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EL PARALÍTICO DE BETESDA

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EL PARALÍTICO DE BETESDA

PARALIZADO 38 AÑOS EN BETESDA

1Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.
2Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. 3En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. 4Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. 5Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. 6Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? 7Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. 8Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. 9Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo* aquel día.10Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado: Es día de reposo;* no te es lícito llevar tu lecho.a 11El les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda. 12Entonces le preguntaron: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda? 13Y el que había sido sanado no sabía quién fuese, porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar. 14Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor. 15El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado. 16Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo.* 17Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. 18Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo,* sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.

Reina Valera Revisada (1960) Jn 5.1–9. 


5:1. La frase: después de estas cosas

(μετὰ ταῦτα, que aparece en Juan 3:22; Juan 5:1, Juan 14; Juan 6:1; Juan 7:1; Juan 13:7; Juan 19:38; y Juan 21:1) no indica necesariamente mucho tiempo después (en 19:38 no puede tener ese significado). Sin embargo, se la debe distinguir de la expresión: después de esto (μετὰ τοῦτο que se halla en 2:12; 11:7, 11; 19:28 y que siempre se refiere a acontecimientos que tuvieron lugar poco después), por ser más indefinida. Se limita a no dar ningún indicio referente a la duración del período transcurrido desde los últimos sucesos relatados.
En consecuencia, no sabemos exactamente cuándo sucedió el milagro que nos ocupa en este capítulo. Sabemos que fue en el tiempo en que había una fiesta de los judíos; pero también esta indicación es algo vaga. ¿A qué fiesta se refiere el escritor?
Al considerar este problema puede ser de utilidad el cuadro de festividades judaicas que damos a continuación. Naturalmente los nombres de los meses son sólo aproximados; es decir, no corresponden exactamente a los del calendario religioso judío. El período abarcado se extiende desde el bautismo de Cristo hasta el derramamiento del Espíritu Santo.

la fiesta indicada en 5:1 no puede pertenecer al año 26 d.C. ni tampoco al año 27 d.C., pues 4:35 ya nos trasladó a diciembre del año 27 d.C.
Hay quienes han señalado que la Pascua mencionada en 6:4 es la del año 28 d.C., y que, por consiguiente, la fiesta de 5:1 es la de Purim de aquel año.
Contra este criterio presentamos las siguientes objeciones:

(1) Después de haber salido de Judea por la razón expuesta en 4:1–3, 43, 44, Jesús no hubiera vuelto a aquella región tan pronto, a no ser para asistir a una de las tres fiestas de peregrinación.
(2) El Purim no era una fiesta de peregrinación. Se celebraba en las sinagogas locales donde, en medio del regocijo general, se leía el libro de Ester.
(3) La Pascua mencionada en 6:4 nos lleva a la conclusión del Gran Ministerio en Galilea. Si aquella Pascua tuvo lugar en el año 28 d.C., todo este largo ministerio, en el cual sucedieron tantas cosas, tendría que comprimirse en un período de cuatro meses. Y esto no puede ser.
Ahora bien, si la fiesta de 5:1 no era el Purim del año 28 d.C., y si (como claramente lo indica el “después de esto” de 6:1) no puede ser la Pascua de 6:4, tenemos que fechar esta última en el año 29 d.C.
Llegamos, por lo tanto, a la conclusión de que la fiesta de 5:1, si era una de las tres fiestas judías de peregrinación,111 tuvo que haber sido la Pascua, Pentecostés o Tabernáculos del año 28 d.C.
De estas tres, el término: fiesta de los judíos (5:1) se usa en otras partes del cuarto Evangelio para designar la Pascua (6:4) o la fiesta de los Tabernáculos (7:2). Además, en ambos casos el original lleva el artículo determinado junto al sustantivo fiesta. Por consiguiente, la omisión de este artículo aquí en 5:1, según la mejor evidencia textual, no decide la cuestión en ningún sentido.
Concluimos, en consecuencia, dando nuestra opinión sobre esta anónima festividad, diciendo que: a. era una de las tres fiestas de peregrinación; b. tiene que fecharse en el año 28 d.C.; y c. era, con toda probabilidad, o bien la Pascua, o bien Tabernáculos (sin descartar la posibilidad de que fuese Pentecostés). Para apoyar la teoría de que se trataba de la Pascua, se presentan, a veces, dos argumentos más: 1. la tradición de Ireneo lo afirma, y 2. ésta era la única fiesta a la que los judíos tenían la obligación de asistir. Sin embargo, la evidencia no es completamente decisiva.
Leemos a continuación que Jesús asistió a la fiesta: Y Jesús subió a Jerusalén. En todo este capítulo no se dice nada acerca de sus discípulos. Pero esto no prueba que no lo acompañaran. Es muy posible que aquí, como en otros lugares (p.ej. en 3:22, cf. 4:2), fuera todo el grupo, aunque sólo se mencione el nombre del líder. (Sobre la expresión “subió a Jerusalén” véase 2:13.)

Juan 5:2. Un Estanque, llamado en hebreo Betesda

Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Bethzatha, el cual tiene cinco pórticos.
No lejos de la puerta de las ovejas (¿la de San Esteban?), así llamada probablemente porque por ella pasaban muchas ovejas que se llevaban a sacrificar al cercano atrio del templo, había un estanque. Popularmente, a este estanque se lo conoce por el nombre de Betesda (casa de misericordia), pero el de Bethzatha (arameo: ¿casa de olivo?) tiene más apoyo textual.
Tras muchos intentos de identificar este estanque, su sitio ha sido finalmente establecido a satisfacción de la mayoría de los eruditos. El estanque (o, en realidad, el depósito que lo formaba) fue puesto al descubierto en el año 1888 en ocasión de la reparación de la iglesia de Sta. Ana, en la parte noreste de Jerusalén. En su pared aparece un fresco muy borrado en el que se ve a un ángel agitando las aguas. Parece, pues, que la iglesia primitiva consideraba que este estanque era Bethzatha. En los tiempos de nuestro Señor tenía cinco pórticos o columnatas cubiertas donde podían descansar los enfermos y protegerse de las inclemencias del tiempo.

Juan 5:3. Una Multitud de Enfermos, ciegos, cojos y paralíticos

En éstos (cinco pórticos) yacía una multitud de inválidos (de toda clase, particularmente:) ciegos, cojos y paralíticos; es decir marchitos o paralizados (ξηρός, literalmente secos; de ahí, encogidos por la enfermedad; cf. Mr. 3:3; Lc. 6:6). Parece que el enfermo a quien Jesús curó era uno de estos secos. Es digno de tenerse en cuenta que en el estanque no habían sólo tullidos y paralíticos esperando la curación, sino también ciegos. ¿Recibió alguna vez algún ciego la vista en el estanque de Bethzatha, o fue, más bien, que el favor que el paralítico recibió hizo pensar al ciego que también podía haber cura para él?

Después de 5:3, tanto la versión Reina-Valera como la Revisada 1960 dice lo siguiente: Versículo 3b: “… que esperaban el movimiento del agua”. Versículo 4: “Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese”.
Sin embargo, ninguno de los mejores y más antiguos manuscritos contienen estas palabras.  Pero, por otra parte, Tertuliano (hacia 145–220 d.C.) ya da muestras de conocer este pasaje; pues dice:

“Un ángel, con su intervención, agitaba el estanque de Bethsaida. Los que estaban aquejados de alguna enfermedad lo esperaban; porque el que primero descendía a aquellas aguas, después de lavarse cesaba su dolencia” (Del Bautismo V).

A continuación damos una posición razonable sobre toda esta narración, y en particular en cuanto a las palabras que se omiten en los mejores manuscritos antiguos:

(1) Probablemente sería mucho más difícil explicar cómo se omitieron estas palabras de los mejores manuscritos si realmente eran parte del texto original, que explicar en qué forma se han introducido en el texto (p.ej., como glosa marginal dirigida a explicar la agitación del agua, mencionada en 4:7, atribuyéndola a la visita periódica de un ángel).
(2) Basándonos en el texto que encontramos en los mejores manuscritos (es decir, omitiendo 4:3b y 4) no hay necesidad de creer que la agitación del agua se debía a una causa sobrenatural. Además, la idea de que el primero en descender después del movimiento de las aguas quedaba curado, no se presenta aquí necesariamente como la creencia del escritor del cuarto Evangelio ni como la enseñanza del Espíritu Santo, sino como la opinión implícita del hombre enfermo (4:7b).
(3) Por otro lado, es completamente cierto que no se debe descartar la posibilidad de una actividad sobrenatural y angélica. Nunca se debe olvidar que una interpolación marginal en el texto puede ser correcta. En los días del ministerio terrenal de nuestro Señor, el ministerio de los ángeles aparece prominentemente una y otra vez, y poderes y fuerzas poco comunes representan un importante papel.
(4) Hay que hacer notar, no obstante, que el milagro que aquí tiene lugar cuando este hombre enfermo recobra la salud, no se atribuye a ninguna virtud medicinal del estanque, ni a la actividad angélica, sino al poder y al amor de Jesús. De hecho, cuando Jesús cura a este hombre no hace ningún uso del estanque (compárese con 9:7; 2 R. 5:10, 14). Nuestra atención se debe centrar en este milagro; no en la cuestión de si en este estanque se producían o no milagros constantemente.

Juan 5:5 un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo

Y había allí un hombre, es decir entre los inválidos había un hombre que atrajo la atención de Jesús más que ningún otro. Se trataba del hombre que hacía treinta y ocho años era afligido por su enfermedad. Esto, naturalmnete, no significa que hubiera estado en el estanque todo aquel tiempo. 

el paralitico de betesda

                                  El Paralítico de Betesda

Juan 5:6. Cuando Jesús lo vio allí acostado

y supo que llevaba ya mucho tiempo en esa condición. Jesús vio a este hombre, y sin duda lo miró con afecto (cf. Mr. 8:3; 10:21), sondeando su alma. El Señor sabía que el inválido había estado en aquel lamentable estado durante mucho tiempo.

¿De dónde obtuvo Jesús este conocimiento? Existen tres posibilidades, ninguna de las cuales se debe desestimar:

(1) Cualquiera pudo haberle dado esta información de forma completamente humana y natural. En este caso deberíamos traducir: “Y cuando se le informó que …”
(2) El Padre se lo pudo haber revelado.
(3) La naturaleza divina de Cristo pudo haber dado este conocimiento a su naturaleza humana en una forma que no podemos comprender.

Sabiendo, pues, que este hombre había estado en esa condición durante mucho tiempo, Jesús le dijo: ¿Quieres ser sano? ¿Significa esta pregunta que el alma de aquel hombre había ya caído en tal estado que había perdido hasta el deseo de curarse? Sea este el caso o no, con toda probabilidad estas palabras fueron pronunciadas para llevarlo a un pleno conocimiento de su miseria y de su incapacidad para salir de ella; de forma que, a su vez, esta frase hiciera que la milagrosa recuperación resaltara más por su amplitud. La pregunta de Jesús también contiene una promesa de ayuda.

Juan 5:7. No Tengo Quien me Meta en el Estanque

Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.
Parece que la regla en este estanque era: “Cada cual cuide lo suyo”. Nadie ayudó jamás a este inválido que, debido a su aflicción física, apenas podía moverse. Nunca pudo actuar con suficiente rapidez: siempre, antes de que él llegara, otro ya se había metido en el estanque. Y si, en este sentido, alguien dijera que las cosas han cambiado en nuestros días—porque ahora hubiera habido alguien para ayudarlo: un asistente o una enfermera—, no debe olvidarse que las actuales condiciones humanitarias, dondequiera que se apliquen, tienen, en gran parte, sus orígenes en la amorosa y compasiva influencia del corazón de Cristo, según lo revelan las Escrituras, incluyendo este capítulo.
Como ya hemos indicado, la causa de la agitación del agua podía ser natural o sobrenatural. Si era natural, entonces parece que el repentino movimiento lo causara una corriente intermitente que alimentara el estanque. En general se puede decir que no es nada raro ver a gentes con diversas enfermedades yendo a reunirse en los manantiales de aguas minerales. Piénsese en las fuentes de los alrededores de Tiberias, o en los balnearios que abundan en todos los países, a los cuales, desde la antigüedad se les atribuyen propidades curativas.

Juan5:8. Cuando el enfermo se lamentó

con gran desaliento, de que siempre descendía alguien al estanque antes que él, es muy probable que la luz de afecto y simpatía que brillaba en los ojos del Señor avivara, en cierto modo, su esperanza; y especialmente debido a la pregunta que Jesús le hizo: “¿Quieres ser sano?” ¿Pensaría, quizá, el inválido que la próxima vez que se agitara el agua este forastero estaría dispuesto a meterlo en el estanque? Qué sorpresa recibió cuando de repente el Médico Celestial le dirigió aquellas inolvidables palabras: Jesús le dijo: Levántate, toma tu camilla, y anda. ¡Qué desafío para un hombre que acababa de confesar su completa incapacidad! La camilla a que Jesús se refiere (κράβαττος cf. el latín grabatus) era algo semejante a una cama de campaña, estera, saco, o colchón, etc. Jesús le dijo a este hombre que recogiera aquello y comenzara a andar.

Juan 5:9a. Y al instante aquel hombre fue sanado.

Obedeció y quedó curado inmediatamente (εὐθέως). El mismo hecho de que el escritor del cuarto Evangelio, al contrario que Marcos, use raras veces las expresiones al momento, inmediatamente, o instantaneamente (también en 6:21; 18:27; para εὐθύς véase 13:30, 32; 19:34) indica que desea hacer resaltar especialmente el carácter completo y repentino de la curación. Una vez más la gloria del Hijo de Dios aparece claramente revelada. Esta recuperación no es ni gradual ni parcial; ni, podemos añadir, tampoco fue un simulacro (como algunos han creído). Todos los que pretenden “curar por fe” deberían estudiar cuidadosamente este maravilloso relato. Cuando Jesús pronunció la palabra, el cuerpo de aquel hombre recibió nuevo poder y energía; y tomó su camilla, y anduvo.

Juan 5:9b, 10. Era día de reposo aquel día.

Por eso los judíos le decían a aquel que había sido sanado.
Jesús curó a aquel hombre en día de reposo. Por esta causa se desarrolla una controversia entre Jesús y los judíos. Los fariseos habían añadido a la Ley de Dios sus ridículas distinciones y restricciones rabínicas. Esto se había agudizado en todo lo referente al día de reposo, como ya hemos indicado en 3:1. En lugar de considerarlo como un día consagrado especialmente para obras de gratitud por la salvación que Dios había concedido, lo miraban como día de descanso de todo trabajo común con vistas a una salvación que el hombre debía merecer. Para ellos el día de reposo significaba holganza; para Cristo trabajo. Y, sin embargo, para ellos constituía una pesada carga; mas para él un descanso. Según el parecer de ellos, el hombre había sido hecho para el día de reposo; tal como Cristo lo entendía, el día de reposo había sido hecho para el hombre.

 

En consecuencia, los judíos dijeron al hombre que había sido curado: Es día de reposo; no te es lícito llevar tu camilla. Sin lugar a dudas se referían a Ex. 20:10, y más aun a Jer. 17:19–27 (“Así ha dicho Jehová: Guardaos por vuestra vida de llevar carga en el día de reposo, y de meterla por las puertas de Jerusalén. Ni saquéis carga de vuestras casas en el día de reposo …”) y a Neh. 13:15 (“En aquellos días vi en Judá a algunas que pisaban en lagares en el día de reposo, y que acarreaban haces, y cargaban asnos con vino, y también de uvas, de higos y toda suerte de carga, y que traían a Jerusalén en día de reposo; y los amonesté acerca del día en que vendían las provisiones”). Estos pasajes, sin embargo se refieren claramente a esa clase de transporte de carga que produce ganancia y que supone comercio y especulación. Al prohibir a este hombre sanado que recogiera su lecho—como si fuera algo comparable a una carga que llevara al mercado para venderla con beneficio—hacían de la Ley de Dios una caricatura.

                                          Jesús y el Paralítico de Betesda

                                          

Juan 5:11. La respuesta del hombre sanado fue adecuada:

Pero él les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu camilla, y anda. Su razonamiento era así: uno que realiza una obra tan gloriosa—concediendo instantáneamente curación completa a un cuerpo que ha estado treinta y ocho años atrofiado—tiene derecho, incluso en día de reposo, de decirle al que ha curado lo que debe hacer.

Juan5:12. Le preguntaron: ¿Quién es el hombre que te dijo: Toma tu camilla y anda?

No le preguntan: “¿Quién te curó?” La preocupación gloriosa de este hombre no les interesaba en absoluto. Lo único que les interesaba eran los nimios reglamentos humanos. Debido a su gran celo en observarlos llegaron, incluso, a olvidarse del carácter altamente ridículo de su observación: no parecían darse cuenta de que, después de todo, lo que el hombre llevaba no era más que una camilla (véase arriba). Por eso, incluso, omiten esa palabra. A su modo de ver, el pecado que este hombre estaba cometiendo era éste: a. que había levantado una cosa del suelo; lo que fuera, no importaba, y b. que estaba caminando con ella. No obstante se comportan con lógica al atribuir la terrible acción al que había ordenado que lo hiciera.

Juan5:13. El que había sido sanado no sabia quien era, porque Jesús había desaparecido

entre la gente que estaba en aquel lugar. El hombre curado no se había enterado de la identidad de su Benefactor, pues Jesús, inmediatamente después de obrar su milagro, había desaparecido de entre la multitud de visitantes enfermos que acudían los días de reposo. ¿Se apartó Jesús para evitar una manifestación popular? ¿O fue, quizás, para poder enfrentarse con los dirigentes religiosos y no con sus seguidores? ¿O, como algunos piensan, para dar una oportunidad a este hombre sanado para afirmarse en sus convicciones al verse obligado a expresarlas sin la ayuda de nadie? Sea cual sea la razón o combinación de razones, sigue siendo cierto que aquel hombre no pudo determinar quién había sido el que había tornado su aflicción en gozo.

Juan 5:14. Después de estas cosas Jesús le halló en el templo.

y le dijo: Mira, has sido sanado; no continúes pecando, o algo peor te puede suceder.
Véase 5:1 para la expresión: después de estas cosas. Le halló Jesús en el templo; probablemente en el atrio de los gentiles. El texto no permite decidir si este encuentro tuvo lugar el mismo día, el día siguiente o más tarde. Tampoco hay nada en el texto o en el contexto que indique con qué propósito había ido el hombre sanado al templo. Había muchas razones—unas estrictamente religiosas, y otras no tanto—por las que los judíos, en grandes números, entraban en la casa de Dios y permanecían allí un rato. Por eso en esta ocasión se debiera a que fuera a llevar una ofrenda de acción de gracias a Dios por su restablecimiento.

Por otra parte, se puede comprender muy claramente por qué razón Jesús continuó obrando con este hombre. En todo el relato de su curación (5:1–13) no se dice nada sobre algún cambio de su condición espiritual. El cuerpo le había sido sanado. Por lo tanto no es de extrañar que el Médico le restablezca ahora el alma.

Jesús, pues, se dirige a él con estas palabras: “Mira, has sido sanado; no continúes pecando o algo peor te puede suceder”. Nuestra interpretación de este pasaje no nos permite estar de acuerdo con aquellos comentaristas—¡y hay muchos!—que sacan la conclusión de que el Señor quiso decir: “Hace más de treinta y ocho años cometiste un pecado. La consecuencia fue que quedaste físicamente deformado y paralítico. Ahora te amonesto para que no peques más; de otro modo te puede suceder algo peor”. Por el contrario, puesto que el verbo (μηκέτι ἁμάρτανε) se halla en presente, lo traducimos por “no continúes pecando”, el significado es más bien referente a la situación presente de este hombre y no a lo que pudiera haber sucedido treinta y ocho años antes.

En aquel momento estaba sin reconciliarse con Dios. Jesús sabía esto. Por ello le advierte que no continúe en esta condición pues de otra forma le aguarda algo peor que la enfermedad física de que acaba de ser librado. ¿No es posible que al decir “algo peor” Jesús se refieriese al castigo eterno? De ahí se ve claramente que el relato no contiene una sola palabra que haga referencia a la causa de la enfermedad física de este hombre. Esta explicación concuerda también con las palabras de Cristo en 9:3.

Juan5:15. Con gratitud en su corazón.

el hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado. No obstante, se puede observar que existe una diferencia interesante entre la pregunta de los dirigentes religiosos judíos y la respuesta del hombre. Ellos preguntaron: “¿Quién es el que te dijo: Toma (tu camilla) y anda?” Pero él respondió: “Jesús es el que me ha curado”. Enfatiza lo que corresponde; a saber, la curación, en la cual los judíos no habían mostrado ningún interés.

Juan 5:16. Cuando la atención de las autoridades judías se fija en Jesús.

su furor es tan intenso que determinan en sus corazones perseguirle hasta hacerle morir. Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús. El verbo de esta oración hace referencia a una actividad hostil continua. Fue haciéndose más definida y determinada hasta que finalmente clavaron a Cristo en la cruz. Sobre el carácter progresivo de esta persecución, véase sobre 6:41. La razón de este odio se nos da en estas palabras: porque hacía estas cosas en el día de reposo.

Juan 5:17. ¿Fueron los judíos los que en este momento empezaron a dirigirse a Jesús personalmente, acusándolo de violar el día de reposo?

¿O fue el Señor, que leyendo en sus corazones, les habló primero? Sea como fuere, Jesús hace notar que al realizar aquella obra de misericordia en el día de reposo había obrado de acuerdo con el ejemplo de su Padre (mi Padre; y véase en 1:14, la naturaleza de la filiación de Cristo) y de acuerdo con el mandato que de él había recibido. ¿Pretendían los judíos decir que la esencia del día de reposo consistía en la holganza y que toda forma de trabajo era ilícita? ¿Pero no sería esto acusar al mismo Dios de violar el día de reposo? Si hasta este momento el Padre de Jesús está desarrollando una obra de preservación y de redención, ¿cómo no iba el Hijo a hacer lo mismo si posee la más íntima relación con él (5:19–23)? Al fin y al cabo; el Padre y el Hijo realizan una misma obra. Por consiguiente leemos: Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo también trabajo.

Juan 5:18. Por esto (διὰ τοῦτο tal como en 4:16) los judíos aun más procuraban matarle.

es decir, habían determinado ya hacerle morir porque no sólo quebrantaba el día de reposo (a su modo de ver Jesús era violador del día de reposo), sino que también llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose igual a Dios; y ésta era la causa de que su determinación se hubiera vuelto más intensa y enérgica.

Con las palabras, también llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose igual a Dios, el escritor vuelve a presentar claramente el propósito de su Evangelio. Este propósito, recordaremos, era el de fortalecer a los creyentes para que continuaran creyendo que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo continuaran teniendo vida en su nombre (20:30, 31).

Lo que llevó, pues, a Jesús a la cruz fue que, además de su forma de considerar el día de reposo, decía ser igual a Dios. Cuando las autoridades judías oyeron que Jesús llamaba a Dios “mi (propio) Padre”, no hicieron lo que muchos en nuestros tiempos han hecho: no intentaron rebajar el carácter de la filiación de Cristo. Comprendieron inmediatamente que Jesús se atribuía la divinidad en el sentido más alto posible de esta palabra. Esta pretensión, o bien era la más maligna blasfemia, que se debía pagar con la muerte, o bien la más gloriosa verdad, que debía aceptarse por fe. El mismo carácter del milagro que Jesús acababa de obrar debía haber hecho que estos dirigentes religiosos adoptasen esta última alternativa; pero, en lugar de ello, escogieron la primera.


Síntesis De 5:1–18

El Hijo de Dios rechazado en Judea a consecuencia de la curación del hombre de Bethzatha en día de reposo, y de afirmar que era igual a Dios.

Durante ocho meses completos Jesús había estado llevando a cabo su ministerio de enseñanza y curaciones en Jerusalén y Judea. Luego, tras una estancia de sólo dos días en Samaria, fue a Galilea. También ahí había obrado ya muchos milagros, siendo uno de ellos la curación del hijo de un noble, señal muy notable si se tiene en cuenta que se realizó a una distancia de unos veinticinco kilómetros del lugar donde estaba el niño enfermo. Ya hacía como cuatro meses que el Gran Ministerio en Galilea había comenzado. En el transcurso de este ministerio el Señor estaba cumpliendo la profecía de Is. 9:1: “Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia, tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues al fin llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles”.

En Galilea todo era emoción y entusiasmo, pero no había fe verdadera y salvadora. Estando ocupado en esta obra en la provincia septentrional, Jesús decidió asistir a una de las tres fiestas de peregrinación en Jerusalén. Esto sucedía en el año 28 d.C. En Jerusalén visitó el estanque de Bethzatha y allí sanó a un hombre que estaba paralítico desde hacía treinta y ocho años.
Era sábado cuando Jesús le dijo a aquel hombre enfermo: “Levántate, toma tu camilla y anda”. El hombre obedeció e instantáneamente recobró la salud completa. Desde el punto de vista espiritual, el Señor también le prestó auxilio diciéndole, al hallarlo en el templo: “No continúes pecando, o algo peor te puede suceder”.

Cuando las autoridades judías vieron que este hombre, obedeciendo el mandato de Jesús, transportaba su camilla en día de reposo, lo criticaron a él y a su Bienhechor. Sin embargo, Jesús contestó: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo también trabajo”. Los dirigentes religiosos de Jerusalén, a partir de entonces, maquinaron un complot para dar muerte a Jesús, y esto por dos razones:

  1. violación del día de reposo.
  2. blasfemia por hacerse igual a Dios.

 

 

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