Madrid, españa.
contacto@compartiendolaverdad.com

EL LIBRO DE LOS SALMOS

Recursos Bíblicos Para Crecer

EL LIBRO DE LOS SALMOS

¡Cantad a Dios, cantad!
¡Cantad a nuestro Rey, cantad!,
Porque Dios es el Rey de toda la tierra;
¡Cantad con inteligencia! (Salmo 47:6–7).

Tabla de Contenidos


El Libro De los  Salmos

El libro de los Salmos es el primero de la tercera sección de la Biblia hebrea. Denominada Kethubim (Escritos), esta tercera sección se conocía, de manera popular, con el nombre de su primer libro, es decir, “Los Salmos”. Por lo tanto, Jesús incluyó la totalidad del Antiguo Testamento cuando habló de las profecías con respecto a él que habían en “la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” (Lc. 24:44).
Nuestro título en castellano proviene de la Septuaginta, traducción al griego del Antiguo Testamento que se hizo unos 150 años antes de Cristo. Psalmoi, el término griego, significa “canciones” o “canciones sagradas”, y deriva de una raíz que denota “toque” o “rasguido”, como el que se da a un instrumento de cuerdas. El título hebreo es Tehilim, que quiere decir “alabanzas” o “canciones de alabanza”.
Los Salmos tienen un lugar de importancia especial en la Biblia. Lutero habló de este libro como “una Biblia en miniatura”. Calvino lo describió como “una anatomía de todas las partes del alma”, desde que, como lo explicó, “no hay emoción de la cual alguien pueda tener consciencia que no esté representada aquí, como un espejo”.2 Johannes Arnd escribió, “El Salterio es a la Biblia lo que el corazón es al hombre”. W. O. E. Oesterley describió los Salmos como “la más grandiosa sinfonía de alabanza a Dios que jamás haya sido compuesta en la tierra”.4 Theodore H. Robinson dijo,

El Salterio hebreo ocupa una posición única en la literatura religiosa de la humanidad. Ha sido el himnario de las grandes religiones, y ha expresado su vida espiritual más honda a través de los siglos. Ha ministrado a hombres y mujeres de razas, lenguas y culturas ampliamente diversas. Ha traído consuelo e inspiración a los contristados y los descorazonados en todas las edades. Sus palabras han demostrado ellas mismas ser adaptables a las necesidades de personas que no poseen conocimiento de su forma original y escasa comprensión de las condiciones bajo las cuales se lo produjo. Ninguna otra parte del Antiguo Testamento ha ejercido una influencia tan amplia, profunda y permanente sobre la vida del alma humana.

El lugar que se confiere a los Salmos en el Nuevo Testamento testimonia con claridad del valor de este gran libro. De los aproximadamente 263 pasajes del Antiguo Testamento que se citan en el Nuevo, un poco más de un tercio, o un total de 93, son extraídos del libro de los Salmos. Algunos, y de manera destacada el Salmo 2 y el Salmo 110, son citados varias veces. En las palabras de W. E. Barnes, “Sólo la existencia de una verdadera continuidad espiritual entre los Salmos y el Evangelio puede explicar el profundo aprecio con que los cristianos de todas las edades han estimado el salterio”.
Uno de los valores más importantes en los Salmos para el estudio del Antiguo Testamento es la visión que nos dan de la verdadera naturaleza de la religión veterotestamentaria. Por desgracia, con demasiada frecuencia hemos relacionado la religión del Antiguo Testamento con el fariseísmo y el legalismo que se describen en los Evangelios y en los escritos de Pablo. Los Salmos muestran con claridad que en los tiempos del Antiguo Testamento la piedad era una fe viviente, espiritual, gozosa e intensamente personal. Los Salmos reflejan un nivel de espiritualidad que muchos, en la más favorecida dispensación cristiana, no logran alcanzar o a la cual se elevan en escasas ocasiones. Tal como señalara A. F. Kirkpatrick:

Los Salmos representan el aspecto interior y espiritual de la religión de Israel. Son la expresión múltiple de la devoción intensa hacia Dios de las almas piadosas, del sentimiento de confianza, esperanza y amor que alcanzan una cúspide en salmos tales como el 23, el 42–43, el 63 o el 84. Son la voz de la oración en la multiplicidad de sus entonaciones, cuando el alma se dirige a Dios en confesión, petición, intercesión, meditación, acción de gracias, alabanza, tanto en público como en privado. Ofrecen la prueba más completa, si fuera necesario tener una prueba, de hasta qué punto es falso el concepto de que la religión de Israel era un sistema formal de ritos y ceremonias externos.


ESTRUCTURA DEL LIBRO

Desde tiempos muy antiguos el libro de los Salmos en hebreo se ha subdividido en cinco “libros” o secciones que se señalan en la mayoría de las traducciones modernas (aunque no en las más antiguas versiones de la Reina-Valera). El libro I incluye los salmos del 1 al 41. El libro II los salmos del 42 al 72. El libro III está compuesto por los salmos del 73 al 89. El libro IV abarca del 90 al 106, y el libro V los salmos 107 al 150. El Midrash judío, comentario de los Salmos, compara estos cinco libros con los cinco libros de Moisés. La subdivisión probablemente se relaciona con el ciclo de tres años que prevalecía en la Palestina antigua para la lectura de la ley. El libro de Génesis se leía durante los primeros 41 sábados. La lectura de Exodo comenzaba el cuadragésimo segundo sábado, la de Levítico el septuagésimo tercero, la de Números el nonagésimo y la de Deuteronomio el centésimo séptimo. Estas fechas corresponden con el primero de los salmos en cada uno de los cinco libros.
También es probable que nuestro actual libro de los Salmos sea, en realidad, una colección de colecciones. Esto se percibe tanto en la naturaleza como en la agrupación de los títulos (véase más abajo), y la afirmación de 72:20, “Aquí terminan las oraciones de David, hijo de Isaí”.
Un estudio de los títulos de los salmos del libro I revela que todos son atribuidos a David, con excepción de los números 1, 2, 10 y 33. El libro I fue, probablemente, el primer salterio oficial. Usa libremente el nombre sagrado de Dios, según el pacto, la palabra hebrea Yahweh, que se traduce Jehová en la versión Reina-Valera.
Una segunda colección, posiblemente posterior, se encuentra en el libro II, Salmos 42–72. Entre éstos, siete (42; 44–49) están precedidos por la inscripción “de los hijos de Coré”, uno se atribuye a Asaf (50), dieciocho a David, uno a Salomón (72) y cuatro carecen de epígrafe (43, 66, 67, 71). Sabemos que esta colección estaba separada originalmente del libro I, porque el Salmo 14 se encuentra repetido en el 54, y parte del Salmo 40 está en el 70. Por otro lado, se usa Elohim, que se traduce Dios, como nombre divino, en lugar de Yahweh. Los salmos de Asaf del libro III, 73–83, también prefieren Elohim, aunque el resto de los salmos de este libro utilizan Yahweh para referirse a Dios. No puede ofrecerse una buena razón que explique la diferencia de uso. Aparentemente, se lo hacía de manera deliberada y cuidadosamente. Es verdad que el judaismo posterior consideraba que el nombre Yahweh era demasiado sagrado para que se lo pudiera pronunciar, pero esta actitud se originó mucho después que los salmos hubieran sido completados.
El núcleo básico del libro III está constituido por un grupo de salmos de Asaf (73–83), que era el director de coros de David (1 Cr. 16:4–7). Partiendo de la referencia al reavivamiento de la salmodia de David y Asaf por Ezequías (2 Cr. 29:30), Delitzsch deduce que la colección que constituye el libro III puede haber sido agregada en tiempos de Ezequías. El resto de los salmos de este libro, el más corto de los cinco, se atribuyen, en los epígrafes, a los hijos de Coré (84, 85, 87 y quizás 88), a David (86), a Hemán ezraíta (88; véase 2 Cr. 35:15) y a Etán ezraíta (89; 1 Cr. 2:6). Hemán y Etán son caracterizados en 1 Reyes 4:31 como hombres de notable sabiduría. 1 Crónicas 2:6 indicaría que eran nietos de Judá, pero 2 Crónicas 35:15 registra que también había un Hemán entre los hijos de Asaf.
Los salmos de los últimos dos libros carecen en su mayoría de epígrafes, aunque el Salmo 90 lleva un título que lo relaciona con Moisés; quince, en este grupo, se atribuyen a David, uno a Salomón (127) y el Salmo 96 y parte del 105 serían de David, según 1 Crónicas 16:7–33. Pueden distinguirse tres grupos de salmos en el libro IV. Los salmos 90–99 forman un grupo de diez salmos para el sábado, el Salmo 100 es, tradicionalmente, para los días de semana. Los Salmos 103 y 104 son los salmos de bendición, construidos en torno al estribillo “Bendice, alma mía, a Jehová”. Los Salmos 105 y 106 constituyen una pareja de salmos de aleluya.
En el libro V tenemos dos grupos davídicos, 108–110 y 138–145, además de otros dos salmos aislados que también se atribuyen al mismo autor (112, 133). Los salmos 113–118 se conocen como el Hallel Egipcio, por la referencia al éxodo que encontramos en el Salmo 114. Un “Hallel” es una canción de alabanza. En el original hebreo “Alabad al Señor” se decía Hallelu-Yah. El Hallel Egipcio se utilizaba tradicionalmente durante la celebración de la Pascua. Los salmos 120–134, o “graduales”, son un grupo de salmos de los peregrinos que conmemoraban el retorno desde Egipto y eran usados por los devotos en sus peregrinajes anuales a Jerusalén. Estos quince salmos son un salterio resumido, y está dividido en cinco grupos de tres salmos cada uno. Los salmos del 146 al 150 eran conocidos como el “Gran Hallel”. Cada uno de estos cinco salmos comienza y termina con la expresión hebrea Halleluyah, que se traduce “Alabad a Dios” y de otras maneras en nuestras versiones.
Tomando nota de las excepciones, Kirkpatrick señala que los salmos del libro I son principalmente personales; los de los libros II y III son preponderantemente nacionales; mientras que los del IV y el V son casi todos litúrgicos, o asignados para el uso de la adoración pública.


LOS TÍTULOS

Se ha hecho referencia, en varias oportunidades, a los títulos de muchos de los salmos. En total, dos tercios de los salmos poseen títulos, que por lo general aparecen impresos en un tipo más pequeño, antes del versículo 1, como en la versión Reina-Valera. Si bien estos epígrafes no formaban parte del texto original de los salmos, sabemos que son de muy antigua data. Nos damos cuenta de esto porque los traductores de la Septuaginta, una versión en griego de la Biblia hebrea, ya los encontraron agregados a los salmos, aunque su significado les fue tan oscuro que fueron incapaces de comprender siquiera su sentido general. La Septuaginta (que se abrevia LXX) de los Salmos era bien conocida alrededor del 150 A.C.
En términos generales, hay cinco tipos de epígrafes. Están los que describen el carácter del poema, por ejemplo, salmo, canción, masquil, michtam, siggaión, oración, alabanza. Otros están relacionados con el acompañamiento musical para el salmo (su ejecución). Son características de éstas, al músico principal; sobre Neginoth; sobre Nehiloth, Alamoth, Sheminith o Gittith (probablemente nombres de instrumentos musicales); o Muth-labben, Aijeleth-shahar, etc., que representan tonos.
Un tercer tipo de epígrafe se refiere al uso litúrgico de los salmos —por ejemplo, para la dedicación (30), para el sábado (92) a los graduales (120–134). Otros epígrafes tienen que ver con la autoría o son dedicaciones. La expresión hebrea que se encuentra como encabezamiento en cerca de setenta y tres de los salmos, le-David, que se traduce “de David”, puede también significar “David”. Epígrafes de este mismo tipo, además de los setenta y tres salmos que mencionan a David, se encuentran en el Salmo 90 (Moisés); en los Salmos 72 y 127 (Salomón); en los Salmos 59, 73–83 (Asaf); en el Salmo 88 (Hemán); en el Salmo 89 (Etán) y en diez u once salmos que se atribuyen a “los hijos de Coré”.
Por último, tenemos los epígrafes que hacen referencia a la ocasión en que se habría compuesto el salmo. Estos aparecen especialmente en los salmos “de David”; por ejemplo en el Salmo 3, “cuando huía de delante de Absalón, su hijo”, o el 7, “que cantó a Jehová acerca de las palabras de Cus hijo de Benjamín”; o el 18, “el cual dirigió a Jehová las palabras de este cántico el día que lo libró Jehová de manos de todos sus enemigos, y de mano de Saúl”; o el 34, “cuando mudó su semblante delante de Abimelec, y él lo echó, y se fue”; etc.
Cuando el epígrafe requiere alguna explicación, se la da en el comentario del respectivo salmo.


CLASIFICACIÓN DE LOS SALMOS

Se han intentado muchas clasificaciones de los salmos, pero ninguna de ellas es totalmente satisfactoria. Varios salmos contienen materiales de tipos diversos, haciendo que cualquier clasificación sea, así, necesariamente tentativa. La clasificación que sigue, que extrae elementos de varias fuentes conocidas, ejemplifica, por lo menos, la amplitud y variedad que se encuentra en este himnario de la Biblia:
1. Salmos de sabiduría y salmos de contrastes morales: 1, 9–10, 12, 14, 19, 25, 34, 36–37, 49–50, 52–53, 73, 78, 82, 92, 94, 111–12, 119.
2. Salmos reales y mesiánicos: 2, 16, 22, 40, 45, 68, 72, 89, 101, 110, 144.
3. Lamentaciones, individuales y nacionales: 3–5, 7, 11, 13, 17, 26–28, 31, 39, 41–44, 54–57, 59–64, 70–71, 74, 77, 79–80, 86, 88, 90, 140–42.
4. Salmos penitenciales: 6, 32, 38, 41, 102, 130, 143.
5. Salmos de adoración, alabanza y acción de gracias: 8, 18, 23, 29–30, 33, 46–48, 65–67, 75–76, 81, 85, 17, 91, 93, 103–8, 135–36, 138–39, 145–50.
6. Salmos litúrgicos: 15, 20–21, 24, 84, 95–100, 113–18, 120–34.
7. Salmos imprecatorios: 35, 58, 69, 83, 109, 137.
Los títulos que se dan a los salmos en el Contenido ofrecen otra evidencia más con respecto a la amplia variedad de temas que desarrollan estas antiguas canciones.
Debiera agregarse una nota especial sobre la última de las clases. Estos salmos han llegado a ser conocidos como “imprecatorios” debido a las maldiciones que invocan sobre los malvados en general y contra los enemigos del salmista en particular. Se ha afirmado muchas veces que los salmos imprecatorios son sub-cristianos y que no merecen ocupar un lugar en la Biblia. Puede admitirse que no llegan a conformarse a la pauta que Jesús establece en el Sermón del Monte (en especial Mt. 5:43–48).
Sin embargo, hay ciertas cosas que deben tenerse presentes cuando se leen estos salmos. En primer lugar, que nunca se los usó en el culto de la sinagoga ni llegaron a formar parte de los actos rituales del judaismo. La destrucción de los malvados siempre ha sido entendida por los judíos como la destrucción, por parte de Dios, no de los pecadores, sino del pecado en sí. Hay una historia muy conocida de un rabino famoso del siglo II D.C. que fue provocado por la conducta desordenada de sus vecinos. Pidió a Dios que murieran. Su mujer, escuchándolo, lo reprendió: “¿Cómo puedes actuar de este modo?” El salmista dice: “Que el pecado se termine sobre la tierra. Pero sigue diciendo, también que entonces ya no habrá más malvados. Esto te enseña que tan pronto como no haya más pecado tampoco habrá más pecadores. Ora, por lo tanto, no por la destrucción de estos malvados, sino por su arrepentimiento.” Esta anécdota juega con el hecho de que, en el idioma hebreo, “pecados” y “pecadores” se representan mediante la misma palabra.
En segundo lugar, si bien la venganza personal se opone al espíritu del Nuevo Testamento, toda la Biblia pone bien en claro que los hombres sin excepción cosecharán las consecuencias de sus opciones. Según afirma Franz Delitzsch:

El reino de Dios no viene solamente como un acto de gracia, sino también como un acto de juicio; la venida del reino de Dios es lo que anhela el suplicante del Antiguo Testamento o del Nuevo (véase 9:20; 59:14, etc.). Y en los Salmos también, toda imprecación de juicio contra aquellos que han decidido oponerse a la venida de este reino supone su persistente impenitencia (véase 7:13, s.; 109:17).

En tercer lugar, es difícil distinguir, en hebreo, entre la forma “Que esto suceda” y la forma “Esto sucederá”. Es decir, no podemos estar seguros que el salmista con duras palabras no quiso predecir lo que inevitablemente sucederá a los impíos.
En cuarto lugar, las palabras del salmista no reflejan necesariamente desprecio o crueldad personales. Aquellos hombres estaban preocupados tanto por los enemigos de Dios como por sus propios amigos. Mejor aún, sus propios enemigos lo eran a causa de su enemistad con Dios. El Salmo 139:21 expresa esta idea: “¿No odio, oh Jehová, a los que te aborrecen, y me enardezco contra tus enemigos?” El celo por Dios, antes que el deseo de una venganza personal, está por detrás de muchos de los pasajes imprecatorios.
Por último, los salmos imprecatorios expresan un fuerte sentido de la ley moral que gobierna el universo. Tal como escribió C. S. Lewis:

Si los judíos maldecían con mayor amargura que los paganos era, pienso, por lo menos en parte, porque para ellos el bien y el mal eran cosas mucho más serias. Porque si nos fijamos en sus imprecaciones, encontramos que no están enojados simplemente por cosas que les hicieron a ellos, sino porque esas cosas son manifiestamente malas, porque son odiosas para Dios tanto como para la víctima. La idea de un Dios justo —que evidentemente debe odiar tales acciones del mismo modo como ellos las odian; que, por lo tanto, seguramente ha de “juzgar” o vengar (¡Cuánto tarda en hacerlo!), está siempre presente, aunque sólo sea como trasfondo.

Es peligroso, por supuesto, equiparar de manera demasiado ligera los intereses personales de uno con el reino de Dios. Que el salmista tenía consciencia de este peligro puede verse en las palabras que siguen a la exclamación de Salmos 139:21–22, “¿No odio, oh Jehová, a los que te aborrecen, Y me enardezco contra tus enemigos? Los aborrezco por completo; Los tengo por enemigos”. Pero la oración continúa: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno” (vv. 23–24).


FECHA DE LOS SALMOS

La moda de la crítica bíblica en el pasado ha sido fechar los salmos en una época mucho más tardía que la del rey David, con quien se los asociaba tradicionalmente. Algunos estudiosos se han propuesto determinar fechas post-exílicas y aún macabeas para la mayoría de los salmos (por ejemplo, entre el 520 y el 150 A.C.). Uno de los criterios que se siguió en este intento fueron consideraciones lingüísticas tales como el vocabulario o las formas gramaticales. Otras conclusiones resultaron de la supuesta evolución de las formas del pensamiento que se expresa en los salmos.
El panorama, sin embargo, se ha modificado radicalmente a partir de un estudio más cuidadoso de los textos de Ras Shamra y la literatura ugarítica. Todavía no se han extraído todas las conclusiones posibles de estos descubrimientos. Se suman, a ellos, las evidencias posteriores de los textos de Qumran (los manuscritos del mar Muerto). Mitchell Dahood resume de la siguiente manera las más recientes tendencias en la cronología de los salmos: “El examen del vocabulario de estos salmos revela que virtualmente cada palabra, imagen y paralelismo pueden relacionarse con textos cananeos de la edad del bronce … Si son poemas que se compusieron muy poco tiempo antes de la LXX, ¿por qué los traductores judíos alejandrinos los comprendieron de manera tan imperfecta? Obras casi contemporáneas hubieran tenido mejor suerte en la traducción”. Y en otro lugar Dahood sostiene: “Aun cuando carecemos de evidencias directas que nos permitan establecer la fecha en que se completó la colección, la enorme diferencia en el lenguaje y la prosodia entre el salterio y el Hodayot de Qumran hace que sea imposible aceptar que cualquiera de los salmos date del período macabeo, una posición que todavía sostienen muchos críticos. Ni es más plausible una fecha helenística. El hecho de que los traductores de la LXX se sintieran perdidos antes tantas palabras y expresiones arcaicas habla del vasto abismo cronológico que los separaba de los salmistas originales.”22

Bosquejos De Los Salmos


Libro I:

Salmos de David, 1:1–41:13
Salmo 1: Estudio de Contrastes, 1:1–6
Salmo 2: La Pecaminosa Rebelión del Hombre contra el Señor, 2:1–12
Salmo 3: Oración Matutina de Confianza, 3:1–8
Salmo 4: Oración Vespertina, 4:1–8
Salmo 5: Oración para el Sacrificio de la Mañana, 5:1–12
Salmo 6: Oración por la Liberación, 6:1–10
Salmo 7: Grito de Socorro, 7:1–17
Salmo 8: La Paradoja del Hombre Frente a Dios, 8:1–9
Salmo 9: Acción de Gracias y Confianza, 9:1–20
Salmo 10: Oración por la Derrota de los Malvados, 10:1–18
Salmo 11: Valentía de la Fe, 11:1–7
Salmo 12: La Ayuda de Dios en un Mundo Impío, 12:1–8
Salmo 13: Temeroso pero no Abandonado, 13:1–6
Salmo 14: El Fruto Amargo de la Impiedad, 14:1–7
Salmo 15: La Vida en Santidad, 15:1–5
Salmo 16: La Buena Herencia de los Piadosos, 16:1–11
Salmo 17: Oración Urgente por Protección, 17:1–15
Salmo 18: Canción de Victoria, 18:1–50
Salmo 19: Las Obras de Dios y la Palabra de Dios, 19:1–14
Salmo 20: Oración por la Victoria, 20:1–9
Salmo 21: Alabanza por la Victoria, 21:1–13
Salmo 22: Sufrimiento y Canción, 22:1–31
Salmo 23: Pastor y Huésped, 23:1–6
Salmo 24: Adoración al Rey de Gloria, 24:1–10
Salmo 25: Canción de Súplica y Alabanza, 25:1–22
Salmo 26: Confesión y Oración, 26:1–12
Salmo 27: Al Sol y a la Sombra, 27:1–14
Salmo 28: Conflicto y Acción de Gracias, 28:1–9
Salmo 29: Un Salmo para Pentecostés, 29:1–11
Salmo 30: Acción de Gracias por el Toque Sanador de Dios, 30:1–12
Salmo 31: Pese a Haber Sido Probado, Sigue Confiando, 31:1–24
Salmo 32: El Gozo de los Pecados Perdonados, 32:1–11
Salmo 33: Alabanza por los Grandes Actos de Dios, 33:1–22
Salmo 34: Salmo de Liberación, 34:1–22
Salmo 35: Oración en un Momento de Peligro Personal, 35:1–28
Salmo 36: Maldad y Sabiduría, 36:1–12
Salmo 37: Los Justos y los Malvados, 37:1–40
Salmo 38: La Oración del Penitente, 38:1–22
Salmo 39: Otra Oración Penitencial, 39:1–13
Salmo 40: Naturaleza de la Verdadera Adoración, 40:1–17
Salmo 41: Benevolencia y Traición, 41:1–13

Libro II:

Salmos del Templo, 42:1–72:20
Salmo 42–43: Los Profundos Anhelos del Alma, 42:1–43:5
Salmo 44: La Fe y los Hechos, 44:1–26
Salmo 45: El Novio y su Desposada, 45:1–17
Salmo 46: El Fuerte Refugio, 46:1–11
Salmo 47: El Señor Es Rey de Todos, 47:1–9
Salmo 48: La Ciudad Santa de Dios, 48:1–14
Salmo 49: La Muerte Es la Gran Niveladora, 49:1–20
Salmo 50: Dios Es el Juez de Todos, 50:1–23
Salmo 51: Oración por el Perdón y la Pureza, 51:1–19
Salmo 52: Contraste entre el Pecador y el Santo, 52:1–9
Salmo 53: Peligros del Ateísmo Práctico, 53:1–6
Salmo 54: Un Grito de Socorro, 54:1–7
Salmo 55: Balada de la Traición, 55:1–23
Salmo 56: Conflicto y Confianza, 56:1–13
Salmo 57: Peligro y Oración, 57:1–11
Salmo 58: La Condenación de los Impíos, 58:1–11
Salmo 59: Oración por la Protección Durante la Noche, 59:1–17
Salmo 60: Salmo en la Derrota, 60:1–12
Salmo 61: Oración de un Exiliado, 61:1–8
Salmo 62: Solamente Dios Es un Defensor Seguro, 62:1–12
Salmo 63: Dios Es Todo en Todos, 63:1–11
Salmo 64: Locura y Destino del Enemigo, 64:1–10
Salmo 65: Canción de Adoración, 65:1–13
Salmo 66: Salmo de la Liberación, 66:1–20
Salmo 67: Un Himno de Alabanza, 67:1–7
Salmo 68: Dios y Su Huésped que lo Adora, 68:1–35
Salmo 69: Desesperanza y Deseo, 69:1–36
Salmo 70: Pedido Urgente de Socorro, 70:1–5
Salmo 71: Hasta en la Edad Senecta, 71:1–24
Salmo 72: El Rey Ideal, 72:1–20

Libro III:

Salmos de Asaf y Otros, 73:1–89:52
Salmo 73: El Problema del Malvado que Prospera, 73:1–28
Salmo 74: Lamento por la Desolación de la Ciudad, 74:1–23
Salmo 75: Liturgia de Alabanza, 75:1–10
Salmo 76: Canción de Celebración, 76:1–12
Salmo 77: Canto en Lugar de Tristeza, 77:1–20
Salmo 78: La Mano de Dios en la Historia, 78:1–72
Salmo 79: Himno Fúnebre de una Nación, 79:1–13
Salmo 80: Súplica por la Restauración, 80:1–19
Salmo 81: Significado del Ritual Religioso, 81:1–16
Salmo 82: Visión del Juicio, 82:1–8
Salmo 83: Oración en un Momento de Peligro Nacional, 83:1–18
Salmo 84: Hambre de la Casa de Dios, 84:1–12
Salmo 85: Alabanza, Oración y Futuro, 85:1–13
Salmo 86: Oración de la Fe, 86:1–17
Salmo 87: Las Glorias de Sion, 87:1–7
Salmo 88: La Noche Oscura del Alma, 88:1–18
Salmo 89: La Fidelidad de Dios, 89:1–52

Libro IV:

Salmos Diversos, 90:1–106:48
Salmo 90: El Hombre Moral y Dios Eterno, 90:1–17
Salmo 91: La Seguridad del Corazón que Confía, 91:1–16
Salmo 92: La Justicia Soberana de Dios, 92:1–15
Salmo 93: El Dios de Santidad Reina, 93:1–5
Salmo 94: Solamente Dios Es Nuestra Ayuda, 94:1–23
Salmo 95: Alabanza y Paciencia, 95:1–11
Salmo 96: Cantad una Canción Nueva, 96:1–13
Salmo 97: Dios de Juicio y Gracia, 97:1–12
Salmo 98: El Por Qué y Cómo de la Adoración, 98:1–9
Salmo 99: El Dios de Santidad, 99:1–9
Salmo 100: El Señor Es el Verdadero Dios, 100:1–5
Salmo 101: El Noble Propósito del Rey, 101:1–8
Salmo 102: La Oración de los Afligidos, 102:1–28
Salmo 103: La Oración de un Corazón Satisfecho, 103:1–22
Salmo 104: La Gloria de Nuestro Gran Dios, 104:1–35
Salmo 105: Las Maravillosas Obras de Dios, 105:1–45
Salmo 106: Pecado y Salvación, 106:1–48

Libro V:

Salmos para la Adoración, 107:1–150:6
Salmo 107: Canción de los Redimidos, 107:1–43
Salmo 108: Tumulto de Alabanza, 108:1–13
Salmo 109: Súplica de Vindicación y Justicia, 109:1–31
Salmo 110: Canción del Señor Soberano, 110:1–7
Salmo 111: El Señor Es Digno de Confianza, 111:1–10
Salmo 112: La Confianza de los Piadosos, 112:1–10
Salmo 113: Alabad al Señor, 113:1–9
Salmo 114: La Gran Liberación, 114:1–8
Salmo 115: Nuestro Dios Está muy por Encima de los Idolos, 115:1–18
Salmo 116: Canción de Testimonio Personal, 116:1–19
Salmo 117: Doxología, 117:1–2
Salmo 118: Fortaleza, Canción y Salvación, 118:1–29
Salmo 119: Amor de Todo Corazón Hacia la Ley, 119:1–176
Salmo 120: Lamento de un Exiliado, 120:1–7
Salmo 121: El Salmo del Viajero, 121:1–8
Salmo 122: Jerusalén la Dorada, 122:1–9
Salmo 123: Lamento Bajo el Látigo de la Burla, 123:1–4
Salmo 124: Liberación de la Desesperanza, 124:1–8
Salmo 125: La Seguridad del Corazón que Confía, 125:1–5
Salmo 126: La Canción de un Corazón Satisfecho, 126:1–6
Salmo 127: Una Morada Segura, 127:1–5
Salmo 128: La Bienaventuranza de los que Temen a Dios, 128:1–6
Salmo 129: Preservación y Oración, 129:1–8
Salmo 130: Penitencia y Perdón, 130:1–8
Salmo 131: Confesión de una Confianza como la de un Niño, 131:1–3
Salmo 132: Oración por la Casa de Dios, 132:1–18
Salmo 133: Las Bienaventuranzas de los Hermanos Unidos, 133:1–3
Salmo 134: Ministrar en la Casa del Señor, 134:1–3
Salmo 135: La Grandeza de Nuestro Dios, 135:1–21
Salmo 136: La Duradera Misericordia de Dios que lo Soporta Todo, 136:1–26
Salmo 137: Lamento de un Exiliado, 137:1–9
Salmo 138: Salmo de Acción de Gracias, 138:1–8
Salmo 139: La Maravilla del Señor, 139:1–24
Salmo 140: Oración por la Liberación en las Persecuciones, 140:1–13
Salmo 141: Liberación del Pecado y de los Hombres Malos, 141:1–10
Salmo 142: Del Conflicto al Triunfo, 142:1–7
Salmo 143: Anhelo y Vida por el Señor, 143:1–7
Salmo 143: Anhelo y Vida por el Señor, 143:1–12
Salmo 144: Bienaventuranzas de la Nación, 144:1–15
Salmo 145: Grande Es el Señor, 145:1–21
Salmo 146: Dios Es Nuestra Ayuda, 146:1–10
Salmo 147: Poder sin Medida y Gracia sin Igual, 147:1–20
Salmo 148: Aleluya, Alabad a Jehová, 148:1–14
Salmo 149: Alabanza por la Salvación y la Vindicación, 149:1–9
Salmo 150: Doxología: “Alabad al Señor”, 150:1–6

Sección I Libro Uno: Salmos de David Salmos 1–41


Los cuarenta y un salmos del libro uno se atribuyen todos a David, con excepción de los Salmos 1, 2, 10 y 33, que carecen de título. Solamente el libro cinco es más extenso. No se encuentra, en esta colección, un sistema particular de ordenamiento. Varios de los títulos relacionan algunos de los salmos con acontecimientos de la vida de David, pero éstos no se encuentran en orden cronológico.


Salmo 1: ESTUDIO DE CONTRASTES, 1:1–6

El primer salmo es algo así como un preludio a toda la colección. Es muy posible que haya sido compuesto con ese propósito. No posee título, pero, aparentemente, fue escrito y era conocido antes de la época de Jeremías, puesto que Jeremías 17:5–8 parece ser una paráfrasis y expansión de una de sus porciones.
Puede clasificárselo como un salmo de sabiduría. Extrae el agudo contraste entre el justo y el malvado que encontramos en la literatura de sabiduría. Presenta la que ha sido llamada “la doctrina de las recompensas”. Los justos prosperan y son felices. Los malvados viven asediados por conflictos y durante poco tiempo. Se sabía muy bien que hay flagrantes excepciones a esta regla. Pero el principio general era aceptado como verdadero y válido.

1. La bienaventuranza del santo (1:1–3)
Se describe al hombre piadoso, en primer lugar, en términos de las cosas que no hace. Es bienaventurado (1; asher) o feliz. La LXX usa makarios, el mismo término griego que se encuentra en las Bienaventuranzas de Mateo 5:3–11.
El justo es feliz por las cosas que no hace. La religión es mucho más que ciertas negaciones, pero implica negaciones. No puede construirse un edificio sin excavar cimientos, así como no puede haber una vida santa sin renunciar al mal. La felicidad del hombre piadoso consiste, en primer lugar, en que no anda en el consejo de malos (heb., rashaim, los malvados). Kirkpatrick sugiere que “si el concepto primordial de la palabra hebrea rasha es la inquietud (véase Job 3:17; Is. 57:20, 21), el término expresa de manera adecuada la falta de armonía que el pecado introduce en la naturaleza humana, afectando las relaciones del hombre con Dios, con el hombre y consigo mismo”. Ni está en camino de pecadores. La forma intensiva del término pecadores indica que se tiene en mente a los transgresores habituales y deliberados. Los escarnecedores, que se describen frecuentemente en el libro de Proverbios son “los peores entre todos los impíos; son arrogantes, pendencieros, siempre listos para hacer alguna maldad, enemigos de la paz y el orden entre los hombres y en sus comunidades, los que se burlan de la bondad”.
Hay un inconfundible sentido de progreso en la descripción del camino que el hombre piadoso evita cuidadosamente. Andar sugiere una asociación casual y transitoria con aquellos que están desconectados de Dios. Estar es una relación de compañerismo más permanente con personas coherentemente pecadoras en sus actitudes y en sus acciones. Sentarse implica sentirse cómodo entre aquellos que se burlan de Dios y la religión. La persona piadosa se niega a dar siquiera el primer paso en este camino descendente.
A continuación se describe de manera positiva el carácter del justo. Estas son las cosas que hacen los que son verdaderamente felices. Encuentra su delicia … en la ley de Jehová (2), en la enseñanza o instrucción de Dios. El término hebreo torah tiene un significado mucho más amplio que el que sugiere ley. Representa la totalidad del modo de vida revelado, tal como está contenido en las enseñanzas de Moisés y los profetas, y se usa en los paralelismos como contraparte de “la palabra del Señor”, de la cual es prácticamente un sinónimo. La palabra hebrea que se traduce meditar proviene de una raíz que sugiere el murmullo de la persona que estudia a media voz las palabras de un libro. “La verdadera felicidad se encontrará no en los caminos que el hombre ha concebido él mismo, sino en la voluntad revelada de Dios.”4 El cristiano, según un juego de palabras muy difícil de representar en castellano, es aquel que ha sido “criado con la Biblia, guiado por la Biblia y alimentado por la Biblia”.
Los resultados de la vida piadosa se describen en símbolos familiares. El hombre que la vive es como árbol plantado junto a corrientes de aguas (3). La imagen representa un árbol bien irrigado, ubicado de manera ventajosa (la Biblia Anchor traduce “transplantado”) junto a un canal de irrigación o acequia, y que es cultivado y cuidado de tal manera que, en consecuencia, da buenos frutos. No es la planta que crece salvaje, sobreviviendo por pura casualidad. La mención de hojas perennes y la abundancia de agua sugieren la valiosa palma de dátiles como el tipo de árbol que el salmista tenía en mente. En las palabras todo lo que hace se abandona la imagen del árbol y se hace referencia directa al hombre justo. Está implícita, por supuesto, la idea de que tal hombre hará aquellas cosas en las que el Señor puede hacerlo prosperar.

2. La carga del pecador (1:4–6)
El pecador está en total contraste con el justo. El malo es, nuevamente, el rashaim de 1. A diferencia del árbol que tiene raíces profundas, son como el tamo que arrebata el viento. Esta es una referencia a la trilla, en la cual se golpeaba la paja para separarla del grano. El lugar donde se hacía este trabajo por lo general estaba ubicado en la cumbre de alguna colina o en algún otro lugar alto, donde corriera viento. El trigo y la paja se alzaban en el aire con palas. Los granos del cereal, más pesados, caían sobre la tierra, donde se los recogía cuidadosamente; la paja, más liviana y sin valor, era llevada por el viento.
Los impíos, siendo como la paja, careciendo de raíces y estériles, son incapaces de levantarse en el juicio (5). Los malos no pueden sobrevivir el juicio del último día ni el juicio continuo mediante el cual Dios pone a prueba y tamiza el carácter humano. Ni, los pecadores, se levantarán en la congregación de los justos. Se trata, aquí, como en el versículo 1, de pecadores persistentes y habituales. La congregación de los justos representa el ideal bíblico de la verdadera comunidad de la fe. El propósito de los juicios actuales de Dios, así como su juicio final futuro (Mt. 13:24–30, 36–43) es eliminar de su Iglesia a los hacedores del mal.
El último versículo ofrece un resumen del contraste total que presenta el Salmo 1. La primera línea, porque Jehová conoce el camino de los justos, resume los versículos 1–3. La segunda línea resume los versículos 4–5. Jehová conoce no implica solamente conocimiento abstracto, en el sentido de tener consciencia o poseer información, sino en el sentido correcto y personal de interesarse, aprobar, guiar y tener en consideración. Es posible, en algunos contextos, traducir yada, “conocer”, con el verbo castellano “interesarse” o “cuidar”. Del mismo modo, la senda de los malos perecerá, terminará en la ruina, son “caminos de muerte” (Pr. 14:12). Las primeras y las últimas palabras del salmo epitomizan el contraste que se establece entre el justo y el malo: bienaventurado y perecerá.


Salmo 2: LA PECAMINOSA REBELION DEL HOMBRE CONTRA DIOS, 2:1–12

El Salmo 2, como el anterior, carece de título. Pertenece a la muy importante clase de salmos “reales” o “mesiánicos”. Ha habido mucho debate sobre el significado de estos salmos. Algunos han sostenido que sólo debe interpretárselos en relación con los reyes de Israel, y que por lo menos algunos de ellos pueden haberse usado en una ceremonia anual de entronización. Puede objetarse, en este sentido que el Nuevo Testamento persistentemente relaciona con Cristo la mayoría de estos salmos, y que cualquier supuesto rito anual de entronización es puramente hipotético. No se conoce de la existencia de tal festividad en otra fuente que no sean estos salmos y un pretendido paralelo en las costumbres babilónicas.
Puede concederse, sin embargo, que los salmos reales hayan tenido una ocasión de aplicación inmediata en la vida de David o de algún otro rey israelita. Pero, tal como señala Samuel A. Cartledge, “A veces un salmo que se relaciona con alguno de los reyes naturales se desliza imperceptiblemente hasta convertirse en una descripción del Rey de reyes; a veces la descripción de bienaventuranzas contemporáneas conduce a la descripción de la mayor beatitud de la era mesiánica”. Harold H. Rowley dice, con respecto a estos salmos: “Planteaban, frente al rey, la imagen del rey ideal, como su inspiración y guía para el presente y como la esperanza del futuro.”6
La ocasión local del Salmo 2 puede haber sido una revuelta de las naciones que Salomón había sometido, en los primeros años de su reinado. Sin embargo, el hecho de que el salmo se aplique no menos de cinco veces a Cristo en el Nuevo Testamento (Mt. 3:17; Hch. 4:25–26; 13:33; He. 1:5; 5:5) indica la rebelión universal contra el gobierno divino que constituye la naturaleza esencial del pecado.
El salmo consiste de cuatro estrofas de tres versículos cada una. Se representan tres locutores: el salmista, Jehová y el rey. En los versículos 1–3 el salmista contempla la rebelión de las naciones contra el Señor y su ungido. En los versículos 4–6 se da cuenta de la inutilidad de la rebelión, a la luz del poder soberano de Dios, y lo escucha declarar que El mismo ha establecido su Rey sobre el monte sagrado de Sion. En los versículos 7–9 el rey recita el decreto que ha establecido su autoridad y recibe como respuesta de parte de Dios la seguridad de que saldrá victorioso. En los versículos 10–12 el salmista extrae las lecciones que deben aprender los pueblos rebeldes y los exhorta a hacer la paz con Dios.

1. Rebelión de las naciones (2:1–3)
¿Por qué se amotinan las gentes? (1) se refiere a los goyim, los “gentiles”, las “naciones”, los no-israelitas, como una categoría distinta al pueblo de Israel. Amotinan podría traducirse literalmente “Se reúnen en tumulto” con el propósito de rebelarse contra la autoridad que los gobierna. Las naciones de gentiles, rebeldes frente al verdadero Dios, pueden llamarse con toda propiedad paganos. Los pueblos piensan significa “los pueblos meditan”; se trata de la misma palabra que usa 1:1, pero la connotación aquí es diferente pues lo que traman es un acto malvado. Cosas vanas significa una rebelión irracional y desesperada.
La rebelión tiene características que la llevan más allá de lo meramente político. Es una insurrección contra Jehová y su ungido (2) —en hebreo Meshiach o Mesías. Al traducirse al griego Meshiach se convierte en Christos, de donde deriva nuestra palabra “Cristo”. Esta es la justificación de una interpretación mesiánica del salmo, junto con la aplicación que se hace en el Nuevo Testamento a la persona de Jesús. Los rebeldes están decididos a romper sus ligaduras (3) —posiblemente las tiras de cuero que sujetan el yugo a la cabeza de los bueyes —y sus cuerdas— que pueden representar las riendas con que se controla el trabajo del buey que ara. Anchor traduce: “Arrojemos su yugo.”
Sea cuales fueren las circunstancias inmediatas, estos versículos representan la descripción más típica del pecado en el Antiguo Testamento. El pecado no es simplemente la imperfección de lo humano o lo finito. Es una rebeldía moral, una revuelta contra las leyes de Dios. El pecado es poner la voluntad del hombre en el centro de la vida en lugar de la voluntad de Dios. La rebelión de las naciones es una imagen del pecado del alma individual.

2. Respuesta del Señor (2:4–6)
El salmista representa la respuesta de Dios en términos de burla y desprecio humanos. La Biblia frecuentemente atribuye a Dios características, actitudes y acciones extraídas de la experiencia humana. Esto no se hace con el propósito de rebajar lo infinito al nivel de lo humano, sino en el interés de representar la verdad en términos que nosotros seamos capaces de comprender. El Señor es visto como el que mora en los cielos (4), Perowne traduce “entronizado en los cielos”. Ni siquiera necesita levantarse para salir al encuentro de la insurrección. El Señor no es aquí el más frecuente Yahweh (que Reina-Valera traduce “Jehová”) sino Adonai, el Señor. “No se habla de Dios, aquí, como el Dios del Pacto de Israel, sino como el soberano gobernante del mundo.”
Luego hablará (5) representa el poder de la palabra de Dios. Le basta con pronunciar su Palabra para producir la confusión entre sus enemigos. Los turbará significa reducir a la nada sus esfuerzos, confundirlos, llenarlos de terror. La ira es una furia que consume, una ira enardecida (véase Ex. 15:7).
Del mismo modo como la primera estrofa terminaba con las palabras desafiantes de los rebeldes, la segunda lo hace con las palabras del Señor. El rey que gobierna sobre Sion, mi santo monte (6) —literalmente, “Sion, la colina de mi santidad”— es el que Dios ha designado y ungido. Puesto que éste reina con la autoridad de Dios y en su nombre, resistirlo es resistir a Dios. Los cristianos, correctamente, aplican esta verdad a Jesús. “El que me recibe a mí, recibe al que me envió” (Mt. 10:40; Jn. 13:20).

3. La confirmación del rey (2:7–9)
Ahora habla el rey. Yo, publicaré el decreto (7), es decir, proclamará la constitución del Reino según la voluntad de Dios. Jehová … ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. Estas palabras son aplicadas a la resurrección de Jesús por Pablo en su sermón de Antioquía (Hch. 13:33), y por el autor de la Epístola a los Hebreos, tanto al hecho de que la filiación divina de Jesús es superior a la de los ángeles (He. 1:5) como al oficio de sumo sacerdote que Jesús ejerce por acción directa de Dios (He. 5:5). Este es el único lugar en el Antiguo Testamento donde se usa el verbo engendrar con Jehová como sujeto. Con relación a Cristo, hoy se ha interpretado de diversas maneras: como el día de su generación eterna, como el día de su concepción por la Virgen, como el día de su resurrección (Ro. 1:4), o como la totalidad de su estado encarnado entendido en el sentido de su “día”.
Dios responde a la declaración de su Rey con una promesa de dominio eterno. Las naciones (8), son, como en el 1, los goyim, los gentiles o paganos. Los confines de la tierra —literalmente “las partes últimas de la tierra”. Herencia y posesión son términos que se usan frecuentemente para referirse al don de Palestina a Israel.
En la expresión los quebrantarás (9) el verbo hebreo, con diferente vocalización puede significar “romper” o “gobernar”. Los traductores de la LXX interpretaron el término como “gobernar”, y es de este modo que se cita este pasaje en Apocalipsis 2:27 y 12:5. Sin embargo los desmenuzarás significa indudable destrucción. Se ha sugerido que estas dos líneas podrían traducirse como, “Los gobernarás con una vara de hierro; los desmenuzarás como vasija de alfarero”. Es decir, aquellos que se sometan a la autoridad del Cristo serán sus súbditos, mientras que quienes se le resistan serán destruidos.

4. El arrepentimiento que se exige a los rebeldes (2:10–12)
En la última estrofa el salmista se dirige directamente a los rebeldes. Ahora, pues (10) figura en primer término en el texto hebreo indicándose así que sigue a continuación la conclusión que se extrae de los versículos anteriores. Jueces es un término que se usa de los gobernantes en general, incluyendo los subordinados del Rey.
Se exhorta a los pueblos a que, en vez de proseguir su rebelión inútil, sirvan a Jehová con temor (11). Se tiene en mente, aquí, mucho más que el sometimiento político, puesto que servir y temer se usan constantemente en el Antiguo Testamento con significados religiosos. “El temor de Jehová” es la actitud de reverencia que el ser humano debe observar frente a la soberanía de Dios. Es el sinónimo más cercano, en el Antiguo Testamento, del término moderno “religión”. Tal servicio hará posible para el hombre alegrarse con temblor. No hay contradicción en estas palabras. Representa la combinación del “gozo del Señor” con el “temor de Jehová”. Ambas emociones son las apropiadas en el hombre que se relaciona cara a cara con Dios.
Del mismo modo como la rebelión se expresaba contra Jehová y su Ungido, el arrepentimiento debe abarcar tanto al Dios soberano como a su Hijo real. Honrad al Hijo (12) es, en el original, “besad al Hijo”. Hay muchos ejemplos del beso como señal de sumisión y obediencia (1 S. 10:1; 1 R. 19:18; Job 31:27; Os. 13:2).
El salmo concluye con una bienaventuranza. Bienaventurados todos los que en él confían significa literalmente, “Oh, la bendición de todos los que buscan refugio en El”. “¡Qué bienaventurados son los que confían en él!” (Anchor). Confiar en Dios es colocarse bajo su cuidado, bajo su protección. Del mismo modo como el pecado y la rebelión conducen de manera ineludible a la destrucción, la confianza y el sometimiento traen la bendición divina. “Muchos dolores habrá para el impío; mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia” (32:10).


Salmo 3: UNA ORACION MATUTINA DE CONFIANZA, 3:1–8

El Salmo 3 es el primero que lleva el epígrafe “Salmo de David cuando huía de Absalón, su hijo”. El poema debe clasificarse como una lamentación. El término que se traduce “salmo” en este epígrafe es mizmor, una palabra que solamente se encuentra en el título de algunos salmos, apareciendo en total 57 veces. Por lo general está seguida por el nombre de algún autor, que en la mayoría de los casos es David. Significa “canción con acompañamiento instrumental”.
Los Salmos 3 y 4 están íntimamente relacionados, pues el Salmo 3 es una oración matutina y el Salmo 4 una oración vespertina. El Salmo 3 es uno de los muchos que fueron escritos sobre el trasfondo de disensiones religiosas y persecuciones. Frente a la hostilidad de los que lo rodean, el salmista expresa su suprema fe en Dios. Según el comentario de Oesterley, “Este salmo no tiene par en el salterio en lo que hace expresión de una sublime confianza en Dios”.
Este salmo puede dividirse en cuatro estrofas. (Véase la disposición gráfica en la Reina-Valera 1960 y otras versiones que reproducen la forma poética). Con excepción de la tercera, cada una de las estrofas termina con un selah. Los dos primeros versículos describen la desgracia del salmista. Los versículos 3–4 expresan su deseo de que Jehová intervenga. Los versículos 5–6 se refieren a la naturaleza del peligro. Los dos últimos versículos se glorían en la liberación que Jehová produce.

1. Desgracia (3:1–2)
La desgracia del salmista sume una nueva dimensión de dolor a la luz de las circunstancias inmediatas que se indican en el título. David, aparentemente, carecía totalmente de información sobre el plan urdido por Absalón, o sabía muy poco al respecto. La primera noticia que recibe aparece en 2 Samuel 15:12–13, “Y la conspiración se hizo poderosa, y aumentaba el pueblo que seguía a Absalón. Y un mensajero vino a David diciendo: El corazón de todo Israel se va tras Absalón”. En el salmo se usa la misma palabra descriptiva, cuánto se han multiplicado mis adversarios (1). Muchos se levantaban en insurrección contra su Rey.
Que la rebelión tenía connotaciones religiosas parecería indicado en la reacción de los opositores. No hay para él salvación en Dios (2). Ha-Elohim es el término genérico de la divinidad, en lugar de Yahweh (Jehová), el nombre personal del Dios del Pacto de Israel. La madre pagana de Absalón (2 S. 3:3) y el exilio de tres años del joven príncipe con su abuelo en Gesur (2 S. 13:37–38) pueden haberle inspirado el deseo de reemplazar la adoración del verdadero Dios por la de alguno de los dioses cananeos.
Selah es un término cuyo significado es incierto. Se encuentra setenta y una veces en el salterio y tres veces en Habacuc 3. Todos los salmos en los que aparece, con la excepción de dos, se atribuyen, en el epígrafe, a David o a uno de los cantores levíticos, como Asaf, los hijos de Coré, Etán o Hemán. Los otros dos no tienen títulos. La mayoría de los salmos en los que aparece Selah llevan la inscripción “Para el músico principal” y frecuentemente contienen notas que indican el tipo de acompañamiento que se ha de usar. A partir de todas estas observaciones, parecería que Selah es un término musical, que quizás indica que debe hacerse una pausa en el canto, mientras siguen tocando los instrumentos. No hay principios que sean evidentes de manera clara que relacionen su uso con las ideas de los salmos en que aparece, pero por lo general está al final de una estrofa o antes que se introduzca algún pensamiento nuevo e importante. Para los lectores contemporáneos la interpretación más adecuada será, probablemente, “Pausa para meditar”.

2. Deseo (3:3–4)
Duramente presionado por la oposición y el peligro, David expresa su anhelo de que intervenga Dios, y dice que ha orado pidiendo ayuda. Introduce esta expresión de su deseo con el reconocimiento de lo que el Señor ya ha sido para él y hecho por él. Dios ha sido un escudo (3) a su alrededor, su gloria y el que levanta su cabeza. Un soldado, de manera espontánea, pensará en su escudo en el momento en que necesita protección contra el poder de sus enemigos. El Señor también ha otorgado gloria (u honor) al rey. “Levantar la cabeza” es una expresión que significa “ofrecer la liberación a” (2 R. 25:27).
Las respuestas ya recibidas estimulan la fe en el momento actual. El hebreo que corresponde a clamé (4) está en tiempo imperfecto, que indica una acción repetida o habitual. Podría traducirse, entonces, “Cada vez que clamo, El me responde” o, “Cuando clamo al Señor, El me responde” (Harrison). Es más fácil que Dios responda al que tiene la costumbre de orar que al adorador extemporáneo. Reciben la recompensa los que “esperan a Jehová” (Is. 40:31), mucho más, por lo menos, que quienes se acercan a él siendo habitualmente extraños en su presencia, en la hora de necesidad. Desde su monte santo significa, como en 2:6, “desde el monte de su santidad”. Dios manifiesta su presencia especial y extiende su socorro desde su Templo en el monte Sion. Sobre Selah véase el comentario del versículo 2.

3. Peligro (3:5–6)
La tercera estrofa rememora la confianza del salmista frente a grandes peligros. La nota que hace de este salmo una “oración matutina” se encuentra en 5: Yo me acosté y dormí, y desperté … Es extraña la fe del que puede dormir profundamente aun frente a la amenaza de una destrucción inminente (véase Hch. 12:6–7). Me sustentaba está en el original hebreo en un tiempo verbal que sugiere la acción continua. puede traducirse “me sustenta” o “me sustentará”.
La oración y la confianza producen la valentía: No temeré (6). Las masas del pueblo estaban alineadas contra el rey. Diez millares, en hebreo, es “miríadas”. Nunca puede determinarse quién tiene la razón o está en lo justo “contando cabezas”, pero uno más Dios es siempre mayoría. La fe del salmista podría expresarse en las palabras que su amigo Jonatán pronunciara mucho tiempo antes: “No es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos” (1 S. 14:6). Pusieren sitio: el peligro en que se ve el rey es tan grande que ya se considera totalmente rodeado por sus enemigos. Esta estrofa no termina con un “selah”, posiblemente porque la situación no se ha resuelto y la nota de confianza resonará, una vez más, a continuación.

4. Liberación (3:7–8)
David convoca a Jehová, su Dios, para que lo libre de aquellos que han elegido ser sus enemigos. Levántate (7) se usa a menudo en el Antiguo Testamento como invocación para que Dios manifieste su poder mediante actos de salvación y juicio. En heriste … quebrantaste, el tiempo perfecto hebreo se relaciona tanto con la experiencia del pasado como con la confianza en la salvación que vendrá. Es tan cierta esta esperanza que el autor puede expresarse como si ya hubiera sucedido. En la fe verdadera hay siempre este sentimiento de “la presencia del futuro”: “Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá” (Mr. 11:24). Herir en la mejilla era un gesto de desprecio, y quebrar los dientes —de un león, por ejemplo— significa privar de poder.
Salvación (8; ha-yeshuah) es la gran palabra de liberación en el Antiguo Testamento. Puede utilizarse en un sentido temporal, y así es en un principio aquí, como liberación de un peligro físico, de la amenaza de la muerte o de la derrota en una acción de guerra. Pero en el Antiguo Testamento se hace cada vez más profundo hasta asumir, de manera progresiva, el significado de liberación del hombre de su más amargo enemigo, su pecado y rebelión contra el Señor. Todas estas liberaciones provienen exclusivamente de Dios. Es la principal bendición que recibe el pueblo de Dios.
Es importante señalar que David no solamente ora por los pocos que han permanecido fieles a su causa, sino que invoca la bendición divina sobre la nación entera, que incluye también a los rebeldes. Esto nos recuerda la oración de aquel descendiente de David que pidió por los que lo crucificaban: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23:34). Sobre Selah véase comentario en torno al versículo 2.


Salmo 4: UNA ORACION VESPERTINA, 4:1–8

Del mismo modo como el Salmo 3 podría titularse “Una oración matutina”, el poema que lo acompaña, el Salmo 4, es una oración para la hora de la tarde (vv. 4, 8). Su estructura es idéntica a la del Salmo 3, diferenciándose sólo por la ausencia de un “selah” final. Son ocho versículos, que se dividen en cuatro estrofas de dos versículos cada una. El título o epígrafe, además de atribuir el salmo a David, lo dedica “al músico principal” y especifica que debe interpretarse “sobre Neginot”. El término natsach, que se traduce “músico principal”, se encuentra en los epígrafes de 55 salmos, de los cuales todos menos dos llevan también el nombre de David o de algún otro cantor como Asaf y los hijos de Coré. Frecuentemente, como por ejemplo aquí, está combinado con una asignación musical. Neginot significa “instrumentos de cuerda”. Aparece en los títulos de otros cinco salmos (6, 54, 55, 67, 76) y aparentemente tiene que ver con el tipo de acompañamiento musical.
Algunos comentaristas encuentran en el Salmo 4 un trasfondo de calamidad debida al fracaso de las cosechas. Oesterley dice: “Escrito en un período de hambrunas, o por lo menos escasez de alimentos, debido al fracaso de las cosechas, el salmista se gloría en la satisfacción espiritual de su gozo interior, gracias al amor y la fidelidad que experimenta hacia Dios; comparada con esa abundancia, la escasez material no lo perturba.”

1. Prueba (4:1–2)
El salmista habla de la forma en que Dios lo ha liberado en ocasiones anteriores, y ora para que le envíe socorro frente a la oposición que lo acosa. Oh Dios de mi justicia (1) habla de Dios como aquel que revindica o justifica la causa de su servidor. Tú me hiciste ensanchar significa, literalmente, “Tú hiciste lugar para mí”. “Tú abriste un camino para que yo pasara” (Harrison). El salmista ha sido llevado a una situación de holgura cuando se sentía restringido y preso por circunstancias limitativas. Hijos de los hombres (2) es bene ish, hombres poderosos, y no bene adam, hombres débiles. Sin embargo siempre se establece un contraste entre los hombres y el Dios que trae la liberación. Vanidad es vacío, ilusión. Con respecto a Selah véase el comentario sobre 3:2.

2. Enseñanza (4:3–4)
La segunda estrofa está dirigida a los mismos opositores que se describieron en el versículo 2. Afirma la confianza de David en el cuidado protector de Jehová. Jehová ha escogido (3) expresa la idea de la consagración, para la cual el Señor separa a los santos de los hombres comunes o impuros, y los tiene para sí. Temblad, y no pequéis (4) aparece en la LXX como “Enojaos, y no pequéis”. Es de este modo que se cita el pasaje en Efesios 4:26. Cualesquiera de las dos traducciones es posible a partir del hebreo, porque el mismo término denota temor o enojo. Con respecto a Meditad en vuestro corazón Kirkpatrick describe: “La voz de la conciencia, que no se escucha en la algarabía y excitación del día, puede hacerse oír en la calmada serenidad de la noche, y convencernos de la verdad.”

3. Confianza (4:5–6)
La verdadera fuente de prosperidad y felicidad no está en los hombres y sus caminos sino el Señor que está en los cielos. Los sacrificios de justicia (5) son los que requieren la justa ley de Dios, ofrecidos, por otro lado, en la actitud correcta. ¿Quién nos mostrará el bien? (6) es la pregunta cínica y desesperanzada de los injustos. La respuesta se encuentra en el favor de Dios. Alza sobre nosotros … la luz de tu rostro es una expresión que se usa a menudo y denota la mirada favorable que Dios dirige a su pueblo elegido.

4. Triunfo (4:7–8)
Hay un destello de victoria en la estrofa final, como es frecuente en los salmos de lamentación. La fe del salmista se hace cargo de la situación. Encuentra alegría en su corazón (7), y constata que ésta es mayor que la de los impíos en las épocas de feraces cosechas. El tiempo de la cosecha era para los hebreos y para otros pueblos de la antigüedad una época de grandes celebraciones y regocijo. La alegría en el Señor es mayor. Porque sólo tú, Jehová, me haces … (8) significa que el Señor es el único capaz de hacerlo vivir confiado, o sea en seguridad.


Salmo 5: UNA ORACION PARA EL SACRIFICIO DE LA MAÑANA, 5:1–12

El Salmo 5 también es una oración matutina (v. 3) que se asocia con la adoración en el templo (v. 7). Refleja el mismo trasfondo de peligro y controversias que encontramos en el Salmo 3 y en el 4. El título lo adscribe a David, y está dedicado al músico principal “sobre Nehilot”, es decir, “sobre instrumentos de viento”. Se ha argumentado que este salmo debe ser posterior a David, puesto que menciona el templo (v. 7). Sin embargo, el mismo término que aquí se traduce “templo” se empleaba también para designar al tabernáculo de Silo (1 S. 1:9, 3:3). Es posible, por lo tanto, que se haya usado para el tabernáculo que alojaba el arca del Señor en los tiempos de David.
Este salmo se divide en cuatro estrofas. La primera es el pedido del salmista de ser escuchado por Jehová (1–3). Los versículos 4–7 expresan la confianza de que Dios no tolerará a los impíos. La tercera estrofa describe la infidelidad de los enemigos del salmista (8–10). Los versículos finales (11–12) expresan la confianza de David en la revindicación de su causa por Dios.

1. Pedido (5:1–3)
El autor pide que Dios escuche sus palabras y considere su meditación (1). La palabra que se traduce gemir (1) es un término muy poco frecuente, que solamente vuelve a aparecer en el Salmo 39:3. Puede significar una oración silenciosa o el murmullo del dolor constante. La oración sirve en cualquier momento, pero es especialmente apropiada de mañana (3).

2. Justicia (5:4–7)
David sabe que la justicia de Dios es de tal naturaleza que no puede tolerar el mal ni ha de tolerarlo. Por lo tanto el insensato (5), literalmente el que se vanagloría, o el arrogante, no puede estar en su presencia. Aborreces a todos los que hacen iniquidad en sus acciones malas, aun cuando en su amor el Señor procure obtener su arrepentimiento. El hombre sanguinario (6) es literalmente “el hombre de sangre” —el que está sediento de sangre, el sanguinario. En contraste, el salmista adorará a Jehová por la abundancia de tu misericordia (7). La palabra hebrea que se traduce adoraré hacia significa “me postraré en la dirección de”. Aun en su oración privada, en su casa, el salmista enfrentará el santuario de Jehová, en cuanto éste representa la presencia de Dios en medio de su pueblo y el favor que a éste dispensa (véase Dn. 6:10).

3. Retribución (5:8–10)
El mal no puede quedar sin su correspondiente castigo. El salmista combina la oración por su propia liberación con esta nota imprecatoria contra aquellos que han sido al mismo tiempo los enemigos de Dios y los suyos (véase Introducción, “Clasificación de los Salmos”). Endereza delante de mí tu camino (8) significa “guíame por un camino recto o llano”. No hay sinceridad (9) significa que no hay firmeza o verdad. Las entrañas se refiere al núcleo de la personalidad, el corazón o el yo. Maldad significa “destrucción” y significa que son proclives a ésta. Sepulcro abierto es su garganta ha sido citado por Pablo en Romanos 3:13 como parte de su demostración de la maldad universal del hombre que está lejos de Dios. Un sepulcro abierto resultaba particularmente ofensivo para la sensibilidad hebrea, pues según las leyes judías el contacto con los muertos produce impureza ceremonial (Nm. 19:11). Castígalos, oh Dios (10) en hebreo es “acúsalos de culpa” y, por lo tanto, “castígalos”. Caigan por sus mismos consejos sugiere que sus propios planes para hacer el mal producirán su destrucción. La actitud del salmista hacia los impíos no se funda en un desprecio personal, ni en una actitud de venganza, sino en que éstos se rebelaron contra ti.

4. Recompensa (5:11–12)
La justicia exige no solamente el castigo de la maldad sino, también, el premio de los justos. Los que confían (11) en Jehová y aman su Nombre, se alegrarán y darán voces de júbilo pues poseen una defensa segura. Dios bendecirá al justo (12) y lo rodeará (lo protegerá) como con un escudo. La palabra que se usa aquí designa a un escudo grande, capaz de proteger la totalidad del cuerpo.


Salmo 6: UNA ORACION POR LA LIBERACION, 6:1–10

El Salmo 6 es el primero de una clase de salmos que se conocen como “penitenciales” y que expresan el arrepentimiento o el dolor a causa del pecado cometido. Hay siete salmos penitenciales (6, 32, 38, 51, 102, 130, 143); desde los primeros días del cristianismo se los ha relacionado con “los siete pecados capitales”. G. Campbell Morgan comenta con respecto al Salmo 6: “Es algo débil en su nota de verdadera penitencia y en este respecto no ha de comparárselo con algunos de los que vendrán después. Es, antes, un pedido de liberación del sufrimiento, la tristeza y el castigo que ocasiona el pecado antes que del pecado mismo que los ocasiona.” Su circunstancia inmediata parece haber sido una enfermedad prolongada y peligrosa. Se titula “Salmo de David” y está superinscrito “Al músico principal; en Neginot”, o sea “sobre instrumentos de cuerda” (véase comentario introductorio al Salmo 4). Las palabras que aparecen agregadas en este título, “sobre Seminit”, significan “la octava”, una anotación de carácter musical cuyo significado no es claro.
El salmo se divide en tres secciones. Los versículos 1–5 presentan la dolorosa enfermedad del salmista. La segunda sección continúa su descripción del sufrimiento y la pena (6–7). La sección final hace resonar una nota de franca confianza.

1. Llamado (6:1–5)
El salmista pide la misericordia de Jehová al enfrentar la posibilidad de la muerte. Aunque es un hombre que teme al Señor, interpreta su aflicción como un castigo divino por el pecado, lo cual da a este salmo su clasificación entre los penitenciales. En otros lugares la Biblia demuestra que la enfermedad no es necesariamente un castigo divino por los pecados que uno mismo ha cometido. Sin embargo, resulta claro que en algunos casos la enfermedad puede ser utilizada como vara de castigo y que tiene como propósito devolver a Dios al que se ha desviado de sus caminos (véase 1 Co. 11:30; Stg. 5:15). Estoy enfermo (2) es literalmente “seco” o “languideciente”. Mis huesos se estremecen (en hebreo “se conturban”, ver comentario a 2:5). Los huesos eran considerados una parte fundamental de la salud de la totalidad del cuerpo (Pr. 16:24). Los huesos del poeta se estremecen, pero su alma también está muy turbada (3). En la muerte no hay memoria de ti; en el Seol, ¿quién te alabará? (5). Debe recordarse que solamente Jesucristo “quitó la muerte y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Ti. 1:10). El Antiguo Testamento no considera en ningún lugar que la muerte sea el final de la existencia; pero el Seol, el lugar de los muertos, no era un estado que pudiera anticiparse con gozo. Algunos de los creyentes del Antiguo Testamento recibieron la visión de una eternidad más feliz (por ejemplo, Job 19:25–27; Sal. 16:10–11; 49:15; 73:23–26). Pero en la mayoría de los casos, se temía la muerte como la interrupción de la adoración y la comunión con Dios.

2. Queja (6:6–7)
La angustia de David se describe de manera vívida: Me he consumido a fuerza de gemir (6). La angustia demasiado grande es cansadora, nos deja exhaustos, y el salmista está llegando al fin de su resistencia. Mis ojos están gastados (7); los ojos enrojecidos y opacos manifiestan tanto enfermedad como dolor. Todos mis angustiadores: su constante oposición se mantuvo aun durante su enfermedad. Sus enemigos carecieron de piedad.

3. Confianza (6:8–10)
Como en muchos salmos de este tipo, la amargura de las circunstancias que vive el poeta se alivia gracias a su confianza en el Señor. Quienes aprenden a orar en todas las situaciones de la vida pueden encontrar siempre una razón para alabar a Dios en la esperanza de su ayuda. David imagina a sus enemigos alrededor suyo, deseándole lo peor. Les pide que se vayan, pues Jehová ha oído la voz de mi lloro (8). Aun cuando las circunstancias todavía no han cambiado, el salmista confía en que Dios ha recibido con favor su oración (9). Como resultado, sus enemigos serán avergonzados y se turbarán (10) —“humillados y profundamente conmovidos” (Anchor).


Salmo 7: PEDIDO DE SOCORRO, 7:1–17

El Salmo 7 es otro himno de lamentación, que se titula “Sigaión de David”. El término Sigaión aparece solamente aquí en todo el Antiguo Testamento, y en una forma diferente (sobre Sigionot) en Habacuc 3:1. No es posible asignarle un significado cierto, aunque podría definirse como “canción apasionada, o intensa”. Tampoco se sabe nada con respecto a Cus el benjaminita, cuyo nombre aparece en el epígrafe. Es posible que haya sido un vasallo relacionado muy de cerca con el rey Saúl, que acusó falsamente a David de ser desleal a su soberano. Este es el primero de los ocho salmos que tradicionalmente se asocian con la huída de David cuando éste era perseguido por Saúl. Los otros que se incluyen en esta categoría son los Salmos 34, 52, 54, 56, 57, 59 y 142.
Después de una breve invocación (1–2), el salmista protesta su inocencia de toda acción mala (3–10). Los últimos siete versículos son menos personales y más generales. Se ocupan de la ira de Dios contra la iniquidad de los enemigos del salmista.

1. Invocación (7:1–2)
David afirma su fe en Dios, y pide ser librado de un enemigo empecinado. En ti he confiado (1) —en hebreo dice “En ti me refugié”. Todos los que me persiguen es literalmente “los que me siguen”. El antecedente de No sea que (2) debe ser Cus o el mismo Saúl. Mi alma (nephesh) significa la persona, la vida individual, aunque también substituye al pronombre personal de primera persona, “yo” o “a mí”.

2. Inocencia (7:3–10)
Sometido a acusaciones falsas, aparentemente, David protesta su inocencia de toda mala acción. Se invoca a Dios mismo para que permita las peores calamidades si el autor es culpable. Si yo he hecho esto (3) se refiere a los crímenes específicos de los que Cus ha acusado a David. Además, el salmista protesta su inocencia de cualquier otra iniquidad (avel, “mal moral”, “perversidad”, “injusticia”, “maldad”). Si he dado mal pago (4) significa “si he devuelto mal por bien”. Todo lo contrario, David afirma que ha libertado al que sin causa era su enemigo. Hay dos ejemplos bien claros de esta acción que tuvieron lugar cuando David huía de Saúl (1 S. 24:1–22; 26:1–25). Con respecto a Selah véase el comentario sobre 3:2.
Levántate … álzate … despierta en favor mío (6) es una oración que se expresa en los términos de la experiencia y la acción humanas. La justicia de Dios ha de manifestarse como ira contra el mal persistente. Rodeará (7) significa “coloca a tu alrededor”. El texto hebreo de la segunda parte del verso 7 es de difícil comprensión. Probablemente debemos imaginarnos la congregación del pueblo que está reunida en torno a Jehová, el cual se sienta, sobre un nivel más elevado que ellos, como su juez. El salmista confía en su propia integridad. No tiene consciencia de mal alguno que haya cometido y que pueda justificar la persecución que recibe. Está dispuesto a que sea Dios en persona quien juzgue su causa (8). Dios, en su justicia prueba la mente y el corazón (9), la conciencia misma de los hombres. “El que inquiere en la mente y el corazón es Dios el Justo” (Anchor). Mente es en hebreo kelayot, o sea “riñones”. El uso de este término en todo el Antiguo Testamento sugiere que puede tomárselo como el equivalente hebreo de nuestro término “conciencia”.

3. Indignación (7:11–17)
Con la excepción del último versículo, esta estrofa del salmo tiene como tema la iniquidad del hombre y la ira de Dios contra los obradores de maldad. Se expresa en términos generales y no en el modo más personal de las dos primeras secciones. Dios está airado contra el impío (11): No hay nada en el texto hebreo que corresponda a las palabras “contra el impío”. El objeto del enojo de Dios, sin embargo, aunque no sea explícito, es evidentemente el mal que hacen los obradores de iniquidad. Si no se arrepiente traduce el hebreo “Si no se vuelve atrás”. El término shub, “volverse atrás”, “dar la vuelta” es el equivalente, en el Antiguo Testamento, del término “arrepentimiento” según aparece en el Nuevo Testamento. La falta de arrepentimiento producirá el juicio inmediato. Armado tiene ya su arco (12), significa que ya está listo para descargar la flecha del juicio. Según el versículo 13 Dios, como un aguerrido arquero, guerrero y juez al mismo tiempo, usará flechas (o saetas) incendiarias a fin de prender fuego a la ciudad sitiada.
Los versículos 14–16 abandonan el tema de la ira de Dios y presentan las maldades del hombre impío. En una descripción vívida, el salmista habla del impío como aquel capaz de concebir maldad (14, perversidad, miseria), siendo fecundado por la iniquidad (mal, perversidad). El resultado de esta unión son las mentiras o el engaño. Como un cazador descuidado que ha cavado un pozo para atrapar a su presa, el hombre impío cae en su propia trampa (15). La iniquidad que ha tramado para los demás recaerá contra él mismo (16). Su agravio (chamas, “violencia”, “daño”, “crueldad”) caerá sobre su propia coronilla. Esta es una descripción muy vívida de la acción de retroceso, o de boomerang, del mal. “Le salió el tiro por la culata” es una expresión popular que expresa la misma verdad.
El versículo 17 es una doxología final, una adscripción de alabanza a Dios. Conforme significa “a causa de” o “en razón de”. Cantaré (zamar) significa “cantar salmos o canciones”. En la Biblia la alabanza se relaciona muy a menudo con el canto. Altísimo (Elyon) es un término hebreo que solamente se usa en poesía (aparece 21 veces en los Salmos). También la usan los personajes de la Biblia que no eran israelitas y que aluden al Dios supremo.


Salmo 8: LA PARADOJA DEL HOMBRE FRENTE A DIOS, 8:1–9

El Salmo 8 es una joya perfecta de adoración, alabanza y culto. Está preñado del sentimiento de la degradación y la dignidad del hombre, en cuanto una de las más insignificantes y sin embargo más honradas criaturas del universo que ha hecho Dios y que es suyo. Aunque el ambiente que describe es la naturaleza, el tema del salmista es el hombre y no ésta. Se lo ha denominado “Génesis 1 con acompañamiento musical”, y “el mejor comentario de Génesis 1”. Trae a nuestra mente la muy conocida cita de Emanuel Kant: “Hay dos cosas que llenan el pensamiento de una siempre renovada maravilla y reverencia cuanto más se ocupa la mente, y de la manera más persistente, de ellas: los cielos alumbrados por las estrellas encima mío y la ley moral en mi interior.”18
Oesterley escribe sobre el Salmo 8: “Lleno de una instructiva belleza, es la doble concepción de la insignificancia del hombre a los ojos de Dios y, sin embargo, su dignidad, como la creación más elevada de Dios.” Vriezen afirma: “Un salmo como éste es uno de los más bellos casos del profundo sentimiento de dependencia e indignidad humana ligado a la consciencia de que el hombre ha sido llamado para una tarea grande e independiente. Estas dos ideas están reunidas, de manera notable, en el Antiguo Testamento.”20
El Salmo 8, atribuido a David, lleva el epígrafe “Al músico principal, sobre Gitit”. “Gitit” también se encuentra en los títulos de los Salmos 81 y 84. Se desconoce el significado de este término. Es un adjetivo que se deriva del sustantivo Gat, que se ha interpretado como, posiblemente, el acompañamiento con un instrumento musical originario de la ciudad filistea de Gat, o una melodía de este mismo lugar, quizá la que utilizaba la guardia de la ciudad para marchar (2 S. 15:18), o también, puesto que gat también significa “lagar” en hebreo, una melodía tradicional de la vendimia.
El salmo comienza y termina con las mismas siete palabras hebreas, que nosotros traducimos ¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! (1, 9). Está dividido en dos secciones de desigual extensión. Los primeros dos versículos hablan de la majestad de Dios. La última parte, 3–9, describe la medida del hombre.

1. La majestad de Dios (8:1–2)
¡Oh Jehová, Señor nuestro! (1; Yahweh Adoninu). Yahweh es el sagrado nombre personal del Dios del Pacto. Adonai es el término hebreo para “señor”, “amo”, “soberano”. Los cielos revelan la gloria y majestad del Señor. Los niños y … los que maman (2) es en hebreo “niños y bebés”. Donde nuestra traducción dice fundaste la fortaleza, la LXX traduce, al griego, “perfeccionaste la alabanza”. Jesús cita este pasaje, según la tradición de la LXX, en Mateo 21:16. En la expresión a causa de tus enemigos, “el sentido general es muy claro. Jehová ha ordenado que aun los más débiles representantes de la humanidad sean sus defensores para confundir y silenciar a aquellos que se oponen a su Reino y niegan su bondad y su gobierno providencial”.

2. La medida del hombre (8:3–9)
En comparación con la bóveda celeste y los cuerpos estelares, el hombre no puede menos que confesar su insignificancia. Cuando veo (3) —por más que parezca extraño hay muchos que no se sienten conmovidos por la grandiosidad de la creación. Hay lecciones muy importantes que pueden aprenderse contemplando el cielo de noche. Tú formaste es, literalmente, “estableciste”. ¿Qué es el hombre (4; enosh) en su debilidad y fragilidad? El hijo del hombre (ben-adam), “hijo del hombre según su origen terrenal”. Adam (hombre) también significa “tierra” en hebreo. Lo visites —es decir, para cuidarlo y proveer a sus necesidades. Lo has hecho poco menor (5) significa, literalmente, “Lo has hecho apenas carente de”. El término hebreo que se traduce “ángeles” (Elohim) puede significar “Dios”, “dioses” o “seres sobrenaturales en general”. Algunas versiones revisadas traducen este término como “Dios”. La designación más usual de los ángeles en hebreo es malakhim, “mensajeros”, o ben-Elohim, “hijos de Dios”. Debería señalarse que la LXX traduce Elohim, en este pasaje, como par’ ánguelous, “que los ángeles”, y es de este modo que se cita en Hebreos 2:7, un gran pasaje cristológico. Lo coronaste de gloria y de honra es indicativo de los atributos de la realeza. En el dominio para el que ha sido creado, sobre las obras de la mano de Dios el hombre ha de ser rey.
Lo hiciste señorear (6) significa “gobernar”. Hay un paralelo entre este versículo y Génesis 1:26, 28. La lista de las diversas áreas del dominio del hombre se da sólo a título de ejemplo: los animales domésticos y los salvajes, las aves y los peces, los monstruos marinos. Nuestra era científica presencia la extensión del dominio humano gracias al conocimiento y la utilización de las leyes de la naturaleza. Recuérdese, sin embargo, que aun lo que nosotros llamamos “espacio” forma parte de la obra creada por Dios.
El salmo concluye con las mismas siete palabras hebreas con que comenzó: “Oh Jehová, Señor nuestro, cuán excelente es tu nombre en toda la tierra” (lit.).


Salmo 9: ACCION DE GRACIAS Y CONFIANZA, 9:1–20

Se sostiene, por lo general, que los Salmos 9 y 10 habrían sido, originariamente, una sola composición. No hay título en el comienzo del Salmo 10, como en los otros que integran el libro I, excepto el 1, el 2 y el 33. En la LXX y en la versión de Jerónimo al latín, la Vulgata, ambos salmos están reunidos en uno solo. Sin embargo, la relación que puede existir entre estos dos salmos es, en todo caso, de contraste. El Salmo 9 se gloría en la soberanía de Dios, especialmente en relación con los enemigos paganos de la nación. El Salmo 10, en cambio, se ocupa del problema de la infidelidad y la impiedad dentro de la nación misma. Ambos son problemas constantes y urgentes para las naciones cristianas de Occidente en la actualidad. Están, al mismo tiempo, el encarnizado enemigo de afuera y el maligno crecimiento del secularismo y la irreligiosidad adentro.
El Salmo 9 lleva como título “Al músico principal; sobre Mutlabén”. El significado de “Mut-labén” es oscuro. Las palabras pueden traducirse, de manera literal, “dar muerte al hijo” o, inclusive, “para la muerte de un hijo”. La sugerencia más razonable es que tenemos aquí el título de una melodía conocida, significativo para los lectores originales pero imposible de descifrar para nosotros hoy.
El texto hebreo original muestra evidencias de haber seguido un ordenamiento acróstico, procedimiento según el cual cada línea comienza con una de las letras hebreas, en orden alfabético. Sin embargo, este ordenamiento no se sigue de manera coherente.
El salmo alterna palabras dirigidas como oración a Dios y un discurso sobre aquellos que se oponen a la nación.

1. Acción de gracias (9:1–6)
Aun frente a la amenaza del enemigo, el salmista alaba a Dios por las liberaciones que ha dado a su pueblo. La fe enfrenta el futuro sin temores, porque tiene detrás suyo un pasado que da testimonio de la confiabilidad y el poder del Señor. El corazón (1; leb) significa, en el Antiguo Testamento, el yo esencial, la personalidad, el pensamiento, los sentimientos, el ser que piensa, siente y decide entre opciones. Nada menos que una adoración plena de todo el ser es lo que merece el Señor por todas sus obras maravillosas. Altísimo (2) es Elyon, véase el comentario sobre 7:7. La simple presencia de Dios es suficiente para poner al enemigo en fuga; cayeron y perecieron delante de ti (3). Has mantenido … mi causa (4) significa: “Has fallado a mi favor en mi causa.” Tenemos aquí el simbolismo de un juicio en los tribunales. Juzgando con justicia (tsedeq); la palabra proviene de una raíz que significa “recto”, “derecho” y por lo tanto “justo”. Borraste el nombre de ellos (5); los antiguos daban mucha importancia a la preservación de sus nombres para la posteridad. Que el nombre de uno fuera borrado constituía una terrible calamidad. El original hebreo en este pasaje se dirige de manera directa al enemigo, diciendo “oh tú, enemigo…” Pero muchos traductores, sintiendo que este discurso directo está fuera de lugar, han preferido la forma indirecta, como es el caso en la versión Reina-Valera 1960: Los enemigos han perecido; han quedado desolados para siempre. Las ciudades del enemigo han sido destruidas. Su memoria pereció con ellas —literalmente: “Ha perecido el recuerdo de ellas.”

2. Enseñanza (9:7–12)
La soberanía y justicia de Dios se proclaman como la base de la confianza del pueblo de Dios. Permanecerá (7) es, en hebreo, “se sentará (en su trono)”. “¡Dios está todavía sentado en su trono!” Este trono es, al mismo tiempo, el trono de la soberanía y el del juicio y la justicia. Sus juicios son justos y verdaderos (8). Refugio es, literalmente, “un lugar alto”, en el sentido de una torre fortificada.
Conocen tu nombre (10) implica a aquellos que han llegado a conocer de manera personal el carácter de Dios. El conocimiento, en el Antiguo Testamento, es siempre más que “información sobre” —implica una cierta medida de conocimiento personal y directo, una cierta intimidad. Nombre (shem) se utiliza a menudo en la Biblia con el significado de “la naturaleza” o “el carácter”, tanto de Dios como de los hombres. La confianza es seguida por el grito de triunfo lanzado hacia Dios que habita en Sion (11). La presencia especial de Dios era simbolizada por el arca de la alianza en el tabernáculo y más tarde en el templo, sobre el monte Sion, en Jerusalén. El que demanda la sangre (12) también se ha traducido, “Porque el que venga la sangre derramada se acordará de ellos” (Harrison).

3. Conflicto (9:13–14)
El salmista interpone un pedido por su liberación personal de las manos de aquellos que se le oponen, a fin de que pueda alabar a Dios y gozarse en su salvación. Las puertas de la muerte (13) está en contraste con las puertas de la hija de Sion (14). Arrebatado de las puertas de la destrucción, el poeta alabará a Dios en el tabernáculo o el templo. Seol, el lugar de los muertos, se describe frecuentemente como una ciudad fortificada, con puertas que se abren solamente hacia adentro. (Véase Mt. 16:18, donde las “puertas del infierno” son “las puertas del hades”, siendo hades el equivalente griego de Seol.)

4. Transgresión (9:15–18)
La maldad y destrucción de las naciones (15) son comparadas de manera contrapuesta con la esperanza y la expectativa concreta de los justos en trance de necesidad. Se repite la verdad que se expresara anteriormente en 7:15–16: los hombres malvados resultan destruidos por sus propios planes perversos y acciones pecaminosas. Higaion (16) es probablemente una anotación musical que indica un interludio orquestal para la meditación. El mismo término aparece relacionado con la música del arpa en 92:3, donde se lo traduce como “tono suave”. Con respecto a Selah véase el comentario sobre 3:2.
Los malos serán trasladados al Seol (17) es una advertencia solemne sobre el destino de los hombres y las naciones pecadoras. El Seol, o infierno (como en algunas traducciones) era representado como una existencia sin esperanza, cortada de Dios y de la vida. La plenitud de la verdad revelada con respecto a la vida después de la muerte esperaba a la venida de Cristo y a los apóstoles. Pero se dice lo suficiente, en el Antiguo Testamento, como para advertir a los impíos para que se vuelvan de sus pecados, pues si no irán al Seol sin esperanza. El menesteroso y los pobres (18) no son revindicados aquí a causa de su pobreza, sino por su piedad indefensa (véase Lc. 16:19–31).

5. Triunfo (9:19–20)
Los alcances de la oración del salmista dan testimonio de su fe en el triunfo de la justicia. La maldad humana no prevalecerá. La palabra hebrea que se traduce juzgadas (19) también significa “condenadas”. Todos deberán reconocer, finalmente, que sólo Dios es el Señor. Las naciones (en hebreo goyiim, los paganos o las naciones paganas) deben reconocer que no son sino hombres (20).


Salmo 10: ORACION POR LA DERROTA DE LOS IMPIOS, 10:1–18

Sobre la relación entre el salmo y el anterior véase el comentario introductorio que precede al Salmo 9. G. Campbell Morgan dice, “El salmo comienza en tono de queja, pero termina en abierta confianza”. El autor describe de manera vívida el carácter y conducta de los impíos, y pide ser librado por Dios de manos de ellos.

1. Queja (10:1–2)
El salmista siente que Dios se mantiene lejos (1), como un espectador ocioso o un testigo circunstancial desinteresado, mientras en su arrogancia el malo persigue al pobre (2). Le parece, al poeta, que Dios se esconde en el tiempo de la tribulación (1), la miseria y la extrema pobreza. Job experimentó los mismos sentimientos (Job 13:24). Cuando el malo prospera y el justo sufre, Dios parece estar lejos. Pero el malo será atrapado en los artificios que (el mismo) ha ideado (2; en hebreo, pensado), “enredado en los planes malignos que incubó” (Harrison).

2. Carácter (10:3–6)
Se describe el carácter perverso de los malos en trazos fuertes y decididos. El orgullo, la irreverencia, la incredulidad, el materialismo y un sentido falso de su propia seguridad son las características de la vida sin Dios. Su codicia es idolatría (Col. 3:5), pues abandona a Dios por mammón. La actitud que se expresa en el versículo 4 no es necesariamente el ateísmo teórico sino el ateísmo práctico o secularismo: No hay Dios en ninguno de sus pensamientos. “En su insolencia piensa, ‘Dios nunca castiga’; sus pensamientos se resumen en la expresión: ‘No hay Dios’ ” (Moffatt). En lugar de la auténtica seguridad de los que confían en Dios, los impíos se aferran a una seguridad falsa, despreciando a sus enemigos y vanagloriándose de que nunca los visitará el infortunio (5–6).

3. Conducta (10:7–11)
El carácter de los impíos se manifiesta en su conducta. Sus pecados arruinan todas las áreas de la vida; los comete partiendo del supuesto falso de que Dios no sabe o no se interesa. Sus palabras son osadas y blasfemas (7), y se sienta en acecho para atacar al indefenso (8), capturando al pobre como una bestia de presa o un cazador con su red (9). Moffatt interpreta el versículo 10 de la siguiente manera: “Da caza al desvalido hasta que los hace caer, víctima desgraciada en sus garras.” El impío dice en su corazón: Dios ha olvidado; ha encubierto su rostro; nunca lo verá (11). Pero la palabra sigue incólume en su verdad: “Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Ec. 12:14).

4. Una súplica (10:12–15)
Frente a tales peligros, el justo sólo puede suplicar a Dios por su reivindicación y la deposición del malo. El salmista pide a Dios que se levante en juicio y recuerde la condición del indefenso y del pobre (12). Se pregunta por qué Dios ha tolerado durante tanto tiempo las blasfemias de los enemigos de su Reino (13). En su corazón ha dicho subraya el énfasis especial de este salmo en los pensamientos secretos que motivan la conducta impía de los injustos (véase 6, 10). Tú no lo inquirirás significa, “No se pedirá cuenta de las malas acciones cometidas”. Pero sí se pedirá.
Dios no ha ignorado los males que cometen los hombres. El pobre justo que se encomienda a El encontrará en El el amparo del huérfano (14). El brazo del inicuo (15) debe ser quebrado. Persigue la maldad del malo hasta que no halles ninguna, significa que el juicio del Señor destruirá hasta tal punto el poder para hacer el mal de los impíos que sus maldades por fin cesarán. Harrison traduce este versículo: “Rompe el poder de los culpables y los malos; castiga su iniquidad hasta que la hayas obliterado por completo.”

5. Confianza (10:16–18)
Como es el caso con muchas canciones que comienzan en una nota menor, este salmo concluye con una expresión de confianza y fe en el triunfo final de la justicia. Jehová es Rey eternamente y para siempre (16), y sus propósitos prevalecerán. La soberanía de Dios se expresa de manera sumamente adecuada, la mejor en el Antiguo Testamento, en el concepto de “reino”. El soberano no es el que controla las acciones de sus súbditos en minucioso detalle, sino aquel que gana su lealtad o aplasta su rebeldía. La fe reposa en el hecho de que las naciones cananeas han sido destruidas, o anticipa la destrucción final de los rebeldes: De su tierra han perecido las naciones. Porque el salmista está seguro que su oración está siendo escuchada, confia que Dios dispone (17) los corazones de los humildes. El huérfano y el oprimido serán revindicados, y el hombre de la tierra no volverá a hacer violencia (18) o “El hombre mortal no será jamás, en el futuro, el terror de sus semejantes” (Moffatt).


Salmo 11: EL CORAJE DE LA FE, 11:1–7

El Salmo 11 es otro de los que están dedicados “al músico principal” y se atribuyen a David. G. Campbell Morgan comenta: “Este salmo es la respuesta de la fe a las advertencias del miedo. Ambos son conscientes de la inminencia del peligro. El miedo ve solamente las cosas que están cerca. La fe es capaz de percibir un panorama más amplio. Si las cosas que el miedo ve fueran en realidad todo lo que hay, su advertencia sería excelente. Pero cuando se perciben las cosas que ve la fe, su determinación queda confirmada de manera contundente.”

1. Confianza frente a la traición (11:1–3)
El salmista está sitiado por sus enemigos, y sin embargo confiesa su firme fe en la protección de Jehová. Sus amigos, (o sus burladores enemigos) le aconsejan que escape al monte cual ave (1). “ ‘La montaña’ o la ‘región montañosa’, con sus cavernas y fortalezas naturales era el lugar natural para el retiro de los fugitivos … Posiblemente ‘escapar a los montes’ era una expresión proverbial, derivada de la narración que encontramos en Génesis 19:17 y siguientes, como último recurso en un peligro extremo.” La razón que se da como justificación de la huida es que los impíos ya han colocado sus flechas en el arco y están listos para dispararla, para asaetear en oculto a los rectos de corazón (2).
Si fueran destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo? (3). Cuando la decadencia de la sociedad es tal que cosas como esta pueden suceder, los justos corren un serio peligro. Delitzsch interpreta este versículo como una continuación del consejo de los tímidos. Justifican su opción por la huida aduciendo el estado decadente de la administración de la justicia. Se supone, en este caso, que el salmo fue escrito en el período de los últimos azarosos días de David en la corte de Saúl, cuando lo asediaban las traiciones de los celosos guardias del rey. Puede ser, por otro lado, la propia desesperanza del salmista frente a la situación, desde un punto de vista humano.

2. Juicio y triunfo (11:4–7)
La respuesta de la fe al miedo es la confianza en que Jehová está en su santo templo; Jehová tiene en el cielo su trono (4). Dios reina soberano en los cielos, y sin embargo también reina en medio de su pueblo en el santo templo (o tabernáculo). Sus párpados examinan, en el gesto de quien entrecierra los ojos para mirar con mayor claridad un objeto en el cual se desea concentrar la atención. Jehová prueba al justo (5) en el sentido de poner a prueba, de someter a comprobación su lealtad. Se despliegan, para que se las pueda comparar, las actitudes de Dios y de los impíos en relación con el justo y con el impío. El amor hacia la justicia implica odio hacia el mal. El destino de los malos (6) es estar expuestos a calamidades; fuego, azufre, y viento abrasador (6) —el viento seco y caluroso en extremo que proviene del desierto. El fuego y el azufre se asocian en todas las Escrituras con los juicios de Dios (Gn. 19:24; Dt. 29:23; Is. 30:33; 34:9; Ez. 38:22; Lc. 17:29; Ap. 9:17; 14:10; 19:20; 20:10; 21:8). La porción del cáliz es la suerte que tienen asignada, el destino que merecen en toda justicia.
El amor de Dios hacia los justos no es arbitrario. El mismo es justo. Por lo tanto, el hombre recto mirará su rostro (7). La última oración del salmo podría traducirse, de manera más adecuada, “El justo mirará su cara”, o “los que son justos mirarán su cara” (Perowne); “El justo por fin lo verá (a El)” (Harrison). Dahood comenta: “La visión de Dios que se menciona aquí es sin duda la misma que en Salmos 16:11; 17:15; 41:13; 49:16; 73:26, pasajes en los que se sugiere la creencia en una vida después de la muerte en la presencia de Jehová. Si en esta vida no se logra la justicia perfecta, se la alcanzará en la venidera; este parece ser el motivo final de la confianza del salmista.” Dahood cree que a la luz de los textos de Ras Shamra (véase Introducción), “La opinión de Sigmund Mowinckel, según el cual ‘ni en Israel ni en el judaísmo primitivo se conoció una fe en algún tipo de resurrección, ni está tal creencia representada en los salmos’, no puede sobrevivir una investigación seria”.


Salmo 12: LA AYUDA DE DIOS EN UN MUNDO IMPIO, 12:1–8

Este es un salmo de David dedicado “al músico principal; sobre Seminit”, un término que probablemente significa “octava” y puede usarse aquí para indicar “una octava más baja”, como para el canto de los bajos en un coro. El contraste entre los justos y los impíos y la alta estima hacia “las palabras del Señor” colocan al Salmo 12 entre los salmos de sabiduría. El pedido de ayuda divina (1–2), la condenación del mal (3–4), y la confianza en el poder preservador de Dios (5–7) expresan una fe capaz de ver, más allá de las circunstancias, la presencia de un Ayudador celestial.

1. Súplica (12:1–2)
El pedido de socorro que pronuncia David es arrancado a su alma por el bajo estado de la religión y la moral que contempla a su alrededor. Los piadosos (1, en hebreo chasid, literalmente “el santo”) y los fieles han prácticamente desaparecido de la sociedad humana. En todo lugar las personas hablan mentira (2) entre sí. La insinceridad y la hipocresía abundan. Cualquier sociedad marcada por la falta de confianza en la honestidad común se dirige hacia el desastre. La sospecha y el cinismo destruyen la trama íntima de las relaciones humanas. Hablan con … doblez de corazón significa que piensan una cosa y dicen otra. “Sus palabras son aduladoras, sus mentes engañosas” (Harrison). Esta es la antítesis de la santidad y la verdad que Dios requiere.

2. Condenación (12:3–4)
Dos cosas que un Dios santo no puede tolerar son la lisonja y el orgullo (3). Ambas actitudes se siguen describiendo en el versículo 4. El mundo tiene una confianza ilimitada en el poder de las palabras. Es como si dijera, “Con una lengua lisonjera llegarás a conseguir cualquier cosa”. Su orgullo arrogante se pone de manifiesto en su burlón rechazo de la soberanía de Dios: ¿quién es señor de nosotros? La misma orgullosa independencia con respecto a Dios se ve en Apocalipsis 3:17.

3. Confianza (12:5–8)
En tal crisis de moral y la religión, el salmista oye la palabra de Dios que habla: Por la opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos, ahora me levantaré (5). Dios no ha olvidado a los suyos. Pondré en salvo al que por ello suspira es la traducción de una expresión hebrea que dice, literalmente: “pondré a salvo al que ha perdido el aliento, corriendo para alcanzar su salvación.” La única seguridad real que la vida humana conoce es la que proviene de una poderosa fe en Dios.
Las palabras de seguridad y guía que Dios hace oír son al mismo tiempo limpias y preciosas (6; véase 19:8, 10). La plata refinada, que ha sido purificada siete veces, no contiene escorias yes muy costosa. La comparación de la palabra de Dios con la plata y el oro sugiere el trabajo de minería y fundición. Pero los resultados hacen que el esfuerzo valga la pena.
Cercando andan los malos (8; “en círculos”, como tradujo Agustín); “desfilan alrededor” (Harrison); “merodean” (Anchor). Cuando los hombres indignos son exaltados (7) se estimula la impiedad y se pone en peligro la justicia. Pero el Señor guardará y preservará a los que ponen su confianza en El.


Salmo 13: TEMEROSO PERO NO ABANDONADO, 13:1–6

Aquí tenemos un salmo de David dedicado al músico principal. Este salmo de lamentación atraviesa los estados ya conocidos de la desesperación, el deseo y la liberación. Kirkpatrick relaciona este salmo con el período en la vida de David cuando debió huir de los celos del rey Saúl (1 S. 27:1). En los versículos 2 y 4 hay un enemigo que sobrepasa a todos los demás, tanto por su poder como por ser implacable. Pero el salmo expresa la noche oscura del alma por la que deben pasar muchos de los hijos de Dios.

1. Desesperanza (13:1–2)
El salmista expresa su sentimiento de abandono en una serie de cuatro preguntas: ¿Hasta cuándo, Jehová … olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? (1) ¿Hasta cuándo el salmista deberá cargar tristezas en su corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí? (2) Las dos primeras preguntas se refieren a Dios. Las dos últimas están relacionadas con los sentimientos y las circunstancias del poeta. Poner consejos significa “soportar el dolor”, según traduce la RSV.

2. Deseo (13:3–4)
En tal estado de perturbación espiritual, David eleva a Dios su pedido de ayuda. Alumbra mis ojos (3) es una oración que equivale a decir “reavívame y despiértame”, puesto que los ojos reflejan la vitalidad física del cuerpo entero. Para que no duerma de muerte no tiene nada que ver con lo que algunos denominan “el sueño del alma”, pues la idea del Antiguo Testamento con respecto a la muerte se expresa en el concepto de Seol, en el cual las personas son conscientes de sí mismas y unos de los otros. Esta metáfora del sueño representa a la muerte tal como parece a los que miran a un muerto, estando, ellos mismos vivos. El salmista pide a Dios que su enemigo (4) y aquellos que lo perturban no tengan el privilegio de gloriarse en su caída y destrucción.

3. Liberación (13:5–6)
La fe se eleva a medida que el poeta intensifica su oración. Afirma su confianza en la misericordia de Dios, y la confianza en que su corazón (5), ahora entristecido, se alegrará en la salvación de Dios. La abundancia de la misericordia divina será todavía, más adelante, uno de los temas de su canción. Oesterley afirma: “Pese a ser breve, este salmo extrae con fuerza la gran verdad de que los conflictos, aun cuando se extiendan durante un largo lapso, no significan que Dios no se ocupe de aquellos que confían en El. Por supuesto, la razón que hace que la ayuda tarde muy a menudo permanece oculta … pero el salmo enseña la hermosa lección de que el verdadero creyente en Dios no será conmovido en su fe, por severo que pueda ser el golpe.”


Salmo 14: EL FRUTO AMARGO DE LA IMPIEDAD, 14:1–7

Este salmo es virtualmente idéntico al Salmo 53, excepto que en éste el término que designa a Dios es Elohim en vez de Yahweh. En el 53 el epígrafe indica que el salmo es un masquil (véase el comentario sobre el título del Salmo 32), un salmo didáctico, y demuestra que para su canto se utilizaba una melodía conocida como Mahalath. La mayor parte de los versículos 1–3 son citados por Pablo en Romanos 3:10–12 como demostración de la corrupción universal del corazón humano no redimido. El poema está compuesto por dos estrofas de tres versículos cada una, y un verso final. Describe la necedad y el temor de los impíos y la fe de los que poseen un corazón auténtico.

1. Necedad (14:1–3)
El salmo comienza con una afirmación con respecto al necio (1). La necedad en la Biblia no es un problema de limitación intelectual, sino una ofensa moral. Morgan señala: “Aquí el salmista expresa su convicción sobre el significado de la impiedad. En su esencia es necedad. La palabra ‘necio’, aquí, representa la perversidad moral antes que la ceguera del intelecto. Se repite lo mismo en la declaración ‘se han corrompido’ y en la afirmación de que sus obras son abominables.” Leslie M’Caw escribe: “Necio o ‘vil’ (Is. 32:5); es decir, un hombre totalmente indiferente a las pautas morales de la ley, y que adopta diariamente como su propio principio la opinión de que a Dios no le importan las diferencias entre las distintas conductas de los hombres. Tales seres no pueden sino vivir vidas disolutas y ser incapaces de hacer el bien.”
No hay Dios, no indica un ateísmo preponderantemente teórico, sino el tipo de incredulidad que tiene su asiento en el corazón. Es la dirección de la vida sin pensamiento alguno de Dios o la eternidad. Se describe a la humanidad sin Dios como corrupta, dada a obras abominables e incapaz de todo bien. Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres (2; literalmente, los hijos de Adán). Dios busca señales de comprensión espiritual y corazones inclinados hacia El. Pero, por desgracia, no los encuentra. “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino” (Is. 53:6). Todos … a una se han corrompido (3) deriva de una palabra que significa “manchado, podrido, agriado”; “depravado” (Anchor). Una de las más profundas intuiciones bíblicas con respecto a la naturaleza del pecado es su definición en términos de la corrupción, la ruina o el mal uso de lo que es o podría ser bueno.

2. Temor (14:4–6)
El resultado final es un gran espanto (5). Aquí habla el Señor: ¿No tienen discernimiento todos los que hacen iniquidad, que devoran a mi pueblo como si comiesen pan y a Jehová no invocan? (4). La implicación es que los obradores de iniquidad poseen un conocimiento rudimentario de la ley moral. “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Ro. 1:20). El resultado de su culpa es el espanto (5). Este es el temor que experimentan en la presencia de Dios. La presencia de Dios con la generación de los justos es la garantía de la indudable revindicación de la justicia y condenación del mal. Generación (dor) puede también significar morada (habitación) o posteridad.
Se han burlado (6) puede significar también “han derrotado” o “frustrado” el consejo del pobre (el afligido). Esto es mucho más censurable teniendo en cuenta sus razones religiosas: lo han hecho porque Jehová es su esperanza.

3. Fe (14:7)
Otra vez la fe canta su canción triunfal. La salvación de Israel (7) no se encontrará en el poder o la sabiduría humanas. Saldrá de Sion, el lugar de la morada divina. Algunos han fechado este salmo en el período del exilio, a causa de la oración cuando Jehová hiciere volver a los cautivos de su pueblo. Pero en Job 42:10 tenemos la misma frase, en el idioma hebreo. La versión Reina-Valera traduce “quitó Dios la aflicción de Job”, cuando también podría decir “hizo Dios volver a Job de su cautiverio”, en el sentido de que Dios restauró a Job su buena fortuna. Y aun si el versículo debiera leerse en el sentido de un cautiverio literal, Kirkpatrick señala que tanto Oseas (6:11) como Amós (9:14) utilizan la misma expresión mucho antes del cautiverio babilónico. La acción de Dios producirá regocijo y alegría a Jacob (que se utiliza aquí como sinónimo de la nación entera) y a Israel.


Salmo 15: LA VIDA DE SANTIDAD, 15:1–5

Este salmo, que se identifica en el epígrafe como un “salmo de David”, es el primero en un tipo que se conoce como “litúrgico”, es decir, que está relacionado con el culto público. Hay aproximadamente 30 que entran en esta categoría (véase la Introducción). El Salmo 15 es una gema perfecta de la devoción, y como cualquier gema (piedra preciosa) es casi imposible dividirlo sin estropearlo. El poema describe, tanto de manera positiva como negativa, las características del que habita en el tabernáculo de Jehová y mora en su santo monte. La vida de santidad posee estos dos aspectos. Envuelve algunas abstinencias y negaciones del yo. También requiere ciertas características positivas, algún servicio activo. Una bondad meramente pasiva, negativa, nunca saldrá al encuentro de las vastas necesidades de la vida humana en nuestros días. La bondad debe estar dotada de una cierta calidad dinámica de piedad viva si ha de responder a las situaciones y los problemas que plantea la época en que vivimos.

1. Los aspectos positivos de una vida santa (15:1–2)
¿Cuáles son las características positivas del ciudadano de Sion? Se mencionan cinco:
a. Habitar (15:1). Habitar es un término que sugiere una cierta permanencia. Significa venir para quedarse. Jesús habló del Consolador que habría de venir a sus discípulos en Pentecostés: “el Padre … os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad … vosotros lo conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Jn. 14:16–17). Habitar en el tabernáculo del Señor significa establecer la vida con Dios.
b. Morar (15:1). Morar agrega la idea de sentirse cómodo, de ser miembro de la familia, de poseer un lugar y estado permanente en la familia. Ningún poder terrenal o satánico puede arrancarnos de nuestra morada en el monte santo de Dios, si nuestros corazones están afirmados y afincados a El. Un cristiano puede salir de casa, pero jamás necesitará temer que alguien pueda secuestrarlo.
c. Andar en integridad (15:2). El término “andar” describe un curso de vida habitual. El que anda en integridad es la misma expresión que se usa en Génesis 17:1, “Anda delante de mí y sé perfecto” (palabra de Dios a Abraham). Kirkpatrick observa: “La palabra tamim significa (1) completo, (2) sin mancha ni defecto (con respecto a las víctimas de sacrificio), (3) en un sentido moral, perfecto, sincero, sin defecto. Incluye una devoción a Dios de todo él corazón, y una absoluta integridad en el trato con los hombres.” En el Nuevo Testamento tenemos una buena descripción de la perfección evangélica (Mt. 5:48; He. 6:1; 1 Jn. 4:17–19).
d. Hacer justicia (15:2). La conducta exterior debe ser recta. Justicia (tsaddig) significa “ser derecho, recto”, según una regla.
e. Hablar verdad (15:2). Hablar verdad en el corazón significa vivir en la sinceridad absoluta. La verdad en los labios es importante. La verdad en el corazón tiene una importancia fundamental. La convicción que llevó al salmista a rogar por su purificación fue darse cuenta que Dios “ama la verdad en lo íntimo” (Sal. 51:6–7).

2. Los aspectos negativos de la vida santa (15:3–5)
Entran a consideración, a renglón, seguido, las negaciones que también conforman una vida santa. Son ocho.
a. No calumniar (15:3). El que no calumnia con su lengua es literalmente, “El que no tiene calumnia sobre su lengua”. En la vida del ciudadano de Sion no hay lugar para el pecado que significa la invención o la repetición de historias que pueden resultar injuriosas para la reputación de los otros.
b. No hacer el mal (15:3). El término hebreo (ra) es una palabra genérica, que incluye todo tipo de daño, mal o pecado. Es tan amplio como el término castellano “mal”. Merece la aprobación de Dios aquel que no hace mal a su prójimo.
c. No admite reproche contra su vecino (15:3). Admitir reproche contra el vecino puede significar dar origen a una calumnia, o a una expresión que ridiculice al prójimo, o transmitir a otros algo que, de otro modo, no se hubiera llegado a conocer. O puede significar agregar al sufrimiento del infortunado acumulando reproches contra él. El preludio de muchos asaltos homicidas contra la reputación de alguien muchas veces es “¿Saben de qué me he enterado?”
d. No perdonar el pecado (15:4). Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado significa literalmente, “Despreciable a sus ojos es el réprobo”. El ciudadano de Sion no se complace con el registro de la iniquidad. Ni pasa por alto el pecado y tapa la conducta que violenta la ley de Dios.
e. No cambiar de palabra (15:4). “Su palabra vale tanto como su firma.” Las promesas que se han hecho deben cumplirse, a menos que en este cumplimiento esté envuelto un pecado que anteriormente no se había percibido. El simple hecho de que una promesa pueda resultar poco ventajosa para el que la ha hecho no lo libera de la obligación de observarla.
f. No dar el dinero a usura (15:5). La usura se define, a veces, como el préstamo a cualquier clase de interés. Pero el término hebreo proviene de una raíz que significa “picar con un aguijón” (como una serpiente) u “oprimir”. Por cierto, en tiempos del Nuevo Testamento ya se reconocía la legitimidad del interés comercial (Mt. 25:27). Por lo tanto, el significado de este término debe interpretarse como un interés exorbitante o irrazonable —el significado, por otro lado, que tiene por lo común en nuestros días.
g. No admitir cohecho (15:5). Ni contra el inocente admitió cohecho significa “soborno contra un inocente”. Una de las plagas de las naciones orientales, el soborno, está prohibido en Exodo 23:7–8; Deuteronomio 16:19; 27:25, y lo condenan frecuentemente los profetas.
h. No ceder (15:5). Tanto como condición y como consecuencia, El que hace estas cosas no resbalará jamás. La traducción literal sería, “Haciendo estas cosas no será jamás movido”. El hombre que se describe aquí será firme y digno de confianza en medio de las circunstancias y condiciones más cambiantes (1 Co. 15:58).


Salmo 16: LA BIENAVENTURADA HERENCIA DE LOS PIADOSOS, 16:1–11

Este salmo se titula “Mictam de David”. T. H. Robinson escribe, “Hay seis salmos (16, 56–60) que tienen la palabra ‘Mictam’ en su título. Este término se relaciona, por lo común, con una raíz que significa ‘oro’. Estos salmos, que son todos de una belleza poco común, aun entre los salmos, son ‘gemas’ o ‘joyas’ de la salmodia hebrea. La misma palabra aparece en el encabezamiento del himno que se atribuye a Ezequías en Isaías 38:9–20, diciéndose también que fue compuesto por ese rey al recuperarse de una enfermedad”. Otra sugerencia con respecto al significado del término es la de Delitzsch, que lo interpreta como “poema de carácter epigramático”. Otros creen ver en este título un equivalente de nuestro término “inédito” o una referencia al carácter misterioso, oculto de su significado.38
A partir del uso neotestamentario del versículo 10 (Hch. 2:25–28, 31; 13:35), puede caracterizarse con propiedad al Salmo 16 como “salmo mesiánico” (véanse los comentarios introductorios al Salmo 2). Su fe gozosa, su expresión de la alabanza, son por cierto típicas del Salvador. La confianza no podrá resolver todos los problemas de la mente, pero imparte serenidad y paz al corazón que descansa en la seguridad de que allí donde Dios actúa como guía todo está bien.

1. Oración (16:1–4)
El Salmo comienza en un espíritu de oración en el cual se expresa la lealtad del salmista a Jehová y a su pueblo. Dios es la fuente de su preservación y resguardo, sobre la base de una fe constante, porque en ti he confiado (1). Desde la profundidad de su alma (2) el salmista clama a Dios, Tú eres mi Señor. Mientras que Jehová (Yahweh) es el nombre personal del Dios verdadero y viviente, Adonai (Señor) significa “amo, soberano, señor”. Podríamos traducir: “Mi alma dice a Jehová: tú eres mi amo y mi soberano.”
No hay para mí bien fuera de ti también puede traducirse, “mi bienestar depende totalmente de ti” (Harrison). Robertson Smith dice, “No solamente Dios es la fuente de toda su fortuna, sino que todo lo que el salmista considera como auténticamente bueno, está contenido en Dios”.
El tercer versículo es reconocidamente difícil en hebreo. Es probable que debiera entenderse como una oración separada de la anterior y traducirse, “En cuanto a los santos y los excelentes que están en la tierra, mi complacencia descansa íntegramente en ellos”. La versión Berkeley traduce: “En cuanto a los hombres piadosos que habitan en la tierra, éstos son los gloriosos en quienes me deleito”; y Harrison, “Los santos que están en la tierra son ciertamente ilustres; los admiro, mucho los admiro”.
La buena fortuna del salmista está en franco contraste con las penas multiplicadas de los que cambian al Señor por algún otro dios. No ofreceré yo sus libaciones de sangre (4) puede ser una referencia a libaciones paganas hechas con sangre, o puede significar que las libaciones de los paganos (líquidos que se derraman como sacrificio religioso) son tan abominables como si las hicieran con sangre. En todo caso, el salmista ni en sus labios tomará sus nombres.

2. Alabanza (16:5–8)
Esta segunda estrofa del salmo está compuesta por cuatro grandes versículos de gozosa alabanza. El salmista encuentra en Jehová mismo su mejor herencia. Se siente lleno de gozo por el consejo y la presencia de Dios. Jehová es la porción de mi herencia (5) rememora la distribución de la tierra entre los integrantes del pueblo de Israel, por sorteo (Jos. 13:7; 14:2). Mientras otros se regocijarían al recibir campos fértiles, el salmista tiene su herencia en Dios. Moffatt traduce: “Tú eres lo que obtengo de la vida, Tú el Eterno, Tú mismo eres mi parte.” ¿Qué más podría uno pedir o desear?
Porque esto es verdad, las cuerdas (las cuerdas con que se marcan los límites entre los distintos terrenos asignados a cada miembro del pueblo judío) me cayeron en lugares deleitosos; y es hermosa la heredad que me ha tocado (6). El Señor mismo, más que cualquiera de sus dones, es la recompensa de aquellos que verdaderamente lo aman. No puede sino admirarnos la profunda devoción que se expresa en palabras como éstas. Representan un nivel de piedad tan hondo que muy pocos han alcanzado, aun en esta dispensación cristiana, más favorecida.
Bendeciré a Jehová (7) es decir, daré alabanza y adoración a Jehová. Me aconseja significa que me enseñó a confiar en El y a seguirlo. Donde dice mi conciencia debiera decir, traduciendo literalmente el original hebreo, “mis riñones” (kelayot). Smith señala, “Probablemente cuando se habla de riñones siempre haya una referencia directa o indirecta al escudriñamiento, por parte de Dios, de los que nosotros llamamos ‘la conciencia’ ”. En las noches—“en las horas calmas de la noche, Dios lo amonesta e instruye a través de la voz de la conciencia. Comparar con 4:4 y 17:3. Los riñones son los órganos de la emoción, los sentimientos y la conciencia. ‘El corazón y los riñones’ representan la totalidad del yo interior, el pensamiento y la voluntad (7:9)”.
A Jehová he puesto siempre delante de mí (8) indica la “práctica de la presencia de Dios”. El salmista, por lo tanto, confía que no será conmovido. El Señor, como un guerrero listo para defenderlo de cualquier enemigo, está a su diestra.

3. Prospecto (16:9–11)
Admitiendo que estas palabras pueden expresar la confianza del salmista en que el brazo fuerte de Dios lo librará de la amenaza de la muerte en su tiempo, es imposible ignorar la interpretación que Pedro da a estos versículos en Hechos 2:25–28. En este salmo se ha visto una profecía de la resurrección de Jesús. Cristo “sacó a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Ti. 1:10), y su resurrección agrega una dimensión más a muchos pasajes del Antiguo Testamento, entre los cuales éste es, por cierto, uno. Es verdad que las más claras sugerencias que se encuentran en el Antiguo Testamento con respecto a la vida eterna se asientan exactamente en los fundamentos que se ofrecen aquí: es decir, ni siquiera la misma muerte puede privar al alma que confía de la presencia y comunión de su Dios.
Se gozó mi alma (9), véase 7:5; 30:12 y 57:8. El alma, como parte más noble del hombre e imagen de lo divino, es su gloria (la palabra original hebrea que se traduce alma es, precisamente, “gloria”). Ahora, confiando en la protección que Dios le ofrece para sortear a salvo la prematura amenaza de muerte, y teniendo como perspectiva una resurrección como la de Cristo (Ro. 6:5), el salmista canta, Mi carne también reposará confiadamente. Su fe afirma, no dejarás mi alma en el Seol (10), el reino de los muertos, ni permitirás que tu santo vea corrupción. Este es un texto que utilizó Pablo (Hch. 13:35), así como Pedro, para referirse a la resurreción de Jesús. La presencia de Dios es la seguridad que tiene el salmista de la senda de la vida … la plenitud del gozo … y de delicias a tu diestra para siempre (11). Aquí o en el más allá, ningún daño puede caer sobre el que pone su confianza en el Señor y anda con El.


Salmo 17: URGENTE ORACION PIDIENDO PROTECCION, 17:1–15

El Salmo 17 lleva un título que se encuentra sólo en otros dos salmos (86, 142), “Oración de David”. La principal fuente de peligro parece ser un enemigo individual. Aquí el salmista habla de sus compañeros en el peligro (v. 11). Es posible que el trasfondo sea el episodio cuando David debe huir de Saúl al desierto de Maón: “Saúl y sus hombres habían encerrado a David y a su gente, para capturarlos” (1 S. 23:25–26). Sólo el aviso de una invasión por los filisteos hizo a Saúl interrumpir su persecución (1 S. 23:27–29).
Aun cuando está relacionado de cerca con el Salmo 16 (véase 16:7 y 17:3; 16:8 y 17:5; 16:1 y 17:6–7), el modo urgente en que se siente el peligro hace que este salmo sea, más característicamente, una lamentación.

1. Deseo (17:1–5)
El corazón de la petición de David es el deseo, que se expresa en estos versículos, de reivindicación y justicia, teniendo en cuenta la amenaza contra su vida. Pide ser escuchado: Oye … una causa justa (1; tsaddiq, justicia). Mi oración es, literalmente, un grito agudo y penetrante, que proviene de labios sin engaño, o sea de un corazón sincero y honesto. De tu presencia proceda mi vindicación, literalmente, mi juicio (2). David no ha encontrado justicia en las manos de Saúl. Pero confía que los ojos de Jehová vean … la rectitud (“lo equitativo”, Berk.). “Que tus ojos contemplen mi integridad” (Anchor).
Tú has probado mi corazón (3): véase 16:7 y sus comentarios. David protesta su inocencia de todo propósito maligno. No ha transgredido la voluntad de Dios ni de palabra ni de obra. En cuanto a las obras humanas (4) se refiere a su comportamiento como hombre y entre los hombres. Guiado por la Palabra de Dios, el salmista se ha mantenido alejado de las sendas de los violentos. Sustenta mis pasos en tus caminos (5) quizá debiera traducirse, según el contexto, “Mis pasos han seguido tus caminos; mis pies no han resbalado” (Harrison).

2. Peligro (17:6–12)
El salmista expresa su confianza en Jehová y describe de manera detallada los peligros que lo acechan, a él y a sus compañeros. Ora con la seguridad de que va a ser escuchado. Oh Dios (6; El) es una forma de dirigirse a Dios muy rara en los salmos davídicos (véase 16:1). Misericordia (7; chesed) es la palabra que caracteriza el amor de Dios según el pacto. Se traduce de diversas maneras, “misericordia”, “amorosa bondad”, “amor fiel” (RSV), “amor infalible” (Berk.). Su significado se aproxima mucho al del término “gracia” en el Nuevo Testamento (véase la discusión en BBC, tomo V, “Oseas”, Introducción). Guárdame (8), presérvame (la misma palabra que en 16:1), como a la niña de tus ojos (la pupila). Esta es una expresión muy frecuente en el Antiguo Testamento que significa aquello que es más querido; algo que, por lo tanto, se guarda con especial cuidado (Dt. 32:10; Pr. 7:2; Zac. 2:8). Bajo la sombra de tus alas se usa también, en otros lugares, por el sentimiento de seguridad que experimentan los pichones bajo las alas de su madre (Rt. 2:12; Sal. 36:7; 57:1; 61:4, etc.; véase Mt. 23:37).
El salmista describe los enemigos que lo acechan. Estos lo oprimen (9), “me han maltratado” (Berk.). Están determinados en su destrucción —buscan mi vida. Envueltos están con su grosura (10) —que puede querer decir de qué manera, en su prosperidad, los enemigos del salmista engordan, o, como en la ASV, “Han cerrado su corazón” a toda influencia buena y no tienen compasión hacia aquel que persiguen. Hablan con orgullo, vanagloriándose, de su éxito en el mal. Han conseguido rodear al salmista y a sus compañeros (11). El enemigo es como un viejo león cebado, que mata por lisa y llana sed de sangre, o como un leoncillo que acecha en emboscado para sorprender al distraído (12).

3. Liberación (17:13–14)
Aun cuando estos versículos conservan la forma de una oración, las palabras están imbuidas de confiada esperanza. Continuando con la comparación de su enemigo con un león, el salmista pide a Dios que salga a su encuentro y lo postre (13) —es decir, que enfrente a la bestia y la obligue a sentarse, en sometimiento. Libra mi alma de los malos con tu espada, de los hombres con tu mano, oh Jehová (13b–14a) puede también traducirse “de los malos que son tu espada … de los hombres que son tu mano”, en cuyo caso el texto significa que los malos, sin ser conscientes de ello, sirven los propósitos de Dios, como Asiria que era la vara de Dios para castigo de Israel (Is. 10:5).
Los que buscan hacer mal al piadoso son hombres mundanos, cuya porción la tienen en esta vida (14). Toda la satisfacción que han de recibir la obtienen aquí y ahora (Lc. 16:25). Por el contrario, aquellos para quienes Dios es “su porción” (16:5) no solamente reciben su bendición y ayuda aquí, sino la esperanza de cosas aún mayores en el porvenir (15). Cuyo vientre está lleno de tu tesoro quiere decir que Dios ha permitido que satisfagan sus deseos más bajos y sus apetitos físicos (Fil. 3:19). Sus hijos y sus pequeñuelos significa que los malvados pueden tener familias numerosas, tal como lo desean, y que pueden dejar a sus hijos las grandes fortunas que han acumulado por medio de la injusticia y la deshonestidad. Esta es una descripción chocante de las vidas terrenales y mundanas de los que viven sin Dios.

4. Destino (17:15)
Este versículo es lo suficientemente importante como para constituir por sí mismo, separado de los anteriores, la conclusión triunfante del salmo. Se lo ha anticipado, ya, en la descripción de los impíos como hombres que están siempre preocupados por “esta vida” (14). Aun cuando muchos comentaristas interpretan el versículo 15 como una continuación del contraste entre las metas más bajas y las más elevadas en la vida, Oesterley muy probablemente tenga razón cuando observa que tenemos aquí “el comienzo de la visión de una vida más plena en el más allá”. En otro contexto, el mismo autor afirma: “Es difícil comprender estas palabras en el sentido de ‘despertar’ del sueño material; el salmista muestra que está en constante comunión con Dios, tiene la experiencia de la permanente proximidad del Señor; no piensa que en momento alguno pueda estar separado de Dios; ¿por qué, entonces, se considerará satisfecho sólo con la presencia divina al despertar de su sueño natural? … No puede dudarse, por lo tanto, que el salmista está pensando, aquí, en su despertar del sueño de la muerte. Es de este modo que expresa su fe en una vida después de la muerte.”43 La Versión Berkeley traduce este versículo, “En cuanto a mí, con justicia contemplaré tu rostro; estaré satisfecho cuando despierte, siendo semejante a ti”.


Salmo 18: UNA CANCION DE VICTORIA, 18:1–50

Este es el salmo más extenso del libro I, y es prácticamente idéntico con 2 Samuel 22, donde el historiador lo ofrece como un ejemplo extraído de la mejor producción de David como salmista. Las pocas modificaciones que se han hecho en el libro de los Salmos tienden, aparentemente, a adaptarlo para el uso público. Es casi puramente alabanza. Han terminado las largas luchas. La huida de la venganza de Saúl pertenece al pasado. El salmista glorifica al Dios de su salvación.
El largo título presenta una variación interesante. Además de dedicar el trozo poético “al músico principal”, e identificarlo como “un salmo de David, siervo de Jehová” (que se usa también en el epígrafe del Salmo 36), el título incorpora el texto de 2 Samuel 22:1, que sirve como introducción al salmo y lo ubica como habiendo sido compuesto después que hubo terminado el peligro de la persecución de David por Saúl. Los versículos 43–45 señalarían una época de esplendor en el poderío de David.
Se respira, en este salmo, una atmósfera de alabanza espontánea. No posee una estructura íntimamente entrelazada. Un pensamiento lleva al siguiente, y se alterna el discurso dirigido de manera directa a Dios con las exclamaciones gozosas sobre su poder y su misericordia.

1. La salvación todo-suficiente (18:1–3)
David da testimonio de su amor hacia Dios y en una serie de notables metáforas describe la omnisuficiencia de su salvación. Jehová es su fortaleza (1), su roca (2), su fortaleza o castillo y su libertador. La línea Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré se traduciría, literalmente, “Mi Dios, mi roca, huiré a El”; o “Mi Dios es mi roca en quien me refugio” (Berk.). El Señor es su escudo y “el cuerno” (la fuerza) de su salvación. El “cuerno”, característica de algunas bestias salvajes, es una indicación de fuerza, y por eso puede traducirse la fuerza, como en Reina-Valera 1960. Dios es su alto refugio, ofreciéndole al mismo tiempo visión y protección. El salmista expresa su convicción de que Dios oirá las oraciones. Dios, que lo ha salvado, seguirá vigilando su seguridad (3).

2. El peligro del salmista (18:4–6)
David recuerda los peligros extremos de los que Dios lo ha librado. Las ligaduras de muerte (4) probablemente deban entenderse como en 2 Samuel 22:5, “Las (olas) rompientes de la muerte”, lo cual establece el paralelismo con los torrentes de perversidad. El texto original de esta última línea dice, literalmente, “Las corrientes o torrentes de la maldad y la impiedad (belial) me infundieron temor”. Las ligaduras del Seol (la muerte) lo rodearon, (5) y lazos (trampas) mortales fueron tendidas delante de él. En tan honda adversidad, David invocó a Jehová y El oyó (6).

3. El poder sobrenatural de Dios (18:7–15)
La intervención de Jehová en ayuda del salmista se describe en términos de un terremoto y una tormenta, aspectos severos y horrendos de la naturaleza que simbolizan la ira de Dios. La acción de Dios en favor de su pueblo se representa a menudo en las Escrituras acompañada de fenómenos naturales extraordinarios tales como los que aquí se describen (Ex. 19:16–18; Jue. 5:4–5; Job 38:1; Is. 29:6; ect.). El terremoto (7), la tormenta eléctrica (8), las tinieblas (9), y la furia total de una tempestad se siguen, en rápida sucesión.
Se visualiza a Dios cabalgando sobre un querubín y volando sobre las alas del viento (10). Los querubim (im en hebreo es la terminación masculina plural) están relacionados en las Escrituras, de manera especial, con el trono y la soberanía de Dios. Dios pone a su servicio todas las fuerzas de la naturaleza a fin de liberar a los suyos. El Altísimo (13; Elyon) es Dios como soberano supremo de todo el universo. Granizo y carbones de fuego (12–13) son granizo (piedra) y rayos.

4. Dios reivindica a los suyos (18:16–19)
David retorna, aquí, al tema de la liberación personal. El es como uno que ha sido sacado de las muchas aguas (16), un símbolo bíblico que denota grandes dificultades. Ha sido librado de un poderoso enemigo (17), demasiado fuerte para que pudiera escapar de él. Jehová fue mi apoyo (18), mi “cayado” (Anchor).
La liberación siempre es de (16) y a (19). De la experiencia de estar sitiado por el peligro, David ha sido traído a lugar espacioso (19). El Señor lo libró, porque se agradó de él.

5. La inocencia del salmista (18:20–24)
David protesta su inocencia de toda acción mala. Que no se trata aquí de un evangelio de la salvación por las buenas obras se ve en la sección que sigue, donde la misericordia de Dios será el tema principal. Dios ha rescatado a su siervo del peligro porque es inocente de malas acciones por las cuales hubiera podido ser castigado con justicia. La rectitud del carácter y la pureza de la vida (20) dependen de que se guarden los caminos de Jehová (21) y de no apartarse impíamente de … Dios. David tuvo delante suyo todos los juicios (mishpat, mandamientos, ordenanzas) de Dios (22), y “no apartó de sí” (alejó de su mente) los estatutos de la ley divina (a fin de entregarse al pecado sin mala conciencia).
Como resultado, el poeta es capaz de afirmar su integridad delante de Jehová. Fui recto para con él (23; tammim, perfecto), por más indigno que haya podido parecer a sus perseguidores humanos. Me he guardado de mi maldad —“Habiéndome guardado contra mi pecaminosidad” (Berk.). Jehová, por lo tanto, lo ha recompensado (24; restaurado).

6. La misericordia de Jehová (18:25–29)
Estos versículos afirman la ley general del gobierno divino en el orden moral del mundo. Su actitud hacia los hombres está condicionada por la respuesta de ellos a su ley y a su gracia. Está implícito, además, el principio neotestamentario de que la actitud de Dios hacia los hombres depende de la actitud que éstos tengan hacia sus semejantes. Sólo los misericordiosos (25) pueden esperar misericordia (véase Mt. 5:7; 6:14–15; 18:23–25). Sólo los rectos (nuevamente tammim, perfectos) pueden experimentar la perfección de Dios. Sólo los limpios (26) pueden contemplar a un Dios que es limpio y santo (véase Mt. 5:8; 1 Jn. 3:3). También vale lo opuesto: Severo serás para con el perverso (contradiciendo sus propósitos pecaminosos).
Como resultado, Jehová salvará al afligido (27) y humillará los ojos altivos (haciéndoles bajar la mirada): es decir, humillará al altivo y al soberbio (Lc. 18:14). David confía que Jehová encenderá su lámpara y alumbrará sus tinieblas (28). En el poder del Señor puede vencer a cualquier enemigo y derrotar cualquier obstáculo (29).

7. La perfecta liberación de Dios (18:30–45)
David regresa al tema de la liberación divina. Exalta la perfección del camino y la palabra de Dios (30). Es acrisolada, la palabra de Dios (es decir, que ha sido sometida a prueba). Escudo es a todos los que en él esperan. No hay otro Dios que Jehová. Ni hay refugio seguro que no sea el Señor (31). Dios es la fuente de poder y guía para el que desea hacer perfecto su camino (32). Los pies de las ciervas —un animal similar a la gacela— eran proverbialmente rápidos y seguros. Cuando el cazador lo persigue el ciervo tiene la costumbre de trepar a los peñascos rocosos, donde no puede ser seguido (mis alturas).
Cambiando de metáfora, Dios ha enseñado al salmista a guerrear y le ha dado fuerza para entesar … el arco de bronce. En la Odisea de Homero, Ulises se gloría por tener un arco que sólo él era suficientemente fuerte para doblar. El Señor protegió a su guerrero con el escudo de su salvación y lo sostuvo con su fuerte diestra (35). Su benignidad (“condescendencia”, Berk., “ayuda”, RSV) lo ha engrandecido. Quizás el salmista tenga presente que no era más que un muchacho que pastoreaba ovejas cuando Dios lo eligió para ser rey de su pueblo. Ensanchaste mis pasos debajo de mí (36) dándole lugar para que pudiera moverse sin encontrar obstáculos (véase 19). La victoria sobre sus enemigos fue completa y las fuerzas de éstos fueron destruidas (37–38). Jehová es quien ha hecho posible esto (39–40). Los enemigos del salmista huyeron delante de él (40) sin que hubiera nadie para salvarlos (41), aun cuando tardíamente clamaron a Jehová. Los que se niegan a escuchar el llamado de Dios pueden ser desoídos cuando claman a Dios (Pr. 1:24–33; Is. 65:12–14; 66:4). Los enemigos del salmista fueron destruidos totalmente, molidos hasta quedar hechos polvo, volados por el viento y pisoteados como lodo de las calles (42). El resultado de esta acción es el dominio político, tanto dentro de la nación (las contiendas del pueblo) como sobre los paganos (las naciones), los pueblos circunvecinos (43). Tan grande fue la reputación de David, que sus enemigos potenciales se sometieron a él (44). Los extraños se debilitaron y salieron temblando de sus encierros, debería traducirse: “Los extranjeros temieron y salieron temblando de sus fortalezas” (Berk.).

8. El Dios vivo (18:46–50)
David continúa su alabanza del Dios vivo, que es su roca y el Dios de su salvación (46). Obrando de manera correcta, dejó la venganza al Señor (47; compárese con 94:1; Ro. 12:19). Fue la acción de Dios que lo liberó y lo elevó sobre sus enemigos (48). Por lo tanto, el salmista confesará a Dios entre las naciones (49; los paganos) y cantará alabanzas a su nombre. Grandes triunfos da (50 significa, literalmente, “Da grandes salvaciones”, o “Confiere gloriosas conquistas” (Harrison). David confía que la misericordia (chesed, amor benefactor, amor constante) que ha conocido como ungido de Jehová, se extenderá a su descendencia, para siempre, una expectativa que se cumple de manera sobrada en el “mayor de los hijos de David”, Jesús.


Salmo 19: LAS OBRAS DE DIOS Y LA PALABRA DE DIOS, 19:1–14

El Salmo 19 se titula, “Al músico principal. Salmo de David”. Es aclamado, con justicia, como uno de los más magníficos de los salmos. C. S. Lewis dice, “Este es para mí el más grande poema del salterio, y uno de los trozos de lírica más extraordinarios del mundo”.
Una división bastante abrupta entre los versículos 1–6 y 7–14 ha llevado a la teoría de que este salmo está compuesto por dos poemas que originalmente eran independientes entre sí. Esta explicación, sin embargo, no es del todo necesaria. Las dos divisiones están relacionadas lógicamente, como C. S. Lewis ha señalado en su comentario: “El sol que lo ilumina todo y todo lo purifica se convierte en imagen de la ley, capaz también de iluminar y purificar la vida.”

1. La gloria de las obras de Dios (19:1–6)
Entendida de manera recta, toda la naturaleza da testimonio de su Creador divino. La Biblia no se propone demostrar la existencia de Dios a partir de la existencia del universo. Pero sí señala el universo como una evidencia de la majestad y sabiduría de Dios. Los cielos cuentan la gloria de Dios (1) traduce lo que, en hebreo, es un presente enfático, “Los cielos están declarando la gloria de Dios”. El testimonio de los cielos es constante. El Creador se identifica aquí como El, el Dios de poder y majestad. Su gloria es la suma de sus perfecciones: su sabiduría, su poder, su omnisciencia, su omnipresencia. El firmamento anuncia la obra de sus manos: la gran bóveda celeste que nos cubre es obra de sus manos, El ha arrojado las estrellas con la punta de sus dedos y ha encendido los soles con su palabra.
Un día … a otro día … una noche a otra noche (2) el universo es una fuente muda pero elocuente de testimonio de su Creador. En esta expresión está implícita la idea de que ha sido de este modo desde el principio y seguirá siéndolo hasta que dure la tierra. Nadie puede superar o sobrevivir la voz de Dios en la naturaleza. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz (3) puede significar que el testimonio de la creación es tan amplio como la humanidad entera (Harrison) o que es un testimonio silencioso, que no depende de palabras para la comunicación de su verdad (Anchor). Kirkpatrick llama la atención sobre la hermosa paráfrasis poética de Addison:

¿Qué es lo que se mueve, aunque en silencio,
alrededor de la oscura bola terrestre?
¿Qué puede llegar a encontrarse, sin voz,
ni sonido, entre las órbitas radiantes?
En el oído de la razón tienen su gozo,
exclaman a una voz llena de alegría,
cantan para siempre jamás, brillando:
“La mano que nos hizo es divina.”

Se subraya la universalidad de esta proclamación de la gloria de Dios. El extremo del mundo (4) es la línea limítrofe que señala su confín. Toda la tierra es del Señor. Pablo (Ro. 10:18) cita estas palabras para demostrar la difusión universal del evangelio. Dios se interesa en toda la raza humana y no solamente en unos pocos escogidos.
Los versículos 4–6 estrechan el pensamiento al dominio del sol, los cielos solares. El sol es un símbolo de la bondad divina, pues es Dios quien, como Jesús dijera, “hace salir su sol sobre los malos y buenos” (Mt. 5:45). Los cielos son como un tabernáculo (4; habitación) para el sol, el cual, como esposo que se levanta cada mañana pleno de juvenil energía, fuerte como un gigante (5), ansía poner a prueba su poder. Las bendiciones recurrentes de Dios se extienden a toda la humanidad. Toda la tierra aprovecha el calor benefactor del sol (6).

2. La gloria de la Palabra de Dios (19:7–14)
Por grandes que sean las obras de Dios, su Palabra es mayor. La religión natural debe complementarse con la religión revelada. La ley de Jehová (7) es el tema específico de los versículos 7–11. Ley (torah) significa más que mandamientos o legislación, aun cuando los incluye. Representa la totalidad de la enseñanza de la voluntad revelada de Dios a través de las Escrituras (véase el comentario sobre 1:2). Con respecto a la voluntad revelada de Dios se hacen siete afirmaciones:
a. Es una ley perfecta (19:7a). La ley de Jehová es perfecta en todo aspecto, convierte y restaura el alma. Es por medio de la Palabra de Dios que nos hacemos hijos del Altísimo (1 P. 1:23), y es por ella, también, que somos santificados (Jn. 17:17).
b. Es un testimonio fiel (19:7b). Fiel significa “definido, decidido, cierto”. Es un testimonio porque testimonia acerca de la voluntad de Dios y la obligación del hombre. Su efecto es convertir en sabio al sencillo, o sea al que no tiene capacitación ni ha sido educado, o a aquellos que necesitan una guía espiritual. Como en Proverbios, el término sencillo significa, aquí, la persona cuya mente está aún abierta y puede ser instruida, por lo tanto, en los caminos del Señor.
c. Contiene mandamientos rectos (19:8a). Los mandamientos son “preceptos, estatutos, direcciones, indicaciones”. Los mandamientos de Jehová son eminentemente rectos, siendo expresiones exactas de su propia naturaleza y voluntad. No hay requerimiento, en la Biblia, que sea arbitrario, impuesto al hombre independientemente de una profunda consideración de su bien superior. Todo lo que el Señor exige de nosotros es una expresión de su propia santidad, y actúa en armonía con la estructura del universo en el que vivimos. El resultado de guardar los rectos mandamientos de Dios es un corazón alegre.
d. Sus preceptos son puros (19:8b). El precepto de Jehová es puro por naturaleza, y hace tender hacia la pureza a aquellos que lo observan. El resultado es la luz en el alma, en lugar de las tinieblas del pecado. La combinación de la luz y la pureza se subraya en 1 Juan 1:7.
e. “El temor de Jehová es limpio” (19:9a). El temor de Jehová nunca es el servil miedo que se experimenta hacia un amo tiránico y áspero. Se trata, antes, de la sana reverencia o respeto que el hombre debe a Dios. En este sentido es que podemos temer y amar a Dios al mismo tiempo. El temor de Dios es prácticamente sinónimo de lo que nosotros llamaríamos piedad o religión auténtica. Tal temor es limpio desde el punto de vista moral, en contraposición con la impureza del pecado y la inmoralidad. No es una inclinación pasajera ni un impulso transitorio, sino que permanece para siempre.
f. Los juicios de Jehová son verdad y todos justos (19:9b). Los juicios (decisiones, ordenanzas) de Dios son al mismo tiempo verdaderos y justos de manera absoluta. Por su verdad, constituyen la doctrina. Por su justicia, son el fundamento de la vida. La Biblia hace más que enseñar una verdad abstracta. Ofrece un impulso para la vida recta (véase 119:9, 11).
g. La ley de Dios es de valor infinito (19:10–11). Todos los aspectos de la Palabra de Dios son deseables … más que el oro, y más que mucho oro afinado (10). El oro afinado es un oro purificado y refinado al máximo. El metal más precioso que David conocía le sirve para medir el valor de la ley de Dios. Del mismo modo como el oro era la substancia más valiosa que se conocía, la miel era la más dulce. La Palabra de Dios era, para su servidor, más deseable que el oro puro y más dulce que miel. Es así, porque advierte con respecto a las cosas que podrían desagradar a Dios y promete grande galardón en observarlas (11). Conviene recordar que la recompensa no está en el conocimiento sino en la obediencia a los preceptos de Dios (Stg. 1:22–25).
La oración de los versículos 12–14 expresa cuál es el significado de la ley para la vida. Se señalan cinco resultados: (1) Amonesta, 12a. ¿Quién podrá entender sus propios errores? Esta es una pregunta retórica, y la respuesta que implica es que sí podrá entenderlos el que examine su propia vida a la luz de la Palabra de Dios. (2) Libera, 12b. Líbrame de los (errores) que me son ocultos. En el original hebreo no aparece la palabra “errores” (que nosotros ponemos entre paréntesis). El defecto secreto u oculto del corazón puede muy bien ser lo que nosotros llamamos “pecado innato”. El ojo puede ver los pecados de la vida. Pero al salmista no lo satisface entender sus errores. También le preocupa el pecado secreto de su corazón. Implora, aquí, la limpieza divina de tal pecado secreto, una petición que se amplía en 51:6–7, donde el lenguaje que se utiliza es prácticamente idéntico. (3) Preserva, 13a. Preserva también a tu siervo de las soberbias, “pecados de orgullo”, podríamos decir, violaciones deliberadas de la ley de Dios. La Palabra del Señor también tiene el efecto de restringir y fortificar el alma en el momento de la tentación. El pecado es un “patrón” que con mucha razón tememos: Que no se enseñoreen de mí. (4) Corrige, 13b. Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión. El aspecto negativo es preservarnos de las soberbias. El aspecto positivo es la orientación que nos brinda, cuya resultante es la rectitud o perfección. La vida no puede respirar y engrandecerse rodeada solamente de prescripciones negativas. La casa vacía se llenará muy pronto de demonios peores aún que los expulsados (Mt. 12:43–45). (5) Confirma, 14. Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón, como sería grato un sacrificio (Lv. 1:3–4). No solamente sus palabras, sino también sus pensamientos deben ser tales que pasen la inspección de Jehová, su roca y redentor.


Salmo 20: UNA ORACION POR LA VICTORIA, 20:1–9

Este salmo es uno de los que se titulan “Al músico principal. Salmo de David”. Está escrito en la forma de una oración por la victoria en la víspera de una batalla, y está íntimamente relacionado con el Salmo 21, que es una canción de acción de gracias. Ambos son salmos reales, que se ocupan del rey como representante del pueblo, y pueden clasificarse como litúrgicos, es decir, que están relacionados con el culto. Aun cuando anticipa peligros, el Salmo 20 respira una atmósfera de confianza.

1. Bendición y oración (20:1–5)
Parecería que, mientras se ofrecía el sacrificio, los levitas pronunciaban la bendición y la oración de los versículos 1–5. La bendición de los primeros cuatro versículos está dirigida al rey como ungido del Señor. Expresa el deseo de que Jehová te oiga en el día de conflicto (1). Se invoca, como segura defensa, el nombre del Dios de Jacob. En el pensamiento del Antiguo Testamento el nombre se equipara muy a menudo con la persona misma. Puede haber, aquí, una memoria de Génesis 35:3, “Dios que me respondió en el día de mi angustia”, que explicaría la referencia al “Dios de Jacobo”. El santuario en Sion es un símbolo visible de la presencia de Dios en medio de su pueblo y a favor suyo (2). La adoración del Antiguo Testamento prescribía como modos de la devoción las ofrendas y los holocaustos (3). No se olvidará la fidelidad del rey con respecto a estas ordenanzas. Selah: véase el comentario sobre 3:2.
Te dé conforme al deseo de tu corazón, y cumpla todo tu consejo (4) ha sido traducido, “Que te conceda lo que tu corazón desea y cumpla todos tus planes” (Berk.). Todos se unirán en el regocijo para celebrar la salvación (5) de Dios, y alzarán pendón (y lo agitarán en el aire) cuando se haya ganado la victoria.

2. La fe es la victoria (20:6–8)
Ya se han ofrecido los sacrificios, se ha pronunciado la oración, y la fe da por cumplido lo que se ha pedido a Dios. Ahora conozco (6) sería la respuesta del rey. El Señor salvará a su ungido e intervendrá a su favor con la potencia salvadora de su diestra. Mientras otros confían en carros y en caballos, el pueblo de Dios confía en el nombre de Jehová (7). Los que depositan su confianza en armas terrestres flaquean y caen (8). El ejército del Señor, por lo contrario, permanecerá en pie.

3. Una oración final por todos (20:9)
El culto termina con una oración final: Salva, Jehová; que el Rey nos oiga en el día que lo invoquemos (9). En la LXX se sugiere otra traducción posible: “Oh Señor, salva al rey. Y escúchanos a nosotros cuando te invoquemos.” Es justo, sin embargo, que tanto el rey como su pueblo reconozcan su dependencia con respecto al Rey de los cielos, cuyo representante en la tierra era, según se sabía, el rey de Israel.


Salmo 21: ALABANZA POR LA VICTORIA, 21:1–13

Con el mismo título del salmo anterior, el Salmo 21 se caracteriza por su alegría a causa de la victoria que ha sido ganada. Se gloría en la abundancia de la ayuda de Dios y narra la destrucción del enemigo. La estructura es similar a la del Salmo 20, con dos estrofas principales seguidas por una breve oración final. Se ubica también, muy probablemente, en la liturgia del tabernáculo-templo.

1. La bondad de Dios hacia los suyos (21:1–7)
El pueblo se gloría en la bondad de Dios para con su rey. El Señor lo ha preservado con su poder y salvación (1). Le ha sido otorgado el deseo de su corazón (2). Su oración ha tenido respuesta. Selah: véase el comentario sobre 3:2. Porque le has salido al encuentro con bendiciones de bien (3) podría traducirse, mejor, “Pusiste delante suyo las bendiciones de la prosperidad” (Anchor). Corona de oro fino has puesto sobre su cabeza expresa el carácter derivado de la autoridad del rey. Proviene de Dios y depende, en última instancia, de su soberanía. La monarquía hebrea nunca fue absoluta en el sentido de presentarse como independiente y no delegada.
Se concedió al rey su deseo de vida, y de largura de días eternamente y para siempre (4). Anchor traduce aquí: “vida eterna.” En un sentido estricto estas palabras debieran aplicarse al hijo de David, nuestro Salvador. Sin embargo, puede representar un modo habitual de hablar, como en el saludo “Viva mi señor el rey David para siempre” (1 R. 1:31; Neh. 2:3). Por otro lado, según indica Kirkpatrick, también es cierto que se consideraba que el rey seguía viviendo en sus descendientes. Pertenecen al rey la honra, la gloria, la majestad, la bendición y la alegría, pues confía en Jehová (5–7). En la misericordia (chesed; véase el comentario sobre 17:7) del Altísimo (Elyon, Dios en su soberanía y poder) no será conmovido —“nunca será apartado” (Anchor).

2. La ira de Dios contra sus enemigos (21:8–12)
La victoria que ya se ha ganado actúa como base de la confianza en que vendrán victorias aun mayores. A través de su rey escogido el Señor producirá la destrucción total de sus enemigos. Alcanzará (8) significa que buscará al enemigo en su retiro para completar su destrucción. El horno de fuego (9) es un símbolo bíblico bien conocido del juicio y la ira de Dios (Mal. 4:1; Lc. 16:24; Ap. 20:14). Los malvados serán destruidos como combustible en un horno. Uno de los mayores desastres que podía sucederle a un oriental era la destrucción de su fruto (10; su posteridad), pues de ese modo se borraba su nombre de la tierra.
Aun cuando no pudieron realizar el mal que intentaron (11), los enemigos serán juzgados por sus propósitos malignos. Jesús convirtió la motivación en la clave para juzgar la conducta humana moral (Mt. 5:21–48). Las cuestiones eternas de la vida están guardadas en el corazón del hombre. Como resultado, los enemigos del pueblo de Dios serán puestos en fuga, volviendo sus espaldas, al enfrentarse con las armas de Israel, movidas por el poder de Jehová (12).

3. La alabanza del poder de Dios (21:13)
La oración final de alabanza exalta a Dios por su poder, y se regocija en su poderío. “Sé exaltado, oh Señor, en tu poder; cantaremos y alabaremos tu fuerza” (Berk.).


Salmo 22: SUFRIMIENTO Y CANCION, 22:1–31

El Salmo 22 es el primero de una tremenda trilogía. Desde hace mucho se ha señalado la relación que existe entre los Salmos 22, 23 y 24. Morgan los titula, respectivamente, “El Salvador”, “El Pastor” y “El Soberano”. Otro predicador identifica a estos tres salmos con tres símbolos tradicionales de la fe cristiana: la cruz, el cayado y la corona.
Para los cristianos es inescapable la importancia cristológica del Salmo 22. En el Nuevo Testamento es citado varias veces, haciéndose referencia a Jesús (v. 1 en Mt. 27:46; Mr. 15:34; v. 18 en los relatos de la Pasión en los cuatro evangelios; y v. 22 en He. 2:12). Mientras que la mayoría de los salmos por lo general acentúan la naturaleza real del oficio mesiánico, el Salmo 22 (con el Salmo 69) está conectado con Isaías 53 al destacar al Mesías sufriente. Tanto la corona como la cruz aparecen en el Antiguo Testamento en relación con el Libertador venidero, aunque en el pensamiento popular, entre los judíos, la cruz quedó oculta detrás de la corona. Los aspectos políticos del reino del Mesías, en otras palabras, restaron importancia al ministerio de redención que vendría a ejercer.
Los comentaristas han debatido el nivel de la consciencia mesiánica del autor de los salmos, pero Leslie M’Caw resume de manera satisfactoria el estado actual de las discusiones: “Para los cristianos este salmo está asociado de manera inseparable con la crucifixión (como también el Salmo 69), no solamente porque las primeras fueron citadas por nuestro Señor, sino también porque la primera parte del salmo parece describir su condición física y su experiencia emocional. Sin embargo, el primer significado de este poema debe buscarse en los días de su composición, pese a que el Espíritu de Dios sin duda obligó al salmista a dar a su expresión una forma tal que de inmediato adquirió una significación que fue más allá de los alcances de su propia vida y época (véase Hch. 2:30, 31a). En otras palabras, la intención cristológica del poema tiene una base en la experiencia davídica.” Morgan, del mismo modo, comenta: “Cualesquiera hayan sido las condiciones locales que crearon este salmo, ha llegado a estar asociado de manera tan perfecta y adecuada con el Unigénito de Dios, que es prácticamente imposible leerlo de otro modo.”50
El salmo se divide, de manera natural, en dos grandes movimientos. El primero, versículos 1–21, gira en torno al tema del sufrimiento. El segundo, versículos 22–31, explota en una canción que exalta el gozo de la liberación. “El primero nos ofrece ingreso, en la medida en que es posible hacerlo, al sufrimiento del que, Unico, padece en el altar del sacrificio (vv. 1–21); el segundo nos trae a la presencia del gozo del Triunfador, cuando éste, a través de su sufrimiento, vio los perfiles del triunfo (vv. 22–31).”
El título agrega las palabras ‘al ayyeleth ha-shahar al título común a casi todos los salmos de esta sección —“sobre la cierva de la mañana”, las cuales probablemente sean el título de la melodía con la que se debía cantar.

1. Prueba (22:1–21)
Las palabras con que comienza el salmo han sido inscriptas de manera indeleble en la memoria, al constituir el “grito de la soledad” que Jesús pronunció en la cruz (Mt. 27:46; Mr. 15:34 —“Elí”, en Mateo, es la versión hebrea, como aquí “Eloí”, en Marcos, es su equivalente en arameo). La fe se siente sitiada por la desesperanza en el momento en que el salmista dirige su grito a Dios, expresando el sentimiento de abandono. Dios a veces parece haberse escondido de sus hijos. Su ayuda está muy distante. Pero la fe insiste en su súplica, pese a la aparente indiferencia. Clamor (1) sugiere un rugido lastimero, como en de un león. Día y noche el sufriente eleva su grito a Dios (2).
Pero tú eres santo (3; qadosh), es decir, estás separado de todas las limitaciones e imperfecciones; puro, libre de toda contaminación, radiante de gloria. La santidad de Dios es uno de los principales acentos del Antiguo Testamento. El Dios de la Biblia es un Dios de santo amor. La santidad no es un atributo o cualidad aislado de Dios. Forma parte de su naturaleza esencial o, para usar una expresión acuñada por Norman Snaith, de su “jehovidad”, “aquello que es divino del modo más íntimo”. Dios mora entre (o en) las alabanzas de Israel. El está presente donde y cuando su pueblo lo alaba (Mal. 3:16–17); la alabanza, como una nube de incienso, envuelve su trono en los cielos.
El salmista apela a la experiencia del pasado y la evoca en apoya de su diezmada fe. Nuestros padres esperaron en Dios y fueron librados (4); clamaron … y no fueron avergonzados (5), es decir, confundidos o desilusionados. Pero el salmista se encuentra en una situación muy distinta. Se siente pisoteado como un gusano (6), reprochado por sus semejantes, despreciado del pueblo. Los que están alrededor suyo estiran la boca (7) para burlarse de él; y también menean la cabeza (ambos son gestos de burla y desprecio). Estas expresiones burlonas son evocadas por Mateo 27:43 al describir la actitud de la multitud que rodeaba la cruz.
En medio de su prueba el salmista recuerda los momentos mucho más felices de su infancia. La mano de Dios estuvo sobre él desde el principio de su vida (9–10). El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre ha sido traducido: “El me hizo descansar confiado sobre los pechos de mi madre” (Anchor). El grito del versículo 1 se convierte, ahora, en una oración de intensa emotividad: No te alejes de mí, porque la angustia está cerca; porque no hay quien ayude (11).
La situación parece empeorar antes que comience a ser más soportable. La parte más oscura de la noche es la que precede al alba. El poeta se siente rodeado por fuertes toros (12), listos para atravesarlo con sus cuernos. Basán era una rica zona de pastoreo al este del Jordán y al norte de Jerusalén (véase mapa 1), famosa por la cría de ganado. Un súbito cambio de imagen representa a los enemigos del salmista como leones con la boca abierta, rugientes y asesinos (13). En tales circunstancias su vida es derramada como aguas; sus huesos se descoyuntaron; su corazón … como cera se derrite en medio de sus entrañas (14; dentro de mí). Su vigor se secó como un tiesto (15; maceta, como un trozo roto y reseco de arcilla). Su lengua se le pegó al paladar. Ha sido puesto en el polvo de la muerte. El paralelo con las agonías del Crucificado es evidente.
Sus enemigos lo atacan como una jauría de perros vagabundos, gruñéndole y despiadados. Horadaron mis manos y mis pies se cumplió literalmente en la crucifixión de Jesús (16). Contar puedo todos mis huesos; entre tanto, ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes (las sortearon y jugaron a la lotería; 17–18) se cita o alude en los cuatro evangelios (Mt. 27:35; Mr. 15:24; Lc. 23:24; Jn. 19:24).
La lamentación se convierte en plegaria, como anteriormente, y el poeta clama por la presencia de Dios. Apresúrate a socorrerme (19). Pide ser librado de la espada (20). Mi vida, en este mismo versículo, traduce una expresión hebrea que significa “mi bien amada” y que puede traducirse también “mi única” o “mi yo solitario” (Berk.). El pasaje ha cambiado el tiempo de los verbos. La fe ya ha alcanzado su objetivo. A partir de este momento, sin embargo, el sufrimiento se transforma en canción de alabanza, la oración en cántico de gloria, la prueba en triunfo.

2. Triunfo (22:22–31)
Anunciaré tu nombre a mis hermanos (22) se aplica a Cristo en relación con su pueblo santificado (He. 2:11–12). La oración del salmista ha sido pública. También su alabanza debe ser manifestada delante de todos los hombres. La congregación (qahal) es el término que en el Antiguo Testamento representa lo que en el Nuevo se llamará “la Iglesia”, como en Hebreos 2:12. La exhortación del adorador a sus hermanos es que teman, alaben y glorifiquen a Dios (23). Hay dos palabras hebreas que se traducen “temer” en nuestra versión. La Versión Berkeley muestra la diferencia: “Vosotros, los que reverenciáis a Dios, alabadle; vosotros, todos los hijos de Jacob, glorificadle; temedle vosotros todos, hijos de Israel.” La base de este llamado a la adoración es la propia experiencia del poeta (24).
Alternando el discurso dirigido a Dios con las exhortaciones al pueblo, el salmista afirma su intención de alabar a Dios en la gran congregación (25). El texto hebreo dice literalmente: “De ti será mi alabanza.” Dios es tanto el objeto como la fuente de la alabanza de su pueblo. Mis votos pagaré significa traer a Dios las ofrendas de gratitud que le fueron prometidas en los momentos de conflicto, según el procedimiento que se prescribe en Levítico 3 (se las llama, allí, “ofrendas de paz”). Comerán los humildes (26) evoca Levítico 3:17; 7:16; Números 15:3, donde el pueblo participa en el gozo de la liberación comiendo la carne de la víctima de sacrificio, después que los riñones, la grasa y la vesícula biliar han sido quemadas y la sangre rociada sobre el altar. Vivirá vuestro corazón para siempre, o “Que vuestro corazón viva para siempre” es una bendición que pronuncia el que invita sobre sus huéspedes en la fiesta de acción de gracias.
En su propia liberación el autor ve un anticipo de la redención que ha sido prevista para toda la humanidad (27; véase 2:8). En el Reino Mesiánico todos los reinos de la tierra se convertirán en “los reinos del Señor y su Cristo” (28; Ap. 11:15). El versículo 29 es difícil, pero puede traducirse, “Todos los prósperos de la tierra comerán y se postrarán; todos los que descienden al polvo se postrarán frente a él, aun aquel que es incapaz de mantener viva su alma” (Berk.). Toda rodilla se doblará en la presencia del Señor de todos (Fil. 2:5–11).
La posteridad le servirá (30–31) puede ser una referencia a la doctrina del remanente, que sería desarrollada, más tarde, por Isaías. En ésta la esperanza de la nación no se ponía en las masas de su pueblo, sino en una minoría fiel. O puede traducirse como con la Versión Berkeley: “La posteridad lo servirá; se hablará del Señor a las generaciones venideras; ellos vendrán y contarán de su justicia a pueblos que todavía no han nacido, porque El lo ha hecho.”


Salmo 23: PASTOR Y HUESPED, 23:1–6

Con respecto a la relación entre el Salmo 23 y los Salmos 22 y 24, véase la introducción al Salmo 22. No hay porción de la Escritura, excepto al Padrenuestro, mejor conocida que “el Salmo del Pastor”. Su belleza literaria y su visión espiritual no han sido superadas. Según señala Taylor: “En el curso de los siglos, este salmo ha ganado para sí un lugar supremo en la literatura religiosa del mundo. Todos los que lo leen, sea cual fuere su edad, raza o circunstancias, encuentran en la tranquila belleza de sus pensamientos una amplitud y profundidad de visión espiritual que satisface y posee sus almas. Pertenece a esa clase de salmos cuya atmósfera es la confianza y la fe en el Señor … Aquí el salmista no tiene un prefacio donde dé expresión a sus quejas por el dolor de la enfermedad o la traición de sus enemigos. Comienza y termina sólo con palabras de agradecido reconocimiento por la perenne bondad de Dios.”
También escribe Oesterley, diciendo: “Este exquisito salmo de unos pocos versículos, quizás el más conocido de todos los salmos, habla de alguien cuya sublime confianza en Dios ha bastado para colmarlo de paz y satisfacción. La íntima relación con Dios que experimentaba el salmista se expresa en las dos imágenes que representan al Pastor que proteje a su rebaño, por un lado, y al Huésped amante por el otro. La breve referencia a sus enemigos indica que no se ha visto libre de problemas a causa de la mala disposición de sus semejantes. Pero la mención que hace de ellos es prescindible. A diferencia de muchos otros salmistas que son víctimas de enemigos inescrupulosos, y que derraman su dolor en expresiones que destilan amargura espiritual, este siervo de Dios, feliz y amante leal, tiene sólo palabras de reconocimiento por el amoroso cuidado divino. Todo el salmo respira un espíritu de calma, paz y satisfacción, frutos de la fe en Dios. Y esto lo convierte en uno de los más inspiradores del Salterio.”
Es posible interpretar la totalidad del salmo en términos de la relación entre el Pastor y las ovejas. Sin embargo, la división más natural es la que se sugiere mediante el título “Pastor y Huésped”. Según comenta Leslie M’Caw: “Este poema debe gran parte de su encanto a la hábil mezcla de imágenes contrastantes que cubren la mayor parte de la vida humana: la vida al aire libre, por un lado (1, 2), y la vida bajo techo, por otro lado (6b), la paz pastoral (2) y el peregrinaje a través del peligro (4b), la posibilidad del mal (4b) y la expectativa del bien (5), los períodos que alimentan el vigor del alma (3a) y los tiempos de amenazadoras tinieblas (4a), la experiencia de ser seguidor (1, 2) y una vida de estable seguridad (6b). Sin embargo, todas las facetas literarias de esta gema lírica, son vistas a la luz del Señor, cuyo amoroso cuidado, incesante vigilancia y presencia perpetua imparten a la vida todo su color y satisfacción. Por cierto que la séptuple actividad del Señor que describen los versículos 2–5 (Es, hará descender, conforta, guía, estará conmigo, infunde aliento, adereza mesa y unge mi cabeza) está enmarcada por el nombre de Dios, que aparece en el primero y en el último versículo.”

1. El peregrinaje con el Pastor (23:1–4)
David podía escribir a partir de una rica experiencia personal con las ovejas: Jehová es mi pastor; nada me faltará (1; nada que sea necesario). Son siete las maneras en que el Pastor satisface las necesidades de las ovejas.
a. “No careceré de una satisfacción total” (23:2a). En lugares de delicados pastos me hará descansar, habla, literalmente, de lugares donde el pasto es verde y tierno. Las ovejas no se acuestan a descansar, según se nos dice, hasta que no han satisfecho su apetito. Se suplen todas las necesidades espirituales. La imagen que nos presenta es un estado de total descanso bajo el vigilante cuidado del gran Pastor. ¡Qué contraste con las inquietas multitudes del mundo!
b. “No careceré de la orientación correcta” (23:2b). Junto a aguas de reposo me pastoreará. Se continúa aquí con la idea del Pastor que ofrece a su rebaño todo lo que necesita, aunque el poeta agrega la idea de una orientación correcta. El pastor oriental nunca marcha detrás de sus ovejas sino al frente del rebaño. Esta costumbre se inmortaliza en el himno que dice:

Me guía El. Con cuánto amor
Me guía siempre mi Señor.
En todo tiempo puedo ver
Con cuánto amor me guía El (J. H. Gilmore).

c. “No careceré de renovación” (23:3a). Confortará mi alma, es decir, reaviva, refresca y renueva mi persona. Este es un tema frecuente en el Nuevo Testamento: “El hombre interior se renueva de día en día” (2 Co. 4:16). “Renovaos en el espíritu de vuestra mente” (Ef. 4:23); “Revestido del nuevo hombre, el cual, conforma a la imagen del que lo creó, se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Col. 3:10). La gracia, aquí, sustenta el alma.
d. “No careceré de instrucción en la justicia” (23:3b). Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Las sendas de justicia son caminos rectos. Una de las funciones de las Escrituras es “instruirnos en la justicia” (2 Ti. 3:16). Dios no se limita a advertirnos con respecto al mal; también nos guía en el camino de la justicia. Y esto lo hace por amor de su nombre, revindicando la clase de Dios que es. Dios, cuyo nombre es santo (111:9; Mt. 6:9), quiere que su pueblo también sea santo (Lv. 19:2; 1 P. 1:14–16).
e. “No careceré de coraje en el peligro” (23:4b). Aunque ande en valle de sombra de muerte (hebreo, profundo o de mortal penumbra) no temeré mal alguno. Aquí se nos ofrece la seguridad de la ayuda en el más duro de los momentos de la vida. La muerte no es un adversario de poder despreciable. Es nuestro último gran enemigo (1 Co. 15:26). Si Dios puede infundirnos valor en este trance, tal como lo ha hecho con muchos otros, puede ayudarnos en cualquier situación difícil. Mal (ra) es el término más amplio para cualquier clase de daño o peligro que pueda sobrevenirnos.
f. “No careceré de la presencia divina” (23:4b). Porque tú estarás conmigo. Este es el fundamento suficiente de toda la confianza del salmista. El Señor no abandonará ni dejará a los suyos (Ex. 33:14; Dt. 31:6–8; Jos. 1:5–9; etc.). En esa presencia hay fuerza, consuelo, descanso y esperanza. En este momento significativo, el “él” (vv. 2–3) con que comienza el poema se convierte en tú, pues la descripción cede lugar a la adoración.
g. “No careceré de consuelo en el dolor” (23:4c). Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. El cayado del pastor cumple dos propósitos. Es una vara para la protección del rebaño y un apoyo sobre el cual el pastor se recuesta (que representa el consuelo de su presencia). El “varón de dolores” sabe perfectamente bien, mejor que ninguno, cómo salir al encuentro de las necesidades del corazón apenado.

2. El Huésped ofrece su hospitalidad (23:5–6)
La idea de la satisfacción de todas las necesidades con que comenzó el salmo sigue controlando su desarrollo, pero la comparación cambia y el Pastor se transforma en Huésped. Se pasa, así, del campo al hogar. Mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores (5) pinta la señal en favor público que el rey oriental manifestaba hacia aquel que quería honrar de manera especial. Esta es la única referencia, lateral por cierto, a los enemigos, que figuran de manera tan prominente en muchos otros salmos davídicos. Unges mi cabeza con aceite no es el ungimiento con aceite que simbolizaba la asunción de oficio para el sacerdote o el rey; para este ungimiento se usa otro término hebreo. Se trata aquí de un aceite perfumado que se usaba en los banquetes orientales como señal de hospitalidad y favor. La cabeza ungida con aceite es un símbolo frecuente en la Biblia que denota una situación de exaltado gozo. Mi copa está rebosando simboliza la provisión abundante de bebida que ofrece el huésped generoso.
Ciertamente el bien y la misericordia (chesed; amorosa bondad, el amor del pacto, gracia; véase el comentario a 17:7) me seguirán todos los días de mi vida (6). El término que se traduce ciertamente también significa “solamente”. El salmista está seguro que nada más que la bondad y el amor fiel serán su destino. En la casa de Jehová moraré por largos días, o, literalmente, “hasta largura de días”. Pero el significado interior alude más que a la extensión prolongada de la vida sobre esta tierra. El bien y la misericordia … todos los días de mi vida serán continuadas por un hogar eterno en la presencia de Dios cuando esta vida haya concluido (Jn. 14:1–3).


Salmo 24: ADORAR AL REY DE GLORIA, 24:1–10

Sobre la relación entre este salmo con los dos anteriores, véase el comentario introductorio al Salmo 22. Esta hermosa pieza litúrgica se titula sencillamente “Salmo de David”. Puede haber sido escrito para la ocasión cuando el arca de la alianza fue traída al tabernáculo preparado para ella en el monte Sion (2 S. 6:1–15). Ningún otro salmo se adecúa mejor a una circunstancia histórica conocida. Sin embargo, según señala M’Caw, “El salmo era más grande que la ocasión, y se lo ha interpretado generalmente como una expresión profética de la ascensión de Cristo, después de su muerte y de su victoria sobre la muerte y el pecado (véase v. 8 y compárese con Col. 2:15; He. 2:14, 15) y su soberanía final sobre todo (véase v. 10 y compáreselo con Stg. 2:1; Ap. 5:11–14; 17:14)”.
Kirkpatrick visualiza el uso litúrgico de este salmo de la siguiente manera: “Los versículos 1–6 se cantaban mientras la procesión subía por la ladera del monte; los versículos 1 y 2 por todo el coro, la pregunta del versículo 3 era un solo, la respuesta de los versículos 4 y 5 otro solo y la respuesta del versículo 6 a coro. Los versículos 7–10 pueden haberse cantado cuando la procesión se detenía frente a las venerables puertas de la ciudadela; los llamados de los versículos 7 y 9 los entonaba un solo (o quizás el coro), y el desafío de los versículos 8a y 10a una voz desde las puertas. La respuesta triunfante de los versículos 8b, y 10b la cantaban todos los integrantes del coro.”

1. Carácter de la auténtica adoración (24:1–6)
La primera división principal del salmo tiene como tema los requisitos de la verdadera adoración, primero con respecto a su Objeto, en segundo lugar, con respecto a aquel que adora.
a. El que es adorado (24:1–2). La identidad del Objeto de la verdadera adoración se establece a partir de la declaración de soberanía universal por parte del Dios de Israel. No hay limitaciones a la autoridad y el dominio de Dios tanto en el espacio como en el tiempo. La totalidad de la tierra y su plenitud (1); el mundo y todos sus habitantes, pertenecen a Dios como substancia suya y súbditos suyos. Se anticipa aquí el carácter universal del evangelio, que es la palabra de salvación para toda criatura, todo el tiempo y en cualquier lugar. La pretensión divina se basa en su creación: Porque él la fundó sobre los mares, y la afirmó sobre los ríos (2). A esta poderosa razón el Nuevo Testamento agrega otra. No solamente Dios ha hecho la tierra y los que en ella habitan, sino también los ha redimido; es suya por derecho doble: por derecho de creación y por derecho de redención y compra (Ro. 14:8–9; 1 P. 1:18–19).
b. Los que adoran (24:3–6). En vista de la soberanía de Dios, ¿cuáles son los requisitos que deben cumplir aquellos que lo adoran? Se enumeran, por lo tanto, las cualidades espirituales y morales que deben satisfacer quienes se acerquen a Dios (Jn. 4:24). Perowne describe los versículos 3–6 como una lista de “las condiciones morales que son necesarias para todo acercamiento auténtico a Dios en su santuario. El salmo pasa, como de costumbre, de lo general a lo particular, de la relación de Dios con toda la humanidad, como su Creador, a su relación especial con su pueblo elegido, en medio del cual ha manifestado su presencia. El Dios Todopoderoso es también, el Dios Santo. Su pueblo, por lo tanto, debe ser santo”. Nótese el paralelo entre 15:1–5 y Isaías 33:14–17.
La pregunta del versículo 3 es formulada en la forma poética de un paralelo. ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? La triple respuesta exige manos limpias, un corazón puro y una vida recta. El limpio de manos (4) el que no ha sido manchado por la culpa de pecados cometidos. Pilato lavó sus manos con agua para simbolizar su pretendida inocencia en la muerte de nuestro Señor. Pero el agua no puede limpiar, verdaderamente, las manos manchadas de los pecadores. Solamente la fuente de agua viva que fue abierta en la casa de David, a fin de lavar su pecado e impureza, es capaz de limpiarnos de toda culpa (Zac. 13:1). Las manos representan lo que una persona hace, pero un corazón puro representa lo que es. Aun el Antiguo Testamento refleja la pauta evangélica de pureza del corazón (51:7–10; véase Stg. 4:8).
Pero el perdón de los pecados y la limpieza de la impureza interior son puertas que conducen hacia el camino. La vida debe adecuarse a las experiencias iniciales. El que esté en la santa presencia de Dios debe no haber elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño. El término cosas vanas, según señala Kirkpatrick, representa “lo que es transitorio (Job 15:31), falso o irreal (Sal. 12:2), o pecaminoso (Is. 5:18), y puede inclusive designar a los dioses falsos (Sal. 31:6). Incluye todo lo que es diferente a la naturaleza de Dios u opuesto a ella”. “Puede interpretarse aquí, en el sentido más amplio de todo lo que el corazón humano coloca en el lugar de Dios.”60 Elevar el alma significa desear, querer con todo el corazón (véase 1 Jn. 2:15–17). Jurar con engaño indica el que jura con el propósito de engañar. El Señor es un Dios de la verdad, y busca la verdad en todos los que desean servirlo (51:6).
Los que sean de este modo, recibirán bendición de Jehová, y justicia del Dios de salvación (5). La expresión Tal es la generación (6) indica la clase de personas que le buscan … que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob. La LXX probablemente tiene razón cuando traduce esta última frase “Oh Dios de Jacob” (como en Reina-Valera 1960), a diferencia del texto hebreo donde dice “Oh Jacob”. La Versión Berkeley, sin embargo, traduce: “Los que buscan tu rostro como Jacob”, evocando la lucha de Jacob con el angel en Peniel: “Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma” (Gn. 32:22–30). Selah; véase el comentario sobre 3:2.

2. La coronación del rey (24:7–10)
La procesión ascendente de los adoradores ha llegado, ahora, a las puertas. Hay una pausa. Entonces suena el llamado: Alzad, oh puertas, vuestras cabezas (7). La “cabeza” se usa a menudo en las Escrituras como representación del yo. Así, por ejemplo, en 7:16, “Su iniquidad volverá sobre su cabeza”. Las puertas son personificadas, y se las exhorta a abrirse con dignidad y reverencia, para dar paso al Rey de gloría. La expresión puertas eternas debiera traducirse, como en la Versión Berkeley, “puertas antiguas”. El Rey de gloria es el Rey a quien debe atribuirse toda la gloria.
El llamado es seguido por un desafío que proviene de las puertas: ¿Quién es este Rey de gloria? (8). La respuesta es: Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla. Dios ha demostrado ser un rival invencible de todo enemigo que pueda levantarse contra Israel. El llamado vuelve a repetirse, con un poderoso efecto retórico (9). El segundo desafío desde las puertas recibe como respuesta las palabras: Jehová de los ejércitos, El es el Rey de la gloria (10). Por primera vez aquí aparece un bien conocido y hermoso título del Dios verdadero, Jehová de los ejércitos (Yahweh Tsebaoth). Capitán de los ejércitos de Israel y, al mismo tiempo, de las huestes celestiales, Dios es el que gobierna, supremo, el universo entero. Selah, véase el comentario sobre 3:2.


Salmo 25: CANCION DE RUEGO Y ALABANZA, 25:1–22

Este es uno de los nueve salmos acrósticos (véase Salmos 9 y 10), en los cuales cada uno de los versículos comienza con una de las letras del alfabeto, en el orden correlativo de las veintidós letras del alfabeto hebreo. En este caso hay algunas alteraciones menores (vau y qoph faltan, dos versículos comienzan con resh, y el último versículo es una segunda pe). Es similar la modificación en el Salmo 34, lo cual sugiere que puede haber una relación entre estos dos. El epígrafe hebreo nos ha llegado incompleto, pues simplemente dice “de David”.
El Salmo 25 puede clasificarse como un salmo de sabiduría. Como ocurre con la mayoría de los salmos acrósticos, consiste de una serie de dichos hasta cierto punto independientes entre sí. De las tres estrofas, la primera es una plegaria (1–7), la segunda se dedica a la alabanza y la contemplación de la bondad de Dios (8–15), y la tercera vuelve a elevarse como ruego (16–22).

1. Plegaria (25:1–7)
En contraste con aquel que “ha elevado su alma a cosas vanas” (24:4), el salmista afirma, A ti, oh Jehová, levantaré mi alma (1). Su deseo, pensamiento y propósito están fijados en Dios (compárese con el comentario de 24:4). Puesto que su confianza está puesta en el Dios verdadero y viviente, el salmista ruega: no sea yo avergonzado (2), es decir, confundido y desilusionado a causa de la ayuda que espera. Lo que pide para él lo pide también para todos los que esperan en ti (3). La vergüenza y confusión pertenecen, antes, a aquellos que se rebelan sin causa—literalmente, los que traicionan y son desleales sin fundamento alguno.
El ruego por la liberación se convierte en una oración por la orientación divina. El poeta pide, muéstrame, oh Jehová, tus caminos (4; compárese Ex. 33:13). Dirige su plegaria al Dios de mi salvación (5), en quien constantemente confía, en oración y esperanza. Encamíname en tu verdad y enséñame. La vida humana no puede vivirse en el vacío. Los caminos del mal se eluden solamente cuando uno sigue los caminos de Dios.
David pide a Dios que se acuerde de sus piedades y misericordias (chesed: amor fiel y constante, gracia, bondad; compárese con 17:7 y su comentario) que son perpetuas (6); y también, De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes (7). La palabra pecados (chattah) proviene de un término que significa errar el blanco o perder el camino. “Denota primordialmente los fracasos, errores, caídas o fragilidades y por lo tanto se aplica de manera natural a las ofensas no reflexionadas de la juventud.” Transgresiones (pesha) “significa literalmente rebeliones, y denota las ofensas más deliberadas de los años más maduros.” ¡La misericordia y gracia de Dios son suficientes para perdonar ambos! David ruega a Dios: No te acuerdes de mis pecados, pero acuérdate de mí.

2. Alabanza y contemplación (25:8–15)
Como ocurre a menudo en los salmos, de la oración se pasa a la alabanza de manera muy natural. Cuando no podemos calmar nuestra inquietud espiritual con la oración, muy probablemente podamos hacerlo con la alabanza. Bueno y recto es Jehová; por lo tanto, él enseñará a los pecadores (los que pierden el camino, los que no dan en el blanco) el camino (8; de la verdad y la justicia). Los humildes (9) son los que se avienen a recibir enseñanza, los que son capaces de humillarse —contrastan con los orgullosos, burladores y opresores del bueno.
Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad (10). Son manifestaciones de su constante amor y fidelidad hacia aquellos que guardan su pacto y sus testimonios. El gran pacto (berith) hecho en el Sinaí y la continua revelación de Dios en la historia de su pueblo dan testimonio de la fidelidad de Dios a su ley. Teniendo en cuenta esta misericordia y fidelidad divinas, el poeta vuelve a tomar consciencia de su gran iniquidad, y pide perdón a Dios, por amor de tu nombre (11), es decir, teniendo en cuenta el tipo de Dios capaz de perdonar que Jehová ha revelado ser.
Se prometen específicamente cuatro beneficios al hombre que teme a Jehová (12–14). En primer lugar, será instruido en el camino que ha de escoger (12). El Señor lo guiará en sus elecciones. En segundo lugar, Gozará él de bienestar (13). El término bienestar significa literalmente “en el bien” y se refiere a la prosperidad, bendición que todo creyente esperaba recibir en el Antiguo Testamento. En tercer lugar, Su descendencia heredará la tierra. Tener hijos e hijas que, a su vez, florezcan en una numerosa progenie es una de las metas humanas acariciadas en todos los tiempos. En cuarto lugar, este hombre bienaventurado gozará del beneficio de la instrucción espiritual: La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto (14). La comunión íntima denota el tipo de comunicación directa que suele darse entre dos personas unidas por una amistad honda. Las versiones ASV y RSV traducen en el margen una hermosa alternativa al texto: “La amistad de Jehová.” Jesús dijo: “Vosotros sois mis amigos” (Jn. 15:13–15). Como consecuencia de estas bendiciones, David mantendrá su corazón en el Señor, quien sacará mis pies de la red (15) —lo salvará de las trampas que le tiendan sus enemigos y de las inescapables situaciones de la vida que puedan inducirlo a pecar.

3. Nueva plegaria (25:16–22)
El salmo vuelve a un tono de súplica. El poeta implora a Dios: Mírame (16); literalmente, “Vuelve hacia mí tu rostro”. Se siente solo y afligido (en hebreo solo y pobre). Las angustias de mi corazón se han aumentado (17). Es incierta, en este lugar, cuál debe ser la traducción exacta, pero la versión Reina-Valera 1960 ha captado el sentido general, al menos. La versión Anchor dice: “La angustia acalambra mi corazón, de mi miseria líbrame.”
Frente a la multiplicación de sus pesares, David suplica ser librado. Pide a Dios que mire su aflicción y su trabajo (18), es decir, que contemple con compasión su sufrimiento. Perdona todos mis pecados hace resonar la nota penitente que es tan notable en este salmo. El poeta siente que hay alguna relación entre las dificultades que soporta y los pecados de que ha sido culpable. Está sitiado por muchos enemigos que lo odian con odio violento (19), literalmente “con odio de violencia”, que se manifiesta en acciones crueles y violentas así como en actitudes antagonistas. En tales peligros, David ruega que Dios lo guarde y libre, y que lo salve de la vergüenza y la confusión, a causa de su confianza en Dios (20). Su seguridad estará en la integridad y la rectitud (21) y en su confianza en Dios. La “integridad” es la virtud del “hombre perfecto … Job era ‘perfecto y recto’ ” (2:3).
La última petición confía a Dios la redención de Israel, la nación, de todas sus angustias (22). Redimir (padhah) significa librar de peligros, dificultades o de la esclavitud, a costa de algún esfuerzo personal, produciendo de este modo un nuevo estado de libertad. Es uno de los términos más comunes, en el Antiguo Testamento, para referirse a la acción de Dios a favor de su pueblo.


Salmo 26: CONFESION Y RUEGO, 26:1–12

Este salmo, como el anterior y los dos que siguen, está titulado simplemente “de David”. Se asemeja en cierto modo al Salmo 25 pero faltan aquí las confesiones de pecado que se encuentran en aquel. Robinson ve en el Salmo 26 la forma de un “voto de inocencia”, mediante el cual la persona acusada de haber actuado de manera incorrecta juraría, de manera formal, su inocencia: “El locutor comienza diciendo, ‘Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado’ —usando un término que indica su inocencia de todo acto que pudiera hacerlo posible de una acusación criminal. Está listo, aun se diría ansioso, a permitir que Yahweh lo someta a prueba, porque sabe que aun el examen más meticuloso no descubrirá en él nada que no sea tal como debe ser. Protesta que no ha tenido trato con hombres falsos, y que odia la compañía de los que obran el mal. Se ha lavado las manos en la inocencia —una metáfora que denota una vida recta, y que volveremos a encontrar en el Salmo 73:13, donde suena como una fórmula reconocida y su único deleite ha sido la adoración de Yahweh. Suplica que no se lo clasifique junto con los pecadores, y termina con palabras similares a las que usó al comienzo. Podemos muy bien creer que al terminar su alegato guarda silencio, esperando los resultados de su juramento. Este es favorable, y el último versículo se lee como la respuesta de un hombre que ha sido librado de toda sospecha.”
Oesterley señala que la declaración de inocencia que ocupa en este salmo el lugar prominente, llegó a desarrollarse hasta constituir la hipocresía y el orgullo espiritual de los fariseos, en los tiempos neotestamentarios. Sin embargo, tal no es el caso con el salmista. Según afirma Oesterley, “El orgullo espiritual, que resulta de un sentimiento de justicia propia, no es una característica del salmista, porque éste atribuye a Dios la rectitud de su vida, ‘En ti he confiado, no resbalaré’, dice. Esta actitud difiere mucho de la que manifiesta el fariseo en la parábola (Lc. 18:11, 12, 14). Que un hombre reconozca, en el espíritu de una auténtica humildad, que se está esforzando por vivir según la voluntad de Dios, no significa orgullo espiritual: es, antes, una fuente genuina de santo gozo. Mientras, por un lado, confesar el pecado es uno de los supremos deberes del hombre, el reconocimiento de las virtudes, cuando se las valora en su justo mérito, es, por otro lado, reconocer la acción de la gracia divina.”

1. Profesión de integridad (26:1–7)
Júzgame, oh Jehová (1) es un llamado a la justicia y la protección. Se funda en un modo de vida —yo en mi integridad he andado; y en una actitud del corazón —he confiado asimismo en Jehová. El término integridad (tam) es el que se usa en general en el Antiguo Testamento para denotar perfección, sinceridad en los propósitos, una devoción no ambigua. Es la cualidad que se atribuye a Job (Job 1:1, 8; 2:3, 9) y la orden que Abraham recibe de Dios (Gn. 17:1). Sin titubear significa, literalmente, “sin apartarme para uno u otro lado del camino” (véase Stg. 1:6–7).
David abre su corazón al Señor sin reservas: Escudríñame, oh Jehová, y pruébame (2). La expresión mis íntimos pensamientos y mi corazón significa: “la totalidad de mi vida interior, mis sentimientos, mis pensamientos y mi voluntad.” He tenido presente, siempre, la misericordia del Señor, y he andado (3) en los caminos señalados por la verdad de Dios. No me he sentado con hombres hipócritas (4) —a fin de recibir de ellos consejo o practicar con ellos la camaradería. Los hipócritas son, literalmente, “hombres vanos” o “de vanidad”, en el doble sentido de carecer de valor intrínseco y de ser adoradores de ídolos. Ni entré con los que andan simuladamente, o “con los simuladores” (Amp., O.T.). Aborrecí la reunión de los malignos (5) aquellos que se reúnen para planificar la realización de sus propósitos inicuos, en contraste con los que se reúnen para adorar a Dios, como en el versículo 12. Con los impíos nunca me senté, sea para confraternizar con ellos o para participar en sus consejos inicuos.
Lavaré en inocencia mis manos (6) evoca el lavado de manos de los sacerdotes al acercarse al altar para cumplir con la adoración a base de sacrificios (Ex. 30:17–21). El lavado de manos era, también, una forma simbólica de protestar inocencia, como en el caso de Pilato (Mt. 27:24). Y así andaré alrededor de tu altar, puede querer decir “me uniré a la compañía de tus adoradores alrededor de tu altar” o, según la Versión Berkeley, “Caminaré alrededor de tu altar.” Siempre asociado con el culto público de Dios, Para exclamar con voz de acción de gracias, y para contar todas tus maravillas (7). Una traducción dice: “Para que pueda pronunciar mi acción de gracias, y que ésta sea oída, y diga de todas tus obras maravillosas” (Amp., O.T.).

2. Pedido de intervención (26:8–12)
En los versículos 8–11 el salmista lanza un pedido directo al Juez, para que intervenga a favor suyo contra aquellos que lo han acusado de manera falsa. La separación de la sociedad de los impíos y su obrar pecaminoso es, al mismo tiempo, unión con el tabernáculo del Señor y los que allí adoran. La traducción que hace Moffatt del versículo 8 es notable y hermosa: “Amo los precintos de tu casa, la mansión de tu majestad.”
Los impíos serán cortados de la vida prematuramente, por eso el salmista suplica no ser contado junto con éstos (9). Los hombres sanguinarios son los que no vacilan ante el asalto violento y el homicidio como medios para alcanzar sus objetivos. El mal (10) significa, literalmente, “un contubernio”, en el sentido de un mal deliberadamente planificado. Su diestra está llena de sobornos, sea con el objeto de comprar la decisión de los que tienen autoridad o, habiendo aceptado dinero de soborno, haciéndose los distraídos mientras se hace algo malo. El soborno y la corrupción son uno de los problemas incesantes de la administración de la justicia y del gobierno.
Hay otros que han elegido vivir en el pecado y la rebelión, pero David dice, Mas yo andaré en mi integridad (11; véase el comentario sobre el v. 1). Por lo tanto, puede orar con fe, pidiendo que Jehová lo redima y tenga misericordia de él. El versículo 12 parecería indicar un juicio vindicatorio. Se rechazan las acusaciones y queda establecida la inocencia del salmista (véase la Introducción a este salmo). Mi pie ha estado en rectitud significa “mi pie se ha posado sobre terreno liso” (Berk.; Amp., O.T.). El apoyo firme para el pie es un elemento esencial de la seguridad personal —tanto para el alma como para el cuerpo. En las congregaciones (que se reúnen periódicamente para adorar a Dios) bendeciré (alabaré y glorificaré) a Jehová.


Salmo 27: LUZ Y SOMBRA, 27:1–14

El Salmo 27 está compuesto por dos movimientos contrastantes que expresan estados de ánimo muy diferentes. Tan fuertes es la diferencia de tonalidad entre los versículos 1–6 y los versículos 7–14 que algunos han expresado la convicción de que aquí tenemos la combinación de dos salmos escritos por autores diferentes o por un mismo autor en períodos muy diferentes de su vida. Sin embargo, G. Campbell Morgan cree que la diferencia se explica de manera satisfactoria por el hecho de que la alabanza debe preceder a la súplica en el orden de culto. Como en el caso de los dos salmos anteriores y en el que sigue, el título hebreo del salmo dice escuetamente, “de David”.
Pese a que Oesterley cree que tenemos aquí la combinación de dos salmos diferentes, señala que “el punto central de la enseñanza religiosa es el mismo, aunque se presenta desde dos puntos de vista diferentes. En el primero, la fe en Dios, que ha sostenido al sufriente en sus dificultades y lo ha traído triunfante a través de ellas, se ha hecho más profunda. En la segunda, la víctima, en un estado de total desesperanza, rodeada por peligros y hundida en el dolor, es sostenida solamente por su fe en Dios. Por lo tanto, sea en el gozo o en la tristeza, en la prosperidad o en la adversidad, es la seguridad de la presencia de Dios y su amor que domina todas las cosas”.

1. Alabanza (27:1–6)
Los primeros versículos de este salmo son bien conocidos para muchos gracias al hermoso himno que compuso Frances Allitson: El Señor es mi luz y mi salvación (1). La luz es uno de los grandes símbolos que representan a Dios tanto en el Antiguo Testamento, como en el Nuevo Testamento (4:6; Is. 10:17; Mi. 7:8; Jn. 1:4, 9, 8:12; 1 Jn. 1:5). Jehová era para David como una luz que alumbraba en un lugar oscuro, despejando las sombras, mostrando todas las cosas en sus verdaderos colores, trayendo gozo y alegría al día, y ahuyentando los temores que se agazapan en la oscuridad. Jehová es la fortaleza de mi vida: seguro, bajo el cuidado de Dios, el salmista no necesitaba temer a nadie.
La vida no había estado libre de obstáculos y oposiciones. Pero los ataques pertenecían ahora al pasado —aunque, en el caso que ésta fuera la acción de alabanza que prepara la petición de los versículos 7–13, se trata de la confiada expectativa de que tal cosa muy pronto sucederá. Para comer mis carnes (2) significa “para consumirme y destruirme”. Tropezaron y cayeron significa que fueron llevados hasta la total confusión, fracasando, de este modo, sus ataques. Aun si hubiera un ejército entero acampando alrededor del poeta, éste no temerá (3) en su corazón. Aunque contra mí se levante guerra tiene una primera aplicación en la amenaza de nuevos ataques. Pero en tiempos de “guerra y rumores de guerra” estas palabras llevan consuelo y confianza a los corazones de los creyentes en cualquier lugar del mundo.
Una cosa he demandado (4) indica las prioridades espirituales en la vida del salmista. Buscando el Reino de Dios y su justicia, todas las otras cosas que puedan necesitarse vendrán por añadidura (Mt. 5:33). Estar en la casa de Jehová y contemplar la hermosura de Jehová (Moffatt traduce “bondad”) e inquirir en su templo son la suma de los deseos de David. El huésped real provee las necesidades de quienes forman parte de su casa y los protege. Aun en el Antiguo Testamento. Dios era no solamente la Ley sino la Hermosura, la fuente de deleites tanto como del deber. Inquirir significa también “ponderar, meditar”. Véase Berkeley: “Observar la hermosura del Señor, y meditar en su templo.”
El salmista es lo suficientemente realista como para saber que no todos los problemas se resuelvan ni todas las dificultades se superan. Me esconderá en su tabernáculo en el día del mal (“Su morada”, Amp., O. T.); Me ocultará en lo reservado de su morada (aquí sí se habla de “tienda” o “carpa”); sobre una roca me pondrá en alto, como quienes están protegidos en una fortaleza inexpugnable construida sobre un peñasco (5). La idea cumulativa nos hace pensar en una situación de total seguridad. La contraparte de este versículo en el Nuevo Testamento es Romanos 8:31–38.
Sea cuales fueren los peligros que todavía puedan amenazarlo, el poeta sabe que tiene al alcance de la mano la victoria total: Luego (muy pronto) levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean (6). Será exaltado mientras sus enemigos son humillados. Por lo tanto habrá de ofrecer, en su tabernáculo, sacrificios de júbilo —no se refiere aquí solamente a los sacrificios que están prescriptos como ofrendas de gratitud por la liberación, sino al gozo mismo como una ofrenda aceptable a Dios.

2. Petición (27:7–12)
De manera abrupta cambia la atmósfera emocional. Puede ser que se hayan modificado las circunstancias, o que la preparación por medio de la alabanza sea considerada completa y el salmista pasa a hablar de su necesidad del momento (véase Introducción a este salmo). Oye, oh Jehová … ten misericordia … respóndeme (7) es la queja. Hay algún interrogante con respecto a la traducción exacta del versículo 8, pero en la versión Valera-Revisada 1960 sin duda tenemos el sentido original: Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová. La versión Anchor traduce: “Ven, dijo mi corazón, buscad su rostro; tu rostro, oh Yahweh, buscaré.” Vamos a Dios en oración no sin haber recibido antes su convite: El nos invita. Obedeciendo el mandamiento de buscar el rostro del Señor, el poeta ora, No escondas tu rostro … No apartes con ira a tu siervo (no vuelvas a tu siervo la espalda, como si rechazaras el pedido que te hace) … No me dejes ni me desampares (9). Dios ya era su ayuda y el Dios de su salvación. El texto hebreo pone en tiempo pasado el texto que encontramos en el versículo siguiente: “Porque mi padre y mi madre me abandonaron, pero Jehová me recogerá” (10). Aun cuando fuera como un niño abandonado, el Señor lo adoptará y lo cuidará. Se buscan de lo Alto, a continuación, instrucción, guía y amparo: Enséñame … guíame … (11) … No me entregues (12). Testigos falsos están diciendo calumnias. Estos son como quienes respiran crueldad —la crueldad de la palabra incisiva y mentirosa— un tipo de prueba que conocemos muy bien hasta en nuestros días.

3. Paciencia (27:13–14)
El pueblo de Dios hereda la promesa por medio de la fe y la paciencia (He. 6:12). Hubiera yo desmayado, si no creyese … comunica de manera clara la idea del poder estabilizador de la verdadera fe (13). Sin embargo, mucho más próximo al texto original sería decir “Creo que veré”. La tierra de los vivientes, como lo indica nuestro uso corriente de la expresión, esta vida, en contraposición con el Seol, el reino de los muertos. Se conoce la bondad de Dios tanto en esta vida como en el más allá. Sin embargo, la traducción Anchor interpreta este texto como una afirmación explícita de la fe en una vida futura: “En el Vencedor confío, para contemplar la belleza de Yahweh en la tierra de la vida eterna.”
La exhortación final del salmo es: Aguarda a Jehová (14) tanto en el sentido de continuar orando como en el tener paciencia hasta cuando venga la respuesta. Esfuérzate, y alíentese tu corazón, en la convicción de que la ayuda de Dios está cerca. Sí, espera a Jehová. Su venida nunca será demasiado tarde para quienes esperan en El.


Salmo 28: CONFLICTO Y ACCION DE GRACIAS, 28:1–9

Este es el último de los cuatro salmos que llevan como título simplemente las palabras “de David”. Tiene casi en su totalidad la forma de una lamentación. Las circunstancias pueden haber sido la huída de David cuando lo perseguía el ejército de Absalón (2 S. 15:1–18:33), desde que el poeta se lamenta de haber sido traicionado (3) y la oración, al final, en favor del pueblo, parece apropiada en los labios de un soberano cuyo reino está desgarrado por la guerra civil. Pero puede referirse a cualquier situación en la cual la traición produce luchas y divisiones. En este salmo se invierten el orden de la alabanza primero y la petición después, que encontramos en el Salmo 27; aquí la petición (1–5) precede a la alabanza (6–9).

1. Pedido de ayuda (28:1–5)
La situación del salmista es desesperada. A menos que Dios conteste su oración, será semejante a los que descienden al sepulcro (1); la tumba o el Seol se concebían siempre como un lugar al que, por estar abajo, se desciende. Por lo tanto, el salmista clama (2), una palabra más fuerte que la del versículo 1. La Versión Berkeley y la Biblia Anchor hacen la diferencia traduciendo “llamo” la palabra que aparece en el versículo 1 y clamo en el versículo 2. La palabra hebrea significa un urgente pedido de ayuda. Cuando alzo mis manos … es un símbolo exterior de la elevación a Dios del corazón. El santo templo puede querer decir el “santísimo”, donde descansaba el arca de la alianza, símbolo de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Aunque David, al huir de Absalón, había enviado de vuelta al tabernáculo a los sacerdotes y el arca (2 S. 15:24–29), aquí dirige su petición al símbolo visible de la presencia de Dios.
Los que hacen iniquidad, de quienes el salmista busca ser librado, son aquellos que hablan paz con sus prójimos de la boca para afuera, pero tienen maldad (ra, el mal desnudo) en su corazón (3). La palabra maldad quizá no sea tan fuerte como corresponde al término hebreo ra, que describe un mal sin atenuantes. Ofendido su sentido de la justicia, el salmista pide que los obradores del mal reciban la condena judicial que sus acciones merecen (4). Conforme significa tanto en especie como en proporción. El gran mal merece un gran castigo. El Dios de justicia no puede dejar de castigar el mal, aun cuando la ejecución de su sentencia se retrase. Los impíos no atendieron a los hechos de Jehová, ni a la obra de sus manos (5), negando tanto su creación como su providencia.

2. Alabanza por la respuesta (28:6–9)
Esta parte puede haber sido agregada después que el salmista recibió la liberación que había pedido. Pero también puede ser que su fe haya sido tan grande que considera como ya realizado el futuro que se le ha prometido. Esta es, precisamente, la naturaleza de la fe. “Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá” (Mr. 11:24).
El salmista prorrumpe en adoración. Bendito sea Jehová (6) es la forma de la doxología con que termina cada uno de los cuatro primeros libros de los Salmos (41:13; 72:18–19; 89:52 y 106:48 —todo el Salmo 150 es la doxología con que concluye el libro V). Bendito sea significa, “Sean dadas gloria, alabanza y adoración a”. Tal debiera ser nuestra respuesta cuando se nos ha concedido una petición. El Señor ha demostrado ser fortaleza y escudo (7). El salmista confió y fue ayudado. Su gozo es grande mientras canta su cántico de alabanza. Jehová es la fortaleza (8) de los que en El confían. Y es el refugio salvador (la fortaleza de salvación, literalmente) de su ungido.
El salmo concluye con una oración por todo el pueblo; se pide a Jehová que salve … bendiga … pastoree … y sustente (9). Esta petición resume todo lo que ofrece la redención de Dios, tanto en aquel entonces como en nuestros días.


Salmo 29: UN SALMO PARA PENTECOSTES, 29:1–11

Titulado “Salmo de David”, este salmo se usaba tradicionalmente en la sinagoga el primer día de la fiesta de los Tabernáculos, que es el día de Pentecostés. Es un salmo de adoración, cuyo tema central es el poder de Dios en la naturaleza tal como se los experimenta en una gran tormenta. M’Caw titula este salmo, “El Trueno de Dios”, y lo describe como “una canción sobre el trueno”. W. E. Barnes prefiere, en cambio, titularlo: “El Dios de la Tormenta Es También el Dios de la Paz.”70
M’Caw dice, “Los versículos 3–9, el corazón del poema, describen el pasaje de una tormenta desde las aguas del mar occidental, a través de las colinas boscosas del norte de Palestina, hasta los lugares desérticos de Kadesh (no Kadesh Barnes, que está en el sur) en los límites extremos de Edom (Nm. 20:16). Este hecho no se describe como una demostración del poder de la naturaleza, sino como una sinfonía de alabanza al Creador, quien se une al canto con la voz del trueno (compárese con el Sal. 18:13)”.
En todo el salmo la naturaleza ofrece una visión del poder y la gloria divina. Es por eso que M’Caw señala: “El centro de toda la acción y el pensamiento es el Señor, mismo, eternamente entronizado, y que con fidelidad concede a su pueblo no solamente el don del poder sino, también la bendición de la paz (vv. 10, 11). El poema reúne con habilidad lo natural y lo espiritual, pero su acento está, claramente, puesto en este último aspecto. La primera palabra, ‘tributad’, es un llamado a la adoración, y la última palabra, ‘paz’, implica su voluntad de bendecir a los suyos. Es el poder divino que pide la primera y ofrece la última.”
Oesterley dice: “Este hermoso y antiguo himno de alabanza es único en el salterio. Se inspiró, sin duda, en primer lugar, en la pasmosa descripción de la teofanía en el monte Sinaí (Ex. 19:16–19) y de la presencia divina en el monte Horeb (1 R. 19:11–12). El propósito del salmista es proclamar la supremacía de Jehová en los cielos y en la tierra. Los poderes celestiales son denominados ‘hijos de dioses’ y se los pone bajo el poder de Jehová; este es un testimonio de la fe monoteísta que, en contraste con el politeísmo de las naciones, no consideraban que el dios más alto fuera de diferente naturaleza que el resto de los dioses, sino sólo superior en rango.”

1. Llamado a la adoración (29:1–2)
El poema comienza con un llamado a la adoración del Dios verdadero y viviente, en la hermosura de la santidad (2). La expresión Oh hijos de los poderosos (1) es, literalmente, “oh hijos del poderoso” o “hijos de Dios”. Dar (1) en este contexto, significa adscribir y atribuir. La hermosura de la santidad (2) es, literalmente, la majestad. La santidad de Dios es hermosa y majestuosa, y la comparte con aquellos que le adoran “en espíritu y en verdad” (Jn. 4:24; véase 2 P. 1:3–4).

2. La llegada de la tormenta (29:3–9)
M’Caw entiende que en la llegada y el apogeo de la tormenta tenemos el núcleo del poema (véase introducción a este salmo). Los versículos 3–4 se ocupan de describir cómo la tormenta se aproxima. Los versículos 5–7 describen su llegada. Los versículos 8–9 detallan cómo pasa la tormenta. También se sugieren las tres señales dispensacionales que aparecieron en Jerusalén el día de Pentecostés (Hch. 2:1–4): La voz de Jehová que quebranta los cedros (5) es una prefiguración del sonido de un gran viento; la voz de Jehová que derrama llamas de fuego (7) nos hace pensar en las lenguas “como de fuego”; la proclamación universal de la gloria de Dios (9) se relaciona con el don de las lenguas de Pentecostés en las que se habló de “las obras maravillosas de Dios” (Hch. 2:11).
Una de las características que distinguen a este salmo es la referencia reiterada a la Voz de Jehová (3, 4, 5, 7, 8, 9). De manera inmediata, es posible interpretar esa “voz” como una referencia al trueno o al viento. Pero tiene un significado más amplio en el poder de la palabra viva de Dios (He. 4:12). La neo-ortodoxia moderna nos ha familiarizado con “El Dios que Actúa”. La Biblia, sin embargo, nos enfrenta no solamente con el Dios que actúa, sino también con el Dios que actúa y habla, y que en muchas situaciones actúa hablando a través de su Palabra inspirada e “inscripta”.
La voz de Jehová se equipara con la gloria de Jehová (3) y con Jehová mismo. Es una voz con potencia y gloria (4). Quebranta los cedros del Líbano (5), el más majestuoso de los árboles y uno de los símbolos que representan el orgullo y la magnificencia de los hombres (Is. 2:13). Saltar como becerros … como hijos de búfalos (6) es una descripción de los movimientos violentos que hacen los árboles al ser sacudidos por el viento y las montañas al ser conmovidas. El Líbano es, aquí, la cadena de montañas. Este nombre significa “blanco”, por las nieves eternas que cubren algunos de sus picos. Sirión es otro de los nombres que recibe el monte Hermón, en el norte de Palestina. La voz de Jehová también derrama llamas de fuego (7), una alusión a los rayos que acompañan por lo general a este tipo de tormentas. Hace temblar … el desierto de Cades (8). El Líbano y el Hermón estaban en el norte. Cades en el sur. Toda la tierra es afectada por la voz de Dios. La voz de Dios también desgaja las encinas (9). Solamente en el templo de Dios hay paz y confianza. En su templo todo proclama su gloria. El texto hebreo dice: “En su templo todos están diciendo, ‘Gloria’.” Todos atribuyen a Dios la gloria que se invoca en los versículos 1–2.

3. Conclusión en paz (29:10–11)
El salmo que comienza con la gloria y el poder concluye con la paz. Jehová preside (está entronizado por sobre) el diluvio (10) y gobierna como rey para siempre tanto la naturaleza como la historia. Dios da poder a su pueblo y lo bendice con paz (11). Delitzsch comenta: “Este último versículo en el que aparece la paz es como un arco iris tendido sobre el salmo. El principio del salmo nos muestra el cielo abierto y el trono de Dios en medio de las canciones angelicales de alabanza; mientras que la conclusión muestra a su pueblo victorioso en la tierra, bendecido con la paz en medio de las terribles manifestaciones de su ira. Gloria en excelsis es el principio y pax in terris el fin.”


Salmo 30: ACCION DE GRACIAS POR EL TOQUE CURATIVO DE DIOS, 30:1–12

El Salmo 30 es una ferviente expresión de alabanza a Dios por haber éste librado al salmista de la muerte, que lo amenazaba en lo que probablemente fuera una enfermedad muy grave. Los versículos 9–12 son repetidos en la oración de acción de gracias de Ezequías, después que fuera curado de su mal (Is. 38:18–20). El epígrafe indica que este salmo se usó en el acto de dedicación de la “casa de David”. Puede haberse usado en la dedicación del segundo templo (Esd. 6:16). Más tarde se relacionó con la fiesta de dedicación de los macabeos. Este uso es apropiado pues la historia de la nación siguió los pasos de la experiencia individual.

1. Experiencia (30:1–3)
El autor relata de manera vívida su experiencia de restauración cuando se encontraba al borde mismo de la tumba. Te glorificaré (1; literalmente, “Te exaltaré”). Porque el Señor lo levantó, sus enemigos no han podido regocijarse en lo que hubiera sido la muerte prematura del salmista. La oración recibió su respuesta y el varón de Dios ha sido sanado (2). La sanidad llegó a destacarse más en el Nuevo Testamento, pero se le menciona bastante en el Antiguo Testamento (Ex. 15:26; 23:25; Dt. 7:15; 32:39; 2 R. 20:1–11; Job 5:18; Sal. 103:3; 107:20; Is. 19:22; 30:26; 53:5; 57:18–19; Jer. 30:17; 33:6; Os. 6:1; 11:3; véase la muerte de Asa, quien “en su enfermedad no buscó a Jehová, sino a los médicos”, 2 Cr. 16:12). La Iglesia todavía debe recuperar la noción de íntima relación entre la salud espiritual y la física que permea las Escrituras.
Resulta evidente, a partir de la fuerza del lenguaje que utiliza, que la situación del salmista era bastante seria. El Señor hizo subir su alma del Seol (3). El Seol es el lugar de los muertos. Me diste vida, para que no descendiese a la sepultura, o, mejor, “Me devolviste a la vida cuando yo descendía a la sepultura” (Anchor). Medio muerto, el Señor le había dado una nueva oportunidad para seguir viviendo. La sepultura (bor) es un término hebreo que significa literalmente “agujero”. Se usa muy frecuentemente como sinónimo del Seol, el lugar de los muertos. Tal es el caso en este pasaje.

2. Expresión (30:4–6)
Los versículos 4–6 dan expresión a la gratitud del poeta por su experiencia de la mano sanadora de Dios. Llama a todos los santos (4) de Dios, los que son piadosos en el pueblo, para que se unan a él y juntos celebren la memoria de su santidad. La santidad de Dios, en el Antiguo Testamento es en más de un modo el resumen de la descripción de su naturaleza. Incluye la misericordia y la fidelidad de Dios, así como también su radiante pureza. La expresión hebrea dice, literalmente, en este versículo: “para el memorial (o recordatorio) de su santidad.” La salud restaurada del salmista era un monumento a la bondad de Dios.
La lección de todo esto se expresa en el versículo 5: “Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.” La ira de Dios es a lo sumo momentánea y la ocasiona solamente el pecado; su favor, en cambio, dura toda la vida. Otorga el perdón y la vida eterna al que es humilde y se arrepiente. Parte del problema del salmista puede haber sido su sentimiento de autosuficiencia: En mi prosperidad dije yo; No seré jamás conmovido (6). Nada puede hacer desaparecer esta actitud con tanta rapidez como una enfermedad grave.! Qué poco pueden hacer en nuestro favor el dinero y las influencias cuando la enfermedad nos ha volteado!

3. Reproche (30:7–9)
La oración de reproche a Dios por la manera en que lo trata nos recuerda expresiones que son muy similares a Job en medio de su aflicción (Job 10:3). Con el favor de Dios, el salmista fue afirmado. Cuando Dios escondió su rostro, el salmista fue turbado (7). Al verse en una situación difícil clama y suplica a Dios (8). Su razonamiento tiene un paralelo en el de Ezequías, en Isaías 38:18–19. ¿De qué aprovechará a Dios la muerte de su siervo? (9). La muerte interrumpiría la alabanza del poeta, y su confesión de la verdad de Dios (9; véase comentario sobre 6:5).

4. Expectativa (30:10–12)
Como ocurre tan a menudo en los salmos, el poeta pasa de la oración y la alabanza a la expectativa. Su fe lo hace avizorar el futuro eterno. Seguirá orando para pedir a Dios misericordia y que El siga siendo su ayudador (10). Su lamento ha sido cambiado en baile por Dios (11), siendo el baile, aquí, una expresión (casi universal) de gozo. Ha cambiado su cilicio por alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado (12). Como en 16:9 (véanse comentarios) y en otros lugares, gloria mía significa “mi alma” o “alma mía”, puesto que el alma, en cuanto imagen divina, es la parte más noble del ser humano. Anchor traduce: “Para que mi corazón te cante.” Jehová Dios mío, te alabaré para siempre —desde que la alabanza es una de las principales ocupaciones en la eternidad (Ap. 7:9–13).


Salmo 31: HABIENDO PASADO LA PRUEBA RENACE LA CONFIANZA, 31:1–24

Este salmo, que está dedicado al músico principal y se identifica como un “salmo de David” en su epígrafe, es una notable alternancia de lamentación y alabanza. Morgan lo describe como una “gran canción de confianza que lucha, a través de las lágrimas, hasta obtener el triunfo”. Este mismo autor divide el salmo en las diversas “estaciones del alma”. Otoño, “con sus vientos y nubes arremolinadas, y que sin embargo, goza del sol y de la dorada fertilidad de los citrus, pese a que el aliento de la muerte comienza a invadirlo todo” estaría representado por los versículos 1–8. El invierno, “frío y sin vida, lleno de lamentos y suspiros” aparece en los versículos 9–13. La primavera, “con sus esperanzas y expectativas, sus lluvias torrenciales y la explosión de los rayos de sol” se encuentra en 14–18. El verano, “alegre y dorado” aparece en 19–24. “A todas las necesitamos para completar nuestro año.”

1. Confianza (31:1–8)
La nota dominante en la primera parte de este salmo es las dos veces repetida afirmación de confianza implícita (1, 6) en el Señor, pese a las circunstancias amenazantes. La petición está mezclada con la alabanza y las expresiones de confianza. Confianza es la palabra que en el Antiguo Testamento representa, por lo general, lo que nosotros denominamos fe. Significa, literalmente, encontrar refugio. Confundido (1) debiera traducirse “avergonzado”. La justicia de Dios es la esperanza humana de liberación. Inclina a mí tu oído (2) es una expresión hebrea que significa “escúchame”. Vendrá la liberación cuando Dios vuelva a demostrar que es la roca, la fortaleza, y el castillo del creyente. La afirmación sigue al ruego: Porque tú eres mi roca y mi castillo (3). En otras palabras: “Demuestra que eres lo que yo sé que Tú eres.” “Esta es la lógica de toda oración de la fe” (Delitzsch). Las imágenes son sacadas de la táctica de la guerra de guerrillas en un terreno montañoso, donde las grietas entre las piedras y las fortalezas rocosas naturales eran defensas muy efectivas. Véase la explicación que los sirios ofrecen de su derrota en manos del “Dios de las montañas”, el cual, según ellos pensaban, no sería efectivo en los valles (1 R. 20:28).
Por tu nombre implica que el honor de Dios está envuelto en la liberación de su siervo. Aunque sus enemigos han desplegado una red (4) para atraparlo, el salmista llama a Dios, su refugio, para que lo saque de la trampa. La red está escondida, o disimulada con astucia. La expresión cumbre de confianza en Dios en este salmo ha sido santificada para siempre, pues nuestro Señor la citó al pronunciar sus últimas palabras desde la cruz: En tu mano encomiendo mi espíritu (5). El espíritu, como su propia vida, es la posesión más preciosa del salmista, y lo encomienda a Dios, con confiada fe: Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad. Redimir significa ser liberado, y el contenido de esta liberación varía según la fuente de la opresión. El salmista fue liberado de aquellos que buscaban atraparlo. El cristiano es redimido de la esclavitud del pecado. El término hebreo que se traduce verdad (emeth) también significa confiabilidad o fidelidad, y es en este sentido que se utiliza aquí. Harrison traduce: “Eres un Dios fiel.”
El amor hacia el Dios verdadero y la confianza en El producen el desprecio por aquellos que esperan en vanidades ilusorias (ídolos). “Vanidad” es un título preferido, en el Antiguo Testamento, para referirse a los dioses falsos. El salmista anuncia que me gozaré y alegraré en tu misericordia (7), porque Dios ha visto su aflicción y ha conocido su alma en las angustias (mejor sería traducir: “Has tomado noticia de las angustias de mi alma”). Por contraste con el confinamiento que sus enemigos tienen planificado para él, Jehová ha puesto sus pies en lugar espacioso (8), o en un “espacio abierto, con mucho lugar para moverse” (Berk.).

2. Conflicto (31:9–13)
Con el versículo 9 hay un drástico cambio de tono. Ingresamos en el invierno del alma, “lleno de lamentos y suspiros”. Angustia es la nota dominante (9). La vida puede ser dura y pesada aun para el hijo de Dios (1 P. 1:5–9). Nos puede suceder a nosotros, como le sucedió a David, que la felicidad y la serenidad que se reflejan en 6–8 sean repentinamente perturbadas por la enfermedad, la persecución, la traición o los desastres naturales. Los ojos hinchados por las lágrimas, afligidos su alma y su cuerpo, el salmista derrama su tristeza delante de su Dios.
Se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad (10) indican que el sentimiento de culpa contribuye a la aflicción de mente y cuerpo que padece el autor. La LXX, sin embargo, atribuye el desfallecimiento a la “miseria” del poeta. Mis huesos se han consumido y no son ya capaces de sostener el esfuerzo que se les demanda. Soy objeto de oprobio (11), o de burla. El horror de mis conocidos: el espectáculo que representa ver al salmista en su angustia es hasta tal punto horroroso que quienes lo hayan contemplado volverán sus cabezas y se alejarán. Como alguien que ha sido olvidado y está muerto, como un pedazo de barro cocido que era un cacharro pero se ha quebrado, el salmista siente que no se tiene más misericordia de él y que ha sido arrojado afuera (12). Se incrementó aún más su miseria cuando se dio cuenta que debía temer las reacciones de los otros, pues éstos tramaban hacerle aún más daño (13; véase Jer. 20:10).

3. Verdad (31:14–18)
Habiéndose quejado de las calumnias de que era objeto, el salmista afirma nuevamente su confianza en la vindicación final de la verdad. Los tiempos de conflicto debieran ser tiempos de confianza para aquellos que aman a Dios (14). En tu mano están mis tiempos (15) es un claro reconocimiento del control providencial que Dios ejerce sobre todas las circunstancias de la vida que pueden afectar a los suyos. Esta línea es la fuente del conocido poema de Robert Browning, titulado “Rabbi Ben Ezra”:

¡Envejece conmigo!
Todavía, por delante, está lo mejor,
El final de la vida, que da significado al principio.
Nuestros tiempos en la mano están
De Aquel que dijo: “Concebí una totalidad.
La juventud apenas si muestra una parte;
Confía en Dios: míralo todo, no tengas temor.”

Tiempos (eth) puede significar caminos, estaciones, circunstancias. Moffatt traduce este término: “destino”; la Biblia Anchor, “estadios de la vida”; Harrison, “Mi destino está bajo tu control”. El resultado de nuestras peripecias en la vida no está librado al azar o al destino ciego, sino que se conserva en una mano justa y llena de amor.
El reconocimiento de la mano de Dios que guía sus pasos estimula al salmista para volver a pedir el favor y la liberación divinos: Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo (16). Se avergonzará el que no viene a Dios en verdad y sinceramente, el impío (17; con respecto al tono imprecatorio de este verso, véase la Introducción). Los labios mentirosos y difamadores serán enmudecidos (18). Que hablan contra el justo cosas duras con soberbia y menosprecio puede ser, también, “que hablan insolentemente contra el justo, con orgullo y desprecio” (Berk.).

4. Triunfo (31:19–24)
El ciclo de las estaciones llega al verano, “alegre y dorado”. Aquí tenemos una pura alabanza donde se expresa el triunfo que sigue a los conflictos, gracias a la confianza. Quizá mirando hacia el futuro, en la fe o más probablemente después que la tormenta ha pasado, el salmista se gloría en “la victoria que ha vencido” (1 Jn. 5:4). Hay una exclamación de gozo en las palabras, ¡Cuán grande es tu bondad! (19). “Qué tesoros de bondad has dispuesto para tus adoradores”, traduce Moffatt. Se trata de la manifestación o demostración pública del favor divino, “a la vista de los hijos de los hombres” (Anchor).
Dios mismo es, para su pueblo, un Refugio contra la conspiración del hombre (20); un tabernáculo (refugio) en el cual estarán fuera del alcance de toda contención de lenguas (20). Moffatt traduce “la plaga de la calumnia”. El Señor ha puesto de manifiesto su misericordia … en ciudad fortificada (literalmente, “ciudad de sitio”, “una ciudad atrincherada” Berk.) contra el enemigo. El poeta confiesa la desesperanza que había experimentado (22) e interpreta como otra expresión de la bondad de Dios que su oración haya sido escuchada.
El salmo concluye con un llamado a los santos de Dios (23), a quienes se exhorta a tener coraje, a amar a Dios Jehová y a “tomar aliento” en sus corazones (tener valentía; 24). Se invoca como razón que Dios preserva a los que confían en El y lo obedecen; y paga abundantemente al que procede con soberbia (23; el “arrogante”, Moffatt). Tome aliento vuestro corazón es, literalmente “que vuestro corazón sea valiente”. Esperar en … se usa en el sentido de esperar confiadamente. “Los que confían totalmente en El, encuentran que El es totalmente fiel y verdadero” (Frances Ridley Havergal).


Salmo 32: EL GOZO DEL PECADO PERDONADO, 32:1–11

El Salmo 32 es el segundo de los siete “salmos penitenciales” (véase la introducción al Salmo 6). Muchos comentaristas lo relacionan de manera íntima con el Salmo 51. Kirkpatrick sostiene que el 32 es posterior al 51, expresando la exitosa conclusión de la penitencia y la confesión que se describen en el 51. Se identifica, en el epígrafe, como un salmo de David. Según el epígrafe, además, sería un masquil, término que aparece en los títulos de otros doce salmos (42, 44, 45, 52–55, 74, 78, 88, 89, 142). La palabra masquil proviene, probablemente, de un término que significa “instruir, hacer atento, inteligente”. Identificaría lo que probablemente debería llamarse un salmo didáctico, o una meditación cuyo propósito es transmitir una enseñanza.
El tema de este salmo es el gozo del corazón perdonado. Si los versículos 3–4 pueden interpretarse, como muchos lo hacen, como alusión a una enfermedad física, también está presente aquí el gozo de quien ha experimentado la sanidad divina. “Entre los salmos no hay otro que toque cosas tan hondas en la vida del alma, ni que revele de manera tan perfecta el método que sigue Jehová para enfrentar el pecado en los suyos, aliviar la tristeza y guiar por el camino recto. Está siempre preparado para perdonar, es capaz siempre de liberar y está siempre dispuesto a guiar.”

1. Cobertura (32:1–2)
Se proclama con gozo la alegría de la transgresión … perdonada (1). Bienaventurado (véase comentario sobre 1:1). Transgresión (pesha) es la palabra más fuerte y seria que hay en el Antiguo Testamento para designar el mal en el nivel personal. Su significado básico es rebelión, alta traición, contra el Soberano. Pecado (chattah) significa apartarse del camino, errar el blanco. Iniquidad (2; avon) es depravación o distorsión moral.
Cuando la rebelión ha sido perdonada (1; nasa, “levantar, quitar”) el rebelde es devuelto al lugar que le corresponde como súbdito fiel de su Señor celestial (Ro. 5:1). Cuando el pecado es cubierto (kacah, “ocultar, tapar”) el fracaso y la huequedad son colmados con la plenitud de Dios. No culpa (2) significa “no acusa de transgredir la ley”, “ha absuelto” (Moffatt). Cuando Jehová imputa justicia (Gn. 15:6), es porque su gracia la imparte. Cuando el Señor no imputa la iniquidad, es porque su gracia la ha eliminado. Pablo interpreta estos versículos en el contexto de la experiencia cristiana de la justificación y la regeneración en Romanos 4:6–8. La idea aquí es que en la experiencia inicial de la salvación no solamente nuestras transgresiones son olvidadas y cubiertos nuestros pecados, sino que la naturaleza pecaminosa original, de la cual surgen tanto las transgresiones como los pecados, aun cuando no es limpiada del todo, no nos es contada como culpa. En cuyo espíritu no hay engaño sugiere que la “confesión plena” (Moffatt) ha eliminado la malicia y la hipocresía. La mayor hipocresía de todas es la negación del pecado por parte del que no ha sido perdonado.

2. Convicción (32:3–4)
Es posible, como se señaló en la introducción, que la situación que se describe aquí haya sido la de una enfermedad grave de carácter físico, posiblemente una fuerte fiebre. Pero estas palabras también sirven como descripción vivida de la enfermedad del alma que está convencida por su propia noción de la culpa, gracias a la predicación fiel del mensajero de Dios (2 S. 12:7–14) y el Espíritu Santo (Jn. 16:7–11). Mientras callé (3) —sin arrepentirse, negándose a confesar —se envejecieron mis huesos … lo abandonaron la fuerza y la salud. En mi gemir todo el día indica la queja constante, pero no, todavía, la confesión. De día y de noche se agravó sobre mí tu mano (4) y se volvió mi verdor en sequedades de verano —“Se secó mi médula como en la seca del verano” (Berk.). Sobre Selah véase el comentario a 3:2. Su uso aquí indica que este salmo se utilizaba en la adoración pública, guiando la penitencia y la alabanza del pueblo.

3. Confesión (32:5)
La única cura para la convicción de pecado es la confesión. En un sentido muy verdadero, el “pecado imperdonable” es el pecado que no se ha confesado. Lawrence E. Toombs escribe: “Los intentos para encontrar una cura para esta enfermedad en el diván del psiquíatra sólo conseguirán ocultarlo bajo la fachada de una ‘personalidad bien integrada’, educada para la auto-justificación. Este método no enfrenta el pecado. Lo ignora. Ni puede lograrse una cura mostrando públicamente nuestro pecado a todos los que hemos ofendido con él. Hacerlo no es sino buscar el perdón en aquellos que son ineptos para perdonarnos significativamente, y cuya disculpa o resentimiento no importan, en definitiva. El salmista sabe que debe buscar el perdón de aquel en quien puede verdaderamente encontrarse la limpieza y la salud.

Reconocí ante ti mi pecado,
y no escondí de ti mi iniquidad.”

4. Confianza (32:6–7)
En un sentido estrecho, el perdón se relaciona con el pasado. Pero también imparte confianza para el futuro. La esperanza, tanto como la fe, son el fundamento de nuestra salvación (Ro. 8:24). La fidelidad de Dios en el pasado justifica nuestra confianza en que será encontrado cuando lo invoquemos con todo nuestro corazón (Dt. 4:29). En la inundación de muchas aguas (6) el pueblo de Dios estará seguro, como aquellos que se encuentran en terrenos elevados. Jehová es un refugio (7) en quien somos preservados de la angustia —no en el sentido de que no sobrevendrán situaciones angustiantes, sino porque Dios ofrecerá un camino de liberación. “Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová” (34:19).

5. Consejo (32:8–11)
Algunos han supuesto que el sujeto, en estos versículos, es el salmista, quien asume, aquí, el papel de maestro. Parecería más adecuado, a la luz de la última oración del versículo 8, leer estas palabras como la respuesta de Dios a la profesión de confianza de su siervo. En todo caso, el perdón y la fe deben conducir a la obediencia y la justicia. Hay un aspecto de confianza y fe en el Evangelio, que debe ser seguido por la obediencia en la conducta diaria. Sobre ti fijaré mis ojos ha recibido varias traducciones: desde “Te guiaré con mis ojos” (KJV) hasta: “Te instruiré y te mostraré el camino por el que debes andar” (Anchor; 8). En contraste con la obediencia voluntaria del alma que ha recibido el perdón está el caballo (9) o el mulo, sin entendimiento, cuya obediencia debe obtenerse mediante la fuerza, con el cabestro y el freno. La línea que se traduce Porque si no, no se acercan a ti, debe traducirse “Entonces puedes acercarte a él” (Anchor).
Se establece un contraste entre los muchos dolores del impío (10) y la misericordia que rodea a los justos (11), a quienes se exhorta para que estén alegres, se gocen y canten. Tal como ha escrito Edmund Jacob, “Pese a que el temor es importante en la religión israelita, no ocupa el lugar central; el gozo tiene mucho más peso que el temor; el gozo pertenece a Dios. Un Dios que ríe, un Dios que tiene tan evidentemente ‘sentido del humor’, es un Dios gozoso: Las estrellas de la mañana (Job 28:7) y la sabiduría (Pr. 8:22–31) que profieren gritos de alegría en su presencia son la personificación de los sentimientos que animan al mismo Dios cuando se complace en sus obras creadas (véase Gn. 1 y Sal. 104:31) … ‘No hay palabra’, escribe L. Koehler, ‘que ocupe un lugar más prominente en el Antiguo Testamento que la palabra [gozo]’. Dios da al hombre una participación considerable en su gozo (Ec. 2:26; 8:15; 9:7; 11:9 ss.). El gozo forma parte central en el culto, que consiste en regocijarse en la presencia de Yahweh y en la comunión con él … y cuando venga el reino futuro, su llegada estará marcada por un gran gozo (Is. 9:2)”. “La piedad del Antiguo Testamento es una vivencia espiritual, personal y gozosa.”


Salmo 33: ALABANZA POR LOS GRANDES ACTOS DE DIOS, 33:1–22

A diferencia de la mayoría de los salmos que integran el libro I, éste no posee, en el texto hebreo, un título o epígrafe (véase 1, 2 y 10). Es un himno de alabanza y adoración, que subraya el poder soberano de la palabra de Dios y sus obras. Es una respuesta adecuada al llamado a la alabanza gozosa que escuchábamos en el último versículo del salmo anterior, el cual tiene su eco, sin duda, en el primero de éste. Este salmo se divide en tres partes importantes: Alabanza a Dios por sus palabras y sus obras (a) en la creación, versículos 1–9; (b) en la historia, versículos 10–17; y (c) en la redención, versículos 18–22.

1. Dios en la creación (33:1–9)
Los primeros tres versículos son un extendido llamado a la adoración, dirigido a los justos y los íntegros (1; véase 32:11). Es hermosa la alabanza significa que corresponde y es propio de los creyentes alabar a Dios. El decacordio es literalmente “una lira de diez cuerdas”. El arpa y el salterio eran instrumentos de cuerdas, diferentes sólo en sus formas. El arpa (kinnor —aparece aquí por primera vez en los salmos) es uno de los más antiguos instrumentos musicales conocidos (Gn. 4:21). Aparentemente era lo suficientemente pequeña como para llevarla encima (1 S. 10:5). David era famoso por su habilidad para interpretar este intrumento (1 S. 16:23), cuyas cuerdas, según descripciones, pulsaba con los dedos. Se piensa que podía tener ocho o diez cuerdas, estiradas sobre un marco de madera. El salterio, o lira (nebel) se menciona por primera vez en 1 Samuel 10:5, y por ello se piensa que debe haber sido de origen fenicio. Es posible que haya sido de mayor tamaño que el harpa, y que diera las notas bajas de acompañamiento en la música. El cántico nuevo (3) es aquel que reconoce, cada día, las nuevas bendiciones de Dios. Hacedlo bien, tañendo con júbilo se traduciría, literalmente, “Sé habilidoso en interpretarlo musicalmente con gritos” (véase comentario sobre 32:11).
El llamado a la alabanza es seguido por una vívida descripción de la palabra creadora y las obras de Dios en el universo. El Creador es aquel cuya palabra es recta (4; yashar), y cuyas obras son hechas con fidelidad (emunah). Dios ama la justicia y el juicio (5). “La justicia es el principio del ordenamiento legal; el juicio es su aplicación en la práctica.” De la misericordia de Jehová está llena la tierra (misericordia: chesed, amor fiel, bondad; véase comentario sobre 17:9 y BBC, tomo V, “Oseas”, Introducción).
Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos (6) es una expresión del poder omnipresente que no tiene más que querer y decir para que sea hecho. El paralelo en el Nuevo Testamento, con su profunda personalización de la Palabra que estaba con Dios y era Dios, se encuentra en Juan 1:3. El ejército de ellos evoca Génesis 2:1, y es una referencia a la ordenada disposición de las estrellas y los cuerpos celestes. El salmista no tenía idea de la enorme cantidad de estrellas que ha descubierto la astronomía moderna, pero sabía de dónde vienen todas.
La reunión de las aguas y el uso de los abismos como depósito (7) se remonta a la separación de la tierra seca y el mar en los actos creadores originales de Dios (Gn. 1:9–10). El uso del tiempo presente sugiere que la acción creadora de Dios es una actividad constante suya, por medio de la cual sostiene el universo (“sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”, He. 1:3). Moffatt traduce el versículo 7 de la siguiente manera:

Soporta las aguas como dentro de una bota,
almacena el sobrante en los abismos más hondos.

En vista de tal majestuoso poder, Tema a Jehová toda la tierra (8). El significado se pone de manifiesto de manera clara en la segunda línea, paralela, de este versículo: Teman delante de él todos los habitantes del mundo.

Porque fue él quien habló y la tierra fue,
fue a su llamado que vino a ser (9, Moffatt).

2. Dios en la historia (33:10–17)
El salmista pasa del poder de Dios que se manifiesta en la creación a su soberanía en la historia. Aquí nota que hace nulo el consejo de las naciones (10; goyyim: los gentiles). “El hombre propone, pero Dios dispone.” Consejo significa los propósitos o planes. En contraste con los propósitos de los gentiles y los planes del pueblo el salmista propone considerar los planes y propósitos de Dios (11), el consejo de Dios (11) y los pensamientos de su corazón. La nación cuyo Dios es Jehová puede considerarse bienaventurada (12), pues está del lado de Dios. Las palabras que poseían un significado muy especial para el pueblo que él escogió tienen aún un significado mayor para aquellos que, en Cristo, son “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (1 P. 2:9).
Dios mantiene vigilados a todos los hijos de los hombres (13). Por haber hecho del mismo modo el corazón de todos ellos (15) puede conocer y evaluar con justicia todas las obras humanas.

El que hizo solo sus mentes
toma noticia de todas sus acciones (Moffatt).

El militarismo abierto y beligerante recibe una justa reprensión en 16–17. Los grandes ejércitos, el poder militar, enormes armamentos y mucha fuerza son insuficientes para garantizar la seguridad de una nación, y esto vale tanto para aquel entonces como para nuestros días. Las palabras proféticas del “Recesional” de Rudyard Kipling, compuesto en ocasión del Jubileo de Diamantes de la reina Victoria, en junio de 1897, son una válida aplicación moderna de estas palabras:

Convocadas desde lejos, nuestras naves se desvanecieron;
En las dunas y las playas se hunde el fuego—
Mira toda nuestra pompa de ayer,
Idéntica a Nínive, o Tiro.
Juez de las naciones, prolonga nuestro tiempo,
No sea que olvidemos —no sea que olvidemos.

Porque es pagano el corazón que confía
Ensordecedor cañón, en filo metálico,
Todo ello valeroso barro que construye sobre barro,
Y estando en guardia, no te invoca para que Tú guardes.
Por la vanagloria frenética y la palabra vana,
Ten misericordia de tu pueblo, Señor.
Amén.

3. Dios en la redención (33:18–22)
El Dios de la creación y el Señor de la historia es conocido a los suyos como su Redentor. El ojo de Jehová (18), jamás oscurecido, siempre despierto, contempla siempre a los que le temen y esperan en su misericordia —“hacen descansar su esperanza en tu bondad” (Moffatt). El libra sus almas de la muerte (19) cuando azotan la peste o la sequía, y sostiene su vida en tiempo de hambre. En tranquila confianza el pueblo espera a Jehová (20), quien es al mismo tiempo ayuda y escudo de quienes confían en su santo nombre (21). El gozo de la esperanza se describe muy bien en aquel pasaje de Pablo donde leemos: “Por (nuestro Señor Jesucristo) también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Ro. 5:2).


Salmo 34: UN SALMO DE LIBERACION, 34:1–22

El Salmo 34 es uno de los favoritos de todo el mundo y se cuenta entre los más hermosos de todo el salterio. Es, propiamente, una canción de la liberación que experimenta el creyente del temor, el peligro, la angustia y la aflicción (vv. 4, 7, 17, 19). El título lo atribuye a David, “cuando mudó su semblante delante de Abimelec, y él lo echó, y se fue”. Esta es una referencia a 1 Samuel 21:10–13, traído a colación, probablemente, como ejemplo del tipo de liberación que se tiene en mente. El salmo es alfabético, o acróstico, en cuanto cada versículo comienza, sucesivamente, con cada una de las letras del alfabeto hebreo (excepto, en este caso, que la vau no aparece y hay dos pe, que es la decimoséptima letra, y que ha sido agregada al fin; véase también Salmos 9, 10 y 25).

1. Alabanza (34:1–6)
El poeta proclama su propósito de alabar a Dios en todo tiempo (1). El término bendeciré (barak) deriva de una raíz que significa arrodillarse o postrarse; por lo tanto significa reconocer, adorar, alabar, dar las gracias. Escuchando narrar las cosas que Dios ha hecho los mansos … se alegrarán (2). Engrandeced a Jehová (3) probablemente signifique engrandecerlo ante los demás contando hablando con ellos acerca de su grandeza. El nombre de Dios es exaltado y su poder salvador se da a conocer a los hombres.
La exhortación a la alabanza es reforzada por el testimonio personal de que ha sido liberado de todos sus temores (4). El temor contradice la fe en la bondad de Dios, pero el “temor de Dios” destruye todos los temores y ansiedades antinaturales. Todos los que, como el salmista miraron a él fueron alumbrados (5). Una notable traducción de esta línea es la que dice: “Miraron a él e irradiaron luz” (véase ASV, RSV, Berk.). Moffatt la traduce: “Miradlo y vuestros rostros brillarán de gozo.” Esta es la luz y hermosura de la personalidad cristiana. Vuelve a resonar la nota personal: Dios libra a su siervo de todas sus angustias (6); esto no significa que no encontrará más situaciones conflictivas, sino que será librado en ellas.

2. Providencia (34:7–10)
La providencia que hace Dios para todas las necesidades humanas es completa y supera todo lo que pueda encontrarse en la naturaleza. El ángel de Jehová (7) aparece mencionado aquí por primera vez en los Salmos (véase 35:5–6). No se trata de un ángel cualquiera, sino de esa Presencia característica de Dios que al mismo tiempo puede identificarse con Dios mismo pero, sin embargo, debe distinguirse de El (véase Gn. 16:7, 13; Jue. 13:21–22; Os. 12:4–5). Muchos ven en este ángel del Jehová una manifestación pre-encarnada de la Segunda Persona de la Trinidad. Sobre acampa alrededor véase 125:2. Gustad y ved (8) es una forma de invitar a la experiencia personal, en el lenguaje del Antiguo Testamento. Si se gusta, se ve. Si no se gusta, no puede verse que Dios es bueno. “El gustar viene antes; porque la experiencia espiritual conduce al conocimiento espiritual, y no a la inversa. David desea que otros, como él, puedan experimentar lo que él ha experimentado, a fin de que sepan lo que él sabe: que Dios es bueno.”
Nada hay en el orden natural que pueda igualar la seguridad del pueblo de Dios. Nada falta (9) significa ninguna necesidad, carencia o empobrecimiento. Otra forma de la misma raíz se encuentra en el versículo 10 y en 23:1. La mano providente del Padre cubre todas las posibles necesidades. Aun cuando los leoncillos, en la cumbre de su poder para capturar su presa, necesitan, y tienen hambre … los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien (10).

3. Práctica (34:11–14)
La última mitad del salmo se dedica a la instrucción ética. A la manera de los escritores de sabiduría, el autor se dirige a su auditorio con las palabras: Venid, hijos, oídme (11; comparar Pr. 1:8; 2:1; 3:1; 11; etc.). El temor de Jehová es el término que en el Antiguo Testamento designa a la verdadera religión. Es el motivo central en el libro de los Proverbios. Allí, como aquí, “por ‘temor de Jehová’ debemos entender todo lo que significa piedad, es decir, una relación recta con Dios. Es lo más cerca que llega el pensamiento hebreo a lo que nosotros denominamos ‘religión’. El término lleva implícito el significado de una actitud correcta hacia Dios y la expresión práctica de esta actitud en la vida cotidiana del creyente”.
¿Quién es el hombre que desea vida? (12) es una pregunta retórica que significa “todo aquel que desea la vida y el bien”. Las instrucciones son explícitas: La lengua y los labios (13) deberán evitar el mal y hablar engaño (13; mentiras, hipocresías). Hay que apartarse del mal y buscar el bien (14). El varón de Dios debe buscar la paz (shalom, que incluye también las ideas de bienestar, salud, plenitud, perfección —véase He. 12:14). Más que el legalismo del judaísmo posterior, se trata aquí de las pautas de una buena vida según el Antiguo Testamento.

4. Protección (34:15–22)
La constante recurrencia, en todo el salterio, de la promesa de protección contra los peligros de la vida es un recordatorio de la inseguridad de la existencia humana separada de la fe en Dios. Los ojos de Jehová (15; su vigilante cuidado) y su disposición a escuchar al clamor de ellos son, aquí, exaltados. Del mismo modo, se subraya el juicio de Dios que cae sobre los que hacen mal (16). Con respecto al versículo 17 véase comentario sobre 6.
El Señor está cerca de los que sufren y de los que humildemente hacen penitencia (18), un pensamiento que encuentra ecos a todo lo largo del salterio (véase, especialmente 51:17). Jehová libra al justo de sus muchas aflicciones (19). Alguien ha comentado: “Prefiero mil veces tener muchas aflicciones y ser librado de ellas que padecer sólo una docena y estar empantanado en ellas.” Los huesos (20) son el marco estructural del cuerpo físico. Por lo tanto, él guarda todos sus huesos significa que Dios preserva el poder de todo el hombre. Matará al malo la maldad (21) equivale a decir que la paga del pecado es la muerte (Ro. 6:23). Serán condenados es, literalmente, “serán culpables” (asham). El odio y la animosidad así como todas las acciones violentas a las que conducen estas emociones, están bajo el juicio de Dios (Mt. 5:21–22; 1 Jn. 2:9–11; 3:15). Jehová redime (22) está en tiempo presente continuo: “Jehová está redimiendo.” La salvación no solamente es instantánea sino también continua. Condenados, como en el versículo 21, es “culpables” (asham).


Salmo 35: ORACION PARA EL MOMENTO DE PELIGRO PERSONAL, 35:1–28

Este es el primero de los salmos imprecatorios (véase introducción, “Clasificación de los Salmos”) que habrá de encontrarse en el libro I. Recibe esta clasificación, principalmente, a causa de los versículos 3–8, 25–26. Sin embargo, el acento principal de este salmo está en la lamentación, que profiere el salmista, en un momento de peligro, y en su potente pedido de ayuda a Dios. Morgan comenta: “Hay agonía en esta canción. El cantante está asediado por sus enemigos. Están luchando con él, midiendo con él sus fuerzas. Están tramando una emboscada para atraparlo. Cuidadosamente, tienden una red para apresar sus pies … Antes de criticar al autor por su actitud hacia sus enemigos, imaginémonos en su lugar. No puede decirse, por cierto, que el nivel de realización espiritual iguala, en este salmo, el de muchos otros. Pero uno de los grandes valores de esta colección es revelarnos cómo, bajo todas las circunstancias, el alma puede elevarse a Dios.”
Sin embargo, Oesterley señala con acierto que “Pese a la agraviante ofensa que el salmista ha sufrido, en ningún lugar expresa la intención o el deseo, siquiera, de vengarse de sus enemigos y de aquellos que lo han traicionado; es normal que desee que sean castigados; pero esto queda totalmente en las manos del Omnipotente; recordamos Romanos 12:19: ‘Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor’ (comparar con Dt. 32:35). Esta actitud sincera de colocar el problema en las manos del Dios omnisciente, da testimonio de una verdadera honestidad de la creencia religiosa.”
El salmo se divide en tres principales secciones, cada una de las cuales concluye con un voto de acción de gracias (1–10, 11–18, 19–28). Su título hebreo dice simplemente “Salmo de David”.

1. Ruego (35:1–10)
El salmista pone su caso delante del Señor en un elocuente alegato de revindicación. Es víctima de las agresiones y la oposición, y con urgencia pide a Dios que lo defienda contra sus enemigos. La imaginería de los versículos 1–3 proviene del campo de batalla: pelea … combaten … escudo … pavés … la lanza. El escudo era un pequeño escudo de brazo y el pavés uno más grande que cubría el cuerpo entero.
Saca (3) denota la extracción de armamentos de un depósito. La segunda parte de esta línea es oscura y ha dado lugar a diversas interpretaciones. Algunos entienden que se exhorta al uso de otra arma que hasta aquí no ha sido mencionada, quizá una jabalina (así en la RSV) o un hacha de combate (Moffatt). Sin embargo, la Versión Berkeley arma una traducción verosimil de esta dificultosa construcción hebrea cuando dice: “Entra para salir al encuentro de mis perseguidores.” “Prepara la lanza y la jabalina para enfrentar a mis perseguidores” (Anchor). Cierra, en la Reina-Valera 1960 significa “cerrar la formación” para a su vez “encerrar” a los perseguidores. Salvación, tal como se usa aquí, es un ejemplo de la amplitud del término. Véase el comentario sobre 3:8. Avergonzados y confundidos … vueltos atrás y avergonzados (4) sigue con la imagen del campo de batalla. El enemigo debe ser derrotado y perseguido, como el tamo delante del viento (5), por un camino tenebroso y resbaladizo (6), por el ángel de Jehová.
En el versículo 7 la metáfora cambia y ahora se toma el símil del cazador y su presa: red … cavaron hoyo. Sin que mediara provocación de su parte, los enemigos de David (Saúl y sus seguidores pueden muy bien ser los enemigos que se tiene en mente aquí) le dieron caza con todo el sigilo y la habilidad del trampero. Pero el mal se destruye a sí mismo y la red atrapará al cazador (8). En la línea donde dice sin que lo sepa, Moffatt interpreta “Que la ruina lo sorprenda a él”.
Esta sección concluye con un voto de acción de gracias que es típico de la conclusión de la mayoría de los salmos de lamentación. El salmista espera la intervención divina, con la cual su alma se alegrará en Jehová (9), regocijándose en su salvación. Todos mis huesos (véase comentario sobre 34:20) dirán: Jehová, ¿quién como tú, que libras al afligido del más fuerte que él? (10).

2. Peligro (35:11–18)
David vuelve al recital de sus peligros. Ha sido objeto de infamantes calumnias mentirosas (11); sus buenas acciones fueron pagadas con males, para afligir —literalmente “acosar, desnudar, despojar o empobrecer”— a mi alma (12). La actitud de sus enemigos de ninguna manera reflejaba su propia actitud hacia ellos. Cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio (13) —un símbolo tradicional de duelo— y ayunó y oró por su salud. Mi oración se volvía a mi seno puede interpretarse como una descripción de la actitud física de alguien que encorva su cabeza hasta que toca con ella el pecho, mientras eleva su oración, o como la constatación del hecho de que la oración elevada a Dios no es recibida por este a causa de la rebelión de aquellos por los que se está pidiendo. Kirkpatrick sugiere, y probablemente su interpretación sea la más adecuada, que aun cuando aquellas oraciones no beneficiaron a aquellos en cuyo nombre se las ofreció, regresaron como bendición al que tuvo el buen gesto de elevarlas a Dios. La conducta de David, en todos sus aspectos, ha sido la de un compañero y un hermano (14); su preocupación fue tan grande como la del que trae luto por madre.
Sin embargo estas mismas personas se alegraron por la adversidad del salmista, cuando se invirtió la situación (15). Se juntaron contra mí gentes despreciables es, en hebreo, una oración que ha dejado perplejos a los traductores. Despreciables significa “parias”, “marginados de la sociedad”. Se han ofrecido varias traducciones posibles de este término, ASV prefiere “castigadores”, RSV “lisiados”, Berk. “calumniadores” (Jerusalén “extranjeros”). El significado es claro en un sentido general. Siendo inocente de todo mal, el poeta es traicionado por aquellos que consideraba sus amigos, quienes se han vuelto contra él profiriendo mentiras calumniosas que lo perjudican. Crujieron contra mí sus dientes (16) es una figura del idioma que Harrison interpreta de la siguiente manera: “Despedazaron mi reputación incesantemente.”
Esta sección también termina con una oración y una promesa. Señor, ¿hasta cuándo? (17) es el clamor del alma acosada por los conflictos. Dios no parece ser más que un espectador impasible. El alma involucra la totalidad de la persona, la vida. Los leones son los salvajes oponentes del salmista. La promesa, condicionada por la liberación, anuncia te confesaré en grande congregación; te alabaré entre numeroso pueblo (18). El término en grande congregación significa la multitud de los adoradores. Numeroso pueblo, en cambio, significa literalmente “una nación poderosa”.

3. Prospecto (35:19–28)
Aun cuando el salmista regresa a su queja y oración, el tono es ya un tanto más calmo. Le preocupa que sus enemigos vayan a alegrarse por su infortunio (19) y que guiñen el ojo en un gesto que denota el regocijo de su malicia injustificada. En general, la conducta de estos enemigos consiste en pensar palabras engañosas (20) … contra los mansos de la tierra; según Moffatt, “empollan habilidosos planes contra los pacíficos”. En un gesto de burla, ensancharon … su boca (21), exclamando con satisfacción, ¡Ea, ea, nuestros ojos lo han visto!, significando que fueron testigos de la caída del objeto de su envidia.
David apela a Jehová para que Este pronuncie un justo juicio (22–24). No quiere que los malos designios en su contra triunfen (25), y espera que sus enemigos sean avergonzados y confundidos (26). Por otro lado, desea que quienes están a favor de mi justa causa (27) puedan regocijarse ante la evidencia de que Jehová … ama la paz de su siervo. El salmo concluye con el acostumbrado voto de acción de gracias (28).


Salmo 36: MALDAD Y SABIDURIA, 36:1–12

El Salmo 36 es uno de los “salmos de sabiduría”, con el característico contraste entre dos modos de vida, el de la maldad, por un lado, y el de la sabiduría por el otro. El título dedica el salmo “al músico principal”, y lo identifica como “salmo de David, siervo de Jehová”, del mismo modo que en la nota introductoria al Salmo 18.

1. La corrupción de los impíos (36:1–4)
Los versículos 1–4 describen el carácter del hombre impío, que ha elegido deliberadamente el mal. La iniquidad del impío me dice … (1) es descripta por Oesterley como “La personificación de la Transgresión, (que) tal como la encontramos aquí es única en los Salmos. Se la representa como un demonio que susurra la tentación en el corazón de aquel que está preparado para escucharlo, es decir, el pecador. No se trata aquí del ateísmo, como en el Salmo 53:1. ‘Dice el necio en su corazón: No hay Dios’ (14:1); es aún peor, pues si bien se reconoce la existencia de Dios, se le atribuye indiferencia hacia su propio honor”. Al corazón probablemente deba leerse como en la LXX “a su corazón”. La satisfacción consigo mismo del malvado se refleja en que se lisonjea (2). De que su iniquidad no será hallada y aborrecida puede interpretarse, como en la RSV y en Moffatt, como que la persona impía se engaña pensando que su maldad nunca se descubrirá, o como en la KJV y Berkeley, en el sentido de que la complacencia del malvado será demolida cuando los resultados de sus pecados vuelvan sobre él como castigo. Se describe en términos muy vivos la total depravación del alma vendida al pecado: Las palabras de su boca son iniquidad y fraude (3) … ha dejado de ser cuerdo y de hacer el bien. Medita maldad (4; avon: iniquidad, corrupción) sobre su cama (4) … está en camino (adopta un curso de acción) no bueno, el mal no aborrece (en el sentido en que hasta llega a deleitarse en él). Este último elemento de la descripción Anchor lo traduce: “Jamás rechaza el mal.”

2. El carácter de Dios (36:5–9)
El pensamiento del salmista abandona el carácter de los impíos para concentrarse, ahora, en el adorable carácter de Dios. La misericordia, la fidelidad (5), la justicia y los juicios (6; mishpat: decisiones, ordenanzas) de Dios constituyen la base de la gracia que conservan al hombre y al animal. A causa de la excelencia de la misericordia (7; chesed: un amor duradero y fiel, gracia; véase comentario sobre 17:7) de Dios, los hijos de los hombres de amparan bajo la sombra de tus alas. Esta es una hermosísima metáfora (que recurre a elementos bien conocidos por todos nosotros) de la protección y el cuidado (91:4; Mt. 23:37). Se asegura abundante satisfacción a todos los que comparten las cosas buenas que Dios provee, y que aprendan a gozar de lo que a El agrada (8). Grosura significa “abundancia” (RSV).

Porque en tu presencia está la fuente de la vida
y en tu sonrisa tenemos la luz de la vida (9, Moffatt).

3. Extensión en la gracia (36:10–12)
El salmo concluye con una oración en la que el salmista pide la extensión de la misericordia (10; chesed, como en el v. 7) y la justicia hasta aquellos que conocen al Señor y son rectos de corazón. El salmista ruega: No venga pie de soberbia (los insolentes) contra mí (11), en el sentido que lo pisoteen. Los hacedores de iniquidad (12), por otro lado, serán derribados y ya no podrán levantarse más.


Salmo 37: LOS JUSTOS Y LOS MALVADOS, 37:1–40

El Salmo 37 es otro salmo de sabiduría (véase la introducción al Salmo 36). Titulado simplemente “Salmo de David”, es uno de los tres salmos que se ocupa del muy difícil problema de la prosperidad de los malos. Una gran parte de la literatura de sabiduría (en particular el libro de Job) se dedica a la consideración de este tema. Aquí se sugiere que la prosperidad de los malos es solamente temporaria. La clave de este salmo es la recomendación con que comienza: “No te impacientes.”
Este es otro salmo alfabético o acróstico, con la característica adicional de que cada una de las letras del alfabeto hebreo inicia sucesivamente cada una de las líneas impares, resultando así que bajo cada letra tenemos dos líneas del poema. La mayoría de los pares de versos presentan un pensamiento completo y son independientes del resto, como si se tratara de proverbios individuales (compárese con Pr. 10:1–22:16). Si bien no es posible ofrecer un bosquejo de este salmo que sea satisfactorio, sí se pueden notar sus cuatro divisiones, cuyos títulos serían: Compromiso (1–11); Catástrofe (12–22); Confianza (23–31); Contraste (32–40).

1. Compromiso (37:1–11)
En toda esta sección el salmista se dirige al alma del justo, perpleja por las desigualdades de la vida (véase 7). Su pensamiento clave es que el compromiso con Dios contribuye al contentamiento y a la serenidad aun cuando se enfrentan cara a cara las contradicciones de la experiencia. Los fieles no han de impacientarse (1) a causa de los malignos y de los que hacen iniquidad. Estos serán pronto cortados … como la hierba verde (2). Los que confían en Jehová y hacen el bien tienen asegurada la vivienda y el alimento (3). Los que se deleitan en Jehová tendrán las peticiones de su corazón (4) —una promesa tan amplia como Juan 14:13 y 15:7, que se basa en el hecho de que aquellos cuyo deleite es Dios desearán su voluntad por encima de cualquier otra cosa. Lo esencial en una vida piadosa es encomendar a Jehová el propio camino (5), poner de manifiesto la justicia de sus juicios (6), guardar silencio (descansar en paz) en la presencia de Dios (7) y negarse a buscar la propia revindicación (8). Encomienda … tu camino (5) significa literalmente “rueda tu camino sobre el Señor”. Tu justicia como la luz (6) expresa el concepto de que así como la luz va siendo cada vez más fuerte a medida que avanza el día, la justa causa del pueblo de Dios será cada vez más claramente revindicada a medida que pase el tiempo. No te excites en manera alguna a hacer lo malo (8) debiera leerse, siguiendo a Moffatt: “No te excites —eso sólo conduce al mal”. La Biblia Anchor traduce: “No acumules excitación, esto sólo podrá acarrearte daño.” La excitación, la ansiedad, la impaciencia y la envidia son todas trampas del mal.
La solución del salmista para el problema de la prosperidad de los malos cuando los justos sufren, vuelve a aparecer en 9–10, tal como en 2. Las disparidades de esta vida son solamente temporarias. Muy pronto el mal recibirá su justa recompensa. En contraste, los que esperan en Jehová (9) y los mansos (11) heredarán la tierra (véase Mt. 5:5). Vivirán con abundancia de paz.

2. Catástrofe (37:12–22)
En todos los versículos de esta sección (excepto dos) se describen los desastres que esperan a los hacedores de iniquidad. Maquina el impío contra el justo (12) y monta en ira contra él. Pero el Señor se reirá de él (13) porque sabe que se aproxima el día de su juicio. La espada desenvainada del impío (14), que se alza contra el piadoso entrará en su mismo corazón (15), sus otras armas serán quebradas. Es posible que el hombre justo posea poco (16), sin embargo, esta escasez es mejor que las riquezas de muchos pecadores juntas. Los brazos (una metáfora que denota las fuerzas, el poder) de los impíos serán quebrados (17); pero Jehová sostiene a los justos. El versículo 18, según lo traduce Moffatt, se leería: “Las riquezas del recto son el cuidado del Padre Celestial, sus posesiones duran para siempre.” En los tiempos difíciles Dios suplirá sus necesidades (19; véase Fil. 4:19), y esta es la mayor seguridad con que puede contarse en la tierra o en el cielo. Los impíos (20) gozan sólo de una existencia transitoria, como la grasa de los carneros (que es quemada en los sacrificios y se disipa en el aire bajo la forma de humo). Prosperan por medio de negocios deshonestos, mientras que el justo (21) cree que “más bienaventurado es dar que recibir” (Hch. 20:35). El resultado final de la vida depende de la relación del hombre con su Hacedor, y de su Hacedor: de si es un bendito de él o un maldito de él (22).

3. Confianza (37:23–31)
Del mismo modo como la sección precedente se interesó en la catástrofe que espera al malo, ésta presta preponderante atención a la confiada seguridad del justo. Los malos son mencionados sólo una vez (28). Por Jehová son ordenados los pasos del hombre (bueno; 23). George Muller, de Bristol, solía decir aquí que Dios también ordena los momentos en que el hombre debe detenerse —aquellas inesperadas acciones de la providencia que a veces obligan a los mejores hombres a no actuar en un momento crítico. Moffatt tiene una extraordinaria traducción del versículo 24. “Puede tropezar, pero nunca cae, porque el Eterno lo sostiene de la mano.” El salmista es testigo personal de la perfecta providencia de Dios que nunca falla (25). La descendencia (25, 26, 28) son los hijos. Todo irá bien a través de las vicisitudes y los cambios de la vida con el pueblo de Dios (28–30). El justo es misericordioso (26) y lo caracteriza la generosidad. Vive de manera recta (27). Su conversación es sabia y justa (30). El secreto es que la ley de su Dios está en su corazón (31; véase Jer. 31:33; He. 10:16); por tanto, sus pies no resbalarán.

4. Contraste (37:32–40)
El agudo contraste entre las actitudes actuales y los destinos futuros del justo y del impío corre todo a lo largo del salmo. Esta sección final, es una culminación de ese contraste. El impío se opone al justo constantemente (32), pero Jehová no abandona nunca a los suyos ni los condena cuando son juzgados injustamente por los hombres (33). Se estimula a los siervos fieles de Dios para que esperen en Jehová y guarden su camino (34). Todavía han de ver (35) la justicia de Dios. Del mismo modo como el salmista extrajo ejemplos de su propia experiencia para confirmar el cuidado providencial del pueblo por parte de Dios (25), recurre ahora a su observación directa para ilustrar el carácter transitorio del poder de los impíos (35–36). Un historiador resumió “la evolución de un dictador” en tres palabras: Héroe, Demonio, Nada. El laurel verde (35) es interpretado por muchos traductores contemporáneos como un “cedro del Líbano” o “libocedro”. Los contrastantes finales de la vida del malvado y del justo se resumen en 37 y 38 (comparar con Ro. 6:23). El Señor es para su pueblo: (1) Salvación; (2) Fortaleza en el tiempo de la angustia; (3) Ayuda, por cuanto en él esperaron (39–40).


Salmo 38: LA ORACION DEL PENITENTE, 38:1–22

El Salmo 38 es el tercer salmo penitencial (comparar con 6 y 32). Se titula, “Salmo de David, para recordar”, o “como memorial”, una expresión que se encuentra también en el epígrafe del Salmo 70. Su tema es la intolerable carga del pecado y la culpa. Junto con los Salmos 6, 51 y 32 se relaciona, tradicionalmente, con el pecado que David cometió con Betsabé. Delitzsch sugiere que el orden cronológico de los cuatro salmos que están relacionados con este episodio sería 6, 38, 51 y 32. Morgan comenta, “Las circunstancias del salmista eran desesperantes. Sufría de alguna terrible enfermedad del cuerpo, mientras sus amigos lo habían abandonado y sus enemigos lo perseguían. La amargura más profunda de su alma se debía a su avasallador sentimiento de impureza moral. Reconoce que todos sus sufrimientos eran el castigo y la lección que merecía de parte de Jehová por su pecado. Este sentimiento de pecado lo aplastaba y en su miseria clama a Jehová”.101

1. El castigo por sus pecados (38:1–8)
El salmista se siente enfermo en el cuerpo y en el alma. Ambas enfermedades son, y él lo sabe, el resultado directo de su pecado. Interpreta su sufrimiento como la iracunda lección y castigo por parte de Dios (1–3). Sabemos (gracias a Job 2:7–10) que la enfermedad no siempre es el resultado del pecado del individuo que la sufre. Pero sabemos que a veces lo es, según 1 Corintios 11:30 y Santiago 5:15. Mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza (4) también podría traducirse, “Mis iniquidades me han superado” (Moffatt). La carga era demasiado pesada para poderla llevar. Hieden y supuran mis llagas (5) —véase Isaías 1:5–6. Humillado y enlutado todo el día (6), debilitado y molido en gran manera (8) el salmista clama en su agonía. El lenguaje expresa aquí, en una vívida metáfora, la corrupción del pecado.

2. Abandonado por sus amigos (38:9–14)
Se suma a la miseria del penitente el hecho de que sus amigos y parientes lo han abandonado, y que sus enemigos se han reunido para aprovecharse de su condición. Dirige sus deseos y suspiro directamente a Dios (9). Mi corazón está acongojado (10) —“se ahoga”, “late con dolor” (ASV), “late aceleradamente” (Berk.). El salmista se siente abandonado por sus amigos y … compañeros (11) y asediado por enemigos (12). A causa de su sentimiento de pecado es como aquel que no puede escuchar ni puede hablar en su propia defensa (13–14).

3. Pedido de salvación (38:15–22)
“Los momentos más difíciles para el hombre son los mejores momentos para Dios.” En el extremo de su capacidad de soportar el dolor y la angustia, David clama: Estoy a punto de caer (17). Lejos ya de la ayuda que le pueden prestar otros, se vuelve con todo su corazón a Dios. Ya no se reprimirá más, derramará su tristeza penitente por el pecado que ha cometido: Confesaré mi maldad (18). Aun cuando había pecado, no cerró el camino que podía llevarlo de regreso a Dios. Como el hijo pródigo en Lucas 15:11–24, el salmista había perdido el buen camino pero no había olvidado dónde estaba la casa se su Padre: se compromete a seguir el bien … lo bueno (20). Concluye con una urgente petición: Apresúrate a ayudarme, oh Señor, mi salvación (22).


Salmo 39: OTRA ORACION PENITENCIAL, 39:1–13

El Salmo 39 es una secuela apropiada del Salmo 38, aun cuando técnicamente no pueda clasificárselo como salmo “penitencial”. William Taylor cree que el Salmo 39 no está incluido entre los penitenciales porque el sentimiento de pecado del autor no parece tan prominente como su compenetración del significado de la condición humana. “Reconoce su pecado, pero lo interpreta en relación con la inexpresable tragedia de lo breve y lo ilusorio de la existencia humana, que no es más que un fenómeno transitorio en el universo. Breve como su poema es, posee la capacidad, sin embargo, de revelar, sugerir, la variedad de los estados espirituales que sus reflexiones invocan: fe, rebelión, desesperación, penitencia, resignación y confianza.”
El título dedica el salmo “Al músico principal; a Jedutún”, un nombre que también aparece en los epígrafes de los Salmos 62 y 77. Jedutún aparece, junto con Hemán y Asaf, entre los directores de música del templo (1 Cr. 16:41; 25:1; etc.). El salmo se atribuye a David.

1. Silencio y discurso (39:1–5)
Sintiéndose culpable en su corazón por haber hablado contra Dios, el salmista está decidido a sufrir en silencio (1–2). Pero el fuego de su potente emoción era demasiado fuerte para que pudiera contenerse (3). Dirige su deseo a Dios, por lo tanto, para que le haga saber … mi fin, y cuánta sea la medida de mis días (4). Sepa yo cuán frágil soy. Sus días tienen fijado un término corto (5) su edad es como nada delante de Dios. Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive recibe, en Berkeley, la siguiente traducción: “Por cierto, toda la humanidad, tan confiada en sí misma, no es más que un suspiro.” Selah —véase el comentario sobre 3:2.

2. Rendición (39:6–11)
La lucha por amasar riquezas es completa vanidad (6). El salmista cree que su esperanza consiste en rendirse a los propósitos más hondos de su aflicción (7–11). Relaciona la liberación de sus transgresiones con la curación de la enfermedad física que está sufriendo.

Instruyes al hombre mortal, al castigar su culpa,
comiendo su hermosura como una polilla …
El hombre no es más que vano aliento (11, Moffatt).
Selah —véase comentario sobre 3:2.

3. Súplica (39:12–13)
Los últimos dos versículos son una fuerte súplica para que Dios oiga la oración de su siervo, su clamor y lágrimas (12); hay una intensidad ascendente en la petición. Forastero y advenedizo son dos términos técnicos que equivalen aproximadamente a lo que en nuestros días llamaríamos “extranjero residente”, que goza de la hospitalidad de un país sin tener todos los derechos del ciudadano nativo (Ex. 22:21). La idea parece ser que David y sus antepasados han gozado de la hospitalidad de Dios y, según la costumbre oriental, tienen el derecho de esperar de El sustento y protección. Experimentando la urgencia de su necesidad, pide: Déjame, y tomaré fuerzas, antes que vaya y perezca (13). Con respecto al concepto veterotestamentario de la vida después de la muerte, véase comentario sobre 6:5 y 11:7.


Salmo 40: NATURALEZA DE LA ADORACION AUTENTICA, 40:1–17

El Salmo 40 parecería ser una combinación de dos canciones separadas distintas, desde que los versículos 13–17 son prácticamente idénticos al Salmo 70. Ambos se atribuyen a David y están dedicados al músico principal. Este salmo puede ser clasificado entre los mesiánicos, porque los versículos 6–8 son usados en el Nuevo Testamento (He. 10:5–9); es decir, que por lo menos en parte hace referencia a Cristo. Por esta razón se lo utiliza a menudo en las iglesias litúrgicas como una lectura apropiada para el Viernes Santo.

1. Canción (40:1–5)
La primera parte de este salmo es una canción de alabanza a Dios por la respuesta que él ha dado a la oración del salmista. David evoca su paciente espera de Jehová (1) y la respuesta que recibiera. La acción salvadora de Dios de que el salmista ha sido objeto lo hizo sacar del pozo de la desesperación (2; literalmente un pozo que brama) cuyo fondo era cenagoso (2; pueden ser, también, arenas movedizas), y puso mis pies sobre peña. Tal liberación exige entonar un cántico nuevo (3) de alabanza a nuestro Dios. Estos versículos son la base de la famosa canción evangélica de H. J. Zelley “El me Rescató”. Feliz es el hombre que puso en Jehová su confianza (4). No mira es literalmente que “no se ha vuelto hacia…” La canción de alabanza se incorpora gradualmente en un himno de adoración que canta las maravillas (5) de Dios y sus pensamientos (sus propósitos benevolentes) en favor de su pueblo. Algunos traductores han modificado el texto hebreo de No pueden ser enumerados de tal manera que diga: “No hay otro como Tú” (véase RSV). Sin embargo, tal como lo tenemos nosotros, el texto sugiere que la cantidad y la maravilla de los designios de Dios para con su pueblo son tantos y tan grandes que ninguna mente humana sería capaz de enumerarlos y ordenarlos, sumándolos.

2. Sumisión (40:6–12)
En su contexto original estos versículos son una noble expresión de la concepción profética según la cual Dios está más interesado en la obediencia y sumisión a su voluntad que en los sacrificios y las ofrendas que prescribe el culto del Antiguo Testamento. Muchos han interpretado erróneamente estos versículos y otras afirmaciones similares en los profetas (por ejemplo Is. 1:11–15; Mi. 6:6–8) como un rechazo de la adoración en el templo, que había sido ordenada por Dios. La objeción, sin embargo, va dirigida contra el sacrificio sin sinceridad, el ritual sin verdadera justicia.
Sin embargo, para los cristianos estos versículos siempre tendrán un significado mesiánico (He. 10:5–7). Su cumplimiento final se da en el Hijo de David, nuestro Señor Jesucristo, con la excepción del versículo 12 (ver el comentario). Has abierto mis oídos (6) —con respecto a las variaciones entre el texto del salmo y el texto en Hebreos, véase BBC, tomo IX, p. 118. En el rollo del libro (7) hace referencia a la costumbre antigua de escribir los libros en rollos de papiro o pergamino, y no en páginas encuadernadas, como en la actualidad. El autor se deleita en la voluntad de Dios y declara (confiesa) su justicia en grande congregación (a multitudes; 9–10). En vista de esto pide ser continuamente preservado por medio de la misericordia y la verdad de Dios (11). Males (12; raoth) es el término más amplio que hay en hebreo para designar las cosas malas, dañinas o duras que pueden sobrevenir en la vida. Mis maldades —literalmente en el caso del salmista, figurativamente en el caso del Salvador, que “llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 P. 2:24).

3. Súplica (40:13–17)
Estos versículos, con diferencias de poca monta, son el Salmo 70. El salmista ruega ser liberado, pide socorro (13), revindicación frente a las burlas (14–15), y bendiciones para el pueblo de Dios (16). Con respecto a ¡Ea, ea! véase el comentario sobre 35:21. Asolados en pago de su afrenta (15) significa castigados como recompensa de su conducta vergonzosa. Pese a su pobreza y necesidad el salmista puede decir, Jehová pensará en mí (17) —tiene proyectados bienes para mí; porque Dios es ayuda y libertador. No tardes, como en el versículo 13, significa “Apresúrate”.


Salmo 41: BENEVOLENCIA Y TRAICION, 41:1–13

Como en el caso de otros diecisiete salmos en el libro I, el Salmo 41 está dedicado “al músico principal”. También se titula “Salmo de David”. Este salmo es primordialmente una lamentación, pero toca temas tan variados como el valor de la caridad, la penitencia por los pecados cometidos, la opresión en manos de los enemigos, la traición de los amigos y la oración por la salud. No es de maravillarse que algunos hayan cuestionado la unidad de este salmo. Sin embargo, Oesterley observa: “La ausencia de una línea lógica estricta, que también puede notarse en otros salmos de similar naturaleza, es una señal de realismo, y muestra hasta qué punto los salmistas eran seres humanos.”

1. Compasión (41:1–3)
Estos versículos describen la bienaventuranza de los que tienen compasión y consideración hacia el pobre (1). Si bien el lenguaje de este salmo es general, David probablemente piensa en su propia actitud hacia aquellos que necesitan ayuda. Las recompensas de la benevolencia son, entre otras, la liberación (1), la preservación, la bendición (2) y la fuerza (3). La preocupación por la suerte de los pobres es una de las notas permanentes de todo el Antiguo Testamento (por ejemplo, Lv. 19:9–10; 23:22; Dt. 24:19; etc.). Mullirás toda su cama en su enfermedad debería traducirse, literalmente, “Darás vuelta su cama en su enfermedad”, lo que significa que Dios convertirá la cama de enfermo en cama de salud, o de restaurador descanso.

2. Contraste (41:4–9)
Hay dos estrofas en este salmo que establecen el contraste entre el trato que el salmista recibió en su hora de necesidad y el trato que él mismo había ofrecido a otros. Los versículos 4–6 evocan una época de enfermedad, con oración en favor de la salud y confesión de pecado (4). Como anteriormente, sus enemigos se alegraron por su enfermedad y anticiparon con gozo la posibilidad de su muerte (5). Aun los que vinieron a visitarlo aparentando estar preocupados por su estado de salud, hablaron mentira (6), o sea que hipócritamente manifestaron esperanzas de verlo prontamente mejorado.
La segunda estrofa es patética de un modo especial por su relato de la traición. Se lanzó contra él una campaña de murmuraciones. Contra mí piensan mal (7) quiere decir que estaban tramando hacerle algún daño. Cosa pestilencial se ha apoderado de él (8) ha sido interpretado por Moffatt como “Maldiciones corren por sus venas”. Aun el hombre de mi paz (un amigo íntimo) sería, según M’Caw, Ahitofel (2 S. 15:12, 31). El que de mi pan comía expresa la obligación en que incurría un huésped, según las normas de la hospitalidad oriental. Alzó contra mí el calcañar quizá quiere decir que aprovechó su proximidad para hacerle una zancadilla y hacerlo caer (por eso Moffatt traduce: “me hizo caer con fuerza”). Este versículo aparece citado en Juan 13:18, como una referencia a la traición de Jesús por Judas.

3. Llanto y confianza (41:10–13)
El salmo concluye con una oración final y la expresión de la fe del salmista. El autor ruega ser sanado, Hazme levantar, y les daré el pago (10). Esta no es la manera habitual de expresar el deseo de ver que los malos reciban su castigo. Por lo general la venganza se deja a Dios. Sin embargo, si el trasfondo de este salmo es la insurrección de Absalón, David, como rey, puede haber sentido correctamente que su deber era administrar la justicia sobre aquellos que lo habían traicionado. Aun la supervivencia, en esas circunstancias, hubiera sido una señal suficiente del favor divino (11). El poder del salmista es la sonrisa de Dios (12). Me has hecho estar delante de ti para siempre ha sido traducido como “Me has permitido instalarme frente a ti permanentemente” (Moffatt).
El versículo 13 es una doxología, agregada aquí para terminar el libro I. Lo mismo ocurre con todos los otros libros del salterio, excepto el V que tiene como doxología todo el Salmo 150. Snaith sugiere que “Bien puede haberse usado, aunque en un período posterior, como conclusión de cada uno de los salmos de libro, y este es probablemente el origen de la costumbre actual de siempre terminar la lectura o el canto de los salmos con el Gloria”. La bendición de Dios es por los siglos de los siglos —desde la eternidad anterior al principio hasta la eternidad después del fin. Amén y Amén es la respuesta de la congregación: “Así sea”, o “Que sea de este modo”. La repetición intensifica el significado. Amén deriva de un término hebreo que significa “verdadero, fiel”. Pasó directamente al griego del Nuevo Testamento, donde, a veces, se traduce en castellano por “de cierto” o “verdaderamente”. Por lo general no se traduce, sino que la leemos en castellano como una simple transliteración del hebreo del Antiguo Testamento o el griego del Nuevo.

Sección II Libro Segundo: Los Salmos del Templo Salmos 42–72


El libro segundo de los Salmos incluye los salmos del 42 al 72. De los 31 salmos que contiene, solamente 18 se atribuyen a David —en contraste con el libro I, en el cual David es el único autor que se menciona (véase Introducción). El libro II es parte de lo que se conoce como “el salterio eloísta”, pues en él se utiliza para Dios el nombre de Eloim, “Dios”, y no el de Yahweh, Jehová o “el Señor” (véase introducción). Un sub-grupo importante es el que integran los salmos 42–49, que llevan la inscripción “de (o por) (o para) los hijos de Coré”. Norman Snaith ha hecho la astuta sugerencia de que este grupo pudo haber sido puesto fuera de lugar cuando se hizo la colección final de los salmos. Si los salmos 42–50 se sacan de su ubicación actual y se los coloca entre los salmos 72 y 73, todos los “Salmos de Asaf” (véase la Introducción al Salmo 50 y la del libro III) quedan reunidos y vienen inmediatamente después de los “Salmos de los Hijos de Coré”.


Salmos 42–43: LOS ANHELOS PROFUNDOS DEL ALMA, 42:1–43:5

Es virtualmente unánime, entre los comentaristas, la opinión de que originalmente los Salmos 42 y 43 formaban un solo poema. Muchos manuscritos hebreos que todavía existen los combinan, y el Salmos 43 es el único en el libro II, que no tiene título. El poema, en su conjunto, es un salmo de lamentación, y 42:5, 11 y 43:5 son versículos idénticos que sirven como una especie de estribillo del conjunto. Las ideas que aparecen en ambos “salmos” son similares, y la frase “¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?” (42:9) se repite en 43:2. Los consideraremos como una misma producción.
El título del Salmo 42 contiene la frase muy conocida, “Al músico principal”. También describe el salmo como un “masquil” (véase la introducción al Salmo 32), “de los hijos de Coré”, que aparecen en 1 Crónicas 9:19; 26:1, 19 como integrantes de un gremio de servidores del templo. Hemán, uno de los descendientes de Coré (1 Cr. 6:33–38), era antepasado de un grupo de cantores del templo que organizó David (1 Cr. 15:17; 16:41–42; 25:4–5). En total, hay once salmos que contienen en sus epígrafes referencias a los “hijos de Coré” (además de aquellos en este grupo, véase 84, 85, 87, 88).
Morgan escribe con respecto al Salmo 42: “Esta es la canción de un exiliado y, más aún, de un exiliado entre enemigos que no experimentan simpatía alguna hacia sus convicciones religiosas. Clama a Dios con toda la intensidad de aquel que lo conoce y está supremamente interesado en preservar el honor de su Nombre. Su mayor dolor es la inquisitoria burlona de sus enemigos con respecto a Dios. Por contraste, recuerda haber estado en medio de una multitud de adoradores, siendo dirigente y compañero de sus hermanos.”
El Salmo 42–43 se divide en tres secciones, cada una de las cuales concluye con el mismo estribillo.

1. Separación (42:1–5)
El anhelo que el alma del poeta experimenta por la comunión con Dios es tan agudo que se lo compara con la sed del ciervo (1) que busca un trago refrescante en la corriente del arroyo de montaña.

Como el ciervo, sediento en mortal desierto,
Suspira por el arroyo y el claro en la espesura,
Mi alma, pesada de trabajos y de dolor hastiada,
Anhela la presencia del Dios vivo.

Norman Snaith comenta: “El salmista está hablando de la ansiosa hambre de comunión con Dios del hombre que una vez conoció esa comunión. Aquí, este anhelo se asocia directamente con la adoración de Dios en su santuario. Aquellos, en aquel entonces o en nuestros días, a quienes no apesadumbra estar ausentes en la iglesia, nunca han sabido qué significa verdaderamente adorar a Dios. El hombre que sabe, por su propia experiencia personal cuál es el gozo de la comunión con Dios, no puede descuidar las oportunidades que se le presenten para renovar esa comunión, sea en las devociones privadas o en la adoración pública. A final de cuentas, no hay incentivo que valga para estar presente en la iglesia, fuera del hambre y sed del alma que sólo puede ser satisfecho por el Pan del Cielo. Quien así siente no puede mantenerse alejado. Su propia hambre y sed lo impulsarán.”
El Dios vivo (2) aparece por primera vez aquí, en los Salmos. La frase describe de manera sumamente adecuada el concepto veterotestamentario del Dios verdadero. Se usa por contraste con los ídolos, que eran seres vanos y vacíos, “muertos” en todo sentido de la palabra. ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? es una referencia al templo, el lugar que ha sido señalado como su morada. No se explica de manera alguna la razón del exilio que sufre el poeta, aparentemente en el monte Mizar, desde donde pueden contemplarse los picos del Hermón (véase mapa 1), sobre la margen este del Jordán (6). Esa fue la región donde huyó David durante la rebelión de Absalón. El exilio puede deberse a las acusaciones de hombres engañosos e injustos (43:1).
Fueron mis lágrimas mi pan (3) significa “En vez de comer he llorado”. De día y de noche es una expresión común que significa constantemente o de manera continuada. Entre sus cargas estaban las burlas y acusaciones de quienes lo rodeaban, ¿Dónde está tu Dios? Toda evidencia indica que inclusive Dios ha abandonado a su siervo. El recuerdo de días mejores también era una de las cargas que el salmista debía soportar. Derramo mi alma dentro de mí ha sido interpretado como, “Mi alma se derrite en su pena oculta” (Moffatt). El estribillo, que se repite en 11 y en 43:5, expresa la esperanza y convicción de que habrá de producirse la inversión de su suerte, por medio de la salvación de Dios (5), que aquí literalmente significa su rostro volteado favorablemente hacia los suyos.

2. Condenación (42:6–11)
El salmista vuelve a su lamentación, acentuando el hecho de que sus enemigos lo han condenado injustamente. En cuanto a los hermonitas, y el monte de Mizar (6) véase el comentario en torno al versículo 2. Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas (7) puede significar “El alma desea comunicarse con el alma, el espíritu con el espíritu” (Berk., nota al pie); o, según Moffatt, “A la inundación sigue la inundación, tus cataratas atruenan, tus ondas y tus olas pasan sobre mí”. La segunda interpretación se adapta mejor al contexto. En su situación desesperada el exiliado ve un rayo de luz (8) y determina insistir en su oración a Dios, su roca (9) su refugio y su fortaleza. Como quien hiere mis huesos (10) significa literalmente: “Como con un temblor en mis huesos”, que lo invalida y amenaza terminar con su vida. Diciéndome (10), véase versículo 3. En cuanto al versículo 11 véase versículo 5. Mientras que (en el texto hebreo original) en el versículo 5 se hablaba de “la ayuda de su rostro”, aquí leemos “la salud (salvación) de mi rostro y mi Dios”.

3. Restauración (43:1–5)
A lo largo de la continuada nota de lamentación, la hebra de esperanza va haciéndose cada vez más fuerte. El salmista llama a Dios para que juzgue (en el sentido de reivindicar) su caso, y que asuma su defensa contra gente impía y contra el hombre engañoso e inicuo (1). Esta segunda expresión es probable que deba entenderse como una referencia generalizada al origen de sus males, antes que como la acusación específica de un enemigo individual en particular. Con respecto al versículo 2, véase 42:9. El versículo 3, Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán, ha sido musicalizado por Charles Gounod. Tu santo monte es, literalmente, “la montaña de tu santidad”; tus moradas sería “el lugar de tu habitación”. Cuando llegue su reivindicación el salmista espera, en primer lugar, poder regresar al altar de Dios (4) en el templo. Al Dios de mi alegría y de mi gozo es traducido, por Moffatt, “mi gozo y mi deleite”. Con respecto a arpa (kinnor) véase el comentario sobre 33:2. El versículo 5 recibe atención en los comentarios sobre 42:5 y 11.


Salmo 44: FE Y HECHOS, 44:1–26

Oesterley describe este salmo como la lamentación de uno que ha quedado atrapado “entre su teología y los hechos de la vida”. Del mismo modo que el Salmo 42, lleva un epígrafe que lo dedica “Al músico principal … de los hijos de Coré” y que lo identifica como un Masquil (véase la Introducción al 42). La época era un período de derrota y penuria nacional. El versículo 11, si se lo tomara literalmente, indicaría una fecha post-exílica, es decir, algún tiempo después del 586 A.C. Si fuera de este modo, representaría las reflexiones de un alma que todavía se siente perpleja por la paradoja de ver al pueblo elegido de Dios acosado y dispersado por poderes paganos. El desastre que ha sobrevenido parece ser nacional más que individual. Puede muy bien ser la reacción de uno que, siendo inocente de toda acción pecaminosa, debe sufrir, sin embargo, junto con los culpables.

1. El pasado (44:1–3)
El salmista comienza con una revisión retrospectiva de las maravillosas obras de Dios en favor de los padres. El poeta habla en nombre de un pueblo que posee una herencia divina. Lo que tenían, según se percibe claramente, no era el resultado de sus esfuerzos ni lo que merecieron, sino el inmerecido favor de Dios.

Porque la tierra no fue conquistada por la espada de nuestros padres,
ni la victoria la ganó su brazo;
tuya fue la mano, tuyo el brazo,
tuyo el favor que sonrió sobre ellos (3, Moffatt).

2. El presente (44:4–8)
El salmista se vuelve al presente con una poderosa declaración de su fe en Dios. La liberación del pasado no bastará para el presente. Jacob (4) es un nombre poético de toda la nación de Israel. Ni el arco ni la espada (6) pueden salvar. Sólo Dios es suficiente. Has avergonzado (7) significa humillar o disminuir. En Dios nos gloriaremos (8) puede traducirse “De Dios nos gloriaremos” (Moffatt). Sobre Selah véase el comentario en torno a 3:2.

3. El problema (44:9–14)
Cuando el escritor mide las circunstancias de su pueblo, la dureza de los hechos parecen contradecir la fe. Pero nos has desechado (9) representa una abrupta transición de la historia a la realidad presente. La fuerte queja de estos versículos nos recuerda a un Job o a un Jeremías. Nos saquean para sí los que nos aborrecen (10) podría traducirse mejor: “Los que nos aborrecerían tomaron botín para ellos” (Berk.). Has vendido a tu pueblo de balde (12), es decir, lo has entregado en las manos de sus enemigos. Afrenta de nuestros vecinos (13) significa, mejor, “la burla de nuestros vecinos” (Amp. O. T.), el objeto de su desprecio y afrenta. Proverbio entre las naciones (14) es una frase que proviene del texto hebreo de Deuteronomio 28:37, y describe uno de los resultados de la desobediencia que la nación deberá sufrir. Menean la cabeza es interpretado por Moffatt como: “Las naciones, al vernos, se ríen de nosotros.”

4. Los perseguidores (44:15–21)
Frente a la amarga persecución el salmista sostiene su inocencia de todo mal. Este es el corazón del problema, tal como fue con Job. Dios parecería haber permitido que sobrevenga la persecución sin que hubiera causa alguna. Confusión (15) significa, literalmente, “deshonra” (Anchor). El pacto (17; berith) era la base de la fe hebrea; ejecutado en el Sinaí, abarcaba toda la ley y sus condiciones y exigencias. El autor afirma, por sí mismo y por sus compatriotas, no haber faltado a tu pacto; es decir, han otorgado plena conformidad a la ley de Dios, tanto en lo exterior como en lo interior (18). Para que nos quebrantases en el lugar de chacales (19) puede ser una referencia al lugar de una derrota decisiva, en el desierto, lejos de las regiones normales de habitación humana; o puede tener un significado figurativo, “Nos has quebrantado y nos hiciste morar en lugares desérticos, donde están las madrigueras de los chacales”.7 Nos cubrieses con sombra de muerte significa literalmente “nos cubrieses con una sombra mortal” o “profundas tinieblas” (RSV). La luz, en la que el pueblo había andado, ha cedido lugar a las tinieblas y la tristeza. Puesto que Dios conoce los secretos del corazón (21), “los rincones oscuros del corazón” (Anchor) se le desafía —una vez más en la tónica de Job— a señalar dónde, y si aún en el corazón o en los propósitos ocultos, el pueblo ha pecado.

5. La petición (44:22–26)
Usando palabras que serán luego recogidas por Pablo para demostrar la universalidad de la persecución (22; véase Ro. 8:36), el poeta convoca a Dios para que venga a reivindicar a su pueblo. Dios parece estar dormido (23); ha escondido su rostro y olvidado la condición de su pueblo (24). Según explica Norman Snaith, “La idea del olvido es una de las figuras literarias que adopta el salmista a fin de expresar la ‘acción retardada’ de Dios … Cuando Dios recuerda, por lo tanto, significa que está actuando … Recordar no significa ‘tomar nota y archivar para cualquier acción futura que fuera necesaria’ sino hacer memoria y actuar de manera inmediata”. Nuestro cuerpo está postrado hasta la tierra (25); la misma suerte está cerca. Por causa de tu misericordia (26) significa en nombre o sobre el fundamento de tu fiel amor (chesed; véase comentario sobre 17:7).


Salmo 45: EL NOVIO Y SU NOVIA, 45:1–17

Este es uno de los salmos reales, con un fuerte significado mesiánico. Puede interpretarse en dos niveles. Había una aplicación inmediata y local al matrimonio de uno de los reyes de Israel, de manera similar con lo que ocurre en el caso del Cantar de los Cantares. Pero hay una aplicación más elevada y universal al Rey de reyes y su esposa espiritual, tal como lo atestigua el uso, por parte del Nuevo Testamento de los versículos 6–7 (He. 1:8–9).
El epígrafe incluye cinco puntos. El salmo está dedicado al “músico principal”, y “sobre lirios” (este es, evidentemente, el título de una melodía, que también aparece en el epígrafe del Salmo 69). La canción ha sido compuesta por “los hijos de Coré” y es un “masquil” o poema didáctico (véase la introducción al Salmo 32). También se lo identifica como “canción de amores” o “canción romántica” (según se diría hoy; Moffatt, Smith-Goodspeed, RSV), una expresión que no aparece en ningún otro salmo pero que describe el carácter de este poema.

1. El novio real (45:1–9)
El salmo comienza con una declaración introductoria del autor con respecto a la inspiración del salmo que ha de seguir a continuación. Después de dar testimonio de su estado de ánimo y dedicar el salmo al rey, el autor afirma: mi lengua es pluma de escribiente muy ligero (1), que significa “un escriba muy habilidoso”, fluído y exacto.
Los versículos 2–9 describen al rey en un elogio que se le dirige. Todas estas palabras podrían referirse con propiedad a Cristo (véase la introducción al salmo). Es el más hermoso de los hijos de los hombres (2); la gracia caracteriza a su modo de hablar; goza de una eterna bendición por parte de Dios; es poderoso y valiente y posee tanto gloria como majestad (3); obtiene sus conquistas mediante la verdad, la humildad y la justicia (4); es un guerrero capaz de acumular victorias (5); su trono … es eterno, y su cetro es la justicia (6); porque has amado la justicia y aborrecido la maldad Dios lo ha ungido con óleo de alegría por encima de los demás; sus vestidos están impregnados de perfumes porque viene de palacios de marfil (8); su cortejo está compuesto por princesas y la reina está adornada con oro de Ofir (9). Cabalga sobre palabra de verdad (4), o sobre la prosperidad. Tu diestra te enseñará cosas terribles (Amp. O. T.). Tu trono, oh Dios (6) según debe entenderse teniendo en cuenta la aplicación local (véase introducción al salmo) puede interpretarse como “Tu trono divino” (RSV), o “Dios es tu trono”.9 La aplicación mesiánica en Hebreos 1:8–9 convierte estas palabras en una afirmación sin calificaciones de la deidad de Cristo. Un cetro de justicia sería el gobierno justo y equitativo. Te ungió Dios (7) para ser rey. “Ungido” es el término de dónde proviene la palabra Mesías, Mirra, áloe y casia (8) eran, en la antigüedad, la materia prima de perfumes muy fragantes. Te recrean significa, literalmente, “instrumentos de cuerda te ha alegrado”. Ofir (9) era un lugar famoso por su producción de oro muy fino, y debió estar en el sur de Arabia o en el este de Africa (véase 1 R. 9:26–28; Job 22:24).

2. La novia real (45:10–15)
A continuación el salmista se dirige a la novia real (vv. 10–12) y la describe (13–15) junto con su cortejo. Se la invita a olvidar su pueblo y la casa de su padre (10). El rey deseará su hermosura y ella lo adorará (11). Otras le traerán regalos e implorarán su favor (12). La doble aplicación se pone de manifiesto aquí (véase la introducción al salmo), pues la princesa se convierte en un tipo de la iglesia. Las hijas de Tiro ha llevado a la muy probable identificación del rey con Ahab y de su novia con Jezabel. Tiro, famoso centro del comercio en el mundo antiguo, es el origen de los regalos que eran traídos en honor del rey de Israel y su esposa.
La hija del rey resplandece de gloria en su palacio (13); está ataviada con bellísimos ropajes y la acompañan sus damas vírgenes (14). La alegría y el gozo marcan la entrada del cortejo nupcial en el palacio del rey (15), una alusión típica al gozo de “las bodas del Cordero” (Ap. 19:7).

3. La bienaventuranza real (45:16–17)
Los versículos finales describen la beatitud de la unión real. El futuro pertenece a los hijos (16) del rey y la reina. Su nombre será recordado en todas las generaciones (17) y se convertirá en objeto de alabanza eternamente y para siempre —palabras, nuevamente, que son sobradamente adecuadas cuando se las aplica al Rey Mesías.


Salmo 46: EL FUERTE REFUGIO, 46:1–11

El Salmo 46 es el primero de tres poemas con un tema común: la grandeza y suficiencia de Dios tanto ahora como en el futuro. Kirkpatrick llama a estos tres “una trilogía de alabanza”. El Salmo 46 lleva como epígrafe las palabras “Al músico principal; de los hijos de Coré”, junto con la descripción agregada de “Salmo sobre Alamot”. Esta designación se encuentra solamente en éste entre todos los salmos (véase, sin embargo, 1 Cr. 15:20) y posiblemente significa “para voces soprano”. Ha llegado a conocerse como “el Salmo de Lutero”, pues constituye, probablemente, la inspiración de su gran himno “Castillo Fuerte”.13 Oesterley y otros consideran que este es un salmo escatológico o apocalíptico, que representa “la destrucción de la tierra al fin del actual orden terrenal”. La esencia del apocalipticismo es una confianza fundamental en la victoria final de Dios y la sujeción de todas las naciones a su reconocimiento y soberanía.
El salmo se divide en tres estrofas bien delimitadas, que terminan, cada una, con un Selah. En los versículos 7 y 11 encontramos una especie de estribillo: “Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob.”

1. La protección de Dios (46:1–3)
La presencia y el poder protectores de Dios son la fuente de la valentía de su pueblo. Aunque la tierra sea removida (2) o “cambiada” (Heb.) y se traspasen los montes al corazón del mar pueden representar la destrucción y renovación apocalíptica de la tierra (véase 2 P. 3:10–13) o pueden ser una descripción hipotética de los más terribles desastres que el autor puede imaginarse. Sea cual fuere el caso, el pueblo que tiene su amparo y fortaleza (1) en Dios no temerá (2). Selah (3), véase comentario sobre 3:2. El estribillo de los versículos 7 y 11 puede haber desaparecido del 3 en el proceso de las sucesivas copias de los manuscritos.

2. La presencia de Dios (46:4–7)
La presencia de Dios en medio (5) significa la certeza de la seguridad. Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios (4), véase Ezequiel 47:1–12; Apocalipsis 22:1–2. El amanecer (5) del día eterno de Dios verá la reivindicación final de su pueblo. Sobre bramaron las naciones (6) véase el comentario a 2:1. Se derritió la tierra; comparar con 2 Pedro 3:10–12. Dios es nuestro refugio traduce una expresión hebrea que significa, literalmente, “Dios es nuestro lugar elevado”. Selah; véase el comentario sobre 3:2.

3. El poder de Dios (46:8–11)
Se desafía a los hombres a que contemplen las obras de Jehová (8). En los últimos días cesarán las guerras (9; compárese con Is. 2:2–4; Os. 2:18; Mi. 4:1–3). Teniendo en cuenta todo esto la respuesta del hombre ha de ser estar quietos y conocer (10) que el Señor es Dios y será enaltecido … en la tierra. Sobre el versículo 11 véase el comentario al 7.


Salmo 47: EL SEÑOR ES EL REY DE TODOS, 47:1–9

Segundo en una “trilogía de alabanza” (véase introducción al Salmo 46), este salmo se titula, simplemente, “Al músico principal, salmo de los hijos de Coré”. Su tema es la soberanía de Dios. Según afirma M’Caw, “Este himno festivo elabora las palabras ‘Exaltado seré en la tierra’, que aparecen hacia el final del salmo anterior. Su principal concepto es que Dios, habiendo descendido del cielo con poder y gran despliegue de fuerza para liberar a su pueblo, regresa, ahora, a su trono … El poema, por lo tanto, tiene dos temas, íntimamente relacionados entre sí. El primero es un llamado a los pueblos de la tierra, que estarían reunidos en magna asamblea, para aclamar a Jehová como rey, aplaudiendo y gritando (1) … El segundo tema es una descripción de la majestad de Dios”. Oesterley lo describe como “el acto con que culmina el drama escatológico”.17

1. El Soberano (47:1–4)
Todos los pueblos (1) son convocados para aclamar a Jehová el Altísimo (2) que es temible (“provoca terror, maravilla y pavura”, Amp. O. T.) y rey grande sobre la tierra. Que Dios es Rey es un tema muy reiterado en el Antiguo Testamento (44:4; 48:2; 74:12; 1 S. 12:12; Is. 41:21; 52:7–10). Varios comentaristas siguen la sugerencia de Mowinckel, que identifica este salmo como un “Salmo de la Entronización” (junto con los Salmos 93 y 96–99). Se supone que en el período post-exílico, cuando no tenían un rey terrenal, los judíos observaban su día de Año Nuevo como la entronización de Dios para gobernar sobre la nación, una práctica que habría sido tomada de las ceremonias del Año Nuevo babilónico en honor de su dios Marduk. Debe notarse, sin embargo, que no hay trazas de tal festividad, tanto en la Biblia como en otras fuentes judías. Puede admitirse, sin embargo, que un salmo como éste puede haber tenido una apelación especial para un pueblo que había perdido su soberanía. Dios era su Rey, y no solamente el suyo sino el de todas las naciones (3).
La hermosura de Jacob (4) puede traducirse “el orgullo de Jacob…” (Berk.). Selah, véase comentario sobre 3:2.

2. La canción (47:5–9)
La quíntupla exhortación a cantar la alabanza de Dios (6–7) es la clave para comprender el significado de esta parte del salmo. El Señor ha ascendido con júbilo y sonido de trompeta (5). Porque Dios es el Rey de toda la tierra (7), reina sobre los paganos (las naciones; 8), sentado sobre su santo trono. El versículo 9, porque de Dios son los escudos de la tierra puede traducirse, mejor, “de Dios son todos los guerreros de la tierra” (Moffatt).


Salmo 48: LA SANTA CIUDAD DE DIOS, 48:1–14

El tema del tercer salmo que integra la trilogía de alabanza (véase introducción al Salmo 46) es la alabanza de Sion como monte sagrado del Señor. Se lo denomina, en el epígrafe, “Cántico. Salmo de los hijos de Coré”. Este salmo ha sido interpretado según dos líneas principales. Se lo ha leído en el contexto de algún acontecimiento histórico, tal como hubiera podido ser la liberación de Jerusalén del sitio asirio por Senaquerib, que se registra en 2 Reyes 18–19 e Isaías 36–37. Por otro lado, puesto que Sion aparece aquí como “el gozo de toda la tierra” (2), ha recibido, también, una interpretación escatológica, que indicaría el lugar de Sion en el futuro Reino del Mesías. Oesterley sugiere que ambas interpretaciones pueden aceptarse: “Un hecho histórico sucedido forma la base, y ésta se idealiza y presenta como imagen de lo que ha de suceder en la consumación final.”
En un marco de referencia cristiano, Sion es un tipo de la iglesia, la “Ciudad de Dios” (He. 12:18–24). Lo que se afirma con respecto a Sion como emplazamiento del templo de Israel vale en relación con el templo espiritual que es la iglesia (Ef. 2:20–22; 1 P. 2:5–8).

1. La protección que el Señor ofrece a los suyos (48:1–8)
La grandiosidad de Dios es un tema adecuado para la alabanza de su pueblo. Su monte santo (1, Sion) está situado en un lugar hermoso. A los lados del norte (2) ha sido traducido por Moffatt: “Elevado y hermoso sobre el Norte.” Se trata de la ciudad del gran Rey, en cuyos palacios Dios es conocido por refugio (3). Los versículos 4–6 pueden representar la circunstancia histórica, cuando reyes extranjeros hicieron planes para asaltar la ciudad pero fueron expulsados llenos de temor (véase 2 R. 19:35–36). El control que Dios ejerce sobre las fuerzas de la naturaleza es tal que puede quebrar las naves de Tarsis … con viento solano (viento del este) (7; véase 1 R. 22:48; Jon. 1:3–16). Las naves de Tarsis podría traducirse, literalmente “naves de refinería”, los barcos de mayor tamaño y más marineros de la antigüedad, que por lo general se utilizaban para el comercio con Tarsis (Tarteso), en España. La historia y la enseñanza de los padres será confirmada por la experiencia: Dios afirmará su ciudad para siempre (8). Selah, véase comentario sobre 3:2.

2. Lecciones que deben aprenderse (48:9–14)
La protección de que hace objeto Dios a su ciudad hace pensar en su misericordia (9). La afirmación conforme a tu nombre, oh Dios, así es tu loor (10) declara que la grandeza del nombre y la naturaleza de Dios debieran estimular la más elevada de las alabanzas. Sion y sus habitantes deben alegrarse y gozarse a causa de los juicios de Dios (11), aquellos que han sido ejecutados sobre el enemigo. Los lectores son invitados a contar (12, tomar buena nota) la belleza y fortaleza de Sion, para que lo contéis a la generación venidera (13). Las torres (12) son lugares ventajosos para tener una buena visión del panorama; el antemuro (13) es una fortificación defensiva; los palacios representan, simbólicamente, al rey y sus decretos. El nos guiará aun más allá de la muerte (14) es una frase que está sujeta a algunos problemas textuales en el original. La LXX dice: “hasta la eternidad” y de allí que algunas traducciones prefieran “por siempre jamás” (Moffatt) o “para siempre” (RSV). En todo caso, se trata de una seguridad completa. No hay posibilidad de falla en nuestro guía celestial (véase 23:2–6). “Nuestro Dios eterno e imperecedero, El nos guiará por siempre jamás” (Anchor).


Salmo 49: LA MUERTE ES EL GRAN NIVELADOR, 49:1–20

Este poema es un salmo de sabiduría que desarrolla el problema de la prosperidad de los impíos y de la pobreza y aflicción que deben sufrir, a veces, los justos. Está íntimamente relacionado, temáticamente, con los Salmos 37 y 73. El Salmo 37 ha encontrado una solución a este interrogante viejo como las edades en la convicción de que la prosperidad de los impíos es sólo temporaria. El autor del Salmo 49 lleva esta solución un paso más allá. Las desigualdades de la vida, afirma, nunca podrán corregirse en este mundo. Pero la muerte devuelve a todos a la igualdad. Los ricos y los pobres, los elevados y los humildes, el príncipe y el mendigo, todos vienen al mismo fin. Cuando los hombres comprenden el hecho de que las riquezas no incluyen una seguridad eterna, la mayor parte del problema desaparece. “La idea fundamental es que los creyentes no tienen fundamento para el temor frente a tales circunstancias en este mundo transitorio. Porque el rico, pese a todo su oro, no puede comprar con él la excepción de la muerte. Por su vanidad y necedad se convierte cada vez más en semejanza a las bestias que perecen.” “El dinero de los ricos, que provoca la admiración de los humanos, puede adquirir todo lo que este mundo tiene para ofrecer, pero no puede comprar una salida a la realidad de la muerte. No puede ofrecer un rescate lo suficientemente elevado como para liberarlos del destino común de todos los hombres.”21 “Proclama una verdad muy necesaria, que se comunica de manera mucho más aguda en la parábola del rico necio (Lc. 12:16–21).”

1. Llamado a la reflexión (49:1–4)
La introducción es el bien conocido llamado de los escritores de sabiduría para que sus oyentes presten atención a lo que van a decir (véase Pr. 1:8; 2:1; etc.). Todos son invitados a oír (1–2). La sabiduría y la inteligencia son la principal preocupación del autor que se prepara a utilizar el proverbio y el enigma (4; mashal, que también puede traducirse por “dicho de sabiduría” o “instrucción” y, a veces, “parábola”) como modo de su comunicación. Acompañará su enigma con la música del arpa. La expresión enigma “denota, 1) un enigma o adivinanza, 2) una parábola o símil, 3) toda expresión difícil de comprender u oscura, o profunda, un problema. La prosperidad de los impíos era uno de los grandes ‘enigmas de la vida’ para el israelita piadoso, que exigía una solución alcanzable sólo en parte antes que la revelación más plena de Cristo ‘trajera a la luz la vida y la inmortalidad’. Todo lo que el autor ha aprendido en torno a esta pregunta tan difícil lo dirá en un poema con acompañamiento musical”.

2. La necedad de confiar en las riquezas (49:5–13)
El “enigma” se formula en la pregunta: ¿Por qué he de temer en los días de adversidad? (5). En gran parte la fuente de las intrigantes desigualdades de la vida es la conducta inescrupulosa de los impíos. Cuando la iniquidad de mis opresores me rodeare se traduciría mejor diciendo, “cuando la iniquidad de los que están listos para suplantarme me rodeare por todos los lados” (Amp. O. T.). La respuesta la ofrece el salmista en su reconocimiento de la inutilidad de poner la confianza en los bienes (materiales) y en la muchedumbre de sus riquezas (6). El dinero no puede redimir al hermano (7), ni hacer que el rico viva para siempre (9). Nada menos que el sacrificio del propio Hijo de Dios podía redimir el alma y conceder la vida eterna (1 P. 1:17–21). Todos mueren por igual y todos dejan en este mundo lo que hubieran podido llegar a poseer (10; véase Ec. 2:18–19). La mayor locura del hombre es buscar alguna forma de inmortalidad en las cosas terrenales (11–13), como por ejemplo cuando se pone a una porción de tierra el nombre de uno. La traducción que Moffatt hace del versículo 13 puede resultar esclarecedora: “Tal es el destino de los que viven satisfechos de sí mismos, el fin de todos aquellos cuya fe está puesta en sus propias fuerzas.” Selah; véase comentario sobre 3:2.

3. Como contraste: la esperanza de los justos (49:14–15)
La muerte hace que toda la gloria humana se convierta en polvo (14). Se asegura el triunfo a los justos en la mañana del día venidero de Dios. La esperanza de los justos es ser redimidos del poder del Seol (el lugar de los muertos): Dios me tomará consigo (15). Esta es una de las más poderosas afirmaciones de la inmortalidad en los Salmos. Harold H. Rowley ha comentado: “El salmista afirma que las desigualdades de esta vida serán corregidas en la vida venidera. Es posible que los malvados tengan buena suerte aquí, pero todo lo que pueden esperar para después de la muerte son las miserias del Seol; mientras que los justos quizá sufran aquí, pero en el más allá gozarán de la bienaventuranza, porque Dios los tomará consigo. C. F. Burney dice: ‘Cuanto más examino este salmo, mayor es en mí la convicción de que el autor está pensando en algo más que la lisa y llana recompensa temporal de los justos en esta vida terrenal’. Concuerdo plenamente con este punto de vista.”

4. Los falsos valores de las riquezas (49:16–20)
Puede haber ventajas temporales en las riquezas, pero no son suficientes como para que uno dedique todos sus esfuerzos a la tarea de lograrlas. No temas (16), en el sentido de tener miedo que la impiedad demuestre en algún momento ser más provechosa que una vida devota. No descenderá tras él su gloria (17), pues el Seol, el lugar de los muertos o el más allá, era siempre concebido como “abajo”. La raíz hebrea probablemente derive de un sustantivo que significa “pozo, hoyo, caverna”, del mismo modo que “infierno” en inglés (hell) deriva de una palabra que significa “hoyo” (holle en su forma arcaica, hole en la moderna). LLama dichosa a su alma (18), el mismo error fatal del rico necio (Lc. 12:16–21) al pensar que la abundancia de sus posesiones, suficientes para durarle muchos años, podía satisfacer su alma. Y sea loado cuando prospere debiera traducirse (tal como en Moffatt), “y se felicite a sí mismo por su prosperidad”. Nunca más verá la luz (19), puesto que el Seol se concebía, también, como un lugar de tinieblas y oscuridad.

Los hombres que gozan de pompa pero no de entendimiento
semejantes son a las bestias que perecen (20, Berk.)

no porque no hayan de poseer la existencia más allá de la muerte, sino sencillamente porque carecen de esperanza. El Antiguo Testamento nunca concibe la muerte como el fin de la existencia humana. Es, sin embargo, el fin de todo lo que hace que la existencia sea tolerable para los impíos.


Salmo 50: DIOS ES EL JUEZ DE TODOS, 50:1–23

El Salmo 50 es el primero en una serie de doce que llevan el epígrafe “Salmo de Asaf”. Los once restantes están agrupados en 73–83 (véase introducción al libro II con respecto a sugerencias sobre la probable ubicación original del Salmo 50). Asaf es conocido, gracias a los libros históricos, como el músico principal del templo en tiempos de David (1 Cr. 15:17–19; 16:4–5) y como autor de salmos (2 Cr. 29:30). Leslie M’Caw señala: “Algunos de estos salmos no pueden haber sido escritos por un hombre contemporáneo a David; por ejemplo, el Salmo 74 y el 79 están relacionados con la destrucción de Jerusalén por los babilonios. Por lo tanto la expresión ‘de (o para) Asaf’ probablemente no se refiere al autor del poema, sino a una escuela o estilo de salmodia.”
Los eruditos han señalado que en el Salmo 50 está presente el énfasis, muy destacado en los escritos proféticos del Antiguo Testamento, en la interioridad de la verdadera religión y en la inutilidad de los sacrificios que no están acompañados de obediencia y fe. Vriezen dice: “En el Salmo 50 nos encontramos con un caso singular: el testimonio de un poeta que sabe que la congregación de Israel vive confiando en los sacrificios, al mismo tiempo que él está convencido que no se puede honrar a Dios con ofrendas sino sólo con la alabanza y la acción de gracias (vv. 14–21). En este salmo tenemos, aparentemente, un eco claro de la enseñanza profética. El poeta no rechaza, simplemente, las ofrendas, sino que está consciente de algo que las supera. Está ubicado en el punto de transición entre el viejo y el nuevo entendimiento con respecto a las ofrendas, e intenta conciliar ambos puntos de vista.”
Morgan resume las enseñanzas de este salmo de sabiduría: “Olvidar a Dios significa un grave peligro, mientras que la memoria de El que impulsa a la adoración asegura las bendiciones de su salvación … Los malvados no pueden tener parte en esta manifestación de Dios, y aquí es donde está su principal pecado y fracaso. Este es un pensamiento de penetrante poder. Nuestro más aborrecible pecado no es la acción mala que hayamos cometido sino el hecho de que tal acción nos incapacita para cumplir nuestra función más alta de glorificar a Dios y manifestar su alabanza.”

1. Llamado (50:1–6)
El salmo comienza con un llamado a reconocer que Dios es el Juez de todos. Convocado la tierra (1; eretz) significa que Dios ha llamado a todos los habitantes de la tierra, como en Génesis 6:11; 9:13; Deuteronomio 32:1; 1 Crónicas 16:31; etc. (Véase también Lc. 2:1). El poder y la gloria de Dios se manifiestan desde Sion (2) mediante los símbolos del fuego y la tempestad (3). El propósito del llamado de Dios es juzgar a su pueblo (4), en el doble sentido de condenar su maldad y reivindicar su fidelidad. Juntadme mis santos (5), o “mis fieles y santos”, se refiere a aquellos que mantienen una relación de pacto con el Señor. La declarada justicia (6) de Dios es su suprema calificación para ser el juez (en cuanto a Selah, véase el comentario sobre 3:2).

2. Corrección (50:7–15)
La queja del Señor contra su pueblo no es que hayan dejado de realizar el servicio litúrgico que prescriben las disposiciones rituales del culto antiguotestamentario. Los sacrificios y los holocaustos (8) han sido presentados escrupulosamente. Dios no quería sus toros y sus becerros y sus machos cabríos (9). Porque, dice, mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados (10). Las aves y las bestias de los montes y los campos pertenecen al Señor (11). No es en un mendigo, que necesite satisfacer su “hambre” con la carne de toros o la sangre de machos cabríos (12–13). La ofrenda que Dios desea es la alabanza (14) y la obediencia (paga tus votos), la oración y la glorificación de los suyos (15). Reconocer esto, dice Jesús, es estar “cerca del Reino de Dios” (Mr. 12:33–34).

3. Contraste (50:16–23)
La última parte del salmo es una punzante diatriba contra los malos (16). ¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes? es, de manera más simple, “¿Qué derecho tienes tú de invocar mis leyes?” (Moffatt). La piedad que profesan es sólo de la boca para afuera, y no consiste en la obediencia a la instrucción de Dios y a sus palabras (17). Se les condena no solamente por el mal que ellos mismos hacen, sino por su actitud tolerante hacia el mal que hacen otros (18; véase Ro. 1:32). Son engañosos y traidores en las cosas que dicen (19–20). Porque Dios ha callado (21), es decir, porque no los castigó inmediatamente, en sus corazones han impugnado su carácter; véase Eclesiastés 8:11. Las pondré delante de tus ojos significa que se los acusará formalmente. Dios los desafía: Entended ahora esto, lo que os olvidáis de Dios, no sea que os despedace, y no haya quien os libre (22). Queda, todavía, tiempo para “recordar y arrepentirse” (Ap. 2:5). Los que sacrifican alabanza (23) glorifican a Dios. Se promete la salvación a los que viven rectamente. Su camino significa todo su modo de vida.


Salmo 51: ORACION POR EL PERDON Y LA PUREZA, 51:1–19

El Salmo 51 es el tercero de los “salmos penitenciales” (véase la Introducción), y en el Antiguo Testamento es el texto que llega más cerca de una visión correcta del significado del pecado y de su remedio. Tal como afirma Perowne, de manera incisiva, “Es una oración, en primer lugar por el perdón, con una humilde confesión de las malas acciones cometidas que surgen de una naturaleza pecaminosa, su amarga raíz; y entonces por la renovación y la santificación por medio del Espíritu Santo”.30 El epígrafe indica que el salmo pertenece a David, y lo relaciona con la confesión de su pecado con Betsabé (véase la introducción el Salmo 32). Este episodio trágico en la vida de David parece haberle ofrecido una profunda comprensión de la verdadera naturaleza del mal. Por detrás de la culpa de su transgresión encuentra la mancha más honda de una naturaleza pecaminosa, con la cual ha nacido (5). De ahí que pronuncie esta doble oración, para suplicar una doble cura.
El salmo, en su totalidad, está dirigido a Dios. Morgan comenta: “El alma penitente suplica el perdón a partir de su confesión de pecado. Repentinamente, la intensidad de la convicción se hace más honda, cuando se regresa a la razón de ser del acto pecaminoso, que es la mancha de la naturaleza. Esto lleva a una súplica más profunda. Así como la primera rogó perdón, la segunda pide pureza, la limpieza del corazón, la renovación del espíritu. La oración continúa, buscando las cosas que deben seguir a tal purificación, el mantenimiento de la fraternidad, la consciencia del gozo. Contemplando el futuro con esperanza, la canción anticipa el servicio de acción de gracias y alabanza que resultará del perdón y la pureza recibidos.” Oesterley lo llama, “el más penetrante de todos los salmos penitenciales” y sostiene que “para hacer consciencia del sentimiento de pecado, que se presente con un candor a toda prueba, no tiene igual en el salterio”.32

1. Perdón (51:1–4)
Este salmo no es un estudiado tratado de teología, sino una súplica apasionada que surge de un corazón profundamente angustiado. No hay, por lo tanto, un análisis cuidadoso de las diferencias entre las acciones pecaminosas y la naturaleza pecaminosa, entre la necesidad del perdón y el pedido de pureza. Sin embargo, hay un movimiento natural del pensamiento que va de la súplica por el perdón, a través de la percepción del problema más hondo, a oración por la pureza y la promesa de alabanza y servicio. La misericordia y las piedades de Dios (1) son el fundamento de la súplica: Borra mis rebeliones. David sentía en lo más hondo la culpa de su artera planificación, mentira, adulterio y, por último, homicidio. Por detrás de estas transgresiones percibe cuál es su raíz y causa, y pide al Señor que lo lave más y más de su maldad y lo limpie de su pecado (2). No hay enmascaramiento o propuesta de excusas que oculten la profundidad de su necesidad (3). Pese a que otros han sido profundamente ofendidos, se tiene a todo pecado, esencialmente, como una ofensa contra Dios; y Dios será su juez. La última parte del versículo 4 debiera decir: “Si, tú eres justo en tu acusación, tu sentencia está plenamente justificada” (Moffatt).

2. Problema (51:5–9)
La convicción se hace más honda, llegando a incluir no solamente lo que el salmista había hecho, sino lo que era por naturaleza: en maldad he sido formado … en pecado me concibió mi madre (5). Las tendencias y disposiciones pecaminosas proceden de una mancha racial, que es parte de la condición humana, del destino de una raza caída. Dios desea la verdad (6; emeth, veracidad, fidelidad, integridad). En lo secreto me has hecho comprender sabiduría puede traducirse, también, “Por lo tanto, enséñame sabiduría en lo secreto de mi corazón” (RSV).
Esta comprensión lleva a la súplica renovada de una más honda purificación y limpieza. El hisopo (7) era la rama de un arbusto del desierto que se usaba para salpicar la sangre sobre el leproso para su purificación (ritual) y su curación (Lv. 14:4; compárese con He. 9:13–14; 1 Jn. 1:7). Lávame es una expresión sorprendente en el original. Lawrence Toombs explica: “El hebreo tiene dos palabras para ‘lavar’. La primera se aplica al lavado del cuerpo, los utensilios de cocina y, en general, cualquier objeto que puede sumergirse en el agua o sobre el cual se puede derramar agua. La segunda es casi una palabra específica que denota el lavado de la ropa mediante el método de humedecerla y golpearla con un palo sobre una piedra sumergida. El salmista elige deliberadamente esta segunda palabra, rechazando, por implicación, la metáfora de la ducha tibia y el jabón perfumado que va quitando placenteramente la suciedad, mientras el bañista experimenta el lujoso placer de ir quedando limpio. Sabe que el pecado está tan profundamente atrincherado en su naturaleza que Dios necesitará golpearlo, literalmente, para sacárselo de adentro.” Más blanco que la nieve, esto es, por supuesto, sin las partículas de polvo o lodo que suelen mancharla (véase Is. 1:18).
Tan amarga es la convicción de pecado del salmista, que puede compararse con un dolor en los huesos (8). Perowne escribe: “Constituyentes de la fuerza y la armazón del cuerpo, los huesos abatidos (quebrados) son una imagen de tremenda fuerza, que denota la más completa postración, mental y física.” La única esperanza del salmista es la intervención y acción divinas (9).

3. Pureza (51:10–13)
Los resultados de la purificación y limpieza que el salmista ha implorado serán la creación de un corazón limpio y la renovación de un espíritu recto (10). Crea (10) es palabra “usada con respecto a la acción creadora de Dios, que trae al ser algo que anteriormente no existía … No se trata de la restauración de lo que anteriormente ya existía. No es eso lo que se desea, sino un cambio radical del corazón y del espíritu”. El espíritu recto es, con exactitud, un “espíritu fiel” (Berk.), “fijado y resuelto en su lealtad a Dios, inconmovible frente a los asaltos de la tentación. Tal corazón limpio y espíritu recto, condición de la comunión con Dios, fuente de una vida santa, sólo puede provenir del poder creador, dador de la vida, que ejerce Dios”.36
La purificación asegurará la presencia de Dios (11) y la plenitud permanente de su santo Espíritu. Esta es una de las tres veces que el Antiguo Testamento habla del Espíritu Santo usando esta misma y exacta fraseología. Las otras dos se encuentran, en un contexto similar, en Isaías 63:10–11. La pureza también tendrá como consecuencia el gozo de la salvación y el sustento de un espíritu noble (12; literalmente, un “espíritu dispuesto”). Otro resultado más será la instrucción de los transgresores en los caminos de Dios y la conversión de los pecadores (13; véase Jn. 16:7–11; Hch. 1:8).

4. Promesa (51:14–19)
El salmo concluye, como es frecuente en los salmos penitenciales, con la promesa de alabanza y acción de gracias. Del mismo modo que en 50:7–15, resuena aquí, también, la nota profética. Dios no puede ser aplacado con sacrificio u holocausto (16). Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios (17). En el versículo 18 el interés se expande, incluyendo a Sion y Jerusalén. El versículo 19 demuestra que no era el ritual en cuanto tal lo que resultaba ofensivo a Dios, sino el ritual sin justicia. Dios aceptará y se agradará por el holocausto o el sacrificio de becerros cuando la ofrenda ritual provenga de motivaciones rectas y sea la expresión de un corazón amante y obediente.
Alguien ha dicho que la melodía de este himno y oración está dominada por cinco notas: (1) La nota doliente del pecado, 1–2. (2) La nota seria de la responsabilidad. David no culpa a algún otro, ni siquiera a Betsabé. La abundancia de los pronombres personales en la oración indica la total honestidad de David en la confesión de su pecado. (3) La nota decisiva del arrepentimiento. David renuncia al pecado para siempre. (4) La nota alegre del perdón y la purificación, 7–14. (5) Una cierta nota de testimonio, 12–13, 15. La gracia de Dios puede convertir al más vil de los pecadores en un flameante testigo suyo (Earl C. Wolf).


Salmo 52: EL CONTRASTE ENTRE EL PECADOR Y EL SANTO, 52:1–9

Este es un salmo de sabiduría que evoca en algunos aspectos al Salmo 1, pues establece un agudo contraste entre el impío y el justo. Su tono, sin embargo, es mucho más agresivo que el del Salmo 1, al expresar el resentimiento que siente el hombre piadoso al enfrentarse con aquellos que no temen a Dios. Formula, por otro lado, la doctrina de la retribución divina.
Su título lo identifica como un masquil (véase introducción al Salmo 32) y lo asocia con la desastrosa información que Doeg transmitió a Saúl cuando David se refugió temporariamente en la casa de Ahimelec, en Nob (véase 1 S. 21:1–22:19).

1. El carácter y destino del impío (52:1–5)
El salmo comienza con un desafío al poderoso (1) en su maldad. La palabra hebrea que se traduce “maldad” (ra) es uno de los términos genéricos que designan el mal. Véase la traducción de Harrison: “¿Por qué te vanaglorías de tu iniquidad, malvado tirano?” Agravios (2) es otra palabra que también puede traducirse “maldad” pero, mucho más específicamente, “destrucción, ruina”. La lengua del malvado es como una navaja afilada que hace engaño. Sobre Selah véase el comentario a 3:2. La retribución es segura —el malo será destruido, arrancado, desarraigado de la tierra de los vivientes (5).

2. Contraste con el justo (52:6–9)
Los justos … verán (6) el desastre que se desploma sobre los impíos, y se llenarán de maravilla. Se reirán y se burlarán del hombre que no puso a Dios por su fortaleza, sino que confíó en la multitud de sus riquezas (7). El justo será como un olivo verde en la casa de Dios (8) florecido y fructífero (véase 1:3), confiará en la misericordia de Dios … eternamente y lo alabará (9). Moffatt traduce porque es bueno, delante de tus santos como, “Declararé cuán bueno eres, en la presencia de tus seguidores”.


Salmo 53: PELIGROS DEL ATEISMO PRACTICO, 53:1–6

El Salmo 53 es una revisión del Salmo 14 y es prácticamente idéntico a éste, excepto por la substitución de “Dios” (Elohim) por Jehová (Yahweh, véase la Introducción). Compárese con los comentarios al Salmo 14. Otra diferencia significativa, que se encuentra en el versículo 5, es la aparición de un texto substituto que dice: Porque Dios ha esparcido los huesos del que puso asedio contra ti; los avergonzaste, porque Dios los desechó, en lugar de: “Porque Dios está con la generación de los justos. Del consejo del pobre se han burlado, pero Jehová es su esperanza” (14:5–6). El lenguaje de 53:5 es mucho más concreto y específico, tal vez aluda a cierto ataque contra los justos, durante alguna guerra, que fue rechazado con gran pérdida de hombres para los atacantes. El título del Salmo 53 agrega el tipo de salmo de que se trata (masquil, véase introducción al Salmo 32) y un término que probablemente designa el nombre de la melodía con la que se podía cantar (mahalat, cuyo significado ignoramos).


Salmo 54: UN PEDIDO DE SOCORRO, 54:1–7

Este es un salmo breve de lamentación. Está dedicado, en el epígrafe, “Al músico principal, en Neginot” (un instrumento de cuerdas; véase la introducción al Salmo 4). Se lo identifica, además, como un masquil (véase la introducción al Salmo 32), y se lo relaciona con la traición a David por parte de los hombres de Zif (1 S. 23:19–26; 26:1–4).

1. El pedido (54:1–3)
La primera estrofa del salmo expresa el pedido de David a Dios para que lo socorra en su hora de peligro. En el Antiguo Testamento el nombre (1) de una persona representa a la persona misma. Los que se han levantado contra él no han puesto a Dios delante de sí (3), es decir, no tienen en cuenta a Dios ni lo consideran. Selah; véase comentario sobre 3:2.

2. La confianza (54:4–7)
Aun cuando todavía está en peligro, el salmista expresa su confianza de que Dios ha de liberarlo. Morgan comenta: “Canta el himno de su liberación, pese a estar todavía, probablemente, en medio del peligro, como si ya hubiera sido socorrido. La expresión central de la canción es Dios es el que me ayuda. Dondequiera que el humano tenga consciencia de este hecho, será superior a toda la oposición de sus enemigos y, de este modo, será capaz de cantar un himno de liberación en medio de las circunstancias más difíciles.”
Mis ojos han visto la ruina de mis enemigos (7) debería traducirse, “Mis ojos han mirado con triunfo a mis enemigos” (Amp. O. T.).


Salmo 55: LA BALADA DE UNA TRAICION, 55:1–23

Este es otro masquil (véase la introducción al Salmo 32), un salmo de David que está dedicado, en el epígrafe, “al músico principal; en Neginot” (véase la introducción al Salmo 4). El salmo evoca una traición, en medio de la cual el sufrimiento por la adversidad es mil veces mayor, porque es un amigo de confianza del salmista el que se ha vuelto contra él. Oesterley dice: “Aquí tenemos a un hombre que vive en un mundo de violencia y traición, las cuales amenazan con avasallarlo, su deseo es librarse de todo … sin embargo, mantiene viva su confianza en el Dios con quien se ha comprometido … buscaría refugio en la tormenta, pero sabe que no va a encontrarlo fuera de Dios; el templo de su vida está fundado sobre una roca, y esta roca es sufe.”
Morgan encuentra tres acciones en el salmo, a las que titula Miedo (1–8), Furia (9–15) y Fe (16–23). Y afirma, “El miedo sólo conduce al deseo de huir. La furia sólo acentúa la consciencia del daño. La fe, en cambio, es la única capaz de sustentar el coraje”.

1. Miedo (55:1–8)
El salmista invoca, en voz alta y agónicamente, el socorro de Dios (1–2). La voz del enemigo (3), sus amenazas contra él, lo atormentan y hacen que su corazón esté adolorido dentro suyo (“late con fuerza en su pecho”, Moffatt) y que hayan caído sobre él los terrores de muerte (4). Sobre mí echaron iniquidad (3) ha sido interpretado como “Amontonan sobre mí conflictos” (RSV). Temor … temblor … terror son la suerte que le toca vivir (5). Anhela volar lejos sobre alas como de paloma (6) y encontrar un refugio en la paz del desierto (7). Sobre Selah véase el comentario en torno a 3:2. Así él escapará del viento borrascoso de la tempestad (8).

2. Furia (55:9–15)
Aquellos que causaban el temor del Salmista son remitidos a Dios, para ser objetos de su ira. Destrúyelos … y confunde la lengua de ellos (9) podría ser: ponlos unos en contra de los otros, en vez de que estén contra el inocente. En la ciudad de la cual él escapó, David ve solamente iniquidad, sufrimiento (trabajo, 10), maldad … fraude y engaño (11), una descripción que encajaría en muchas ciudades de nuestra sociedad. “Quien se engrandeció contra mí” (12; VM.), es tratar insolentemente conmigo.
La nota más conmovedora del salmo es la identificación del líder de la oposición —no un enemigo como tal, tú hombre, al parecer íntimo mío, mi guía, y mi familiar (13); una persona de la que el Salmista dice: Juntos comunicábamos dulcemente los secretos, y andábamos en amistad en la casa de Dios (14). No hay un dolor más grande que el de la traición de un amigo a quien se ama y en quien se confía. Tal clase de traición sólo merece la muerte, un salto rápido al Seol (15); que debería traducirse infierno, pues implica la expresión de la ira de Dios.

3. Fe (55:16–23)
Aunque todavía no está libre de la preocupación de un enemigo que lo acosa, la fe comienza a ascender al trono de Dios. Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré (17), dice el Salmista; y la liberación es tan segura que él ya puede hablar de ella como algo logrado. Para Selah (19, véase el comentario en 3:2).
Vuelve a aparecer la nota sobre la traición (20–21), pero la fe alcanza su pináculo: Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo (22). Estas últimas palabras significan: “No permitirá jamás que el justo sea despeñado” (Berk.). Los impíos serán arrojados al pozo de perdición (23) y no llegarán a la mitad de sus días. Pero, el poeta afirma, Yo en ti confiaré.


Salmo 56: CONFLICTO Y CONFIANZA, 56:1–13

Este salmo, como varios de los que forman parte del libro II, está relacionado con un episodio en la vida de David. Según el título, surgió a partir de la lucha de David con Aquis, rey de la ciudad filistea de Gat, cuando el fugitivo salvó su vida fingiendo estar loco (1 S. 21:10–15). Se dedica al músico principal. Jonath-elem-rechokim, “la paloma silenciosa en paraje muy distante” (o “Una paloma silenciosa entre extraños”, Berk.), es probablemente el nombre de la melodía. Es un mictam (véase introducción al Salmo 16).
El salmo es un grito de sufrimiento que se va elevando hasta convertirse en la serenidad de la confianza, “otro testimonio de la firme confianza del israelita piadoso en la justicia, misericordia y amor de Dios”. Se divide en dos partes casi iguales, y tiene una especie de estribillo que se repite en el versículo 4 y en 10–11. Por su repetido énfasis en la palabra de Dios, Barnes lo describe como un salmo que expresa “la mente de un profeta”.

1. Conflicto (56:1–7)
Tal como es típico de los salmos de lamentación, el poema comienza con un pedido de misericordia dirigido a Dios. Me devoraría (1) significa devorar o pisotear constantemente, “oprimiría todo el tiempo” (Harrison). El temor encuentra su antídoto en la fe (3) porque: En Dios he confiado; no temeré; ¿qué puede hacerme el hombre? (4; compárese con 11). La fuente de esta valentía es la palabra de Dios. Los hombres malos pervierten la causa (5) de David. Vigilan atentamente lo que David hace, esperando poder atraparlo. Pésalos según su iniquidad, (7) puede también interpretarse como “piensan que pueden escapar con la iniquidad” (Amp. O. T.) o sea “salirse con la suya”.

2. Confianza (56:8–13)
El rostro del salmista se vuelve a Dios mientras lo rodean los hombres que quieren apresarlo. En Dios pone su confianza. Mis huidas tú has contado (8) es, más exactamente, “Tú numeras y registras mis huidas” o “las veces que he tenido que huir” (Amp. O. T.). Pon mis lágrimas en tu redoma, posiblemente debe interpretarse como una referencia a la concepción según la cual Dios conserva las oraciones de los santos en vasos de oro (Ap. 5:8), lo cual indica, por otro lado, que Dios tiene en cuenta el hondo sufrimiento del salmista. Esto sé, que Dios está por mí (9) debiera decir, según una traducción más exacta, “Esto sé, que Dios está conmigo” (RSV). Esta es, ciertamente, nuestra “Bienaventurada certeza”. En Dios alabaré … (10–11), puede traducirse:

En Dios, cuya palabra alabo,
En el Señor, cuya palabra alabo,
En Dios confío sin temor.
¿Qué podría hacerme el hombre? (RSV)

Hay un paralelo en el versículo 4. Nada puede derrotar a un hombre capaz de tal fe.
Sobre mí, oh Dios, están tus votos (12) se entiende mejor como “Bajo voto estoy a ti obligado” (Moffatt); se trata de la promesa de tributar alabanzas por la liberación divina. Has liberado mi alma de la muerte, y mis pies de caída (13) vuelve a aparecer en 116:8. En la luz de los que viven también puede ser, como en Moffatt, “Al sol de la vida”. La luz se relaciona con la vida y las tinieblas con la muerte en todas las Escrituras.


Salmo 57: PELIGRO Y ORACION, 57:1–11

Este es otro salmo de lamentación. Incluye en su título una dedicatoria “Al músico principal” y la identificación del poema como un “Mictam de David”, (véase introducción al Salmo 16). “No destruyas” (Altaschith) se encuentra en los epígrafes de otros tres salmos (58, 59, 75). Se trata, probablemente, de una referencia a la melodía con que debe cantarse el salmo. Una nota histórica, que también forma parte del epígrafe, relaciona el salmo con la huida de David, cuando escapando de la presencia de Saúl se refugia en la cueva de Adulam (véase 1 S. 22:1; o posiblemente 24:3–8, cuando Saúl está a punto de capturar al salmista).
Desde que los versículos 7–11 son iguales a 108:1–5, se ha supuesto que este salmo es una combinación de otros dos, o de partes de salmos. Sin embargo, es posible que sea el Salmo 108 (q.v.) el que combina porciones de distintos poemas, tomando una parte del 57. En los versículos 5 y 11 aparece un estribillo, “Exaltado seas…”
Este salmo no contiene verdades nuevas. Oesterley comenta, “Tenemos aquí, una vez más, las verdades bien conocidas de que Dios escucha las oraciones de los creyentes, castiga al malo, y justifica al justo”. Morgan resume las enseñanzas de este salmo de la siguiente manera: “La fe no nos libra de la prueba, pero nos hace capaces de triunfar por encima de ella. Más aún, la fe nos eleva por encima de un sentimiento puramente personal de sufrimiento, y crea en nosotros la pasión por la exaltación de Dios entre las naciones. El corazón que no debe preocuparse por sus propias vicisitudes es siempre el corazón que tiene su confianza puesta en Dios.”

1. Pedido de protección (57:1–5)
El salmista se encuentra en una situación de peligro por la amenaza de quebrantos (1) ocasionados por aquellos que lo acosan (3), que rugen como leones (4) y están inflamados de odio y animosidad contra él. Pide protección en la sombra de tus alas (1; véase comentario sobre 36:7). Hasta que pasen los quebrantos significa, como en Moffatt, “Hasta que haya sido superado el peligro mortal”. Que me acosa (3) es “que me pisotea” (Moffatt; véase 56:1–2). Selah; véase comentario sobre 3:2. Mi vida está entre leones (4) compara a sus enemigos con bestias de presa, cuyos dientes en realidad son lanzas y saetas y cuya lengua es como una espada aguda. La oración Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; sobre toda la tierra sea tu gloria (5) es el estribillo (véase v. 11). Dios está por encima de todo sobre los cielos o sobre toda la tierra. Su gloria es su propia presencia.

2. Promesa de alabanza (57:6–11)
El peligro está todavía presente, pero crece el sentimiento de confianza en la liberación. Red han armado (6) y Hoyo han cavado son referencias a los métodos que usa el cazador para atrapar a su presa. Sin embargo, el mal es autodestructivo, y los malos caen en sus propias trampas. En contraste, el salmista proclama, mi corazón está dispuesto (7), que debiera traducirse, literalmente, “firme” (Perowne), “confiado” (Berk.), “resuelto” (Harrison). El salmista clama, Despierta, alma mía (8). El alma es la gloria del hombre, pues él es la imagen de Dios. Salterio y arpa son “lira y arpa” (véase comentario sobre 33:2). La gran misericordia de Dios y su elevada verdad (fidelidad) son las razones de la alabanza entre los pueblos y entre las naciones (9–10). Con respecto al versículo 11 véase el comentario sobre el 5.


Salmo 58: EL CASTIGO DE LOS IMPIOS, 58:1–11

El Salmo 58 está clasificado entre los salmos imprecatorios (véase Introducción), principalmente a causa de la séptuple maldición que se encuentra en los versículos 6–9. En éste, como en la consideración de los otros salmos de este tipo, vale la pena tener en cuenta la atinada advertencia de Morgan: “Se interpretará mal todo el salmo si no tomamos nota cuidadosamente de sus preguntas introductorias. La razón del juicio no es el mal sufrido personalmente, sino el fracaso de los gobernantes en la administración de la justicia. Guardan silencio cuando debieran hablar. Sus juicios no son rectos. Malos en su corazón, mienten con sus palabras, envenenan como serpientes y ningún encantamiento podría conquistarlos.” Este es un llamado a la reivindicación pública del justo juicio de Dios. Un Dios santo no puede tolerar el mal. Esta verdad debe demostrarse de manera tan clara que nadie pueda dudar de ella. Es con este propósito que David pide justicia.
Con respecto al epígrafe, véase la introducción al Salmo 57.

1. Descripción del mal (58:1–5)
El salmo comienza con una vívida descripción del mal. Oh congregación (1) debiera entenderse como “Oh jueces” (Berk.), u “Oh vosotros, los que sois poderosos” (Amp., O. T.). El salmista se dirige a los hombres que tienen a su cargo la administración de la justicia (“gobernantes soberanos”, Harrison). Estos se han corrompido, pese a sus protestas de justicia. Hacéis pesar la violencia de vuestras manos (2) significa, “Otorgáis más peso a la opresión y la injusticia que al derecho y la equidad”. La justicia, desde tiempos inmemoriales, se ha representado simbólicamente como una balanza que en cada pleito sopesa con imparcialidad la evidencia a favor de ambos lados.
En el versículo 3 tenemos una vivida descripción de la depravación innata del alma. El mal no se aprende. Sale, como una expresión natural del estado caído del hombre. Los impíos son como el áspid sordo (4; una serpiente venenosa), que no puede ser dominada por el arte del encantador (5; véanse referencias similares en Ec. 10:11 y Jer. 8:17).

2. La venganza divina (58:6–11)
La séptupla maldición de los versículos 6–9 describe la retribución que recibirán de la mano de Dios los que son culpables de tales males. Quiebra sus dientes (6) es una petición que usa el lenguaje figurado para pedir a Dios que los haga incapaces de dañar a los demás. Con respecto a Quiebra, oh Jehová, las muelas de los leoncillos, véanse 17:12; 34:10; 35:17; 57:4. Sean disipados como aguas que corren (7), dejando vacío y seco el cauce. Sean hechas pedazos, o sea “totalmente destruidas”. Pasen ellos como el caracol que se deslíe (8), quiere decir, sean muertos como el caracol (sin caparazón) que queda expuesto al sol. Como el que nace muerto, que se les haga desaparecer como el fruto de un aborto, en silencio y tristeza. Los arrebatará él con tempestad (9) o sea de modo tan repentino que las ollas puestas a calentar sobre un fuego de espinillos (una llama rápida y muy caliente) ni siquiera se habrán entibiado.
La reacción del justo será alegrarse (10–11). Si esta actitud parece infracristiana, debe reconocérselo. Pero ha de recordarse, también que la ira de Dios aparece pintada con tonos muy fuertes no sólo en el Antiguo Testamento sino también en el Nuevo Testamento; el gozo, por otro lado, tiene como referente más la reivindicación de la justicia divina que el destino del pueblo castigado.


Salmo 59: ORACION POR LA PROTECCION DURANTE LA NOCHE, 59:1–17

Este es un salmo de lamentación, con el mismo título que los Salmos 57 (q. v.) y 58, excepto que aquí se agrega una nota histórica, mediante la cual se lo relaciona con el intento de los soldados de Saúl cuando quisieron capturar o matar a David en su propia casa, cuando éste se refugió allí habiendo huido de la corte (1 S. 19:10–17). Una especie de estribillo, que aparece en los versículos 6 y 14, sugiere el tipo de peligro que amenaza en las tinieblas. Un segundo estribillo, “Dios es mi defensa” (vv. 9, 17), resume la fe positiva que vence el temor.

1. Peligro (59:1–5)
El peligro que el salmista teme de manera tan angustiante es aquí, como ocurre a menudo en otros salmos, la presencia de enemigos malignos que lo rodean. Son descritos como aquellos que se levantan contra mí (1), los que cometen iniquidad (2), hombres sanguinarios y los que están acechando mi vida (3), poderosos. Si bien el salmista muy a menudo estuvo amenazado por enemigos de su propia nación, el versículo 5 sugeriría que en este caso son las naciones (5), o sea los paganos, los que constituyen la fuente de la amenaza (véase, también, 8 y 13). De una u otra manera, eran hombres capaces de rebelarse con iniquidad —hombres que “de modo traicionero se confabulan para el mal” (Berk.)— y esto pese a que el salmista no era culpable de haber actuado mal contra ellos (3–4). Moffatt interpreta la última oración del versículo 5 como: “No pases por alto al vil traidor”. Selah, véase el comentario sobre 3:2.

2. Liberación (59:6–13)
El estribillo (6, 14) habla de enemigos agazapados en las tinieblas, que ladran (o gruñen) como perros, merodeando la ciudad. Una de las plagas del Oriente todavía siguen siendo las jaurías de perros salvajes. Moffatt traduce proferirán con su boca (7) como: “Ahí están, provocadores, arrogantes, llenos de insultos sus bocas.” Porque dicen: ¿Quién oye? indica su incredulidad, en la que se imaginan que Dios no conoce sus propósitos secretos e inicuos. Con respecto al versículo 8 véase Proverbios 1:24–33. A causa del poder del enemigo (9) debe leerse, con Berkeley, “Oh mi Fortaleza, esperaré en ti, porque Dios es mi fortaleza”. Defensa es, literalmente “torre alta”. Morgan observa: “Quizá no haya una descripción más hermosa de lo que es Dios para su pueblo en la hora de la prueba (que esta imagen de la torre elevada). La frase sugiere a la vez fuerza y paz. Una torre, contra la cual todo el poder del enemigo se arroja en vano. Una torre elevada, en la cual el alma que en ella se refugia queda por encima del conflicto y la lucha, y puede contemplar, desde un mirador ventajoso, la inútil violencia y la victoria de Dios.” Véase la repetición en el 17.
El Dios de mi misericordia irá delante de mí (10). La gracia habilitadora bastará en cualquier necesidad posible. Derrotado pero no eliminado del todo, el enemigo será un permanente recordatorio, para el pueblo de Dios, del poder y la justicia divinos (11). Con respecto a Oh Jehová, escudo nuestro véase comentario sobre 5:12. Sean ellos presos en su soberbia (12) también puede traducirse, “Que su propia soberbia los atrape” (Moffatt). Dios gobierna en Jacob hasta los fines de la tierra (13) pone de manifiesto que, aun siendo especialmente el Dios de Israel, el Señor reina sobre toda la tierra. Israel sería la base de operaciones desde donde la justicia y el juicio de Dios llegarían a toda la humanidad.

3. Defensa (59:14–17)
Con respecto al estribillo en el versículo 14 véase el comentario sobre el 6. Los perros semisalvajes son insaciables; si no se sacian, pasen la noche quejándose (15) debiera decir: “gruñen si no consiguen abatir su presa” (Moffatt). Pero, seguro en el amparo y refugio (la torre alta y la fortaleza), el poeta despierta a la mañana siguiente para cantar el poder (16) de Dios. Aun cuando no haya pasado todavía el día de su angustia, canta alabanza a la fuente de su fortaleza. Con respecto al versículo 17 véase el comentario sobre el 9.


Salmo 60: UN SALMO DE LA DERROTA, 60:1–12

Esta es otra lamentación, ocasionada, aparentemente, por una derrota del ejército de Israel en el campo de batalla. El extenso epígrafe contiene la dedicatoria, ya conocida, “al músico principal”, y un término que probablemente sea el título de una melodía, “sobre Lirios. Testimonio” (Shushan-eduth) que en efecto quiere decir literalmente, “el lirio del testimonio”. Se trata de un mictam (véase la introducción al Salmo 16) de David “para enseñar” y está relacionado con las guerras sirias de David (2 S. 8:3–5; 10:16–19; 1 Cr. 18:3–12). Aparentemente, en las primeras etapas del conflicto el ejército judío ha sufrido una derrota, aun cuando ésta no aparece mencionada en el relato de 2 Samuel y 1 Crónicas, resúmenes altamente condensados de los acontecimientos. Abisai (1 Cr. 18:12) habría actuado en defensa de su hermano Joab en la derrota de los edomitas en el valle de la Sal.
Los versículos 6–12 se encuentran también en 108:6–13.

1. Derrota (60:1–5)
El salmo comienza reconociendo que la derrota sufrida se debió a que Dios había retirado su ayuda. Pero no se ofrece la razón de esta actitud por parte de Dios. No hay confesión de pecado ni indicación alguna de lo que puede haber motivado la ira divina (1). La tierra (2) debiera traducirse “el país”. La seguridad de Israel se había estremecido. El vino de aturdimiento (3) es una expresión figurada que Berkeley traduce “el vino que nos hace perder el equilibrio”. Sin embargo, el Señor les había dado una bandera (4) en torno a la cual podrían reagruparse en defensa de su verdad. Con respecto a Selah véase el comentario sobre 3:2. Confiado en el perdurable amor de Dios, el poeta implora al Señor: salva con tu diestra (5).

2. Declaración (60:6–8)
Estos versículos son un oráculo divino, que declara los propósitos de Dios con respecto a las naciones envueltas en el conflicto: Dios ha dicho en su santuario (6). Siquem (véase mapa 1) estaba al oeste del Jordán; si bien el valle de Sucot no puede ubicarse con exactitud, sabemos que había una ciudad de Sucot al este del Jordán (Jue. 8:4–5). El significado de este versículo puede ser “Dividiré todo el país, tanto sobre el este como sobre el oeste del Jordán”. Galaad, Manasés, Efraín y Judá (7) son las regiones que, en su conjunto, forman el reino de Israel. Cada una recibe la seguridad de una posesión divina, siendo Efraín entre ellas el “casco” (la fortaleza de mi cabeza), y Judá el legislador —el que conduce o gobierna. Moab, Edom y Filistea eran naciones vecinas, hostiles a Israel. La vasija para lavarme es una palangana en la cual se lavaban los pies— un símbolo de humillación. Echaré mi calzado es una expresión idiomática que significa tratar como a un esclavo (por ejemplo Mt. 3:11). Moffatt interpreta esta expresión traduciéndola: “A Edom reclamaré como súbdito mío.” Me regocijaré sobre Filistea ha sido traducido por Berkeley como “Sobre Filistea gritaré en el gozo de mi triunfo”. La derrota y humillación del enemigo será total.

3. Liberación (60:9–12)
El salmista reanuda su oración, preguntando quién será el conductor de las huestes del Señor (9). Será Dios, que había desechado a Israel y que no salió con sus ejércitos en una ocasión anterior (10). El es el único socorro contra el enemigo, porque vana es la ayuda de los hombres (11).
Es en Dios que haremos proezas (12). Es El quien hollará a nuestros enemigos. Lo que aquí vale para Israel en sus conflictos militares con sus vecinos es verdad en la lucha del cristiano contra “principados y potestades” (2 Co. 10:3–5; Ef. 6:11–20).


Salmo 61: LA ORACION DE UN EXILIADO, 61:1–8

Esta breve lamentación se titula “Un Salmo de David” y está dedicada “Al músico principal; sobre Neginot” (aunque en realidad se usa la forma singular del nombre de este instrumento musical, Neginah; véase la introducción al Salmo 4). Sería, aparentemente, la oración de un exiliado de su patria (2) que anhela hacerse presente en el trabernáculo del Señor (4). Tenemos, en éste, el esquema normal de los salmos de lamentación: ruego, descripción de la situación, petición y promesa.

1. Oración (61:1–4)
Pese a la distancia que lo separa del lugar donde se adora a Dios, el salmista dirigirá a Dios, precisamente, su súplica. Llévame a la roca que es más alta que yo (2) es una petición que ha adquirido un lugar en la himnología y la devoción del pueblo de Dios a lo largo de las edades. Más alta que yo significa literalmente “demasiada alta para mí”. El significado resulta claro; Dios posee recursos que van más allá que el ridículo poder humano. “Ponme sobre un peñasco más alto que todos los demás” (Harrison). La torre fuerte (3) era la forma de protección más adecuada en la antigua arte marcial (véase el comentario sobre 59:9). La determinación o propósito del salmista es habitar en el tabernáculo de Dios para siempre … seguro bajo la cubierta (la cobertura, y por lo tanto el refugio, la protección) de tus alas (4; véase el comentario sobre 17:8).

2. Alabanza y promesa (61:5–8)
El poeta confía que Dios ha oído sus votos (5). Los que temen tu nombre se traduce mejor diciendo: “Los que reverencian tu nombre” (Berk.). La tierra de Canaán era la herencia del pueblo de Dios, Israel. El Señor mismo es la herencia de su nuevo Israel. Las peticiones del salmista son una larga vida para el rey y que esté para siempre delante de Dios (7). La misericordia y la verdad, es decir, la inmutable fidelidad de Dios, lo conservarán (preservarán) para siempre.

Y cantaré siempre tu alabanza
Pagando mis votos cada día de mi vida (8, Moffatt).


Salmo 62: SOLAMENTE DIOS ES UNA DEFENSA SEGURA, 62:1–12

El Salmo 62 también se identifica como un “salmo de David”, por medio del epígrafe, en el cual, además, se lo dedica “al músico principal; a Jedutún” (véase 1 Cr. 16:41). Repite el estribillo de 59:9, 17, “Es mi refugio” (mi torre alta) en los versículos 2 y 6. El trasfondo de conflictos es el mismo que encontramos en muchos de los salmos; sin embargo en éste prevalece una potente nota de confianza. Su tono espiritual aparece de manera muy adecuada en la paráfrasis que Moffatt hace del versículo 1: “Deja todo tranquilamente a Dios, alma mía.”

1. El enemigo (62:1–4)
En Dios … está acallada mi alma (1). El silencio en la presencia de Dios es muchas veces la forma más elocuente de la oración. Tanto en aquella lejana época como en nuestros días el creyente puede decir, “la salvación es del Señor”. El solamente es mi roca y mi salvación (2; véase el comentario sobre 27:5). Refugio significa, literalmente, “torre alta”; véase el comentario sobre 59:9. En drástico contraste con la confianza en Dios del salmista está el carácter y la conducta de sus enemigos. Maquinaréis (3) es, en realidad, según el original, “os precipitaréis” en la acción de atacar o asaltar. Moffatt consigue reproducir la fuerza del texto original en su traducción:

¿Hasta cuándo amenazaréis a un hombre,
vosotros todos, asesinos,
como si fuera él un vallado a punto de caerse,
un muro que se derrumba?

Con mentiroso engaño, sus enemigos consultan en contra suya (4). Selah, véase el comentario sobre el 3:2.

2. La expectativa (62:5–8)
El versículo 5 es paralelo del 1, y el 6 repite el 2. La esperanza (5) que se menciona es la liberación que el salmista está pidiendo a Dios. La última oración del versículo 6, no resbalaré, es todavía más fuerte que la última oración del versículo 2, no resbalaré mucho; véase Harrison, “No seré desposeído” (2); “No seré derrocado” (6). Sobre 6–7 véanse comentarios sobre el 2. Se exhorta a los pueblos a esperar en Dios en todo tiempo (8). Derramad delante de él vuestro corazón, en la oración, porque Dios es nuestro refugio.

3. Evaluación (62:9–12)
La oración y la fe han dado al salmista una evaluación correcta de la posición social y la riqueza que son los objetivos de las luchas y trabajos de los impíos. Todo lo humano es vanidad (9; “un soplo”, Ec. 1:2) y mentira (literalmente, “un desengaño”). La posición social promete mucho pero por lo general desilusiona a los que la buscan. En su contexto, las expresiones del versículo 9 pueden significar que los hombres de alta posición han desilusionado al salmista. Medidas en una balanza, todas las distinciones humanas de rango e importancia serán menos que nada (¡ni siquiera pesan lo que un soplo de aliento!).
La riqueza que se gana a costa de la honestidad ha sido adquirida a un precio demasiado alto (10). Si se aumentan las riquezas, como puede sucederle al hombre piadoso, no pongáis el corazón en ellas. En una época en la cual casi universalmente la prosperidad era considerada señal del favor divino (véase el problema que discuten los Salmos 37 y 49) las afirmaciones de este salmo son realmente aventuradas (véase también 73:3–5, además de 37:16 y 49:16–18). Una vez habló Dios; dos veces he oído esto (11) indica que “una revelación divina transmitida más de una vez tiene un peso especial. El contenido de esta revelación, por lo tanto, no son dos cosas separadas, sino una sola: La omnipotencia y la bondad de Dios actúan en común para que los hombres todos, tanto los buenos como los malos, reciban su justa recompensa”. Que de Dios es el poder. Dios también es misericordia (12; chesed), tratándose en este caso del amor constante, confiable, de Dios hacia los suyos (véase el comentario sobre 17:7).


Salmo 63: DIOS ES TODO EN TODOS, 63:1–11

Este es un salmo de confianza en la continua ayuda de Dios. A diferencia de otros en su misma categoría (por ejemplo el 23 o el 27), éste es un poema-himno. Todas sus palabras están dirigidas a Dios y no son acerca de El. Alcanza una de las cumbres de la devoción espiritual. “El apasionado anhelo de Dios y la visión de la comunión con El por parte del hombre verdaderamente bueno, tales como se expresan en este salmo, no tienen rival en el salterio.” Morgan ve en este salmo la expresión consumada de la confianza que se manifiesta en los dos salmos anteriores. El autor encuentra que hay dos cosas necesarias para una fe victoriosa como ésta. “Se las indica en las palabras con que comienza el salmo. Primero, debe haber la consciencia de una relación personal, ‘Dios, Dios mío eres Tú’; y, en segundo lugar, debe haber una búsqueda activa de Dios: ‘De madrugada te buscaré’. Debe establecerse la relación. Debe cultivarse la comunión.”49
El epígrafe relaciona a este salmo con la huida de David, durante el período cuando, para ocultarse de Saúl, se refugió en el desierto de Judá (1 S. 23:14–26:25).

1. La comunión con Dios (63:1–8)
Aquí tenemos la religión del Antiguo Testamento en su mejor expresión. Por la mañana (1) y por la noche (6) el salmista concentra su pensamiento y deseo en el Señor. Mi alma tiene sed de ti (1; véase el comentario sobre 42:2). En tierra seca y árida David anhela el santuario (2) de Dios, donde ha visto su poder y su gloria. La misericordia (3; chesed, el amor constante, duradero de Dios, el amor del pacto; véase comentario sobre 17:7) de Dios es mejor que la vida, sin ella la vida sería insoportable. Como de meollo y de grosura será saciada mi alma (5), Moffatt traduce, “muy bien alimentada”. Las horas de insomnio, durante la noche, se convierten en gozo cuando me acuerde de ti en mi lecho, cuando medite en ti en las vigilias de la noche (6). La ayuda recibida en el pasado engendra el gozo actual en la sombra de tus alas (7; véase comentario sobre 17:8 y 61:4).

2. El destino de los impíos (63:9–11)
El pensamiento de los opresores del salmista es como una sombra pasajera. Los que para destrucción buscan su alma (9) caerán en los sitios bajos de la tierra, el Seol o lugar de los muertos. Serán porción de los chacales (10) significa que los animales de rapiña del desierto, entre ellos los chacales, se alimentarán de sus cadáveres, que quedarán insepultos. Cualquiera que jura por él (11) significa “cualquiera que se somete y compromete a la autoridad de Dios, reconociendo su supremacía y dedicándose exclusivamente a su gloria y servicio” (Amp. O. T.). Todos éstos serán alabados.


Salmo 64: LA LOCURA Y EL DESTINO DEL ENEMIGO, 64:1–10

Este es un típico salmo de lamentación, que sigue el ya conocido esquema de ruego, descripción, petición y promesa. Expresa la preocupación por los que hacen iniquidad (2), que asedian al autor. La forma de oposición parece ser, en este caso, la calumnia maliciosa. La angustia del salmista, sin embargo, no es desesperación, porque prevé la derrota del consejo pecaminoso por obra de Dios.
El título dedica el poema “al músico principal” y lo identifica como un “salmo de David”.

1. La calumnia (64:1–6)
El ruego es: Escucha … la voz de mi queja; guarda mi vida (1). Se describe de manera vívida el método de los fabricantes de calumnias, que no ha cambiado con el correr del tiempo: consejo secreto (2) … conspiración … afilan como espada su lengua (3) lanzan cual saeta … palabra amarga … asaetear a escondidas (4) … esconder los lazos (5). El íntegro (4; tammim) es aquel que es sano, completo y pleno. Los hombres de bajo carácter raramente son objeto de calumnias. Obstinados en su inicuo designio (5) es “Confirman entre ellos su malicioso acuerdo” (Berk.). Seguros en el pensamiento de que jamás se descubrirá su mal, tratan de esconder los lazos. El versículo 6 ha encontrado una traducción exacta en la Versión Berkeley.

Elaboran planes malvados;
Tienen listos planes bien concebidos;
Porque el hombre interior y el corazón son abismales.

2. El arreglo (64:7–10)
Pero las cuestiones fundamentales de la vida nunca son dejadas a los designios de los malvados. El salmista pierde su temor del enemigo (1) al pensar que Dios los herirá con saeta (7), del mismo modo como ellos han asaeteado y herido al justo. Sus propias lenguas los harán caer (8; darán testimonio contra ellos mismos). Los que sean espectadores casuales se espantarán (o, como describe literalmente el término hebreo, menearán sus cabezas). El resultado será la reivindicación final de la justicia de Dios ante los ojos de todos los hombres. Los justos se alegrarán y verán que su confianza era justificada (10). Las víctimas de calumnias podrán sentir que les resulta demasiado difícil esperar. Pero el arreglo de cuentas, aunque se demore, vendrá algún día, con toda seguridad.


Salmo 65: UNA CANCION —HIMNO DE ADORACION, 65:1–13

Este es un salmo de adoración, que quizá se utilizara en la fiesta de la cosecha o en ocasión de alguna cosecha especialmente abundante. Gira en torno al deber y el privilegio de la adoración y subraya la gloria de Dios en su templo, entre las naciones, y en la fertilidad de la naturaleza. Está dedicado, en su epígrafe, “al músico principal”, y es un “Salmo. Cántico de David”. Los dos términos tienen, apenas, una escasa diferencia; “Salmo”, en este caso, probablemente indique un acompañamiento instrumental.

1. La gloria de Dios en su casa (65:1–4)
La naturaleza y el gozo de la adoración divina son el tema inicial del salmo. La alabanza (1), la oración (2), la limpieza de los pecados (3) y la reverencia (4) son los elementos de la verdadera adoración. El acento está puesto en la adoración pública —en Sion (1) y en la casa y santo templo de Dios (4). Toda carne (2) significa todo el pueblo. Sobre las iniquidades prevalecen contra mí (3) véase Moffatt: “Aun cuando nuestros pecados sean demasiados para nosotros, tú puedes perdonar nuestras rebeliones.” El hombre que ha sido elegido para que habite en tus atrios (4) es verdaderamente bienaventurado.

2. La gloria de Dios entre las naciones (65:5–8)
El autor habla del poder soberano de Dios en toda la tierra. Con tremendas cosas nos responderás tú en justicia (5) puede también traducirse, “En acciones espantosas nos responderás tú con la liberación” (RSV). Dios es la esperanza de todos los hombres, en todos los términos de la tierra y hasta los más remotos confines del mar. Su poder puede verse en las fuerzas de la naturaleza (6–7) y cuando El aquieta el alboroto de las naciones (“el clamor de las naciones”, Berk.). Tus maravillas (8) son las fuerzas irresistibles de la naturaleza. Las salidas de la mañana y de la tarde son el este y el oeste, los lugares donde el sol sale y se pone. La soberanía universal de Dios es proclamada por medio de estas imágenes vívidas y concretas.

3. La gloria de Dios en la cosecha (65:9–13)
Esta última sección, que algunos han concebido como un salmo separado, glorifica a Dios por la abundancia de la cosecha y la hermosura de la campiña. La fertilidad de Palestina dependía totalmente de la lluvia. El agua era tanto un don de la generosidad de Dios como un símbolo de su presencia: Visitas la tierra, y la riegas (9). El río de Dios es una referencia a “las reservas de agua que Dios posee en las nubes y la atmósfera, que en cualquier momento puede retener o derramar”. Preparas el grano de ellos; son las provisiones divinas, y no la laboriosidad humana, las que suplen las necesidades. La lluvia y la fertilidad de la “buena tierra” coronan el año con los bienes de Dios (11). El campo se regocija (12) cuando se visten de manadas los llanos, y los valles se cubren de grano (13).


Salmo 66: UN SALMO DE LA LIBERACION, 66:1–20

Este salmo de adoración está dedicado “al músico principal” y se titula “Cántico. Salmo” (véase introducción al Salmo 65), sin que figure el nombre de David. Se divide, claramente, en dos secciones principales, marcadas, en el versículo 13, por un cambio de pronombre del plural al singular. M’Caw relaciona los versículos 1–12 con la adoración colectiva y los versículos 13–20 con la adoración personal.

1. La adoración pública (66:1–12)
Este es un llamado a la alabanza de Dios por sus obras poderosas en el Exodo y en otras acciones providenciales más recientes.
a. “Toda la tierra te adorará” (66:1–4). Se convoca a toda la tierra para que cante la gloria de su nombre y ponga gloria en su alabanza (1–2). El término que se traduce cantad la gloria quiere decir, literalmente, “hacer un ruido gozoso” o sea un grito de alegría (véase 81:1; 95:1; 98:4; 100:1). ¡Cuán asombrosas son tus obras! se ha traducido: “Cuán gloriosamente temibles y espantosas son tus obras” (Amp. O. T.). Toda la tierra te adorará y cantará … tu nombre (4). Selah; véase comentario sobre 3:2.
b. “Volvió el mar en seco” (66:5–7). Hay una doble referencia, el Exodo y el cruce del Jordán (Ex. 14:21; Jos. 3:14–17). El Exodo, en especial, llegó a ser para los israelitas el hecho central de su fe.
c. “Y nos sacaste” (66:8–12). Las misericordias de Dios no cesaron con sus notorios actos de liberación en el pasado. En las pruebas de la historia y en algunos nuevos y más recientes peligros, el Señor, una vez más, dio a conocer su poder. Preservó la vida a nuestra alma (9) puede ser, también, “Mantiene viva nuestra alma” (Berk.). Porque tú nos probaste (nos sometiste a prueba) oh Dios (10). Por lomos (11) léase “caderas”; la costumbre entre los hebreos era llevar las cargas pesadas apoyándolas sobre las caderas (Berk., nota al pie). Como plata (10), por medio del fuego que refina, el pueblo ha debido pasar por el fuego y por el agua (12); pero el Señor los ha traído a abundancia —“a un rico lugar de descanso, concediéndonos la libertad” (Moffatt).

2. Devoción personal (66:13–20)
El cambio del pronombre plural al singular, en este punto, señala otro énfasis en el salmo. Se trata, ahora, de la expresión de alguien que llega a la casa de Dios con holocaustos (13) y para pagar votos hechos cuando estaba angustiado (14). Animales engordados (corderos gordos y sanos), carneros, bueyes y machos cabríos (15) eran todos aceptables como “ofrendas de paz”, es decir, aquellas que expresan la acción de gracias y el amor hacia Dios, o que valen para pagar promesas o votos (Lv. 3:1–17).
Junto con la ofrenda se daba un testimonio público de lo que (Dios) ha hecho a mi alma (16). Es posible que se diera una declaración detallada con abundancia de circunstancias concretas, pero aquí se resume todo esto en la alabanza por haber recibido respuesta al ruego (17–20). Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado (18) es una verdad que se afirma de diversas maneras en otros lugares de la Escritura (por ejemplo: Job 27:9; 31:27; Pr. 15:29; 28:9; Is. 1:15; Zac. 7:13; Jn. 9:31; etc.). La insinceridad o el pecado secreto cierra los canales de la oración.


Salmo 67: UN HIMNO DE ALABANZA, 67:1–7

Este es un salmo de adoración y alabanza, que está dedicado “al músico principal; en Neginot” o sea para instrumentos de cuerdas (véase la introducción al Salmo 4). Se titula, además, “Salmo. Cántico” (véase introducción al Salmo 65). La primera línea del versículo 6 ha inducido a clasificar este salmo como una canción para la festividad de la cosecha, pero esta circunstancia inmediata se ve sumamente superada por su visión mucho más amplia. Si originalmente fue un himno de la cosecha, es posible que se lo utilizara en la Fiesta de los Tabernáculos.

1. Razón para la alabanza (67:1–4)
La justa providencia de Dios es la base para la adoración que se expresa en este salmo. El primer versículo cumple la función de una nota de ruego. Oesterley señala que esto no está totalmente fuera de lugar, porque “cuando se ha recibido una bendición divina todo hombre, en este caso el salmista, con una auténtica visión religiosa experimentará la sensación de su indignidad; y esto va seguido por la espontánea y ardiente voluntad de usar la bendición recibida de manera correcta; esto puede suceder solamente si la gracia de Dios continúa derramándose. De ahí el pedido: ‘Oh Dios, ten misericordia de nosotros.’ ”
Haga resplandecer su rostro sobre nosotros (1) significa “míranos con generosa bondad y aprueba nuestras acciones”. Con respecto a Selah, véase el comentario sobre 3:2. Aun cuando salvación (2) es la traducción más adecuada, podría decirse, también, “poder salvador” (RSV). Juzgarás los pueblos con equidad (4) condenando al malo y reivindicando al justo. Pastorearás las naciones en la tierra significa, literalmente, “conduce los pueblos de la tierra”. La soberanía de Dios es universal.

2. Resultados de la alabanza (67:5–7)
Cuando todos los pueblos (5) alaben a Dios, se producirán tres resultados: (a) La tierra dará su fruto (6) y abundantes cosechas. (b) Nos bendecirá Dios (6) tanto en lo espiritual como desde el punto de vista material. Y (c) Todos los términos de la tierra temerán a Dios, mirarán a Dios con reverencia y maravilla.


Salmo 68: DIOS Y LAS HUESTES QUE LO ADORAN, 68:1–35

Este extenso salmo está dedicado “al músico principal” y se identifica, en su epígrafe, como “Salmo de David. Cántico”. (véase introducción al Salmo 65). Ha sido difícil para los eruditos clasificarlo, desde que se ocupa de varios temas diferentes. Oesterley cree que es una colección de cánticos breves, y Taylor lo describe como un himno procesional, que habrían usado los sacerdotes y los feligreses en su camino hacia el santuario (vv. 24–25), y le pone como título “Libretto de Canciones para el Santuario”. En el versículo 18 encontramos una fuerte nota mesiánica (véase Ef. 4:8).

1. Alabanza (68:1–6)
La sección introductoria del salmo declara la alabanza de Dios sobre la tierra y en los cielos. Ninguno de los que le aborrecen (1) puede soportar su presencia. Como se derrite la cera delante del fuego, así perecerán los impíos delante de Dios (2) —la mera presencia de Dios es intolerable para los impíos. Mas los justos se alegrarán (3) y saltarán de alegría, cantando salmos a su nombre (4). Exaltad al que cabalga sobre los cielos es la traducción posible de un texto hebreo muy difícil. Otras traducciones posibles son: “Preparad un camino elevado para el que cabalga en los desiertos” (ASV; Amp. O. T.); “Elevad un camino real para el que cabalga a través del desierto” (Berk.); “Elevad una canción hacia aquel que cabalga sobre las nubes” (RSV); y “Dad gloria al que cabalga sobre las nubes de la tormenta” (Harrison). JAH es su nombre, o Yah, una forma contracta de Yahweh, el nombre personal del Dios verdadero, que normalmente se traduce “Jehová” (Reina-Valera 1960) o “el Señor” (LXX). El uso de “el Señor” tiene el apoyo del Nuevo Testamento, puesto que en él siempre que se cita el Antiguo Testamento el nombre de Dios es reemplazado por la expresión ho Kyrios (el Señor). JAH aparece en el texto hebreo de Exodo 15:2; 17:16; Salmos 68:18; 89:8 e Isaías 12:2. Aparece frecuentemente en nombres compuestos en el Antiguo Testamento; en castellano lo tenemos como ias, (por ejemplo en Jeremías: “designado por JAH”, Isaías: “salvación Zacarías: JAH”, de JAH es recordado”; y otros por el estilo). Véase Aleluya (Hallelu-Yah), “la alabanza sea a JAH”.
Dios es Padre de huérfanos y defensor de viudas (5). En los tiempos bíblicos se ofrecía una protección especial a las personas que, de otro modo, hubieran carecido de otra defensa. Defensor implica, también, la idea de reivindicador de los derechos (véase Lc. 18:1–7). Hace habitar en familia a los desamparados (6) ha sido traducido, “Trae a un hogar a los solitarios” (Moffatt), y “da un hogar al desolado, para que viva en él” (RSV). Tierra seca es una región desértica, sin vegetación y posiblemente salitrosa.

2. Pasado (68:7–14)
Estos versículos integran otra división dentro del salmo, y se ocupan de repasar los acontecimientos que rodearon y siguieron al Exodo, mostrando el favor de Dios hacia su pueblo. Tú saliste delante de tu pueblo (7) en el pilar de fuego y la nube (véase Ex. 13:21–22; 33:14–15). Selah, véase el comentario sobre 3:2. Sobre la tierra tembló … aquel Sinaí temblo (8; véase Exodo 19:16–19). Abundante lluvia esparciste (9) quizá sea una referencia a los dones de su misericordia que Dios esparció sobre su pueblo durante la travesía del desierto, el maná y las codornices. Los que son de tu grey han morado en ella (10) también se ha traducido, “Tu rebaño encontró en ella una morada” (RSV). La referencia, en este caso, es a Canaán, la heredad del pueblo de Dios.
El Señor daba palabra (11) se refiere a los mandamientos decisivos. Había grande multitud de las que llevaban buenas nuevas puede relacionarse con las buenas nuevas de que huyeron reyes de ejércitos (12). La última parte del versículo 12 puede leerse: “Las mujeres, en casa, se repartían el botín” (Berk.). Bien que fuisteis echados entre los tiestos (13) es una construcción hebrea muy difícil que puede traducirse también: “Yacisteis en los corrales de las ovejas” (ASV) o: “Hicisteis campamentos en los corrales de las ovejas” (Berk.). El concepto probablemente se relaciona con el versículo 12, y su significado sería que las mujeres, aunque tenían que quedarse en casa para cuidar a las ovejas en sus corrales, participaban en la victoria dividiéndose los despojos. Seréis como alas de palomas cubiertas de plata, y sus plumas con amarillez de oro (13) es una imagen de Israel, la paloma, que regresa de la batalla ganada en el poder de Dios, cargado con el botín de la victoria, objetos de plata y oro. Salmón (14) es una montaña en la Palestina central, cuya ubicación exacta se ignora. El significado del versículo probablemente sea que la victoria sobre los reyes, por la mano de Dios, fue tan sin esfuerzo como una nevada sobre las laderas de la montaña.

3. Presente (68:15–23)
El poder y la presencia de Dios son más que un hecho histórico. Son una realidad presente. En estos versículos hace eco la gloria de Dios que se pone de manifiesto en las bendiciones cotidianas. Basán (15) era la zona montañosa que se encuentra en el noreste de Galilea. Aun cuando estaba en el límite de la tierra, formaba parte de la posesión del Señor. Aquí se representa al monte de Basán como si envidiara a Sion, en Jerusalén. El versículo 16 debiera leerse como en Moffatt:

¿Pero, cuál es vuestra protesta, cadena de montañas,
contra el monte que Dios ama como su morada,
donde el Eterno habita para siempre jamás?

Los carros de Dios se cuentan por veintenas de millares (17) significa que no se puede contar el número de los ejércitos angelicales.
Dios, como un Rey victorioso, subió a lo alto (18), “con cautivos en tu cortejo” (Moffatt) recibiendo el tributo de los hombres (que después distribuye entre los suyos; Pablo aplica esta imagen en Ef. 4:8). El propósito benéfico de Dios incluye también … los rebeldes. El versículo 19 resume toda la sección: Bendito el Señor; cada día nos colma de beneficios el Dios de nuestra salvación. La expresión cada día nos colma también se puede traducir “cada día nos carga” (RSV) o, “día a día nos sostiene en alto” (Berk.).
De Jehová el Señor es el librar de la muerte (20) proclama que todo lo relacionado con la vida y con la muerte está en las manos de Dios. Hay un destino terrible que espera a los enemigos de Dios (21–23), o sea de los que persisten en sus transgresiones. El extraño término la testa cabelluda (21) se refiere a la costumbre antigua de los soldados de dejarse crecer el cabello hasta la conclusión exitosa de la guerra, circunstancia en la que se afeitaban totalmente, al volver a casa. De Basán … de las profundidades del mar (22) puede querer decir “desde lo más alto (véase 15) hasta lo más bajo”.

4. Procesión (68:24–29)
Estos versículos pueden ser la clave para comprender el propósito de este salmo y el uso que se le daba en la liturgia del templo (véase la Introducción). La imagen representa el camino de Dios hacia el santuario (24), por donde avanzan los cantores, seguidos por los músicos (25) y las doncellas con panderos (panderetas). La canción que cantan es: Bendecid a Dios en las congregaciones; al Señor, vosotros de la estirpe de Israel. La ASV traduce: “vosotros los que sois de la fuente de Israel”, o sea los descendientes de Jacob. En la procesión están los dirigentes de Benjamín, los príncipes de Judá, los de Zabulón, los de Neftalí, dos tribus del norte y dos tribus del sur, que representan a la totalidad de Israel. La fuerza y el poder de Dios se ponen de manifiesto en su templo en Jerusalén (28–29).

5. Futuro (68:30–35)
Las victorias del pasado y del presente conducen hacia la confianza en el futuro. El Señor destruirá toda oposición. En donde nuestra traducción dice gentes armadas (30), léase “las bestias de los cañaverales” (Berk.); o sea que los cocodrilos, los toros y los becerros representan a los enemigos de los justos. Vendrán príncipes de Egipto (31), para adorar al Señor, y Etiopía se apresurará a extender sus manos, en sumisión y adoración. Los reinos de la tierra (32) cantarán a Dios, que cabalga sobre los cielos de los cielos (33), o sea la parte más elevada del cielo. El poder de Dios es exaltado (34). Temible eres, oh Dios, desde tus santuarios (35) debiera decir: “Inspiras respeto y reverencia, oh Dios, desde tu santuario” (Berk.).


Salmo 69: DESESPERANZA Y DESEO, 69:1–36

Esta es una canción en tono menor, con una fuerte nota imprecatoria (vv. 22–28; véase Introducción) y algunas implicaciones mesiánicas (vv. 9, 21). El título dice, “sobre Lirios”, lo cual probablemente sea el nombre de la melodía con que podría cantarse (véase la introducción al Salmo 45). La agonía espiritual del salmista era profunda e intensa. Estaba acosado por sus enemigos, lo perturbaba la enfermedad, la desesperanza amenazaba con inundarlo del todo. Morgan comenta: “Quizá no hay salmo en todo el salterio donde el sentimiento de dolor sea tan profundo o intenso como en éste. El alma del cantor se derrama en una entrega sin trabas al avasallador y terrible sufrimiento que lo consume.”

1. Un momento de extrema necesidad (69:1–5)
La situación del salmista es descrita con vívidas imágenes literarias. Las aguas han entrado hasta el alma (1; “hasta mis labios”, Berk.). Se siente hundido en cieno profundo (2), sin tener lugar en el cual pueda apoyarse. Cansado estoy de llamar (3) sugiere la idea de una intensa fatiga, ocasionada por el llanto prolongado (Berk.). El salmista es aborrecido sin causa (4), sus enemigos lo destruyen sin tener por qué, hasta el punto que se ve obligado a devolver cosas que no ha tomado de los demás. Sin embargo, debe reconocer que ha habido insensatez en su vida (5; necedad). Este término, en el Antiguo Testamento, equivale a pecado, lo cual también el salmista confiesa a Dios.

2. Sufrí angustia por amor de Dios (69:6–13)
Como es habitual en los salmos, la razón de los opositores era de carácter religioso. El versículo 6 es la noble oración de un hombre cuya preocupación no solamente es por sí mismo, sino por todos los otros hombres piadosos, como él, que podrían resultar perjudicados con su fracaso. Ha sufrido afrenta (7) por amor de Dios, hasta llegar a convertirse en extraño y desconocido entre los suyos (8). El versículo 9 ha sido hecho famoso por su uso en referencia con la limpieza del templo que efectuó Jesús (Jn. 2:17). La última parte de este mismo versículo es citada por Pablo (Ro. 15:3), cuando habla del modo como Jesucristo llevó las cargas de los débiles.
Lloré … y esto me ha sido por afrenta (10) debiera traducirse, como Moffatt: “Cuando castigué mi alma con ayuno, los hombres se burlaron de mí.” El cilicio era el símbolo tradicional del duelo profundo. Vine a serles por proverbio (11) significa que su nombre había llegado a ser, entre sus enemigos, un término despreciativo. Los que se sentaban a la puerta (12) son los ancianos de la ciudad (Rt. 4:1; Job 29:7–9). Me zaherían en sus canciones los bebedores indica que tanto lo más bajo como lo más alto de la sociedad habían conspirado para derramar desprecio sobre él. La única esperanza del salmista era que Dios escuchara su ruego. El versículo 13 debiera tener la puntuación que utiliza la Versión Berkeley:

En lo que a mí respecta, mi oración es hacia ti, Señor;
en un momento oportuno, oh Dios, en la plenitud de tu gracia,
respóndeme con la verdad de tu salvación.

3. Esperanza de recibir respuesta a la oración (69:14–20)
En una situación como esta, la única esperanza es la oración. El salmista vuelve a la desoladora imágen del versículo 2, sintiendo que se hunde en el lodo y en lo profundo de las aguas (14); el pozo de la muerte está a punto de cerrar sobre él su boca (15). Recuerda a Dios su misericordia y la multitud de sus piedades (16). Toda la miseria del poeta es volcada frente a Dios: Estoy angustiado (17) … mi afrenta, mi confusión y mi oprobio (19) … El escarnio ha quebrantado mi corazón … estoy acongojado (20). Nadie hay que se compadeciese, ni que pudiera servirle de consolador.

4. Maldición de los enemigos (69:21–28)
Estos versículos son uno de los pasajes imprecatorios más fuertes de todo el salterio (véase Introducción). La hiel y el vinagre en el versículo 21 tienen un paralelo notable en la crucifixión de Jesús (Mt. 27:34). En este contexto, sin salirnos del Antiguo Testamento, es probable que se trate de una queja por la mala calidad de los alimentos que el salmista se veía obligado a ingerir. Sigue una séptupla maldición sobre los malos: (1) de su comida (22); (2) de sus ojos (23a); (3) de sus cuerpos (23b); (4) por el derramamiento de la ira de Dios (24); (5) de sus moradas (25); (6) por el incremento de la suma de sus males (27); (7) que sus nombres sean borrados del libro de la vida (28). Cuentan del dolor (26) puede ser: “me difaman hablando a todos de mi dolor” (Berk.); siguiendo la LXX, la RSV traduce: “Me afligen todavía más.”

5. Nota de esperanza (69:29–36)
Como ocurre a menudo en los salmos, el poeta se eleva por encima de la atmósfera de tristeza hasta percibir algún rayo de esperanza. Cuando la salvación de Dios lo ponga en alto (29), alabará el nombre de Dios con cántico y lo exaltará con alabanza (30), un tributo que Dios prefiere a los sacrificios de animales (31). Su reivindicación alegrará a los oprimidos (32). Y declara: Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón, porque Jehová oye a los menesterosos (33) y no menosprecia a sus prisioneros —aquellos que perteneciendo a su pueblo hayan sido afligidos o exiliados. Los cielos y la tierra, los mares y todo lo que se mueve en ellos deben alabar el nombre de Jehová. Dios salvará a Sion y reedificará las ciudades de Judá (35), y su pueblo poseerá la tierra prometida como herencia suya (36).


Salmo 70: URGENTE PEDIDO DE SOCORRO, 70:1–5

Este salmo es idéntico a 40:13–17. Se encuentra, en su título, una nota que no aparece en aquel: “para conmemorar”, lo que probablemente indica su uso como memorial de algún tiempo de necesidad vivido por Israel. Morgan comenta: “Este breve salmo es un rápido sollozo de ansiosa solicitud. Hay poco descanso y paz en sus líneas. Los enemigos persiguen de manera cruel al salmista y se burlan de él. Es como si el autor hubiera sentido que la tensión se estaba agravando demasiado para él, y temiendo ser vencido clama a Dios para que apresure su liberación. La fe del salmista se pone de manifiesto en el hecho de que recurra a Dios: es evidente que no queda lugar en su corazón para cuestionar la capacidad de Dios para ayudarlo. Su única pregunta es si la ayuda llegará a tiempo.” Los comentarios al texto se encontrarán en 40:13–17. Las principales diferencias entre las dos versiones son la substitución de Apresúrate (1) por “Quieras” (40:13), expresión que, por otro lado, se agrega en el versículo 5; en el versículo 4 hay la substitución de Dios por Jehová (40:16), en tanto que en 70:5 leemos Oh Jehová, y en 40:17, Dios mío. Ninguna de estas alteraciones modifica el sentido.


Salmo 71: “HASTA LA EDAD ANCIANA” 71:1–24

Con la excepción del Salmo 43, que probablemente en un principio fuera parte del 42, este es el único salmo, en el libro II, que no tiene epígrafe. Es la oración y el testimonio de un anciano (9, 18). Según observa M’Caw, “Hay una paz y serenidad en él que es característica de una larga vida vivida en la confianza hacia Dios (véase 5, 17)”. “Por su profunda piedad y espíritu religioso, se cuenta entre las más hermosas producciones del salterio.”58 “Es particularmente digno de subrayarse, por su carácter único, o casi único, en todo el salterio, el hermoso retrato, que aquí se presenta de alguien bien adentrado en años que puede mirar hacia su vida, ya en el pasado, en la feliz convicción de que ha cumplido con su deber hacia Dios; y de que, pese a los problemas que pueda haber enfrentado, Dios ha estado con él y lo ha sostenido en alto.”

1. Un fuerte refugio para toda la vida (71:1–8)
Aun cuando todavía lo rodean peligros, el salmista se regocija en la agradecida memoria de las liberaciones de Dios en el pasado. Afirma su confianza en Jehová (En ti … me he refugiado; 1), y pide no ser avergonzado jamás, sino que Dios lo socorra, lo libre y lo salve (2). Pide que Dios sea su roca de refugio y su fortaleza adonde recurra yo continuamente (3). La liberación de mano del impío, del perverso y el violento (4) debe necesariamente venir del Señor Jehová, que ha sido su esperanza y seguridad desde su juventud (5). Desde el momento de su nacimiento, Dios ha sido su sostén (6). Como prodigio he sido a muchos (7) significa que ha servido a muchos como señal o portento de la fidelidad de Dios.

2. Los peligros de la edad anciana (71:9–16)
La vejez, con su consiguiente disminución de las fuerzas (9), ha sido entendida de manera incorrecta por sus enemigos (10) como señal de que Dios lo ha desamparado (11) y que no habrá nadie que lo libre. Pero no es así, y el poeta implora que Dios se mantenga cerca (12) y que sus enemigos sean confundidos (13). Pese a las presiones que lo asedian desde afuera y desde adentro, el poeta no está dispuesto a abandonar la esperanza (14), sino que alabará a Dios más y más, hablando todo el día de su justicia y de sus hechos de salvación (15). La expresión aunque no sé su número indica que las misericordias de Dios están por encima de la posibilidad de numerarlas; Moffatt traduce, “Nunca podría relatarlas completas”. En un momento cuando sus propias fuerzas se deterioran visiblemente, el salmista afirma: Vendré a los hechos poderosos de Jehová el Señor (16); véase un pasaje paralelo de Pablo en 2 Corintios 12:9.

3. La esperanza de la edad anciana (71:17–24)
Habiendo sido enseñado por Dios desde su juventud (17), en la vejez y las canas el poeta pide a Dios: No me desampares (18). Nadie es como Dios en justicia y poder (19). Habiendo visto muchas angustias y males (20), el Señor, que ha sido capaz de reavivarlo anteriormente, volverá a darle vida ahora. A aumentarás mi grandeza debe agregarse “y mi honra” (RSV). Con respecto a salterio y arpa véase el comentario sobre 32:2 (22). Santo de Israel es uno de los más solemnes títulos del verdadero Dios, que encontramos aquí por primera vez en el salterio (véase también 78:41). Era el título que Isaías prefería usar para referirse a Dios (Is. 1:4; 5:19, 24; 10:17, 20, etc.). El salmista hablará de la justicia de Dios todo el día (24). Justicia tiene aquí el significado de sus acciones salvadoras de liberación. Porque sus enemigos son avergonzados y confundidos (24), “acosados y humillados” (Moffatt).


Salmo 72: EL REY IDEAL, 72:1–20

Este poema se titula “Para Salomón”. El Salmo 127 lleva un título similar. Se lo ha interpretado tanto en relación como un rey terrenal, como referido al Mesías. Por cierto, el carácter y el gobierno del rey que se describe aquí nunca ha sido realizado en la tierra, ni lo será, con la excepción del eterno reino de nuestro Señor. Morgan escribe: “Este es el reino que el mundo todavía espera. Es un orden perfecto que nunca ha sido establecido aún, porque todavía no se ha reconocido la suprema soberanía de Dios, ni se la ha obedecido. Sin duda era esto lo que Jesús tenía en mente cuando nos enseñó a orar por la venida del Reino. El único Rey vino, pero los hombres no quisieron que El gobernara. Por lo tanto, pese a los mejores y más elevados esfuerzos que el hombre haga sin El, todavía se oprime a los pobres y la paz y la prosperidad se posponen. Para nosotros la canción de este salmo es una profecía de esperanza. Hemos visto al Rey y sabemos que su Reino perfecto vendrá, porque Dios no puede ser derrotado.” Según observa Leslie M’Caw, “Las condiciones de justicia social, estabilidad, prosperidad y paz que el salmo describe no son solamente ideas; su cumplimiento real y final está implícito, a causa de la esperanza mesiánica”.61

1. La justicia del Rey (72:1–6)
La justicia del rey y la equidad de sus juicios es el tema de la estrofa introductoria del salmo. Los juicios de Dios (mishpat: ordenanzas, estatutos, leyes) y su justicia (1; tsedeqah: justicia, integridad, rectitud) son pedidas para el rey, heredero del trono. Habiendo recibido su dote divina, el soberano ejercerá su oficio de manera correcta (2), trayendo paz al pueblo “aun desde los montes y los collados” (3; Moffatt). Especial interés se pone en las demandas de los afligidos y los hijos de los menesterosos (4). Su opresor será aplastado. En los versículos 5–6 se percibe la dimensión mesiánica del salmo. El Mesías real será reverenciado mientras duren el sol y la luna (5). Sus bendiciones serán como la lluvia sobre la hierba cortada; como el rocío que destila sobre la tierra (6).

2. El gobierno del Rey (72:7–11)
Se declara aquí cuáles serán los alcances del dominio del Rey. En sus días (7), o sea cuando su reino se establezca de manera plena, la justicia florecerá en la abundancia de la paz. Su reino se extenderá de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra (8) —una forma de denotar su universalidad. Su dominio será absoluto (9) y los reyes de Tarsis (10; España) y de las costas (el oeste), hasta Sabá y Seba (el este y el sur), ofrecerán dones. Ante él todos los reyes se postrarán y todas las naciones le servirán (11; véase Fil. 2:5–11).

3. La redención del Rey (72:12–14)
El Rey es un Redentor, porque librará al menesteroso … y al afligido y al pobre (12). Salvará la vida del necesitado y de engaño y de violencia redimirá sus almas (14). La sangre de ellos será preciosa ante sus ojos significa que el valor de aun el más humilde será tan alto para El, que no permitirá que sean oprimidos (véase 1 S. 26:21; 2 R. 1:14; Sal. 116:5).

4. El reconocimiento del Rey (72:15–17)
El Rey será reconocido y honrado por todos. Vivirá (15), se refiere al pobre y al necesitado que han sido redimidos. En gratitud por la liberación recibida, dará a su Rey el oro de Sabá (15), un país proverbial por su oro fino. Y se orará por él continuamente —se refiere al rey terrenal, cuyo reino terrenal y limitado debía seguir el modelo del reino ideal y servir a la extensión del dominio del Rey celestial. Puñado de grano (16) debería traducirse “una abundancia de grano”. Hará ruido como el Líbano significa que la cosecha será tan abundante que al soplar la brisa sobre los campos maduros las espigas se moverán y harán un ruido similar al que producen los cedros que cubren las montañas costeras del Líbano a impulso del viento que proviene del mar. El versículo 17 es claramente mesiánico en su aplicación más plena. El nombre del Rey es eterno; benditas serán en él todas las naciones y lo llamarán bienaventurado.

5. Doxología (72:18–19)
Cada uno de los libros del salterio termina con una doxología (véase Introducción). Estos versículos son la doxología del libro II. Jehová Dios, el Dios de Israel es la única fuente de las maravillas hechas en favor de su pueblo (18). Durante todo el tiempo y en toda la tierra, su gloria y su nombre glorioso serán conocidos (19). Con respecto a Amén y Amén véase los comentarios sobre 41:13.

6. Nota editorial (72:20)
La nota, Aquí terminan las oraciones de David, hijo de Isaí es una de las indicaciones de que nuestro libro de los Salmos está integrado por otras colecciones menores (véase Introducción). No significa que todos los salmos davídicos están incluidos en los dos libros precedentes, puesto que los números 86, 101, 103, 108–10, 122, 124, 131, 133 y 139–45 se identifican, en sus títulos con el gran rey-salmista de Israel. Pero sí es evidente que esta nota señalaría la terminación de una primera recopilación de los salmos davídicos, que en la actualidad forma parte de un todo mayor. En Proverbios 25:1 se encuentra una nota editorial similar, que identifica un grupo de “proverbios de Salmón” copiados por los escribas de Ezequías, rey de Judá.

Sección III Libro Tercero: Los Salmos de Asaf y Otros Salmos 73–89


El libro III está compuesto por 17 salmos. Todos tienen títulos que indican nombres de personas: 11 son de Asaf, tres de Coré y hay uno cada uno de David, Hemán y Etán. Están representadas todas las clases principales de salmos, excepto los penitenciales (véase la introducción): seis son salmos de lamentación, cinco de adoración, alabanza y acción de gracias; tres son salmos de sabiduría; y hay uno de cada una de las siguientes clases: imprecatorios, litúrgicos y mesiánicos. Algunos de los salmos más hermosos y de los más apreciados entre los que componen el salterio se encuentran en esta sección.


Salmo 73: EL PROBLEMA DEL MALO QUE PROSPERA, 73:1–28

Tipificado como literatura de sabiduría, el Salmo 73 es el primero de un grupo de 11 que se asocian con Asaf en el título o epígrafe (véase la introducción al Salmo 50). Se ocupa del mismo problema que ya ha sido tema de los Salmos 37 y 49: ¿Por qué un Dios justo permite que los malos prosperen y que los justos sufran y sean oprimidos? Una buena parte de la literatura de sabiduría en el Antiguo Testamento se dedica a la reflexión en torno a esta pregunta. Los proverbios afirman la bienaventuranza de los justos y la desgracia de los transgresores. Job examina su tesis desde el punto de vista de un justo que sufrió mucho. Eclesiastés lo encara desde la perspectiva de un hombre vano y cínico, en cierta medida, que no era exageradamente justo (Ec. 7:16) y sin embargo lo poseía todo, riqueza, cultura, placeres y lujo.
Muchos han comentado la semejanza entre el Salmo 73 y el libro de Job. Robinson dice: “El autor del Salmo 73, por ejemplo, como el gran poeta cuya obra está preservada para nosotros en el libro de Job, ha enfrentado el problema del sufrimiento y su distribución y nos conduce a través de su propia lucha espiritual.” Oesterley comenta: “En cierto sentido, este salmo es una epítome del libro de Job … se ocupa del mismo problema, sigue la misma línea de pensamiento, y ofrece uno de los pocos preanuncios, en el Antiguo Testamento, de una genuina doctrina de la inmortalidad … En el pensamiento religioso, así como en el científico, los problemas aparecen cuando hay un choque entre la teoría y los hechos. En tales casos o debe abandonarse la teoría o descubrir alguna nueva verdad que vuelva a incorporar el hecho discordante en el esquema universal. La teoría aquí se refiere al carácter de Dios, tal como lo revelan los grandes profetas; el hecho problemático es la aparente injusticia y desigualdad de la retribución divina.”

1. El problema de los justos (73:1–3)
Los primeros tres versículos presentan de manera tersa el problema espiritual del salmista. Su fe afirma el hecho de que es bueno Dios para con Israel, para con los limpios de corazón (1). Los puros de corazón son verdaderamente bienaventurados (Mt. 5:8). El salmista parte de esta fe y es a esta fe que regresa. Pero antes es necesario poner en foco ciertos hechos. Encuentra que su punto de apoyo espiritual está amenazado (2), y dice: “Porque tenía envidia del arrogante, cuando vi la prosperidad del malo” (3, Berk.). Los hombres siempre sentirán la necesidad de debatir los problemas que plantean el aparente éxito y prosperidad de los impíos y los inescrupulosos, y los sufrimientos y estrecheces que deben soportar aquellos “de los que el mundo no fue digno” (He. 11:38). Muchos permiten que sus preguntas se envenenen, hasta convertirse en dañina duda con respecto a la justicia y la bondad de Dios.

2. La prosperidad de los malos (73:4–12)
Se dibujan en términos vívidos la riqueza, el orgullo y la prosperidad de los impíos. El hecho de que no suceda de este modo con todos los impíos no oscurece la verdad de que sí sucede con muchos. No tienen congojas por su muerte, pues su vigor está entero (4) debería traducirse: “No sufren dolores violentos; sus cuerpos están bien alimentados” (Berk.). Parecen vivir libres de trabajos (5), seguros en su orgullo, libres de actuar con toda la violencia que se les ocurra ejercer, sin escrúpulos de conciencia en su conducta habitual (6). En medio de un pueblo antiguo, que permanentemente estaba al borde del hambre, ellos están gordos y logran con creces los antojos del corazón (7). Sus palabras son cínicas y malvadas, se vanaglorían y blasfeman (8–9). Los versículos 10–11 son más claros en la traducción de Moffatt: “Por eso la gente da vuelta para seguirlos y no ven que haya en ellos mal alguno, pensando, ‘¿Qué le importa a Dios? ¿Cómo podría el Omnipotente ocuparse de esto?’ ” puesto que estos personajes, pese a su impiedad, sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas (12).

3. Progreso hacia una solución (73:13–20)
A la luz de lo que ha observado, el salmista es llevado a preguntarse si él no habría limpiado … en vano … su corazón y lavado sus manos en inocencia inútilmente (13). Si los malos progresan, ¿por qué molestarse en ser buenos? De hecho, el sufrimiento y la aflicción han sido su destino (14). El versículo 15 significa que, pese a haber pensado estas cosas, no comunicó a otros sus dudas —porque haberlo hecho hubiera significado engañar a los hijos de Dios (“haber jugado una mala pasada a tus hijos”, Berk.). Guardó para sí mismo sus dudas. Sin embargo, su cuestionamiento le resultaba doloroso —“Me angustiaba de manera acerba” (16, Moffatt).
Se hizo la luz, por fin, cuando entró en el santuario de Dios (17). Entonces se dio cuenta que el Señor no salda todas sus cuentas de inmediato. De repente comprendió que los impíos prósperos, a quienes él había tontamente envidiado estaban puestos en deslizaderos (18) y destinados a la destrucción. Su parte será la destrucción y los terrores (19). Como en un sueño, lo soñado cambia de aspecto en el momento de despertarse, así, cuando Dios despierte para su juicio todo se invertirá, cosa que sucedió en el caso del hombre rico y Lázaro (véase Lc. 16:19–31). Menospreciarás su apariencia (“sus imaginaciones”, Berk.).
Lawrence Toombs ha descrito de manera elocuente esta repentina visión: “No ocurre pocas veces como en el caso del salmista, que en el templo la situación aparezca bajo una luz diferente, totalmente opuesta a la que se percibe en el mundo. El salmista sentía que su dificultad estaba en lo que lo rodeaba. En el santuario aprendió que estaba en él … En el santuario el centro de la vida del salmista pasó de estar en él a ubicarse en Dios … El cambio de centro hizo posible una sorprendente revelación. En su pobreza y opresión, poseía, sin embargo, la única cosa en el mundo que vale la pena tener: la presencia de Dios en su vida (v. 23). Estar con Dios, tener su guía y consuelo y ser el heredero de sus promesas (v. 24) es un tesoro junto al cual las posesiones de los mundanos son míseras baratijas … La prosperidad de los impíos fue un sueño, la presencia de Dios era la realidad.”

4. La esperanza de la eternidad (73:21–28)
La nueva visión produce una confesión inmediata y humilde (21–22; véase Job 42:3–6). El corazón (21; en el original los riñones) representan los sentimientos o la conciencia. Muy a menudo, cuando nos ilumina una nueva luz, nos preguntamos, “¿por qué no lo vi antes?” La permanente presencia de Dios es el mayor de todos los tesoros que la vida puede atesorar (23). La guía aquí, y la gloria en la eternidad, son la certeza de los santos (24). ¿Quién podría desear más? En los cielos, o en la tierra, nada podría ser mejor que el mismo Señor en persona (25). Aun cuando el cuerpo se debilite y finalmente sus fuerzas se vayan del todo, Dios será nuestra porción … para siempre (26). Los comentaristas disienten con respecto a la claridad con que el salmista preveía una gloria más allá de la tumba. Por cierto, no puede haber dudas sobre lo que señala Oesterley: “Aquí se expresa nuevamente la condición primaria de creencia en una vida futura: la comunión con Dios. Pero en este salmo hay una mayor consciencia de cuál puede ser el resultado de esta comunión. La unión con el Dios eterno e inmutable no puede ser alterada por la muerte. Así como en la vida sobre esta tierra Dios está con su siervo, del mismo modo en el mundo por venir Dios estará con él. En la presencia de Dios hay vida.”
Los versículos 27–28 presentan, en un vívido resumen, el contraste entre los destinos finales del malo y del justo: Perecerán; tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta (27). Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras (28). La expresión se alejan de ti (“se prostituyen apartándose de ti” en el original hebreo) describe la infidelidad espiritual contra el Amante de sus almas.


Salmo 74: LAMENTACION POR LA DESOLACION DE LA CIUDAD, 74:1–23

Este triste poema, con el espíritu de las Lamentaciones de Jeremías, se titula “Masquil de Asaf” (véase introducción a los Salmos 32 y 50). Con una única visión luminosa, en la rememoración de los versículos 12–17, es casi puro duelo, habiendo sido escrito en una clave menor de pesadumbre. Sin embargo, el hecho de que estas palabras sean elevadas a Dios en oración es por sí mismo evidencia de una fe profunda y duradera frente a la tragedia casi avasalladora. Los comentaristas difieren en la asignación de fechas a este salmo y en la identificación de la causa del dolor que se expresa. Ha sido relacionado con la destrucción de Jerusalén en el 586 A.C. y también con el período de los Macabeos. Pero el lenguaje que utiliza es lo suficientemente indefinido como para que cualquier dogmatismo sea poco recomendable.

1. La tragedia del presente (74:1–11)
En la tragedia de sus tiempos el salmista exclama: ¿Por qué, oh Dios…? La ruina, según percibe, ha caído sobre la tierra a causa de la ira divina. Encendido … furor —en muchos lugares del Antiguo Testamento la ira de Dios se asocia con un fuego encendido. Véase Números 11:33; Deuteronomio 11:17; 2 Reyes 22:13; 17; Salmos 106:40, etcétera. Deuteronomio 29:20 utiliza la misma expresión que se encuentra aquí. El Señor, cuando monta en ira, es un “fuego consumidor” (Dt. 4:24; He. 12:29). Se ruega a Dios que se acuerde de su congregación … adquirida y redimida, y del monte de Sion, lugar de su morada (2). Dirige tus pasos a los asolamientos eternos, para infligir sobre los enemigos la retribución por su impiedad y restaurar su casa. El oponente ha invadido hasta el mismo santuario (3). En éste han puesto sus divisas por señales, profanándolo. Algunos han relacionado esta descripción con “la abominación” de Daniel 11:31 y 12:11, pero el lenguaje no parece lo suficientemente fuerte como para autorizar tal identificación.
Los versículos 5 y 6 son difíciles en el texto hebreo, pero pueden traducirse, de manera plausible: “Es como si alguien hubiera hecho descender su hacha sobre un arbusto; todas sus tallas en madera han sido destrozadas con hachas y martillos” (Berk.). Los hermosos paneles de madera tallada que había en el templo han sido aplastados e incenciados (7). El incendio del templo se menciona solamente en ocasión de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor, en el 586 A.C. (2 R. 25:9). Las sinagogas de Dios (8) significa en el hebreo, los “lugares de asamblea” o los “lugares santos” de Dios. Si la traducción correcta es “sinagoga” el salmo debe ser muy tardío, puesto que las sinagogas llegaron a ser de uso corriente recién después del exilio y no se mencionan en ningún otro lugar del Antiguo Testamento.
No vemos ya nuestras señales (9) es la misma palabra que aparece en el versículo 4. “No vemos las evidencias de las bendiciones de Dios, solamente vemos los signos del triunfo de nuestro enemigo.” No hay más profeta significa que nadie queda que pueda hablar con autoridad en nombre del Dios verdadero; y nadie puede discernir hasta cuándo prevalecerá la ruina. El ¿por qué, oh Dios…? (1) es seguido por el ¿hasta cuándo, oh Dios…? (10). ¿Hasta cuándo durará esto? ¿Se someterá Dios a la blasfemia perpetuamente? Parecería que Dios estuviera presenciando indiferente, cruzado de brazos, no intentando nada (11). ¿Por qué escondes tu diestra en tu seno? es interpretado por Moffatt como: “Estira tu diestra y golpéalos.”

2. El testimonio del pasado (74:12–17)
El único rayo de luz en las tinieblas es el recuerdo de lo que Dios ha hecho en el pasado. “Dios, mi Rey, es desde antiguo” (12; RSV) evoca al Dios de los padres, cuyo poder salvador estaba atestiguado en la historia de su pueblo. Dividiste el mar con tu poder (13); véase Exodo 14:21. Los monstruos en las aguas y leviatán (14) representan a Egipto en el simbolismo bíblico. Véase los comentarios sobre Job 41:1. Abriste la fuente y el río (15) —véase Exodo 17:6; Números 20:11. Secaste ríos impetuosos se refiere al cruce del Jordán por el pueblo de Israel (véase Jos. 3:15–16).
Tuyo es el día, tuya también es la noche, (16) tanto en su sentido liberal como de manera figurada. Dios es el Señor de la noche más oscura así como del día más brillante. “En algún lugar, en medio de las tinieblas, lo encontrarás.” Dios es el Señor soberano de la naturaleza (17). Ciertamente puede ayudar a su angustiado pueblo.

3. Concepción del futuro (74:18–23)
Todavía no ha llegado la liberación, pero la fe ya la espera. Más que contra el pueblo de Dios, es Dios mismo quien ha sido blasfemado (18). El pueblo insensato debería traducirse “el pueblo impío” (Moffatt, RSV). En el Antiguo Testamento el insensato no es el “tonto” o el “necio” sino el malo y el impío. La tórtola, o paloma (19) es un símbolo de Israel indefenso. La congregación de tus afligidos sería más fiel al original si dijera “la vida de tus afligidos” (Berk.). La única esperanza de Israel es que Dios sea fiel a su parte en el pacto (20) aun cuando la nación haya quebrado su compromiso desvergonzadamente con desobediencias e idolatrías. El versículo 20 sugiere que ni siquiera los lugares tenebrosos (cavernas) sirvieron como refugio para la violencia y crueldad del invasor. No vuelva avergonzado el abatido (21) significa: No permitas que sean devueltos de la presencia de Dios sin que sus peticiones hayan sido concedidas. El insensato (22); véase comentario sobre el 18. Las voces de tus enemigos (23), en su blasfemia y fanfarronería, debieran levantar en juicio a Dios. La respuesta tardó, pero llegó a tiempo, en el momento señalado por Dios, ni un día antes ni un día después (véase Esd. 1:1–6).


Salmo 75: UNA LITURGIA DE ALABANZA, 75:1–10

Este himno de acción de gracias establece un feliz contraste con la tristeza del Salmo 74. Lleva, en su epígrafe, la identificación de “salmo de Asaf” (véase la introducción al Salmo 50) que es común a todos los salmos de este grupo. Además está dedicado “al músico principal”. Se lo describe con la palabra Altaschith (véase la introducción al Salmo 57). Morgan ve en este salmo un poema dramático: “Comienza con un coro que es una proclamación de alabanza (v. 1). Dios responde de manera directa a las loas del pueblo. Declara, entonces, que en el momento establecido juzgará. Todas las apariencias del momento podrán ser confusas, pero el corazón puede saber que El sabe, y que sólo espera el momento justo para actuar. Es posible que el caos caracterice el panorama, pero el orden lo envuelve todo, porque Dios ha afirmado los pilares (vv. 2 y 3). Entonces prorrumpe el solo del alma confiada y, dirigiéndose a los malos, los exhorta a no vivir seguros en su impiedad, porque Dios es el juez.”

1. Reconocimiento (75:1)
Por medio de una invocación se reconoce la proximidad de Dios en sus maravillas, y que es correcto ofrecerle a El la alabanza y la acción de gracias. Cercano está tu nombre —en muchos lugares (como en éste) Dios es identificado con su nombre (véase Is. 30:27). Su presencia misma es ya causa para la alabanza.

2. Respuesta (75:2–3)
Dios habla, en esta sección y en la siguiente, declarando su soberanía y su justicia. Al tiempo que señalaré: el “Juez de todos establece su propio tiempo para el juicio” (Berk., nota al pie). La versión del Amplified Old Testament aclara el significado del versículo 3: “Cuando la tierra tambalee, y todos sus habitantes en ella, soy yo quien levantará sus pilares y quien los mantendrá en pie.” Selah, véase el comentario sobre 3:2.

3. Retribución (75:4–8)
En el momento que Dios ha designado, todas las cuentas serán saldadas y se retribuirá a todos aquellos que persistan en sus caminos pecaminosos. A los insensatos (4), véase el comentario sobre 74:18. Cerviz erguida se refiere a la actitud de “no doblar el cuello”, sea por orgullo o por empecinamiento, o “no agachar la cabeza”. Porque … ni del desierto viene el enaltecimiento (6); no es la casualidad sino la justicia la que controla los resultados finales en esta vida. “Porque cualquiera que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (Lc. 14:11). Dios es el juez (7) es un hecho que su pueblo encuentra difícil, aparentemente, recordar. Dios no delega su derecho al juicio en ningún otro. Su verdad es el terror de los impíos. El cáliz está en la mano de Jehová (8), lleno de vino tinto que burbujea (porque está fermentado), y los malos tendrán que beberlo hasta el fondo (la última gota).

4. Regocijo (75:9–10)
En agudo contraste, los justos, según los representa el salmista, anunciarán y cantarán alabanzas para siempre (9) … al Dios de Jacob (Israel). El poderío de los pecadores (10; en el original “poderío” se representa por la imagen del cuerno) será quebrantado, pero el poder del justo será exaltado.


Salmo 76: UN HIMNO DE CELEBRACION, 76:1–12

Este es otro salmo en clave mayor, que acompaña el regocijo de la celebración de una gran victoria y desborda en alabanzas al poder de Dios. Con respecto a Neginot en el epígrafe, véase la introducción al Salmo 4; en cuanto a “Asaf”, véase la introducción al Salmo 50. En su estilo y tono espiritual este salmo está relacionado con los Salmos 46 y 48, que también exaltan a Dios como el Liberador de Sion. No es posible identificar con certeza cuál es la liberación a la que el salmo se refiere, aunque muchos comentaristas creen encontrar una pista en el título que este salmo tiene en la LXX, donde se ha agregado, “Con referencia a los asirios”. Lo conectan, entonces, con la liberación de Jerusalén de la invasión asiria que dirigía Senaquerib, en el año 701 A.C. (2 R. 19:35–37; Is. 37:36–38).

1. Defensa (76:1–3)
El tema de la primera estrofa es Dios como defensor de su pueblo. El Señor Jehová es el Dios de Judá, en particular y de todo Israel, en general (1). Salem (2) es un apócope de Jerusalén (Gn. 14:18; He. 7:1–2). Su tabernáculo (en hebreo “pabellón”) no es el término que se usaba para designar el tabernáculo que Moisés construyó en el desierto y que fue utilizado por Israel hasta que Salomón construyó el templo. Es un término general que sugiere la idea de una habitación o morada transitoria. La razón de la gran victoria (3) fue la presencia de Dios “en el campo de batalla”. Con respecto a Selah véase el comentario sobre 3:2.

2. Derrota del enemigo (76:4–6)
Estos versículos agregan verosimilitud al agregado al epígrafe que se puede leer en la LXX (véase la introducción a este salmo). El Señor ha derrotado al enemigo de Israel, y el sueño (o el entorpecimiento) se mencionan dos veces en relación con la derrota. El versículo 4 ha dado mucho trabajo a los traductores. La Versión Berkeley sigue a la KVJ, “Glorioso eres tú, más glorioso y excelente que las montañas de caza”. Pero Moffatt prefiere seguir una lectura variante de la LXX: “Sembraste el terror desde las colinas eternas.” El mismo traductor interpreta el comienzo del versículo 5 de la siguiente manera: “El valiente cayó presa de ti y durmió su último sueño.” No hizo uso de sus manos ninguno de los varones fuertes debiera traducirse, mejor, “ninguno … pudo levantar sus manos” (5; Amp. O. T.).

3. El peligro de la terrible ira de Dios (76:7–9)
Los impíos están expuestos al fuego consumidor de la ira divina. Ni aquí ni en ninguna otra de las referencias bíblicas debe interpretarse que la ira de Dios puede compararse con el enojo carnal que proviene de las frustraciones humanas. Es siempre la reacción necesaria del que es supremamente santo contra el mal que destruiría los objetos de su amor. Hasta la tierra (8) queda atónita cuando el juicio divino se pone de manifiesto. Aquí también vemos el doble aspecto del juicio. Es la condenación de los rebeldes, pero también la reivindicación de los mansos (9), los piadosos y los oprimidos.

4. Dedicación (76:10–12)
En vista de las acciones poderosas de Dios, los fieles son llamados a hacer sus votos y a traer sus dones en adoración a Jehová, su Dios. Ciertamente la ira del hombre te alabará (10) declara que un Dios soberano es capaz inclusive de poner a su servicio la pecaminosa ira del hombre y sus obras, para establecer su gloria (véase Ex. 9:16; Is. 45:24). “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito, son llamados” (Ro. 8:28 RSV). Tú reprimirás el resto de las iras o, como traduce Perowne, “Con los restos de las iras te vestirás”. “Con los restos de las iras humanas, su último esfuerzo impotente para reafirmar su propia fuerza, Dios se viste, se los pone encima, por así decirlo, como un ornamento —se viste de ese modo para exaltar su propia gloria.”
Prometed, y pagad (11) puesto que el voto que no se paga es una burla (Ec. 5:4–5). Todos los que están alrededor de él muestra a Jehová como el punto de reunión y verdadero centro de su pueblo. Cortará él el espíritu de los príncipes (12) puede significar, según sugiere la Versión Berkeley, que elimina de un soplido sus vidas o que “corta el espíritu (de orgullo y furia) de los príncipes” (Amp. O. T.). Moffatt interpreta la última parte del versículo 12 como “infunde temor en un tirano”.


Salmo 77: CANCION EN LUGAR DE LA TRISTEZA, 77:1–20

Este salmo es una lamentación que, como muchas de su tipo, comienza en la penumbra de la tristeza para elevarse hasta la luminosidad de una canción. Sobre los términos que aparecen en el epígrafe véanse los siguientes: “Jedutún”, introducción al Salmo 39; “Asaf”, introducción al Salmo 50. Es significativa la caracterización que Morgan hace de este salmo:

El versículo 10 es el eje sobre el que gira el salmo, pasando de la descripción de una experiencia de tinieblas y tristeza a la alegría y la alabanza. La primera parte describe el dolor que desborda el alma. La segunda ofrece una canción que es el resultado de lo que el salmista ha visto, algo que es capaz de quitar su aguijón a la tristeza. En la primera parte, una tremenda enfermedad ensombrece el cielo y no hay cántico. En la segunda una gran canción se derrama, y se olvida la tristeza. La diferencia es la que existe entre un hombre que lamenta su pena y el que es capaz de ver más allá, hacia arriba, a Dios entronizado. En la primera mitad lo predominante es el yo. En la segunda, se contempla a Dios en su gloria. Un método muy simple, que se puede aplicar a este salmo, lo pone bien de manifiesto. En los versículos 1–9 el pronombre personal de primera persona aparece 22 veces, y hay 11 referencias a Dios, por nombre, pronombre o título. En la segunda parte hay solamente tres referencias personales y 24 menciones de Dios.
El mensaje del salmo es que al meditar en la tristeza se cultiva la depresión y el descorazonamiento, mientras que ver a Dios significa cantar de alegría aun en el día más oscuro. Cuando llegamos a saber que nuestros años están en la mano derecha de Dios, se enciende en todos lados la luz y surge la canción.

Puesto que este salmo consiste principalmente en una lamentación personal, es imposible encontrar la ocasión histórica que lo motivó. Una indicación posible de la fecha de su composición es la similitud que existe entre los versículos 16–20 y Habacuc 3:10–15. Aun cuando la opinión erudita difiere, lo más probable es que el salmo haya sido primero. En tal caso debe fechárselo con anterioridad al año 600 A.C. Otros creen ver en la referencia a “Jacob y José” (15) una indicación de que el reino del Norte (José), todavía existía, y prefieren una fecha inmediatamente anterior al 722 A.C.

1. Tristeza (77:1–3)
De día y de noche el salmista buscó a Dios en ansiosa oración. Se sentía profundamente perturbado. Sea cual fuere la causa de su honda pena (se ha sugerido que una enfermedad física pudo haber sido el origen o parte del problema), mi alma rehusaba consuelo (2), como en Génesis 37:35, cuando Jacob se niega a aceptar consuelo cuando le llega noticia de la supuesta muerte de José. La traducción más correcta del versículo 3 es la que encontramos en la Versión Berkeley: “Cuando gemía, pensaba en Dios; cuando mi espíritu desfallecía, meditaba.” Con respecto a Selah (3), véase el comentario sobre 3:2.

2. Búsqueda (77:4–9)
En la hora de su mayor dificultad, el salmista inicia la búsqueda de Dios. Recuerda anteriores bendiciones, y su alma se destroza en la agonía del cuestionamiento. La memoria de días pasados, que fueron mejores, suma angustia a los dolores del presente. El sueño huyó de sus ojos y su tristeza se hundió en el silencio (4). Los años de los siglos (5) serían “los años de las edades pasadas”. La miseria del momento presente trae a la mente del poeta momentos más felices, vividos en el pasado, cuando de noche entonaba cánticos (6: véase 42:8; Job 35:10). Mi espíritu inquiría, buscando algún rayo de luz en la negrura de la noche.
La dirección hacia donde apunta la búsqueda del salmista está indicada por las seis preguntas que caen de sus labios. Estos son gritos de dolor del corazón, bien genuinos, y sin embargo, al mismo tiempo, preguntas retóricas, pues exigen todas una respuesta negativa. Dios no desechará … para siempre (7); volverá … a sernos propicio; no ha cesado para siempre su misericordia (8); ni se ha acabado perpetuamente su promesa; Dios no se ha olvidado de tener misericordia (9); y no ha encerrado con ira sus piedades.

3. Rendición (77:10–15)
Las preguntas son seguidas por una serie de compromisos que están indicados por los reiterados verbos en la primera persona singular del tiempo futuro (10–12). El salmista comienza a abandonar su queja personal para volver el rostro al Salvador, y encuentra en el recuerdo de la fidelidad que Dios le ha manifestado en el pasado un apoyo para la fe en el cumplimiento futuro de sus promesas. Enfermedad mía es esta (10) probablemente significa: “Esta es mi prueba, que Dios parecería haberme arrojado de lado.” La segunda parte del versículo es difícil y se la ha traducido de diversas maneras: “Este es mi pesar: que el Altísimo ya no posee el poder de antaño” (Moffatt); “Esta es mi tristeza: que la mano derecha del Altísimo ha cambiado”; “Esto me apena; que la mano derecha del Altísimo cambie” (Berk.). Este es el momento más bajo. La única dirección hacia la que uno puede moverse cuando está abajo es arriba, y desde estas profundidades de la duda el salmista inicia su ascenso (véase la introducción a este salmo).
La memoria de las obras de JAH (11) y de sus hechos (12) y su camino (13) dan la conclusión, que está implícita en otra pregunta retórica, ¿Qué dios es grande como nuestro Dios? Santo es tu camino se ha traducido: “Tu camino está en el santuario” (KJV), “Tu trato era divino” (Moffatt); “Tu camino está en la santidad” (Smith-Goodspeed). Todos subrayan la pureza y rectitud de los caminos de Dios. Hiciste notorio en los pueblos tu poder (14) puede traducirse “diste a conocer … tu poder” tanto en los hechos como en las palabras. Con tu brazo redimiste a tu pueblo (15) es una descripción bíblica del poder divino que se puso de manifiesto en el Exodo (véase Ex. 15:16; Is. 63:12).

4. Soberanía (77:16–20)
La supremacía de Dios, tanto en la naturaleza como en la historia, es el tema de la canción en la parte final del salmo. El versículo 16 es similar a 114:3, donde se mencionan tanto el mar Rojo como el Jordán. En ambos casos fue evidente que Dios podía controlar la abundancia de aguas con su poder: temieron al verlo (las aguas). Las nubes, los truenos y los rayos (17) y el terremoto (18) han servido, todos, para poner en evidencia el poder del Dios-Creador. El que dio forma a la tierra también la controla. En el mar fue tu camino, y tus sendas en las muchas aguas: y tus pisadas no fueron conocidas (19). Según cita Perowne: “Nosotros no sabemos, y ellos tampoco sabían con precisión cuáles eran los medios que nos trajeron la liberación … ni necesitamos saberlo; la oscuridad, el misterio, tanto aquí como en otros lugares, forman parte de la lección … Todo lo que vemos con claridad es que, a través de esta noche tenebrosa y terrible, con el enemigo a la zaga y el mar dividido a lado y lado, El condujo a su pueblo como a ovejas por mano de Moisés y Aarón.” En el terror y el misterio del cruce del mar Rojo, brilla la maravilla del cuidado que Dios tiene por su pueblo, como el de un pastor hacia sus ovejas. Aun si fue por mano de Moisés y de Aarón (20), era el Señor el que conducía.


Salmo 78: LA MANO DE DIOS EN LA HISTORIA, 78:1–72

Este es el más extenso de los salmos que, a veces, son denominados “históricos” (que incluyen los Salmos 105, 106, 114 y 136). Su tema dominante es el hecho central de la historia de Israel, la liberación de Egipto. Se lo ha denominado “balada didáctica”, y se inicia como muchos de los capítulos en el libro de Proverbios, usando, inclusive, la palabra mashal (v. 2), que es el término corriente para decir “proverbio”. Robinson describe este salmo como “un resumen poético de la historia de Israel, hasta la época en que se establece la monarquía, que se describe con el propósito de ejemplificar los peligros de olvidar la ‘instrucción’ que personas como el salmista impartían”. Con respecto a “masquil”, en el epígrafe, véase la introducción al Salmo 32; en cuanto a “Asaf”, véase la introducción al Salmo 50.
Se ha señalado que el salmista parece ser más favorable a Judá y muy crítico de Efraín, el reino del Norte.17 Esto implicaría, casi con certeza, una fecha de composición posterior a la división del reino de Salomón, bajo Roboam, con la rebelión y apostasía de Jeroboam al frente de las tribus del norte. El autor demuestra haber conocido el Pentateuco y en particular el libro de Deuteronomio. Según señala Snaith, la acusación contra el pueblo no es “que fueran menos religiosos que sus vecinos. La acusación es que eran la misma cosa que ellos. Solamente una pequeña minoría era diferente y servía sólo a Jehová”.

1. El propósito de la historia (78:1–8)
El salmo comienza con una sección que explica su propósito didáctico o educacional. La historia es el recital de las maravillosas obras de Dios, y tiene como propósito imprimir en las mentes de los jóvenes la convicción inescapable de que la desobediencia conduce siempre al desastre. Se llama al pueblo para que incline su oído (prestar atención obediente) a mi ley (1), literalmente “mi torah”, enseñanza, guía, instrucción. El salmista habla como representante de Dios. Proverbios (2; mashal) significa, literalmente, “una comparación”, sea por semejanza o por contraste. Cosas escondidas proviene de un término que significa un dicho agudo o una adivinanza, cuyo significado puede no aparecer manifiestamente al escucharla por primera vez. Este versículo se cita en Mateo 13:34–35, referido al uso de parábolas por parte de Jesús, donde las cosas escondidas desde tiempos antiguos se cita como “declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo”, según la LXX. El salmista tiene en mente la lección moral de la historia. Lo que debe recitarse y enseñarse a la generación venidera ha sido recibido de nuestros padres (3). La instrucción que deben recibir las generaciones sucesivas tiene que ver con las alabanzas de Jehová, y su potencia, y las maravillas que hizo (4). Dios estableció testimonio y puso ley (5) en su pueblo. Las lajas de piedras sobre las que se escribieron los Diez Mandamientos son llamadas “el testimonio” (Ex. 25:16, 21). Esta ley debía ser fielmente transmitida a los hijos (6) —esta es la Carta Fundamental de la educación cristiana (véase Dt. 4:9–10; 6:6–7; 11:18–19; etc.). El propósito de tal instrucción era de carácter práctico, que pongan en Dios su confianza … y … guarden sus mandamientos (7). En esta obediencia serán diferentes a sus padres, quienes fueron generación contumaz y rebelde … que no dispuso su corazón, ni fue fiel para con Dios su espíritu (8).

2. El espíritu rebelde de Efraín (78:9–16)
La razón por la que se elige a Efraín (9) como objeto especial de la reprensión aparece en los versículos 67–68. Efraín era el hijo menor de José, y recibió su bendición antes que su hermano mayor Manasés (Gn. 48:8–20). Después que se eligió a la tribu de Leví como tribu sacerdotal, los descendientes de los hijos de José fueron designados como tribus separadas. El reino del norte era frecuentemente llamado Efraín porque fue esta tribu la que jugó un rol rector entre las tribus del norte. Dentro de los límites de su territorio estaban ubicadas tanto Silo, la capital religiosa de la nación antes de David, como Siquem (véase mapa 1), el lugar histórico para el encuentro de todas las tribus (Jos. 24:1; Jue. 9:2; 1 R. 12:1). Después de la rebelión de las diez tribus del norte, Efraín encabezó la apostasía que produjo, finalmente la destrucción del reino del Norte como entidad política en el año 722 A.C. Como soldados cobardes, aunque estaban bien armados, volvieron las espaldas en el día de la batalla (9), no guardaron el pacto de Dios (10), se olvidaron de sus obras, y de sus maravillas que les había mostrado (11).
En una rápida recapitulación el salmista evoca las maravillas (12) que Dios realizó, delante de sus padres … en la tierra de Egipto, en el campo de Zoán (o Tanis), cerca del límite oriental del bajo Egipto (véase mapa 2). Su mención aquí identificaría ese lugar con la residencia del faraón con quien Moisés y Aarón trataron (Ex. 5:1–12:31). El campo de Zoán era, probablemente, la rica llanura aluvial que rodeaba la ciudad de la delta. Las plagas que sufrieron los egipcios se describen con un cierto detalle en 43–51. Aquí se mencionan simplemente la división de las aguas (del mar Rojo) en ocasión del Exodo (13; Ex. 14:15–22) y el pilar de nube y fuego (14; Ex. 13:21–22). También se recuerda la provisión de agua en el desierto (15–16; Ex. 17:1–6; Nm. 20:7–11).

3. Rebelión en el desierto (78:17–39)
En un largo pasaje, el poeta reitera una y otra vez el recuerdo de la conducta incrédula y vacilante del pueblo durante su travesía del desierto entre Egipto y Canaán. La acobardada incredulidad de las tribus frente a una eventual hambruna recibió como respuestas tanto el maná (24; Ex. 16:14) como las codornices (27; Nm. 11:31). Tentaron a Dios en su corazón (18; lo sometieron a prueba) exigiendo manifestaciones especiales de su poder sobrenatural —uno de los pecados que el Salvador se negó a cometer durante su retiro en el desierto (Mt. 4:5–7; Lc. 4:9–12). Pidieron comida a su gusto (su desordenado apetito). Pese a la milagrosa provisión de agua, el pueblo cuestionó el poder de Dios para darles pan y carne (20). La cínica incredulidad trajo sobre ellos la ira de Dios (21–22). El maná se describe como trigo de los cielos (24) y pan de nobles (25; literalmente, “alimento de los poderosos”, es decir, los ángeles). No se ha podido encontrar una explicación natural convincente del maná, al menos en las cantidades que fueron necesarias para alimentar al gran número de israelitas que emigraron. Por otro lado, se dice que el solano y el viento sur trajeron las enormes cantidades de aves (codornices, Nm. 11:31–32); estas eran aves migratorias que volaban desde Egipto hacia Arabia. Pese a la abundante provisión de carne con que contaron, no habían quitado de sí su anhelo (30). Tenían sus estómagos llenos, pero no estaban satisfechos, como ocurre con muchos en la actualidad, pese a la enorme cantidad de objetos materiales que poseen. El resultado fue el furor y el juicio de Dios (31–34; véase Nm. 11:33). Los más robustos (31) serían los más altivos. Vanidad (33) significa, aquí, frustración o futileza. Tribulación, por otro lado, significa literalmente “terror”, de modo que debería traducirse “sus años de terror”.
El juicio divino producía un arrepentimiento pasajero pero aparentemente sin sinceridad (34–36). Si los hacía morir (34) debería decir “si los golpeaba” o “castigaba” (Smith-Goodspeed). Si la “bondad de Dios” no lleva “al arrepentimiento” (Ro. 2:4), es posible que El deba emplear la severidad. Pero demasiado a menudo el arrepentimiento in extremis demuestra no haber sido genuino cuando la persona se recupera posteriormente. El problema estaba en que sus corazones no eran rectos (37) y que mantenían una actitud contemporizadora en relación con su pacto. Pero Dios, misericordioso, manifestó una y otra vez su paciencia, al no retribuir todo lo que su justicia hubiera exigido. Se acordó del carácter transitorio y de la debilidad del pueblo que procuraba conducir (39). En el versículo 38 Oesterley ve la sugerencia de una idea “que está en el centro mismo del Evangelio cristiano. El abismo que separa a Dios de los hombres, creado por el pecado humano, debe cubrirse mediante la ‘expiación’. Esto sucede en todas las religiones, y la teoría más universal sostiene que la expiación debe ser hecha por el hombre. Al atribuir la iniciativa a Dios, el salmista parece estar anticipando, inconscientemente, la gran verdad cuya expresión más plena es que ‘Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con El’ ”.

4. Las señales en Egipto y el fracaso de Israel (78:40–64)
El salmista regresa a los hechos que rodearon al Exodo, con el propósito de reforzar su argumentación: la incredulidad y la desobediencia de la nación eran inexcusables en vista de todo lo que Dios había hecho por ellos. La historia, en esta sección, llega hasta el asolamiento de Siloé y el establecimiento de Sion. La nación provocó y agravió a Dios (40). Volvían, y tentaban a Dios (lo deshonraban; 41). Su razón es que habían olvidado los acontecimientos que rodearon el Exodo (42–43). Con respecto al campo de Zoán véase el comentario sobre el versículo 12. Su mano (42) debiera traducirse, en realidad, “su poder”.
Se evocan la mayoría de las plagas que sufrieron los egipcios: la transformación del agua en sangre (44; la primera plaga, Ex. 7:20); las moscas (45; la cuarta plaga, Ex. 8:21–24); las ranas (45; la segunda plaga, Ex. 8:2–13); las langostas (46; la octava plaga, Ex. 10:4–15); la oruga representa a la langosta en su estado larval; el granizo (47–48; la séptima plaga, Ex. 9:18–33); la escarcha (o helada; 47) sería la llovizna o el granizo; y la muerte de los primogénitos (49–51; la última plaga, Ex. 12:29–30). Los ángeles destructores (49) o mensajeros del mal (“el destructor” de Ex. 12:13, 23), ocasionaron una mortandad (50) o peste. Dispuso camino a su furor (50) sería, mejor, “Hizo un camino para que por él transitara su enojo” (RSV). Las tiendas de Cam (51) es una referencia a la “Mesa de las Naciones”, en la cual se instalaron los descendientes de Cam, segundo hijo de Noé, en la región que posteriormente se conocería con el nombre de Egipto (Gn. 10:6–20; cf. 105:23, 27; 106:22).
En contraste con los juicios cada vez más duros contra el pueblo de Egipto y sus dioses falsos, se describe al pueblo de Israel como ovejas (52), que Dios hace salir con seguridad, de modo que no tuvieran temor, alejándolos de sus enemigos (53). Los trajo después … a su tierra santa, a este monte (54), una referencia al monte Sion, donde estaba construido el templo. El lugar para el templo fue ganado con su mano derecha al ofrecer su ayuda sobrenatural para expulsar a los primeros habitantes paganos (55). Con cuerdas repartió sus tierras en heredad dice literalmente, en el original, “sorteó entre ellos sus respectivas herencias” —una alusión a la división de las zonas de cada tribu por sorteo (Jos. 14:1 ss.).
Pese a las repetidas manifestaciones del poder de Dios, el pueblo tentó y provocó a enojo al Dios Altísimo, y no guardaron sus testimonios (56) o leyes (véase el comentario sobre el v. 5). La generación que vivió después de la posesión y repartición de la tierra prometida fue tan infiel como la de sus padres en el desierto (57). Un arco engañoso “es aquel que engaña al arquero, no enviando la flecha en línea recta hacia el blanco”. Los lugares altos eran santuarios dedicados a la adoración de ídolos. Le provocaron a celo es una expresión común en el Antiguo Testamento para describir la exigencia de Dios de ser exclusivo en la lealtad del pueblo que ha redimido. Las imágenes de talla son ídolos. Cuando Dios … lo oyó (59), es decir, cuando prestó atención a lo que estaba sucediendo, aborreció a Israel o, según se lee en el original hebreo, “rechazó a Israel total y definitivamente”. Dios rechaza a quienes lo rechazan a El (véase 1 S. 15:23; Os. 4:6).
Dejó, por tanto, el tabernáculo de Silo (60). El tabernáculo que se había construido en el desierto (Ex. 25–40) estaba en Silo (en territorio que había tocado en suerte a la tribu de Efraín, como a 37 kilómetros al noreste de Jerusalén) y allí permaneció durante todo el período de los jueces (Jos. 18:10; Jue. 18:31; 1 S. 4:3). Dios lo abandonó cuando el arca fue capturada por los filisteos (1 S. 4), porque el arca nunca fue devuelta a Silo. El tabernáculo fue transladado primero a Nob (1 S. 21) y después a Gabaón (1 R. 3:4). Al arca de la alianza se la llama su poderío, y su gloria (61; véase 1 S. 4:3, 21; 132:8). El pueblo, a quien se describe también como su heredad (62), fue entregado en la mano de enconados enemigos que sin piedad alguna destruyeron tanto a los jóvenes (63) como a los sacerdotes (64). La total desolación de la tierra se manifiesta en su silencio. No se escucharon ni los gozosos cantos nupciales (63) ni la lamentación de los afligidos (64).

5. El propósito de Dios se cumple en Sion (78:65–72)
Estos versículos describen la renovación de la buena fortuna de Israel, en una probable referencia a la larga serie de victorias que lograron Samuel, Saúl y David contra los filisteos (1 S. 7 y pasajes subsiguientes). Despertó el Señor (65) es la forma en que el poeta describe la intervención divina a favor de su pueblo (véase 7:7; 44:24). Como un valiente que grita excitado del vino; compárese con Isaías 42:13. Un poder exuberante y explosivo hirió a sus enemigos (66). Perpetua afrenta —tal como en realidad sucede hasta nuestros días con el término “filisteos”. Mucho tiempo antes de la rebelión final y destrucción de las tribus del norte, encabezadas por Efraín, ya se conocía la elección por parte de Dios de Judá y del monte Sion (67–68). Cuando se escribió el salmo ya existía el templo construido por Salomón (69), el hijo de David a quien Dios había elegido (70–71) para conducir a su pueblo. El establecimiento del reino con su capital en Jerusalén, donde estaba Sion, constituye un tributo a la habilidad de David como estadista (72).


Salmo 79: “EL HIMNO FUNEBRE DE UNA NACION”, 79:1–13

Este salmo de lamentación, que está inscripto como un salmo de Asaf (véase la introducción al Salmo 50), fue compuesto en ocasión de una gran catástrofe nacional, probablemente la misma que se llora con similar pasión en el Salmo 74. Aquí, como allá, las opiniones difieren con respecto a cuál sería la ocasión histórica, siendo así que algunos sugieren la desolación de Jerusalén en el año 586 A.C. y otros llegan hasta una fecha tan tardía como la conquista de Antíoco Epífanes en el período, muy posterior, de los macabeos. No parece que haya modo de establecer una fecha cierta. Esto, por supuesto, no altera el valor de este salmo como expresión de un profundo sufrimiento personal y nacional en tiempos de desastre.

1. Lamento (79:1–4)
Una de las características de los salmos de lamentación es su expresión de la angustia del poeta frente a las circunstancias que lo enfrentan. Los paganos (literalmente los goyyim, las naciones) vinieron … a tu heredad (1), profanando el templo y destruyendo la ciudad. Muchos han muerto (4), y no hubo quien los enterrase (3). El pueblo se ha convertido en ocasión de la afrenta de sus vecinos, al ser escarnecido y burlado (4).

2. Grito de venganza (79:5–12)
La principal parte del salmo es un apasionado pedido de venganza contra aquellos que han ocasionado la calamidad. ¿Hasta cuándo? (5) es la pregunta instintiva de cualquier corazón en los momentos de opresión. Con respecto a tu celo, véase el comentario sobre 78:58. Dios ha permitido que otras naciones sean “la vara de su ira” (véase Is. 10:5) para traer el juicio sobre el Israel desobediente. Su justicia visitará también a las naciones (6; los paganos). El versículo 8 es un ruego de misericordia y perdón. Vengan pronto tus misericordias a encontrarnos es la misma actitud que tiene el padre del hijo pródigo hacia éste, al salir a su encuentro (Lc. 15:20). Jehová es el Dios de nuestra salvación (9), que actúa para la gloria de su nombre. Esta es una notable oración, donde se ruega por la expiación; la expresión que se traduce perdona nuestros pecados es, en el original hebreo, casi literalmente el término por “expiación” (véase el comentario sobre 78:39).
Los que preguntan: ¿Dónde está su Dios? (10) pueden verlo actuar en sus actos de juicio contra los que han derramado la sangre de sus siervos. Dios debiera ser movido a compasión por el gemido de los presos (11). Preserva a los sentenciados a muerte es, literalmente, “Salva a los hijos de la muerte”.
En su seno siete tantos (12) sugiere una retribución perfecta y completa, según lo indica el número siete.

3. Compromiso de alabanza (79:13)
El típico voto de acción de gracias que caracteriza a los salmos de lamentación es sumamente breve, en este caso, pero muy expresivo: Y nosotros, pueblo tuyo, y ovejas de tu prado, te alabaremos para siempre; de generación en generación cantaremos tus alabanzas.


Salmo 80: SUPLICA PIDIENDO LA RESTAURACION, 80:1–19

Este salmo es otra lamentación que difiere de la mayoría en su tipo porque concentra su atención, de manera más exclusiva, en Dios antes que en las circunstancias. Oesterley comenta: “El salmista está convencido de la relación especial de Jehová con Israel, y de su cuidado por el pueblo, que se manifestó en el pasado. No puede creer en la deserción final del pueblo, y ruega que el poder de Jehová, sobre el cual no duda ni un instante, sea revelado una vez más en la restauración de la raza elegida. Es cierto que la nación ha sufrido una terrible calamidad … Pero este poeta … a diferencia de muchos otros entre los salmistas … no puede, simplemente, dar su espalda al Pastor de Israel … su fe permanece incólume, seguro de que finalmente todo saldrá bien.”
Este salmo es notable, por otro lado, a causa de un estribillo: “Oh Dios, restáuranos, haz resplandecer tu rostro y seremos salvos” con un vocativo que crece en intensidad a medida que progresa el salmo: “Oh Dios” (3), “Oh Dios de los ejércitos” (7); “Oh Jehová, Dios de los ejércitos” (19). Con respecto a los términos que figuran en el epígrafe, véase las introducciones a los Salmos 50 y 60.

1. El Señor como Pastor (80:1–3)
El salmo comienza atribuyendo a Dios el título de Pastor de Israel (1), haciendo uso de una de las metáforas más hermosas de la Biblia (véase Sal. 23; Is. 40:11; etc.). Pastoreas … a José pone de manifiesto una preocupación especial por las tribus del norte (véase comentario sobre 2) lo cual conduce a algunos estudiosos a pensar que el poeta debe haber sido nativo del reino del Norte. Que estás entre querubines debiera traducirse, literalmente, “que te sientas encima” o “que estás entronizado sobre los querubines”, o sea sobre el arca del pacto en el santísimo, lugar especial donde se ubica el trono de Dios en la tierra (véase 1 Cr. 13:6; Sal. 99:1; Is. 6:1). La combinación de los nombres de Efraín, de Benjamín y de Manasés (2) ha intrigado a los comentaristas. Benjamín quedó con Judá después de la división de las tribus, aunque su proximidad con las tribus de Efraín y Manasés puede haber llevado a algunos de sus habitantes a aliarse con el Norte. Se ha señalado, por otro lado, que Efraín y Manasés eran hijos de José, y que José y Benjamín eran hijos de Raquel, la esposa favorita de Jacob. Es interesante notar, además, que estas tres tribus estaban colocadas juntas en el orden de marcha en el desierto, inmediatamente después del arca (Nm. 2:17–24), lo cual puede explicar su mención conjunta aquí, en relación con la referencia al arca que se hizo en el versículo 1.
El estribillo (véase Introducción) aparece primero en el versículo 3, al concluir la sección. Haz resplandecer tu rostro significa “Míranos con favor”. Seremos salvos, o sea: seremos librados de nuestros enemigos, de nuestras calamidades, pero, sobre todo, de los pecados que trajeron el desastre sobre nosotros. El primer estribillo está encabezado por el vocativo Elohim, Oh Dios, y nada más.

2. El Señor como juez (80:4–7)
Los versículos que siguen, hasta el segundo estribillo, reflejan los juicios de Dios contra las malas acciones de su pueblo. El llamado del salmista está dirigido a Jehová, Dios de los ejércitos (4), un término que hace referencia al control, por parte del Dios de los “ejércitos”, tanto de los ángeles como de los hombres. Contra la oración de tu pueblo debiera traducirse, mejor, “Contra tu pueblo que ora”. El objeto de la ira de Dios no eran las oraciones, en sí, sino aquellos que las elevaban a su trono. Pan de lágrimas, y a beber lágrimas (5) indica que las lágrimas habían sido su porción durante el día y durante la noche. Nos pusiste por escarnio (6) en el sentido de ser atacados por las naciones más pequeñas que rodeaban a Israel. Nuestros enemigos se burlan, riéndose como con maliciosa satisfacción y con sorna al presenciar las miserias de Israel. Con respecto al estribillo en el versículo 7 véase el comentario sobre 3. El vocativo aquí es Dios de los ejércitos, Elohim Sabaoth, “Dios de los ejércitos de todo poder celestial y terreno”.

3. El Señor como labrador viñadero (80:8–19)
El resto del salmo está construido en torno a la bien conocida comparación bíblica del labrador y la viña. En el Antiguo Testamento Israel es comparado con la vid y la viña en Isaías 5:1–7; 27:2–6; Jeremías 2:21; 12:10; Ezequiel 17:5–10. Dios hizo venir una vid de Egipto (8). Echó a las naciones (que habitaban Canaán) y la plantó. Esta vida echó profundas raíces y llenó la tierra (9). Floreció hasta que su sombra cubrió los montes y sus sarmientos se entrelazaron con los cedros de Dios (10). Sus vástagos se extendieron desde el mar hasta el río (11), desde el Mediterráneo hasta el Eufrates (véase Gn. 28:14; Dt. 11:24; Jos. 1:4; 1 R. 4:24). Todo esto es una vívida descripción de los florecientes reinos de David y Salomón.
En pasmante contraste con la prosperidad del pasado está la miseria del presente. El salmista, ahora, no busca las causas morales y espirituales de las derrotas de Israel. Su ¿Por qué? es una forma retórica de establecer el contraste entre el presente y el pasado. Su esperanza, que muy pronto se expresará en las palabras de una oración, es que la misericordia de Dios quiera restaurar la gloria de los días pasados. Pero en la actualidad la viña escogida de Dios carece de protección, habiéndose destruido los vallados que la rodeaban y que El había construido, siendo el botín de todo transeúnte. Los animales salvajes la asuelan sin impedimento de ninguna especie (13).
La queja cede lugar a la petición, cuando se implora al Dios de los ejércitos (14) que vuelva y visite (con liberación y restauración) su viña,… planta y renuevo (14–15). La diestra de Dios simboliza tanto los propósitos o designios de Dios como su poder. Quemada a fuego y asolada (16) la vida está a punto de morir por la reprensión de tu rostro. La expresión, sea tu mano sobre el varón de tu diestra, sobre el hijo de hombre que para ti afirmaste (17) se ha interpretado como una referencia al Mesías o a la nación de Israel en su totalidad. El contexto favorecería ligeramente la opinión de los que leen en esta expresión una descripción poética de la nación. Los profetas hablan frecuentemente de Israel como hijo de Dios (véase Ex. 4:22; Is. 1:2; 63:16; 64:8; Jer. 31:9; Os. 11:1; Mal. 1:6).
El voto de obediencia o de acción de gracias que por lo general cierra los salmos de lamentación se encuentra en el versículo 18: Así no nos apartaremos de ti. Aquí tenemos una admisión de que la causa del desastre sufrido por Israel ha sido que el pueblo se apartó de Dios. Vida nos darás, sería, literalmente, “Mantennos con vida”. Con respecto al estribillo en el versículo 19, véase el comentario sobre 3. El vocativo aquí alude a Yahwe Elohim Sabaoth, Jehová, Dios de los ejércitos (véase comentarios sobre el v. 7).


Salmo 81: SIGNIFICADO DE LOS RITUALES RELIGIOSOS, 81:1–16

El Salmo 81 es un salmo de adoración que se usaba, aparentemente, durante la celebración llamada fiesta de las Trompetas, en relación con el Yom Kippur, el día de la Expiación, y la fiesta de los Tabernáculos. Estas eran festividades otoñales, que se celebraban hacia fines de septiembre y comienzos de octubre, según nuestro calendario, y señalaban el comienzo del año nuevo civil. Más que ninguno de los otros festivales religiosos judíos, éstos se caracterizaban por la gozosa celebración de la bondad de Dios.
El propósito de este salmo parecería ser interpretar al pueblo el significado y las lecciones prácticas que podían extraerse de la celebración ceremonial. Uno de los principales problemas de la vida religiosa es la pérdida del significado de los rituales; éstos se convierten, después de un tiempo, en la repetición mecánica de fórmulas que han perdido contenido. Perowne comenta, “No podría haber una concepción mayor de la verdadera significación de las fiestas religiosas de la nación. Son, todas y cada una de ellas, memoriales del amor y el poder de Dios, monumentos elevados para dar inmediato testimonio de su bondad y de la ingratitud y perversidad de Israel, otras tantas ocasiones solemnes en las que El viene como Rey y como Padre para visitar a su pueblo, para volver a encender la llama de su lealtad y afecto, para desparramar entre ellos los tesoros de su generosidad. Dar esta interpretación a las festividades, poner bajo su verdadera luz el gozo nacional y su celebración, parece haber sido el objetivo del salmista”.
Oesterley también afirma, desde un punto de vista ligeramente distinto, que el salmo ofrece una única lección: “La lealtad y consagración absolutas, inamovibles, al único Dios que vive y es verdadero: Tal es la única e indispensable condición del éxito y la prosperidad. Mientras la experiencia humana desmiente esta doctrina en los planos inferiores de la vida, en su sentido más elevado sigue siendo, y siempre seguirá siendo verdad del modo más profundo.”
Con respecto a los términos que aparecen en el epígrafe véase el comentario a los Salmos 8 y 50.

1. Invitación al canto (81:1–5)
El título de esta primera parte del salmo surge de las mismas palabras que emplea su autor. Comienza invitando al pueblo a unirse en el gozo y la adoración de la fiesta. La música gozosa, tanto cantada como instrumental, debe caracterizar la adoración a Dios. En este pasaje puede verse con claridad la bienaventuranza y el gozo que caracterizan la piedad del Antiguo Testamento en sus mejores expresiones. Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra (1) es la invitación, al Dios de Jacob aclamad con júbilo. La frase entonad canción significa literalmente “traed una melodía” o “elevad una canción”. Con respecto a pandero … arpa … salterio véase el comentario sobre 33:2. La trompeta (3) es el shophar, o cuerno de antílope, que todavía se utiliza en la sinagoga durante esta misma festividad, según la prescripción de Números 29:1. En la nueva luna, en el día señalado debería leerse, según una traducción literal: “En la luna nueva, en la luna llena”, como reconocimiento de que esta festividad comienza el primer día del mes y termina el quince. La razón que justifica este precepto es el estatuto (4) y la ordenanza constituidos como testimonio (5) en el momento del Exodo desde Egipto. Oí lenguaje que no entendía es interpretado por algunos como una alusión al egipcio. Es más probable, sin embargo, que se refiera a la voz de Dios, pues lo que sigue a continuación es un oráculo en el cual Dios mismo habla a su pueblo. La RSV traduce: “Oí una voz que no conocía.” Delitzsch comenta: “Era la voz de un Dios conocido y, sin embargo, desconocido, la que Israel escuchó desde el Sinaí. Dios se revelaba a Israel, ahora, en un nuevo sentido, no sólo como el redentor y salvador de su pueblo del cautiverio egipcio, sino también, ahora, como su Rey, dictando una Ley que los unía como pueblo y era la base de su existencia nacional.”25

2. Habla el Soberano (81:6–16)
El resto del salmo tiene la forma de un oráculo, en el cual el salmista pronuncia las palabras de Dios hablando en primera persona. Se divide en dos partes bien definidas:
a. El significado del Exodo (81:6–10). El Señor rememora la liberación del pueblo de su esclavitud en Egipto. Israel fue liberado del trabajo esclavo. Aparté su hombro de debajo de la carga; sus manos fueron descargadas de los cestos (6) es, probablemente, una referencia al tipo de trabajo que los israelitas debían realizar en Egipto (Ex. 1:11, 13–14; 5:6–10). En la liberación Dios responde en lo secreto del trueno (7), una referencia, quizá, a la nube de Exodo 14:19, o al Sinaí (Ex. 19:16–25). Te probé (te sometí a prueba) junto a las aguas de Meriba (Ex. 17:1–7). Selah, véase el comentario sobre 3:2.
En vista de la bondad que ha usado con ellos, Dios pide la lealtad de su pueblo. Te amonestaré (8) dice, en hebreo “daré testimonio contra ti”. La cuestión más importante en juego durante toda la historia de Israel, hasta el exilio era la adoración de ídolos: Ni te inclinarás a dios extraño (9; extranjero). Dios reclama la lealtad exclusiva de su pueblo. El primer mandamiento es “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (además de mí; Ex. 20:3). La razón que se invoca es la misma: “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre” (Ex. 20:2). El poder ilimitado del Señor estimula a pedir de manera abundante: Abre tu boca, y yo la llenaré (10; véase Jn. 16:24).
b. La rebelión del pueblo (81:11–16). En un abrupto cambio de tono, Dios habla, ahora, de la desobediencia y la infidelidad. Pero mi pueblo no oyó (en un acto de obediencia) mi voz, e Israel no me quiso a mí (11) o, como traduce Perowne, “no estaba dispuesto a obedecerme a mí”. El terrible resultado de la rebelión es que Dios los abandonó a la dureza de su corazón; caminaron en sus propios consejos (12). Su pecado se convierte, así, en su principal castigo, tal como Pablo afirma en Romanos 1:24, “Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos”.
En los versículos 13–14 se indica cuán diferente pudiera haber sido la historia de Israel. Si el pueblo hubiera oído y andado en sus caminos (13), Dios hubiera derribado a sus enemigos de inmediato (14). Los que aborrecen a Jehová (15) dentro del propio pueblo de Israel, se le hubieran sometido, habiendo sido por El conquistados. Y no habrían sido destruidos, el tiempo de ellos sería para siempre. El Señor los habría sustentado con lo mejor del trigo (16) y hubiera satisfecho su apetito con miel de la peña. Hay una carga emocional infinita en el contraste entre lo que era y lo que hubiera podido ser, y la diferencia estribaba totalmente en la cuestión de la obediencia.


Salmo 82: UNA VISION DEL JUICIO, 82:1–8

Este es un salmo de sabiduría que Morgan caracteriza como “un reclamo desesperado que implora justicia, a partir del sentimiento de la mala administración de aquellos que ejercen el poder. En primer lugar anuncia que Dios es el Juez supremo. Esto equivale a un reconocimiento de la perfecta equidad de las pautas de la justicia. Los jueces que se tiene en mente han pecado al hacer acepción en la persona de los malos, apartándose de este modo del trato que Dios ofrece a los hombres, ante quien todos ellos son responsables”.
Los comentaristas han disentido de manera aguda con respecto al significado del versículo l, y por lo tanto con respecto a la aplicación de la totalidad del salmo. Los “dioses” son interpretados por algunos (Oesterley) como deidades subordinadas o como ángeles (Hupfeld). Sin embargo, tanto el contexto como el uso que nuestro Señor hace del versículo 6 en Juan 10:34 hacen pensar que aquí el salmista se refiere a reyes o magistrados culpables de haber usado su oficio para fines egoístas.
Con respecto a “Asaf” en el título véase la introducción al Salmo 50.

1. Juez de jueces (82:1–2)
El versículo 1 se traduciría, literalmente, “Dios (Elohim) está de pie en la congregación de Dios (El); en medio de los dioses (elohim) juzgará”. El mismo lenguaje se usa en el versículo 6: “Yo he dicho, vosotros sois dioses (elohim).” Debiera observarse que elohim es un sustantivo plural que por lo general se traduce Dios o dioses pero que también se usa para designar seres sobrenaturales tales como ángeles u hombres de rango elevado y autoridad suprema. La mejor comprensión de este versículo indicaría, por lo tanto, que “Dios, como juez supremo en medio de los gobernantes y jueces corrompidos de Israel, los reprende y condena”.29 La pregunta que los jueces deben responder ante el Soberano está indicada en el versículo 2: ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, y aceptaréis las personas de los impíos? —es decir, los juzgaréis con parcialidad favorable a ellos. Esta queja no es nueva (véase 1 S. 8:3; Is. 1:17; 3:13–15; Jer. 21:12; Am. 5:12, 15; Mi. 7:3; Zac. 8:9–10). Selah; véase el comentario sobre 3:2.

2. La confianza y su traición (82:3–7)
La obligación específica de los jueces era defender la causa del débil y el huérfano, el afligido y el menesteroso (3), protegiéndolos contra la opresión de los impíos (4). Libradlo debiera traducirse “rescatadlo” (Berk.). Las dificultades que tenían los indefensos para hacerse escuchar por los magistrados corruptos están muy bien ilustradas en Lucas 18:1–6. En contraste con lo que debieran ser, estos hombres no saben (5; no les interesa), pues han cerrado sus ojos a todo lo que pueda llevarlos a una interpretación recta de sus deberes. Andan en tienieblas, permitiendo que sólo su voluntad egoísta los oriente, hasta el punto que tiemblan todos los cimientos de la tierra, toda la estructura de la sociedad sufre el desorden y la corrupción.
Dios ha dotado de dignidad y autoridad a los gobernantes y jueces. Con respecto a Vosotros sois dioses (6) véase el comentario sobre el versículo 1 y la aplicación que Jesús hace de este pasaje en Juan 10:34. Son hijos del Altísimo con respecto al poder y las responsabilidades que se les han otorgado. Pablo describe a los magistrados humanos en el ejercicio de su función como guardianes de la paz, como “poderes … ordenados por Dios” y “ministros de Dios”. Resistir su autoridad equivale a resistir la autoridad de Dios (Ro. 13:1–6). A causa de su traición a la confianza que se ha tenido en ellos, estos gobernantes corruptos han de morir, como cualquiera de los príncipes caeréis (7). Su oficio y rango no los salvará del desastre.

3. El Juez de todos (82:8)
El Juez de los jueces es, también, el Juez de toda la tierra, pues puede reclamar a todas las naciones como su propia herencia o posesión. El salmo concluye con la petición del poeta: Levántate, oh Dios, juzga la tierra; porque tú heredarás todas las naciones.


Salmo 83: ORACION PARA UN MOMENTO DE PELIGRO NACIONAL, 83:1–18

La nación estaba amenazada por una vasta coalición de fuerzas malignas, formadas en invencible poder contra el pueblo de Dios. Se han ofrecido varias conjeturas con respecto a la circunstancia histórica exacta que pudo haber motivado este salmo. Se ha pensado que quizá haya sido la confederación que amenazó a Israel en el período de los jueces (Jueces 7–8), o el asedio a Josafat en 2 Crónicas 20. El versículo 8 indicaría una época anterior al surgimiento de Asiria como uno de los poderes dominantes en la escena política palestina, puesto que “Asur”, “el asirio”, está nombrado entre los confederados de poca monta individualmente. Aun cuando no podríamos hablar con certeza sobre la ocasión de la composición de este salmo, salta a la vista que su contenido puede aplicarse a varias circunstancias en la historia del acosado pueblo de Dios.
Hay una división natural entre los versículos 8 y 9. La primera mitad describe la situación. La segunda mitad es casi exclusivamente imprecatoria, y por esa razón el salmo, en su totalidad, se clasifica entre los salmos de imprecación (véase la Introducción). Con respecto a “Asaf”, en el epígrafe, véase la introducción al Salmo 50.

1. Descripción (83:1–8)
Se ruega a Dios que intervenga a favor de su pueblo indefenso: Oh Dios, no guardes silencio; no calles, oh Dios, ni te estés quieto (1). Se trata de un levantamiento de los que son. enemigos de Dios y lo aborrecen (2). Estos se habrían complotado contra tu pueblo y contra tus protegidos (3), o sea contra “los que tú atesoras” sosteniéndolos “en el hueco de tu mano”. El objetivo del enemigo es la destrucción de Israel como nación (4) —una meta política que sigue siendo la de los estados árabes en el Medio Oriente. Las tiendas (6, carpas) pueden ser tanto las tiendas donde estos pueblos habitan normalmente, como las de sus ejércitos. La federación consistía de muchos de los viejos enemigos de Israel (véase mapa 1): los edomitas, los ismaelitas, los moabitas (6), los amonitas, los amalekitas, los filisteos (7), con los asirios (Asur, 8) como aliado secundario. Los agarenos son menos conocidos (6). Eran un pueblo que habitaba en el territorio de Gilead, al este del Jordán, que fue expulsado por la tribu de Rubén en la época de Saúl (1 Cr. 5:10, 18–20). Gebal (7) está mencionado en 1 Reyes 5:18 y en Ezequiel 27:9; aparentemente era el nombre de un territorio situado al sur del mar Muerto, en el vecindario de Petra. En la actualidad todavía se lo conoce por el nombre arábigo de Dgebel. Los habitantes de Tiro también estaban alineados contra Israel en ésta, como en otras ocasiones, y eran frecuentemente condenados por los profetas (véase Jer. 25:15–22; Ez. 26:2–28:26; Am. 1:9–10; Zac. 9:2–4). Asur (8) era Asiria. Los hijos de Lot eran los moabitas y los amonitas. Selah; véase el comentario sobre 3:2.

2. Imprecación (83:9–18)
Este pasaje está lleno de rememoraciones de las dos grandes liberaciones de Israel en el pasado, cuando el poder de Dios lo sacó de la opresión de enemigos formidables. Respecto a su tono vengativo Perowne escribe: “Suplican que ocurra con ellos lo mismo que ocurrió en el pasado con los enemigos de Israel, Jabín y Sisara, de los tiempos antiguos. Pero la oración pide más que la liberación o la victoria. Implora que el nombre de Jehová sea magnificado y que todos lo busquen. Hay dos expresiones que dan la clave de este salmo —nos muestran la actitud del autor en presencia del peligro: el versículo 5, ‘Contra ti han hecho alianza’; y el versículo 18, ‘Conozcan que tu nombre es Jehová, tú solo Altísimo sobre la tierra’.”
Ambas liberaciones se mencionan juntas en el versículo 9, aun cuando la victoria contra las huestes de Madián no se describe en detalle hasta 11–12. La victoria de Débora y Barac contra Sisara y Jabín (9) la encontramos narrada en Jueces 4:1–5:31. El lugar de la principal batalla de aquella guerra fue el río Cisón (Jue. 4:7, 13; 5:21). Aquí una repentina nube inmovilizó los carros del enemigo y arrasó su ejército. Jabín era rey de los cananeos en Hazor, en el norte de Palestina, y Sisara era el comandante general de su ejército. Endor (10) no se menciona en el relato de los jueces, pero se asociaba tradicionalmente con la muerte de los dos líderes cananeos. Se encontraba a unos 70 kilómetros al sur de Hazor. Oreb, Zeeb, Zeba y Zalmuma (11) se mencionan en relación con la aplastante derrota de los madianitas, que describe Jueces 7:1–8:13 y se menciona en Isaías 10:26 como ejemplo de una gran carnicería. Oreb y Zeeb son descritos como príncipes tanto en 11 como en Jueces 7:25; probablemente hayan sido los generales que comandaban los ejércitos durante la batalla. Zeba y Zalmuna son identificados como “reyes” de Madián en Jueces 8:5. Su orgullo se pone de manifiesto en lo que intentan: “Heredemos para nosotros las moradas de Dios” (literalmente: la habitación, RSV; Berk.: los pastizales; 12).

El salmista ruega que sus enemigos (y los del Señor) sean hechos como torbellinos (13) y como hojarascas delante del viento, dos imágenes de la impotencia y la vanidad. Han de ser hechos como el fuego en un bosque, que la tormenta impele hasta quemar el monte (14). Persíguelos (15) se traduce mejor “síguelos”. Sin embargo, el objetivo de la ira divina es producir, finalmente, la redención de sus enemigos. La amargura de la imprecación resulta aliviada en cierta medida por el propósito final de los juicios de Dios: Busquen tu nombre, oh Jehová (16); Y conozcan que tu nombre es Jehová; tú solo Altísimo sobre toda la tierra (18).

Hay muchos aspectos de este salmo, como de los otros salmos imprecatorios, que no apelan a los cristianos que viven a la luz del Sermón del Monte (específicamente Mt. 5:43–48). El salmista pertenece a aquellos que habitaban “en los tiempos antiguos” (Mt. 5:21, 27, 33) cuyas enseñanzas Jesús “cumplió” enmendándolas e imprimiéndoles una dirección diferente. Sin embargo, debemos reconocer que aun en salmos tales como éste son los enemigos de Dios los que son objeto de la ira (Sal. 83:2). Además, está el deseo expreso de que por lo menos algunos entre ellos sean traídos a buscar al Señor por medio del reconocimiento de la relación que hay entre sus pecados y los juicios divinos sobre ellos. No hay nada arbitrario en la ira y los juicios de Dios. Los hombres se caracterizan por ser rara y tristemente lentos en reconocer que no se puede actuar contra la veta del universo sin herirse las manos con las astillas.


Salmo 84: HAMBRE DE LA CASA DE DIOS, 84:1–12

Hay pocos poemas, en la Biblia o fuera de ella, que puedan igualar al Salmo 84 en la profundidad de sus sentimientos o la belleza de la expresión. La idea que lo inspira es pariente de la que ya vimos en los Samos 42–43, hasta el punto que muchos comentaristas (por ejemplo, Ewald, Perowne, McCullough) los atribuyen al mismo autor. Con respecto a los términos que aparecen en el título o epígrafe véanse las introducciones a los Salmos 8 y 42.
Este salmo se ha relacionado desde la antigüedad con la fiesta de los Tabernáculos, en el otoño, y, según aventura Oesterley, puede muy bien haber sido la canción que entonaban los peregrinos que se acercaban a Jerusalén para celebrar allí el festival del otoño, después de un largo y seco verano. “Nuestra concepción de la religión, sus métodos y sus propósitos ha crecido con el correr de los siglos. La prosperidad material ya no es la única prueba del favor divino, ni pensamos que el bienestar de la comunidad pueda resumirse en la del individuo que la encabeza. Pero sigue siendo verdad que la mayor bienaventuranza que conoce el espíritu humano es el sentido de la comunión con Dios, y que en la ‘comunión del Espíritu Santo’ tenemos, con certidumbre una experiencia de aquello que es, por naturaleza, invisible y eterno.”32

1. Anhelo por la casa del Señor (84:1–4)
¡Cuán amables son tus moradas! (1). Los términos hebreos, tanto en el versículo 1 como en el 2, son plurales: “moradas” y atrios (2). Esto puede representar las distintas partes del santuario o, simplemente, ser un reflejo de la costumbre hebrea de usar el plural cuando se quiere intensificar el sentido de una palabra, el denominado “plural de majestad”. Alma, corazón y carne anhelan, todas, la presencia del Dios vivo —es interesante señalar que esta última expresión se encuentra, en los Salmos, solamente aquí y en 42:2 (véase el correspondiente comentario).
La referencia al gorrión y la golondrina (3) se han interpretado como una expresión de deseo por aquello que las aves poseen con tanta libertad, acceso a las proximidades de la casa de Dios (Perowne, McCullough) o, según sugiere Moffatt, como si el salmista estuviera comparando su propia alma con las aves cuando hacen nido en el templo o en sus proximidades. Cerca de tus altares debiera traducirse “aún tus altares”. Nada puede equiparar la felicidad de aquellos que habitan en la casa de Dios (4). Con respecto a Selah, véase el comentario sobre 3:2.

2. El triunfo de la confianza (84:5–8)
Aun cuando todavía no han llegado al santuario, el poeta visualiza la terminación de su peregrinaje en Sion, en la casa del Señor. Perowne indica la relación entre esta estrofa y la anterior, y muestra su significado con las siguientes palabras: “Pero no son bienaventurados solamente los que habitan en los lugares santos de la ciudad de Dios, o cerca de su casa; son bienaventurados los que pueden visitarla, con la caravana de los peregrinos, durante las grandes festividades de Israel. Conservarán el recuerdo de estos días sagrados toda su vida y con intenso afecto. Cada lugar del camino tan bien conocido, cada refugio donde se detuvieron para descansar, vivirá en sus corazones. El sendero puede ser seco y polvoriento, a través de valles solitarios y tristes, pero todos los peregrinos los recorren con amor. La caravana de los peregrinos, rica en esperanza, olvida sus pruebas y dificultades cuando el camino queda atrás: la esperanza transforma las desolaciones pedregosas y ásperas en fuentes vivas. El valle florece como si una dulce lluvia celestial lo hubiera cubierto de bendiciones. Paso a paso, la esperanza sustenta al peregrino; de etapa en etapa renuevan su fuerza a medida que se acercan al fin del viaje, hasta que, por fin, aparecen delante de Dios, se presentan como sus adoradores en su templo, en Sion.”
En cuyo corazón están tus caminos (5) puede entenderse en el sentido de aquel que atesora los caminos de Dios en su corazón (Berk.), o el que ama cada parte del camino que lleva a Sion (RSV). Valle de lágrimas (6) puede también decirse “valle de los llantos”. “El significado de este versículo es que la fe, la esperanza y el gozo de los peregrinos convierten el desierto arenoso en un lugar donde abundan las fuentes, y que (este es el aspecto divino de la imagen) Dios de los cielos envía la lluvia de su gracia. La palabra (literalmente: lluvias tempranas) denota la lluvia suave y beneficiosa del otoño (Jl. 2:23) que caía después que se habían sembrado los campos. De este modo el valle de las lágrimas se convierte en el valle del gozo.”
Irán de poder en poder (7), renovando sus energías después de cada fatigante jornada de viaje (véase Is. 40:31). Verán a Dios y en su presencia lo adorarán, serán examinados por El y recibirán su bendición. Habiéndose formado en su mente la imagen de la felicidad que gozan quienes viven en la casa de Dios y quienes peregrinan hacia ella, el poeta derrama su oración para que Dios le permita muy pronto ser partícipe, a él también, de estas bendiciones (8).

3. La recompensa: Dios estará presente (84:9–12)
Las bendiciones de la casa de Dios son superadas solamente por su propia presencia. Con respecto a Dios, escudo nuestro (9) véase el comentario sobre 3:3. Tu ungido es la expresión típica para referirse al rey de Israel, lo que ha inspirado la opinión de que este salmo habría sido escrito por alguno de los reyes de Israel. Sin embargo, el contexto parecería favorecer la interpretación de que se trata, aquí, de una oración que se ofrece en nombre del rey —o quizás el poeta ha espiritualizado el ungimiento y piensa en sí mismo como aquel que ha sido ungido por Dios.
Tan grande es la devoción del salmista hacia Dios que un solo día en los atrios de Dios es preferido a mil días en cualquier otro lugar (10). Moffatt subraya el contraste en la última parte de este versículo traduciendo:

Preferiría estar sentado en los umbrales de la casa de Dios que vivir en las tiendas de hombres mundanos.

Jehová Dios (11) es Yahweh Elohim, que se usa solamente aquí en los Salmos pero caracteriza a Génesis 2:14–3:24 (los Salmos 68:18 y 85:8 emplean una forma abreviada: Yah Elohim). Por lo general cuando la versión Reina-Valera (revisada) traduce “Señor Dios” el original dice Adonai Yahweh o Adonai Elohim. Este es el único lugar donde Dios es denominado directamente sol, aunque debe verse también “sol de justicia” en Malaquías 4:2. Con respecto a escudo, véase el comentario sobre 3:3. Gracia y gloria deben venir en este exacto orden: La gracia precede a la gloria, pero la gloria sigue a la gracia. Nosotros necesitamos ambas.
El bien significa “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad” (2 P. 1:3) y la provisión para todas las necesidades, según su voluntad (Mt. 6:33; Fil. 4:19). Que andan en integridad significa, literalmente, “en la perfección” (tammim, perfecto, entero, pleno, íntegro). “Y el salmista se eleva, por fin, hasta la gozosa convicción de que son bienaventurados no solamente los que viven en la casa de Dios (v. 4) o los que llenan las rutas que convergen hacia Sion durante las festividades en esa casa (v. 5), sino también todos aquellos que, lo adoren o no en ese lugar, han identificado sus voluntades con la suya por medio de la fe: ‘Bendito el hombre que confió en Ti.’ ”


Salmo 85: ALABANZA, ORACION Y FUTURO, 85:1–13

Este salmo de adoración fue aparentemente escrito después del regreso de los cautivos del exilio babilónico y en este aspecto puede comparárselo con el Salmo 126. Sin embargo, en él encontramos una ferviente oración por el reavivamiento y la permanente misericordia. El tenor de todo el poema se adecúa a las circunstancias que se describen en Nehemías 1:3 o Hageo 1:6–11; 2:15–19. De todos modos, en todos estos casos aparece el mismo gozo por las misercordias del pasado y un manifiesto reconocimiento de la dependencia con respecto a la continuación de la misericordia en el futuro. Con respecto a “hijos de Coré”, en el título, véase la introducción al Salmo 42.

1. Alabanza (85:1–3)
La gracia de Dios ha restaurado a su pueblo de manera maravillosa: El ha sido propicio a la tierra de Jacob (Israel), su tierra (la de Dios), y ha “vuelto” la cautividad de Jacob (1). Estas palabras se adaptan perfectamente bien a la restauración, después del cautiverio en Babilonia. Aquellos que atribuyen este salmo a una fecha muy anterior sostienen que cualquier tipo de restauración podría describirse con las mismas palabras (la RSV, por ejemplo, traduce “restauraste la buena fortuna de Jacob”, como también Moffatt y Smith-Goodspeed). En cualquier momento de su historia el pueblo de Dios puede regocijarse en su gracia y bondad. La iniquidad del pueblo ha sido perdonada, y todos sus pecados han sido cubiertos (2); por lo tanto ha sido quitada de sobre ellos la ira de Dios y se ha abatido (“reprimido”) el ardor de su enojo (3). Hay una evidente relación entre el pecado del pueblo y la ira de Dios. El primero debe limpiarse de manera concluyente antes que pueda esperarse que la segunda se aparte de sobre el pueblo. Selah (2); véase comentario sobre 3:2.

2. Oración (85:4–7)
En el versículo 4, se produce una transición abrupta de la alabanza a la oración (véase Fil. 4:6). Pero el orden es correcto. La alabanza y la acción de gracias por las bendiciones ya recibidas debe preceder a la oración que ruega por más ayuda. La tarea no está terminada. Si, como sugiere M’Caw, estos son los pensamientos de hombres piadosos que enfrentan la tarea de la reconstrucción después del exilio, con la pobreza y la desolación como sus horizontes, en realidad el salmista y sus compañeros tenían por delante grandes desafíos. Las privaciones del presente eran, en un sentido muy reales, la consecuencia de juicios anteriores de Dios (4–5). Restáuranos (4; “vuelve a liberarnos”, Moffatt). El favor de Dios no era una garantía de inmunidad contra las dificultades. El salmista, que lo sabía, pide que las dificultades no sean mayores que la capacidad del pueblo de soportarlas.
¿No volverás a darnos vida? (6) es un gran texto aún válido de reavivamiento espiritual. El énfasis, en el texto hebreo, está en el pronombre (tácito en castellano) “Tú”: “Porque solamente Dios puede reavivar los corazones entristecidos y las esperanzas desmoronadas de su pueblo.” El resultado será que tu pueblo se regocije en ti —no por las bendiciones materiales que recibirá, sino en el Dador de todo don bueno y perfecto. Tu misericordia (7, chesed) es el cariño, el amor fiel y duradero, la fidelidad de Dios a sus promesas (véase el comentario sobre 17:7).

3. Futuro (85:8–13)
Del mismo modo como Habacuc monta guardia en su torre de vigía para escuchar lo que el Señor tenga para decirle (Hab. 2:1), el poeta, aquí (8) se detiene para escuchar. El saldo de este salmo es la substancia de la seguridad que ofrece Dios, su promesa para el futuro. Hablará Jehová Dios … paz a su pueblo y a sus santos (“a los hombres devotos”, Moffatt) —siempre que, por supuesto, no vuelvan a la locura. La LXX sigue una versión distinta, “a aquellos que vuelven sus corazones a El”. Pero probablemente deba preferirse el hebreo. La locura, tanto aquí como en otros lugares de la Biblia, no significa simplemente tontería sino intención malvada y pecaminosa. El término que se utiliza en el original del Antiguo Testamento significa también idolatría, lo cual agrega un aspecto de extrema gravedad si se trata realmente, aquí, de un salmo post-exílico. El exilio fue ocasionado por la idolatría de Israel y, en lo que concierne al pueblo hebreo, el remedio bastó para curar la enfermedad.
La liberación de Dios cercana está … a los que le temen (9); nunca se encuentra lejos del alma honesta y que busca a Dios. La gloria es la presencia manifiesta de Dios en medio de su pueblo. En Moffatt, por ejemplo, leemos: “hasta que su Gran Presencia more en nuestra tierra.” Perowne observa: “Esta esperanza estaba destinada a encontrar su cumplimiento, aunque en un sentido superior y mejor, cuando aquel que era el brillo de la gloria del Padre hizo su morada en la carne humana y los hombres ‘contemplaron su gloria, gloria como del unigénito del Padre’.”
La misericordia y la verdad se encontraron (10) es traducido por Moffatt como “La bondad y la fidelidad se unen” (en el trato de Dios hacia los suyos). La justicia y la paz puede entenderse también como “victoria y paz” (Moffatt). Se besaron posee un sentido paralelo a “se encontraron”. Estos cuatro atributos de Dios, que son virtudes para los hombres, también ocupan un lugar central en el Nuevo Testamento. La verdad (fidelidad, en este contexto) brotará de la tierra; y la justicia mirará desde los cielos (11). El don divino de la justicia retribuye la fidelidad humana cuando ésta satisface sus condiciones de obediencia y fe.
El salmo concluye con dos versículos de ratificación. Perowne dice: “La miseria actual se olvida cuando se ve amanecer un glorioso futuro. Se ha elevado la oración; la tormenta del alma ha perdido su ímpetu, todo ahora es paz.”

Sí, el Señor dará lo bueno,
y nuestra tierra ofrecerá su producto.
La justicia caminará delante de El
y convertirá sus pisadas en camino real (12–13, Berk.).


Salmo 86: LA ORACION DE LA FE, 86:1–17

Este es otro salmo de lamentación cuyo título lo atribuye a David; es el único, en el libro III que lleva este epígrafe. No hay, por lo tanto, una buena explicación que dé cuenta de su inclusión entre los salmos de los hijos de Coré. Es único, también, por su uso del nombre divino Adonai en lugar de Yahweh. Adonai aparece siete veces en este salmo.
Este salmo se divide en cuatro secciones, cada una de las cuales concluye con una afirmación con respecto a Dios: “Eres bueno y perdonador” (5); “Eres grande y hacedor de maravillas” (10); “Lento para la ira y grande en misericordia y verdad” (15); “Tú, Jehová, me ayudaste y me consolaste” (17).

1. La bondad de Dios (86:1–5)
Desde la profundidad de su conmoción, el poeta trata de asir la bondad de Dios. Coloca delante del Señor la miseria de su situación: Estoy afligido y menesteroso (1), “débil y miserable” (Moffatt). Menesteroso (ani) no se refiere a la pobreza económica sino, sobre todo, al sufrimiento y la opresión. Es el sentimiento de necesidad que lleva a los hombres hacia Dios. Soy piadoso (2, chasid) no es una expresión de vanagloria. Este término hebreo se ha traducido de diversas maneras, entre ellas, “aquel que tú amas” (Perowne), “el que te es fiel” (Moffatt), “religioso” (RSV, Smith-Goodspeed) y “dedicado” (Berk.). De este modo, la afirmación es “de una simplicidad muy directa y honesta”. La oración del poeta es una petición cotidiana (3). En vez de Alegra el alma … (4) hoy diríamos “Alegra el corazón”. La bondad de Dios, su disposición para perdonar y su abundante misericordia son para todos los que lo invocan (5).

2. La grandeza de Dios (86:6–10)
El salmista urge su petitorio, con la confianza vivificante de que la grandeza de Dios es una garantía de que vendrá la ayuda. Con oración y ruegos (6) llamará a Dios (7), confiado que ninguno hay como tú entre los dioses (8) ni obras que igualen tus obras. La referencia a otros dioses no debe tomarse como indicativa de traza alguna de politeísmo o henoteísmo (la adoración de un solo dios tribal, pero el reconocimiento de la existencia de otros dioses). Sólo tú eres Dios (10) pone de manifiesto el monoteísmo del autor. Los que son llamados dioses no son dioses en realidad. Pablo hace una afirmación similar: “Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas” (1 Co. 8:5–6).
Puesto que Dios es el Creador de todos, el salmista prevé el día cuando todas las naciones que hiciste vendrán y adorarán delante de ti (9; véase Fil. 2:5–11). Porque tú eres grande (10) eres capaz de responder al clamor de tu pueblo. “Hay dos clases de duda que nunca dejarán de atacar al alma en la casa de las tentaciones: la duda de que Dios quiera y la duda de que Dios pueda socorrernos. La primera de éstas el salmista ya la ha superado: ahora demuestra que también ha sabido superar la segunda. Dios no solamente está dispuesto a ayudar sino que puede hacerlo.”

3. La gracia de Dios (86:11–15)
Dios es bueno, grande y misericordioso —es decir, está bondadosamente dispuesto hacia aquellos que lo buscan. El versículo 11 es una notable oración por la guía e integridad, una promesa de vivir de manera fiel y auténtica. Moffatt lo traduce: “Enséñame cuál es tu camino, oh Eterno, como vivir de manera fiel a ti.” Afirma mi corazón para que tema tu nombre ha sido interpretado: “No permitas que mi corazón siga disipándose en una multiplicidad de objetos, que sea arrastrado hacia aquí, o hacia allí por mil metas diferentes; haz que todos sus poderes, todos sus afectos, tengan una misma dirección, reúnelos tú en un solo haz, que todos sean uno en ti.” “Ser de corazón puro es querer una sola cosa” (véase Os. 10:2; Fil. 3:13). Es necesario poseer un corazón unificado si ha de alabarse a Dios con todo el corazón (12). Has librado mi alma de las profundidades del Seol (13), “el invisible mundo subterráneo” (Perowne), “las profundidades de la muerte” (Moffatt), “el mundo subterráneo del más allá” (Berk.). Los soberbios y los violentos (14) que desprecian los caminos de Dios se han levantado contra él. Mas tú, Señor, Dios misericordioso y clemente (eres), lento para la ira, y grande en misericordia y verdad (15). La palabra verdad significa aquí “fidelidad” (RSV, Smith-Goodspeed).

4. Los dones de Dios (86:16–17)
Los dones que el salmista busca son la misericordia, el poder y la salvación (16). Le pide a Dios señal para bien (17; “una señal de tu favor”, RSV), que confunda a sus enemigos. La ayuda recibida en el pasado garantizaría los favores futuros: Porque tú, Jehová, me ayudaste y me consolaste. “Estos versículos constituyen el fin tradicional de toda oración de peticiones. La situación que el peticionante ha descrito, que es la suma de sus temores frente al peligro inmediato en manos de enemigos y una larga e incesante esperanza en Dios, crea una carga de necesidad que el peticionante no puede soportar él solo. El tipo de apoyo que necesita lo dice de manera bien clara: necesita misericordia, poder, ser rescatado y algún portento que le dé la seguridad del favor divino. Tal demostración no solamente le servirá a él para sentirse lleno de confianza sino que avergonzará a quienes lo odian, porque éstos verán en su liberación la potente intervención divina a su favor.”


Salmo 87: LAS GLORIAS DE SION, 87:1–7

Esta canción de adoración, como otras del mismo grupo, está encabezada por la incripción “de” o “para los hijos de Coré” (véase la introducción al Salmo 42). Es una hermosísima gema de alabanza a Sion, vista, aquí, en su significado espiritual y no sólo como realidad geográfica. La mención de Babilonia en el versículo 4 probablemente signifique que la fecha del salmo es postexílica. Es uno de esos pasajes sorprendentes en el Antiguo Testamento donde trasciende el particularismo judío y aparece manifiesta la universalidad de los propósitos divinos. Perowne observa: “Se describen aquí a las naciones extranjeras no como cautivas ni como tributarias, ni siquiera como ofreciendo un homenaje voluntario a la grandeza de Sion, sino como incorporadas e inscritas, por un nuevo nacimiento, entre sus hijos. Aun los peores enemigos de su raza, los tiranos y opresores de los judíos, Egipto y Babilonia, no son maldecidos ni se levanta un grito de gozo por la perspectiva de su derrocamiento, sino que se extienden a ellos los privilegios de la ciudadanía y se les da la bienvenida como hermanos.” Otros pasajes del Antiguo Testamento (por ejemplo Is. 2:2–4; 19:22–25) hablan de la oferta de la salvación a los gentiles, pero este salmo “es único entre los escritos del Antiguo Testamento al presentar esta unión de las naciones como el resultado de un nuevo nacimiento en la ciudad de Dios. Esta idea le presta un interés singular y evidentemente lo marca como mesiánico”. Oesterley comenta, “El salmista, desde un punto de vista sublime, visualiza el momento en la historia mundial cuando sin discriminación alguna por razones de ciudadanía, los hombres se reencontrarán consigo mismo y por lo tanto con Dios. Es un ideal. Pero, con optimismo divino, el salmista representa esta magnífica realización como algo que sucede dentro del tiempo y el espacio. No le preocupa cuándo ocurrirá todo esto; le basta con enmarcar su hermosísimo ideal”.48

1. La ciudad de Sion (87:1–3)
El afecto y deleite que provoca la ciudad de Sion recuerda aquí el Salmo 48. El antecedente de su (1) aparece de manera clara en la traducción de Perowne: “Jehová ama sus cimientos en la montaña santa.” Cimiento se usa en el sentido de “la ciudad cimentada” (fundada, establecida). Las puertas de Sion (2) son tanto sus fortificaciones como sus lugares de reunión, que serían más preciosos a Dios que cualquiera de los otros lugares donde habita Israel. Cosas gloriosas se han dicho de ti (3) no se refiere a glorias terrenales sino a la reunión de todas las naciones en un solo rebaño de Dios, como se explica en los versículos siguientes. La gloria de Sion es que se interesa y preocupa por “las otras ovejas … que no son del mismo rebaño” (Jn. 10:16). Selah, véase el comentario sobre 3:2.

2. Los ciudadanos de Sion (87:4–6)
Rahab (4) es un término poético por Egipto (véase Is. 30:7). La palabra significa originalmente “orgullo” y “ferocidad”. También denota un monstruo marino y probablemente se usara para referirse al cocodrilo, lo cual quizá explique su aplicación a Egipto. Filistea (véase mapa 1) bordea el Mediterráneo, al oeste de Israel; Tiro está al norte de Filistea; Etiopía, en Africa, al sur de Egipto: todos estos pueblos contribuirán a la ciudadanía del Sion espiritual. Este nació allá resulta más claro en la traducción de Moffatt, donde se lee: “Egipto y Babilonia, Filistea, Tiro y Etiopía, a todas estas naciones las cuento como mías, porque allí nacieron seguidores míos.” “Esto es el evangelio: todos los gentiles que conocen a Dios son registrados por El como ciudadanos del Reino de Dios” (Berk., nota al pie). Este y aquel han nacido en ella (5) sugiere, en cambio, “Uno después de otro han nacido en ella” (Perowne). “Es notable que para denotar la admisión de las diferentes naciones a los derechos de la ciudadanía en Sion se utilice la imagen del nuevo nacimiento.” Jehová contará al inscribir a los pueblos: este nació allí (6); es decir, cada uno de los que aparecen inscritos en el libro del Cordero se cuenta como nacido en Sion.

3. Conclusión (87:7)
Los cantores y los tañedores darán la bienvenida a los nuevos ciudadanos del Reino espiritual. Tañedores ha recibido, como otras traducciones posibles, las de “los que bailan” (Perowne), “los bailarines” (RSV), y “en procesionales” (Berk.). La variedad de traducciones se debe a la dificultad del texto hebreo. Pero la idea indudablemente tiene que ver con el gozo a causa de los pecadores arrepentidos que son recibidos en el pueblo de Dios. Todas mis fuentes están en ti refleja el hecho de que la última fuente de todo gozo y bendición está en el Señor y en la ciudad espiritual que él estableció (véase 5).


Salmo 88: “LA NOCHE OSCURA DEL ALMA,” 88:1–18

Esta lamentación ha sido calificada como la más tenebrosa, la más triste de todas las del salterio. Perowne dice: “Desde el principio hasta el fin es sólo un gemido de dolor. Es el único salmo en el cual la expresión de los sentimientos, el derramamiento del corazón apesadumbrado delante de Dios no obtiene consuelo ni alivio inmediato.”51 Oesterley dice: “Este salmo es único. Es un grito desesperado de sufrimiento, que no recibe el alivio de ni siquiera un solo rayo de consuelo o de esperanza … Hay buenas razones para suponer que su autor conocía el libro de Job, y puede haber sido él mismo un leproso.”
McCullough señala que “el salmista parecería haber sufrido de alguna enfermedad desgastadora que lo había afligido desde su juventud (quizá lepra o parálisis). Le ha costado sus amigos, que ya no pueden soportar el espectáculo de verlo, y ahora se acerca a la muerte. No se queja de los ataques de sus enemigos y no parecería tener ningún pecado grave para confesar. Sin embargo, interpreta su prolongado sufrimiento en alguna medida, al menos, como resultado de la ira de Dios. Es por lo tanto a Dios que dirige su ruego. Pero —y esto es lo que lo convierte en el más sombrío de todos los salmos en el salterio— cuando el salmo concluye no hay respuesta alguna, ni voz que mitigue lo trágico de su situación. Como se ha señalado frecuentemente, la última palabra de este poema es “tinieblas”.
Con respecto a Mahalat, en el epígrafe, véase la introducción al Salmo 53. Leannoth probablemente significa “para cantar” o, como traduce la Versión Berkeley, “cantar con tristeza”. Hemán ezraíta era un hombre de gran sabiduría que se menciona en 1 Reyes 4:31. Con respecto a Masquil, véase la introducción al Salmo 32.

1. Fracaso (88:1–7)
La primera estrofa del poema parece anunciar la proximidad de la muerte. El único rayo de luz en toda la lamentación es la fe con que se habla del Señor como Dios de mi salvación (1). El salmista ora desde el borde mismo del Seol (3, el sepulcro), el lugar de los muertos. Los demás ya lo cuentan entre los que descienden al sepulcro (4, bor), literalmente una cisterna de boca angosta pero bien profunda y espaciosa en la parte inferior; se usa aquí como sinónimo de la tumba, o Seol. La expresión hebrea que se traduce por abandonado entre los muertos (5) implica la separación de los semejantes. Harrison capta bien el sentido, al mismo tiempo que preserva la idea original, cuando traduce: “Liberado de la violencia de la vida.” De quienes no te acuerdas ya, y que fueron arrebatados de tu mano refleja una de las interpretaciones de la condición humana en el Seol y la vida después de la muerte cuando aún no se conocía la luz que emana de la tumba vacía de Cristo (2 Ti. 1:10). Hoyo profundo, en tinieblas (6), son otros elementos corrientes en la concepción de la muerte que era corriente en aquellos tiempos. Tus ondas (7) son oleadas de ira y juicio. El autor no dice cuál es la razón por la cual se siente víctima de la ira de Dios, y probablemente él no lo sepa. Selah, véase comentario sobre 3:2.

2. Sin amigos (88:8–10)
Entre las aflicciones del salmista se contaba la amargura de verse abandonado por sus amigos, hecho que también fue una fuente de profundo dolor para Job (Job 2:9–10; 12:4; 16:1–4). Sentía que sus conocidos estaban lejos de él (8). Se había convertido en abominación a ellos. Se lamenta: encerrado estoy, y no puedo salir, es decir, “estoy rodeado y no puedo escapar” (Harrison). El Señor es el único a quien puede volverse (9). Aun las preguntas que eleva a Dios en oración, ¿Manifestarás tus maravillas a los muertos? (10), “¿Se levantarán las tinieblas para darte las gracias?” (Perowne), no reciben una respuesta afirmativa. Con respecto a, ¿Se levantarán los muertos para alabarte? Barnes escribe: “Una de las imposibilidades de los muertos, según el pensamiento hebreo, era la de adorar a Dios (véase 115:17, 18).”

3. Abandonado (88:11–18)
Los versículos 11 y 12 continúan el pensamiento del versículo 10. La vida después de la muerte se llama, de diversas maneras, el sepulcro (11), Abadón (la destrucción, otro sinónimo de Seol que también aparece en Job 26:6), las tinieblas (12), la tierra del olvido. En este lugar es imposible contar la misericordia y la verdad (11) de Dios, ni reconocer las maravillas y la justicia del Altísimo. El salmista eleva nuevamente su ruego en la mañana (13). Sin embargo, Dios sigue escondiéndole su rostro y arrojándolo lejos de su presencia (14). Desde la juventud (15) ha sufrido su mal, su vida ha estado en peligro y lo han oprimido los terrores de Dios. Las iras y los terrores de Dios lo han rodeado como aguas continuamente (17). No solamente Dios sino que también los hombres lo han abandonado.

Has hecho que tanto el que me admiraba como mi amigo me desprecian;
Solamente la oscuridad es mi compañera (18, Harrison).


Salmo 89: LA FIDELIDAD DE DIOS, 89:1–52

El último salmo del libro III produce un notable contraste con el salmo anterior, aunque se atribuye al hermano del autor de aquel, “Etán ezraíta” (véase 1 R. 4:31; 1 Cr. 6:44; 15:17, 19). Su uso en el Nuevo Testamento en una referencia a Cristo justifica su inclusión entre los salmos mesiánicos. La variedad de temas que el salmo desarrolla ha llevado a algunos comentaristas, entre ellos Oesterley, a suponer que se trataría de una combinación de tres salmos distintos, originalmente independientes. Esta suposición, sin embargo, no parece ser necesaria, puesto que es posible seguir un desarrollo temático desde el principio hasta el fin. El salmista está, “por oración y suplicación con acción de gracias”, dando a conocer sus diversas peticiones a Dios (Fil. 4:6).
La opinión de los eruditos con respecto a la fecha y ocasión en que habría sido compuesto este salmo varían desde el reino del Norte, bajo el gobierno de Jeroboam II (Gunkel) o el reinado de Joacim (Perowne), hasta el último período de los Macabeos, hacia el año 88 A.C. (Duhm). El contenido del salmo parecería adecuarse mejor a un período como el de Joacim, cuando la monarquía davídica estaba siendo amenazada pero aún no había desaparecido. Oesterley dice, “El salmo enseña … que hay una relación íntima entre el destino de la nación y el propósito divino con respecto a ella. Dios, todopoderoso en el cielo y en la tierra, ordenó la monarquía para su pueblo como un medio para promover su bienestar social; además, eligió la línea davídica. Pero el plan divino fue malogrado por la voluntad pecaminosa de los hombres, como el salmista parecería comenzar a percibir, aunque no le tocó ver el fin de la monarquía, que estaba muy próximo … Dios es el Dios de la historia, y aun cuando los hombres, siendo agentes libres por su voluntad, entorpecen la realización de los propósitos divinos, en su misericordia El pasa por encima de tal locura”. Con respecto a masquil, en el epígrafe, véase la introducción del Salmo 32.

1. Alabanza (89:1–4)
El salmo comienza con la alabanza que profiere el poeta (1–2) y la respuesta del Señor (3–4). Las misericordias (chesed, bondad, amor constante; véase el comentario sobre 17:7) de Jehová (1) y su fidelidad son el tema del salmista. Será edificada (2), “como un palacio señorial, que se eleva cada día más altivo y hermoso, piedra por piedra, ante los ojos maravillados de los hombres; sin conocer la corrupción, destinado a no caer jamás en ruinas”.
Los versículos 3–4 se aplican a Cristo en Hechos 2:30, y son los que, junto con el versículo 20, dan su carácter mesiánico a este salmo. Dios había, ciertamente, hecho pacto con mi escogido … David (3) de que su descendencia sería establecida en su trono por todas las generaciones (4). Esta promesa fue cumplida en el mayor de todos los hijos de David (Mt. 1:1, etc.). Selah; véase el comentario sobre 3:2.

2. El pasado (89:5–12)
Habiendo expresado su fe y recibido la respuesta de Dios, el salmista se dedica ahora a enumerar las maravillas del poder de Dios en el pasado, en la creación y en la historia, las arras del cumplimiento de sus promesas a David. El Señor no tiene solamente el deseo sino también la capacidad de cumplir lo que ha prometido. En primer lugar se describe el poder de Dios en la creación y la naturaleza. Los cielos celebran las maravillas de Dios (5; véase 19:1–6). Su verdad (fidelidad) es alabada en la congregación de los santos —una probable referencia a la asamblea de los ángeles, que tiene eco en los hijos de los potentados del versículo 6, aun cuando los santos en la tierra no podrían encontrar un tema más adecuado para cantar su acción de gracias. Dios es el Incomparable, temible en la gran congregación (7) con la reverente expectativa y maravilla que constituye el “temor de Dios” tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento. Poderoso … Jehová (8) significa que Dios es el soberano gobernante del universo entero. Inclusive la braveza del mar (9) está sujeta a su voluntad. Cuando se levantan sus ondas, tú las sosiegas (véase Mt. 8:23–27; Mr. 4:36–41; Lc. 8:22–25). Rahab (10) posiblemente simboliza a Egipto, como en 87:4, pero a partir del contexto quizá sea más adecuado interpretar que se está hablando de los temibles poderes de las embravecidas profundidades marinas, donde habita el monstruo. Los cielos … la tierra; el mundo y su plenitud (11) son de Dios por su acción creadora; tanto el norte como el sur (12). El Tabor y el Hermón, según algunos, representarían al este y el oeste, en contraste con el norte y el sur, pero es muy posible que sean citados aquí como picos bien visibles y conocidos por todos, al sobresalir aun en una región que, como Palestina, era eminentemente montañosa (véase mapa 1).

3. El presente (89:13–18)
El Señor de la naturaleza, que creó “los cielos y la tierra” (Gn. 1:1) es también, y de manera más significativa aún, el Señor de su pueblo. Su brazo es potente y exaltada es su diestra (13). “El brazo y la mano sugieren un poder activo, no sólo latente. Se trata, literalmente, de un brazo con poder, otra de las recias construcciones que caracterizan a este salmista.” Justicia y juicio y misericordia y verdad (14) son la base del gobierno soberano de Dios en su universo.
La bienaventuranza del pueblo de Dios se describe en 15–18 haciéndose uso de palabras majestuosas. Estos versículos forman parte del ritual con que se celebra el año nuevo judío en la sinagoga; se los recita inmediatamente después de haberse escuchado el sonido de la trompeta. La versión Berkeley ha captado una gran medida de la hermosura del original, traduciendo:

Bienaventurado es el pueblo que reconoce el llamado a la celebración.
Caminan, Señor, a la luz de tu rostro;
En tu nombre se regocijan durante el día entero,
y a través de tu justicia son exaltados.
Porque tú eres la gloria de tu fortaleza,
y por tu favor nuestro cuerno será elevado muy alto.
Porque nuestro escudo es del Señor
y nuestro rey del Santo de Israel.

Aclamarte (15) es en realidad “el sonido de la trompeta” o “el llamado a la celebración” o al “festejo”. Andará … a la luz de tu rostro se ha traducido, “andará brillándole el rostro, (radiante) con tu presencia” (Harrison).

4. La promesa (89:19–37)
Este largo pasaje se dedica a la promesa de Dios a David (20) y su descendencia (29). Del mismo modo como Pedro ubicó los versículos 3–4 en un contexto mesiánico (Hch. 2:30), Pablo usó el versículo 20 en su mensaje en la sinagoga de Antioquía en Pisidia, para indicar de qué modo hace referencia a Cristo (Hch. 13:22–23). Su aplicación limitada, por supuesto, es a David y sus sucesores carnales en el trono de Israel. Su aplicación última es a Jesús, el Mesías. Tu santo (19) debiera traducirse “el vidente en quien tú confias” (Moffatt). David fue ayudado, hallado y ungido (20) y fortalecido (21). Por lo tanto el enemigo no lo sorprenderá (22, “asaltará”, Harrison). Dios quebrantará delante de él a sus enemigos y herirá a los que le aborrecen (23).
Pondré su mano sobre el mar, y sobre los ríos su diestra (25) se entiende mejor si traducimos: “Extenderé su poder hasta el mar y su autoridad hasta el Eufrates” (Moffatt); véase 72:8; Zacarías 9:10. El rey, tanto el humano como el divino, reconocerá a Dios como su padre (26) y como retribución será proclamado primogénito de Dios (27) un término que, en su aplicación más estricta, pertenece solamente a Cristo (Jn. 1:14; Ro. 8:29). El pacto de Dios con David y su descendencia es eterno (28–29). La descendencia de los hijos del rey resultará en su castigo, pero no anulará los propósitos de Dios (30–34). El juramento del pacto que Dios concertó con su pueblo se basaba en su santidad (35), es decir, en su propia divina naturaleza (véase 60:6; He. 6:13–20). Como la luna será firme para siempre (37) se ha traducido: “Se establecerá de manera permanente, como la luna en su órbita, y será tan duradera como los cielos” (Harrison).

5. Perspectiva (89:38–45)
Hay, sin lugar a duda, un dramático contraste entre la promesa y la perspectiva inmediata. En parte, el problema del salmista es igual al de los discípulos de Jesús, muchos años después, cuando esperaban que el Señor “restaurase el reino a Israel” (Hch. 1:6). El propósito de Dios no ha sido nunca la restauración de lo antiguo, sino la realización de lo nuevo. Lo viejo debía pasar, antes que apareciera lo nuevo. Estos versículos reflejan una situación muy alicaída de los asuntos públicos en el reino de Israel. Parece ser que Dios ha desechado y menospreciado a su ungido (38); el pacto ha sido roto (39) y la corona del rey ha sido profanada, hasta el punto de caer a tierra. Sus vallados han sido aportillados, es decir, se han abierto brechas en sus defensas (40; Harrison). Lo saquean todos los que pasan por el camino (41) significa que la ciudad permanece indefensa y es víctima de cualquier salteador. Oprobio a sus vecinos quiere decir que sus vecinos miran la condición a la que ha sido reducida y se burlan de ella.
Al mismo tiempo que el rey se debilitaba, los enemigos (42) más próximos se hacían fuertes (42). La derrota en el campo de batalla (43) y la humillación de su trono (44) han sido el destino del joven monarca (45). Como resultado, el rey ha sido cubierto de afrenta.

6. Petición (89:46–51)
Bajo circunstancias tales como estas, el clamor del corazón es, ¿Hasta cuándo, oh Jehová? (46). Una serie de preguntas retóricas expresan el deseo de que Dios, muy pronto, vuelva el rostro de su favor a su aliado. “La súplica consiste de dos partes, cada una de las cuales comprende tres versículos. El argumento de la primera es la brevedad de la vida humana; el de la segunda, la deshonra que afrenta a Dios por el triunfo de sus enemigos.” La urgencia de la petición se justifica por la brevedad de la vida humana y la certidumbre de la muerte (47–48).
El honor de Dios es el segundo punto de apoyo sobre el cual el salmista insiste a fin de fundar su petición. Se recuerda a Dios cuáles han sido sus misericordias en el pasado, y cuál su juramento a David (49). Le pide a Dios recordar el oprobio de tus siervos (50) y cómo “llevo en mí los abusos de muchas naciones” (Harrison). Los que se oponen al salmista son, entonces, los enemigos de Dios (51).

7. Doxología (89:52)
El último versículo por lo general se reconoce como un agregado posterior, que no pertenece al salmo; sería la doxología con que concluye la totalidad del libro III de los Salmos. Amén, y amén es una repetición por medio de la cual se intensifica el significado del “así sea”. Véanse las doxologías con que terminan los otros libros (41:13; 72:18–19; 106:48; y el comentario en torno al Salmo 150).

Sección IV Libro Cuarto: Una Miscelánea de Salmos. Salmos 90–106


El libro IV es el más corto de los cinco que integran el Salterio. Contiene 17 salmos, siete de los cuales llevan epígrafes. Incluye, por otro lado, un grupo de salmos conocidos como “los salmos para el sábado” (90–99), dado el uso que se hacía de ellos en la sinagoga, y un salmo “para cualquier día de la semana”, el 100. Los Salmos 105 y 106 son importantes evocaciones históricas. Están presentes la mayoría de los diversos tipos de salmos, aunque con una fuerte inclinación hacia los salmos de adoración.


Salmo 90: EL HOMBRE MORTAL Y EL DIOS ETERNO, 90:1–17

Se ha descrito este salmo como “una de las más preciosas gemas del salterio”. Kittel lo denomina, “una magnífica canción de poder y espiritualidad casi únicos”.2 Isaac Taylor cita el salmo 90 “como quizá la más sublime de las composiciones humanas, la más profunda en cuanto a los sentimientos, la más elevada por su concepción teológica, la más magnífica en su imaginería”. Su acento en la brevedad de la vida justifica que se lo incluya en muchos servicios fúnebres.
El título identifica este salmo como una “Oración de Moisés, varón de Dios”. Puesto que los títulos no forman parte del texto inspirado, aun los eruditos evangélicos señalan que el tono general del poema sería mucho más apropiado de una época posterior. Los versículos 13–17 parecerían indicar un lapso histórico mucho mayor que el tiempo transcurrido en el desierto. Sin embargo, puesto que Moisés fue reconocido como el gran legislador del Antiguo Testamento, el hecho de que se lo haya atribuido o dedicado a él significa un verdadero tributo a la calidad del salmo.

1. La soberanía de Dios (90:1–6)
La primera estrofa reconoce al Dios soberano como refugio de Israel de generación en generación (1). Dios es el Señor desde el siglo y hasta el siglo (2), “desde el pasado infinito hasta el infinito futuro”. Toda la tierra es su creación. Vuelves al hombre hasta ser quebrantado (3) se entenderá mejor traduciendo: “Devuelves el hombre mortal al polvo” (Berk.), como en Génesis 3:19. Convertios, híjos de los hombres ha recibido dos interpretaciones. La mayoría de las versiones y de los comentaristas consideran que esta línea es explicatoria con respecto a la precedente, en el sentido de que se obliga al hombre a retornar al polvo, de donde salió su cuerpo. Algunos (así la Reina-Valera 1960) la entiende como una exhortación a volverse a Dios en arrepentimiento: “Traes los hombres al arrepentimiento, diciendo, ‘Arrepentios, hijos de los hombres’ ” (Harrison).
El tiempo no es una limitación para Dios. Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche (4) —véase 102:24, 27; 2 Pedro 3:8. Una vigilia en el Antiguo Testamento duraba aproximadamente cuatro horas. La idea es, probablemente, que para Dios un milenio no es más largo que un turno de guardia para un hombre que duerme. La comparativamente más breve existencia humana se describe en una serie de notables metáforas. Arrebatas al hombre como un edificio arrasado por torrente de aguas (5); la vida del hombre dura tanto como un sueño sin sueños ni pesadillas; crece rápidamente, como el pasto o la hierba silvestre (zacate), florece y muy pronto es cortado y se seca (6).

2. La brevedad de la vida (90:7–12)
El tema que se introdujo en la primera estrofa es desarrollado en la segunda. La brevedad de la vida es aún más trágica porque el pecado la ha puesto bajo la nube oscura de la ira divina. Las maldades y los yerros humanos han traído sobre su raza la ira y el furor del Dios santo (7–8). En el versículo 8 no figura la palabra hebrea que corresponde al concepto de “pecado”: “Nuestro pecado secreto (los yerros de la versión Reina-Valera 1960) es aquel que ha sido cometido en el corazón, invisible para los hombres pero visible para Dios.” Dios no solamente conoce las iniquidades que los hombres cometen en sus vidas, sino las motivaciones secretas que los arrastran al pecado en sus almas. Todos nuestros días declinan a causa de tu ira (9) debería decir: “Nuestros días desaparecen bajo tu ira” (RSV). Acabamos nuestros años como un pensamiento también se ha traducido: “Son nuestros días como un cuento que se acaba” (KJV), “Nuestros días son como un suspiro” (Berk.). El hebreo dice literalmente “un susurro” o “un aliento”.
Setenta u ochenta años es la extensión normal de una vida humana, los años que se agreguen a estas cifras probablemente no sean más que molestia y trabajo (10). Por más que sumen, los años de una vida humana pasan demasiado rápido; cuando menos se quiere pensarlo ya se han agotado, y volamos (véase Job 20:8). Siendo esa nuestra situación es necesario que reconozcamos el poder de la ira divina (11) y aprendamos a contar nuestros días (12), dándole a cada uno su valor justo de manera que podamos dedicar nuestros corazones a la sabiduría —“adquirir mentes capaces de discernimiento” (Berk.). Kirkpatrick interpreta el versículo 11 como: “¿Quién comprende y percibe con su corazón la intensidad de la ira de Dios hasta el punto de poder temerle tal como se debe, con esa reverencia que constituye para el hombre su salvaguardia contra cualquier ofensa que pueda agraviar a su Creador?”

3. Súplicas por el favor divino (90:13–17)
Este salmo concluye con una oración de súplica, típica de los salmos de lamentación. En vista de la brevedad de la vida humana y de que ésta se encuentre irremisiblemente manchada por el pecado, el poeta implora el gracioso favor divino. La relación con las dos secciones anteriores del salmo es natural. La contemplación se vuelve súplica. Como en el 6:3, la oración Vuélvete, oh Jehová; ¿hasta cuándo? se encuentra inconclusa. Su significado es: “¿Hasta cuándo te demorararás para volverte hacia nosotros con tu gracia, para ser con nosotros misericordioso?” Aplácate para con tus siervos (o “Arrepiéntete…” KJV) es una forma común de pedir a Dios que modifique su forma de tratar a su pueblo que, ahora, viene a El arrepentido. El Señor, “no es hombre para que se arrepienta” (1 S. 15:29), tal como necesita arrepentirse el ser humano que ha proyectado hacer algún mal o ya lo ha hecho. Pero la forma en que Dios se relaciona con su pueblo está condicionada por la obediencia a su Ley por la parte de éste. Arrepentirse, cuando la acción es adscripta a Dios, significa simplemente abandonar la ira y actuar con misericordia.
De mañana sácianos (14). La noche ha sido muy oscura; ¡que pronto amanezca un nuevo día! El contexto sugiere que Dios nos satisface en una edad temprana de manera que nosotros podamos cantar y alegrarnos todos nuestros días (14). La expresión alégranos conforme a los días … implora un nuevo gozo conmensurable con las tristezas del pasado. Tanto los juicios de Dios como sus actos de salvación se describen aquí mediante el término que nuestra versión traduce obra (16). La gloria de Dios será manifiesta en cada uno de los aspectos de la obra de salvación que tan ardientemente se anhela. El término que Reina-Valera 1960 traduce luz (17) significa dulzura, cosa amable, y recibe diversas traducciones: “gracia” (Perowne, Berk.), “favor amable” (Moffatt) o simplemente “favor” (RSV, Harrison). La obra de nuestras manos confirma sobre nosotros significa “Prospera todas las obras que emprendamos” (Moffatt).


Salmo 91: LA SEGURIDAD DEL CORAZON QUE CONFIA, 91:1–16

Esta canción de alabanza, junto con el salmo de sabiduría que sigue a continuación, muchas veces se incluyó, junto con el Salmo 90, en una “Trilogía de la Confianza en Dios”. Hay varios nexos en el pensamiento y la expresión que sirven para relacionarlos entre sí. El Salmo 90 presenta la súplica por liberación; el Salmo 92 se regocija por su cumplimiento; este salmo, por su parte, relaciona la súplica con su cumplimiento en una expresión de confianza en Dios con escasos paralelos aún dentro de la literatura bíblica.
El tema de este salmo ha hecho pensar a muchos comentaristas en Romanos 8:31: “Es la afirmación ferviente de San Pablo, ‘Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?’ expresada en una poesía rica y de variados matices.” Véase, también, McCullough.9
Algunos han quedado intrigados por la alternancia de los pronombres de primera y de segunda persona (yo, mi; tú, ti). Se trata, simplemente, de que el salmista profesa su propia fe y, a partir de ésta, dirige palabras de consuelo a su pueblo.

1. Confianza (91:1–8)
La primera serie de alternancias entre la primera y la segunda persona se encuentra en los versículos 1–8. En los versículos 1–2 el poeta expresa su confianza en la seguridad que le ofrece el abrigo del Altísimo (1), que es su esperanza y castillo (2). En los versículos 3–8 dirige palabras de confianza y consuelo a los oyentes o lectores. El refugio es un escondrijo o lugar cubierto que Dios ofrece al creyente en su acobijador cuidado. La sombra es la protección de Dios —quizá ya se arroja un indicio que señala hacia la metáfora de las alas del águila que seguirá en el versículo 4. Los títulos del Altísimo y Omnipotente son alusiones al poder soberano de Dios, capaz de protejer y proveer a las necesidades de los suyos. Es en el Señor Dios que el salmista encuentra su esperanza y castillo (véase los comentarios sobre 18:2; 31:3 y 71:3).
El poeta ahora se vuelve hacia sus compañeros, para darles testimonio de su convicción en el sentido que Dios los librará del lazo del cazador (3), la red, casi invisible, que se usa para atrapar aves. La peste destructora, a la cual posiblemente también se hace referencia en 6–7, puede referirse a alguna epidemia que causaba estragos en esa época. Dios mismo será su refugio, tal como el águila protege a los aguiluchos (4; véase Dt. 32:11, donde la aplicación es ligeramente diversa). Escudo y adarga es su verdad significa, tal como traduce Harrison: “Vuestra confianza y seguridad es su fidelidad.”

Los versículos 5–6 ofrecen un doble paralelismo: El terror nocturno y la saeta que vuele de día (5); la pestilencia que anda en la oscuridad y la mortandad que en medio del día destruye (6). El terror nocturno muy probablemente sea el ataque nocturno por sorpresa, común a todas las formas de guerra en todos los tiempos. De este modo el versículo 5 representaría los peligros que pueden provenir de los hombres y el verso 6 los que significan las enfermedades, plagas o epidemias. Harrison traduce el versículo 6 de la siguiente manera: “Ni la plaga que mata al enfermo de noche, ni la epidemia que devasta al mediodía.” Multitudes podrán ser cortadas (los impíos, 8), pero el justo no estará en peligro. El salmista sabía que las recompensas, por supuesto, nunca representan, en esta vida por lo menos, una estricta medida de lo que en justicia le corresponde a cada uno. Pero sí expresa la convicción de que en un universo moral, gobernado por un Dios santo, en último análisis, a los justos siempre les irá bien y a los impíos les irá mal. Los problemas que plantea la disparidad temporal entre las recompensas y los castigos se plantean en el libro de Job y en los Salmos 37, 49 y 73 (q. v.).

2. Triunfo (91:9–13)
Otra expresión de una fe personal, y su aplicación a la totalidad de Israel, caracteriza a esta segunda parte del salmo. El texto hebreo del versículo 9 es notoriamente difícil de interpretar y muchas de las traducciones modernas enmiendan el texto para evitar la primera persona personal. La Versión Berkeley es la que más se ajusta al original hebreo presentando, al mismo tiempo, un texto de fácil lectura para el hombre contemporáneo: “Porque Tú, oh Señor, eres mi refugio. Puesto que tú también has puesto al Altísimo como tu amparo, ningún daño caerá sobre ti…” El mal y la plaga serán mantenidos a raya, lejos (10). La promesa de los versículos 11–12, fuera de contexto, fue citada por Satanás en el desierto cuando quiso tentar a Jesús (Mt. 4:6; Lc. 4:10–11). El león … el áspid … el cachorro del león y … el dragón simbolizan los poderes destructores y venenosos del mal, sobre los cuales el Señor hace posible que su pueblo triunfe.

3. Voto (91:14–16)
Dios mismo habla en los tres últimos versículos, y añade su propio compromiso a las seguridades que ha ofrecido el poeta. La condición de lo que todo depende es muy simple: Por cuanto en mí ha puesto su amor (14). Esta expresión significa adherirse a Dios en una devoción íntegra. La obediencia y la fe son ambas un resultado natural del amor que derrama en los corazones humanos el Espíritu Santo (Ro. 5:5; véase Jn. 14:15; 1 Jn. 4:18). Ha conocido mi nombre significa más que poseer información sobre el nombre del Dios verdadero. Supone la compenetración por la experiencia personal con Dios cuya verdadera naturaleza se da a conocer en su nombre. Los resultados que siguen a este amor y conocimiento personal son la liberación, la exaltación y la oración contestada (15), su presencia en la angustia, el honor, la larga vida (16) y la salvación.


Salmo 92: LA JUSTICIA SOBERANA DE DIOS, 92:1–15

Este es un salmo de sabiduría que se ocupa en términos amplios de los problemas que plantean el libro de Job y los Salmos 37, 49 y 73. Nuestro salmista, aquí, sin embargo, no tiene dudas con respecto a la solución. Aun cuando pueda parecer que el malo prospera, esto es solamente para que pueda ser anonadado y destruido para siempre jamás. El triunfo último y certero de la justicia es causa de incesante alabanza. Oesterley comenta: “Este salmo expresa de manera muy hermosa la verdad de que los beneficios temporales son dones de Dios y que la gratitud por haberlos recibido debe manifestarse en la alabanza del Omnipotente. No exageramos si decimos que estas cosas, demasiado a menudo, son dadas o tomadas por sentado, o se las atribuye a la industriosidad o la habilidad personales; por supuesto, éstas contribuyen, en parte, y el don divino de la voluntad libre todos los hombres lo reciben por igual. Pero no debe olvidarse que todas las cosas están en las manos de Dios.”
El Salmo 92 se titula “Salmo. Cántico para el día de reposo”. El término hebreo Mishnah indica que se lo usaba en el templo durante el sacrificio de los sábados por la mañana. El versículo 2 se refiere a la oración que se eleva tanto en la mañana como en la tarde. Es muy difícil dividir este poema en partes, y se han sugerido varios esquemas posibles. El más natural parecería el que reconoce dos partes principales.

1. Alabanza por la confianza presente (92:1–8)
Los versículos 1–3 acentúan la bendición y el deber de la alabanza. El resto de la sección describe la magnificencia divina, por la cual ha de glorificárselo. Bueno es alabarte … y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo (1). Por la mañana y en cada noche es bueno anunciar la misericordia y la fidelidad de Dios (2). La palabra que se traduce misericordia en castellano corresponde al término hebreo chesed (merced, amor fiel; véase el comentario sobre 17:7). Es difícil determinar el carácter preciso de los instrumentos musicales que se mencionan en el versículo 3, pero parecen haber sido todos instrumentos de diversas dimensiones. El decacordio corresponde, probablemente, al laud; el salterio quizá fuera un arpa o una lira (véase comentario sobre 33:2).
La demostración de la justicia y la soberanía es una de las razones especiales para elevar la alabanza a Dios. El Señor ha bendecido a su siervo y lo ha hecho alegrarse (4). Las obras de Dios son grandes y sus pensamientos profundos (5). El hombre necio (6) es el que no entiende la realidad de las cosas, al no comprender los principios de la equidad divina. El insensato, tal como en Proverbios y en otros lugares de la Escritura, no es la persona incompetente desde el punto de vista mental sino el pervertido desde el punto de vista moral. Son éstos los que al ver la temporal prosperidad de los impíos, no son capaces de prever cuál será el fin de sus vidas: ser destruidos eternamente (7)— “mientras Tú, Señor, seguirás siendo el Supremo siempre” (8, Harrison).

2. Pruebas de la perfecta equidad divina (92:9–15)
Al modo del Salmo 1 se indican aquí los destinos divergentes del impío y el justo. Los enemigos de Dios perecerán (9) y serán esparcidos, literalmente: “se esparcirán.” “La aparentemente sólida falange del antagonismo se quiebra y dispersa, desintegrada por su propia dinámica de destrucción.” Así ha sido siempre y así será en el futuro. En contraste, las fuerzas del salmista crecerán hasta ser como las del búfalo (10). Una comparación similar se encuentra en Job 39:9–12. El texto hebreo de 10b es incierto, y se lo ha traducido de diversas maneras, entre ellas, “Seré ungido con un aceite que aumentará mis fuerzas” (Berk.) y “Tú reavivas mi fuerza cuando ésta se me agota” (Moffatt). El justo florecerá como la palmera (12), como el cedro en el Líbano (12). La palmera era un árbol muy admirado tanto por su belleza como por su fruto (Cnt. 7:7). Si bien los cedros crecían en toda Palestina, alcanzaban su máxima belleza en las montañas del Líbano, lugar desde donde era frecuente traer las maderas con que se construía en Israel. El pueblo de Dios, según la visión del salmista, tendría sus raíces plantadas en la casa de Jehová (13), donde hasta la edad anciana fructificarán (14). El efecto de esta magnífica providencia sería demostrar la justicia con que Dios gobierna el mundo. La fortaleza (15) es la imagen de un edificio firmemente cimentado de tal modo que nada podrá conmoverlo.


Salmo 93: EL DIOS DE LA SANTIDAD REINA, 93:1–5

Este salmo se cuenta entre varios (47, 96–99) que se distinguen por la repetición de las palabras “Jehová reina” o “Jehová es el Rey”. Algunos los han considerado “salmos de la entronización” y han supuesto que se los usaba durante la celebración del año nuevo en una ceremonia de entronización de Dios como Rey de la tierra y los pueblos que en ella habitan. Si bien se han trazado indicios de tales ceremonias en otras religiones orientales antiguas, no hay referencias con respecto a una observancia similar en Israel. Muy probablemente lo más adecuado es reconocer en estos salmos una evidencia de la creencia en la soberanía eterna de Dios sobre la naturaleza y el hombre.
M’Caw señala “el desarrollo del pensamiento, desde la primera elevación del nivel de estas aguas, a través de sus corrientes cada vez más potentes y turbulentas y el rugido cada vez más profundo de su potencial destructivo, hasta su manifestación final como un desborde incontenible que inunda las llanuras, formando oleadas en su tumulto, atronando con su amenaza (las ‘voces’) y rompiendo como las ondas marinas. El Señor, en las alturas, permanece, mientras tanto, imperturbable, inmóvil, glorioso por siempre jamás en su poder”.

1. La potencia de Dios (93:1–2)
Vestido de magnificencia, ceñido de poder, Jehová reina (1). Jehová se ciñó, un verbo que, en hebreo, expresa una acción y no simplemente un hecho. En un período cuando los hombres y las naciones consideraban que la causa de Dios bordeaba el fracaso, al languidecer el pueblo israelita en el exilio, el Señor afirma su poder prometiendo traer de vuelta a la tierra prometida a un remanente. Afirmó también el mundo —“El orden moral de mundo, que parecía tambalear, anunciando su definitivo derrumbe, es restablecido”. El Salmista adora a Dios con respeto y exaltación: Firme es tu trono desde entonces; tú eres eternamente (2).

2. La soberanía de Jehová (93:3–5)
Los ríos (3; la inundación, las avenidas de agua) representan todas las potencias alineadas contra el justo gobierno de Jehová —naciones tales como Egipto, Asiria, Babilonia— y las huestes invisibles del mal que integran el reino de las tinieblas, “los principados y potestades” de que habla el Nuevo Testamento (Ro. 8:38; Ef. 1:21; 6:12; Col. 2:15). El Salmista considera que su amenaza es “mucho ruido y pocas nueces”. Ellos alzaron su sonido, pero Jehová en las alturas es más poderoso que el estruendo de las muchas aguas (4). Tus testimonios (5), es decir, la ley, que testifica de la voluntad de Dios y los deberes humanos, “están establecidos de manera firme” (Harrison). La santidad conviene a tu casa sugiere la separación que debe efectuarse entre la casa de Dios y el mundo secular y profano y caracteriza al pueblo que viene a ella para adorar. Este es, de manera correcta, el lema de muchas iglesias que se han propuesto predicar un evangelio mayor que las más profundas necesidades del corazón humano.


Salmo 94: SOLAMENTE DIOS ES NUESTRO SOCORRO, 94:1–23

Este es un salmo de sabiduría que busca reconciliar las desigualdades e injusticias de la vida con la fe en la bondad y el poder de Dios. Otros salmos que se ocupan del mismo problema son los números 37, 49 y 73 (q. v.). La fuente del problema es la existencia de hombres que se ensañan contra los que sirven a Jehová. Se trata, como afirma M‘Caw, “de un recordatorio de la anomalía que significa la perversidad humana dentro de un orden moral que ha sido establecido por Dios”. El salmista encuentra la respuesta en la suficiencia de la gracia divina. “Sea que las dificultades exteriores nos asalten, o las perplejidades de la mente nos ocasionen preocupación y ansiedad, aquel que sabe traer todo lo que le sucede, con una fe confiada, ante el trono de Dios, sabe que, tal como el Salmista lo ha descrito bellamente, el amor de Dios sostiene y su consuelo refresca.”16
Se ha señalado que los versículos 1–15 se ocupan principalmente de la nación, y constituyen un pedido de ayuda que se dirije a Dios, mientras que los versículos 16–23 se orientan hacia el socorro individual.

1. Lamento (94:1–7)
La primera estrofa es una súplica directa a Dios, para que El intervenga en favor de aquellos que son perseguidos por los hacedores de maldad. Jehová, es el Dios de las venganzas (1), aquel a quien la venganza pertenece por derecho, un concepto que tiene su origen en Deuteronomio 32:35 y es subrayado, en el Nuevo Testamento, en Romanos 12:19. El doctor H. Orton Wiley solía comentar: “La venganza pertenece a Dios, y El no la confía a ninguno.” Como Juez de la tierra (2) se le implora a Dios que demuestre cuál es el justo pago de la iniquidad. Tres preguntas retóricas afirman que los impíos se gozan (3), pronuncian y hablan cosas duras (4) y se vanaglorían. Estos perseguidores impíos quebrantan al pueblo de Dios (5) y afligen a su heredad, aquellos que Dios ha elegido como suyos. Sus crímenes se dirigen especialmente contra quienes no pueden defenderse de ellos, la viuda, el residente extranjero (6) y los huérfanos. En todas estas acciones, su afirmación es que JAH no está interesado en el destino de las víctimas de ellos (7).

2. Corrección (94:8–11)
Contra la suposición errónea de que a Dios no le interesa el mal que se inflige de este modo, el salmista hace resonar su advertencia correctiva. Necios del pueblo y fatuos (8), “de pocas luces” (Harrison). Véase el comentario sobre 92:6. Es ridículo creer que el creador del oído es sordo, o que el creador del ojo es ciego (9). “¿No puede acaso castigar a los hombres Aquel que los ha creado? ¿No tendrá conocimiento el que enseña a los hombres?” (10, Moffatt). Por cierto, Jehová conoce los pensamientos de los hombres, que son vanidad (11) o “fútiles” (Berk.). La sabiduría y el poder reducirán a la nada los planes de los hombres para hacer el mal.

3. Castigo (94:12–15)
Hay un consuelo infinito en el pensamiento de que las adversidades de la vida pueden ser acciones por medio de las cuales Dios nos castiga y corrige. El castigo, en este caso, como en 12 y en Hebreos 12:5–11, no es meramente la retribución por las cosas malas que hemos hecho, aun cuando ésta se incluye en su concepto. Representa todo el proceso de la formación y educación de un hijo, la disciplina que lo conduce hacia la madurez en la vida. Aquí encontramos en paralelo las expresiones corriges e instruyes. Descansar en los días de aflicción (13) significa que la misericordia de Dios aliviará el sufrimiento de los justos aun antes que se cumpla el juicio de los impíos. Dios nunca abandonará … a su pueblo (14), y la “bondad recibirá justicia —el futuro pertenece a los hombres cuya mente es recta” (15, Moffatt).

4. Clamor (94:16–21)
Después de haber defendido a los demás, el salmista pasa a suplicar en favor de su propia causa: ¿Quién se levantará por mí contra los malignos? (¿Quién saldrá en mi defensa?, Harrison; 16). “Si el Señor no hubiera sido mi socorro, mi alma muy pronto hubiera pasado a morar en la tierra del silencio” (17, RSV). Dios ha respondido al clamor de su siervo ofreciéndole el sostén de su poderoso brazo (18). El consuelo de Dios ha sido su deleite (19). El trono de iniquidades (20; “el soberano malvado”, Harrison) no puede tener comunión con Dios, porque el gobernante malvado se vale de la ley misma para obtener sus fines inicuos. Tales principios impíos se unen contra la vida del justo, y condenan la sangre inocente (21), es decir, “condenan a muerte al inocente” (Harrison).

5. Confianza (94:22–23)
El salmo concluye con una reiteración de la confianza del poeta en el Señor que ha sido su refugio y la roca de su confianza (22). La justicia de Jehová hará volver sobre ellos su iniquidad (23). Hay un sentido en el cual los pecados son su propio castigo, y los seres humanos están condenados a cosechar lo que han plantado (Gá. 6:7–8). La justicia de Dios garantiza la operación de una ley moral entrelazada en la trama misma del universo.


Salmo 95: ALABANZA Y PENITENCIA, 95:1–11

Los Salmos 95–100 constituyen uno de los tres grupos de salmos litúrgicos característicos de los libros IV y V del Salterio. Los otros grupos son los Salmos 113–118 y 146–150. El tema común de este grupo es la alabanza gozosa de Dios como Señor de toda la creación y Dios del pacto con Israel. Representan, de este modo, el mismo énfasis en el reinado universal del Dios de Israel que se encuentra en las profecías de Isaías y Jonás. Morgan los intitula, “Canciones del Rey”.
El Salmo 95 es usado tradicionalmente por los judíos como uno de los cánticos especiales para la liturgia matutina del sábado. Oesterley escribe: “Debe notarse aquí, en particular, el modo como se subraya el gozo en la adoración: éste se genera en la convicción de la presencia divina. La verdadera adoración de Aquel que es todopoderoso y capaz de un amor total ha de inspirar, necesariamente, la felicidad. Por otro lado, el salmo contiene una advertencia para todas las edades; el acto de adoración meramente exterior, sin sinceridad de corazón, se convierte en una burla. Solamente aquellos que lo adoran ‘en espíritu y en verdad’ pueden llegar a poseer el verdadero descanso de Dios.”

1. Adoración (95:1–7a)
El salmo se divide de manera natural en dos secciones en medio del versículo 7. La primera mitad es un llamado a la adoración. Hemos encontrado ya, en salmos anteriores, muchos de los términos y frases que aparecen aquí. También los tenemos en la última parte de Isaías. Se llama al pueblo de Dios para que aclame y cante a Jehová (1) llegándose a su presencia con alabanza y cánticos (2). El es Dios grande y Rey grande sobre todos los dioses (3). Este último término no es una concesión al politeísmo sino el reconocimiento de que Dios es supremo sobre todo poder y persona en el universo. Se percibe la grandeza de Dios en el control que ejerce sobre la tierra (4) y el mar (5).
En la presencia de tal Dios el salmista sólo puede adorar y postrarse (6); Porque él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su prado (7a).

2. Advertencia (95:1b–11)
El resto del salmo es una advertencia contra la infidelidad, basada en la rebelión de los padres en el desierto. Se lo cita de manera extensa en Hebreos 3:7–11, 15; 4:7, donde se aplica a los cristianos que no logran alcanzar el “descanso” de la fe que Dios, en su propósito santificador, ha provisto para ellos. La advertencia histórica que significa el hecho de que los israelitas no hayan podido penetrar en Canaán inmediatamente después del Exodo se aplica de manera muy adecuada al fracaso de muchos cristianos que no buscan la santidad en sus vidas (He. 3–4; Jud. 5).
Si oyereis hoy su voz (7b) debiera decir: “¡Oh si hoy oyerais su voz!” (RSV). El resultado de la desobediencia y la incredulidad es el endurecimiento del corazón. La “provocación” (Meriba) y la “tentación” (Masah) se describen en Exodo 17:1–7, volviendo a aparecer el mismo episodio en Números 20:1–13, “Vuestros antepasados dudaron de mí y decidieron ponerme a prueba, pese a que habían sido testigos presenciales de mis obras” (9, Harrison). Pueblo es que divaga de corazón (10) ha sido interpretado como “Un pueblo cuyo corazón pierde el camino” (Berk.). Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo (11) muestra que hay algunas decisiones que no pueden cambiarse. Quienes optaron por permanecer en el desierto pasaron el resto de sus vidas en el desierto, aun cuando quizá llegaran a arrepentirse, más tarde.


Salmo 96: “CANTAD … CANTICO NUEVO”, 96:1–13

El Salmo 96 se encuentra, prácticamente palabra por palabra, en 1 Crónicas 16:23–33, donde forma parte de una composición más extensa que se atribuye a David. Como otros en este grupo (véase la introducción al Salmo 95) su acento está puesto sobre la soberanía universal de Dios. “El Salmo 96 es una apelación a todas las naciones para que reconozcan que solamente Jehová es su Dios. Las razones que se ofrecen no son elaboradas; Jehová es grande y digno de alabanza; eventualmente juzgará a toda la tierra.”

1. La gloria del único Dios (96:1–6)
La expresión, Cantad a Jehová cántico nuevo se repite en 33:3; 98:1; 149:1 e Isaías 42:10. Las nuevas bendiciones de Dios exigen una canción nueva para cantar su alabanza. Su mayor bendición es haber salvado a su pueblo (2). Todos los pueblos han de recibir testimonio de las maravillas y la gloria de Dios. Grande es Jehová … temible sobre todos los dioses (4): véase el comentario sobre 95:3. Todos los dioses de los pueblos son ídolos (5), literalmente “la nada”, “cosas de nada” (véase 115:4–8). Isaías 40:18–23 y 44:9–20 son denuncias de la tontería que significa adorar ídolos, donde la misma idea que aparece en este versículo se enuncia con gran fuerza. En total contraste con los ídolos de los pueblos, Jehová hizo los cielos (5). Por lo tanto, Alabanza y magnificencia delante de él; poder y gloria en su santuario (6).

2. El deber de adorar que tiene el hombre (96:7–13)
Es manifiesta la similitud entre estos versículos y 29:1–2 (véase el comentario sobre éstos). Todas las naciones de la tierra son convocadas para la adoración del verdadero Dios por medio de su consagración (7–8) y la hermosura de la santidad (9). Harrison traduce: “Adorad a Dios con un espíritu santificado.” La soberanía de Dios debe ser reconocida entre las naciones (10). Los cielos y la tierra y la naturaleza misma son llamados a regocijarse en el Señor (11–13). El salmo concluye con la nota apocalíptica de que Jehová … vino a juzgar la tierra … con justicia y a los pueblos con su verdad (13). La base del juicio divino es la verdad de la Palabra de Dios y la persona del Hijo de Dios (Hch. 17:31; Ap. 20:11–12).


Salmo 97: DIOS DE JUICIO Y GRACIA, 97:1–12

En el Salmo 97 resuena una notable nota profética, al describirse el tremendo trono desde donde Dios pronuncia su juicio. Morgan dice: “El reino de Jehová, aun cuando su designio es benefactor y su resultado final será la bienaventuranza, está marcado por el terror y el juicio que marcan el camino hacia ese resultado final. Esto también es motivo para el regocijo. Se describen los métodos del juicio de Dios … se declaran los efectos de sus juicios … La visión de la certidumbre, el método y la victoria de los juicios del Rey da lugar a que se perciba el sentido de su razón subyacente. El es el Santo, y toda maldad le resulta odiosa, a causa del daño que produce entre los suyos: porque el furor de la santidad de Dios se enciende, siempre, a causa de su amor. Por lo tanto, que sus santos aprendan la lección y ‘odien’ el mal. La promesa para aquellos que obedecen está llena de hermosura: ‘Luz está sembrada para el justo … y hermosura …’ Esta imagen representa la aurora, que derrama su luz desde el horizonte. Caminar en la luz significa ser capaz de descubrir el verdadero camino que conduce hasta la deseada consumación final. Y transitar por tal sendero significa tener el corazón permanentemente lleno de gozo.”

1. Los terribles juicios de Dios (97:1–7)
El salmo comienza con el estribillo que caracteriza a todo el grupo del que forma parte: Jehová reina (1; véase la introducción al Salmo 95). Esta es causa para que tanto la tierra como las muchas costas (islas) se regocijen. Juicio (2) significa “justicia”. El trono de Dios y su apariencia se describen en términos tomados prestados del relato de la teofanía en el Sinaí (véase Ex. 19:9, 16; 20:21; Dt. 4:11; 5:23). Nubes … oscuridad … fuego, es decir, tormentas, terremotos y rayos caracterizan la presencia del Señor (2–5). Ni siquiera los montes (las montañas) pueden tenerse en pie delante del Señor de toda la tierra (5). Con respecto al versículo 6, véase 19:1–9. Póstrense a él todos los dioses (7) ha sido traducido: “Todos los dioses yacen postrados a sus pies” (Moffatt); véase el comentario sobre 95:3.

2. El gozo de los justos (97:8–12)
Oyó Sion (8) el relato de los actos poderosos de Dios y las hijas de Judá (“las ciudades…”, Berk.) se alegraron a causa de sus juicios, es decir, por la “reivindicación por parte de Dios de sí mismo y de su pueblo en los hechos de la historia”. Porque tú, Jehová, eres excelso (9) —el término hebreo significa “Altísimo”. Con respecto a sobre todos los dioses véase el comentario a propósito de 95:3. Amar a Jehová es aborreced el mal (10). Los cristianos no deben perder la capacidad para experimentar una santa ira frente al mal impúdico. Luz está sembrada se ha traducido, también, “la luz amanece” o “despunta” (RSV). El pueblo de Dios recibe la seguridad de su preservación, continuidad y liberación, luz y alegría. Por lo tanto debiera regocijarse en Jehová (12) y dar gracias por la memoria de su santidad o, según una traducción más adecuada del texto hebreo, “Dad gracias a su santo Nombre” (Perowne).


Salmo 98: EL POR QUE Y COMO DE LA ADORACION, 98:1–9

Del mismo modo como el Salmo 97 acentúa los juicios justos de Dios, el Salmo 98 subraya su misericordia y su salvación. Se vuelve a convocar a los elementos naturales para que glorifiquen a Dios. Morgan señala que la estructura de este salmo es similar a la de otros en los que se progresa hacia círculos cada vez más amplios de alabanza y soberanía: Israel, versículos 1–3; toda la tierra, versículos 4–6; la naturaleza entera, versículos 7–8. Este salmo comienza y termina con las mismas expresiones que se encuentran al principio y al fin de los del Salmo 96. Lleva el simple epígrafe de mizmor, “un Salmo”. Esta palabra muy probablemente provenga de una expresión que originalmente debe haber significado “hacer música” y debe entenderse, probablemente como canción con acompañamiento musical.

1. Las razones para adorar a Dios (98:1–3)
El salmo comienza con el llamado a entonar un cántico nuevo (véase el comentario sobre 96:1) en reconocimiento de que Jehová ha hecho maravillas (1). Su diestra y su santo brazo son expresiones que simbolizan el poder divino; manifestado a favor de su pueblo, lo ha salvado, dándole la victoria. La salvación, la justicia (2), la misericordia y la verdad (3) han sido reveladas declaradamente tanto a la casa de Israel (3) como a vista de las naciones (2). Todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios (3). Quizá sea correcto usar estas expresiones como ejemplos de lo que ha sido denominado el tiempo “perfecto profético”. Uno de los usos más famosos de este tiempo verbal se encuentra en Isaías 9:6, donde se habla de la venida de Cristo, que sucederá varios siglos después, como algo que tuvo lugar en el pasado: “Un niño nos ha nacido, un hijo nos es dado.” Tal era la seguridad del escritor con respecto al hecho que está anunciando, que lo describe como ya sucedido. Queda por delante anunciar el evangelio hasta los confines de la tierra; sin embargo los designios de Dios son tan firmes que puede decirse: Todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios.

2. Los medios de la adoración divina (98:4–9)
Dios ha de ser adorado cantando alegres (4), levantando la voz y aplaudiendo con arpa y voz de cántico (5), con trompetas y sonidos de bocina (6). En vista de las frecuentes referencias similares como éstas en diversos salmos y especialmente en el 150 cabe preguntarse si alguien tiene razonablemente derecho a prohibir el uso de música instrumental en el santuario. No solamente el ser humano y sus instrumentos musicales sino también el mar … el mundo (7), los ríos … y los montes (8) —toda la naturaleza— es convocada a regocijarse delante de Jehová (9). Véase el comentario sobre 96:13. El mundo y los que en él habitan (7), “… y todo lo que él contiene” (Moffatt).


Salmo 99: EL DIOS DE SANTIDAD, 99:1–9

McCullough describe éste como “un salmo al Dios de la santidad”. Cada una de las tres secciones de este salmo termina con un estribillo similar: “El es santo” (3 y 5), “Porque Jehová nuestro Dios es santo” (9). Morgan sugiere que “en la luz más plena de la revelación cristiana tenemos una sugestión del aspecto de tríada o tres fases de la vida de Dios: El Padre entronizado, el Hijo administrador de su reino, el Espíritu intérprete de su voluntad a través de los dirigentes y las circunstancias, en la piedad y el castigo”.

1. Santo en su poder (99:1–3)
El salmo comienza con una bien conocida proclamación del reinado soberano de Dios (1). Está sentado sobre los querubines es una referencia a la creencia de que el trono de Dios en la tierra estaba encima del propiciatorio o tapa del arca de la alianza, entre dos criaturas aladas conocidas con el nombre de “querubines” (Ex. 25:18–22; 37:7–9). El arca estaba en el santísimo —primero en el tabernáculo y más tarde en el templo. La grandeza y exaltada majestad de Jehová (2) es motivo suficiente para que todos los pueblos alaben tu nombre grande y temible; él es santo (2–3).

2. Santo en su justicia (99:4–5)
La gloria del rey ama el juicio (4) ha sido también traducido: “Tú eres un Rey que ama la justicia” (Moffatt), y “El poder del Rey también ama la justicia” (KJV), o, “La energía del Rey se aplica diligentemente a efectuar la justicia” (Berk.). La idea es que todo el poder de Dios está comprometido en realizar la justicia, en cuanto es Rey del universo. Establece el juicio y la justicia (4). Por lo tanto ha de ser exaltado; se invita al pueblo a adorar ante el estrado de sus pies; él es santo (5).

3. Santo en su misericordia (99:6–9)
Moisés y Aarón y Samuel son mencionados como ejemplo de aquellos cuyas oraciones han recibido respuesta por parte de Jehová. La columna de nube (7) se aplica especialmente a Moisés y Aarón, y es una referencia al medio que utilizó Dios para comunicarse con su pueblo y guiarlo en el desierto (véase Ex. 14:19–20; Nm. 12:5). Moisés y Samuel son citados como hombres poderosos en la intercesión en Jeremías 15:1. Les fuiste un Dios perdonador (8) no se refiere solamente a los tres personajes mencionados sino, también a toda la nación. Y retribuidor de sus obras debiera traducirse: “les hiciste pagar por sus malas obras” (Berk.). Si bien Dios perdona, “Sigue siendo necesario que reivindique su santidad, castigando a los culpables, para que los seres humanos no piensen que hace caso omiso del pecado. Véase Exodo 34:7; Números 14:20ss.; y la conmovedora identificación del profeta con el pueblo culpable en Miqueas 7:9ss.”. En vista de la misericordia de Dios, se llama al pueblo a postrarse ante su santo monte (Sion); porque Jehová nuestro Dios es santo (9).


Salmo 100: JEHOVA ES EL VERDADERO DIOS, 100:1–5

Esta breve canción es similar al Salmo 95 y parecería haber sido entonada por la procesión de los adoradores al acercarse al templo con sus ofrendas de acción de gracias. Perowne la considera la doxología del grupo de salmos que comienza con el 95. Cita a Delitzch: “Entre los salmos de triunfo y acción de gracias, se destaca de manera preminente como aquel en el cual el gozo y la grandiosidad alcanzan su punto más alto.”

1. Las obras del Señor (100:1–3)
Dios ha de ser glorificado por su obra creadora con cantos alegres (1), con alegría y con regocijo (2). La obligación de alabarlo es universal —toda la tierra (1). Lo que identifica a Jehová como el verdadero Dios es que él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos (3). No hay, en realidad, hombres auto-formados. El versículo 3 tiene un paralelo en 95:6–7 (q. v.).

2. La adoración del Señor (100:4–5)
Las puertas y los atrios del Señor (4) se refieren a los de su casa, el templo donde se le tributa la adoración pública. Una parte esencial de esta adoración es la acción de gracias, quizá un tipo de ofrenda de gratitud (así, por ejemplo, en el Amp. O. T.) y la alabanza. El momento culminante de la adoración no es el reconocimiento de Dios como Creador sino la confesión Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones (5). Verdad, aquí como frecuentemente en otros lugares de los salmos, implica los significados de fidelidad y confiabilidad.


Salmo 101: EL NOBLE PROPOSITO DEL REY, 101:1–8

Titulado “Salmo de David”, este poema ha sido descrito por M’Caw como “el ideal davídico”, “aquellos principios que David se había propuesto como guía de su actuación como rey en Sion, la ciudad del Señor”. Kirkpatrick lo relaciona con la restauración del arca a Jerusalén (2 S. 6:12–19). J. A. Alexander lo interpreta como las instrucciones de David para sus sucesores, y cree que de este modo es posible explicar el parecido entre este salmo y las enseñanzas de Proverbios sobre la buena conducción del oficio real.31 Y por cierto este pasaje se aplica a todos aquellos que ejercen autoridad sobre sus semejantes bajo la providencia de Dios, sean dirigentes eclesiásticos o civiles.

1. Propósito del rey con respecto a sí mismo (101:1–4)
La primera parte de este salmo tiene que ver, sobre todo, con la vida y conducta personales del rey. Su cántico, dirigido a Jehová, será de misericordia y juicio (1). Ha sido, él mismo, objeto de la misericordia de Dios y de sus justos juicios y debe, a su vez, administrar tanto una como los otros a aquellos que están bajo su responsabilidad de gobernante. Por lo tanto, andará en el camino de la perfección y en la integridad de su corazón (2). Kirkpatrick interpreta este versículo de la siguiente manera: “Prestaré cuidadosa atención al camino de la integridad, gobernarán mi conducta como principios la devoción de todo corazón hacia Dios y la justicia total hacia los hombres.” Los términos hebreos que aquí se traducen perfección son tammim y tam, dos formas de una misma raíz que significa “sin mancha ni defecto”, “impecable”. “Este término se usa casi el mismo número de veces para describir el carácter de Dios como para describir el carácter del hombre, lo cual sugiere, por sí mismo, la posibilidad de que el hombre pueda semejarse a Dios.”34
Forma parte de esta perfección el rechazo de toda cosa injusta (3; lit., “cosa de Belial”, sin valor, baja) y la obra de los que se desvían (Moffatt traduce: “A los apóstatas y sus prácticas aborrezco”). Se apartará de mí, es decir, “No encontrará en mi asidero” (Harrison). Corazón perverso (4) indica “una naturaleza perversa” (Berk.), o “una mente malvada” (Harrison). No conoceré al malvado significa “Me disocio del malvado y lo ignoro” (Moffatt).

2. El propósito del rey con respecto a su corte (101:5–8)
La segunda mitad del salmo establece los propósitos del rey hacia aquellos que se asocian con él. “Destruiré al hombre que cavila en secreto el mal de su prójimo. No puedo soportar al que se vanagloría y es altivo” (5, Harrison). El que se complace en la maledicencia y el orgulloso pueden producir el desmoronamiento de cualquier institución. En contraste, los fieles y el que ande en el camino de la perfección (6) servirá(n) al rey y a la nación. Sobre perfección véase el comentario a propósito de 2. No se tolerará a los mentirosos y los falsos (7); la autoridad y poder del rey se dirigirán contra los impíos y los que hagan iniquidad (8). Según observa Perowne, “Día a día ejercerá su obra de justo juicio, expurgando toda impiedad de la ciudad santa … Esta es una esperanza que encuentra su cumplimiento en la visión apocalíptica, en aquella nueva Jerusalén en la cual ‘no entrará … ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira’ (Ap. 21:27)”.


Salmo 102: UNA ORACION DE LOS AFLIGIDOS, 102:1–28

Moffatt traduce el epígrafe de este salmo de la siguiente manera: “La oración de un alma infeliz que siendo desbordada por su pena trae al Eterno la causa que lo embarga de dolor y la derrama a sus pies.” Este es el único título de tal tipo en el libro; no ofrece indicación musical alguna, ni se refiere a un posible autor o dedicatoria. Los versículos 13–16, 20 y 22 parecerían colocar la composición, sin duda, en la época del exilio. La descripción que hace Perowne de los diversos estados espirituales que refleja el salmo puede ser útil para su comprensión global: “En tiradas cargadas de pena, el autor describe su amargo destino. El dolor y la penuria han estado muy ocupados afligiéndolo. Su mismo corazón, en su interior, ha sufrido el castigo de las circunstancias exteriores, secándosele el alma como el pasto se seca cuando recibe sin atenuantes el calcinante calor del sol … Pero cuando tiene tiempo para quitar su mirada del dolor que lo aqueja, se abre delante suyo una avenida tan luminosa y llena de gloria que en su pensamiento todo lo demás se desvanece y olvida para siempre. La liberación de Sion está a punto de producirse. Su Dios no se ha olvidado de ella.”
Aun cuando se lo cuenta como uno de los siete salmos penitenciales (véase 6; 32; 38; 130; 143), no se encuentra en éste el elemento que caracteriza a aquellos. El salmista no explica su dolor como consecuencia de los pecados que ha cometido, sino que lo relaciona con las circunstancias y con su propia debilidad física.

1. Pedido de ayuda (102:1–11)
El petitorio con que comienza el salmo es similar a otros que se encuentran con bastante frecuencia en los salmos (18:6; 39:12; 59:16; 69:17; etc.). El poeta pide que el Señor escuche, que llegue a El su clamor (1), que no esconda de él su divino rostro (2), que le incline su oído y responda con premura. A menos que Dios intervenga muy pronto, será ya demasiado tarde, porque mis días se han consumido como humo, y mis huesos cual tizón están quemados (3). La Versión Berkeley traduce: “Porque mis días se desvanecen como el humo, mis huesos se queman como fuegos artificiales.” Sus aflicciones físicas han herido y secado su corazón (4) y debido a su gemido (5) se ve reducido a la piel y los huesos. Se encuentra semejante al pelícano y el buho (6), al pájaro solitario sobre el tejado (7), todos símbolos de la total desolación. Los que contra mí se enfurecen, se han conjurado contra mí (8) debiera leerse: “Quienes están enojados contra mí usan mi nombre como maldición” (Amp. O. T.). “Como cenizas con mi comida, las lágrimas vierto en mi bebida” (9, Moffatt). Si bien no se ofrece razón que explique el enojo y la ira de Dios (10), el salmista siente que es objeto de la furia divina. Es alzado solamente para ser arrojado de nuevo. Sus días son como sombra que se va (11), o sea alargados como las sombras a la tarde. La muerte está cerca. Me he secado como la hierba, dice el autor.

2. El propósito de Dios (102:12–22)
Aquí cambia completamnente el tono emocional. En contraste con la miseria del salmista se recortan los propósitos eternos de Dios. La diferencia se expresa, apenas, en el simple adversativo, mas tú, Jehová (12). Dios tiene la seguridad de existir eternamente: permanecerá para siempre y su memoria de generación en generación. El Señor se levantará y tendrá misericordia de Sion (13). El tiempo pre-establecido son los 70 años que durará el cautiverio de Judá en Babilonia (véase Jer. 29:10; Dn. 9:2). Hasta las piedras y el polvo de Sion (14) eran preciosos para el pueblo de Dios. La reconstrucción de Jerusalén hará que las naciones teman el nombre de Jehová (15). La visión del poeta, en toda su plenitud—cuando todos los reyes de la tierra vengan para adorar a Dios—tendrá que esperar, por supuesto, el cumplimiento a largo plazo del designio de Dios en Jesucristo. Pero la reconstrucción de Sion glorificará a Dios (16) y será la respuesta a la oración de los desvalidos (17).
Se escribirá esto para la generación venidera (18) debiera leerse: “Que esto quede registrado por escrito para que lo lean las generaciones futuras” (Harrison). Uno de los grandes incentivos de la fe es el registro antiguo de las profecías que después han sido cumplidas. El pueblo que está por nacer alabará a JAH porque Jehová miró desde lo alto de su santuario (19), es decir, desde el cielo, con el propósito de otorgar, en el momento preciso, la anhelada liberación. Los sentenciados a muerte (20) es, literalmente, “los hijos de la muerte” o “los que están condenados a morir” (Perowne). La nota escatológica vuelve a resonar en el versículo 22, cuando los pueblos y los reinos se congreguen en uno para servir a Jehová (véase Is. 2:2–4; Mi. 4:1–2).

3. Lo transitorio y lo permanente (102:23–28)
Por un momento, la visión del salmista se desvanece, y vuelve, con toda fuerza, la situación angustiosa que está viviendo. La debilidad que siente (23) y la brevedad de su vida le hace rogar a Dios: No me cortes en la mitad de mis días (24). Pero vuelve a su mente, entonces, la “atemporalidad” del Dios eterno. Tus años debiera traducirse “tu existencia” (Harrison). Dios creó la tierra y los cielos (25) como un orden cambiante (26), pero El es siempre el mismo (27). Los versículos 25–27 se citan en Hebreos 1:10–12, donde se los aplica a Cristo, que es “el mismo ayer, hoy y por los siglos” (He. 13:8). Los conmovedores versos de Henry Lyte se basan, precisamente, en estos pasajes:

Con presteza hasta su fin corren los breves días de la vida.
Los gozos de esta tierra se desvanecen; sus glorias pasan.
Cambio y corrupción a mi alrededor contemplo;
¡oh Tú, que nunca cambias … permanece conmigo!

O, como en nuestros himnarios:

Veloz se va la vida con su afán;
su gloria, sus ensueños pasarán;
tan sólo en ti mi guía encontraré;
en sombra y sol, Señor, conmigo sé.

En esta Presencia perdurable se funda la seguridad del pueblo de Dios (28).


Salmo 103: LA CANCION DE UN CORAZON PLENO, 103:1–22

Este es un salmo de adoración, que su título atribuye a David. Es un himno de pura alabanza cuya hermosura ha recibido universal reconocimiento. Kirkpatrick opina: “Este salmo posee una belleza singular. Su ternura, su confianza, su esperanza, anticipan el espíritu del Nuevo Testamento. No contiene nota amarga alguna, y crea un lenguaje apto para expresar su gratitud del creyente hacia Dios por una redención mayor que la del pueblo de Israel de su cautiverio babilónico.” Oesterley comenta: “Con palabras tan hermosas como cualquiera de las que pueden leerse en el salterio, el salmista da testimonio del amor de Dios hacia aquellos que le temen.”38 Y Mc-Cullough afirma: “Este salmo, según da testimonio el lugar que ha ganado en la vida devocional de la iglesia, es uno de los himnos más notables del Antiguo Testamento. Parece haber tenido su origen en el profundo sentimiento de gratitud de un individuo por haberle perdonado Dios sus pecados y haberlo hecho recuperar de una enfermedad desesperada … Heinrich Herkenne observa con justicia que ‘apenas si hay otra parte del Antiguo Testamento que nos permita percibir la verdad de que Dios es amor de una manera tan íntima como el Salmo 103’.”

1. Testimonio personal (103:1–5)
El poeta convoca a todo su ser (1) a proclamar la alabanza de Dios, a causa de sus beneficios (2). Entre estos “beneficios” se incluyen el perdón, el poder de sanidad, la protección de la vida, la provisión en todas las necesidades y una promesa para el futuro. El perdón, como justamente corresponde, se menciona en primer lugar (3), como la mayor parte de las bendiciones divinas para el alma pecaminosa. La salud de todas tus dolencias, referida al alma, puede representar todas las enfermedades del espíritu. Pero también se incluye, sin duda, la salud para el cuerpo. El comentario de Agustín con respecto a estas palabras es memorable: “Aun cuando el pecado ha sido perdonado, sigues, todavía, llevando contigo un cuerpo enfermo … La muerte todavía no ha sido tragada por la victoria, lo corruptible no ha sido hecho todavía incorruptible, el alma es sacudida aún por pasiones y tentaciones … (Pero) todas tus enfermedades serán curadas, no te quede duda alguna. Son grandes, quizá digas, pero el médico es más grande aún. No hay enfermedad incurable para un Médico Omnipotente; sólo que debes dejarte curar, no debes apartar su mano; El sabe lo que hace … El médico humano a veces se equivoca. ¿Por qué? Porque no hizo aquello que se propone curar. Dios hizo tu cuerpo, Dios hizo tu alma; sabe perfectamente cómo recrear aquello que una vez formó; quédate pues, quieto y confiado, bajo la mano del Médico … soporta sus manos, ¡oh, alma! que lo bendices, no olvidándote de ninguno de sus beneficios; porque El sana todas tus dolencias…”
El Señor rescata del hoyo tu vida (4). La salvación no solamente redime el alma sino que libra a la vida de las fuertes destructivas del pecado que actúan en todas las relaciones humanas y que, inclusive, producen las enfermedades físicas y ocasionan la muerte prematura. Sobre la frase que te corona, Perowne comenta: “El amor de Dios no sólo nos libera del pecado, la enfermedad y la muerte. Hace de sus hijos reyes, y entreteje sus coronas con sus propios gloriosos atributos de ternura y misericordia.” El que sacia de bien tu boca (5) se ha interpretado como “El que satisface tu deseo de cosas buenas” (Harrison). Con respecto a la afirmación de modo que te rejuvenezcas como el águila, tanto Perowne como Kirkpatrick43 rechazan la idea de que ésta sea una alusión a la fábula según la cual el águila recuperaría su juventud volando hacia el sol y arrojándose, desde allí, al mar. McCullough sugiere que “el tamaño, fuerza y relativa longevidad del águila son suficientes para explicar el símil. Es posible que se haga aquí referencia al cambio de plumas anual que forma parte del proceso vital normal de casi todas las aves, también hay quienes creen ver una alusión a la leyenda del ave fénix (véase Job 29:18; 33:25; Is. 40:31)”.

2. Las bendiciones del pasado (103:6–12)
La experiencia personal del poeta encuentra una confirmación más en el recuerdo que tiene de las misericordias de Dios tal como se revelaron en la historia. El Señor es el Garante de la justicia y derecho a todos los que padecen violencia (6). La historia de Israel revela que Dios es misericordioso y clemente … lento para la ira, y grande en misericordia (7–8). No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo (9; no seguirá enojado siempre). La primera parte de esta última expresión Harrison la traduce: “No nos reprenderá continuamente.” Su perdón significa que no nos sancionará con el castigo que nuestros pecados hubieran merecido (10). Su misericordia es tan grande como la distancia que separa los cielos de la tierra (11) y El ha alejado nuestras transgresiones de nosotros tanto como el oriente está separado del occidente (12). La astronomía moderna, con su medición de los espacios interestelares en cifras que se elevan a los millones de años-luz (y cada año-luz representa la distancia que recorrería un rayo de luz durante un año entero, viajando a razón de 300.000 kilómetros por segundo) ha hecho crecer el estupor y la maravilla que suscita en nuestro espíritu la majestad de la gracia redentora de Dios. El arroja nuestros “pecados en lo más hondo del mar” (Mi. 7:19).

3. Su ayuda actual (103:13–18)
La fidelidad de Dios a su pacto y su ayuda en todo momento de necesidad son presentadas en contraste con la inmadurez y debilidad del hombre. “Del mismo modo como un padre experimenta compasión hacia sus hijos, el Señor, tiernamente, comprende y acoge a aquellos que lo reverencian” (13, Berk.). Los días de cada ser humano son tan fugaces e insubstanciales como los de la hierba o los de la flor silvestre, que muy pronto desaparecen (15–16, véase el comentario sobre 90:5–6). Por lo contrario, la misericordia de Dios (su chesed, el amor fiel, o “amor del pacto”; véase el comentario sobre 17:7) es eterna hacia aquellos que lo sirven en temor (17; reverencia), y su justa ayuda está a la disposición de todas las generaciones que guardan su pacto y obedecen sus mandamientos (18).

4. La alabanza del Señor soberano (103:19–22)
El salmo comienza y concluye con un llamado a la alabanza de Dios. El Señor soberano domina (gobierna) sobre todos (19). Sus ángeles poderosos (20) “que constituyen sus ejércitos” (21, Harrison) y que ministran como sirvientes de Dios, son llamados para bendecir al Señor. Todas sus obras han de rendir adoración a Dios. Y en último término, como fue al principio, el alma del salmista ha de cantar la gloria de Dios, en todos los lugares de su señorío (22). “¡Qué maravillosa sería la transformación que se operaría en nuestra generación si la iglesia lograra reatrapar el espíritu de este salmo, para que los hombres y mujeres salieran de sus templos con una canción similar a ésta en sus corazones!”


Salmo 104: LA GLORIA DE NUESTRO GRAN DIOS, 104:1–35

Muy a menudo se clasifica al Salmo 104 junto con el anterior, por considerárselos de carácter muy similar. Y por cierto que ambos comparten el mismo sentimiento atónito de adoración. Sin embargo, hay una diferencia muy significativa entre estos dos salmos, en cuanto éste (el 104) está dirigido en su totalidad, con excepción de la primera oración y de los últimos cinco versículos, directamente a Dios, siendo de este modo un magnífico himno. Su tema central es la majestad de Dios en la creación, y M’Caw afirma, “Este salmo puede considerarse un comentario poético del primer capítulo de Génesis”.
Oesterley comenta: “Es imposible leer este glorioso salmo sin sentir el gozo triunfante que late en cada una de sus partes. Refleja, tal como sin duda el salmista se propuso que lo hiciera, la solemne felicidad del Creador frente a la obra que ha realizado; en su tierna previsión al disponer las cosas que los diversos seres vivientes habrían de necesitar ha traído la satisfacción, la gratitud y el gozo a todos. ¿Y toda esta felicidad otorgada por un tierno Creador no habría de ocasionarle también felicidad a El? No podría ser de otra manera. En este salmo, por lo tanto, debemos discernir el pensamiento tácito (pero no menos presente y real por eso) de la felicidad de Dios—un pensamiento tan bello como verdadero.”
En cuanto a aquellos que creen encontrar en este salmo extensas referencias a un “Himno al sol” que compuso el faraón Amenofis IV, debiera señalárseles, con McCullough, que “las diferencias entre los dos poemas son más notables que las similitudes, siendo la más singular el hecho de que en el himno egipcio el sol es el creador, mientras que en el himno hebreo el sol no es sino una parte de la obra hecha por Dios”.49

1. La gloria de Dios en la creación (104:1–23)
La parte mayor del salmo está dedicada a la magnificencia de los actos creadores de Dios que se describen en Génesis 1. El orden de los temas que se desarrollan es el mismo que en el relato de la creación, comenzando con la luz y culminando en el hombre. Este salmo comienza y concluye con el mismo llamado a la adoración que abre y cierra el Salmo 103: Bendice, alma mía, a Jehová (1). Inmediatamente, el poeta vuelve su rostro a Dios y lo adora en su gloria y magnificencia. Dios se viste de luz (2), un símbolo bíblico frecuente en las descripciones de la divinidad (véase Is. 60:19; 1 Ti. 6:16; 1 Jn. 1:5). En primer lugar prepara los cielos (2–4) y después los cimientos de la tierra (5–6a) y las aguas (6b–13), un elemento dotado de connotaciones muy especiales en un pueblo, como el hebreo, acostumbrado a vivir en una región semiárida. En un centellante simbolismo, el poeta imagina a Dios extendiendo los cielos como una cortina (2) y clavando los postes y las vigas de su morada entre las aguas (3; Gn. 1:7; se trata de las aguas que están por encima del firmamento). Aquí tenemos probablemente un paralelismo: las acciones de cabalgar sobre las nubes y andar sobre las alas del viento. El versículo 4 está citado en Hebreos 1:7, donde se lo usa para ilustrar el carácter dependiente de los ángeles con respecto a Cristo. La palabra mensajeros, en efecto, también puede traducirse “ángeles”. Por otro lado, vientos también puede traducirse “espíritus”. La Versión Berkeley interpreta este versículo: “Haciendo a los espíritus sus mensajeros, y siervos suyos a las lenguas de fuego.” La afirmación de que la tierra no será jamás removida no debiera interpretarse de tal manera que contradiga 2 Pedro 3:10, sino que debemos leerla teniendo presente 2 Pedro 3:13.
Los versículos 6–9 se refieren de manera bien natural a la obra creadora durante la primera parte del tercer día (Gn. 1:9–10). Las aguas habrían llegado inclusive a cubrir los montes, pero respondiendo obedientes a la voz de reprensión divina fueron reunidas en los océanos y aparecieron así las áreas de tierra seca permanente. “Las montañas se elevaron, los valles se hundieron, ocupando aquellas posiciones que Tú habías planificado para ellos” (8, Harrison). Aunque durante el diluvio se eliminaron temporalmente los límites de las aguas, según el propósito de Dios tienen un lugar permanente que les corresponde (9). La tierra es hecha fértil gracias a las fuentes (10–12) y la lluvia, que se imagina como proveniente de los aposentos de Dios (13). La tierra produce con feracidad, el vino que alegra el corazón del hombre, aceite para ungir el cuerpo, el pan para fortalecerlo (14–15). La naturaleza ofrece un lugar donde puedan vivir sin carencias todas las criaturas que Dios formó (16–18). Los conejos son marmotas (Moffatt) o ardillas (Berk.). La sucesión de los días y las noches crea el ritmo vital tanto para los animales como para los seres humanos (19–20).

2. La gloria de Dios en la conservación del universo (104:24–30)
Una de las características notables de este salmo es su acento en la continua actividad de Dios en la naturaleza. Esta verdad también se enseña en otros lugares de las Escrituras: “Mi padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Jn. 5:17); “Todas las cosas en él subsisten” (Col. 1:17); “Quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder…” (He. 1:3). La mayoría de los verbos que aparecen en los versículos 10–23 están en el tiempo presente, pero en esta segunda sección la idea se presenta con extrema claridad. Toda la economía de la naturaleza pone de manifiesto la sabiduría del Señor (24) —La tierra está llena de tus beneficios. La exuberante vida de los mares depende de que Dios le dé su comida a tiempo (25–27). Leviatán (26) se refiere a algún tipo de criatura marina, quizá el delfín o la ballena. La expresión todos ellos (27) es interpretada razonablemente por Moffatt como aplicable a todos los seres vivientes que habitan el universo, y no solamente a la fauna marina. Todas las criaturas dependen de la bendición cotidiana de Dios (28), puesto que viven gracias a su favor y mueren cuando El les quita el hálito (29). Cada vida es producto del Espíritu creador y renovador de Dios (30).

3. La gloria de Dios en la corrección (104:31–35)
La última estrofa del poema continúa con la adoración de la gloria divina en la creación y conservación del universo, pero contiene la nota solemne de que la corrección del mal entre los hombres es necesaria. La gloria de Jehová será para siempre (31). El mismo Señor se regocija en sus obras (por ejemplo, Gn. 1:31). La tierra tiembla cuando Dios la mira; las montañas humean cuando El las toca (32). Por lo tanto, su siervo cantará a Jehová mientras viva (33). La mayoría de los traductores contemporáneos traducen dulce será mi meditación en él como un ruego: “Que mis pensamientos le plazcan” (Moffatt); “Que mi meditación sea dulce ante él” (Perowne); “Que mi meditación le plazca” (Berk.). La meditación en un Dios de tales características debe ser dulce al alma creyente. Pero es mucho más importante que nuestras meditaciones puedan encontrar el beneplácito de su mirada (véase 19:14).
En toda la sinfonía de la naturaleza hay solamente una nota discordante y el salmista anhela que este efecto trastornador sea eliminado. Entre los hombres hay quienes merecen los calificativos de pecadores e impíos (35). El “Himno misionero” de Reginald Heber hace eco al pensamiento del salmista cuando dice:

Dulces y preciosas son las brisas
que suavemente soplan sobre Ceilán, la isla;
Aun cuando todo al alma place
sólo el hombre en su aspecto es vil.
En vano la bondad divina
sus dones pródigos ha dado,
Los paganos en su total ceguera
a la piedra y la madera adoran.

Este magnífico cántico concluye del mismo modo como comenzó: Bendice, alma mía, a Jehová. La última exhortación, Aleluya, significa “bendice a Dios” y esta es la primera vez que aparece en el salterio, aunque la veremos repetirse con relativa frecuencia de aquí en adelante (por ejemplo, 105:45; 106:1, 48; 112:1; 113:1; etc.).


Salmo 105: LAS MARAVILLOSAS OBRAS DE DIOS, 105:1–45

El libro IV de los Salmos concluye con dos magníficos salmos históricos, en los cuales se usan las lecciones del pasado para corregir y estimular al pueblo de Dios. Los salmos 78, 107, 114 y 136 son otros ejemplos de este tipo de salmo. El nexo entre los salmos 105 y 106 es el poder de Dios y su fidelidad, en contraste con el fracaso del pueblo. El Salmo 105:1–15 aparece, también, en 1 Crónicas 16:8–22, donde se lo atribuye a David, quien lo habría compuesto en ocasión del translado del arca del pacto a Jerusalén.
Según Oesterley los dos énfasis importantes del salmo son “el gozo en la adoración” y “la guía divina en la historia”. Morgan anota: “La palabra clave en todo el salmo es el pronombre ‘El’. En su constante repetición muestra cuál es el pensamiento que domina la mente del poeta. Es el pensamiento de la perpetua actividad de Dios en todas las experiencias por las que atraviesa su pueblo.”52

1. Gloria en el santo nombre de Dios (105:1–6)
La primera estrofa es un llamado a la adoración que convoca al pueblo para la alabanza y la oración fundadas en la memoria de las maravillosas obras de Dios. Los mandamientos son: Alabad (1); invocad su nombre; dad a conocer sus obras …; cantadle salmos (2); gloriaos en su santo nombre (3); alégrese … buscad (3–6); acordaos (5). Las razones de la alabanza son las obras (1) de Jehová; todas sus maravillas (2); las maravillas que él ha hecho (5); sus prodigios y … los juicios de su boca. Los destinatarios son la descendencia de Abraham, su siervo y los hijos de Jacob, sus escogidos (6).

2. El Dios de los patriarcas (105:7–22)
El poeta traza la historia de su pueblo hasta la época de Abraham y la era de los patriarcas. Mientras que los juicios de Dios llenan toda la tierra (7), específicamente Jehová es el Dios del pacto con su pueblo escogido para siempre (8). La expresión mil generaciones proviene de Deuteronomio 7:9, donde se la relaciona con el amor de Dios por Israel, cuya consecuencia es la elección. El paralelismo de este versículo pone bien de manifiesto que esta expresión significa para siempre. El pacto fue concertado con Abraham, Isaac (9), Jacob y sus descendientes (10). Como parte del pacto se incluía la promesa de una posesión en Canaán como porción de su heredad (11). La interpretación del carácter del pacto, como condicionado o incondicionado, como promesa o profecía, ha dividido a los expertos en dos facciones bien definidas. Son eminentes los nombres de quienes apoyan una u otra posición. El Nuevo Testamento presta su peso a quienes afirman que, en último término, el pacto con Israel se cumple en el nuevo pacto a través de Cristo (véase Hch. 13:16–34; Ro. 2:28–29; 4:12–17, 22–25; Gá. 3:7, 28; 4:28–29; He. 10:15–22).
El autor subraya la protección, por parte de Dios, de que fueron objeto los Patriarcas mientras anduvieron como forasteros en la tierra que se les había prometido (12–15). Por causa de ellos castigó a los reyes (14); véase Génesis 12:14–20; 20:1–16; 26:6–11. Mis ungidos (15) indica un conjunto apartado y consagrado con aceite, como sucedía con los reyes o los sacerdotes. Mis profetas se utiliza aquí en el sentido más amplio del término, pues Dios hablaba a los profetas y a través de ellos.
El versículo 16 señala una transición del período de los Patriarcas a la época de la estadía de Israel en Egipto. La narración histórica que corresponde a este período se encuentra en Génesis 37; 39–47. La última parte del versículo 16 Moffatt la interpreta como: “y destruyó todo el sustento de los egipcios”. Perowne comenta: “La hambruna en Canaán no fue un episodio accidental; la trajo Dios (cf. 2 R. 8:1; Am. 5:8; Hab. 1:11). La posición de José en Egipto tampoco fue accidental; Dios lo había enviado para ocupar exactamente ese lugar; es de este modo, precisamente, como él mismo interpreta la acción divina en Génesis 45:5, 50:20.” El dicho de Jehová le probó (19) se refiere al contraste entre su condición servil en la casa de Potifar y en la cárcel y la promesa que transmiten los sueños registrados en Génesis 37:5–11. Es posible que la fe sea puesta a prueba en el período que va entre la seguridad de la promesa y la posesión concreta de aquello que ha sido prometido. El cuadro de la exaltación de José adquiere dimensiones sorprendentes (20–22). Y a sus ancianos enseñara sabiduría (22) recuerda el prudente ejemplo dado por José al almacenar alimentos durante los años de abundancia (Gn. 41:46–49).

3. Dios y los egipcios (105:23–36)
Estos versículos describen la historia de los israelitas en Egipto, desde la llegada de Jacob hasta el Exodo. La sorprendente multiplicación del pueblo se atribuye a la intervención de Dios (23–24). La tierra de Cam (como en 78:51) es una forma poética de referirse a Egipto (véase Gn. 10:6). Cambió el corazón de ellos para que aborreciesen a su pueblo (25) debe entenderse a la misma luz que el endurecimiento del corazón de faraón, resultado de la obstinación con que faraón endureció su propio corazón (Ex. 8:15, 32; 9:34). Moffatt traduce 24–25 de la siguiente manera: “Dios multiplicó en gran manera a su pueblo, hasta que llegaron a superar a los egipcios, quienes se dieron a odiar a su pueblo, a tratar con astucia a sus siervos.” Las plagas se describen, como en el Salmo 78, sin tener en cuenta el orden en que sucedieron según Exodo 7–12. Se ha sugerido que la novena plaga aparece en primer lugar (las tinieblas, 28) porque fue la que finalmente convenció a la mayoría de los egipcios, aunque fue la muerte de los primogénitos la que habría de convencer a faraón. La última parte del 28, no fueron rebeldes a su palabra, parecería apoyar esta opinión. Sus términos (31) es la misma palabra que en el 33 se traduce territorio y significa los límites o fronteras. Llamas de fuego en su tierra (32) está mejor traducida en la Versión Berkeley, que dice: “Rayos encendidos en su tierra.” Moffatt interpreta las primicias de toda su fuerza (36) como “cada hijo varón mayor”. La rebelión de los egipcios fue quebrada. El efecto acumulado de las plagas fue demostrar la superioridad del Dios de Israel con respecto a los dioses de Egipto.

4. Dios y el Exodo (105:37–45)
El Exodo está descrito en 37–39, en un resumen que presta poca atención a los acontecimientos que sucedieron durante el peregrinaje por el desierto (40–45). No hubo en sus tribus enfermos (37) se ha interpretado: “Ninguno quedó atrás por ser débil para recorrer el camino” (Smith-Goodspeed). Aquí no se menciona la pecaminosa rebelión de Israel. El salmo culmina en el cumplimiento de la promesa divina a Abraham con la toma de posesión de la tierra prometida (42–45). Aleluya es, en hebreo, Hallelu-Yah, “alabad al Señor Jehová”. El equilibrio que parece perderse en este salmo, el ignorar los elementos desfavorables de la historia del Exodo, se recupera, sin duda, en el Salmo 106.


Salmo 106: PECADO Y SALVACION, 106:1–48

El último salmo del libro IV es otro cántico histórico, cuyo acento especial está colocado sobre la continua misericordia de Dios frente a las continuas infidelidades de Israel a causa de su pecado e incredulidad (véase Salmos 105, introducción). Este salmo es un monumento al descarnado realismo de la Biblia. Según señala M‘Caw, es muy extraño encontrar un himno nacional que conmemora los pecados del pueblo. El versículo 47 parecería indicar una fecha de composición durante el exilio.

1. Una oración de confesión de pecados (106:1–6)
La acción de gracias y la confesión de pecados se entremezclan en la primera estrofa del poema. A la luz de la gran bondad divina las fallas del pueblo son, sin lugar a duda, flagrantes. Aleluya (1) es hebreo (Hallelu-Yah), y significa “alabad a Jehová”. La longánime misericordia de Dios es una nota recurrente en todos los salmos (véase 107:1; y especialmente el Salmo 136). Las poderosas obras de Jehová superan toda posibilidad de descripción (2). Hay una bendición especial para quienes guardan juicio (3, “observan la justicia”, RSV) y hacen justicia en todo tiempo. La oración personal del salmista ha de incluirse entre las disposiciones del pacto, de tal manera que pueda ver el bien de tus escogidos (5, la prosperidad), gozarse en la alegría de tu nación y gloriarse con tu heredad. Se confiesa cuál es el obstáculo que impide recibir la bendición de Dios: Pecamos nosotros, como nuestros padres (6), es decir, del mismo modo como nuestros padres o antepasados hicimos iniquidad, hicimos impiedad.

2. Los siete pecados de Israel en el desierto (106:7–33)
La parte más importante del salmo es la que está dedicada a enumerar los pecados de los israelitas en el desierto. Se describen siete casos de desobediencia e incredulidad.
a. La rebelión junto al mar Rojo (106:7–12). Pese a que las maravillas de Egipto todavía estaban frescas en la memoria (7), el pueblo provocó a Dios junto al mar Rojo (Ex. 14:10–12). Sin embargo, la misericordia de Dios se mantuvo inalterada y libró a su pueblo por amor de su nombre (8), dividiendo las aguas del mar y destruyendo a sus enemigos en las profundidades (9–11). Entonces, durante algún tiempo, los israelitas creyeron a sus palabras y cantaron su alabanza (12). Véase Exodo 14:13–15:22.
b. Impaciencia infiel (106:13–15). Bien pronto olvidaron … no esperaron su consejo (13). Con impaciencia, se quejaron y expresaron sus dudas. El deseo de tener abundancia de comida y bebida, que Dios, de todos modos, hubiera provisto en la medida de sus necesidades, los llevó hasta el borde de una necia y llana rebelión (Ex. 15:23–17:7). El deseo desordenado (14) también puede traducirse “anhelo incontenible” (RSV). El les dio lo que pidieron; mas envió mortandad sobre ellos (15). Aquí tenemos el potencial trágico de la oración que no agrega la indispensable cláusula, “Pero no como yo quiero, sino que se haga tu voluntad” (Mt. 26:39). Si bien la referencia inmediata puede muy bien ser a las náuseas y la muerte que experimentaron los israelitas (Nm. 11:20, 33), Perowne sugiere que también podría interpretarse de manera figurada: “El corazón y el espíritu del hombre cuya intención única es satisfacer sus deseos y apetitos terrenales están siempre resecos y muertos para todo efecto espiritual. Se convierten en un objeto arrugado, miserable, encogido que reclama para sí siempre más alimento material pero nunca quedan realmente satisfechos o bien alimentados.”
c. Los celos por la autoridad de Moisés y Aarón (106:16–18; véase Nm. 16). La insurrección contra los dirigentes asignados por Dios para gobernar a su pueblo constituye el tercero de los pecados que aquí se enumeran. Aarón, el santo de Jehová (16) lo era en razón de su oficio y no por característica personal alguna que él manifestara. Datán y Abiram, junto con Coré, que no es mencionado por el salmista, fueron los que encabezaron la rebelión a causa de los celos que los oponían a Moisés y Aarón. Números 16:27 y 26:11 parecerían implicar que Datán y Abiram eran los cabecillas de la oposición contra Moisés y Aarón. Esta se atribuye, sin atenuantes, a la envidia y los celos que experimentaban sus opositores.
d. La adoración del becerro de oro (106:19–23; véase Ex. 32; Dt. 9:8–29). Horeb es el nombre que Moisés usa en Deuteronomio, principalmente, para referirse al Sinaí (19). Cambiaron su gloria (20) por un buey. Se ve con toda claridad que la idolatría es objeto de desprecio (véase Is. 40:19–20). La tierra de Cam (22) era Egipto. Sólo la intercesión de Moisés (Ex. 32:31–35) salvó a la nación de ser destruida por completo (23). De no haberse interpuesto—“La intercesión de Moisés se compara con la acción de un valiente cabecilla que cubre con su propio cuerpo la brecha abierta (por el enemigo) en la muralla defensiva de su fortaleza”. Véase Exodo 22:30.
e. La desobediencia de Cades-Barnea (106:24–27; véase Nm. 13:1–14:45). A continuación se describe la trágica pérdida de la confianza en Dios que tuvo lugar en Cades. Creyendo el informe mayoritario de los hombres que habían sido enviados a “espiar” la tierra prometida, los israelitas “despreciaron la tierra placentera” (24, Harrison). Tierra deseable es una descripción adecuada de Canaán: “ciertamente fluye leche y miel” (Nm. 13:27). Sin embargo, la incredulidad les impidió el ingreso, mucho más de lo que hubiera podido hacerlo un enemigo poderoso (He. 3:7–19). Los eruditos bíblicos han visto aquí, de manera correcta, una imagen antiguotestamentaria del “segundo descanso” que está dispuesto para el pueblo de Dios (He. 3–4). Cades es la transliteración en castellano del término hebreo Qodesh que significa “consagración” o “santidad”. Toda una generación pereció en el desierto porque les falló la fe en el lugar de la santidad o la consagración. Alzó su mano contra ellos (26) es el gesto que se acostumbra asumir cuando se presta juramento.
f. La idolatría en Baal-peor (106:28–31; Nm. 25:1–18). Baal es el nombre genérico que se daba a los dioses cananeos de la fertilidad; peor (28; véase Nm. 23:28) parece haber sido el nombre de una colina o montaña donde estaba uno de los santuarios moabitas de la fertilidad. El culto cananeo de Baal incluía, por lo general, la prostitución sagrada. La unión con una de las prostitutas del santuario era considerada como unión con el dios; de ahí la expresión se unieron asimismo (véase 1 Co. 6:13–20). Comieron los sacrificios de los muertos puede significar, como traduce Berkeley, “comieron los sacrificios ofrecidos a ídolos sin vida”, en contraposición con “el Dios viviente”, o, tal como lo interpreta Moffatt, “comieron alimentos ofrecidos a los muertos”, en algún tipo de necromancia o forma de adivinanza consultando a los muertos (véase Dt. 18:11; Is. 8:19). El resultado de este insolente pecado fue una plaga mortal (29, mortandad), que se detuvo solamente cuando Finees … hizo juicio (30; véase Nm. 25:6–9). El versículo 31 aparentemente es una referencia a la promesa que Dios hizo a Finees en Números 25:12–13.
g. La incredulidad en Meriba (106:32–33; Nm. 20:1–13). Aun cuando no es la última de las faltas en el orden cronológico de Números, el pecado en Meriba está colocado aquí en último término y como culminación de un proceso porque involucró a Moisés en un gesto de impaciencia que le costó el privilegio de conducir a la nación en su ingreso a Canaán. La severidad con que Dios trata a Moisés ejemplifica de manera vivida cómo la mayor iluminación significa, también, una mayor responsabilidad.

3. La desobediencia en Canaán (106:34–39)
Ni siquiera la posesión de la tierra prometida terminó con la triste historia de las desobediencias y la incredulidad. Los israelitas no destruyeron a las tribus paganas de Canaán, tal como se les había ordenado que hicieran, antes se mezclaron con las naciones, y aprendieron sus obras (35, sus caminos). La idolatría fue la maldición y ruina (36) de los israelitas a partir del Exodo, hasta la época del exilio. Desaparecería, recién, como consecuencia de los rigurosos sufrimientos del cautiverio babilónico. En sus expresiones extremas, estas formas paganas de culto incluyeron hasta el sacrificio de seres humanos (37–38; véase Dt. 12:31; 18:9–10; 2 Cr. 33:5–6; Ez. 16:20–21; 20:31). La mención de demonios en una posición que puede interpretarse como paralela a ídolos (vv. 37–38) indica que en el concepto del salmista las divinidades cananeas eran demonios. “Eran impuros por lo que hacían; eran inmorales en sus prácticas” (39, Berk.).

4. Los repetidos juicios y misericordias de Dios (106:40–46)
Aquí tenemos una referencia primaria a los ciclos de opresión, arrepentimiento y liberación que se describen plenamente en el libro de los Jueces. Sin embargo, el mismo esquema predominó en toda la historia de Israel a partir de la época de Salomón. El pecado del pueblo produjo la ira (furor) y el juicio de Dios (40) encarnados en el dominio de poderes opresores extranjeros (41–42). Sin embargo, Dios muchas veces los libró (43–44). “Sus designios” sería una traducción más adecuada de su consejo (43). Y se arrepentía conforme a la muchedumbre de sus misericordias (45; véase comentario sobre 90:13). “Hizo que sus captores llegaran a tenerles simpatía” (46, Harrison; véase 1 R. 8:50 y otros ejemplos en Neh. 1:11; Dn. 1:9).

5. Oración final y doxología (106:47–48)
La oración final del poeta, que parecería fechar el salmo en el período de la diáspora, implora a Dios que recoja a su pueblo de entre las naciones (47) para que puedan alabar su santo nombre y gloriarse en sus alabanzas. La doxología del versículo 48 cierra el libro IV de los Salmos. Es digno de señalar que un salmo tan preocupado por el pecado y el juicio concluya en una nota que presupone el perdón y la gracia. Según comenta Frank Ballard, “El pecado ha causado sufrimientos sin paralelos. Ha frustrado los sueños de generaciones, ha tirado por tierra los planes para un orden más justo de la sociedad, ha llevado al mundo hasta el borde de la desesperanza. Sin embargo, siempre hay algún modo de mantener viva la esperanza. No es un nuevo modo. Se lo sugiere en este salmo, y lo desarrollan tanto los profetas como los evangelistas, así como dan testimonio de él las multitudes de los creyentes: es el camino del arrepentimiento y el perdón. Hay una verdad, sin duda, en la severa doctrina de la retribución, y es esta verdad la que nos explica su permanencia a través de los tiempos, hasta los novelistas y los dramaturgos contemporáneos. Pero mayor es la verdad que proclama el evangelio de la gracia, ilustrada y justificada en la experiencia de los innumerables seres humanos que han experimentado el gozo de la redención”.

Sección V Libro Quinto: Salmos para la Adoración. Salmos 107–150


El último libro del salterio es el más largo, tanto en términos de su contenido como con respecto a la cantidad de salmos que contiene. La mayoría de los salmos del libro V están orientados hacia el culto público. Muy pocos entre ellos poseen un título, y cuando éstos aparecen la mayoría se refiere solamente al autor o a la persona a quien el salmo ha sido dedicado (de o para David, 13; de o para Salomón, 1), o al uso litúrgico que le corresponde (por ejemplo, “gradual”, 120–134).
Dentro del libro V se han diferenciado cuatro colecciones menores. La primera es “El Hallel Egipcio”, Salmos 113–118. La segunda es la colección de las canciones “Graduales” o “Del Ascenso”, Salmos 120–134. La tercera, Salmos 138–145, ha sido denominada “Colección Mínima de Salmos Davídicos”, pues cada uno de los salmos de este grupo contiene el nombre de David en su epígrafe. La última se conoce como “El Gran Hallel”, y está integrada por los Salmos 146–150 (véase la introducción al Salmo 136).


Salmo 107: CANCION DE LOS REDIMIDOS, 107:1–43

Este salmo de adoración posee una relación íntima con los dos salmos anteriores. Los Salmos 105–107 han sido considerados, repetidas veces, una trilogía, compuesta probablemente por un mismo autor. El Salmo 107, sin embargo, no es de carácter histórico. Sus descripciones de las diversas circunstancias de la vida humana no están relacionadas con episodios específicos de la historia de Israel. Se trata, antes, de observaciones generalizadas con respecto a los muchos y variados modos en que se manifiestan las acciones liberadoras de Dios.
Perowne dice: “No puede haber dudas sobre la lección general que inculca. Nos enseña no solamente que la providencia divina vigila las vidas de todos los hombres, sino también que su oído está abierto para escuchar nuestras oraciones. Nos enseña que puede pedirse a Dios la liberación temporal, y que tales ruegos a veces reciben respuesta. Nos enseña que lo justo es reconocer con nuestra acción de gracias tales respuestas a nuestras peticiones. Esta era la fe sencilla del poeta hebreo.” Oesterley anota: “Probablemente en ningún otro salmo se expresa en tan gran detalle la creencia en la intervención divina en las situaciones corrientes de la vida humana. Otra característica notable de este salmo es su certidumbre con respecto a la ayuda divina cuando, en un momento de tensión o necesidad, el hombre busca socorro en El.”2
Otra característica digna de mención es el estribillo que aparece en los versículos 8, 15, 21, 31. Cada una de las secciones del salmo convoca a la alabanza de Dios por algún gran aspecto de su forma de relacionarse con los hombres.

1. Alabanza por la restauración que viene de lejos (107:1–7)
Con la excepción del “Aleluya” inicial, el versículo 1 es idéntico a 106:1. La bondad divina y su eterna misericordia son el fundamento del llamado a la alabanza. Díganlo los redimidos de Jehová (2) significa que los redimidos del Señor han de decir que para siempre es su misericordia (1). La redención que se tiene en mente aquí es ser liberados de las manos del enemigo, siendo recogidos o congregado de las tierras, del oriente y del occidente, del norte y del sur, (3) una evidente alusión al regreso desde el cautiverio babilónico.
Los versículos 4–5 reflejan algo de la impaciencia de los exiliados. Aun cuando las condiciones físicas no eran insoportables en Babilonia y muchos llegaron a sentirse tan satisfechos que nunca volvieron a Palestina, para el judío verdaderamente piadoso estar tan lejos de Jerusalén era como vagar, sin hogar, por un desierto. Cuando el corazón se vuelve a Dios en su angustia (6), la liberación está cerca. El camino por donde Dios nos conduce siempre es el camino derecho (7). Una ciudad habitable es un lugar “donde los rescatados puedan establecer su hogar” (Amp., O. T.).

2. Alabanza por la renovación de la esperanza y el gozo (107:8–14)
El versículo 8 establece el estribillo que se repetirá en los versículos 15, 21 y 31. En la versión original es mucho más parecido al versículo 1 de lo que sugiere la traducción Reina-Valera 1960 Perowne lo traduce: “Que den gracias a Jehová por su tierno cuidado, y por sus maravillas hacia los hijos de los hombres.” En el Señor está la satisfacción que necesita el alma menesterosa (9). Puesto que alma hambrienta es muy probable que sea una referencia al hambre física, “cosas buenas” es quizás una traducción más adecuada (e igualmente posible) que bien, en la primera parte del versículo. El versículo 10 evoca a Isaías 9:2 tal como se lo cita en Mateo 4:15–16. Las tinieblas y la esclavitud son el resultado de la rebelión contra las palabras de Jehová (11). El pecado carga con trabajo los corazones (12) y priva al hombre de su única fuente de ayuda. La estrofa comienza con las tinieblas y la sombra de muerte, con las cadenas de la aflicción; concluye con la liberación de la sombra de muerte (14) y con el quebrantamiento de las cadenas que atan a los cautivos (“rompió sus grillos”, Berk.).

3. Alabanza a Dios por la revelación de su poder (107:15–20)
Con respecto al versículo 15, véase comentario sobre el 8. El poder de Dios rompe las puertas de bronce (16) y los cerrojos de hierro, cumpliendo así la promesa de Isaías 45:2. Ningún poderío humano puede resistir frente al poder de Dios. Los insensatos (17) no son los ignorantes ni los que son incapaces de reflexionar sino los moralmente perversos. Es en este sentido que el término se usa corrientemente en Proverbios (7:22; 10:8, 10, 18, 23; 11:29; etc.; a veces se lo traduce “necio”) y en los evangelios (Mt. 7:26; 25:2). “La insensatez o necedad denota perversión moral y no simple debilidad mental o ignorancia; conduce a la ruina. Es lo opuesto a la sabiduría, que conduce a la vida.” El versículo 18 está relacionado con el 17: a causa del camino de su rebelión, “despreciaron todo tipo de alimento y llegaron muy cerca de los portales de la muerte” (RSV). El pecado priva al alma toda satisfacción y siempre paga en la moneda de la muerte (véase Ro. 6:23). Sin embargo, sigue habiendo esperanza. Cuando la angustia (19) hace que el corazón vuelva a Dios, viene la liberación (véase 6, 13). El poder de Dios está en su palabra (20) que trae la salud y la liberación. De manera razonable, Perowne relaciona esta idea con 147:15, 18; y llama la atención sobre 105:19 e Isaías 9:8; 55:11. Y dice: “Detectamos en tales pasajes un primer resplandor de la doctrina juanina de la actividad de la Palabra personal. La Palabra que colaboró en la creación de los cielos (33:6) no es vista exclusivamente como una expresión de la voluntad de Dios, sino como su mensajero, mediador entre El y sus criaturas.” Su ruina es, literalmente, “sus pozos”; se refiere, como resulta evidente, a las tumbas que tan cerca llegaron a estar de ellos.

4. Alabanza por el rescate de peligros físicos (107:21–30)
En lugar de dar inmediatamente una razón por la cual deba alabarse al Señor, como en 8–9 y 15–16, el poeta amplía aquí el llamado a la adoración y sugiere sacrificios de alabanza (22). “La ofrenda por acción de gracias era una parte de la categoría más general de ofrendas de paz (Lv. 7:11–15; 22:29–30).” El resto de la estrofa es una admirable descripción del poder de Dios sobre las fuerzas elementales del mar. La expresión los que descienden al mar en naves (23) refleja el hecho de que el mar está siempre en un nivel más bajo que la tierra. El viento y las ondas (25) están sometidos a la voluntad de Dios. Sus almas se derriten (26) significa, “Frente al peligro su valor se derritió” (Harrison). Toda su ciencia es inútil (27) significa que ya se ha llegado al límite de la inteligencia y los recursos que el hombre puede convocar en su auxilio en un momento de peligro. El texto hebreo dice: “Toda su sabiduría se traga a sí misma.” Con respecto al versículo 28 véanse los versículos correspondientes en las estrofas anteriores, 6, 13, 19. El Señor apacigua la tempestad y lleva a los marinos navegantes al puerto que deseaban (29–30).

5. Alabanza por la rectitud de los juicios (107:31–43)
El desarrollo del estribillo en 31–32 es comparable con el que ya hemos visto en 21–22. La referencia al culto público —congregación y reunión— es clara y directa. La esterilidad o fertilidad de la misma tierra están relacionadas con el juicio o la recompensa que Dios haya dispuesto. La maldad de los hombres hace que Dios convierta los ríos en desierto (33), los manantiales … en sequedales, y la tierra fructífera en estéril (34), “una zona productiva se convierte en pedregal” (Harrison). A la inversa, el desierto puede ser transformado en viñas que rinden abundante fruto (35–37), siendo condición (implícita) para esta transformación la obediencia y la justicia del pueblo. La población aumenta o declina de acuerdo con las mismas condiciones (38–39). Menoscabados debería entenderse como “se volvieron pocos” (39, Berk.). El versículo 40a probablemente sea una cita de Job 12:21. Nadie, cualesquiera su rango, está exempto del juicio de Dios sobre el pecado. Los elevados son hechos descender y los humildes son exaltados (41; véase Pr. 3:34; Stg. 4:6). Esto da lugar al regocijo de los rectos (42). ¿Quién es sabio y guardará estas cosas, y entenderá las misericordias de Jehová? (43). Este versículo expresa la misma verdad que Jesús formuló al decir: “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta” (Jn. 7:17). En la misma línea está la afirmación, que muchos atribuyen a San Agustín: “La Palabra de Dios pertenece a aquellos que la obedecen.” Solamente en la fe del compromiso y la obediencia hay un auténtico conocimiento de la verdad espiritual.


Salmo 108: ANTOLOGIA DE ALABANZA, 108:1–13

Identificado en su epígrafe como “Salmo de David”, este poema es único en el salterio por estar compuesto de citas de otros salmos también atribuidos al mismo autor. Son repeticiones como ésta las que ofrecen la mayor evidencia de que ciertas partes de nuestro libro de los Salmos constituían, originalmente, colecciones separadas (véase la Introducción).

1. Adoración (108:1–5)
Este poema es prácticamente idéntico a Salmos 57:7–11. Las diferencias son menores en el original que en la traducción. La modificación más significativa es el cambio de Adonai, en 57:9, por Yahweh (Señor), en 108:3. Véase los comentarios sobre 57:7–11.

2. Llamado (108:6–13)
Este material ha sido tomado del Salmo 60:5–12, cuyo comentario puede consultarse.
Morgan describe la actitud que pudo haber llevado a reunir, aquí, estas porciones de dos salmos distintos, diciendo: “Las circunstancias del autor (o copilador) parecen haber sido muy similares a las que prevalecían en el caso de los salmos anteriores. Solamente se las alude, al pasar. La firmeza del corazón del salmista le permite regocijarse desde el principio hasta el fin. La relación con Dios afecta todas sus otras relaciones. Apuntar en todas las acciones hacia la voluntad divina y someterse a su trono significa salir triunfante en todas las circunstancias. La victoria en medio de la derrota misma es la más sutil y magnífica de todas, pero solamente es posible cuando el corazón permanece, inamovible, en Dios.”


Salmo 109: CLAMOR POR LA REIVINDICACION Y LA JUSTICIA, 109:1–31

Este es el último de los “salmos imprecatorios” (véase la Introducción), y uno de los más fuertes. Algunos han sugerido que las imprecaciones pueden ser citas de los enemigos del salmista, o sea maldiciones que éstos dirigieron al autor. Sin embargo, basta quizá recordar que el salmista considera que quienes han llegado a ser enemigos suyos son, sobre todo, enemigos de Dios. La justicia divina requiere la reivindicación del justo en juicio, cara a cara, con el malo.
Con respecto a los términos que aparecen en el epígrafe, véase la introducción a los Salmos 3 y 4.

1. Los enemigos del salmista (109:1–5)
El poeta comienza pronunciando su queja contra todos los impíos (2) y los engañadores, cuyas bocas se han abierto contra él, hablando con lengua mentirosa. Ha sido objeto de calumnias totalmente injustificadas. Nada autorizaba la oposición que se levantó en contra suyo (3). En pago de mi amor me han sido adversarios puede traducirse mejor: “Pagaron mi amor con enemistad” (Harrison). Mas yo oraba dice, en el original, “Mientras yo oraba por ellos” (Harrison). En contraste con los sentimientos que se ponen de manifiesto en 6–19, este versículo respira la misma atmósfera que las palabras de Jesucristo en el Sermón del Monte (Mt. 5:43–48). Pese a todo lo que hizo el salmista descubre que a cambio de su bien se le ha devuelto mal, y odio por amor (5).

2. El líder (109:6–20)
Los que interpretan este pasaje como las cosas que se decían con respecto al salmista, y no sus propias expresiones, señalan el cambio en el pronombre del plural (ellos) al singular (el). Es posible explicar este cambio, sin embargo, como resultante de un deslizamiento de la atención del salmista que, dejando de pensar en el grupo de sus enemigos, se concentra ahora en su líder, o aquel que, de algún modo, personifica la oposición. El enemigo será gobernado por un impío (6) y Satanás esté a su diestra (posición que ocupaba, en la sala del trono, el consejero más digno de confianza). El texto hebreo dice, literalmente: “Que un satán esté a su derecha.” Puesto que “satán” significa, en hebreo, “adversario”, muchas versiones modernas traducen aquí “acusador” (RSV, Moffatt), “perverso acusador” (Berk.), o “adversario” (Perowne, Harrison). La función de Satanás es, por supuesto, confundir y guiar por el mal camino (Ap. 12:10) y ser el adversario (1 P. 5:8) del pueblo de Dios.
Las maldiciones continúan. El impío ha de ser juzgado de manera inmisericorde, y hasta sus oraciones han de ser contadas como pecado (7). Ha de ser cortado de la vida prematuramente y su oficio (su lugar) tomado por otro (8) —un versículo que se cita con respecto a Judas en Hechos 1:20. Sus hijos quedarán huérfanos y serán vagabundos y mendigos, su esposa quedará viuda (9–10). Procuren su pan lejos de sus desolados hogares (10) debiera decir: “Busquen su pan lejos, habiendo sido desposeídos de sus casuchas” (Harrison). El trabajo en 11, se entendería mejor si dijera “el fruto de su trabajo” (Berk.). No solamente el enemigo ha de ser tratado sin misericordia alguna, sino que sus hijos sufrirán la misma maldición (12) y su línea de descendencia terminará extinguiéndose (13). Esta era una de las mayores tragedias que podía sobrevenir a un hombre del antiguo Medio Oriente. La iniquidad de sus antepasados (14–15) ha de ser visitada sobre su cabeza, pues no tuvo misericordia (16; véase Stg. 2:13). Los pecados en que se complació (17–18) serán su castigo, del cual no podrá escapar pues lo rodeará como lo rodean la vestidura que tiene puesta (19). La RSV traduce el versículo 18 de la siguiente manera: “Se vistió usando como toga la maldición; que ésta empape su cuerpo como agua, sus huesos como si fuera aceite.” Harrison ofrece el resumen del versículo 20 en los siguientes términos: “Que éste sea el premio de Dios para mis opresores acusadores, y todos los que hablan mal de mí.”

3. Triste condición del salmista (109:21–25)
El poeta se olvida por un momento de la impiedad de sus enemigos y concentra su atención en la bondad de Dios. Implora la intervención divina a su favor. Presenta ante el Señor su triste condición de hombre perseguido y calumniado: estoy afligido y necesitado, y mi corazón está herido dentro de mí (22); me voy como la sombra cuando declina (el día) (23). Soy sacudido como langosta evoca la imagen de un insecto que, impotente, es sacudido de un lado para otro por el viento. Sus rodillas se debilitaron y su carne desfallece (24). Se ha vuelto objeto de oprobio (25) para los que menean sus cabezas, burlándose de él y aprobando su penosa condición como justa.

4. Su esperanza de reivindicación (109:26–31)
El salmo concluye con una fortísima súplica y expresión de confianza en la revindicación del poeta por intervención del Señor. Se vuelve a Jehová, su Dios, pidiéndole ser salvado conforme a tu misericordia (26), a fin que pueda dar testimonio de lo que Dios ha hecho (27). Sus enemigos podrán maldecirlo, pero Dios lo bendecirá; la vergüenza de sus adversarios contrastará con el regocijo de los justos (28). Eleva su súplica como siervo de Dios. La ignominia y la confusión con que sus adversarios serán vestidos ha sido urdida por sus propias intrigas (29). Perowne, ASV (margen) y Kirkpatrick,8 fundándose en razones de orden gramatical, traducen los versículos 28–29 en el indicativo antes que en el subjuntivo: es decir, como una predicción y no como un pedido. Véase, por ejemplo, la traducción que ofrece Perowne:

Aunque ellos maldicen, Tú bendices;
Ellos se levantaron pero fueron avergonzados,
Pero tu siervo se regocijó.
Mis adversarios están vestidos de confusión;
Se cubren con su propia vergüenza (como con)
Un manto.

Tal como ocurre a menudo en los salmos de lamentación, el poema concluye con un voto: Yo alabaré a Jehová en gran manera con mi boca, y en medio de muchos le alabaré (30). Dios se coloca a la diestra del pobre (31), como su Gran Defensor para librar su alma de los que le juzgan.


Salmo 110: HIMNO AL REY SOBERANO, 110:1–7

Esta joya entre los salmos es uno de los más destacados pasajes mesiánicos del Antiguo Testamento. Posee la distinción de estar citado un total de veintiuna veces en el Nuevo Testamento en relación con Cristo y su reino, e inclusive, en varias de estas oportunidades, por Jesús mismo. Morgan afirma, “Este salmo es puramente mesiánico, y siempre se lo consideró así. Cuando Jesús lo cita en su conversación con los gobernantes resulta perfectamente claro que ellos lo entendieron en esa luz. Y es del mismo modo indudable que El también lo usó con un sentido mesiánico”.
Esta afirmación no deja de tener opositores, especialmente por parte de quienes interpretan que el salmo tiene alguna aplicación inmediata y local. Puede concederse que tal aplicación es legítima, siempre que se reconozca que la totalidad del significado de su texto no se agota en la ocasión local y que en su sentido más amplio debe aplicarse a Cristo. Tanto los judíos en los tiempos de Jesús como la Iglesia Primitiva consideraron que éste era un salmo mesiánico por su significado.

1. El Rey divinamente ordenado por Dios (110:1–3)
El versículo 1 está citado en Mateo 22:44; 26:64; Marcos 12:36; 14:62; 16:19; Lucas 20:42–43; 22:69; Hechos 2:34; 1 Corintios 15:25; Efesios 1:20; Colosenses 3:1; Hebreos 1:3, 13; 10:12–13; 12:2. Además, se encuentran numerosos “ecos” suyos en otros pasajes del Nuevo Testamento. El Señor (Adonai) del salmista recibe orden de Dios (Yahweh) de sentarse a su diestra hasta que todos sus enemigos sean convertidos en estrado de tus pies (escañuelo) (1; “Hasta que someta completamente a todos tus enemigos”, Harrison). La vara de tu poder (2) ha sido traducida como “tu poderoso cetro” (RSV). Domina en medio de tus enemigos indica que la soberanía de Cristo no debe esperar hasta que todos se hayan sometido a su autoridad. Cristo es, aún en la actualidad, Señor de todos, aun cuando haya muchos que todavía se rebelen contra su gobierno.
El reino de Cristo está destinado a ser un reino de gloria (Fil. 2:5–11) así como, también, un reino de gracia. El pueblo se te ofrecerá voluntariamente (3): La consagración es siempre una acción de la voluntad que se entrega de manera espontánea. El servicio de mala gana, aun cuando pueda ser mejor que nada, no puede satisfacer plenamente los requisitos de la santidad divina. Los traductores difieren en su aplicación de la segunda parte de este versículo, pero la mayoría tienen al Señor como sujeto de la oración. Así, por ejemplo, Perowne prefiere: “Revestido con santas vestiduras; como surgiendo del seno de la mañana, traes sobre ti aun el rocío de tu juventud.”

2. El sacerdote ordenado por Dios (110:4)
El Señor del salmista combina las funciones reales y sacerdotales. Este versículo está citado seis veces en Hebreos (5:6, 10; 6:20; 7:11, 15, 21), donde proporciona al autor un apoyo para el argumento de que el sacerdocio de Cristo es de un orden diferente y superior que el de Aarón, a saber, un sacerdocio según el orden de Melquisedec. En cuanto tal, no depende de una sucesión humana carnal (He. 7:3). Fue anterior y es superior, además, al sacerdocio de los hijos de Leví (7:4–10). Promete un cambio en la ley (7:11–12). Explica cómo Jesús, que era de la tribu de Judá y no levita, puede ser sacerdote sin incurrir en transgresión (7:13–14). Se trata de un sacerdocio certificado por y fundado en la promesa de Dios (7:20–22). Y porque es eterno y no está sujeto a la línea sucesoria humana de los sumos sacerdotes, constituye el fundamento de nuestra salvación plena y eterna (7:23–28).
Aún el nombre de Melquisedec es importante, aspecto que incrementa la importancia de la terminología que usa el salmista. Melquisedec significa “rey de la justicia” y según Génesis 14:18–20 “reinaba en Salen” (por lo cual es, también, “rey de la paz”). Se hace referencia a él como “sacerdote del Altísimo” setecientos años antes que se instituyera el sacerdocio levítico. En el sacerdote real de paz y justicia tenemos un adecuado “tipo” de Cristo, quien une en sí las funciones antiguotestamentarias de profeta, sacerdote y rey.

3. La seguridad del triunfo (110:5–7)
La última estrofa de este magnífico salmo regresa al tono militar del versículo 2 y asume el carácter de un himno, dirigido directamente a Jehová (Yahweh). El Señor está a tu diestra (5). Se trata aquí del Adonai a quien fue dirigida la invitación del versículo 1, es decir, del Mesías. Quebrantará a los reyes debería traducirse, mejor, “aplastará” (Harrison), o “hará trizas” (Berk.), en el día de su ira (véase Ap. 6:15–17; 17:14; 19:11–21). En el cumplimiento de esta promesa, el Sacerdote-Rey se convierte, también, en Juez. Moffatt traduce el versículo 7 de la siguiente manera: “Bebe de todas las corrientes de agua que debe atravesar; después avanza, triunfante, en irresistible carga.” El comentario de Perowne a los versículos 5–7 es: “El conductor victorioso, que ha cubierto el campo de batalla con los cadáveres de sus enemigos se lanza ahora al seguimiento de los que han huido. Fatigado por la batalla y la persecución, se detiene por un momento para refrescarse en la corriente de agua que atraviesa su camino y entonces, ‘levantando su cabeza al cielo’, recibe nuevo vigor para continuar la lucha.”


Salmo 111: EL SEÑOR ES DIGNO DE TODA CONFIANZA, 111:1–10

El consenso general nos obliga a ver como un conjunto los Salmos 111 y 112. Cada uno de éstos consta de 10 versículos, y contiene 22 líneas o frases que cada una comienza con una de las letras del alfabeto hebreo, en su orden alfabético. En el original la mayoría de los versos contienen exactamente tres palabras cada uno. Los temas son paralelos. El Salmo 111 se ocupa del carácter de Dios, el Señor. El Salmo 112 tiene como tema el carácter del hombre piadoso. El orden alfabético o acróstico identifica a éstos como salmos de sabiduría. M‘Caw sugiere la posibilidad de que los Salmos 111 y 112 aparezcan aquí como preludio del Hallel Egipcio (Sal. 113–118), que sigue a continuación. Los salmos entre el 111 y el 119 carecen de títulos o epígrafes.

1. Las obras justas de Dios (111:1–5)
Los nexos lógicos son necesariamente limitados en un salmo que, como éste, está obligado a observar un orden alfabético. Sin embargo, la primera mitad de la canción (letras desde la Aleph hasta la Yod, las once primeras del alfabeto hebreo) está dedicada por entero a alabar las poderosas obras de justicia de Dios. Alabaré a Jehová es Aleluya (Hallelu-Yah). La alabanza de todo el corazón será ofrecida a Dios en la compañía y congregación de los rectos, “allí donde los hombres buenos se reúnen para cultivar la camaradería” (Moffatt). Las grandes obras de Jehová son buscadas de (por) todos los que las quieren (2). Sus actos son “espléndidos y gloriosos” (3, Moffatt) evidencias de que su justicia permanece para siempre. Las maravillas de Dios son memorables porque El es clemente y misericordioso (4). El Señor ofrece alimento (5) a todos los que lo reverencian con santo temor, y para siempre se acordará de su pacto.

2. El Señor es digno de toda confianza (111:6–10)
El último verso de la estrofa anterior introduce la idea de esta segunda. Las obras de Dios constituyen una prueba indisputable de que por su pacto es digno de toda confianza. La heredad de las naciones (6) que Dios entregó a su pueblo escogido es una alusión directa a la tierra prometida. Juicio (7) debiera haberse traducido “justicia” (Harrison). Fieles son todos sus mandamientos significa, “Todos sus decretos son dignos de confianza” (Berk.). La traducción que hace Moffatt del versículo 8 dice: “Sus órdenes son instituidas para todo el tiempo como mandamientos, son proclamadas en fidelidad y justicia.” Santo y temible es su nombre (9) está mejor traducido en la versión Berkeley, que dice: “Santo es su nombre, que inspira reverencia.” El principio de la sabiduría es el temor de Jehová (10) es el “texto de oro” del movimiento sapiencial (véase Job 28:28; Pr. 1:7). La verdadera sabiduría consiste en reverenciar a Dios tal como éste se lo merece. “La primera cosa que vale la pena saber es que al Eterno debe reverenciárselo” (Moffatt). Buen entendimiento (“saben lo que hacen”, Moffatt) tienen todos los que practican sus mandamientos —la obediencia a la ley de Dios al mismo tiempo demuestra e incrementa el entendimiento de aquellos que siguen sus preceptos.


Salmo 112: LOS PIADOSOS SON DIGNOS DE TODA CONFIANZA, 112:1–10

Debe leerse la introducción al Salmo 111. El Salmo 112, que tiene como tema el carácter del pueblo de Dios, también se divide en dos estrofas de idéntica longitud.

1. El carácter de los piadosos (112:1–5)
El Aleluya que aparece como epígrafe debiera, en realidad, formar parte del texto. Significa “Alabad a Jehová” (Hallelu-Yah). Bienaventurado (asher) significa “feliz” (véase 1:1); teme(r) a Jehová y deleitarse en sus mandamientos en gran manera son expresiones paralelas que describen al hombre piadoso. “Su descendencia será poderosa en la tierra; una bendición asistirá a la raza de los justos” (2, Berk.). Bienes y riquezas hay en su casa (3) expresa la posición general de los autores sapienciales en el Antiguo Testamento con respecto al hecho de que la justicia y las recompensas materiales van siempre juntas. Ya se ha visto en el libro de Job que hay excepciones, así como en los Salmos 37, 49 y 73. Los justos, sin embargo, gozan de luz en las tinieblas (4); los que temen a Jehová son clementes, misericordiosos y justos. El hombre de bien (mejor sería traducir “el hombre bueno”) está dispuesto a prestar ayuda a los necesitados y procura gobernar sus asuntos con juicio (5, discreción).

2. El siervo de Dios es digno de confianza (112:6–10)
Del mismo modo como el carácter de los piadosos refleja la gracia que emana de las obras justas del Señor en 111:1–5, la confiabilidad del siervo de Dios que se describe en 6–10 responde a la confiabilidad del Señor (111:6–10). Inamovible en su devoción a lo justo (6), siempre presente en la memoria de Dios, el hombre de Dios no necesita tener temor de malas noticias (7). Todo lo que le sobrevenga será interpretado por él a la luz de la soberanía y la gracia de Dios. Su corazón está firme, confiado en Jehová. “Su corazón está firme y es osado, seguro de que verá derrumbarse a sus enemigos” (8, Moffatt). Reparte (sus bienes), en un ejercicio libre y activo de la caridad. San Pablo cita este versículo cuando exhorta a los corintios a contribuir de manera liberal a favor de los pobres, 2 Corintios 9:9. Viendo cómo son recompensados los justos, el impío, “se irrita” (10, Harrison). El resto del versículo Moffatt lo traduce de la siguiente manera: “Rechinan sus dientes y … desaparecen; la esperanza del impío termina en la nada.”
“Esta, entonces, es la buena vida, tal como el poeta hebreo la bosqueja. No se trata de un retrato fiel a cada detalle. Ni es una representación perfecta, debe repetírselo. Para llegar a ésta es necesario avanzar hasta más allá de los límites del Antiguo Testamento, hasta el Hijo de Dios que dio su vida por el rescate de muchos. En El encontramos el perdón sin orgullo espiritual, la misericordia y la magnanimidad sin condescendencia ni ceguera, el amor que no conoce límites pero que, sin embargo, nunca desciende al nivel de una vana sentimentalidad.”


Salmo 113: “ALABAD A JEHOVA”, 113:1–9

Los Salmos 113 al 118 constituyen un grupo litúrgico que se conoce generalmente con el nombre de “El Hallel Egipcio”, por la referencia al Exodo en 114:1. Algunos también lo denominan “El Gran Hallel”, pero este título corresponde, con mayor propiedad, al Salmo 136, o a los Salmos 146–50. Estos eran los salmos especiales que se recitaban en la sinagoga durante la fiesta de la Pascua, los Tabernáculos y el Pentecostés, así como en la Hanukkah, una celebración posterior, o “Dedicación”. Es muy probable que estos hayan sido los cánticos que Jesús y sus discípulos entonaron antes de salir para el jardín del Getsemaní (Mt. 26:30), la noche de su aprisionamiento.
Con respecto al Salmo 113, McCullough dice, “Este simple pero agradable himno de alabanza, contiene en sus pocos versículos algunos de los conceptos teológicos fundamentales del Antiguo Testamento. El versículo introductorio, que está dirigido a los siervos de Dios, puede haber sido recitado por un sacerdote del templo dirigiéndose al coro o los coros”. Oesterley señala: “La manera antigua de recitar el Hallel requería que el director del acto de alabanza comenzara con el ‘Aleluya’, que era repetido por la congregación. Después, al terminar cada uno de los versos (la mitad de un versículo), la congregación volvía a decir ‘Aleluya’, expresión que, de este modo, se repetía 123 veces.”17

1. Solamente Dios es digno (113:1–3)
El salmo comienza con el término hebreo Hallelu-yah —Aleluya. Este debiera formar parte del texto y no aparecer como un epígrafe o título. Se convoca a los siervos de Jehová para que alaben su nombre, un pensamiento que se repite en cada uno de los tres versículos de esta primera sección. Oesterley sugiere que el énfasis en el nombre de Jehová evoca la frase del Padrenuestro donde decimos “Santificado sea tu nombre”. En los tiempos antiguos era corriente la identificación del nombre con la personalidad de aquel que a él respondía; este rasgo del pensamiento antiguo se encuentra en muchos lugares del Antiguo Testamento. Dios reveló su nombre a Israel (Ex. 3:13–14; 6:2–3) para que pudieran darlo a conocer a las naciones. La baja conducta moral tenía como consecuencia la profanación del nombre de Dios. Si su carácter y exigencias eran representadas de manera adecuada, se “santificaba” el nombre de Dios. Por lo tanto, alabar el nombre del Señor (1–2) desde el nacimiento del sol hasta donde se pone (3) significaba alabar a Dios en persona dondequiera el sol brillare, durante todo el día.

2. La grandiosidad de nuestro Dios (113:4–6)
La razón de toda alabanza a Dios es su exaltación, gloria y grandiosidad. Es excelso sobre todas las naciones y su gloria trasciende los cielos (4). Nadie hay como Jehová, que habita en las alturas (5) y se humilla al dignarse mirar las cosas que están en el cielo y en la tierra (6). La afirmación importante en este versículo es que Dios se ocupa de los asuntos humanos y de todo lo que concierne a su creación.

3. La misericordia de Jehová (113:7–9)
El poeta ofrece algunos ejemplos del amor y la gracia de Dios. Los versículos 7–8a han sido tomados de la canción de Ana en 1 Samuel 2:8. Dios saca al pobre y al menesteroso de los pozos más profundos (“de la total degradación”, 7, Harrison) y los sienta con príncipes (8). La alusión al cántico de Ana que observábamos anteriormente justifica, probablemente, el pensamiento que se desarrolla en el versículo 9. Una aplicación más amplia, con todo, haría referencia a los hijos de Sion, como por ejemplo en Isaías 54:1 y 66:8. La primera parte del versículo 9 debiera decir, “Da un hogar a la mujer estéril” (RSV). Este salmo termina del mismo modo como comenzó, con un Aleluya (Hallelu-Yah).


Salmo 114: LA GRAN LIBERACION, 114:1–8

En la referencia a Egipto que se encuentra en el primer versículo de este salmo tenemos la fuente del nombre que se atribuye a todo este grupo, el “hallel Egipcio” (véase la Introducción al Salmo 113). Son dos las grandes acciones liberadoras de Dios que el salmista evoca como motivo para su alabanza: los cruces del mar Rojo, primero y, posteriormente, del Jordán, para ingresar en la tierra prometida. McCullough comenta: “Este, segundo entre los salmos del Hallel, es uno de los más originales de todos los salmos. No se vale del lenguaje convencional de la salmodia pero, sin embargo, exalta el poder del Dios de Israel en un pequeño poema artístico que es un modelo de descripción concisa y vivida. El salmista usa como material ilustrativo algunos de los grandes momentos del pasado y en su llamado a la acción directa de Dios en la historia (contrapuesto a la mitología de Egipto y Mesopotamia) vemos una de las fuentes del poder que alienta la fe de Israel.”

1. El milagro de la redención (114:1–4)
Todo el Antiguo Testamento reconoce en el Exodo el fundamento de la fe de Israel en el poder redentor de Dios. Es el tema que unifica el Antiguo Testamento, siendo recogido por el Nuevo Testamento en el concepto de la resurrección de Cristo, que presta unidad a la Biblia en su conjunto. Cuando salió Israel de Egipto (mejor aún sería: “Cuando Israel fue sacado de Egipto” (KJV) (1), la nación se convirtió en el santuario de Dios (“suya propia”, Moffatt) y en su señorío (“dominios”, posesión). No se propone aquí distinción alguna entre Israel y Jacob, o entre Judá e Israel en el versículo 2. Estos nombres se usan como sinónimos en el paralelismo poético del salmista. Se personifican, además, el mar Rojo, el Jordán, los montes y los collados (3 y 4). La naturaleza misma está sometida a la voz de orden de Dios, y se regocija en sus obras maravillosas.

2. La fuente de la redención (114:5–8)
Una serie de preguntas retóricas conduce hasta el anuncio culminante que identifica al Redentor de Israel. El mar, el Jordán, los montes, los collados, la tierra misma tiembla … a la presencia del Dios de Jacob (5–7). El cual cambió la peña en estanque de aguas, y en fuente de aguas la roca (8), una referencia, por supuesto, al milagroso suministro de agua en el desierto (Ex. 17:6; Nm. 20:8–11). “Se deja al lector que extraiga por sí mismo la conclusión natural y evidente de que Dios, que de aquel modo pudo extraer agua de la roca para saciar la sed de su pueblo, puede todavía derivar las bendiciones más ricas de las situaciones más difíciles y negativas. Cuando este es el pensamiento que surge espontáneamente en nuestras mentes, el salmo ya no parece abrupto en su final ni inconcluso.”


Salmo 115: NUESTRO DIOS ESTA MUY POR ENCIMA DE LOS IDOLOS, 115:1–18

Los últimos cuatro salmos del Hallel (115–118) se cantaban después de terminada la cena de Pascua. Comenzaría aquí, por lo tanto, la parte de este grupo de salmos que se menciona en Mateo 26:30. Morgan comenta: “Este tercer salmo del Hallel nace de la pasión por la gloria del nombre de Jehová … Al salmista no le preocupa, en primer término, el bienestar de su pueblo, sino la reivindicación de su Dios. Esta es una nota muy profunda, demasiado rara en nuestra música. Siempre corremos el peligro de sobreponer el bienestar humano a la gloria de Dios.”

1. Reproche a los incrédulos (115:1–3)
La gloria de Jehová (1) y no solamente el honor de su pueblo, está en juego cuando el pagano pregunta ¿Dónde está ahora su Dios? (2). Las naciones idólatras planteaban este interrogante porque el Dios de Israel no podía ser visto ni palpado. Reciben inmediatamente una respuesta: Nuestro Dios está en los cielos (3); todo lo que quiso ha hecho; su voluntad es soberana y “buena, agradable y perfecta” (Ro. 12:2). Dios nunca usa su poder de manera arbitraria. Todo lo que quiere es, siempre, bueno. Misericordia y verdad (1) puede entenderse como “bondad” y “fidelidad” (Smith-Goodspeed).

2. Vacuidad de la idolatría (115:4–8)
Estas penetrantes palabras de sátira dirigidas contra la idolatría aparecen repetidas en 135:15–18. Los ídolos de ellos son plata y oro (4). Barnes señala: “El desprecio con que se pronuncian estas palabras se pone de manifiesto en el párrafo siguiente: obra de manos de hombres. El ídolo de piedra puede ser de origen meteórico, no formado por mano humana; habiendo caído del cielo es posible que se le atribuya origen divino (Hch. 19:35); el ídolo de madera puede ser apenas un poste de palo, que difícilmente se distinga del objeto natural; pero allí donde se usaban la plata y el oro era evidente que había intervenido la mano de un artesano: Jeremías 10:8, 9.” Trabajados en la forma de seres humanos o animales, los ídolos tienen bocas, ojos, orejas, narices, manos, pies, garganta —y sin embargo, son mudos, ciegos, sordos, sin la capacidad de oler, ni la de manejar objetos con sus manos, inmóviles, imposibilitados de pronunciar palabra (5–7). Algunos han sospechado que en esta serie de caracterizaciones tenemos una, la primera o la última, agregada posteriormente (interpolada), puesto que ambas se refieren a la capacidad del habla. Pero es mejor interpretar esta repetición como parte del énfasis que el autor quiere poner: en primero y último lugar nos señala que los ídolos son mudos, incapaces de dirigir la palabra al hombre. De este modo es completo el contraste con el Dios viviente y hablante. Semejantes a ellos son los que los hacen (8) —la cosa sorprendente es que tanto quienes hacen ídolos como quienes los adoran se convierten, ellos mismos, en semejantes a los ídolos. Los paganos forman sus dioses a su propia imagen, para convertirse, después, en idénticos a ellos. Tal entonces es el efecto que tiene sobre nosotros el objeto de nuestra adoración. Nuestros ídolos, hoy, pueden ser el dinero, el poder, el placer o cualquier otra cosa a la que podamos entregar el corazón. Pero si adoramos a alguna cosa que no sea Dios, nos volvemos mercenarios, duros, impasibles, o superficiales y vanos.

3. Confiemos en Dios por encima de todas las cosas (115:9–13)
Con un estribillo que se repite tres veces, El es tu ayuda y tu escudo (9, 10, 11), Israel, la casa de Aarón y los que teméis a Jehová son exhortados a confiar solamente en El. La casa de Aarón es una referencia a los sacerdotes. Los que teméis a Jehová puede muy bien incluir a los gentiles prosélitos, puesto que hay también tres clases de personas (el pueblo de Dios, los sacerdotes y los que temen a Dios) que se asumen en los versículos 12–13 y en 118:2–4; y 135:19–20. Ayuda y escudo sugieren poder y seguridad. Harrison traduce: “Su ayuda y protección.” Tal confianza está justificada porque Dios se acordó de su pueblo (12), los tuvo en cuenta, y continuará bendiciendo a pequeños y a grandes (13): “a todos juntos e individualmente, sin distinción de rango o condición.”

4. La bendición prometida (115:14–18)
La bendición prometida y esperada es un incremento de toda la misericordia y gracia divinas sobre vosotros y sobre vuestros hijos (14). Esta promesa de la multiplicación o del crecimiento podría ser un estímulo especial tratándose de un pequeño grupo de exiliados que se han propuesto volver a tierra de sus padres. Constituye un estímulo para cualquier grupo de cristianos para que no desprecien los comienzos humildes, el pequeño número, al mismo tiempo que no se consideren satisfechos con tal estado de cosas. El Dios del corazón confiado es el que hizo los cielos y la tierra (15) y que, por lo tanto, es abundantemente capaz de cumplir todo lo que ha prometido.
Moffatt considera que el versículo 16 es una explicación de la última línea del versículo 15. El Señor ha hecho los cielos y la tierra, y se reserva para El los cielos (véase 1 R. 8:27) pero confía la tierra a los hijos de los hombres, un hebraísmo que significa la totalidad de la raza humana (véase Gn. 1:28–30; Sal. 8:6). Harrison traduce este versículo de la siguiente manera: “Los cielos pertenecen a Dios, pero El mismo ha asignado la tierra a la sociedad humana.”
No alabarán los muertos a JAH, ni cuantos descienden al silencio (17) refleja la concepción antiguotestamentaria con respecto al destino del alma más allá de esta vida, sólo parcialmente iluminada por la esperanza en la resurrección. Seol, el lugar de los muertos, se traduce muchas veces “hoyo” o “tumba”. Se lo consideraba un lugar donde reinaba el silencio y la tristeza, un tenebroso mundo inferior. Si bien encontramos en el Antiguo Testamento sugerencias claras de una eternidad en comunión con Dios, debe recordarse que “la vida y la inmortalidad” fueron traídas a luz solamente a través de Cristo y el evangelio (2 Ti. 1:10). En el versículo 18 se encuentra precisamente una de esas sugerencias con respecto a la posibilidad de ser redimidos de la tristeza y la pérdida que significaba la vida después de la muerte (el Seol) para los antiguos: los justos expresan, aquí, su determinación de alabar a Dios desde ahora y para siempre. Aleluya.


Salmo 116: CANTICO DE TESTIMONIO PERSONAL, 116:1–19

El carácter intensamente personal de este salmo está indicado en el uso exclusivo del pronombre personal yo y sus formas posesiva y reflexiva, mí, mío. Su inclusión en un grupo de salmos que son primordialmente salmos de adoración comunitaria da testimonio de la verdad de que cualquier congregación, sea grande o pequeña, está compuesta, en un último análisis, por individuos que elevan sus corazones a Dios en oración y alabanza. Las referencias, en 17 y 18, a “sacrificios de acción de gracias” y al pago de votos, serían indicativos de que la ocasión del salmo es la entrega por el salmista de una ofrenda de gratitud por haber sido librado de la aflicción que se menciona en la primera parte. Con respecto a los eruditos que quisieran reordenar los versículos para poner el texto en un orden de progresión lógica más estricto, Barnes responde: “No debe esperarse un estricto orden lógico en la oración de un santo que está atravesando por un período de luchas. No es extraño que en tales condiciones la petición se mezcle con la acción de gracias. Habiendo sido liberado hoy, sabe que mañana le esperan nuevos conflictos.” Esta “alta y baja marea de sentimientos bajo las tormentas de la vida”27 se encuentra también en otros salmos y refleja la experiencia de los creyentes en todas las edades.

1. Alabanza por la oración que ha recibido respuesta (116:1–4)
El poeta afirma su amor por Jehová, especialmente por que ha sido el receptor de una oración que recibió respuesta (1). Voz y súplicas no debieran distinguirse, sino que se las debe entender como leves variaciones de la expresión habitual “la voz de mi súplica” (véase 28:2, 6; 31:22; 130:2; 140:6) —o, como traduce Harrison, “mi suplicante voz”. Haber recibido respuesta a las oraciones elevadas anteriormente estimula a seguir orando (2). El salmista ha estado muy cerca de la muerte (3), lo habían rodeado las ligaduras que pretendían atarlo a la muerte y había llegado a experimentar las angustias del Seol; la angustia y el dolor eran sus compañeros indeseables. En tal extremo, invocó el nombre de Jehová (4), implorando la liberación, y fue escuchado.

2. Alabanza por haber sido librado de la muerte (116:5–9)
El Señor es justo y misericordioso (5, compasivo). Guarda a los sencillos quizá debiera traducirse “protege al inocente” (Harrison). Postrado y a punto de experimentar la muerte, el poeta encontró socorro en Dios. Su alma tuvo descanso en el generoso trato que le ofreció Jehová (7). Los versículos 8–9 son prácticamente idénticos a 56:13. En éste la tierra de los vivientes es substituida por “la luz de los vivientes”. La triple liberación que proviene de Dios es una de las bendiciones divinas que el cristiano ha de atesorar: liberación del alma liberada de la muerte; los ojos librados de lágrimas y los pies librados de resbalar.

3. La fe ha sido sacudida pero resiste firme (116:10–14)
No se ha conquistado la victoria sin librar una batalla. El versículo 10 debiera traducirse. “Mantuve mi fe aún en el momento cuando dije: ‘Estoy grandemente afligido’ ” (RSV), o “Me aferré a mi fe en el momento cuando dije: ‘Grande es mi aflicción’ ” (Berk.). Tal era el peligro que corría la vida del salmista que su grito fue de “alarma” (antes que de apresuramiento, 11) y por ello dijo: Todo hombre es mentiroso. El hebreo dice, literalmente, “una mentira”. La idea es que todo recurso humano es una ayuda que, en lo más extremo de la crisis, siempre falla; Harrison traduce: “En nadie puedes poner tu confianza.”
La bendición crea obligaciones. Es necesario ofrecer oraciones de súplica, con acción de gracias (Fil. 4:6). Como don de gratitud por todos sus beneficios de Dios (12) el poeta decide tomar la copa de la salvación (13). Esto probablemente se refiere a una ofrenda de vino que se vuelca en un recipiente sobre el altar, como parte del sacrificio de acción de gracias (véase Ex. 29:40; Lv. 23:13; Dt. 32:38; Ez. 20:28). Esta era una forma pública de reconocimiento y acción de gracias, delante de todo su pueblo (14).

4. El sacrificio de acción de gracias (116:15–19)
En este contexto, el versículo 15 no significa que a Dios le agrada la muerte de los santos. Significa, en cambio, “la muerte de sus santos le preocupa en gran manera; no la permite con ligereza”. Habiendo sido librado de la muerte inminente, el poeta decide dedicar sus energías renovadas al servicio de su Señor (16), obligación lógica de todos aquellos que reciben el don de la salud por parte de Dios. Hijo de tu sierva no es más que un modo de reforzar la primera afirmación, siervo tuyo soy; sirve él a Dios del mismo modo como sus padres lo hicieron, antes que él. Los versículos 17–18 son paralelos a los versículos 13–14 e identifican la “copa de la salvación” como una parte del sacrificio de alabanza. También se menciona explícitamente el lugar donde se ofrece el sacrificio: en los atrios de la casa de Jehová, en medio de ti, oh Jerusalén (19). La exclamación final es el ya familiar Aleluya (“Alabad a Jehová”). Morgan dice: “Sea cual fuere la circunstancia local que dio lugar a que este salmo fuera escrito, resulta evidente que todo su muy rico significado se cumple cuando, en medio de aquel pequeño grupo de almas perplejas, con las sombras de la muerte proyectándose ya sobre El, Jesús entonó esta canción de triunfo profético sobre las tienieblas de la hora de la pasión que en ese preciso momento comenzaba a vivir. Y El nos la ha legado, a todos los suyos, como su propia canción de triunfo sobre la muerte.”


Salmo 117: DOXOLOGIA, 117:1–2

Este salmo, de pura doxología, es el más corto del salterio, lo cual ha hecho pensar a algunos eruditos que sea un trozo desprendido de algún otro salmo y colocado, aquí, fuera de lugar. Es más adecuado, sin embargo, tratarlo independientemente que en relación con el salmo anterior o con el que sigue inmediatamente después. Kirkpatrick dice: “Es, en el sentido más auténtico, un salmo mesiánico, y San Pablo lo cita en Romanos 15:11 como uno de los textos antiguotestamentarios que anticipó la extensión de la gracia divina a los gentiles en la persona de Cristo.”
Naciones todas (las mismas palabras, en otros pasajes, se traducen “los gentiles”) han de alabar a Jehová (1), así como todos los pueblos (en la segunda exhortación a la alabanza se usa otra palabra hebrea, que significa lo mismo); “Alabad al Señor todos los gentiles; y magnificadle todos los pueblos” (Ro. 15:11).
Su misericordia (2) es chesed, el “amor fiel” (RSV) de Dios, o su gracia (véase el comentario sobre 17:7).


Salmo 118: FORTALEZA, CANTICO Y SALVACION, 118:1–29

El último de los salmos en este grupo “Hallel” (véase Salmo 113, introducción) es uno de los más magníficos en el libro. El sumario y bosquejo de todo el salmo, si se lo puede llamar de este modo, se encuentran en el versículo 14: “Mi fortaleza y mi cántico es JAH, y él me ha sido por salvación.” McCullough lo describe como “una letanía de acción de gracias”. Observa: “Es, verdaderamente, uno de los grandes himnos del salterio. Era el salmo favorito de Lutero, quien decía sobre él: ‘Este es el salmo que amo … porque siempre me ha sido útil y me ha ayudado a salir de serias dificultades, cuando ni los emperadores, los reyes, los sabios, los inteligentes ni los santos hubieran podido ayudarme.’ ”34
Una de sus características únicas es el estribillo doble: “Que para siempre es su misericordia” (1–4, 29) y “Mas en el nombre de Jehová yo las destruiré” (10–12) —una evidencia clara del uso de este salmo en la liturgia del templo como himno de adoración. Esdras 3:11, donde la traducción debiera decir “Y cantaban unos a otros…”, indica la forma probable en que este salmo debió entonarse en la adoración. Un solista cantaba la primera línea de cada versículo, y el coro respondía con la segunda de manera antifonal; o quizá un coro cantaba la primera línea y la respuesta (la segunda línea) era entonada por otro.

1. Jehová es mi fortaleza (118:1–14)
La misericordia duradera del Señor es su chesed, su amor fiel o del pacto, su gracia; véase el comentario sobre 17:7. Este es el tema de los versos 1–4. Después de un llamado general a alabar a Jehová (1) cada uno de los tres grupos que se mencionan en 115:9–11 (véase el comentario correspondiente) son invitados a repetir el estribillo: el pueblo de Israel en general (2), los sacerdotes de la casa de Aarón (3) y todos los que temen a Jehová (4), los hombres devotos dondequiera se encuentren.
Los versículos 5–13 dan testimonio de los modos como, según la experiencia del poeta, Dios ha actuado para ser su fortaleza y la fortaleza de su pueblo. En la angustia el salmista invocó a Jehová, y me respondió JAH, poniéndome en lugar espacioso (5), es decir, “liberándome” (Moffatt y Harrison). Contándolo a Dios como su aliado, no experimentará temor (6). Nada de lo que el hombre pueda hacer habrá de dañarlo de manera permanente. Jehová está conmigo entre los que me ayudan (7) es una construcción difícil. El significado es que Dios es el principal y la cabeza de los que están listos para prestarle ayuda. La Versión Berkeley traduce: “El Señor es de los míos; El es mi ayuda, miro por lo tanto en triunfo a los que me odian.”
Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre (8) y aun en príncipes (9). En otro lugar el salmista escribe: “Danos socorro contra el enemigo, porque vana es la ayuda de los hombres” (60:11). El significado y los tiempos verbales del versículo 10 no son claros. El “yo” de los versículos 10–12 son personificaciones de la nación judía. El verbo hebreo que se traduce destruiré (10, 11, 12) está en la forma “imperfecta gráfica” y puede significar, en la traducción, tanto un presente como un futuro. Los versículos 5 y 13 dan a entender que la crisis ya ha sido superada, y por lo tanto se justifica la traducción que hacen las versiones más recientes: “En el nombre del Señor los derroto” (Berk.) o “Los hice huir delante mío, confiando en el Eterno” (Moffatt). La imagen como abejas (12) sugiere que los enemigos estaban alborotados y muy coléricos. Se enardecieron como fuego de espinos se refiere a un incendio que prende y abrasa todo un arbusto espinoso en pocos segundos, pero muy pronto pierde calor y fuerza y se apaga. Me empujaste con violencia para que cayese (13) está dirigido a los enemigos del salmista. La ayuda de Dios es precisamente la que evitó que cayese frente a sus enemigos. Mi fortaleza y mi cántico es JAH, y él me ha sido por salvación (14) viene del “Cántico de Moisés” en Exodo 15:2. Vuelven a utilizarse estas mismas palabras en Isaías 12:2. Moffatt las traduce, “El Eterno es mi fortaleza, de El canto, ciertamente El me ha liberado”. El pueblo de Dios hace esta constatación edad tras edad. Dios en persona es nuestra salvación: “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Co. 1:30). No en lo que nos da sino en El mismo es que nosotros encontramos nuestra fortaleza, nuestro cántico y nuestra salvación.

2. El Señor es … “mi cántico” (118:15–20)
La voz de júbilo y de salvación (15) es el tema de esta estrofa del poema. Las tiendas de los justos son “El lugar donde habitan los justos” (Harrison). La diestra de Jehová hace valentías (16) es el tema del cántico. La diestra es una forma figurada de significar el poder y fuerza de alguien.
Otra vez el poema vuelve a la primera persona en los versículos 17–19. La forma singular “yo” es nuevamente una personificación de todo el pueblo. Israel no ha de morir, sino que vivirá y contará las obras de JAH (17), aun cuando sea castigado gravemente por medio del exilio y la dispersión. Las puertas de la justicia y la puerta de Jehová (19, 20) son las puertas del templo, que el pueblo atraviesa para alabar a Dios. Moffatt considera que el versículo 19 es el llamado de los peregrinos que se aproximan al templo y el versículo 20 la respuesta de los que están adentro:

Abridme las puertas de la victoria,
Para que pueda entrar y dar gracias al Eterno.
“Esta es la puerta del Eterno;
Sólo los justos pueden entrar por ella.”

3. El Señor es mi “salvación” (118:21–29)
Mucho más allá de la circunstancia particular en que fuera escrito este salmo y las victorias políticas y militares que celebra, está la nota fuertemente mesiánica de la última estrofa. El profeta se dirige a Dios, diciéndole: Te alabaré porque me has oído, y me fuiste por salvación (21). Los versículos 22–23 se citan cuatro veces en el Nuevo Testamento en el contexto del rechazo de Cristo por los de su propia generación y la subsecuente gloria del Mesías (Mt. 21:42; Mr. 12:10–11; Lc. 20:17; 1 P. 2:7). Moffatt ha captado no solamente el ritmo sino la rima en su traducción del versículo 22:

La roca que apartaron los constructores
Es hoy fuerza y orgullo del edificio.

Solamente Dios, por medio de la maravillosa actuación de su providencia, puede sacar victoria de la derrota, vida de la muerte, resurrección de la cruz, y transformar la ira del hombre en su gloria (23). Las tonalidades mesiánicas de este pasaje sugieren que el día que hizo Jehová (24) es el día de la salvación, el día de Cristo, en quien su pueblo ha de gozarse y alegrarse. Hay, sin embargo, una aplicación general. Cada día es una nueva creación de Dios y es para nosotros un día de regocijo y alegría. Con tal fe en su corazón, ningún hijo de Dios debe temer la aurora de un nuevo día.
Petición, bendición, alabanza y promesa se entremezclan en los últimos cinco versículos. El salmista implora liberación y prosperidad (“éxito”, Harrison; 25) y bendice a quienes vienen a la casa de Jehová en su nombre (26). Jehová … Dios es la fuente de la luz que ilumina a Israel (27). Es oscuro el significado de la última parte del versículo 27. Nuestra versión es una traducción literal del texto en hebreo. Los cuernos del altar eran las extensiones, curvadas hacia arriba, de los cuatro extremos del altar del templo. Se las consideraba como partes dotadas de un carácter particularmente sagrado. En ellas se rociaba la sangre de sacrificio (Lv. 4:7; 8:15; 9:9); agarrándose de ellos podía encontrar refugio cualquier persona cuya vida estuviera en peligro (1 R. 1:50). El Antiguo Testamento no hace referencia en ningún lugar a la práctica de atar a estos cuernos las víctimas de sacrificio. Entre todas las sugerencias que se han hecho, una de las más razonables es la que se encuentra en la Amplified Bible: “Decorad la fiesta con ramas cargadas de hojas y atad los sacrificios que se han de ofrecer con cuerdas bien gruesas (en el patio de los sacerdotes, hasta llegar) a los cuernos del altar” (véase también Moffatt y RSV).
El poeta promete su alabanza y exaltación a Dios y concluye con la misma nota con que comenzó, un llamado a la alabanza de Dios (29) a causa de su bondad y eterna misericordia. “Con estas palabras regresamos al punto en que comenzamos, y el círculo de la alabanza regresa a su principio.”


Salmo 119: AMAR LA LEY CON TODO EL CORAZON, 119:1–176

Este es el más largo y más cuidadosamente trabajado de los salmos acrósticos o alfabéticos, los que, a su vez, forman parte del grupo más amplio de los “salmos de sabiduría”. Nuestra versión ha preservado algo de la forma original al reproducir, a la cabeza de cada estrofa y a modo de epígrafe, las sucesivas letras del alfabeto hebreo. Este salmo está dividido en veintidós secciones, una para cada una de las letras del alfabeto hebreo. Cada sección está integrada por ocho versículos. En hebreo cada uno de los versículos comienza con una palabra cuya primera letra es la que encabeza la sección entera. Así, por ejemplo, los versículos 1–8 comienzan todos con una palabra cuya primera letra es alef, los versículos 9–16 con palabras cuya primera letra es beth, los versículos 17–24, guímel, etc.
El tema del salmo es la gloriosa ley de Jehová y la obediencia de todo corazón a esa ley (véase 2, 10, 34, 58, 69, 145). La palabra básica que se traduce “ley” es torah, un término cuyo significado en hebreo era mucho más amplio que el de la palabra “ley” en castellano. La torah es la voluntad de Dios tal como El la dio a conocer a Israel. Implica el concepto de guía, orientación o encaminamiento y su significado fundamental es enseñanza o instrucción.
M’Caw señala que la principal característica del Salmo 119 es “la repetición melódica de ocho sinónimos de ‘la voluntad de Dios’, a saber: “ley”, la torah; testimonios, los principios generales de la acción; preceptos (piqqudim), especialmente las pautas de la conducta; estatutos (huqqim), las normas sociales; mandamientos (mitzvah), los principios religiosos; ordenanzas (mishpattim), los juicios justos que debieran regir las relaciones humanas; palabra (dabhar), la voluntad declarada de Dios, sus promesas, decretos, etc.; palabra (imra), el discurso divino, tal como se recibe entre los hombres. Una de las variantes de estos ocho sinónimos es ‘camino’ (derek). Muy poca es la duda que puede quedarnos con respecto a la derivación de este salmo, cuyo origen es Salmos 19:7–9. Alguno de estos términos parece en cada uno de los versículos de este salmo, excepto el 122; pero no siguen, de estrofa a estrofa, un ordenamiento metódico”.
Morgan se refiere a los mismos términos: “Una consideración cuidadosa de éstos podrá revelarnos la concepción subyacente del salmista. Es la idea de una voluntad de Dios dada a conocer a los hombres. Cada palabra revela algún aspecto de esta voluntad en sí misma, de los métodos de su revelación, de su valor para la vida humana.” Oesterley escribe lo siguiente: “La ley es la expresión de la voluntad divina … el salmista ama la ley porque ésta le comunica la voluntad de Dios; y la ama porque, ante todo y en primer lugar, ama a Dios. A menos que tengamos presente este hecho a lo largo de toda la lectura, no haremos justicia a la intención del autor ni percibiremos el carácter profundamente religioso de todo el salmo.”38

1. Alef: La bendición de quienes guardan la Ley (119:1–8)
El primer versículo fija el tenor para todo el salmo. Bienaventurados son los perfectos (1, tammim), “el hombre perfecto, íntegro y sin mancha”, los que andan en la ley (torah) de Jehová. Quienes siguen los principios de acción que su Palabra establece y le buscan con todo el corazón (2) son ciertamente bienaventurados. La devoción total a la voluntad de Dios está muy cerca de “el secreto cristiano para una vida feliz”. En su fase negativa, ahora tales personas no hacen iniquidad (3). De manera positiva, en cambio, se dice que andan en sus caminos. El resto de la estrofa es una oración de petición que implora, alaba y promete, dirigiéndose directamente a Dios. Este ha encargado que se observen sus mandamientos (4, “preceptos”, normas de conducta particulares) cuidadosamente. El salmista desea que sus caminos sean ordenados de tal manera que pueda guardar los estatutos del Señor (5). No ser avergonzado (6) significa no tener que “soportar humillación” (Harrison). “Atender” a los mandamientos significa observarlos, guardarlos, obedecerlos. La RSV traduce este versículo del siguiente modo: “Teniendo mis ojos fijos en tus mandamientos.” El poeta ha determinado aprender y guardar los justos juicios y estatutos de Dios. No me dejes enteramente no expresa temor sino confianza. El salmista pide aquellas cosas que confía Dios estará dispuesto a hacer por él.

2. Beth: La palabra que limpia (119:9–16)
Se ha concluido, a partir del versículo 9, que el autor de este salmo era una persona joven. Puede ser, sin embargo, que esta alusión refleje el interés de los maestros de sabiduría en el bienestar de la juventud de la nación. Joven o anciano, de todos modos, el camino de cualquier hombre o mujer se limpia al guardar la palabra de Dios en su corazón (9–11). La traducción de Moffatt es clara y posee bastante fuerza: “Manteniéndome adherido a tu palabra.” No me dejes desviarme significa: “No me dejes cometer un error por ignorancia o distracción (v. 67, 19:12). Mi intención es buena, pero mi conocimiento es imperfecto y poca mi fuerza. ‘La poca confianza en sí mismo que revela la segunda línea es una prueba de la realidad de la primera’ (Anglen).”

La voluntad de Dios y su Palabra no solamente sirven para limpiar el camino; son también motivo de regocijo para el corazón. Los estatutos (mandamientos, 13), los testimonios (14), mandamientos y caminos (15) y las palabras (16) de Jehová son gozo y deleite para el corazón del siervo de Dios.

3. Guímel: La meta de la vida (119:17–24)
“El conocimiento y la observancia de la ley de Dios es la meta de la vida para el creyente, pues éstos constituyen fortaleza y consuelo en el tiempo de los desprecios y las persecuciones.” La Palabra de Dios es fuente de vida (17), de visión (18), guía (19) y una aspiración superior (20). Un amor como éste hacia la voluntad de Dios es señal clara de la más profunda piedad. La palabra bien significa “bondadosamente” (como en Moffatt). Forastero (19) significa “no teniendo experiencia o conocimiento del mundo, y por lo tanto especialmente necesitado de la guía divina” (Berk., nota al pie). Los soberbios, por lo contrario, se desvían de los mandamientos de Dios (21) y son finalmente reprendidos pues recae sobre ellos la maldición. La ley de Dios es una defensa contra el oprobio y el menosprecio (22) y la maledicencia (23). En los testimonios de Dios se encontrará deleite y guía (24).
El versículo 18 inspiró a Charles H. Scott a escribir su himnooración que dice:

Abre mis ojos, para que pueda ver
De la verdad los destellos que tienes para mí;
Pon en mis manos la maravillosa llave
Que soltará mis cadenas y me hará libre.

4. Dálet: La gran opción (119:25–32)
Apesadumbrado por su condición espiritual, el poeta suplica ser renovado interiormente (25). “Postrado en el polvo me encuentro; revíveme, según tu promesa” (Harrison). Nada ha pretendido ocultar de Dios (26). Aprendiendo los estatutos y mandamientos de Dios, podrá dar testimonio de las maravillas de Jehová (27). La traducción más adecuada de se deshace mi alma de ansiedad (28) quizá sea: “Lloro amargamente en mi tristeza” (Harrison). Aparta de mí el camino de la mentira (29) no se refiere al engaño en el sentido corriente de la palabra, sino a la infidelidad a la verdad de Dios. Moffatt refleja este matiz en su traducción: “Líbrame de ser falso contigo.” La determinación del salmista es firme. El ya ha optado (30). “Tus exigencias son mis deseos” (Moffatt). Me he apegado a tus … mandamientos debiera decir, “me he aferrado…” (Berk.). Ensanches mi corazón (32) significa ampliar la capacidad de comprensión, gozo y confianza. “Cuando su corazón sea liberado de la paralizante garra del temor y la ansiedad el salmista usará su libertad para servir a Dios de manera más enérgica.” Entonces podrá correr y no meramente caminar por el camino que Dios le ha trazado.

5. He: “Confirma tu palabra a tu siervo” (119:33–40)
Esta estrofa está compuesta de una serie de peticiones que giran en torno al deseo del salmista de ser instruido y llegar a comprender la ley de Dios, así como de recibir ayuda divina para cumplir sus preceptos. Enséñame (33, torehni) es la forma verbal de donde proviene el sustantivo torah. En un nivel de mayor profundidad que la información está el entendimiento, única forma de recibir la voluntad divina que puede llevar a una auténtica obediencia de la ley (34). Los mandamientos de Dios son el deleite de sus seguidores (35). En contraposición con la avaricia y la atracción de la irreal y pasajera vanidad, el poeta busca los testimonios y el camino de Dios (36–37). Confirma tu palabra (38) significa “confirma tu promesa” (Harrison). Quita de mí el oprobio (39) también ha sido traducido “Haz que desaparezcan los insultos” (Moffatt).

6. Vau: No me avergüenzo de la Palabra (119:41–48)
La sexta estrofa repite las enseñanzas de anhelo y deseo por la ayuda y guía que representa la Palabra de Dios. La misericordia de Dios y su salvación (“ser librado cada día del poder del pecado”, Berk., nota al pie) se canalizan a través de su palabra (42). Moffatt traduce el verso 42 de la siguiente manera: “Entonces podré enfrentar a quienes procuran envilecerme, confiando en tu promesa.” En tus juicios espero se comprendería mejor si se hubiera traducido: “En tus juicios he esperado” (Perowne). Con la enseñanza (torah) de Jehová como su guía permanente (44) el salmista andará en libertad (45), literalmente “en un lugar ancho”. No se avergonzará de los testimonios de Dios ni delante de reyes (46). Los mandamientos del Señor, en los cuales se deleita, los cuales ha amado, son para él fuente de regocijo (47). Alzaré asimismo mis manos a tus mandamientos (48) como en un acto de oración y en reverencia.

7. Zain: La Palabra que da la vida (119:49–56)
En medio de los conflictos que lo acosan, el salmista encuentra esperanza (49) y consuelo (50) en la palabra de Dios. “Tu promesa me llena de vida” (50b, Moffatt). Pese a la burla de los soberbios (51) el poeta no se ha apartado de la ley de Dios —“No me he desviado de tu ley” (Berk.). El recuerdo de los juicios históricos de Jehová lo consuela (52). Mejor que horror se apoderó de mí (53) es la Versión Berkeley: “Me ha sobrecogido una ardiente indignación.” Hay lugar para la justa indignación de los hijos de Dios frente al mal en sus expresiones más crasas. Cánticos fueron para mí tus estatutos (54) significa: “Los estatutos de Dios son el tema de sus cánticos; calman su mente y refrescan su espíritu en esta transitoria vida de pruebas … del mismo modo como la canción en los labios hace que se desvanezca el temor de la noche tenebrosa (Job 35:10) o alegran al viajero en su travesía más difícil.” El recuerdo del nombre de Dios (y su carácter, según lo sugiere la palabra “nombre”) durante la noche es una bendición para el autor porque guardó sus mandamientos (55–56).

8. Chet: La comunidad de los comprometidos (119:57–64)
El principal tesoro del salmista es Dios y su Palabra, que, por otro lado, lo han traído a la comunión con los que temen al Señor en su pueblo. Su objetivo es guardar de todo corazón las palabras que Dios habló (57–58). La oración sincera, la reflexión cuidadosa en sus caminos (59) y la urgencia de su espíritu (60) lo han traído a estar en armonía total con los testimonios y los mandamientos del Señor. Compañías de impíos (61) es, literalmente, “ataduras de impíos”, una figura que proviene de la práctica antigua de poner trampas hechas con lazos para atrapar la caza. Aun cuando amenazada por tales trampas, su alma ha conseguido escapar pues nunca olvidó la ley de Dios. A medianoche elevará su alabanza a Dios (62). Ha encontrado comunión con todos los que temen al Señor y guardan sus preceptos (63). La abundancia de las misericordias de Dios ha creado en el salmista el anhelo de saber más acerca de El (64).

9. Tet: Valor de la aflicción (119:65–72)
El autor ha aprendido el valor disciplinario del sufrimiento. El castigo que fue duro de soportar, ha dado por fin en él su “apacible fruto de justicia” (He. 12:11) y ahora puede decir: Bien has hecho con tu siervo, oh Jehová (65). La aflicción le ha enseñado obediencia (67). Contra mí forjaron mentira los soberbios (69) (“impíos”, RSV), es decir, “fabricaron, inventaron mentira” (Berk., nota al pie). Se engrosó el corazón de ellos como sebo (70) es una forma muy gráfica de denotar estupidez (Harrison) o lentitud mental (Moffatt) —¡tan insensibles como un montón de grasa! Del mismo modo como en el 67, el versículo 7 refuerza los efectos saludables del sufrimiento. E. Stanley Jones escribe: “El modo de salir al encuentro del sufrimiento y las injusticias no merecidas no es soportarlos sino usarlos. Cuando percibí esa posibilidad, hace ya muchos años, todo un nuevo mundo se abrió delante de mí. Había intentado explicar el sufrimiento y ahora me daba cuenta que no había que explicarlo sino saber usarlo.” Mejor … que millares de oro y plata (72) significa que la verdad de Dios está más allá de toda posibilidad humana de medición económica (véase 19:10; Job 28:15–28).

10. Yod: Clamor por la integridad de corazón (119:73–80)
El autor había aprendido el valor disciplinario de la aflicción. El trato de Dios con su pueblo significa al mismo tiempo estímulo para los justos y confusión para los impíos. El salmista sabe que es uno de los beneficiarios de la providencia divina (73); Dios es quien lo ha hecho y, por lo tanto, su deseo es que El lo instruya. Recibiendo tal enseñanza, el salmista está seguro que podrá servir de inspiración para todos los que temen a Jehová (74). Aun cuando Dios permite la aflicción o nos la envía, siempre es por nuestro bien que lo hace (75; comparar con Ro. 8:28). En la Palabra divina hay consuelo (76), vida (77) y delicia. Harrison traduce el versículo 78 de la siguiente manera: “Que el arrogante sea humillado, porque son los tales quienes se comportaron engañosamente conmigo.” Con el apoyo y la confianza de aquellos que comparten su misma mentalidad (79) el poeta implora: Sea mi corazón íntegro en tus estatutos (80) —“Que mi obediencia a ti sea perfecta” (Moffatt); “Que mi corazón se mantenga sano adhiriendo a tus estatutos” (Berk.); “Que me adhiera de todo corazón a tus preceptos” (Harrison).

11. Caf: Sostén en los momentos de dificultad (119:81–88)
El salmista experimenta profundos conflictos, quizá a causa de alguna enfermedad y por la persecución activa de aquellos que son enemigos de la justicia. Su alma desfallece (81) y anhela la salvación que viene de Dios (la ayuda que salva). Desfallecieron mis ojos (82) probablemente sea una metáfora que evoca el sentimiento de quien ha buscado en vano el horizonte para ver de dónde viene la ayuda que Dios le envía. Como el odre al humo (83), colgado en el techo de la cocina, el odre se ennegrece con el tiempo, se reseca por los calores y llega a perder totalmente su aspecto inicial. Algunos han creído ver en este versículo una alusión a la práctica de colocar los odres de vino en el humo para que se acelere al proceso de añejamiento. Mucho más probable es que el autor se refiera a su propio prematuro envejecimiento por todos los dolores que ha debido soportar. Su alma anhela una rápida reivindicación (84), porque los soberbios (85) están procurando atraparlo como a un animal salvaje mediante pozos disimulados con una cobertura de malezas. Perseguido sin causa (86), casi destruido (87), sigue aferrándose, sin embargo, al apoyo que significa para él la promesa divina. Y ora: “Porque eres un Dios amante, reavívame, y yo haré lo que Tú decidas ordenarme” (88, Moffatt).

12. Lámed: La Palabra de Dios está establecida (119:89–96)
Mientras que las circunstancias humanas y aun las ciencias que el hombre crea cambian todo el tiempo y son sin permanencia, Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos (89). Está “firmemente fijada en los cielos” (RSV), “se mantiene firme” (Moffatt), “está establecida permanentemente” (Harrison). Aun la tierra (90) que permanece la misma a través de innumerables mutaciones, con sus mares y montañas seculares, debe su permanencia a la voluntad fundadora de Dios. Pues todas ellas te sirven (91) podría también traducirse, “Pues todas ellas dependen de ti” (Harrison). Sólo el deleite en el consejo divino libró al poeta de la muerte en medio de su aflicción (92) y le trajo una vida renovada (93). A toda perfección he visto fin; amplio sobremanera es tu mandamiento (96) significa: “He visto que hay un límite en todas las cosas que entre los hombres se reputan perfectas, pero no hay límite a la grandeza de la ley de Jehová.”

13. Mem: Sabiduría por medio de la Palabra (119:97–104)
El tema de esta estrofa es el valor de la ley del Señor como medio para impartir sabiduría y entendimiento al ser humano dispuesto a obedecer. El salmista ha logrado una sabiduría mayor que la de sus enemigos (98) gracias a la práctica de meditar en las enseñanzas de la Palabra de Dios (97–98). El versículo 98 expresa la importancia de un estudio permanente de las Escrituras. El entendimiento de las cosas espirituales es mayor cuando se obtiene a través de las Escrituras que cuando se lo recibe de enseñadores (maestros), quienes, a su vez, reciben esta sabiduría de otras fuentes, sean antiguas o contemporáneas (99–100). Sin embargo, conviene aquí recordar las palabras de advertencia de Juan Wesley cuando decía: “De este modo todo el conocimiento que tienes lo atribuyes a Dios, y de este modo eres humilde; pero si piensas que tienes más de lo que en realidad has adquirido, o si piensas que Dios te instruye directamente a ti y no necesitas más la corrección o enseñanza de otros hombres, el orgullo está a la puerta de tu alma … Recuerda siempre que la gracia abundante no implica necesariamente abundante luz. Estas dos no siempre van juntas. Y puede haber mucha luz donde sólo haya una medida exigua de amor, del mismo modo como puede haber mucho amor donde apenas hay un poco de luz. El corazón tiene de por sí más calor que el ojo, y sin embargo no puede ver … Imaginarte que nadie puede enseñarte, sino sólo aquellos que han sido salvados del pecado, es un error muy grande y peligroso. No le des lugar en ti, ni siquiera por un instante; te conduciría a otros mil errores, de manera irrecuperable … Conoce cuál es tu lugar y cuál el de ellos; recordando siempre que el mucho amor no implica necesariamente mucha luz.”
Guardar la Palabra de Dios libra nuestros pies de todo mal camino (101). Lo inverso también es verdad: seguir malos caminos evitará el encuentro con la Palabra de Dios. Tanto la instrucción (102) como el deleite (103) se encuentran en la ley de Jehová (véase 19:10; Pr. 16:24). El amor hacia los preceptos del Señor (sus mandamientos) lleva a odiar todo camino de mentira (104). Moffatt traduce este versículo de la siguiente manera: “Crezco en inteligencia gracias a tus intimaciones, aprendo a odiar los caminos impíos.”

14. Nun: La luz de la vida (119:105–12)
La palabra de Dios es luz que guía en los caminos de la vida, paso a paso y en la previsión de las perspectivas más extensas (105). Encontramos la guía y orientación específicas —lámpara … a mis pies— y también la orientación general para todo un curso de vida —lumbrera a mi camino. El salmista ha prestado su juramento de obediencia (106) y en medio de muchas aflicciones eleva su súplica: Vivifícame … conforme a tu palabra (107, “tu promesa”). Los sacrificios voluntarios de mi boca (108) son “el sacrificio de oración y alabanza (He. 13:15), los votos voluntarios de devoción a la ley, capítulo 19:14”. Mi vida está de continuo en peligro (109) dice, literalmente, en el original, “mi vida está todo el tiempo en mi mano”, o sea, que tomando nosotros la defensa de nuestras vidas, en vez de confiar en el Señor, ponemos en peligro constante el mayor tesoro. El salmista está rodeado por sus enemigos, que extienden redes y ocultan trampas para encerrarlo como si fuera un animal de caza (110). Sin embargo, el salmista hace que su heredad (o tesoro) y esperanza para el futuro sean los testimonios de Jehová, en los cuales se regocija (111). Mi corazón incliné (112) puede significar: “Me he decidido” (Harrison). Hasta el fin el autor se ha propuesto realizar todo aquello que el Señor requiera de él.

15. Sámec: El camino de la muerte (119:113–20)
Otras traducciones posibles de esta parte del versículo son: “Odio a los hombres falsos” (RSV), “Odio a los hombres que son un poco de aquí y un poco de allá”, “Detesto a aquellos cuya lealtad no está definida en una dirección determinada” (Harrison). En el Señor, el poeta encuentra seguridad y protección (114) ante los continuos ataques de los malignos (115). En el Señor encuentra al mismo tiempo esperanza (116) y seguridad (117). En contraste, “A todos los que se apartan de tu voluntad, Tú los ciernes; sus maquinaciones terminan siempre en la nada” (118, Moffatt). La idea de “hollar” a los impíos significa simbólicamente reducirlos a nada, convertirlos en lo más abyecto y sin significado alguno. Son como escorias (119) el resultado final (sin valor alguno) en el proceso de refinación de los metales. El temor de Dios (120) nos recuerda que siempre hay lugar en la mente de los que integran al pueblo de Dios para la respetuosa reverencia frente a la majestad y la santidad de Dios. “El temor de Dios es el principio de la sabiduría” (111:10; Pr. 1:7).

16. Ayin: Tribulación y testimonio (119:121–28)
En medio de la opresión y la tribulación, el salmista da testimonio de su lealtad a la ley de Dios y ora para que El lo siga sosteniendo en su lucha. Los que lo antagonizan lo hacen sin que él les haya dado motivo alguno, no habiéndolos perjudicado jamás con una mala acción de su parte (121). La RSV traduce: “He hecho lo justo y recto.” Afianza a tu siervo para bien (122) se entendería mejor traduciendo: “Otorga a tu siervo una seguridad que lo reconforte” (Harrison). Con respecto a mis ojos desfallecieron (123) véase comentario sobre el versículo 82. Confiado en la misericordia de Dios, el autor pide que se lo siga instruyendo, para lograr el entendimiento (124–25). Ha llegado el tiempo para que Dios reivindique su justicia y castigue a quienes invalidan su ley (126), violando sus requisitos. La Palabra de Dios tiene más valor, para él, que el oro. El oro muy puro (127) es mucho más valioso que el oro común, por su elevado valor en quilates —es un oro de 24 quilates, como solemos decir hoy, absolutamente puro (véase 19:10). En todas las cosas los mandamientos de Dios demuestran su rectitud, y es el amor de esta rectitud lo que lleva al salmista a aborrecer todo camino de mentira (128).

17. Pe: Libertad bajo la luz de la ley (119:129–36)
El poeta encuentra que los testimonios de Dios son maravillosos y por tanto su alma ha decidido guardarlos. En la terminología del Antiguo Testamento los simples (130) no son los tontos o simplones, sino aquellos que pueden ser conducidos sin dificultad, los que están abiertos a las influencias de una instrucción buena o mala, aquellos a quienes aún se les puede enseñar algo. No se han comprometido, todavía, ni con el bien ni con el mal. En el versículo 131 el anhelo por la Palabra de Dios es tan agudo y urgente como la necesidad de aire para quien se ha quedado sin aliento. Como acostumbras (132) evoca la forma en que Dios trata habitualmente a aquellos que aman su nombre. El poeta, por haber tenido esa experiencia que guarda en su memoria, se siente estimulado a esperar con fe el favor divino. Ordena mis pasos (133) significa “Dirige mi conducta” (Harrison). Una vida que sigue los lineamientos de las pautas divinas, queda libre de toda forma de iniquidad (véase Ro. 6:14). Aquí tenemos una oración antiguotestamentaria que implora la perfección que recién aparecerá en el horizonte de la fe con el Nuevo Testamento. También se recibirá libertad de la violencia de los hombres y permanente asistencia para poder seguir guardando los mandamientos divinos (134–35). El verso 136 es digno de una consideración detallada. Los salmistas fueron capaces de una gran y violenta indignación contra quienes despreciaban la ley de Dios. Sin embargo, también eran capaces de una gran compasión y hasta llegaron a llorar por los pecados del pueblo (véase Jer. 9:1). Harrison traduce este versículo: “Mis ojos están inundados de lágrimas, porque mi pueblo no observa tu ley.”

18. Tsade: La justicia eterna de Dios (119:137–44)
“La justicia, pureza y verdad de la ley de Dios merecen el más profundo amor y reverencia por parte del salmista.” El Señor es justo, recto y fiel en sus juicios (expresiones de su voluntad) y en testimonios (137–38). El autor siente que su celo lo ha consumido (“Mi entusiasmo me devora”, Harrison) cuando se ve enfrentado con la traición de sus enemigos. La “pureza” de la palabra de Dios es la de los metales altamente refinados (140), una figura que Moffatt traduce: “Tus promesas han sido sometidas a prueba y halladas verdaderas”; véase el comentario sobre el 127. El versículo 141 puede también traducirse: “Estoy muy bajo, quienes me miran lo hacen con desprecio; sin embargo, no he olvidado tus preceptos” (Harrison). La justicia de Dios es eterna (142, 144) y el poeta es capaz de deleitarse en ella pese a la aflicción y la angustia que lo acosan (143). El entendimiento para comprender las cosas de Dios es el fundamento de su vida misma (144).

19. Cof: La verdad ayuda a superar los problemas (119:145–52)
Profundamente perturbado, el poeta promete fidelidad a la Palabra de Dios y suplica ayuda (145–46). Muy temprano a la mañana, durante las últimas horas de la noche y antes que salga el sol, la oración y la meditación ocupan su mente. Vivifícame debe entenderse en el sentido de “reavívame”. El verso 150 debe traducirse: “Mis perseguidores se unieron en malicia, muy lejos de tu ley” (Moffatt). En la proximidad de Dios (151) y en la seguridad de la verdad eterna de su Palabra es que el autor encuentra su esperanza (152).

20. Resh: Oración por el avivamiento y la liberación (119:153–60)
La petición vivíficame, que se repite tres veces (154, 156 y 159) domina este clamor del poeta acosado por sus perseguidores y que implora la liberación. La mayoría de las traducciones modernas traducen vivifícame por términos como “reavívame” (Moffatt, Berk., Harrison), aunque la RSV traduce “dame la vida”. El salmista está en un momento de aflicción (153), lo combaten (154) y persiguen sus enemigos (157), él, sin embargo, mantiene firme su lealtad a la ley de Jehová. Conforme a tus juicios (156) es: “según tu sabiduría y tu elección.” Con respecto al versículo 158 véase el comentario sobre 136. La palabra es verdad desde el principio y hasta el fin (160).

21. Sin: Perseguido, pero lleno de paz (119:161–68)
El salmista experimenta la paradoja de vivir en paz pese a verse rodeado de persecución y hostilidades, con toda la agitación que estas circunstancias acarrean. Los príncipes (161) probablemente eran nobles israelitas que ejercían los oficios de juez y administrador. Como el que halla muchos despojos (162) debiera decir, “como el que encuentra un tesoro escondido” (Harrison, véase Mt. 13:44). Siete veces al día (164) probablemente sea un modo de decir “constantemente y de manera repetida”. Mucha paz tienen los que aman tu ley (165) es un versículo atesorado en el corazón del pueblo de Dios, para quien su significado es rico en promesa. No hay para ellos tropiezo debe entenderse como: “Ningún obstáculo puede hacernos caer” (Harrison). El verso 166 refleja de manera clara la fórmula doble de una vida piadosa —confiar y obedecer. Del mismo modo como el poeta ha transitado los mandamientos y testimonios de Dios, todos sus caminos son como un libro abierto para el Señor (167–68).

22. Tau: Oración para pedir ayuda y guía (119:169–76)
En la súplica y el ruego, el salmista funda sus palabras en la palabra de Dios (169–70). Sus labios y su lengua serán puestas al servicio de la Palabra (171–72). Ha escogido sus mandamientos (173), ha deseado su salvación y ha hecho de la ley divina su delicia (174). Busca en lo alto su vida y socorro (175). Puede parecer extraño que alguien capaz de profesar un nivel tan elevado de lealtad a los mandamientos de Dios pueda describirse como una oveja extraviada (176) en el mismo momento en que expresa su voto de obediencia a los mandamientos. La sugerencia de Kirkpatrick puede ayudarnos: “Sin embargo, estaría más de acuerdo con el espíritu general de este salmo, suponer que el salmista está describiendo sus circunstancias exteriores antes que su estado espiritual, la impotencia de su situación antes que sus propias fallas morales. Es un peregrino en el desierto del mundo; como la oveja separada de su rebaño, se ve expuesto a constantes peligros, y por lo tanto implora a Dios que no lo abandone en su tránsito solitario sino que, según su promesa (Ez. 34:11ss.), lo busque y acompañe, pues él, en medio de todos esos peligros, no ha olvidado la ley de Dios.”


Salmo 120: LAMENTACION DE UN EXILIADO, 120:1–7

El Salmo 120 es la primera de 15 canciones que llevan cada una el título de Shir-ha-maaloth, expresión hebrea que significa, en una traducción literal, “una canción de las subidas”. Maaloth se usa en 1 Reyes 10:19–20 para referirse a los escalones que conducen al trono de Salomón. Hay desacuerdo con respecto al significado exacto de este título. Algunos conjeturan, a partir de una afirmación que se encuentra en la Mishnah judía, que se referiría a una liturgia relacionada con los 15 escalones que separaban los dos patios del templo. Esta sería la base de la traducción que se encuentra en las versiones más tradicionales, “canción” o “cántico gradual”. Es más común, hoy, interpretar “subidas” (maaloth) en el sentido de la “subida” desde Babilonia, donde el pueblo había sido exiliado, a Jerusalén, o de cualquier “subida” a Jerusalén durante las peregrinaciones anuales en las principales fechas litúrgicas. Moffatt, por ejemplo, traduce la frase hebrea por “canción de un peregrino” y la RSV o la Versión Berkeley, “una canción para el ascenso”.
El título común a los 15 salmos identifica este grupo como una colección especial dentro de la colección más amplia de todo el salterio. M’Caw cree ver aquí un “salterio en miniatura, dividido en cinco grupos de tres salmos cada uno”. Duhm escribe: “Estas canciones para peregrinos forman una de las colecciones más importantes de todas las que componen el salterio … Estos salmos son un verdadero libro de cánticos del pueblo, donde se habla el lenguaje del hombre común y se revelan sus sentires y vivencias más hondos. Nos introducen a la religión popular de Israel, así como a la vida civil y familiar, al trabajo cotidiano —cosas sobre las cuales el pueblo mismo se expresa de manera ingenua y natural. Solamente dos o tres de estos salmos son canciones de peregrinaje en el sentido estricto de la palabra, pero es muy probable que todos estos salmos se hayan entonado durante las peregrinaciones.”
Barnes cree percibir una cierta unidad temática en cada uno de los cinco grupos, a los cuales él denomina trilogías. La primera trilogía, los salmos 120–122, describe el recorrido de los peregrinos que regresan de Babilonia, donde sufrieron su exilio en un medio hostil, hasta que ahora ven, a lo lejos, a Jerusalén, culminando su viaje al ingresar llenos de gozo en la casa de Dios. En el Salmo 120 el salmista expresa el anhelo inquieto de aquel que habita en medio de una comunidad que le es hostil.

1. Súplica por la liberación (120:1–2)
El versículo 1 por lo general se traduce como en nuestra versión (Reina-Valera 1960). Se trata de una oración que, habiendo sido elevada a Dios, recibió respuesta favorable. La ayuda de Dios en el pasado estimula la confianza y la oración en el futuro. La RSV y otras versiones, no sin cierta base en la evidencia textual, traducen el salmo entero como una lamentación, “en mi angustia clamé al Señor, por ver si respondía a mi súplica…” En todo caso, la presión que el salmista sufre en el momento de pronunciar su súplica proviene del labio mentiroso y la lengua fraudulenta (2), o sea de la calumnia y el engaño entre quienes lo rodean. Hay pocos sufrimientos tan hondos como el de quien es acusado con falsedades y no puede contar con la veracidad y el honor de aquellos con los que comparte su vida.

2. Se advierte que habrá retribución (120:3–4)
Dirigiéndose a sus enemigos, el autor pregunta, “¿Qué recibirás de El, lengua artificiosa, cuál será el castigo total con que El te castigará?” (Moffatt). La respuesta es agudas saetas, tales como las que usa el guerrero valiente, y brasas de enebro (4). El enebro (Retama roetam) es un arbusto espinoso muy común en el Medio Oriente, cuya madera es muy apreciada por quemarse de manera lenta y prolongada, desprendiéndose mucho calor de su combustión. Aun cuando es posible que el autor tenga en mente flechas y brasas literales, no puede descartarse que vea en éstas representaciones simbólicas de las lenguas y mentiras que se esgrimieron contra él volviéndose, como retribución, sobre aquellos que lo han calumniado. Los que mintieron al hablar de él serán a su vez objeto de mentiras. Los que han calumniado sufrirán la calumnia de los demás (véase Mt. 7:1–2; Gá. 6:7).

3. Anhelo de paz (120:5–7)
Aspirando al pacífico entorno que rodea la ciudad Santa, el salmista se lamenta de habitar en Mesec … entre las tiendas de Cedar (5). Mesec puede significar un territorio muy distante hacia el este que se menciona en Génesis 10:2 y Ezequiel 32:26–27, o referirse a una de las tribus árabes que habitaban la Siria.56 Cedar era uno de los descendientes de Ismael y por ende el nombre de una de las tribus árabes (véase Gn. 25:13; 1 Cr. 1:29). Aun cuando es, él mismo, un hombre pacífico, el salmista se ve obligado a habitar en medio de un pueblo pendenciero y siempre dispuesto a la guerra (6–7). El conflicto entre las “palomas” y los “halcones”, no es, por cierto, una novedad.


Salmo 121: SALMO DEL VIAJERO, 121:1–8

Este trozo, muy querido por tantos creyentes, es conocido comúnmente como el “salmo del viajero”. Se trata de un poema que respira una honda y firme confianza en la fidelidad del Señor. Perowne comenta: “Este hermoso salmo es la manifestación confiada de un corazón que se regocija por su propia seguridad bajo la mirada vigilante de Aquel que es al mismo tiempo el Creador de los cielos y la tierra y el Guardián de Israel … El pensamiento recurrente, la palabra que domina este salmo y lo caracteriza, es guardar. Se la repite seis veces en los cinco últimos versículos de esta breve oda. El efecto de la repetición se conserva perfectamente en la Reina-Valera 1960, aunque no así en otras versiones modernas o antiguas. La repetición tiene un significado poético, al imponer por la fuerza de la reiteración el énfasis que el salmista quiere poner sobre el amoroso cuidado con que Dios beneficia a cada individuo humano, eliminando toda sombra de duda, temor, ansiedad de perderse en la vasta suma de todo lo creado.”

1. El Señor ayudará (121:1–4)
Los versículos 1–2 adquieren mayor significado cuando la segunda línea del versículo 1 toma la forma de una pregunta: ¿De dónde vendrá mi socorro? Morgan escribe: “Al cuidado de Jehová, aun cuando distante del centro de la adoración exterior, el peregrino sabe que está seguro. Eleva sus ojos anhelantes a los montes de Sion, el lugar donde se levanta la casa de Dios, y pregunta:

¿De dónde vendrá mi socorro?

No de aquellas montañas, por preciosas que sean a su corazón, sino de Jehová, que lo acompaña aun en el valle, a la distancia.”
No dará tu pie al resbaladero (3) se comprendería mejor si se tradujera: “No permitirá que tu pie resbale” (Berk.). No se trata de engendrar un falso sentimiento de seguridad, sino de estimular una confianza firme en la fidelidad de Dios. Ningún mal paso, dado en un momento de distracción, ninguna tentación avasalladora, puede destruir al alma que confía y obedece en el Señor (véase 1 Co. 10:13). El Señor que guarda a su pueblo nunca baja la guardia (3–4).

2. El Señor guardará (121:5–8)
La presencia de Dios significa protección y abrigo para su pueblo contra todas las fuerzas naturales que puedan amenazarlo. El sol durante el día … la luna de noche (6). Es bien conocido el peligro de sufrir una insolación al viajar por el desierto. No es probable que la referencia a la luna tenga que ver con la superstición popular de que la luz del astro nocturno sea responsable por ciertas formas de locura (“lunático”). El pensamiento del salmista es, simplemente, que tanto de día como de noche Dios guardará y guiará a los suyos. La vigilancia divina no falla nunca. “El mismo que es capaz de cuidarte de una mala caída ha de preservar el alma pura en la presencia de su gloria y con gozo superlativo” (Jud. 24; véase Ro. 8:31–39). Si por el lado humano tenemos la “perseverancia”, por el lado divino, bien claramente, tenemos la “preservación”. En ello podemos esperar confiados. Guardará tu salida y tu entrada (8) es una expresión que denota “la totalidad de la vida y las ocupaciones del ser humano. La triple repetición: a ti, a tu alma, a tu salida y tu entrada, marca el carácter extenso, total de la protección prometida, que se extiende a todo lo que el hombre es y hace”. Esta totalidad también la expresa Pablo cuando dice: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Ts. 5:23).


Salmo 122: “JERUSALEN LA DORADA”, 122:1–9

Este salmo completa la primera trilogía de los graduales o cánticos de la ascensión. Su tema es la ciudad “dorada” de Jerusalén, orgullo y gozo del salmista y meta de sus aspiraciones. Ha dejado atrás su lugar de habitación extranjero, ha cumplido de manera satisfactoria su viaje. Ahora se regocija por haber alcanzado la meta que se había propuesto. Frank Ballard ha señalado: “Entre los salmos de peregrinaje este es el que nos ayuda mejor a comprender la costumbre de visitar Jerusalén de manera periódica para participar en las festividades que allí se celebraban, una gozosa obligación de todo judío piadoso y patriota. Es fácil imaginarse los preparativos que debían hacerse con anticipación, los peligros y deleites de la travesía, la expectativa cuando los distintos grupos se iban uniendo, al acercarse a la Ciudad Santa y el templo, y una vez pasadas las fiestas, las despedidas, el regreso al hogar y la reanudación de los mismos deberes de antes.”

1. El gozo del peregrino (122:1–2)
Hay muy pocas expresiones que den testimonio con más elocuencia del profundo sentimiento de amor que experimenta el creyente hacia la adoración de Dios que las palabras con que se inicia este salmo: Yo me alegré con los que me decían: a la casa de Jehová iremos (1). En el verso 2 el viaje ya ha sido hecho, se ha alcanzado la meta deseada y el gozo de la expectativa y la anticipación se ha convertido en el gozo de la misión cumplida.

2. Apreciación de Jerusalén por parte del peregrino (122:3–5)
Habiendo llegado a la ciudad de sus sueños, el peregrino encuentra que es aún más hermosa do lo que había anticipado. La describe en términos luminiscentes. Jerusalén … se ha edificado (el término hebreo también podría traducirse “reconstruido”) como una ciudad que está bien unida entre sí (3), es decir, posee el aspecto de una ciudad “sólida y compacta” (Moffatt). Las tribus del Señor se dan cita en ella, conforme al testimonio dado a Israel (4) o sea en obediencia a la ley de Dios, “tal como se le encomendó a Israel” (Berk.). El propósito de la visita a la ciudad Santa es alabar el nombre de Jehová. En el verso 5 las sillas del juicio y los tronos de la casa de David son referencias a la administración de la justicia y a Jerusalén como centro de la actividad política, y no sólo religiosa, de Israel. Los gobiernos de David y sus descendientes eran recordados, en la época cuando se escribió este salmo, como un período cuando prevalecía la justicia en Israel. La implicación, claramente, nos obliga a relacionar este salmo con una fecha muy posterior a la del rey David, pese a que su nombre aparezca en el epígrafe como siendo su autor.

3. La oración del peregrino (122:6–9)
Las asociaciones sagradas de la ciudad Santa la convierten en un tema apropiado para la oración. Se exhorta a todos los lectores a pedir por la paz de Jerusalén (6). El término que se traduce paz (shalom) significa “paz, prosperidad, perfección, salud”. El bienestar de la ciudad ocupa un lugar de prerrogativa en la mente del salmista. La forma sean prosperados podría también traducirse “prosperarán”, pues la gramática hebrea en este caso permite ambas interpretaciones. Dirigiéndose a la ciudad misma, en el versículo 7 el salmista (como ya lo hiciera en el verso 2) ruega: “Que la paz habite dentro de tus muros y la prosperidad en tus palacios” (Harrison). La oración incluye un reconocimiento de las necesidades de los hermanos y compañeros del peregrino (8) y las relaciona con el hecho de ser Jerusalén asiento de la casa de Jehová (9). En todo el salmo se respira el deleite más agudo en la adoración de Dios y el amor más ardiente por todas las cosas que son suyas.


Salmo 123: BAJO EL LATIGO DE LA BURLA (123:1–4)

Este es el primer salmo de la segunda trilogía, sub-grupo de tres salmos que Barnes titula “La Marea Alta de la Fe”. Su tono y trasfondo psicológico son paralelos a los del primer salmo de la primera trilogía (véase introducción al Sal. 120). Es un grito que se eleva desde lo más hondo del desprecio y la burla. El ascenso geográfico de la primera trilogía tiene su paralelo en el ascenso espiritual cuyo itinerario registra la segunda.

1. Alcé mis ojos a ti (123:1–2)
El salmista mira con “el ojo de la esperanza” al Dios que habita en los cielos (1), en la misma actitud con que los ojos de los siervos miran la mano de sus señores, o señoras, procurando anticipar cada orden, cada deseo, el significado de cada gesto. “Como los ojos de los esclavos, que se fijan en la mano de sus amos con el propósito de percibir de inmediato cualquier signo que les revele su voluntad. Es una imagen que expresa la dependencia más total y absoluta … el ojo que espera, anhela, tiene paciencia, fijándose en El, y solamente en El, como única fuente de esperanza.”

2. Súplica por la misericordia (123:3–4)
Estamos muy hastiados de menosprecio (3) no significa que el salmista experimente menosprecio hacia los demás. La prueba de la cual, específicamente, está rogando ser liberado es el menosprecio de los soberbios (4), el amargo desdén y la burla a que tantas veces se ha visto sometido el pueblo de Dios. Es tan difícil para las almas sensibles soportar el desprecio como difícil para cualquiera soportar la persecución física. Los autores y comentaristas que se han ocupado de este salmo señalan que aquí no hay nada que pueda considerarse de carácter vengativo, ni siquiera se pide a Dios que castigue a los soberbios. “Este salmo da testimonio del mejor elemento en la religión judía.” Muy hastiados (3) puede querer decir “inundados de” o “llenos de” (Harrison). “Hemos soportado toda la burla y el desprecio que podíamos aguantar, y algo más” (Moffatt). Sin embargo, la fe permite al poeta soportar su suplicio sin descender al nivel de aquellos cuyo hostigamiento tanto dolor le produce. Oesterley comenta: “La religión desempeña aquí un papel muy importante, al impedir que el espíritu humano caiga en las actitudes serviles que pretenden despertar aquellos que detentan el poder sobre los creyentes. Es perfectamente posible humillarse ante Dios sin perder el respeto por uno mismo. Pero no es lo mismo cuando nuestra debilidad nos hace humillarnos frente al orgullo y el poder humanos.”


Salmo 124: LIBERACION DE LA DESESPERANZA, 124:1–8

De las profundidades que se describen en el Salmo 124 el alma comienza su camino ascendente, hasta levantar vuelo. Como en el Salmo 121, el segundo de esta trilogía (véase la introducción al Salmo 120), en este poema que nos ocupa ahora, el poeta da testimonio de haber encontrado en Dios la única fuente de ayuda en la hora de las tinieblas.

1. El Señor está de nuestra parte (124:1–5)
Los desastres hubieran ahogado al pueblo a no haber estado Jehová por nosotros (1–2). Sin Dios formado en su bando cuando se levantaron contra nosotros los hombres, hubiera sido tragado (3), es decir, literalmente “tragado vivo”, como un monstruo es capaz de tragar a sus víctimas impotentes o como la tierra tragó a los que se rebelaron contra Moisés (Nm. 16:31–34). Sin Dios, hubieran sido barridos como por las aguas impetuosas (5) de una inundación. Estos versículos evocan los versos del famoso himno de Lutero que dice:

Castillo fuerte es nuestro Dios,
defensa y buen escudo.
Con su poder nos librará
en todo trance agudo.

2. Una salida (124:6–8)
La seguridad de que goza el pueblo de Dios se funda en la misericordia del Señor. No nos dio por presa a los dientes de ellos (6) se comprendería más claramente traduciendo “No nos dio como presa para que fuésemos devorados por ellos” (Harrison), del mismo modo como los animales más pacíficos son presa impotente de las fieras de una selva. Nuestra alma escapó cual ave del lazo de los cazadores (de los cazadores de aves; 7) es una imagen notable de cómo los débiles o inocentes pueden ser librados de la agresión por parte de los poderosos malvados (91:3; Pr. 6:5). Los pájaros, por lo general, se cazaban con redes o trampas. Al versículo 8 Harrison lo traduce: “Nos ayuda el poder del Señor, que hizo los cielos y la tierra.”


Salmo 125: LA SEGURIDAD DEL CORAZON CONFIADO, 125:1–5

El último salmo de la segunda trilogía (véanse las introducciones a los Salmos 120 y 123) vuelve a traer al salmista a la seguridad y confianza en el monte Sion y Jerusalén, como tipos de refugio que su alma encuentra en Dios. El peligro no ha desaparecido (véase vv. 3, 5), pero el corazón, confiado, está lleno de seguridad. No sin alguna razón, algunos estudiosos interpretan este salmo y el precedente sobre el trasfondo de las condiciones imperantes en la época de Nehemías (véase Neh. 6). Como lo merece, este poema es uno de los favoritos de muchos cristianos.

1. Las montañas que rodean a la ciudad (125:1–3)
La confianza en Dios hace que el alma sea tan inconmovible como el monte de Sion (1) —nosotros diríamos “como el Peñón de Gibraltar” —símbolo de estabilidad y poder para el pueblo del Antiguo Testamento. Jerusalén tiene montes alrededor de ella (2) pero no en el sentido de que la rodeen picos de gran altura sino porque está colocada en medio de una región montañosa. La Versión Berkeley traduce el versículo 2 de la siguiente manera: “Del mismo modo como hay montañas alrededor de Jerusalén el Señor rodea a su pueblo, desde ahora en adelante, y durante toda la eternidad.” Porque no reposará la vara de la impiedad sobre la heredad de los justos (3) quiere decir que no se permitirá a los impíos que gobiernen sobre la porción asignada a los justos. La preocupación del salmista es que los justos se conviertan en hacedores de iniquidad. “Una opresión demasiado prolongada puede tentar a los israelitas a negar su lealtad a Jehová y su deber de hijos al país donde han nacido, y hasta llegar inclusive, a hacer causa común con los enemigos de la nación y la fe.”

2. Contraste entre dos caminos (125:4–5)
Se requiere de Dios que haga bien … a los buenos (4), o sea a aquellos que son rectos en su corazón. En contraste, los que se apartan tras sus perversidades (5) —“aquellos que se sienten atraídos por propuestas deshonestas” (Harrison)— serán llevados al juicio. Pero la paz sea sobre Israel.


Salmo 126: EL CANTICO DE UN CORAZON SATISFECHO, 126:1–6

Este es el primer salmo de la tercera trilogía (véase la introducción al Salmo 120), un grupo que Barnes titula “Regreso y Restauración”. Según este mismo autor, esta tercera trilogía desarrollaría tres temas, el regreso desde el cautiverio babilónico (126), la reconstrucción (127) y el repoblamiento de Jerusalén (128). La buena fortuna de Israel, después de setenta años de exilio, llenó de gozo el corazón de los creyentes. Este gozo es el tema del presente salmo.

1. La maravilla del retorno (126:1–3)
Era el Señor quien haría volver la cautividad de Sion (1), es decir, quien “trajo a los exiliados de regreso a Sion” (Moffatt). El regreso de los judíos desde Babilonia tuvo lugar cuando un decreto de Ciro lo hizo posible (véase Esd. 1:1–3), del mismo modo como había sido la política inhumana de Nabucodonosor la que los llevó al exilio (2 Cr. 36:6–21). Pero los escritores inspirados nunca atribuyeron la iniciativa, en ambos casos, ni a Ciro ni a Nabucodonosor. Consideraban que la historia de su pueblo era obra de la mano de Dios, quien castigaba con determinados acontecimientos los pecados cometidos o ejecutaba sus designios. Para ellos, como debiera ser más frecuentemente para nosotros, la historia era el campo de acción directa de Dios. La noticia del retorno era tan maravillosa que quienes la escuchaban se sentían como los que sueñan —casi incrédulos a causa del gozo que experimentaban. La risa gozosa y la alabanza (el “canto”, RSV; 2), eran su muy comprensible reacción. Moffatt traduce de la siguiente manera la última parte del verso 2: “Hasta los mismísimos paganos decían: El Eterno ha hecho obras portentosas en favor de ellos”, un tema que el pueblo mismo repite con alegría en el versículo 3.

2. Deseo de un avivamiento (126:4–6)
La acción maravillosa que Dios había realizado en favor de su pueblo incitaba en éste el deseo de verlo seguir obrando en su favor. Las versiones más recientes traducen correctamente la primera parte del verso 4 diciendo: “Restaura nuestras fortunas” (Smith-Goodspeed, RSV, Berk.), aunque Moffatt es fiel al contexto en su traducción de la totalidad del versículo al decir: “Trae el resto de nuestros exiliados, para que seamos saciados, como sacian la tierra las corrientes de agua en los sequedales del sur.” Los que habían regresado eran apenas un hilo de agua, tal como el que puede encontrarse habitualmente en los cauces resecos que surcan el desierto del Neguev (al sur de Palestina). La oración suplica a Dios que haga regresar a todos los exiliados, con lo cual el retorno sería semejante a los torrentes que llenan y desbordan aún los mismos cauces en la estación de las lluvias.
Hay un significado universal en la promesa Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán (5). El tiempo de la siembra, en cualquier tipo de empresa, es siempre una época de ansiedad y trabajo duro; pero la cosecha abundante resarce con creces a quien ha debido sufrir tales labores. Los cristianos siempre leerán este versículo teniendo presente la parábola del sembrador (Mt. 13:1–5; Mr. 4:1–12; Lc. 8:4–10). “La semilla es la palabra”; y si bien el sembrador sabe que algunas semillas caerán sobre el camino, o entre los espinos, o donde sólo hay piedras, también sabe que algunas semillas caerán en buena tierra y darán fruto para salvación, hasta treinta, sesenta y cien veces el costo inicial. Los versículos 5–6 fueron los que inspiraron a Knowles Shaw para escribir los versos del famoso himno evangélico “Traigo las Gavillas” (Bringing in the Sheaves).


Salmo 127: UNA HABITACION SEGURA, 127:1–5

La asociación de este salmo con el nombre de Salomón, en el título o epígrafe, y su interés en cuestiones de la vida práctica cotidiana, lo identifican como un salmo de sabiduría. Con respecto al nexo que lo une con los Salmos 126 y 128 véase la introducción al Salmo 126. El tema de este salmo lo hace diferir evidentemente de los otros salmos de peregrinaje. Barnes explica esta diferencia a partir del hecho de que su interés principal es ocuparse de los problemas que el pueblo de Israel enfrenta después de haber regresado del exilio, o sea ya de nuevo en Jerusalén, cuando deben reconstruir sus casas y restablecer sus vidas. Taylor lo relaciona de manera más directa con la literatura sapiencial: “Los escritores sapienciales están interesados en enseñar algunos de los principios y prácticas cuya observancia será de mayor beneficio y acarreará mayor felicidad en esta vida. Su punto de vista no es sacerdotal sino secular; se orientan más hacia la vida del laico que hacia la práctica del culto. Nuestro salmo no es, a este respecto, una excepción … La presencia de este salmo entre la serie donde se agrupan los cánticos de los peregrinajes se debe, quizá, a un toque de mano humana y a la frescura y encanto, desde el punto de vista de la expresión literaria, que los identifica con otros de los salmos del grupo.”70

1. Dios es nuestra única seguridad (127:1–2)
Totalmente vanos son todos los esfuerzos por lograr un cierto margen de seguridad cuando uno no se incluye dentro de la voluntad y la acción de Dios. Trátese de la casa o de la ciudad, la labor del constructor o la vigilancia de los guardias son vanas, carecen de valor alguno, sin la superior providencia de Dios (1). Levantarse muy temprano y seguir trabajando hasta tarde, largos días de labor y de ansiosa vigilancia son inútiles si Dios ha dispuesto las cosas de otra manera. Que comáis pan de dolores (2) puede traducirse, de manera más clara, “ganando vuestro pan con ansioso esfuerzo” (Moffatt). La mayoría de los comentaristas interpreta a su amado dará Dios el sueño, como que Dios proveerá las necesidades de la vida a sus amados mientras éstos duermen o en el sueño. Sin embargo también es posible (como en nuestra traducción) que el sueño sea para el salmista una señal de la actitud confiada que elimina toda ansiedad de la vida del creyente. El pensamiento es el mismo que Jesús expresa en Mateo 6:25–34. El siervo de Dios debe trabajar en las tareas que le competen. Pero su trabajo está libre de toda ansiedad y resquemor. Puede acostarse a dormir tranquilo y descansar en la confianza de que Dios tomará en sus manos lo mejor que haya sido capaz de hacer y lo considerará suficiente esfuerzo como para otorgar en su bondad todo lo que su siervo necesite.

2. Bienaventuranza de la vida familiar (127:3–5)
Herencia de Jehová son los hijos (3) también se ha traducido: “Los hijos son un don del Eterno, los niños son un fruto de su gracia” (Moffatt). Tienen un valor especial los hijos habidos en la juventud (4), o sea aquellos que han nacido cuando el padre es aún relativamente joven. Serán su fuerza en la edad senecta, como saetas en mano del valiente, una defensa contra sus enemigos. Algunos han interpretado cuando hablare con los enemigos en la puerta como una descripción del que debe defenderse de sus acusadores ante el tribunal local, pues era en la puerta de la ciudad donde se reunían los ancianos para juzgar en todas las causas que se les traían. Harrison traduce este versículo: “No se sentirán humillados cuando disputen con sus enemigos frente a los jueces.” Otros creen que, en cambio, se hace referencia a la defensa de la ciudad frente al ataque de enemigos, pues era en el lugar de la puerta donde por lo general la lucha era más intensa. Moffatt traduce: “No necesita temer el enfrentamiento con bandas hostiles.” Sea cual fuere el caso, la abundancia de hijos es, para un hombre, fuerza y seguridad, y una fuente de satisfacciones y gozo.


Salmo 128: LA BIENAVENTURANZA DE QUIENES TEMEN A DIOS, 128:1–6

Este es el salmo con el cual concluye la tercera trilogía de los “graduales” o cánticos de peregrinaje (véase la introducción a los Salmos 120, 126). Prolonga el pensamiento de la última parte del 127, desarrollando la idea de cuán bienaventurado es el hombre que teme a Dios. Sus muchos hijos aumentarán la población y por lo tanto la prosperidad de Jerusalén.

1. Bienaventurado con un hogar feliz (128:1–3)
El temor de Jehová es la descripción característica de la “religión” en el Antiguo Testamento. La actitud del verdadero seguidor de Dios era siempre de un reverente respeto que lo llevaba a andar en los caminos prescritos por la ley (1). Comer el trabajo de las propias manos (2) es una expresión que significa “llevar una vida pacífica”, sin temor de los merodeadores que arrebataban la cosecha y sin sequías o tormentas que condenaban al agricultor al hambre. La mujer será como vid que lleva fruto (3), teniendo numerosos hijos. Taylor comenta en torno al versículo 3: “Cuando su esposo contempla alrededor suyo a su progenie al sentarse a la mesa para comer, recuerda los numerosos retoños que nacen junto al tronco del viejo olivo cuando la tierra es fértil.”

2. Bienaventurado con una larga vida (128:4–6)
Se reiteran aquí las bienaventuranzas prometidas al hombre temeroso de Dios. El bien de Jerusalén (5) es el “bienestar de Jerusalén” (Smith-Goodspeed). El varón piadoso vivirá hasta conocer a sus nietos, y hasta ver cumplida la bendición de paz sobre su pueblo (6). La longevidad era una de las bendiciones más codiciadas por las gentes del Antiguo Testamento, en una época cuando la muerte prematura era frecuente (cf. 91:8). Sin las artes de la ciencia médica, la muerte sobrevenía cuando el organismo físico había agotado sus recursos. Una de las tragedias de nuestro mundo moderno no es solamente que a veces se muera demasiado temprano en la vida, sino también que muchas veces se viva demasiado tiempo. Es difícil evaluar las ventajas de una vida prolongada más allá de sus límites naturales.


Salmo 129: CUIDADO DIVINO Y ORACION, 129:1–8

Este es el primer salmo de la que Barnes denomina “la cuarta trilogía” de los cánticos de peregrinos, describiéndola como “una trilogía de esperanza y paciencia”. El salmo está compuesto en primera persona, pero el poeta representa aquí a la nación y repasa la larga historia de oposiciones y opresiones que ha debido soportar.

1. Dolor en el pasado de Israel (129:1–4)
La historia de Israel ha sido turbulenta desde su juventud (1; el principio de la vida); sin embargo, los enemigos del pueblo de Dios nunca lograron prevalecer sobre él. Sobre mis espaldas araron … (3) como marcan surcos en la espalda del esclavo los latigazos del amo. Sin embargo, un Dios justo ha preservado a su pueblo y ha cortado las coyundas de los impíos (4), liberando así a Israel de su esclavitud. La supervivencia de Israel, no sólo en los tiempos bíblicos sino hasta nuestros días es un milagro de la historia.

2. Oración reivindicatoria (129:5–8)
El salmista pide que quienes aborrecen a Sion (5), que en este lugar representa a la nación entera, sean avergonzados y vueltos atrás (“deshonrados y dispersados”, Harrison). Serán como la hierba de los tejados (6), que crece en la tierra que el viento puede acumular en los techos de las casas palestinences y muere en cuanto comienzan los soles de verano. Los dos últimos versículos se explayan sobre el fin que espera a la hierba que crece en los techos. Nunca será de utilidad alguna para el cosechador (7); y porque no ofrece la promesa de servir como proveedora de alimento, los que pasan no la bendecirán (8). De manera característica en los escritos de “sabiduría”, los creyentes serán bendecidos y los impíos perecerán. No se expresa un deseo, en estas palabras, sino que se está haciendo una predicción. No podría ser de otro modo, por lo menos a largo plazo, en un universo bajo el gobierno de un Dios santo y justo.


Salmo 130: PENITENCIA Y PERDON, 130:1–8

Este es uno de los siete salmos penitenciales (véase Introducción). Expresa un sentimiento de pecado y un arrepentimiento tan profundos y sinceros como los que se leerían en cualquier otro lugar del Antiguo Testamento. Con el lamento “de lo profundo” se mezcla la seguridad del perdón. Morgan afirma: “La nota más honda en todo verdadero acto de adoración es el sentimiento de una ‘redención plena’ y de la perfección del amor de Jehová que de ese modo se manifiesta. Señalar las iniquidades significaría llenarnos de desesperanza. Redimir de toda iniquidad es inspirarnos con la esperanza.” Este salmo ha sido denominado De profundis por las palabras con que se inicia en la Vulgata, “De lo profundo…”

1. Lamento del penitente (130:1–4)
El poeta pronuncia un hondo lamento de penitencia en el cual expresa no solamente su propio sentimiento personal de pecado sino su dolor por los pecados de todo el pueblo. Kirkpatrick afirma que comprenderíamos mejor este salmo si lo leyéramos como “la oración de un israelita piadoso representativo de todo el pueblo, como podría ser Nehemías” y también que hay una semejanza entre este salmo y la oración de Nehemías que aparece en Nehemías 1:4–11. De lo profundo (1) es una imagen que evoca las aguas profundas con que tan a menudo se describen en el Antiguo Testamento los peligros y dolores del alma. En lo más profundo solamente puede mirarse hacia arriba.
Si Jah llevara un registro de los pecados, sin borrarlos gracias a su misericordia y perdón, ¿quién, verdaderamente, podría mantenerse? (3) Pero Dios perdona y por ello se lo ha de servir con espíritu reverente y agradecido (4). En estos versículos no se está proclamando la doctrina de quienes conciben la religión como un mil veces repetido perdón para el mil veces cometido pecado. Dios otorga su perdón para que quienes hayan sido de ese modo restaurados lo sirvan y reverencien. “El temor de Dios” es el principio de esa sabiduría que sabe apartarse de la locura y el pecado y se dedica a andar obedientemente por los caminos del Señor.

2. La esperanza del perdón (130:5–8)
Se pide, aquí, que se haga efectivo el perdón que se había anunciado con anterioridad. El poeta expresa su decisión de esperar a Jehová (5). Tal es su confianza en la misericordia divina que coloca su caso en las manos de Dios y se somete enteramente a su misericordia. La base de esta confianza es la propia palabra de promesa de Dios. Pero la “espera” no es pasiva. Es una espera expectante, como la del vigía que escudriña los cielos para ver si percibe la primera luz de la mañana. La traducción de Harrison sugiere la gran confianza del poeta: “Mi esperanza en el Señor es mayor que la de los vigías que esperan la mañana; mayor que la del atalaya que vislumbra el amanecer” (6). Invita a todos a unirse a su esperanza, porque … hay … abundante redención con él (Jehová) (7; “enorme riqueza de poder salvador”, Moffatt). El redimirá (8) en hebreo dice, “Es El mismo quien redimirá”. “El énfasis está puesto en el pronombre. Es Jehová mismo, en persona, quien proveerá el precio del rescate, quien pagará la fianza…” Aquí, tal como en Mateo 1:21, se trata de una redención “de” todas las iniquidades y no “en” las iniquidades, según algunos quieren sugerirnos. La construcción hebrea dice, literalmente, “Es El quien redimirá a Israel, sacándolo de adentro de sus iniquidades”.


Salmo 131: LA CONFESION DE UNA CONFIANZA COMO LA DE UN NIÑO, 131:1–3

Esta pequeña gema es única en el salterio en más de un sentido. Oesterley afirma con respecto a ella: “El autor repudia el espíritu del conocimiento presuntuoso, implicando que ésta ha sido, en una época pasada, su actitud mental. Pero ahora ha llegado, por fin, a su auténtico yo y la inquieta turbulencia de sus pensamientos se ha aquietado. En una dulce humildad, compara su confianza total en el Señor con la de un niño pequeño que reposa, extasiado, sobre el pecho de su madre. Del mismo modo como otros salmistas, desea que todos compartan lo que él ha obtenido. Su anhelo es que puedan experimentar la tranquila calma interior que él goza. De modo que concluye con una exhortación dirigida al pueblo para que todos ‘esperen en Jehová, desde ahora y para siempre …’ ”

1. Renunciamiento de todo orgullo (131:1)
Uno de los pecados más sutiles y penetrantes es el pecado del orgullo. El salmista renuncia a un corazón que se ha envanecido, y a ojos que se enaltecieron (desdeñosos, 1). No se ocupará de grandezas, ni de cosas demasiado sublimes para él. Estas palabras pueden entenderse tanto en el sentido práctico de “no he apuntado hacia una posición más alta de la que me corresponde, que hubiera involucrado deberes y responsabilidades demasiado pesados para mí”, o en un sentido teorético, como quien dice “no he intentado resolver problemas y misterios de la teología en áreas donde Dios no ha dado a conocer las respuestas”. El Señor ha preferido no contestar a todas nuestras preguntas, y hay momentos cuando debemos rendirnos ante el silencio de las Escrituras y no especular con lo que no podemos saber.

2. La fe serena de un niño (131:2–3)
Las interpretaciones de estos versículos difieren. La mayoría de los comentaristas siguen la traducción que hace la versión del rey Santiago y aplican la referencia al niño recién destetado que, habiendo superado el conflicto que esa transición representa, descansa calmo, sobre el pecho de su madre. Taylor, sin embargo, afirma, con buena razón: “La traducción que dice ‘destetado’ se debe a un error a partir del contexto. La palabra que se traduce de este modo significa en realidad ‘completo’, ‘satisfecho’, ‘acabado’ y puede querer decir ‘destetado’ como ‘que recién ha terminado de comer’, ‘amamantado’. Un niño destetado no es ipso facto un niño tranquilo. La imagen se refiere al niño que acaba de mamar y está satisfecho.” Por lo tanto, la RSV dice, en este pasaje: “He aquietado y tranquilizado mi alma, como un niño ya apaciguado en el pecho de su madre; como un niño calmo es mi alma.” En cualquier caso, por supuesto, la imagen que se nos transmite es la de una confianza serena. Desde ahora y para siempre (3) Israel ha de confiar en Dios con la misma actitud y serenidad.


Salmo 132: ORACION EN FAVOR DE LA CASA DE DIOS, 132:1–18

Este es el más largo de los “cánticos graduales” o cantos de los peregrinos, y el primero de la quinta y última trilogía (véase introducción al 120). Barnes sostiene que el tema de los tres últimos cánticos graduales es el templo y la bendición divina que emana de él. La oración con que Salomón dedica el templo de Jerusalén (cf. los vv. 8–9 y 2 Cr. 6:41–42) cita dos versículos de este salmo. El versículo 11 aparece también en Hechos 2:30, con referencia al reinado de Cristo sobre el trono de David. Oesterley comenta con respecto al significado de este salmo en su momento histórico: “Da testimonio del instinto religioso innato de Israel en todas las esferas … el principio de la unión que debiera existir entre la religión y el estado. El propósito fundamental del salmo es glorificar el santuario junto con el rey, pues ambos están inextricablemente ligados entre sí.”

1. La determinación de construir la casa (132:1–7)
El salmista recuerda el anhelo de David de proveer un techo estable para el arca del Señor (1 Cr. 28:2–6). Toda su aflicción (1) se refiere a la lucha de aquel rey contra los celos y la constante persecusión de que fuera objeto por parte del rey Saúl y a los conflictos que marcaron la historia del establecimiento de Jerusalén como el lugar donde el arca habría de encontrar un lugar de residencia permanente y donde se habría de construir el templo. El Fuerte de Jacob (2) es una expresión extraída de Génesis 49:24. Vuelve a aparecer sólo una vez en el versículo 5. Significa, literalmente, “el Dios poderoso (o fuerte) de Jacob”.
La preocupación de David por el santuario del Señor se pone de manifiesto en dos momentos: cuando trae el arca de la alianza desde la casa de Abinadab y la coloca en un tabernáculo especialmente preparado para ella en Jerusalén (2 S. 6:1–19) y cuando manifiesta su deseo de construir un templo donde el arca tuviera una residencia permanente (2 S. 7:1–29), propósito que no se le permitió ejecutar. El voto que se describe en los versículos 3–5 muy probablemente se relaciona con la venida del arca a Sion, desde que su propósito ya habría sido ejecutado.
El pueblo se une al rey en su preocupación por el símbolo de la presencia de Dios: He aquí en Efrata lo oímos; lo hallamos en los campos del bosque (6). Este versículo ha intrigado a muchos comentaristas. Efrata por lo general se interpreta como otro nombre de Belén (véase mapa 3). Aquí, sin embargo, sería el nombre de todo el distrito donde se encuentra Quiriat-jearim (“la ciudad de los bosques”), cerca de la cual el arca permaneció muchos años (véase 1 S. 7:1–12). Lo (6) se refiere al arca y debiera ser “la”. Nos postraremos ante el estrado de sus pies (7) significa delante del arca, puesto que el trono de Dios estaba colocado encima de ella.

2. Dedicación de la casa de Dios (132:8–12)
Los primeros tres versículos de esta estrofa son una oración dirigida directamente a Dios. Se los cita, con variaciones de menor importancia, de (o en) el final de la oración de dedicación del templo que pronunció Salomón. Su significado es sumamente adecuado para un acto de dedicación de un templo. El arca de tu poder (8) se menciona aquí por primera vez, aunque está implícita en el versículo anterior. En los Salmos esta es la única vez en que se hace referencia al arca usando su nombre. Perowne cree encontrar en los vocablos que se usan una alusión a Números 10:33–36, donde “el arca del pacto de Jehová fue delante de ellos camino de tres días, buscándoles lugar de descanso”, y en los que Moisés dice: “Levántate, oh Jehová, y sean dispersados tus enemigos, y huyan de tu presencia los que te aborrecen.” El reposo sería aquel que Dios ofrece a su pueblo después de haber éste salido victorioso en una batalla.
Tanto los sacerdotes como el pueblo son objeto de sendas peticiones en el verso 9. Con respecto a los primeros se pide que se vistan de justicia; en cuanto a los santos, han de regocijarse. Este mismo pensamiento se repite en el verso 16 en la forma de una promesa. La justicia en el púlpito y el gozo en la congregación son una combinación que siempre produce una iglesia victoriosa, sea cual fuere el lugar y el tiempo. No vuelvas de tu ungido el rostro (10), es decir, no te niegues a escuchar su oración. Moffatt interpreta este pasaje de la siguiente manera: “No rechaces Tú a tu propio rey.” La promesa de Dios a David de poner reyes de su propia descendencia en tu trono (11), junto con las diversas referencias al Ungido (10; meshiach, mesías o, en griego, Christos) son citadas por Pedro en su sermón del día de Pentecostés (Hch. 2:30). Las promesas con respecto a la perpetuidad del trono de David que se encuentran en todo el Antiguo Testamento se cumplen en Cristo. Estas promesas están condicionadas a la obediencia —la de los descendientes literales de David, en primer lugar, y la de la Iglesia, en el segundo.

3. Bendición divina sobre la casa (132:13–18)
La estrofa final de este cántico es la respuesta de Dios a la oración y al acto de dedicación. Se introduce con la seguridad de que Jehová ha elegido a Sion; la quiso por habitación para sí (13) —se trataba, en aquellos tiempos de Jerusalén, hoy de la Iglesia— adoptándola para siempre como lugar de su reposo (14) y habitación suya. La bendecirá y prosperará “en especie” (15, véase Dt. 28:1–14). Dará respuesta a las oraciones elevadas en favor de los sacerdotes y del pueblo (16; cf. 9). Con respecto al poder de David (17), Perowne amplía este versículo traduciendo “dando eternamente nuevas fuerzas a su dinastía y victoria sobre sus enemigos”. He dispuesto lámpara a mi ungido —véase 1 Reyes 11:36, “Y a su hijo daré una tribu, para que mi siervo David tenga lámpara todos los días delante de mí en Jerusalén, ciudad que yo me elegí para poner en ella mi nombre”. El significado mesiánico es Cristo, “la luz del mundo” (Jn. 8:12). Los enemigos de David (y los de Cristo) serán vestidos de confusión (18), “pero sus propias fuerzas brillarán como con destellos” (Moffatt).


Salmo 133: LA BENDICION DE LOS HERMANOS UNIDOS, 133:1–3

Esta pequeña gema es una breve canción de alabanza por los gozos de la unión entre los hermanos, tanto en el sentido de la familia consanguínea como de la familia espiritual de Dios. No sólo Oesterley sino también Taylor84 interpretan este salmo como una exaltación del levirato, costumbre mediante la cual los hermanos casados seguían viviendo juntos en un mismo hogar. Barnes, en cambio, lo interpreta como una referencia a la cohabitación de los judíos cuando venían una vez por año a celebrar las festividades religiosas en Jerusalén. Sin embargo, posee sin duda un significado más amplio en relación con la familia de la fe. Hay una unidad espiritual entre los hijos de Dios que trasciende aún las barreras denominacionales. Como dice un viejo proverbio inglés: “Cuando el trigo está alto no se ven los vallados.”

1. “Bueno y delicioso” (133:1)
La unidad de los hermanos es “buena” y “deliciosa” (1), o “poco frecuente” y “hermosa” (Moffatt). Harrison traduce este versículo de la siguiente manera: “Qué cosa maravillosa es cuando los hermanos viven juntos de manera armónica.” Hay un ecumenismo que no se funda en organizaciones ni se impone desde afuera, sino que crece de la comunidad del espíritu y la fe. Este es (o debiera ser) una marca distintiva de los creyentes en la santidad (Jn. 17:17–23). Este fue uno de los pensamientos de P. F. Bresee cuando afirmó con respecto a su pequeño rebaño, en los días iniciales de la Iglesia del Nazareno: “Somos hermanos de sangre de todas las almas que hay en el universo compradas con la sangre y lavadas con la sangre.”

2. “Como el buen óleo” (133:2)
Se hace referencia, aquí, al óleo del ungimiento que se derramó sobre Aarón en su consagración (Ex. 30:22–30). El aceite de oliva era perfumado por medio de especias y hierbas aromáticas como la mirra, el cálamo, la canela, y otras. Su simbolismo más profundo es el que evoca las fragantes bendiciones del Espíritu Santo que corona la unidad material de los hermanos con la auténtica unidad en el Espíritu.

3. “Como el rocío de Hermón” (133:3)
La hermosura de la unidad espiritual se compara con el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion. El rocío de Hermón, que está muy al norte con respecto a Jerusalén, no podría descender sobre el monte Sion. Por eso algunas traducciones corrigen el original como si hablara de dos rocíos diferentes. Pero esto, quizá, sea tomar la imagen poética de un modo demasiado literal. Su significado, evidentemente, es subrayar el carácter refrescante y renovador de las bendiciones de Dios sobre su pueblo. Barnes dice: “En un país árido y reseco el rocío es un símbolo muy apto de las bendiciones de Dios: Genésis 27:28; Oseas 14:5; ‘Seré como rocío sobre Israel’.” La última parte de este versículo Barnes la traduce: “En su lugar el Señor asignó la bendición de la vida eterna.” La vida eterna, tanto para ellos mismos como para los demás, surge de la unidad de los hermanos: “que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste” (Jn. 17:23).


Salmo 134: MINISTRAR EN LA CASA DEL SEÑOR, 134:1–3

Este es el último de los salmos de peregrinaje (véase la introduccióna al Sal. 120), y nos conduce al interior de la casa de Dios. Oesterley lo coloca totalmente dentro de un contexto sacerdotal. Cree que los versículos 1–2 eran cantados por el sumo sacerdote, mientras que el verso 3 era la respuesta del coro sacerdotal. “Tenemos aquí una indicación muy instructiva con respecto a la forma en que se preparaban para el servicio divino los ministros ordenados de Dios. Aquellos sobre quienes descansaba el privilegiado oficio de bendecir a los adoradores, pronuncian sobre sí mismos, de manera mutua, una bendición, recibiendo de este modo el poder espiritual que han de impartir inmediatamente después. Fortalecidos por el conocimiento de que este poder les ha sido conferido, pueden encarar sus sagradas labores en el santuario guiados por la convicción de que están actuando bajo la dirección divina e impartiendo a otros la bendición de que ellos mismos han sido recipientes.”

1. “Bendecid a Jehová” (134:1)
Mejor que Mirad (1) sería “Venid todos” (Moffatt, Berk., RSV), vosotros todos los siervos de Jehová. La expresión por las noches se refiere a la guardia nocturna de sacerdotes que debían estar permanentemente listos para ministrar frente al altar del Señor. Taylor señala: “Es probable que este salmo perteneciera a la liturgia de la fiesta de los Tabernáculos, puesto que el verso 1 indica, por implicación, que la guardia nocturna de celebrantes se cumplía no una sola noche, como hubiera sido tratándose de la Pascua, sino durante varias noches, y puesto que la presencia de adoradores en el templo durante la noche no corresponde con las disposiciones que prescriben una celebración familiar en la víspera de Pascua, en sus hogares o en el lugar donde se alojaban (véase Ex. 12:18–20).”

2. “Alzad vuestras manos” (134:2)
La posición tradicional para la oración, entre los judíos, incluía la elevación de las manos (véase 28:2; 141:2; Lm. 2:19; 1 Ti. 2:8). Pero también puede haber una referencia, aquí, al gesto de los sacerdotes cuando pronunciaban una bendición sobre el pueblo. Al santuario posee en la KJV una lectura paralela anotada en el margen que dice: “en santidad.” En cuyo caso habría aquí un paralelo con el pensamiento de Pablo en 1 Timoteo 2:8, “Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda”. Bendecid a Jehová es aquí, como en todos los salmos, magnificar y alabar a Dios.

3. “Te bendiga Jehová” (134:3)
Este versículo tiene la forma de una respuesta a las palabras de los dos anteriores. Se dirige al sumo sacerdote (véase la introducción) o son las palabras que pronuncian los sacerdotes al transmitir su bendición al pueblo (véase Nm. 6:24–26, donde aparece la fórmula completa de la “bendición levítica”). Puesto que Dios ha hecho los cielos y la tierra es perfectamente capaz de bendecir a su pueblo desde Sion, el símbolo de su permanente presencia junto a ellos.


Salmo 135: LA GRANDEZA DE NUESTRO DIOS, 135:1–21

Este, aun cuando no forme un mismo grupo con los otros que son de su tipo, es uno de los “Salmos de Aleluya”. Se los designa de este modo por las palabras que lo inician y concluyen, Alabad el nombre de Jehová —“Aleluya” (en el epígrafe). Su uso libre de pensamientos y palabras de otros lugares de las Escrituras llevaron a Delitzsch a describirlo como una especie de mosaico. Los paralelos más notables son los que se encuentran al comparar el verso 1 con 134:1; el verso 3 con 147:1; los versículos 6 y 15–20 con el Salmo 95; el verso 7 con Jeremías 10:13; el versículo 14 con Deuteronomio 32:36; y los versículos 8–12 con 136:10–26. La identificación de su carácter compuesto, sin embargo, no debiera interferir con el reconocimiento de su estructura hilvanada en tono a una línea de pensamiento coherente y lógico. Se presenta la grandiosidad de Dios (1–5) tal como la pone de manifiesto su poder creador (5–7), su soberanía en la historia (8–12) y el hecho de que todos los dioses de los paganos son nada (13–18). Por lo tanto, todos debieran alabar y bendecir su nombre (19–21).

1. Que el Señor sea alabado (135:1–12)
Los primeros tres versículos presentan el llamado a la adoración. Alabad el nombre de Jehová (1) es “Aleluya”. Este llamado se dirige inicialmente a los siervos de Jehová, los que están en la casa de Jehová (2; cf. 134:1). Esta última expresión describe el servicio de los sacerdotes en el templo. Puesto que el templo propiamente dicho consistía solamente de los edificios donde se alojaban el “santo” y el “santísimo”, la mayoría de funciones de servicio y adoración se desarrollaban en los atrios de la casa de nuestro Dios (véase el plano del templo en CBB, Tomo IV). JAH y su nombre han de ser alabados porque él es bueno (3) y su nombre es agradable (él es benigno se traduce, mejor, “su nombre es dulce” Berk.; “gracioso”, Moffatt).
Son tres las razones especiales que se ofrecen como justificación de la alabanza a Dios:
a. Su amor electivo (4). Dios eligió a los descendientes de Jacob para sí, a Israel por posesión suya (“posesión preciada”, Moffatt). Este pensamiento circula por todo el Antiguo Testamento y forma parte de la vida del “pueblo elegido”. Los israelitas, sin embargo, muchas veces olvidaron cuál era el propósito para el que habían sido elegidos —para que a través de ellos todas las naciones de la tierra pudieran recibir la bendición divina (Gn. 12:3; 18:18; 22:18; 26:4; etc.). La elección de Israel (como la nuestra) fue más una elección para la responsabilidad que para el privilegio.
b. Su poder creador (5–7). La grandeza y preeminencia de Dios (5) se ponen de manifiesto en su poder en la naturaleza (6–7). El Universo, tal como existe, es una expresión de su buena voluntad (6), y El ha estado continuamente activo en su mantenimiento. El verso 7 ha sido tomado, casi palabra por palabra, de Jeremías 10:13 y 51:16. Los autores del Antiguo Testamento nunca argumentan a partir de la existencia del Universo para demostrar la existencia de Dios (el así llamado “argumento cosmológico” de la teología y la filosofía). Pero sí se fundan en la majestuosa extensión del Universo y los tremendos poderes que en él se manifiestan para alabar a Dios en su grandeza y majestad de Creador.
c. Su soberanía en la historia (8–12). En segundo término, después del poder de Dios en la creación, el Antiguo Testamento menciona el poder de Dios en la historia. La historia es ciertamente, de hecho, su historia, y Dios habla a través de los acontecimientos que en ella se suceden. Isaías había afirmado que inclusive Asiria era solamente el báculo de la ira de Dios (10:5), y que Ciro, pese a que él mismo no lo sabía, era de hecho un siervo de Dios (44:28). El poder soberano de Dios en la historia se manifestó, sobre todo, en Egipto y en el Exodo (8–9), en el peregrinaje por el desierto (10–11a), y en la toma de posesión de la tierra prometida (11b–12).

2. Solamente Jehová es Dios (135:13–18)
El poeta-autor de este salmo es un monoteísta del tipo más puro. Solamente el Dios de Israel es Dios. Su nombre es eterno, y su memoria (fama, renombre), de generación en generación (13). Jehová juzgará a su pueblo (14) en el sentido de reivindicarlos frente a sus enemigos.
La eternidad y compasión de Jehová ofrecen un agudo contraste con lo vacío de los ídolos que las naciones paganas adoran. Los ídolos de las naciones son plata y oro y obra de manos de hombres (15). Tallados para que tengan boca, ojos, orejas, carecen sin embargo de los sentidos de la vista, el oído y no hablan. Sobre todo, no tienen aliento (ruach, “espíritu”; 16–17). Lo peor es que quienes los fabrican y adoran son idénticos a ellos, están desprovistos de un verdadero espíritu y no tienen vida (18; véase Is. 44:9). La tendencia es que los hombres lleguen a ser semejantes a los dioses que adoran. Crean los ídolos a su imagen y después adoran, en ellos, sus propias debilidades y vicios magnificados. Los autores del Antiguo Testamento difícilmente puedan concebir una tontería mayor.

3. Llamado a alabar a Dios (135:19–21)
El llamado a la alabanza con que comienza el salmo es, ahora, ampliado, de tal manera que incluya la casa de Israel (19), así como la casa de Aarón (los sacerdotes) y la casa de Leví (20; los trabajadores del templo, los levitas que no eran de la familia sacerdotal de Aarón). Se incluye a todos los que temen a Dios (véase el comentario sobre 115:9–11). Con respecto al verso 21, véase comentario sobre 134:3). El salmo concluye repitiendo el Aleluya inicial, consigna y exhortación de la alabanza a Dios.


Salmo 136: LA DURADERA MISERICORDIA DE DIOS, 136:1–26

La forma de este salmo es única. La última mitad de cada versículo consiste de la misma frase, “Porque para siempre es su misericordia”, expresión que en hebreo se dice con solamente tres palabras. Aparentemente se cantaba de modo antifonal, alternando las voces de los sacerdotes con las del coro levítico o las del coro levítico con las de la respuesta rítmica que se elevaba de las gargantas de la congregación (véase 2 Cr. 7:3, 6; Neh. 12:40). También puede conjeturarse que la respuesta fue agregada posteriormente a la composición del poema original, pues la línea de pensamiento resulta en varios lugares interrumpida (véase por ejemplo vv. 7–9, 10–12, 13–15, 17–22, 23–25). El orden de los temas es similar a 135:6–12 y hay varias frases que se repiten idénticas.
En los escritos judíos el Salmo 136 se conocía como “El Gran Hallel”, por su muy a menudo repetida alabanza de la duradera misericordia de Dios, aunque ese mismo título también denomina al grupo entero de los salmos de alabanza que van del 113 al 118; otros, en cambio, llaman de este modo a los salmos del 146–150. Su tema es “el Dios de dioses” (2) y “el Señor de señores” (3). Siguiendo el esquema del Salmo 135 glorifica primero al Dios creador y luego al Redentor.

1. El Dios creador (136:1–9)
La bondad de Dios, como ocurre a menudo, se ofrece como fundamento de la alabanza (1). Porque para siempre es su misericordia es, literalmente “Porque siempre es su misericordia”. Misericordia (chesed) es gracia, bondad, “amor fiel y firme” (RSV), “el amor del pacto” (Berk.); véase el comentario sobre 17:7; “El es eternamente constante” (Harrison). El estribillo se repite 26 veces (véase la introducción). El Dios de los dioses (2) y el Señor de los señores (3) aparecen en Deuteronomio 10:17 y son una afirmación clara y poderosa de la preeminencia del Dios de Israel y del Dios de la Biblia. Estas expresiones son típicos superlativos hebreos y de ninguna manera sugieren la existencia de otros dioses o señores. Además, se identifica a Dios como aquel que es el único en hacer grandes maravillas (4), el que hizo los cielos con entendimiento (5) y extendió la tierra sobre las aguas (6), referencias a Génesis 1:2, 7–10. Dios también creó grandes lumbreras (7), el sol … en el día (8), la luna y las estrellas … en la noche (9). Esta, también, es una referencia directa al lenguaje que se habla en Génesis 1:14–18.

2. El Dios redentor (136:10–26)
Los versículos 10–22 son una paráfrasis ajustada de 135:8–12, con la inserción del estribillo después de cada una de las líneas. Dios debe ser alabado por que liberó a su pueblo de Egipto y del Mar Rojo (10–15). La mano fuerte y el brazo extendido (12), son expresiones que denotan el poder manifiesto de Dios. Dios pastoreó a su pueblo por el desierto, hiriendo a los reyes de las tribus que se interpusieron en su camino (16–20), y entregando sus territorios a su pueblo en heredad (21–22). En nuestro abatimiento (23) podría traducirse, también, como en Harrison, “cuando estábamos humillados”. Los hechos creadores y redentores de Dios en el pasado son completados por las disposiciones providenciales de Dios en el presente: Da alimento a todo ser viviente (25). Dios de los cielos (26) es una expresión que, en los Salmos, aparece solamente aquí, aunque es frecuente en los libros posteriores del Antiguo Testamento (por ejemplo 2 Cr. 36:23; Esd. 1:2; 5:11–12; 6:9; etc.; Neh. 1:4–5; 2:4; Dn. 2:18, 44; 5:23; Jon. 1:9).


Salmo 137: EL LAMENTO DE UN EXILIADO, 137:1–9

Este salmo ha resultado ser uno de los más discutidos de todo el salterio a causa de la nota imprecatoria que aparece en su final, llena de amargura y sin mitigación de tipo alguno. Sin poner excesivo énfasis en el carácter pre-cristiano de su elemento vindicativo, hay mucha sabiduría en el comentario de Morgan: “La oración que pide la venganza debe interpretarse, a partir de la primera parte del salmo, donde se describe de manera clara el tratamiento que recibió el pueblo de Israel. Debe interpretarse, además, en el contexto de los tiempos que se vivían entonces. Nuestros tiempos son diferentes. Nosotros tenemos más luz. Y sin embargo, es necesario recordar que el sentimiento más hondo de la justicia, sigue incluyendo el castigo como una parte necesaria de la economía divina. Es falso el concepto de un Dios que niega la equidad de la retribución.”
Oesterley declara: “El entrechocar de emociones que se revela en este salmo descubre la naturaleza humana en su mejor y en su peor expresiones. La tristeza por la prohibición de cantar las alabanzas de Dios en el santuario donde moraba su presencia era el resultado de una profunda devoción a El, y revela un corazón imbuido de todo lo mejor … La nota dominante del salmo … es auténticamente religiosa y da testimonio de la lealtad de aquellos que, en la tierra de su cautiverio, se vieron rodeados de tentaciones muy sutiles pero fueron capaces de resistirlas en la fuerza de esa lealtad.”

1. Anhelo por Jerusalén (137:1–6)
Lejos de su patria amada, el exiliado lloraba, acordándose de Sion, la ciudad de Dios (1). Sobre los ríos de Babilonia Kirkpatrick comenta: “Era característicamente una tierra de corrientes de agua, del mismo modo como Palestina era una tierra seca y montañosa; esta era la característica topográfica que con seguridad quedaría más profundamente impresa en la mente de los exiliados (cf. Jer. 51:13). Es muy posible que hayan ido a las orillas de los ríos y canales para lamentar la pérdida; en parte porque en esos lugares crecían árboles y había abundante sombra, en parte porque esos lugares eran particularmente aptos para la meditación melancólica.” Y colgaban sus arpas de las ramas de los sauces (2), porque la ocasión no era adecuada para tañer canciones alegres.

La amargura del exilio era hecha aún mayor por la burla de los babilonios que solicitaban insistentemente a los judíos que interpretaran cánticos de Sion (3). No se trataba solamente de estimular la alegría en una situación por sí triste, sino de divertir a sus captores paganos con cántico de Jehová (4), los salmos del templo que hubieran sido profanados al entonarse en una tierra extraña. Si Jerusalén llegara a pesar menos en sus afectos, dice el salmista, las más terribles consecuencias serían bien merecidas: que su diestra … pierda … su destreza (5), que su lengua se le pegue al paladar (6). Y estas eran serias calamidades para un músico cuya mano debe moverse diestra sobre el encordado de su lira y cuya boca canta la gloria de Dios.

2. La condenación de los enemigos de Sion (137:7–9)
Contra el fondo de su anhelo por Sion, el exiliado cae en una amarga condenación de los enemigos de Sion. “La nueva ley, ‘amarás a tu enemigo …’ no había, todavía, ocupado el lugar del viejo axioma, ‘amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. La ley de una estricta retribución por cada mal recibido le parece al salmista perfectamente justa y la forma particularmente bárbara en que expresa su deseo de exterminación del que destruyó su país es muy corriente en su época.”
El versículo 7 contiene una referencia histórica a la caída de Jerusalén. Aun cuando los edomitas no tomaron parte activa en la destrucción de la ciudad, se regocijaron con ella y exhortaron al enemigo a completar su ruina (véase Abd. 10–16). Arrasadla, arrasadla significa, literalmente, “desnudadla”, y significa la acción de destruir las edificaciones de la ciudad hasta sus mismos cimientos.
La principal imprecación se reserva a los babilonios, cuya destrucción se predice (8). El enemigo cosechará exactamente lo que ha sembrado. El Antiguo Testamento y la historia antigua están llenos de ejemplos de la total desconsideración por la vida humana que se practicaba en la guerra en los tiempos antiguos, cuando la exterminación de pueblos enteros era la meta. Ni las mujeres ni los niños eran perdonados. Babilonia debía sufrir la misma crueldad que había infligido a Jerusalén. Véase la introducción a este salmo y el párrafo donde se discuten los salmos imprecatorios en general, en la introducción al libro. Si bien es cierto que estos elementos imprecatorios aparecen en los salmos, debe reconocerse que los rabinos judíos nunca incluyeron estos pasajes en el ritual de la sinagoga.


Salmo 138: UN SALMO DE ACCION DE GRACIAS, 138:1–8

Este es el primero en una serie de ocho salmos cuyos epígrafes hacen mención de David. Aun cuando por lo general se los considera de fecha post-exílica, no hay en realidad una razón de peso que nos impida aceptar el juicio de Alexander, para quien estos salmos serían “los últimos compuestos por David, como un comentario a la gran promesa mesiánica de 2 Samuel 7”. El salmo que nos ocupa es un cántico de pura alabanza y acción de gracias, y expresa la gratitud del poeta por la promesa divina (2), por su misericordia (3a), su poder (3b), su protección (7) y su persistencia (8).

1. Alabanza por la Palabra de Dios y por su nombre (138:1–3)
El salmista se determina a cantar la alabanza de Dios con todo su corazón (1). No hay limitaciones ni reservas en su mente con respecto al merecimiento de su Señor. Delante de los dioses no es una concesión al politeísmo (la adoración de muchos dioses), sino la traducción literal de un término hebreo que puede aplicarse a cualquier ser sobrenatural y aun a hombres de rango o poder sobresaliente (véase el comentario sobre 82:1). No hay compañía demasiado exaltada para escuchar la canción inspirada de alabanza del poeta. Me postraré hacia tu santo templo (2) era una costumbre judía a la que se alude en la oración de dedicación del templo que pronunció Salomón (2 Cr. 6:20) y era la forma de orar de Daniel (Dn. 6:10). El templo era la representación visible de la presencia de Dios en medio de su pueblo, y en cuanto tal es que era objeto de un especial respeto por parte del devoto. Porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas es una traducción afortunada de una construcción hebrea muy difícil de interpretar. Dice, literalmente, “Tú has engrandecido sobre tu nombre y tu palabra”. Al confrontar la dificultad de declarar que cosa alguna pudiese estar más exaltada que el nombre del Señor, que generalmente denota su naturaleza, algunos acuden a traducciones como la anterior. La asociación de la Palabra de Dios con su nombre es uno de los más elevados tributos que puede ofrecérsele. El salmista se regocija en la respuesta inmediata que el Señor da a su oración. Sean cuales fueren las circunstancias exteriores, Dios fortalece con vigor el alma del creyente (3; véase Ef. 3:16).

2. Alabanza por el gobierno soberano de Dios (138:4–6)
El Señor es Rey de reyes y Señor de señores (véase Ap. 17:14; 19:16); cuando sepan de sus obras maravillosas para con su pueblo, Te alabarán … todos los reyes de la tierra (4). La exaltada majestad de Dios no le impide atender al humilde (6), es decir, preocuparse por el hombre y la mujer común. Mira de lejos (percibiendo en esa mirada su naturaleza íntima) al altivo; nadie puede escapar a su ojo omnisciente.

3. Alabanza por el socorro de Dios en la angustia (138:7–8)
Los últimos versículos expresan la convicción personal del salmista: Dios lo cuidará sea cual fuere la angustia o la oposición que deba atravesar en su vida. En medio de la angustia (7) descubre que el Señor está con él y lo vivifica —le ofrece una vitalidad renovada o, como dice la Versión Berkeley, “Tú me ayudarás a atravesarla indemne”. Dios lo defenderá contra todos sus enemigos. Jehová cumplirá su propósito en mí (8) puede traducirse, también, “cumplirá sus promesas para conmigo”. No desampares la obra de tus manos, o sea la obra que el mismo Dios ha iniciado en favor del salmista y de su pueblo. Dios completará todo lo que ha iniciado.


Salmo 139: LA MARAVILLA DE DIOS, 139:1–24

El Salmo 139, con justo mérito, ha sido muy alabado. El rabino Aben Esdras lo aclamó como “la corona de todos los salmos”, según la tradición. M’Caw dice: “Este es uno de los poemas más hermosos del salterio; es sobresaliente, tanto desde el punto de vista teológico como por su psicología.” Oesterley escribe: “Por lo que hace a las concepciones con respecto a la naturaleza divina, la omnisciencia y la omnipresencia de Dios, este salmo se destaca como una de las gemas más valiosas del salterio. Algunos han sugerido que en Babilonia y en otras literaturas sagradas del pasado ha habido textos paralelos; pero en realidad es único entre todos los textos religiosos de la antigüedad.”99 McCullough, por su lado, sostiene: “Este poema no solamente es una de las mayores glorias del salterio, sino que, por su visión espiritual y su calidez devocional, se destaca entre los mayores pasajes del Antiguo Testamento. Es muy difícil clasificarlo entre los salmos. Posee algunas de las cualidades de un himno y de un salmo de confianza, pero quizá sea más adecuado considerarlo una oración personal … El salmista está profundamente impresionado por la omnisciencia y la omnipresencia de Dios, no como atributos formales de una Deidad soberana sino como algo cuya verdad ha descubierto en su experiencia directa de la realidad vivida.”

1. La omnisciencia de Dios (139:1–6)
El salmista reconoce su total maravilla ante el hecho de que Dios sabe todo lo que a él respecta. Dios lo ha examinado (1), lo ha traspasado con su mirada y ha escudriñado sus motivaciones interiores. Mi sentarme … y mi levantarme (2) es decir, la totalidad de su vida, sea que estuviera en reposo y calma o en plena actividad. Has entendido desde lejos mis pensamientos, sería, según Harrison, “mis pensamientos cuando apenas estaban formados en mí”. Has escudriñado mi andar y mi reposo (3) debiera traducirse: “Caminando o descansando, Tú me escudriñas” (Moffatt). Kirkpatrick comenta en torno a aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda (4): “Dios no solamente conoce la palabra hablada, que cualquier hombre puede escuchar, sino su significado secreto y los pensamientos que han motivado el discurso.” Me rodeaste (5) es “sitiar”, la palabra que se usa para describir el asedio de una ciudad. El salmista se ve “bordeado” por Dios. Moffatt traduce: “Estás todo alrededor mío, por delante y por detrás, y tu mano descansa sobre mí.” Un conocimiento tal como éste está mucho más allá de la capacidad de comprensión de cualquier hombre (6).

2. La omnipresencia de Dios (139:7–12)
El Dios omnisciente está siempre presente, en cualquier lugar que sea. No hay modo de escaparme de El. Su Espíritu y su presencia lo inundan todo (7). Ni los cielos, arriba, ni el Seol (el infierno, el lugar de los muertos) están más allá de su alcance (8). Ni las alas del alba ni el extremo del mar (9) pueden llevarnos más allá del alcance de la diestra de Dios, que guía al creyente y lo tiene asido (10).

No sé hasta dónde sus islas
elevan esbeltas palmas al cielo;
Sólo se que no podría
alejarme jamás de su cuidado.

Las tinieblas mismas no podrían servir de escondedero, porque aun la noche resplandecerá alrededor de mí (11) y para Dios son idénticas las tinieblas y la luz (12). La omnispresencia de Dios es una de las doctrinas claramente definidas de la teología sistemática. “Omnipresencia quiere decir que Dios, por un lado, no está excluido de nada, ni incluido necesariamente en algo, por el otro.” Wiley cita a Santo Tomás de Aquino: “Dios está en todas las cosas, aunque no ciertamente como parte de su esencia, o como un accidente, sino como el agente está en todas aquellas cosas sobre las cuales opera”, y agrega: “Dios está presente dondequiera haya una manifestación de su poder.”104

3. El interés personal de Dios (139:13–16)
El Dios omnisciente y omnipresente está interesado de manera personal en cada uno de los detalles de la vida del salmista. Dios lo conoce en cada aspecto de su ser, porque fue el Señor el que formó sus entrañas (13, “formó mi ser”, Moffatt) y lo hizo en el vientre de su madre. La expresión, formidables, maravillosas son tus obras (14) está entre aquellas afirmaciones que el hombre contemporáneo, con su conocimiento científico de la anatomía, no podría, sin embargo, superar. En lo más profundo de la tierra es una alusión metafórica al “seno materno, semejante por las tinieblas que encierra a las partes más profundas y ocultas del suelo. Aquí se hace referencia sin duda a la formación del cuerpo, y nada tiene que ver este texto con la doctrina de la preexistencia de las almas”.
En tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas (16) ha sido un versículo difícil de traducir e interpretar, como lo atestiguan las diversas versiones que de él tenemos: “Todos los días de mi vida fueron previstos por ti, asentados en tu libro” (Moffatt); “En tu libro fueron escritos, uno a uno, los días que fueron formados para mí” (RSV); “En tu libro todo fue escrito y registrado, día a día” (Berk.). “En tu registro se asentaron cada uno de los días preparados para mí” (Harrison).
La mente moderna, de hábito analítico, encuentra dificultad en reconciliar el conocimiento previo que Dios tiene de nuestras vidas con la verdadera libertad de elección que se deja al hombre; los autores bíblicos, en cambio, no experimentaban esa dificultad. Para ellos era suficiente proclamar que Dios conocía el fin desde el principio, sin que por eso tuvieran que pensar que Dios era quien había predeterminado ese fin. Sin embargo, el hombre moderno, plenamente convencido de su libertad de elección, puede también encontrar consuelo en la idea de que nada toma a Dios de sorpresa. Sabe el futuro que a nosotros nos resulta ignoto y por lo tanto puede guiarnos en los caminos no trazados si estamos dispuestos a seguir su liderazgo.

4. El control providencial de Dios (139:17–22)
Consciente de la omnipresente voluntad de Dios, el salmista estaba también convencido de que la voluntad de Dios es “buena … agradable y perfecta” (Ro. 12:2). Los pensamientos de Dios le son preciosos (17), más numerosos que la arena (18). Despierto, y aún estoy contigo, puede interpretarse, como lo hace Moffatt, “Despierto de mi ensueño y sigo, sin embargo, perdido en ti”, o, como Harrison y la RSV, en el margen: “Si llegara al fin, todavía estaría contigo.” Ni la ensoñación, ni el sueño, ni la muerte misma pueden separar de Dios al alma confiada.
El poeta nunca aleja de su mente el anverso del cuidado y el amor de Dios hacia el justo. La providencia, que protege al justo, condena y finalmente destruye al impío (19). Un sentimiento exaltado de la santidad de Dios conduce necesariamente al convencimiento de lo horrible que es el pecado. Los hombres sanguinarios son aquellos acostumbrados a la violencia y el crimen. El salmista reitera su odio hacia los hacedores de maldad y sus caminos pecaminosos (21–22). Sin duda, es necesario actuar de manera cuidadosa en este punto, vigilando que el odio del mal no se convierta en odio hacia el hacedor de maldad. Sin embargo, no hay duda de que amar a la justicia significa, al mismo tiempo, odiar el mal. Los cristianos, del mismo modo como los creyentes del Antiguo Testamento, no deben perder la capacidad de la santa ira frente al mal en sus más descaradas manifestaciones.

5. Oración final (139:23–24)
La oración con que concluye este salmo es una de las más hermosas y significativas de todo el salterio. Como si hubiera tenido consciencia del peligro de que su odio hacia el mal se convirtiera en una actitud de por sí desagradable a Dios, el salmista desnuda su corazón frente a El. Examíname … y conoce mi corazón (23) se entiende mejor en la traducción: “Haz un inventario de las motivaciones que me mueven a actuar de una u otra manera” (Harrison). Ve si hay en mí camino de perversidad (24) es traducción de un texto hebreo que literalmente dice: “camino de dolor” o “camino dañino”, “cualquier modo de actuar que puede llegar a ser dañino o penoso”. No es que nuestro autor sospeche, aquí, que su corazón pueda anidar maldad alguna. Su temor es que por debilidad o descuido pueda agraviar a Dios. Librado del camino de maldad, aspira a ser guiado por el camino eterno. Toda oración digna de este nombre expresa las tres peticiones que aparecen aquí: (1) Escudríñame; (2) Ponme a prueba; (3) Guíame.

Escudríñame, Señor, y conoce hoy mi corazón;
Pruébame, Señor, conoce hoy mis pensamientos;
Ve si en mí hubiera camino de maldad:
Límpiame de pecado y dame la libertad.


Salmo 140: ORACION POR LA LIBERACION, 140:1–13

El Salmo 140 forma parte de un grupo considerable que refleja la existencia, dentro de Israel, de corrientes muy agrias de antagonismo y persecución. Algunos de los enemigos a los que hace referencia el salmista eran gentiles. Pero la mayoría eran compatriotas judíos, cuya apostasía asumía la forma no sólo de rechazar el señorío exclusivo de Jehová sino de perseguir, además, a quienes eran fieles a El.
Oesterley escribe: “Sería irrazonable querer encontrar en los Salmos el ideal cristiano de la actitud de un hombre hacia sus enemigos: ‘Amad a vuestros enemigos … y orad por los que os … persiguen’ (Mt. 5:44); pero en este salmo tenemos lo que más se le acerca; porque no hay siquiera insinuación del deseo de una venganza personal contra los enemigos acérrimos del salmista; todo es dejado en las manos de Dios. Es natural que algunas de las palabras revelen una cierta amargura; pero la actitud pasiva de la víctima de la opresión revela, por sí misma, un espíritu de verdadera piedad.”

1. La violencia de los malvados (140:1–3)
El poeta suplica a Dios su protección contra el hombre malo y los violentos (1). Maquinan males en el corazón (2) debería decir “maquinan el mal en sus mentes” (Harrison). Cada día urden contiendas, por su parte, significa “todo el día provocan guerras” (Perowne) o “constantemente buscan la guerra” (Berk.). Las palabras envenenadas de sus detractores recuerdan al poeta la lengua afilada de la serpiente y el veneno del áspid (3). Sobre Selah véase 3:2.

2. Oración por la preservación (140:4–5)
En tales circunstancias, el salmista, con gran sabiduría, se pone él mismo y su reputación en las manos de Dios. Pide al Señor ser librado de aquellos que han pensado trastornar mis pasos (4) o “se han complotado para hacerme tropezar” (Berk.). Los malvados se identifican en muchos lugares del salterio como soberbios (5). Algunos cristianos sostienen que “algún pequeño pecado nos ayuda a ser humildes”, pero los autores bíblicos eran mucho más sabios. Se dieron cuenta que el pecado en su esencia es orgullo, la manifestación de una arrogante independencia con respecto a Dios. Red … lazos y cuerdas son todos partes del equipo del trampero o cazador.

3. La salvación está en Dios (140:6–8)
El salmista evoca su compromiso con Dios como su Dios y pide que sus peticiones sean escuchadas (6). Jehová Señor (7; Yahweh Adonai) es una frase muy poco frecuente en hebreo. Aparece en otros lugares solamente en 68:20; 109:21; 141:8 y Habacuc 3:19. Tanto Yahweh (el nombre de Dios, que en la versión Reina-Valera se traduce “Jehová”) como Adonai (“Señor”) son formas de dirigirse a Dios o referirse a El. Tú pusiste a cubierto mi cabeza en el día de batalla significa “me ofreciste protección en el momento del conflicto” (Harrison). Se implora a Dios que no permita la realización de los deseos del impío (8).

4. Los impíos y los justos (140:9–13)
En la última estrofa se establece el contraste entre los destinos respectivos del impío y el justo. El principio general de la retribución es, en este caso, que las maldades del impío recaen sobre su cabeza como maldiciones y su pecado es, de este modo, su propio castigo. La maldad de sus propios labios cubrirá su cabeza (“los avasallará”, RSV; 9). Caerán sobre ellos brasas (10) se refiere al destino de Sodoma. Echados en el fuego, en abismos profundos es una construcción hebrea difícil de entender pero que, sin duda, significa la total y definitiva calamidad sin remedio. El hombre deslenguado no será firme en la tierra (11) significa que no prosperará ni florecerá. Su propio mal, imaginado para dañar a los otros, le dará caza y terminará derribándolo.
El poema concluye en una nota positiva. La condenación de los impíos es el fondo tenebroso sobre el cual se pinta la beatitud de los justos. La justicia de Dios certifica que, sean cuales fueren las vicisitudes del presente, el balance final siempre será positivo para quienes ponen su confianza en Dios. Tomará a su cargo la causa del afligido (12) significa que “Dios defenderá los derechos del afligido” (Moffatt). El afligido y los necesitados (en hebreo “el pobre”) siempre han sido objetos especiales del cuidado de Dios, hecho sobre el cual se reflexiona en repetidas oportunidades en los Salmos (véase 9:18; 10:2; 18:27; 22:24; 35:10; etc.). Los justos tendrán la oportunidad de agradecer a Dios cantando sus alabanzas y los rectos recibirán la segura promesa de que morarán en la presencia de Dios (13).


Salmo 141: LIBERACION DEL PECADO Y DE LOS IMPIOS, 141:1–10

Esta es una lamentación, con fuertes elementos penitenciales incorporados, aun cuando no se la cuenta generalmente entre los salmos penitenciales del salterio (véase Introducción). Es la oración de alguien que reconoce que su única esperanza de supervivencia frente al ataque de sus enemigos está en mantenerse sin pecado. Tiene algunos puntos de afinidad directa con el Salmo 140 (véase, por ejemplo, los vv. 9–10, en relación con 140:5). El contexto general y el escenario son los mismos.

1. Liberación del mal (141:1–4)
La primera estrofa del poema es una oración que pide por la liberación del mal. El salmista desea que su clamor sea prontamente respondido (1); quiere que su oración … suba … delante de El como el incienso (2). En el original esta línea dice “he preparado mi oración como el incienso”, aludiendo a la acción de aparejar el sacrificio que, como en el caso de la ofrenda vespertina, iba acompañado de incienso (véase Ex. 30:7–8; Lv. 2:2). Las manos elevadas a las que alude la segunda línea del verso 2 representan la actitud normal de oración entre los judíos, integrada, aquí con la acción de elevar la ofrenda al cielo (28:2; 63:4; 1 Ti. 2:8). Al salmista le interesa especialmente recibir la gracia que necesita para resistir la tentación al pecado, sea éste de palabra o de obra. Pide que se resguarden sus labios (3). La petición, No dejes que se incline mi corazón a cosa mala (4) debería traducirse: “No permitas que mi corazón se incline al mal” (Berk.). La inclinación del corazón hacia el mal no sería una acción de Dios, pero para impedir que esta inclinación se produzca es necesaria la gracia divina, una gracia que se describe especialmente en el Nuevo Testamento como el poder de la santificación (1 Ts. 4:7–8; 5:23–24). Las obras impías implican alguna medida de asociación y coparticipación con los que hacen iniquidad. Comer de sus deleites significaría “probar un poco de cada uno de sus impíos placeres” (Harrison).

2. La comunión de los justos (141:5–8)
El poeta desea substituir la asociación con los impíos por la comunión de los justos. Si un justo lo castigara (5), como merecida reprensión, le estaría haciendo un favor. Un excelente bálsamo que … no me herirá la cabeza significa que la reprensión del justo tendrá efectos curativos y no herirá en algún sentido adverso. Pero mi oración será continuamente contra las maldades de aquéllos es la traducción al castellano de una oración hebrea muy difícil de interpretar, tal como se ilustra por la variedad de las versiones que se han propuesto en los distintos idiomas modernos. La sugerencia de Moffatt es una de las más plausibles: “oraré siempre para que me sea concedida su buena voluntad.” Los versículos 6–7 son difíciles de incorporar a la totalidad del poema. La mejor paráfrasis, probablemente, nos obligaría a reconocer aquí una transición al tema del comportamiento de los impíos, indicándose que cuando los jueces (los caudillos) de los enemigos sean destruidos, se reconocerá la verdad de las palabras del salmista (6). El versículo 7 también es oscuro, pero parecería describir la desolación de los justos, de carácter transitorio. Pero aún así, en las circunstancias más adversas de la vida, el salmista pone su confianza en Jehová, pues sabe que no será dejado en la desolación (8).

3. El peligro que proviene de los obradores de maldad (141:9–10)
Los versículos con que concluye el salmo son una oración en la cual se pide ser librado de las sutiles trampas que los obradores de iniquidad tienden a los justos. Los impíos caerán a una de sus redes, mientras que el varón de Dios pasará adelante (10).


Salmo 142: DEL CONFLICTO AL TRIUNFO, 142:1–7

Esta es otra lamentación en la cual el salmista derrama su corazón delante de Dios, en oración. El epígrafe la identifica como un “masquil de David” (véase la introducción al Salmo 32) “cuando estaba en la cueva”, una referencia similar a la que encontrábamos en el Salmo 57 (q. v.). El autor siente que su situación es desesperada; pero la acción misma de orar vuelve sus pensamientos a la liberación que anhela de manera ardiente. “Es notable el hecho de que pese a sus sufrimientos, el salmista no pronuncie palabra alguna que pueda sonar como un grito de venganza, actitud bastante frecuente en otros salmos.”

1. El problema del salmista (142:1–2)
Viéndose en un profundo conflicto, el poeta clama al Señor. Hay dos referencias específicas al hecho de que se trata aquí de una oración en voz alta (1). Oesterley comenta: “Vale la pena pensar en el valor de la práctica que aquí se enseña de pronunciar en voz alta las oraciones privadas … No puede negarse que el sonido de la propia voz, en la oración solitaria, tiende a favorecer el realismo y la sinceridad. Ayuda a visualizar la proximidad de Dios, cuya aprehensión debe ser el anhelo de todo creyente verdadero … Otra cosa que este hermoso aunque pequeño salmo nos enseña es la bienaventuranza que se encuentra al hablar con Dios de los problemas y conflictos en que nos vemos envueltos; la conversación íntima y directa con Dios es un medio de la unión con El, que santifica la vida y todas las actividades del creyente.” Delante de él expondré mi queja (2) —el lugar en donde corresponde, verdaderamente, que volquemos todas nuestras “quejas”.

2. La oración del salmista (142:3–5)
El contenido de la oración se manifiesta en palabras que están dirigidas a Dios mismo. En el momento del más profundo conflicto, Dios conoce su senda (3). Que Dios conozca no significa simplemente que esté informado o se haya enterado de algo, sino que se interesa y le preocupa. Me escondieron lazo indica la sutileza de sus perseguidores. Toda ayuda humana ha fracasado. Mira a mi diestra y observa (4), donde debiera encontrarse un consejero o defensor, pues no hay quien me quiera conocer. Quien me quiera conocer significa alguien que admita que lo conoce. Estaba completamente solo. No hay quien cuide de mi vida es una queja de sumo patetismo. Los cristianos, que viven preocupados por la salvación de sus seres amados o sus vecinos, pueden perfectamente hacerse el propósito de no permitir jamás que nadie que pueda caer dentro de su esfera de influencia necesite jamás repetir estas palabras. En su desolación, el salmista se vuelve a Dios. Abandonado por todos los hombres, todavía es capaz de testimoniar: Tú eres mi esperanza, y mi porción en la tierra de los vivientes (5). Moffatt traduce estas palabras diciendo: “Tú eres mi ayuda, y te tengo a ti como propio en la tierra de los vivientes.”

3. La esperanza del salmista (142:6–7)
La oración asume una urgencia adicional y expresa algunos pedidos específicos de cosas que el poeta necesitará en el futuro. Concluye con una expresión de fe. Desde las honduras, el poeta clama por la liberación de su vida del poder de sus perseguidores (6). Saca mi alma de la cárcel (7) ha sido interpretado por algunos como una referencia bien concreta al encarcelamiento del autor, como pudiera haber sido en el caso de Jeremías, que fue puesto en prisión por causa de su fe. Pero también puede usarse de manera figurativa como un pedido de liberación en una situación de extremo conflicto. Aislado de sus compañeros, tal como se encuentra, el escritor anticipa con esperanza el momento cuando lo roderarán los justos, ofreciéndole su consuelo y sostén. Sabe, de todos modos, que el Señor le será propicio, o sea, que lo tratará con bondad.


Salmo 143: ANHELANDO Y VIVIENDO POR EL SENOR, 143:1–12

Este salmo es el último de los siete “salmos penitenciales” (véase la Introducción). Expresa la petición del penitente en el sentido que “el juicio sea entibiado con misericordia”. La desolación del espíritu del salmista va unida con su determinación a hacer la voluntad de Dios, en la medida en que el Señor lo capacite para ello. Siendo que este salmo toma prestados muchos pensamientos y expresiones de otros salmos anteriores, Perowne interpreta el epígrafe en el sentido de que identifica un poema escrito “en el espíritu y el estilo de los salmos davídicos”, y no como una referencia de autoría. Y agrega: “Nos da testimonio, para nosotros, de la profundidad y realidad de la vida religiosa en los períodos posteriores de la nación hebrea, y una evidencia, también del modo como esta vida fue inspirada y enriquecida por las palabras de David y los otros salmistas y profetas de la antigüedad.”

1. El anhelo de Dios (143:1–6)
El salmo comienza con un pedido de audiencia dirigido a Dios, implorando, al mismo tiempo, la respuesta del Señor en su verdad y justicia (1). Al mismo tiempo que acepta su culpa, el salmista pide a Dios que no entre en juicio con él (2). Harrison lo interpreta del siguiente modo: “No me hagas poner de pie para dictar tu sentencia.” Porque no se justificará delante de ti ningún ser humano —este es un principio fundamental en la teología tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo. “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Ro. 3:23). “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos” (Ro. 11:32); “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros” (1 Jn. 1:10). Por otro lado, estas palabras no deben interpretarse como una negación del triunfo de la gracia en la vida humana, o como argumento a favor de una religión donde se puede seguir pecando siempre, porque Dios siempre nos perdona. Significan exactamente lo que dicen, y no otras cosas que no dicen.
El poeta ve en la opresión con que lo afligen sus enemigos una carga más, permitida, posiblemente, por sus propios fracasos espirituales (3). Ha postrado en tierra mi vida se traduciría mejor por “ha pisoteado mi vida contra la tierra” (Harrison). Habitar en tinieblas como los ya muertos refleja el concepto predominante de un Seol, el lugar de los muertos, donde prevalecen las tinieblas y las sombras. Aun en vida, el poeta prueba la amargura y privación de la muerte. Su espíritu, por lo tanto, se angustió (4), o literalmente, desmayó; y su corazón está desolado, “perdí la sensibilidad en mi interior” (Moffatt).
En tales circunstancias, recuerda días antiguos y más felices (5). Medita en las obras de Dios y eleva a El sus manos (6) en oración, como gesto que expresa el anhelo de su alma. Su sed de Dios es como la sed de la tierra desértica por el agua refrescante y las fuentes de la lluvia. Con respecto a Selah véase el comentario sobre 3:2.

2. Vivir para el Señor (143:7–12)
El carácter penitencial del salmo no se refleja solamente en el sentimiento de desolación espiritual y sed de Dios que manifiesta. También aparece en la sincera oración por la gracia de vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, de manera agradable a El. No hay penitencia genuina si no va acompañada del propósito de enmendar la vida. La tristeza por los pecados cometidos puede no ser mucho más que “la tristeza del mundo” si no va acompañada del deseo genuino de actuar de otro modo en el futuro (2 Co. 7:10). El salmista ve claramente que de no mediar un pronto socorro (7) será semejante a los que descienden a la sepultura —palabras tomadas de 28:1. La sepultura es un sinónimo de Seol, el lugar de los muertos, que era concebido como una región subterránea, ubicada en alguna región inferior, debajo de la tierra.
El versículo 8 pide una revelación de la misericordia de Dios por la mañana, y que Dios le haga saber el camino por donde ande. Se espera recibir respuesta a estas peticiones por medio de la fe y la oración continua: En ti he confiado … a ti he elevado mi alma. La misericordia (chesed) significa gracia, el amor que resulta del pacto, o “un amor seguro, firme” (RSV); véase el comentario a 17:7. Por la mañana es una alusión a la luz que ha de seguir a la negrura de la noche de la desesperación, en cuyos momentos más tenebrosos el poeta todavía estaba viviendo. La liberación y el refugio se encontrarán ambos en Dios y solamente en El (9).
Enséñame a hacer tu voluntad (10) es una oración valiosa para cualquier alma devota. El cumplimiento de la voluntad de Dios es el mayor bien que el alma puede conocer. El hecho de que Jehová sea el Señor, Dios, hace que su voluntad sea al mismo tiempo un deber y el deleite de su pueblo. Con respecto a Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud se ha comentado de la siguiente manera: “Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Ro. 8:14). La tierra de rectitud es, literalmente, “la tierra de la llanura”. Vivificar (11) significa “devolver a la vida” o “dar la vida”. Esta “nueva oportunidad” para vivir y la liberación de toda angustia se imploran en el nombre de Dios y su justicia. Oesterley comenta sobre disiparás a mis enemigos (12): “El carácter edificante del salmo resulta en cierta medida perjudicado por el espíritu amargo que pone de manifiesto en este último versículo; el tratamiento cruel que está sufriendo en manos de sus enemigos (véase v. 3) debe aducirse como causa atenuante.”


Salmo 144: BENDICIONES NACIONALES, 144:1–15

Este salmo se clasifica a menudo entre los salmos “reales” y trata, como otros de este tipo, cuestiones atinentes a la vida de la nación. El título o epígrafe lo relaciona con David, posiblemente por su similitud con el Salmo 18 y por el uso del nombre de David en el verso 10. Es un poema que tiene una gran significación para nuestros días, puesto que expresa algunas de las condiciones morales y espirituales sobre las que descansa el auténtico bienestar de los hombres y las naciones.

1. El Señor es nuestra fortaleza (144:1–2)
Dios es bendecido por constituir la roca del salmista (1), y su misericordia, castillo, fortaleza, libertador, escudo (2) el objeto de su confianza y aquel que sujeta el pueblo a su gobierno. Todos estos son elementos sacados de 18:1–2, 34, 47. Son todas expresiones de alguien que está acostumbrado a hacer la guerra en una región montañosa. El salmista atribuye su habilidad guerrera a la instrucción de Dios. Aun cuando el sentido original debe entenderse en su aspecto más literal, se hace referencia a ideas que tienen, todas ellas, aplicación en la lucha del cristiano (véase 2 Co. 10:3–5; Ef. 6:10–17).

2. La debilidad y maldad del hombre (144:3–8)
El versículo 3 mantiene una relación obvia con 8:4, pero tiene como propósito, aquí, señalar la fragilidad y transitoriedad de la vida. Semejante a la vanidad (4) significa, literalmente, “como un aliento”; Harrison traduce “una bocanada de viento”; tan insubstancial como una sombra que pasa. Con esta debilidad contrasta el poder de Dios que se manifiesta en la naturaleza. Inclina tus cielos (5) se refiere, probablemente, al descenso amenazante de las nubes, antes de una tormenta. Otras manifestaciones terribles de poder que se evocan aquí son la erupción de volcanes y el rayo: Toca los montes y humeen … envía tus saetas y túrbalos (6), el estruendo que relampaguea y las flechas de la ira divina que son capaces de destruir al hombre y a sus obras.
La debilidad del hombre sólo tiene paralelo en la maldad de la que es capaz, y la oración del salmista es que Dios lo libre de ésta última. Tu mano (7) simboliza el poder de Dios. Muchas aguas es la imagen que simboliza la inundación de dificultades y conflictos. Hombres extraños significa extranjeros, forasteros. La boca de los hombres habla vanidad y ni siquiera puede confiarse en sus juramentos (8). Cuya diestra es diestra de mentira se refiere a la mano derecha que se levanta al prestar juramento; Harrison traduce: “Su mano derecha acuerda traición.” ¡No sólo la palabra del hombre no vale lo que su firma, sino que ni siquiera su firma vale para algo!

3. Una canción nueva (144:9–10)
Con tanta confianza el poeta prevé su victoria sobre todos sus enemigos que se compromete a cantar un cántico nuevo (9) acompañado con salterio y con decacordio (éste, literalmente, es “una arpa con diez cuerdas”, véase el comentario sobre 32:2). La medida en que se utilizaba tanto la música vocal como la instrumental en la alabanza de Dios puede deducirse con la mayor claridad de 150:3–5. Dios da la victoria y rescata de maligna espada … a su siervo (10), “espada de mal” (Berk.), “espada cruel” (Harrison). Una nota al pie que aparece en la Versión Berkeley recuerda que ésta ha sido interpretada como referencia a la espada de Goliat.114 Representa, en un sentido más amplio, cualquier espada o poder militar que sirve al mal.

4. Una nación feliz (144:11–15)
El versículo 11 forma parte de la estrofa precedente, según la mayoría de los comentaristas y la Versión Reina-Valera. Se trata de la condicion para el bienestar de la nación, sin embargo, y por ello tiene más que ver (temáticamente) con la estrofa siguiente. Es una repetición del contenido de los versos 7–8 (cf. los comentarios a estos versículos). Las bendiciones de la vida nacional están relacionadas directamente con el bienestar de los hijos y las hijas (12) y con el bienestar temporal (13–14). Sean nuestros hijos como plantas crecidas en su juventud (12) puede significar “rectos y fuertes como retoños” (Moffatt) o “plantas que se desarrollan rápidamente en sus primeras etapas de crecimiento”. Nuestras hijas como esquinas labradas significa, sin duda, hijas tan hermosas como las piedras ornamentadas que adornaban los palacios en sus esquinas, e implica un aspecto erguido y digno. “La primera consideración del salmista sobre una sociedad ideal tiene que ver con las personas. Solamente después hablará de los graneros repletos y los campos cubiertos de ganado.”
La escena que se describe en 13–14 resulta natural si pensamos que el pueblo hebreo practicaba una economía rural y su riqueza consistía en sembradíos, rebaños y majadas. En nuestras plazas (14) debiera decir “en nuestros campos” (Berk.). Graneros llenos (13), ganados fértiles y bueyes (14) fuertes representan una economía próspera, una sociedad rica. Aun en esas condiciones, sin embargo, es necesaria la paz, y la estructura moral subyacente es de fundamental importancia para que todo esto pueda disfrutarse de manera plena. No tengamos asalto, ni que hacer salida significa “que no haya invasiones hostiles de nuestro territorio; ni se abran huecos en las murallas de la ciudad, por donde el enemigo pueda entrar” (Neh. 6:1) … “Que no haya que salir para rendirnos al enemigo” (Am. 4:3; 2 R. 24:12) o “salir en cautiverio” (Jer. 29:16), o “salidas para rechazar los ataques del enemigo”. Ni grito de alarma en nuestras plazas también se ha traducido “Que no haya disturbios en las calles de nuestras ciudades” (Harrison).
Esta es la visión antiguotestamentaria de una “gran sociedad”. Bienaventurado el pueblo que tiene esto (15). Pero la bienaventuranza (felicidad) es el destino solamente de aquellos pueblos que tienen como Dios a Jehová. Más importantes que las bendiciones de la riqueza y una sociedad estable son las bendiciones de la lealtad al Dios verdadero y viviente. Los cimientos sobre los que ha de reposar toda la estructura de la vida nacional deben estar apoyados bien hondo en la roca sólida de la santa ley de Dios. Es cierto que “la justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones” (Pr. 14:34).


Salmo 145: “GRANDE ES JEHOVA”, 145:1–21

El Salmo 145 es el último de los salmos acrósticos o alfabéticos. Cada uno de los versículos comienza con una de las letras del alfabeto hebreo, en forma sucesiva, excepto por la letra nun que debiera encontrarse entre los versos 13 y 14 pero falta. Es interesante señalar que la LXX tiene un versículo adicional en este lugar, que dice: “El Señor es fiel en sus palabras, y santo en sus obras.” La versión hebrea de estas palabras comenzaría con nun y es muy probable que estuviera en el manuscrito hebreo que poseían los traductores de la LXX.117 El título de este salmo es único en su tipo, utilizando la palabra tehillah, “alabanza” o “himno”; el plural de este término (tehillim) es la designación hebrea del salterio.
En la liturgia judía el Salmo 145 se utiliza en las oraciones diarias del año religioso. Simpson observa: “Es muy fácil darse cuenta cómo este salmo llega a ocupar un lugar tan importante en la liturgia judía. Cada día del año se lo lee dos veces en los servicios de la mañana y una vez en el vespertino. La grandiosidad de Dios y su amor constante por todos los que lo reverencian son sus temas recurrentes. Y llega a su culminación en el pronunciamiento de que no sólo Israel (‘mi boca’) sino toda la humanidad (‘toda carne’) ‘bendecirá su santo nombre para siempre’.” Oesterley afirma: “Como himno de alabanza a Dios, este salmo se destaca como, probablemente, el más hermoso en el salterio entero. Aquello que debe atraernos más, y lo que más debemos esforzarnos por comprender es el intento afanado de su autor por describir la gloria de Dios.”119

1. Un himno de alabanza (145:1–7)
La primera estrofa se dirige de manera directa a Dios como un himno de alabanza que lo exalta como Rey (1). La bendición del nombre de Dios es justa cada día … eternamente y para siempre (2). La grandeza de Dios es inescrutable (3), o “ilimitada” (Harrison). Las obras de Dios serán celebradas de generación a generación, anunciando sus poderosos hechos (4). Aquí tenemos otro de los pasajes bíblicos fundadores de la educación cristiana. El poeta menciona la gloria (el “esplendor”, Berk.) de tu magnificencia (5). La afirmación: Del poder de tus hechos estupendos hablarán los hombres (6) se traduce mejor en “Hablarán del poder que está por debajo de tus milagros” (Harrison). Las acciones divinas inspiran terror y maravilla en su pueblo. La inmensa bondad (7) de Dios será recordada, y los hombres cantarán tu justicia.

2. La bondad y la gracia de Dios (145:8–9)
Aquí tenemos palabras que se refieren a Dios, a diferencia de los primeros versículos que están dirigidos directamente a El. Esta magnífica descripción de la amante misericordia y gracia de Dios ha sido extraída principalmente de la revelación que Dios hizo de Sí mismo a Moisés según Exodo 34:6–7. Clemente … es Jehová (8) quiere decir literalmente “amable, favorable” y grande en misericordia es “atento a nuestros sentimientos” o “capaz de identificarse con nosotros” (Harrison, en inglés: sympathetic). Es lento para la ira, y grande en misericordia (de “gran misericordia”, Moffatt). Bueno es Jehová para con todos (9) al proveer a sus necesidades, puesto que sus misericordias se extienden sobre todas sus obras.

3. El pueblo de Dios declara su gloria (145:10–16)
Las obras y los santos (“tus fieles seguidores”, Moffatt) de Dios unen sus voces para declarar la alabanza del Señor (10). Se magnifica, en particular, la gloria del reino de Dios y su poder (11), su magnificencia (12) y su señorío (13). Todos éstos deben ser dados a conocer a los hijos de los hombres (12), es decir, a toda la humanidad. Con respecto al verso 14 Perowne escribe: “La gloria, la majestad, la eternidad del reino de Dios, de los que tanto se ha dicho, ¿cómo se manifiestan? ¿en dónde se hace más evidente que en ningún otro lado la excelencia sobresaliente de este reino? No, por cierto, en los símbolos del poder terrenal y el orgullo, sino en la graciosa condescendencia de Dios para con los caídos y los aplastados, en el bondadoso cuidado con que se ocupa de las necesidades de todas las criaturas vivientes.”

Todas tus criaturas miran a ti,
Esperando de tu mano su alimento llegada la estación,
Y de tu mano abierta reciben, por cierto,
Ocasión para regocijarse en tu favor (15–16, Moffatt).

El salmista tenía perfecta consciencia de que “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Stg. 1:17). Y quiere que nadie olvide que todas las cosas buenas que poseen son dones de Dios.

4. La ayuda de Dios está disponible (145:17–21)
El poeta no se detiene en la descripción de la provisión divina en la naturaleza para las necesidades de todos. Describe, ahora, la ayuda de Dios en las necesidades y crisis morales de la vida. La justicia y la santidad de Dios (17) son tanto la pauta como la esperanza de los hombres. Dios está cerca de todos (18) los que le invocan de veras (“sinceramente”, Harrison). Los únicos requisitos son una auténtica necesidad y un corazón honesto. Cuando el salmista escribió, cumplirá el deseo de los que le temen (19) era consciente, por supuesto, de que no todas las oraciones son contestadas de manera afirmativa o de inmediato. Sin embargo, quienes verdaderamente le temen, buscan constantemente poner sus deseos en armonía con la voluntad de Dios. No es por falta de fe que se ora pidiendo: “No sea como yo quiero, sino como tú” (Mt. 26:30). El Señor oirá … el clamor de ellos y los salvará por medio del tipo de ayuda que sea adecuada para responder a su necesidad inmediata. La preservación es la recompensa de quienes aman a Dios, mientras que la destrucción es el destino de los impíos (20). El salmista, por su lado, proclamará la alabanza de Jehová en voz alta (mi boca, 21) e invita a todos (“toda carne”: todos los seres vivientes) a bendecir su santo nombre eternamente y para siempre (21).


Salmo 146: DIOS ES NUESTRA AYUDA, 146:1–10

Este es el primero de las “Aleluyas” (146–150), llamados de este modo porque son un grupo de salmos que comienza y concluye con la palabra hebrea Hallelu-Ya, “Alabad a Jehová”. Los cinco se han usado diariamente en el servicio matutino en las sinagogas desde tiempos muy antiguos. M’Caw escribe: “Las canciones que van del 146 al 150 forman una elaborada y amplia doxología que pone corona al salterio entero. El elemento de petición y de necesidad personal desaparece por completo; el factor histórico en la experiencia de la nación queda reducido a un papel secundario. Estos salmos son esencialmente cánticos de alabanza y su característica se pone de manifiesto bien claramente en el significado de la palabra ‘Aleluya’ que prologa y epiloga cada una de las composiciones que forman este grupo. En todos los casos es el Señor quien recibe la alabanza, pero los atributos o las acciones divinas que evocan esta alabanza son diversos en cada uno de los poemas.”
En varios aspectos el Salmo 146 se asemeja al 145. Las similitudes más importantes se encuentran en el verso 2 (145:2); en los versos 5, 7 (145:15); en el versículo 8 (145:14) y en el verso 10 (145:13). Se ha sostenido que los versículos describen condiciones típicas de la época de Nehemías y aún posteriores. Sin embargo, una de las tentaciones constantes de Israel, desde los tiempos de Salomón en adelante, fue poner la confianza en el hombre y en las alianzas con potencias extranjeras en lugar de confiar en el Señor. Y esta no es, por cierto, una tentación desconocida en nuestros días.

1. Nuestra única ayuda (146:1–4)
El salmo, como se ha señalado en la introducción, se inicia con las palabras Halellu-Yah, Alaba … a Jehová (Jah es una contracción frecuente de Yahweh, o Jehová), el nombre propio del Dios verdadero y viviente. Esta palabra (los masoretas o escribas que copiaban las Escrituras siempre la escribieron como una sola palabra) aparece en el Antiguo Testamento solamente en los Salmos, donde lo hace por primera vez en 104:35. Ha sido introducida en nuestro idioma como una expresión de alabanza a Dios, “¡Aleluya!” El salmista compromete su constante alabanza a Dios mientras viva (2). Ni príncipes ni hijo de hombre son capaces de ayudar en las grandes crisis de la vida. Hijo de hombre significa aquí “un mero mortal” (Moffatt). Tanto el noble como el plebeyo están destinados a volver a la tierra (4), es decir, “al polvo” (Harrison). Es verdad que la luz de la inmortalidad era muy exigua en los tiempos antiguotestamentarios. Sin embargo, en ese mismo día perecen sus pensamientos no significa que el hombre se extinga en el momento de la muerte, o pierda su consciencia personal. Significa, antes, que sus propósitos y planes quedan reducidos a la nada.

2. Dios es capaz (146:5–10)
En contraste con la debilidad y mortalidad del hombre tenemos la grandeza y la eternidad de Dios. Bienaventurado (5), por cierto, es aquel que tiene al Dios de Jacob por ayuda suya (“para ayudarle”, Harrison). Su esperanza no reposa en el poderío aparente e ilusorio de los hombres sino en Jehová su Dios, el Creador del Universo y todo lo que éste contiene (6). Guarda verdad para siempre significa (como en otras traducciones) “se mantiene fiel siempre” (Berk.). “Esta palabra, emeth (verdad) está relacionada íntimamente con la palabra que significa ‘fidelidad’ (emunah) y aquí denota el mantenimiento de la promesa y la fidelidad al pacto en el sostén providencial, en su poder, del Universo creado.”
La fidelidad de Dios se ve en que haga justicia a los agraviados (7) y dé pan (alimento) a los hambrientos, liberte a los cautivos, abra los ojos a los ciegos (8) y levante a los caídos, a los que están postrados por la tristeza o la desesperación. Es bien evidente el paralelo de este versículo con Isaías 61:1 y con los milagros de Jesús. El Señor ama de manera particular a los justos. Guarda a los extranjeros (“a los extranjeros desvalidos”; Moffatt, 9); y “alimenta al huérfano y a la viuda” (Harrison). Pero el camino de los impíos trastorna, frustrando sus malos propósitos y haciendo recaer sobre ellos mismos los propósitos nefastos con que se han propuesto dañar a otros. La soberanía eterna del Dios de Sion es la garantía de que es capaz de hacer lo que ha prometido (10). Resulta impresionante de manera especial, en estos versículos, la reiteración (10 veces) del nombre de Dios, Jehová. Aleluya, en el último versículo, es “alabad a Jehová”.


Salmo 147: EL PODER INCONMENSURABLE Y LA GRACIA SIN PARALELOS, 147:1–20

En el Antiguo Testamento griego (la LXX), el Salmo 147 aparece como dos poemas, separados entre el verso 11 y el 12. Sin embargo, no hay diferencia entre los versículos que preceden y siguen a esta división como para justificar separarlos, o por lo menos la diferencia no es mayor de la que podría establecerse en otros salmos. La amplia gama de las diversas acciones benéficas de Dios es el tema de todo el salmo. Oesterley dice: “El desborde de un corazón tan lleno de gratitud por las señales de la solicitud divina ha de recomendar este salmo a todos los que, como el salmista, son capaces de ver por debajo de las cosas que suceden en el mundo, sea en la naturaleza o entre los seres humanos, la obra, por infinitesimal que parezca a veces, de un plan divino de acción.”

1. El poder de Dios en la redención (147:1–6)
Alabad a JAH es Hallelu-Yah, Aleluya (véase el comentario sobre 146:1). La construcción es diferente aquí, por cuanto “Alabad a JAH” no está separada, como un llamado a la alabanza (así se lo encuentra en otros salmos), sino que forma parte de la primera oración del salmo. Es bueno, o sea, es lo que corresponde, lo correcto, y suave (una fuente de gozo) cantar salmos a … Dios (cantar alabanzas). La alabanza es hermosa, es decir, lo justo y adecuado tratándose de Dios.
A continuación se enumeran las muy diversas dimensiones de la obra divina: edifica su santa ciudad y reúne a los exiliados de Israel (2). Cura a los quebrantados de corazón y venda sus heridas (3). Dios cuenta (numera o determina el número) el número de las estrellas (4), y las llama por sus nombres. El poder de Dios es mucho y su entendimiento es infinito (5). Harrison traduce este versículo de la siguiente manera: “Nuestro Señor es grande, abunda en poder, es infinita su sabiduría.” Exalta a los humildes (6), pero humilla a los impíos hasta la tierra.

2. El poder de Dios en la naturaleza (147:7–11)
La segunda estrofa desarrolla, principalmente, el poder de Dios según se manifiesta en los fenómenos naturales. La estrofa comienza con otro llamado a cantad a Jehová con alabanza (7). Cantar con arpa quiere decir, con acompañamiento de arpa (kinnor), un instrumento pequeño de cuerdas, el más antiguo y más común de todos los que se mencionan en la Biblia. Se ha de alabar a Dios por producir la lluvia, haciendo que, de este modo, los montes produzcan hierba (8) y la bestia y el ave dispongan de mantenimiento (9). Sin embargo, no complacen a Dios la fuerza del caballo ni la agilidad del hombre (sus habilidades atléticas), sino aquellos que le temen y los que esperan en su misericordia (11). Todo lo que ofrece la naturaleza tiene como objeto hacer que el hombre adore a su Creador y confíe en El.

3. El poder de Dios en la historia y la providencia (147:12–20)
En esta estrofa se citan diversas fases de la obra de Dios en la historia como razones por la cuales Jerusalén y Sion deben alabar a Jehová (12). Fortificó los cerrojos de tus puertas (13; las defensas de la ciudad) y bendijo a sus habitantes. Dio paz y lo mejor del trigo como alimento a los suyos (14). Para la guía y salud moral y salud del hombre, Dios envía su palabra a la tierra, que corre … velozmente. La Versión Berkeley traduce esta línea diciendo: “Su palabra recorre velozmente su camino.” La nieve, la escarcha, el hielo y el frío están sujetos a su voluntad (18). El hombre no puede hacer nada para evitar los fríos extremos, pero basta que Dios diga una palabra y el hielo se derrite. Pero lo mejor y más importante de todo esto, es que Dios ha manifestado sus palabras a Jacob, sus estatutos y sus juicios a Israel (19). Hamilton interpreta este versículo como “Declaró a Jacob sus promesas, y sus estatutos y decretos a Israel.” No ha hecho así con ninguna otra de las naciones (20) quiere decir que ninguna de las otras naciones de la tierra ha sido tan favorecida como la nación judía. Israel tendía a olvidar que la abundancia de luz significa mayor responsabilidad, y que Dios lo eligió más para que los sirviera que como un privilegio. Con respecto a Aleluya (20) véase el comentario sobre 146:1.


Salmo 148: “ALELUYA, ALABAD A JEHOVA”, 148:1–14

Este hermoso poema es notable por su ordenada estructura y por su visión de la adoración que Dios recibe de sus huestes angelicales. Ha llegado a convertirse en la base bíblica de un himno evangélico bien conocido para el cual William J. Kirkpatrick hizo la música. En general, comienza en los cielos y va pasando, gradualmente, a la tierra, llamando a todos a la alabanza de Dios.

1. Alabad a Dios desde los cielos (148:1–6)
Alabad a Jehová quiere decir “¡Aleluya!” Véase el comentario sobre 146:1. En los versículos del 1–4 hay una serie de hallelu (alabad) que invitan a la alabanza de Dios desde los cielos y en las alturas (1), a todos sus ángeles y todos sus ejércitos (2) al sol, la luna, a las lucientes estrellas (3) y los cielos de los cielos (los cielos más altos), y las aguas que están sobre los cielos (4), las cuales son, según Génesis 1:6–7, la fuente de las beneficiosas lluvias.

¡Aleluya, alabad a Jehová!
Desde los cielos alabad su nombre.
¡Alabad a Jehová en las alturas;
Todos sus ángeles, proclamad alabanza!
¡Todas sus huestes, unidas alabadle
Sol y luna y altísimas estrellas!
¡Alabadle vosotros cielos de los cielos,
Y vosotras las aguas por encima de los cielos!

La invitación a la alabanza se funda en el hecho de la obra creadora de Dios —Porque él mandó, y fueron creados (5). En toda la Biblia, es la palabra de Dios la que llama al ser y la existencia al Universo infinito (“Y Dios dijo…” —Gn. 1:1, 6, 9, 11, etc.; He. 1:3; 11:3).

Que rindan alabanza a Jehová
Pues su mandamiento les dio el ser.
Es El quien los estableció para siempre;
Su decreto fue y seguirá siendo eternamente.

2. Alabad a Dios desde la tierra (148:7–14)
El poeta se vuelve a la tierra y llama a los monstruos marinos (7) y las profundidades oceánicas para que se unan en la alabanza de Dios. El fuego y el granizo, la nieve y el vapor (la niebla); y el viento de tempestad son convocados a alabar el nombre de Dios cumpliendo con el mandato de su palabra (8). La naturaleza inanimada (9) y la animada (10), junto con los hombres de todas las clases y de todas las edades (11–12) son convocados para la alabanza del Señor.

Desde toda la tierra, alabad a Jehová,
Vosotros los mares, vosotros los dragones;
Fuego y granizo, nieve y brumas;
Vientos tempestuosos que respondéis a su voz.
Todos vuestros árboles fructíferos,
Todas vosotras, montañas y collados,
Animales que se arrastran, bestias y ganados,
Aves que surcáis los cielos majestuosos;
Reyes de la tierra y todas vosotras gentes,
Grandes príncipes, todos los jueces de la tierra;
Alabad su nombre, hombres y mujeres jóvenes,
Ancianos, y niños todos, alabadle.

Ha de alabarse el nombre de Dios, símbolo de su naturaleza íntima, porque sólo su nombre es enaltecido (13) —“Sólo su nombre es enaltecido y supremo” (Amp. Bible). Ha exaltado el poderío de su pueblo (14) significa que les ha hecho más fuertes y ha elevado su poder. Sus santos y el pueblo a él cercano son expresiones paralelas, es decir, hay un sentido en el cual “los santos” pueden definirse como “el pueblo que está cerca de Dios”. Con respecto a Aleluya (Hallelu-Yah) véase el comentario sobre 146:1.

Den alabanza a Jehová
Porque sólo su nombre es enaltecido,
Sólo su gloria exaltada …
Más allá de la tierra y el cielo.


Salmo 149: ORACION POR LA SALVACION Y LA REVINDICACION, 149:1–9

Este salmo breve presenta, en sus dos estrofas, tonalidades emocionales fuertemente contrastantes. En los primeros cuatro versículos tenemos un hermoso llamado a la adoración. En los últimos cinco, hay una fuerte nota de juicio contra los enemigos del pueblo. Aun cuando no hay nada en el poema mismo qué indique una fecha particular en la historia de Israel que pueda servir como ocasión de este salmo en particular, algunos intérpretes piensan que se lo debe haber compuesto para celebrar una victoria sobresaliente. Taylor, por su lado, cree que la victoria tiene que ver con la liberación de Israel de alguna aflicción muy grande, y no necesariamente ser una victoria militar.130

1. Alabanza a Dios por la salvación (149:1–9)
Con respecto a Aleluya, en el epígrafe, véase el comentario sobre 146:1. La canción que se ofrece a Dios debe ser un cántico nuevo (cf. 144:9; Is. 42:10), no para quitar vigencia a los cánticos antiguos, sino para celebrar con nuevas palabras la bendición renovada de Dios a su pueblo. La congregación de los santos es el equivalente, en el Antiguo Testamento, de la Iglesia en el Nuevo Testamento. Ha de adorarse a Dios como Creador y como Rey (2). La danza (3) religiosa, que no debe ciertamente confundirse con la denominada “danza moderna”, y la música gozosa han de usarse como medios para loar la gloria divina. El pandero era una especie de pandereta que “se sostenía con una mano y se golpeaba con la otra. Se usaba como acompañamiento para el canto o para la danza (Ex. 15:20). Siempre se lo asocia, en el Antiguo Testamento, con la alegría y el regocijo”. Sobre arpa véase el comentario a 33:2. La razón de toda esta alabanza se declara en un versículo de extraño encanto: Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo; hermoseará a los humildes con la salvación (4). En su contexto inmediato estas palabras se han interpretado como una referencia a la victoria que se menciona en la estrofa siguiente. Por eso la RSV, por ejemplo, traduce, “Adorna al humilde con victoria”; y Harrison la interpreta como: “Adorna al humilde con triunfo.” Sin embargo, en su significado bíblico pleno la salvación es como “un tratamiento de belleza” para el carácter, y no muy pocas veces también para el rostro y la figura.

2. Alabanza a Dios por la revindicación (149:5–9)
Los santos deben regocijarse por su gloria (5) o, según la traducción de Moffatt, “exulten por su triunfo”, alabando a Dios por la salvación y la liberación que se mencionaban en el versículo anterior. Y canten aun sobre sus camas significa “sobre las camas en las que lloraron lamentándose durante los días de su opresión”. Tendrán la alabanza a Dios en sus gargantas, y espadas de dos filos en sus manos (6). Los lectores del Nuevo Testamento recordarán la referencia a la Palabra de Dios como una “espada de dos filos” (He. 4:12) y “la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Ef. 6:17). El destino de los enemigos de Dios será la venganza y el castigo (7), con grillos y cadenas se los aprisionará (8) y se ejecutará sobre ellos el juicio decretado (9). Gloria será esto para todos sus santos debiera decir: “El Señor es la gloria de todos sus santos” (Amp. Bible). Con respecto al Aleluya de la última línea, véase el comentario sobre 146:1.


Salmo 150: DOXOLOGIA: “ALABAD A DIOS”, 150:1–6

El último salmo del libro de los Salmos es una adecuada doxología que corona la totalidad del salterio. Es muy probable que se la haya compuesto exclusivamente con este objeto. Morgan la denomina, “La más inclusive e iluminadora de las ilustraciones de la alabanza perfecta en todo el salterio”. Oesterley escribió: “Las vetas triunfales que resuenan en esta aleluya final dan conclusión de manera justa y noble a todo el salterio, la mayor sinfonía de alabanza a Dios que jamás se haya compuesto sobre la tierra.”134 De manera incidental, por otro lado, es una evidencia clara del uso abundante de la música instrumental que se hacía en el templo de Jerusalén.

1. Llamado a la alabanza (150:1–2)
Alabad a Dios (1; Hallelu-Yah) es aleluya. Véase el comentario sobre 146:1. Dios ha de ser alabado tanto en su santuario como en la magnificencia de su firmamento (“en su majestuoso cielo”, Harrison). Ha de alabárselo por sus proezas y por la muchedumbre de su grandeza (2), es decir, “por sus hechos poderosos” y por “su poder soberano” (Moffatt).

2. Los instrumentos de la alabanza (150:3–6)
Son tres los tipos de instrumentos musicales que se emplean en la alabanza a Dios: de viento, de cuerdas y de percusión. Los instrumentos de viento incluyen la bocina y las flautas (3 y 4) o gaitas. Los instrumentos de cuerdas son el salterio y el arpa (3). Los de percusión incluyen el pandero y los címbalos (4 y 5) resonantes y de júbilo. La bocina (shophar), “una larga trompeta que tiene la boca vuelta hacia arriba, era el instrumento nacional de los israelitas. Se utilizaba en ocasiones religiosas y militares para convocar al pueblo”. El salterio (nebel) “era un tipo de arpa, pero su descripción exacta resulta incierta”. Con respecto al arpa véase el comentario sobre 33:2. Sobre el pandero y la danza véase el comentario sobre 149:3. Las flautas (ugab) “no se sabe muy bien qué clase de instrumentos eran, pero es probable que se tratara de gaitas agrupadas en una especie de banda”. Los címbalos (5; tseltselim) eran “dos placas de metal ahuecadas que se sostenían una en cada mano y se golpeaban entre sí”. La palabra se usa dos veces en este salmo, con adjetivos diferentes, resonantes y de júbilo (Berk. traduce “de júbilo” como “que golpean con gran ruido”). No solamente los instrumentos se usan para alabar a Dios, sino también la voz de todo lo que respira (6). Sobre el Aleluya final (Hallelu-Yah) véase el comentario a 146:1.
Kirkpatrick cita a Maclaren: “El noble epílogo del salterio hace resonar una clara nota de alabanza, que es el final de todos los diversos estados espirituales y experiencias que se registran en sus maravillosos cánticos y lamentos. Lágrimas, quejidos, el gemido de la lamentación por el pecado, meditaciones sobre los oscuros designios de la providencia, la fe que se agota y las aspiraciones que fracasan, todo esto culmina aquí. Este salmo es más que la conclusión artística-menta medida del salterio; es una profecía del final feliz de toda vida devota, y en su radiante sol sin nubes, así como en su universalidad, proclama la conclusión que espera a toda fatigada existencia, tanto la de los individuos como la del mundo: ‘Todo lo que tiene aliento’ alabará a Jehová.”

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.