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Descendió Jesucristo al hades

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Descendió Jesucristo al hades

Algunos teólogos creen que había otro paso en la humillación. Jesús no sólo fue enterrado, y en una tumba prestada (una indicación de su pobreza), sino que en el Credo de los apóstoles hay una referencia al descenso al infierno o Hades. Según ciertos textos bíblicos, principalmente Salmos 16:10; Efesios 4:8–10; 1 Timoteo 3:16; 1 Pedro 3:18–19 y 4:4–6, y lo declarado en el credo, se mantiene que parte de la humillación incluía el descenso real de Jesús al infierno o Hades durante el periodo entre su muerte en la cruz el viernes y su resurrección de la tumba el domingo por la mañana. Este es un punto de considerable controversia; de hecho, ciertos teólogos lo rechazan categóricamente. Entre ellos está Rudolf Bultmann, que se niega a creer en ello basándose en que eso implica una cosmología obsoleta (por ejemplo, un universo de tres niveles). Pero su objeción tiene los mismos defectos que otros aspectos de su programa de desmitologización.

Entre las razones para la controversia está el hecho de que no hay ni un solo texto bíblico que trate la doctrina del descenso al infierno completamente, o que establezca el tema de forma clara y sin ambigüedades. Es más, la doctrina no se encuentra en las primeras versiones del credo de los apóstoles, sino que aparece por primera vez en la forma Aquileia, que data del 390 d.C. La creencia se formuló uniendo varios textos bíblicos en una imagen conjunta: Jesús descendió al Hades; allí predicó a los espíritus prisioneros antes de irse de allí al tercer día. Fíjese que esta versión de la doctrina del descenso al Hades es tanto el paso final de la humillación como el primer paso hacia la exaltación, ya que implica una proclamación triunfante para los espíritus esclavizados por el pecado, la muerte y el infierno, de que Jesús ha vencido a las fuerzas opresoras.

¿Qué dicen exactamente los pasajes relevantes? El primer pasaje a considerar, y el único que está en el Antiguo Testamento, es Salmos 16:10: “Jehová, hiciste subir mi alma del Seol. Me diste vida, para que no descendiera a la sepultura” (cf. Sal. 30:3). Algunos han visto esto como una profecía de que Jesús descendería al infierno y regresaría de allí. Sin embargo, cuando examinamos cuidadosamente este versículo, parece ser únicamente una referencia a la liberación de la muerte, no del infierno. “Seol” se utilizaba con frecuencia simplemente para referirse al estado de la muerte, al que se supone que van todas las personas. Tanto Pablo como Pedro interpretan Salmos 16:10 como que el Padre no abandonará a Jesús bajo los poderes de la muerte para que pueda ver corrupción, o en otras palabras, para que su cuerpo se descomponga (Hch. 2:27–31; 13:34–35). En lugar de enseñar que Jesús descendió a un lugar llamado Hades y después fue liberado de él, el salmista estaba diciendo que la muerte no tendría un poder permanente sobre Jesús.

El segundo pasaje es Efesios 4:8–10. Los versículos 8 y 9 dicen: “Por lo cual dice: ‘Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres.’ Y eso de que ‘subió’, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?” El versículo 10 deja claro que el ascenso fue “por encima de todos los cielos,” esto es, era un regreso de la tierra al cielo. El descenso, por tanto, fue del cielo a la tierra, no a algún lugar por debajo de la tierra. Por lo tanto, “las partes más bajas de la tierra” (v. 9) se tiene que entender como una simple aposición “había descendido a las partes más bajas [del universo], esto es, a la tierra.”

Primera Timoteo 3:16 dice: “Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria.”Se ha sugerido que los ángeles que lo vieron eran ángeles caídos que Jesús vio cuando descendió al infierno. Sin embargo, se debería señalar que a menos que se adjunte algún calificativo a la palabra ángeles, siempre hace referencia a ángeles buenos. Estaría más en consonancia con el recordatorio del pasaje considerar la frase: “visto de los ángeles” únicamente como una parte de la lista de testigos, tanto del cielo como de la tierra, del importante hecho de que Dios se manifestó en carne, en lugar de cómo una evidencia de que Jesús descendió al infierno, donde fue visto por ángeles caídos o demonios.

El pasaje más importante y en muchos aspectos el más difícil es 1 Pedro 3:18–19: “Asimismo, Cristo padeció una sola vez por los pecados… siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; y en espíritu fue y predicó a los espíritus encarcelados.” Hay varias interpretaciones de este pasaje. (1) El punto de vista católico romano es que Jesús fue al limbus patrum, la morada de los santos que habían vivido y ya estaban muertos; les contó las buenas nuevas de la victoria sobre el pecado, la muerte y el infierno; y después les condujo fuera de aquel lugar. (2) El punto de vista luterano es que Jesús descendió al Hades no para anunciar la buena nueva y ofrecer la liberación a los que allí estaban, sino para declarar completa su victoria sobre Satanás y pronunciar una sentencia de condena. (3) El punto de vista tradicional anglicano es que Jesús fue al Hades, a la parte específica llamada paraíso, y allí hizo a los justos una exposición más completa de la verdad. Ninguna de estas interpretaciones es adecuada. (1) La idea católico-romana de una segunda oportunidad de aceptar el mensaje del evangelio después de la muerte no parece muy coherente con otras enseñanzas de las Escrituras (por ejemplo, Lc. 16:19–31). (2) Mientras que en cualquier parte de las Escrituras la palabra κηρύσσω (kerusso – “predicar”) constantemente hace referencia a la proclamación del evangelio, en la interpretación luterana de 1 Pedro 3:19 aparentemente se refiere a una declaración de juicio. (3) La interpretación anglicana tiene dificultades para explicar por qué los justos en el paraíso son descritos como “espíritus encarcelados.”

Desde luego es difícil llegar a una interpretación de 1 Pedro 3:18–19 que sea a la vez coherente internamente y consistente con las enseñanzas del resto de las Escrituras. Una posibilidad es entender este pasaje a la luz del versículo 20: Jesús predicó a los espíritus encarcelados “los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.” Según esta interpretación, Jesús fue hecho mortal en el mismo espíritu en que había predicado a través de Noé a la gente que vivió en la época anterior al diluvio. Esas personas no habían entendido el mensaje y por eso fueron destruidos. Esta predicación fue un ejemplo del ministerio profético del Jesús preencarnado (ver páginas 779–80). Algunos, por su parte, dicen que la referencia al día de Noé es figurativa o ilustrativa. Jesús había predicado en el poder del Espíritu a los pecadores de su tiempo. Ellos estuvieron tan desatentos al mensaje como los pecadores de los días de Noé y tanto como lo estarán otros antes de la segunda venida (Mt. 24:37–39). El mismo Espíritu que había conducido a Jesús al desierto para ser tentado (Mt. 4:1), le capacitó para expulsar demonios (Mt. 12:28) y le devolvió a la vida, era la fuente de sus predicaciones durante su vida para aquellos que estaban encarcelados por el pecado. Es de señalar que no hay ninguna indicación de una secuencia temporal con respecto a que el Espíritu le trajera a la vida y su predicación a los espíritus encarcelados.

El pasaje final es 1 Pedro 4:4–6, especialmente el versículo 6: “porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios.” Se ha sugerido que este versículo apunta hacia un descenso de Jesús al infierno para predicar a los que espíritus que había allí. Sin embargo, suponer que Pedro quiere decir que se predicó el evangelio a gente que ya estaba físicamente muerta se enfrenta a una de las dificultades mencionadas en conexión con 1 Pedro 3:18–19: en ninguna otra parte de las Escrituras se habla de una segunda oportunidad para los muertos. Además, no existe indicación alguna de que la predicación en la que estaba pensando Pedro la hiciera Jesús. Así que parece que es mejor ver en 1 Pedro 4:6 una referencia general a la proclamación del mensaje del evangelio tanto a las personas que han muerto realmente como a las que están muertas espiritualmente (cf. Ef. 2:1; 5; Col. 2:13).

Resumiendo, los pasajes citados como evidencia de un descenso al Hades son como mucho vagos o ambiguos, y el intento de unirlos para formar una doctrina no resulta convincente. Aunque se les puede interpretar como que Jesús descendió al infierno, no hay evidencias suficientes para garantizar que el descenso al infierno se pueda establecer como una doctrina definida del cristianismo. Debido a las dificultades para intentar interpretar estos versículos como una prueba de un descenso real del espíritu de Jesús al Hades entre el momento de la crucifixión

Erickson, M. J. (2008). Teología sistemática. (J. Haley, Ed., B. Fernández, Trad.) (Segunda Edición, pp. 787–790). Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie.

 

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