Madrid, españa.

EL PROCESO DE LA CRUCIFIXIÓN

Recursos Bíblicos Para Crecer

EL PROCESO DE LA CRUCIFIXIÓN


CRUCIFIXIÓN: (σταυροω, stauroō, “levantar postes”; cruci affigare, “sujetar a una cruz”; תלה, tlh, “colgar”; צלב, tslb, “colgar”). Una forma de tortura y ejecución en el mundo antiguo que implicaba sujetar la persona a un poste de madera o árbol utilizando sogas o clavos. Utilizado en la ejecución de Jesús.

 

EL PROCESO DE LA CRUCIFIXIÓN

Uso pre-romano

Aunque con frecuencia se adjudica a los persas el invento de la crucifixión, fuentes antiguas atestiguan que varias otras culturas y pueblos también la utilizaban (Schneider, TDNT 7, 573; Hengel, Crucifixion, 22; O’Collins, ABD 1, 1207), incluyendo los asirios, los pueblos de la India, los escitas, los tauros, los tracios, los celtas, los germanos, los bretones, los numidios y los cartagineses. Los griegos y los macedonios evidentemente aprendieron la práctica de los persas (Hengel, Crucifixion, 22; O’Collins, ABD 1, 1207).
Los griegos sujetaban la víctima a una tabla plana(τυμπανον, tympanon) para la tortura o la ejecución (Hengel, Crucifixion, 70). En ocasiones sólo clavaban o ataban las víctimas a las tablas de madera para avergonzarlas o torturarlas. Luego podían liberarlas o ejecutarlas. Por ejemplo, Pericles tuvo diez hombres atados a las tablas durante diez días, y luego ordenó que fueran golpeados hasta la muerte (Plutarch, Per. 28.3). No obstante, Platón menciona que los griegos practicaban la crucifixión—es decir, atar una persona viva a un poste de madera hasta su muerte (Gorgias, 473bc). Alejandro el Grande utilizó la crucifixión como castigo y táctica para aterrorizar al crucificar a 2.000 tirios luego de conquistar su ciudad (Curtius Rufus 4.4.17

La práctica romana

Es probable que los romanos aprendieran esta forma de ejecutar de los cartagineses (Watson, OCD, 300; Hengel, Crucifixion, 23; Parker, IDB 1, 747; Schneider, TDNT 7, 573). Las cruces podían tener una de tres formas (Schneider TDNT 7, 572):

1. Un poste vertical sin viga transversal.
2. Un poste vertical con viga transversal en forma de T mayúscula.
3. Un poste vertical cruzado por una viga—la forma que se muestra tradicionalmente en la iconografía cristiana.

Las fuentes romanas dan testimonio de la secuencia general de los hechos implicados en una crucifixión:

1. La víctima era torturada por diversos medios.
2. La víctima cargaba su propia viga transversal (patibulum) hasta el lugar de la crucifixión.
3. La víctima era sujetada con sogas o clavos a la viga transversal.
4. La cruz y la víctima eran izadas sobre el poste de madera o árbol y sujetados a él. En algunas ocasiones el poste o el árbol podían tener una silla de madera (sedile) para la víctima (Watson, OCD, 300; Schneider, TDNT, 573).

La tortura previa a la crucifixión

La tortura previa a la crucifixión generalmente implicaba la flagelación, pero también podía incluir el quemado, tormento, la mutilación y el abuso de la familia de la víctima. Platón (aunque era griego), describe la práctica general de tortura previa a la crucifixión: “[El hombre] es atormentado, mutilado, se le calcinan los ojos, y luego de infligirle todo tipo de grandes heridas y hacerlo presenciar que su esposa e hijos sufren lo mismo, finalmente se lo empala (es decir, se lo crucifica), se lo golpea con palos y se lo quema vivo” (Plato, Gorgias 473bc; traducción en Jowett, “Gorgias”). En otro texto Platón escribe: “El hombre justo a quien se cree injusto será azotado, atormentado y atado—se le quemarán los ojos; y finalmente, después de sufrir todo tipo de males, será empalado (es decir crucificado)” (Republic 361e-362a; Jowett, Republic, 50).
Diversas fuentes dan testimonio también de la tortura previa a la crucifixión. En el Piscator de Luciano un grupo de hombres decide azotar a alguien, sacarle los ojos, cortarle la lengua y luego crucificarlo. El relato es de ficción y destinado a ser humorístico, pero ilustra lo que implicaban las torturas comunes previas a la crucifixión. Cicerón, en su acusación a Verres por crucificar ilegalmente a un ciudadano romano, describió lo ocurrido antes de la crucifixión: “Ordenó que el hombre fuera golpeado [con palos] con mucha intensidad en todo el cuerpo” (Cicerón, 2 Verr. 5.62.161; texto en Cook “Envisioning Crucifixion”, 268).

Los Evangelios del Nuevo Testamento también afirman que Jesús fue flagelado antes de su crucifixión (Mat 27:26; Mar 15:15; Juan 19:1).

Cargar la cruz

Después de sufrir la tortura previa a la crucifixión, la víctima era obligada a transportar su cruz (patibulum) hasta el lugar de la crucifixión. El autor romano de comedias, Plauto escribió: “Pienso que pronto saldrás de esta puerta en esa dirección conducido con las manos extendidas sobre el patibulum que portarás” (Miles Gloriosus, 359; traducción en Cook, “Envisioning Crucifixion”, 267). Otra fuente hace una afirmación similar: “Ellos (criminales convictos) son atados al patibula. Son atados y conducidos alrededor y sujetados a la cruz” (Clodius, History; texto en Cook, “Envisioning Crucifixion”, 266).
El Nuevo Testamento también atestigua sobre esta práctica. Por ejemplo, en el Evangelio de Juan, Jesús le dice a Pedro: “Cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras [ir]” (Juan 21:18). Jesús estaba describiendo la forma en que moriría Pedro—específicamente que sería atado a la viga transversal y conducido a la crucifixión. Jesús también advirtió a sus seguidores que “tomaran su cruz” y lo siguieran (Mat 16:24; Mar 8:34; Luc 9:23). El Evangelio de Juan describe a Jesús “cargando su cruz” hasta el lugar de la ejecución (Juan 19:17), mientras que los Evangelios sinópticos afirman que los ejecutores obligaron a Simón de Cirene a cargar la cruz de Jesús (Mat 27:32; Mar 15:21; Luc 23:26).

Fijar la víctima al poste.

Una vez que la víctima llegaba al lugar de la ejecución, los ejecutores lo fijaban junto con la viga transversal a un árbol o poste de madera. Pseudos Manetho (tercer siglo a.C.) describe cómo pudo haber sido la crucifixión: “Castigados en su [cuerpo] ya torturado, ven el poste (es decir la cruz) como su destino. En lo más amargo del tormento, han sido sujetados con clavos [para convertirse] en perversos banquetes para los pájaros y atroces bocados para los perros” (Apotelesmatica 4.198f; texto griego en Hengel, Crucifixion, 9). Esta breve descripción indica que las personas crucificadas estaban en un estado de tortura, que se los sujetaba a las vigas transversales y tal vez al poste de madera o árbol mediante clavos, y que su cadáver con frecuencia era abandonado a los animales carroñeros.
Séneca describe una escena similar: “¿Es posible que alguien prefiera irse consumiendo de dolor, muriendo miembro por miembro, o perder la vida gota a gota, en lugar de expirar de una sola vez? ¿Puede haber un hombre que esté dispuesto a que lo sujeten al árbol maldito, enfermo, ya deforme, hinchado de horribles tumores sobre el pecho y los hombros, y respirar el aliento de vida en medio de una larga—larguísima agonía?” (Ep. 101; traducción en Gummere, Seneca). Este texto indica que la muerte por crucifixión llevaba mucho tiempo. Los “horribles tumores” probablemente eran el resultado de las torturas previas a la crucifixión.
Una descripción de la crucifixión ha sobrevivido del mundo antiguo—un graffiti burlándose evidentemente de los cristianos. Bajo el crudo dibujo se ven las palabras “Alexamenos adora a dios”. Esta figura fue tallada en un muro sobre el monte Palatino en Roma. Su fecha es incierta—probablemente en algún momento entre el primer y tercer siglo d.C. Aunque la persona en el dibujo tiene la cabeza de un burro (como burla), la figura describe algunos detalles precisos sobre la crucifixión. Por ejemplo, los brazos están estirados hacia los lados, y el cuerpo está elevado sobre el nivel del suelo. Sin embargo, es ese dibujo, la figura parece tener una plataforma para pararse, cosa que ninguna literatura confirma (Schneider, OCD, 573). Cook (“Envisioning Crucifixion”, 283–85) observa que la figura crucificada viste una túnica corta, mientras que las fuentes literarias indican que las víctimas eran crucificadas desnudas.
Las víctimas podían ser puestas sobre la cruz de diversas maneras.

Séneca escribió: “Algunos [ejecutores] cuelgan [sus víctimas] cabeza abajo; otros atraviesan estacas en los genitales [de las víctimas] sobre el patibulum” (Dial. 6.20.3; texto latino en Hengel, Crucifixion, 25). Josefo escribió que, cuando los romanos crucificaron gran numero de rebeldes judíos en la guerra judía (66–73 d.C.), “a causa del odio y la furia se divertían clavando sus prisioneros en diferentes posturas” (J.W. 5.51; traducción en Thackery, Josephus 3:341).
La literatura hace referencia con frecuencia a clavos, sugiriendo que se los usaba comúnmente en las crucifixiones:

• Séneca (Dial. 7.19.3) escribe de criminales que tuvieron que enterrar sus propios clavos en las cruces (por su conducta; ver Cook, “Envisioning Crucifixion”, 272).
• Piso fue acusado de clavar en cruces algunos soldados—incluyendo un ciudadano romano—sin previo juicio (ver Cook, “Envisioning Crucifixion”, 273).
• Quienes practicaban artes mágicas se conocían por codiciar los clavos de las víctimas crucificadas ya que se creía que tenían mucho poder (Apuleius, Metam. 3.17; Pliny the Elder, Nat. 28.46; ver Cook, “Envisioning Crucifixion”, 271).
• Josefo escribe que los soldados romanos “clavaban” sus víctimas en cruces (ver cita arriba).

Los arqueólogos han encontrado los huesos de un hombre crucificado enterrado al norte de Jerusalén en el primer siglo d.C. (ver Zias, “Crucifixion”; Tzaferis, “Jewish Tombs”; Strange, IDB Supplement; Haas, “Anthropological Observations”; Zias y Sekeles, “Crucified Man”). En una tumba cerca de Giv’at Ha-Mivtar, se descubrió un osario que contenía los huesos de un hombre que tenía un clavo de hierro de 11,5 centímetros atravesado en el talón. Estos son los únicos restos de una persona crucificada que se han encontrado hasta la fecha.

Levantar la víctima sobre el poste.

Las víctimas se ejecutaban casi siempre sin vestimenta, probablemente para dejarlos más expuestos a los golpes y aumentar su vergüenza (Artemidorus II.61; Dionysius of Halicarnassus 7.69). Melito, el obispo de Sardis del segundo siglo d.C., escribió en su sermón sobre la pasión de Cristo: “El Soberano se ha vuelto irreconocible por su cuerpo desnudo, y ni siquiera le permiten un manto para ocultarse de la vista” (Passion 97; traducción en Hall, Melito, 55). Como la gente de su tiempo había presenciado crucifixiones, Melito sabía que las víctimas eran ejecutadas sin vestimenta. Séneca también sugirió que a veces empalaban los genitales de las víctimas.
Los ejecutores generalmente elevaban un poco del suelo a la víctima de crucifixión para que la persona ejecutada no pudiera sostener su propio peso sobre sus pies. No obstante, aparentemente no levantaban demasiado alto a las personas, Schneider (TDNT 7, 573) sugirió que la víctima era elevada apenas por sobre su propia altura, pero si la persona debía ser expuesta ante espectadores distantes, se la elevaba un poco más. Diversos textos sugieren que la víctima se mantenía lo suficientemente cerca del suelo como para que perros y otras bestias pudieran roer las piernas del cadáver (Filón, Flacc. 2.84–85; Pseudo Manetho 4.198f; Horace, Ep. 1.16.46–48).
Los condenados generalmente se crucificaban a lo largo de caminos bien transitados. Quintiliano escribe: “Cuando crucificamos criminales, elegimos los caminos más frecuentados” (Quintilian, Decl. 274; Texto latino en Hengel, Crucifixion 50). Craso, el triunviro y general romano, crucificó los esclavos en la rebelión de Espartaco (6.000) a lo largo de la Vía Apia (Appian, Bellum Civile 1.120). Los judíos fueron crucificados a la vista de los muros de Jerusalén durante la rebelión judía (J.W. 5.449–51).
Tal vez la práctica más cruel era la de abusar e incluso ejecutar a los miembros de la familia de la víctima mientras colgaba de la cruz. Los atenienses crucificaron a Artacytes clavándolo a un tablón de madera; mientras estaba allí, apedrearon a su hijo frente a él (Herodotus 9.120; ver también 4.202). Alejandro Janeo, el príncipe y sumo sacerdote judío, crucificó 800 fariseos e hizo asesinar frente a ellos a sus esposas e hijos mientras colgaban de las cruces (Josefo, Ant. 13.380–83; ver también Diodorus Siculus 18.16.3; comparar Babylonian Talmud ‘Abod. Zar. 18a).

Utilización de la crucifixión.

Hay fuentes que atestiguan de mujeres que fueron crucificadas. Josefo informa de una mujer libre que fue crucificada por ayudar en la seducción de una dama romana (Cook, “Envisioning Crucifixion”, 278; Ant. 18.66–80). Tácito (Ann. 14.42, 45) informa que todos los esclavos de la casa de Pedianus Secundus fueron ejecutados después de que uno de ellos lo asesinara. Especifica que entre los ejecutados estaban ambos sexos. Como la manera de ejecutar a los esclavos era siempre la crucifixión, significaría que algunas mujeres fueron crucificadas en aquella oportunidad. No obstante, la escasa evidencia de la crucifixión de mujeres parece indicar que era poco frecuente.
La mayoría de los autores antiguos parecen haber relegado la crucifixión a los esclavos y en ocasiones para extranjeros rebeldes (Hengel, Crucifixion, 51–63; O’Collins, ABD 1, 1207–09; Schiemann, “Damnatio”, 59; Cook, “Envisioning Crucifixion”, 275–78). En general, si un esclavo era considerado merecedor de la ejecución, se lo hacía por crucifixión. Por ejemplo, Juvenal, el satírico romano, preservó un diálogo entre una dama romana y su esposo (6.219–23; texto latino en Hengel, Crucifixion, 58):
“Esposa: Pon al esclavo en la cruz.
Esposo: ¿qué crimen merece ese castigo?
Esposa: Eres un necio: ¿crees que un esclavo es un ser humano? Yo quiero eso. Ordeno eso. Que mi voluntad sea la causa”.
Una antigua ley romana determinaba que si un esclavo mataba a su dueño, todo esclavo de la casa debía ser ejecutado (crucificado; ver Tacitus, Ann. 14.42).
Los antiguos también utilizaban la crucifixión como táctica para aterrorizar, para mantener las provincias en orden Los romanos con frecuencia llamaban a los rebeldes nativos “ladrones” (Hengel, Crucifixion, 47). Las fuentes hacen referencia a esas crucifixiones de rebeldes en España, Éfeso y Judea (Strabo 3.4.18; Petronius, Satyricon 111.5; Josefo, J.W. 5.449–51). La jurisprudencia romana estimula a los ejecutores a crucificar a los ladrones famosos en la escena del crimen (Digest 48.19.28.15; ver Hengel, Crucifixion, 46–50; Schiemann, “Damnatio”, 59).
La asociación de la crucifixión con los esclavos y los ladrones ha llevado a la idea de que los ciudadanos romanos nunca eran crucificados. Sin embargo, existen registros de casos de ciudadanos romanos crucificados. Teóricamente, los ciudadanos romanos debían estar protegidos de la tortura (Hengel, Crucifixión, 39; Cook, “Envisioning Crucifixion”, 268); Cicerón proclamaba que un ciudadano ni siquiera debía escuchar la palabra crucifixión en relación a sí mismo. (Rab. Perd. 5.16). De todas maneras, quienes cometían traición perdían esa protección. Por ejemplo, Cicerón acusó a Verres de azotar ilegalmente y ejecutar a Gavio de quien se informa que permaneció todo el tiempo exclamando “pero soy un ciudadano romano” mientras lo apaleaban (ver Cook, “Envisioning Crucifixion”, 268). Verres evidentemente consideraba a Gavio como traidor. Escipión el Mayor crucificó desertores que habían sido ciudadanos romanos (Livy 30, 43, 13; ver Hengel, Crucifixion, 39–45).

Después de la muerte.

Después de la crucifixión, el cuerpo recibía alguno de los tres siguientes tratos:

1. El cuerpo podía ser abandonado sobre la cruz hasta descomponerse, y como alimento para los animales—especialmente buitres y caranchos.
1. En una comedia de Plauto un esclavo se lamenta: “Sé que la cruz será mi sepulcro: allí es donde están mis antepasados, mi padre, mis abuelos, mis bisabuelos, mis tatarabuelos” (Miles Gloriosus, 372; texto en Cook, “Burial”, 206). Esto indica que un esclavo no era enterrado.
2. Una inscripción de Caria detalla que, después que un esclavo asesinó a su amo, fue “colgado mientras todavía vivía, a merced de los animales salvajes y las aves” (texto en Cook, “Crucifixion and Burial”, 206).
3. Los autores antiguos con frecuencia se referían a las víctimas de la crucifixión como alimento de los buitres y los cuervos (Petronius, Satyricon 58.2; Juvenal, Sat. 14.77–78).
2. Se podía bajar el cuerpo de la cruz para maltratarlo—arrastrarlo por las calles—para ser luego arrojado en una fosa común para criminales (Cook, “Envisioning Crucifixion”, 280).
3. Algunos condenados eran entregaos a la familia para ser enterrados.
1. El Digesto de Ulpiano de la ley romana establece que los cuerpos de los criminales condenados no deben ser retenidos de los miembros de su familia (Cook, “Envisioning Crucifixion”, 279).
2. Philo observó que en Alejandría, había oído de casos en que el cuerpo de las personas crucificadas se entregaban a sus familiares, especialmente las noches de festividades) (Philo, Flacc. 83).
3. Josefo (J.W. 4.317) escribe: “Los judíos muestran preocupación por los entierros de manera que incluso bajan a los crucificados y los entierran antes de la puesta del sol” (texto en Cook, “Crucifixion and Burial”, 212).
4. El descubrimiento de los huesos de un hombre crucificado en una tumba cerca de Jerusalén demuestra que en ciertas oportunidades las víctimas de crucifixión eran enterradas. Los romanos probablemente permitían a los judíos enterrar a los condenados a causa de la sensibilidad judía por el entierro.

Posturas antiguas sobre la crucifixión

Los antiguos pensaban la crucifixión como una forma de castigo singularmente cruel. Hengel ha reunido diversas citas en relación a este tema:

• Se llamaba a la cruz “poste infame”, “madero criminal” y “maldita cruz” (Crucifixion, 7–8).
• Cicerón describió la crucifixión como “el castigo más terrible y cruel” (Verr. 2.5.165).
• Josefo la llamó “la más penosa de las muertes” (J.W. 7.203).

Los antiguos también consideraban la crucifixión como la mayor vergüenza. Por ejemplo, Celso, el detractor del cristianismo del segundo siglo d.C., escribió que Jesús había sido ejecutado de una manera “deshonrosa y vergonzosa” (Origen, Cels. 6.10). El autor de Hebreos escribió que Jesús “sufrió la cruz, menospreciando el oprobio” (Heb 12:2). En la crucifixión, todo se hacía para humillar y deshonrar a la víctima además de torturarla hasta la muerte.
Los judíos trataron la idea de un hombre de Dios crucificado con gran sospecha, ya que Deut 21:23 pronunciaba una maldición sobre cualquiera que haya sido “colgado de un madero”. El documento de Qumrán del Mar Muerto, el Rollo del Templo, había cambiado esa maldición para que incluyera aquellos colgados de un árbol mientras aún vivían (es decir crucificados 11QT 64:7–13). Pablo pudo haberse referido al argumento que algunos judíos usaban de que Jesús no podía ser el Mesías porque estaba maldito (Gál 3:13–14). Casi un siglo después que Pablo escribiera, Justin Martyr sostuvo que algunas personas judías de su tiempo apelaban a Deut 21:23 para oponerse a las afirmaciones mesiánicas que estaba haciendo la Iglesia acerca de Jesús (Dial. 89.2).

Hipótesis médicas

Se discute la causa médica de la muerte por crucifixión. La muerte puede llegar por asfixia, ya que estar colgado con los brazos extendidos a los costados dificultaría la respiración forzando la muerte cuando la víctima está muy cansada (Ej., Halperin, “Crucifixion”). Zias, sin embargo, sostiene que únicamente las víctimas con manos atadas o clavadas directamente sobre la cabeza (fijadas al poste solamente, sin travesaño) serían susceptibles a morir por asfixia. Sugerencias alternativas sobre la causa de la muerte por crucifixión incluyen el choque hipovolémico, el paro cardíaco y la deshidratación (ver Zias, “Crucifixion”; Maslen y Mitchell, “Medical Theories”). Maslen y Mitchell concluyen que: “Es muy probable que los diferentes individuos murieran por diversas causas fisiológicas” dependiendo de cómo estaban sujetados a la cruz (Maslen y Mitchell, “Medical Theories”).

La crucifixión en el Nuevo Testamento

Los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento relatan la crucifixión de Jesús, y muchas de las cartas de Pablo hacen referencia a ella también. La descripción de los Evangelios sobre la crucifixión de Jesús se corresponde bien con otras fuentes antiguas. Jesús fue azotado, cargó su propia cruz, y fue sujetado al poste con clavos (Juan 20:25).
Pablo, un autor del Nuevo Testamento, fue quien más escribió sobre el significado de la cruz. Consideró la crucifixión de Jesús como el último acto para “despojarse a sí mismo” de su gloria celestial. Por ejemplo, en Fil 2:6–11, Pablo escribió que Cristo Jesús se “humilló a sí mismo … hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil 2:8). Pablo reconoció que para muchos la cruz sería la mayor locura de los seguidores de Jesús, pero sostenía que para los salvados, la cruz es “poder y sabiduría de Dios” (1 Cor 1:18). De allí que, paradójicamente, Pablo se jactaba o gloriaba en la cruz de Cristo (Gál 6:14). En Efesios y Colosenses, el o los autores escriben que la cruz había traído reconciliación entre las razas (Efe 2:16), y en realidad a todo el cosmos (Col 1:20). Además, Col 2:14 escribe que el “acta de los decretos” que pesa sobre la humanidad fue clavado en la cruz, y por ello destruido (ver Schneider, TDNT 7, 574–77).

La perspectiva no cristiana del primer siglo d.C. sobre la crucifixión de Jesús

Evidentemente muchos no cristianos en el primer siglo d.C. se sintieron frenados de seguir a Jesús como maestro espiritual o salvador porque fue crucificado. La postura judía probablemente se basaba en Deut 21:23 y la maldición sobre todo el que “colgaba”. Pablo escribe “la palabra de la cruz es locura a los que se pierden” (1 Cor 1:18). No hay fuentes literarias del primer siglo d.C. mencionan la visión pagana sobre la crucifixión de Jesús; sin embargo, la visión dominante en el segundo siglo d.C. probablemente también se expresaba en el primero. En el segundo siglo, Celso atacó el cristianismo apelando a la forma vergonzosa de la ejecución de Jesús. Otro autor pagano del segundo siglo, Luciano de Samosata, llamó a Jesús “sofista crucificado” (Death of Peregrinus 11–13). Evidentemente pensó que los dos títulos, yuxtapuestos sonaban humorísticos.


 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *