Madrid, españa.

Cómo Enfrentar A Los Falsos Maestros

Recursos Bíblicos Para Crecer

Cómo Enfrentar A Los Falsos Maestros

El conocimiento es el antídoto para el error

Cómo Enfrentar A Los Falsos Maestros

2 Pedro 1:1–4

Sin importar cuál sea la vocación de cada uno, la vida está llena de preguntas, dudas y decisiones. El albañil se preocupa de que la pared esté derecha, el que escribe una carta, un ensayo o un libro, se inquieta por que sus palabras estén bien escritas. En la cocina, la mujer se preocupa por la combinación exacta de las especias del platillo que está cocinando. En todos los casos, la única forma de saber lo que es correcto es consultando la norma escrita. Entonces, para la ortografía está el diccionario, para la pared está la plomada, y para el ama de casa, una receta o ¡tal vez el paladar!

Ahora bien, ¿qué de la vida moral y espiritual? Uno no puede evitar el error que propagan los falsos maestros a menos que sepa lo que es la verdad. La ignorancia es un camino que conduce a toda clase de percances, equivocaciones, esclavitud y rebeldía. En sus días, el apóstol Pedro vio esos síntomas en el horizonte y escribió la carta que estamos por estudiar, con el objeto de amonestar a los creyentes contra los falsos maestros. A la luz de un porvenir amenazador, les ofreció el antídoto: el conocimiento de la verdad. Su epístola nos hace recordar lo dicho por el Señor Jesucristo: “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31–32). No se refiere sólo a la educación o a la acumulación de más información en un archivo. Tiene que haber una aceptación y asimilación de la verdad que Dios ha revelado y que nos motive a la obediencia. Nuestro Señor citó este principio cuando dijo: “Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Juan 13:17).

EL CONOCIMIENTO SIN LA PRÁCTICA NO NOS DA

MEJOR CALIFICACIÓN QUE AL DIABLO

El resumen que Pedro ofrece al final de la carta es muy acertado: “Antes bien creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo…” (2 Pedro 3:18). Este es un consejo que convenía tanto a sus lectores de aquel entonces como nosotros, porque los falsos maestros siempre han existido.

INTRODUCCIÓN A LA EPÍSTOLA

Autor y fecha

A primera vista, no debería ser difícil determinar quién es el autor de una carta que lleva el saludo: “Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo…” (2 Pedro 1:1). En el contexto novotestamentario, el nombre “Simón Pedro” es único. Sin embargo, a través de los siglos, la epístola de 2 Pedro ha sufrido cierta cantidad de ataques, e inclusive hasta el día de hoy tiene divididos a los eruditos conservadores.

Algunos postulan que se escribió a mediados del segundo siglo de nuestra era, lo que obviamente desmentiría la paternidad literaria de Pedro, porque para entonces él ya habría muerto. Es interesante que esos críticos no duden del origen del material de la carta. Es decir, no niegan que los pensamientos y conceptos procedan de Pedro, sólo dicen que el autor verdadero de la carta fue otro. Según ellos, tal vez un discípulo de Pedro tomó el material, que venía de la mente, corazón y enseñanza de su maestro, y lo puso por escrito como un tributo a él después de su muerte.

En el otro extremo, pero siempre dentro del campo de la doctrina conservadora, hay quienes afirman que sí hay evidencias de la autenticidad de la paternidad literaria petrina porque:

 1. En ella se notan ciertos factores que van totalmente de acuerdo con la vida y ministerio del apóstol pescador. Por ejemplo:

    a.      Se menciona la transfiguración como el suceso culminante de la vida del autor (2 Pedro 1:16–18).

    b.      Escribió con sentimiento profundo acerca de “la purificación de sus antiguos pecados” (2 Pedro 1:9).

    c.      Alude a su muerte inminente (2 Pedro 1:13–14).

    d.      El autor dice que el apóstol Pablo era uno de sus contemporáneos más respetados, pero no dice que era un santo de una época pasada (2 Pedro 3:15–16).

 2. De la misma manera, puede aceptarse la autoría petrina por lo que la carta no dice. Por ejemplo:

    a.      No está adornada con detalles supuestamente autobiográficos, pero que serían evidentemente espurios si se considera el estilo de muchísima literatura apócrifa equivocadamente atribuida a Pedro.

    b.      No contiene ningún rasgo de herejía, milagro absurdo o leyenda, características de toda la literatura apócrifa.

 3. La fecha de composición de 2 Pedro está íntimamente ligada a la cuestión de su paternidad literaria. Naturalmente, si uno fija una fecha del segundo siglo, el apóstol Pedro no pudo haber sido el autor, porque se cree que fue martirizado en Roma durante las persecuciones del malvado emperador Nerón, quien murió en el año 68 de nuestra era. Además, como Pedro no se menciona en 2 Timoteo, que fue la última misiva de san Pablo escrita desde Roma durante las mismas persecuciones de Nerón, se cree que Pedro murió antes que Pablo.

 Lógicamente, la carta tuvo que haberse escrito:

    a.      Después de la circulación de algunas (pero no necesariamente todas) las cartas de Pablo (2 Pedro 3:15).

    b.      Con suficiente tiempo para que la carta circulara y formara así la base (la fuente y en cierto sentido la causa) de la creación de las falsificaciones apócrifas (por ejemplo, El Apocalipsis de Pedro) que surgieron en la primera parte del segundo siglo.

    c.      Antes del desarrollo mayor de los errores citados, que de hecho ocurrió en el segundo siglo. En 2 Pedro, la referencia a los errores se hace con verbos en tiempo futuro.

En conclusión, esos factores se combinan para indicar que probablemente el apóstol escribió 2 Pedro alrededor del año 65 de nuestra era.

LA BIBLIA ES DE ORIGEN DIVINO. LE TOCÓ AL
HOMBRE RECONOCER SU AUTORIDAD, NO CREARLA

¡PENSEMOS!

 Durante los primeros 20 años después de la ascensión de nuestro Señor Jesucristo, no se escribió ninguno de los libros novotestamentarios. Quiere decir que la Biblia de la cual predicaron y enseñaron los apóstoles en aquel entonces consistía sólo del Antiguo Testamento. Pedro predicó su famoso mensaje en el día de Pentecostés (Hechos 2) con base en la revelación del Antiguo Testamento. Esteban revisó la historia antigua de Israel ante sus acusadores en Hechos 7, y Felipe predicó el mensaje de Cristo al etíope (Hechos 8) con base en Isaías 53. Aun los gentiles que aceptaron a Cristo durante ese período de veinte años no tenían más que el Antiguo Testamento como su Biblia.

¿Cuál fue el proceso mediante el cual la iglesia llegó confiadamente a reconocer los libros que Dios quiso que formaran parte del Nuevo Testamento? Se consideraron cuatro elementos.

1. Apostolicidad: ¿Fue escrita por un apóstol o por alguien que sostenía una relación cercana con él?

2. Contenido: Tenía que manifestar un carácter verídico, histórico, espiritual y, sobre todo, de acuerdo con la sana doctrina.

3. Universalidad: ¿Aceptaban la obra las iglesias en general?

4. Inspiración. Esta era la prueba final. Sería totalmente incongruente que el mismo Espíritu Santo, quien supervisó la escritura de una obra, no ayudara a la iglesia a discernir entre lo genuino y lo espurio. Ese ministerio del Espíritu condujo a la aceptación armoniosa y al final unánime, de los libros del Nuevo Testamento.

 I. EL CONOCIMIENTO

Aclarando su esencia (1:1–21)

Fuente del conocimiento para el creyente. 1:1–4

La carta: De quién y para quién (1:1–2). Siguiendo la forma acostumbrada en que se enviaban misivas en la época del primer siglo, ésta también empieza dando el nombre de su autor. Sin embargo, no es como las demás cartas del Nuevo Testamento, porque empieza dando dos nombres de la misma persona. Desde el principio, 2 Pedro es única.

Este hecho naturalmente refuerza la identidad del autor, sobre todo, cuando se considera que en un buen número de textos, aparece la forma original de “Simón” es decir, la forma hebraica “Simeón”. Ningún falsificador del segundo siglo hubiera introducido la forma no hebrea que aparece en la epístola. Por otro lado, sería muy natural que Pedro el apóstol sí la usara.

Pero si los nombres en sí no son suficientes para establecer la identidad del autor, ¿qué tal sus dos credenciales mencionadas en seguida, siervo y apóstol? “Siervo” es traducción de la palabra que se usaba para hablar de un esclavo. Sin embargo, no se refiere aquí a la servidumbre involuntaria, sino a alguien que con muy buena voluntad y hasta entusiasmo se rinde a su amo, en este caso el Maestro, el Señor Jesucristo. A esas alturas, Pedro ya no era el pescador impetuoso e independiente, sino un hombre maduro, totalmente sumiso a su Salvador y Señor.

La palabra “apóstol” coloca al autor en compañía muy selecta. Fueron pocos los que podían adjudicarse semejante título. Efectivamente, Pedro estaba entre los primeros escogidos por el Señor, juntamente con Juan y Jacobo. Él presenció los milagros del Jesucristo, escuchó sus grandes discursos, así como sus parábolas y sencillas lecciones. Anduvo con Cristo por las veredas de Tierra Santa, entró con él a Samaria y subió con él al monte de la Transfiguración. En la última semana de la vida terrenal de nuestro Señor, Pedro estuvo presente durante las grandes enseñanzas del aposento alto, y poco después, descendió al valle más oscuro de su vida, cuando entre los enemigos de Cristo negó a su Señor. Gracias a Dios, su biografía no termina allí.

También fue testigo de la resurrección triunfante y posteriormente fue totalmente restaurado. Entonces, cuando los apóstoles estudiaron (Hechos 1) el dilema de quién tomaría el lugar del traidor Judas, fue Pedro quien hizo una lista de los requisitos de apóstol. Luego, en el siguiente capítulo (Hechos 2), el mismo apóstol llegó a ser el intenso predicador del día de Pentecostés. Años después y estando a más de 2,300 kilómetros de distancia, en la ciudad de Roma, escribió la carta que estamos estudiando, cuyo autor es Pedro, apóstol de Jesucristo.

Los receptores de ésta, su última obra, se catalogan como “los que habéis alcanzado… una fe igualmente preciosa que la nuestra” (1:1). El versículo establece que eran creyentes, pero no indica directamente si eran gentiles o judíos. Tampoco establece el lugar geográfico donde se encontraban.

Si 2 Pedro 3:1, que dice: “Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento”, se refiere a 1 Pedro, entonces los destinatarios son los mismos que se mencionan en 1 Pedro 1:1: “…los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia”. En ese caso, quienes recibieron la segunda carta eran creyentes judíos (“los expatriados”) de Asia Menor.

Por otro lado, es posible que 2 Pedro 3:1 se refiera a otra carta (una ya perdida), es decir, a una que no llegó a formar parte del canon del Nuevo Testamento. Varios eruditos piensan de este modo. Si así fuera, no tendríamos ni la menor idea de quienes fueron los recipientes de 2 Pedro. Sabríamos de ellos únicamente por lo poco que la carta revela, que aunque es “poco”, es muy importante.

Habiendo “alcanzado… una fe” (1:1) indica que eran creyentes que lógicamente, habían aceptado a Cristo hacía relativamente poco tiempo, pero cuya salvación era igual a la de los que aceptaron antes; igual en el sentido de que tenía la misma fuente (la obra de Dios) y los mismos resultados.

Hay una importantísima expresión teológica en la frase “nuestro Dios y Salvador Jesucristo”. Pocas, pero fuertes, son las referencias novotestamentarias donde se identifican directamente a “Dios” con “Jesucristo”. (Véase Juan 1:1; 20:28; Tito 2:13 y la explicación de Pablo en Colosenses 2:9.) No debe extrañar al estudiante del Nuevo Testamento que sea Pedro el que lo dice, reforzando lo que dice en su doxología de 3:18. Es de interés notar que en el Nuevo Testamento el término “Salvador” se aplica a Jesucristo unas 16 veces, 5 de las cuales aparecen en 2 Pedro.

El saludo “Gracia y paz os sean multiplicadas” (1:2) es igual al de 1 Pedro, pero como los saludos de Pedro no hay igual en todo el Nuevo Testamento. En los de Pablo, no se incluye el verbo como aquí, cuando dice: “sean multiplicadas”, siguiendo el estilo formal de los griegos. El uso del verbo, que es un estilo de composición más oriental, en este caso parece indicar que los destinatarios ya habían recibido esos elementos, pero, que a la luz de los maestros falsos que estaban entrando en el cuadro, los hermanos necesitarían una mayor cantidad de esos importantes ingredientes, la gracia y la paz.

No se debe pasar por alto la primera aparición en la carta de la palabra “conocimiento”. La palabra, los derivados de ella o términos análogos, se encuentran unas 16 veces en 2 Pedro, lo cual enfoca lo que él consideraba que era el antídoto para el veneno de los maestros falsos.

La causa: De dónde viene la vida (1:3)

La fuerza del versículo se capta en la paráfrasis, “¡Todos, absolutamente todos los recursos necesarios para disfrutar y demostrar la relación que el creyente sostiene con su Dios, él los ha dado ya!” Dios, siempre de acuerdo con todas sus demás perfecciones, planificó, ejecutó y soberanamente aplicó al individuo todo su poder. Y no le entregó solamente lo requerido para el inicio de la vida eterna, sino que también le proveyó todos los recursos necesarios para garantizar y desarrollar esa vida. Dios nos ha reclutado para ser sus soldados y para que entremos en la milicia bien equipados para la pelea.

Entonces, ¿a quiénes se refiere específicamente el pronombre “nos” (1:3)? Debido a la frase “por su gloria” se cree que el “nos” se refiere a los mismos apóstoles. Por cierto, los relativamente recién convertidos (en comparación con los apóstoles) a quienes Pedro escribió, no podían formar parte de ese “nos” por razón de tiempo y geografía. Ellos no habían visto la “gloria” del Señor Jesucristo. En cambio los apóstoles sí la vieron, algunos en el monte de la Transfiguración y todos en el Cristo resucitado. Por otro lado, la fuente de vida es la misma, ya se trate de los apóstoles, de los lectores de la carta, o de nosotros de la edad presente.

Por segunda vez en sólo dos versículos, el autor menciona “conocimiento”. La vida que complace a Dios no le pertenece al hombre caído por naturaleza; es un don de Dios. Y sus detalles se encuentran en la Biblia.

¡QUÉ MARAVILLOSA ES LA GRACIA DE DIOS,
QUE PERMITE AL HOMBRE CONOCERLO!

¡PENSEMOS!

 El hecho de que un ser humano, finito, con todas las limitaciones que semejante descripción comprende, pueda llegar a conocer al Dios infinito, es en sí un milagro. ¿Cómo es posible? Solamente mediante una obra sobrenatural de parte de ese mismo Dios. En primer lugar, el Dios infinito tenía que revelarse, es decir, él mismo tuvo que comunicarse, dándonos a conocer como es, qué ha hecho, y cuáles son sus planes. De otra manera, el hombre no podría haber sabido nada de él. Aun así, por lo que le pasó al hombre en el jardín de Edén y por consiguiente, a toda la raza, una revelación del Dios infinito no sería suficiente. Por muy inteligente que sea, la Biblia dice: “…el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios porque para él son locura” (1 Corintios 2:14). Tuvo que haber una obra de parte del Espíritu Santo de Dios para convencer al hombre al respecto (Juan 16:7–11). Solamente así puede la mente de un ser finito conocer al Creador infinito.

Ahora bien, este no es un conocimiento puramente intelectual, aunque, claro, la información referente al plan de Dios revelado en su Palabra es absolutamente necesaria. Su aceptación, sin embargo, tiene que ser no solamente del cerebro, sino también del corazón. Es decir, “creer”.

Las Consecuencias: De qué somos participantes (1:4)

Aquí Pedro ofrece una especie de definición de lo que quiere decir ser cristiano: “participantes de la naturaleza divina…” (1:4). Las grandes y muy valiosas promesas de Dios en este contexto nos fueron dadas por la “gloria y excelencia” de Cristo (v. 3), cuyo carácter garantizó el valor de ellas.

El resultado no es que el creyente llega a ser un dios ni siquiera un mini-dios. Esta es la meta que tienen varias sectas en la actualidad. Los mormones enseñan que el hombre llegará a ser un dios. La iglesia ortodoxa oriental también cree en la divinización futura del hombre, y de igual manera postulan muchas de las religiones falsas. Pedro jamás hubiera enseñado semejante error. Más bien, la frase “ser participantes de la naturaleza divina…” toma en cuenta que el Espíritu Santo ha impartido a cada creyente una naturaleza nueva, y que es ahora capaz de entrar en comunión con Dios. El apóstol Pablo lo explica de la siguiente manera: “…Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:27).

Por otro lado, tenemos que confesar que las Escrituras establecen como meta para el creyente que llegue a ser como Cristo: “Amados ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él és” (1 Juan 3:2). No seremos dioses pero, sí tendremos el cuerpo glorificado, lo cual nos facilitará aún más glorificar a nuestro Salvador.

2

Alcanzando el fruto

2 Pedro 1:5–11

Un curriculum vitae del apóstol Pedro incluiría una gran variedad de “vocaciones”. Algunos críticos señalan únicamente su trabajo anterior a conocer a Cristo y lo llaman, “el pescador”. En cierto sentido, la manera en que usan el término da la impresión de que desprecian a su persona (inclusive a veces se agrega el adjetivo “ignorante”), o su ocupación, como que dicho trabajo no era muy noble. Bueno, los evangelios no catalogan esa vocación así ni emplean su ocupación anterior como designación, título o apodo.

Unos escogen todavía otro capítulo de su vida para hacer hincapié en su hora oscura, recordándolo como el discípulo que negó a Cristo. Pues, sí, dicha actuación cobarde es parte de la crónica evangélica. La Biblia nunca califica algo como bueno si no lo fuera.

Por otro lado, en la historia de la iglesia primitiva, tal y como relata el libro de los Hechos de los Apóstoles, no se hace referencia a esa ocasión sombría. Fue un evento triste de la biografía petrina, pero obviamente hubo otro acontecimiento aun más trascendental en el cual se perdonó su error, y le restauró de tal manera, que los eventos de aquella noche no llegaron a ser la pauta para recordar a Pedro, por lo menos, en el Nuevo Testamento.

El apóstol Pedro, autor de la carta que estamos estudiando, sí pasó por lo arriba mencionado y, aunque difícil sería decir que todos los eventos de su vida anterior han pasado al olvido total, algo, más bien, “alguien”, vino a reemplazar dichos recuerdos. En cierto sentido, a eso se refiere la frase de 2 Pedro 1:3: “…mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia”. Pedro sentía la atracción de la persona divina, disfrutaba del poder divino, y se deleitaba en las promesas divinas. Así era el apóstol Pedro, ya maduro, el mismo que escribió la carta, que ya estaba preparado para hablarnos del fruto de una vida expuesta a, y ocupada por la persona y obra de nuestro Salvador Jesucristo.

De acuerdo con el tema y bosquejo general de la epístola, y habiendo visto en el primer estudio la fuente del conocimiento, Pedro sigue elaborando el desarrollo de su carta.

DESARROLLO DEL CONOCIMIENTO EN EL CREYENTE 1:5–11

El cómo. La escalera que conduce al fruto 1:5–7

Por mucho que el horticultor pode un árbol para que su fruta sea fácil de cosechar, parece que la mejor fruta siempre está en las ramas más altas. Alcanzarla requiere de una escalera. En esta sección, el autor describe siete virtudes como si fueran los peldaños de una escala que conducen al fruto (1:8). Aquí se nota la gran diferencia que había entre la filosofía griega y el Nuevo Testamento.

Los filósofos también admiraban la virtud, pero no podían ofrecer a sus discípulos el método para adquirirla. Más bien, aparentemente pensaban que una vida verdaderamente santa era imposible de alcanzar.

En cambio, aun antes de hacer una lista de las virtudes cristianas, Pedro expuso la base para adquirirlas en los vv. 1:3b–4a: “…mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina… (1:3b–4a).

A continuación, el autor dice directamente a los destinatarios de la carta y por ende, a nosotros: “vosotros también”. Por las mismas razones ya presentadas, siendo la principal entre ellas que un creyente participa de la naturaleza divina, todo cristiano debe incorporar las siguientes virtudes a su vida. Esa actuación es lo normal y corresponde al crecimiento, desarrollo y madurez de un hijo de Dios. Además, la entrega a la tarea demanda todo nuestro esfuerzo, por lo que debemos poner “toda diligencia”.

PEDRO NO ESTARÍA DE ACUERDO
CON EL CÍNICO QUE DESCRIBIÓ
AL CRISTIANISMO COMO
“UN ESPASMO INICIAL
SEGUIDO POR UNA INERCIA CRÓNICA”.

El autor pone en claro que la fe es fundamental (por haber sido “llamado” el creyente v. 3) y que es a ella a la que se tienen que agregar las virtudes. Se podría concebir la fe como el hilo en el cual se tienen que ensartar las joyas preciosas que son las virtudes.

La etimología (historia de la palabra) del término “añadir” es fascinante. Viene de un vocablo (joregos) tomado del teatro y de las fiestas de drama que se celebraban en la antigua Atenas. Dos famosos poetas trágicos del cuarto siglo a.C. (Sófocles y Eurípides), creaban y presentaban dramas que requerían de coros cada vez más grandes y costosos. Los ciudadanos ricos y prominentes (joregos) de aquel entonces, parece que competían por mostrar su generosidad, con objeto de patrocinar las extravagantes puestas en escena.

Posteriormente, la misma palabra (joregos) dejó de referirse a los ciudadanos ricos o prominentes y tomó el significado de “muy generoso”. Aquí Pedro emplea la forma verbal que se deriva de ese sustantivo (a propósito, esta es la única vez que se usa en el Nuevo Testamento). Traducida como “añadid”, la palabra señala que el creyente no puede satisfacerse con sólo hacer lo mínimo, tiene que ser “generoso” (fértil, muy productivo, abundante) en su adquisición de las virtudes.

EL CREYENTE DEBE SER PRÓDIGO EN EL USO DE

SU TIEMPO Y SU ESFUERZO PARA INVERTIRLOS

EN EL DESARROLLO DE SU VIDA CRISTIANA

¡PENSEMOS!

 Se ha dicho que la salvación es instantánea y ocurre en el momento que uno acepta a Cristo, pero que la conversión requiere de tiempo. Sin duda, la última frase se refiere al proceso de crecimiento hacia la madurez. Uno no nace de arriba y simultáneamente se hace maduro; se necesita tiempo. Por supuesto, algo más que tiempo es necesario, porque el tiempo por sí sólo envejece. La madurez requiere de la obra del Espíritu Santo actuando sobre el conocimiento creciente de la palabra de Dios. El proceso se ilustra en Judas 20: “edificándoos sobre vuestra santísima fe”.

Ahora pasamos a considerar las virtudes mismas, los peldaños de la escalera. Las cinco primeras tienen que ver con la vida interior del creyente y con su relación con Dios.

“La virtud” v. 5. Este término, que no es muy frecuente en el Nuevo Testamento, quiere decir “mérito” o “valor”, y es el mismo que se emplea en el v. 3 donde se refiere a Cristo, y se traduce “excelencia”. La palabra se usaba para expresar el uso correcto o apropiado de algo. Es decir, la “excelencia” (o uso apropiado) de un cuchillo está en su capacidad de cortar. Si no corta, no sirve. La “excelencia” de una buena vaca está en la cantidad y calidad de leche que produce. Si no cumple con esos requerimientos, no sirve.

Ahora bien, la virtud (la “excelencia”) de un creyente, o sea el propósito que Dios tiene en mente para cada hijo de Dios, es que llegue a ser parecido a Cristo. Su vida debe reflejar algo del atractivo de Cristo (v. 3). Los maestros falsos hablaban muy bonito y tocaban un montón de temas, pero su vida no demostraba lo que es el propósito de Dios para los creyentes. Al verdadero hijo de Dios le corresponde agregar a su fe “la virtud”, el pleno conocimiento de lo que es el propósito de Dios y el cumplimiento de ello, reflejando así la excelencia de Cristo.

“Conocimiento” v. 5. Gracias a Dios por las emociones, pero el cristianismo es mucho más que sólo sentimientos. Es sabiduría, sagacidad, conocimiento obtenido en el ejercicio práctico del primer peldaño, “la virtud” o “excelencia”. Es una sabiduría que discierne entre lo bueno y lo malo y evita lo último. Es la capacidad de manejar la vida con éxito y tomar decisiones correctas a la vista de Dios. Quiere decir que es posible vivir la vida sin cometer errores graves.

Pero, y este es un “pero” muy grande y muy fuerte, no se puede lograr todo eso sólo por medio de las emociones. El “conocimiento” requiere el uso de la mente. Hay cosas que debemos aprender. Ya era tiempo que los que ocupaban el púlpito se dirigieran a la mente de sus oyentes y no sólo a sus emociones. Una cabeza vacía es muy susceptible de cometer errores, y de aceptar las falsas doctrinas que prevalecían entonces y en la actualidad.

El apóstol Pablo nos informa que los judíos “tienen celo de Dios (¡emoción!), pero no conforme a ciencia” (Romanos 10:2). También habló de su petición ante Dios a favor de los filipenses: “…que vuestro amor abunde aun más en ciencia y en todo conocimiento” (Filipenses 1:9). No debemos entrar en la pelea en ignorancia, sino que debemos agregar a la fe y la virtud, el conocimiento.

“Dominio propio” v. 6. La palabra que aquí se traduce como “dominio propio” es la misma que usó Pablo en la famosa e importante lista de virtudes que componen el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22–23), solamente que allí se traduce “templanza”. El sentido básico del vocablo original tiene que ver con el control de nuestros apetitos en todas las áreas, tanto del raciocinio, como de las emociones y de la voluntad. Como en el caso de la referida ilustración de la escalera en donde cada peldaño depende del anterior, el “dominio propio” contempla la adquisición del “conocimiento”. Se tiene que poner en práctica lo que ya se ha aprendido mediante la obra educativa del Espíritu Santo a través de la palabra de Dios.

Cualquier sistema religioso que separa la ética de su doctrina, es herético. La demanda del dominio propio era bastante fuerte, puesto que Pedro estaba enfrentando a los maestros falsos, muchos de los cuales postulaban que su conocimiento avanzado los libraba de la necesidad de ejercer semejante control.

“Paciencia” v. 6. Pedro agrega todavía otro ingrediente más al cuadro de lo que es un creyente maduro, otro peldaño en la escalera que lo conduce a dar fruto. La palabra “paciencia” enseña que el creyente debe portarse con valor, aguantando la prueba, no dejando que nada le fuerce a rendirse. Es la actitud y estado mental, que no se mueve por la dificultad, sino que puede resistir los ataques tanto de afuera (del mundo) como de adentro (la carne). El creyente maduro no se da por vencido.

LA VERDADERA FE PERDURA.

POCAS SON LAS PRUEBAS DE LA FE MEJOR

ACREDITADAS QUE ÉSTA.

¡PENSEMOS!

 Se ha dicho que esta clase de paciencia es más semejante a una estrella que a un cometa, porque tiene que ver con la perseverancia. Sin embargo, esta virtud no se le otorga al creyente automáticamente. No es una de las bendiciones que acompañan a la salvación, que se entregan al nuevo hijo de Dios en el momento en que cree. La adquisición de la paciencia no es un evento sino un proceso, y Santiago 1:2–3 lo presenta en forma bien clara: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia”. Se dice que cada dificultad tiene un dividendo y le corresponde al creyente hacer que su dificultad se lo pague.

“Piedad” v. 6. Literalmente quiere decir “rendir culto o adorar bien”. Es la actitud reverente que busca complacer a Dios en todo, y que establece su lealtad a Dios como una prioridad. La palabra no se usa mucho en el Nuevo Testamento, tal vez porque los paganos también la utilizaban. En 1 Timoteo 6:6, Pablo usa el mismo vocablo: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento”.

Las dos últimas virtudes de la lista tienen que ver con las relaciones de un creyente con otros.

“Afecto fraternal” v. 6. Convendría aquí insertar las palabras que se encuentran en 1 Juan 4:20: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso”. El amor fraternal era señal del verdadero discipulado y una cualidad que estaba totalmente ausente en los falsos maestros. El peldaño anterior, la piedad, ha de llevar al creyente hacia el “afecto fraternal”. Pedro mismo aprendió esa virtud enfrentando discusiones, argumentos y disgustos con los mismos discípulos. Por eso, pudo escribir: “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 Pedro 1:22).

“Amor” v. 6. Ahora Pedro presenta la corona de todas las virtudes. Agape es el “amor” deliberado, basado en nuestra decisión, que siempre busca y anhela lo mejor para el objeto de él. Parece ser una palabra forjada especialmente para comunicar la actitud que Dios ha tenido para con el hombre y que demanda de sus hijos. El amor divino no se basa en lo que el hombre es, sino en lo que Dios es. Primera Corintios 13:13 dice: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”.

Es así como Pedro nos ha llevado desde la raíz, que es la fe, hasta el peldaño más alto, donde se encuentra el fruto, que es el amor.

¿Para qué? 1:8–11

Hay una razón de ser de las virtudes, los peldaños ya mencionados; hay un propósito, o sea, una meta que el creyente debe alcanzar al ir ascendiendo por esa escalera. Efectivamente, Pedro nos provee en 1:8–11 una lista de los resultados de ocuparse continuamente en adquirir las virtudes citadas. Es de notarse que “la diligencia” (v. 5) con la que el creyente sigue agregando virtud sobre virtud, producirá la abundancia o aumento a que se refiere el v. 8.

Activos y fructíferos v. 8. Esta es la expresión en forma positiva, aunque la manera exacta en que Pedro la presenta es negativa: “No os dejaran estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo”. La idea es que si atendemos con diligencia a las mencionadas virtudes, el creyente será efectivo y productivo en el conocimiento de Cristo. El conocimiento experimental y creciente de la verdad referente a Cristo producirá lo que debe producir, es decir, llenará su cometido en cada uno.

Es así como de nuevo se ve en la epístola la importancia del conocimiento de la verdad revelada. El creyente tiene que ser fortificado con ese conocimiento para poder resistir el ataque inminente del error.

“Ciego” v. 9. Por otro lado, “el que no tiene estas cosas”, las virtudes o excelencias comentadas a principios del capítulo, se describe como si estuviera ciego. El texto explica más específicamente esto, diciendo que es miope, pues “tiene la vista muy corta”. La metáfora de la ceguera, representando la incapacidad de ver (entender) la verdad, es muy frecuente en las Escrituras. Aquí Pedro aclaró su referencia aún más, usando la frase “habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados”. El contexto tiene a la vista a un creyente, no a un pagano totalmente ignorante de la palabra de Dios. Es un creyente que aunque conoce algo de la palabra, tiene en su corazón nada más una luz vacilante. Es como si alguien o algo le produjera amnesia en cuanto a lo que es importante, el perdón.

Objetivos a corto y largo plazo (vv. 10–11). A la luz de las excelencias que el creyente debe adquirir y experimentar, y más a la luz del creciente conocimiento de Cristo, Pedro dice: “…hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección…” (v. 10).

En primer lugar, el autor aclara que se está dirigiendo a los verdaderos creyentes porque usa el término “hermanos”, la única vez que aparece dicha palabra en sus epístolas. Se agrega así una nota de ternura y relación familiar.

Luego, el verbo de la oración “tanto más procurad” (v. 10) y el sustantivo “diligencia” del v. 5, tienen la misma base, o sea, que por segunda vez Pedro exhorta a sus lectores a la diligencia. Antes señaló la necesidad de ella al subir la escalera de las excelencias. En el v. 10 demandó la diligencia para “hacer firme vuestra vocación y elección”. Es importante notar que el creyente no es el autor de la vocación y elección. Tampoco puede, mediante su esfuerzo, hacer más seguras su vocación y su elección. Sin embargo, la manifestación en el creyente del creciente conocimiento de Cristo y de sus excelencias o virtudes, son evidencias de haber sido llamado y elegido. La seguridad es el fruto. Naturalmente que ese desarrollo, esa madurez espiritual, es producto del Espíritu Santo. Con semejantes puntos de apoyo, es imposible tropezar como dice Pedro.

¡LA SALVACIÓN ES DE JEHOVÁ!

VIENE DEL CIELO Y NOS CONDUCE AL CIELO.

En cierto sentido, lo anterior tiene que ver con el tiempo; lo que sigue se proyecta hacia la eternidad: “Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (v. 11). Naturalmente se refiere al cielo y al hecho de que Dios suple generosamente (el mismo término que se emplea en el v. 5) todo lo necesario para lograrlo.

¡PENSEMOS!

 La salvación que vino del cielo se logró mediante el Señor Jesucristo, quien también vino del cielo. En esta seeción de 2 Pedro se notan varios títulos de Cristo: “…nuestro Dios y Salvador Jesucristo (v. 1); “…de Dios y de nuestro Señor Jesús” (v. 2); “…nuestro Señor Jesucristo” (v. 8). Él es “Dios”, “Salvador”, “Señor” y gracias a Dios, “es nuestro”.

3

Los fundamentos del conocimiento

2 Pedro 1:12–21

El cristianismo, en el sentido correcto de la palabra, no fue invento de un comité de religiosos o filósofos, ni siquiera de la iglesia. Tampoco fue resultado de la compilación de lo mejor de las leyendas folklóricas, tomadas de todas las religiones de todas las épocas pasadas, ajustadas y refinadas para el consumo del siglo XX. No, destilado a su forma más pura, el cristianismo es Cristo, y sabemos de él por la Biblia y del testimonio inspirado de los primeros testigos.

Bien es cierto que Cristo es el fundamento, la base sobre la cual se edifica la iglesia: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintios 3:11). Se usa la misma metáfora en Efesios 2:20, pero con un cambio significativo. El autor dice que los miembros de la familia de Dios están “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo”. Esto se refiere a la primacía de Cristo, porque sin él no habría cristianismo. (“Principal piedra del ángulo” Efesios 2:20). También se debe tomar en cuenta la historicidad de los “apóstoles y profetas”, que fueron las primeras piedras del edificio y cimiento sobre el cual el Señor Jesucristo ha estado construyendo su iglesia por casi dos mil años ya.

En la primera parte de la sección que está por estudiarse, Pedro hace hincapié en el apostolado y su importante comunicación del mensaje, además de su interés personal y profundo por la condición de sus lectores. Pedro quería fortalecerlos y prepararlos para las mofas y burlas que muy pronto les llegarían.

LO APOSTÓLICO 1:12–18

La pasión de pedro. El apóstol dice: “Yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas…” (v. 12). Lo primero que se tiene que notar es que es Pedro, ya no era el inestable pescador galileo, ni el impaciente discípulo el cobarde testigo de lo que pasó aquella noche. Ahora es Pedro, el apóstol, el maduro, el comisionado (“…y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” [Lucas 22:32] y “Apacienta mi ovejas” [Juan 21:17]).

En seguida se nota aquí su dedicación a la tarea asignada porque se expresa: “Estaré siempre dispuesto a recordarles”. Se ha dicho que la repetición es la madre del aprendizaje y el buen pedagogo utiliza esa técnica. Parece ser una característica de los apóstoles, porque Pablo también dice: “A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas…” (Filipenses 3:1).

Ahora bien, ¿cuál es el tema de su recordatorio? La frase “estas cosas” del v. 12 parece hacer referencia a la misma del v. 8, o sea, a las excelencias, a las virtudes cuya adquisición busca el creyente. No es un tema nuevo, pues sus lectores ya lo habían oído antes y hasta dijo: “vosotros las sepáis”. Inclusive, habían experimentado los beneficios de semejante instrucción. Se da a entender que vale la pena repasar la enseñanza valiosa de la Biblia, sin duda para aumentar el aprecio por y la alabanza del autor así como también para recalcar su valor práctico.

El programa de pedro vv. 13–14. Pedro, al hacer su análisis, opinó que era correcto hacer lo que estaba haciendo (“tengo por justo”). Además parece que él entendía que esa era la responsabilidad de su vida, su vocación, su meta, su prioridad.

Se ilustra la fuerza que tiene el verbo “el despertaros” cuando se considera que la misma palabra se emplea en Juan 6:18: “Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba”. “Levantar” y “despertar” (la misma palabra griega) tienen el sentido de conmover, excitar o poner en movimiento. Es precisamente lo que Pedro quería hacer en la vida de sus lectores, y trataba de hacerlo mediante un recordatorio de “estas cosas”. En cierto sentido, se podría decir que el creyente ha de ser “picado” (conmovido, excitado y puesto en movimiento) por la sana doctrina.

El programa de Pedro tenía ciertas limitaciones. De acuerdo a lo que él había aprendido de labios de su Señor y Salvador, sus días sobre esta tierra estaban definidos: “…mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Esto dijo [Jesucristo], dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios” (Juan 21:18–19). A la luz de lo dicho por el Señor, parece que “en breve” (v. 14) ha de traducirse “repentino”, al igual que en 2 Pedro 2:1, donde aparece la misma palabra y así se traduce. Es así que Pedro estaba indicando que cuando le viniera la hora (“repentina”) de la muerte, no habría tiempo para la clase de comunicación que intentaba dar en esta carta.

El propósito de Pedro vv. 15–18. ¡Otra vez el apóstol repite la palabra “diligencia”! Ya son tres veces (vv. 5, 10, 15) que emplea el término en este capítulo (aunque en el v. 10 se tradujo “procurad”). En las dos primeras ocasiones, se exhortó a los creyentes, los lectores de su carta. En v. 15, es el testimonio de Pedro mismo: “También, yo procuraré con diligencia” (1:15).

(1) Recordarles. Qué es lo que procuraría hacer con diligencia? Su propósito era que hubiera un recordatorio perenne para sus lectores y se propuso hacer algo para suplir esa necesidad. Hay diferencias de opinión en cuanto a qué tenía exactamente en mente el apóstol. En general, los comentaristas están de acuerdo en que san Pedro, contemplando su muerte, quiso dejar algo por escrito. Algunos piensan que se refiere al resto de esta misma carta, cuyo tema se desarrolla a continuación. En otras palabras, sus lectores podrían utilizar lo demás de su carta como un continuo recordatorio de “estas cosas”. Otros dicen que el tiempo futuro del verbo (“procuraré”) señala algo más lejano, que estaba todavía en el futuro, como por ejemplo la escritura del evangelio de San Marcos. Dicha obra literaria (escrita por Marcos) tiene una larga tradición de haber sido escrita bajo la influencia de y con información provista por san Pedro. Entonces, en ese caso, Pedro estaría diciendo a sus lectores que él mismo vería que Marcos escribiera su evangelio. De una u otra manera, algo escrito permanecería por obra del Espíritu Santo, perduraría y serviría a los lectores del primer siglo y a nosotros también.

LA BIBLIA: RECURSO SANTO, INSONDABLE
Y A LA VEZ, PRÁCTICO

¡PENSEMOS!

 El señor Juan Flavel, quien vivió de 1627 a 1691, dijo que “la Biblia es un libro que nos enseña la mejor manera de vivir, la manera más noble de sufrir y la manera más confortable de morir”. En verdad que es un recurso sin par. Pero es como la medicina; la que guardamos en el botiquín puede dar un cierto sentido de bienestar, pero no ayuda hasta que la frotamos en la llaga. A veces, el creyente se preocupa más por acumular conocimiento bíblico que aplicar dicho conocimiento a su vida. Por decirlo así, ¡hay que frotar “la medicina”! Pedro quería que hubiera un recordatorio, o sea, “medicina” disponible.

(2) Demostrar la autoridad de su mensaje. Después de expresar su propósito, Pedro agrega la razón por la que su mensaje era tan importante, al citar su fuente autorizada y el evento histórico que lo autenticaba.

No se debe culpar ni a Pedro ni a ninguno de los apóstoles por haber inventado el mensaje que promulgaban porque ellos lo habían recibido. La religión de los griegos se basaba en una mitología exagerada, producto de largos años de dar rienda suelta a la imaginación desenfrenada de hombres inteligentes, pero espiritualmente caídos. Aun el mismo judaísmo tartó de adornar al Antiguo Testamento con fábulas que también reflejaban la mente caída y que finalmente hizo que se convirtiera en una carga imposible de llevar. ¡Esos inventos no cesaron con las civilizaciones antiguas! La historia del mundo desde entonces (inclusive la del llamado cristianismo) también está repleta de fábulas que son producto de la creatividad e imaginación, de cuentos, fábulas, agregadas y que confunden el mensaje bíblico. La verdad es que las astutamente confeccionadas ficciones de la época no eran la fuente del mensaje apostólico.

Más bien, tenemos en Pedro a un testigo ocular; alguien que juntamente con los demás discípulos, ya apóstoles, había visto detenidamente, con sus propios ojos, la majestad del Señor Jesucristo. En especial, vio “el poder y la venida”, dos aspectos de un solo concepto. Ambos términos parecen hacer referencia a las características especialmente asociadas con la llamada segunda venida de Cristo.

Los falsos profetas decían que los apóstoles seguían fábulas e inventos, y que su mensaje escatalógico, o sea lo concerniente al futuro, se basaba solamente en esos cuentos misteriosos y problemáticos. En cambio, Pedro citó que vio con su propios ojos la majestad del Señor Jesucristo. De igual manera, Juan dijo: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). El mismo autor agrega en su primera epístola; “Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos” (1 Juan 1:3). Es así como hablaban de una persona histórica, cuya vida y ministerio se llevaron a cabo en un lugar geográfico específico y conocido, en una época determinada, en que un procurador romano, con el nombre de Poncio Pilato, dirigía los asuntos en Palestina.

En lo personal, Pedro cita su propia experiencia en el monte de la Transfiguración. Claro que en aquel evento sólo hubo tres discípulos presentes: Pedro, Juan y Jacobo, y solamente dos estaban vivos durante la escritura de 2 Pedro. Jacobo había sido asesinado por Herodes años antes (Hechos 12:2). Sin embargo, el hecho de haber sólo tres testigos de ese evento espectacular de la montaña, no limita ni compromete el uso de la primera persona plural del v. 16, “hemos” ni el posesivo plural “nuestros”. Además, esos términos no se refieren solamente a los dos sobrevivientes. Todos los discípulos estuvieron conscientes de su majestad por muchas y variadas demostraciones mostradas por parte del Señor Jesucristo. Sin embargo, aquí en los vv.17–18, Pedro cita un caso especial y personal como ejemplo o ilustración.

Es interesante observar que la impresión no fue exclusivamente ocular, sino también auditiva. Estando presente Cristo, vino la voz del Padre: “Este es mi hijo amado, en el cual tengo complacenia” (v.17). Esa comunicación celestial es una de las tres ocasiones en que una voz audible se refirió a Cristo. La primera fue durante su bautismo (Mateo 3:16, 17), la segunda, en el monte (Mateo 17:5), y la tercera, cuando unos griegos deseaban ver al Señor (Juan 12:20–28). En la comunicación que san Pedro citó, el uso de varias palabras (“mi hijo”, “amado”, “tengo complacencia”) demuestran tanto la aprobación del Padre, como la relación estrecha entre la primera persona y la segunda persona de la Trinidad.

“EN BOCA DE DOS O TRES TESTIGOS CONSTE TODA
PALABRA” (MATEO 18:16).

¡PENSEMOS!

 Recibimos el mensaje del evangelio directamente de los testigos del primer siglo, de quienes estuvieron presentes y se dieron cuenta. Es una fuente fidedigna. En verdad, estamos hasta cierto punto celosos de aquellos que tuvieron ese gran privilegio. ¿Qué tal hubiera sido acompañar al Señor Jesucristo cuando enseñaba y hacia milagros? Inclusive, ¿qué hubiéramos hecho aquella noche de infamia que terminó con el Hijo de Dios colgado de un madero? Nos asalta la tentación de decir: “Ah, si hubiéramos estado con él en aquel entonces, ¡que bendición!” Sin embargo, en una ocasión, el Señor Jesucristo dijo a Tomás, “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:29). Pues no lo hemos visto como aquellos apóstoles, pero por el testimonio de ellos, escrito con la autoridad e influencia del Espíritu Santo, tenemos el relato inspirado que presenta a la persona y obra de Cristo.

LO PROFÉTICO 1:19–21

Cuando se trata de fundamentos, no hay nada como la palabra de Dios, las Escrituras. Efectivamente, ese es el enfoque de la expresión: “Tenemos también la palabra profética más segura”. Probablemente se entendería mejor colocando la frase “más segura” antes de la frase “la palabra profética”. Es “más segura” antes de la frase “la palabra profética”. Es “más seguar” que el testimonio apostólico, aunque los apóstoles estuvieron con el Mesías por tres años y medio, porque incluye una presentación más completa de la gloria mesiánica. Además, muchas de aquellas profecías se habían cumplido ya con la primera llegada de Cristo a esta tierra. Para Pedro (¡y nosotros!), no cabe duda el cumplimiento de las demás promesas que actualmente están en el futuro. El testimonio de las Escrituras del Antiguo Testamento y de la profecía cumplida ofrecen gran seguridad al creyente porque son de origen divino.

A continuación, Pedro comenta que sus lectores harían bien en prestar atención a dichas profecías. Hay valor en el estudio de la escatología, y la verdad es que las porciones proféticas del Antiguo Testamento arrojan mucha luz (“son como una antorcha que alumbra en lugar oscuro”) sobre el porvenir. Es así que era y es correcto, importante y práctico, prestar atención a las porciones que todavía alumbran brillantemente “el lugar oscuro”.

“EL LUGAR OSCURO”: ES LA DESCRIPCIÓN

CORRECTA DE ESTE MUNDO

¡PENSEMOS!

 Por mucho que la civilización quiera representarse como adelantada, progresista e “iluminada” intelectual, moral, religiosa y socialmente hablando, todavía se caracteriza como un “lugar oscuro”. Eso se puede apreciar simplemente leyendo el periódico, donde se nota inmediatamente que no hay normas absolutas, permitiendo así (y más que permitir, “animando”) lo promiscuo y promoviendo hasta lo diabólico como lo normal. Sin embargo, todo eso se quiere presentar como un gran alumbramiento de la conciencia moderna. La Biblia caracteriza el mundo como “lugar oscuro” y “las tinieblas de este siglo” (Efesios 6:12). La Biblia es la lámpara que, como un potente faro, ilumina el rincón más retirado del cosmos.

¿De dónde procedieron las profecías del Antiguo Testamento? Pedro indica que no salieron ni de la creatividad ni de la imaginación de los profetas o, usando las palabras del versículo mismo, no salieron de “la interpretación” particular del profeta de sus circunstancias. Otros piensan que la referencia es a la prohibición de una interpretación privada, demandando una dependencia del Espíritu Santo. Es cierto que ningún exégeta debe insertar sus propias ideas en el texto ni procurar exprimir del texto lo que realmente no contiene. Sin embargo, no creo que debe apoderarse de 2 Pedro 1:20 para sostener esa idea.

Finalmente, en un versículo de suma importancia, Pedro señala el verdadero origen de lo que se llama el Antiguo Testamento: “los Santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”. A primera vista, parece ser una verdad igual a lo que Pablo expresó en 2 Timoteo 3:16: “Toda Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”. Al menos en el español, se usa el mismo término “inspirado”. Sin embargo hay una diferencia muy marcada.

En 2 Timoteo 3:16 San Pablo emplea el termino “soplado por Dios”, el cual es traducido al español como “inspirada”. Ese soplo de Dios hace hincapié en la fuente, el origen de esa obra de producir las Sagradas Escrituras. En este caso de 2 Timoteo 3:16, entonces, no son los autores humanos que fueron inspirados, al estilo de un poeta que contempla una espléndida puesta de sol, sino las palabras mismas que escribieron.

En cambio, en 2 Pedro 1:21 son los hombres mismos los que recibieron el toque divino. Pero, ¿en qué consiste ese “toque”? La palabra que se usa es muy diferente a la de 2 Timoteo. En 2 Pedro se dice literalmente que los hombre fueron “llevados” o “cargados”. Así que los autores fueron llevados por el Espíritu Santo a lo que tenían que comunicar.

Es así que se define la palabra inspiración como la obra del Espíritu Santo de Dios, mediante la cual él dirigió a los santos autores humanos de la Biblia a la verdad que Dios quiso que comunicaran, guiándoles en la selección de las palabras y guardándoles de todo error y omisión.

Es de esperarse que si Dios tenía un mensaje para el ser humano, ese mensaje lo tendría que proteger y garantizar. No se comunicaron al hombre ideas o nociones, sino un mensaje encapsulado en palabras, precisamente las que él quiso que recibiera el hombre. Con qué razón tenemos en la Biblia un mensaje de autoridad. Igualmente razonable es que Pedro citara esa fuente de verdad cuando quiso confrontar las enseñanzas de los falsos profetas.

4

¡Prepárense! Vienen los falsos maestros

2 Pedro 2:1–10a

El conocimiento pleno de quién es el verdadero enemigo, cuáles son sus artimañas, en dónde está, qué hace y, si es posible, qué pretende hacer, es de suma importancia para los soldados que defienden un fuerte. Así se preparan mejor para resistir el ataque, desplegando sus medios de manera ventajosa, reforzando aquellas áreas no tan bien fortificadas, y surtiéndose de los recursos necesarios para aguantar un sitio prolongado. El defensor que ignora esa información acerca del enemigo, ya sea por falta de comunicación o por terquedad, pone en peligro al lugar que protege y a su propia vida.

El apóstol Pedro quería preparar a sus lectores para lo que seguramente sucedería; es decir, la venida de los que enseñarían una doctrina falsa, que tratarían de hacer estragos en el mensaje apostólico para desviar por completo a la iglesia.

Por lo tanto, empleando su pluma como un pincel, pintó un cuadro de los herejes y sus herejías, que estaban próximos a azotar a la iglesia. Es de notarse que la amonestación se dirige a la iglesia del primer siglo, por decirlo así, a la iglesia naciente. El enemigo de nuestras almas no perdió mucho tiempo antes de intentar desviar y corromper a la prístina iglesia.

De acuerdo a su enfoque, Pedro comunicó que la base de la defensa contra la falsa enseñanza es el conocimiento de la verdad; y él mismo aceptó la responsabilidad de comunicarla.

Por eso, pintó el cuadro de cómo eran exactamente y qué hacían los falsos maestros. Además, incluye ilustraciones provenientes del Antiguo Testamento que indican cómo, ya en aquel entonces, Dios había juzgado a quienes se desviaron de la verdad.

Entonces, de acuerdo al bosquejo ya elaborado, llegamos a

EL CONOCIMIENTO:

Acusando a sus enemigos 2:1–22

Advertencias contra los maestros falsos 2:1–3

El capítulo anterior terminó con una referencia a la gran obra del Espíritu Santo efectuada en los santos autores humanos de las Escrituras, una obra que les guió a lo que Dios quiso que proclamaran y que, a la vez, les preservó de todo error. Sin embargo, durante esa misma época de la historia antigua, Israel había estado infestado de algunos que promulgaban un mensaje falso, mentiroso, engañoso, ajeno a la verdad revelada por el Espíritu.

A veces se notaba en esos maestros un móvil personal y egoísta. Nuestra perspectiva bíblica nos permite reconocer la obra del Maligno y darnos cuenta que su mensaje no estaba de ninguna manera de acuerdo con Jehová. Las consecuencias en todo caso fueron desastrosas para el pueblo de Israel.

¡PENSEMOS!

 En el Antiguo Testamento se denominaron “falsos profetas” a quienes: a) hablaban del “engaño de su corazón” (Jeremías 14:13–14); sin tener el puesto ni el don, presentaban su mensaje y asumían el papel de profetas (Jeremías 23:28, 31); c) tomaban para sí mismos el título de profeta para disfrutar de las ventajas materiales que el pueblo acostumbraba entregar al religioso honrado. Fue contra semejantes farsantes y su mensaje, que los profetas legítimos tuvieron que luchar. Cuando eran descubiertos los charlatanes eran castigados, a veces hasta con la muerte.

“GUARDAOS DE LOS FALSOS PROFETAS QUE

VIENEN A VOSOTROS CON VESTIDOS DE OVEJAS,

PERO POR DENTRO SON LOBOS RAPACES”

(MATEO 7:15).

El apóstol Pedro hizo ver a sus lectores que ellos también podían esperar semejante clase de estorbo, ya que vendrían falsos maestros. El uso del verbo en tiempo futuro (“habrá” 2:1) ayuda a establecer la prioridad temporal de 2 Pedro relacionada con la epístola de Judas, donde se mencionan los mismos eventos, pero en tiempo pasado.

Tanto la táctica que emplearían, como el contenido de su mensaje, serían reprensibles. La impresión es que llevarían a cabo su nefario propósito con cautela. La instrucción escandalosa que impartirían esos engañosos, es descrita por Pedro como “herejías destructoras”. Se entiende lo serio de esa acusación al notar el detalle que dice: “negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina”. El centro de su negación parece haber sido tanto la persona, como la obra del Señor Jesucristo, actitud y conducta que hizo que esos maestros falsos cayeran en un gravísimo error.

Hubiera sido grave si solamente propagaran ideas o filosofías conceptualizadas pero no externalizadas, pero el hecho de que promulgaran semejante enseñanza para influenciar a otros, complicaba aún más el cuadro. Se entiende que un maestro tiene muchísima responsabilidad. “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación” (Santiago 3:1).

¡PENSEMOS!

 Negar al Cristo bíblico parece ser el pasatiempo favorito de muchísimas sectas falsas que nos rodean en la actualidad.

 Los musulmanes consideran a Cristo como un profeta, pero no como Dios. Inclusive niegan su muerte en la cruz diciendo que fue Judas quien murió en esa cruz. Los de la llamada Ciencia Cristiana (y las demás sectas de ese índole) enseñan que Cristo no fue más que una idea espiritual de Dios y que ni sufrió ni murió por el pecado, puesto que el pecado no existe.

 Los ubicuos Testigos de Jehová promulgan que Jesús, antes de nacer aquí en la tierra, era un ángel, precisamente Miguel. A la vez dicen que era un dios, pero no Dios; que no hubo resurrección física, sino que Dios resucitó nada más su “cuerpo espiritual” y que ahora Jesús es otra vez el ángel Miguel.

 El Cristo de los igualmente omnipresentes mormones es totalmente diferente al de la Biblia. El fundador de esa secta, José Smith, inventó a un cristo, el hijo espiritual de Elohim, quien llegó a esta tierra como resultado de las relaciones sexuales entre María y Elohim (quien, a propósito, tiene un cuerpo físico material igual a nosotros). Su intención al venir a la tierra fue para poder llegar a ser un dios. El Jesús de los mormones es hermanastro de Satanás.

 ¿Qué diríamos del Jesús de los católicorromanos? Para muchos de ellos, es el bebé perpetuo que está en brazos de la Virgen, o el cadáver en un crucifijo. Para todos, es el sacrificio inmolado cada vez que se celebra la misa. Finalmente, está el Jesús de muchísimos protestantes y hasta algunos llamados “evangélicos” que merecen el nombre de herejes por haber quitado o agregado a lo que la Biblia enseña. Me refiero a los que enseñan que Cristo era rico y que él quiere que seamos ricos tam bién; a los que predican que Cristo descendió al infierno para ser torturado por Satanás completando así la obra salvadora, a los que dicen que Cristo murió para lograr que cada individuo mejorara su autoestima, y al fin a los que dicen que se tiene que perdonar a Jesús por aquellas situaciones de tiempos pasados en donde sentimos que Jesús los ha decepcionado o herido emocionalmente. ¡Herejía todo! Estas son sólo una parte de lo que significa negar a Cristo actualmente.

“Y A CUALQUIERA QUE ME NIEGUE DELANTE DE

LOS HOMBRES, YO TAMBIÉN LE NEGARÉ DELANTE

DE MI PADRE QUE ESTÁ EN LOS CIELOS”

(MATEO 10:33).

La frase “…al Señor que los rescató” reconoce la eficacia y disponibilidad de la salvación en Cristo. “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:2). Sin embargo, no quiere decir que esos maestros falsos eran redimidos, es decir, que eran legítimos hijos de Dios, que perdieron la salvación por “negar” a Cristo. El resto del Nuevo Testamento está en contra de esa idea.

La salvación que se ofrece al ser humano vuelve a ser eficaz en la experiencia de cada uno, mediante la obra del Espíritu Santo de Dios (que convence al individuo del mensaje bíblico, le da la capacidad de creer, y lo coloca en Cristo). Habiendo sucedido eso, ¡es imposible perder la salvación! “Porque de tal manera amó Dios al mundo” (“mundo” incluye a todo pecador, hasta los que llegarían a ser maestros falsos), “que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree” (aquí está el pero. Obviamente, ¡esos engañadores no le creyeron!) “no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Así que la “vida eterna” es para los creyentes, pero la “destrucción repentina” es para los incrédulos en general y los falsos maestros en especial.

No nos debe sorprender la popularidad que alcanzaron las aberraciones de la sana doctrina. El ser humano (después de Adán) nace rebelde, y su mente siempre está inclinada hacia el error. El enemigo de nuestras almas se aprovecha de esa propensión y provee mentiras en abundancia para que las crea el hombre. Pedro lo anticipó cuando dijo: “Y muchos seguirán sus disoluciones” (2:2).

Además, esos maestros aprovechados cumplían con su abominable tarea usando las tácticas y artimañas de un vendedor inescrupuloso: “…y por avaricia harán mercadería de vosotros” (2:3). Le conviene al creyente estar alerta y muy apegado a lo que la Biblia enseña. Su modelo debe ser el de los creyentes de Berea, quienes “recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11).

Ejemplos de juicio y rescate 2:4–10a

A continuación, mediante ciertas ilustraciones tomadas del Antiguo Testamento, el apóstol Pedro presenta la evidencia de dos aspectos de la justicia de Dios; la retributiva y la premiadora. Naturalmente, la razón para incluir esa enseñanza aquí contempla el fin de los maestros falsos y la protección de los fieles. Es como si dijera: “Esos casos históricos no escaparon de la mano de Dios y tampoco lo hará los presentes. ¡Téngalo por seguro!” Dicho sea de paso, otra vez se nota la importancia del Antiguo Testamento para el estudio del Nuevo.

Dios no perdonó a los ángeles que pecaron (2:4). Hay dos explicaciones que son las más usuales de este evento. La primera alude a que Satanás y sus ángeles cayeron del cielo en la época pre-Adánica. El problema principal con esa interpretación es que 2 Pedro 2:4 indica que dichos ángeles estaban encarcelados, lo que no se dice todavía de Satanás.

La segunda y tal vez la mejor explicación es que 2 Pedro 2:4 hace referencia a la intervención pecaminosa extraordinariamente atroz de parte algunos ángeles, que cometieron una rebeldía tan horrible contra el carácter de su Santo creador, que él no pudo evitar encarcelarlos. El texto indica que los tiene encerrados en un lugar de oscuridad y tristeza, pero probablemente no es el lugar de sufrimiento eterno.

Algunos dicen que el evento aludido es lo que ocurrió en Génesis 6, debido a que la frase “hijos de Dios” usada en el Antiguo Testamento podía referirse a los ángeles. Sin embargo, no hay evidencia de que un ángel (que es un espíritu) tenga la capacidad de asumir cuerpo humano por sí mismo, aunque sí podía hacerlo cuando Dios le otorgaba dicho cuerpo de acuerdo a su voluntad.

A la par de eso, está la referencia del Nuevo Testamento en el sentido de que los ángeles no se casan (Mateo 22:30). Bien es cierto que no hay otra referencia antiguotestamentaria que directamente cite la clase de falta angelical que se aplicara al contenido de la porción de 2 Pedro. Sin embargo, la fuerza de 2 Pedro 2:4 no se puede negar o disminuir; Dios castiga a los que se oponen a su voluntad.

Dios juzgó al mundo antediluviano (2:5). Este es un punto indiscutible; hubo un diluvio universal. Fue un evento que hasta la ciencia honesta reconoce sin prejuicios. Sin embargo, la ciencia con todas y sus investigaciones geológicas, meteorológicas y a saber qué más, no puede explicar la razón de tal catástrofe, a menos que los científicos lean la Biblia. El diluvio vino para castigar a un pueblo incrédulo y rebelde, a un mundo poblado de “impíos” (2 Pedro 2:5), y otra vez se tiene que admitir que Dios castiga a los que se oponen a su voluntad.

Todos fueron destruidos menos Noé y su familia. Es interesante notar que Noé se describe como “pregonero de justicia”. En la actualidad, algunos consideran a Noé nada más el nombre de quien lleva el papel principal de una leyenda, un constructor de barcos o administrador de un zoológico. Pero la Biblia lo reconoce como personaje histórico y además, como un predicador de justicia. La porción de Génesis 6 y 7 no especifica cuál fue su predicación al menos siguiendo el estilo de lo que hoy se considera como tal, pero su testimonio frente a un mundo de incrédulos rebeldes e indiferentes, durante todos aquellos años cuando obedecía la voluntad de Dios, resultó en una “predicación”. Además, Génesis 6:9 especifica que Noé, “varón justo, era perfecto en sus generaciones”. Podríamos decir entonces que la vida obediente a Dios, que al fin y al cabo es una vida diferente de las demás porque obedece una norma mucho más alta, es una vida que da testimonio de la justicia. Naturalmente viene la pregunta, “¿Es así mi vida?”

Dios juzgó a las ciudades de la llanura, a Sodoma y Gomorra (2:6–8). Lo concerniente a esas dos ciudades llegó a tener un enorme impacto entre los judíos y a través de su historia les sirvió como amonestación, “poniéndolas de ejemplo” (v. 6). Pedro dice que su castigo redujo a cenizas esas ciudades, término empleado solamente aquí en el Nuevo Testamento pero usado por un autor pagano para describir la ciudad de Pompeya en Italia, que fue destruida por la erupción del volcán Vesubio.

Tal y como Pedro nos iluminó en cuanto a Noé llamándolo pregonero de justicia, aquí nos informa del carácter de Lot, algo que de otra manera no hubiéramos sabido: “el justo Lot”. Para los que tengan dudas, deben recordar que Abraham pensaba lo mismo e intercedió por Lot (Génesis 18:23–33).

Obviamente, Dios estuvo de acuerdo, porque lo libró de su juicio destructor (Génesis 19). Bien es cierto que muchos rabíes lo juzgaron con base en la ley de Moisés, proclamándolo así como muy deficiente y que era un pecador notable. También tenemos que admitir que el nombre de Lot no aparece en la lista de los héroes de la fe (Hebreos 11).

Aun un lector casual de las porciones aludidas (Génesis 13 y 19) tendría que confesar que la impresión que deja Lot es muy deficiente, tal vez era de carácter débil, y su interés espiritual era mínimo. Sin embargo, la conclusión final (“el justo Lot”) la tenemos que sostener, porque eso es lo que Espíritu Santo comunicó a Pedro para que lo escribiera.

Conclusión. Dios distingue entre los justos y los impíos (2:9–10a). Este no es un pensamiento nuevo para el lector y estudiante bíblico.

“PORQUE JEHOVÁ CONOCE EL CAMINO DE LOS

JUSTOS; MAS LA SENDA DE LOS

MALOS PERECERÁ”

(SALMOS 1:6).

En las ilustraciones veterotestamentarias ya presentadas, los impíos y rebeldes sufrieron el castigo de Dios. Las mismas referencias mencionan a quienes fueron librados de esa condenación, siempre por la misericordia y gracia de Dios. La sección termina anotando que los maestros falsos pertenecen a la clase anterior y gozarán del mismo porvenir: ¡el castigo!

Pedro concluye su crítica de esos engañadores dando una descripción de su carácter y conducta: “aquellos que siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío” (2:10a). Su comentario parece indicar que los factores enumerados representan su actuación de costumbre, o sea, lo que les es habitual (“andan”, indica que es su manera de vivir continuamente).

Además, la combinación de los términos “carne”, “concupiscencia” e “inmundicia”, sugieren la contaminación moral, no como si fuera un accidente en la vida, sino su pasión, pasión que buscaba saciarse por medio de la experimentación. Existe la posibilidad (por lo que esas mismas palabras señalan en otras porciones de la Biblia y por el género del término “maestros”), de que el autor estuviera haciendo referencia al horrendo pecado de la homosexualidad.

¡LOS QUE SE SUJETAN A LA CARNE NO PUEDEN

SUJETARSE AL SEÑOR!

Así es como termina esta sección. Con la declaración de que Dios reservará para ser castigado cualquier intento de desviar a los verdaderos creyentes. Pero, gracias a Dios, él preservará a los verdaderos creyentes de la tentación.

5

Cómo son y a dónde van los falsos maestros

2 Pedro 2:10b–22

El tema principal de la epístola no ha cambiado, y el autor sigue denunciando a los falsos maestros y describiéndolos en términos fáciles de entender y difíciles de pasar por alto. El apóstol Pedro quería que sus lectores reconocieran a esos farsantes y por eso les proporcionó una lista de sus características profanas. Dicho inventario no es nada agradable, pero retrata efectivamente a aquellos que se oponían a la verdad y engañaban a los creyentes del primero siglo.

Desafortunadamente, ese tipo de gente no ha desaparecido, así que la descripción que se encuentra en esta carta todavía es vigente y se aplica a quienes quieren desviar a los creyentes en la actualidad. La filosofía del mundo actual, totalmente entregada al pluralismo y dominada por la supuesta virtud de la tolerancia que permite la proliferación de cualquier creencia sin importar su origen, no aceptaría la descripción petrina, considerándola totalmente insensible, encallecida y demasiado dura.

Esos críticos dirían que a Pedro le faltaba amor, según se concibe a nivel popular. Por el contrario, Pedro demuestra su amor por los fieles amonestándolos contra el peligro de aceptar el veneno doctrinal. Quienes aceptamos la autoridad de Dios tal y como se revela en la Biblia, tenemos que aprobarla y vivir de acuerdo con sus normas, llamando “blanco” a lo que es blanco y dar el nombre correcto a cualquier otro matiz.

Para orientar mejor al estudiante, conviene hacer un breve repaso del bosquejo de la carta hasta aquí.

I. EL CONOCIMIENTO.

  Aclarando su esencia 1:1–21

  A. La fuente del conocimiento para el creyente 1:1–4

  B. El desarrollo del conocimiento en el creyente 1:5–11

  C. El fundamento del conocimiento para el creyente 1:12–21

II. EL CONOCIMIENTO.

  Acusando a su enemigos 2:1–22

  A. Advertencias contra los falsos maestros 2:1–3

  B. Ejemplos del juicio y rescate 2:4–10a

Ahora veremos de qué color pinta el apóstol Pedro a los falsos maestros en la segunda parte del capítulo 2.

C. ACTIVIDADES DE LOS FALSOS MAESTROS 2:10B–17

Lo primero que debemos notar en este retrato de los abastecedores de falsedades, es que el apóstol describe su carácter y conducta. Como siempre, esta última es el producto del primero. Aun haciendo una consideración superficial o poco perceptiva del texto, aquí el lector observa el estilo literario petrino. Pedro presenta su invectiva con mucha convicción personal y usando un vocabulario muy vívido.

Son atrevidos y contumaces v. 10b

Los términos señalan a quienes, con atrevimiento desenfrenado pisoteaban los derechos de otros. Su arrogancia se debía a su terquedad y nada ni nadie podía detenerlos en su afán de hacer única y exclusivamente lo que querían. La autogratificación era a la vez su meta y su método.

Semejante actitud se manifestaba por la manera en que se relacionaban con la autoridad: “No temen decir mal de las potestades superiores” (v. 10b). En esa frase hay dos conceptos que saltan a primera vista de la página.

Concepto 1: “Decir mal” en realidad es la palabra “blasfemar”, que es una idea más fuerte que sólo “hablar mal”, y por ende, el intérprete razona que Pedro tenía a la vista algo mucho más serio que sólo expresar unas cuantas palabras contra cualquier autoridad.

Concepto 2: La palabra “superiores” no tiene a la vista sólo a un jefe, director, superintendente, diácono, anciano o pastor. Aquí la palabra “glorias” se tradujo como “superiores”. Varios comentaristas dicen que esta es una referencia a las glorias de Cristo resucitado. (Compare 1 Pedro 1:11). En otras palabras, esos falsos maestros blasfemaban de Cristo, menospreciando la provisión divina, la salvación única y suficiente, y elevándose a sí mismos, se negaban a aceptar el señorío del Hijo de Dios.

“EL ALTIVO DE ÁNIMO SUSCITA CONTIENDAS;

MAS EL QUE CONFÍA EN JEHOVÁ PROSPERARÁ.

EL QUE CONFÍA EN SU PROPIO CORAZÓN ES

NECIO; MAS EL QUE CAMINA EN SABIDURÍA

SERÁ LIBRADO”

(PROVERBIOS 28:25–26)

¡PENSEMOS!

 Las ilustraciones son como ventanas que permiten la entrada de luz para iluminar una verdad. La Biblia emplea una gran variedad de material para ilustrar su mensaje. Debido al carácter agrícola del “pueblo del Libro”, se encuentran muchas comparaciones y contrastes con elementos de ese trasfondo a través de la Biblia. El conocimiento generalizado de todo lo relacionado con el ganado, sobre todo las ovejas, también era un campo propicio para las ilustraciones. La importancia de la enseñanza del Antiguo Testamento para los judíos, juntamente con su gran interés histórico en los ángeles, establecen la viabilidad de la ilustración de 2 Pedro 2:11. El punto que Pedro quiere recalcar es que ni los ángeles de Dios, “mayores en fuerza y en potencia” (2 Pedro 2:11) que los maestros falsos, se atrevieron a mostrar semejantes actitudes y conducta tan presuntuosas. Son siempre sumisos a la autoridad de Dios. Los seres espirituales no caídos son mensajeros celestiales, que están dedicados a la persona y al plan del supremo Dios. Sin embargo, con todo y su posición superior y su estancia en los cielos al servicio de Dios, no osan “pronunciar juicio de maldición contra ellos delante del Señor” (v. 11).

Son calumniadores, engañadores y lujuriosos vv. 12–14

En contraste con los ángeles que muestran verdadera sujeción (v. 11), los maestros falsos demuestran su profunda ignorancia y desdén por los asuntos espirituales cuando blasfeman de lo que no entienden. Pretenden ser sabios y hasta muy eruditos; sin embargo, ignoran las normas morales (según lo que sigue, véase v. 14) y lo asociado con las potestades superiores (es decir,“las glorias”, según la gramática y el tema desarrollado en v. 10). Tal es el carácter de ellos, que sólo la ignorancia le gana a su audacia.

Las ilustraciones que encontramos en este par de versículos comparan a los maestros falsos primeramente con los animales (v. 12) y luego con las manchas (v. 13).

Con ello, el autor quería comunicar que los engañadores no disfrutaban de una naturaleza mejor que la del hombre natural y por consiguiente, su fin será juzgado. “Nacidos para presa y destrucción” parece hacer referencia al cazar y matar a los animales de rapiña, que es el fin que les espera a los falsos maestros.

La segunda ilustración es una exclamación de parte del autor, que los llama “¡inmundicias y manchas!” Además de ser una expresión de disgusto de Pedro, la descripción es exactamente lo opuesto a lo que el mismo autor exhorta a hacer a los verdaderos creyentes en 2 Pedro 3:14.

“…PROCURAD CON DILIGENCIA SER HALLADOS

POR ÉL SIN MANCHA E IRREPRENSIBLES…”

(2 PEDRO 3:14).

¡PENSEMOS!

 ¿Se ha puesto a pensar por qué algunos estuvieron (¡y todavía están!) dispuestos a seguir a semejantes farsantes? La descripción que Pedro da de ellos no incluye absolutamente nada atractivo ni loable. Sin embargo, en aquel entonces había quiénes se tragaban por completo su mala doctrina y ciegamente seguían a esos impostores. Es aun más difícil de entender eso cuando se nota que los maestros falsos practicaban su hedonismo a plena luz del día, donde todo el mundo podría darse cuenta. No lo hacían a escondidas. Entonces, ¿cómo es posible que la gente, aún los creyentes, siguieran a semejantes degenerados? La contestación, en parte, está en el sentido correcto de la palabra “errores” del v. 13 que quiere decir “engaños”. La verdad es que eran expertos en el arte de engañar, eran estafadores hábiles. Cuando practicaban su oficio engañoso influyendo en seres cuyo carácter rebelde heredaron de Adán (la propensión innata y pecaminosa contra la verdad), se entiende la forma en que ganaban a sus discípulos.

“Y CONOCERÉIS LA VERDAD, Y LA VERDAD OS

HARÁ LIBRES” (JUAN 8:32).

Al añadir a su lista que eran “lujuriosos”; como que la cosa va de mal en peor porque el apóstol dice: “Tienen los ojos llenos de adulterio” (v. 14). Literalmente el texto dice que “tienen los ojos llenos de una adúltera” citando a una persona (en singular), pero que se entiende como la representante de cierta clase de persona. Esos falsos maestros tenían ojos que no podían contemplar a una mujer sin pensar en el sexo y en tener una relación ilícita con ella. Sus pasiones los dominaban de tal forma, que sus ojos no podían desistir de pecar. Alguien ha dicho que los ojos son la ventana del alma, y tarde o temprano revelarán la condición del corazón. Esos fraudulentos vivían una vida totalmente corrompida. ¡Con qué razón Pedro los llama “hijos de maldición!”

Se extraviaron por el camino de Balaam vv. 15–16

En seguida encontramos otro ejemplo más proveniente del Antiguo Testamento. Habiendo dicho que los maestros mentirosos habían “dejado el camino recto”, el apóstol Pedro agregó que habían seguido el de Balaam. Naturalmente, “el camino de Balaam” aquí es una figura y no se refiere a una senda literal, sino a la manera de vivir del profeta, o sea, su filosofía de vida. Por supuesto que la figura de 2 Pedro descansa en la historicidad del profeta antiguotestamentario. Ese sinvergüenza, pretendiendo vivir de acuerdo a las normas de los profetas de Jehová, en verdad estaba controlado por la avaricia, hasta el extremo de querer aceptar el soborno ofrecido por Balac, el enemigo de Israel y, por ende, de Dios. Al hacer uso de Balaam, Balac y “la bestia de carga”, se hecha de ver que Pedro aceptaba la historicidad del caso aludido y en especial del milagro, que “una muda bestia de carga hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta.”

Son fuentes sin agua y “neblina” ante la tempestad v. 17

Las metáforas de esta sección enseñan que la doctrina de los falsificadores promete, pero no produce. Es decir, así como el verdor de un espejismo en el desierto promete agua fresca para saciar la sed del agotado viajero; no obstante, al acercarse se encuentra sólo con un pequeño charco, tal vez lodo en vez de agua. De la misma manera, la neblina sugiere la posibilidad de que hubiera más humedad, más lluvia que bendijera la tierra reseca. Desafortunadamente, los vientos de la tempestad disipan la neblina y además, no traen lluvia. Así es con los maestros falsos; ofrecen pero no rinden. Para tales, el castigo está segurísimo.

Seducen con concupiscencias y siendo esclavos, prometen libertad vv. 18–19

El enfoque, o tal vez mejor “el blanco”, de las actividades abominables de esos comunicadores de maldad eran los recién convertidos, los que eran neófitos en la fe y débiles en los asuntos bíblicos. El ataque consistía en “palabras infladas y vanas…, con concupiscencias de la carne y disoluciones”. Con hablar arrogante y palabras extravagantes, impresionaban a los creyentes nuevos. Pero su palabrería en verdad era vana, lo que significa que carecía de lo que produciría buenos resultados. Al final de todo, el mensaje de los engañadores no cumplirá su cometido; no les conducirán a la meta anhelada porque sus “palabras

[son]

vanas”.

Es interesante notar que el cebo que usaban para atraer y atrapar a sus víctimas eran las concupiscencias y disoluciones, palabras que señalan un exceso de actividades sexuales ilícitas, y todo eso lo hacían en el nombre de la religión. Su mensaje prometía libertad, pero en verdad lo que promulgaba era el libertinaje, condición de la cual ellos mismos eran esclavos.

“PORQUE EL QUE ES VENCIDO POR ALGUNO,

ES HECHO ESCLAVO DEL QUE LO VENCIÓ”

(2 PEDRO 2:19B).

El futuro de los maestros falsos 2:20–22

En pocas palabras, “el postrer estado viene a ser peor que el primero”. Aunque formada por palabras sencillas, el impacto de esa oración es fuerte y su contexto requiere bastante atención de parte del estudiante bíblico.

El primer estado de los maestros falsos era el paganismo, el cual practicaban antes de conocer el mensaje del evangelio. Su postrer estado es el de estar otra vez enredados en aquello que antes habían abandonado. A propósito, el término “enredar” es muy apropiado, tanto para el autor y su trasfondo de pescador, como para la situación en que los acusados se encontraban, es decir, embrollados de nuevo en la malla del pecado.

Hay varios puntos en el contexto que se tienen que considerar:

Primero: La situación “peor” es una referencia a su estado espiritual, y por fuerza tiene que interpretarse como “perdidos”, a pesar del conocimiento del mensaje que les ofrecía otro destino.

Segundo: Entonces, ¿cómo se entiende la expresión: “habiéndose ellos escapado…por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo…” (v. 12)? A primera vista, parece que habían logrado la salvación en Cristo. Si es así, ¿como podían estar en peores condiciones ahora que cuando estaban en el paganismo? ¿Es posible perder la salvación? ¡Claro que no!

El intérprete tiene que examinar las porciones bíblicas que no son tan claras a la luz de las que sí lo son, las difíciles de entender, a la luz de la plena enseñanza de todo lo que comunican las Escrituras. “Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (Juan 10:28–29). “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1). No, no se puede perder la salvación. Obviamente, esos mensajeros falsos estuvieron expuestos al mensaje del evangelio. En su mente reconocían la validez de la persona y obra del Señor Jesucristo, y pretendían ser sus exponentes. Tan convincente era su papel, que no cabe duda que muchos fueron engañados y así lograron tener muchos discípulos. Pero, “pretender” es la palabra clave en la explicación; nunca fueron creyentes verdaderos, pero, sí, pretendían serlo.

Tercero: “Volverse atrás del santo mandamiento” indica un rechazamiento de todo lo que Dios había revelado en cuanto a la vida cristiana. El negar la comunicación santa de Dios equivale a negar a Dios mismo, y el impugnar la santidad de vida que Dios requiere significa impugnar la santidad de Dios. El carácter moral de esos engañadores revela la poca estima que tenían por el Dios de la Biblia.

Cuarto: Pedro ilustró la situación en forma muy gráfica, usando expresiones proverbiales calificadas de “verdaderas”. Ese término quiere decir que el pensamiento está de acuerdo con la realidad. Es probable que el primer proverbio tuviera trasfondo bíblico (Proverbios 26:11), pero no el segundo. Sin embargo, ambos animales (el perro y la puerca) eran considerados inmundos por los judíos y como símbolo de la inmoralidad pagana. La idea principal de Pedro al citar a los animales y sus costumbres, era destacar que ambos siempre retornan a lo que es su naturaleza. A través de las ilustraciones y su aplicación, se entiende aún mejor el verdadero carácter de los apóstatas.

No cabe duda que el apóstol Pedro presentó esa amonestación tan fuerte por su gran preocupación pastoral. De igual manera, estaba totalmente de acuerdo con Pablo cuando se despidió de los efesios: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño” (Hechos 20:28–29).

6

¡Despierten!

2 Pedro 3:1–9

En este tercer capítulo y tercera división principal de su carta, Pedro continúa manifestando su cuidado pastoral, pero cambia el tema. Es obvio que el discípulo hecho apóstol tomó muy a pecho lo que el Señor Jesucristo le mandó hacer en Juan 21:15–17: “apacienta mis corderos”, “pastorea mis ovejas”, y “apacienta mis ovejas”.

En toda su carta se preocupa por el bienestar de los feligreses, haciendo amonestaciones contra la doctrina peligrosa y la ética abominable de los apóstatas. Las descripciones vívidas, con sus ilustraciones tan aptas, han de haber hecho una impresión indeleble en sus lectores, a la vez que repugnante. A decir verdad, exactamente esa es la reacción que buscaba Pedro, tanto entre los lectores del primer siglo como entre los de hoy. El que promulgue entre los creyentes la doctrina falsa, estará para siempre teñido del colorante descrito en 2 Pedro 1 y 2.

En el último capítulo de su carta, al cambiar de tema, el autor suaviza el tono de su misiva, siempre con el corazón de pastor en la mano. El tema que está por desplegarse tiene su base en la profecía del Antiguo Testamento, que fue confirmada por las palabras del Señor Jesucristo y reforzada por los autores humanos del Nuevo Testamento. Se trata de la doctrina de la segunda venida del Señor Jesucristo y cómo afecta a los creyentes. Sin embargo, con todo y el cambio de tema, todavía se sienten aquí los vestigios del tema anterior como una espina, sabiendo que negar o menospreciar el esperado y bíblicamente autenticado retorno del Señor, era el colmo del error que había en el credo y enseñanzas de los apóstatas.

EL CONOCIMIENTO:

Aprovechando su esperanza 3:1–18a

El propósito reiterado 3:1–2

No está por demás tomar nota de la manera en que el autor empieza esta división. “Amados”, porque el término confirma su afecto así como lo dicho desde el fondo del corazón pastoral. Las cuatro menciones del término que se hacen en este capítulo (3:1, 8, 14, 17), corroboran el propósito de enviar la carta a los hermanos. El autor sentía un amor genuino por los que iban a recibir su epístola. Por cierto, él dice que esta es la segunda carta, comentario que ha propiciado una gran cantidad de opiniones. La más aceptada es que se refiere a 1 Pedro. A pesar de los argumentos a favor de que hubo otra carta entre 1 y 2 Pedro (la cual se ha perdido), la opinión anterior es la que sigue siendo la más aceptada.

Dos veces en los primeros dos versículos del capítulo tres, Pedro comenta el propósito de su carta, que era hacerles un recordatorio. Tanto la frase “con exhortación” (v. 1) como la más obvia “para que tengáis memoria” (v. 2), enfocan esa idea, empleando palabras que tienen una misma raíz. Entonces, al igual que dijera en el v. 1: “Despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento”. Claro que la enseñanza que sigue no es del todo nueva, sino parte de una información ya recibida, pero que necesitaba fijarse en la mente y reflejarse en la vida. “Limpio entendimiento” no se refiere ni a la moralidad de los lectores ni a que su mente estuviera vacía, como si fuera un papel en blanco. El sentido está en “sincero” y en la buena disposición de aprovechar la enseñanza sana. Un erudito del siglo 18 dijo: “No se ha considerado con suficiente esmero que frecuentemente es más necesario recordar al hombre lo que ya sabe que informarle”.

CABE DECIR DE NUEVO QUE LA REPETICIÓN ES

LA MADRE DEL APRENDIZAJE

¡PENSEMOS!

 Repetidas veces a través de las Escrituras, se encuentra la exhortación a “recordar”. No cabe duda que esto es porque Dios conoce perfectamente bien al hombre y su propensión a ocupar su mente con pensamientos y emociones poco valiosas y olvidarse de lo más importante. En efecto, el mismo Señor Jesucristo, reconociendo las circunstancias, dijo a sus discípulos, que estaban tristes y desconsolados en el aposento alto, que el Espíritu Santo “os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26). Considere la siguiente lista, que aunque limitada, ilustra este punto:

 “Acordaos de las maravillas que él ha hecho” (Salmos 105:5).

 “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud” (Eclesiastés 12:1).

 “Acordaos de la mujer de Lot” (Lucas 17:32).

 “Acordaos de la palabra que yo os he dicho” (Juan 15:20).

 “Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio” (2 Timoteo 2:8).

La profecía reafirmada 3:3–10

La historia 3:3–6. No debe extrañar al estudiante bíblico la necesidad de regresar a la historia bíblica para entender la profecía bíblica. Esta parte del capítulo 3 nos proporciona una entrada al tema haciendo dos referencias a la historia. La primera (v. 3) contempla lo que ya era parte del conocimiento de sus lectores, es decir: “sabiendo primero esto” (v. 3). No parece que Pedro estuviera introduciendo una idea nueva o revolucionaria, totalmente fuera del conocimiento de sus lectores. Lo que especifica que debían saber es que “en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias”.

Aquí el estudiante que “usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15), tiene que reconocer la gran diferencia que hay entre Israel y la iglesia. El Antiguo Testamento traza la historia y la profecía tocante a la nación de Israel. No todo lo que se ha predicho de esa nación se ha cumplido ya. Por ejemplo, todavía están por cumplirse:

1. La venida corporal del Mesías para establecer su reino durante lo que se llama el milenio. Esto será cuando los judíos posean todo el territorio prometido a Abraham.

2. La tribulación que anticipa su venida.

La Biblia habla de señales que indicarán la cercanía de todo esto. Por tanto, es de esperarse que encontremos en ella referencias a los “postreros días” del programa de Israel. Debido al carácter de Israel, sus promesas, su lugar en la historia y sobre esta tierra, es lógico encontrar referencias proféticas de naturaleza política, geográfica y temporal.

Por otro lado, ya que se dijo de Cristo: “a lo suyo vino (es decir, a lo que le pertenecía, a lo que tenía derecho, al trono de Israel) y los suyos no le recibieron” (los judíos, su pueblo, que lo rechazó Juan 1:11), Jesús mismo dijo: “Edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18). Basándose en la obra redentora del Calvario, la resurrección gloriosa que sucedió el primer día de la semana, y en la venida del Espíritu Santo cincuenta días después, Dios inició el programa de la iglesia. Dicho programa también tendrá sus “postreros días”, pero debido al carácter de la iglesia y el programa que Dios tiene diseñado para ella, su futuro es diferente. No hay referencias políticas, geográficas ni temporales, aunque es cierto que las características del período de la tribulación pueden presagiarse. El siguiente evento profetizado para la iglesia del Señor es su venida en las nubes para recibirla, evento que no será anticipado por señal alguna. A los verdaderos creyentes de esta edad, la Biblia manda que vivan constantemente a la expectativa.

La frase “los postreros días” incluye todo el tiempo entre la primera (desde el nacimiento en Belén hasta la ascensión desde el monte de los Olivos) y la segunda venidas de Cristo (cuando personalmente regrese a sentarse en el trono mesiánico).

“DIOS, HABIENDO HABLADO MUCHAS VECES Y DE

MUCHAS MANERAS EN OTRO TIEMPO A LOS PADRES

POR LOS PROFETAS, EN ESTOS POSTREROS

DÍAS NOS HA HABLADO POR EL HIJO”

(HEBREOS 1:1–2).

De acuerdo con 2 Timoteo 3:1, la apostasía estará presente en todo el período de la iglesia. Es así que la presencia de la apostasía no es indicación del próximo fin de la edad presente, pero puede ser que sí lo sea el aumento de ella. Pedro, escribiendo en el primer siglo (que en general se considera el principio de “los postreros días”) amonestó acerca de los burladores, probablemente los mismos falsos maestros mencionados en los capítulos 1 y 2. Ellos menospreciaban la revelación de Dios y enseñaban a otros con su comportamiento lujurioso.

Específicamente, ponían en tela de duda la venida del Señor con base en lo que se denomina la teoría humanista del uniformitarianismo, la que dice que desde los tiempos antiguos, todo ha seguido igual que hoy, y siempre será así. “Desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación” (v. 4).

La principal premisa errónea de los burladores se podría entender como el intento de hacer mofa de la venida de Cristo en las nubes para recibir a la iglesia (el arrebatamiento) o de la  posterior venida del Mesías para establecer su reino.

¡PENSEMOS!

 El error de los burladores era que desacreditaban la revelación de Dios. Ese error es de tipo escatológico. Actualmente hay muchos que piensan que la doctrina profética no tiene gran importancia y que no ha de formar parte, a lo menos parte prominente, del credo. Esa gente busca el denominador doctrinal común más bajo y echa por la ventana otros detalles. Hubo otro ejemplo de un descuido semejante que se relata en la Biblia, el cual provocó la critica de otro apóstol. Pablo citó el error de Himeneo y Fileto, quienes “se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos” (2 Timoteo 2:17–18). Obviamente, los apóstoles consideraban que la doctrina acerca de las cosas futuras era parte importante del credo. Además, el mismo Pablo recordó a los ancianos de la iglesia de Éfeso que él les había enseñado “todo el consejo de Dios”. Seguro que no dejó fuera “el consejo” tocante al porvenir.

La segunda referencia a la historia hace mención de los eventos catastróficos asociados con el diluvio universal de Génesis 6–8. Así, Pedro hace hincapié en la ignorancia de los burladores (a pesar de la erudición fingida que mostraban), señalando que sí hubo una intervención divina con un cataclismo que alteró el orden “normal” de este mundo. Quiere decir que el argumento necio de los falsos maestros: “Desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación” (v.4) era totalmente incorrecto. Dios intervino en aquel entonces y de acuerdo a sus promesas, lo hará otra vez.

La palabra de Dios 3:7. La frase del v. 7 es igual que la del v. 5, y se refiere primeramente a lo dicho por Dios, no a lo escrito, aunque en la Biblia se preservó la documentación. En el v. 5 se contempla la creación, misma que surgió por la palabra potente de Dios (Génesis 1). En el v. 7, el autor estaba viendo el otro extremo de la historia, donde Dios mismo, con su misma palabra poderosa, destruirá la tierra que hoy conocemos. Aunque la destrucción del mundo se haya convertido en una burla para la gente inconversa, la verdad es que sí sucederá, y será con fuego.

Los filósofos griegos de tiempos antiguos promulgaban la idea de que habría una destrucción futura del mundo por medio del fuego, pero la verdad bíblica no proviene de allí. Dios mismo la anunció. A pesar de los burladores y su enseñanza contraria, Dios, quien intervino en el diluvio universal para juzgar a los rebeldes, actuará en el futuro para juzgar con fuego, destruyendo así la tierra y los cielos tal y como existen hoy.

Las palabras “reservados” y “guardados” comunican la idea de que su fin es seguro, y sólo están en espera de que llegue la hora indicada. Cada vez que Pedro usó la palabra “reservado” en esta carta (2:4, 9, 17; 3:7), tenía a la vista algún juicio de los impíos. “Guardados” es una palabra bien escogida, puesto que ningún poder en la tierra o en el cielo puede alterar el propósito de Dios. Él todavía tiene el control de los asuntos de esta esfera llamada “tierra” y el destino de ella está bajo su mando.

“PORQUE MIS PENSAMIENTOS NO SON VUESTROS

PENSAMIENTOS, NI VUESTROS CAMINOS, MIS CAMINOS,

DIJO JEHOVÁ” (ISAÍAS 55:8).

¡PENSEMOS!

 ¿Cómo es Dios? Jamás lo hubiéramos sabido si no fuera por la Biblia, y aun con ella es posible saber solamente lo que él ha querido revelarnos. ¡Con cuánta razón! ¿Cómo podría la mente finita comprender a un ser infinito? El intelecto del ser humano hasta antes de entrar el pecado no podría haber concebido al Dios creador si él mismo no se lo hubiera comunicado; aun más imposible es esa tarea para el hombre caído. Incluso, ni la capacidad mental del más erudito, ni la imaginación más fértil del hombre más creativo, o aun la combinación de las dos, podría decirnos cómo es Dios, sin la intervención de Dios. Durante el largo trayecto del hombre sobre la tierra, se ha dedicado a crear sus propios dioses, fabricaciones feas, impotentes e inmorales así como ídolos de madera, plata y oro, todos y cada uno producto del hombre depravado. Solamente la Biblia revela cómo es el verdadero Dios, y de ella vienen las descripciones de su persona y de su obra, las cuales hacen que el creyente se maraville, regocije, y lo alabe. Por otro lado, las mismas descripciones deben hacer temblar al incrédulo.

Teología propia 3:8–9. “Teología” se define como la ciencia que trata de Dios. Sus atributos y acciones se revelan a través de todas las páginas sagradas de la Biblia. Ni un solo libro de la Biblia, ni un solo autor humano, revelan todas las características divinas, pero gracias a la revelación e inspiración, cada libro y cada autor hacen su contribución. Cuando todo se compila y organiza, se convierte en la “teología sistemática”. En 2 Pedro 3:8–9 encontramos un trozo teológico muy importante e iluminador.

Considerando el contexto de los vv. 8–9, se entiende que Pedro quería explicar a sus lectores algo acerca del carácter de Dios que tenía que ver con la demora aparente. Aunque no usa ese término, básicamente Pedro enfoca la eternidad de Dios. En palabras que se atribuyen a Moisés, dice: “Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios” (Salmos 20:2). Ahora, con semejante concepto, el ser humano, tan limitado, está en aguas muy profundas. El tiempo tiene que ver con duración, pero Dios es eterno, todo el pasado, todo el futuro y todo el presente a la vez. Otro autor de nuestros tiempos dijo que Dios ya ha vivido todos nuestros mañanas y que también ha vivido todo nuestro pasado. Claro que Dios entiende lo que es tiempo, él lo creó y lo toma en cuenta. Considere Gálatas 4:4: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley”. Sin embargo, se tiene que reconocer que en el plan de Dios, Cristo fue “el Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13:8).

Así que siendo eterno, pasado, presente y futuro a la vez, para él un día es lo mismo que mil años que un día. No quiere decir que el tiempo no tenga ningún sentido, sino que el uso que le da el Dios que lo creó es diferente que el uso que le damos nosotros. Él podría hacer en un día lo que a nuestra manera de pensar debe tomar mil años y viceversa.

En el v. 9, Pedro contradice el argumento de los burladores, aun sabiendo plenamente que el Señor no había venido como se había prometido. No se puede tachar a Dios de laxitud; él espera (“es paciente” [v. 9] con una paciencia infinita, por la cual todo creyente tiene que estar agradecido), pero eso no significa que se está retransando. Nunca está tarde. Por otro lado, no se apura, sino que, teniendo todo bajo control, la gente y los eventos marchan al ritmo de su voluntad.

Esa paciencia no es la misma de la cual se habla en Santiago 1:3. En esa porción, el autor usó la palabra que quiere decir “aguantar” o resistir varonilmente bajo una carga o situación adversa. En ningún otro lado se usa esa misma palabra para significar la paciencia de Dios. Más bien, aquí en Pedro 3:9 es el término que quiere decir “autosujeción o limitación”; el control que le permite a uno refrenarse de tomar represalias apresuradas. Esta es la paciencia que Dios manifiesta hacia el mundo, a pesar de que merece la condenación.

Pedro termina sus argumentos contra los burladores haciendo todavía otro comentario teológico. Dice que la paciencia de Dios es tal, que no quiere “que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (v. 9).

El querer de Dios en el v. 9 no es la voluntad de Dios determinante, la que dice: “¡Este sí! ¡Este no!”, sino que es una referencia a su buena disposición hacia el pecador: “porque de tal manera amó Dios al mundo” (Juan 3:16). Si hubiera querido que todo pecador sufriera en el infierno, no habría enviado a su Hijo para proveer para su redención. Imposible es escapar a la verdad del amor de Dios con su provisión amplia de salvación. Por otro lado, es igualmente imposible escapar de la realidad de que habrá un juicio venidero para los que no aprovechan esa salvación. Efectivamente, la disposición de Dios es ofrecer su amor y su salvación a todo el mundo, pero lamentablemente no todos se salvan, y Dios no tiene la culpa. Esto se hace evidente por lo que el apóstol dice al final del v. 7: “la perdición de los hombres impíos”.

La relación de la voluntad humana y la divina en la salvación siempre ha sido un punto poco entendido. Una ilustración que ayuda, pero que no soluciona todas las dificultades, es la siguiente: Imagínese que hay una puerta con un gran rótulo encima que dice: “Entre, todo aquél que en él cree”. Habiendo aceptado la invitación y pasado por la puerta, el recién salvo encuentra todavía otro rótulo que está al otro lado de la puerta. Ese letrero dice, “Solamente los escogidos están aquí”. Así podemos notar la relación de la voluntad humana y la divina; una es soberana y la otra no. ¡Qué maravilla que la soberana voluntad de Dios se haya dignado emplear la voluntad relativamente diminuta e insignificante del ser humano para sus fines santos, nobles y eternos!

7

“Cómo debéis andar”

2 Pedro 3:10–18

Varios son los factores que influyen en la conducta del individuo. Claro que el carácter se manifiesta en el comportamiento, ya sea para bien o para mal. EI carácter se va formando a través de la vida, pero su mayor contribución es durante la niñez y la juventud. En esos períodos, el ser humano se ve afectado en gran manera por la instrucción impuesta y la disciplina aplicada por parte de los padres y maestros.

Es importante reconocer que en todos los casos, la educación se aplica a individuos que poseen la naturaleza de Adán; ya que algunos todavía no cuentan con la bendición y beneficios de la salvación. Quiere decir que los buenos padres y maestros imponen una norma de comportamiento a alguien que desde su nacimiento es rebelde en un grado u otro, y definitivamente, que no está inclinado a las cosas de Dios. Sin embargo, la educación de los primeros años es importante, y así podemos decir que nuestro historial influye en nuestra conducta.

El porvenir también ejerce su influencia. Entre los valiosos principios que el hombre debe tomar en cuenta antes de tomar decisiones, está el de evaluar las posibles consecuencias de alguna de ellas. Muchos naufragan en la ribera del mar de esta vida porque no observan este principio. Entonces, el futuro también influye en nuestra conducta.

Para el creyente, el futuro prometido en la palabra de Dios no consiste sólo de vivir en un ambiente extraordinario o en una paz sempiterna. La profecía bíblica hace demandas éticas sobre la vida cotidiana del creyente mientras vive aquí. Ese importante punto se enseña en otras partes del Nuevo Testamento, pero aquí, en el cap. 3, Pedro confrontó muy directamente a sus lectores con esa responsabilidad.

EL PROCEDER REQUERIDO 3:10–18A

El porvenir 3:10

El día del Señor. El proceder en la vida de un creyente, o sea, su ética cristiana, no es nada más una sugerencia; es un requisito. El factor profético, “el día del Señor”, se introduce con dos grandes propósitos: Primero, Pedro sigue el hilo de su condenación rotunda de los burladores que echaban tierra sobre lo dicho por Dios en cuanto al futuro. Segundo, debido al carácter horrendo del juicio venidero, en que el mundo caerá en manos del Dios absolutamente justo, ¿cómo ha de comportarse el creyente de hoy?

La frase “el día del Señor”, que es muy común en el Antiguo Testamento, no se refiere solamente a un día de 24 horas ni a un evento aislado, sino a una serie de acontecimientos que se llevarán a cabo después del arrebatamiento de la iglesia. Los profetas de Israel siempre mencionaban ese tiempo como un período de oscuridad y juicio en que Dios reivindicará a su pueblo Israel, destruyendo a sus enemigos y estableciendo el reino mesiánico. Incluye los eventos de la tribulación, de la segunda venida de Cristo a la tierra, así como todo el milenio, y no concluirá hasta que se realice el juicio del gran trono blanco.

Entonces, esa expresión abarca un período mucho mayor de mil años, pero se tiene que tomar nota especial de que el período especificado no incluye el arrebatamiento de la iglesia. Esta observación es de mucha importancia cuando consideramos la frase que sigue en el v. 10, que se examinará en el próximo párrafo.

La frase “vendrá como ladrón en la noche” presenta dos importantes ideas.

1. La palabra “vendrá” asegura que en efecto, se llevará a cabo el evento previsto. Los burladores menospreciaban las promesas de Dios; sin embargo, aunque sus errores atraían a algunos e irritaban a otros, eso no cambia ni la veracidad de lo que Dios ha dicho ni compromete su horario para darle cumplimiento. A su debido tiempo, ¡él vendrá!

2. La frase: “Como ladrón en la noche”, señala el carácter inesperado de esa venida. El ladrón no anuncia su ataque, sino que emplea el elemento sorpresa porque de otra manera, el dueño de la casa estaría alerta y se defendería. El propósito de la expresión no es negar las señales profetizadas de esos eventos; sí habrá señales, y fueron dadas para que la nación de Israel viviera a la expectativa. El problema será que habrá algunos que no prestarán atención a lo dicho por Dios y, por ende, no estarán preparados. Para ellos, la venida será “como ladrón en la noche”.

¡PENSEMOS!

 La iglesia de Jesucristo tiene una espera totalmente diferente a la de la nación de Israel. Los dos programas, el de Israel y el de la iglesia, se distinguen por muchos detalles; uno de ellos es su porvenir. El reino mesiánico será nacional y terrenal, pero, de acuerdo a Juan 14, los creyentes de la presente edad (de la iglesia) estarán con Cristo en un lugar que él está preparando para ellos. Repetidas veces en el Nuevo Testamento se exhorta a la iglesia a que viva a la expectativa, no buscando señales, sino aguardando la venida del Señor Jesucristo en las nubes para raptarla. No son señales las que esperamos, sino al Salvador. Esa parte del credo se llama el regreso inminente del Señor, que quiere decir que no hay otro evento profético en el horario divino entre el día de hoy y el arrebatamiento, que es el próximo evento profético

en el calendario divino y podría suceder en cualquier momento.

“VOY PUES A PREPARAR LUGAR PARA VOSOTROS.

Y SI ME FUERE Y OS PREPARARE LUGAR, VENDRÉ

OTRA VEZ, Y OS TOMARÉ A MÍ MISMO, PARA QUE

DONDE YO ESTOY, VOSOTROS TAMBIÉN ESTÉIS”

(JUAN 14:2–3).

En el mismo v. 10, Pedro mencionó tres diferentes áreas que se verán afectadas por el juicio de aquel día: Los cielos, los elementos, y la tierra con sus obras. En el caso del primero, “los cielos pasarán”, se refiere a los que consideramos los cielos visibles que rodean a la tierra. Esa catástrofe cósmica no eliminará a los cielos, sino que cambiará su estructura, pasando de un estado a otro. Ese fenómeno irá acompañado de un sonido que según un comentarista, será comparable al sonido de todos los horrores combinados.

“Los elementos” son los componentes de toda la materia, término y concepto bien entendidos hoy. Su destrucción consistirá en que serán sometidos a un calor excesivo, a tal extremo, que la estructura física del mundo tal y como lo conocemos, será destruida. El resultado por esperarse es que la tierra y sus obras serán quemadas.

La conducta 3:11–18a

La seguridad del porvenir que demuestra el carácter justo del Dios soberano, es la base por la que él exige que observemos una ética. Son varios los componentes del sistema moral que Pedro sugiere, pero empieza su lista con dos características generales que establecen una norma altísima: “Andar en santa y piadosa manera de vivir” (v. 11). La primera cualidad, “santa”, hace hincapié en la gran diferencia entre el carácter y la conducta del creyente en comparación con el incrédulo. Es una separación de algo (la maldad) para dedicarse a algo (la santidad de Dios). La segunda cualidad, “piadosa”, es aquella que busca complacer a Dios en todo lo que uno hace. Cabe decir que lo que complace a Dios es estar de acuerdo con él y manifestar ese acuerdo en todo lo que uno hace.

Sigue una lista de esas cosas con un comentario de cada una, donde indica cómo debe ser la actitud del creyente en relación con el futuro:

“Esperando y apresurándoos”. En el v. 12, la espera es en relación con el cumplimiento de lo que Dios ha dicho en cuanto al juicio. A primera vista, no es la clase de evento que uno asocia con la idea de “esperanza”. Más bien, el hombre inconverso dirá que esperar semejante juicio induce al temor. No obstante, para el creyente, lo que Dios planea está bien, porque siempre está de acuerdo con su carácter perfecto, y por eso, debe ser motivo de gran esperanza para el verdadero hijo de Dios que el nombre del Señor sea glorificado.

En el v. 13, Pedro usó “esperamos” en un contexto más fácil de entender, el de la gran transformación de los cielos y de la tierra. A la luz de esa parte de las promesas de Dios, la manera de vivir de un creyente debe caracterizarse por el gozo de estar a la expectativa. Esto es igual a un niño que espera la pronta venida de su abuelo favorito y que no puede contener el gozo, anticipando su llegada. Así ha de vivir el creyente.

Esa actitud de esperar con singular gozo el cumplimiento de lo que Dios ha dicho, también producirá en uno el querer contribuir en forma agresiva con todo lo que uno puede para acelerar el plan de Dios: más estudio bíblico, más evangelismo, y más obra misionera.

“Sin mancha e irreprensibles, en paz” v. 14. El apóstol Pedro introdujo estas dos cualidades con la exhortación “procurad con diligencia”. La impresión clara es que lo que sigue debe ser la prioridad del creyente; quien debe tener un celo dominante por alcanzar esas cualidades. La metáfora “sin mancha” afecta la vida moral del verdadero cristiano, indicando que lleva una vida no censurable, irreprochable. La segunda palabra, “irreprensibles”, tiene a la vista el no tener faltas, que era la característica que se exigía de los corderos que se sacrificaban bajo la ley. Ambas expresiones se aplicaron a Cristo (1 Pedro 1:19), factor que se combina con el v. 14 para recalcar que la meta de Dios para sus hijos es que sean como Cristo. En las palabras escritas por Juan, es notable la misma idea de una ética que proviene de la influencia de la profecía: “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Juan 3:3).

¡PENSEMOS!

 Cabe aquí hacer la pregunta: ¿Cómo puede uno alcanzar esas cualidades en la vida? La verdad es que uno mismo no puede fabricarlas; el sólo deseo de reformarse no tiene suficiente fuerza o autoridad para efectuar cambios de esa magnitud. Entonces, ¿cómo? Primero, uno tiene que reconocer que la vida cristiana solamente la puede vivir un verdadero creyente. Por eso, el individuo tiene que haber recibido a Cristo como su Salvador. En segundo lugar, tiene que reconocer que la Biblia es la fuente de toda la información necesaria para vivir una vida agradable a Dios. Es el manual que se tiene que consultar; ¡ámela, léala, estúdiela y, más que nada, créala! En ella encontrará lo que en realidad no es un secreto, sino la revelación de la verdad. La Biblia habla de los recursos que tenemos disponibles:

 a) El todo suficiente sacrificio de Cristo,

 b) La presencia y ministerio eficaz del Espíritu Santo,

 c) La intercesión actual de Cristo por nuestras debilidades y flaquezas, y

 d) Su abogacía continua delante de Dios cuando pecamos.

 Finalmente, el que quiere ver cualidades como las que el apóstol Pedro mencionó, tiene que obedecer lo que la Biblia enseña. Al fin y al cabo, la obediencia es la clave.

“CIERTAMENTE EL OBEDECER ES MEJOR QUE LOS

SACRIFICIOS Y EL PRESTAR ATENCIÓN, QUE LA

GROSURA DE LOS CARNEROS”

(1 SAMUEL 15:22).

A continuación, después de reiterar su correctísima tesis, a saber, que la paciencia de Dios “es para salvación”, y que durante este intervalo la vida santa es absolutamente necesaria, Pedro cita al apóstol Pablo para afirmar su posición.

El lector debe de tomar nota de las palabras que usó Pedro para referirse al “apóstol de los gentiles”: “Nuestro amado hermano Pablo” (v. 15). La expresión es genuina, demostrando el aprecio verdadero que sentían el uno por el otro. Se equivocan los que quieren hacer que se extienda el desacuerdo temporal que hubo entre ellos (Gálatas 2:11–14). No hay ni la más ligera indicación de que Pedro guardara algún rencor por la llamada de atención que Pablo le hizo. Esta expresión está de acuerdo con el modo usual que empleaban los santos del primer siglo de la iglesia al referirse a otros (1 Corintios 4:17; Efesios 6:21).

Es probable que la referencia a lo escrito por Pablo sea más general que específica, recordando que él predicó y escribió con frecuencia acerca del tema de la vida santa. Sin duda, los lectores de 2 Pedro también habían recibido cartas de Pablo y podrían testificar de la veracidad de este punto.

Al considerar la pequeña frase: “hay algunas difíciles de entender”, dichas por parte de Pedro, nos consuela un poco, porque vemos que aun el gran apóstol Pedro tenía problemas para entender todo lo que el igualmente gran apóstol Pablo escribió. Parece que los que estudiamos esas mismas cartas estamos en muy buena compañía.

La exhortación del v. 17 se introduce con base en dos verdades mencionadas anteriormente: Primero, el cuidado pastoral de Pedro (“oh, amados”) y segundo, “sabiéndolo de antemano”, o sea, que sabía todo lo relacionado con las demandas de la profecía. La exhortación en sí, es: “Guardaos, no sea que… caigáis”. No hay lugar para el creyente complaciente, es decir, para el indiferente, que se contenta con flotar con la corriente. A la luz de la doctrina errónea, introducida por los maestros falsos y los burladores del v. 3, el creyente tiene que estar alerta.

La consecuencia de caer de la firmeza debe haber sonado como una alarma muy estridente para el autor de esta carta. No cabe la menor duda de que su pensamiento regresó a la noche antes de la crucifixión del Señor. Sin embargo, junto a ese recuerdo estaba el de lo que el Señor le había dicho en Lucas 22:30–31: “He aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos”. Efectivamente, eso es lo que estaba haciendo Pedro.

Finalmente, el apóstol termina esta sección de su carta tocando el mismo tema con que la comenzó en 1:5–8, a saber, el crecimiento espiritual (v. 18): “Creced en la gracia”. En su contexto, esta es una verdad exactamente opuesta a la de la última parte del versículo anterior. Además, comunica la necesidad de una acción continua, da la idea de un proceso, y no solamente de un evento único en la vida del creyente. Así es como podemos evitar el estancamiento en la vida espiritual. Naturalmente, si uno quiere crecer, tendrá que alimentarse bien. En este caso, comer de lo que por gracia de Dios se nos ha otorgado para tales fines, la palabra de Dios.

EL RECONOCIMIENTO:

“A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén” 3:18b

La última oración de la carta es una doxología, una expresión de alabanza a Dios y es la única en todo el Nuevo Testamento que se dirige al Señor Jesucristo. En gran parte es la expresión de un corazón totalmente enamorado de Cristo el Señor, de Cristo el Salvador y del Cristo que merece la gloria para siempre. Por supuesto, no es la primera vez que Pedro confiesa que tenía una cristología muy sana. En ocasión anterior dijo: “Tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16). No cabe duda que a Dios le agrada que sus hijos reconozcan de corazón sus perfecciones y las pronuncien con sus labios. Es con esta nota sublime y clara con que termina la carta:

A Dios el Padre celestial,

Al Hijo nuestro Redentor,

Y al eternal Consolador,

Unidos todos alabad.

Amén.

Cómo enfrentar a los falsos maestros

Judas

¡Cuidado, santo! ¡Sabotaje! (1–4)

¡Recuerde, santo! La perspectiva divina (5–19)

¡Guárdese, santo! El encargo cristiano (20–25)

Introducción

Salutación (1–2)

Ocasión de la carta (3–4)

Cómo era (5–7)

Cómo son ¡conozca a los apostatas! (8–16)

Cómo dijeron (17–19)

Conservarse: El proceso (20–21a)

Conservarse: El producto (21b–23)

Conservarse: ¿Quién lo hace? (24–25)

8

Llamados, santificados y guardados

Judas vv. 1–2

La corta epístola de Judas sólo comprende 25 versículos, pero no tiene igual en el Nuevo Testamento. No obstante, su carácter único no se debe solamente a su tamaño. (La carta de San Pablo a Filemón también tiene únicamente 25 versículos.) Más bien, tiene que ver con el duro mensaje de Judas. En su epístola, el escritor hace una denuncia vehemente contra los libertinos y los apóstatas.

En la actualidad, debido al creciente número de personas dispuestas a aceptar que la verdad es relativa y no absoluta, la carta que escribió Judas parece muy anticuada. Esa clase de gente también tiende a pensar que cualquier sistema religioso es válido, porque cumple el propósito de llevar a sus feligreses al fin deseado. Esa postura también considera que Judas ha perdido su pertinencia.

Sin embargo, desde esta pequeña introducción a Judas debemos aclarar que lo que se escribió durante el primer siglo de nuestra era, todavía es de muchísimo valor para nostros. En la actualidad, como en aquel entonces, el credo de una persona influye en y motiva su conducta. Además, la inmutable santidad de Dios continúa oponiéndose a todo pecado y maldad. Esto quiere decir que lo que presenta Judas en su pequeña misiva sigue y seguirá siendo oportuno.

TRASFONDO DE LA EPÍSTOLA

Como es de imaginarse, una carta tan corta con un mensaje tan duro, fue objeto de mucha atención y examen minucioso durante los primeros siglos de nuestra era. En este caso, el problema nunca tuvo que ver con el autor, ya que siempre fue aceptada como obra legítima de Judas. La pregunta era si el libro gozaba de las cualidades generalmente aceptadas para aceptar los escritos como canónicos.

Fuentes usadas por Judas

Una de las dificultades estribaba en la fuente de algunos datos que incluye Judas. Por ejemplo, no se encuentran en el Antiguo Testamento los detalles a los cuales Judas alude en los vv. 9 y 14–15. La primera referencia de cuenta del arcángel, Miguel, que contendió con el diablo por el cuerpo de Moisés. La segunda cita una profecía de Enoc. No obstante, ambos acontecimientos eran parte de la tradición judaica, y del cuerpo de conocimiento común entre los judíos.

Para algunos, el uso de semejante fuente era razón suficiente para poner en tela de duda la canonicidad de la carta. No obstante, otros correctamente observaron que no importaba de dónde venía la información, lo que importaba era la veracidad de ella. El Espíritu Santo de Dios, ejerciendo su responsabilidad supervisora (parte de la obra que produjo la Palabra inspirada), preservó a los autores humanos de cometer errores, ayudándolos en su investigación y presentación sólo de lo que era genuino, y verídico.

INSPIRACIÓN: OBRA DEL ESPÍRITU SANTO QUE

GUIÓ A LOS AUTORES HUMANOS EN LA

SELECCIÓN DE LAS PALABRAS Y LOS PRESERVÓ

DEL ERROR

Otra ilustración de la misma idea se encuentra en lo que Pablo escribe en 2 Timoteo 3:8. Los nombres de Janes y Jambres no se encuentran en el texto del Antiguo Testamento, lo que quiere decir que Pablo tuvo que haberlos recibido de alguna fuente no canónica, pero confiable. También Pablo cita partes de las obras de tres diferentes poetas griegos (Hechos 17:28; 1 Corintios 15:33; Tito 1:12). Eso no quiere decir que Pablo creía en todo lo que decían esos poetas, sino que citó ideas expresadas por ellos. Otra vez vemos aquí la obra supervisora del Espíritu Santo.

Relación con 2 Pedro

Hasta una lectura superficial de las dos epístolas revela la relación tan estrecha que hay entre Judas 4–18 y 2 Pedro 2:1–3:3. Hay un gran parecido en pensamiento y estructura, principalmenten en relación con la secta de los libertinos que querían infiltrarse en la iglesia. A la vez, se tiene que admitir que hay diferencias entre las dos porciones que son igualmente marcadas.

Entre las posibles explicaciones de ese fenómeno, la que parece más adecuada es que probablemente Pedro escribió primero su epístola. El carácter de su carta es profético como indica el uso de los verbos en tiempo futuro. Su amonestación concierne al porvenir. En cambio, Judas utiliza una forma verbal que hace constar que lo dicho por Pedro ya se había cumplido. Es decir, la apostasía profetizada ya estaba presente, un poco más tarde, en los tiempos en que Judas escribió. Entonces, parece que este último había leído 2 Pedro, y cuando vino el informe de las dificultades en la iglesia, se sentó a escribir. Es probable que no tuviera a la mano una copia de la carta de Pedro, sino que citaba de memoria lo que el Espíritu Santo le indicó.

BOSQUEJO DE JUDAS

¡Cuidado santo! ¡sabotaje!

Salutación

Motivo de la carta

¡Recuerde santo! La perspectiva divina

Cómo era

Cómo son: ¡Conozca a los apóstatas!

Qué dicen

¡Guárdese santo! El encargo cristiano

Conservarse: El proceso

Conservarse: El producto

Conservarse: ¿Quién lo hace?

vv. 1–4

vv. 1–2

vv. 3–4

vv. 5–19

vv. 5–7

vv. 8–16

vv. 17–19

vv. 20–25

vv. 20–21a

vv. 21b–23

vv. 24–25

Siguiendo este bosquejo, nos dirigimos directamente al texto de Judas.

SALUTACIÓN vv. 1–2

La carta habla de la historia en el sentido de que tiene que ver con una situación literal e histórica, con acontecimientos del primer siglo en la iglesia primitiva. Dicha época empezó con los Hechos de los apóstoles, pero rápidamente degeneró en los hechos de los apóstatas. Tanto el término “apóstoles” como “apóstatas” entraron en nuestro idioma como una transliteración (copiados) de la Biblia en griego. Los apóstoles eran los que oficialmente fueron enviados con el mensaje del evangelio. La palabra “apóstata” conlleva la idea de “abandonar lo que anteriormente se creyó”.

Esta carta no pretende ser una profecía de alguna época todavía futura. Es el registro histórico en tiempos del autor, de lo que Pedro había profetizado poco antes. No obstante, las condiciones de aquella época son las mismas que producen la apostasía en cualquier edad. Por eso, la carta de Judas se extiende mucho más allá de las fronteras del primer siglo y nos amonesta aún en la edad presente. La manera en que el humanismo, el ateísmo, el materialismo y otras que se llaman “religiones” en nuestro tiempo, niegan y adulteran la verdad revelada, lo cual hace que la pequeña pero potente epístola tenga aplicación aun hoy.

El escritor v. 1a

Se identifica por nombre: “Judas” (1a). Según la costumbre de quienes enviaban cartas en aquel entonces, ésta también empieza con el nombre del autor. El suyo es un apelativo derivado del hebreo, una palabra que significa “alabado sea él”, que era un nombre muy popular en tiempos novotestamentarios, probablemente por las hazañas de Judas Macabeo, héroe de la época intertestamentaria. Hay un total de seis personajes que llevaban ese nombre en el Nuevo Testamento, dos de ellos fueron discípulos de Jesucristo.

EL NOMBRE DE JUDAS SIGNIFICA:

“ALABADO SEA ÉL”

¡PENSEMOS!

 A pesar de la popularidad de que gozaba en aquel entonces, en la actualidad la asociación que se hace del mismo nombre con otro Judas, el Iscariote, ha disminuido drásticamente su popularidad. Es interesante que el nombre de Judas, aunque tiene un sentido tan bello, debido al Iscariote ha llegado a ser prácticamente sinónimo de apostasía. Tan es así, que casi no se encuentra el nombre Judas en la lista de posibles apelativos cuando los padres piensan en llamar a un varoncito recién nacido. Todavía aceptamos el nombre de César, a pesar de los malvados césares que hubo en la historia y supongo que hay pocos hombres que se llamen Nabucodonosor por ser tan largo. Se oye de Pablos, Pedros, Juanes y Santiagos, pero de ningún Judas.

Esta pequeña carta representa la única fuente de información que tenemos para hacer un análisis del carácter del autor.

Identificación por sus relaciones (1a).

1. “Siervo de Jesucristo”. La palabra “siervo” no es el título de algún puesto oficial como el término “apóstol”. Más bien, representa una relación, la del esclavo con su amo, la de la voluntad totalmente rendida a su maestro. “Siervo” indica la devoción total de Judas a su Salvador. Es notable la ausencia del título “apóstol”. A juzgar por otras cartas novotestamentarias, si el autor tenía un título, siempre debía usarlo en la salutación de sus cartas. El hecho de que Judas no lo usa indica que no lo era, factor que ayuda establecer que este Judas no fue uno de los dos Judas que fueron discípulos de Jesús.

2. “Hermano de Jacobo”. Ésta es una identificación única por dos razones. Primera: no hay otra carta en el Nuevo Testamento en que el autor señale su relación familiar. Segunda: el Jacobo que se menciona tenía que ser alguien conocido, o Judas hubiera agregado más detalles. Se refiere al autor de la epístola que en la Reina Valera se llama Santiago, y ese Jacobo/Santiago fue hermanastro de nuestro Señor Jesucristo.

JUDAS FUE HERMANASTRO DE NUESTRO

SEÑOR JESUCRISTO.

Durante toda la vida ministerial de Cristo, los hijos de José y María rechazaron su autoridad. No fue sino hasta después de su resurrección que creyeron. ¡Qué pena les debe haber causado su incredulidad al reflexionar en el pasado! Y, ¡qué difícil ha de haber sido para ellos criarse en un hogar junto a su perfecto hermanastro!

¡PENSEMOS!

 Imagine que le tocara escribir una carta a unos creyentes y que usted fuera hermanastro del Señor Jesucristo. Una pregunta: ¿No estaría tentado a identificarse como tal, para recibir aceptación instantánea? Bueno, Judas no lo hizo. En cambio, se identifica como el “siervo de Jesucristo”.

Los santos: Sus lectores (1b). Las palabras del saludo solamente contemplan el aspecto espiritual de los destinatarios y no revelan más acerca de su situación geográfica o nacional. No cabe duda que Judas tenía en mente a un grupo específico, tal vez los mismos habitantes de Asia Menor que recibieron la carta de Pedro. El no haber señalado a un grupo distinto nos ayuda a aplicar su enseñanza en forma más general.

Los describe primero como llamados, un término que señala la iniciativa divina de la salvación. Difícil sería imaginarse un honor más alto. Esa elección divina se llevó a cabo en la eternidad pasada, pero no se hizo efectiva sino hasta que el Espíritu Santo hizo su obra con el mensaje del evangelio en la historia. Romanos 8:29–34 traza la línea de esa gran obra de Dios a nuestro favor.

En seguida vienen dos frases subordinadas que describen a los llamados. La primera, en nuestra versión Reina Valera se traduce “santificados”. Ahora bien, la santificación del creyente es una doctrina bien clara del Nuevo Testamento. Sin embargo, aquí parece que el término mejor es “amados en Dios el Padre”. Esta expresión es única y no se usa en ninguna otra parte de la Biblia. En cambio, “amado por Dios” es un concepto común. Tal vez se refiere al hecho de que en el seno del Padre somos amados, lo cual combina tanto una condición como una posición.

La segunda frase que apoya a “llamados” es “guardados en Jesucristo”. Tanto nuestra posición “en Jesucristo” como nuestra seguridad (“guardados”), son doctrinas que se encuentran repetidas veces en el Nuevo Testamento. Solamente que aquí, en la frase que estamos considerando de Judas 1, no existe la preposición “en”. Es así que la traducción correcta puede ser o “por” o “para”, pero no “en”. Debido a lo que se encuentra más adelante en la carta de Judas (véase v. 24) se debe interpretar como “para”.

SOMOS GUARDADOS PARA CRISTO Y PARA

AQUEL DÍA CUANDO VENGA A RECIBIRNOS

¡PENSEMOS!

 Gracias a Dios que nuestra posición está segura frente a la apostasía y oposición del enemigo de nuestras almas. Cristo mismo en Juan 17:11, encomienda a los suyos al cuidado del Padre diciendo: “…guárdalos en tu nombre…”. Dios no perderá ni una sola alma de los que él ha llamado, y la iglesia, la novia se presentará a Cristo “…sin mancha delante de su gloria…” (Judas 24).

El saludo (v. 2). El v. 2, con su trilogía de bendiciones divinas, expresa el deseo o, bien, la oración que Judas hacía por sus lectores. Su anhelo era que se apropiaran abundantemente de esos elementos.

En comparación con el saludo “gracia”, el de “misericordia” es poco común en el Nuevo Testamento (1 Timoteo 1:2; 2 Timoteo 1:2; 2 Juan 3 y Judas 2). Es más; en cada caso parece que había el trasfondo de los falsos maestros que estaban impartiendo enseñanzas falsas. He allí la razón por la abundante clemencia que se menciona. La misericordia es una compasión que reconoce la necesidad de uno, y actúa para aliviar esa necesidad. El creyente, frente a la apostasía, requiere una dosis abundante de esa dádiva de Dios. Ahora bien, la verdad es que la misericordia de Dios siempre ha estado disponible.

¿CUÁNTAS VECES ESCRIBE EL SALMISTA

ACERCA DEL DIOS MISERICORDIOSO?

El segundo elemento mencionado por Judas era muy necesario, porque los apóstatas estaban estorbando el bienestar de los creyentes. No es solamente la repetición del saludo acostumbrado entre los judíos, es decir, el saludo “¡shalom!”. Más bien, es una referencia a la tranquilidad que se establece por la relación que tenemos con Dios. “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27). Quiere decir que la paz de Dios había estado y está disponible, pero la situación de los lectores demandaba que la aprovecharan aún más.

Finalmente, “amor” es una expresión única entre los saludos de cartas novotestamentarias. Por supuesto, nadie estaría en contra de recibir amor en abundancia, ni negaría la importancia de él en tiempos de presión y tensión como los que estaban soportando los lectores de la carta. Sí, es al amor de Dios al que se refiere: “…el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones…” (Romanos 5:5). Es decir, ¡Basta! No puede haber más. ¡Qué bueno es reflexionar acerca de lo que ya tenemos! Mejor todavía es reconocer que las situaciones en las cuales nos encontramos demandan que vivamos a la plena luz de lo que poseemos, en este caso, el amor en abundancia. El otro lado es que se tiene que manifestar el amor, y también en abundancia.

No es tanto que Judas pida más misericordia o más paz o más amor, sino que quería que sus lectores vivieran en el pleno conocimiento de todo lo que Dios había provisto. Sobre todo, frente al problema de la apostasía.

9

¡Cuidado con los falsos maestros!

Judas vv. 3–4

Judas no pierde mucho tiempo para revelar el verdadero propósito de su misiva. El saludo de los primeros dos versículos es corto, pero sincero y apropiado. Su deseo genuino para sus destinatarios (v. 2) que ya disfrutaban de la misericordia, paz y amor de Dios, refleja el verdadero corazón del autor. Su meta no era regañar, sino amonestar con el fin de proteger a los santos. Su estilo no es austero, sino, como se nota en la primera palabra del v. 3, tierno. El hecho de que se lanza a tratar el tema enseguida, sin hacer una larga y verbosa introducción, se debe a la urgencia de su mensaje y también, a lo menos en parte, a la brevedad de su epístola.

En pocas palabras, se podría decir que estos dos versículos expresan tanto el deseo como el deber que el autor sentía ante las circunstancias que enfrentaba la iglesia primitiva.

MOTIVO DE LA CARTA

Escribir acerca de la común salvación (v. 3a)

“Amados”. En este principio se nota de nuevo el corazón de pastor, actitud que en verdad dicta el propósito y la manera en que se presenta el tema que estamos por estudiar. Es cierto que en seguida veremos una amonestación bien fuerte, pero de ninguna manera está en desacuerdo con la forma en que los llama “amados” amigos. El verdadero amor cristiano no consiste sólo de un sentimentalismo dispuesto a aceptar lo que otros hacen, bien o mal. El amor busca el bien del amado, lo que a veces exige una confrontación. Naturalmente todo nace del deseo de ver al amado limpio y libre de semejante mal.

El v. 3 indica que originalmente Judas anhelaba sentarse a escribir detenidamente un tratado acerca de “nuestra común salvación”. Me parece que la palabra “anhelar” capta muy bien la idea que expresa con la frase “la gran solicitud” (v. 3a).

Quiere decir que Judas, como pastor responsable, tenía en mente dos importantes elementos: (1) A su rebaño: Porque llevaba en el corazón el bienestar de sus lectores. (2) Su alma se llenaba de gozo y alabanza a Dios por lo que tenía de común con ellos, la gran salvación que Dios les había provisto. ¡Quién sabe qué nos hubiera dicho Judas si hubiera tratado ese tema!

A lo mejor hubiera compuesto un verdadero salmo novotestamentario o, tal vez, un tratado al estilo de la carta a los Romanos. Lo único que sabemos con seguridad es que el Espíritu Santo le impulsó en otra dirección. Es así que, con la misma solicitud, tomó su pluma para escribir de un tema provocado por eventos y condiciones negativos. No hay ninguna indicación de que Judas jamás lograra su intención de escribir acerca de la salvación que tenía en común con sus lectores.

Para exhortarlos (vv. 3b–4)

Es muy evidente la obligación que sentía el autor por la frase “me ha sido necesario”. Habiendo recibido la noticia de las personas y eventos que describe en el v. 4, Judas sintió la responsabilidad de escribirles. Al saber que había circunstancias peligrosas, su mismo amor por ellos le constriñó a tratar el asunto. No le era fácil ni del todo agradable, pero sentía que era necesario.

Al principio, su deseo era escribir sobre un tema más grato. Pero las condiciones imperantes le obligaron a actuar de otro modo. Es así que tenemos a la vista una muy buena ilustración de lo que es vivir y actuar con base en un sentido de la responsabilidad. Agradables o no, hay ciertas cosas que se tienen que hacer. Entre ellas, se encuentran confrontar el error, la maldad y el pecado.

UNA VIDA QUE COMPLACE A DIOS,

¿ES UNA OPCIÓN U OBLIGACIÓN?

¡PENSEMOS!

 A veces los que vivimos en lo que se suele llamar “época de la gracia de Dios” no hacemos caso de las demandas del evangelio y tratamos de escaparnos con la frase: “¡Eso es legalismo!” ¡No, mi hermano! La lista de los “quehaceres” que debemos realizar bajo la gracia de Dios es larga e imponente. ¿Acaso considera que es sólo una sugerencia lo que dice Pablo en Efesios 4:1: “Andad como es digno del evangelio…”? O, ¿qué tal, lo dicho en Efesios 5:25: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia”? Considere lo que dice 1 Juan 2:15: “No améis al mundo…”! Todas estas no sólo son insinuaciones o ideas que puede uno aceptar o rechazar. Son obligaciones vigentes para el creyente de la época de la gracia, y dicho creyente no es legalista por obedecerlas o cumplirlas. Tampoco lo es por exhortar a otros a que las cumplan.

A que contendieran por la fe (v. 3b). La tarea a la cual Judas exhorta a sus lectores es muy ardua. Se nota esa característica por la palabra que escogió. En su forma más simple, el verbo que aquí se traduce como “contender”, aparece en varios pasajes novotestamentarios. Con frecuencia se usa en un contexto atlético. En esas referencias, la palabra tiene la idea “consumir toda la energía en”, buscando la victoria en la carrera o en la lucha. En este caso, no pierde su sentido básico, aunque aparece en forma compuesta y única; es decir, no hay otro uso igual en el resto del Nuevo Testamento; entonces, aquí se agrega un elemento que la refuerza.

En la palabra que usa Judas está la idea de hacerlo “ardientemente”. Es que el enemigo está activo y es muy fuerte. La contienda será dura, continua, y hasta serán rechazados (a veces aun por quienes han sido colegas), pero como veremos en seguida, no es insignificante la causa por la que se peleará la batalla. Lo que se tenía que defender era nada menos que el cuerpo de conocimientos que Dios mismo les había entregado. ¡Con qué razón Judas exhortó a sus lectores y, así por ende, a nosotros hoy, puesto que estamos sujetos a los mismos ataques del enemigo.

Judas no dejó a sus lectores en duda en cuanto a por qué tenían que luchar, o en cuanto a qué tenían que defender: “…la fe que ha sido una vez dada a los santos” (v. 3b). Esa “fe” no se refiere a la fe personal, o sea, a la confianza depositada y afianzada en lo que Dios ha dicho. Ese uso de la palabra es bastante frecuente en el Nuevo Testamento. “Así que la fe es por el oir, y el oir por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe: y esto no es de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8–9). Cada uno de estos pasajes tiene que ver con la fe personal.

Aquí en Judas 3, la palabra fe se refiere a la verdad revelada; al conjunto de conocimientos que Dios ha querido que tengamos y conozcamos. Es la revelación hecha por Dios mismo. Es lo que él comunicó a los profetas y apóstoles; lo que reveló a los santos autores humanos, siendo él mismo el autor divino. Es lo que el Espíritu Santo inspiró, guiando a los autores humanos en la selección de palabras y preservándolos del error. Por supuesto, en la iglesia de Jesucristo se refiere muy específicamente a la verdad de Dios que encontramos en Cristo Jesús.

Entonces, no se refiere a alguna idea filosófica o religiosa que el hombre haya inventado. No es un ritualismo religioso a una experiencía de éxtasis, o sueño a visión. ¡Es lo que Dios dijo!

NO PROVOQUE LA MOFA ENTRANDO EN LA PELEA

ARMADO SOLAMENTE CON LA IGNORANCIA.

¡PENSEMOS!

 ¿Cuáles son los requisitos para contender legítimamente? He aquí algunas sugerencias:

 Estudio:

 2 Timoteo 2:15

 Conocimiento:

 Hebreos 5:13–14;

 Efesios 4:14

 Sumisión (corrección):

 2 Timoteo 3:16–17

 Conformidad a las reglas:

 2 Timoteo 2:5; 2 Timoteo 24–25

 Sabiduría:

 =Saber por qué contender. Véase a Pablo con los gálatas y también Tito 1:10–11.

 =Saber cuando No contender. Véase Romanos 14.

CONTENDER POR LA FE NO QUIERE

DECIR SER CONTENCIOSO.

¿Por qué exhortarles? Porque algunos habían entrado (v. 4).

(1) Eran invasores. La razón por la que Judas escribió su carta tan apresuradamente fue por el alarmante peligro que representaba la presencia de ciertos hombres. Se anticipa algo del carácter de ellos cuando dice que entraron “encubiertamente”. La palabra sugiere algo siniestro, definitivamente secreto como hace un espía que entra con cautela. Insinúa que su astucia era como una fuerza subversiva. En verdad eran hombres que pretendían ser creyentes, pero cuya fe era falsificada. Así que el enemigo había penetrado a través de las defensas.

(2) Fueron profetizados. Judas explica que “desde antes” se había escrito acerca de esos invasores y su condenación, pero no especifica exactamente cuánto tiempo antes. ¿Será que se refería a lo que el apóstol Pedro escribió relativamente poco “antes”? O tal vez se refiera a algo escrito mucho “antes”. Lo cierto es que la llegada de los falsos maestros fue anticipada y con ella su juicio también. Posiblemente su referencia acepta la enseñanza general de las Escrituras en cuanto al juicio de Dios contra los impíos, y Judas lo aplica al caso presente. Siempre se tiene que reconocer que el Espíritu Santo era el que preservaba a los autores humanos de errores.

(3) Eran impíos que torcían la verdad. Ahora, Judas se concreta a describir el carácter de esos enemigos del Señor y su obra. “Impíos” indica que no reverenciaban a Dios. No lo respetaban ni le temían. Ellos pretendían enaltecer la gracia de Dios y la libertad cristiana, pero llevaban una vida disoluta y vil. Prácticamente estaban enseñando que la gracia de Dios les daba licencia para cometer pecados. Un autor escribió diciendo que se regocijaban por la declaración bíblica del perdón, pero que no hacían caso de la exhortación bíblica a la santidad. Judas no es el único escritor del Nuevo Testamento que reconoció ese fenómeno funesto del libertinaje. Véase lo escrito por Pablo en 1 Corintios 6:9–18; Pedro en 1 Pedro 2:16 y Juan en 1 Juan 3:7–10.

(4) Eran impíos que negaban la doctrina. Su enseñanza y conducta efectivamente negaban la persona y carácter de Cristo, lo que al fin y al cabo es una negación de Dios Padre también. Aunque pretendían ser seguidores de Cristo, no aceptaban sus demandas morales, repudiando así a su persona divina. El uso del término “soberano” (el que tiene el control absoluto) agrava el peso de su pecado.

CONCLUSIÓN

Convendría que examinásemos nuestro propio ambiente. Claro que el propósito no es iniciar una inquisición evangélica. No obstante, si hay entre nosotros quienes nos quieren apartar de lo que Dios ha dicho, quiere decir que el enemigo ha traspasado sus defensas. Si hay quienes contradicen lo que Dios ha revelado, están negando a Cristo y al Padre celestial. Si hay entre los creyentes algunos que pretenden ser hijos de Dios, pero a la vez introducen ideas propias contra lo que él ha dicho, son lobos que andan están sueltos entre las ovejas. ¡Cuidado! ¡Hay sabotaje!

10

Recuerde la perspectiva divina

Judas vv. 5–7

La historia es buena maestra. Claro que es posible que ella sola no nos indique claramente lo que es correcto hacer, pero cuando menos, los fracasos pasados nos ayudan a saber lo que tenemos que evitar. Se ha dicho que muchos de los problemas de hoy en día se pudieran haber evitado si la gente hubiera “leído el registro” de ayer.

Ahora, si así sucede con la historia secular, con mucha más razón debemos prestar atención a la historia bíblica. El apóstol Pablo, después de hacer un ligero, pero importantísimo repaso de ciertos eventos veterotestamentarios, escribió: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Corintios 10:11). El autor de la carta a los Hebreos, en su cap. 11, presenta una lista impresionante de personajes históricos cuyas vidas se caracterizaron por la fe. Por ese medio, quería indicar a sus lectores que sí es posible vivir así, porque las personas de la lista, que fueron seres humanos como nosotros, lo demostraron: se puede vivir por fe. A eso se refiere Hebreos 12:1: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos…”.

Pero de la misma manera que hay buenos ejemplos a seguir, hay malos ejemplos que debemos evitar. He aquí otra de las características maravillosas de la Biblia. No es un libro que sólo cuenta lo bello, lo celestial, sino que nos da ejemplos de lo malo, de los fracasos, e inclusive muestra un cuadro del infierno, todo ello para nuestra enseñanza y provecho; en suma, nos indica lo que podemos emular y lo que debemos evitar.

Judas vv. 5–7 emplean un argumento parecido en cuanto al juicio de Dios contra los apóstatas. De la manera en que Dios juzgó a los que se apartaron a través de la historia bíblica, así también juzgará el caso de los impíos invasores del v. 4.

De acuerdo con el desarrollo de la carta, podemos orientarnos revisando el bosquejo del libro hasta donde hemos avanzado

¡Cuidado santo! ¡Sabotaje! vv. 1–4

Salutación vv. 1–2

  1. El siervo

  2. Los santos

  3. El saludo

Motivo de la carta vv. 3–4

  1. Escribir acerca de la común salvación (v. 3a)

  2. Para exhortarlos (vv. 3b–4)

    a. A que contendieran por la fe (v. 3b)

    b. ¿Por qué exhortarles? Porque algunos habían entrado (v. 4)

      (1) Eran invasores

      (2) Fueron profetizados

      (3) Eran impíos que torcían la verdad

      (4) Eran impíos que negaban la doctrina

Así llegamos a la segunda división principal de la carta que veremos en los vv. 5–17 y que hemos titulado:

¡RECUERDE, SANTO! LA PERSPECTIVA DIVINA VV. 5–17

Cómo era vv. 5–7

Se echa de ver que el juicio divino sobre los malos no es ninguna novedad. Los ejemplos que se citan aquí demuestran que a través de la historia bíblica, Dios ha castigado en forma severa el abandono de la verdad revelada.

Por eso dice Judas: “Quiero recordaros ya que una vez lo habéis sabido” (v. 5). Obviamente Judas consideraba que sus lectores estaban bien informados acerca de las ilustraciones que iban a ser presentadas. Su propósito, entonces, no era introducir algo desconocido para ellos. Más bien, quería que sus lectores recordaran lo ya conocido, naturalmente para sacarle provecho.

Judas expresa un reconocimiento y hasta un encomio, porque ya habían recibido suficiente instrucción. Tenían el conocimiento adecuado, ahora convenía que lo aplicaran a la situación que estaban viviendo.

EL BUEN MAESTRO SIEMPRE EMPIEZA CON LO

CONOCIDO Y AVANZA HACIA LO DESCONOCIDO

Ahora bien, surge la pregunta: ¿Qué es exactamente lo que sabían? Para ayudarnos a contestarla, voy a permitirme hacer una traducción muy literal de lo que Judas escribió aquí: ¡“Quiero recordaros, ya que de una vez por todas, lo habéis sabido todo!” Bueno, algunos dirán que esa traducción hace aún más difícil la interpretación.

Pero no es así, porque agrega y al mismo tiempo aclara una gran verdad, siempre basándonos en los términos griegos. La misma fe que según el v. 3 “ha sido una vez (la misma palabra en griego) dada a los santos”, es la que los lectores de esta carta habían abrazado.

Efectivamente, no es que el creyente tenga necesidad de adquirir conocimientos nuevos, ni exóticos ni esotéricos. Lo que Dios busca es que el creyente viva de acuerdo con lo que él mismo ha revelado ya. El cristiano no necesita consultar fuentes extrabíblicas. Tampoco debe dedicarse sólo a la acumulación de conocimientos bíblicos. El requisito es la asimilación o absorción de lo que la Biblia enseña.

El recuerdo de los israelitas incrédulos (v. 5). La frase: “habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto” es un resumen de lo que se conoce como el Éxodo, que fue un caso de rescate y liberación que para muchos terminó en la muerte en el desierto.

¡PENSEMOS!

 ¡Qué triste la historia de Israel! Primero fue bendecido y después castigado; quedaron libres, pero después, cautivos; habían rendido culto a Jehová para luego hincarse ante los ídolos; disfrutaban de la lluvia, pero más adelante enfrentaron sequías; escucharon a los profetas y más tarde los mataron; comieron sólo maná para decir después: “nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano”. ¿A qué se debieron semejantes cambios tan abruptos? Se debieron a la incredulidad.

Habiendo dicho esto, nos vemos obligados a hacer hincapié en la verdad bíblica de la seguridad de nuestra salvación, sólo por si hubiera alguien que pensara que el pasaje que estamos considerando enseña la posibilidad de perder la salvación de nuestra alma. Jesús dijo: “…y no perecerán jamás, ni nadie les arrebatará de mi mano” (Juan 10:28);“…no tendrá sed jamás” (Juan 4:14).

Parece bien claro que Judas no se está enfocando aquí en los detalles de la pascua, es decir, en los eventos específicos de aquella noche tan singular de la historia de Israel, sino en la obra salvadora que Dios hizo a favor de quienes llamó el “pueblo de Dios”.

Considere Éxodo 13:9: “…por cuanto con mano fuerte te sacó Jehová de Egipto”, y “…por cuanto Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte” (Éxodo 13:16). Es cierto que todos los judíos que escaparon de Egipto y que preservaron la vida de sus primogénitos en forma milagrosa, lo lograron porque creyeron en lo que Dios dijo. ¡Creer! En cualquier época, siempre ha sido la base para poder entrar en una buena relación con Dios; es la única manera de ser salvo.

El lado sombrío del cuadro se nota cuando esa misma gente, que fue testigo de una liberación tan espectacular por mano de Dios, mostró incredulidad al recibir el informe de los diez espías: “Entonces toda la congregación gritó y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche. Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos!” (Números 14:1–2).

Como algunos han comentado, parece que Dios interpretó esa exclamación como si fuera una oración, porque la contestó diciendo: “Diles: Vivo yo, dice Jehová, que según habéis hablado a mis oídos, así haré yo con vosotros. En este desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mi” (Números 14:28–29). Véase también 1 Corintios 10:1–5, 6–15 y Hebreos 3:8–12.

LOS ISRAELITAS INCRÉDULOS PERDIERON EL GOZO

DE DISFRUTAR DE LA TIERRA PROMETIDA.

¡PENSEMOS!

 Consideremos la disciplina del señor. El caso de los israelitas es como otro que se explica en el Nuevo Testamento en 1 Corintios 11:29–30 donde dice “…y muchos duermen”, para explicar la situación de los creyentes, los verdaderos creyentes, que por no cumplir correctamente con la santa cena del Señor, perdieron la vida como castigo. Ellos no perdieron su posición (de salvos), pero sí sufrieron la disciplina de Dios, perdiendo su vida. Lo mismo sucede en 1 Juan 5:16, donde dice que“… hay un pecado de muerte”. La disciplina que Dios aplica a los suyos por la desobediencia nunca es la condenación (Romanos 8:1), pero puede ser la muerte.

El recuerdo de los ángeles encarcelados (v. 6). Otra vez se tiene que recordar que el contexto aquí es la apostasía. Bien es cierto que ha habido una gran variedad de opiniones en cuanto al “evento” a que se refiere Judas v. 6.

a. Judas 6/Génesis 6. La idea que parece gozar de mayor aceptación entre los evangélicos es la que identifica a “los ángeles” de Judas 6 con “los hijos de Dios” de Génesis 6:1–2: “Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas”.

Entre las razones que se han dado para sostener ese punto de vista se presentan las siguientes observaciones:

(1) En el Antiguo Testamento siempre se usa la frase “los hijos de Dios” para referirse a los ángeles.

(2) “Gigantes” es la traducción de la Septuaginta del término hebreo nefilim (literalmente “tiranos”, por la manera en que cayeron sobre la gente y la dominaron). Con cierta inexactitud, algunos sustituyen esa palabra con “monstruo”.

(3) El lenguaje de Judas parece que exige la siguiente interpretación: “…de la misma manera…”. Según los que la apoyan, esa frase quiere señalar un pecado sexual de acuerdo a como se entendía en Génesis 6.

Puede ser que esta sea la interpretación más popular, pero el autor tiene que confesar que siempre le ha sido muy difícil aceptarla por razones que se expondrán en seguida.

b. Judas 6 y un grupo de ángeles que cayeron con Satanás. Debido a que no tenemos espacio para poder desarrollar todos los puntos y subpuntos, comentaremos brevemente algunas de las razones por las que acepto ese punto de vista juntamente con mis dudas acerca de otros.

1. “Hijos de Dios” (Génesis 6) es un título de los ángeles en el Antiguo Testamento (Job 1:6; 2:1; 38:7), pero se refiere a ángeles no caídos.

(2) Los ángeles son espíritus y no tienen cuerpo. Los que aparecieron a los hombres en forma humana fueron enviados según la voluntad de Dios. Es de discutirse si ellos (es decir, “los ángeles”) por su propia voluntad pudieron tomar forma humana. Por otro lado, ¿cómo podría un espíritu tener relaciones con una mujer? De acuerdo a nuestros presentes conocimientos limitados, eso sería imposible.

(3) Otra vez interpretando Génesis 6, el castigo del gran diluvio que vino en los tiempos de Noé, más parece haber tenido que ver con lo que hicieron los hombres que con lo que hicieron los ángeles, porque Dios dice: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años” (Génesis 6:3). (Véase también vv. 5–6.) El pasaje parece que no tenía a la vista a los ángeles.

(4) En la frase: “como Sodoma y Gomorra”, la palabra “como” (que se podría traducir “de la misma manera que”) no tiene que referirse por fuerza a “los ángeles”. Más bien, puede indicar sólo a Sodoma y Gomorra, que al igual que los israelitas y los ángeles (que son dos ilustraciones de rebeldía), recibieron la justa recompensa de su pecado.

Es importante notar que las mencionadas diferencias de interpretación no cambian ni disminuyen en nada la fuerza del argumento de Judas. Aquí el Espíritu Santo quiere ilustrar que abandonar el propósito para el cual Dios nos ha creado equivale a apostasía, y por lo tanto, justamente viene el castigo de Dios.

El recuerdo de las ciudades castigadas (v. 7). Otra vez, el autor hace referencia a la historia, no a fábulas ni leyendas, sino a eventos que ocurrieron literalmente. Es probable que no todo el mundo de aquel entonces entendiera cuál había sido la causa de la destrucción de aquellas ciudades. Sin embargo, la Biblia dice que fue por intervención divina. Dios castigó a las ciudades de la llanura. Fueron cinco las indicadas, pero una escapó (Zoar) por súplica de Lot. De acuerdo a los estudios más recientes, se cree que las cinco ciudades estaban situadas al sur del mar Muerto en un área que hoy está cubierta por aguas salinas de poco caudal. Precisamente la condición actual de esa región (árida y estéril) presenta un cuadro vívido de lo que fue el juicio de Dios contra dichas ciudades.

Los nombres de Sodoma y Gomorra han llegado a ser sinónimo proverbial de inmoralidad grosera. Se ilustra este punto muy bien mediante lo que alguien escribió en una de las paredes de la ciudad de Pompeya antes de su destrucción. (Pompeya fue una ciudad romana de reconocida inmoralidad que se localizaba al pie del volcán Vesubio y que fue destruida por una erupción del mismo, quedando sepultada bajo las cenizas y la lava, en el año 79 de nuestra era.) En ese letrero, sólo aparecen dos nombres: “SODOMA GOMORRA”, identificando así a Pompeya y su cultura inmoral con aquellas ciudades cuyos nombres ya eran sinónimo del juicio merecido.

a. Los vicios que ocasionaron el juicio de Dios. Es probable que las dos expresiones se refieran al mismo pecado, que era más un estilo de vida que un comportamiento aislado. La palabra “fornicación” parece representar la categoría de pecado ante los hijos de Dios, mientras que “contra la naturaleza” describe los detalles de ese pecado.

(1) La fornicación. Es una palabra excepcionalmente fuerte, que da el sentido de abandono total a la lujuria (concupiscencia, codicia) extravagante. Con base en Génesis 19, entendemos que su pecado era la homosexualidad.

(2) Contra la naturaleza. Literalmente significa que los habitantes de aquellas ciudades se extraviaron “siguiendo detrás de la carne diferente”, algo ajeno y distinto al plan de Dios para los sexos, alejándose así de la voluntad de Dios. Sodoma era la principal ciudad por tamaño, importancia e influencia y por eso se da como ejemplo. A ella se tiene que atribuir la gran responsabilidad de haber corrompido a las demás.

“¡HORRENDA COSA ES CAER EN MANOS DEL DIOS

VIVO!” (HEBREOS 10:31).

b. Su castigo ejemplifica el juicio de Dios.

(1) Fueron exhibidas (“puestos a la vista pública”) para que todo mundo se diera cuenta de lo terrible que es la rebeldía y que “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Hebreos 10:31). No se puede leer la historia de esas ciudades sin darse cuenta del odio que Dios siente contra el pecado. Como dijo el profeta: “Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio” (Habacuc 1:13).

¡PENSEMOS!

 La relación del Antiguo Testamento con el Nuevo es muy estrecha y efectivamente uno depende del otro para ser entendido. “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Corintios 10:11). Claro que la doctrina de la iglesia está en el Nuevo Testamento, pero el creyente que no estudia el Antiguo se pierde de muchos detalles. Además, no está prestando atención a la exhortación anterior.

(2) Sufrimiento. Se refiere aquí a los habitantes castigados y no a los edificios de la ciudad. El término tiene el sentido de “mantener sumergido” y por extensión “aguantar”. El castigo es de fuego, al estilo de lo qe Cristo enseñó en Lucas 16:19–31.

Finalmente, como repaso, debe notarse el terror que provocan los castigos citados:

(1) destrucción (v. 5)

(2) encarcelados en prisiones eternas (v. 6)

(3) fuego eterno (v. 7)

Tal vez el orden no cronológico de las ilustraciones de Judas hace hincapié en que la apostasía: (1) empieza con la incredulidad, (2) que conduce a la rebeldía, y (3) termina en la inmoralidad y anarquía.

11

Conozca a los apóstatas

Judas vv. 8–19

Salomón tuvo razón al decir “nada hay nuevo debajo del sol” (Eclesiastés 1:9b). Obviamente, Judas estaba de acuerdo. El reconocía en la apostasía de su día las características históricas de ese error. Es así que tomando otra vez de la crónica bíblica, introduce esta sección relacionando su propia época con personas y eventos bien conocidos de sus lectores. De nuevo demuestra el valor de tener un punto de vista que abarque toda la Biblia, de la riqueza de ese gran depósito divino y de su aplicación a la vida. Alguien ha dicho que es importante considerar lo que la historia dice a la hora actual.

Pero más importante aún es tomar en cuenta lo que Dios ha dicho en su palabra.

Ahora Judas nos lleva al conocimiento de los apóstatas y la apostasía, descripción que nos ayudará a identificar a ese tipo de personas dondequiera que las encontremos.

CÓMO SON VV. 8–16

A pesar de los bien conocidos ejemplos citados, ejemplos que uno hubiera pensado detendrían la marcha de ese error, los apóstatas persisten en seguir en sus caminos perniciosos.

Son rebeldes a la autoridad de Dios vv. 8–11

1. La causa (v. 8). Son “soñadores”. Literalmente andan “en sus sueños”. Esta construcción gramatical indica una condición permanente y sugiere que a esa gente le gustaba vivir así. No se refiere a sueños literales que ocurren cuando uno está dormido. Tampoco se hace referencia a “visiones” de tipo profético. No parece que Judas estuviera acusándolos de eso. Es mejor aceptar que los apóstatas a los cuales se refiere son soñadores que viven alejados de la realidad. En especial, no tomaban en cuenta la realidad del carácter de Dios ni la historia de su revelación. La verdad es que esa gente vivía en un mundo nebuloso de sueños. Habiendo rechazado la verdad de Dios, se alimentaban de la falsa doctrina que inflaba sus egos y les animaba a la rebeldía. Como animales, los apóstatas vivían por sus instintos.

¡PENSEMOS!

 A través de toda la historia, el ser humano que ha abandonado a Dios ha tenido un solo recurso: sus sentidos, que son muy limitados y que están totalmente dañados por la caída de Adán (Romanos 1:21–28). Aunque no es la primera, una ilustración sobresaliente de ese fenómeno se encuentra muy temprano en la historia: Génesis 11 y el relato de la torre de Babel. Esa gente no quiso obedecer a Dios y siguió sus propias ideas, conceptos y planes. Sin embargo, aun así no pudieron frustrar el plan de Dios para el pueblo posdiluviano (Génesis 9:1). Él los esparció mediante la confusión de las lenguas. Al hombre que confía sólo en sus propias capacidades, se le garantiza el fracaso.

2. Las consecuencias (v. 8)

a) “…mancillan la carne” literalmente significa “teñir”, o sea, “cambiar de color”. Entonces, en forma figurada, la palabra quería decir “corromper”. En Juan 18:28 el verbo señala impureza ceremonial. En Tito 1:15 y Hebreos 12:15 se usa para indicar inmoralidad.

La inmoralidad a que se refiere es el sexo ilícito, problema que sí afectaba a la iglesia primitiva (véase 1 Corintios 5:1; 6:9; 2 Corintios 12:21).

b) “Rechazan la autoridad”. No cabe la menor duda de que la frase señala rebeldía. Pero, ¿contra quién? Bien es cierto que la palabra “autoridad”, tal y como se usa en otras partes del Nuevo Testamento, puede referirse a los ángeles (Efesios 1:21). Existe también la posibilidad de que fuera una referencia a la autoridad civil o tal vez a la eclesiástica. Sin embargo, debido a lo que Judas escribió en el v. 4 (“…y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo”) más parece una referencia al rechazo de la autoridad de Cristo. En otras palabras, estaban negando la soberanía de Dios y la autoridad de la palabra de Dios en sus vidas.

c) “Blasfeman de las potestades superiores”. Ningún intérprete tiene problemas con lo que quiere decir la palabra “blasfemando”, que significa calumniando o insultando. Judas la presenta como la máxima expresión de rebeldía. Por otro lado, hay una gran variedad de opiniones tocante a la identificación de “las potestades superiores”. La mejor se refiere a los ángeles no caídos.

3. Un contraste

A continuación, el escritor compara a Miguel, el arcángel, con los apóstatas (vv. 9–10). Desconocemos la fuente histórica que tomó para mencionar el evento aludido. El ángel Miguel se menciona en varias partes de la Biblia, pero solamente en Judas 9 se denomina “arcángel”. La palabra de Dios nunca usa el plural de dicho vocablo, es decir, “arcángeles”, dando a entender que sólo hay uno. Ahora bien, el Antiguo Testamento también nos provee ciertos datos relacionados con el fin de la carrera terrenal del gran líder Moisés (Deuteronomio 34:5–6). Sin embargo, no hay otra referencia bíblica al evento registrado en Judas 9. Posiblemente formaba parte de la historia transmitida oralmente entre los judíos. Algunos postulan que hubiera estado muy de acuerdo con la filosofía de Satanás que usara el cadáver de Moisés para procurar corromper a los judíos con la idolatría. No obstante la falta de seguridad en cuanto al origen del relato, se cree que la obra inspiradora del Espíritu Santo preservó de error al autor de la carta. Es decir, aunque no sabemos cuál fuente usó, el Espíritu Santo, al permitir su uso en Judas, puso su imprimátur de veracidad.

Al discutir lo del origen del relato, no queremos perder la importancia de la referencia. Aunque era arcángel, obviamente una posición de muy alto rango y honor, “no se atrevió a proferir juicio de maldición” (Judas 9) contra el diablo. No fue por cobardía o por falta de fuerza, sino que reconoció que no le tocaba a él asumir las prerrogativas de Dios. Miguel rehusó ser juez de Satanás, por lo que entregó a Dios lo que le corresponde: “El Señor te reprenda” (Judas 9). Se ha dicho que en el cielo todos saben quién tiene la corona.

En contraste, los apóstatas de Judas 4, son sensuales y arrogantes, y difaman hasta lo que no conocen. Careciendo del Espíritu, viven solamente para la gratificación de sus deseos animales y se dejan controlar por los mismos instintos que comparten con ellos.

LA MENTIRA DE SATANÁS ES QUE NO HABRÁ

CONSECUENCIAS POR NUESTRO PECADO.

ÉL DIJO A EVA: “NO MORIRÉIS” (GÉNESIS 3:4).

¡PENSEMOS!

 Cuando alguien desprecia la autoridad de Dios, esa persona se siente en libertad de desobedecer las leyes divinas para vivir como le dé la gana. Sin embargo, despreciar la autoridad de Dios no la abroga ni anula sus leyes o principios. La independencia es la caracteristica del pecado desde el principio. Así fue cuando Lucero pecó en el cielo, cuando Adán pecó en el Edén y efectivamente así es cuando uno peca hoy en día. De lo que siempre se olvida la persona que quiere independizarse de Dios es que esa desobediencia trae consecuencias fatales.

4. La condenación (v. 11).

“¡Ay de ellos!” Muchas veces se encuentra esta frase en labios del Señor Jesucristo en los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos, Lucas). Sin embargo, en las epístolas, la frase aparece sólo aquí. Es una exclamación que reconoce el dolor continuo que espera a los rebeldes.

LA CONDENACIÓN DE LOS APÓSTATAS NO

ES MENOS SEGURA QUE LA GLORIFICACIÓN DE

LOS SANTOS (ROMANOS 8:30).

a) El camino de Caín. Se comparan aquí a los apóstatas de los tiempos de Judas con el primer criminal de la historia, Caín. A la luz de Hebreos 11:4 y 1 Juan 3:11–12, se podría considerar a Caín como un hombre sin fe, que vivía consumido por el odio celoso y deseo egoístas.

b) El error de Balaam fue la codicia o avaricia (Números 22–24). En otras palabras, manifestó una disposición a prostituir el servicio de Dios por lucro. Pero para los que seguían esa filosofía de Balaam, no era cuestión de una pequeña equivocación, porque Judas dice: “Se lanzaron”. Quiere decir que deliberadamente se entregaron a lo que sabían que no era la voluntad de Dios. La palabra “lanzaron” sugiere un río que en tiempos de lluvia repentina y copiosa se desborda rápidamente. Se ha dicho que el error de Balaam consistía de dos elementos nefandos. En primer lugar, la avaricia le dominaba de tal forma que estaba dispuesto a pecar para ganar lo que quería. Pero en segundo lugar, y peor todavía, era de la clase de hombres que enseñaban a otros a pecar.

NO REALIZA UN BUEN TRABAJO EL QUE

ES MORALMENTE CORRUPTO

c) La contradicción de Coré. Números 16 también trata de la rebeldía contra la autoridad constituida. Judas contiene la única referencia del Nuevo Testamento que se refiere a ese infeliz. Parece que Coré estaba muy resentido y celoso de la autoridad de Moisés. Sin embargo, esa autoridad fue otorgada por Dios mismo y él también juzgó a Coré, su familia y sus seguidores, autenticando a Moisés.

¡PENSEMOS!

 La Biblia es primordialmente la palabra de Dios y contiene un mensaje importantísimo para el hombre. Sin embargo, también tenemos que darnos cuenta de que la Biblia es literatura. Como tal, podemos apreciarla aun en su forma literaria, porque es producto del Espíritu Santo obrando por medio de autores humanos. Observe aquí cómo se mueve el mensaje hacia un clímax mediante las palabras que emplea. Primero, usa “camino”, término bastante neutral; luego, “error”, refiriéndose a un camino incorrecto. A continuación, usa una palabra más severa; finalmente, usa “contradicción” que señala defender o abogar por un error. Las tres expresiones pintan un cuadro de la apostasía que va cayendo cada vez más rápido hacia un precipicio. Se ha dicho que el error nunca es estático, sino que siempre se conduce a sí mismo y a sus seguidores a errores más graves.

Son impostores vv. 12–13 y 16

Con seis metáforas y cuatro descripciones más literales, Judas pinta con palabras un cuadro vívido de los apóstatas.

1. Metáforas

a) “Manchas en vuestros ágapes” (v. 12). “Ágapes” es una referencia a las comidas comunitarias que se celebraban en relación con algún culto en la iglesia local y con el fin de expresar el amor fraternal. La traducción de “manchas” es una de las posibilidades de la palabra griega, pero mejor sería “rocas”, que se refieren a un arrecife. Así es que pinta a los apóstatas como piedras que están en el agua amenazando hacer naufragar moralmente a los demás.

b) “Se apacientan a sí mismos” (v. 12). Aparentemente, en vez de cuidar el rebaño, los falsos maestros se dedicaban a atender sus propios intereses y bienestar.

c) “Nubes sin agua, llevadas… por los vientos” (v. 12). Las nubes de esta índole son muy comunes en esa parte del mundo, porque la lluvia constituye una bendición, pero éstas defraudan a los agricultores. Los apóstatas se caracterizan como hombres que prometen pero no cumplen.

d) “Árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados” (v. 12). Cada elemento de esta descripción se combina para demostrar que esos árboles no llenaban el propósito de su existencia. A fines de la estación, en que deberían haber producido fruta, no solamente no la produjeron, sino que el árbol estaba muerto. “Dos veces muerto” sugiere que el apóstata padece ahora y sufrirá la segunda muerte, o sea la muerte eterna. Habiendo negado y rechazado lo que es de Dios, su futuro carece de esperanza, así como un árbol desarraigado.

e) “Fieras ondas del mar que espuman su propia vergüenza” (v. 13). Nos hace pensar en la descripción de Isaías 57:20: “Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo”. Así como la basura hedionda que queda en la playa después de una tempestad, así son las obras de los que se rebelan contra Dios.

f) “Estrellas errantes” (v. 13). Probablemente, esta es una referencia a los cometas o posiblemente a las estrellas fugaces. La idea es que los apóstatas aparecen por un tiempo, dan un espectáculo y aun prometen arrojar luz, pero al fin confunden a los que quieren ser guiados por esa luz.

2. Descripciones literales (v. 16).

a) “Murmuradores”. Generalmente se refiere a la murmuración que expresa resentimiento y desagrado.

CUANDO EL HOMBRE ESTÁ FUERA

DE SINTONÍA CON DIOS,

TIENDE A QUEJARSE

b) “Querellosos”. Son los que muestran su descontento con la vida, culpando a Dios sobre todo por las restricciones morales que él les había impuesto.

c) “Andan según sus propios deseos”. Su manera de vivir está controlada, no por la palabra de Dios, sino por su propia concupiscencia.

d) “Cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho”. Esa gente no ha querido someterse a Dios, pero sí se someten a otros, haciendo acepción de personas con el fin de lograr sus propósitos egoístas.

Son impíos vv. 14–15

El problema principal de esta sección no es tanto el juicio que caerá sobre los apóstatas. Ese porvenir se toma por aceptado tal y como Judas mismo plantea el caso. La dificultad más notable aquí tiene que ver con haber citado a Enoc, porque desconocemos la fuente que usó para semejante profecía, ya que en Génesis no existe esa declaración.

Es probable que esa parte del ministerio de Enoc fuera del conocimiento general del pueblo de Israel en tiempos de Judas. Claro que formaba parte del libro apócrifo de Enoc. Sin embargo, el hecho que Judas empleara esa porción del libro de Enoc no quiere decir que pone su visto bueno sobre él. Sencillamente quiere decir que bajo la dirección e iluminación del Espíritu Santo, Judas aceptó que esa profecía era verídica. Es de notarse que el contenido de la profecía no es ni única ni original, sino que va totalmente de acuerdo con lo que la Biblia enseña en varios lugares.

Pero sí habrá un juicio contra todos los impíos por todas sus obras malas que han hecho impíamente y por “todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él” (v. 15).

“MAS LA SENDA DE LOS MALOS PERECERÁ”

(SALMOS 1:6).

¡PENSEMOS!

 Es importante recordar que el dominio de Dios no depende de la aceptación del ser humano para que esté vigente. Dios es único, y manda debido a todas sus características absolutas. Eso no agrada al ser humano, que siempre ha querido ser independiente de Dios, sin embargo, es lo que enseña la Biblia. Varias de las sectas lo enseñan de otro modo y limitan a su dios, poniéndolo debajo de otros. Por ejemplo, en el mormonismo, se enseña la herejía de que el universo está lleno de gran número de “inteligencias”. Si Dios hiciera algo para violar esas “inteligencias”, ellas podrían retirarle su apoyo y así el poder de ese dios quedaría deshecho. ¡Qué dios más pequeño tienen ellos! Si se juntara todo el egoísmo de todo ser humano de toda la historia con toda su voluntad rebelde y todos sus anhelos perversos a través de toda su existencia, el hombre todavía sería incapaz de escapar de la autoridad de Dios.

COMO DIJERON LOS APÓSTOLES VV. 17–19

La carta termina con una serie de exhortaciones. Las primeras son un recordatorio de lo que dijeron los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo. En esencia, Judas hizo ver a sus lectores que la presencia de burladores no debía sorprenderlos. Los apóstoles enseñaron que “en el postrer tiempo habrá burladores”.

La frase “el postrer tiempo” es más cualitativa que cuantitativa. Desde Hechos 2 hasta el presente, la iglesia ha vivido en “el postrer tiempo”. Todo ese período se ha caracterizado por postrer tiempo”. Todo ese período se ha caracterizado por personas y movimientos que se han mofado de lo que Dios ha dicho en su palabra. Sus propios deseos malvados les han dado el arranque. Su motivación sensual es el dínamo de su vida carente del Espíritu Santo, y su presencia en las iglesias ha causado divisiones.

Todo eso lo estamos viendo hoy y la amonestación de Judas debe servirnos para aferrarnos aún más a la palabra divina. La falta del conocimiento y obediencia a lo que Dios ha dicho produjo la apostasía en aquel entonces y lo mismo hace hoy.

12

¡Conservaos!

Judas vv. 20–23

El tema de la carta de Judas es de amonestación en cuanto a la apostasía, un elemento que ya en tiempos del autor se había introducido en la iglesia primitiva. El lenguaje con que describe dicha invasión e invasores es fuerte y descriptivo. Debido a ello, no se puede malentender la perspectiva bíblica. Esta carta no deja duda en cuanto al carácter nefando de los falsos maestros y sus doctrinas.

En los vv. 16 y 20 se aprecia el propósito de que hiciera semejantes descripciones tan trágicas. El verdadero corazón de Judas se pone a la vista cuando se dirige a los hermanos. Sí, su crítica de los apóstatas es directa y negativa, tal y como lo merecían. Si sólo se hubiera preservado esa parte de la carta de Judas, se podría haber catalogado al autor como negativo e iracundo, o bien, como una combinación de los dos. Sin embargo, su intención en todo ello era amonestar a los creyentes, los lectores de su carta.

Aquí los describe tiernamente, llamándolos “amados”. Con esa nota, termina la carta.

Para orientarnos bien en el estudio de la epístola de Judas, debemos considerar la tercera división de la carta. Alguien dijo que lo que aquí se encuentran son las instrucciones necesarias para los verdaderos creyentes que se ven obligados a vivir entre apóstatas. Aclarándolo aún más, diríamos que Judas presenta lo que se requiere para enfrentar a los apóstatas y la apostasía de cualquier época, incluso la de hoy.

¡GUÁRDESE, SANTO! EL ENCARGO CRISTIANO

(JUDAS 20–25)

EL PROCESO VV. 20–21A

Para entender bien esta sección compuesta de dos versículos, debemos buscar la palabra más importante, en cierto sentido, el término más fuerte. De acuerdo a la construcción, se notará que hay un imperativo en 21a: “conservaros”, que es un mandamiento. El autor no está presentando una opción, sino un requisito. No sólo hace una sugerencia, sino prácticamente da una directriz.

Por supuesto, semejante admonición es muy oportuna. Es precisamente lo que el creyente tiene que hacer: enfrentar la oposición del enemigo de nuestras almas. En especial, es lo que se tiene que hacer frente a la apostasía. Se ha dicho que lo mejor que puede hacer un creyente cuando enfrenta el error, es desarrollar bien su sistema de inmunidad. Eso se logra mediante el dominio de la palabra de Dios. La Biblia es el antídoto contra todo ese veneno.

¡PENSEMOS!

 De sumo interés es notar lo que las diferentes religiones y sectas falsas enseñan en cuanto a nuestro Señor Jesucristo (véase el comentario del v. 4). La lista de errores es larga y sería muy difícil hacerse experto en todos ellos y dominar sus múltiples falsedades para refutarlas. Más vale que nos hagamos expertos en lo que la Biblia enseña en cuanto a nuestro Señor Jesucristo. Lea en voz alta Colosenses 1:15–20.

CONSERVARSE: ¿CÓMO PUEDE

UN CREYENTE HACERLO?

Naturalmente que conviene saber algo de la oposición y de las sectas o religiones falsas, porque corresponde al soldado conocer bien los hábitos, trucos y mañas del enemigo ya que esto puede servirle en la batalla. Sin embargo, lo que el creyente tiene que dominar aún mejor es el uso de sus propios recursos (las armas con que cuenta, etc.). Para el hijo de Dios lo que más vale es conocer la verdad, la Biblia. “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). En otras palabras, la prioridad es la palabra de Dios. Si uno puede adquirir conocimientos acerca del carácter y enseñanza de sus enemigos, está bien. Pero lo principal en la vida de alguien que conoce al Señor, y quiere refutar al enemigo, es ¡conocer la Biblia!

Ya dijimos que “conservaos” es un término imperativo. Es el único así, es decir, el único mandamiento o exhortación que hay en esta porción. Las demás expresiones verbales son participios griegos o frases subordinadas al verbo principal. Quiere decir que el autor está haciendo hincapié en la palabra “conservaos” y apoyando la idea con dos participios que explican cómo se realiza esa conservación. Su técnica literaria (siempre bajo la dirección del Espíritu Santo y su obra inspiradora) es presentar primero el qué hacer para conservarnos, y después dar la exhortación.

Edificándose en la fe v. 20

Todo el sentido de la palabra “edificándose” (tanto la definición como la forma gramatical) enfoca la gran necesidad que hay de crecer espiritualmente en forma continua. La palabra que se traduce como “edificar” en esta carta se usa a través del Nuevo Testamento en sentido figurado. Es decir, no tenemos a la vista los ladrillos y el cemento. Tampoco se refiere a la construcción del edificio literal de la iglesia local. Considere, por ejemplo, 1 Corintios 3:12–13a: “Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta…”. Obviamente se refiere a las obras del individuo y no a materiales de construcción literales (ladrillo o cemento). Lo mismo sucede en Efesios 2:20.

Aquí se tiene a la vista el gran contraste entre la obra de los apóstatas que destruye y la del verdadero creyente que se dedica a la edificación personal. A propósito, eso de edificarse no es una exhortación a la iglesia local de crecer en número. Es decir, no tiene que ver con la evengelización. Hay bastantes referencias novotestamentarias a la obligación de hacer la obra evangelística, pero aquí no se encuentra. No tiene que ver con el crecimiento numérico, o sea, con la cantidad de creyentes, sino a la calidad de ellos.

¿CUÁL ES EL FUNDAMENTO?      ¡LA BIBLIA!

¿CUÁLES SON LOS MATERIALES

    DE EDIFICACIÓN?      ¡LA BIBLIA!

¿Cuál es el factor más importante de ese crecimiento? Es interesante notar que el fundamento sobre el cual se edifica la vida espiritual y el material de construcción que se emplea para ello, es la misma, “la santísima fe”.

¿Cómo se identifica esa “fe”? En primer lugar, podemos estudiar lo que no es.

No es algo que uno mismo pueda fabricar

No es la capacidad humana de aceptar algo o de crear algo

No es un sentir emocional o idea vaga, por bonita que sea

No es la fe concebida como algo subjetivo o personal

Mi salvación no depende de semejante “fe”. Es decir, la vida eterna no empieza en uno debido al esfuerzo humano. ¡No! Más bien, esa “santísima fe” es la base sólida de la revelación de Dios. La palabra “fe” representa el cuerpo de conocimientos que constituyen la revelación de Dios; lo que él ha querido que sepamos acerca de él y su plan. Aquí el autor reconoce que la base, el fundamento, está debidamente puesto. Los lectores de su carta ya eran creyentes. Ahora tenía que darse en ellos un proceso continuo de crecimiento y desarrollo, mediante la misma palabra de Dios.

¡PENSEMOS!

 En la actualidad hay muchos sistemas de desarrollo personal y supuesta superación. La sicología popular ha invadido hasta las librerías evangélicas, ofreciendo soluciones a toda clase de problemas. Prometen una vida enriquecida, siguiendo sus consejos. La verdad es que el creyente corre el riesgo de escuchar esas palabras bonitas y algunas veces humanamente provechosas en vez de optar por el verdadero ingrediente para el individuo que quiere desarrollarse bien, la palabra de Dios. Buscan el “desarrollo personal” (como sugiere la sicología) en vez de crecer en la santísima fe.

Orando en el Espíritu Santo v. 20

La forma gramatical de esta palabra se refiere a una acción que debe ser continua. Entonces, es algo que los lectores tenían que hacer constantemente; que debía convertirse en un hábito.

El verbo (orando) es el que más se usa en el Nuevo Testamento para comunicar la idea de súplica. Aparentemente, incluye toda clase de oraciones. Sin embargo, la frase tal y como se encuentra aquí en la carta de Judas, no se halla en otro lugar del Nuevo Testamento. En gran parte ese carácter único de la frase se debe a la construcción gramatical del versículo en el idioma original, en especial la falta del artículo “el”. Cuando está presente el artículo, el autor quiere señalar la identidad del sujeto. Cuando no, se acentúa el carácter o esencia de lo que representa el sujeto. Entonces, aquí por falta de artículo, el autor, siempre guiado por el Espíritu Santo en lo que escribe, enfatiza el carácter del Espíritu Santo. Prácticamente está diciendo que sus lectores debían orar continuamente de acuerdo con el Espíritu Santo.

El apóstol Pablo enumera tres principios a seguir para disfrutar de los beneficios del Espíritu Santo que reside en el creyente:

    1.       “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios” (Efesios 4:30)

    2.       “No apaguéis al Espíritu” (1 Tesalonicenses 5:19)

    3.       “Andad en el Espíritu” (Gálatas 5:16).

Efectivamente, así se presenta la oración a través de la Biblia; tiene que hacerse de acuerdo al carácter de Dios. “Orando en el Espíritu Santo” es orar en total acuerdo con la voluntad de Dios. El propósito de la oración no es imponer nuestra voluntad sobre él, sino poner la nuestra de acuerdo con la de él.

Convendría comentar aquí que aunque la palabra “conservarse” enfoca la responsabilidad personal, la verdad se basa en lo que Judas enseña en el v. 1: “…guardados en Jesucristo”. De la misma manera que la salvación de Dios (¡el hombre no puede salvarse a sí mismo!), la continuación de ella también depende del Señor. “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6).

Además, gracias a Dios, Romanos 8 dice que el cien por ciento de los “conocidos de Dios”, que se mencionan en el v. 29, llegan a ser glorificados en el v. 30. En todo el proceso, no se pierde ni una sola alma. Al usar la palabra “conservarse”, quizá Judas hace referencia a lo mismo que enseña Pablo en Filipenses 2:12–13: “…ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”. Hay una responsabilidad de parte del creyente de demostrar que es salvo, dejando que la obra de Dios se manifieste. La exhortación es a permanecer en la esfera del amor de Dios, disfrutando de todo lo que su amor puede proveer. (Comparar Juan 15:9–10.)

EL PRODUCTO VV. 21B–23

Interno. La expectativa: “esperando” v. 21b

Una de las consecuencias de la obra de Dios es que se efectúa un cambio de perspectiva. Con anticipación entusiasta, el creyente espera la manifestación final de la misericordia de Dios. No es como el incrédulo, que está mal informado, que tiene la idea vaga de que habrá un día futuro de juicio general en que todo ser humano tendrá que presentarse frente a un juez.

Sí, va a haber un día de juicio y condenación para aquel que no conoce al Señor Jesucristo, pero el creyente no espera semejante día. Con gran fervor, anhela otro mejor, el día en que venga en las nubes su Salvador y Señor. Esto nos hace recordar aquellas referencias novotestamentarias donde habla de (1) la esperanza bienaventurada (Tito 2:13); (2) la esperanza consoladora (1 Tesalonicenses 4:13–18); y (3) la esperanza purificadora (1 Juan 3:3).

Externo. El deber hacia las víctimas de la apostasía vv. 22–23

En cuanto a la vida cotidiana de un creyente, la Biblia no ofrece opciones, sino obligaciones. Bien es cierto que el ser humano quiere vivir como si nos dieran opciones, pero Dios no sólo nos hace sugerencias.

Aguí Judas presenta tres diferentes clases de víctimas de la apostasía y lo que el creyente debe hacer en cada caso. Claro que el autor escribió a cristianos del primer siglo, pero sus palabras se aplican al presente también.

Convencer a los que dudan (v. 22). Parece que “los que dudan” son sinceros, no contenciosos, sino confundidos. Son de aquellos que quieren entender, pero que todavía no han podido hacerlo. Incluso, hay algunos textos que en vez de “convencer” tienen la frase “tener misericordia de”. Quiere decir que hay algunas víctimas de la apostasía que merecen un cuidado muy especial, el de confrontarlas con la verdad y hacerlo con la intención de aliviar su gran necesidad.

Salvar a los que están en el fuego (v. 23). Este segundo deber requiere de una acción mucho más agresiva. Sin embargo, el contexto es el mismo. No parece ser una referencia a la obra evangelística que se hace casa por casa, sino entre quienes han sido expuestos a la verdad; entre creyentes débiles en la fe, los que han caído en manos de los apóstatas. Las sectas, con todas sus fantasías y doctrinas falsas están activísimas moviéndose entre los creyentes débiles. El antídoto es la enseñanza bíblica.

En esa misma frase se nota el gran peligro que hay en exponerse a los credos falsos. Judas contempla la necesidad de confrontar a los que están a punto de caer en la ruina espiritual. Como es un encuentro con el enemigo, hay que tener mucho cuidado.

En cierto sentido, es exponerse al veneno. La frase “con temor” para algunos se refiere al temor de Dios. Claro que esa doctrina se enseña por toda la Biblia. Sin embargo, debido a la frase que sigue: “aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne”, parece que Judas estaba amonestando a los creyentes. Cuando se lucha contra semejante maldad y error, uno tiene que cuidarse para no contaminarse con la misma maldad.

LA BIBLIA ES TAN MODERNA,

QUE EL DÍA DE MAÑANA SEGUIRÁ VIGENTE

¡PENSEMOS!

 Claro que la Biblia no es producto de nuestros tiempos. No obstante, tiene un mensaje que trasciende las edades. El hombre moderno está siendo asaltado por un torrente de ideas religiosas falsas, muchas de ellas de origen oriental y todas procedentes del enemigo de nuestras almas. Satanás tiene multitud de formas en que puede cegar a la gente: con palabras atractivas, con ideas religiosas, o con filosofías modernas. Al incrédulo le sugiere nociones engañosas, y la naturaleza caída del ser humano se las traga totalmente. Pero su táctica con el creyente es distinta. Procura diluir y corromper el mensaje de la Biblia. Aquí entran las sectas falsas con sus doctrinas contrarias a la deidad de nuestro Señor Jesucristo, su exagerado y equivocado énfasis en las emociones humanas más que en la enseñanza bíblica, o en su igualmente erróneo concepto de que el hombre es el centro de la religión, en vez de que lo sea el Dios revelado en las Escrituras. La única defensa, el único remedio para evitar esto, es estudiar lo que Dios mismo dice en su palabra.

13

Triunfo sobre

la apostasía Judas vv. 24–25

Habiendo tenido deseos de escribir originalmente acerca de la común salvación y regocijarse con sus lectores de las bendiciones de Dios en ella, a Judas le sobrevino un gran deseo de escribir de otro tema: la apostasía. Eso lo hizo con seguridad y aspereza. Dio descripciones verídicas del carácter nefando de los falsos maestros así como lecciones e ilustraciones del porvenir de los tales, tomadas de las páginas más negras de la historia bíblica.

Los viles nombres de Caín, Balaam y Coré resuenan a través de las edades con su nota estridente de rebeldía. Es más; Judas demuestra a través de esos “malos ejemplos” exactamente el futuro que le espera al apóstata en manos del Dios vivo.

Ahora bien, surge la pregunta: ¿Cómo concluiría usted una carta que tratara un tema tan delicado? Es decir, ¿con qué palabras dejaría a sus lectores? ¿Cuál sería su pensamiento o enfoque final?

Considere la alternativa que Judas seleccionó, siempre siendo dirigido por el Espíritu Santo. Son dos las observaciones que podemos hacer al respecto. En primer lugar, los últimos dos versículos identifican a la única persona poderosa que es capaz de y que está dispuesta a conservarnos: Dios mismo. En segundo lugar, el escritor no sólo termina reconociendo al autor de nuestra preservación, sino que le eleva una grandiosa y sublime doxología.

Conviene reconocer el lugar que ocupan los versículos 24 y 25 en relación con la carta entera. He aquí un repaso del bosquejo.

  I. INTRODUCCIÓN

  II. ¡CUIDADO, SANTO! ¡SABOTAJE! (vv. 1–4)

  III. ¡RECUERDE, SANTO! LA PERSPECTIVA DIVINA (vv. 5–19)

  IV. ¡GUÁRDESE, SANTO! EL ENCARGO CRISTIANO (vv. 20–25)

    A. Conservarse: El proceso (vv. 20–21a)

    B. Conservarse: El producto (vv. 21–23)

    C. Conservarse: ¿Quién lo hace? (vv. 24–25)

CONSERVARSE: ¿QUIÉN LO HACE? VV. 24–25

La persona poderosa v. 24

Judas no deja en dudas a sus lectores en cuanto a quién dirige su bellísima doxología. La característica mencionada dirige la atención a la capacidad o poder de la persona y hace hincapié en el poder inherente que hay en Dios. Es decir, esa capacidad es algo que existe en él, que le pertenece como una cualidad natural e inseparable.

Naturalmente, semejante enseñanza no es una novedad o invento de Judas. En la Biblia se emplea el término “todopoderoso” con frecuencia y exclusivamente con referencia a Dios. Así se reveló a Abraham (Génesis 17:1),a Moisés (Éxodo 6:3), al apóstol Juan (Apocalipsis 1:8) y aun a los creyentes (2 Corintios 6:18). La palabra que se usa para describir esta característica es “omnipotencia”, o sea, “que puede hacer todo” porque es poderoso. A través del Antiguo Testamento, cuando Dios quería citar la evidencia de su gran poder, señalaba el éxodo de Egipto. En el Nuevo Testamento, lo declara la resurrección de Cristo.

Por otro lado, tenemos que confesar que hay ciertas limitaciones que Dios se autoimpone. Él no haría jamás lo que no se ajustara a su propia naturaleza. En este sentido, su naturaleza admite ciertas limitaciones. Por ejemplo, no puede mentir (Tito 1:12); no puede ser tentado, es decir, nadie puede hacerle pecar (Santiago 1:13). Además, siempre conforme a sus perfecciones, hay ciertas cosas que Dios escogió no hacer. Por ejemplo, escogió no librar a su Hijo de la muerte en la cruz. Tampoco salvar la vida a Jacobo (Hechos 12:2). De ninguna manera podemos decir que no tenía el poder de haberlos salvado (es decir, de rescatarlos), sino que su plan, que se basa en sus perfecciones, permitió semejante fin.

“…para guardaros sin caída” (24a). En su doxología, el autor quiere comunicar que en el caso de los hijos de Dios, semejante poder o capacidad funciona para guardarlos sin caída. Es una enseñanza cuyo hilo es parte de la trama y urdimbre de la Biblia. Dios, autor de nuestra salvación, también guarda y mantiene a los suyos. Considere Filipenses 1:6: “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. Esta es una verdad especialmente providente y provechosa a la luz del contexto de Judas. Frente a la apostasía y los apóstatas, uno puede confiar en el poder de Dios para ser guardado.

La idea es que la gran capacidad de Dios, su omnipotencia, es lo que protege al creyente de caer en error. Como un especie de guardaespaldas, lo custodia y le provee protección. La palabra que Judas emplea es la misma que usa el evangelista en Lucas 11:21 e ilustra muy bien el sentido: “Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee”.

De acuerdo con el contexto (el tema de su carta), la “caída” a que Judas se refiere es a caer en el error de los apóstatas. Sin embargo, el sentido de la palabra es único. En todo el Nuevo Testamento, solamente este autor utiliza la palabra que se traduce “caída”, y el sentido es más “tropezar” que “caer”.

Esto pinta el cuadro parecido al de un animal que está firme, o que va caminando por una senda llena de obstáculos como piedras, ramas caídas, etc. En su uso metafórico, él describe al hombre que avanza sin fallar en la senda de la verdad, sin caer en el error. Sólo el poder de Dios puede guardar al creyente que por fuerza, tiene que vivir en un ambiente de tanto error y entre quienes lo cometen sin vergüenza.

Dios hace todo por su poder (véase Romanos 8:35–39). Pero ¿cómo? Efesios 6:12–17 nos ayuda a entenderlo mejor. Allí encontramos la famosa lista de las armas del creyente. Cada pieza es una provisión sobrenatural de Dios. La lista termina con “…la espada del Espíritu que es la palabra de Dios” (Efesios 6:17b).

“…y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (24b). La “y” indica que todavía hay otro producto del poder de Dios a favor del creyente. Con la mira en el porvenir, Judas contempla el fin de la jornada, presentando la garantía de una fina y feliz llegada al lugar y al cumplimiento del propósito final de Dios.

Efectivamente, lo que Dios hace a favor de los suyos es lo opuesto a lo que sucede con los impíos. “Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio…” (Salmos 1:5). El verdadero hijo de Dios está colocado, parado delante de la gloria, o sea, de la presencia personal de Dios y ha sido transformado y aprobado.

La frase “sin mancha” se encuentra con bastante frecuencia en la descripción de los sacrificios veterotestamentarios. Dios exigía que los animales fueran “sin mancha”, sin defecto. Se encuentra la misma frase con referencia al Cordero de Dios en Hebreos 9:14: “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”, En aquel día futuro, “…sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:2b). Estaremos libres de las manchas del pecado y nunca más sujetos a las acusaciones del maligno.

¡PENSEMOS!

 A principios del ministerio terrenal de nuestro Señor Jesucristo, Juan Bautista pregonó a voces: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Nuestra reacción debe ser alabanza por tan inmensa obra.

“Al Cordero gloria,

Oh, qué excelsa historia;

Él nos salva por su amor,

¡Dad al Cordero gloria!”

“…con gran alegría”. Por si esto no fuera suficiente, se agrega “con gran alegría”. Se ha dicho que las palabras que Judas usa aquí resuenan con notas celestiales. A decir verdad, ante el fulgor del Dios del cielo y de la tierra, el hombre debe presentarse con miedo y hasta con vergüenza. Pero no así el hijo de Dios, que ha sido salvo por su gracia, lavado de sus pecados en la sangre de Cristo y que es templo del Espíritu Santo.

¡No! Como se ve en Romanos 8:29–30, el cien por ciento de los conocidos de Dios llegan a ser predestinados, y éstos, son llamados; los llamados, son justificados; y los justificados, son glorificados. Dios, ejerciendo su plan y su poder, lleva a cada creyente por todo ese proceso sin perder ni siquiera una sola alma. ¡Con qué razón el verdadero cristiano llega a la presencia de Dios regocijándose!

Por otro lado, Dios también se regocija. Él habrá logrado su propósito tal y como se expresa en Efesios 5:27: “A fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”.

La persona única v. 25

Una doxología es una expresión de alabanza en honor a Dios. Judas no deja a sus lectores en duda en cuanto a la identificación del objeto de su elogio: “¡El único!” De inmediato, el estudiante bíblico se acuerda de la historia de la nación de Israel en el Antiguo Testamento.

Dioses de toda clase, forma y tamaño, sobreabundaban entre los paganos. En muchísimas ocasiones esos dioses ajenos fueron una gran tentación para los israelitas, tentación a la cual cedieron en númerosas oportunidades y con horrendas consecuencias. Y eso sucedió a pesar de las repetidas admoniciones bíblicas concernientes a la unicidad de Jehová. Los otros dioses de aquel entonces eran producto de la mente y mano del hombre. Lo mismo se puede decir de los dioses del paganismo y de las sectas de hoy. Pero el Dios de la Biblia es único.

LA ESENCIA DE LA IDOLATRÍA ES ACARICIAR

CONCEPTOS NO BÍBLICOS ACERCA DE DIOS.

El texto agrega que él es el Salvador. No nos debe extrañar que Judas utilizara ese título para Dios Padre. Es un tema que también aparece a través del Antiguo Testamento. Aun el profeta rebelde, Jonás, que no quería llevar el mensaje a Nínive, confiesa: “¡La salvación es de Jehová!” (Jonás 2:9). En el Nuevo Testamento se atribuye la salvación al Padre unas ocho veces. (Véase una de ellas en 1 Timoteo 2:3). Por otro lado, en el mismo Testamento, se le asigna la salvación a Jesucristo unas 16 veces. Interesante es notar aquí que la versión Reina Valera deja fuera del versículo 25 una importantísima frase del griego; “…por medio de nuestro Señor Jesucristo”. En algunas copias se encontrará la frase añadida en una nota al margen. Sabiendo lo que las Escrituras enseñan del carácter de Dios, es decir, de una sola esencia manifestada en tres personas, bien se puede entender que la salvación es de Dios Padre y de Dios Hijo también. Es de notarse en la frase que se usa el nombre completo de la segunda persona de la Trinidad, atribuyéndole así todo el honor que merece.

La carta termina con una lista de cuatro de los atributos de Dios. Me parece que a Dios le gusta que el hombre reconozca sus perfecciones y que éstas estén en los labios del hombre.

“Gloria” expresa la manifestación brillante de sus perfecciones. Muchas veces se representa por luz, pero una luz que excede a cualquiera. Atribuir a Dios gloria es reconocer sus excelencias infinitas y alabarlo por ellas.

“Majestad” es la característica que en lo humano está asociada con personas reales, pero cuando se refiere a Dios, es su sobresaliente grandeza y poder. El término se emplea tres veces en el Nuevo Testamento, dos en Hebreos y éste en Judas.

“Imperio” tiene que ver con Dios como soberano, o sea su control absoluto sobre todo. Esa característica asegura que todo llegará al fin que él ha diseñado.

“Potencia” es una característica en parte relacionada con la anterior (imperio), pero que hace hincapié en su autoridad. El Señor tiene el derecho de hacer como él quiere, y lo que él quiere siempre se conforma a sus perfecciones.

GLORIA, MAJESTAD, IMPERIO, POTENCIA.

¡CUÁN GRANDE ES NUESTRO DIOS!

Para terminar, el autor recuerda a sus lectores que ese Dios siempre ha sido y siempre será igual. ¡Así es el Dios de la Biblia, el Dios de Judas y el nuestro! ¡Con qué razón estos últimos versículos se denominan “una doxología”!

“Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria, majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén”.

¡Amen: así sea!

 

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