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EL CREDO DE LOS APÓSTOLES

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EL CREDO DE LOS APÓSTOLES


EL CREDO DE LOS APÓSTOLES.


Esta palabra viene del latín y significa «yo creo». En el lenguaje de la iglesia, un credo es una declaración de sus creencias. El credo más antiguo que se usa corrientemente en la iglesia cristiana hoy en día es el Credo de los Apóstoles; este se preparó mucho después de la muerte de los apóstoles. No se escribió de una sola vez, sino que gradualmente creció hasta llegar a su contenido actual. Se le llama el Credo de los Apóstoles debido a que expresa fielmente las enseñanzas esenciales de los apóstoles. En esta sección deseamos considerar primero como se preparó y por que se preparó.

Origen del Credo Apostólico

Existen en el Nuevo Testamento una cantidad de afirmaciones de fe o cortos «credos». Son tan cortos que resulta fácil pasarlos por alto. Se usaron en conexión con la predicación en público, en bautismos, y en reuniones de adoración. Unos pocos ejemplos son:

Hechos 8:37: «Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.» Hechos 16:31: «Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo…» Romanos 10:9: «…si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.»
1 Corintios 15:3, 4: «Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras…»
Filipenses 2:10, 11: «…para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.»
1 Timoteo 3:16: «…Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria.» 2 Timoteo 2:8: «Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos…»
1 Juan 5:1: «Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios…»

Todos estos, debe notarse, solo confiesan al Señor Jesucristo. No hay ninguna referencia en estas confesiones de fe al Padre o al Espíritu Santo como sujetos a quienes se confiesa. En un grupo mucho menor de «credos» en el Nuevo Testamento, se confiesa a Dios o Dios el Padre. El más notable es:

1 Corintios 8:6: «…para nosotros, sin embargo, solo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas y nosotros por medio de él.»

Otras confesiones con una doble referencia son:

1 Timoteo 2:5, 6: «Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos…»
1 Timoteo 6:13, 14: «Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato, que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo…»

Finalmente, un tercer grupo incluye todas las personas de la Trinidad. En este el más notable es:

Mateo 28:19: «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.»

Otros:

2 Corintios 13:14: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.»
Efesios 4:4–6: «…un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.»

Crecimiento del Credo de los Apóstoles

En estos tres grupos de confesiones se aprecia una progresión notable desde una única referencia a Cristo, luego a Dios y a Cristo, y finalmente al Padre, Hijo, y el Espíritu Santo. Los bautismos relatados en los Hechos eran todos realizados en el nombre de Jesús solamente. Era esta confesión la que distinguía a los cristianos de los judíos. La fe en Dios se daba por sentado y no había necesidad de una confesión especial. A medida que el evangelio se extendía entre los gentiles, el nombre de Dios, especialmente como creador, se añadió. En 1 Corintios 8:6, como indica el contexto, la adición de Dios el Padre se hizo en conexión con el politeísmo. Más tarde, la confesión al trino Dios se completó con la adición del Espíritu Santo. Mientras tanto el énfasis al aumentar las tres partes del credo estaba sobre la segunda persona, Jesucristo. Originalmente el artículo referente a Jesucristo había sido el único. Este aspecto ha sido retenido en el desarrollo del credo. La parte central y más extensa del Credo de los Apóstoles es la que trata sobre el Hijo.
Alrededor del año 200 el candidato para el bautismo contestaba las siguientes preguntas antes de ser bautizado:

—¡Crees en Dios, Padre Todopoderoso?
—Sí, creo.
—¡Crees en Jesucristo, el Hijo de Dios, quien nació del Espíritu Santo y de María la virgen, que fue crucificado bajo Poncio Pilato, y murió, y se levantó de nuevo al tercer día vivo de entre los muertos, y ascendió al cielo, y se sentó a la diestra del Padre, y vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos?
—Sí, creo.
—¡Crees en el Espíritu Santo, la santa iglesia, y la resurrección de la carne?
—Sí, creo.

Esta manera de examinar al candidato comenzó en Roma. Al correr del tiempo, las preguntas dieron lugar a una afirmación o declaración. El comienzo del Credo de los Apóstoles se encuentra en este desarrollo. Por mucho tiempo el credo que surgió de esta manera fue conocido como el Credo Romano. A medida que ello se hizo necesario otras creencias fueron añadidas. El Credo de los Apóstoles, tal como lo conocemos hoy en día, data de alrededor del siglo quinto.

Las Razones Para la Redacción del Credo de los Apóstoles

Las preguntas que se hacían antes del bautismo, como se vio más arriba, eran un corto resumen de la instrucción que previamente había recibido el candidato. El aumento de estas preguntas y su transformación en una afirmación o declaración de fe fue provocado por una importante razón. El aumento en la autoridad de los obispos y la aceptación de ciertos libros como Escritura no era suficiente para refutar a los gnósticos y a otros herejes. Estos pretendían poseer instrucción secreta o apostólica. También comenzaron a usar los libros sagrados para enseñar sus propias doctrinas. El Credo Romano, más tarde el de los Apóstoles, hizo esto difícil o imposible. Si bien la expresión «Creador de los cielos y la tierra» no fue añadida hasta más tarde, tanto Ireneo como Tertuliano entendían que la expresión «Dios Padre Todopoderoso» quería decir precisamente eso. Esta confesión, así como la confesión de que Cristo había venido en la carne, que había sido crucificado, que había muerto y resucitado al tercer día, atacaba al gnosticismo de raíz.
De ese modo, las breves confesiones de Cristo hechas en el bautismo se transformaron en confesiones mas extensas. Luego se transformaron en preguntas hechas a los candidatos al bautismo. Más tarde aun, las preguntas se hicieron declaraciones de fe, y las declaraciones de fe se tornaron en credos oficiales. El credo mas importante, mas aceptado universalmente, y que más ha perdurado es el que se conoce como el Credo de los Apóstoles. Establece brevemente pero con claridad lo que los apóstoles enseñaran acerca del Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.

Conclusión

A mediados del siglo tercero, por consiguiente, se había operado un gran cambio en la forma exterior de la iglesia. En la época de los apóstoles no hubo otra prueba de fe que la aceptación de Jesucristo como Señor y Salvador. La iglesia no tenía mayor organización aparte de las congregaciones locales pues los apóstoles por medio de su conocimiento y autoridad habían mantenido la iglesia unida. Hacia el año 250 ya la iglesia estaba firmemente organizada en cada región del imperio, con un obispo a la cabeza de las iglesias de la ciudad o el registro. Un canon del Nuevo Testamento establecía la lista de las Escrituras autoritativas. Un credo universalmente reconocido enseñaba como debían interpretarse las Escrituras. Todo esto se apoyaba firmemente en la autoridad apostólica; los obispos regían por sucesión apostólica; el canon consistía en los escritos apostólicos; y el credo presentaba la enseñanza apostólica. Fue de este modo que la iglesia emergió de la lucha con el gnosticismo, el marcionismo, y el montanismo. Y de este modo también hizo frente al difícil camino que tenía por delante.

Antiguo Credo Romano

Este credo procede directamente del Rituale Romanum, el “Antiguo Credo Romano” empleado por los cristianos en Roma aproximadamente desde el 150 d.C. La forma original se usaba principalmente durante el bautismo como una confesión de fe en el Dios Trino (véase Mt. 28:19). Al parecer, se formuló en contraposición a las ideas erróneas de Marción, especialmente para resguardar de tales errores a los candidatos a la membresía de la iglesia. A través de los siglos se añadieron algunas frases, pero el credo actual es esencialmente idéntico al Rituale Romanum.
Para proteger la fe contra las herejías marcionitas, la iglesia apeló al testimonio de los apóstoles. La estructura trinitaria se completa con afirmaciones históricas y teológicas clave que revelan las raíces bíblicas del credo. El contenido y las frases del credo son notablemente similares al testimonio del NT acerca de la fe de la iglesia en sus primeros días. El cristianismo se inició con ciertos eventos históricos indubitables que ocurrieron “bajo el poder de Poncio Pilato”. Pero la historia que encierra el credo es una historia interpretada, y el símbolo es una confesión de fe en Jesucristo, quién fue, y lo que Dios hizo “por nosotros y nuestra salvación” a través de él. El credo es la fe de la iglesia y no del individuo como tal. Decir el credo (lat., “yo creo”) equivale a la firma personal del creyente que acepta el testimonio apostólico.

                                                    Credo Apostólico Católico

El Textus Receptus, fundamentado en la revelación bíblica y formulado originalmente como el “Antiguo Credo Romano”, data del siglo VIII. Posteriormente, se aprobó el Credo de los Apóstoles por las iglesias de la Reforma y llegó a ser la confesión fundamental de la fe cristiana. El siguiente análisis muestra más precisadamente los diferentes períodos en que se añadieron las cláusulas actuales, y sugiere, en forma general, el significado que acompaña a las declaraciones.

“Creo en Dios Padre todopoderoso” es antiguo. “Todopoderoso” significa más exactamente “el que domina todo”.

“Creador del cielo y de la tierra” no se encontraba en el Rituale Romanum, pero aparece en los credos del oriente desde los períodos iniciales. Se incluyó por primera vez en el credo de occidente aproximadamente en el 375 d.C.

“Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor” es antiguo. “Jesús” significa “Salvador” y es el nombre del Hombre, mientras que “Cristo” significa “ungido” y representa a Dios.

“Nuestro Señor” lo señala como el Objeto de nuestra fe y obediencia.

“Que fue [concebido] del Espíritu Santo, nació de la virgen María, [padeció] bajo el poder de Poncio Pilato; fue crucificado, [muerto] y sepultado” es antiguo.

“Descendió a los infiernos” (lat. infernos) se añadió a fines del siglo IV, pero sin ninguna intención de controversia. Por lo general se interpreta que nuestro Señor descendió al lugar donde se hallan los muertos, allí les predicó, y dirigió hacia el paraíso a aquellos que aceptaron seguirlo. Ciertamente “infierno” aquí no se refiere al géenna (γεεννα) sino al hades (αδης), el lugar donde se encuentran los espíritus de los que han muerto (véase Hch. 2:27).

“Al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo, y está sentado a la diestra de [Dios] Padre [todopoderoso]” es antiguo. Quiere decir que Jesús glorificado vive ahora con Dios en la gloria.

“[Y desde allí] vendrá al fin del mundo a juzgar a los vivos y a los muertos” es antiguo.

“Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia [Católica]”. Catholicam (fines del siglo IV o siglo V) significó primeramente universal, para distinguirla de la iglesia local; pero anteriormente, a partir del siglo III se refería a la iglesia universal en oposición a las iglesias cismáticas o herejes.

“La comunión de los santos” y catholicam son contemporáneos y se refieren a la unidad de la vida de toda la iglesia, incluyendo a vivos y muertos.

“El perdón de los pecados, la resurrección del cuerpo” es antiguo. “El cuerpo será resucitado —el mismo cuerpo por la continuidad personal, pero en una condición muy diferente— como un cuerpo espiritual” (Wiley).

“Y la vida perdurable” es de fines del siglo IV.

Credo Antiguo de los Apóstoles

Al crecer la iglesia y dispersarse por cada rincón del imperio, vino la necesidad de una uniformidad en la creencia y acción. La iglesia necesitaba una regla de fe. Orígenes había definido tal regla como “la enseñanza de la iglesia preservada inalterada y pasada en una sucesión ininterrumpida de los apóstoles”. La regla fue una declaración de doctrina, llamada el credo, que podía ser fácilmente memorizado y repetido en afirmación pública. Aunque no fue escrito por los apóstoles, llegó a ser conocido como el Credo de los Apóstoles.

Hay indicaciones en las Escrituras que la iglesia del Nuevo Testamento pudo haber usado declaraciones de credo que contenían limitados resúmenes de fe.

Vea cada pasaje y escriba una breve declaración de credo de cada uno: Romanos 10:9, 10; 1 Corintios 15:3, 4, y 1 Timoteo 3:16. Use su cuaderno.

A través de los años cada cuerpo de iglesia usó sus propias declaraciones de fe para contrarrestar las herejías e instruir a los nuevos conversos. Ireneo escribió dicha regla, la cual se centraba en la encarnación de Cristo, su muerte en expiación, su resurrección corporal, y su segunda venida. Era claramente antignóstica.

Los credos bautismales pronto llegaron a ser palabras arregladas (vea Hechos 8:37; Mateo 28:19). Al principio los credos consistían en preguntas y respuestas. Desde la mitad del siglo III, evolucionaron a una forma declarada comenzando con “Creo.…” Este es el Credo de los Apóstoles que data de aproximadamente del año 400:

Creo en Dios Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor;
que fue concebido por el Espíritu Santo,
nacido de María la virgen.
Sufrió bajo Poncio Pilato, y fue crucificado, muerto y sepultado;
Descendió al infierno;
Al tercer día se levantó de entre los muertos;
Ascendió al cielo,
Y se sienta a la diestra de Dios Padre Todopoderoso;
Desde donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Cristiana;
la comunión de los santos; el perdón de los pecados;
la resurrección del cuerpo; y la vida eterna.




 

 

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