Madrid, España

EL NUEVO NACIMIENTO

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EL NUEVO NACIMIENTO


El concepto de EL NUEVO NACIMIENTO  forma parte del tema neotestamentario general de una «nueva creación» (kainē ktisis [2 Cor 5:17; Gal 6:15]). La terminología sobre el «nuevo nacimiento» en los Evangelios incluye tanto una dimensión personal espiritual (en Juan 3:3, 7 gennēthēnai anōthen [«nacer de nuevo, de lo alto»]) como una dimensión cósmica escatológica (en Mt 19:28 palingenesia [«regeneración, recreación»], que se traduce de diversas maneras: «la renovación de todas las cosas» [NVI], «el nuevo mundo» [ESV], «la era mesiánica» [HCSB]). La idea de un nuevo nacimiento personal y espiritual consistente en un nuevo comienzo y la decisiva transformación interior de la vida de una persona, que implica la purificación y una nueva ley escrita en el corazón, se encuentra en varios pasajes proféticos del AT (e.g., Jr 31:31–34; Ez 11:19–20; 36:25–27). En los Evangelios, donde se menciona el nuevo nacimiento de manera más destacada es en Juan. «Nuevo nacimiento» en los demás Evangelios entraña una dimensión cósmica y escatológica porque toda la creación, y no solo los individuos redimidos en Cristo, serán renovados (palingenesia) al final de los tiempos (Mt 19:28; cf. Lc 22:30). Este nuevo nacimiento cósmico y escatológico de la creación se basa, igualmente, en antecedentes veterotestamentarios (Is 65:17–20; 66:22).

 

 Nuevo nacimiento en la literatura extrabíblica antigua

Filón utilizó el lenguaje de la regeneración para referirse a la restauración del mundo después del diluvio (De Vita Mos. 2.65) así como a la restauración de la vida a los individuos , Josefo habló de «renacimiento» en referencia al retorno de un remanente israelita tras el exilio (Ant. 11.66). La esperanza de una creación restaurada está muy viva en la literatura apocalíptica judía (e.g., 1 En. 45:4–5; 72:1; 91:16; 2 Bar. 32:6; 44:12; 57:2; 4 Esd 7:31), la literatura sectaria del *mar Muerto  y en los targumim y resto de la literatura judía. Los estoicos empleaban palingenesia para describir la restauración del universos, incluidas las almas humanas, tras una conflagración cósmica final . Tanto en la apocalíptica judía como en el pensamiento estoico, esta regeneración del cosmos es un acontecimiento futuro. El estoicismo, sin embargo, creía en un infinito ciclo de destrucción y recreación del cosmos, mientras que el judaísmo mantenía firmemente la creencia en una catástrofe cósmica definitiva y única precipitada por la venida de Yahvé en el Día del Señor para traer el juicio final y la salvación (cf. Is 34:4, 8–10; Joel 2:31; 3:14; Sof 1:14–2:3). Podemos presumir por su uso general en el mundo ilustrado que palingenesia tenía su papel en las religiones mistéricas, pero en el caso del siglo I A. D. carecemos de pruebas concretas.

Nuevo nacimiento en el Antiguo Testamento

El nuevo nacimiento en el AT gira en torno a Yahvé dando a luz a Israel, el rechazo de Yahvé como padre por parte de Israel y la promesa de un nuevo nacimiento para Israel. Esta metáfora presenta vívidamente a Yahvé trayendo a Israel a una relación de alianza consigo mismo (nacimiento), Israel rompiendo ese pacto y dando lugar así al *exilio (rechazo de Yahvé como padre) y la restauración de Israel por Yahvé (nuevo nacimiento). La primera vez que el AT aplica la metáfora del nacimiento a la relación de Yahvé con Israel es en Deuteronomio 32:18–20: «De la Roca que te creó te olvidaste; te has olvidado de Dios tu creador. Y lo vio Jehová, y se encendió en ira por el menosprecio de sus hijos y de sus hijas. Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro, veré cuál será su fin; porque son una generación perversa, hijos infieles». Deuteronomio concibe la formación de la nación de Israel como Yahvé alumbrando a su pueblo.
Los profetas retoman esta idea, y Ezequiel, Jeremías e Isaías utilizan un lenguaje muy gráfico de «nuevo nacimiento» para hablar de la fidelidad de Yahvé, la infidelidad de Israel y la necesidad de que Israel experimente un segundo nacimiento como nación. Isaías muy claramente emplea esta imaginería de Deuteronomio 32:18 en Isaías 40–55 (véase esp. Is 45:9–11; cf. Is 17:10; 26:4; 30:29). Aludiendo al contexto general de Deuteronomio 32, Isaías habla de Yahvé como la «Roca» de Israel en contraposición con los ídolos de las naciones: «No tiemblen ni se asusten. ¿Acaso no lo anuncié y profeticé hace tiempo? Ustedes son mis testigos. ¿Hay algún Dios fuera de mí? No, no hay otra Roca; no conozco ninguna» (Is 44:8 NVI [cf. Is 44:9–20]). De acuerdo con el contexto general de Deuteronomio 32, Isaías procede a denunciar a los dioses de las naciones, que son meros ídolos hechos por la mano del hombre (Is 44:9–20). Aquello que Yahvé predijo en Deuteronomio ahora ha sucedido: Israel, el primogénito de Yahvé, ha abandonado a su padre y ha ido tras otros dioses. Por tanto, Israel necesita de una nueva creación, un nuevo éxodo, un nuevo nacimiento.
Al contar el pasado idólatra de Israel, Isaías invoca la misericordia y la paciencia de Yahvé. Ahora Yahvé hará algo nuevo: limpiará a Israel de su idolatría dándole oídos para oír y ojos para ver (Is 42:9). Se habla de esta purificación y restauración como de un nuevo nacimiento: «Por mucho tiempo he guardado silencio, he estado callado y me he contenido. Pero ahora voy a gritar como parturienta, voy a resollar y jadear al mismo tiempo» (Is 42:14 NVI). Lo que sigue es una descripción del retorno de Israel del exilio, un nuevo éxodo . En contraste con sus predecesores, Israel nacerá de nuevo como el pueblo fiel de Dios que mostrará la gloria de Yahvé a las naciones (Is 46:13; 49:3; 52:1; 55:5; cf. Is 60:9; 60:21; 61:3). Tras el nuevo nacimiento de Israel se producirá la restauración de la creación (véase Is 56–66).
En Jeremías, la purificación y restauración de Israel de la idolatría al regreso del exilio adopta la forma de la prometida nueva alianza (Jr 31:31–34). El nuevo pacto no será como el antiguo que Yahvé hizo con Israel cuando lo sacó de Egipto: la alianza que Israel rompió por culpa de su idolatría. En este nuevo pacto Yahvé escribirá la ley en el corazón de Israel en lugar de sobre tablas de piedra. El resultado será el perdón de los pecados y un pueblo que tendrá a Yahvé como su Dios. Así, Israel será un pueblo hecho de nuevo a imagen de su Dios.
Las imágenes de Ezequiel sobre la restauración del exilio son muy gráficas y diversas. Este profeta emplea la imaginería de un niño rebelde que, a pesar de la amorosa fidelidad de Yahvé, se rebeló como una ramera y será restaurado nuevamente por Yahvé (Ez 16). Ezequiel 37 presenta a Israel como un valle de huesos que necesitan ser levantados por el Espíritu de Yahvé. En Ezequiel 36, de manera similar a Jeremías, Ezequiel concibe el retorno del exilio como Yahvé estableciendo una nueva alianza con Israel. Yahvé purificará a Israel con agua limpia, sustituirá el corazón de piedra de Israel con un corazón de carne, y pondrá su Espíritu en el pueblo para que puedan obedecer sus mandamientos (Ez 36:16–27). Tras la institución de este nuevo pacto, la tierra también será restaurada (Ez 36:28–38). las ideas conjuntas del nuevo nacimiento de Israel, el retorno del exilio y la nueva alianza forman el trasfondo del concepto del nuevo nacimiento en el NT, especialmente en el Evangelio de Juan.

Nuevo nacimiento en el Evangelio de Juan

3.1. Nuevo nacimiento «de lo alto». Según el Evangelio de Juan, Jesús le habla de la necesidad de un nuevo nacimiento «de lo alto» (anōthen) a Nicodemo (Jn 3:3–5). El término anōthen puede significar o bien «de lo alto», sea figurada (Jn 3:7, 31; 19:11; Sant 1:17; 3:15, 17) o literalmente («de arriba abajo» [Mt 27:15 par.; Jn 19:23]), o «desde el principio» (Lc 1:3; Hch 26:5; Gal 4:9). Esta ambigüedad potencial abre la posibilidad de una mala interpretación. Nicodemo pensó que la frase significaba literalmente «de nuevo», pero tal como aclara Juan, Nicodemo entendió mal el sentido de las palabras de Jesús. Según Jesús, Nicodemo debe nacer «de lo alto»: esto es, volver a nacer espiritualmente. En Juan 3:5 se explica algo más lo de «nacer de nuevo/de lo alto» como «nacer del agua y del espíritu». En lugar de referirse al bautismo en agua y al bautismo del espíritu, dos tipos de nacimiento, o de otras posibilidades más, la expresión probablemente denota un nacimiento espiritual. Esto lo sugiere el hecho de que «nacer del agua y del espíritu» explica el significado de la frase «nacer de nuevo/de lo alto» en Juan 3:3, así como el uso de una preposición (ek) que rige las dos frases en Juan 3:5 y el antecedente de la teología profética veterotestamentaria.
Tal vez el paralelo más cercano del AT sea Ezequiel 36:25–27, que imagina la purificación divina de los corazones humanos con agua y su transformación interior mediante el Espíritu. Puede que la terminología también recuerde al bautismo de prosélitos del siglo I, en el que se comparaba al gentil convertido al judaísmo con un niño recién nacido. En Juan 3 Jesús pretende que Nicodemo abandone una interpretación excesivamente literal de lo que significa «nacer de nuevo/de lo alto» y la cambie por una interpretación espiritual. En respuesta a la pregunta de Nicodemo, Jesús mantiene que incluso aunque fuera posible que una persona literalmente naciera por segunda vez, este «segundo nacimiento» no lograría nada porque seguiría siendo un nacimiento físico. En lugar de eso, lo que hace falta es un nacimiento espiritual (cf. Gal 4:29; 1 Jn 2:29; 3:9; 4:7; 5:1, 4, 18). Juan 1:12–13 vincula explícitamente el ser nacido de Dios y llegar a ser un *hijo de Dios con recibir a Jesús, algo que explica con más detalle como creer en su nombre. La importancia de «creer» en el Evangelio de Juan difícilmente se puede exagerar (véase Jn 20:31, y obsérvense los noventa y ocho casos de pisteuō a lo largo del Evangelio). Recibir a Jesús por *fe trae como consecuencia que uno experimente un «nuevo nacimiento» de Dios (Jn 1:12–13).
La progresión del relato en Juan 2:13–3:21, desde la purificación del templo a la perícopa de Nicodemo, presenta el énfasis de Jesús en la necesidad de la regeneración espiritual para entrar en el *reino de Dios (Jn 3:3, 5) como explicación del antagonismo de los líderes judíos (Jn 2:18–20) y la fe superficial del pueblo (Jn 2:23–25). Con esto, Juan indica que la entrada en el reino de Dios no depende de la etnicidad sino más bien de un nuevo nacimiento (Jn 3:3, 5–7; cf. Jn 3:16). Junto con Tito 3:5 y 1 Pedro 1:3, 23; Juan 3:3, 7 indica un uso extendido del lenguaje del «nuevo nacimiento» entre los cristianos primitivos para describir lo que ocurre en la conversión. Juan 3:5–8 relaciona este nuevo nacimiento con la actividad del Espíritu.
3.2. Nuevo nacimiento como parte del tema de la «nueva creación» en Juan. La enseñanza de Juan sobre el nuevo nacimiento forma parte de un tema más general sobre la «nueva creación» que aparece en su Evangelio. Desde el inicio mismo, Juan vincula la venida de Jesús con la creación de Dios «en el principio» (Jn 1:1; cf. Gn 1:1). Pasa a desarrollar la importancia de la venida de Jesús hablando de *«vida» y *«luz» (Jn 1:3–5, 7–9), ambas parte de la terminología veterotestamentaria sobre la creación (véase esp. Gn 1:3–5, 14–18). En lugar de la enseñanza sinóptica sobre el reino de Dios, Juan se centra en el hecho de que Jesús trae «vida eterna» a quienes creen en él (e.g., Jn 3:16; 20:31). En este contexto Juan también habla de la necesidad de un nuevo nacimiento espiritual para los creyentes (Jn 1:12–13; cf. Jn 3:3, 5). Incluso la primera semana del ministerio de Jesús se presenta de un modo análogo a la semana de la creación (Jn 1:19–2:11). Durante la controversia sobre el sábado en Juan 5 Jesús afirma que su actividad es una continuación de la obra creadora de Dios (Jn 5:17; cf. Gn 2:2–3). Abundan los posibles casos del motivo de la «nueva creación» en el relato joánico de la *pasión. Tiene lugar en un huerto (Jn 18:1, 26; 19:41) , y a Jesús se le identifica (aunque por error) como «el hortelano» (Jn 20:15); la *resurrección de Jesús se puede presentar como el principio de una nueva creación (Jn 20:1; cf. Jn 1:3); Jesús se levanta de entre los muertos y se les aparece a sus seguidores de acuerdo con varias predicciones anteriores (Jn 20; cf. Jn 2:20–21; 10:17–19); *Pilato llama a Jesús «el hombre» (Jn 19:5), un posible doble sentido joánico que presenta a Jesús como el «nuevo Adán»; y Jesús sopla sobre sus discípulos y les da el Espíritu en la escena final de encomendación (Jn 20:22), invocando la creación de Adán (Gn 2:7; cf. Ez 37:9).

Nuevo nacimiento cósmico en los Evangelios sinópticos

Mientras que Juan centra la atención en el «ya», el aspecto completado de la obra de Dios en Cristo consistente en producir una nueva creación, la declaración de Jesús en Mateo 19:28 llama la atención sobre la consumación futura de la nueva creación de Dios: «De cierto os digo que en la regeneración [palingenesia], cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel». Este uso de palingenesia para describir el escatón es único en el NT, aunque presenta algunas similitudes con la literatura estoica citada anteriormente. Sin embargo, el carácter cíclico del infinito ciclo cósmico de conflagración y renacimiento en los relatos estoicos, contrasta con la naturaleza lineal y definitiva de la escatología del NT.
El paralelo en Marcos 10:30 se refiere al «siglo venidero», mientras que el paralelo en Lucas 22:30 habla de la futura venida del reino de Dios. Mateo 24:3 describe la curiosidad de los discípulos sobre el momento de este «nuevo nacimiento» cósmico al consignar su pregunta: «¿Cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?» La parábola de la cizaña en Mateo 13 describe este acontecimiento futuro (Mt 13:24–30, 36–43): «Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego… Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre» (Mt 13:41–43).
La referencia a la escatológica regeneración de la creación en Mateo 19:28 puede que no indique más que la creencia en una progresión temporal de la historia que culmina con la era venidera. Sin embargo, además de un simple referente temporal, es posible que apunte a la extendida creencia en una destrucción y renovación cósmica en el futuro (véase 1 En. 45:4–5; 72:1; 91:16; 2 Bar. 32:6; 44:12; 57:2; 4 Esd 7:31; Sib. Or. 4:160–161, 175–182; 1QHa III, 28–33; 1QS IV, 25; Is 65:17; 66:22; 1 Cor 7:31; 1 Jn 2:17; Heb 12:26–27; 2 Pet 3:10–13; Ap 21:1). Esta interpretación cobra fuerza por el modo en que Mateo 5:18 (// Lc 16:17 [nótese la diferencia entre el uso temporal que hace Mateo de heōs y el uso lucano del comparativo eukopōteron]) y Mateo 24:35 (cf. Mc 13:31) hablan de que en un futuro los cielos y la tierra pasarán.

Conclusión

En los Evangelios, el nuevo nacimiento, dentro del marco general del tema de la «nueva creación», tiene una dimensión tanto personal/espiritual como cósmica/escatológica. La primera puede verse en pasajes como Juan 3:3–8 y se remonta a pasajes proféticos del AT como Jeremías 31:31–34; Ezequiel 36:25–27; la última es evidente en los relatos de la enseñanza de Jesús sobre la «renovación de todas las cosas» al final de los tiempos en los sinópticos (véase esp. Mt 19:28) y se basa, asimismo, en antecedentes teológicos veterotestamentarios como Isaías 65:17–20; 66:22. Así pues, el nuevo nacimiento del creyente individual se sitúa dentro del contexto general (inaugurado, pero todavía no consumado) de la renovación de todas las cosas al final de los tiempos.


 

 

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