Madrid, España

EL JUICIO DE DIOS SEGÚN LA BÍBLIA

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EL JUICIO DE DIOS SEGÚN LA BÍBLIA

La enseñanza bíblica sobre el juicio de Dios

J. I. Packer escribe:

“Uno no puede imaginar que el hablar acerca del juicio divino jamás era popular, pero los escritores de la Biblia hablan constantemente de ello. Una de las cosas más sobresalientes acerca de la Biblia es el vigor con que los dos Testamentos enfatizan la realidad y el terror de la ira de Dios” (Knowing God [Conociendo a Dios], pp. 134–135).

Sin embargo, este tema falta mucho en la predicación hoy en día. Un predicador famoso se jacta de que nunca predica sobre el pecado. A mi conocimiento, tampoco habla del “juicio”. Uno oye mucho acerca de la gracia, la misericordia y el perdón de Dios – eso es bueno. Pero si no cumplimos con enseñar que también es un Dios de ira, presentamos sólo una media verdad. ¡Se tiene que enseñar ambas cosas!

Ejemplos de los juicios de Dios en la Biblia

Abraham, mientras intercedía por Sodoma, clamó: “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” (Génesis 18:25). Hebreos habla de “Dios el Juez de todos …” (Hebreos 12:23). Dios es el Juez de todos, y sus juicios incluyen a toda la humanidad. Por ejemplo:
— Dios juzgó a Adán y Eva, sacándolos del huerto del Edén (Génesis 3).
Dios juzgó al mundo corrupto del día de Noé, enviando un diluvio que los ahogó (Génesis 6–8).
— Dios juzgó a Sodoma y Gomorra, destruyéndolas con fuego del cielo (Génesis 18–19).
— Juzgó a Egipto, Faraón y los capataces crueles, enviando las diez plagas y las aguas del mar Rojo (Éxodo 7–12, 14).
— Juzgó a Nadab y Abihú (Levítico 10); Coré, Datán y Abiram (Números 16).
— Dios envió a Israel a la cautividad en Asiria (2 Reyes 17); y Judá a Babilonia por causa de la idolatría (2 Reyes 25).
— En los tiempos del Nuevo Testamento, el juicio cayó sobre los judíos, cuando Dios permitió que Jerusalén fuera destruida (70 d.C.), porque rechazó a Jesús como el Mesías (Lucas 19:41–44; 21:20–24). También, el juicio cayó sobre Ananías y Safira porque mintieron a Dios (Hechos 5); sobre Herodes por su orgullo (Hechos 12); y sobre Elimas por oponerse al evangelio (Hechos 13). ¡Dios juzga y castiga la maldad!

Dios juzga y castiga a pecadores en varias maneras

A veces, castigaba a los hombres directamente del cielo – como el diluvio, las plagas en Egipto y Herodes Agripa I (Génesis 6–8; Éxodo 7–12; Hechos 12:21–23).
En otros tiempos, Dios usaba a soberanos paganos para castigar a Israel, como Nabucadonozor, rey de Babilonia (Esdras 5:12); y las naciones de Asiria y Roma.
Dios también usa al gobierno ordenado para ejecutar sus juicios. Pablo dice que la autoridad civil es también “servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo” (Romanos 13:4). Éste es el propósito dual del gobierno: el galardonar a los obedientes y el castigar a los desobedientes.
No obstante, no todo el juzgar se hace en esta vida. Muchos criminales nunca son aprehendidos ni sus crímenes castigados en esta vida. ¿Jamás serán castigados por sus pecados? Las Escrituras dirían: ¡Sí! J. I. Packer escribe:

“El Nuevo Testamento entero está eclipsado por la certeza del día venidero del juicio universal … El Nuevo Testamento mira hacia ‘el día del juicio’, ‘el día de la ira’, ‘la ira venidera’ ” (Knowing God [Conociendo a Dios], p. 126; Mateo 10:15; 12:36; 2 Pedro 2:9; 3:7; Romanos 2:5; 1 Tesalonicenses 1:10). Vea también Hechos 17:31; 24:25; Juan 5:29; Judas 6; 1 Juan 4:17.

Hebreos 9:27 declara: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”. La persona sabia se preparará para aquel día! Este estudio se trata de aquel gran “día del juicio”.


La ira de Dios

La ira de Dios es un concepto muy impopular hoy en día. Es una idea fuera de moda que sólo gente ignorante cree, dicen algunos. Sin embargo, la Biblia está llena de ella.

A. W. Pink escribe:

“Un estudio de la concordancia mostrará que hay más referencias en las Escrituras al enojo, la furia y la ira de Dios, que hay a su amor y ternura” (The Attributes of God [Los atributos de Dios], p. 75).

Este hecho puede ser explicado por las siguientes características de Dios.

La naturaleza dual de Dios – amor e ira.

¡El amor, la misericordia y la gracia de Dios son maravillosos! Todos los cristianos están agradecidos por estos atributos de Dios. Pero el omitir su ira es predicar un mensaje parcial. ¡Él no es o el uno o el otro; es ambos!
Pablo lo expresa plenamente en Romanos 11:22: “Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo”. Nahum 1:7 dice: “Jehová es bueno”. Y en 1:2, dice: “Jehová … se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos”. A través de las Escrituras vemos esta dualidad de Dios.
Un predicador habla de haber discutido la destrucción de Sodoma y Gomorra con una amiga. Ella dijo: “Pues, si esto es cómo Dios verdaderamente es, entonces no voy a creer en él”. Como muchos, ella rebeló contra el Dios verdadero, y deseó uno que se acomodara a sus propios deseos. Si Dios no actúa como pienso que debiera, no creeré en él. Esto es rebelión. Esto es idolatría, donde lo creado hace un dios para satisfacer su estilo de vida. (Vea Romanos 1:21–24).

El peligro de negar la ira de Dios

1. Sin ella el evangelio no tiene sentido. Uno necesita entender la ira de Dios para que la muerte de Cristo tenga sentido. Sin ella, todo el plan de salvación no tiene propósito. Su muerte es absurdo si no hay pecado. Él murió por nada si no hay castigo por el pecado (Gálatas 2:21).
J. I. Packer observa que, si se rechaza la ira de Dios:

No entenderemos el evangelio de salvación de la ira, ni el logro propiciatorio de la cruz, ni la maravilla del amor redentor de Dios … Ni podremos entender ni jota del libro de Apocalipsis; ni tendrá nuestro evangelismo la urgencia exegida por Judas – “A otros salvad, arrebatándolos del fuego” (Judas 23). Ni nuestro conocimiento de Dios, ni nuestro servicio a él, estará de acuerdo con su Palabra.

2. ¡Rechace la ira, y pronto todo el evangelio se habrá ido! William Eisenhower sugiere: “Una vez que hayamos renunciado la ira, ¿puede estar muy atrás el pecado, el juicio o la cruz? Sin el uno, los otros pierden su sentido … Una vez que hayamos abandonado la ira, toda la Biblia se hace incomprensible” (Sleepers in the Hands of an Angry God [Durmientes en las Manos de un Dios Airado], Lookout [El Centinela] [3/18/90], p. 6).

Necesitamos aceptar a Dios tal como él es – con su amor, ira, misericordia y justicia. El ver la ira de Dios trae gratitud y aprecio por nuestra salvación. Sólo en que vemos el fin del pecador podemos reconocer plenamente lo que Jesús logró en la cruz (Hebreos 9:26; 1 Pedro 2:24).

“Sólo el que conoce la grandeza de la ira será dominado por la grandeza de la misericordia” (Gustave Stahlin, citado en Stott, The Cross of Christ [La Cruz de Cristo], p. 109).

Richard Niebuhr, hace sesenta años, declaró cáusticamente que el “evangelio social” torcía el mensaje cristiano al enseñar: “Un Dios sin ira trajo a hombres sin pecado a un reino sin juicio a través de las ministraciones de un Cristo sin una cruz …” (citado en Eisenhower, Sleepers [Durmientes]). Cuando uno comienza a negar la ira de Dios, no hay donde pararse.

El carácter de la ira de Dios.

Muchos hoy en día rechazan o callan la idea de la ira porque la ven de alguna manera indigna de Dios. La ira del hombre sugiere una pérdida de auto-control, un estallido de enojo, causado por el orgullo herido, o, sencillamente, el temperamento malhumorado. Suponen que la ira de Dios es lo mismo. No lo es. Ahora, examinaremos su ira.

1. Nunca es un acto impulsivo, irritable o inmoral. La ira de Dios no es causada por algún daño a su orgullo o persona. Más bien, es una reacción pensada y necesaria hacia la maldad moral. Parte de nuestro enojo puede ser llamado “indignación justa”. Pero toda la indignación de Dios es “justa”. La ira de Jesús fue causada por los corazones endurecidos de los judíos; no por un daño personal o insulto a él mismo (Marcos 3:5; compare Juan 2:13–17). La ira justa debería estar dirigida hacia el pecado – no hacia el pecador.

2. La ira de Dios siempre es judicial. Su ira es como un juez, administrando justicia. El juez llega a un veredicto de culpable o inocente al investigar los hechos del caso a la luz de la ley. La decisión puede causar al juez mucha consideración y angustia de corazón. Pero a la vista de la ley es la correcta. Las decisiones de Dios de castigar se llevan a cabo muy de esta manera. Examina mis acciones a la luz de su Palabra y luego decide castigar o justificar. Es una decisión calmada, deliberada. Ninguna está hecha en un momento de emoción exaltada.
También es un acto justo. Pablo nos dice que “el día de la ira” también es el día de la “revelación del justo juicio de Dios” (Romanos 2:5). Entonces, conoceremos que “el Juez de toda la tierra” ha hecho todo bien (Génesis 18:25).

3. La ira de Dios es algo que el hombre escoge por sí mismo. Jesús dijo: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19). Los hombres escogen las tinieblas en lugar de la luz cuando aman más el pecado que la justicia.

Las tres declaraciones en Romanos 1:24–28, que ¡Dios “los entregó”! podrían sonar como hechos duros, arbitrarios. Pero, note el contexto:
Romanos 1:20–24 – Dios “los entregó” después que el hombre había rechazado el claro conocimiento de Dios y se había vuelto a los ídolos.

Romanos 1:25–27 – Dios los entregó porque las mujeres se enciendieron en lascivia para con las mujeres, y los hombres para con los hombres. Pablo describe el estilo de vida pagano en Efesios 4:19. “se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza”.
Romanos 1:28–29 – Dios los entregó porque “no aprobaron tener en cuenta a Dios” ya más y “cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador” (Romanos 1:25). ¡Se entregaron al pecado! ¡Dios los entregó al juicio!

J. I. Packer escribe:

“Nadie está bajo la ira de Dios, salvo aquellos que han escogido hacerlo. La esencia de la acción de Dios en la ira es el dar a los hombres lo que escogen, con todas sus implicaciones; nada más, e, igualmente, nada menos” (Knowing God [Conociendo a Dios], p. 139).

Razones por la ira de Dios – su santidad y odio del pecado

1. Que Dios es santo es fundamental a la fe cristiana. La Biblia está llena de esta verdad. Del monte Sinaí, Jehová ordenó que Israel fuera santo, porque él es santo (Levítico 11:44–45). Habacuc dijo: “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio” (1:13). “Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie” (Santiago 1:13).
El tabernáculo estaba divido en dos cuartos. El primero se llamaba el lugar santo; y el cuarto interior, simbólico de la morada de Dios, se llamaba el lugar santísimo. Sobre el turbante del sumo sacerdote estaban las palabras: “SANTIDAD A JEHOVÁ” (Éxodo 39:30). La santidad de Dios es tan pronunciada que las criaturas celestes lo declaran de una manera triple: “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos” (Isaías 6:3; Apocalipsis 4:8). Jesús dijo que el nombre de Dios debe ser “santificado”, o considerado “santo” (Mateo 6:9).

2. La santidad de Dios – la pureza y la separación. La santidad de Dios consiste en dos partes: Primero, él es puro en carácter, en pensamiento y en motivo. Segundo, él está separado del pecado. No puede coexistir con el mal. Nuestros pecados nos separan de él y esconden su rostro, para que rehúse oír nuestras oraciones (Isaías 59:1–3).

Por causa de su santidad, la ira de Dios es su reacción santa al pecado, su indignación moral contra el mal. Para ser justo, tiene que castigar el pecado. Un Dios que pasa por alto o condona el pecado no sería un Dios justo. Su ira es natural y necesaria si él va a galardonar al justo y castigar al inicuo, lo que, como Dios justo, debe hacer.

Si vamos a ser santos como Dios, debemos tener la misma actitud. El salmista dijo: “Los que amáis a Jehová, aborreced el mal” (Salmo 97:10). Pablo dijo: “Aborreced [odiar] lo malo, seguid [asirse a] lo bueno” (Romanos 12:9). La ira es la reacción lógica al pecado. Dios no podría ser moralmente perfecto y hacer otra cosa.

3. Dios separa a sí mismo del mal. Se ven unos casos en que Dios se distancia del pecado en:
a. El echar a Adán y Eva del huerto del Edén (Génesis 3:21–24).b. El dirigir a Moisés a construir una cerca alrededor de la base del monte Sinaí, para que la gente no lo tocara cuando Dios descendiera sobre él (Éxodo 19:10–13).
c. Al dar Dios instrucciones para construir el tabernáculo (y después el templo), mandó a Moisés instalar una cortina ante al lugar santísimo, como un recuerdo de que Dios estaba fuera del alcance de los pecadores. Sólo se permitía al sumo sacerdote entrar detrás de la cortina, y esto sólo una vez al año en el día de expiación, llevando la sangre del sacrificio por los pecados suyos y de Israel (Levítico 16:1–34).

Dios odia el pecado (Proverbios 6:16–19; Malaquías 2:16). El Calvario es la evidencia. Él dio a su Hijo para expiar, y borrar, este mal horrible. ¡El pecado verdaderamente es una mancha muy profunda y oscura en el alma del hombre para requirir tal removedor de manchas!

EL JUICIO DE DIOS SEGÚN LA BÍBLIA

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El gran día del juicio

Algunos hechos generales tocante al día

1. Nombres. Las Escrituras dan varios nombres por el día del juicio. Se le llama “el juicio” (Hebreos 9:27); “el día del juicio” (2 Pedro 2:9); “el juicio del gran día” (Judas 6); el “día de Cristo” (Filipenses 1:10; 2:16); “el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6); “el día de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 1:8).
A veces estos términos se refieren al día del juicio (1 Corintios 1:8; 5:5 – “el día del Señor Jesús”). Otras veces se aplican al regreso del Señor (Filipenses 1:6; 2 Corintios 1:14; 1 Tesalonicenses 5:2). Algunos parecen referirse a ambos grandes eventos: Su regreso y el juicio. Obviamente, están íntimamente relacionados.

2. ¿Uno o muchos días de juicio? Algunos eruditos bíblicos enseñan que hay cuando menos tres días de juicio: “el juicio de las ovejas y las cabras” (Mateo 25:31–46; todas las naciones, menos los judíos serán juzgadas); “el tribunal de Cristo” (2 Corintios 5:10; todo cristiano será juzgado); y el “juicio del gran trono blanco” (Apocalipsis 20:11–14; los inicuos serán juzgados).
Otros creen que habrá un día de juicio final. Las razones para esto son: En Apocalipsis 20:12, Juan dice: “Vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios”. Los “grandes y pequeños” se refiere a todos los muertos. Se le podría describir a la humanidad como “los ricos y los pobres”, “los jóvenes y los ancianos” o “los judíos y los gentiles”. Esto incluiría a toda persona. Esa declaración, “grandes y pequeños”, parece referirse a toda la gente (Hechos 10:42).

Albert Barnes escribe:

“No hay insinuación aquí de que se refiere [sólo] a los muertos inicuos … Es el juicio de todos los muertos” (Revelation [Apocalipsis], Notes [Notas], p. 438).

Gareth Reese concluye:

“Estamos convencidos que las descripciones llamados ‘los juicios de las ovejas y las cabras’, ‘el tribunal de Cristo’ y ‘el gran trono blanco’ son todas descripciones de la misma escena del juicio” (Let’s Study Prophecy [Estudiemos las profecías]).

3. El tiempo del día del juicio. El tiempo del último juicio está asociado íntimamente con la segunda venida de Cristo (1 Corintios 4:5; 1 Tesalonicenses 2:19; 3:13; 5:23; 2 Tesalonicenses 1:6–10; 2 Timoteo 4:1; 1 Pedro 1:7; 5:4; Apocalipsis 22:12). Puesto que el tiempo de su venida no lo sabemos, tampoco sabemos el tiempo del juicio (1 Tesalonicenses 5:2, 4). Pero parece seguir poco después del regreso del Señor. Debemos estar listos para ambos eventos en todo tiempo (Hebreos 10:25; Santiago 5:9; 1 Pedro 4:5).

4. El estándard, o criterio, del juicio. Jesús dijo a los judíos: “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” (Juan 12:48). Jesús explica porqué sus palabras son tan importantes: “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, el me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho” (Juan 12:49–50). Por eso Jesús dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35). ¡Estaremos felices porque las creímos y obedecimos, porque seremos juzgados por ellas en aquel día!

La misericordia de Dios se ve en las repetidas advertencias acerca del juicio.

Dios dice: “No quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva”. (Ezequiel 33:11). Pedro lo declara en 2 Pedro 3:9: “Él Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. Como evidencia de esto, Dios da repetidas advertencias antes de traer su juicio sobre el hombre. Por ejemplo:
1. El diluvio. A Noé se le llama “predicador de justicia” (2 Pedro 2:5). Es posible que Noé haya advertido a la gente por 120 años antes de venir el diluvio (Génesis 6:3). Conociendo la actitud de Dios, ciertamente fue por un largo tiempo.
2. La cautividad en Babilonia. Dios envió a profetas para advertir a Judá de su destino funesto si no se arrepentía de sus pecados. Jeremías, en especial, rogó y advirtió a Judá para que volvieran a Dios. ¡Quemaron sus mensajes escritos de Dios, lo echaron en la prisión y trataron de matarlo por advertirles! (Jeremías 36; 38; 26). La destrucción de Jerusalén, el templo y la gente fue terrible. Pero los judíos rehusaron escuchar las advertencias de Dios y volverse a él.
3. La destrucción de Jerusalén en 70 d.C. Cuarenta años antes de venir esa destrucción, Jesús rogó a los judíos a arrepentirse y dejar que él los salvara (Mateo 23:37–38). Se paró en el monte de los Olivos y clamó (lloró), suplicándoles a que escucharan su advertencia de destrucción (Lucas 19:41–44). ¿Su respuesta? Hicieron un complot y por fin lo mataron en lugar de arrepentirse (Lucas 19:47–48; Mateo 27:22–25).
Dios preferiría perdonar que castigar. Sólo castiga cuando todo lo demás falla en traer al hombre al arrepentimiento. La misericordia de Dios es extensa, pero no está sin fin. La paciencia de Dios finalmente termina, y su ira se derrama sobre los hombres rebeldes. “¡Horrrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Hebreos 10:31).

Jesús, el Juez en aquel día

1. Pruebas bíblicas de esto. Jesús hizo muchas declaraciones mientras estuvo en la tierra. Su reclamo de ser el Juez del mundo es quizás el más fantástico de todos. Nos dice en Juan 5:22: “El Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo”. Sigue diciendo: “Y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre” (Juan 5:27).
Pablo declara acerca de Dios: “Por cuanto ha establecido [fijado] un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado [a Jesús] de los muertos” (Hechos 17:31). Pedro concuerda, diciendo: “Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos” (Hechos 10:42; compare 2 Timoteo 4:1).
El banco del juez (bema) es llamado “el tribunal de Cristo” (2 Corintios 5:10). En Romanos 14:10, también se le llama “el tribunal de Cristo”. De esto, concluimos que Dios juzgará al mundo por medio de Cristo. Pablo declara: “Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio” (Romanos 2:16). El Padre y el Hijo son uno en el juzgar, tanto como lo son en todos los actos redentivos. Jesús, el Salvador del mundo, también es su Juez. ¡Su reclamo de ser Juez sería escandaloso si él fuere sólo un hombre, pero si es el Hijo de Dios, entonces es la verdad sensata!
2. Seremos juzgados como individuos. Cada persona será juzgada como individuo, no como nación, o grupo. Las madres no responderán por sus hijas, ni los hijos por sus padres. Pedro dice que Dios “juzga según la obra de cada uno …” (1 Pedro 1:17). Aunque 2 Corintios 5:10 describe una muchedumbre de la humanidad ante el tribunal, aun así son juzgados como individuos “para que cada uno reciba según lo que haya hecho”.


Los propósitos del día del juicio

Pablo dice: “(Dará) vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia” (Romanos 2:7–8). Esto es un resumen conciso del juicio. Para el cristiano será un tiempo de bendición; para el pecador será un tiempo horrible.

El porqué el cristiano está en el juicio.

1. No para saber si está salvo o perdido. El destino eterno del cristiano está decidido antes que él deja esta tierra. Su salvación depende de lo que ha hecho acerca de Jesús y el evangelio. Jesús dice que el que ha creído en él y ha sido bautizado “será salvo”. Pero los que no lo hacen, “será[n] condenado[s]” (Marcos 16:16); compare Juan 8:24). Pablo declara: “(Jesús dará) retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición” (2 Tesalonicenses 1:8–9).
Cuando nos toca morir, la pregunta suprema es: “¿Está escrito mi nombre en el libro de la vida del Cordero?” – la lista de los redimidos. Hablando del cielo, Juan dice: “No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21:27). Cuando obedecemos al evangelio, se nos añade a su iglesia, y nuestros nombres están inscritos en el “libro de la vida” del Cordero (Hechos 2:47; vea Filipenses 4:3). ¡Los salvos no sólo tendrán sus nombres inscritos en el “libro de la vida del Cordero”, sino que también tendrán los nombres de Jesús y el Padre inscritos en sus frentes! (Apocalipsis 3:12; compare Apocalipsis 14:1). ¡Sellados como suyos!
Esto es sumamente importante, porque: “el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:15; vea Apocalipsis 20:12; 3:5; 13:8; 17:8).
Nuestro destino eterno está decidido antes de morirnos. Obviamente, debemos permanecer “fiel[es] hasta la muerte” si vamos a recibir “la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10; vea Apocalipsis 3:5).

2. Los cristianos comparecerán en el juicio para recibir sus galardones. Compareceremos para recibir los galardones para nuestras obras en la tierra. “No vamos al juicio para recibir nuestra copa de salvación, sino para ver qué tan llena está”.

F. F. Bruce comenta:

“Mientras la salvación en la Biblia es según la gracia, el juicio siempre es según las obras, si buenas o malas, tanto para el creyente como el incrédulo” (Simpson & Bruce, Commentary on Ephesians and Colossians [Comentario sobre Efesios y Colosenses], p. 295; vea Apocalipsis 20:12–13; 22:12 – juzgados por obras).

Seremos juzgados por nuestras obras y nuestras palabras (2 Corintios 5:10; Mateo 12:36–37). Éstas reflejan el carácter – los pensamientos y hechos del individuo. Si son buenos, seremos galardonados (1 Corintios 3:14). Si no lo son, sufriremos pérdida (1 Corintios 3:15). Por gracia seremos salvos, pero “así como por fuego” (1 Corintios 3:15). Pero perderemos el galardón que hubiéramos tenido.
Sin embargo, Jesús galardona a los que trabajan fielmente y bien para él. Aun galardona “un vaso de agua fría” (Mateo 10:42). Las diferencias en los galardones se basan en el tipo de obra hecha por cada persona. Algunas obras son como oro y plata, y algunas son como madera y paja (1 Corintios 3:10–15). Pablo insta a los cristianos a trabajar con todo su corazón, sabiendo que de Cristo recibiremos una gran recompensa (Colosenses 3:23–25).
Nuestra obra puede parecer pequeña y las recompensas terrenales, pocas. Satanás nos puede tentar a la autoconmiseración. Pero si trabajamos al máximo de nuestra habilidad y permanecemos fieles hasta el fin, nuestro galardón será grande en el cielo. “Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún” (Hebreos 6:10).

Las Escrituras no declaran la naturaleza del galardón. Puede ser el elogio del Señor: “Bien, buen siervo y fiel” (Mateo 25:21). Puede ser una mayor apreciación espiritual del cielo y las bendiciones de Dios. Es improbable que sea una mansión grande en una colina, como algunos piensan. ¡Sea lo que sea su naturaleza, será maravillosa!

El porqué los incrédulos están en el juicio.

Jesús dijo: “Vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:28–29). Esto es cuando Cristo separará a las ovejas de las cabras – los justos de los injustos. Aquellos que le han confesado ante los hombres ahora serán confesados ante el Padre. Aquellos que le han negado, él también les negará (Mateo 10:32–33). Cuando Jesús, el Juez, dice: “¡Apartaos de mí”, estos últimos “irán al castigo eterno” (Mateo 25:41, 46).
Aquellos que “amaron más las tinieblas que la luz”; que rehusaron creer “en el nombre del unigénito Hijo de Dios”; que se avergonzaron de Cristo y sus palabras en esta generación adúltera y pecaminosa; que rehusaron obedecer al evangelio de nuestro Señor Jesús; que fueron ladrones, avaros, borrachos, prostitutas, homosexuales y estafadores; estos no heredarán el reino de Dios (Juan 3:19; 3:18; Marcos 8:38; 2 Tesalonicenses 1:8; 1 Corintios 6:9–10). Más bien, oirán a Jesús decir: “Apartos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41; Apocalipsis 20:10).
Los pecadores impíos e impenitentes están en el juicio para recibir su condenación final. ¡Qué día tan triste será!


La liberación de la ira de Dios

Pablo enseña que, en el evangelio, “la justicia de Dios se revela por fe, y para fe” (Romanos 1:17). Inmediatamente después, escribe: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres …” (Romanos 1:18). Dios revela ambos desde el cielo.
¿Cómo podemos ser liberados de la “ira de Dios”? La respuesta es: El evangelio fue revelado para rescatarnos de la ira de Dios. Pablos explica cómo: “Estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:9).
¿La sangre de quién? Efesios 1:7 dice que es la sangre de Jesús. En Romanos 3:24–25, Pablo habla de la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios envió para ser la propiciación, por medio de la fe, por su sangre.
¿Qué es una “propiciación”? “Es un sacrificio que aparta la ira a través de la expiación del pecado, y la cancelación de la culpa” (Packer, Knowing God [Conociendo a Dios], p. 141; vea 1 Juan 2:2).
¿Qué significa “justificado”? Significa ser perdonado, declarado inocente y aceptado como justo. Esto viene por medio de la fe en Cristo y la obediencia al evangelio (Romanos 5:1; Hechos 2:38, 41; 2 Tesalonicenses 1:8). Cuando creemos y obedecemos al evangelio, nuestros pecados son limpiados por la sangre de Cristo.
Pedro exhortó a los judíos en el Pentecostés: “¡Sed salvos [escapad] de esta perversa [corrupta] generación!” (Hechos 2:40). Ellos respondieron al aceptar su mensaje acerca de Cristo y al ser bautizados como Pedro les había instruido (Hechos 2:41). Esto es cómo escaparon de la ira en aquel día. ¡Es cómo escapamos ahora!

El ser llamado “un hombre/mujer temeroso(a) de Dios” antes era algo que desear. Hoy en día puede serlo o no. Abraham, José y Job eran hombres que “temieron a Dios” (Génesis 22:12; 42:18; Job 1:1, 8). Proverbios declara que una mujer que “teme a Jehová, ésa será alabada” (Proverbios 31:30). ¡En el juicio, estaremos felices porque temimos y reverenciamos a Dios y nos preparamos para ir al encuentro con él! (Amós 4:12). Un himno conocido ofrece un consejo sobrio:

Ante Pilato Jesús está;
Solo, desamparado, traicionado está.
¿Su tierno llamado no escucharás?
“Ven ya hoy a Mí”.

¿Qué harás tú con Cristo?
Tibio no puedes ser.
Preguntará un día tu corazón:
¿Conmigo qué hará él?



 

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