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EL PERDÓN: CÓMO LIBERAR A OTROS

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EL PERDÓN: CÓMO LIBERAR A OTROS

Era el año de 1944. Los nazis habían invadido Holanda. Un anciano relojero y su familia se involucraron activamente en la resistencia secreta holandesa. Con gran valor, la familia Ten Boom escondió a muchos judíos en un cuarto secreto de su casa y así ayudaron a hombres, mujeres y niños a escapar de la sentencia de muerte de Hitler.
Sin embargo, un fatídico día su refugio secreto fue descubierto. El relojero fue arrestado y murió poco después de que se lo llevaron cautivo. Betsie, una de sus hijas, era muy sensible pero tampoco pudo escapar de las garras de la muerte a manos de sus crueles captores. Murió en un campo de concentración nazi. ¿Qué sucedió entonces con la hija menor del relojero, cuyo nombre era Corrie? ¿Viviría?… y si ese fuera el caso, ¿podría perdonar a sus verdugos, a aquellos que asesinaron brutalmente a su padre y a su hermana? ¿Podría haber algo que pudiera sostener a Corrie ten Boom mientras trataba de sobrevivir a la barbarie de Ravensbruck, uno de los campos de concentración más terribles de Hitler? ¿Había algo a lo cual aferrarse? En efecto, Corrie logró sobrevivir. Dios la sostuvo. Ella logró vivir por la verdad de estas palabras…

“No me entregues a la voluntad de mis enemigos; porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad. Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová”.
(Salmos 27:12–14)

Tabla de Contenidos

LAS DIVERSAS FACETAS DEL PERDÓN

                                 

                  Dos personas arrepentidas

 

El perdón:Cómo liberar a otros


 Dos años después de la guerra, Corrie se encontraba dando una conferencia en una iglesia de Munich. Viajó de Holanda hacia la derrotada Alemania, llevando consigo el mensaje del perdón incondicional de Dios. Entre la multitud había un hombre de rostro adusto que no le quitaba los ojos de encima. A la salida, el señor calvo y rudo se le acercó ―traía un abrigo gris y un sombrero de fieltro café. Cuando lo vio, de repente vino a la mente de Corrie una escena: El uniforme azul, la gorra con visera y la calavera con los huesos impresos en ella; un enorme cuarto con luces deslumbrantes; y la humillación de caminar desnuda frente a un hombre… el mismo que ahora estaba parado frente a ella.

“Usted mencionó Ravensbruck en su plática. Yo fui guardia en ese lugar”, le dijo. “Pero de ese tiempo para acá me convertí en cristiano. Yo sé que Dios ya me perdonó por las crueldades que cometí, pero también me gustaría oír de sus labios que me perdona por lo que hice”. Le extendió la mano y le dijo: “¿Me perdona?” Corrie observó la mano extendida. Esos segundos le parecieron largas horas mientras luchaba en su interior con la decisión más difícil de toda su vida. Corrie conocía bien las Escrituras, pero era demasiado pedir que en ese momento pusiera en práctica el siguiente pasaje…

“Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale”.
(Lucas 17:3–4)


A. ¿Qué es el perdón?

Suponga por un momento que usted necesita pedir prestados cien dólares para pagar una cuenta médica. Usted le pide a un amigo que le preste el dinero y le promete que se lo pagará al final del mes. Pero cuando llega el momento de pagar la deuda, usted no cuenta con el dinero. De hecho, no consigue juntar el dinero en los tres meses siguientes. Entonces de manera inesperada ¡su amigo decide “perdonarle” la deuda por la bondad de su corazón! Esa es una de las facetas del perdón. La Biblia dice: “No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley”. (Romanos 13:8)

• Perdonar es descartar una deuda.
En el Nuevo Testamento, el sustantivo griego aphesis denota “descartar” o “soltar”.
— Cuando usted ofrece perdón, retira la deuda que le debían.
— Cuando usted recibe perdón, su deuda se elimina. (Usted es liberado de cualquier obligación de pago).
— Cuando usted otorga el perdón, usted aparta la deuda de su mente.
Jesús expresó la clave del perdón cuando dijo, “Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen”. (Lucas 6:27).

• Perdonar es desechar la demanda de que los demás le paguen, especialmente cuando han fallado en cumplir sus expectativas… en cumplir una promesa… en darle un trato justo.
Jesús dijo: “Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”. (Mateo 5:39).

• Perdonar es retirar, cancelar o liberar de alguien las consecuencias de no cumplir las normas divinas.
— La norma santa de Dios es la perfección, pero todos hemos pecado.
— La paga de nuestros pecados es la muerte espiritual (separación de Dios).
—La paga de nuestros pecados (nuestra deuda) fue cancelada por Jesús a través de su muerte sacrificial en la cruz. Por lo tanto, en vez de estar separados de Dios, él ha desechado nuestras deudas y podemos experimentar la vida eterna en el cielo.

“Todos los que en él [Jesús] creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre”.
(Hechos 10:43)


PREGUNTA: “¿Hay algún pecado que rebase la capacidad del perdón de Dios?”

RESPUESTA: No hay ningún pecado, aparte de la blasfemia contra el Espiritú Santo (Mr.3:29), que Dios no pueda perdonar. Dios promete purificarnos de toda injusticia, no solamente de los pecados específicos. Sin embargo, es necesario que primero los confesemos. (Confesar significa literalmente “estar de acuerdo”, estar de acuerdo con Dios). Si estamos de acuerdo con él acerca de nuestro pecado, no solamente reconoceremos que hemos pecado, sino que también desearemos alejarnos de nuestras maldades para volvernos a Jesús, confiando nuestras vidas en las manos de Aquel que murió por nuestras faltas.
“Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado”. (Salmos 32:5)


B. Lo que no es el perdón

Cuando se menciona la palabra perdón, muchas personas la mal interpretan. Algunos piensan que el perdón es equivalente a justificar el pecado… diciendo que lo que una vez estuvo mal, ahora está bien. Sin embargo, ese no es el ejemplo del perdón que Jesús mostró. Cuando se encontró con la multitud de hombres dispuestos a apedrear a la mujer sorprendida en adulterio, él decidió que no debían lapidarla; sin embargo, él nunca la justificó. El la conminó diciendo: “Vete, y no peques más” (Juan 8:11). Para ayudarnos a salir de esta confusión respecto al perdón, necesitamos saber exactamente ¡lo que no es!

“Oirá el sabio, y aumentará el saber, y el entendido adquirirá consejo”.
(Proverbios 1:5)

• El perdón no es burlar la justicia de Dios.…
—Es permitir que Dios lleve a cabo su justicia en su tiempo y a su manera.

• El perdón no es esperar el “tiempo para sanar toda herida”…
— Es obvio que el tiempo no sana las heridas, algunas personas no permiten que la sanidad se logre.

• El perdón no es dejar que el culpable “se salga con la suya”…
—Es colocar la culpabilidad de la otra persona sobre Dios.

• El perdón no es lo mismo que la reconciliación…
—Se requiere de dos personas para que haya reconciliación, pero de una sola para perdonar.

• El perdón no es justificar un comportamiento pecaminoso…
—Es reconocer que un comportamiento incorrecto no tiene excusa, pero aún así perdonamos.

• El perdón no es tratar de desplazar el dolor…
—Es trabajar a través del dolor.

• El perdón no se basa sobre lo que es justo…
—No fue “justo” que Jesús fuera crucificado, pero él lo hizo para que nosotros pudiéramos recibir el perdón.

• El perdón no es ser un mártir debilucho…
—Es ser lo suficientemente fuerte como para asemejarnos a Cristo.

• El perdón no es reprimir y almacenar la ira…
—Es resolver la ira entregando la ofensa a Dios.

• El perdón no es una respuesta natural…
—Es una respuesta sobrenatural que se toma en las fuerzas de Dios.

• El perdón no es negar el dolor…
—Es sentir ese dolor y soltarlo.

• El perdón no es ponerse como tapete de los demás…
—Eso equivale a pensar, que si fuera posible, entonces Jesús fue el tapete ¡más grande de todos!

• El perdón no es condicional…
—Es incondicional, es un mandato de Dios para todos.

• El perdón no es olvidar…
—Es necesario recordar antes de poder perdonar.

• El perdón no es un sentimiento…
—Es un acto de la voluntad, es una decisión.

La mujer adúltera fue sorprendida “en el acto” y los hombres tenían listas las piedras para apedrearla hasta la muerte. El castigo para el adulterio era claro: debían matar a los adúlteros por medio de la lapidación. Jesús desafió a los verdugos pidiéndoles que examinaran sus corazones antes de condenar el comportamiento de aquella mujer. El miró más allá de la falta, vio su necesidad. Ella necesitaba conocer el amor de Dios que transforma vidas. De manera inesperada Jesús le otorgó un regalo invaluable, su misericordia y perdón. (Véase Juan 8:3–11).

Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más”.
(Juan 8:11)


PREGUNTA: “No tengo ganas de perdonar, ¿cómo me pueden pedir que perdone? Eso no me parece correcto”.

RESPUESTA: El perdón no está basado en un sentimiento, sino en el hecho de que a nosotros, todos nosotros, Dios nos ha llamado a perdonar. El perdón no es una emoción, sino un acto de la voluntad. Por lo tanto, si lo que “parece correcto” está basado en los sentimientos, ¡puede equivocarse fácilmente!
“Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”. (Proverbios 14:12)


C. ¿Qué significa perdonar a los demás?

Imagínese que usted es un atleta y debe competir en una carrera de las Olimpiadas. Usted tiene puestos los zapatos correctos, los pantalones cortos correctos y la playera correcta. Sin embargo, hay algo que está muy mal. En su tobillo lleva puesta una ¡bola de acero y una cadena negra muy pesadas! El peso es grande, no se puede correr así y ni siquiera podría calificar para la carrera. Sería muy bueno encontrar la manera de liberarse de ese peso… pero usted no tiene la llave para abrir la cadena.

De pronto, el día de la carrera para clasificar usted recibe la noticia de que ya tiene la llave que le abrirá paso a la libertad. Rápidamente, se libera de aquel peso y ¡qué sensación de libertad! Es como si aquella bola negra se convirtiera de manera milagrosa en un enorme globo de helio. La carga está liberada… El globo se suelta… El peso es enviado lejos. Antes de ese momento nadie le había dicho que la falta de perdón era como aquella bola negra que lo tenía atado. Ahora que ya sabe que el perdón es una de las claves principales de la libertad, puede correr la carrera… y de hecho, terminarla con toda libertad.

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante”.
(Hebreos 12:1)

• Perdonar significa soltar el resentimiento que se siente por el ofensor.
En el Nuevo Testamento, el verbo griego aphiemi significa principalmente “enviar lejos”, en otras palabras es “perdonar, enviar lejos o soltar el castigo cuando alguien nos hace algún daño”. Eso implica que necesitamos…
—Dejar ir nuestro derecho a que nos pidan perdón
—Dejar ir nuestro derecho a amargarnos
—Dejar ir nuestro derecho de vengarnos

“No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres”.
(Romanos 12:17)

• Perdonar significa renunciar a los derechos sin importar el tipo de ofensa.
—Renunciar al derecho de seguir sintiendo la ofensa
—Renunciar al derecho de aferrarnos a la ofensa
—Renunciar al derecho de volver a hablar una y otra vez de la ofensa

“El que ama la disputa, ama la transgresión; y el que abre demasiado la puerta busca su ruina”.
(Proverbios 17:9)

• Perdonar es reflexionar en el carácter de Dios. Así como Dios nos perdona, él nos llama a perdonar a los demás.
—Perdonar es otorgar misericordia.
—Perdonar es dar el regalo de la gracia.
—Perdonar es liberar al ofensor.
Jesús enseñó a sus discípulos a orar así:

“Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”
(Mateo 6:12).


PREGUNTA: “¿Qué puedo hacer cuando no tengo ganas de perdonar?”

RESPUESTA: Cuando no tenga ganas de hacer algo que sabe que debe hacer, haga una evaluación de sus pensamientos. Ciertamente usted no puede controlar a su ofensor, pero sí puede controlar lo que piensa acerca de quienes lo ofenden. Dios nos da muchos consejos acerca de los pensamientos que debemos erradicar de nuestra mente. Imagínese que la Biblia es como un “colador de pensamientos”, es decir, como una herramienta que nos ayuda a filtrar las cosas que no debemos permitir que entren a nuestra mente. Evalúe sus pensamientos acerca de los que lo ofenden. Recuerde: Sus pensamientos producen sus sentimientos. ¿Acaso sus pensamientos fluyen naturalmente a través del “colador de pensamientos” en el texto siguiente? Si no, atrápelos antes de que se cuelen y ¡erradíquelos! Cuando escoge con cuidado aquello en lo cual va a pensar, sus emociones comienzan a alinearse y de manera gradual comenzará a sentir el deseo de perdonar.

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. (Filipenses 4:8)


D. ¿Es lo mismo el perdón que la reconciliación?

No. El perdón no es lo mismo que la reconciliación. El perdón se enfoca en la ofensa, mientras que la reconciliación tiene su enfoque en la relación. El perdón no requiere de una relación. Sin embargo, la reconciliación sí requiere de una relación en la que dos personas, de común acuerdo, caminan juntas hacia una misma meta. La Biblia dice:

“¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?”
(Amós 3:3)

• El perdón puede producirse con una sola persona.
—La reconciliación requiere de al menos dos personas.

• El perdón es de una sola vía.
—La reconciliación es recíproca… de dos vías.

• El perdón es una decisión de liberar al ofensor.
—La reconciliación es un esfuerzo por reunirse con el ofensor.

• El perdón involucra un cambio de pensar acerca del ofensor.
—La reconciliación involucra un cambio en el comportamiento del ofensor.

• El perdón es un regalo para el que ha traicionado su confianza.
—La reconciliación es una relación restaurada basada en la confianza recuperada.

• El perdón se otorga inmerecidamente.
—La reconciliación se ofrece al ofensor porque éste se la ha ganado.

• El perdón es incondicional haya o no arrepentimiento.
—La reconciliación está condicionada al arrepentimiento.


PREGUNTA: “Después de haber perdonado a alguien, ¿se tiene que buscar la reconciliación?”

RESPUESTA: La respuesta es a veces sí y a veces no. La mayoría del tiempo Dios desea que nos reconciliemos. Segunda Corintios 5:18 dice: “Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo… nos dio el ministerio de la reconciliación”.
Sin embargo, en ocasiones no es prudente buscar la restauración de la relación, como en el caso de un adúltero o con alguien que cometió abuso sexual. Primera de Corintios 15:33 dice: “No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”. Por ejemplo, si un esposo está descontrolado por la ira y rechaza cualquier ayuda para controlar su temperamento violento, la esposa necesita hacer suyo este versículo y salir de esa peligrosa situación hasta que él busque consejería o que haya cambios duraderos en su estilo de vida.
“No te entremetas con el iracundo, ni te acompañes con el hombre de enojos”. (Proverbios 22:24)


E. ¿Qué es el perdón divino?

¿Lucha en ocasiones para perdonar a los demás? Debe entender que en la medida en que sea consciente del gran amor de Dios y su perdón continuo, usted podrá perdonar a los demás. Solamente con el “perdón divino” podemos perdonar al prójimo.

“De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado”.
(Daniel 9:9)

• El perdón divino es el hecho de que en su misericordia, Dios decidió librarnos del castigo de nuestros pecados. (Infortunadamente, algunas personas rechazan ese regalo de parte de Dios).
“Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia… No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados… Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones”. (Salmos 103:8, 10, 12)

• El perdón divino fue ofrecido por Jesús, quien pagó por nuestros pecados por completo, él murió en la cruz como pago por el pecado de toda la humanidad. Teníamos una deuda que no podíamos pagar, pero él pagó por una deuda que no contrajo.
Una de las profecías mesiánicas dice: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él [Cristo, el Mesías] el pecado de todos nosotros”. (Isaías 53:6)

• El perdón divino es una extensión de la gracia tal como se describe con la palabra griega charizomai, que se traduce “perdonar” y que significa “otorgar un favor incondicional”. La palabra griega charis significa “gracia”. Manifestamos la gracia de Dios cuando perdonamos a los demás con el perdón divino.
“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. (Efesios 4:32)

EJEMPLO BÍBLICO:
José y sus hermanos

¡Qué puede provocar más resentimiento que los conflictos que se dan en el seno familiar! José es un excelente ejemplo de alguien que pudo haber sido vengativo, en vez de perdonador. (Véase Génesis capítulos 37–45). Él era el hijo favorito de su padre Jacob. Sus diez hermanos estaban tan celosos y enojados por ello, que lo vendieron como esclavo. Después lo acusaron falsamente de intentar abusar de una mujer, lo encarcelaron injustamente y un amigo que había prometido ayudarlo se olvidó de él. José tenía todas las razones posibles para cortar todo lazo familiar, derramar su odio sobre la humanidad y reclamarle a Dios… pero no fue así.

Con el paso del tiempo, José se convirtió en el primer ministro de Egipto y en su época hubo una terrible hambruna que azotó la tierra. Pero por intervención divina a través de José, Egipto se preparó para enfrentar esa situación. Cuando sus hermanos escucharon de la abundancia que había en Egipto, hicieron el largo viaje desde Canaán para comprar comida. Estando en Egipto se encontraron con su hermano José, a quien creían muerto, ¡pero ahora era el primer ministro! ¡Qué oportunidad tan buena para que José se vengara de sus hermanos! No obstante, en lugar de intentar desquitarse, José les habló con bondad y les refirió cómo Dios usó su mal trato hacia él para su propio bien, el de ellos y el de todo el pueblo judío.…

“Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros… para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación… Dios… me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto”.
(Génesis 45:5–8)

Aunque José experimentó en carne propia el peor de los tormentos, emergió con un perdón extraordinario hacia quienes le habían hecho tanto mal. ¿Cuál fue su secreto?


EL SECRETO DEL ÉXITO DE JOSÉ

• “No os entristezcáis, ni os pese”.
―Cuando nos damos cuenta de que en su soberanía, Dios puede tornar todas las cosas malas que hemos sufrido para bien, entonces…
podemos tener una actitud de perdón.

• “Me envió Dios”.
—Cuando nos damos cuenta de que en la soberanía de Dios él puede usar el lugar donde nos encontramos para nuestro bien…
podemos tener una actitud de perdón.

• “Dios me ha puesto”.
—Cuando nos damos cuenta de que en la soberanía de Dios él puede hacer que toda circunstancia resulte para bien…
podemos tener una actitud de perdón.

• Conclusión:
—Cuando aceptamos la soberanía de Dios por encima del lugar donde nos encontramos, de nuestras circunstancias y de manera especial sobre las cosas malas que nos hacen los demás, y confiamos en que él puede tornarlas algún día para bien…
¡tendremos éxito a través del perdón que otorgamos!

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.
(Romanos 8:28)


PREGUNTA: “¿Cómo puedo reaccionar en una manera cristiana cuando los demás me tratan con tanta injusticia?”

RESPUESTA: Recuerde que Cristo sufrió injusta y terriblemente para pagar por nuestros pecados para que fuera posible el perdón de nosotros. Por lo tanto, al convertirnos en verdaderos cristianos, podemos depender de Cristo (que vive en nosotros) para ayudarnos a soportar el sufrimiento injusto… y aun más que eso, para perdonar a todo aquel que nos trata mal. Debemos ser claros en esto; cada cristiano verdadero está “llamado” a sufrir, sin embargo, con el sufrimiento llega también la bendición.
“Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios…Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente”. (1 Pedro 2:19–23)


 CARACTERÍSTICAS DE LA FALTA DE PERDÓN

Ella se encontraba frente a frente con su enemigo, el ex-oficial de la Gestapo. Su sola presencia le recordaba la crueldad y el hedor de los hornos crematorios de Ravensbruck. Corrie ten Boom observaba la mano dura de su antiguo carcelero y en su mente sabía lo que tenía que hacer: ¡perdonar! Pero sus emociones se rebelaban para no hacerlo. El mensaje que había estado compartiendo con las víctimas de la barbarie nazi hacía énfasis en que ella debía perdonar a quienes la persiguieron. El perdón se convertía en una necesidad. Pero Corrie estaba paralizada librando una feroz batalla entre su mente y sus emociones.

Y ahí estaba de pie, yo, quien he recibido el perdón de sus pecados una y otra vez, y no podía perdonar. [Mi hermana] Betsie murió en aquel lugar. ¿Podría él con su simple petición borrar su muerte lenta y terrible?

Imaginemos el dilema que enfrentaba Corrie. Ella sabía que quienes perdonaron a sus enemigos también pudieron reconstruir sus vidas a pesar del terrible sufrimiento físico a que fueron sometidos. Pero también sabía que quienes seguían albergando amargura seguían aprisionados… no en los crueles campos de concentración de Hitler… sino dentro de su propia alma herida. Corrie sabía cuál era el costo de la amargura, esa misma amargura contra la que ella estaba luchando, porque la Biblia dice:

“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”.

(Hebreos 12:15)


A. ¿Por qué debemos perdonar?

Cuando nos rehusamos a perdonar, la falta de perdón nos sigue amarrando emocionalmente a la ofensa, así como al ofensor. Un continuo rechazo de perdonar ahonda más el abismo en el cual nos podemos esconder para endurecer nuestro corazón. Una de las tácticas favoritas para justificar la falta de perdón es culpar a los demás. Es muy fácil acostumbrarnos al ambiente antinatural de auto-justificación y auto-conmiseración. Las heridas del pasado pueden estar enterradas, pero todavía están vivas. Y porque no han sido tratadas a la manera de Dios, es increíble ver que nos convertimos en y somos iguales al ofensor (pero estamos cegados ante esa realidad). No perdonar al ofensor es una ofensa contra Dios, lo cual nos convierte también en ¡un ofensor ante Dios! La Biblia nos dice que debemos confesar y renunciar a este pecado.…

“El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”.
(Proverbios 28:13)

UN CORAZÓN NO PERDONADOR ES …
UN CORAZÓN NO PERDONADOR TIENE…
• Juez—se enfoca en los pecados que el ofensor cometió en el pasado
• Condenación—es intolerante ante cualquier falta del ofensor
“No juzguéis… no condenéis… perdonad, y seréis perdonados”.
(Lucas 6:37)
• Inmisericorde—repasa una y otra vez las razones por las que el ofensor no merece que se le perdone
• Contención—siempre viendo de arriba a abajo al ofensor sin misericordia
“Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio”.
(Santiago 2:13)
• Resentido—resiente los logros del ofensor
• Envidia—codicia los logros del ofensor
“Es cierto que al necio lo mata la ira, Y al codicioso lo consume la envidia”.
(Job 5:2)
• Vengativo—se ríe cuando el ofensor falla, tiene alguna dificultad o se duele por algo
• Represalias—deseo de ponerse a mano con el ofensor
“Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes, Y cuando tropezare, no se alegre tu corazón”.
(Proverbios 24:17)
• Maligno—habla con los demás acerca de las fallas del ofensor con la intención de lastimarlo
• Difamación—comparte innecesariamente con los demás cosas negativas acerca del ofensor
“El que encubre el odio es de labios mentirosos; Y el que propaga calumnia es necio”.
(Proverbios 10:18)
• Arrogante—se cree superior al ofensor, a quien considera menos importante
• Presunción—actúa con arrogancia hacia el ofensor
“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu”.
(Proverbios 16:18)
• Profano—habla palabras groseras contra el ofensor
• Amargura—alberga conflicto y hostilidad hacia el ofensor
“Su boca está llena de maldición y de amargura”.
(Romanos 3:14)
• Quejumbroso—es pronto para pelear por decisiones personales, por palabras y por obras
• Resistencia—discute cualquier consejo o crítica constructiva que se haga respecto al ofensor
“Haced todo sin murmuraciones y contiendas.”
(Filipenses 2:14)
• Impaciente—demuestra muy poca paciencia y se enoja a la menor provocación
• Irritación—se siente fácilmente irritado por el ofensor
“La cordura del hombre detiene su furor, Y su honra es pasar por alto la ofensa”.
(Proverbios 19:11)
• Amargado—se siente muy irritable por la ira no resuelta
• Negatividad—no puede experimentar gozo ni aprobar nada que tenga que ver con el ofensor
“El corazón conoce la amargura de su alma; Y extraño no se entremeterá en su alegría”.
(Proverbios 14:10)

La falta de perdón provoca que la persona que ha sido víctima de una ofensa se vuelva árida espiritualmente y aunque trate de sentirse cerca de Dios, no puede crecer espiritualmente. Un resultado directo de la falta de perdón es que se bloquea la vida de oración del que no perdona.

“Mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”.
(Mateo 6:15)


PREGUNTA: “¿Cómo puedo perdonar a alguien que no me ha pedido perdón o que no muestra ningún tipo de arrepentimiento?”

RESPUESTA: El perdón no tiene nada que ver con el arrepentimiento. El perdón no está basado en lo que el ofensor hace o merece, sino en otorgar el regalo de gracia hacia el ofensor, un regalo inmerecido. La pregunta verdadera es: “¿Quiere usted ser como Cristo?” Cuando Jesús estaba clavado en la cruenta cruz, sus enemigos no le pidieron perdón ni se arrepintieron por lo que le hicieron, y sin embargo, él demostró su corazón lleno de perdón cuando oró:
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. (Lucas 23:34)


PREGUNTA: “Si perdono a los que me ofenden, seré el clásico debilucho. ¿Por qué pensar que los ofensores cambiarán si les perdonamos su mal comportamiento y si no experimentan las consecuencias de ello?”

RESPUESTA: El perdón no es una carta de permiso. Si un hombre le pide dinero prestado y luego se niega a pagarle, usted debe perdonarlo. Debe soltarlo a él y a la ofensa y dejarlos en las manos de Dios… al menos por su propio bien, para que usted no se vuelva un amargado. Pero no debe volver a entablar ningún tipo de relación económica con él. No dé a la gente irresponsable más oportunidades de traicionarlo a usted. La permisividad con los demás significa que usted no ha puesto límites, y que esas personas no pagarán ninguna consecuencia al violar los límites. Si este es el caso, usted mismo los está induciendo y permitiendo que continúen con su mal comportamiento.

• La permisividad lo coloca a usted en una posición de sufrir el agravio una y otra vez.
• La permisividad nunca ayuda al ofensor a cambiar, sino que refuerza sus malos hábitos. Sin embargo, una “consecuencia” del ofensor es que no tendrá más oportunidades de “abusar” de usted u ofenderlo de nuevo.
• Los débiles son las personas típicas que tratan de agradar a todo mundo y que no ponen límites cuando deberían hacerlo. Si usted le dice que sí a una persona irresponsable cuando debería decir que no, de hecho a quien le está diciendo que no es a Cristo. El apóstol Pablo dijo:
“Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”. (Gálatas 1:10)


B. ¿Cómo es un corazón perdonador?

Cuando el Espíritu de Cristo está enraizado en nuestro ser, él produce en nosotros un carácter semejante al de él. En el momento en que decidimos entregar nuestra vida a Jesús, somos “sellados” con el Espíritu Santo quien viene a morar en nuestro corazón por el resto de nuestra vida. (Véase Efesios 1:13–14). De la misma manera que un árbol de naranja produce naranjas y uno de plátanos, plátanos, el Espíritu de Cristo produce el carácter de Cristo en el cristiano. Por lo tanto, la próxima vez que reciba una ofensa permítale al Espíritu Santo la libertad de producir su fruto de perdón en usted.

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”.
(Gálatas 5:22–23)

EL CORAZÓN PERDONADOR ES…
EL CORAZÓN PERDONADOR TIENE…
• Amoroso—no guarda rencor por las cosas malas que el ofensor le ha hecho
• Un espíritu de amor, permite la posibilidad de que el ofensor pueda cambiar
“Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados”.
(1 Pedro 4:8)
• Gozoso—Hace suya la bondad de Dios y su soberanía sobre todos los acontecimientos de su vida, incluso los más dolorosos
• Una actitud de gozo sabiendo que Dios usará las pruebas para darle victoria
“En esto me gozo … porque sé que por … la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación”
(Filipenses 1:18–19)
• Pacífico—trata de resolver cualquier dificultad, dolor o división y desea que el ofensor tenga una buena relación con Dios y reciba su bendición
• Una conducta pacífica que baja la guardia ante el ofensor y tiende puentes hacia la reconciliación
“Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz”.
(Santiago 3:18)
• Paciente—acepta que el ofensor tiene remedio y podría cambiar
• Un compromiso hacia la paciencia para esperar el momento adecuado de tratar con las dificultades y el tiempo oportuno para hablar de ellas
“El amor es sufrido”.
(1 Corintios 13:4)
• Benigno—buscando maneras prácticas para expresar actos de bondad y para suplir alguna necesidad
• Una obra benigna a favor del ofensor que es inesperada, que no la podía prever y que no sabía que la recibiría
“A su alma hace bien el hombre misericordioso; Mas el cruel se atormenta a sí mismo”.
(Proverbios 11:17)
• Bueno—que todavía exhibe sus principios morales y su pureza en medio de la controversia
• Un corazón bueno, que refleja el más alto estándar moral—el carácter de Cristo
“Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo”.
(1 Pedro 3:15–16)
• Fiel—ora por los que lo han lastimado para que sus vidas sean transformadas
• Un compromiso fiel de orar por quienes lo han herido
“Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración”.
(Romanos 12:12)
• Manso—pues toma en cuenta las propias heridas del ofensor y responde a su aspereza con gentileza y calma
• Una respuesta gentil, que comprende que por lo regular las “personas heridas hieren a la gente”
“La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor”.
(Proverbios 15:1)
• Templado—decide de antemano cómo responder cuando el conflicto aflora
• Una respuesta controlada que se asemeja a Cristo de tal manera que no importa lo que se diga o haga, tiene una actitud positiva hacia el ofensor
“Ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios”.
(1 Pedro 1:13)


PREGUNTA: ¿Cómo sé que ya he perdonado sinceramente?

RESPUESTA: Después de que alguien le ha ofendido, usted puede poner a prueba la “calidad” de su perdón por medio de las siguientes preguntas:

• “¿Sigo esperando que el ofensor “pague” por el mal que me hizo?”
• “¿Todavía albergo amargura contra mi ofensor?”
• “¿Sigo teniendo pensamientos de venganza contra mi ofensor?”
El hecho de perdonar a alguien no significa de ninguna manera que usted no desee que se haga justicia, sino que dejará la ofensa y al ofensor en manos de Dios. Usted se niega a albergar odio hacia el ofensor. Recuerde, el perdón es un proceso que requiere que usted tome la decisión de perdonar cada vez que la ofensa venga a su mente… y usted decide orar por el ofensor cada vez que recuerda la ofensa.
“Así que, lejos sea de mí que peque yo contra Jehová cesando de rogar por vosotros; antes os instruiré en el camino bueno y recto”. (1 Samuel 12:23)


C. El alto costo de la falta de perdón versus la gran recompensa del perdón

Tener un espíritu no perdonador es como cargar un costal de cemento todo el día. Si nos negamos a perdonar en nuestro corazón, llevamos un peso que Dios no desea que llevemos a cuestas. La falta de perdón se convierte en una pesada carga y Jesús dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. (Mateo 11:28).

“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”.
(1 Pedro 5:7)

LA FALTA DE PERDÓN

EL PERDÓN
• La falta de perdón bloquea la puerta a la salvación y al perdón de Dios.
• El perdón abre la puerta hacia la salvación y al perdón de Dios.
“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”.
(Mateo 6:14–15)
• La falta de perdón propicia el crecimiento de una raíz de amargura.
• El perdón impide que crezca una raíz de amargura.
“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”.
(Hebreos 12:15)
• La falta de perdón abre la puerta para que Satanás entre a nuestras vidas.
• El perdón le cierra la puerta Satanás para que no entre en nuestras vidas.
“Si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones”.
(2 Corintios 2:10–11)
• La falta de perdón nos hace caminar en la oscuridad y tinieblas.
• El perdón nos saca a la luz.
“El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas… el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos”.
(1 Juan 2:9–11)
• La falta de perdón proviene de Satanás.
• El perdón es de Dios.
“Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón… esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica”.
(Santiago 3:14–15)
• La falta de perdón evidencia un corazón sin Dios.
• El perdón es evidencia de un corazón piadoso.
“Mas los hipócritas de corazón atesoran para sí la ira”.
(Job 36:13)
• La falta de perdón nos hace esclavos del pecado.
• El perdón nos libera.
“Porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás”.
(Hechos 8:23)
• La falta de perdón entristece al Espíritu de Dios.
• El perdón está fortalecido por el Espíritu de Dios.
“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia”.
(Efesios 4:30–31)


  CAUSAS DE LA FALTA DE PERDÓN

De manera sorprendente, el pequeño hogar de la familia Ten Boom se convirtió en el centro de operaciones de la red secreta a favor de los judíos. A partir de su refugio secreto lograron abarcar hasta los lugares más remotos de Holanda. Los miembros de la familia Ten Boom vivían una vida doble; escondían a los judíos perseguidos en su pequeño cuarto secreto por períodos de hasta dos semanas, mientras que los demás miembros del movimiento de protección a judíos buscaban la manera de sacarlos del país sin ser vistos.

Al mismo tiempo, Corrie vivía con el temor constante de que pudieran sorprenderlos… y con toda razón. Un colega relojero a quien el padre de Corrie había entrenado tiempo atrás, traicionó a la familia. El resultado de su ingratitud fue que Corrie nunca más pudo abrazar a su padre o disfrutar de la presencia de su amada hermana Betsie. ¿Cómo podría no consumirla la amargura contra ese “amigo” que los delató? Ella sufrió en carne propia la realidad de estas palabras…

“Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar”.
(Salmos 41:9)


A. ¿Por qué es tan difícil perdonar?

La gente no puede perdonar a los demás por varias razones. Por ejemplo, cuando el que nos ha ofendido es un amigo, el perdón puede hacernos sentir “en la lona” emocionalmente. Por otro lado, el no perdonar nos puede hacer sentir emocionalmente más importantes. Por lo tanto, podría ser que en ese caso la falta de perdón hacia el amigo que nos ofendió sea por causa del orgullo. La Biblia lo establece de la siguiente manera…

“El hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte”.
(Proverbios 18:19)


OBSTÁCULOS PARA EL PERDÓN

• No haber tenido un ejemplo de perdón por parte de los padres
—“No sé cómo perdonar”.

• Negar que hubo una ofensa
—“No quiero pensar en ello”.

• Temor a responsabilizar al culpable
—“En realidad es mi culpa”. (Esta manera de pensar obnubila la realidad y el dolor que sentimos por haber recibido una ofensa).

• No sentir que puede perdonarse a sí mismo
—“Si no hay misericordia para mí, para ti tampoco”.

• No haber recibido perdón por sus ofensas pasadas
—“A mí no me perdonaron, ¿por qué yo sí tengo que hacerlo?”

• No entender el perdón de Dios
—“Dios nunca me perdonará por esto, yo tampoco perdonaré lo que me hicieron”.

• Creer que la amargura es la respuesta normal a la traición
—“Dios sabe que mis sentimientos son normales”.

• Pensar que el perdón es justificar un comportamiento injusto
—“¡No puedo aceptar que lo que hizo está bien!”

• Requerir una disculpa o una muestra de arrepentimiento
—“No puedo perdonarlo porque no está arrepentido por lo que hizo”.

• Tener un sentido de poder al no perdonar
—“¡Necesita reconocer lo mal que actuó!”

• Rehusarse a dejar ir el deseo de venganza
—“Debería pagar por lo que hizo”.

• Albergar un corazón orgulloso y endurecido que se convierte en una barrera espiritual
—“Me rehúso a perdonar”.

“Bienaventurado el hombre que siempre teme a Dios; mas el que endurece su corazón caerá en el mal”.
(Proverbios 28:14)


PREGUNTA: “¿Qué debo hacer para no cosechar los resultados dañinos de la falta de perdón?”

RESPUESTA: Decida cambiar su forma de pensar y pida a Dios que sensibilice su corazón para tener la capacidad de perdonar. La falta de perdón puede convertirse en una barrera emocional que puede dañar muchas otras áreas de su vida. Hay algo sobre lo que sí tiene control, y son sus pensamientos. Es por eso que la Biblia dice…
“Llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. (2 Corintios 10:5)


B. ¿Cómo es que la necesidad de que se haga justicia contribuye a la falta de perdón?

Nos sentimos llenos de ira ante la injusticia. La demanda de justicia es común a todo ser humano. Es decir todos, excepto el culpable, están esperando que se haga justicia. El clamor del malhechor no es por justicia, sino por misericordia…

“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones”.
(Salmos 51:1)

Pero, ¿por qué la necesidad de que se haga justicia es tan fuerte y natural, y por qué el perdón es tan difícil y va contra nuestra naturaleza humana?

Tres razones:

• Dios ha implantado en el corazón de cada ser humano un sentido de lo que es bueno y lo que es malo. Por tanto, sentimos la imperiosa necesidad de que se haga justicia cuando nos han dañado.
“Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones [aun en los corazones de los paganos].” (Romanos 2:15)

• Con base en la ley, parece que el perdón es inapropiado y anti-natural.
“Y no le compadecerás; vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie”. (Deuteronomio 19:21)

• Ya que Dios es un Dios de justicia, alguien tiene que pagar. Ese alguien fue Jesús. Su muerte en la cruz satisfizo la justicia de Dios. (Véase Romanos 3:25–26.) De la misma manera en que Dios tuvo que satisfacer su justicia con la muerte de Cristo en la cruz, ¿no deberíamos esperar nosotros que se hiciera justicia antes de otorgar misericordia y perdón?
La verdad es que aunque todos deberíamos enfrentar la justicia de Dios, Jesús se hizo pecado por las malas obras de todos. Los gobiernos tienen que impartir justicia, pero los individuos debemos extender misericordia. Tenemos que dejar la justicia individual en manos de Dios. La Biblia nos exhorta…
“Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso”. (Lucas 6:36)


C. ¿Cómo se puede desarrollar una fortaleza espiritual?

Si el enemigo gana una batalla en la guerra, significa que ha ganado territorio… El enemigo ha tomado parte de su territorio. Con esa ventaja, ahora él tiene una base segura desde la cual puede seguir avanzando.

Si nos han lastimado y como resultado hemos albergado ira en el corazón, debemos darnos cuenta de que ese enojo no resuelto puede ser una victoria del enemigo. La Biblia dice:

Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo”.
(Efesios 4:26–27)


CÓMO SE ESTABLECE UNA FORTALEZA ESPIRITUAL

#1 Cuando decidimos no perdonar al ofensor, albergamos enojo no resuelto.

#2 El enojo no resuelto le permite a Satanás levantar una muralla en nuestra mente.

#3 Esa barrera entonces es un lugar fortificado desde donde nos lanza sus “dardos de fuego del maligno” (Efesios 6:16).

#4 Esos dardos de fuego de acusaciones y falta de perdón continúan ardiendo en nuestro corazón y nos tienen mentalmente cautivos para hacer la voluntad del enemigo.

Hasta este punto estamos sumidos en una batalla espiritual. Para poder ganar la guerra, es necesario reconocer que la batalla por la libertad se lleva a cabo en la mente. Necesitamos llevar cautivo todo pensamiento de falta de perdón y entregar toda ira irresuelta a Dios.

“Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca”.
(Colosenses 3:8)

La siguiente oración respecto a la guerra espiritual puede ayudarnos a confrontar con honestidad la ira, entregársela a Dios, y quedar libres de esos hábitos tan dañinos.


ORACIÓN PARA LA GUERRA ESPIRITUAL

“Querido Padre celestial:

• No quiero experimentar la derrota en mi vida. Gracias porque Jesús vive en mí y es más grande que Satanás que vive en el mundo. (Lea 1 Juan 4:4)

• Sé que he sido comprado con el precio de la sangre de Cristo derramada en el Calvario. Mi cuerpo no me pertenece, es de Cristo. (Lea 1 Corintios 6:19–20)

• En este momento, rechazo todo pensamiento que no provenga de ti. (Lea 2 Corintios 10:3–5)

• Decido perdonar a los que me han herido y decido asimismo entregar todo mi dolor y enojo en tus manos. (Lea Colosenses 3:13)

• Resisto a Satanás y todo su poder. (Lea Santiago 4:7)

• Al tomar toda la armadura de Dios, te pido que ates a Satanás y sus fuerzas demoníacas para que no tengan influencia sobre mí. (Lea Efesios 6:11)

• A partir de ahora y con el escudo de la fe, rechazaré y derrotaré cualquier pensamiento de falta de perdón que pudiera derrotarme. (Lea Efesios 6:16)

• Someto mi vida a tus planes y propósitos. (Lea Jeremías 29:11)

En el santo nombre de Jesús hago esta oración. Amén”.


D. ¿Puede usted recibir el perdón total de parte de Dios?

No se puede perdonar de corazón a los demás hasta que hayamos recibido el perdón de Dios en nuestra propia vida. De todas las religiones del mundo, el cristianismo es el único que enseña que Dios perdona el pecado por completo. Él está dispuesto a perdonar cada una de nuestras ofensas. Sin embargo, muchas personas rechazan su perdón porque no pueden entender su misericordia y gracia. La gracia es recibir lo que no merecemos (el perdón y el cielo). La misericordia es no recibir lo que sí merecemos (falta de perdón y el infierno). En este mismo momento, Dios quiere revelarle su misericordia y su gracia. A través de Jesucristo, él quiere otorgarle su perdón, aquel que se encuentra solamente en una relación segura con él.


¿CÓMO PUEDE RECIBIR EL PERDÓN DE DIOS?

#1 El propósito de Dios para usted… es la salvación.
—¿Cuál fue el propósito de Dios al enviar a Cristo al mundo? ¿Condenarlo? No, sino ¡para expresar su amor al salvarnos!
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”. (Juan 3:16–17)
—¿Cuál fue el propósito de Jesús al venir al mundo? ¿Hacer todas las cosas perfectas y quitar todo el pecado? No… sino para perdonar nuestros pecados, fortalecernos para tener victoria sobre el pecado y ¡ayudarnos para vivir una vida plena!
“Yo [Jesús] he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. (Juan 10:10)

#2 Nuestro problema… es el pecado.
—¿Qué es exactamente el pecado? El pecado es vivir independientemente de las normas de Dios, sabiendo lo que es correcto, pero decidiendo hacer lo incorrecto.
“Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”. (Santiago 4:17)
—¿Cuál es la consecuencia más grave del pecado? La muerte espiritual, es decir, la separación espiritual de Dios.
“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. (Romanos 6:23)

#3 La provisión de Dios… es el Salvador.
—¿Hay algo que pueda quitar el castigo del pecado? Sí. Jesús murió en la cruz para pagar de manera personal nuestros pecados.
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. (Romanos 5:8)
—¿Cuál es la solución para ya no estar separados de Dios? Creer en Jesucristo como el único camino para llegar a Dios el Padre.
“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. (Juan 14:6)

#4 Nuestra responsabilidad… es someternos.
—Coloque su fe en (dependa de) Jesucristo como su Salvador y Señor y deje de pensar que sus “buenas obras” son un medio para ganar la aprobación de Dios.
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. (Efesios 2:8–9)
—Entréguele a Cristo el control de su vida, depositando su vida en sus manos.
“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”. (Mateo 16:24–26)

En el momento en que decida creer en él, es decir, cuando confíe su vida a Cristo, él le dará su Espíritu para que viva dentro de usted. El Espíritu de Cristo le capacitará para vivir la vida plena que Dios planificó para usted, y le da de su poder para perdonar a los demás de tal manera que su corazón comience un proceso de sanidad. Si quiere ser perdonado completamente por Dios y llegar a ser la persona que él quiere que usted sea, puede decírselo en una oración simple como la siguiente, pero de todo corazón:


ORACIÓN PARA LA SALVACIÓN


“Dios, quiero tener una relación personal contigo. Confieso que muchas veces he decidido seguir mi propio camino en lugar del tuyo. Por favor perdóname por mis pecados. Jesús, gracias por morir en la cruz para pagar por mis pecados. Ven a mi vida y sé mi Señor y mi Salvador. Dame tu poder para practicar el perdón y para amar a quienes me han lastimado. Comienza la sanidad del dolor en mi vida con tu amor y hazme la persona que tú quieres que sea. Oro en tu santo nombre. Amén”.


¿QUÉ PUEDE ESPERAR AHORA?

Si hizo esta oración con toda sinceridad, lea lo que ¡Dios dice en su palabra!

“En quien [Jesús] tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia”.
(Efesios 1:7–8)


PREGUNTA: “Sé que Dios ha perdonado mis pecados, pero ¿cómo puedo perdonarme a mí mismo?”

RESPUESTA: ¿Alguna vez ha considerado que la falta de disposición de perdonar a quien Dios ya ha perdonado, es desacreditar el regalo de misericordia de Dios hacia usted mismo? Es colocarse a sí mismo como un juez mayor que Dios. Es como si dijera:

□ “Dios, te equivocaste al perdonarme, porque no merezco que me perdones”.

□ “El sacrificio de Cristo en la cruz no es suficiente para limpiarme de mi pecado”.

□ “Se debe hacer algo más para completar lo que falta del sacrificio de Jesús”.

Puede ser que usted sienta que es humilde delante de Dios si no se perdona a sí mismo, pero debe entender que en tal situación su enfoque no está en Dios, sino en usted. La humildad es doblar sus rodillas ante el Señor en sumisión a su autoridad y a su derecho de declarar justo a quien él quiera. Después de todo, ¿quiénes somos para juzgar a Dios? Puesto que Satanás es el “acusador” de los cristianos (Apocalipsis 12:10), cuando usted se sigue culpando, toma el lado de Satanás, cuyo propósito es que usted se siga sintiendo fracasado. En vez de eso, agradezca a Dios con humildad por su misericordia inmerecida. Agradézcale su inmerecida gracia y viva en ese perdón no merecido.

“Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”.
(Tito 3:5)


E. La raíz del problema

Todos fuimos creados con tres necesidades básicas dadas por Dios: la necesidad de amor, de significado en la vida y de seguridad. Muchas personas que han sido lastimadas se sienten insignificantes y sin fuerza alguna; por tanto, tratan de satisfacer su necesidad de significado en la vida no perdonando a los demás. La falta de perdón les da un sentido de poder y superioridad sobre los demás.

Si un amigo suyo lo traiciona, es posible que por algún tiempo sienta que no tiene control para dejar de sufrir. Ya que a nadie le gusta sentirse así, la falta de perdón provee una ilusión de poder. Al no perdonar se tiene un sentido de poder. Al aferrarse al odio hay un sentido de fuerza. Al responder con venganza está jugando el papel del poder.

CREENCIA ERRÓNEA: “Es muy normal que me resienta contra quienes me han hecho daño. Si los perdono, se van a salir con la suya. Los que me ofendieron tienen que pagar por lo que me hicieron”.

RESULTADO: ESTO evidencia una actitud de orgullo que coloca al ofendido en una posición de juez, más arriba de Dios, quien sí está dispuesto a perdonar y olvidar.
“Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados”. (Isaías 43:25)

CREENCIA CORRECTA: “Ya que Dios me ha perdonado por completo, puedo dejar mi resentimiento y decidir perdonar a los demás. Confiaré en Cristo quien vive en mí para que perdone a través de mí”.

RESULTADO: ESTO evidencia un corazón humilde que tiene el deseo de perdonar a los demás de la misma manera en que Dios nos perdona.
“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. (Mateo 6:14–15)


  PASOS HACIA LA SOLUCIÓN

Después de haber sobrevivido los sufrimientos de los campos de concentración… de haber vivido en prisiones infestadas de pulgas y ratas… de haber perdido a su padre y a su hermana por causa del maltrato humano… de haber enfrentado la muerte a diario… y tratar de sobrevivir en medio de lo que parecía ser el triunfo de la maldad, se podría pensar que la vida para Corrie era bastante fácil, pero ésta es una presuposición equivocada. Entonces, ¿los problemas que tuvo después no palidecieron ante los horrores que sufrió en el pasado? En las propias palabras de Corrie, ella no podía dormir por las noches. No quedó libre sino hasta que tomó la decisión final de perdonar de manera cotidiana y luego vivir a la luz de esa decisión cada día de su vida. Con extraordinaria sinceridad, Corrie dijo.…

Me gustaría poder decir que después de vivir una vida larga y fructífera y de haber viajado por todo el mundo, he aprendido a perdonar a todos mis enemigos. Me gustaría poder decir que de mi ser interior fluyen pensamientos llenos de misericordia y bondad hacia los demás. Pero no es así. Si hay algo que en realidad he aprendido… es que no puedo experimentar buenos sentimientos y conductas si no provienen de parte del Señor cada día.

Corrie ten Boom aprendió que no sólo tenía que recibir el perdón de Dios, sino que también tenía que perdonar como él perdona… Ella necesitaba mostrar misericordia, pues Jesús dijo:

“Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento”.
(Mateo 9:13)


A. Versículo clave para memorizar

¿Alguna vez ha orado la “oración modelo” o lo que con frecuencia conocemos como “La oración del Señor”? Si así es, ¿lo hizo con sinceridad? Piense en ello. ¿De verdad lo hizo consciente de lo que decía? Jesús dijo, “Y perdónanos nuestras deudas, como también perdonamos a nuestros deudores”. (Mateo 6:12). Si realmente oramos así, lo que le estamos pidiendo a Dios es que nos perdone de la misma manera en que lo hacemos con los que nos han hecho daño. Por eso, la Biblia dice:


“Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”.
(Colosenses 3:13)


B. Pasaje clave para leer y meditar

Mateo 18:23–35

LA PARÁBOLA DEL SIERVO MALVADO

Jesús contó una parábola acerca de un siervo que le debía al rey diez mil talentos (aproximadamente unos 50 millones de dólares actuales). El rey ordenó que vendieran al siervo y a su familia junto con todo lo que poseían. El siervo cayó de rodillas rogando que el rey tuviera misericordia de él, diciendo: “Yo te lo pagaré todo”. El rey extendió su misericordia y le perdonó toda aquella deuda.
• El rey representa a nuestro Padre celestial, quien perdona todos nuestros pecados cuando con sinceridad llegamos a él rogándole perdón y misericordia.
vv. 23–27
Mas tarde, ese mismo siervo fue a buscar a uno de sus consiervos quien le debía cien denarios (aproximadamente 50 dólares actuales) y le exigió el pago inmediato. Su consiervo cayó sobre sus rodillas y le rogó que tuviera de él misericordia diciendo: “Yo te lo pagaré todo”. Pero el primer siervo envió al hombre a la cárcel hasta que pudiera pagarle la deuda.
• El siervo a quien se le perdonó toda aquella deuda no estaba dispuesto a perdonar las deudas de un consiervo que imploraba su perdón.
vv. 28–30
Cuando los otros siervos vieron lo que había sucedido, se sintieron profundamente tristes y se lo contaron al rey. Éste mandó llamar al siervo cruel, El rey estaba enojado porque no mostró la misma misericordia que él había recibido. El siervo fue enviado a la cárcel para ser torturado hasta el día que pagara todo lo que debía.
• Si no estamos dispuestos a otorgar el perdón verdadero a los demás, nuestro Padre que está en los cielos no nos perdonará a nosotros.
vv. 31–35
“Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas”. (Mateo 18:35)


C. ¿Por qué debemos perdonar?

La respuesta obvia a la pregunta “¿Por qué debo perdonar?” es esta: “¡Porque Dios lo dice!” Pero ¿por qué dice Dios tal cosa? Primero, porque los demás lo necesitan. Y segundo, porque ¡nosotros lo necesitamos! Hace mucho tiempo, George Herbert dijo que quien no puede perdonar “rompe el puente por el que él mismo debe pasar si quiere llegar al cielo; pues todos tenemos necesidad de recibir perdón”.22


LA VOLUNTAD DE DIOS ACERCA DEL PERDÓN

• Dios ordena que nos perdonemos unos a otros.
“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. (Efesios 4:32)

• Dios quiere que perdonemos a los demás porque él nos perdona a nosotros.
“Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”. (Colosenses 3:13)

• Dios quiere que veamos que la falta de perdón es un pecado.
“Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”. (Santiago 4:17)

• Dios quiere que desechemos la falta de perdón y que tengamos un corazón misericordioso.
“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. (Mateo 5:7)

• Dios quiere que cumplamos nuestra responsabilidad de vivir en paz con todos.
“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres”. (Romanos 12:18)

• Dios quiere que venzamos el mal con el bien.
“No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”. (Romanos 12:21)

• Dios quiere que seamos ministros de la reconciliación.
“Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación”. (2 Corintios 5:18–19)


D. ¿Cuáles son las cuatro etapas del perdón?

¿Sabía usted que la palabra perdón lleva en sí la palabra “don” al final? Cuando decide perdonar, usted le entrega a alguien más un don… el regalo de la libertad de no tener que pagar por la ofensa que cometió… el don de ¡perdonar la deuda que tienen con usted! Ese es un don difícil de otorgar, así que es posible que tenga que pasar por cuatro etapas para hacerlo. Pero recuerde que también se está dando un regalo a sí mismo… el don de “vivir libre de rencores”. Esa es la verdadera libertad y por eso la Biblia establece que:

“No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová”.

(Levítico 19:18)

#1 Enfrente la ofensa.
El dolor que pueda sentir es personal, injusto, y profundo, pues tiene una herida que solamente puede sanar si perdona a quien lo hirió. En primer lugar usted debe enfrentar la realidad de lo que ha sucedido y no obstaculizar la sanidad verdadera racionalizando el evento y enfocándose en un pensamiento falso.

• No minimice la ofensa pensando que “No importa si me trata mal, todo está bien”.

REALIDAD: Un mal trato no está bien. No hay justificación para el maltrato de cualquier tipo—bajo ninguna circunstancia.
“Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas”. (Efesios 5:11)

• No justifique el comportamiento del ofensor pensando: “No es que quiera lastimarme. Yo no debería sentirme enojado con él, después de todo ¡es miembro de mi propia familia!”

REALIDAD: Sin importar la edad del ofensor o su relación con nosotros, necesitamos llamar al pecado como lo que es: “pecado”. Debemos enfrentar la realidad y no tratar de cambiarla. Es necesario aceptar que la persona es culpable para saber a quien se va a perdonar.
“El que dijere al malo: Justo eres, los pueblos lo maldecirán, y le detestarán las naciones”. (Proverbios 24:24)

• No presuponga que un perdón rápido es un perdón completo ni piense: “En cuanto se dio esa circunstancia tan terrible, lo perdoné rápida y completamente. ¡Así es como me enseñaron a hacerlo!”

REALIDAD: Mucha gente muy bien intencionada se siente culpable si no ofrece el perdón inmediatamente, así que lo hacen al momento. Sin embargo, todavía no han enfrentado todo el impacto de la ofensa ni han experimentado el dolor de lo que sucedió en realidad. En muy pocas ocasiones se puede sentir todo el impacto del pecado en el momento en que éste ocurre. Más bien, su impacto se siente a diferentes niveles en un lapso de tiempo. Por lo tanto, se debe perdonar en cada uno de esos niveles. El “perdón instantáneo” en heridas profundas podría parecer ser suficiente, pero no es un “perdón total”, no lo es sino hasta que se haya perdonado cada uno de los niveles de impacto. Antes de que pueda perdonar, con sinceridad debe enfrentar la verdad acerca de la gravedad de la ofensa y sus implicaciones en su vida.
“He aquí, [tú Dios] amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría”. (Salmos 51:6)

#2 Sienta la ofensa.
Por lo regular no odiamos a los extraños o conocidos; tan solo “nos enojamos” con ellos. Pero Lewis Smedes escribe: “Cuando una persona destruye lo que se ha creado por medio del compromiso y la intimidad, destruye algo muy valioso”. Entonces sentimos ira u odio como respuesta a un dolor profundo e injusto. El odio hacia el ofensor debe aflorar desde lo más profundo de nuestra alma y debemos tratar con ello. Sin embargo, no todo el odio es incorrecto. Dios odia la maldad.
“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora… tiempo de amar, y tiempo de aborrecer”. (Eclesiastés 3:1, 8)
Si fracasamos en sentir la ofensa los resultados son…

• Negación del dolor: “No lo culpo por criticarme todo el tiempo… Está siempre bajo tanta presión… y en realidad no me duele”.

REALIDAD: Recibir el maltrato de alguien a quien amamos es muy doloroso. Antes de experimentar la sanidad, debemos sentir ese dolor.
“Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu”. (Salmos 34:18)

• Culpabilidad falsa: “Me siento culpable si tengo odio hacia lo que me sucedió. Se supone que yo no debo albergar odio en mi corazón”.

REALIDAD: Dios odia el pecado. Usted también puede odiar el pecado. De hecho, debe odiar el pecado, pero no al pecador.
“El temor de Jehová es aborrecer el mal; la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa, aborrezco”. (Proverbios 8:13)

#3 Perdonar al ofensor.

• “Errar es humano, perdonar es divino”. Este famoso dicho de Alexander Pope es un recordatorio para todos nosotros. Sin embargo, la realidad terrenal es más como esto: “Errar es humano, culpar a alguien más, ¡es más humano!” Es mucho más fácil culpar a otro que perdonar. Pero Dios nos ha llamado a perdonar. Y cuando lo hacemos, el perdón genuino nos acerca al corazón del Señor y nos conformamos al carácter divino de Cristo.

ARGUMENTO: “No creo que sea correcto perdonar cuando no tengo ganas de hacerlo”.

RESPUESTA: El perdón no es un sentimiento, sino un acto de la voluntad, una decisión. Jesús estableció lo que era correcto cuando dijo:
“Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas”. (Marcos 11:25)

ARGUMENTO: “Puedo perdonar a quien sea, pero Dios sabe que no tengo el poder para perdonar a esa persona en particular”.

REALIDAD: El problema no es su falta de poder para perdonar, sino cuán fuerte es el poder de Dios en usted para perdonar cualquier pecado cometido en su contra.
“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia”. (2 Pedro 1:3)

ARGUMENTO: “No parece justo que lo perdone. ¡Debería pagar por el mal que hizo!”

RESPUESTA: Dios sabe cómo tratar con cada persona de manera justa; y lo hará, a su tiempo.
“No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”. (Romanos 12:19)

ARGUMENTO: “He perdonado, pero parece que no sirve de nada. La persona sigue haciendo lo mismo una y otra vez”.

RESPUESTA: No podemos controlar lo que hacen los demás, pero sí podemos controlar cómo respondemos ante lo que nos hacen los demás. Jesús dijo que debemos responder con perdón, sin importar cuántas veces nos dañen. El apóstol Pedro le preguntó a Jesús:
“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete”. (Mateo 18:21–22)

ARGUMENTO: “No puedo perdonar y olvidar. Sigo pensando acerca del daño que me hicieron”.

RESPUESTA: Cuando decide perdonar, no le da “amnesia santa.” Sin embargo, puede cerrar su mente a seguir repasando el dolor del pasado. Rehúse seguir pensando en la ofensa.
“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado, pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. (Filipenses 3:13–14)

#4 Encuentre la unidad… si es posible.
Las relaciones llenas de resentimientos llegan a su fin, pero las que están llenas de perdón, prevalecen. Sin embargo, la reconciliación dentro de una relación, que significa la restauración de la unidad, está condicionada a algunos factores vitales. Cuando estas condiciones se dan, cuando ambas personas se comprometen a ser sinceros en la relación, hay esperanza real de que los dos puedan ser de un solo pensamiento y de un solo corazón otra vez. La Biblia dice:
“Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa”. (Filipenses 2:1–2)


LA HONESTIDAD QUE SE NECESITA PARA LA RECONCILIACIÓN

Evalúe con toda honestidad a sí mismo y la relación.
Dios quiere usar nuestras relaciones interpersonales para revelar nuestras debilidades y para fortalecer nuestra relación con él. El primer paso hacia la reconciliación es evaluar con honestidad sus debilidades y las de la relación para saber dónde es necesario hacer cambios.
“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”. (Salmos 139:23–24)

Abra su corazón y comparta su dolor.
Tenga una plática sincera con su ofensor. Explíquele su dolor, lo que ha sufrido y la tristeza que hay en su corazón. No ataque al ofensor. Más bien, hable de las ofensas y dígale cómo lo hicieron sentir.
“Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano”. (Mateo 18:15)

Evalúe si el ofensor asume su responsabilidad.
Los ofensores necesitan entender que lo que hicieron fue como clavar una flecha en su corazón. Ellos tienen que sentir su dolor. Si ellos ignoran el dolor y responden con lo mucho que usted los ha herido, entonces no están listos para una reconciliación, porque no están listos para asumir su responsabilidad. Necesitan tomar en cuenta su dolor tanto como toman en cuenta el suyo. Deben manifestar un dolor piadoso.
“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte”. (2 Corintios 7:10)

Tenga la expectativa de que su ofensor sea completamente sincero.
Las promesas se pueden hacer si son acompañadas de honestidad, apoyo y lealtad dentro de la relación. Aunque usted no puede garantizar que el otro cumpla, debe poder discernir si hay sinceridad y honestidad en la plática.
“El labio veraz permanecerá para siempre; mas la lengua mentirosa sólo por un momento”. (Proverbios 12:19)

Establezca límites sanos dentro de la relación.
Podría ser que usted tenga un corazón dispuesto a la reconciliación; sin embargo, necesita hacer una evaluación, ¿El ofensor ha traspasado los límites de lo que es correcto (ira descontrolada, es posesivo, exigente, insensible, irresponsable, orgulloso, abusivo)? Si ese fuera el caso, explíquele cuál es el límite y qué repercusiones habrá si cruza esa línea (una relación limitada), o cual será la ganancia si se mantiene dentro de los límites (mayor confianza). Usted debe ser muy disciplinado en llevar el registro de lo que suceda y el ofensor necesita disciplinarse a dejar de dañar la relación.
“Camino a la vida es guardar la instrucción; pero quien desecha la reprensión, yerra”. (Proverbios 10:17)

Tome tiempo, piense con cuidado y ore con sinceridad antes de recibir nuevamente al ofensor dentro de su corazón.
Cuando se ha traicionado la confianza, se necesita tiempo, integridad y consistencia para probar que el ofensor es digno de confianza nuevamente. Los cambios requieren tiempo. Por tanto, no presione la relación. La confianza no se recupera de la noche a la mañana. La confianza no se da, se gana.
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”. (Proverbios 4:23)

Someta su corazón a un nuevo inicio.
Dios quiere que posea un corazón sumiso a su perfecta voluntad para su vida. Las ofensas graves pueden redefinir su futuro y no podrá regresar con su ofensor como si nada hubiera pasado porque usted mismo sufre cambios en medio del dolor. Quizá ha asumido nuevos roles que no puede abandonar tan fácilmente cuando, después de haber perdonado a un amigo, lo invita a entrar en su corazón una vez más. Deje atrás los patrones del pasado y establezca patrones de conducta nuevos y positivos.
“No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad”. (Isaías 43:18–19)


PREGUNTA: “Si yo he perdonado una deuda monetaria, liberando así a la persona de pagarme, ¿espera Dios que esa persona pague su deuda por causa de integridad?”

RESPUESTA: Usted no debe esperar que le devuelvan nada si de verdad ha perdonado esa deuda. Sin embargo, Dios sí espera que seamos gente de integridad, es decir, personas que cumplen su palabra, que acatan los acuerdos y cumplen con sus obligaciones. Debemos hacer todo lo que sea posible para evitar contraer deudas que no podamos pagar y pagar todas aquellas que ya hemos contraído. Si usted se había olvidado de una deuda que su deudor ahora sí puede pagarle, el pago debe realizarse como un asunto de integridad. Pero usted no debe esperarlo. Considere las siguientes situaciones:

• Deudor #1
Un amigo suyo le pide prestados $100 y le promete pagar en un mes. Pero tiene un accidente y por causa de una discapacidad pierde su trabajo. No tiene manera de pagarle la deuda. Si usted decide perdonarle su deuda seis semanas después, ¿le debe todavía su amigo?
No, el asunto del pago no es un asunto de integridad delante de Dios, sino un asunto de discapacidad, la falta de capacidad para pagar esa deuda. Dios sabe que hay ocasiones en las que es imposible pagar una deuda. Si luego su amigo puede devolverle lo que le prestó, sea $1.00 o $10.00 a la semana, él tendrá que hacerle el ofrecimiento de pagar conforme vaya pudiendo. Si usted le reitera que no debe sentirse obligado a pagarle, entonces con una profunda gratitud él debería aceptar su generosidad como un regalo de gracia.

• Deudor #2
Un amigo suyo le pide prestados $100 y le promete pagar en un mes, pero no hace ningún esfuerzo por devolverle el dinero. Después de seis meses, usted decide perdonarlo. ¿Está todavía obligado su amigo a pagar?
No, no le debe el pago de esta deuda porque usted lo perdonó. Sin embargo, una persona de integridad querrá pagar esa deuda. Aunque empiece a pagarle $1.00 o $10.00 a la semana, el pago se debe hacer por asunto de integridad delante de Dios.
Es interesante que de acuerdo a la Ley, los israelitas estaban obligados a cancelar todas las deudas al final de cada setenta años. Si mantenemos una expectativa de pago de deuda por mucho tiempo y esa deuda no se paga, podríamos amargarnos y tal amargura afectaría a todos los involucrados. (Lea Hebreos 12:15).
“Cada siete años harás remisión… perdonará a su deudor todo aquel que hizo empréstito de su mano, con el cual obligó a su prójimo; no lo demandará más a su prójimo, o a su hermano, porque es pregonada la remisión de Jehová”. (Deuteronomio 15:1–2)


E. ¿Cómo se perdona?

¿Alguna vez ha dicho, “alguien en quien yo confiaba me lastimó mucho. La gente me pide que perdone pero cómo puedo hacerlo?” Si alguna vez ha dicho estas palabras o han cruzado por su mente, tenga la seguridad de que no está solo. Por eso necesita saber…


CÓMO MANEJAR “EL GANCHO”

• Haga una lista de todas las ofensas de su ofensor.

• Imagine que en este momento usted lleva un gancho en su clavícula. Imagine todo el dolor que conlleva ese gancho como resultado de todo lo malo que le hicieron.

• Hágase la pregunta, ¿De veras quiero seguir cargando con todo el dolor por el resto de mi vida? El Señor quiere que tomemos el dolor del pasado y lo dejemos en sus manos.

• Luego quite al ofensor de su “gancho” emocional y colóquelo en el de Dios. El Señor sabe cómo tratar con el ofensor pues dice en su palabra,

“Mía es la venganza y la retribución”. (Deuteronomio 32:35)


ORACIÓN PARA PERDONAR AL OFENSOR


Señor Jesús, gracias por preocuparte por cuánto han herido mi corazón. Tú conoces el dolor que he sentido por causa de (mencione cada una de las ofensas). En este momento yo dejo todo ese dolor en tus manos. Gracias, Señor, por haber muerto en la cruz por mí y por darme tu perdón. Como un acto de mi voluntad, decido perdonar a (nombre). En este momento, lo suelto del “gancho” emocional y lo coloco en tus manos. Rechazo cualquier idea de venganza. Confío que en tu tiempo y en tus caminos tú tratarás con esta persona según tu parecer. Y Señor, gracias por darme de tu poder para perdonar para que pueda así ser libre.

Oro en tu precioso nombre. Amén”.


F. ¿Cómo puede seguir teniendo un espíritu perdonador?

En las Olimpiadas, un boxeador no puede entrar al cuadrilátero y hacer un knockout (“fuera de combate”) con el primer golpe. La mayoría de las veces le llevará muchos asaltos e intercambio de golpes antes de que pueda haber un ganador. Por lo general, el perdón no es un acontecimiento de una sola vez. Quizá debamos pasar por muchas circunstancias en las que tengamos que perdonar. Esa es tan sólo una parte del proceso del perdón. Pero si aprendemos a confrontar nuestro dolor y encarar nuestras heridas, valdrá la pena recibir uno que otro moretón emocional, que es muy probable que recibamos. Si de continuo desechamos cada pensamiento recurrente acerca de una ofensa, esos pensamientos por fin se mantendrán fuera de nuestra mente. El proceso podrá completarse de esa manera… Habremos ganado la batalla. Jesús enfatiza la naturaleza de “una y otra vez” cuando de perdón se trata, al decir:

Y si siete veces al día pecare [tu hermano] contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale”.

(Lucas 17:4)


CÓMO PERDONAR… OTRA VEZ

No permita que los pensamientos vuelvan una y otra vez a su mente. Deténgalos en cuanto se generen. Con todo valor dígase a sí mismo: “Me rehúso a guardar un registro de esto… me niego a llevar una lista de ello”.
“[El amor] no guarda rencor”. (1 Corintios 13:5)

Resístase a caer en la tentación de volver a hablar del asunto. Después de que haya habido una confrontación sincera con el ofensor, de que se hayan tratado ambos lados de la situación, o que la otra persona se niegue a hablar del problema, deje que el Espíritu Santo sea quien haga su obra de convicción. Eclesiastés 3:7 dice: “[Hay] tiempo de callar, y tiempo de hablar”. Ore con este pasaje.
“Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios”. (Salmos 141:3)

Repita las Escrituras en su mente. Permita que la perspectiva de Dios cambie la suya. Permita que el corazón de Dios cubra el suyo. En el tiempo de la prueba repita una y otra vez: “El amor cubre este pecado. Señor, permite que yo pueda ser una expresión de tu amor. Que pueda reflexionar en tu amor el cual cubre todo lo malo”.
“El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas”. (Proverbios 10:12)

Entregue la situación al Señor. Jesús entiende bien cuánto lo han lastimado. Cuando a él lo persiguieron sabía que el Padre celestial iba a juzgar con justicia… a su manera y a su tiempo. Y usted puede estar seguro de lo mismo. La prueba por la que esté pasando puede hacer que usted se amargue o que sea mejor. Dígale al Señor: “Entrego mi corazón en tus manos… confío a ti mi vida. Sé que tú juzgarás esta situación con justicia”. Del Señor Jesús se dijo lo siguiente…
“Quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente”. (1 Pedro 2:23)

Interceda a favor de su ofensor. Dios no nos dio la oración como una opción; es una orden. Cuando le han hecho daño, ore: “Señor, dame la visión para ver a esta persona a través de tus ojos… Que pueda entenderla como tú lo haces…”
“Así que, lejos sea de mí que peque yo contra Jehová cesando de rogar por vosotros; antes os instruiré en el camino bueno y recto”. (1 Samuel 12:23)

Dé más de lo que pueda recibir. Ore para que Dios le ayude a entender el pasado del ofensor y cómo su dolor interior contribuyó a que él le hiciera la herida que ahora usted está sintiendo. Enfóquese más en cómo puede suplir algunas de sus necesidades internas, pues es más bienaventurado dar que recibir.
“En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir”. (Hechos 20:35)

Otorgue la gracia, la misericordia y el perdón de Dios. El perdón es una expresión directa de la gracia y de la misericordia de Dios. Gracia es obtener lo que no merecemos (el perdón) y la misericordia es no recibir lo que sí merecemos (el castigo). Haga esta oración: “Señor, que mi vida sea una expresión de tu gracia y una extensión de tu misericordia”.
“El Señor es muy misericordioso y compasivo”. (Santiago 5:11)


G. ¿Qué puede proteger su corazón de la amargura?

Jesús dijo, “Amad a vuestros enemigos.” ¡Eso es imposible! ¡No es realista! ¡No puedo! La gente no puede amar a sus enemigos… al menos eso es lo que presuponen. Pero aun así, la palabra griega agape, que se traduce “amor” en este pasaje, significa “un compromiso de buscar el mayor bien de la otra persona”. El “mayor bien” para quienes están totalmente equivocados es que sus corazones se vuelvan completamente justos. ¿Cuál es el catalizador para que ese cambio se pueda dar? Jesús provee la respuesta…

“Amad a vuestros enemigos… y orad por los que os ultrajan y os persiguen”.
(Mateo 5:44)

Si usted está pensando que en realidad no son sus enemigos, entienda que si siente resentimiento, amargura u odio hacia alguien, esa persona es enemigo de su espíritu. Puesto que el Señor Jesucristo nos ha mandado que oremos por nuestro enemigo, los creyentes deben obedecer esa orden y no pensar que es opcional. Y además, el hecho de orar por nuestros enemigos protege nuestro corazón de la amargura, deberíamos desear obedecer este mandato de corazón y de hecho. Una forma de hacerlo es orar pidiendo que “el fruto del Espíritu” sea sobre el ofensor. Y ya que tiene la disposición de “bendecir” a sus enemigos, la Biblia dice que usted también heredará una bendición.

“No devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición”.
(1 Pedro 3:9)


CÓMO ORAR POR LOS QUE NOS LASTIMAN

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”.
(Gálatas 5:22–23)

• “Señor, te pido que (el nombre) sea lleno del fruto de amor y pueda entender completamente cómo es tu amor incondicional para que él pueda amar a los demás.

• “Señor, te pido que (el nombre) sea lleno del fruto del gozo; que pueda experimentar tu gozo permanente y así irradie gozo hacia los demás.

• “Señor, te pido que (el nombre) sea lleno del fruto de la paz, tu paz interna, y que también pueda proyectar esa paz que sobrepasa todo entendimiento hacia los demás.

• “Señor, te pido que (el nombre) sea lleno del fruto de la paciencia por haber experimentado tu paciencia, y que al mismo tiempo tenga esa misma paciencia extraordinaria con su prójimo.

• “Señor, te pido que (el nombre) sea lleno del fruto de la benignidad al conocer tu benignidad, para que exprese esa benignidad inmerecida a los que lo rodean.

• “Señor, te pido que (el nombre) sea lleno del fruto de la bondad porque ha conocido la genuina bondad de Jesús; que pueda también reflejar la bondad moral de Jesús ante los demás.

• “Señor, te pido que (el nombre) sea lleno del fruto de la fe por reconocer tu extraordinaria fidelidad y que anhele ser fiel a ti, a tu palabra y a su prójimo.

• “Señor, te pido que (el nombre) sea lleno del fruto de mansedumbre por haber experimentado su mansedumbre y que pueda ser manso con los demás.

• “Señor, te pido que (el nombre) sea lleno del fruto de la templanza, el dominio propio de Cristo, para que pueda depender de ese control para romper su esclavitud y ser un ejemplo para los demás.

Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén”.

“Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía”.
(Santiago 3:17)


PREGUNTA: ¿Cómo puedo dejar de sentir amargura contra mi ofensor aunque él ya está muerto?

RESPUESTA: Aunque usted no pueda confrontar a su ofensor personalmente, puede confrontarlo de manera indirecta diciéndole lo que quiera o necesite decirle como si él estuviera enfrente de usted.
Considere hacer la “técnica de la silla”. Imagine que su ofensor está sentado en una silla frente a usted. Dígale las cosas que le diría si estuviera ahí en persona al lado opuesto de una mesa. Exprese sus sentimientos acerca de lo que le hizo y de las consecuencias dolorosas de lo que pasó en su vida. Luego perdone a esa persona y explíquele que lo ha quitado de su gancho emocional y que lo ha colocado en el de Dios.

• Escríbale una carta a su ofensor y describa todos los recuerdos dolorosos que tiene. Luego léala delante de su tumba o en cualquier otro lugar donde pueda hablar abiertamente a esa persona como si en realidad ella estuviera ahí. Al finalizar, decida perdonarla dejándola en las manos de Dios.
• Haga una lista de todos los recuerdos tanto positivos como negativos. Cuando haya terminado su lista, regrese al principio y escriba la palabra “pasado” al lado de cada uno. Reconozca y acepte el hecho de que el pasado quedó en el pasado. Deje en las manos de Dios todo su dolor así como a la persona que se lo provocó.
• El hecho de que su ofensor haya muerto no significa que no pueda perdonarlo y que no pueda impedir que la amargura lo tenga preso en su corazón y su mente. La Biblia dice que:
“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”. (Hebreos 12:15)


H. ¿Cómo se pueden superar las etapas de la culpa?

Alexander Pope dio al mundo esta declaración memorable: “Errar es humano, perdonar es divino”. Sin embargo, vivimos en un mundo donde errar es humano… y como dijimos arriba, ¡culpar a los demás es más humano!


EL JUEGO DE CULPAR A LOS DEMÁS

La manera en que algunas personas justifican su mal proceder es transfiriendo la culpabilidad a alguien más. Sus ofensores querrán culparlo a usted por la culpa de usted y también para aliviar su propia culpa. Aun si ellos están equivocados en un 98 por ciento, al acusarlo a usted por el 2 por ciento restante, se sienten justificados, sintiendo que está nivelada su escala de justificación. Eso significa que ellos no sienten el peso total (convicción) por su pecado.

Sus ofensores pueden equilibrar la balanza con la culpa de usted, pero no pueden vaciar su culpa. Y cada vez que comienzan a sentirse culpables de cualquier cosa mala que hayan hecho, lo culparán a usted por lo que usted ha hecho. Por tanto, siguen esclavizados tratando de mantener la pesa balanceada. Sin embargo, entienda que aunque usted no es el culpable mayor, todavía es responsable delante de Dios de su porcentaje de error, ¡aun tratándose de un 2 por ciento!

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”.

(1 Juan 1:8)


COMO TERMINAR CON EL JUEGO DE CULPAR A LOS DEMÁS

Sin importar cuánto mal haya hecho una persona, usted sigue siendo responsable de pedir perdón por sus propios errores. Jesús dijo: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”. (Mateo 5:23–24).

Cuando pide perdón en humildad por sus pecados, se quita la culpa de encima y se termina el juego de culpar a los demás.

Cuando su culpabilidad se retira de la balanza, el peso de la culpabilidad de su ofensor cae por su ¡propio peso! Es por eso que cuando una persona le dice a otra “¿Me perdonas?” la otra persona responde casi de inmediato, “Sí, pero ¿me perdonas a mí también?”

Cuando usted tiene un espíritu humilde, el Espíritu de Dios puede usar su corazón para convencer el corazón del ofensor.

La verdadera libertad se puede encontrar solamente cuando mantenemos la balanza de la culpabilidad vacía, pidiendo perdón a todos los que hemos lastimado y perdonando a quienes nos hayan hecho algo malo.

“Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres”.

(Hechos 24:16)


  El final de la historia

Las terribles experiencias de la Segunda Guerra Mundial quedaron muy atrás para Corrie, pero la feroz batalla entre el perdón y la falta de él seguía librándose en su interior. ¿Cómo podía ella encontrar la fuerza para estrechar la mano de alguien que para ella representaba el régimen malévolo que destruyó a las dos personas que más amaba en el mundo? ¿Cómo podría ella perdonar a ese hombre? Para su desilusión, se dio cuenta de que ¡ella no podía!

Su mano estaba lista para estrechar la mía. Y yo, que había predicado tantas veces que debemos perdonar, tenía mi mano al lado de mi cuerpo.

Había muchos pensamientos de ira y venganza en mí, pero los reconocí como pecado. Jesucristo murió por ese hombre, ¿debía yo pedir algo más? Señor Jesús, oré en ese momento, perdóname y ayúdame a perdonarlo también.

Traté de sonreír. Luché para poder levantar mi mano. No podía. No sentía nada, ni siquiera la más mínima chispa de calor o misericordia. Así que nuevamente elevé una oración. Jesús, no puedo perdonarlo. Dame de tu perdón.

Al tomar su mano, sucedió lo más increíble. Desde mi hombro, a través de mi brazo y hasta mi mano, sentí como si una corriente eléctrica pasara de mí hacia él, y de mi corazón brotó un amor por ese extraño, que me estremeció.

Así que en ese momento descubrí que el mundo no depende de nuestro perdón o de nuestra bondad, sino de la de él. Cuando él nos dice que amemos a nuestros enemigos, junto con el mandato nos da el amor para darlo.

Jesús nunca nos diría “amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os persiguen” (Lucas 6:27) sin darnos el poder para hacerlo. Corrie ten Boom experimentó ese amor hasta que murió en el año 1983. Quizá no hay mejores palabras para describir el corazón de perdón de Corrie y de su vida de amor que las siguientes: “Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados” (Hechos 13:38).

 

EL PERDÓN: CÓMO LIBERAR A OTROS
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