Madrid, España

CÓMO AMAR A TU ESPOSA: LA VERDAD

Recursos Bíblicos Para Crecer

CÓMO AMAR A TU ESPOSA: LA VERDAD

Lectura bíblica: Génesis 2:18–25

El hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Génesis 2:24 


Cómo amar a tu esposa: la verdad

Hay un secreto increíble que necesitas saber acerca del amor matrimonial. Y ya tienes edad para saberlo. ¿Estás listo? Si en el futuro quieres un matrimonio duradero y lleno de amor, necesitas un ingrediente especial: un pegamento permanente como el Poxipol.
Quizá estés pensando: ¡Ay! ¿Dios quiere que mi cónyuge y yo nos peguemos las manos para poder caminar siempre juntos?
No exactamente. Dios tiene un tipo de pegamento más profundo. Génesis 2:24 ordena al hombre a permanecer pegado a su esposa. Eso es lo que significa “unirá”. Cuando esposo y esposa están pegados el uno al otro con el pegamento de Dios, constituyen un matrimonio tan unido que perdurará.
Enamorarse —el lado emocional del amor— es muy semejante al pegamento que usas en la escuela. No es bastante fuerte como para mantener unido al matrimonio. Aun en las mejores relaciones, los sentimientos van y vienen. No producen una unión inquebrantable ni un matrimonio que dure toda la vida.
Pero hay otro tipo de pegamento. Es como un pegamento de calidad industrial. Es lo único que mantiene unido al matrimonio. Es el pegamento a toda prueba que se llama compromiso.
Oh, estás pensando, quiere decir tener una ceremonia de casamiento. ¡No! Dar el “sí” delante de un pastor, firmar un acta matrimonial es una parte, pero compromiso es mucho más profundo que eso. Compromiso significa decidir darte diariamente a tu pareja, y luego darse los dos a Dios como una unidad. Usar ese tipo de pegamento es soldar a dos personas con tanta fuerza que pueden resistir todas las presiones, los tirones, los estiramientos y los retorcijones que la vida les depara.
Algún día probablemente aparezca tu príncipe azul o tu dulce princesa. Eso será como fuegos artificiales iluminando el cielo. Como música a tus oídos cuando él o ella diga algo. Y jurarás que te encuentras en el cielo cuando estás con esa persona especial. Eso es enamorarse, y es una experiencia hermosa. Pero formar un matrimonio sólo con ese sentimiento es como tratar de pegar dos ladrillos con el pegamento que usan en la escuela. Estarás listo para ponerte serio en cuanto al matrimonio únicamente cuando puedas responder afirmativamente a esta pregunta importante: “¿Estoy listo para pegarme a esta persona permanentemente?”.
Cuando tú y tu amado comparten el lazo del compromiso a Dios y uno al otro, los fuegos artificiales y la música no desaparecerán. Sencillamente no serán tan importantes como el pegamento permanente.

PARA DIALOGAR: ¿Con qué tipo de pegamento estás contando para mantener unido tu matrimonio del futuro?
PARA ORAR: Señor, enséñanos cada día por el resto de nuestra vida lo que significa un compromiso auténtico y lleno de amor.
PARA HACER: Escribe una nota para agradecer a los que te muestran lo que es el pegamento permanente del compromiso matrimonial.

Pareja de enamorados

Génesis 2:18–25.

Cómo amar a tu esposa: la verdad

 Esta sección registra la creación de la primera mujer y la institución del matrimonio; así que dice mucho acerca de la estructura básica de la sociedad israelita. Dios planeó que el marido y su mujer fueran una unidad espiritual y funcional que andara en integridad sirviendo a Dios y guardando sus mandamientos juntos. Cuando esta armonía se hace realidad, la sociedad prospera bajo la mano divina.
Adán estaba solo y eso no era bueno, en contraste con todo el resto de la creación que era bueno (cf. 1:4, 10, 12, 18, 21, 25). A medida que el hombre empezó a funcionar como representante de Dios (dar nombre a los animales [2:19–20] indica que tenía dominio sobre ellos; cf. 1:28), se dio cuenta de su soledad (2:20). Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán (v. 21) y creó a Eva de sus huesos y su carne (vv. 21–23).
Dios decidió hacer una ayuda idónea (lit. “una ayudante que le correspondiera”, o “una ayuda correspondiente”) para él (v. 18). “Ayuda” no es un término despectivo; a menudo se usa en las Escrituras para describir a Dios Todopoderoso (e.g., Sal. 33:20; 70:5; 115:9, donde se trad. “ayuda”). La descripción que se hace de la mujer como “ayuda idónea para él” significa básicamente que lo que se dice del hombre en Génesis 2:7 también se aplica a ella. Ambos tienen la misma naturaleza. Pero de lo que el hombre carecía (no era bueno que estuviera solo) ella lo suplía, y lo que a ella le faltaba, él lo proveía. El punto culminante es que serían una sola carne (v. 24)—el hombre y la mujer son la unidad completa del matrimonio. Puesto que Adán y Eva formaban una unidad espiritual, i.e., vivían en integridad y sin pecado, no había necesidad de dar instrucciones aquí en cuanto a quién sería la cabeza. Más adelante, Pablo discutió esto en relación con el orden de la creación (1 Co. 11:3; 1 Ti. 2:13).
Las palabras ʿal-kēn (por tanto, Gn. 2:24) se usan con frecuencia en Génesis. Si el verbo “dejar” del v. 24 fue expresado directamente por Dios a Adán, entonces debería trad. en futuro dejará como lo trad. la RVR60. Pero si Dios dijo esas palabras a través de Moisés, debería trad. en tiempo presente “por tanto el hombre deja …”. La implicación de esto es que el matrimonio consiste en que un hombre y una mujer se convierten en “una sola carne”. El hecho de que estuvieran desnudos (v. 25) sugiere que ambos se sentían a gusto el uno con el otro, sin temor a ser explotados o ser objeto de un mal potencial. Posteriormente, ese compañerismo fue destrozado por la caída, y sólo puede ser experimentado hasta cierto punto por una pareja casada cuando ambos empiezan a sentirse a gusto uno con el otro. Aquí la desnudez, aunque literal, también sugiere que no existía el pecado.


 Amando a nuestra esposa: Entrenamiento para el maratón.

Lectura bíblica: Efesios 5:25

Esposos, amad a vuestras esposas, así como también Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella. Efesios 5:25


—No me quiero casar jamás en mi vida —declaró Mónica.
En sus doce años de vida, ella había visto toda la infelicidad matrimonial que podía aguantar.
Su papá los había abandonado cuando ella tenía apenas tres años. Su mamá volvió a casarse cuando Mónica tenía cinco. Su mamá y su padrastro se llevan bien, pero Mónica sabía que luchaban mucho para lograrlo.
A pesar de todas los problemas matrimoniales difíciles que vemos a nuestro alrededor, la Biblia presenta un cuadro increíblemente positivo del matrimonio. Fue creado por Dios para quitar la soledad (Génesis 2:18). Trae al mundo a la próxima generación (Génesis 1:28). Fue dado para disfrutar (Proverbios 5:18).
Por otro lado, la Biblia nunca esconde el lado difícil del matrimonio. El versículo de Efesios del puño y letra del apóstol Pablo muestra claramente que el matrimonio es muchísimo trabajo. Él no pudo hacer las exigencias del matrimonio más evidentes que diciéndoles a los maridos que amaran a sus esposas como Cristo amó a la iglesia, o sea a los que creemos en él. ¿Cómo, exactamente, nos ama Cristo? ¡Murió por nosotros! Y Pablo no les estaba hablando únicamente a los maridos. El amor que se requiere de una esposa a su marido es igual de grande.
El matrimonio requiere perseverancia a lo largo de los años. Pero hay un secreto para tener un matrimonio duradero y feliz. Es la preparación.
Supón que quieres participar en el triple maratón de Hawai “Hombre de Hierro”. Además de correr un maratón de 42, 2 kilómetros, hay que nadar 3, 9 kilómetros en el mar y participar en una competencia de ciclismo de 180,2 kilómetros en el sol tropical abrasador. ¿Así que cómo te vas a preparar? Los competidores se entrenan nadando un promedio de 11, 3 kilómetros, corriendo un promedio de 72, 2 kilómetros y andando en bicicleta un promedio de 373,2 kilómetros por semana.
No puedes despertarte una mañana y decidir intervenir en el triple maratón. Te morirías al intentarlo. Y los oficiales de las carreras ni te dejarían acercarte al lugar de las competencias.
El matrimonio es el evento supremo de perseverancia. La decisión de participar en la carrera es apenas un paso. También requiere una rutina de riguroso entrenamiento para poder llegar al final. Si quieres cruzar la línea de llegada en el matrimonio todavía sonriendo, la preparación comienza ahora.
Cada relación de la que eres parte te prepara para el matrimonio, desde tus relaciones familiares hasta tu amistad con tus pares hasta las relaciones chico–chica que un día vivirás. Puedes prepararte ahora aprendiendo a vivir como vivió Jesús. Aunque no es probable que tengas que dar tu vida por tus seres queridos, sí tendrás que renunciar a veces a algunas cosas en la vida para expresar tu amor.
PARA DIALOGAR: ¿Cómo te estás entrenando a fin de estar preparado para el matrimonio? ¿Por qué vale la pena tomarse esta molestia?
PARA ORAR: Señor, danos la resistencia que necesitamos para lograr que todas nuestras relaciones sean buenísimas. Ayúdanos a dedicar las horas de entrenamiento que necesitamos para poder obtener los resultados que deseamos.
PARA HACER: El corazón de la vida matrimonial es el amor sacrificado que causó que Cristo diera su vida por el mundo. ¡Sacrifica algo —tiempo, dinero, anhelos— para realizar una obra de amor por un amigo o familiar hoy mismo!

Relación entre el esposo y la esposa en el nuevo testamento

Esposas y esposos (5:22–33)
5:22–24. Las esposas deben estar sujetas a sus maridos. (En gr., el vb. “estén sujetas”, está ausente en el v. 22 y se toma del v. 21). Como al Señor no significa que la esposa debe someterse a su esposo en la misma forma en la que se somete al Señor, sino que su sumisión a su esposo es el servicio que ella presta “al Señor” (cf. Col. 3:18). La razón de esta sumisión es que el marido es cabeza de la mujer (cf. 1 Co. 11:3), y esto se compara con la autoridad de Cristo sobre la iglesia (Ef. 5:23; cf. 4:15; Col. 1:18). Así como Cristo es el Salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo, así el esposo debe ser el protector de su esposa, que es “una carne” con él (Gn. 2:24). Así como la iglesia está sujeta a Cristo, así también la esposa debería estarlo a su esposo. Sería necio pensar que la iglesia fuera la cabeza sobre Cristo. Pero la sumisión no significa inferioridad, sino que ella reconoce que su esposo es la cabeza del hogar, y responde a él de acuerdo con esto, sin usurpar su autoridad para tomarla ella.
5:25. Después de hablar de la sumisión de la esposa a su esposo (vv. 22–24), Pablo habla de la medida del amor del esposo para su esposa (vv. 25–32). A los maridos se les manda, amad a vuestras mujeres (cf. v. 33), así como Cristo amó a la iglesia. La palabra “amar” (agapaō) significa buscar el más alto bien de la otra persona (cf. 2:4). Este es un amor no egoísta que se ve en la muerte sacrificial de Cristo, en la que se entregó a sí mismo por la iglesia (cf. 5:2; Jn. 10:11, 15, 17–18; Gá. 1:4; Ef. 5:25; He. 9:14). La sumisión de la esposa en ninguna manera sugiere que el esposo puede enseñorearse de ella como un déspota que da órdenes a un esclavo. La relación “sumisión-amor”, es una hermosa combinación de asociación armoniosa en el matrimonio.
5:26–27. El propósito de la muerte de Cristo era santificar a la iglesia (jagiasē, “apartar” para sí mismo para siempre; cf. He. 2:11; 10:10, 14; 13:12), lo que hizo habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra. Esto no se refiere a la regeneración bautismal, porque eso sería contrario a la enseñanza de Pablo en este libro, así como en todos sus demás escritos y al N.T. completo. Metafóricamente, el ser regenerado se describe como ser lavado con agua (cf. “el lavamiento de la regeneración” en Tit. 3:5). La “palabra” (rhēmati) se refiere a la “palabra predicada” que los incrédulos escuchan (cf. rhēma en Ef. 6:17; Ro. 10:8, 17; 1 P. 1:25). El propósito final de la muerte de Cristo es presentarse a sí mismo a la iglesia gloriosa o “radiante” (NVI95). El adjetivo “gloriosa”, en la RVR60, no es atributivo (como la trad. de la NVI95 “una iglesia radiante”). Está en la posición predicativa debido a que hay un artículo antes de iglesia (para “presentar a la iglesia … gloriosa”).
Este propósito se describe ahora negativamente (sin mancha ni arruga—sin rastro de pecado o corrupción espiritual—ni cosa semejante), y positivamente (santa y sin mancha). Estos dos últimos adjetivos (jagia, “apartar”, y amōmos, “sin mancha”, como un cordero sin defecto) son el propósito de Dios en la elección, que aparece en Efesios 1:4: que Cristo pueda presentar a su iglesia a sí mismo en toda su perfección (cf. “santificarla” en 5:26; también cf. jagious y amōmous en Col. 1:22). Mientras que las novias humanas se preparan a sí mismas para sus esposos, Cristo prepara a su propia novia para sí mismo.
5:28–30. En los vv. 28–32, Pablo aplica las verdades dadas en los vv. 25–27. Como la iglesia es la extensión de Cristo, así la mujer es la “extensión” de su esposo. Nadie odia a su propia carne, sino que la cuida. Sustenta (ektrefei; cf. “criadlos” en 6:4) y la cuida (thalpei; cf. 1 Ts. 2:7), es lit., “la nutre y atesora”. Así como Cristo ama a la iglesia, que es su cuerpo (del cual todos los creyentes somos miembros; cf. Ef. 4:25), así los maridos deberían amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos (5:28; cf. v. 33). Los hombres cuidan de sus cuerpos aunque sean imperfectos, y deberían cuidar a sus esposas aunque sean imperfectas.
5:31–32. El v. 31 es una trad. libre de Génesis 2:24, indicando que el vínculo entre el hombre y su mujer es mayor que el que existe entre el padre y el hijo. La grandeza del misterio se refiere a que los dos llegan a ser una sola carne. Pero entonces Pablo regresa a mencionar el vínculo maravilloso entre Cristo y … la iglesia, el cual ilustra el amor del esposo por su mujer.
5:33. Este es un resumen de las responsabilidades del marido y la esposa hacia el otro: amor del marido (cf. v. 25) y respeto de la mujer.


 Maridos

COLOSENSES 3:19

Maridos, amad a vuestras mujeres y no seáis ásperos con ellas.


AMOR DE MARIDO (3:19)

Las obligaciones sociales y domésticas, tal y como son enseñadas en las Escrituras, suelen ser recíprocas:

La ética cristiana se basa en la obligación mutua. No es nunca una ética en la que todos los deberes recaen sobre el mismo lado. Según lo veía Pablo, los maridos tienen obligaciones tan importantes como las mujeres; los padres están tan obligados como los hijos; los amos tienen sus responsabilidades igual que los esclavos … Para le ley judía, la mujer era una cosa, propiedad de su marido lo mismo que la casa o el ganado o el dinero. No tenía ningunos derechos legales. Por ejemplo, el marido podía divorciarse de su mujer por cualquier causa, mientras que la mujer no podía hacer lo mismo; las únicas razones por las que se le podía conceder el divorcio a la mujer eran si su marido contraía la lepra, si apostataba de la fe judía o si violaba a una virgen. En la sociedad griega, una mujer respetable vivía en un aislamiento total; nunca salía sola a la calle, ni siquiera para ir a la compra; vivía en las habitaciones de la mujer, y no se reunía con los varones ni siquiera para las comidas. Se le exigía un sometimiento y una castidad absolutos; pero su marido podía salir todo lo que quisiera y mantener las relaciones que quisiera fuera del matrimonio sin que eso fuera ningún estigma. Bajo las leyes judía y griega, todos los privilegios pertenecían al marido y todos los deberes a la mujer.

El carácter recíproco de las obligaciones matrimoniales es lo que distingue la enseñanza cristiana de la de otras religiones y filosofías de la época. Éstas enseñaban un nivel de obligaciones para los subordinados (esposas, hijos y siervos), y otro para los dominantes (maridos, padres y amos): los subordinados tenían responsabilidades onerosas que cumplir, mientras que los dominantes parecían no tener más que privilegios. El cristianismo no elimina las obligaciones de los subordinados, más bien las confirma; pero las compensa con las obligaciones igualmente importantes de los dominantes. Pablo, pues, deja de hablar de la responsabilidad de las esposas y ahora nos expone la de los maridos.
Pero notemos enseguida que el afán de la reciprocidad no le lleva a decir: Maridos, igualmente, estad sujetos a vuestras esposas. En la enseñanza bíblica, jamás se dice que los maridos tengan que someterse a sus mujeres. Es cierto que la exhortación de Efesios 5:22 (las mujeres estén sometidas a sus maridos como al Señor) es la prolongación de una exhortación a la sumisión mutua (someteos unos a otros en el temor de Cristo; Efesios 5:21). Pero sería un grave error aseverar que la sumisión mutua quiere decir que los maridos deben someterse a sus esposas de exactamente la misma manera en la que éstas se han de someter a ellos, y eso por al menos dos razones:

• En primer lugar, porque por la misma regla de tres habríamos de deducir que los padres deben someterse a sus hijos en exactamente la misma manera en que los hijos deben someterse a sus padres; y que los amos deben someterse a sus esclavos como éstos a aquéllos; lo cual, obviamente, no es así. Si Pablo no dice: Padres, obedeced a vuestros hijos; ni tampoco: Amos, obedeced a vuestros esclavos; no tiene por qué da a entender que los maridos deben someterse a sus esposas.

• En segundo lugar, porque el mismo apóstol explica detalladamente las distintas formas respectivas que toma la sumisión en el caso de las esposas y los maridos. En el caso de la esposa, toma la forma de aquella «sujeción» y aquel respeto (Efesios 5:24, 33) mediante los cuales ella reconoce a su marido como su cabeza y acata su autoridad «en todo» (Efesios 5:23–24). En el caso del marido, toma la forma del amor abnegado y sacrificado

¡Amor abnegado y sacrificado! Sí. En el mundo, el amor matrimonial no suele llegar mucho más allá de la atracción sexual, de manera que, cuando acaba la libido, se considera que ha acabado el amor. En el mejor de los casos participa también de la amistad y del afecto natural. El amor del marido cristiano, ciertamente, debe incluir estos aspectos, pero debe también trascenderlos. Ante todo es la clase de amor que vemos en Cristo, el amor que se sacrifica por los demás y se entrega hasta la muerte, un amor intenso y abrumador que hace que ningún sacrificio sea demasiado grande con tal de contribuir al bienestar de la esposa.
¡Bien entendidas las cosas, las esposas lo tienen fácil en comparación con los maridos! Hoy en día se suele hablar como si lo verdaderamente difícil es que la esposa se someta al marido. ¿Pero qué del sacrificio de sus propios intereses y de la entrega de sí mismo por amor que se le exige al marido? A fin de cuentas, el modelo para la esposa es la iglesia y su sumisión a Cristo, mientras que el modelo para el marido es Cristo y su amor sacrificado hacia la iglesia (Efesios 5:25). ¿Cuál de los modelos es el más exigente? ¿Quién se sacrifica más: la iglesia por Cristo o Cristo por la iglesia? ¿Quién se humilla más: la iglesia al aceptar el señorío de Cristo o Cristo al ir a la muerte por la iglesia?
Ambos casos exigen humillación. En ambos casos tiene que haber renuncia y sacrificio. La esposa renuncia a su autonomía al someterse a su marido; pero el marido también renuncia a la suya al seguir el ejemplo de Cristo dejando de vivir para sí y sacrificándose por su esposa y su familia.
Es el amor del marido el que hace tolerable la sumisión de la esposa:

Este amor actúa como una influencia moderadora sobre el ejercicio de autoridad por parte del esposo. Es verdad que la responsabilidad primaria en cuanto a la decisión final sobre algún asunto recae sobre el esposo; pero el método por el cual se llega a esa decisión deja suficiente lugar para la mutua deliberación y la persuasión amable, en el curso de las cuales a veces las conclusiones tentativas del esposo prevalecerán al fin y, otras veces, las de la esposa, habiendo llegado a ver el esposo que ella tenía la razón.

En todo caso, el amor del marido creyente hacia su esposa se verá en que él buscará el bienestar de ella en todos los órdenes de la vida. Velará por su comodidad física y social. La ayudará espiritualmente. Intentará promocionar sus dones y ministerios. La tratará como a un igual, «de manera comprensiva», como «coheredera de la gracia de la vida» (1 Pedro 3:7).
Y, por cierto, si Pedro pone a Sara como modelo de cómo debe ser la esposa creyente, podríamos poner a los patriarcas como modelos para los maridos creyentes: a Isaac, quien trajo a Rebeca a la tienda de su madre Sara … y la amó (Génesis 24:67); y a Jacob, quien sirvió siete años por Raquel, y le parecieron unos pocos días, por el amor que le tenía (Génesis 29:20).

3:19. Los maridos son responsables de amar a sus mujeres (como Cristo amó a la iglesia; Ef. 5:28–29). Por consiguiente, ellos deben ejercer un liderazgo de amor, no un dominio dictatorial. Los maridos necesitan recibir el recordatorio de ser tiernos y amantes tanto (o más), como las mujeres necesitan recordar que no deben usurpar la autoridad de sus maridos. Para el hombre, asumir una autoridad absoluta sólo causará que la esposa se amargue, no que se encariñe con él. Las palabras no seáis ásperos es trad. de pikrainesthe, que lit. significa “amargar”. (En Col. 3:21 se usa una palabra diferente; V. el comentario de ese pasaje.) Las esposas, por ser como flores tiernas y sensibles (cf. 1 P. 3:7), pueden marchitarse bajo el dominio autoritario, pero florecen bajo el cuidado tierno y amoroso. Así que, en un matrimonio maduro, el esposo ejerce un compasivo cuidado y su esposa responde en voluntaria sumisión a su amoroso liderazgo.

 Tratando a nuestra esposa con fragilidad.

Oraciones sin estorbo  
Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo. 1 Pedro 3.7

Este versículo, en la primera epístola de Pedro, provee la prueba más fehaciente que la vida espiritual no puede estar divorciada de la vida cotidiana. A pesar de que muchos cristianos viven dos clases de vidas totalmente diferentes dentro y fuera de la iglesia, para el Señor la vida es una sola. Cuando las vivencias de un discípulo en el mal llamado «mundo secular» contradicen las afirmaciones de la verdad que realiza cuando está reunido con la congregación de los santos, su relación con Dios queda profundamente afectada.
El ejemplo puntual que escoge el apóstol tiene que ver con la vida matrimonial. Es en este ámbito que mejor se puede evaluar el compromiso espiritual de una persona. Resulta sencillo «amar» a una persona con la que compartimos apenas unas horas por semana, pero es un verdadero desafío practicar el amor y la compasión con aquellas personas que no pueden ser fácilmente impresionadas por nuestras palabras. Por esto, Dios llama a la pareja a reservar para su vida de hogar las mejores inversiones de su vida espiritual, pues es allí donde podrán conocer las expresiones más profundas del compromiso con Cristo.
Esto no solamente tiene valor por lo que podemos aprender, sino también porque afecta nuestra posibilidad de relacionarnos con el Señor. En el caso de los maridos, Pedro señala que deben vivir sabiamente con sus esposas, de manera «comprensiva» según la versión de La Biblia de las Américas. Esto demanda de los hombres que ellos hagan el esfuerzo de entrar al mundo de sus esposas, resistiéndose a la tendencia común de relacionarse con la esposa como si fuera otro varón. Cuando comienzan a entender la vida desde la perspectiva de ellas pueden comenzar a amarlas verdaderamente.
El proceso de acercamiento que demanda esta actitud comprensiva garantizará que sus oraciones no sean estorbadas. ¿A qué se refiere el apóstol con esta frase? Entiendo que habla de oraciones que fluyen con naturalidad delante del Padre, guiadas y energizadas por el Espíritu. Toda oración eficaz tiene su origen en la persona misma de Dios, por lo que orar sin impedimentos significa estar atento a las directivas y las cargas que proceden del corazón del Padre. Solamente los hombres que están haciendo a un lado su egoísmo natural podrán disfrutar de esta experiencia, y este proceso se ve afectado por la realidad cotidiana en el matrimonio.
El principio es aplicable a otras esferas de la vida. La persona que ora con un corazón lleno de amargura no podrá disfrutar de una vida espiritual plena. El discípulo que intenta relacionarse con el Señor mientras continúa en desobediencia a alguna palabra específica recibida por parte de Dios, seguramente no podrá entrar a su presencia con libertad. Es fundamental para todo hijo de Dios, y en especial para los que pastorean su rebaño, que no separemos el ámbito espiritual de nuestras actividades cotidianas. La mejor escuela para la oración es, precisamente, la de los momentos ordinarios de cada día.


Para pensar:
¿Cómo es su vida en lo cotidiano? ¿Qué actitudes pueden ver los que le rodean? ¿Qué revela esto de la vida espiritual que usted practica?


 El beneficio de tratar a nuestra esposa con dignidad

Tras de la exhortación a las esposas cristianas, viene la que Pedro hace a los esposos cristianos (v. 7). Es un solo versículo, pero lleno de detalles interesantes y muy prácticos: «Maridos, sed igualmente comprensivos al convivir con vuestras esposas y tratadlas con respeto como a seres humanos más frágiles y como a coherederas vuestras del gratuito don de la vida, a fin de que así no haya nada que obstaculice la eficacia de vuestras oraciones» (NVI).
(A) El igualmente del versículo 7, como el que encabeza el versículo 1, da a entender que también los maridos tienen obligaciones hacia las esposas, no que las obligaciones sean iguales (v. el comentario al v. 1). Pedro exhorta a los maridos cristianos a cohabitar (participio de presente), vocablo que incluye todos los aspectos físicos, psíquicos y espirituales de la vida cotidiana, comprensivamente (gr. katá gnósin. Lit. según conocimiento), es decir, con la prudencia y comprensión basadas en un buen conocimiento del carácter peculiar de la mujer. Por supuesto, este conocimiento supone tambien, según el uso constante del Nuevo Testamento, el conocimiento experimental de Dios.
(B) Este conocimiento de la propia mujer está basado, según Pedro, en dos consideraciones fundamentales: (a) En lo natural, la fragilidad característica del llamado «sexo débil»; el vocablo griego, en efecto, significa «más débil», lo cual tiene una marcada connotación física, aunque no debe marginarse la idea de debilidad psíquica por la que la mujer es, por su receptividad, más sugestionable: expuesta a la seducción (v. 2 Co. 11:3; 1 Ti. 2:14, muy interesante para clarificar el contexto anterior), por lo que necesita la protección de su marido (v. Ef. 5:28, 29). (b) En lo sobrenatural, en cambio, la igualdad es completa (aquí es donde tiene aplicación lo de «no hay varón ni mujer» de Gá. 3:28): Las mujeres son coherederas, sin distinción alguna, de la gracia de la vida (lit.), esto es, del don gratuito de la vida eterna que Dios imparte por igual a hombres y mujeres que, por fe, se allegan a Cristo (2:4).
(C) La frase final es de una importancia práctica enorme: «a fin de que vuestras oraciones (gr. proseukhás, súplicas, oraciones de petición especialmente) no sean obstaculizadas» (lit.). La metáfora es sumamente expresiva: Pedro contempla a los esposos cristianos orando juntos, como debe ser (los unidos en oración, difícilmente se separan en acción). Si las mujeres prestan a los maridos el debido respeto, y los maridos a las mujeres la debida consideración (comp. con Ef. 5:22 y ss.), esas oraciones suben al trono de la gracia sin estorbos en el tráfico que va en dirección al cielo (¡hacia arriba!). Pero si hay disensión, resentimiento, rencillas sin solucionar ni perdonar (como heridas no vendadas), esas oraciones hallan un estorbo, una como barrera, en su ascenso; las señales de «tráfico» pregonan un «desvío». Donde no hay «sinfonía» de voces (v. el comentario a Mt. 18:19), no puede esperarse el aplauso del cielo. En realidad, tal oración es un acto de la peor hipocresía (comp. con Mt. 5:22–24). ¡Juzguen los hermanos lectores por su propia experiencia!


 Gozar de la vida con nuestra esposa

Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.

 Viviendo enamorados


Las secciones precedentes (1:2–2:7) parecen darse en un contexto palaciego (1:4; 2:4) a pesar de que se mencionan escenas al aire libre (e.g., 1:14; 2:1–3). Pero el ambiente de 2:8–3:5 es el campo, cerca del hogar de la amada. Probablemente vivía en Líbano, al norte de Israel (cf. 4:8, 15). Sin embargo, lo importante es reconocer el incremento de la intensidad del anhelo que la pareja siente por estar juntos y que su intimidad crezca.
2:8–9. Salomón se acerca al hogar de su amada y con toda emoción ella describe su venida como la de un corzo o cervatillo (cf. v. 17; 8:14). Esto hace énfasis en su apariencia atractiva, su fuerza y agilidad (cf. el comentario acerca de las gacelas en 2:7). Se acercó a la pared que rodeaba la casa de sus padres y luego miró por las ventanas. Estaba ansioso por verla.
2:10–13. Su amado Salomón le pide a su amiga que salga con él a caminar por el campo. Al principio y al final de su invitación le dice: ven (vv. 10, 13; cf. 8:14). Es posible que la amplia descripción de la primavera tenga la intención de algo más que simplemente resaltar la belleza del entorno. Es probable que él también estuviera describiendo su relación. En un sentido, cuando alguien se enamora siente como si llegara la primavera, pues todo parece fresco y nuevo. El mundo se ve con una perspectiva diferente y es la manera en que Salomón se sentía cuando estaba con su amada. Varias declaraciones se refieren a la belleza de la primavera: (1) Ha pasado el invierno. La palabra “invierno” (seṯaw se usa solamente aquí en el A.T.) se refiere a la estación nublada entre marzo y abril que se caracteriza por la lluviatardía. (2) Las flores aparecen en la primavera, añadiendo colores hermosos al paisaje que inducen a que la gente cante de alegría. (3) La voz de la tórtola “anuncia” la llegada de la primavera. (4) La higuera hace fructificar sus higos (cf. Nah. 3:12). Los primeros higos se refiere a los que no habían fructificado en el verano anterior y aliniciar la primavera se pueden cosechar, o a los pequeños botones comestibles que aparecen en Marzo. (5) Las vides florecen dando su olor justo antes de que aparezcan las uvas. En cierne es trad. de semāḏar que sólo aparece aquí y en Cantares 2:15 (“viñas … en cierne”). Así que la primavera estimula los sentidos de la vista, oído, gusto y olfato.
2:14. Otra característica del amor genuino es el deseo de estar a solas con la persona amada. Este anhelo se experimenta con facilidad durante el cortejo o noviazgo, pero desafortunadamente con frecuencia mengua en el matrimonio. Sin embargo, si el amor ha de crecer, la pareja debe dedicar tiempo para estar a solas. La paloma (cf. v. 12 y V. el comentario de 1:15) se esconde en los agujeros de la peña, y no desea irse. El amado compara a su novia con la paloma que duda en juntarse con él en el campo. Así que nuevamente (cf. 2:10, 13) la anima a salir de su casa para reunirse con él y disfrutar de su dulce … voz y de su hermoso … aspecto.
2:15. Es más probable que sea la amada la que habla en este v. y no él. Es factible que esté hablando poéticamente acerca de su relación y no acerca de zorras y viñas literales. Las zorras eran conocidas por su tendencia de destruir las cosechas de los campos, así que la referencia a esos animales posiblemente sugieren de manera metafórica que había algunos problemas en su relación. La amada le pide su amadao que tome la iniciativa para resolver las dificultades potencialmente dañinas para su relación. “Las zorras representan los obstáculos y tentaciones que han afectado a todas las parejas a través de los siglos. Quizá se refiera a la zorra del deseo descontrolado que mete una cuña de culpabilidad entre la pareja. Tal vez sea la zorra de la desconfianza y celos que rompen el lazo del amor. O podría tratarse del zorro del egoísmo y orgullo que se rehúsa reconocer sus faltas ante la otra persona. O podría ser el espíritu no perdonador que no acepta las disculpas del otro. Esas zorras han estado destruyendo viñas por años, y su devastación parece no tener fin” (S. Craig Glickman, A Song for Lovers, “Un cantar para los amantes”, págs. 49–50). Aun en los noviazgos y matrimonios ideales, la mayoría de las parejas enfrentan problemas que podrían ser destructivos. La voluntad para resolverlos juntos es evidencia de su madurez.
2:16–17. A pesar de que habían surgido algunos problemas en la relación (V. el comentario del v. 15), ella sabía que su amado le pertenecía y ella a él. Estaban comprometidos el uno con el otro. Podía descansar en la calidad protectora de su amor a pesar de las dificultades que enfrentaban. Ella dice que él apacienta (lit. “da de comer” a su rebaño) entre lirios (cf. 6:3). Hablando a sí misma (utiliza los pronombres personales mí, mío, suya, él) en 2:16, es muy probable que el v. 17 también sea un soliloquio. La idea de la posesión mutua la lleva naturalmente a desear tener intimidad física. Así que en su mente lo invita a volverse (i.e., hacia ella) con la fuerza y agilidad del corzo, o … del cervatillo (cf. v. 9; 8:14). Los montes (colinas escarpads, hārêḇāṯer) es lit., “colinas o montañas de separación o división”. Algunos dicen que esto se refiere a montañas de verdad—probablemente los de Beter, a pesar de que la ubicación de tal lugar es incierta. Si esto es cierto los montes separaban a la pareja, pero esa interpretación no parece ser muy viable en vista de que él ya había llegado a la pared y hasta mirado por la ventana (2:9). Parece que es preferible tomar esto como una referencia sutil a sus senos (cf. 4:6), de tal manera que sugiere su deseo de consumar el matrimonio. Si este es el significado, entonces ella quería que la intimidad durara toda la noche hasta que despuntara el día (lit., “respire”) y huyeran las sombras. De hecho, cuando consumaron su matrimonio lo hicieron de esa manera (V. 4:5–6). Como ya se mencionó, la amada y su amado refrenaron sus expresiones de amor durante el noviazgo. Pero debido a su profundo amor y compromiso mutuo anhelaba que llegara el día de la boda.

 

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