios en un templo que será construido y estará en operación durante el Milenio (Ezequiel 40–48). Los premilenialistas entienden estos sacrificios como medio de conmemorar la muerte de Cristo. Fiestas religiosas se observarán durante el Milenio (46:1–15; Zacarías 14:16). (Para una discusión detallada de estos asuntos véase J. Dwight Pentecost, Eventos del Porvenir, [Miami: Editorial Vida, 1984], pp. 376–98.)


IV. LO QUE EL MILENIO SIGNIFICARA PARA CRISTO

En la escatología premilenial se enfatiza mucho lo que el Milenio significará para el mundo, Jerusalén, Palestina, Israel, las naciones, etcétera, y con razón, porque efectuará muchos cambios para el bien en toda la tierra. Pero hay otra perspectiva que es quizás más importante que consideremos: ¿qué significará la edad milenial para nuestro Señor?
En el Salmo 2:7–8 al Rey Jesús se le prometió autoridad para gobernar la tierra en justicia. Ciertamente El no vio cumplida esa promesa durante Su primer advenimiento, aunque pagó por ella el precio de Su propia vida. En Apocalipsis 5 a El se le declara digno de tomar el libro sellado, abrirlo, y recibir la herencia que justamente le pertenece. Esto se cumplirá cuando El venga de nuevo (11:15).
¿Por qué es necesario un reino terrenal? ¿No recibió El Su herencia cuando fue resucitado y exaltado en el cielo? ¿No es Su presente gobierno Su herencia? ¿Por qué es necesario que haya un reino terrenal? Porque El tiene que ser triunfador en la misma arena en que fue aparentemente derrotado. Y así será cuando regrese de nuevo para gobernar este mundo enjusticia. El ha esperado largo tiempo por Su herencia; pronto la recibirá.


Ryrie, C. C. (2003). Teologı́a básica (pp. 581–584). Miami: Editorial Unilit.

LA POSTURA DE GEERHARDUS VOS                           


¿Qué se entiende por el reino milenial o milenio?

El nombre se deriva de Apocalipsis 20:1–6. Satanás es atado por 1,000 años y encerrado en el abismo. Las almas de aquellos que fueron decapitados por el testimonio de Jesús y por la palabra de Dios y que no han adorado a la bestia o a su imagen, viven y reinan como reyes con Cristo durante mil años. El nombre quiliasmo significa lo mismo (χίλιοι = 1,000).
No es fácil decir lo que pretende el quiliasmo. Los quiliastas difieren enormemente entre sí. Kliefoth presenta los siguientes como sus rasgos principales: Cuando la predicación del evangelio haya llegado a todos los gentiles, Israel se convertirá a Cristo (como pueblo, en su totalidad), entonces el Señor aparecerá y devolverá a Israel a la tierra de Canaán y lo unirá a los creyentes de todas las épocas resucitados por Él. En una Jerusalén y Canaán glorificados, Israel, bajo las ordenanzas idealizadas y espiritualizadas del Antiguo Testamento, cumplirá el ideal de un estado cristiano y se convertirá en una metrópolis espiritual para todos los países, de la cual saldrá una obra misionera a gran escala. Al final de los 1,000 años, los elementos incrédulos de los países que lo rodean se unirán, se levantarán contra Tierra Santa y asediarán la Jerusalén glorificada. Al hacer eso, sin embargo, serán aplastados por el Señor, después de lo cual se producirá la resurrección general, el juicio final y el fin de este mundo.
Además de esto, hay una versión menos burda que habla de un retorno espiritual del Señor después de la aparición del anticristo y posteriormente de un período —no exactamente de mil años, pero sí de muchos años— de prosperidad y bendición inauditas para la iglesia y de contención del mal y Satanás. El cristianismo ocupará una posición de dominio mundial. En este período, pues, también se incluye la mayor parte de la predicación universal del evangelio.
Por último, todavía hay un tercer punto de vista que retoma muchos elementos del quiliasmo con respecto al futuro de los judíos y su preeminencia nacional, pero que sitúa todo esto en la eternidad, por lo tanto después de la resurrección general y el juicio final.
Dentro de estos límites, como se ha dicho, sigue habiendo grandes diferencias entre los quiliastas. Algunos afirman que los judíos primero se convertirán y que luego serán llevados a su tierra. Otros dicen que los judíos primero serán llevados a su tierra y allí se convertirán. Algunos sostienen que los santos resucitados vivirán en el cielo y otros los sitúan en la tierra; un tercer grupo cree que algunas veces estarán en el cielo y otras en la tierra. Hay quien mantiene que se aparecerán visiblemente a aquellos sobre quienes van a gobernar, otros que no se les verá. Algunos conciben a los creyentes o a los santos como ángeles; otros sostienen que durante los mil años la raza humana se reproducirá y multiplicará. Y con respecto al modo de contacto entre esta parte glorificada de la humanidad y la humanidad restante, todavía terrenal, prevalecen grandes diferencias de opinión.

 ¿Cuáles son las objeciones a estas teorías quiliásticas?

a) La primera objeción es que

los quiliastas tienen una comprensión errónea del concepto “Israel”. En sí mismo no es necesario que el quiliasmo y la expectativa de una restauración nacional externa de Israel coincidan, pero de hecho coinciden mayormente. Y esto no es casual. Si no mantenemos este futuro nacional y terrenal para Israel, entonces no cabe pensar en que el milenio sirva para cumplir ningún propósito. Entonces se convierte simplemente en una sombra de la gloria futura, algo compuesto por elementos heterogéneos de diversa procedencia. Si, por otro lado, es cierto que Israel debe ser restaurado como un pueblo unificado con instituciones políticas, teocráticas y formas nacionales externas, entonces se tendrá que apartar un período para eso antes de la consumación de todas las cosas, ya que en la gloria eterna no hay lugar para algo así. En ese punto se encuentra el nexus causal [conexión causal] entre las expectativas carnales judías y el quiliasmo.
Toda esta noción contradice las Escrituras. Con la encarnación y la obra de satisfacción que Cristo ha completado, se ha terminado el llamamiento nacional de Israel. Ese hubiera sido incluso el caso si Israel en su mayoría no hubiera rechazado al Salvador. Incluso entonces no habría sido más que el primero en la línea de pueblos cristianos, una parte del Israel espiritual. Según el testimonio reiterado del Nuevo Testamento, “israelita” es sinónimo de “cristiano”. La circuncisión del corazón hace de una persona un verdadero judío [Rom 2:29].
Los quiliastas repetidamente presentan la situación de tal manera que la apostasía de Israel (dicho con respeto) fue una decepción para Dios y el llamamiento de los gentiles una sorpresa. Las Escrituras hablan reiteradamente de que desde el principio está en el propósito de Dios conferirle el servicio del pacto de los judíos a los gentiles. Es una iglesia la que se basa en el fundamento de los profetas y los apóstoles; por norma, el Israel espiritual, el verdadero Israel, crece del Israel según la carne. Se puede comparar cómo evalúan los autores del Nuevo Testamento el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento que los quiliastas desearían que se refirieran a la restauración de Israel. Pedro [sic] dice en Hechos 15:16 que la recepción de los gentiles en la iglesia del Señor es un cumplimiento de lo que la profecía del Antiguo Testamento sabe que tiene que ver con la reconstrucción del tabernáculo caído de David (Amós 9:11). La carta a los Hebreos dice que ya en ese momento se cumplió lo que dice el Antiguo Testamento sobre las peregrinaciones a Jerusalén de todos los pueblos (Heb 12:22). Todos los conceptos veterotestamentarios de “templo”, “Jerusalén” y “Sión” se conciben como espirituales e internacionales en el Nuevo Testamento.

b) El quiliasmo le escamotea a la iglesia cristiana su privilegio misionero.

Es casi como si Dios estuviera supeditado a Israel para completar la obra misionera y por tanto tuviera que esperar a la conversión de los judíos. La Escritura habla en términos completamente opuestos. La plenitud de los gentiles se producirá primero y luego todo Israel será salvo.

c) En los discursos escatológicos

del Señor y en las epístolas de los apóstoles, no aparece ni una sola palabra acerca de un reino de mil años, ni siquiera donde había ocasión de hablar al respecto. Se recurre a varios pasajes, por ejemplo, Hechos 3:19–20, pero sólo mediante una exégesis retorcida puede encontrarse en ellos alguna cosa sobre un milenio.
Una circunstancia en concreto parece justificar la tesis quiliástica. Los apóstoles con frecuencia hablan soteriológicamente acerca de la escatología; es decir, a menudo tratan la doctrina de las últimas cosas desde el punto de vista de la relevancia que tiene para los creyentes (p. ej., 1 Tes 4 y 1 Cor 15). De ahí que guarden silencio sobre el significado que estas últimas cosas tienen para los incrédulos. En consecuencia, inevitablemente tendría que parecer que sólo conocían una resurrección y glorificación de los creyentes, y hay quienes de inmediato se apuntan a identificar esto con la denominada “primera resurrección” del quiliasmo. Sin embargo, al examinar la cuestión más detenidamente, enseguida queda claro que en esos textos, en los que no se habla del lado oscuro de la escatología, los datos siguen siendo totalmente irreconciliables con el quiliasmo. Podemos tomar, por ejemplo, 1 Corintios 15. En el versículo 23 se habla de la resurrección de los creyentes con Cristo. Ahora en el versículo 24 se debería hablar del milenio. Pero, ¿qué es lo que hay allí? “Entonces será el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y poder”. Así que aquí se relaciona directamente la resurrección de los creyentes con la entrega del reino.

d) Hay una gran cantidad de pasajes que no dejan espacio para un milenio

entre la primera resurrección y la consumación de todas las cosas.
1. La destrucción del anticristo y la parusía coinciden, según 1 Corintios 15:24 y 2 Tesalonicenses 2:8.
2. La resurrección y el juicio final también coinciden, según Lucas 14:14; Juan 5:25–29; Heb 6:2.
3. Otra vez, la destrucción del anticristo y la resurrección general coinciden, según 1 Corintios 15:24, todos los poderes hostiles a Dios, incluso la muerte, serán destruidos junto con el anticristo. Por tanto, se desprende que Filipenses 3:20–21; 1 Tesalonicenses 4:15, y otros pasajes conectan la parusía directamente con el juicio final.

e) El Señor enseñó explícitamente

que la separación de los buenos y los malos sólo tendrá lugar en la consumación de los tiempos (Mt 13:37–43, 47–50); según los quiliastas, ya se produce una separación 1,000 años antes del final. Como discípulo “en esta era” uno recibe cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, campos, con persecuciones, pero la vida eterna sólo “en la era venidera” (Marcos 10:30). Pero el quiliasmo combina “esta era” y “la era venidera”, algo que aquí Cristo separa de manera tan nítida.

f) El quiasma se enreda en dificultades insolubles.

¿Cómo es posible que una porción de tierra glorificada (bien podría decirse que un pedazo de cielo), pueda existir en medio de una tierra sin glorificar? ¿Cómo pueden la muerte y la vida coexistir en el mismo planeta de esta manera fantástica? ¿Cómo puede haber contacto entre estos dos tipos distintos de personas? ¿Cómo puede el Señor gobernar en la tierra sin que los creyentes de todas las naciones vayan corriendo a Él? ¿Quién querría permanecer en Estados Unidos si supiera que su Salvador se puede ver en Palestina? ¿Cómo se atreven Gog y Magog a ser tan osados como para levantarse contra el propio Señor y luchar contra él al final del milenio? Ningún quiliasta ha tenido jamás éxito a la hora de superar todas estas dificultades.

g) Hay que reconocer que Apocalipsis 20:1–6 parece hablar de un milenio.

Aquí no podemos brindar una explicación de este pasaje. En primer lugar, sería necesario decidir qué interpretación del libro de Apocalipsis debe emplearse, la llamada teoría de la historia de la iglesia (recapitulación) o la teoría de las agrupaciones. En cualquier caso, es cierto que los números en Apocalipsis no tienen un significado literal sino simbólico. El número de la bestia es el 666. Ni siquiera los quiliastas pueden tomar ese número literalmente. ¿Por qué insisten, entonces, en la interpretación literal de estos 1,000 años? Asimismo, Apocalipsis 20 no dice nada acerca de los judíos. Sólo se menciona a los mártires y los fieles. Además, se debería partir del principio de que en pasajes proféticos más oscuros no se puede encontrar algo que contradiga el significado claro de otros pasajes.
Sin embargo, no nos gustaría llegar al extremo de algunos que dicen que si se demuestra que Apocalipsis 20:1–6 en realidad enseña la existencia de un milenio, entonces ese sería un motivo para declarar que Apocalipsis es espurio. No tenemos derecho a rechazar la profecía porque nos parezca que choca con otras partes de la Escritura. Para eso tendríamos que tener el don sobrenatural del discernimiento de espíritus.


Vos, G. (2018). Eclesiología, Medios de Gracia y Escatología. (R. Gómez, Trad.) (Vol. 5). Bellingham, WA: Editorial Tesoro Bíblico; Lexham Press.

 

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